La Agonía del "Es Demasiado Tarde"

Cero Días desde la Última Muerte (Dieciocho Muertes)

Atónito, Subaru observó fijamente la deslumbrante y dignificada figura de Pandora. La pequeña mujer poseedora de una belleza antinatural, a la altura de las más hermosas diosas de toda mitología, le miró de vuelta. En su rostro rebosante de compostura estaba plasmada una pequeña sonrisa tranquila, que transmitía la sensación de que confiaba en que todo lo que sucediese saldría como ella lo deseaba. Al verla sonreírle de esa manera, Subaru sintió que ardería en colera.

"¡¿Fuiste tú, pequeña perra!? ¡¿Tú eres la responsable de esto?!" Exclamó Subaru con ira, sentimientos de desesperación desbordando de sus palabras y gestos.

Subaru había contado con que regresaría al punto de guardado ubicado al despertar del desmayo, consecuencia del último ataque desesperado de Petelgeuse. Subaru se había aferrado a la idea de que su punto de guardado no había cambiado; tal vez había sido iluso al creer en ello con tal convicción, pero Subaru en verdad tenía certeza de que su punto de guardado no había sido alterado.

No obstante, se había equivocado. No había despertado sintiendo como la voz de Halibel taladraba sus oídos, sino que había despertado justo a tiempo para escuchar las repugnantes primeras palabras que Pandora le dirigió. Ahora no habría manera de que pudiera llegar al castillo antes de que Mimi fuera atacada; cuando finalmente comprendió esto, la consciencia de Subaru estuvo a punto de desvanecerse. El destino de Mimi se había alejado demasiado… El destino de Anastasia ya no estaba a su alcance. El destino de ambas había naufragado en un océano que le resultaba innavegable.

"No sé de qué me hablas, voy a necesitar que seas más específico." Respondió Pandora, indiferente.

Subaru sintió la necesidad de gritarle nuevamente a la bruja, pero se abstuvo de hacerlo. En lugar de esto, llevó su mano a su boca y ahogó un gemido agónico. ¿En realidad ya no había nada que pudiera hacer? Subaru clavó con fuerza sus uñas en sus mejillas, consiguiendo que sangre comenzara a empapar la parte inferior de su rostro.

Con chorros de sangre fluyendo por su cuello, Subaru se forzó a pensar en una alternativa. Tenía que haber una. No podía rendirse. Fue entonces que finalmente se percató de ello; todavía no había perdido valioso tiempo conversando con Pandora. En efecto, apenas se había encontrado con ella. Tal vez, solo tal vez, si se apresuraba en llegar al castillo, encontraría la manera de solucionar esa crisis aparentemente irresoluble.

"No tengo tiempo para lidiar contigo." Dijo Subaru, aferrándose al cuello de su dragón.

Por supuesto, dado que Patrasche se había detenido por orden de Subaru, su Protección Divina de la Evasión del Viento había sido desactivada y ello implicaba que ese sería un recorrido considerablemente agitado. Si tan solo no se hubiera detenido para hablar con Pandora en primer lugar… No, no valía la pena que se lamentara por eso, no ahora que simplemente era incapaz de cambiarlo. Comprendiendo lo que haría Subaru, la sonrisa en el rostro de Pandora se ensanchó.

"Si no aceptas unirte al Culto de la Bruja, jamás podrás solucionar tus problemas, Natsuki Subaru. Simplemente estarás sufriendo en vano." Hablando con un tono de voz que indicaba que lo sabía todo, Pandora intentó convencerle de que se uniera al Culto de la Bruja. Era evidente que ella comprendía que la "Autoridad" de Subaru había sido utilizada.

"¡Vete a la mierda, perra desgraciada!" Gritó Subaru, para posteriormente palmear el cuello de Patrasche y comenzar a alejarse de Pandora a toda velocidad.


Diez Minutos desde la Última Muerte (Dieciocho Muertes)

Había llevado a Patrasche a su límite. Así como seguramente había hecho su anterior dueño, Subaru forzó al dragón de tierra a correr a máxima velocidad sin detenerse a tomar descansos o permitirle disminuir la velocidad. Subaru comprendía que era un acto cruel, no obstante, resultaba necesario. Subaru haría lo necesario para alcanzar sus objetivos, incluso si implicaba ir en contra de su propia moral.

Gracias a haber llevado a Patrasche a su límite, Subaru consiguió llegar a la entrada de la ciudadela en dos tercios del tiempo que tardó en hacerlo el bucle anterior. Subaru no podía afirmar que se sentía orgulloso por ese logro, pero lo cierto es que pudo sentir como un enorme tensión se desvanecía de su cuerpo. Todavía podía prevenir la tragedia, debía creer fervientemente en ello.

Subaru indicó con su mano a Patrasche que podía comenzar a disminuir la velocidad de sus zancadas; ser capaz de darle indicaciones de esa forma era posible gracias a esa extraña conexión que ambos tenían. Patrasche liberó un chillido de agradecimiento e inmediatamente comenzó a correr más lento. Jadeando, el dragón aprovechó la oportunidad para recuperar el aliento.

Subaru entonces comenzó a analizar con la mirada sus alrededores. Antes no lo había notado debido a su visión de túnel, pero diversos carruajes, movidos por grandes dragones de tierra cuadrúpedos, estaban abandonado la ciudadela completamente cargados de gente. Nobles de todas las edades y géneros, pero sobre todo ancianos y mujeres, representaban la mayoría de los pasajeros de los carruajes. Era evidente que se trataba de una evacuación. Lo cual no de extrañarse considerando lo sucedido en la ciudad.

"… La mayoría de las nobles de los alrededores escaparon hacia el castillo. Sin embargo, tras la batalla ocurrida el lugar no quedó en condiciones de albergar a nadie, así que se ha decido evacuar a los civiles fuera de la ciudad. Por suerte ya varios de los nobles que poseen territorios cerca de la ciudad tienen instalaciones preparadas para situaciones como ésta. Aun así… Nunca había visto que Lugunica sufriera una crisis similar a esta, realmente temo por el futuro del reino..."

"Tienes razón, no cabe duda de que esta es un crisis sin precedentes."

Subaru pudo escuchar a dos personas conversando. Una de ellas poseía una voz extraña para él, pero, por el contrario, la otra poseía una voz extremadamente familiar. Subaru esperó a que el carruaje que tenía al lado saliera de su campo de visión, y cuando esto sucedió pudo ver al guardia que el bucle anterior había intentado inútilmente detenerle conversando seriamente con Ricardo, cuyo cuerpo estaba cubierto de heridas no letales.

"Ricardo…" Profirió Subaru, llamando la atención de ambos.

"¡Hey, detente! ¿Se puede saber quién eres? El acceso a ésta zona está restringido." Dijo el guardia, mientras miraba a Subaru con recelo.

Ricardo, en contraposición, sonrió al verlo. "¡Chico!" Tras saludar a Subaru, inmediatamente se dirigió al guardia. " Tranquilo, él es un amigo, no hace falta que lo molestes."

"¡Ah, entiendo!" Exclamó el guardia, quien aparentemente respetaba bastante a Ricardo. ¿Eran viejos conocidos? ¿O Ricardo acababa de salvarle la vida? Subaru solo podía preguntárselo en su mente, dado que no tenía intención de perder tiempo preguntando sobre algo de tan poca importancia.

"¡Es bueno ver que estás bien, chico…! ¡¿Demonios, qué te pasó en los brazos y en la cara?!" Subaru suspiró con frustración.

Estaba harto de escuchar esa pregunta. Subaru restregó su rostro con su mano, pero con ello solo logró esparcir la sangre, dando la sensación de que utilizaba una bandana carmesí para ocultar su rostro desde la nariz para abajo. Gestos de incomodidad aparecieron el rostro del guardia y Ricardo, pero el del demi-humano había sido menos evidente; después de todo, él ya se había habituado a las excentricidades de Subaru.

"No es nada, ni siquiera me duele." Dijo Subaru, sacudiendo su mano para deshacerse de la sangre que ahora la empapaba; cosa que rápidamente lamentó. Con dificultad se forzó a no hacer una mueca de dolor. Había olvidado que en ese bucle Pandora no había aliviado el dolor de su cuerpo. Tan centrado estaba en llegar lo más rápidamente posible al castillo, que ni siquiera había notado el ardor de sus quemaduras.

"Si tú lo dices…" Respondió Ricardo, inseguro de la veracidad de las palabras de Subaru.

"Además, tú no eres quien hablar, también estás cubierto de heridas." Contraatacó Subaru.

"¿Hablas de estos pequeños rasguños? Kitzu se encargó de curar las heridas más profundas, así que le dije que no desperdiciara maná y lo guardara para curar a los heridos del castillo; él y Maju partieron hacia allá hace no demasiado tiempo para ver si podían ser de ayuda." Respondió Ricardo, restándole importancia a sus heridas al igual que Subaru. "Por cierto, ¿dónde está Utada? ¿Le ocurrió algo?"

"Él está bien, este dragón de tierra que nos encontramos no podía traernos a ambos, así que decidimos que yo me adelantaría." Dijo Subaru, fallando en ocultar que tan deseoso se encontraba por acabar con esa conversación y seguir su camino hacia el castillo.

"Suena como si tuvieras mucha prisa. Ya Halibel debió de haber llegado al castillo, chico, no hace falta que estés tan nervioso. ¿Y acaso no lo sabías? Todos los cultistas desaparecieron de la capital, es como si nunca hubieran estado aquí… Lastimosamente no se puede decir lo mismo del daño que causaron."

"Tengo mucha prisa, Ricardo. Y sí tengo razón para estar nervioso." Notando que Subaru hablaba con total seriedad, Ricardo frunció el ceño.

"¿Pasó algo?"

"Tuve otra visión. No tengo tiempo para explicarlo. Solo puedo decirte que necesito llegar al castillo lo ante posible." Mintió Subaru.

"Hmm… Estará difícil que te dejen entrar si no sabes aunque sea un poco de magia curativa." Dijo el guardia, irrumpiendo en la conversación.

"Chico, si te apuras tal vez alcances a Kitzu y Maju antes de que entren al castillo. Kitzu es el mejor curandero de nuestro grupo y Maju sabe un poco de magia curativa, así que con suerte te ayudan a entrar." Informó Ricardo colaborativamente.

"Entendido, gracias." Agradeció Subaru. Entonces miró al frente y se dispuso a tocar el cuello de Patrasche, pero antes de hacerlo añadió. "Cuando nos encontremos de nuevo, cuéntame sobre que ocurrió después de que nos separamos; es evidente que también la tuvieron difícil."

Con una sonrisa melancólica formándose en sus labios, Ricardo asintió. Subaru entonces comenzó a alejarse una vez más. Tal vez ese gesto de compasión no era necesario basándose en su rango de prioridades, pero después de toda la ayuda que había recibido de Ricardo, Subaru consideraba que era lo mínimo que podía hacer.


Quince Minutos desde la Última Muerte (Dieciocho Muertes)

Cuando Subaru divisó a las dos personas que había estado buscando, ésta vez ambos se encontraban cerca del puente que daba acceso al castillo. Kitzu en ese momento estaba aplicando magia curativa a un guardia herido que yacía sobre el camino de adoquines, mientras dos guardias más observaban con preocupación el proceso. Una vez Kitzu terminó, asintió con su cabeza y uno de los guardias ayudó al guardia herido a caminar hacia el castillo. Al final solo quedó un guardia, que eufóricamente agradeció a Kitzu y Maju por su ayuda. Tal vez por ello había permitido el paso de Subaru apenas Maju le pidió que lo hiciera.

"… ¡En verdad se los agradezco! Con la cantidad de heridos que hay en el jardín, quien sabe cuánto habría tardado en llegar uno de los curanderos del castillo a ayudarnos. Temíamos que si lo movíamos pudiéramos ponerle en peligro, así que realmente se los agradezco." Exclamó el guardia, emocionado.

"No hace falta. Nuestra intención al venir era precisamente ayudar." Dijo Kitzu con humildad.

"¿Van a ayudar dentro del castillo? Allí es un caos, hay más heridos que en cualquier otra parte del área circundante, así que estoy seguro de que su ayuda será bienvenida." Informó el guardia, perdiendo el semblante de alegría.

"Sí, eso haremos." Respondió Maju.

"¡Maju, Kitzu, por fin los alcanzo!" Gritó Subaru, consiguiendo llamar la atención del trio de personas.

"¡Subaru-sama! ¡¿Qué hace aquí?!" Subaru respondió a la pregunta de Maju con la misma mentira que dijo a Ricardo, además afirmó haber sido informado de todo por parte del capitán y explicó por qué no se encontraba con Utada; todo ello para evitar que la conversación se extendiese más de lo necesario. "Entiendo… En ese caso deberíamos entrar al castillo de inmediato."

"Hmm… ¿Es un compañero suyo?" Inquirió el guardia, lanzándole una mirada a Subaru.

"Sí. No habrá problema con que él nos acompañe al castillo, ¿o sí?" Cuestionó Kitzu al guardia.

"N-No. Entre más ayuda mejor." Respondió el guardia, aparentemente apenado por haberse visto obligado a preguntar sobre la identidad de Subaru.

"En ese caso vamos andan-." Estaba diciendo Maju, pero fue interrumpida por Kitzu.

"¡¿Subaru-sama, qué le ocurrió en los brazos?! ¡¿Y en la cara?!" Alarmado, el curandero acercó sus manos al brazo derecho de Subaru, que permanecía sobre Patrasche. "Permítame curarle."

"No hace falta." Aseguró Subaru, alejando el brazo, para el desconcierto del curandero. "En verdad tengo prisa, así que gracias por la ayuda, chicos. Los veo allá adentro." Y Subaru estuvo a punto de adelantarse, pero al final decidió en contra de ello. "Kitzu, Mimi necesita tu ayuda, así que por favor ven conmigo." Dijo Subaru, indicándole con las manos que se montara sobre Patrasche detrás de él.

"¿No estaríamos dejando atrás a Maju? No creo que los tres quepamos en la espalda de este dragón de tierra." El curandero preguntó a Subaru, extrañado.

"¿Tiene algo que ver con la visión que mencionó, Subaru-sama?" Inquirió Maju, comprendiendo mejor las intenciones de Subaru que Kitzu.

"Sí." Entonces, sin dudarlo, la chica le dijo a Kitzu que hiciera como decía Subaru; Kitzu no se opuso a las palabras de su compañera y se montó en el dragón de tierra…

Cuando encontraron a Mimi en la misma carpa que en el bucle anterior, dos curanderos estaban haciendo lo posible por salvarle la vida. Kitzu se apresuró a unirse a los curanderos y Subaru, esforzándose por suprimir un gemido de desesperación, se sentó en el suelo, cerca de la entrada de la carpa, en un lugar donde no estorbara al flujo de curanderos y heridos. En silencio, Subaru oró por la recuperación de Mimi.

Subaru rogó en su mente y corazón porque Mimi fuera salvada, incluso cuando conocía de ante mano el trágico resultado. Subaru provenía del futuro, o de un mundo paralelo, y sabía cómo terminaría ese intento por impedir la muerte de la pequeña, pero eso no impidió que en silencio enviara todo su apoyo al equipo de curanderos que se esforzaban por salvar a la niña.

Tenía que confiar, a pesar de sentir en el fondo que ya era demasiado tarde; necesitaba tener fe. Subaru pensó en la teoría del caos y el efecto mariposa. No es que el poseyera conocimientos avanzados al respecto, pero esto tampoco era necesario; sabía lo básico gracias a un video que llegó a ver un día que se ausentó de su escuela. Un solo factor, el más pequeño, podía resultar en el desencadenante de enormes sucesos. El batido de las alas de una mariposa puede llegar a provocar el nacimiento de un torbellino en el otro lado del mundo.

Subaru había regresado justo al momento en que se encontró con Pandora, no la había complacido deteniéndose a conversar con ella y había perdido el menor tiempo posible en su camino hasta el castillo. Sus interacciones con Ricardo y Maju también habían sido más cortas, y además había adelantado la llegada de Kitzu a la carpa donde se encontraba Mimi. Tal vez eso es todo lo que hacía falta para cambiar el futuro.

Aferrándose a esa idea, Subaru esperó, esperó a que sucediera un cambio en la camilla donde Mimi estaba siendo tratada. Sangre fluía sin parar de los muñones expuestos de la niña; huesos, carne y músculo eran visibles. ¿Cuántas veces no había llegado a ver cadáveres en peores condiciones durante ese día? Había perdido la cuenta, y aun así ver a Mimi en ese estado le hacía sobrecogerse mucho más que ver el mar de cadáveres cercenados e incinerados.

Los curanderos ajustaron los torniquetes que habían colocado en los muslos de la niña mientras la forzaban a beber agua para mantenerla hidratada. Mimi había perdido mucha sangre, y algo que Subaru había aprendido a lo largo de su estadía en ese mundo era que la magia curativa no la regeneraba, así como no regeneraba extremidades u órganos perdidos. Incluso el gran curandero Azul había necesitado que las extremidades de Hetaro fueran conservadas para poder reimplantarlas en su cuerpo.

Perder una extremidad por amputación era evitable en ese mundo, si había algún curandero extremadamente hábil listo para tratar al herido con prontitud. No obstante, según palabras de Halibel, cuando él había encontrado a Mimi, ésta ya había perdido demasiado sangre y estaba en estado grave. Aparentemente, Halibel sí que había recuperado las piernas amputadas, no obstante, además de que el estado de Mimi no facilitaba tal operación, los curanderos presentes no podían tan siquiera compararse a Felix.

"¡Este corte simplemente no cicatriza, es como si hubiera sido hecho con la intención de matar!" Exclamó uno de los curanderos.

Estaba claro que esa era la intención del atacante; un cultista de la bruja que evidentemente era extremadamente hábil. ¿Quién había sido? Subaru necesitaba saberlo, Subaru necesitaba saber a quién tendría que dar caza… ¿Pero de qué serviría? El jamás podría derrotarle… Frustrado, Subaru dio un puñetazo al suelo, y entonces siguió esperando…

"¡Mimi-chan!" Fue cuando la voz sorprendida de Kitzu llegó a sus oídos, que Subaru se atrevió a levantar una vez más su mirada. Al hacerlo, notó un ligero movimiento en la camilla de Mimi y prácticamente saltó de manera precipitada sobre ésta.

"¿¡Enana!? ¡¿Acaso despertó?!" Preguntó frenéticamente Subaru, mientras se hacía espacio entre los curanderos, cuidando de no empujarlos lejos de la niña.

"Nii… san…" Un lamentoso susurró llegó a sus oídos y Subaru entonces se encontró con el pálido rostro de Mimi, sus ojos verde agua estaban enturbiados; era evidente que su sentido de la vista se estaba difuminando. Subaru sintió un agudo dolor en su pecho al detectar en la niña los síntomas de la muerte.

"Enana…" Murmuró Subaru, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo ante sus ojos. Su respiración se agitó y sus latidos aumentaron de ritmo vertiginosamente. "¡Mimi! ¡¿Quién demonios te hizo esto?! ¡¿Quién las atacó?!" Inquirió Subaru frenéticamente, perdiendo la compostura. Kitzu intentó calmarlo, pero resultó inútil. Subaru se quitó de encima al demi-humano y acercó su rostro al de Mimi.

"Arz… obis… Gu… la…" Balbuceó Mimi, el significado de sus palabras cada vez más difícil de comprender. Aun así, Subaru le entendió perfectamente. "Suba… Nii-san… Mi… mi… qui… ere… que… vi… vas… no… te… rin… das… por… fa… vor…" Conmocionado, Subaru fue finalmente arrastrado lejos de Mimi por un caballero que había sido llamado por uno de los curanderos. Los curanderos reanudaron desesperadamente su trabajo, ante la atónita mirada de Subaru.

"¿Dejarás de causar problemas?" Le preguntó el caballero cuando ambos estuvieron cerca de la salida de la carpa, pero Subaru no le respondió; simplemente no era capaz de hacerlo. "Como sea, tengo demasiadas cosas con las que lidiar en este momento, así que te daré una segunda oportunidad porque comprendo cómo te sientes. Quédate aquí quieto y no vuelvas a gritar, que molestas a los heridos." Y con esas palabras, el caballero se alejó de Subaru y abandonó la carpa.

Subaru una vez más esperó, pero esta ocasión no esperaba nada en lo absoluto. Subaru lo había visto, había visto como la vida había abandonado el cuerpo de Mimi. Y quedó demostrado que no había estado alucinando, cuando Kitzu comenzó a caminar hacia él, pálido y con sus ojos bien abiertos. "Si tan solo fuera Felix-sama… Tal vez habría podido salvarla…" Le escuchó Subaru murmurar cuando el curandero pasó a su lado.

Kitzu siguió caminando y salió de la carpa sin decir palabra alguna a Subaru. Y Subaru, que inevitablemente recordó que Felix había sido relevado de su puesto como caballero por considerarse mentalmente incapaz de seguir ejerciendo, cayó de rodillas, apoyándose con sus manos en el suelo.

Lágrimas fluyeron de sus ojos y empaparon la porción de suelo bajo su rostro, sin embargo, Subaru no se movió, ni siquiera para ocultar su patética debilidad emocional. Él era débil y por eso había tardado tanto en llegar al castillo. Él era débil, y por eso había permitido la muerte y desaparición de Crusch Karsten y sus subordinados; causante de que Felix enloqueciera. Él era débil, y por eso había fallado en retomar control sobre el destino de Anastasia. Tal vez si hubiera sido fuerte, tal vez si no hubiera sido tan egoísta, tal vez si no fuera tan impotente… Mimi seguiría con vida.


Treinta y Cinco Minutos desde la Última Muerte (Dieciocho Muertes)

Tuvieron que transcurrir cinco minutos para que Subaru reuniera el coraje necesario para ponerse en pie. En ese tiempo, ninguno de los presentes dentro de la carpa se había atrevido a acercársele. Evitando mirar el cuerpo de Mimi, Subaru salió de allí. Kitzu estaba a su lado, acuclillado. Al final todo resultó igual que la primera vez; pensó Subaru, abatido. Ambos se mantuvieron en silencio, así lo prefirieron.

Subaru miró las demás carpas que se encontraba al lado de aquella de la que acababa de salir. En total eran cinco. De estas salían y entraban curanderos, algunas veces llevaban instrumentos, otras heridos que debían ser tratados. Solo una de ellas no parecía tener un tráfico tan frenético de personas. Y fue en la entrada de esta carpa que Subaru pudo vislumbrar la particular figura de un hombre lobo de pelaje negro.

"Halibel…" Susurró Subaru. Su aliado le hizo un gesto con la cabeza y entró en la carpa, desapareciendo dentro de ésta. Subaru dudó por un momento en ir allí, pero rápidamente desechó sus dudas. No podía rendirse aún, no, nunca podría hacerlo. Subaru se limpió las lágrimas y dio un paso al frente. Uno, dos, tres, cuatro, cinco zancadas y Subaru finalmente llegó a la carpa en la que pudo ver que había entrado Halibel.

Subaru se asomó en ésta e inmediatamente comprendió porque había tan pocos curanderos entrando y saliendo de allí. En las camillas ubicadas en fila una a lado de la otra no parecía haber una sola persona con heridas graves. La mayoría de los que estaban allí parecían encontrarse simplemente desmayados. Subaru escudriñó a los pacientes y pronto se dio cuenta que había tres caras conocidas.

Un joven vestido con el uniforme blanco de la Guardia Real de Lugunica yacía dormido en una de las camillas, su típico pelo morado tan bien peinado como siempre. Una chica de pelo plateado gimoteaba y balbuceaba mientras se mecía repetidamente de adelante para atrás y de atrás para adelante sobre su camilla. Y al lado de esta chica enloquecida se encontraba una joven de cabello rosado, totalmente inconsciente.

"Veo que por fin llegaste, Su-san. Estaba comenzado a preocuparme." Subaru no se sorprendió al escuchar abruptamente una voz a su lado. Se volteó hacia allí y pudo ver a Halibel fumar de su kiseru mientras se recostaba sobre uno de los pilares de madera que sostenía la lona de la carpa.

"¿Qué sucedió cuando llegaste aquí?" Preguntó Subaru, decidiendo ir al grano. Anteriormente había optado por decirle a Halibel que le hablara al respecto después; pues ahora era ese momento. Necesitaba comenzar a reunir información de lo ocurrido en el castillo. Subaru necesitaba comprender mejor lo que había transcurrido en ese lugar. Mimi le había dado un nombre, aun así… se suponía que el Arzobispo de la Gula estaba muerto.

"Su-san. Puedo imaginar cómo te sientes. Sé que eras muy cercano a la pequeña Mimi. Pero, ¿no deberías sentarte y-?"

"¡¿Qué sucedió, Halibel?!" Gritó Subaru, interrumpiendo las palabras de preocupación de Halibel. Los curanderos y los pocos acompañantes de los pacientes le lazaron miradas de reproche, pero Subaru no les prestó la más mínima atención.

Halibel suspiró profundamente, liberando una columna de humo que se escapó por la entrada de la carpa. "El Santo de la Espada y el Arzobispo de la Codicia se estaban enfrentado cuando llegué al castillo. El lugar se encontraba en caos, guardias y caballeros se enfrentaban contra un mar de cultistas de la bruja. Sin perder tiempo distrayéndome con la batalla, creé dos clones y entré al castillo. Supongo que entiendes lo que pasó después…"

"Se dividieron y comenzaron a buscar en el castillo, entonces alguno de ustedes encontró a Emilia y Mimi." Dedujo Subaru; aunque esto no es cierto, simplemente ya lo sabía.

"En efecto. Yo me encontré a la pequeña Mimi en uno de los corredores del castillo, para entonces ya había perdido mucha sangre. Lo siento, Su-san." Se disculpó Halibel, agachando su cabeza.

"No lo hagas. Hiciste todo lo que pudiste, y te agradezco por ello." Dijo Subaru. No obstante, las palabras que salieron de su boca carecían de genuinidad, de emoción. Halibel suspiró con pesar y continuó con el informe.

"Esas chicas," Dijo Halibel, señalando a la chica desmayada y a la chica en estado catatónico; Subaru ya las había reconocido al entrar a la carpa, pero finalmente prestaba atención a en que tan mal estado se encontraba Emilia. La medio elfa, en profundo estado de conmoción, siguió meciéndose hacia atrás y hacia al frente mientras balbuceaba palabras incomprensibles. "Emilia-sama y Ram-san, estaban siendo atacadas por un cultista cuando mi clon las encontró."

"¿Y tú venciste al cultista?"

"No. Casi al mismo tiempo yo había encontrado a la pequeña Mimi, así que creé un tercer clon al que le encargué buscar a alguien capaz de curarla. Mi clon mantuvo ocupado al cultista durante unos segundos, pero el muy cobarde lo destruyó y escapó antes de que yo pudiera llegar. Cuando lo hice, solo quedaban las dos chicas."

Subaru rascó su cabeza, frustrado. "¿No sabes nada de otra chica que pudiera haber estado con ellas?"

"¿Otra chica? Pues sí." Esta respuesta hizo que Subaru abriera sus ojos como platos, pero rápidamente esa expresión fue reemplazada por un semblante de decepción. "Felt-sama. Me la encontré cuando iba hacia ellas. Al parecer había logrado escapar del cultista y estaba buscando ayuda."

"¿Y ella no te dijo nada sobre el cultista que las atacó? ¿No sabes dónde está Felt en este momento?"

"No, la gravedad de la situación impidió que habláramos por demasiado tiempo. Y sobre donde ésta; el Santo de la Espada se reunió con ella antes de que yo fuera por Emilia-sama y él se la llevó lejos de aquí. Aunque los cultistas de la bruja desaparecieron, parece ser que la Guardia Real teme un segundo ataque y por ello están evacuando la ciudad; la prioridad son los miembros de la nobleza y las candidatas de la Selección Real. En cualquier momento alguien debería venir por Emilia-sama y Ram-san, probablemente el capitán de la Guardia Real, considerando que Emilia-sama no tiene caballero… Lo más probable es que ya se la habrían llevado de no ser… quien es. Pensando en ello, es posible que ni siquiera vengan por ella, con la excusa de que esta al cuidado del Colmillo de Hierro."

"Mierda… Ahí va mi oportunidad de interrogar a la única testigo de lo ocurrido en condición de hablar…" Murmuró Subaru, frustrado. "Y sí, tienes razón, la última candidata en la lista de prioridades sin duda es la "medio-demonio"; estamos en Lugunica, así que supongo que no podría ser de otra manera. ¿Qué ocurrió con ellas? ¿Por qué se encuentran en ese estado?"

"Ram-san al parecer se llevó a sí misma a su límite para poder proteger a Emilia-sama. En su tiempo en la mansión no había notado que a pesar de ser una Oni ella carece de cuernos; y bueno, eso explica porque no paraba de sangrar de la frente cuando la encontré desmayada."

"Entiendo… ¿Y Emilia? ¿No intentaste cuestionarla sobre lo ocurrido?"

"Sí lo intenté, pero fue inútil, no reaccionó ante ninguna de mis preguntas. Ella parece haber quedado conmocionada por el ataque del Culto de la Bruja. Y lo cierto es que no puedo culparla… Después de todo por lo que pasó, no me sorprendería que le quede una profunda cicatriz mental; pobre chica."

"¿Y qué sabes del caballero de cabello morado?" Preguntó Subaru refiriéndose a Julius, que permanecía inconsciente, ignorando por completo lo dicho por Halibel respecto al estado de Emilia. Subaru se encontraba completamente enfocado en reunir información, y poco le importaba todo lo demás.

"También lo encontré mientras buscaba a Emilia-sama, pero dado que no me pareció que tuviera heridas graves lo dejé donde estaba. Cuando me di cuenta, ya lo habían traído aquí… Lo curioso es que, a pesar de tener el uniforme de la Guardia Real, nadie lo reconoce; es como si hubiera surgido de la nada."

"Mierda…" Frustrado, Subaru masajeó sus cienes. Eso definitivamente confirmaba lo que había dicho Mimi. Maldita sea, la facción de Anastasia se está desmoronando; maldijo Subaru en su mente. Todos aquellos a los que apreciaba estaban siéndole arrebatados; ¿eran esas las consecuencias de haber decidido proteger una sola cosa y desprenderse de todo lo demás? "Halibel… ¿Pudiste ver al cultista que atacó a las candidatas?" Preguntó Subaru; necesitaba un testigo visual de este misterioso nuevo Arzobispo de la Gula. Tal vez si sabía cómo se veía… Debía buscar la manera de encontrarlo y… matarlo.

No sabía cómo sería capaz de lograr tal hazaña, pero Subaru era consciente de que esa era la única manera de recuperar la existencia de Anastasia y de Julius. Al Wilhelm Van Astrea asesinar al anterior Arzobispo de la Gula, la gente devorada por éste había comenzado a ser recordada una vez más. Por ello debía hacer exactamente esto mismo… Solo él podía hacerlo, él, que era el único que no había olvidado a Julius y Anastasia; esto definitivamente se debía a su estatus de anomalía.

"No, lastimosamente no comparto el sentido de la vista con mis clones. Si el muy cobarde no lo hubiera destruido antes, le habría podido preguntar a mi clon..." Respondió Halibel, ligeramente afligido por su fracaso. "Hey, Su-san. ¿No deberías hacer que te curen tus brazos? Y tus manos, y tu cara… ¿Qué demonios te pasó? Pareciera que sumergiste los brazos en lava."

"No es nada, olvídalo." Insistió testarudamente Subaru.

¿Qué podía hacer? No tenía pistas sobre el paradero de Anastasia, y las únicas testigos visuales del ataque a las candidatas no estaban en condición de entablar una conversación con él; peor aún, una de ellas había muerto. El solo pensar en ello hacía que sintiera nauseas. Comenzando a ser consumido por la desesperación, Subaru arañó sus heridos brazos. ¿Qué haría? Subaru miró hacia Emilia y Ram. Allí, completamente alejada de la realidad que le rodeaba, retraída en su mundo, se encontraba Emilia.

Emilia, la chica que le había salvado de los matones que le atacaron poco después de su llegada a ese mundo. "Hal-san, ¿por qué salvaste a Emilia y no Anastasia?"

"¿A qué te refieres, Su-san? Tú me dijiste que tu prioridad era Emilia-sama, me pediste que la salvara a toda costa. Además, ¿quién es Anastasia?"

"Ya veo…" Había regresado a cero. Era como si todo lo vivido junto a la facción de Anastasia hubiera sido un sueño. Subaru observó con detenimiento la mirada carente de razón de Emilia. Era como mirar a Leith… Esa chica estaba perdida, necesitaba de alguien que la apoyara. ¿Podría ser él ese alguien? Aun sentía como esa desagradable mezcla de emociones fluctuaba por su ser cada vez que la miraba, pero…

Ella podría necesitarle; ese pensamiento surgió en su cabeza. De pronto era como si una parte de él deseaba intentar regirse una vez más por aquella primera promesa rota, mientras que la otra deseaba que olvidara eso y se enfocara en buscar la manera de recuperar a Anastasia. Era como había visto en las caricaturas, una voz le hablaba a un oído y otra voz le hablaba al otro; amor y odio. No obstante, Subaru ignoró ambas voces, ambas emociones dirigidas a Emilia sin razón aparente.

Le debía mucho a Emilia, de no ser por ella, tal vez nunca hubiera descubierto que existía bondad en ese mundo hostil. Algo dentro él, algo moribundo, gritó expresando que no quería desaparecer, pero Subaru lo ignoró por completo. Algo dentro de él luchaba por seguir existiendo, algo cuya débil existencia se acercaba al fin de su patética vida. Emilia no era su prioridad, tal vez podría haber llegado a serlo, pero esa posibilidad se desvaneció en el momento en que rompió la primera promesa que hizo en ese mundo.

La imagen de Anastasia apareció ante él, su recuerdo ardió con fuerza en su mente. Su interesado calor, su codicioso cariño, su tóxica ambición; ella le había salvado. Anastasia le hacía sentir que su patética existencia tenía algo que valía la pena. Anastasia, que había afirmado que sus ideas robadas eran en verdad suyas por poseer su esencia. Anastasia, que le había reconocido por ser Natsuki Subaru y no hijo de Natsuki Kenichi. Ella veía valor en él. Anastasia le había tendido la mano y le había hecho sentir importante, valorado… No tenía razón para amar a Emilia, pero sí tenía razón para amar a Anastasia. ¿La amaba?

¿Admiración? ¿Cariño? ¿Amor? ¿Obsesión? Realmente resultaba irrelevante; lo cierto es que necesitaba a Anastasia. Sin ella no creía ser capaz de seguir adelante. Decidido, Subaru estiró su brazo hacia Halibel. "Halibel, necesito que me des uno de tus kunai." Como era de esperarse, Halibel dudó en obedecerle, pero no fue difícil para Subaru convencerlo.

Como había hecho anteriormente, Subaru rebanó profundamente su cuello sin el menor rastro de duda. La última escena de muerte se repitió casi de manera idéntica. Y conforme era arrastrado hacia el abismo de la muerte, Subaru se percató de que su miedo hacia ésta cada vez era menor. Después de todo, el destino, su debilidad y sus propias decisiones le habían arrebatado casi todo lo que le anclaba a la vida.


Cero Días desde la Última Muerte (Diecinueve Muertes)

Subaru abrazó la muerte y ésta le abrazó de vuelta. No obstante, Subaru rápidamente fue repelido por la negrura mortal. Comprendiendo lo que estaba por suceder, Subaru se preparó. Cuando regresó, Subaru pudo sentir el peso de todas las emociones que se arremolinaban en su interior regresar con venganza. Y entonces la desesperación rápidamente le invadió. Era demasiado tarde, el peor escenario había ocurrido…

"Por fin nos encontramos… Me parece que la Prueba a la que te sometí por fin está dando frutos." Ante él estaba la hermosa Bruja de la Vanidad, Pandora. ¿Qué podía hacer ahora que era demasiado tarde? Subaru, no lo dudó un segundo más y dio una palmada al cuello de Patrasche. Sin responder a las palabras de Pandora, Subaru comenzó a alejarse de ella. "… ¿Seguirás sufriendo en silencio? ¿Por cuánto tiempo lo soportarás, Natsuki Subaru?"

Haciendo oído sordos a los intentos de persuasión de Pandora, Subaru forzó una vez más al dragón de tierra que había robado a correr a máxima velocidad hacia el castillo. Ignorando por completo a Ricardo, el caballero que estaba con él y los carruajes que evacuaban el área, Subaru siguió avanzando. Una vez llegó al puente que daba acceso al castillo, casi forzó a Kitzu a acompañarle, a pesar de que no había terminado de curar al compañero del guardia que vigilaba el puente.

"Yo me haré cargo…" Dijo Maju, intentando calmar al enfurecido caballero, mientras se preguntaba que había sucedido con Subaru y Utada.

Aun así, una vez más los esfuerzos de Subaru probaron ser inútiles. Nada impidió que, después de largos y tensos minutos intentando salvar a Mimi con medievales herramientas médicas y magia curativa, Mimi muriera. "¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición! ¡MALDICIÓN! ¡Maldita bruja!" Bramó Subaru enloquecido, antes de tomar su arma e inmolarse frente a la carpa donde se encontraba el cadáver de Mimi. La explosión hirió a Kitzu y causó que parte de la carpa se incendiara. Conmocionado, Halibel intentó apagar las llamas, pero su vista nunca se alejó del calcinado cadáver hecho pedazos de Subaru.


Cero Días desde la Última Muerte (Veinte Muertes)

"… ¿Cuántos Arzobispos realmente hay? ¿Qué ocurrió con Gula? ¿Por qué fue reemplazado tan rápidamente?" Cuestionó Subaru a Pandora, conteniendo su ira y desesperación a duras penas.

"¿Significa eso que ya fuiste al castillo?" Respondió ella con otra pregunta.

"¡Eso no importa, respóndeme de una buena vez, maldita zorra!"

"Como gustes… Existen solo seis Arzobispos del Pecado, y éstos son: Ira, Gula, Lujuria, Pereza, Codicia y Orgullo. Cada uno de ellos posee un Factor de la Bruja, sin embargo, la particularidad de Gula es que el factor fue fragmentado siglos atrás. El Arzobispo de la Gula que murió a manos de Wilhelm Van Astrea era el hermano de aquel que hasta hace poco se encontraba asediando el castillo; éste último ahora posee también el fragmento de su hermano."

"Maldita sea… ¡¿Quién es ese Arzobispo de la Gula?! ¡¿Cómo lo encuentro?! ¡¿Cómo lo mato?!" Ante las desesperadas preguntas de Subaru, la sonrisa de Pandora se ensanchó.

"Nunca podrás saberlo si no formas parte del Culto de la Bruja. Después de todo, los Arzobispos de la Gula, debido a la particularidad de su autoridad, siempre han estado rodeados por una aura de misterio incluso más densa que la de mis demás Arzobispos del Pecado."

"¡Jodéte, maldita bruja!" Y con ese insulto como despedida, Subaru partió nuevamente a intentar cambiar el destino de aquellos que se encontraban en el castillo. Aunque una vez más, esto demostraría ser en vano…


Cero Días desde la Última Muerte (Veintidós Muertes)

"… ¡Háblame más de tu maldita prueba! ¿En qué consiste? ¿Todo lo ocurrido en el castillo es parte de ésta?" Habiendo fallado por cuarta vez consecutiva en salvar a Mimi, Subaru una vez más decidió complacer a la Bruja de la Vanidad perdiendo tiempo para conversar con ella. Necesitaba sacarle información, lo que fuera que pudiera cambiar el rumbo del desolador flujo actual del destino.

"Pensé que ya lo sabías." Respondió Pandora de manera irónica. Subaru, molesto, le apuntó con su arma. "Eso no es necesario, responderé tu pregunta me amenaces o no."

"Así me siento más cómodo…"

"Si así lo deseas, yo estaré bien con ello." Dijo ella con calma. "Es como dices, todo lo que te ha ocurrido hoy desde que te enteraste de la llegada de mi Culto de la Bruja, es parte de la Prue-" Antes de que Pandora pudiera terminar de hablar, un proyectil ardiente impactó en su rostro, destrozándolo. Subaru y Patrasche, como era de esperarse, fueron lanzados al suelo por la fuerza de la explosión y recibieron fuertes quemaduras. Aun así, como había sucedido antes, éstas desaparecieron casi al instante. "… parte de la Prueba."

"¡Maldita bruja de mierda! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Qué demonios deseas de mí?!" Exclamó desesperadamente Subaru, aún sin levantarse del suelo.

"Hmm… Estoy segura de que también estás al tanto de eso. Esta Prueba es necesaria para prepararte para tu inminente ingreso al Culto de la Bruja…" Harto de escuchar eso, Subaru interrumpió a Pandora, impidiendo así que siguiera hablando de la prueba.

"No sucederá, ¡¿acaso no lo entiendes?!" Exclamó Subaru, mientras se ponía en pie.

"¿Por qué te muestras tan renuente de aceptar mi amable oferta? Tú también eres un pecador… Lo sabes muy bien, ¿verdad? Eres completamente consciente que calzarías con nosotros, como un Arzobispo del Pecado… Eres Natsuki Subaru, el pecador, o al menos eso demuestran esas marcas en tus brazos…" Pandora movió su mirada hacia los brazos de Subaru y Subaru hizo lo mismo instintivamente; éste, molesto, ocultó sus brazos tras su espalda. "Solo uniéndote conseguirás el poder que buscas, Natsuki Subaru."

Al escuchar esto, el cuerpo de Subaru se estremeció violentamente. Poder… Si tan solo tuviera el poder para cambiar el destino que era incapaz de cambiar… Subaru, por primera vez desde que se encontró con Pandora, se sintió tentado a aceptar su propuesta. No obstante, Subaru aplacó esas peligrosas emociones antes de que germinaran en su corazón. No podía ceder ante la tentación de la bruja, o de lo contrario en verdad lo perdería todo.

"Encontraré la forma de arreglar todo sin tu ayuda." Afirmó Subaru, determinado. No obstante, en el fondo sabía que estaba simplemente blufeando; su debilidad era tan gigantesca que jamás podría cumplir esas palabras. Eran una simple amenaza vacía.

"Nos volveremos a ver, Natsuki Subaru, ese es tu destino. Eventualmente tendrás que aceptar mi oferta."


Subaru insiste en rechazar la oferta de Pandora. No importa si es el Subaru de la historia original o el de las rutas alternativas, si hay una rasgo de él que perdura a través del tiempo, la muerte y los bucles, es su incapacidad para rendirse. Y en mi fic eso no será diferente. Aun así, como hemos llegado a ver, sobre todo en las historias alternativas, esta característica de Subaru puede llegar a convertirse en un arma de doble filo.

Para Subaru es posible morir cuantas veces resulte necesario para resolver la crisis, ¿pero cuanto podrá soportarlo su mente, sobre todo considerando que su estabilidad mental pende de un hilo? Además, en efecto, lo sucedido con Crusch regresó para morderle el culo a Subaru, una carga más para la bolsa de culpas. Y sí, si hipotéticamente Subaru la hubiera salvado, no habría condenado a Mimi. Entonces… ¿Va a morir más veces? Muchas más.

La muerte de Mimi es inevitable, Anastasia no aparece por ningún lado, Julius perdió tanto su nombre como sus memorias, Ram se encuentra inconsciente, Emilia quedó al borde de la locura. ¿Realmente existe la posibilidad de que Subaru pueda superar la Prueba de Pandora sin aceptar su oferta? ¿O es imposible y Pandora ya ganó? Lo cierto es que la respuesta es bastante evidente, pero este es mi fic y hablamos de Subaru, nada es realmente imposible para él cuando se determina a conseguir algo. Sin embargo, cuenta con tan pocas opciones…

Con respecto al Anastasia X Subaru, yo no perdería las esperanzas de que vaya a ocurrir. Es cierto que Subaru se encuentra, y se va a encontrar incluso más, roto emocionalmente. No obstante, eso no será un impedimento para que pueda suceder, sobre todo considerando todo lo que ha sacrificado por ella. ¿Será una relación sana? Obvio no, pero esto es un fic de tragedia, así que no podía ser de otra forma. Aun así, habrán sus momentos tiernos para aligerar la trama, así que estén tranquilos… En fin, como siempre, ¡gracias por su apoyo, realmente lo aprecio! Hasta la próxima semana.