Humildad = Complejo de Inferioridad

Diez Minutos desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

"Ja… Ja, ja… Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja… Jajajajajajajajajajaja…" Eufórico, Subaru comenzó a reír estridentemente. Había sido bendecido. Por primera vez desde que puso un pie en ese mundo, había sido genuinamente bendecido. Su humildad había sido recompensada. Él, que era débil, impotente, y había sabido reconocerlo, había sido recompensado con un poder que satisfacía sus deseos más intensos.

El destino, aburrido de verle fracasar una y otra vez, harto de ver cómo era incapaz de dar pelea a sus insuperables retos, había decidido otorgarle una herramienta con la que podría hacer más interesante la contienda. El como funcionaba, Subaru no podía estar completamente seguro, pero definitivamente podía sentirlo; al mirar a una persona, si lo deseaba, le haría experimentar lo mismo que él hubiera experimentado. Parecía ser ligeramente similar a la autoridad de Sirius, pero en lugar de enfocarse en emociones, lo hacía en sensaciones; dolor, específicamente.

Por lo que podía percibir, solo podría hacer que otros sintieran cosas que él mismo hubiera experimentado, y lo cierto es que no estaba seguro de cuantas personas podría afectar a la vez, pero considerando la naturaleza de su otra Autoridad, Regreso por Muerto, ésta resultaba en extremo conveniente. Si se concentraba lo suficiente, podría lograr resultados como los obtenidos en Pandora; en otras palabras, podría hacer que otras personas sufrieran las mismas heridas que él hubiera sufrido.

Las heridas que recibió a lo largo de cada bucle, las muertes provocadas por estas heridas y su eterna debilidad, finalmente le serían de utilidad. Era justo lo que había deseado. Finalmente había conseguido la manera de forzar a los demás a empatizar con su dolor. Podría hacer que Anastasia, Halibel, Julius, Ricardo, Otto, Leith, Utada y todos los demás le comprendieran. Podría transmitirles lo que había sido incapaz de transmitir con palabras todo ese tiempo. Podría…

No… Subaru detuvo ese tren de pensamiento. ¿En qué demonios estaba pensando? Estaba permitiendo que sus frustraciones le cegaran. ¿Utilizar ese poder, esa Autoridad, en ellos, quienes le habían tendido la mano a un ser patético como él? Esa definitivamente no era una manera adecuada de pagar su amabilidad. Si usaba su recién adquirida Autoridad en ellos, entonces no sería diferente a los monstruos que a partir de ahora llamaría compañeros.

¿Su humildad había sido recompensada? Introspectivamente, Subaru señaló su mayor error de juicio. ¿Humildad de haber reconocido que era débil y necesitaba poder? Tal vez había llegado a comprender eso debido, parcialmente, a una corrompida humildad, pero jamás podría afirmar que a él le movía una humildad genuina. Su falsa humildad manchada nunca podría ser considerada una virtud. En efecto, su humildad no era más que un pecado disfrazado de virtud; había agachado su cabeza, reconociendo que era impotente, mientras anhelaba con rabia y envidia el poder de aquellos capaces de hacer lo que él no podía.

Para recuperar a Anastasia y sus empleados, para conseguir que ella alcanzara sus objetivos, aquellos que le permitirían sentirse completa, había aceptado hacer un trato con el diablo. Entender que no importaba quien le diera ese poder resultaba de nula importancia, esa había sido su corrupta humildad. El fin justifica los medios, él, que era impotente, necesitaba regirse por ese principio para poder sobrevivir en ese mundo y conseguir lo que se había planteado conseguir.

No obstante, había muerto en vano decenas de veces solo por su infundado orgullo, incluso cuando era completamente consciente de que por sí solo jamás podría cambiar los sucesos ocurridos en el castillo. Él era impotente y lo sabía, y aun así, cuando aceptaba la ayuda de los demás lo hacía a regañadientes y tras miles de fracasos letales a sus espaldas.

No… No podía ser tan ciego. Su humildad manchada no era más que un complejo de inferioridad; su humildad era igual a complejo de inferioridad. Y debido a ese complejo de inferioridad, había sufrido y hecho a sufrir a aquellos que consideraba aliados. Él no era un hombre virtuoso; Pandora tenía razón, él era un pecador.

"¡Maravilloso! ¡Simplemente maravilloso!" Conmovida por la exhibición de poder de Subaru, Pandora, que solo momentos atrás había está cubierta por llamas inextinguibles, comenzó a aplaudir, mientras observaba satisfecha a Subaru. Sus pequeñas manos repetidamente chocaron la una contra la otra, sus ojos medio cerrados brillaron desbordados de emoción. "En nombre de la Bruja de la Vanidad, por tu humildad al reconocer aquello que careces, y tu determinación inmortal para conseguir aquello que anhelas, te concedo los títulos de Envidia e Ira, Arzobispo Natsuki."

"Así que ahora trabajo para ti, ¿eh? Mierda… Bueno, no puedo negar que los resultados fueron mejores de lo que había esperado." Mientras respondía a las palabras de Pandora, Subaru inspeccionó su cuerpo con su mirada, sacudió y estiró sus extremidades; todavía se sentía un poco extraño, tenso inclusive. Una vez consideró que su cuerpo volvía a sentirse como habitualmente, se enfocó nuevamente en la bruja ante él. "Aun así… Tú realmente eres la causante de todo la mierda por la que pasé hoy, así que me gustaría desquitarme un poco más… Siente lo mismo que yo, Pandora… sama."

Subaru miró fijamente a la bruja, que a pesar de su palabras amenazantes, se mantuvo impasible. Los ojos de Subaru resplandecieron con un peligroso brillo carmesí y entonces… no ocurrió nada. El semblante de confianza que había estado mostrando Subaru se desvaneció en cuestión de un instante; había sobrestimado el poder que acababa de recibir, ese era su orgullo infundado.

"Acepté voluntariamente que utilizaras tu Autoridad de la Ira en mí con el propósito de que pudieras demostrarme su habilidad, pero eso no sígnica que simplemente vaya a volver a permitirlo. Sabes, en verdad me dolió eso de antes, ¿y realmente esperabas que te permitiera volver a usar tu Autoridad de la Ira conmigo? Esa no es manera de tratar a tu benefactora, ¿no crees?"

"¡Tch! Supongo entonces que hay ciertas condiciones que deben cumplirse para que mi Autoridad tenga efecto. ¿Podrías decirme cuáles son?" Le cuestionó Subaru, ignorado las palabras de falso resentimiento de Pandora; no hay manera de que esa mujer posea sentimiento alguno, pensó.

"Hmm… Por lo que pude experimentar, me parece que es la mentalidad; o sea, la fuerza mental y la fuerza de voluntad. Si una persona no es fuerte mentalmente, podrás doblegar su psique y causar enormes daños físicos con tu Autoridad, así como hiciste conmigo cuando me planteé ante ti desprotegida. No obstante, si una persona ostenta una gran fuerza de voluntad, esta podrá resistirla y te resultará más difícil doblegar su mente, y por lo tanto podrías incluso ser incapaz de causarle daño físico. Por suerte para ti, me parece poco probable que alguien sea capaz de impedir que les hagas sentir tu dolor; así que tal vez haya personas a las que no puedas dañar físicamente con tu Autoridad, pero definitivamente podrás dañarlas psicológicamente."

"Entiendo… Esa información me será de bastante ayuda, gracias." Respondió Subaru con genuino agradecimiento.

"Sería problemático para mí si durante tu primer misión para el culto fueras incapaz de utilizar correctamente tu Autoridad de la Ira. Tengo colocadas sobre ti grandes expectativas, Arzobispo Natsuki."

"¿Misión? ¿Qué esperas que haga?" Preguntó Subaru, inseguro de querer escuchar la respuesta.

"Por el momento resulta innecesario que te preocupes por ello. Cuando llegue el momento, las escrituras de tu Evangelio te indicarán el camino que deberás recorrer." Habiendo dicho esto, Pandora estiró su brazo hacia Subaru; en un parpadeo, un libro negro se materializó sobre la palma de su mano. "Tómalo. A partir de éste día, deberás vivir tu vida acorde a las escrituras del Evangelio que he de concederte. Éste será tu identificación como Arzobispo del Pecado del Culto de la Bruja, y deberás atesorarlo como el objeto más sagrado entre tus posesiones."

"Supongo que no servirá que ponga en práctica lo que había dicho a Petelgeuse que hice con el Evangelio." Murmuró Subaru, mientras tomaba el libro negro.

"He de asumir que lo entiendes a la perfección, pero aun así lo repetiré para que quede totalmente claro. Si no te riges por lo escrito en tu Evangelio, serás despojado de la Autoridad que te he concedido. Puedes hacer todo lo que desees, siempre y cuando cumplas con las escrituras del Evangelio."

"Lo entiendo, lo entiendo. No tienes que decírmelo tantas veces, no estoy sordo." Se quejó Subaru, a la vez que comenzaba a escanear el contenido de su Evangelio.

Subaru sintió la textura de la cubierta dura del Evangelio, pero no notó nada resaltante. No era más que una cubierta negra decorada con gravados simples. Abrió el libro y entonces se encontró con la portada de éste; con letras doradas estaba escrito su nombre, Natsuki Subaru (ナツキ・スバル). Para su sorpresa, éste estaba escrito en japonés en lugar de los glifos de ese mundo. Además de su nombre, no había nada más escrito, así que pasó de página, y fue entonces que una expresión de confusión se escapó de su boca.

"¿Eh?" Desconcertado, Subaru pasó de página nuevamente. El resultado fue el mismo, así que pasó de página una vez más; el proceso se repitió unas cinco veces más, hasta que, frustrado, dejó pasar rápidamente todas las páginas. Cuando la contracubierta apareció, indicando que había llegado al final del libro, Subaru levantó la mirada y observó a Pandora. "¡Está vacío!" Exclamó Subaru, fastidiado. ¿Qué clase de broma era esa? Pandora asintió, trasmitiendo comprensión.

"Ya es difícil para el Libro de la Sabiduría seguir el paso de los cambios insertados por tu existencia en la realidad misma, es comprensible que hacerlo resulte aún más difícil para una de sus copias fallidas."

"¿Si es una copia fallida entonces para qué me lo das? ¡¿Ahora cómo se supone que siga tus malditas ordenes?! ¡No me vas a arrebatar mi Autoridad por ello, ¿verdad?!" Enardecido, Subaru se acercó a Pandora mientras sacudía el libro negro.

"Desde un principio supuse que algo como ello podía llegar a ocurrir, no hace falta que te pongas tan alterado. Esto no puede ser más que algo positivo para ti." Tomando suavemente la mano con la que Subaru había estado sacudiendo su Evangelio, Pandora le calmó asegurándole que no existía el riesgo de que le fuera arrebatado su poder recién adquirido.

"¿Positivo…? ¿De qué hablas?"

"Míralo de esta manera. Entre menos contenido tenga tu Evangelio, menos tendrás que regir tu vida por lo escrito en él. Cuando sea el momento en que debas hacer algo vital, como una de mis misiones, entonces su escritura será actualizada, de eso no tengo duda. Si tienes a mano el Evangelio, podrás percibir cuando suceda esto, así que no debes alejarte de éste. Mientras cumplas con ello, podrás hacer lo que desees con tu vida."

"Hmm… Si lo pones de esa manera, supongo que ello sí me beneficia." A pesar de haber respondido de esta manera, Subaru miró con recelo a Pandora mientras volvía a crear distancia entre ambos y depositaba el Evangelio en uno de los bolsillos traseros de su pantalón.

"Mi propósito al venir a esta ciudad maldita ya ha sido cumplido, así que es mi momento de partir. Arzobispo Natsuki, esperaré con ansias el momento en que tú y yo podamos reunirnos nuevamente. Hasta entonces, seguiré con gran atención tus hazañas como uno de mis Arzobispos del Pecado… Ahora, no dudo que hayas dedicado una gran cantidad de tiempo a conversar con mi persona, pero si todavía deseas que despeje alguna de tus dudas, lo haré con gusto."

"¿Qué se supone que haga ahora?" Cuestionó Subaru inmediatamente, una vez Pandora terminó de hablar. "Ahora que acepté unirme al Culto de la Bruja, no sé cómo debo proceder. ¿Cómo encuentro a Anastasia? ¿Cómo encuentro a Gula?" Durante decenas de bucles, el único camino ante él había sido su muerte, y aunque finalmente había recibido el poder que tanto anhelaba, seguía sintiéndose tan perdido como antes.

"No te preocupes, Arzobispo Natsuki. Dirígete al castillo, interactúa con todos tus aliados y espera a que aparezcan las primeras escrituras de tu Evangelio. Entonces sabrás que debes hacer." Habiendo escuchado esto, Subaru asintió, aún con dudas revoloteando en su cabeza; ¿eso era todo? "¿Algo más que desees preguntarme?"

"No… Creo que ya le he preguntado todo lo que deseaba preguntarle, Pandora-sama."

"En ese caso… El Arzobispo Natsuki se encuentra libre de todo dolor. Listo, ahora serás capaz de llegar al castillo sin problemas. Con eso hecho…" Y fueron esas palabras las que ocasionaron que dos figuras aparecieran súbitamente detrás de Pandora.

Atónito, Subaru observó a los recién llegados. Ambos vestían las características túnicas negras utilizadas por el Culto de la Bruja, debido a ello era difícil determinar cómo se veían. No obstante, gracias a la figura de cada uno, Subaru pudo discernir que se trataban de un hombre y una mujer de estatura media. Más allá de sus géneros, no había nada más que pudiera resaltar de cada uno de ellos.

Aun así, había algo que había llamado su atención. No parecía que ninguno de los dos hubiera sido teletransportado a esa zona. Subaru apenas había podido percibido, y solo lo había hecho porque se había acostumbrado a ver como Halibel se movía; ambos habían llegado desde algún punto desconocido de los alrededores. Subaru todo ese tiempo había creído que Pandora se encontraba sola, y ahora se percataba que siempre había estado totalmente equivocado.

"¿Q-Quiénes son?" Inquirió Subaru, ligeramente intimidado por los cultistas. Ambos emanaban un aura de peligro que le hacían desear escapar de allí; sorprendente, considerando que ni siquiera la bruja ante él había logrado ese efecto en él.

"¿Hmm? ¿Te refieres a mis guardaespaldas? No son más que marionetas, guerreros de antaño cuyos cuerpos consideré que sería un desperdicio permitir que se pudrieran y fueran consumidos por los gusanos."

"Ya veo…" Respondió Subaru, entre asqueado y fascinado.

"No obstante, es cierto que este par en particular comparte una historia inusual. Ambos en vida fueron esposo y esposa, lastimosamente, fueron separados por la calamidad. No fue hasta hace poco que el esposo pudo reunirse con su amada esposa. Un resultado conmovedor, si me lo preguntas."

"Pobre diablo…" Murmuró Subaru, sintiendo pena por la pésima suerte de aquel guerrero desconocido.

"En fin, es momento que nos despidamos, mi preciado Arzobispo de la Envidia y la Ira. Ansió el momento en el que volvamos a vernos y puedas hablarme de tus logros…"

"Y yo espero que para entonces el número de Arzobispos haya vuelto a disminuir."

Y con esas palabras, Subaru se despidió de la mujer que le había destruido, y vuelto a construir. Pandora, su semblante de tranquilidad completamente inalterado, comenzó a caminar lentamente hacia el mismo callejón del que Subaru había salido antes de su encuentro con ella. La bruja y sus dos marionetas entraron en el callejón y entonces por fin desaparecieron de la vista de Subaru. Fue hasta entonces que Subaru liberó un largo suspiro.


Veinte Minutos desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Esta ocasión, Subaru no forzó a Patrasche a correr hasta el total agotamiento. Ese aparentaba ser el bucle definitivo, y Subaru no deseaba cometer un error que pudiera lamentar. Por ello, cuando se topó con la caravana de refugiados, Subaru indicó a Patrasche que se moviera a un costado de la carretera sin mediar palabra. Por ello, cuando llegó a la entrada de la ciudadela y un guardia impidió su paso, Subaru nombró a Ricardo sin perder la compostura.

"… Hmm… Así que lograron vencer a Ira pero Lujuria comenzó a perseguirlos poco después. Maldición, chico, y creía que nosotros la tuvimos difícil." Respondió Ricardo conmocionado, tras escuchar el reporte de Subaru.

"Aun así, estoy seguro de que Utada logró sobrevivir hasta la retirada del culto, no tengo duda de ello."

"Já, suenas muy confiado, chico, pero estoy contigo. Ese bastardo es demasiado testarudo, jamás le daría el gusto a ningún miembro del Culto de la Bruja de asesinarlo."

"Sí, así es Utada…" Tras responder a Ricardo, Subaru guardó silencio por un par de segundos antes de atreverse a hablar de nuevo. "Ricardo, en verdad lamento que la información que te di no haya impedido que el Colmillo de Hierro perdiera a tantos valiosos miembros… Si tan solo les hubiera dado información más certera, tal vez habrían vencido a ese maldito cultista de varios brazos sin tantos problemas."

"No te preocupes por eso, chico. Nosotros somos mercenarios, guerreros que luchamos por dinero. Siempre que vamos al combate, lo hacemos siendo conscientes de que puede que nunca regresemos. Además, es probable que sin la información que nos diste, habríamos muerto todos sin tan siquiera hacerle un rasguño; así que te agradezco por ello." Y con esas palabras tranquilizadores, Ricardo dio a Subaru una pequeña palmada en la espalda.

"… Ricardo, yo iré al castillo para reunirme con Halibel, ¿qué harás tú?"

"Iré en búsqueda de Utada. Por lo que me dijiste, creo saber dónde se encontraron con Lujuria. Haya sobrevivido o no, es necesario que alguien vaya por él."

"Comprendo… Nos veremos en la mansión, entonces."

Esta ocasión, lo primero que Subaru hizo fue preguntar a Ricardo por lo transcurrido tras haberse separado. No porque Subaru hubiera encontrado en su corazón la capacidad de lamentarse por esas muertes, sino porque deseaba evitar volver a incurrir en el enojo del capitán del Colmillo de Hierro, a quien consideraba un valioso aliado. Sin embargo, lo cierto es que Subaru, que detestaba su propia debilidad, se sentía responsable parcialmente de esa masacre. Él sin duda había sido el responsable indirecto de muchas muertes ese día.

Después de despedirse de Ricardo, Subaru siguió su camino, atravesó la ciudadela y se encontró con el guardia que vigilaba la entrada al castillo. Ignorando las preguntas de éste sobre sus razones de estar allí, Subaru esperó en silencio a la aparición de Maju; pocos minutos pasaron para que ese evento tuviera lugar.

"… Así que el capitán fue en busca de Utada. En ese caso, me quedaré aquí para seguir dando una mano a los curanderos." De esta manera respondió Maju al ser informada por Subaru de lo transcurrido. "Tendré que esperar para poder informarle sobre el estado de Mimi-chan." Añadió, afligida. Subaru, a pesar de estar al tanto del suceso, falló en ocultar su desconsuelo. "¡Subaru-sama! ¡Lo siento! Yo-"

"¿Maju, podrías llevarme con ella?" Pidió Subaru, interrumpiendo las disculpas de Maju por su falta de tacto. Ésta, comprensiva, asintió…

"No puede ser… O sea, el panorama no era prometedor, pero pensé que podrían salvarla… Kitzu… No, no tienes que culparte… Yo… Iré a verla."

Cuando la hechicera vio a su compañero acuclillado al lado de la entrada de la carpa médica, abrazando su cabeza, ésta no tardó en correr hacia él, asumiendo lo peor. En silencio, Subaru vio como la mujer se agachaba frente a su amigo y le tomaba de los hombros… La noticia había sido difícil de digerir también para ella. Subaru esperó. La mujer entró a la carpa y segundos después el sonido de su llanto llegó a oídos de Subaru. Desde donde se encontraba, pudo ver como el curandero mercenario cubría sus oídos.

Si se hubiera apresurado en llegar como hizo en otros bucles, lo sucedido habría tenido lugar de manera ligeramente diferente. Sin embargo, no tenía razón para apresurarse; lo único que deseaba cambiar no cambiaría, independientemente del momento en que llegara. Después de todo, genuinamente deseaba no volver a ser testigo de la muerte de Mimi, deseaba no volver a sentirse tan repugnantemente impotente. Subaru sabía que aún con el poder que había adquirido, no podría hacer nada para salvarla. Si llegaba antes, lo único que habría hecho sería revivir el sufrimiento de los bucles anteriores.

Una vez Maju salió de la carpa y se agachó nuevamente al lado de Kitzu para hacerle compañía, consolarlo y ser consolada, Subaru finalmente se atrevió a entrar en la carpa. Su interior pobremente iluminado permanecía igual que en todos los bucles anteriores. En camillas aledañas a la de Mimi, curanderos luchaban por salvar las vidas de personas mortalmente heridas.

Ignorando todo el barullo de la muerte que impregnaba el lugar, Subaru se acercó lentamente a Mimi. Cuando su rostro pálido y cabello naranja aparecieron en su campo de visión, Subaru sintió como su corazón era estrujado por la melancolía. Desde varios bucles atrás había asumido que salvar a Mimi resultaría imposible, su destino simplemente se había alejado demasiado de su alcance y había naufragado en la tela del destino. Pero en ese bucle formalmente se despediría de la niña.

Con respiración irregular, Subaru estiró su mano y acarició el rostro sin vida de Mimi. Un determinado pero desconsolado susurro se filtró entre sus labios. "Enana… Mimi… Te vengaré. Me aseguraré de hacer que tu asesino sufra diez veces más de lo que te hizo sufrir. Lo descuartizaré y regaré hasta la última gota de sangre de su despedazado cuerpo. Te lo prometo, no me rendiré; viviré y alcanzaré todos mis objetivos. Jamás te olvidaré…" Y con esas palabras de despedida, Subaru se alejó de la pequeña niña que había hecho más llevaderos los peores días de su vida y abandonó la carpa médica.

Sin voltear a mirar a Maju y Kitzu, Subaru recorrió el espacio que separaba la carpa donde se hallaba Mimi de la carpa donde le esperaba Halibel. Como ya era usual, el Shinobi le estaba esperando recostado sobre uno de los pilares de madera que sostenía la lona que conformaba la carpa. Sin pronunciar palabra, Subaru entró en la carpa y se sentó en un taburete de madera colocado al lado de la camilla sobre la cual Emilia se mecía sin parar.

"… ¿Ocurrió algo, Su-san?" Para sorpresa de Subaru, la conversación no comenzó como usualmente lo hacía.

Subaru cruzó miradas con Halibel y dijo. "¿De qué hablas?"

"Te percibo diferente; es como si tu alma hubiera pasado por una abrupta metamorfosis."

"¿En el mal sentido o buen sentido?"

"Hmm… Es difícil decirlo, pero diría que en un buen sentido; en cuanto a mis intereses, entonces en un buen sentido definitivamente. En el momento en que cursaste el umbral de la entrada, sentí escalofríos en todo mi cuerpo. Ahora estoy seguro, puedo sentirlo; a partir de hoy empezará tu historia, Su-san. Aquello por lo que tanto esperé finalmente está aquí, ante mí; el momento en que te dispondrás a cambiar el mundo." Respondió Halibel, completamente extasiado.

"Tu instinto tan afilado como siempre, ¿eh, Hal-san? Supongo que tienes razón, nuestra aventura realmente está a punto de empezar. Aunque yo no lo llamaría tanto una aventura, más bien una odisea."

"Será un placer estar a tu lado, surquemos bosques tormentosos, yermos helados, praderas plagadas de mabestias o áridos desiertos, Su-san."

"Te tomaré la palabra, Hal-san…" Y habiendo respondido de esta manera, Subaru volvió a permanecer en silencio. Ya no había nada que deseara preguntarle a Halibel, ya no había nada que pudiera hacer en ese castillo; ya lo había intentado todo, de no ser así no habría aceptado el trato de Pandora.

"¿No me hablarás de lo ocurrido? O si no deseas hablar de eso, ¿no me preguntarás por lo ocurrido?" Inquirió Halibel, ligeramente desconcertado.

"Te hablaré de ello después, Hal-san. En un lugar donde nadie nos pueda escuchar accidentalmente."

"Entiendo."

"Y no hace falta. Estás en lo correcto al afirmar que algo ha sucedido, y ello implica que estoy al tanto de todo lo ocurrido en el castillo."

"¿Eh? Eso suena como que tu Protección Divina se activó, Su-san."

"Eso y más, Hal-san. Pero como te acabo de decir, te hablaré de ello después. Por ahora esperaremos en silencio."

"¿Estás esperando a que algo ocurra?" Subaru respondió a la pregunta de Halibel asintiendo. A partir de ese momento, ambos aguardaron en completo silencio…

Algo debía suceder, algún cambio debía tener lugar en la atmosfera. Subaru esperó pacientemente por varios minutos. Sin embargo, Subaru no tardó en comenzar a impacientarse; conforme el tiempo más se dilataba, su desasosiego más aumentaba. Nada había cambiado, todo seguía igual. ¿Acaso Pandora le había mentido? Hasta entonces no parecía que Pandora le hubiera mentido respecto a algo, pero tal vez sí que lo había hecho… Si todo permanecía igual, entonces su sacrificio había sido en vano. Si ese era el caso…

"¡Oh!" Exclamó Subaru y extrajo presurosamente el libro negro ubicado en la parte trasera de su pantalón. Lo abrió y pudo leer en la primera página. En los recovecos ocultos por la opulenta y engreída nobleza, en los rincones que aquellos con poder se esfuerzan por ignorar y donde las ratas pueden pulular, se encuentra aquello que solo tú anhelas y nadie más. "… ¿Qué supone que signifique eso? ¿Tengo que buscar en todos los callejones del distrito de la nobleza?" Murmuró Subaru, desencantado.

"¿Pasó algo, Su-san?"

"No… Bueno, sí. Debo partir. Necesito que te quedes aquí y esperes. Si en una hora no ha ocurrido nada notable, dirígete a la mansión. Lleva contigo a ese caballero de cabello morado, y a Emilia y Ram; en caso de que alguien venga por Emilia, dile que el Colmillo de Hierro se hará cargo acorde al contrato con ese tal Roswaal. Viniendo de ti, es seguro que se lo tomarán en serio."

"Entiendo… ¿Pero por qué debo llevar al caballero?"

"Él es importante, eso es todo lo que necesitas saber." Respondió Subaru mientras se dirigía a la salida de la carpa. "Hal-san, si llegase a ocurrir algo notable, contáctame a través del metia."

"Eso haré, Su-san. Te veré en la Mansión Ryuushika."


Cincuenta Minutos desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

¿Buscar en los recovecos y rincones? ¿Por qué Anastasia estaría allí? Subaru no tenía la menor duda al respecto, Pandora había sido responsable. Utilizando su Autoridad, había trasladado a Anastasia del castillo a algún lugar en el que nunca podría encontrarla por más que buscara. Desprecio dirigido hacia Pandora comenzó a hervir en su interior, pero éste rápidamente fue aplacado por discordante gratitud.

Tal vez los métodos de Pandora habían sido despreciables, pero al final genuinamente le había concedido poder. Subaru podía haber sobrevivido los ciclos de muerte anteriores utilizando solo Regreso por Muerte, pero ese método estaba destinado a fallar eventualmente; era la crónica de una muerte anunciada. Él que era impotente habría fracasado tarde o temprano si no recibía un poder como la Autoridad de la Ira. Por ello simplemente no podía odiar del todo a Pandora; ella era su enemiga, pero sobre todo era su salvadora.

"¡Argh! Aun así, ¿por qué tenía dificultarme tanto el encontrar a Anastasia? Ya acepté su maldito trato, ¿tan difícil era hacerla aparecer ante mí?" Murmuró Subaru, fastidiado. Hace varios minutos había dejado atrás la ciudadela que precedía al castillo y había comenzado a inspeccionar los callejones cercanos a lomos de Patrasche.

Uno a uno, había descartado aquellos que se notaban desolados. Aquellos en los que había escuchado ruido o había percibido señales de movimiento, los había inspeccionado más a fondo. En más de una ocasión se había encontrado con civiles asustados que parecían no haberse percatado de que el ataque del Culto de la Bruja ya había finalizado. Sin mediar palabra, Subaru se había alejado de los desdichados y continuado con su búsqueda.

Era vital que siempre tuviera totalmente claras sus prioridades, o de lo contrario volvería a verse abrumado por el peso de sus propias acciones y falta de éstas. Era cierto que había recibido poder, pero éste solo lo utilizaría para alcanzar sus objetivos actuales. Nunca volvería a pretender cargar con más de lo que era capaz. No podía permitir que un día como ese se repitiera.

Subaru, montando a Patrasche, se asomó en un callejón que se dividía en una intrincada red de callejuelas. Indicó a su dragón de tierra que se detuviera y prestó atención a los sonidos provenientes del callejón. "… Todo… Lo perdí todo… Años de esfuerzo han resultado ser en vano…" En éste pudo captar el lastimero eco de una voz difuminada por el viento y la distancia. Su corazón le dio un vuelco; reconocería esa voz en cualquier lado, por más distorsionada que estuviera.

"Vamos, Patrasche." Le indicó a su dragón. El animal le obedeció e ingresó en el callejón que falsamente aparentaba estar desolado.

Sin producir sonido alguno, Subaru siguió los esporádicos ecos de aquella voz familiar. Izquierda, derecha, derecha, izquierda… Pronto se percató que más que un callejón, ese lugar parecía un laberinto. Para empeorar su suerte, aquella voz había cesado de fluir hacia su oídos. Temiendo haber perdido rastro de ésta, Subaru se dispuso a llamarle, cuando finalmente la vio. En lo profundo de una angosta callejuela que se extendía a su izquierda, en un rincón sucio y abandonado, yacía una pequeña mujer de cabello morado.

"Ana…" Susurró Subaru, perdiendo el habla casi a media palabra. No podía dejarse llevar, tal vez sus ojos le estaban engañando. ¿Sería eso otra Prueba de Pandora? Subaru se bajó de Patrasche, colocó el arma reinventada en el lomo de éste, y en silencio se acercó a la figura. Como si temiera espantarla, como si temiera que al verle, ésta se difuminara en el aire, Subaru se movió cautelosamente hacia ella.

"Todo fue para nada… Es como si hubiera regresado al punto de partida…" Murmuró la figura, alicaída. Para entonces, Subaru ya estaba a menos de un metro de ella. Subaru no era capaz de ocultar su presencia tan bien como Halibel, por lo tanto, la figura finalmente percibió que alguien se le había acercado y sobresaltada miró hacia Subaru. En la piel pálida como la de un cadáver de su rostro se dibujó una expresión de sorpresa e incredulidad. "¡¿Huh?! ¿Natsuki-kun, eres tú? ¡Estás vivo! ¿Estás bien? ¿No te ocurrió nada?" La figura no tardó en reconocerle.

"…" Subaru, enmudecido, se limitó a observar en estado de trance el rostro de esta persona; Anastasia.

No había duda, era ella. Estaba allí, ante él. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la vio? En tiempo real, probablemente unas horas. Pero para él, que percibía el tiempo de manera diferente a la usual, se sentía como si hubieran pasado meses, incluso años. Decenas de veces había muerto desde la última vez que escuchó su melódica voz.

"Es inútil… No sabes quién soy, ¿no es así? No tienes idea de quién es esta patética chica ante ti, a pesar de que compartimos tanto tiempo juntos el último año." Anastasia sacudió su cabeza, intentando así disimular la melancolía que se filtraba en sus facciones. Apoyándose con sus manos en el muro sobre el que había estado recostando su espalda, Anastasia se puso en pie. "Una vez más soy una chica sin nombre ni apellido, sin una sola posesión más que mi propio cuerpo… Supongo que esto es lo que siempre estuve destinada a ser…"

"…" Anastasia miró a Subaru a los ojos, quien permanecía inmóvil, como una estatua, y erróneamente interpretó el semblante vacío de Subaru como que, en efecto, no la había reconocido.

"Supongo que te estarás preguntando de que tonterías estoy hablando; lo siento por molestarte. Yo ya estaba por retirarme, así que no tendrás que seguir mirando a esta despreciable chica sin nombre." Y con esas palabras, Anastasia dio la espalda a Subaru y comenzó a alejarse en dirección de una de las salidas del callejón.

No obstante, fue abruptamente detenida. Sintiendo presión en su abdomen, Anastasia bajó su mirada y pudo ver que las manos de Subaru ahora rodeaban la parte superior de su abdomen, justo por debajo de su busto. Habiendo sida tomada por sorpresa, Anastasia fue incapaz de pronunciar palabra alguna; se encontraba completamente turbada.

"Ana…" Y fue el momento en que escuchó esa palabra salir de la boca de Subaru, que Anastasia perdió la capacidad de respirar. "Anastasia… Yo… Yo te recuerdo, así que, por favor, te lo ruego, no des un paso más… No… No sabes cuánto me esforcé por volver a tenerte ante mí, y me sentiría devastado si volvieras a esfumarte." Subaru, que había sido enmudecido por la conmoción, finalmente reaccionó y reveló la verdad a Anastasia; aún no había sido completamente olvidada por ese inhóspito mundo.

"Natsuki-kun… yo…" Los roles habían sido intercambiados, ahora era Anastasia quien había enmudecido por la conmoción.

"No estás sola… Yo te recuerdo Anastasia… Así que no es cierto que lo hayas perdido todo… No es cierto que todo lo que compartimos juntos durante el último año se ha desvanecido… Yo… Yo te recuerdo, Anastasia… Y jamás sería capaz de olvidarte, no después del impacto que has causado en mi vida… Sin ti… Sin ti no sé qué sería de mí… Así que te lo suplico, no te vayas… No te vayas… No vuelvas a desvanecerte… Por favor… Yo… Yo te recuerdo… Yo… Y-Yo…" Subaru, que se había esforzado por mantener la compostura, comenzó a tartamudear, a la vez que sus ojos se humedecían y las lágrimas comenzaban a empapar su rostro.

El agarre de Subaru fue perdiendo fuerza gradualmente. Subaru, incapaz de mantenerse en pie, cayó de rodillas. Habiendo perdido la fuerza en sus brazos, Subaru finalmente liberó a Anastasia y apoyó sus manos en el suelo. Sin embargo, sus brazos cedieron y Subaru cayó completamente al suelo, su rostro empapado por secreciones nasales y lágrimas. Incapaz de seguir conteniéndose, Subaru lloró con fuerza; un llanto equivalente a la primera lluvia en un desierto tras años de total sequía.

Anastasia, atónita, se volteó para encontrarse con Subaru acostado en el suelo, hecho un ovillo. En silencio, la chica se sentó junto a Subaru y colocó su cabeza sobre sus esbeltas piernas, haciendo de su regazo una almohada. A pesar de esto, el llanto de Subaru no se detuvo. Después de todo, ese no era más que el catártico deshago de una tóxica amalgama de emociones negativas que se había formado en corazón. La muerte de Mimi, el trato de Pandora, la desaparición de Anastasia y su anhelado reencuentro, el dolor de la muerte, el inminente desvanecimiento de su cordura, el odio hacia Gula y Lujuria, la desesperación y frustración nacidas de su eterna impotencia.

Y lo cierto es que Subaru habría continuado llorando sobre el regazo de Anastasia, de no ser porque pudo sentir como una gota de fuente desconocida caía sobre su frente. Esta gota rápidamente se convirtió en dos, y estas dos en cuatro; pronto su frente se encontraba tan húmeda como el resto de su rostro. Sin que éste se percatara de ello, Anastasia, que había estado intentando consolar a un emocionalmente devastado Subaru, en algún momento había agachado su cabeza, envuelto sus brazos alrededor de la cabeza de Subaru y roto en llanto. La represa de emociones se había derrumbado; en silencio, Anastasia también había comenzado a llorar.

Lo que había comenzado como un llanto silencioso, pronto se transformó en audibles sollozos. Y Subaru, que a lo largo de aquel bucle había sido hipócritamente incapaz de empatizar con el dolor ajeno, reconoció por fin que él no era el único que había experimentado situaciones descorazonadoras. Habiendo comprendido esto, con todavía lágrimas brotando de sus ojos, Subaru se enderezó, se puso de rodillas y abrazó con fuerza a Anastasia.

Ambos jóvenes compartieron un afligido abrazo. Anastasia, que había anhelado en silencio apoyo emocional, apoyó su frente sobre el hombro de Subaru y dio rienda suelta a sus emociones. La pérdida de cordura de su caballero Felix, la aparición del Culto de la Bruja y el misterioso joven que decía ser Gula, el dolor de haber presenciado la muerte de Mimi, el impacto de comprender que su existencia había sido consumida, la traumática experiencia regresiva de haber interiorizado que había comenzado de cero, la desoladora sensación de haber perdido todo por lo que se esforzó y de haber perdido a todas las personas que conoció en el camino. Anastasia, que siempre había mantenido la compostura, lloró sin ataduras emocionales junto a Subaru.

Tuvieron que trascurrir varios minutos para que Subaru y Anastasia pudieran calmarse. Habiendo desahogado los sentimientos que habían reprimido en sus corazones, ambos se sentaron uno al lado del otro. Con sus manos unidas y sus dedos entrelazados, Subaru y Anastasia compartieron aquel momento en silencio. Ambos tenían los ojos enrojecidos, sus rostros estaban sonrosados y empapados, pero ninguno hizo el intento de enjugarlos. En ese instante, ninguno de los dos tenía nada que aparentar.

"Natsuki-kun, ¿acaso estoy mal por anhelar no estar sola? ¿No crees que estoy siendo demasiado patética por temerle tanto a la soledad?" Inquirió Anastasia con voz ligeramente ronca.

"No, no lo estás. Es comprensible que te sientas así, los humanos somos una especie social, después de todo."

"Una especie social, ¿eh? Tienes razón…" Una vez más, ambos permanecieron en silencio; pero no se trataba de un silencio incómodo o tenso, todo lo contrario. Anastasia lentamente dejó caer su cabeza sobre el hombro de Subaru; éste se sobresaltó un poco al percibir el contacto, pero rápidamente su respiración se tranquilizó por completo, sincronizándose así con la de Anastasia.

"… Anastasia… Antes de venir aquí, incluso antes de ir al castillo, me encontré con una persona. Esta persona resultó ser líder del Culto de la Bruja… Y yo… yo acepté unirme a ellos." Reveló Subaru abruptamente; lo cierto es que realmente necesitaba hablar de ello con alguien. Ahora que había conseguido su principal objetivo al corto plazo, Subaru fue incapaz de seguir ocultando esa ominosa verdad. Anastasia sacudió ligeramente su cabeza, pero ultimadamente no la separó del hombro de Subaru.

"¿Por qué harías tal cosa?" Le preguntó tranquilamente Anastasia; era evidente que antes de juzgar a Subaru por ello, esperaría pacientemente a que él explicara sus razones.

"… Pasaron muchas cosas, Anastasia. Supongo que esto lo sabrás, pero un nuevo Arzobispo de la Gula apareció; debido a ello, tú existencia fue consumida. Además, descubrí que la Arzobispa de la Lujuria conoce la identidad de la persona que envió a aquellas asesinas a por nosotros en Priestella. Si quería tener una oportunidad de encontrarlos a ambos, era necesario que me uniera al culto."

"¿No consideras que corres un gran peligro al hacer eso, Natsuki-kun?" Inquirió Anastasia, su tono cargado de preocupación. "¿Qué buscas con ello? ¿Venganza? ¿Realmente vale la pena sacrificar tu vida por ello?"

"No… No es solo por venganza. Anastasia, lo recuerdas, ¿no? Lo que dijo el capitán de la Guardia Real sobre lo descubierto gracias a Wilhelm-san; si matas a Gula, los recuerdos de aquellos consumidos regresarán. Así que… Anastasia, recuperaré tu nombre, tú solo espera, haré todo lo que resulte necesario para devolverte todo lo que te han arrebatado. Y entonces, ambos alcanzaremos nuestros objetivos… juntos."

"Natsuki-kun… He perdido todo, no te equivocas… Me lo han arrebatado… Pero eso en verdad no debería afectarte, ¿o sí? No es bueno tener una memoria tan selectiva; Marcos también mencionó que al momento en que una persona es devorada por Gula, aparentemente la realidad se adapta a un mundo en el que ésta no existe. Estoy segura de que tu podrás seguir trabajando para mi… para la empresa de la que antes era dueña. Así que probablemente no ganes nada esforzándote por encontrar al nuevo Arzobispo de la Gula… Además, tú no eres un guerrero, Natsuki-kun… Como ya antes te había dicho, nadie espera que arriesgues tu vida; esa no es tu responsabilidad… Así que, ¿en verdad vale la pena arriesgarte solo para recuperar lo que perdí?"

Anastasia aseguraba que no valía la pena que Subaru se sacrificara por ella, pero era evidente que estaba proyectando su manera de pensar y tratar con las situaciones en Subaru; ella, que solo buscaba beneficio propio, no esperaba que Subaru la salvara por puro altruismo. Aun así, lo cierto es que Subaru no lo hacía por pura generosidad; solo porque ella era ella, él estaba dispuesto a llegar tan lejos.

"Anastasia… Cuando acepté trabajar para la Compañía Hoshin, acepté trabajar para ti. No me importa quien sea ahora el dueño de la compañía, Finn o quien sea, yo solo trabajaré para ti. Sin ti, yo mismo seré incapaz de alcanzar mis objetivos. Y es cierto que me dijiste que no esperabas que actuara como mercenario o caballero, pero recuerdo perfectamente que te respondí que yo sí esperaba de mí ser capaz de al menos protegerte a ti y a los trillizos… Ya fallé en protegerlos a ellos, no puedo permitirme perderte a ti también…"

Suspirando largamente, Anastasia dejó de descansar su cabeza en el hombro de Subaru; éste instintivamente se volteó hacia ella, y en consecuencias ambos quedaron cara a cara. "¿Así que ya te enteraste de lo ocurrido con Mimi?" Subaru, percatándose que había cometido un error similar al que cometió Maju con él, asintió agobiado. "¿M-Murió?"

Subaru no respondió, pero su semblante lo decía todo. Anastasia, sin decir nada más, apoyó nuevamente su cabeza en el hombro de Subaru, esta vez ocultando su rostro. Por la forma en que se sacudía su espalda ligeramente, era evidente que estaba sollozando. Subaru se sentía incapaz de decir algo que pudiera consolar a la chica, así que se limitó a acariciar su espalda mientras continuaba con lo que estaba diciendo.

"Anastasia, más de una vez me dijiste que yo no tenía razón pare sentirme endeudado contigo, pero deberías saber muy bien que yo simplemente no puedo desestimar todo lo que has hecho por mí desde que nos conocimos. Podrá sonar enfermizo… pero lo cierto es que te necesito. Tú eres la razón por la que no me he rendido, incluso cuando me he sentido a punto de derrumbarme… Anastasia, haré todo lo necesario por devolverte lo que injustamente se te ha arrebatado no solo por ti, sino que también por mí mismo." Declaró Subaru, mirando al cielo.

"Así que esa es tu codicia…" Susurró Anastasia; aun así, dado que su boca estaba tan cerca del oído izquierdo de Subaru, éste la escuchó perfectamente. Tras unos segundos, Anastasia levantó de nuevo su cabeza y miró fijamente a Subaru. "Natsuki-kun, a pesar de que nos conocemos desde hace más de un año, siento que desconozco muchísimas cosas sobre ti. Todavía me resulta difícil de creer que vengas de más allá de la Gran Cascada, pero no cabe duda de que tu origen es un enorme misterio. Por lo mismo, siempre me has resultado en extremo curioso; desde el momento en que descubrí que ninguna cantidad de dinero me conseguiría saber sobre tu pasado antes de aparecer de pronto en Lugunica, me he visto interesada en ti... Atraída hacia ti."

"…" Subaru, sintiéndose conmovido por la revelación de Anastasia, observó embelesado sus ojos verde agua.

"No sé cómo sucedió, pero antes de aparecer en este callejón, fui transportada ante Ricardo. Él, al igual que Halibel-san y Ram-san, no me reconoció." ¿Halibel? Subaru inmediatamente dedujo que hablaba del clon. Eso implicaba que antes de que el clon de Halibel fuera destruido, éste se encontró con Anastasia. Por otra parte, ¿a qué se refería con que había sido transportada?

"¿Transportada?" Murmuró Subaru, pensativo.

No cabía duda de que ello no era obra de nadie más que Pandora; sus sospechas habían sido confirmadas. Esa maldita bruja había orquestado todo de manera en que a Subaru le resultaría imposible negarse a su oferta. Esa astuta mujer había inutilizado por completo Regreso por Muerto. Comprender esto le molestaba, pero a la vez, no podía dejar de admirar la astucia de la mujer que a partir de ahora consideraría su ama.

"Sí. No sé cómo ocurrió. Un momento estaba al lado de Emilia-san y al otro aparecí frente a Ricardo. Después de todo lo ocurrido en el castillo, supuse que no me reconocería; aun así, escucharlo preguntar por mi nombre fue más doloroso de lo que pensé… En ese momento pensé en irme de allí, pero entonces todo se tornó negro y desperté en éste callejón…" Anastasia hizo una pequeña pausa para enfatizar lo que decía dando un pequeño vistazo a ese sombrío lugar. Tras ello continuó. "A lo que quiero llegar, Natsuki-kun, es que, a pesar de que mi compañero de toda la vida me olvidó por completo, tú eres capaz de recordarme. Tú probablemente eres la única persona que me recuerda en todo el mundo… Eso es razón más que suficiente para que mi interés por ti se vea incrementado, ¿no crees?"

"…" Inseguro de cómo responder, Subaru optó por mantenerse en silencio. Esto suscitó que Anastasia riera suavemente.

"Siempre te has subestimado e infravalorado, Natsuki-kun. Una persona tan increíble como tú debería valorarse más a sí mismo… Así que supongo que en ese aspecto sí que me necesitas, para que te recuerde constantemente cuan valioso e increíble eres. Por ello, deseo pedirte que me permitas acompañarte allá a donde vayas, Natsuki-kun; permíteme seguirte en tu camino."

"¿S-Seguirme?" Le preguntó Subaru, confundido.

"Sí, seguirte. Después de todo, tu afirmas necesitarme, y ahora que tú eres el único capaz de recordarme, entonces yo te necesito tanto, o más, que tú a mí. Nos necesitamos el uno al otro, así que lo más conveniente es que no nos separemos, ¿no crees?" Dijo Anastasia, inclinando ligeramente su cabeza con un gesto tierno.

"… Pero… Anastasia, lo más probable es que tenga que abandonar la ciudad por un tiempo, también es probable que tenga que recorrer este mundo haciendo misiones para el Culto de la Bruja mientras busco a Gula y Lujuria. Es demasiado peligroso… Yo… Podría convencer a Ricardo de que te permita quedarte en tu mansión mientras recupero-"

"No servirá." Declaró Anastasia cortantemente. "Como me encuentro en este momento, no tengo nada que hacer en esa mansión. Ese lugar solo servirá para recordarme lo que me han robado, así que quiero viajar contigo y hacer nuevas memorias. Desde que recuerdo, me esforzado por subir rangos dentro de empresas. Quiero experimentar cosas que no experimenté durante mi infancia y adolescencia. Además, no creas que seré una carga. Un mercante experimentado siempre es necesario al momento de recorrer los caminos y ciudades de éste mundo, o de lo contrario serías embaucado hasta quedarte con los bolsillos vacíos. No olvides que hice una gran inversión en ti, así que debo asegurarme de que sobrevivas a esta travesía tuya."

Suspirando, Subaru rascó con fuerza su cabeza. Se sentía derrotado. "Bien. Podrás venir conmigo, pero por favor no hagas nada demasiado arriesgado cuando las cosas se pongan peligrosas."

"¿No crees que debería ser yo la que diga eso?" Contraatacó ella, con una sonrisa en su rostro.

"Como sea… Pero quiero que vayamos a esa cita que me prometiste." Declaró Subaru, regresándole la sonrisa.

"¿Cita…? ¡Ah! Cierto, acordamos que iríamos a celebrar el aniversario de la firma del pacto entre mi empresa y tu Asociación de Reinvención… También acordamos que te unirías oficialmente a mi facción política…" Murmuró Anastasia, la sonrisa en su rostro desvaneciéndose.

"Supongo que eso último no podremos hacerlo hasta que Gula esté muerto…" Añadió Subaru, con determinación ardiendo en su mirada. Anastasia, notando la mirada de Subaru, recuperó su sonrisa.

"Sí, en ese caso celebraremos juntos el aniversario de tu unión a mi compañía, y luego, cuando hayamos solucionado todo esto, todos serán informados de que a partir de hoy formaste parte de mi facción."

"¿Hoy?" Le cuestionó Subaru, confundido.

"Sí, ¿por qué esperar? Los demás podrán enterarse luego. Además, en este momento mi facción seremos solo tú y yo, ¿no crees?" Afirmó sonriente Anastasia. Sonrisa que se contagió a Subaru.

"¡También puedes anotar al guerrero más fuerte de Kararagi en la lista!" Declaró Subaru rebosando de entusiasmo.

"¿Halibel-san? ¿Por qué él?" Al notar la confusión en el rostro de Anastasia, Subaru recordó que ella no estaba al tanto de la verdadera relación entre él y Halibel.

"Te lo explicaré luego. Por ahora deberíamos salir de este maldito callejón y regresar a la mansión. Sé que no quieres estar allí, pero necesito recoger unas cuantas cosas…"

Anastasia asintió comprensivamente. "Lo entiendo. Si es un par de días, supongo que podré soportar ser huésped en mi propia mansión." Mientras Anastasia decía esto, Subaru se puso en pie.

"Vamos, hay alguien a quien quiero presentarte." Dijo Subaru, estirando su mano hacia Anastasia. Ésta la tomó y Subaru hizo fuerza para ayudarla a levantarse. Entonces, Subaru guio de la mano a Anastasia hacia donde se encontraba Patrasche, su salida de ese lugar.

Mientras caminaban hacia el dragón de tierra, para así salir de ese intrincado callejón, Subaru no pudo evitar sentir la textura fina de la piel de Anastasia. Esa sensación de su piel en contacto con la piel de ella, y la sensación del sudor de ambos entremezclados, le indicó a Subaru que todo lo recién ocurrido no había sido una simple y hermosa ilusión. Subaru tomó su tiempo para disfrutar del calor que emanaba de Anastasia…

Ese calor, era prueba de que ella estaba viva; su debilidad casi impide que esa sensación fuera posible. Si deseaba recuperar el nombre, la existencia de Anastasia, sin perderla a ella en el proceso, necesitaría mantener su poder; no, eso no resultaría suficiente, necesitaría incrementar su poder, y de ser posible, su número de aliados.

Si perdía el poder que Pandora le había otorgado, entonces perdería a Anastasia; si ello ocurría una segunda vez, nada la aseguraba que pudiera volver a recuperarla. Fue en ese instante que Subaru realmente comprendió que tendría que tomarse en serio su título como Arzobispo del Pecado. Si implicaba asegurar la seguridad de Anastasia, recuperar su nombre y vengarse de aquellos provocadores de todo su sufrimiento, Subaru estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera necesario.

Tras presentarle Patrasche a Anastasia, Subaru la ayudó a montar al dragón de tierra y entonces procedió a montarse él en éste. El calor de Anastasia ahora le fue transmitido por medio de su espalda… Mantener avivado ese calor sería su máxima prioridad; reuniría guerreros bajo su mando y los transformaría en cultistas de la bruja, asesinaría Arzobispos del Pecado y les despojaría de sus Autoridades, para así asegurarse de que Anastasia recuperara su nombre y tomara el trono de Lugunica con éxito.

"Haré todo lo que haga falta para alcanzar mis objetivos… y los de ella; no importa lo que ello implique, ya no hay vuelta atrás. Este es el que camino que elegí." Ese soliloquio inaudible para Anastasia marcó el verdadero nacimiento del Arzobispo del Pecado de la Envidia y la Ira, Natsuki Subaru; posteriormente conocido como el Apóstol de la Bruja, heraldo de la desesperanza.


FIN DEL ARCO III


Y de ésta manera concluye en el arco 3, el arco más largo del fanfic, los siguientes estarán más en enfocados en Subaru persiguiendo sus objetivos, sus relaciones y el cómo lidia con ser uno de los monstruos que roba el sueño a los habitantes de ese mundo.

Realmente espero que les haya agradado el Arco 3, El Llamado de los Cinco Pecadores, sé que hubo momentos en los que se sintió un poco demasiado alargado, yo también lo sentí así, pero como había dicho ya una vez, realmente había mucho que deseaba abarcar en este arco argumental, y fallé a la hora de comprimirlo. ¿Me creerían si les digo que esta historia estaba planeada para ser de un largo similar al de los What if de Tappei? Aun así, personalmente estoy satisfecho con el resultado, así que tampoco voy a quejarme; espero que compartan mi opinión.

Ahora, con respecto al capítulo, Subaru se reencontró con Anastasia, pero falló en impedir la muerte de Mimi y Julius sigue en estado de coma. Ahora es cuando lo ocurrido al final del arco anterior toma relevancia. Subaru no tiene razón para ir a la Atalaya de Pléyades, cree que matando a Roy bastará para recuperar los recuerdos devorados, y esta será la llama del conflicto del arco siguiente.

En el siguiente arco tomará relevancia la relación entre Subaru y Anastasia, y Halibel por fin se convertirá en la mano derecha de Subaru. Antes Subaru necesitaba a Halibel, pero se negaba a aceptarlo. Antes Subaru necesitaba a Anastasia, pero esta no le necesitaba a él tanto como él a ella. Ahora, todo esto cambiará.

En fin, antes de despedirme, quiero dar un pequeño aviso. Como dije antes, este arco se alargó más de lo planeado, y lo cierto es que me desgastó mentalmente más de lo que jamás habría pensado. Por ello, me tomaré un par de semanas, más o menos, de descanso. Pero prometo regresar con más capítulos de éste fic que disfruto tanto escribiendo. Como siempre, gracias por el enorme apoyo que me han estado mostrando, realmente me motiva un montón. Hasta dentro de un tiempo. Geisterivain volverá.


¿Que qué es esto? ¿Por qué sigo escribiendo a pesar de que ya me despedí? Bueno, esto es información para aquellos curiosos. Les voy a mostrar los apuntes que hice sobre la primera autoridad de Subaru (no esperen algo demasiado refinado, es lo que escribí mientras la planeaba). Así, aquellos que tal vez no entiendan demasiado de que va la Autoridad de la Ira de Subaru, con suerte lo entenderán mejor.

Ira (Vudú de Desesperación): Muy Compatible. Puede alterar las sensaciones de los demás a voluntad; pero el efecto se ve limitado por la fuerza de voluntad de la persona afectada. Los efectos de las sensaciones pueden expresarse físicamente; Subaru puede hacer que otros mueran como él ha muerto, pero el efecto disminuye entre mayor fuerza de voluntad tenga el objetivo, así que podría limitarse a solo causar dolor en el objetivo. Solo puede transmitir dolor que él mismo recuerde haber experimentado. Puede afectar a varias personas, pero entre más personas afecte, menor será su efecto y mayor será el daño de retroceso. Está inspirada en la autoridad de Sirius, pero si él o alguien afectado por la autoridad muere, el efecto de la muerte no es compartido. Tiene daño de retroceso, es normal que él mismo sienta el dolor que desea causar a otros; como si su cuerpo mismo lo recordara. Subaru es como un muñeco vudú viviente. Solo afecta a aquellos que puede ver. La estrella Sirius fue llamada cazador o cazador de venados en algunas culturas; por esto afecta todo lo que ve, como la mirada de un cazador. Lo adquiere por su ardiente deseo de que los demás sientan lo mismo que él. Entre más intensamente grabado esté el dolor en su mente, más efectiva será la autoridad. Sirven más las sensaciones más recientes, por lo tanto, más presentes; romper el tabú de la sombra hace que pueda afectar más a su objetivo por esto mismo…