Estelas de Esperanza y Sufrimiento

Cinco Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Bien entrada la noche, el tenso y pesado silencio que había dominado la atmosfera de la mansión fue destrozado. Subaru, que apenas se había movido desde que Anastasia cayó en un profundo sueño, movió levemente sus enrojecidos ojos. Con expresión cansada, miró hacia la puerta de su habitación. ¿Cuántas horas habían pasado desde que él y Anastasia llegaron a la mansión? Al momento de hacerlo, Subaru había tenido demasiadas cosas en mente y había olvidado fijarse en la hora, así que para él ello era un completo misterio.

Una, dos, tres, cuatro, cinco horas, tal vez. Subaru era consciente de que cuánto tiempo había pasado no era algo relevante, sobre todo considerando las circunstancias, pero sin embargo, una parte de él insistía en mantener control sobre el tiempo transcurrido. Suspirando, Subaru alejó la mirada de la puerta de madera y miró a la chica que dormía detrás suyo. Una exhausta sonrisa se dibujó en su rostro; ya no era necesario que siguiera obsesionándose por el tiempo.

Desde que se enteró del asedio del Culto de la Bruja a la ciudad, Subaru no había dejado de temer al paso del tiempo. Un error de cálculo podría causar que el destino de sus seres queridos se alejara demasiado de su control. Y a pesar de todo su esfuerzo por no desperdiciar tiempo innecesariamente, sus esfuerzos, una vez más, resultaron ser en vano. Todo ese estrés y esa preocupación demostraron haber sido acertados.

Los destinos de Mimi, Julius y Anastasia se alejaron demasiado de su agarre. Todavía estaba a tiempo de corregir el destino de los últimos dos, no obstante, el de Mimi sí que había naufragado en lo profundo del océano de la muerte, y por ello nunca podría recuperarla. Lo mismo aplicaba para sus hermanos. Su debilidad había costado la vida de los trillizos y la existencia de Anastasia y Julius.

Así que ya no era necesario que siguiera estresándose por el paso de cada segundo, pero eso no significaba que pudiera cerrar sus ojos y descansar por fin. No, había esperado en silencio justo por ese momento. Ricardo, Kitzu, Maju y tal vez Utada, o Halibel, Emilia, Ram y Julius, alguno de esos dos grupos había regresado a la mansión; incluso existía la posibilidad de que ambos hubieran regresado a la vez. Fuera como fuera, solo podría dar por terminado ese día, una vez hubiera hablado con Halibel; así que no había regreso el cual esperara más que el de su aliado demihumano.

Subaru llevó su mano derecha a su cara y, haciéndola un puño, restregó sus ojos; primero el derecho y luego el izquierdo. Parpadeó un par de veces y dio un rápido vistazo a su habitación. Ésta se encontraba a oscuras, con solo un poco de luz lunar filtrándose por la única ventana de su habitación, pero tras horas permaneciendo allí, sus ojos ya se había habituado por completo a la penumbra.

Se encontraba justo como la había dejado en la mañana. En una de las esquinas se encontraba un cúmulo de ropa sucia, y en el escritorio de madera ubicado paralelamente a su cama yacían decenas de papeles amontonados. Además de los papeles, que correspondían a bocetos de artilugios reinventados, sobre el escritorio también se encontraban dispersos distintos tipos de lápices, cada uno para un uso específico.

En un inicio había considerado que tantos lápices e implementos de dibujo resultaban una exageración, un capricho innecesario, pero con el tiempo aprendió a utilizarlos y llegó a apreciar genuinamente que existieran implementos para cada cosa que se propusiera a plasmar en papel. Después de varios segundos mirando fijamente su escritorio, Subaru sacudió la cabeza y dio por finalizado ese tren de pensamiento.

Se encontraba agotado física y mentalmente, y por ello estaba soñando despierto más de lo habitual. Optando por no perder más tiempo, Subaru se dispuso a levantarse de la cama, pero al intentar hacerlo, sintió un pequeño jalón en su mano izquierda, el cual le obligó a sentarse de nuevo. Subaru volteó rápidamente para mirar hacía allí, y con lo que se encontró fue el rostro de Anastasia, en el cual se había dibujado una adorable expresión de enfurruñamiento.

Lo había olvidado… Al caer dormida, Anastasia había quedado atrapada en un sueño similar a una montaña rusa, a veces placido, a veces terrorífico. La expresión de su rostro se había vuelto volátil; tanto rápida como constantemente cambiaba entre la tranquilidad y el sufrimiento. Por ello, Subaru, que había sido un silencioso testigo de ello y se había sentido frustrado por no poder hacer nada por ella, había estirado su mano hacia ella y tomado la mano de la chica.

Cuando el calor de Subaru fue transmitido a Anastasia, ella finalmente pudo consumar un sueño placido y estable. Subaru, que fue inundando por una sensación de alivio al notar esto, fue incapaz de volver a soltar la mano de Anastasia. Ella anhelaba no volver a ser abandonada y el anhelaba no volver a abandonarla. Su jefa tenía razón. Ambos se necesitaban el uno al otro, esto resultaba una verdad innegable.

Habían pasado varias horas de ello, y Subaru, cuya consciencia había comenzado a diluirse debido al cansancio, había olvidado que eso había ocurrido en primer lugar. Muy a su pesar, ese era el momento de soltar la mano de Anastasia. Con cuidado, tomó los dedos de la chica con su mano libre y poco a poco los fue despegando de su mano. En pocos segundos, su mano izquierda finalmente era libre, sin embargo, el calor residual de Anastasia permanecía en su piel.

La chica comerciante se movió en sueños, sacudiendo suavemente la sábana que la cubría. Tras esto volvió a permanecer inmóvil, así que Subaru comenzó a caminar hacia la puerta sigilosamente. No obstante, una suave voz le detuvo. "Natsuki-kun, no pensarás ir a hablar con Halibel sin mí, ¿verdad? Ahora los tres somos un equipo, así que merezco participar de la reunión. Además, dijiste que nos explicarías a ambos con más detalle las circunstancias de tu unión al culto."

El rostro de Subaru se mantuvo inexpresivo. Era cierto, él le había dicho que le explicaría sobre el interés que tenía el culto en él. Era evidente que escuchar que Subaru se había convertido en un Arzobispo del Pecado había estremecido a Anastasia, y que por ello deseaba comprender mejor el que había llevado a Subaru a ello. Tras un momento en silencio, Subaru liberó una pequeña risa. "No quería despertarte, pero supongo que incluso eso resultó en vano."

"No eres particularmente sigiloso, Natsuki-kun; mejor déjale eso a Halibel-san."

"Lo tendré en cuenta…"


"… ¿Así que ella también se estará quedando en la mansión? ¿Desde cuándo eres tan generoso, chico?" La tercera opción había sido la correcta. El grupo de Ricardo y el grupo de Halibel se habían unido y habían regresado juntos a la mansión. El caballero peli-morado yacía acostado en uno de los lujosos sillones de la habitación, su expresión orgullosa inalterada.

Ricardo ya había informado brevemente a Subaru de lo que había ocurrido tras la última vez que se vieron. El capitán del Colmillo de Hierro había localizado el lugar donde Utada y Subaru fueron acorralados por Capella, y allí se había encontrado con los cuatro mercenarios que habían partido hacia el castillo después de que los trillizos cayeran enfermos; junto a ellos, había llevado a Utada al castillo para que fuera tratado por Kitzu. Una vez el guardaespaldas de Subaru se hubo recuperado, Ricardo decidió que era el momento indicado para regresar a la mansión.

"…" Subaru le lanzó una mirada de molestia a Ricardo y se abstuvo de responderle. Viendo la reacción de Subaru, Ricardo no pudo evitar reír.

"Ja, ja, ja, ja. Bien, no creo que Ryuushika-sama tenga problema con albergar a dos víctimas del ataque del Culto de la Bruja por un tiempo. Después de todo, tu aporte a su empresa ha sido enorme." Comentó Ricardo, sonriente.

"Gracias. Pero te equivocas en una cosa, solo él se quedará en la mansión." Respondió Subaru, señalando al comatoso Julius.

"¿Oh? ¿Entonces así son las cosas? ¿Qué pasará con tu amiga…?" Ricardo miró a Anastasia, en cuyo rostro se formó una expresión complicada. "Hmm… Tu rostro se me hace familiar. ¿No serás acaso la chica que se me acercó hace unas horas en la frontera entre el distrito de la nobleza y las tierras de la realeza?"

"S-Sí, lo soy. Perdona por la molestia." Afirmó Anastasia, para inmediatamente disculparse.

"No hace falta que te disculpes. Aun así…" Ricardo parecía desconcertado por la actitud de la chica, pero antes de que pudiera preguntar al respecto, Subaru le interrumpió.

"Ricardo, me iré por un tiempo de la mansión. Todavía no sé cuánto tiempo, pero necesito que informes a Ryuushika-sama al respecto."

"¿Eh? ¿Irte? ¿De qué hablas, chico? Además, ¿por qué no se lo dices tú en persona? Con todo lo ocurrido, no dudo que se verá en la necesidad de viajar hacia acá. Debido a esto del asedio del Culto de la Bruja, es probable que la Operación Reinvención tenga que detenerse por un tiempo."

"No, no puedo esperar, Ricardo. Lo que sucedió hoy lo cambió todo, ya no hay vuelta atrás." Ricardo parecía dispuesto a seguir insistiendo, sin embargo, fue silenciado por la seriedad de la mirada de Subaru. "Ella vendrá con nosotros; y con nosotros me refiero a Halibel y a mí."

"¿Te llevarás a Halibel? ¿A qué te refieres con que lo que sucedió hoy lo cambió todo, chico? ¿A dónde irán?" Ricardo se encontraba más confundido por cada palabra que salía de la boca de Subaru. Por la expresión que tenía Subaru, era evidente que no estaba mintiendo, pero eso solo complicaba las cosas.

"Todavía no lo sé." Respondió Subaru tajantemente.

"No lo sabes… ¿Y cuándo regresarás? Tienes trabajo que hacer, ¿lo olvidas?"

"Tampoco lo sé. Y eso no importa, en mi habitación hay diseños suficientes para cubrir mi ausencia por varios meses e incluso años. Ana- Ryuushika-sama me indicó que no era necesario que me esforzará tanto y que descansara un poco, así que eso es justamente lo que haré. Le obedeceré y dejaré de trabajar por un tiempo."

Pasmado, Ricardo se tomó la cabeza, aplastando su mohicano con su mano. "No creo que se refiriera a eso, chico…"

"Como sea, es probable que me vaya en un par de días. Durante mi salida, le cederé mi cuarto a Julius, es decir, a ese caballero real; así que no debería haber problema con su estadía en la mansión." Indicó Subaru, dando por zanjado el asunto.

"Dejando de lado todo este asunto de este abrupto viaje tuyo, ¿cómo pretendes que cuidemos del caballero? Según Kitzu, ninguno de los curanderos en el castillo encontró la manera de hacerle despertar."

"Olvida eso, no hace falta que cuiden de él."

"¡¿Eh?! ¡¿Chico, podrías decir algo que tenga sentido para variar?! ¿A qué te refieres con que no hace falta?"

"Ya has escuchado de la enfermedad de la Bella Durmiente, ¿no? La enfermad que hace que aquellos que la sufren permanezcan dormidos sin que sus cuerpos cambien a pesar de no comer o beber." Ricardo asintió ante la pregunta de Subaru. "Entonces tal vez recuerdes que en la Guardia Real se llegó a la conclusión de que el Arzobispo de la Gula era el responsable de ella."

"Sí, lo sé. ¿A qué quieres llegar con eso?" Ricardo parecía haber comenzado a impacientarse.

"Pues eso… Ese caballero sufre de esa enfermedad porque se encontró con Gula."

"¡Eso es imposible! Gula está… muerto. " Duda destelló en la mirada de Ricardo; de reojo, el hombre bestia miró al caballero dormido.

"Ricardo. ¿Realmente crees que estoy mintiendo?" Preguntó Subaru, mirando fijamente al capitán mercenario a los ojos. Por varios segundos no habló nadie; tras los cuales, Ricardo suspiró largamente y dijo.

"Si estás tan seguro de ello, es probable que tu Protección Divina esté relacionada con ello. ¿Me equivoco?" Subaru respondió con una sonrisa que mostraba todos sus dientes. "Entiendo… ¿Y ese caballero es alguien importante?"

"Así es, así que asegúrate de que sea tratado como cualquier huésped de gran relevancia lo sería. Cuando regrese no quiero enterarme de que lo sacaron de la mansión y lo abandonaron en la calle."

"Jamás haríamos algo como eso." Afirmó Ricardo con vehemencia. Subaru asintió, satisfecho con la respuesta de Ricardo. "Dime una cosa más," Añadió Ricardo, su expresión volviéndose más seria. "¿todo esto tiene algo que ver con lo ocurrido con Mi-?"Antes de que Ricardo pudiera continuar, uno de los mercenarios entró súbitamente en la habitación, jadeando.

"¡Hetaro-san y Tivey-san por fin han recuperado la consciencia!"

"¿Eh?" El primero en mostrarse confundido por tal noticia fue Subaru.


Eran momentos convulsos y muchas cosas sucedían a la vez, pero lo ocurrido con los trillizos, tras largas horas de incertidumbre, finalmente era el centro de atención. Si no lo había sido antes, solo podía deberse al ambiente de luto que había caído en la mansión. Ahora decenas de cadáveres forraban la entrada de la mansión, pero ninguno de los presentes se sentía preparado para asimilarlo. Había temas que habían sido evadidos hasta ese momento, y la condición de Tivey y Hetaro era uno de ellos, pero la situación no podía permanecer así.

La falta de información de todos aquellos que habían salido de la mansión ese día, con el Castillo Real como destino, había sido expuesta. Ricardo era el único que había deducido correctamente el desenlace real de lo ocurrido con los trillizos. Debido a todo lo que había experimentado, Anastasia realmente nunca se había detenido a considerar lo que implicaba la muerte de Mimi para sus hermanos. Y Subaru, Subaru había asumido cosas sin tan siquiera molestarse en comprobarlas.

"… Soy una cobarde… Y-Yo realmente temía ver las expresiones de Hetaro y Tivey al verme; me aterraba ver el cómo ellos también resultaban incapaces de reconocerme… Y debido a ello, ni siquiera consideré el ir con ellos para hablarles de lo ocurrido con Mimi y consolarlos por su perdida… Soy tan patética, tan despreciable…" Susurró Anastasia, afligida.

Aquellos que recién habían arribado a la mansión, junto a Anastasia y Subaru, abandonaron el salón de la mansión y se dirigieron a la habitación donde se encontraban los dos trillizos, guiados por el mercenario que había informado de su despertar. Fallando en ocultar su desolación, Ricardo fue el primero en indicarle a su subordinado que lo llevaran hasta ellos.

Subaru no había sido testigo del suceso, pero era evidente que Ricardo había sido informado con anterioridad del fallecimiento de Mimi. Después de todo, y aunque Ricardo no lo había dicho directamente, lo más probable es que había decidido ir de nuevo hacia el castillo debido a que los mercenarios que provenían de la mansión le habían informado sobre el estado de Tivey y Hetaro.

Y él, que conocía a los trillizos mejor que nadie, incluida la misma Anastasia, y estaba al tanto de lo ocurrido en la mansión gracias a los mercenarios que habían partido al castillo para comprobar lo ocurrido con su compañeros, había sido quien mejor idea se había hecho de lo que podría haber ocurrido con los hermanos tras el fallecimiento de Mimi. Ricardo sin duda era, entre los presentes, el más informado.

Y es que en verdad todavía había mucha información que debía salir a la superficie. Todo había sucedido tan rápido. Subaru y Anastasia habían llegado al salón a pocos minutos de la llegada de los mercenarios, que habían estado ocupados informando a sus compañeros de lo transcurrido camino al castillo. Subaru había llegado justo cuando Ricardo había terminado de hablar y no había tardado en sacar el tema de la estancia de Anastasia y Julius.

Es cierto que ese tema era de menor importancia en ese momento, sobre todo comparado con todo lo que había sucedido ese día, sin embargo, Anastasia era la prioridad de Subaru y ello no cambiaría. Subaru, que había creído que los trillizos habían muerto junto a su hermana, había preferido no sacar el tema al llegar al castillo, y Anastasia, que había temido a su encuentro con ellos, había hecho lo mismo.

Juntos habían optado por no enfrentar la cruda realidad que les esperaba en la mansión y se habían encerrado en la burbuja que era la habitación de Subaru. No obstante, la llegada de Halibel, Ricardo y los demás implicaba que debían salir de esa jaula de su propia manufactura. Ahora tendrían que enfrentar los resultados de ese terrible día, probablemente el peor de sus vidas.

"No lo eres." Murmuró Subaru, asegurándose de que solo Anastasia le pudiera escuchar. Para ella, experimentar todo ello, el dolor de la pérdida de seres queridos, el dolor de verlos lastimados, incapaz de hacer algo por ellos, indudablemente resultaba algo insoportable. "El que estés aquí, y no en mi habitación, es prueba de ello. Si realmente hubieras optado por rehuir de la realidad, te habrías quedado allí."

"P-Pero… yo los abandoné…" Respondió suavemente Anastasia, desconsuelo dibujado en cada una de sus facciones.

"No había nada que pudieras hacer por ellos, Anastasia. Ya que no te recuerdan, si hubieras sido tú la que los informara respecto a lo ocurrido con Mimi, el resultado habría sido peor. Consecuentemente, si hubieras intentado consolarlos, es posible que ustedes tres habrían terminado más lastimados de lo que ya habrían de encontrarse. Así que por ahora mejor deja que Ricardo se encargue de todo ello."

Subaru estaba seguro de que eso no es lo que Anastasia deseaba escuchar, sin embargo, era necesario que se lo dijera. Ella en ese momento no podría ser un apoyo emocional para los trillizos; para ellos, ella no era más que una completa desconocida. Subaru no podía negar que ello le recordaba parcialmente lo ocurrido con Emilia durante su primer ciclo de muerte. En ese momento realmente sentía que podía empatizar, aunque fuera levemente, con el dolor de su jefa.

Subaru movió su mano hacia Anastasia, y ésta, percatándose de ello, la tomó. Desde fuera podría percibirse como una acción romántica, pero ese no era el caso, o al menos esa no era la intención de Subaru. En ese instante, Anastasia solo lo tenía a él, era su responsabilidad ser su soporte emocional en ese duro momento, en ese momento en el que ni Ricardo, ni Julius, ni Mimi, ni Hetaro, ni Tivey podían serlo para ella.

No obstante, Subaru una vez más volvía a percibir el peso de la culpa aumentando en su corazón. Él había decidido no hablarle a Anastasia de lo ocurrido con los trillizos, había ocultado esa información deliberadamente. Temiendo la reacción que pudiera tener Anastasia, había evadido el tema una y otra vez, al punto en que permitió que la chica durmiera en ignorancia, bajo el mismo techo en el que, supuestamente, descansaban los cadáveres de sus más queridos guardaespaldas.

Sentirse culpable al respecto podía parecer innecesario, sobre todo considerando el cómo se habían desarrollado los eventos. Aun así, Subaru no podía dejar de pensar en cómo hubiera reaccionado Anastasia, si ambos trillizos en verdad hubieran muerto y él no se lo hubiera dicho a hasta que fuera demasiado tarde… Por ello, Subaru sentía una vez más la necesidad de disculparse. Pero, sintiendo como la mano de ésta temblaba ligeramente, Subaru optó por posponer sus disculpas y apartar esos pensamientos momentáneamente de su cabeza.

Mientras sentía como el calor de Anastasia volvía a fluir hacia su cuerpo a través de su mano, Subaru miró hacia Halibel, que había estado caminando a pocos de metros de ellos, ocasionalmente lanzando miradas de curiosidad a Anastasia. Halibel percibió que Subaru le estaba mirando y se detuvo, permitiendo así que Subaru le alcanzara. Ahora Halibel, Subaru y Anastasia caminaban por el pasillo de la mansión, en la retaguardia del grupo que se dirigía hacia donde se encontraban los trillizos sobrevivientes.

"Hal-san, con todo lo que ha estado ocurriendo, no tuve la oportunidad de preguntarte. ¿Qué ocurrió con Ram y Emilia?" Le cuestionó Subaru con tono bajo.

Subaru se había planteado cuestionara Halibel al respecto al percatarse de la ausencia de ambas chicas en el salón, pero había decidido hacerlo una vez hubiera informado a Ricardo de la estancia temporal de Anastasia y la no tan temporal de Julius, y, por supuesto, de su pronta partida. No obstante, sus planes habían sido alterados por la noticia de que los hermanos de Mimi seguían con vida. Pero ahora era el momento indicado para hacerlo, y no podía permitir que sus sentimientos de culpa se interpusieran en su búsqueda de información.

Lo cierto es que Halibel al parecer sí que había obedecido las últimas ordenes de Subaru. Había traído a Julius, como le había ordenado, y por lo que había escuchado de Ricardo, el cadáver de Mimi había sido colocado cerca de la entrada de la mansión junto con los cadáveres de los mercenarios caídos en la batalla contra el cultista de seis brazos.

De regreso a la mansión, el grupo había pasado por el mismo lugar donde había tenido lugar la batalla, y había recolectado los cuerpos de sus camaradas caídos. Tal vez haber conseguido traer, si no todos, la mayoría de ellos, habría sido imposible de no ser por la presencia de Utada y los cuatro mercenarios que salieron de la mansión tiempo después de la partida del grupo de rescate.

"Ambas se fueron a su habitación inmediatamente después de que llegamos a la mansión. Ram-san me dijo que ella y Emilia-sama se encontraban exhaustas y que deseaba que Emilia-sama durmiera en una cama cómoda." Respondió Halibel.

"Así que Ram finalmente despertó…" Subaru dijo más para sí mismo que para Halibel.

"Sí. Por suerte despertó poco antes de que Ricardo me dijera que regresaría. Ella pudo caminar por sí misma y guiar a Emilia-sama, que al parecer sigue bastante conmocionada por lo ocurrido. De no ser por ello, cargar al caballero y el par de cadáveres que Ricardo me pidió que cargara habría resultado imposible."

"… Ya veo…" Murmuró Subaru.

De no haber sido porque gracias a Anastasia ahora comprendía mejor lo ocurrido en la mansión, no habría dudado en salir corriendo hacia donde se encontraba Ram para interrogarla. Aun deseaba preguntarle algunas cosas, pero esperaría hasta la mañana siguiente; ella y Emilia merecían un descanso. Mientras pensaba en ello, Subaru miró hacia adelante suyo, allí, a pocos pasos de él, se encontraba Utada, caminando entre Kitzu y Maju; su guardaespaldas le estaba mirando de reojo en ese momento. Parece ser que eventualmente también tendré que hablar con él, pensó Subaru…

Ricardo fue el primero en entrar en la habitación en donde los hermanos estaban siendo tratados. Subaru no había terminado de entrar en ella cuando el olor a hiervas medicinales inundó su nariz; resultaba un poco abrumador. En dos pequeñas camas, separadas por una mesa de madera en la cual se encontraba una lampara de Piedra de Prana, se encontraban los dos trillizos.

"¿Cómo se encuentran?" Cuestionó Ricardo a los tres curanderos que se estaban haciendo cargo de mantener con vida a los pequeños demihumanos.

"Ambos se estabilizaron hace unas cuatro horas, pero no fue hasta ahora que despertaron, capitán. Hace unos momentos ambos se encontraban conscientes, pero volvieron a dormirse. No cabe duda de que se encuentran exhaustos." Reportó uno de los curanderos.

"Comprendo... ¿Dijeron algo? Mientras estuvieron conscientes." Inquirió el capitán.

"Articularon unas cuantas palabras, pero nada que tuviera demasiado sentido." Respondió otro de los curanderos. "Hmm… Pero preguntaron por su hermana. ¿Sabe algo sobre Mimi-chan, capitán?"

En el rostro de Ricardo se dibujó una efímera mueca de dolor, pero ésta desapareció tan rápido como apareció. "Lastimosamente murió en el castillo." Informó cortantemente.

"No… Maldición…" Murmuró el curandero, llevándose las manos a la cabeza. La reacción de sus compañeros no fue distinta.

"Eso definitivamente explica lo ocurrido con Tivey y Hetaro. Teniendo en cuenta cómo funciona la Protección Divina de la Trisección, es un milagro que ellos sigan con vida. Tengo que agradecerles por ello, a ustedes, y Kitzu que hizo todo lo posible por salvar a Mimi. Es probable que ello permitiera que Hetaro y Tivey sobrevivieran." Declaró Ricardo solemnemente.

"… Hetaro… Tivey…" Subaru volteó a mirar a Anastasia, cuya expresión de dolor se había profundizado.

"Capitán… Fallé a la hora de salvar a Mimi-chan así que por favor permítame ayudar a salvar a Tivey-san y Hetaro-san. Puede que ambos ya se encuentren estables, pero eso no significa que ya están fuera de peligro. Capitán… ¡Solo así podré comenzar a compensar mi error!" Suplicó Kitzu, haciendo una reverencia.

"Jeje… No tienes que pedirme tal cosa, Kitzu. Tú eres el mejor curandero del Colmillo de Hierro, no creo que haya nadie mejor que tú para asegurarse que ambos sobrevivan." Dijo Ricardo con una débil risa carente de energía. "Pero antes sácate de la cabeza que eres responsable por la muerte de Mimi; no lo eres."

Y con esas palabras, Ricardo le dio espacio a Kitzu para que se pudiera unir al grupo de curanderos que estaban tratando a los trillizos. La mirada del capitán mercenario se posó en Subaru y entonces procedió a acercársele. A la vez, los demás miembros del Colmillo de Hierro presentes se acercaron a las camas para poder ver mejor a los pequeños demihumanos que descansaban con expresiones de dolor.

"¿Puedes responderme lo que te pregunté, chico?" Para Subaru era obvio a que se refería Ricardo.

"¿Que si tiene algo que ver mi viaje con lo ocurrido con Mimi? ¿Qué si Gula tiene algo que ver con ello?" Preguntó Subaru de vuelta. Ricardo asintió. "Sí." Y con esa palabra, Subaru dio media vuelta y caminó hasta la salida de la habitación. Sin embargo, antes de cruzar el umbral de la puerta, Subaru escuchó pesados pasos acercándosele por detrás, y por ello se detuvo. "Ricardo, tú tienes un deber que cumplir en esta mansión. Seguirme no es una opción. Además, estoy seguro de que terminaré manchándome las manos, y por ello quiero involucrar a la menor cantidad de personas posible."

"Así que así son las cosas…" Murmuró Ricardo, los sentimientos en su voz indescifrables. "Tienes razón… Tengo un deber que cumplir en esta mansión. Si no fuera por ello, no me importaría seguirte en tu travesía, incluso si ello implica mancharme las manos de sangre."

"Lo sé."


"Anastasia… una vez más… ¡Lo siento!"

"¿Lo sientes? ¿Ahora por qué te estás disculpando? ¿Qué crees que hiciste mal?" Habiendo dejado la habitación atrás, Subaru no lo soportó más y procedió a disculparse una vez más. ¿Cuántas veces había pedido perdón a Anastasia ese día? Subaru ya había perdido la cuenta.

"Yo… Yo pensé que Tivey y Hetaro habían muerto… Considerando la manera en que su Protección Divina los unía a los tres, pensé que no habría manera que sobrevivieran. Y aun así opté por ocultártelo, incluso después de que te hablé de todo aquello que te había ocultado."

"Vuelvo a decírtelo, Natsuki-kun, no hace falta que te disculpes. Entiendo perfectamente que lo hiciste para protegerme…" A pesar de sus palabras, Anastasia arrugó levemente su entrecejo. "Aun así… Por favor no me trates como su fuera una niña pequeña, he pasado por mucho para llegar a donde estoy- estaba… Así me considero capaz de lidiar con situaciones duras como ésta sin desmoronarme… al menos no por completo."

"S-Sí, tienes razón." Respondió Subaru, asintiendo. Habiendo percibido que esa conversación había finalizado, Halibel, que había decidido darle un espacio a ambos, aceleró el paso para poder alcanzarles. No obstante, Subaru añadió. "¿Estás segura de que no quieres quedarte con ellos?" Habiendo aligerado un poco de la culpa que le afligía disculpándose, Subaru no dudó en cuestionar a Anastasia sobre si no prefería quedarse junto a sus queridos guardaespaldas.

"N-No. Tienes razón, en este momento no me necesitan… Con saber que están con vida, me resulta suficiente." Era evidente que Anastasia estaba intentando mostrarse fuerte, sin embargo, la debilidad se filtraba en su voz. Una cosa más con la que Subaru podía empatizar.

"Bien, entonces vayamos a mi habitación. Hal-san, hay muchas cosas que debo decirte, a ti y a Anastasia."

"Por fin…" Dijo el guerrero en tono de broma. Sin embargo, la expresión solemne grabada en los rostros tanto de Subaru como de Anastasia bastó para que la sonrisa se desapareciera de su rostro y fuera reemplazada por un gesto de seriedad; la verdad que estaba por escuchar sería una impactante, de eso no tenía duda.


"… Mierda… Supuse que sería algo impactante, pero jamás creí que lo sería tanto." Halibel parecía haber quedado corto de palabras. Como Subaru había imaginado, la revelación había tomado por sorpresa a Halibel, quien jamás habría esperado escuchar algo como lo que acababa de escuchar.

"Yo también me sorprendí bastante al escucharlo…" Añadió Anastasia. La chica se encontraba sentada en la cama de Subaru, al lado de éste, no de manera diferente a como se habían encontrado varias horas atrás. Halibel, por su parte, se encontraba sentado en la silla ubicada frente al escritorio de trabajo del pelinegro. Ese cuarto era el lugar más seguro que tenían a disposición para hablar de un tema tan delicado.

"Sí… Esperaba escuchar algo sorprendente, relacionado de alguna manera con la señorita de allí." Dijo Halibel, mirando hacia Anastasia. "Pero es evidente que mis expectativas se quedaron cortas… ¿Así que ahora eres un Arzobispo del Pecado? El Arzobispo de la Ira… Suena bastante ominoso, aunque también explica porque percibí un cambio tan radical en ti cuando nos reunimos en el jardín del castillo."

"También soy el Arzobispo de la Envidia, pero considerando lo mal vista que es la bruja que representa dicho pecado, preferiría evitar usar ese nombre." Comentó Subaru, moviendo su mirada hacia sus brazos cubiertos de quemaduras, cicatrices y puntos negros como el carbón; marcas que representaban sus pecados. "Aunque claro, el simple hecho de que ahora posea el título de Arzobispo del Pecado ya me deja bastante mal ante la sociedad de éste mundo. Sin importar el pecado que represente, sería cazado por la Guardia Real en caso de que mi título fuera expuesto."

"No te equivocas, Su-san. Sin embargo, es cierto que serías bastante más odiado por la gente si se enterasen que eres el Arzobispo del Pecado de la Envidia. No me cabe duda de que el mismo Santo de la Espada sería enviado por tu cabeza."

"Maldición… Lo que menos quisiera es enfrentarme a ese monstruo." Murmuró Subaru, abrazando su cabeza. La sola idea de tener que enfrentarse a Reinhard Van Astrea hacía temblar su cuerpo incontrolablemente.

"Y aun así tu objetivo es enfrentarte al Culto de la Bruja desde dentro. ¿Cómo haremos cuando llegue el momento de luchar contra Codicia? Ese hijo de puta es otro monstruo al nivel del Santo de la Espada. Tú lo sabes, ambos se enfrentaron en el castillo y ninguno de los dos salió victorioso." Le inquirió un ligeramente nervioso Halibel.

"No lo haremos." Afirmó Subaru, levantando la mirada. "Antagonizar a Codicia sería totalmente contraproducente, no obtendríamos nada de ello." Al escuchar esto, Halibel frunció ligeramente sus cejas en señal de confusión, lo que incitó a que Subaru continuara. "Te equivocas en una cosa, Hal-san. Mi objetivo no es enfrentar al Culto de la Bruja. No pienso enfrentarme a su líder, que por sí misma es un monstruo cuyo nombre no me atrevo a mencionar, ni a Codicia, un monstruo invencible sediento de sangre, ni a Pereza, que es un monstruo capaz de cambiar de cuerpos como si se trataran de simples recipientes."

"¿Pereza? ¿Significa eso que solo destruimos a uno de su recipientes?"

"Así es. Además me enteré de que entre menos recipientes tenga a su disposición, más poderoso será. Definitivamente no nos conviene enfrentarnos de nuevo a él."

"¿Entonces solo nos enfrentaremos a los Arzobispos del Pecado restantes?" Ante la pregunta de Halibel, Subaru asintió. "¿Pero por qué ellos? Aún no lo entiendo."

"Eso es lo que aún no te había explicado." Respondió Subaru, mirando de reojo a Anastasia. Ella le miró de vuelta, y al notar como Subaru le estaba viendo, asintió levemente. Subaru identificó esto como una señal de que podía continuar. "Hal-san, no te equivocabas al creer que lo que te diría estaría relacionado con ella; al menos no del todo. Ella es Anastasia, Anastasia Hoshin, y puede que no reconozcas su nombre, pero ella es la legitima dueña de esta mansión y la persona para la que has trabajado todo este tiempo."

"¿Eh?" Halibel en efecto parecía confundido por la súbita revelación.

"¿Acaso no lo entiendes, Hal-san? Tú, más que nadie, deberías ser capaz de atar cabos y deducir el porqué de mi decisión de unirme al maldito Culto de la Bruja." Habiendo dicho esto, Subaru guardó silencio y miró detenidamente el rostro de su primer seguidor.

Halibel no tardó en asentir en señal de comprensión. "Mencionaste a Gula en el castillo, de eso no hay duda. Y en ese entonces tenías prisa por algo, era como si estuvieras esperando que algo ocurriese. Asumo que eso tenía que ver con ella… la señorita Anastasia." Subaru asintió, indicando que las observaciones de Halibel iban por el camino correcto. "Para mí es evidente que no estás mintiendo al afirmar que ella es la dueña de esta mansión y… aparentemente mi jefa temporal… En ese caso, solo hay una explicación. Este misterioso nuevo Gula consumió su nombre, y tú deseas asesinarlo para regresarle a ella lo que le robaron."

"Acertaste en todo." Dijo Subaru, asintiendo satisfecho.

"Y el caballero que me pediste que trajera. ¿También fue afectado por Gula?"

"Sí, estoy seguro de ello. Es como el capitán de la Guardia Real dijo, Anastasia perdió su nombre, mientras que Julius perdió tanto su nombre como sus recuerdos."

"La señorita y el caballero… Su-san, si ambos perdieron algo a manos de Gula, ¿cómo es que tú los recuerdas y nadie más?" Preguntó el hombre bestia, considerablemente desconcertado.

"Exactamente estaba hablando de ello con Anastasia hace unas horas…" Habiendo dicho eso, Subaru miró a la chica a su lado. "Anastasia, en verdad no me sentía de humor para hablar de ello antes, pero mi cuerpo emite miasma de la bruja, y aparentemente por ello soy una anomalía para el Culto de la Bruja."

"¿Miasma de la bruja?" Preguntó la chica, confundida.

"Sí. Halibel ya estaba enterado de ello, sin embargo, hay más respecto a ello… Hal-san yo mismo no estoy seguro porque puedo recordar a las víctimas de Gula, pero parece tener relación con que mi cuerpo emita miasma de la bruja. Y ello mismo, además, es la causa de que el Culto de la Bruja atacara la ciudad…"

"…" Anastasia y Halibel miraron a Subaru con sus ojos bien abiertos, completamente pasmados.

"Como dije antes, me encontré con la líder del Culto de la Bruja, un monstruo que disfruta jugando con la vida de los demás. Ella orquestó el ataque a la ciudad, con el objetivo de convencerme de unirme al culto… Y me habría negado, de no ser porque en una visión pude ver como Gula devoraba la existencia de Anastasia y Julius, y asesinaba a Mimi… Ese maldito es una rata escurridiza que ni siquiera los Caballeros del Reino han podido atrapar, así que no me quedó más opción que unirme al culto, para así cazarlo desde dentro de la organización, a él y a Lujuria…"

"Entiendo…" Respondió Halibel, visiblemente abrumado por la información que acababa de recibir.

"…" Anastasia, por otra parte, se limitó a tomar la mano de Subaru y apretarla con delicadeza pero de manera firme, indicándole así que estaba allí, apoyándole. Ninguno de los dos era capaz de comprender como es que Subaru no se había derrumbado emocionalmente tras todo lo que había experimentado.

Halibel se aclaró la garganta y añadió. "Pero eso solo explica porque quieres asesinar a Gula. ¿Por qué también quieres asesinar a Lujuria, Su-san? Además, ¿en verdad era necesario que te unieras al Culto de la Bruja? ¿No había una manera menos arriesgada?" Cuestionó el guerrero Shinobi, con su mente aún nublada por las dudas.

"Lujuria… Lujuria es la llave a todo, Halibel. Me encontré con ella después de acabar con Sirius, y pude descubrir que ella era la persona detrás de las asesinas que me… que nos atacaron en Priestella. Ella definitivamente conoce el nombre de la persona que le puso precio a mi cabeza, y voy a sacarle esa información antes de enviarla al infierno."

Esta revelación no solo sorprendió a Halibel, sino que además también a Anastasia, que no sabía nada respecto a la vendetta personal de Subaru sobre Lujuria y el misterioso cliente. Ambos observaron consternados a Subaru, quien había comenzado a emanar un aura amenazadora y sofocante. Era evidente que más que el deseo de recuperar lo que le habían robado a Anastasia y Julius, lo que le movía era la sed de venganza.

"Ya veo…" Murmuró Halibel.

"Y para responder a tu segunda pregunta… Insisto, no tuve otra alternativa. En todos los cientos de años que ha existido el Culto de la Bruja, los Caballeros del Reino han sido incapaces de encontrar rastro alguno que los llevara a encontrar, mucho menos vencer, a alguno de los Arzobispos del Pecado. Solo uniéndome al culto podré encontrar a Gula y Lujuria. Además, no creo que sin el poder que obtuve al convertirme en Arzobispo del Pecado hubiéramos podido vencer a todos los arzobispos que los que vamos a darle caza. Los débiles no tienen voz en este mundo… Sin al menos un poco de autoridad, simplemente es imposible cambiar el mundo, Hal-san."

"¿Cuándo partiremos?" Habiendo aclarado sus dudas, Halibel decidió ir al grano.

"En un par de días. Mañana, al amanecer, me reuniré con uno de los Arzobispos del Pecado a las afueras de la ciudad. Y necesito que me acompañes." Informó Subaru, mientras se levantaba de la cama y se acercaba al escritorio de madera, de donde tomó su Evangelio. "Este es el Evangelio que se me fue otorgado, aquí recibiré las ordenes que deberé seguir."

"Está bien, como tú digas, Su-san. No es exactamente lo que tenía en mente, pero no me cabe duda de que de ésta forma podrás cambiar el mundo. Mierda, si tienes éxito podrías incluso exterminar a más de la mitad del Culto de la Bruja. Eso ya sería más que suficiente para cambiar la historia de éste mundo. Lo estarías cambiando desde la sombras, la cierto es que me agrada." Respondió Halibel, recuperando su típico humor y actitud despreocupada.

"¡Natsuki-kun, permíteme ir con ustedes!" Añadió de pronto Anastasia de manera vehemente. Subaru, con el Evangelio aun en su mano, se volteó para mirar a la chica.

"No, lo siento, Anastasia, pero mañana Halibel y yo nos estaremos metiendo a la boca del lobo. Hasta que no comprenda mejor cómo funcionan las relaciones entre Arzobispos, no dejaré que te vean." Respondió Subaru firmemente, sin dar espacio a la discusión. "Además, puede que me encuentre con uno de los Arzobispos que estoy buscando, y eso podría llevar a que nos enfrentemos allí mismo. Es demasiado riesgoso que esta vez nos acompañes."

"Su-san, tal vez entendí mal. ¿Pero acaso la señorita vendrá con nosotros en este viaje en búsqueda de los Arzobispos del Pecado?"

"Sí, Anastasia nos acompañará."

"¿No crees que será un viaje demasiado peligroso para ella?" Una vez más, Halibel parecía tener dudas respecto a una decisión de Subaru. Subaru, sin embargo, no podía afirmar que ello le molestara, todo lo contrario. Lo que menos deseaba era un seguidor que hiciera todo lo que él decía sin cuestionarse nada; después de todo, él tendía a cometer errores de juicio. Sin embargo, antes de que Subaru pudiera responder a Halibel., Anastasia lo hizo por él.

"Y-Yo necesito alejarme temporalmente de todos aquellos que una vez fueron mis empleados, amigos y familiares, Halibel-san. Tengo muchas cosas que pensar, y muchas cosas que replantearme ahora que perdí todo por lo que trabajé desde que soy una niña… Tú fingías trabajar para mí y Natsuki-kun todavía es capaz de recordarme, así que ambos son las personas indicadas para ser mis compañeros de viaje durante esta aventura de redescubrimiento." Halibel parecía insatisfecho con la respuesta de Anastasia, y ella pudo notarlo, así que rápidamente continuó. "Puedo asegurarte de que no seré una carga. Mi trabajo será hacerme cargo de las finanzas del viaje. Considerando que es posible que nos movamos por todo el continente, es necesario mantener los gastos al mínimo, a la vez que buscamos maneras de generar dinero. Y tengo bastante confianza en mis habilidades como comerciante."

Halibel miró a Subaru y luego de nuevo a Anastasia y entonces suspiró largamente. "Si Su-san dice que viajarás con nosotros, entonces no puedo negarme… Supongo que seremos compañeros de viaje por un tiempo, señorita Anastasia."

"¡Gracias!" Exclamó la chica, una hermosa sonrisa formándose en su rostro.

Subaru observó la interacción en silencio, optando por no entrometerse. Ese era solo el principio. Conversaciones como esa probablemente se darían de manera cada vez más constante durante los meses venideros; con suerte, los temas tratados ya no serían tan oscuros. O tal vez lo serían aún más. Considerando el futuro que se avecinaba, Subaru no podía evitar decantarse por el segundo. El olor a muerte flotaba en el aire, y Subaru lo sabía, su recién adquirida Autoridad sería la causante de gran parte de éste.


Primero que nada, sí, mi intención es seguir con las actualizaciones semanales, sin embargo, todavía no he podido acostumbrarme de nuevo a la antigua rutina. Debido a ello, días que se supone que escribiría, termino no haciéndolo. En lo que recupero la rutina, me esforzaré por actualizar lo más seguido posible; con suerte regresaremos a las actualizaciones semanales pronto. Por ahora, consideren éste capítulo mi regalo atrasado de navidad y mi forma de desearles un feliz año nuevo.

Dejando mi incapacidad para volver a la rutina de lado… Finalmente Subaru ha hablado del elefante en la habitación. Subaru, Halibel y Anastasia partirán en un viaje que no terminará hasta que la sangre de Gula haya sido derramada, y que Anastasia y Julius hayan recuperado lo que les robó; por supuesto, la venganza también formará parte importante de éste.

En fin… Realmente no sé si actualice la próxima semana, pero les aseguro que no volveré a desaparecer, solo necesito recuperar la normalidad. Ahora sí, feliz año a todos. Nos vemos en una o dos semanas, tres lo máximo jeje.