ARCO IV: La Odisea del Apóstol de la Bruja


Adiós a la Vieja Vida

Hora y Media desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Los últimos, moribundos rayos de luz del ocaso se desvanecieron. El manto celestial perdió su hermoso tono carmesí y fue teñido por un negro azulado, sobre el cual comenzaron a ser espolvoreadas lentamente pequeñas motas de luz. Las primeras estrellas comenzaron a aparecer gradualmente, cuya luz, junto al intenso brillo de la Luna Llena, iluminó a la masacrada capital de Lugunica.

El Sol finalmente había logrado su cometido, después de largas horas, había conseguido escapar de aquella grotesca escena. Dando la espalda a aquella terrible masacre que había tenido lugar bajo sus cálidos rayos de luz, el Sol había relegado la responsabilidad de ser el testigo de los desgarradores resultados a la Luna. Ni siquiera el astro rey había sido capaz de soportar tan violento escenario.

La fresca brisa del anochecer acarició el rostro de Subaru, quien diligentemente guiaba al dragón de tierra, que había adquirido hace pocas horas, por las calles del distrito de la nobleza. Aquellas avenidas pavimentadas por cadáveres ya habían quedado atrás; sin embargo, el hedor a muerte, el olor a sangre aún impregnaba aquella que en otro momento habría sido una reconfortante brisa nocturna.

La zona del distrito de la nobleza en la que se encontraban no había sido tan afectada por el asedio del Culto de la Bruja como otras. La explicación al porqué de esto resultaba ser una sencilla. La muerte del dedo principal de Petelgeuse a manos de Halibel, la muerte de Sirius ocasionada por el arma reinventada de Subaru y el encuentro de éste con Pandora, lo que había llevado a que ésta ordenara la retirada a sus subordinados. Aquel que había la razón del asedio había sido la razón de su conclusión.

Subaru tragó audiblemente. Sentía como si una enorme carga hubiese sido colocada sobre su corazón y su alma. La principal razón por la que había optado por no reinventar un arma de fuego en primer lugar, era evitar convertirse en el responsable indirecto de miles de muertes, no obstante, debido a su anómala naturaleza en ese mundo, esto terminó ocurriendo de todos modos. Estaría mintiendo si dijera que se sentía deprimido por aquellos desconocidos que habían sido masacrados por el culto, después de todo, no existía un vínculo emotivo que lo uniera a ellos, pero lo mismo no podía decirse de aquellos seres queridos que perdió debido al asedio.

Mimi, que había sido asesinada por Gula, y Julius, cuya existencia había sido consumida por éste. Hetaro y Tivey, que muy probablemente habían perecido junto a su hermana debido a la Protección Divina que los unía como trillizos. Y aunque ello no le concernía, Leith, la persona que, junto a Otto, le había encarrilado en el camino que finalmente había comenzado a llevarle a aquello que anhelaba, había perdido su familia.

Subaru en efecto no podía afirmar que se dolía por las muertes de aquellos con los que no poseía un vínculo afectivo, no obstante, saberse el responsable indirecto de tantas muertes en efecto resultaba en una enorme carga emocional para él. El solo pensar en ello le hacía sentir enormemente abrumado, y provocaba que su estómago se hiciese un nudo y fuera asolado por terribles nauseas. Su sola existencia en ese mundo había sido el catalizador de tan terrible masacre…

"… Primero Felix, después Mimi y Echidna, ahora Ricardo y probablemente Hetaro, Tivey, todos los miembros del Colmillo de Hierro y los empleados de mi empresa también. En tan poco tiempo se derrumbó casi todo lo que construí a lo largo de tantos años… Tantos años de esfuerzo han terminado en la basura."

Abruptamente, Subaru fue extraído de sus cavilaciones por la suave voz de su acompañante. El pelinegro observó hacia atrás de sí por encima de su hombro, allí pudo encontrarse con el rostro pálido de una hermosa chica de cabellos color violeta. Anastasia, que tenía grabada en su rostro una expresión de desconsuelo, se forzó a sonreír al percatarse que ahora Subaru le estaba mirando. Sin embargo, una vez más sus esfuerzos terminaron en vano, dado que la sonrisa que se formó en sus labios no era más que una quebrada, carente de cualquier signo de genuina alegría.

"Ana… Anastasia…" Tartamudeó Subaru, mientras navegaba en su propia mente en búsqueda de las palabras adecuadas para consolar a su afligida jefa. No obstante, lo cierto es que no se le ocurrió nada que pudiera decirle, solo palabras vacías, carentes de verdadera emoción. Por ello, Subaru sacudió levemente su cabeza y optó por simplemente compartir su dolor. "Sabes, tal vez yo no los llegué a conocer tanto como tú, pero muchos de ellos, en mayor o menor medida, influyeron en mí vida de manera positiva. De no ser por Mimi y-"

"…" Extrañada por la súbita pausa de Subaru, Anastasia ladeó ligeramente su cabeza para tener una mejor perspectiva de su rostro. Sin embargo, para cuando la chica hizo esto, Subaru ya había continuado con lo que estaba diciendo.

"… De no ser por Mimi y Tivey, estoy convencido de que no estaría aquí, contigo. Ambos me dieron la fortaleza emocional y física necesarias para superar los retos a los que me enfrenté hoy. Y de no ser por la ayuda de Ricardo y el resto de los mercenarios del Colmillo de Hierro, es probable que jamás te habría encontrado…"

"Pero Ricardo, Tivey y los demás no te han olvidado… Tu existencia, tu nombre no fue devorado por Gula, así que podrás seguir interactuando con ellos como normalmente." Contrargumentó Anastasia, no del todo satisfecha con el intento de consuelo de Subaru.

"Tal vez ellos no me olvidaron, como sí te olvidaron a ti, pero eso no cambia nada, Anastasia. Una vez partamos juntos, no volveré a interactuar con ninguno de ellos. Podrían ser meses, tal vez años. No lo sé. Lo cierto es que no volveré a ver a ninguno de ellos, quienes se volvieron personas importantes en mi vida, hasta haber recuperado tu nombre…" Subaru hizo una pequeña pausa, como si estuviera considerando si decir lo que estaba por decir. Transcurridos unos segundos añadió con amargura. "Y eso incluye a Otto y Leith... Tú y yo sobrellevaremos esta soledad juntos; no tendrás que hacerlo sola, Anastasia."

"Natsuki-kun… Yo…" Conmovida, Anastasia fue incapaz de encontrar las palabras con las cuales responder a Subaru.

Tal vez Subaru no había dicho nada nuevo o especial, y tal vez sus palabras bien podrían ser consideradas cliché. Pero lo cierto es que eso es lo que él sentía en ese momento. Además, la perspectiva que Subaru le había dado a Anastasia con sus palabras, en efecto había aplacado, aunque fuera ligeramente, la sensación de soledad que había invadido el corazón de la chica de negocios.

"Seremos tú y yo, Anastasia. Apoyándonos el uno al otro. Y cuando regresemos a esta ciudad, habrás recuperado tu vida, todo aquello por lo que te has esforzado toda tu vida. Podrás entrar a tu mansión como su legítima dueña y podrás interactuar con tus empleados como siempre lo has hecho. Y aquellos con los que no podrás interactuar… me aseguraré de haberlos vengado."

Mimi… Subaru vengaría la muerte de Mimi. Subaru se aseguraría de hacer de los últimos minutos de vida de Gula los más insoportables de toda su despreciable existencia. Ahora que tenía el poder, la Autoridad necesaria para conseguirlo, no dudaría en ejecutar su venganza. Asimismo, vengaría a Hetaro y Tivey, pero Subaru prefería no expresar esto con palabras. Lo cierto es que Subaru, con base en las palabras de Anastasia, había comprendido que ésta todavía no se había percatado de lo que implicaba la muerte de Mimi.

Anastasia todavía no había deducido que la muerte de Mimi, debido a la Protección Divina que los conectaba, llevaría a la muerte de los trillizos restantes. Y Subaru no se sentía capaz de revelar la dolorosa verdad en ese preciso momento. Tal vez esperar hasta llegar a la mansión para hacerlo no era la mejor idea, pero él aún era débil y carecía de las agallas necesarias para decírselo antes. Así que no le quedaría más opción que esperar y comprobar personalmente junto a Anastasia el destino sufrido por ambos trillizos.

No obstante. "Anastasia." Hubo algo de lo dicho por Anastasia que llamó poderosamente su atención. "¿Dices que Felix era tu caballero?" No había escuchado mal, de eso estaba convencido, pero necesitaba corroborarlo.

"¿Hmm…? Que pregunta extraña haces, Natsuki-kun. Por supuesto que Felix es mi…" La respuesta cargada de certeza de Anastasia fue detenida a medio camino por la misma Anastasia. En su rostro se formó un semblante de confusión, el cual rápidamente transmutó en uno de comprensión. "¿Acaso es eso un recuerdo fabricado por el poder del Arzobispo de la Gula? ¿Es otra persona mi caballero, Natsuki-kun? Responderme con sinceridad, por favor."

Subaru parpadeó, su mirada de concentración intercalándose entre el camino que tenía ante él y la chica cuyo calor le era transmitido a través del contacto con su espalda. Anastasia era una chica perspicaz, no había necesidad de mentirle, hacerlo solo le causaría más problemas a Subaru, como ya antes le había ocurrido.

"Diste en el clavo, Anastasia, no podía esperar menos de ti… Sí, estás en lo correcto. Felix no es tu caballero. Tu caballero era, y es, un orgulloso, firme y correcto guerrero, y una de las pocas personas a las que considero realmente un amigo; también fue mi maestro. Antes, cuando te estaba hablando de las personas importantes con las que, al igual que tú, ya no podré interactuar, preferí omitir su nombre, debido a que decirlo hubiera cambiado el rumbo de la conversación y antes quería transmitirte lo que sentía. Pero supongo que ahora que comprendes parcialmente lo sucedido, no vale la pena que lo siga ocultando. Julius, Julius Juukulius es su nombre. ¿Te suena?"

"Ya veo… Así que por eso hiciste esa abrupta pausa…" Comentó Anastasia, pensativa. "Hmm… ¿Julius Juukulius…? Julius… No, no recuerdo haber escuchado nunca ese nombre. Aunque, considerando las circunstancias, no tengo razón alguna para dudar de la veracidad de lo que clamas. Este Julius del que hablas debe de ser mi verdadero caballero, entonces."

"Sí, lo es. Al parecer, él, como tú, perdió su nombre, pero además perdió sus recuerdos, así que ahora se encuentra en estado de coma. Pero no te preocupes, cuando asesine a Gula, recuperaré todo lo que robó; tú y Julius tendrán de nuevo sus vidas."

"G-Gracias, Natsuki-kun, realmente aprecio tu lealtad y determinación." Respondió Anastasia, ligeramente sonrojada. Lo cierto es que la mirada cargada de convicción de Subaru había bastado para transmitir a Anastasia la resolución que ardía en el corazón de Subaru. "Aun así… Noto un gran cambio en tu actitud, pareces más determinado que la última vez que te vi esta mañana. ¿Pasó algo durante el tiempo que estuvimos separados?"

"Pasaron muchas cosas Anastasia, muchas de las que preferiría no tener que hablar." El tono de Subaru súbitamente se volvió siniestro.

"Hmm… Realmente pareces bastante convencido de que no tendrás problemas a la hora de enfrentar al Arzobispo de la Gula." Insistió Anastasia, ignorando las palabras cargadas de un oscuro significado de Subaru. "Si fue capaz de derrotar a mi caballero, que por lo que dices era un gran guerrero, ¿por qué estás tan convencido de que podrás derrotarlo tú? Tú no eres un guerrero, Natsuki-kun. ¿O acaso eso cambio durante las horas que estuve en el castillo? ¿Has obtenido algún extraño poder, acaso?"

"Tu codicia por información es irredimible, ¿verdad, Anastasia?" Dijo Subaru con tono de derrota.

"Mi codicia en general es irredimible, estás en lo cierto." Respondió Anastasia, satisfecha, provocando que Subaru suspirara largamente. Esto hizo que el gesto de suficiencia que había aparecido en el rostro de Anastasia se apagara, siendo reemplazado por uno de nerviosismo. Anastasia continuó con vacilación. "Si realmente no te sientes cómodo hablando de ello, no tienes que forzarte a hacerlo, Natsuki-kun. Tampoco quiero ser descortés con la persona que tan determinada está en ayudarme."

"Eventualmente te enterarás…" Dijo finalmente Subaru, calmando así a Anastasia, que temía haber ofendido a Subaru con su insistencia por obtener información. "No es el momento indicado para hablarte de esto con detalle, eso lo haré después. Así que por ahora te diré que no solo me uní al Culto de la Bruja; me convertí en uno de sus líderes. A partir de hoy soy el Arzobispo de la Ira… y de la Envidia. Y junto a ese título, se me ha otorgado un poder sin igual. Un poder con el considero que podré doblegar a Gula, y también a Lujuria. Además, Halibel estará con nosotros; así que no temas, Anastasia, definitivamente venceremos a Gula."

"Un Arzobispo del Pecado…" Murmuró Anastasia, conmocionada por la revelación. Subaru no podía culparla por reaccionar de esa manera. Después de todo, a partir de un par de días, Anastasia estaría viajando junto a un paria, uno de los mayores enemigos de la sociedad de ese mundo.


Dos Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

El silencio se mantuvo inalterado por lo que restó del recorrido hacia la mansión. El pasmo y el sobrecogimiento que habían causado en Anastasia la revelación de Subaru, apenas y había disminuido. Anastasia parecía haber digerido considerablemente bien la noticia de que Subaru se había unido al Culto de la Bruja con el fin de perseguir sus objetivos, pero lo mismo no podía decirse de la revelación de que ahora éste era uno de los extremadamente temidos Arzobispos del Pecado.

"Por fin… Lo logramos… Regresamos…" Murmuró Subaru, la fachada de la mansión apareciendo en su campo de visión.

La gigantesca y ostentosa Mansión Hoshin, que se encontraba bordeada por un muro de piedra, cuya cima se encontraba protegida por múltiples puntiagudas varas de acero colocadas a corta distancia unas al lado de otras, como lanzas preparadas para empalar a todo aquel que osara intentar penetrar el perímetro de la mansión. Un portón negro de acero en cuyo centro se encontraba un escudo de armas era aquel que permitía lanzar miradas indiscretas a la lujosa mansión blanca como el marfil.

Como era de esperarse, la seguridad en el perímetro había sido reforzada, particularmente en el portón de acero que conectaba el jardín de la mansión con las calles y aceras del distrito de la nobleza. Allí se encontraban hasta diez guardias, mercenarios del Colmillo de Hierro. Cinco se encontraban protegiendo el perímetro interior de la mansión, desde detrás del portón, mientras que los cinco restantes protegían el exterior.

Aquellos mercenarios que hacían guardia frente al portón de acero no tardaron en notar la presencia de Patrasche y la persona conocida que lo montaba. A pesar de que su rostro no estaba siendo iluminado por el brillo de la Luna, debido al bloqueo de ésta por parte de una inoportuna nube, los mercenarios no fallaron en reconocer a Subaru. Algo no precisamente sorprendente, considerando sus agudos sentidos demihumanos.

Subaru alzó su mano en señal de saludo, gesto que fue devuelto por los mercenarios con un saludo propio. Fue entonces que Subaru se tomó el tiempo para escudriñar los alrededores, apenas iluminados por un par de Piedras de Prana, que asumió, fueron colocadas por los mercenarios. Sus túnicas blancas con detalles en anaranjado se encontraban pulcras, en perfecto estado. Añadido a esto, la ausencia de cadáveres encapuchados o de charcos de sangre, indicó a Subaru que el Culto de la Bruja ultimadamente no había llevado la masacre hasta esa zona tan al oeste.

Una vez más, las anómalas circunstancias que rodeaban a Subaru habían influido en la vida de las personas de ese mundo. Aquellos que vivían al oeste de la capital habían conseguido eludir un terrible y grotesco destino. Suspirando con pesadez, Subaru alejó esos pensamientos de su cabeza e indicó a Patrasche que se acercara a los mercenarios. Estos a su vez informaron a los guardias que se encontraban tras el portón de la llegada de Subaru.

"Bienvenido de vuelta, Subaru-sama. Me alegra ver que se encuentra bien." Con esas palabras, Subaru fue recibido por los mercenarios, que habían hecho espacio para que Subaru pudiera cruzar el umbral de la entrada; el portón ya había sido abierto.

"Gracias." Respondió Subaru, sin afán de querer alargar la conversación. Patrasche comprendió las intenciones de Subaru y comenzó a ingresar al jardín de la mansión. No obstante, fueron detenidos por uno de los guardias, que parecía encontrarse particularmente nervioso.

"Subaru-sama. ¿Podría hablarnos de lo ocurrido en el castillo? ¿Dónde se encuentran el capitán y los demás? Un segundo grupo partió para averiguar sobre lo ocurrido, pero tampoco ha regresado. Usted es el primero de todos los que partieron al castillo que ha regresado."

Subaru estaba harto de preguntas similares. Había tenido que responder a ellas más de las veces que estaba dispuesto a contestar a lo largo de la decenas de bucles que experimentó antes de aceptar el trato de Pandora. Una y otra y otra vez había sido asaltado con preguntas de naturaleza similar. Por ello, Subaru no respondió al guardia de buena gana.

"Debido al poco tiempo con el que contábamos, Utada y yo nos separamos del grupo de Ricardo. Nosotros dos conseguimos vencer a un Arzobispo del Pecado, pero terminamos topándonos con otro y Utada se quedó atrás para permitir que yo pudiera escapar hacia el castillo. Ricardo y los demás se toparon con un enemigo extremadamente poderoso y sufrieron varias bajas. Los sobrevivientes se quedaron en el castillo con el objetivo de prestar ayuda a los Caballeros del Reino y Ricardo fue en búsqueda de Utada; probablemente regresó junto él al castillo tras encontrarlo. Eso es todo lo que puedo decirles. Si desean saber más, pueden preguntárselo a Ricardo cuando regrese; no creo que tarde demasiado en volver."

"E-Entendido. Es lamentable escuchar que sufrieron bajas… Aun así, es increíble que hayan conseguido vencer a un Arzobispo del Pecado. Definitivamente usted es el mejor cuando se trata de guiarnos a la victoria, Subaru-sama." Dijo uno de los guardias, notándose afligido por las malas noticias, sin embargo, era evidente que las buenas noticias había conseguido suavizar el impacto.

"Si tú lo dices…" Murmuró Subaru, no del todo convencido por la atrevida afirmación del mercenario. Rápidamente añadió. "Tengo asuntos de los que encargarme, y además me siento exhausto, así que tengo que despedirme."

"¡E-Eh! ¡Lo sentimos, Subaru-sama! ¡Ya no tomaremos más de su tiempo!" Y habiendo escuchado esto, Subaru ordenó a Patrasche que se moviera. Sin embargo, para su molestia, su ingreso a la mansión fue frustrado una vez más.

"Lamento molestarlo una vez más con nuestras preguntas, Subaru-sama. ¿Pero quién es esa mujer que le acompaña?" Cuestionó otro de los guardias, uno que no había parado de lanzar miradas de recelo hacía la espalda de Subaru, donde Anastasia se había esforzado por permanecer sin ser notada.

"¿Ella?" Preguntó Subaru con desinterés, mientras le lanzaba una mirada a la chica por el rabillo de su ojo. Al percatarse del gesto de frustración y angustia que había causado la interrogación del guardia en Anastasia, Subaru optó por dar fin a la conversación de una vez por todas. "Es una chica noble que perdió su casa debido al asedio del Culto de la Bruja y me pidió asilo. No me vi capaz de negarme, así que solo por un par de días se quedará en la mansión. Eso no será un problema, ¿verdad?

Dada la manera hostil en que Subaru había formulado su pregunta, los guardias temblaron ligeramente. Eran mercenarios entrenados, y por ello había percibido perfectamente la peligrosa aura que Subaru había comenzado a emanar. Sabiendo que el pelinegro era favorecido por el dueño de la mansión debido a su enorme utilidad como inventor, y deseando no incurrir en la ira de ninguno de los dos, los guardias obviaron el protocolo de invitados y asintieron mansamente. Satisfecho, Subaru finalmente continuó su camino.


"No creo recordar un momento en que fueras tan asertivo como lo fuiste hace un momento." Subaru, que se había dejado caer en su suave cama mientras exhalaba una gran cantidad de aire, que había escapado de sus pulmones acompañado de gran parte de la tensión que había sentido hasta hace un momento, miró hacia la puerta de su habitación, donde se encontraba Anastasia de pie.

"No mentía al decir que hoy pasé por mucho… Simplemente ya no poseo la paciencia para lidiar con ellos." Respondió Subaru con respecto al comentario de Anastasia. La chica río suavemente y tomó asiento al lado de Subaru.

"Creo estar en la potestad de afirmar que ambos pasamos por mucho el día de hoy, ambos excedimos la cuota de situaciones traumáticas para un solo día… ¿Así que por qué no te acuestas y descansas por lo que resta del día? Ya mañana podrás lidiar con todo lo que necesites hacerte cargo."

"Yo… No, no puedo hacer eso, Anastasia. Necesito estar despierto para recibir a Halibel cuando llegue a la mansión. Prometí explicarle todo una vez lo hiciera…"

"¿Halibel-san otra vez? Esta es la tercera vez que lo mencionas. Durante el tiempo que estuvo en la mansión, no me pareció que fueran tan cercanos. Natsuki-kun, dijiste que me lo explicarías luego. ¿Puede ser ese momento ahora mismo?"

Suspirando profundamente, Subaru giró su cabeza para poder tener una mejor imagen del rostro de Anastasia. Su delicado ceño se encontraba ligeramente fruncido, pero esto parecía deberse más a un sentimiento de consternación que a un enfado. "Anastasia… Lo cierto es que te he estado ocultado varias cosas desde hace varios meses." Comenzó Subaru.

"Y eso está relacionado con Halibel-san…"

"Sí, y con esta cosa." Añadió Subaru, tomando el arma que desde que él y Anastasia se montaron sobre Patrasche en aquel intrincado callejón, había llevado colgando de su hombro derecho.

Anastasia miró hacia el extraño artilugio. "Ya veo… Eso explica por qué se me hacía tan extraño, pero tan familiar a la vez. ¿Es una de tus reinvenciones?"

"Sí. Esta es un arma que fue creada a tus espaldas con la ayuda de uno de los miembros del departamento de diseño de la empresa." Respondió Subaru solemnemente. Hizo una pequeña pausa, pero dado que Anastasia no le preguntó nada respecto a su primera revelación, continuó. "Y sobre Halibel… Lo cierto es que estuvo trabajando para mí desde el principio. Bueno, tal vez "trabajando" no sea la palabra correcta; Halibel ha sido mi aliado y me ha estado siguiendo desde antes de que lo contrataras. En realidad todo este tiempo su trabajo como mercenario no fue más que una fachada."

Anastasia permaneció en completo silencio, su expresión de consternación inalterada. ¿Qué pasaba por su mente en ese momento? ¿Se sentía decepcionada, traicionada, enfurecida? Subaru no podría culparla si se sintiera de las tres maneras a la vez. Pasados unos tensos segundos, la chica exhaló el aire que había estado reteniendo en sus pulmones.

"¿Sabes, Natsuki-kun? Creo que no existe persona en este mundo que comprenda mejor que yo cuan afectado quedaste por lo sucedido en Priestella y Kyo… Y aun así… Aun así fui incapaz de hacer algo para ayudarte más que darte más trabajo y responsabilidades. Sería una pésima jefa si no pudiera comprender y empatizar con las circunstancias que te obligaron a tomar decisiones a mis espaldas."

"A-Ana…" Tartamudeó Subaru, sintiendo como líquido cálido comenzaba a acumularse en las comisuras de sus ojos. Las palabras de Anastasia le había conmovido enormemente. ¿Ella empatizaba con él? Sin desperdiciar un segundo, Subaru saltó de la cama y se tiró al suelo de rodillas, su frente en contacto con el frío piso de madera de su habitación.

"¿N-Natsuki-kun, qué haces?" Desconcertada, Anastasia observó a Subaru que yacía ante ella en pose de sumisión.

"¡L-Lo siento, Anastasia!" Exclamó Subaru con voz quebrada. "¡Perdóname por ser tan débil, te lo suplico! Debido a mis patéticos temores, dudé de ti y de tu ambición, y por ello actué a tus espaldas. Yo, consumido por el miedo, te he traicionado. Y por ello, sé que no merezco tu perdón, pero te lo suplico Anastasia, ¡perdona a este patético e impotente empleado tuyo!"

Con lágrimas corriendo por su nariz y goteando sobre el piso de madera, Subaru mantuvo su frente pegada a éste. No se movería de esa posición hasta escuchar la respuesta de Anastasia. Con su estómago hecho un nudo y su corazón cargado de temor, Subaru esperó en silencio. Las próximas palabras de Anastasia bien podrían levantarlo del suelo, o aplastarlo contra éste.

"Levántate del suelo, por favor, Natsuki-kun. No hace falta que te rebajes de esa forma. Como te dije hace un momento, realmente comprendo el que te pudo haber llevado a hacer esas cosas. No estoy molesta contigo; todo lo contrario, estoy molesta conmigo misma por haber permitido que te sintieras así sin hacer nada al respecto. Esa conversación que tuvimos hace unos días… ¿Sucedió demasiado tarde, no es así?"

A pesar de las palabras de Anastasia, Subaru no se movió. Aun así, él respondió a su pregunta. "Es cierto que para entonces ya había creado el arma… Sin embargo, lo que me dijiste ese día en el carruaje me ayudó mucho, Anastasia. En parte, ello influyó en que esté aquí, junto a ti."

"Me alegra escucharlo… Pero eso no cambia que tardé demasiado en abordar el asunto. Así que por ello, yo soy la que debe suplicar por tu perdón, no al contrario. Levántate, Natsuki-kun, por favor." Una vez más, Subaru se negó a obedecer al pedido de Anastasia.

"No lo haré hasta haber recibido tu perdón." Afirmó firmemente Subaru. Una expresión complicada se formó en el rostro de Anastasia.

"Si te perdono. ¿Me perdonarías tú a mí?" Cuestionó con suave voz la empresaria.

"…" Subaru no respondió inmediatamente. Por un segundo, ponderó en su mente cual sería la respuesta correcta. Al final concluyó que solo existía una manera en la que podía responderle a Anastasia. "No considero que hayas hecho nada incorrecto, Anastasia. Sin embargo, sería demasiado testarudo de mí parte si me siguiera negando… Sí, te perdonaré si tú me perdonas."

"En ese caso…" Dijo Anastasia, hablando con mayor firmeza que antes. "Te perdono por haber obrado a mis espaldas, Natsuki Subaru." Anastasia estiró su mano y con ella acarició el cabello de Subaru, quién falló en sofocar sus sollozos.

Habiendo dado un cierre a ese asunto, Subaru regresó al lado de Anastasia y comenzó a explicar con más detalle lo ocurrido con Halibel y el arma reinventada. Subaru consideraba que, después de haber traicionado a Anastasia debido a su patético miedo, lo mínimo que podía hacer era revelarle todo aquello que le había ocultado; con excepción de aquello que ocultaba por influencia de entes externos.

"… Por lo tanto, no tuve la oportunidad de explicarle a Halibel nada de lo ocurrido. Ahora que finalmente te encontré, entonces lo mínimo que puedo hacer como su amo es mantenerme despierto y esperar a su regreso." De esta manera, Subaru concluyó su explicación. Había optado por no revelar la identidad de la líder del Culto de la Bruja; temía que hacerlo pudiera poner en peligro la vida de Anastasia.

"Hmm… Ya veo… Y yo que creí que me había tocado el premio gordo cuando me dijiste que el gran Halibel había aceptado unirse al Colmillo de Hierro. Bueno… Fue bueno mientras duró." Dijo Anastasia ligeramente desanimada.

"No tienes que ponerte así. Puede que Halibel en realidad trabaje para mí, pero cuando esté en la mansión él seguirá siendo un miembro del Colmillo de Hierro. No es como si yo necesitara constantemente de sus servicios… Aunque, por ahora sí que necesitaré que abandone el grupo y nos acompañe en nuestra travesía, lo siento." Informó Subaru apenado.

"No lo sientas. Después de todo, no es como si en este momento el Colmillo de Hierro estuviera trabajando para mí."

"Visto de esa manera…" Subaru asintió, convencido por la lógica de Anastasia. Y tras ello añadió. "Así que por ello no puedo dormirme de momento. ¿Por qué no lo haces tú? Tú debes de estar tan cansada como yo…"

"Hmm… ¿Sabes qué? Aceptaré tu oferta. Esta última semana no he tenido la oportunidad de descansar lo suficiente, y con todo lo sucedido hoy, simplemente he sobrepasado mi límite." Habiendo dicho esto, Anastasia se acostó en la cama de Subaru, sin despegar la mirada de éste. Subaru tenía que aceptarlo, la imagen resultaba extremadamente tentadora para un joven virgen como él.

"¿D-Dormirás aquí?" Le preguntó Subaru nerviosamente.

"Supongo que mi cuarto ya no es mi cuarto, así que por ahora no me queda de otra. Aunque si te incomoda que lo haga podría buscar-" Antes de que Anastasia terminara de hablar, Subaru se apresuró en interrumpirla.

"No hace falta. Lo preguntaba por ti."

"Yo no tengo problema en compartir la cama contigo, si es a lo que te refieres." Afirmó la chica sin una pizca de vergüenza. ¿Era eso algo bueno o algo malo? Subaru no podía estar seguro.

"Si llegase a hacer falta, le diré a uno de los guardias que me preste una de las habitaciones de al lado." Afirmó Subaru. Por su postura era evidente que se encontraba ligeramente tenso.

"Como te sientas más cómodo, Nasuki-kun." Respondió Anastasia con una sonrisa en su rostro. Tras esto, el silencio se apoderó de la atmosfera de la habitación. Subaru se mantuvo sentado al borde de la cama, con su mirada fija en su escritorio y la mirada de Anastasia encima suyo. Pasados un par de minutos, y cuando Subaru creía que Anastasia finalmente se había dormido, la voz de ésta llegó a su oído. "Natsuki-kun, hay algo que no he podido sacar de mi cabeza desde hace un rato…"

"¿Hmm? Dime que es." Dijo Subaru, mirando hacia la cabecera de su cama, donde se encontraba la cabeza de Anastasia.

"Entiendo que este Julius del que me hablaste es mi verdadero caballero, pero eso no cambia que por mucho que me esfuerce, cuando pienso en mi caballero solo recuerdos de Felix surgen. No tiene sentido… ¿De dónde surgieron esos recuerdos? ¿Quién es en verdad Felix? ¿Podrías responder eso, Natsuki-kun?"

"…" Por un momento, Subaru se mantuvo en silencio. Anteriormente había decido revelar a Anastasia todo lo que le había ocultado, sin embargo, había olvidado algo. No porque no quisiera hablarle de ello, simplemente porque su mente había suprimido esa información; tal vez porque resultaba un tema complicado de tratar. "Anastasia… Lo cierto es que no comprendo del todo porque soy el único que recuerda a aquellos devorados por Gula, sospecho que tiene que ver con lo razón por la que él Culto de la Bruja estaba interesado en mí, pero no tengo manera de comprobarlo…"

"¿La razón por la que el Culto de la Bruja estaba interesado en ti?"

"… Cuando llegue Halibel, les hablaré con más detalle a ambos al respecto." Notando que Subaru no tenía interés de hablar al respecto en ese instante, Anastasia asintió. "En fin… Anastasia, no sé por qué sucede eso, sin embargo, yo no me enteré de ello hoy, sino meses atrás, cuando la quinta candidata al trono murió durante la cacería de la Ballena Blanca."

Escuchar tal revelación hizo que Anastasia se irguiera súbitamente, para después acercarse rápidamente a Subaru. "¿La quinta candidata?"

"Sí. Crusch Karsten. No sé si lo recuerdas, pero mencioné ese nombre el día que ocurrió la cacería… Fue en ese momento que comprendí que algo muy malo había ocurrido, pero no tuve certeza de ello hasta que el capitán de la Guardia Real te informó de lo sucedido. Preferí no hablar de ello, por temor a que creyeras que estaba loco…" Eso era una mentira, al menos una mentira en gran medida. Si no había mencionado lo ocurrido con Crusch Karsten, era por la vergüenza que sentía por no haber hecho nada para impedir su muerte.

"Crusch Karsten… Sí, me parece recordar que me preguntaste por ella… Así que eso fue lo que ocurrió…" Murmuró Anastasia, ahora sumergida en sus pensamientos.

"Felix era su caballero, y debido a lo ocurrido con Crusch, su salud mental se vio enormemente deteriorada. El perdió a su señora y tú perdiste los recuerdos de tu caballero, tal vez por eso los recuerdos que le involucraban fueron reemplazados por recuerdos de Felix… Creo que tiene sentido, debe ser este mundo buscando regresar el orden a la realidad misma que ha sido tan desgarrada por la Autoridad de la Gula."

"Sí… Lo que dices tiene sentido…" Dijo Anastasia, asintiendo, su mirada fija en nada en específico. "Así que la quinta candidata fue una de las víctimas de la Ballena Blanca y el anterior Arzobispo de la Gula, y por ello Felix se había encontrado tan enfermo… Eso explica que creyera que siempre fuimos cuatro candidatas y la renuencia del Consejo de Sabios de hablar al respecto… Supongo que la reunión que tuve hoy con las demás candidatas carecía de sentido desde el principio."

"Lo siento. Si te hubiera hablado al respecto desde el inicio, tal vez no habría pasado todo esto." Respondió Subaru, afligido. Tal vez Mimi estaría viva y Julius estaría despierto; pensar en ello hacía que el peso en su corazón se sintiera aún más pesado y abrumador. Si no fuera tan débil…

"No te culpes, Natsuki-kun; no eres responsable de nada de lo ocurrido. Es comprensible que temieras ser tildado de loco y no quisieras hablar al respecto, sobre todo después de todo por lo que pasaste. Agradezco que me lo hayas dicho ahora, al menos por fin puedo comprender un poco mejor todo lo ocurrido, y el origen de estos extraños recuerdos plantados en mi cabeza."

Anastasia decía eso, porque no conocía del todo la verdad. ¿Qué diría si escuchara la genuina razón por la que había decidido ocultar esa información? ¿Acaso le odiaría? No, Anastasia probablemente lo perdonaría, a pesar de que no lo merecía… Anastasia, que una vez más se hallaba conmocionada por una revelación de Subaru, volvió a acostarse en silencio. Con ello, la conversación concluyó y Anastasia se dejó llevar por los cálidos brazos de Morfeo al mundo de los sueños. Subaru permaneció sentado en la cama, a los pies de Anastasia, sumido en sus propios pensamientos, preocupaciones y lamentaciones.

Los segundos pasaron, los minutos pasaron y las horas pasaron, pero la calma y melancólica atmosfera de la habitación no se vio alterada en ningún momento. A pesar de que le resultaba imposible disipar la culpa que pesaba en su corazón, Subaru hizo su mayor esfuerzo por disfrutar de ese efímero momento de tranquilad, probablemente el último por un largo periodo de tiempo. Subaru se mantuvo estático, su mirada fija en la hermosa chica por la que había sacrificado a aquellos a los que apreciaba e incluso su humanidad.

Subaru no se movió hasta que percibió un abrupto cambio en el ambiente. Su mirada finalmente se apartó del rostro de Anastasia que reflejaba un sueño plácido, el cual era interrumpido en cortos intervalos por desagradables recuerdos en forma de pesadilla, y movió instintivamente su mano al lugar en donde había guardado su Evangelio. Subaru se levantó, extrajo el libro de cubierta negra del bolso trasero de su pantalón y lo abrió en una de las primeras páginas.

A las afueras de la ciudad purgada en sangre, donde aquellos que alimentan a los ciudadanos con sus cosechas habitan, encontrarás a aquel que a partir de ahora llamarás camarada. Has de reunirte con él cuando los primeros rayos de luz del alba acaricien los campos de cultivo. ¿Así que tendría que reunirse con uno de los Arzobispos del Pecado? No cabía duda, su antigua vida había llegado a su fin.


Después de casi dos meses, por fin continua el fic con su cuarto arco. Sí, lo sé, dije que me tomaría un par de semanas de descanso, no meses, pero entre la universidad, mis otros pasatiempos, y un viaje a México, simplemente no encontré el momento para volver a escribir. Por eso me gusta seguir una rutina, si me obligo a mí mismo a publicar un día a la semana, entonces me veo en la necesidad de acomodar mi tiempo para cumplir ese propósito; una vez esa rutina se ve alterada, volver a ella se vuelve considerablemente difícil. En fin, este no es un blog personal, así que dejaré de hablar de mí.

Continuamos justo donde lo dejamos, Subaru aún tiene mucho que hacer, mucho que hablar. Pero por ahora, puede sumergirse en la sensación de haber salvado a Anastasia. Y esto marca, oficialmente, el inicio del ship. A partir de ahora, cada vez habrán más momentos de Anastasia X Subaru. Por supuesto, este no es un fic de romance, sino de tragedia, así que tomen en cuenta que el sufrimiento seguirá estando a la orden del día. No obstante, puedo asegurarles que ninguno de los arcos restantes será tan pesado como el tercero, habrán momentos "tranquilos", para no hacer de éste una porno de sufrimiento.

Finalmente, el Evangelio se ha actualizado. Subaru tendrá que reunirse con uno de sus "camaradas". ¿Cuál será? ¿Qué ocurrirá? Bueno, eso se sabrá en unos cuantos capítulos. Antes de ello, hay asuntos pendientes que deben ser abordados. Y una vez Subaru haya hecho todo lo que debe hacer, el viaje comenzará. En fin, me alegra poder decir… ¿escribir?... como sea… me alegra poder decir esto de nuevo; como siempre, muchas gracias por su apoyo, y hasta la próxima semana.