Octavo Pecado, Octava Bruja y Mil Dudas

Cuarenta Minutos desde la Última Muerte (Diecisiete Muertes)

"… ¿Prueba?" Fue todo lo alcanzó a decir Subaru, estupefacto.

¿Quién era esa persona? ¿A qué se refería con "prueba"? Con los ojos abiertos de par en par, Subaru fue incapaz de hacer otra cosa que no fuera observar enmudecido a la extraña mujer de mortal belleza. Sus pensamientos habían caído en el desorden, un torbellino de ideas y pensamientos asoló cada rincón de su cerebro, impidiéndole formar una línea de pensamiento congruente.

¿Por qué esa misteriosa mujer se encontraba allí? ¿Prueba? ¿No era acaso lo mismo que había dicho Petelgeuse durante su segundo encuentro? ¿Estaba esa mujer relacionada con el Culto de la Bruja? Ella había dicho que por fin se encontraban. ¿Significaba esto que le había estado esperando o buscando? ¿Esa mujer le conocía? Y si ese era el caso, ¿de dónde le conocía? Subaru no recordaba haberse topado nunca con una persona tan particular como ella; estaba convencido de que, en caso de haberla visto antes, jamás lo habría olvidado.

¿O realmente la había visto antes, pero todos los terribles sucesos que vivió en ese mundo habían provocado que la olvidara? Y aun si ese fuera el caso, la pregunta prevalecía. ¿Por qué esa mujer deseaba encontrarse con él? ¿Qué tenía él de especial? Él no era nadie, Capella no se equivocaba. ¿Por qué alguien se molestaría en someterlo a él a una prueba, como había afirmado esa mujer? ¿No se habría equivocado de persona?

Y si no se equivocó y terminó confundiéndolo con alguien que no era, entonces resultaba pertinente repetir la pregunta. ¿Por qué a él? ¿Por qué deseaba reunirse con él? ¿A qué prueba le había sometido? ¿Quién era esa mujer? Conforme pasaban los segundos, el orden fue regresando a la mente de Subaru y sus pensamientos comenzaron a recuperar la congruencia. Finalmente un tren de pensamiento lógico y conciso se formó.

Solo Petelgeuse había mencionado anteriormente la palabra Prueba. Y no podía ser casualidad que el Culto de la Bruja pareciera tener interés en él. De lo contrario, jamás habría recibido el estatus de anomalía en primer lugar. Esa mujer tenía algún tipo de relación con el culto, no cabía duda. ¿Quién era? No parecía ser una persona peligrosa, y tampoco parecía que hubieran cultistas cerca. ¿Era alguien importante dentro del culto? Tal vez no lo era; no obstante, teniendo en cuenta su divina presencia, resultaba difícil creer esto.

No… Debía serlo. Fue entonces que recordó lo que dijo Capella, que lamentaría ser una anomalía cuando se encontrara con esa persona. ¿A qué persona se refería? ¿Se refería a esa mujer de pura, belleza sin adulterar? Subaru entrecerró ligeramente los parpados y observó con detenimiento la preciosa figura de la pequeña mujer. Su particular belleza solo podía definirse como encantadora, una hermosura hechizante. Solo una palabra podía definirla a ella correctamente; bruja.

Al momento en que esta palabra surgió en la mente de Subaru, un escalofrío recorrió por completo su cuerpo, paralizándolo en el acto. ¿No se estaba apresurando en sacar conclusiones? Tal vez sí, pero la semilla de la sospecha ya había sido plantada en el núcleo de su ser. El solo pensar en ello había tanto helado como hervido su sangre en la fracción de un segundo. Esa mujer estaba interesada en él por alguna razón. Pocas personas en ese mundo habían mostrado interés alguno en su patética existencia, pero solo una podía recibir el calificativo de bruja…

Satella. Todavía no había conseguido confirmar sus sospechas, pero Subaru estaba convencido de que no estaba equivocado. La persona que le había invocado a ese mundo, el ser que le había maldecido con Regreso por Muerte, la existencia que se aparecía ante él con forma de sombra con el único objetivo de torturarle cada vez que se atrevía a intentar revelar la verdadera naturaleza de su maldición. Subaru solo podía pensar en un sospechoso culpable de todos esos agravios en su contra.

Y si estaba en lo correcto, y esa misteriosa mujer ante él era la culpable de sus desgracias… Los engranajes de su cerebro se detuvieron, su tren actual de pensamientos se descarrilló provocando una vez más el desorden en su mente. ¿Qué podría hacer si ante él se encontraba Satella, la Bruja de los Celos? No había nada que él pudiera hacer, y él lo tenía muy claro. No podía mentirse a sí mismo creyendo que tendría la oportunidad de vengarse de ella o desquitarse por todo el sufrimiento que le hizo experimentar.

Subaru era débil, muy débil, y él lo sabía. Aun así, el odio y la ira ebullían violentamente en su corazón, haciéndole extremadamente difícil no cometer un acto descuidado y estúpido. ¿Qué ocurriría si incurría en la ira de Satella? Subaru odiaba su maldición, pero necesitaba de su bendición; Regreso por Muerte era vital para que pudiera alcanzar sus objetivos.

Aun así… Tal vez si se ponía de rodillas y suplicaba, Satella le enviaría de regreso a su mundo, y al fin podría reunirse de nuevo con sus padres. Si ello ocurría, empezaría de cero, volvería al colegio, dejaría de ser un hikikomori y se convertiría en alguien que pudiera enorgullecer a sus progenitores. No, no se podía permitir el ser tan ingenuo. Satella le torturaba por el simple hecho de intentar hablar del Regreso por Muerte, ¿qué lo hacía creer que en su corazón pudiera existir un minúsculo ápice de piedad? No. No había nada que Subaru pudiera hacer…

"Veo que mis palabras te han dejado pasmado. Lamento haber sido tan directa, pero realmente anhelaba el momento en que pudiera presentarme ante ti." Ante las palabras de la misteriosa mujer, Subaru no hizo más que parpadear en silencio. ¿Anhelaba presentaste ante él? Subaru entonces comprendió al fin que debía dejar de especular y comenzar a reunir información sólida.

"¿Q-Quién e-eres?" Preguntó Subaru, tartamudeando. De la respuesta de la mujer dependía el cómo reaccionaría, no obstante, Subaru aún desconocía el cómo reaccionaría dependiendo de la respuesta.

"¿Preguntas por mi identidad? Hmm… Podría decirse que yo soy la líder del Culto de la Bruja, la encargada de guiar sus acciones… Aun así-" Subaru no esperó pacientemente a que la mujer termina de decir lo que tenía que decir. En el momento que Subaru escuchó que se encontraba ante la líder del Culto de la Bruja, tomó rápidamente el arma que colgaba de su hombro, ignorando el intenso dolor que recorrió sus brazos, y apuntó a la bruja ante él.

Subaru no dio oportunidad alguna a la bruja de reaccionar. Sin dudarlo por tan siquiera una milésima de segundo, Subaru jaló del gatillo de su arma, disparando así a aquella causante de la mayoría de sus desgracias. La roca de fuego detonó al entrar en contacto con el pequeño cuerpo de la mujer, causando una explosión de tamaño considerable. Subaru y Patrasche, que se encontraban a pocos metros de distancia de la mujer, fueron empujados por la onda expansiva y lanzados a volar.

Con un golpe seco, Subaru cayó al suelo, cubierto de llamas. Subaru, que se había preparado para que algo como ello sucediera, comenzó a girar sobre la superficie de pavimento de rocas, esforzándose así por apagar las llamas. Tras varios segundos de revolcarse sobre tierra y sangre, Subaru se detuvo, sus manos y pies estirados. Ahogando un gemido de dolor, Subaru miró al cielo cubierto de celajes.

"Lo siento, Patrasche…" Murmuró Subaru; a pocos metros de él era capaz de escuchar los quejidos de su recién adquirido dragón de tierra. Irónicamente, había sido culpable de lo mismo por lo que había decidido robarlo. Aunque Subaru sabía en el fondo que la verdadera razón por la que lo había robado era para acelerar su llegada al castillo; su propio egoísmo le asqueaba.

Le dolía respirar, le dolía parpadear, le dolía el intentar moverse. Ahora el ardor de las quemaduras se había extendido por todo su cuerpo, y estaba seguro de que no podría moverse por al menos un par de decenas de minutos. O al menos eso es lo que había creído, dado que el dolor de su cuerpo de desvaneció tan rápidamente como apareció.

"… Aun así, yo no soy responsable de todo aquello que los miembros del Culto de la Bruja decidan hacer por su propia voluntad. Eso es lo que deseaba decir antes de que me atacaras con tu misteriosa arma."

Subaru se levantó como impulsado por un resorte y miró hacia el lugar donde debía encontrarse el cadáver chamuscado de la misteriosa mujer. No obstante, contrario a lo que su razón le indicaba, allí no se encontraba un cadáver, sino que una hermosa mujer de cabellos platinados y pulcra figura. ¿Cómo es que había sobrevivido a una explosión a quemarropa de la roca de fuego? ¿La había esquivado?

No. Subaru rápidamente descartó esa teoría. Bajo los pies desnudos de la hermosa mujer no había señal alguna de la explosión, el entorno alrededor de ella se mantuvo igual que como estaba antes de la explosión. ¿Se había protegido con una barrera? Tampoco podía ser eso. Subaru examinó asombrado su cuerpo y ropajes; era como si nunca hubiera sido cubierto por las llamas de la explosión.

Subaru se encontraba pasmado una vez más. Y esta vez lo que le hizo reaccionar fue un leve empujón en su espalda. Subaru se volteó para encontrarse con Patrasche; para su alivio, éste se encontraba bien… Y fue entonces que lo comprendió. De alguna forma que escapaba a su comprensión, esa mujer había nulificado los efectos de la explosión de la roca de fuego; era como si nunca hubiera disparado su arma en primer lugar.

"…" Subaru miró de nuevo hacia el lugar donde había ocurrido la explosión; allí permanecía la mujer, una delicada sonrisa en su calmo rostro.

"Por tu mirada, comprendo que estás insatisfecho con mi respuesta… En ese caso, te daré más información respecto a quien soy, pero antes debo decirte algo. No soy la persona que crees que soy."

"¿Eh?" Un gesto de confusión apareció en el rostro de Subaru.

"Tú crees que soy la Bruja de la Envidia, ¿no es así? Puedo percibirlo en tu mirada, puedo percibir el odio que emana de tu alma. Debido a ello me atacaste." Estupefacto, Subaru fue incapaz de proferir palabra alguna. La sonrisa de la mujer de espíritu imperturbable se ensanchó. "Yo no soy aquella por la que albergas tan intenso odio. Yo no soy la Bruja de la Envidia."

"S-Si no lo eres, entonces, ¿quién eres en verdad?" Logró peguntar Subaru, intranquilo. ¿Ante quién se encontraba?

"Mi nombre es Pandora y soy la Bruja de la Vanidad. Es un placer conocerte por fin, candidato a Sabio, Natsuki Subaru." Una vez más, la mente de Subaru cayó en el caos. ¿La Bruja de la Vanidad? ¿Candidato a Sabio? ¿Cuál era el significado de todo esto?

En toda su estancia en ese mundo, Subaru nunca había escuchado hablar de otra bruja que no fuera Satella, la Bruja de los Celos. ¿Implicaba eso que existían otras brujas cuyos nombres no habían sido grabados en los anales de la historia? ¿Existía una bruja para cada pecado capital, así como ocurría con los arzobispos? No obstante, la vanidad no era parte de los Siete Pecados Capitales.

No, estaba equivocado. Si no recordaba mal, en el pasado habían existido nueve pecados capitales, dos de los cuales fueron posteriormente absorbidos por orgullo y pereza; estos fueron la vanidad y la melancolía, respectivamente. ¿Significaba eso que se había equivocado al creer que no existía un Arzobispo de la Envidia? ¿Acaso se encontraban en la capital tres Arzobispos del Pecado más de los que desconocía? De ser así, Subaru realmente dudaba ser capaz de superar ese ciclo de muerte.

Más dudas se acumulaban sobre las ya existentes… Al hablar de aquella hacia la que iba dirigida su odio, ¿Pandora se refería a Satella? Satella era conocida por la gente de ese mundo como la Bruja de los Celos, sin embargo, Pandora, quien proclamaba ser la Bruja de la Vanidad, le había llamado Bruja de la Envidia. Celos y envidia, ambas son palabras sinónimo la una de la otra, así que realmente no cabía duda de que Pandora en efecto se refería a Satella.

"¿Quién eres?" Subaru nuevamente repitió esa pregunta. Lo cierto es que seguía insatisfecho con las respuestas de Pandora. Pandora, la Bruja de la Vanidad y líder del Culto de la Bruja. ¿Por qué una persona como ella se había mostrado ante él? ¿Tenía algo que ver con Satella? ¿A qué se refería con candidato a Sabio? ¿Tenía algo que ver con aquel sabio del que hablaban las leyendas? Las preguntas seguían incrementando constantemente en la cabeza de Subaru; aumentaron de manera exponencial hasta que inundaron su cabeza y éste comenzó a sentirse abrumado. "¡¿Quién eres?! ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Qué quieres de mí?! ¡¿Qué es un Sabio y por qué yo soy un candidato a uno?! …" Incapaz de seguir conteniendo las preguntas que habían inundado su mente, Subaru dejó fluir fuera de su boca en forma de un torrente de palabras.

"Hmm… Esas en verdad son muchas preguntas, y me temo que no es el momento indicado para que responda a todas y cada una de ellas. Sin embargo, es cierto que has sido mantenido en la oscuridad por mucho tiempo, así que echaré un poco de luz sobre tu infinito pozo de dudas." Para sorpresa de Subaru, Pandora finalmente se mostró dispuesta a responder sus preguntas. ¿Realmente se dejaría de molestos rodeos? "Ahora… ¿Qué pregunta deseas que responda primero, Natsuki Subaru?"

La mujer de pequeña figura dio un pequeño paso hacia él, aquella inalterable sonrisa grabada en su rostro. Esa era su oportunidad para liberar toda la presión ejercida en su cabeza por la enorme cantidad de dudas que, cual células cancerígenas, se habían multiplicado en su mente de manera descontrolada. Subaru apretó con fuerza sus puños, causando que la piel calcinada de sus muñecas se resquebrajara, pues Pandora solo había desvanecido las heridas causadas por la explosión, y se forzó a buscar entre las cientos de preguntas que pululaban en su cabeza aquella a la que más deseaba encontrarle una respuesta.

"¿Por qué deseabas encontrarte conmigo? ¿Por qué yo? ¿Qué quieres de mí?" ¿Por qué él, que no era nadie? Necesitaba saberlo.

"Te dije que pregunta deseabas que te respondiera primero, y esas son tres preguntas, no una. ¿Eres consciente de ello?" El tono de voz tranquilo de Pandora no varió ni siquiera cuando parecía haberse disgustado por la insistencia de Subaru de realizar pregunta tras pregunta. De hecho, Pandora realmente no parecía molesta en absoluto. El tono de su voz daba la sensación de que estaba hablando con un niño incapaz de comprender hasta lo más básico. "Bueno, así está bien, supongo que de esta manera me resultará más fácil aclarar tus dudas."

"G-Gracias." Respondió Subaru instintivamente. Pandora, a pesar de su exterior puro y calmo, emitía un aura intimidante que hacía que Subaru se sintiera inquieto, intranquilo. Resultaba irónico decirlo después de haberle disparado por impulso, pero Subaru realmente no deseaba incurrir en la ira de esa mujer.

"No hace falta que me agradezcas, después de todo, para mí también es conveniente que estés informado. Si permaneces ignorante, difícilmente serás capaz de satisfacer mi deseo."

"¿Satisfacer tu deseo?" Preguntó Subaru con recelo.

"Eso no es de importancia en este momento, más adelante entenderás a que me refiero con ello." Respondió Pandora, gesticulando con su mano que dejara de lado el asunto. "Bien, entonces responderé a tu primer manojo de preguntas. ¿Deseas saber por qué deseaba encontrarte contigo? La razón se encuentra dentro de ti, dentro de tu corazón. Una intensa emoción que no debería estar allí ha cambiado el rumbo de tu destino en este mundo."

"¿Una emoción que no debería estar en mi corazón? ¿De qué hablas?"

"Odio. Ese intenso odio que habita en tu corazón y está dirigido hacia la persona que te trajo a este mundo sin tu consentimiento."

"¡Hk! ¡¿Acaso hablas de Satella?!" Exclamó Subaru abruptamente.

"Veo que no me equivocaba, lo has deducido por ti mismo. Sí, estás en lo correcto, la Bruja de la Envidia, mejor conocida por los habitantes de este mundo como Bruja de los Celos, es la responsable de tu invocación a éste mundo."

"¡¿Por qué?! ¡¿Por qué Satella me trajo a aquí?! ¡Dímelo!" Subaru finalmente se encontraba frente a una persona que poseía información sobre su invocación a ese mundo ajeno al suyo, y por ello había desechado toda cautela y una vez más había asaltado a Pandora con un aluvión de preguntas a las que le exigía respuesta.

"Me temo que desconozco la razón del porqué Satella te ha traído a nuestro mundo. Asimismo desconozco el cómo lo ha hecho." Respondió Pandora, sin inmutarse por la insistencia Subaru. "Pero no cambiemos de tema. Antes permíteme responderte lo que me habías preguntado. ¿O acaso ya no estás interesado en escuchar la respuesta a ello?"

"¡Sí lo estoy! ¡Lo siento por interrumpirte!"

"Como ya te había dicho, no hace falta que te disculpes. Bien, he de continuar. Como estaba diciendo, deseaba conocerte debido a ese anómalo, ardiente odio que nació en tu corazón. Debido a esa intensa emoción que ha corrompido tu espíritu y devorado aquello que había sido forzado en tu corazón, el lazo que unía tu alma con la de la Bruja de la Envidia se ha roto. Algo como ello jamás debió haber ocurrido, y yo misma desconozco el origen de tal anomalía, pero es innegable que ha ocurrido. Aquel lazo que te conectaba con Satella por medio de emociones que fueron forzadas en ti ha sido prácticamente destruido por completo."

"…" Pandora hizo una pequeña pausa, y notando que Subaru no parecía tener intención de interrumpirle, continuó.

"Nuestro encuentro habría tenido lugar tarde o temprano, pero para mí habría sido imposible arrebatarte de las garras de la Bruja de la Envidia sin importar cuanto me esforzara. Simplemente se escapaba a mis capacidades. Lamentablemente, mi autoridad no era lo suficientemente fuerte como para lograrlo. Pero dado que el lazo que te sellaba fue roto, entonces empecé a mover mis piezas para adelantar nuestro encuentro… Ahora, esa es la razón del porqué deseaba reunirme contigo, contigo y nadie más. ¿Hay algo que no hayas comprendido?"

"…" Nuevamente, no hubo respuesta.

"En ese caso, responderé a tu última pregunta… No sé qué es lo que esa mujer deseaba hacer contigo. Tengo mis propias teorías al respecto, pero lamentablemente no tengo manera de comprobarlas dado que me resulta imposible comunicarme con ella personalmente. Pero no cabe duda de que eres alguien especial, alguien de enorme utilidad…" Pandora hizo una pequeña pausa y entonces miró a Subaru intensamente. "Ya no eres el juguete de la Bruja de la Envidia, y lo cierto es que me gustaría ser tu nueva dueña. Verás, eres perfecto para convertirte en mi nuevo Arzobispo del Pecado y serás una pieza enormemente útil en mis planes."

"¡Y una mierda!" Gritó Subaru, siendo incapaz de mantenerse en silencio respecto a lo que acababa de escuchar. Es cierto que se había sentido abrumado por toda la información que estaba recibiendo en un periodo de tiempo tan corto, pero al escuchar que Pandora deseaba convertirlo en un Arzobispo del Pecado, las palabras fluyeron automáticamente fuera de su boca. "¿Qué carajos te hace creer que aceptaría una oferta tan estúpida como esa? Sin lazo o con lazo o lo que demonios fuera que me conectaba con esa puta bruja, mi repuesta no habría cambiado."

"De momento es innecesario que pienses en ello, dado que no hace falta que respondas aún." Respondió Pandora tranquilamente, intentando desviar la conversación.

"¡Ya te dije que no voy a aceptar pase lo que pase! ¡¿Estás sorda o qué, bruja de mierda?!"

"… Aún hay mucha información que como la Bruja de la Vanidad puedo otorgarte. ¿Ya no estás interesado en que responda a tus preguntas?"

"¡Hnk! ¡Grrh! Mierda…" Subaru convirtió sus manos en puños, los cuales apretó con fuerza, y gruñendo se vio obligado aceptar de mala gana que todavía deseaba que Pandora respondiera a muchas de sus preguntas. "Si respondes a mis preguntas, no me veré obligado a unirme al Culto de la Bruja, ¿o sí? Si ese es el caso, te aseguró que me largaré de aquí, aun así me vaya sin haber encontrado muchas de las respuestas que llevo meses buscando."

"No hace falta que te preocupes, responderé todas tus preguntas sin compromiso alguno."

Inseguro de si confiar o no en Pandora, Subaru se mantuvo en silencio. Quería escapar de allí, necesitaba alejarse de allí, debía ir a otro lugar; Subaru lo tenía presente. Todo ese tiempo había priorizado el ahorro de tiempo por sobre todo lo demás, después de todo, el tiempo era un recurso vital para que pudiera regresar al lado de Anastasia.

Subaru lo sabía, no debía de estar allí… No obstante, Subaru se perdió a sí mismo en el océano de preguntas, en ese infinito mar de dudas que amenazaba con tragárselo entero. La tentación era enorme, Pandora poseía una fuerza gravitacional de magnitud universal que le atraía insistentemente sin permitirle alejarse de ese lugar. Subaru deseaba escapar, pero la influencia que tenía sobre su mente aquella parte de él que anhelaba respuestas más que nada en el mundo, le impidió moverse.

Pandora era un bruja, y esto por sí solo le convertía en una persona en la que no debía confiar. Probablemente la mitad de lo que había dicho era mentira. Aun así, ella era la única persona que parecía comprender, aunque fuera parcialmente, sus misteriosas circunstancias. La tentación resultaba tan abrumadora que al final terminó cediendo ante sus patéticos deseos.

Halibel… Él no era necesario, pues Halibel se había adelantado y dirigido al castillo mucho antes que él… Si se trataba de Halibel, entonces podría escuchar por unos segundos más lo que esa bruja tuviera que decir. Con esas palabras se convenció a sí mismo de que no hacía mal al desperdiciar tiempo valioso conversando con Pandora. Subaru finalmente cedió ante la presión ejercida por sí mismo y preguntó sobre aquello que tanto le atormentó desconocer desde que llegó a ese mundo.

"¿Sabes algo sobre la… habilidad que me otorgó la Bruja de… la Envidia? ¿O si es que acaso ella fue la que me la otorgó?"

"Puede que sepa un par de cosas sobre esta habilidad de la que hablas."

"¿Sabes por qué no puedo hablar de ella? ¿O si tiene límites de uso o fecha de expiración?"

"No, lo cierto es que no tenía idea sobre que no tenías permitido hacerlo. Tampoco sé si tiene algún tipo limite como ese, pero he de suponer que no es el caso. Satella busca algo de ti, y hasta que no lo obtenga, no te liberará; no se lo des, y mantendrás tu autoridad hasta el día de tu muerte. Lamentablemente, no es mucho lo que sé sobre tu habilidad, pero no hay duda alguna de que Satella fue quien te la procuró. Por lo tanto, ha de ser parte de su Autoridad, la Autoridad de la Envidia."

"¿Autoridad de la Envidia? ¡¿Dices que la maldición que colocaron sobre mí es lo mismo que las habilidades que poseen los Arzobispos del Pecado?! ¡¿Además, qué demonios se supone que sean las autoridades?!"

"Estás en lo correcto, la autoridad que posees es de una naturaleza similar a la de las autoridades que poseen mis Arzobispos. Y sobre que son las Autoridades… Hmm…" La bruja acarició su larguísimo cabello platinado que rozaba sus talones mientras elegía con cuidado sus siguientes palabras. Subaru chasqueó la lengua fastidiado al notar esto; era obvio que Pandora le estaba ocultado aquella información que ella no deseaba que él supiera. "Bien podrías considerar las Autoridades como la antítesis de las Protecciones Divinas, que son otorgadas por el Od Laguna..."

"¿Od Laguna? ¿Qué es eso?" Preguntó Subaru, interrumpiendo a Pandora.

"Puedo ver que en verdad careces de mucha información de nuestro mundo. ¿Qué se supone que has estado haciendo durante tu estadía aquí, Natsuki Subaru?"

"¡Tch! Estaba muy ocupado sobreviviendo." Respondió Subaru de mala gana.

"Ya veo. Sí, sería injusto culparte de no adaptarte al nuevo entorno cuando fuiste traído por la fuerza. Entonces… Od Laguna es la entidad, el lugar del que proviene todo el maná del mundo, y el lugar al que se dirige todo el maná del mundo; podrías considerarlo el origen mismo de nuestro mundo."

"¿Y las Autoridades son la antítesis de eso? Dicho así suena como si fueran poderes prohibidos contrarios a lo equivalente al dios de este mundo. ¿No es peligroso oponerse a algo así?"

"En son de buscar poder a veces es necesario romper ciertos límites. ¿No lo crees, Natsuki Subaru?" Ante la pregunta de Pandora, una mueca de incomodidad se formó en el rostro de Subaru. "Aun así, no existe represalia alguna contra aquellos poseedores de una Autoridad por parte del Od Laguna; aunque es cierto que eventualmente todos los portadores terminan siendo rechazados por la sociedad misma."

"No hay duda de que eso es un castigo divino por sí mismo." Murmuró Subaru, alejando la mirada de Pandora.

"En fin. Las Autoridades son la manifestación en forma de habilidades de los Factores de la Bruja, y solo escasos individuos son compatibles. Además, tienen la interesante particularidad de que, a diferencia de la Protecciones Divinas, las habilidades otorgadas al individuo que las reciba dependerán de sus deseos; aunque claro, tampoco son tan convenientes como para que los efectos de éstas puedan ser elegidos conscientemente… Esa información debería ser suficiente para saciar tu sed de conocimiento. ¿O deseas escuchar más respecto a las Autoridades?"

"No hace falta." Contestó Subaru mirando de nuevo a Pandora. "Nada más me gustaría saber si tienes alguna idea de por qué la Bruja de la Envidia me impide hablar de mi Autoridad. Si tan solo no fuera por eso…" La rabia empapaba las palabras de Subaru.

"Yo misma no comprendo del todo cual es el efecto de tu Autoridad, así que me resulta difícil decirlo; pero he de suponer que la información almacenada en tu cabeza podría de alguna forma interferir con sus planes. No sería sorprendente que ahora que el lazo que te conectaba con ella se ha roto, la Bruja de la Envidia sea mucho más estricta al impedirte hablar de ello. ¿Estoy en lo correcto?"

"Lo estás." Escupió Subaru con ira.

"Lo supuse… Celos abrasadores, esa es la esencia de la Bruja de la Envidia."

"Hay otra cosa que me gustaría preguntarte." Dijo Subaru, cambiando así de tema; escuchar respecto a ello realmente estaba comenzado a avivar las llamas de la ira que yacían en su corazón. "Todo este rato has hablado como si comprendieras casi todo sobre mí, e incluso sabías que yo soy una anomalía y que no pertenezco a este mundo. ¿Eso es gracias a tu autoridad, la Autoridad de la Vanidad?"

"No, ese no es el caso." Respondió Pandora y entonces estiró su mano frente a Subaru. Extrañado, Subaru escudriñó los finos dedos de la mujer, esperando encontrar algo allí. Por ello, cuando un libro blanco se apareció abruptamente en la mano de la mujer, Subaru se sobresaltó; y de no ser porque Patrasche estaba atrás de él, habría caído de nalgas sobre el sucio suelo. "Para ti, que te has encontrado en varias ocasiones con mis Arzobispos del Pecado, no han de ser extraños los Evangelios, ¿verdad?" Subaru asintió. "Pues esos no son más que copias, copias mediocres, incluso podrías considerarlos copias fallidas. Este ante ti, el Libro de la Sabiduría, es el original. Una obra magnifica creada por una de las mentes más brillantes que jamás han existido. Por suerte, yo alcancé a recuperarlo de manos de su cadáver antes de que alguien tuviera la oportunidad de robarlo."

"Cuan encantador…" Murmuró Subaru sarcásticamente.

"El Libro de la Sabiduría permite extraer información sobre el mundo con perfecta precisión; todo ocurrió, ocurre y ocurrirá como esté escrito en este libro. Por ello, cuando empezaron a surgir errores, primero sutiles y luego escandalosos, se hizo evidente que algo estaba ocasionando esas anomalías; el causante de las anomalías era la anomalía en sí, o sea, tú. Debido a ti, el presente se ha desviado de las escrituras del libro, y aunque éste intenta recomponer su escritura con base en esos cambios, está claro que tú existencia no deja de introducir variables en el futuro que le resultan incalculables."

"Entiendo…" Susurró Subaru, pensativo. Finalmente estaba comenzando a comprender, a comprender aquello que desconocía. "¿Aparezco yo en ese libro? ¿O soy un espacio en blanco?"

"Hmm… Interesante pregunta." Comentó Pandora. "Sí apareces, pero los detalles respecto a tu existencia o tu futuro son considerablemente vagos."

"Ya veo. Debo decir que pensé que sabrías más, pero supongo que está bien con lo que me has dicho…" Subaru parecía estar insatisfecho, su anhelo de respuestas incluso mayor que antes de encontrarse con Pandora. Aun así, era innegable que había conseguido información de valor.

Ahora podía estar seguro de que Satella era la persona, o entidad, detrás de su abrupta, forzosa llegada a ese mundo. Y si Pandora estaba en lo correcto, permanecería maldito hasta que le "diera" a Satella lo que buscaba de él. Subaru nunca le daría nada a esa despreciable bruja, así que Regreso por Muerte no le sería arrebatado; lo cierto es que no sabía cómo sentirse al respecto.

Mientras que tuviera un objetivo que alcanzar, suponía que poseer Retorno por Muerte, o la Autoridad de la Envidia, no sería algo tan malo para él. Aun así… Le resultaba imposible no preguntarse que deseaba la Bruja de la Envidia de él. ¿Por qué le había traído hasta ese mundo? ¿Qué tenía él que no pudiera tener un habitante de ese lugar? El solo pensar en ello hacía que escalofríos recorrieran su cuerpo y su sangre se helara.

"¿Eso es todo lo que deseas preguntar? El destino de los compañeros de los que te separaste recientemente, por ejemplo. ¿No te interesa conocerlo?" La voz de Pandora regresó a Subaru una vez más a la realidad. Subaru observó el rostro aporcelanado de Pandora, en el que permanecía aquella eterna sonrisa tranquila.

"…" Subaru permaneció en silencio, lo cierto es que ello, comparado con todas las preguntas y dudas que le atormentaban, era un asunto menor. La pequeña sonrisa de Pandora se ensanchó, dando paso así a una tétrica sonrisa de satisfacción.

"Eres un pecador. Y tú estás consciente de ello, Subaru Natsuki. Calzarías perfectamente en mi Culto de la Bruja."

"No me interesa, así que no insistas…" Dijo Subaru, con desinterés. Realmente deseaba esclarecer muchísimas cosas de su anormal contexto, pero lo cierto es que no contaba con tiempo para ello. "Solo dime si sobrevivieron, es todo lo que necesito saber." Gesticuló con su mano, refiriéndose finalmente a los mercenarios, Utada y Halibel; aunque ciertamente no esperaba obtener nada de valor.

"El grupo de mercenarios que avanzó hacia el castillo sufrió bajas considerables, pero consiguieron derrotar a la marioneta que presté a la Arzobispa Emerada Lugunica. Mientras que tu guardaespaldas se encuentra inconsciente cerca del último lugar donde lo viste; él resultará de importancia para tu futuro, así que no podía permitir su prematura muerte. Sobrevivió gracias a que poco antes de que tú y yo nos encontráramos, ordené la retirada a todos mis Arzobispos del Pecado. La Prueba está por finalizar, ya han cumplido con su propósito. Y el guerrero de Kararagi… tendrás que seguir tu camino para obtener la respuesta… No importa que hagas, pronto yo tendré la dicha de robarle a Satella su juguete."

"¡Cállate! ¡No soy un juguete y no pertenezco a nadie! ¡Olvida esas delusiones de que yo me uniré a ti y a tu grupo de lunáticos!" Exclamó Subaru, molesto, mientras intentaba en vano subirse de nuevo sobre el lomo de Patrasche.

"Natsuki Subaru no sufre de los dolores que le aquejan." Declaró Pandora con un tono de voz monótono. Para su sorpresa, el dolor en sus brazos y en sus pies desapareció de inmediato. Ocultando su asombro, Subaru se montó sobre Patrasche sin agradecer a la bruja y tomó levemente su cuello.

"Supongo que debería de agradecerte por la información que me diste, pero tus arzobispos me causaron demasiados problemas. Además, no sé cuánto de lo que hicieron fue por orden tuya o por su propia voluntad, así que digamos que estamos a mano y no nos enemistemos." Expresó Subaru con una sonrisa nerviosa. Ahora que comprendía un poco mejor la Autoridad de la Vanidad, estaba más convencido que antes, de que no deseaba antagonizar a Pandora. "Te tomaré la palabra y me iré tranquilamente. Después de todo, dijiste que me responderías sin compromiso. Ahora no puedes cambiar de opinión."

Pandora asintió sosegadamente, la característica placida sonrisa eterna de sus pequeños labios inalterada. "No lo haré. Así que si no tienes más preguntas que hacerme, eres libre de marcharte si así lo deseas. Es una pena que todavía no comprendas cuanto me necesitas."

"Nunca pasará." Insistió Subaru, mirando hacia adelante. Estaba por palmear el cuello de Patrasche, cuando se detuvo abruptamente. "Una última cosa. En varias ocasiones mencionaste una prueba, y cuando nos encontramos mencionaste que esa prueba estaba por dar frutos. ¿A qué prueba te referías? Petelgeuse también mencionó una prueba, pero no me parece que sean lo mismo."

"Cierto, la Prueba de la que pudo haber hablado el Arzobispo Romanée-Conti definitivamente es de una naturaleza distinta a aquella a la que me referí. Podrías incluso decir que se trataba de un proyecto personal suyo." Respondió Pandora, acercándose levemente a él y haciendo una pequeña pausa al terminar de hablar. La mirada de ambos se cruzaron nuevamente, y entonces un escalofrío recorrió el cuerpo de Subaru, que supo inmediatamente que estaba por escuchar algo que no sería de su agrado. "Antes de que yo pudiera presentarme ante ti con mi oferta de unirte al culto, resultaba pertinente que tu mente fuera moldeada con anterioridad. Por ello ordené a mis Arzobispos del Pecado que purgaran esta ciudad…"

"¡Maldita perra!" Subaru fue incapaz de escuchar por completo lo que Pandora tenía que decir. Ella había afirmado que no era responsable por las acciones que sus arzobispos realizaron por voluntad propia, sin embargo, ello no la hacía menos despreciable. Ella era quien los manejaba desde las sombras, quien les ordenaba llevar a cabo todas esas terriblez hazañas en contra de la humildad. "¡Espero nunca volver a verte!"

Con ese grito siendo arrastrado por el aire, Subaru comenzó a alejarse a galope de Pandora, que nunca separó su mirada de él y su bestia. Los ojos de Pandora siguieron con detenimiento a Subaru, y era la única parte de su cuerpo en movimiento. La bruja no se inmutó por las palabras de Subaru, ni por su huida, ni por el hecho de que comenzara a apuntarle con su arma nuevamente. ¡Bum! Una columna de humo elevándose por encima de donde se encontraba Pandora fue lo último que Subaru vio antes de mirar nuevamente al frente.


Una Hora y Cinco Minutos desde la Última Muerte (Diecisiete Muertes)

Subaru se odiaba a sí mismo, en verdad lo hacía. Había perdido valioso tiempo conversando con una bruja de lengua bífida. ¿Cuánto de lo que le escuchó había sido mentira? Subaru suponía que gran parte de ello. Aun así, su debilidad le había impedido marcharse de allí, su patético anhelo de respuestas le había cegado. A pesar del tiempo perdido, solo había conseguido confirmar cosas que ya sabía o suponía, y solo había obtenido información decepcionante; como cereza sobre el pastel, se había enterado de una dolorosa verdad.

Él era el culpable indirecto de la masacre de la Capital Real, él y nadie más que él. Pandora, movida por sus intereses egoístas, había sacrificado a miles de personas solo para conseguir que Subaru aceptara un trato que nunca aceptaría. No tenía razón para unirse al Culto de la Bruja, y nunca la tendría. Despreciaba a los Arzobispos del Pecado, a sus subordinados, a la maldita bruja que era su líder y la maldita bruja que algunos de ellos adoraban.

Se sentía culpable por haber cedido ante sus deseos egoístas y haberse quedado para escuchar las respuestas de Pandora a sus preguntas. Se sentía culpable por haber influido en la muerte de miles de habitantes de Lugunica. Pero se sentía sobre todo culpable por haber negligido de Anastasia. Ella era su prioridad, su destino lo era; haberse detenido en el camino para conversar con una engañosa bruja resultaba imperdonable. Se odiaba a sí mismo más que a nadie más.

Tan sumido estaba en sus pensamientos de autodesprecio, que reaccionó hasta que Patrasche se detuvo en seco, causando que casi cayera al suelo. Así como no había notado los carruajes que pasaron a su lado varios minutos atrás, Subaru no había notado que había llegado a la entrada de la ciudadela que precedía al castillo. Molesto, Subaru se dispuso a regañar al dragón de tierra, cuando se percató que un hombre que vestía una armadura se encontraba bloqueando su camino. El hombre parecía estarle indicando algo con señas, pero Subaru nunca descubrió que deseaba éste debido a que su atención rápidamente se movió a otro lado.

"¡Ricardo!" Subaru saltó de Patrasche e ignorando al guardia que intentó detenerle, y lo habría hecho de no ser por la intervención del dragón de tierra, corrió en línea recta hacia el lastimado hombre bestia que se encontraba a varios metros tras el guardia. Con visión de túnel, se movió hacia un único objetivo que se encontraba ante él. El mercenario por fin notando a Subaru abrió la boca para decirle algo, pero Subaru se le adelantó. "¡¿Ricardo, dónde está Anastasia?!"

El mercenario, consternado, detuvo momentáneamente el flujo de palabras de su boca. Un desesperante silencio se formó entre ambos, y Ricardo, notando la preocupación en el rostro de Subaru, finalmente respondió. "… ¿De quién hablas, chico?"

Para los testigos de la escena, entre ellos el guardia que había intentado detener a Subaru pero finalmente había desistido, no habría resultado exagerado asegurar que vieron el alma de Subaru escapar de su cuerpo. Con su piel tan pálida que podía pasar como un cadáver y sus ojos abiertos como platos, Subaru cayó de rodillas y vomitó la pequeña cantidad de la mezcla de ácidos gástricos y bilis que se había formado en su estómago.


Finalmente Subaru ha comenzado a conseguir las respuestas que había estado buscando, le resulten éstas satisfactorias o no. Después de meses sin comprender nada del porqué había sido llevado a ese mundo, Subaru se vio abrumado por la sed de respuestas y por ello terminó desperdiciando valioso tiempo. Ahora, el nombre de Anastasia ha sido devorado.

Todavía es desconocido cuanto de lo ocurrido en el castillo ha realmente ocurrido en este bucle, sin embargo, es seguro afirmar que al menos hasta el momento en que Gula arrebató su nombre a Anastasia. ¿A fallado Halibel en evitar la catástrofe? Qué ha ocurrido será desvelado en el próximo capítulo, aun así, la carga emocional de Subaru solo ha incrementado. ¿Cuánto más podrá soportar? ¿Podrá con la culpa que le carcome?

Creo que para este punto es evidente la respuesta, pero tengo que hacerme el interesante por el bien de la historia. Ahora que el encuentro entre Pandora y Subaru ha ocurrido, finalmente hemos alcanzado el climax del tercer arco. Y las intenciones de Pandora también han sido desveladas, ella quiere que Subaru se convierta en uno de sus Arzobispos del Pecado.

Respecto a cómo usará Pandora su autoridad, pues ya ha quedado claro en este capítulo. No los usará para manipular a Subaru, eso no es necesario, la Prueba ha alcanzado su etapa final, Subaru ya se encuentra completamente acorralado. En los próximos capítulos las consecuencias de la Prueba será totalmente desveladas. En fin… Como siempre digo, ¡gracias por su apoyo! Hasta la próxima semana.