La Prueba de la Bruja

Una Hora y Cinco Minutos desde la Última Muerte (Diecisiete Muertes)

Enfurecido, enloquecido, desesperado, frustrado, Subaru golpeó una y otra vez el suelo con sus puños. La piel de sus dedos, la piel muerta y ampollada de sus manos, se desvaneció, dejando descubiertos los músculos de sus puños. Consecuentemente, su sangre comenzó a empapar suelo rocoso que golpeaba insistentemente. Sangre y bilis se mezclaron, creando una sustancia desagradable que representaba visualmente el flujo de emociones que había estallado en su interior.

El autodesprecio siempre recurrente en su psique aumentó y aumentó hasta superar todo límite establecido por su propia mente. Si tan solo no se hubiera quedado a escuchar las mentiras de la bruja. Si tan solo hubiera hecho oídos sordos a las tentadoras palabras de Pandora. Ella sabía que es lo que él deseaba y lo había atrapado con eso cual planta carnívora. Subaru había caído en la tentación y había cedido ante sus patéticos deseos.

Necesitaba respuestas, realmente lo hacía. Su existencia misma en ese mundo estaba rodeada de una densa y oscura aura de misterio, y esclarecer el porqué de su llegada a ese mundo era vital para entender cuál era su papel allí. Comprender esa habilidad con la que le habían maldecido y bendecido por igual, comprender por qué había sido traído a ese mundo a la fuerza, comprender por qué no podía hablar del Regreso por Muerte, comprender por qué él había sido el elegido. Su necesidad por comprender los misterios que rodeaban sus presencia en ese extraño mundo, su obsesión por conseguir respuestas… Ello le había llevado a negligir de su misión principal.

Subaru era débil, extremadamente débil e impotente, eso había quedado grabado con más y más fuerza en su mente y corazón, conforme cada bucle acababa con una insoportable y agónica muerte. Se había visto obligado a abandonar a personas que alguna vez había deseado proteger, y se había visto obligado a tomar decisiones despreciables que iban en contra de la moral que se le había inculcado en su mundo. Su debilidad le había obligado a desprenderse de parte de su humanidad.

Y debido a esa patética y despreciable debilidad, Subaru había decidido hacer una sola cosa su máxima prioridad, a la vez que se desprendía de gran parte de aquello que alguna vez consideró valioso, y ello era el destino de Anastasia. Su máxima prioridad era impedir que su destino y el de Anastasia se alejarán demasiado el uno del otro, al punto en que le resultara imposible seguir protegiéndola a ella.

Si el destino de Anastasia se volvía inalcanzable para sus manos, que a pesar de ser débiles irónicamente eran capaces de alterar el destino mismo, no habría vuelta atrás. Así como ahora era totalmente incapaz de recuperar el destino perdido de Crusch Karsten y sus subordinados o el destino de la masacrada familia de Leith, existía la terrible posibilidad de que lo mismo ocurriera con Anastasia si no era cuidadoso.

Por ello había convertido el evitar desperdiciar tiempo en su segunda prioridad, por ello tardar lo menos posible luchando contra enemigos o permaneciendo en un mismo lugar resultaba vital. Había abandonado los destinos de aliados y amigos solo para incrementar su posibilidad de llegar lo antes posible al castillo. Había renunciado a tanto para poder enfocarse totalmente en proteger el destino de Anastasia… Y aun así, se había detenido en su camino para escuchar las falsedades escupidas por la engañosa boca de la Bruja de la Vanidad.

¿Cuántas preguntas había hecho? ¿Cuántas preguntas no había hecho? El tiempo que perdió formulando preguntas que serían respondidas por una persona en la que no confiaba. El tiempo que desperdició pensando en preguntas que olvidó formular. El tiempo que perdió absorto por la antinatural belleza asesina de Pandora, el tiempo que perdió haciendo berrinches y atacando a la bruja. Ese tiempo que desperdició era extremadamente valioso.

Podría haber huido, podría haber montado a Patrasche y haber aprovechado la falta de hostilidad mostrada por Pandora para así escapar de allí; pero no lo hizo. Se había convencido a sí mismo con excusas autoindulgentes. Halibel se había separado de él y del grupo de mercenarios y se había dirigido al castillo antes que todos los demás. Halibel, el más veloz del grupo, había sido el primero en partir hacia el castillo.

Confiando en que Halibel, por el simple hecho de ser Halibel, no tendría problema alguno en salvar a Anastasia, Subaru se había permitido a sí mismo el dejar su máxima prioridad de lado en pro de satisfacer sus anhelos de respuestas. Aun cuando era consciente de que la palabra de Pandora no resultaba confiable, de manera autocomplaciente se había permitido desperdiciar egoístamente valioso tiempo que anteriormente había decidido no invertir en pensar en maneras de seguir adelante sin descartar los destinos de Otto y Leith.

Despreciable egoísmo y egocentrismo injustificado eran los causantes de la crisis con la que ahora se veía obligado a lidiar. Por ello el autodesprecio que hervía en su corazón comenzó a calcinar sus órganos y su sangre, por ello siguió golpeando el suelo desesperadamente, aun cuando la piel de sus puños ya había sido completamente arrancada, totalmente pelada.

Pequeños guijarros se habían incrustado en sus tejidos expuestos, piedritas se habían enterrado en su carne al descubierto, provocando así que cada golpe que daba al pavimento cada vez más sangre pintara su superficie. Subaru ignoró el dolor y siguió golpeando, buscando así ventilar su ira, su autodesprecio, su frustración. Tal vez así podría aliviar del dolor de su alma.

"… ¡Chico! ¡Para de una buena vez! ¡Te estás lastimando!" Ignorando las palabras de un consternado Ricardo, Subaru siguió golpeando el suelo en completa desesperación.

La reacción de Subaru había tomado a Ricardo por sorpresa, y dado que su cuerpo estaba cubierto de heridas y se encontraba exhausto, había tardado en reaccionar para detener a Subaru. Incapaz de comprender la razón detrás del ataque de ira de Subaru, Ricardo tomó a Subaru por la espalda y lo levantó del suelo, impidiendo así que pudiera seguir lastimado sus manos.

Enloquecido, Subaru comenzó a retorcerse, patalear y lanzar golpes, pero, impávido, Ricardo se mantuvo en su lugar, incluso cuando más de una patada y puñetazo de Subaru terminó golpeándolo a él. Subaru no tenía la fuerza suficiente para dañarlo, así que se abstuvo de reprenderlo en lo que esperaba a que por fin se calmara. Pasado un minuto, Subaru por fin dejó de retorcerse, sus golpes y patadas disminuyeron en cadencia y fuerza paulatinamente hasta que por fin se detuvo por completo.

"Suéltame… por favor…" Escuchó Ricardo a Subaru susurrar. Ricardo bajó lentamente el cuerpo de Subaru, pero detuvo el movimiento de sus brazos poco antes que los pies de Subaru entraran en contacto con el suelo.

"No volverás enloquecer como antes, ¿o sí?" Ricardo quería comprobar que Subaru realmente hubiera recuperado su compostura, aun cuando ese sí que parecía ser el caso.

"No sucederá más, así que suéltame de una buena vez."

Ricardo entonces finalmente depositó a Subaru en el suelo, que una vez allí comenzó a estirar sus brazos con desgana. Al parecer se había lastimado un hombro al momento de menear violentamente sus brazos en el aire. Tras un momento, Subaru dejó caer sus brazos y levantó la mirada, topándose finalmente con los ojos de Ricardo, que seguía ligeramente desconcertado por todo lo ocurrido.

Gracias a Ricardo, Subaru había podido escapar de esa tormenta de autodesprecio y desesperación en la que había quedado atrapado; bueno, en parte. Dado que había logrado ventilar parte de su ira, consecuentemente se había calmado y recuperado la compostura. Como era usual, había caído una vez más bajo el abrumador peso de sus debilidades, pero ahora era momento de levantarse y comenzar, una vez más, a pensar en cómo resolver la nueva crisis.

Viendo que Subaru finalmente se había calmado, Ricardo no tardó en comenzar a cuestionarle. "¿Qué sucedió, chico? ¿Pudieron derrotar a Ira? ¿Dónde se encuentra Utada?"

"La derrotamos, pero perdimos mucho tiempo. Robamos este dragón de tierra y dado que no nos aguantaba a ambos, Utada me dijo que me adelantara." Respondió Subaru cortantemente, decidiendo omitir su encuentro con Capella y Pandora.

"¡Ya veo! En ese caso lo esperaré aquí… ¡Y bueno, me alegra que estés bien chico! Aunque, por lo visto, otra vez recibiste daño en tus brazos." Dijo Ricardo, mirando los brazos quemados de Subaru; el mercenario sabía que lo mejor sería no hablar de las heridas recién hechas de sus puños.

"No es nada… Dime una cosa, Ricardo. ¿Sabes quién es Halibel?" Al escuchar esta pregunta, el desconcierto de Ricardo regresó con venganza.

"¿De qué hablas chico? ¿Acaso no es obvio? ¿O tiene algo que ver con que en verdad haya trabajado para ti todo este tiempo? ¿Me vas a decir que en realidad no es el Halibel que creemos que es?"

"Hmm… Olvídalo, solo quería comprobar una cosa." Respondió Subaru, gesticulando con sus manos que dejara de lado el asunto. "¿Entonces en verdad no tienes idea quién es Anastasia? ¿Anastasia Hoshin?"

"Ya te lo dije chico, no tengo idea quien es esa persona. ¿Debería saberlo? ¿Es alguien importante?"

"Mierda… Sí, es una persona muy importante." Frustrado por la desesperanzadora respuesta de Ricardo, Subaru mordió su labio inferior.

Estaba repitiéndose, era lo ocurrido con Crusch Karsten otra vez. No obstante, en esta ocasión ni la Ballena Blanca, ni el Arzobispo de la Gula, podían ser los responsables; después de todo, ambos estaban muertos. ¿Acaso existía algún otro Arzobispo del Pecado con el poder de borrar la existencia de las personas? Había olvidado preguntar a Pandora si existían más de seis, o siete arzobispos. Si tan solo pudiera volver a preguntarle…

No, eso no serviría, ella no era confiable. Por culpa de ella estaba ocurriendo todo eso, probablemente ella tenía algo que ver con ello; sí, no cabía duda de ello. Probablemente Pandora se había presentado ante él con las respuestas a muchas de sus preguntas como cebo, para que así él no pudiera impedir esa catástrofe. ¿El punto de guardado había cambiado? Podría comprobarlo… No, había prometido no desperdiciar si vida, no moriría sin antes haberlo intentado todo; además, no sabía a qué momento regresaría, así que lo mejor sería reunir información antes.

"¿No me vas a decir quién es esa tal Anastasia, chico?" Le preguntó Ricardo demandantemente. Subaru respondió sacudiendo su cabeza, para descontento del mercenario; después de reaccionar de manera tan violenta, Ricardo esperaba una buena explicación por parte de Subaru.

"Te lo explicaré después, por ahora dime donde se encuentra Halibel." Decepcionado, Ricardo masajeó su mandíbula, la cual parecía tener adolorida, antes de señalar hacia atrás de Subaru.

"Todavía no he tenido la oportunidad de reunirme con él. Así que supongo que se debe encontrar en el castillo."

Subaru se volteó para mirar hacia donde señalaba Ricardo, y fue entonces que finalmente se percató de que tan cerca se encontraba del castillo; se encontraba en la entrada a la ciudadela que le precedía. Había llegado tan lejos sin tan siquiera notarlo, e incluso así había fallado. Frustrado, Subaru pateó el suelo, elevando una pequeña nube de polvo en el aire que rápidamente fue arrastrada por la brisa del atardecer. El anochecer se aproximaba, y con éste el fin de ese día de pesadilla, y aun así, Subaru estaba convencido de que ese atardecer infinito todavía no acabaría para él.

"Gracias, Ricardo. Nos veremos más tarde." Tras agradecer al demihumano, Subaru comenzó a alejarse hacia Patrasche, pero entonces fue detenido en seco por la voz de Ricardo.

"¿No me preguntarás?" Subaru pudo detectar un denso resentimiento en las palabras de Ricardo.

"¿Preguntarte? ¿Qué?" Preguntó Subaru, confundido, volteando la cabeza para mirar al hombre bestia.

"Qué ocurrió después de que nos separamos." Dijo Ricardo, moviendo su mandíbula de un lado al otro con una pequeña mueca de dolor.

Subaru había estado tan enfocado en el desvanecimiento de Anastasia, que había ignorado por completo cuan lastimado se encontraba Ricardo. Y aunque Ricardo podía hablar sin problema, era evidente que una vez más se había visto obligado a usar su técnica de ondas de maná sónico, la cual provocaba un extenso daño de retroceso en su hocico.

"…" En silencio, Subaru observó detenidamente el cuerpo de Ricardo. El peto de cuero había desaparecido y sus pantalones negros se encontraban rasgados. Antes de que Subaru pudiera decir nada, Ricardo continuó.

"Nos topamos con un enemigo extremadamente poderoso poco después de que creímos haber evadido a los enemigos que nos indicaste que estaban en la Plaza Farsale. Fallamos en ocultar nuestra presencia y nos vimos en la necesidad de entablar combate con éste. Era justo como dijiste, un monstruoso cultista de la bruja de seis brazos que poseía una fuerza bestial… Al final pude aturdirlo con una de mis Ondas de Resonancia y entonces lo decapité con mi espadón, pero para entonces ya había perdido a demasiados de mis guerreros. Nos masacró… Solo sobrevivimos Maju, Kitzu y yo. De no haber sido por la ayuda de aquellos que cayeron en combate, no habríamos logrado vencer a esa cosa y habríamos muerto también. Y tal vez habríamos tenido que seguir luchando, de no ser porque misteriosamente todos los cultistas desaparecieron de pronto."

"Mierda… Lo siento, Ricardo." Respondió Subaru, su tono de voz carente de emociones.

Subaru ya lo sabía, Pandora le había hablado sobre el encuentro y le había revelado el resultado final, y por ello no se encontraba sorprendido por el relato de Ricardo. Y ahora también comprendía a que se refería con que había ordenado la retirada a los arzobispos. ¿Eso también se debía a su Autoridad? No obstante, la falta de emociones de Subaru molestó a Ricardo.

"Lo noté en la mansión, no solo por la forma en que te expresabas por momentos, sino que también por la forma en que trataste a tus colegas, aquellos que te sacaron de las calles… ¿Acaso solo somos peones para ti, chico?"

"…" Consternado, Subaru alejó su mirada de la de Ricardo. Lo cierto es que, por mucho que se odiara por pensar así, realmente había comenzado a pensar en el Colmillo de Hierro como peones que podía sacrificar para alcanzar su objetivo.

"No entiendo que fue lo que vimos Ryuushika-sama y yo en ti, chico. Pero parece que estábamos equivocados sobre ti." Murmuró Ricardo, decepcionado.

Restándole interés a la decepción de Ricardo, Subaru solo se enfocó el nombre mencionado por Ricardo. "¿Ryuushika-sama? ¿Quién es ese?"

"¿Ahora vas a fingir no saber quién es tu benefactor, la persona que te dio la oportunidad de tu vida? Dijiste que tu fidelidad no había flaqueado, pero era mentira, ¿no es así? Realmente eres un bastardo, chico."

¿Benefactor? Tenía sentido, dado que Anastasia había desaparecido, eso significaba que alguien más había tomado su lugar en la historia de ese mundo. ¿Pero quién era ese tal Ryuushika? Subaru hizo oídos sordos a las palabras despectivas de Ricardo y se sumió en sus cavilaciones. Pasados unos segundos, Subaru finalmente lo recordó.

Finn, Finn Ryuushika, el vicepresidente de la Compañía Hoshin. Rara vez lo había llegado a ver, dado que su oficina se encontraba en la sede de la Compañía Comercial Hoshin en Kyo, Kararagi. Subaru solo lo había visto en Lugunica el día que firmó el pacto comercial entre la Asociación de Reinvención y la Compañía Hoshin. Ahora que Anastasia se había desvanecido de la faz de ese mundo, Finn una vez más era el dueño de la empresa.

"Mira, Ricardo," Dijo Subaru, tras varios segundos de silencio. No tenía tiempo para lidiar con él, así que finiquitaría el asunto rápidamente. "en verdad lo siento. Realmente me ayudaste cuando me encontraba en mi peor momento, y no sabes cuánto lo aprecio. Pero me temo que soy demasiado débil como para preocuparme por ti; simplemente no eres mi prioridad."

"¡¿Qué quieres decir con eso, chico?!" Exclamó Ricardo, enfadado.

Subaru, ignorando a Ricardo y el dolor en sus manos, se montó de nuevo sobre Patrasche. Antes de indicarle a su dragón que comenzara a moverse, miró una última vez al mercenario. "Tengo prisa, así que… Adiós."

"¡Espera! ¡Chico, regresa a aquí, no hemos terminado de hablar!" A pesar de los reclamos de Ricardo, Subaru no detuvo el avance de su dragón.

Velozmente, el par sorteó los cadáveres y avanzó por la ciudadela que los llevaría al castillo. En el camino, Subaru pudo comprobar que otra de las respuestas de Pandora no había resultado ser mentira; como había dicho Ricardo, no había rastro alguno de los cultistas, tampoco del peligroso Arzobispo que Subaru suponía se trataba de Codicia. Y aunque Subaru estaba seguro de que su presencia no tenía relación con el Culto de la Bruja, lo cierto es que la bestia gélida tampoco se encontraba a la vista, y prueba irrefutable de ello era la ausencia de nieve.

No había nieve, pero el viento gélido de la muerte y el dolor de la perdida inundaban la atmosfera del lugar. Poderosos soldados habían sido reducidos a despojos de carne, sobre los cuales muchos de sus compañeros lloraban sin preocuparse por ser juzgados por ello. Hombres y mujeres reducidos a océanos de lágrimas lamentaban la perdida de compañeros, amigos, familiares, e incluso de partes de sus propios cuerpos. La melancolía reinaba en el aire.

Todavía sintiéndose ligeramente responsable, Subaru se forzó a sí mismo a ignorar la tragedia que le rodeaba. La mirada siempre al frente, no a los lados. Él tenía una prioridad, no era momento para desmoronarse emocionalmente. Todavía tenía tiempo, tenía que tenerlo; no podía ser demasiado tarde, no podía.

Su cordura pendía de un hilo y ese hilo era la existencia de Anastasia, así que debía creer que todavía tenía oportunidad de cambiar su destino, tenía que hacerlo. No era demasiado tarde, el destino de Anastasia seguía a su alcance, sí que lo hacía. Sin ella nada tenía sentido, así que el destino de Anastasia definitivamente no se había alejado demasiado. Sin ella, todo habría sido en vano, así que no era posible que se hubiera desvanecido permanentemente. Encontraría la manera de recuperar a Anastasia, pero antes necesitaba reunir información.

Subaru avanzó por la ciudadela, repitiendo en su mente que aún no era demasiado tarde, hasta que finalmente alcanzó el puente que la conectaba con el castillo. Desde allí tenía una buena vista del jardín. Subaru sintió como si hubieran pasado meses desde su gélida muerte; desde entonces no había tenido otra oportunidad de ver ese jardín. Finalmente había regresado…

"¿Se puede saber qué es lo que busca acercándose tanto al castillo? El ingreso está restringido a únicamente caballeros reales, o usuarios de magia curativa dispuestos a ayudar allá adentro. Si no es ninguno de ellos, entonces le pido que se retire." Así como en la entrada de la ciudadela habían intentado detenerlo, Subaru una vez más veía su camino bloqueado por un guardia con armadura.

Sin embargo, la armadura del sujeto parecía ser de mucha mayor calidad que la del torpe soldado que se interpuso antes en su camino. Ese hombre formaba parte de algún rango alto de los Caballeros del Reino, se trataba de alguien solo debajo de la Guardia Real, de ello no había duda. "Lo siento, pero tengo asuntos en el castillo, así que le agradecería si pudiera ser tan amable de hacerse a un lado."

"¿Es que acaso no me ha escuchado? Le he dicho que si no es un caballero real o un curandero, entonces no puede pasar. Con solo verle estoy seguro de que no es el primero, así que, a menos que me demuestre que es capaz de usar magia curativa, no voy a permitirle el paso por mucho que insista." El guardia resultó ser extremadamente testarudo. ¿Qué hago? Pensó Subaru.

"En serio tengo que pasar, y tú no vas a impedir que lo haga." Afirmó Subaru con tono amenazante. Sin pensarlo un segundo, el guardia empuñó su espada.

"¿Es que no es consciente de la situación de la ciudad? En este momento lo que menos deseamos en la Armada Real es desperdiciar tiempo entablando combates con plebeyos, pero me veré en la necesidad de hacerlo si no se retira inmediatamente." El soldado usó su espada para bloquear el paso al puente, mientras fulminaba a Subaru con la mirada. Tal vez si usaba Shamak podría evadirlo, pero se arriesgaba a provocar la ira de los guardias de la zona. Aun así, no tenía opción.

Subaru se dispuso a convocar a Kuro, pero una voz conocida le detuvo justo antes de que lo hiciera. "¡Él está conmigo, por favor permítale el paso!" Se trataba de una mujer de hermosa figura y cabello naranja, vestía ropajes de cuero, utilizaba una capa de tela y un sombrero puntiagudo; ella era la viva imagen de una hechicera y su nombre era Maju.

"¡Oh! ¡Ya veo! ¡Si me lo hubieras dicho antes te habría dejado pasar sin problema, chico! ¡Tus compañeros han sido de gran ayuda, se nota que son miembros del Colmillo de Hierro!" Exclamó el soldado, envainando su espada y cambiando su expresión seria por una más relajada.

"N-No sabía que ellos ya estaban a aquí, lo siento…" Se disculpó Subaru, maldiciendo internamente a Ricardo por no haberle informado al respecto; aunque también había sido su error por no haberle preguntado por el paradero de los mercenarios sobrevivientes restantes.

"¿No sabías? ¿No te encontraste con el capitán en la entrada de la ciudadela, Subaru-sama? Nos dijo que los esperaría a Utada y a ti allí."

"Seguro le pasé por alto debido a la prisa." Mintió Subaru; no tenía tiempo ni ganas de discutir sobre asuntos carentes de valor.

"Entiendo…" Respondió Maju, desconcertada. "¿Y qué ocurrió con Utada? No estará…"

"No, está vivo. Vencimos a la arzobispa, pero perdimos mucho tiempo, así que tomé este dragón de tierra y me adelanté." Explicó Subaru, repitiendo lo mismo que dijo a Ricardo.

"Me alegro… Por fin una buena noticia." Murmuró Maju, alicaída. Esto llamó profundamente la atención de Subaru, incrementado los nervios que ya tenía.

"¿Por qué dices eso? ¿Ocurrió algo?"

"Como no te encontraste con el capitán no lo sabes, pero lo cierto es que antes de llegar al castillo nos encontramos con uno de los enemigos de los que nos advertiste. Todos nos esforzamos por derrotarlo, y al final lo conseguimos, pero el precio fue enormemente alto; perdimos a muchos camaradas. Solo sobrevivimos Kitzu, el capitán y yo. Por suerte, poco después todos los cultistas se esfumaron, así que no tuvimos que seguir luchando…" Relató Maju, afligida.

Subaru, que había temido recibir otra mala noticia además de las que ya había recibido, casi suspiró con alivio; pero se abstuvo de hacerlo. Debía evitar que se repitiera lo ocurrido con Ricardo. "Mierda… En verdad lo siento…" Respondió Subaru, fingiendo empatía.

La hechicera meneó su cabeza. "No hace falta, nosotros sabíamos a lo que nos enfrentamos." Afirmó ella, forzándose a mostrar un semblante impávido; pero la melancolía regresó a su rostro en solo segundos. "Y eso no es todo… Mimi-chan fue hallada en un terrible estado dentro del castillo. En este momento Kitzu está intentando hacer algo para salvarla junto con otros curanderos, pero el panorama no es muy alentador-"

Maju se detuvo en seco, percatándose de su error. El rostro de Subaru empalideció incluso más de lo que ya estaba, dando la sensación de que se desvanecería en cualquier momento. "M-Mimi…" Balbuceó Subaru.

"¡Disculpa mi falta de tacto, lo había olvidado! Tú eres muy cercano a ella y sus hermanos, ¿no es así?" Subaru, que se encontraba conmocionado, fue incapaz de pronunciar palabra alguna. La hechicera le miró con gesto de disculpa. "Estaba por ir a informarle al capitán al respecto, pero si quieres te puedo llevar a donde la están atendiendo."

"N-No hace falta, solo dime donde se encuentra... por favor." Se forzó Subaru a decir, manteniendo a duras penas la compostura.

"E-Está en una de las carpas que fueron montadas para tratar a los heridos."

"Gracias." Y así, sin darle oportunidad a la mercenaria o al guardia de responder a sus palabras, Subaru tocó con su mano ensangrentada el cuello de Patrasche y ambos ingresaron al puente velozmente.

Una vez cruzado el puente y el túnel en la muralla que rodeaba el castillo, el cual era lo suficientemente amplio como para permitir la mirada al jardín desde la ciudadela, Subaru finalmente alcanzó su anhelado destino; no obstante, el logro careció por completo de alguna sensación de victoria o euforia. Subaru escaneó rápidamente el jardín, suprimiendo de su mirada todo aquello que le resultara irrelevante.

Cuando finalmente encontró las carpas, que consistían en lonas levantadas con varios pilares de madera, que servían como zona de tratamiento para los heridos, Subaru indicó a Patrasche que le llevará hacia allí. Ambos avanzaron entre los escombros, los cadáveres y los guerreros conmocionados. El lugar se encontraba sumido en el caos, gente corría de un lado al otro.

Pero Subaru era ajeno a todo el caos que le rodeaba. Montando a Patrasche, avanzó hasta que pudo ver una figura que reconoció. Subaru saltó al suelo, le ordenó a su dragón de tierra que le esperará allí y entonces corrió hacia donde había visto la figura. Acuclillado al lado de la entrada de una de las carpas, abrazando su cabeza y con su mirada fija en el suelo, se encontraba el curandero demi-humano, Kitzu.

"Kitzu…" Murmuró Subaru, lo suficientemente alto como para que el curandero le escuchara. El demi-humano zorruno soltó su cabeza y levantó la mirada, encontrándose con los ojos de Subaru.

"¿Subaru-sama…?" Anonadado, el curandero murmuró el nombre de Subaru; era como si su cerebro estuviera tratando de procesar lo que estaba viendo. No obstante, éste no contaba con la paciencia como para esperar a que reaccionara.

"¿Qué ocurrió con Mimi, Kitzu?" Preguntó Subaru de manera demandante. Una mueca de dolor se formó en el rostro del demi-humano, y Subaru tuvo que contener la necesidad de gritar por la angustia.

"L-Lo intenté, en verdad lo intenté…" Respondió Kitzu, mientras agachaba la mirada y abrazaba su propio cuerpo.

"¿Dónde ésta?" Preguntó Subaru cortantemente, tocando el hombro del curandero de manera comprensiva; Subaru lo sabía, Subaru sabía que tan doloroso y frustrante resultaba ser incapaz de hacer algo que se necesitaba hacer.

"Ella está…" Estaba por decir Kitzu, cuando su mirada se movió hacia el brazo con el que Subaru le estaba tocando. Cuando descubrió el mal estado en que se encontraba su mano y el resto de su brazo, Kitzu se sobresaltó. "¡¿Subaru-sama, qué le ocurrió en los brazos?! ¡¿Y en las manos?!" Alarmado, el curandero tomó brazo derecho de Subaru. La angustia y la frustración que había estado sintiendo aparentemente habían sido dejados de lado apenas se percató de que sus poderes de curación serían necesitados. "Permítame curarle."

"No hace falta." Aseguró Subaru, arrancando su brazo de manos del curandero, para el desconcierto de éste. "Llévame con Mimi, Kitzu." Habiendo perdido la poca paciencia que le quedaba, Subaru demandó al curandero que le guiara hacia donde estaba la pequeña con la que tanto se había encariñado.

"Está bien, sígame…" Dijo entonces el curandero con tono inseguro, el gesto de aflicción regresando a su rosto.

El demi-humano se colocó frente a la entrada de la carpa, pero no dio un solo paso más; estaba dudando en entrar. Subaru consideró ordenarle que se moviera, pero al final se abstuvo de hacerlo. ¿Cuán afligido se encontraba Kitzu? Probablemente estaba comenzando a dudar de su capacidad de sanar. Tal vez era la primera vez que alguien moría cercano moría en sus manos…

Tras varios segundos, Kitzu exhaló profundamente, y finalmente entró en la carpa, seguido de cerca por Subaru, quien se detuvo en seco al encontrarse con un asolador panorama. Decenas de curanderos luchaban desesperadamente por salvar las vidas de caballeros, guardias y nobles que habían sufrido toda clase de heridas letales. Una joven lloraba y se revolcaba, mientras meneaba el muñón sangriento que ahora era su mano. Un soldado se despedía de sus compañeros, mientras un curandero intentaba en vano regresar sus viseras al interior de su cuerpo.

"…" Enmudecido, Subaru escaneó el lugar apenas iluminado por el brillo de una Piedra de Prana.

Ignorando las terribles escenas de muerte que se desenvolvían en cada camilla de la carpa, Subaru buscó el cabello naranja característico de Mimi. Cuando al fin dio con éste, Subaru se vio en la necesidad de sofocar un sollozo, en vano. Al lado de la camilla en la que yacía el cadáver de la pequeña demi-humana se encontraba de pie Kitzu.

"Como puede ver, en esta carpa están siendo atendidos aquellos heridos de mayor gravedad…" Informó Kitzu, cabizbajo. "Yo… Yo debería seguir ayudando. Había salido a tomar aire, pero debo volver… No puedo simplemente quedarme de brazos cruzados mientras gente muere a mi alrededor, tengo que evitar que se repita lo ocurrido con Mimi-chan." Notando que el curandero había recuperado parcialmente su determinación, ahora que había vuelto a entrar en la carpa, Subaru asintió.

Kitzu comenzó a alejarse de Mimi evitando mirarla, cuando fue detenido por la voz de Subaru. "¿Hace cuánto murió? ¿Hace cuánto fue encontrada?"

"¿Hmm? Lo siento, ¿a qué se refiere?" Le preguntó Kitzu, desconcertado. No es que no entendiera la pregunta de Subaru, simplemente no entendía por qué le estaba preguntando ello en ese momento.

"Tú solo dímelo, Kitzu. Necesito saberlo." Demandó Subaru, frunciendo el ceño.

"Y-Yo no estoy completamente seguro. Hace cinco minutos, quizás. Lo cierto es que su muerte me impactó considerablemente, así que olvidé tomar el tiempo." Respondió Kitzu, apenado. "Y tampoco podría afirmar con seguridad hace cuanto fue encontrada, pero podría pedirle a alguien que mande a llamar a quién la encontró. Cuando llegué, Mimi-chan ya estaba en esta camilla, pero alguien debería saber quién la trajo."

"Sí, hazlo, por favor. Es muy importante para mí." Percatándose de la seriedad con la que hablaba Subaru, el curandero asintió y se alejó hacia donde se encontraban congregados varios curanderos. Subaru, satisfecho con esto, miró de nievo hacia Mimi y se acercó a ella, tomando el lugar dejado por Kitzu.

"Enana…" Murmuró, observando el rosto empalidecido de la pequeña. Sus pequeñas orejas felinas, al igual que sus pequeñas coletas naranjas, estaban empapadas de sangre, y en su rostro tenía una agónica mueca de dolor. Sus últimos momentos de vida no habían sido unos pacíficos. "Mierda… Si tan solo no me hubiera detenido a hablar con esa maldita bruja."

Ira comenzó a inundar cada rincón de su cuerpo. Frustrado, Subaru apretó con fuerza sus puños, causando que las heridas que los cubrían comenzaran a sangrar una vez más. Sin embargo, esa ira rápidamente fue sofocada por la abrumadora sensación de perdida y dolor. Subaru, incapaz de seguir manteniéndose en pie, cayó de rodillas y recostó su rostro en la camilla en la que se encontraba Mimi.

La pequeña tenía su cuerpo cubierto por una manta y solo su rostro era visible, pero una enorme mancha de sangre que dejaba poco a la imaginación se ubicaba sobre la zona de sus muslos; eso bastaba para que Subaru se hiciera una buena idea de lo que le había ocurrido. Podía intentar averiguar más retirando la manta, pero Subaru simplemente no se sentía capaz de hacer algo tan crudo como eso. Un gemido agónico entonces escapó de su garganta y éste pronto se transformó en sollozos que podían ser escuchados desde cualquier parte de la carpa.

Esa no era la primera vez que veía morir a Mimi, y aun así, no podía parar de llorar. Esa pequeña niña que con su sonrisa y actitud infantil le había salvado. Tal vez Anastasia era su prioridad máxima, pero Mimi definitivamente estaba entre sus prioridades. Y el verla allí, carente de vida y bañada en sangre, Subaru no podía evitar sentir que ya había fallado. Que a pesar de todo lo que había sacrificado, realmente había fallado.

No… Aún tenía que haber algo que pudiera hacer, necesitaba saber hace cuanto tiempo fue encontrada. Si conseguía evitar la muerte de Mimi, sin duda podría descubrir que ocurrió con Anastasia. Mimi había muerto, en verdad ya no había nada que pudiera hacer por ella en ese bucle y no quería arriesgarse a que el punto de guardado cambiara y el destino de ambas, Mimi y Anastasia, quedara fuera de su alcance. El camino de la muerte una vez más era el único que le quedaba disponible.

"Es una pena lo ocurrido con la pequeña. Ustedes dos era muy cercanos, ¿verdad, Su-san?" Subaru se levantó, sobresaltado, y miró hacia atrás suyo. Allí, recostado sobre uno de los pilares de madera que sostenían la lona que conformaba la estructura de la carpa, se encontraba Halibel con su kiseru dorado entre sus dientes.

Subaru restregó su rostro con su brazo lleno de quemaduras, así limpiando torpemente las lágrimas que ahora empapaban su rostro. "Me alegra verte de nuevo, Hal-san."

"Lo mismo digo, Su-san. Por un momento comencé a preocuparme por ti." Respondió el hombre bestia con una sonrisa sincera en su hocico. "Hey, ¿no crees que deberías hacer que alguien use magia curativa en tus brazos? Se ven bastante mal."

"Después, Hal-san, después… Por ahora necesito que me respondas esto; tú encontraste a Mimi, ¿verdad? Por eso estás aquí."

"Bueno, vine porque te vi entrar aquí desde otra de las carpas. Pero tienes razón, uno de los curanderos a los que les entregué la pequeña Mimi me dijo que tú me estabas buscando."

"Entonces dime, Hal-san. ¿Hace cuánto la encontraste? ¿En qué estado estaba?"

"Hmm…" Halibel llevó su mano a su barbilla y comenzó a peinar su barba mientras pensaba. "La encontré cuando estaba en búsqueda de la señorita, hace como cuarenta minutos. Cuando lo hice, estaba desmayada. Su estado era terrible, le faltaban ambas piernas desde la mitad de sus muslos para bajo y había perdido mucha sangre."

"Entiendo. Gracias, Hal-san." Agradeció Subaru, acercándose a su compañero con un semblante carente de toda emoción.

"Encontré a la señorita, y por suerte no está herida… Al menos no físicamente. ¿No quieres que te hable de eso?" Cuestionó Halibel a Subaru, desconcertado por su comportamiento.

"Solo dime una cosa. ¿De cuál señorita hablas?" Preguntó Subaru, secamente.

Halibel le miró confundido. "¿De cuál señorita hablo, dices? Pues de la que me pediste que salvara. Emilia-sama, la candidata de la Selección Real." Afirmó Halibel, como si se tratara de algo obvio. Al escuchar esa respuesta, Subaru sacudió la cabeza mientras liberaba una risa enloquecida.

"Ja, ja, ja… Jajajajajaja… Hablaremos de eso después." Dijo Subaru, dejando de reír abruptamente. Subaru entonces dio un vistazo a sus alrededores y tras un momento su mirada volvió a posarse en Halibel. "Hal-san, me prestarías uno de tus kunai" Pidió Subaru de repente.

"¿Para qué lo quieres?" Le cuestionó el guerrero, su desconcierto en incremento.

"No importa, tú solo dámelo." Subaru estiró su brazo hacia Halibel con vehemencia. No del todo seguro, Halibel obedeció a la orden de Subaru.

"Hay muchas cosas que no averigüé… Perdí demasiado tiempo… Perdí demasiado, de hecho… Así que supongo que tendré que intentarlo de nuevo." Declaró Subaru tranquilamente.

Extrañado por la tranquilidad anormal de Subaru, sobre todo considerando que tan angustiado se encontraba hace un instante, Halibel le miró confundido. "¿De qué hablas, Su-san?"

"Una vez más, la muerte vuelve a ser el único camino abierto ante mí." Y con esas palabras, Subaru se rajó la garganta abruptamente, ante la mirada atónita de Halibel.

"¡Su-san! ¡¿Qué demonios hiciste?! ¡Su-san!" La mirada de Subaru rápidamente se oscureció, mientras su descenso a la muerte era acompañado por los gritos desesperados de Halibel y por las voces de los curanderos que en vano intentaron impedir su muerte.


Cero Días desde la Última Muerte (Dieciocho Muertes)

Una vez más, después de meses esforzándose por cumplir la promesa de Anastasia, la muerte era el único camino restante que le quedaba. Sin dudarlo, había acabado con su propia vida; después de todo, ¿de que servía un mundo en el que no existía la persona a la que le prometió valorar su vida? ¿De qué servía un mundo en el que no volvería a escuchar las risas de la pequeña niña que alegraba sus días y le protegía como su guardaespaldas?

Subaru había preferido empezar de nuevo, Subaru había optado por regresar a aquel punto de guardado ubicado antes de la lucha contra Sirius. ¿Qué importaba desechar todo lo que había avanzado desde entonces? Encontraría la manera de llegar al castillo sin perder tiempo enfrentando a Sirius. Iría a por Patrasche y escaparía eludiendo a Sirius, Capella y Pandora. Ya se encargaría de ellas después de haber impedido la muerte de Mimi y el desvanecimiento de Anastasia, sucesos que sin duda estaban vinculados.

El abismo le tragó entero, la muerte le recibió con los brazos abiertos. Y entonces el abismo le escupió de nuevo. Cuando regresó, Subaru fue asolado por unas terribles náuseas y comenzó a toser violentamente; su cuerpo instintivamente forzó aire en sus pulmones, que hace solo segundos habían estado inundados de sangre. Se había preparado para despertar en el suelo sintiendo una insoportable jaqueca, pero sus expectativas habían sido traicionadas. Se encontraba extremadamente desorientado. ¿Dónde se encontraba?

Subaru abrió sus ojos y tuvo que aferrarse con fuerza a aquello que tenía más cerca. Había perdido el equilibrio y casi cae al suelo. El chillido familiar de una bestia llegó a oídos de Subaru, quién rápidamente se enderezó. Éste entonces se topó con la parte trasera de la cabeza de Patrasche. No tardó notar que estaba en la avenida principal de la capital, la cual, por supuesto, estaba forrada por cadáveres.

"Por fin nos encontramos… Me parece que la Prueba a la que te sometí finalmente está comenzando a dar frutos." Subaru liberó un berrido de ira, frustración y agonía.


Después de bastante tiempo, Subaru volvió a suicidarse. No podía ser de otra forma, Mimi murió, y el paradero de Anastasia y Julius es desconocido. Como mencioné en el capítulo anterior, Pandora no necesita usar su autoridad para hacer que Subaru aceptara su oferta, su "Prueba" ya había alcanzado su etapa final y Subaru se percató de que estaba siendo acorralado demasiado tarde. Y como cereza del pastel, en efecto, el punto de guardado volvió a cambiar. ¿Qué podrá hacer Subaru ahora? ¿Tendrá tiempo para impedir la catástrofe?

En el próximo capítulo llegarán las respuestas. Y hablando de respuestas; vi un comentario que se preguntaba por qué los Arzobispos estaban cazando a Subaru y destruyendo/masacrando la ciudad, y quiero aclararlo por si acaso no se entendió bien, pero esto ya fue respondido. Se debe a la Prueba de Pandora, por eso Subaru le disparó casi al final del capítulo anterior, ella le dio a entender que todo lo que habían hecho los arzobispos había sido para traumatizarlo/joderlo mentalmente y que por lo tanto se sintiera más acorralado, lo que haría que aceptara su oferta con más facilidad.

Y con respecto a otras preguntas que pudiera hacerle a Pandora… Subaru tendrá más oportunidad de preguntarlas. En el momento en que se encontró con Pandora, una Bruja del Pecado, el asunto por el que Subaru más sentía la necesidad de preguntar era sobre el Retorno por Muerte y por qué había sido convocado a ese mundo; su tren de pensamiento lejos estaba de estar enfocado en lo que estaba por llegar, después de todo. Además, si hubiera hecho que Subaru preguntara todo lo que podría haber preguntado, el capítulo habría sido demasiado largo, así que también está eso… En fin, como siempre, ¡gracias por su apoyo! Hasta la próxima semana.