Mezclándose con Lunáticos

Medio Día desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Sin importar donde posara su mirada, todo lo que alcanzaba a ver eran sombras. Esa no era ni de lejos la primera vez que Subaru se encontraba en un paisaje sombrío como ese. Sin embargo, lo cierto es que cada vez que regresaba a su "realidad", los recuerdos de haber estado ahí se desvanecían; así como los sueños más profundos eran olvidados. Subaru gruñó, fastidiado, y escaneó con sus ojos los alrededores; rápidamente se rindió, considerando inútiles sus esfuerzos. En ese mundo de oscuridad no había tal cosa como un punto de referencia.

Deseando no desperdiciar energía innecesariamente, Subaru se sentó en la negra superficie. Tras esto, cerró sus ojos y en silencio comenzó a ponderar sobre el cómo había terminado en ese lugar. No recordaba haber muerto o haberse encontrado en el límite entre la vida y la muerte recientemente; por lo que recordaba de las ocasiones anteriores en las que había terminado en ese lugar, eso era el tiquete de entrada.

Limbo, esa era la mejor manera en que Subaru podía definirlo. El limbo de la bruja, el limbo de los celos, el limbo de la envidia, un mundo sombrío, gobernado por toxicas emociones corrosivas… ¿Qué era lo último que recordaba? El latir de su corazón… Su corazón estaba latiendo particularmente rápido. ¿Había muerto de un infarto? No, ese no parecía ser caso. Subaru apretó con fuerza sus parpados, buscando así sumergirse más profundamente en su mar de recuerdos.

Súbitamente, el rostro de Anastasia surgió en su cabeza. Cierto, lo último que recordaba era que Anastasia y él estaban compartiendo habitación, no solo eso, estaban compartiendo lecho. La chica parecía estar completamente tranquila a pesar de tener a un hombre a su lado en la cama, pero lo mismo no podía decirse de Subaru, quien había sido abrumado por los nervios. Al principio le había costado dormirse, pero eventualmente el cansancio le superó y cayó en el mundo de los sueños.

Dormir; lo último que recordaba era como su consciencia se desvanecía y se finalmente se dormía. ¿Acaso había sido asesinado mientras se encontraba soñando? Significaba eso que Anastasia había sido asesinada. No, Subaru no creía que ese fuera el caso. En su cuerpo, en su mente no prevalecía la desagradable sensación del abrazo de la muerte. ¿Qué había ocurrido?

Subaru seguía sumido en sus pensamientos, cuando pudo percibir como una maliciosa amalgama de emociones negativas fluía a su alrededor. La masa negra y deforme se arrastraba a su derecha e izquierda, se estaba acercando a él, estaba acechándolo. La envidia pulsante buscaba devorarle, para que así no pudiera abandonar ese mundo nunca más. Habitual se había vuelto para Subaru que su cuerpo reaccionara instintivamente ante la presencia de tal creatura de la envidia.

Ira usualmente brotaba en su interior, odio y rechazo hacia la sombra suplicante inundaban su espíritu. Y esta ocasión no fue distinto; no obstante, sí que había algo diferente. Subaru en ese mundo no era más que una presa, una presa impotente que no podía hacer más que sacudirse y gritar, esperando que la "realidad" le llamara de vuelta. Pero Subaru ya no era un ser impotente.

Sucedió abruptamente, como la erupción de un volcán dormido. Subaru, que se había encontrado sentado, falló al intentar ponerse en pie y cayó de rodillas. Arcadas sobrenaturales le hicieron doblar su cuerpo y retorcerse. Apoyando las manos en la superficie negra, Subaru abrió la boca esperando que el contenido de su estómago fuera expulsado. Para su sorpresa, el mundo de oscuridad entonces comenzó a brillar de un rojo carmesí.

Esa no era la primera vez que observaba como sangre bioluminiscente manchaba las superficies de ese mundo sombrío, pero la intensidad del brillo era como nunca antes lo había visto. La sangre, no obstante, no provenía de sus "pecados", sino de sí mismo. Sangre no dejaba de fluir de su boca, como si de un río de muerte se trataba… Y aun así, no sentía el más mínimo dolor.

Las sombras que le rodeaban comenzaron a retorcerse en agonía, a la vez que la ira en su corazón se incrementaba más y más conforme la sangre fluía fuera de su boca. La sombras celosas que había comenzado a rodearle retrocedieron, chillando de dolor. Y el vómito sangriento cesó de manera tan abrupta como comenzó. Subaru, sintiendo como si la sangre que le empava realmente no fuera suya, finalmente pudo ponerse en pie, para entonces ser testigo del remarcado cambio en el paisaje.

Rojo y negro ahora colisionaban y se entremezclaban, en una batalla sin fin en búsqueda de superar al matiz contrario. Las creaturas sombrías que le habían acechado lo miraron desde la distancia, sus celos en aumento. Y Subaru, que podía sentir su ira amenazando con desbordarse de su cuerpo una vez más, optó por dirigirla hacia éstas.

Nubes de fuego aparecieron en los cielos y campos de hielo se formaron en la superficie. El paisaje oscuro comenzó a desgarrarse, y de los desgarros en las sombras sangre comenzó a brotar. Como nunca antes, su presencia estaba fragmentando la tela del espacio de ese mundo. El odio que antes solo había podido expresar con palabras vacías ahora se estaba extendiendo a la totalidad de ese mundo negro, como si de una enfermedad se tratara. De las nubes de fuego, solidas gotas de acero afilado comenzaron a llover, provocando que los chillidos de las sombras aumentaran en intensidad.

Asombrado, Subaru observó su caótica obra boquiabierto. ¿Acaso era capaz de hacer algo similar en la "realidad"? Si ese era el caso, entonces no dudaba que vencer a Gula y Lujuria resultaría un paseo en el parque. O eso es lo que Subaru estaba comenzando a creer, hasta que las lluvia de acero comenzó a caer sobre él, cortando su carne, el fuego del cielo comenzó a quemar su piel y la gélida capa de hielo comenzó a congelar su sangre.

Subaru cayó al suelo, víctima de su propio poder. Y mientras que su consciencia volvía a desvanecerse, finalmente comprendió la desventaja que acompañaba a su nueva Autoridad. Si se dejaba llevar, él y sus aliados podrían resultar víctimas de ésta. O tal vez el mensaje que se le estaba transmitiendo no era tan literal, sin embargo, era cierto que sería un error olvidar que nada en la vida era tan conveniente como para no tener algún defecto…


"¡Hnk!" Subaru se despertó sobresaltado, su respiración agitada y su rostro empapado de sudor.

Habiéndose percatado de que había "regresado", Subaru no tardó en comenzar a inspeccionar su cuerpo en búsqueda de herida alguna. Su cuerpo se encontraba igual que como se encontraba antes de acostarse; no podía afirmar que sin rasguño alguno, pero sin duda no tenía ninguna herida que no hubiera tenido antes de regresar a la mansión. ¿Todo había sido un simple sueño?

Aun así, no podía ignorar que el ardor de su heridas había regresado. ¿Se debía a que lo que fuera que Pandora le había hecho había perdido efecto? ¿O tenía alguna relación con lo que había soñado? ¿… Soñado? Se preguntó Subaru. Su sueño era la razón por la que se había despertado tan alarmado, sin embargo, no era capaz de recordar nada de éste. Fastidiado por su mala memoria, Subaru dejó caer su cabeza sobre su almohada.

La habitación aún se encontraba envuelta por las penumbras, así que todavía podía dormir por un rato más… Fue entonces que Subaru recordó, y por lo tanto volvió a erguirse, como impulsado por un resorte. Por poco había llegado a olvidar que debía reunirse con uno de los Arzobispos del Pecado a las afueras de la ciudad al amanecer. ¿Qué hora era? Realmente esperaba que no fuera demasiado tarde.

Sin desperdiciar más tiempo, Subaru se quitó de encima las sábanas que le cubrían y colocó un abrigo con capucha negro sobre la camisa blanca que había utilizado para dormir. Tomó su Evangelio, el cual se encontraba sobre su escritorio de trabajo, y estuvo por tomar su arma, que estaba descansando sobre la silla de madera ubicada frente al escritorio, pero al final decidió en contra de ello; su intención era no luchar si no resultaba necesario, y si lo hacía, entonces utilizaría a Kuro y su autoridad.

Una vez consideró que tenía todo lo que necesitaría, Subaru se giró para dirigirse a la puerta, pero se detuvo en seco al vislumbrar el pálido rostro de una chica en su cama. Lo había olvidado… ¿Por qué ello le hacía sentir un déjà vu? Gracias a la poca luz que se filtraba por la ventana de su habitación, Subaru pudo ver como la chica se retorcía levemente y llevaba una de sus manos a su cara.

"¿N-Natsuki-kun?" Preguntó ella, adormilada.

"Lo siento si te desperté." Se disculpó Subaru, dando un paso hacia la cama. "Voy de salida para encontrarme con el Arzobispo del Pecado, deséame suerte."

"Hmm…" La chica parecía confundida; algo que tenía sentido, considerando que permanecía medio dormida. "¡Ah!" Exclamó tras un par de segundos. "¡Cierto! Suerte, Natsuki-kun. Evita meterte en problemas, sobre todo si te reúnes con uno de los arzobispos con los que no planeas enfrentarte."

"Sí, seré cuidadoso, lo prometo." Respondió Subaru, moviéndose hacia la puerta. Con cuidado tomó el pomo y lo giró suavemente. Pero antes de que Subaru pudiera abandonar la habitación, Anastasia añadió.

"Natsuki-kun, regresa a mí lado con vida, es una orden. Sin ti no podré recuperar nada de lo que se me ha arrebatado tan injustamente." La petición de Anastasia podía sonar como una egoísta, pero Subaru percibió verdadera emoción en sus palabras; la chica genuinamente estaba preocupada por él, y eso le hacía sentir cálido por dentro.

"Lo haré. No planeo morir antes de verte en sentada en el trono de éste país." Subaru había optado por dar una respuesta caballeril, sin embargo, ésta había causado que una expresión de dolor apareciera en el rostro de Anastasia. Pero antes de que Subaru tuviera la oportunidad de disculparse por haber dicho lo que sea que pudiera haberla lastimado, la expresión tranquila de Anastasia regresó.

"Gracias, Natsuki-kun. Cuídate." Y con esas palabras como despedida, Subaru cerró la puerta tras de sí y partió hacia el salón de la mansión...

"¡Te levantaste a tiempo, Su-san! Por un momento consideré ir a despertarte yo mismo, me alegra que no fuese necesario." Como Subaru había esperado, Halibel ya estaba esperándole en el salón, preparado para partir.

"Casi no lo logro… Aunque me alegro de que no lo hicieras, podrías haberme encontrado en una escena comprometedora." Comentó Subaru, intentado aligerar la tensión provocada por el inminente peligro. Sin embargo, las palabras surgieron de su boca carentes de energía, y esto solo ayudó a que un silencio incómodo tomara lugar. Percatándose de que tal vez había hablado demasiado, Subaru aclaró su garganta y añadió. "¿Cuánto falta para el amanecer?"

"Una hora, tal vez." Respondió Halibel, ignorando las implicaciones de lo dicho por Subaru; aunque no es como si realmente él y Anastasia hubieran hecho otra cosa en la cama más que dormir. "Hice que uno de los guardias fuera a por tu nuevo dragón de tierra a los establos como me pediste anoche, así que podemos partir de inmediato."

"Bien hecho." Sin tan siquiera detenerse y habiendo felicitado a su más fiel subordinado, Subaru se movió inmediatamente hacia la salida de la mansión. El hombre bestia comprendió el deseo de Subaru de partir lo antes posible y comenzó a seguirlo sin comentar nada respecto a su, tal vez innecesaria, prisa.

El par salió de la mansión, para emerger al jardín de ésta en penumbras. Subaru levantó la mirada, buscando así corroborar que el amanecer todavía no se estuviera aproximando; en efecto, todavía no había señal alguna de los primeros rayos de luz de amanecer. El cielo se hallaba tan negro como la última vez que lo vio.

Dado que la Luna había sido engullida por un gigantesco cumulo de nubes, solo un poco de luz filtrada iluminaba los alrededores. Tal vez ésta habría sido insuficiente por sí misma para permitir el navegar por el jardín de la mansión sin tropezar, sin embargo, una gran Piedra de Prana que había sido colocada en la parte más alta de la fuente que se encontraba en medio del jardín servía como faro.

Subaru y Halibel bajaron con cuidado las gradas que llevaban al camino que recorría el jardín. Allí, frente a la fuente blanca, les esperaba un guardia. El demi-humano, advirtiendo de la llegada de Subaru, le hizo señales con la lampara que llevaba en una de sus manos; la lampara no era muy deferente a las antiguas lámparas de canfín de su mundo, pero a diferencia de éstas, la fuente de luz no era producto de la combustión de un gas, sino que, una vez más, una pequeña Piedra de Prana.

Una persona normal en ese mundo jamás podría permitirse tal lujo, la norma sería el uso de lámparas de aceite. Sin embargo, Anastasia no era una persona normal; por ello, accesorios extremadamente valiosos como metias de diferentes estilos eran de uso habitual en su mansión. Subaru agradeció al guarda, tomó las riendas de su dragón de tierra, que le saludó restregando su escamoso hocico contra su rostro, y entonces procedió a montarse en éste.

"Halibel," Dijo Subaru, una vez se encontró sobre el lomó de su montura. "¿Crees que éste chico pueda llevarnos a los dos? Eres bastante grande, así que no sé si pueda." La pregunta de Subaru fue respondida por el dragón, en lugar de Halibel. Patrasche sacudió su cabeza y miró con intensidad a Subaru, como si quisiera indicarle que no debía subestimarlo.

"Je, je, je. No será necesario ponerle a prueba, yo puedo moverme por mí mismo. Además, acordamos que sería mejor si yo los observara desde las sombras, ¿no? De esa forma, no me verán llegar contigo."

"Hmm… Sí, tienes razón…" Concedió Subaru, mientras acariciaba la cabeza de Patrasche para calmarle. "Bien, pues pongámonos en marcha." Indicó entonces, tomando con fuerza las riendas que envolvían el rostro del dragón de tierra.

"Subaru-sama, ya informé a los guardias del portón de su salida." Dijo el guardia. Subaru le agradeció asintiendo y entonces jaló las riendas de Patrasche. Antes de que Subaru se alejara demasiado, el guardia añadió. "Una última cosa, Subaru-sama. Me parece que usted cree que su dragón es macho, si es así, se equivoca. Ese dragón de tierra es una chica."

"Oh…" Exclamó Subaru, su mirada y la de Patrasche encontrándose; Subaru juró que podía vislumbrar un ardiente resentimiento en los ojos de su dragón… dragona.

Con el género de su dragón de tierra aclarado, no había nada más que pudiera detener a Subaru. Con Halibel siguiéndole desde los tejados de la ciudad, el pelinegro comenzó a recorrer lo que hace tan solo un día había sido una ciudad rebosante de vida. Como era de esperarse, las calles y avenidas se encontraban desoladas, no había una sola persona a la redonda.

Los bulliciosos mercados ahora yacían en ruinas, reducidos a una pila de escombros ensangrentados. El aire de la ciudad hedía a muerte. Y era evidente que conforme pasaran las horas, el olor que impregnaba en el aire cada vez sería más intenso; los cuerpos de las víctimas del Culto de la Bruja comenzarían a pudrirse, haciendo insoportable el solo respirar en las calles de la ciudad.

En escazas ocasiones, Subaru pudo vislumbrar el temeroso rostro de alguno de los supervivientes de la masacre asomarse por la ventana de alguna de las casas que no había sido tocada por el culto. Con horror en su miradas, observaban a Subaru, esperando que no fuera alguno de los cultistas. El temor a un posible regreso del Culto de la Bruja no se había desvanecido, probablemente todo lo contrario.

A partir de ese día, ese temor quedaría arraigado en los corazones de la gente de Lugunica, Subaru estaba convencido de ello. Y él, él había sido el causante de todo ello. De no haber arribado en ese mundo, es probable que el asedio de los cultistas nunca hubiera tenido lugar… Suprimiendo esos pensamientos, Subaru se enfocó en alcanzar los campos de cultivo ubicados a las afueras de la ciudad antes del amanecer.


Trece Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

"Lo logré…" Murmuró Subaru, con un largo suspiro. Cuando finalmente pudo ver los amplios campos de cultivo extenderse ante su campo de visión, Subaru sintió como la tensión de su cuerpo se relajaba. Lo había conseguido, había llegado a la zona rural a las afueras de la capital a tiempo.

Como había hecho al salir de la mansión, Subaru elevó su mirada hacia los cielos que se extendían sobre su cabeza. El manto negro que había cubierto el mundo hace poco más de una hora atrás ya no era negro en absoluto, sin embargo, aún estaba lejos de ser el manto celeste que podía llegar a verse en los hermosos días de verano. Los primeros rayos del alba ya habían comenzado a asomarse por el horizonte, pintando el cielo de un hermoso azul marino.

Algunas estrellas todavía eran visibles entre los cúmulos de nubes, sin embargo la Luna ya se había esfumado. Después de haber ocultado bajo el manto que era su estrellado cielo los crímenes cometidos por el perverso Culto de la Bruja, la Luna había relevado nuevamente su puesto al Sol, haciéndole el único testigo de las crueles hazañas de los lunáticos que no temían sembrar el terror incluso a la luz del día.

En pocos minutos tendría lugar el primer amanecer posterior a la masacre de Lugunica, y lo cierto es que esa prometía ser una agónica mañana para todo aquel que habitara en su capital. El mundo no se detendría a velar a los fallecidos, y por ello Subaru no podía detenerse a admirar la belleza del amanecer. Frenéticamente, comenzó a buscar con la mirada a alguna persona que pudiera parecer miembro del culto.

La calma que solo hace un momento había comenzado a sentir se había desvanecido, siendo reemplazada una vez más por la tensión y la incertidumbre. Ahora que se encontraba en el lugar indicado, ¿qué se suponía que debía hacer? Preguntándose esto, Subaru tomó su Evangelio de uno de los bolsillos de su abrigo. Sin embargo, tras una rápida inspección, pudo comprobar que su contenido no había variado en lo más mínimo desde la noche anterior.

Subaru maldijo por lo bajo y guardó de nuevo su Evangelio. ¿Qué se suponía que debía de hacer? El Evangelio no era precisamente especifico al detallar donde se encontraría con uno de sus "camaradas". ¿Sería buena idea llamar a Halibel y llevar a cabo una reunión de emergencia? Subaru no había terminado de plantearse esto, cuando percibió como era rodeado súbitamente.

De haber ocurrido exactamente esto misma tan solo el día anterior, no cabe duda de que la reacción de Subaru habría sido una de pánico o resignación a la muerte, no obstante, esta vez no era el caso. No es que Subaru se sintiera alegre de volver a ver a aquel grupo de silenciosas personas encapuchadas, pero sí que se sentía ligeramente aliviado por ello.

Palmeando suavemente el cuello de Patrasche, que se había inquietado por la violenta aparición de los cultistas, Subaru miró al encapuchado que tenía directamente al frente suyo. "Llévenme con su líder." Subaru no pudo evitar pensar que esa frase sonaba como un cliché de una película de ciencia ficción, sin embargo, en ese momento no se le ocurría otra forma de pedir lo que deseaba.

Los cultistas respondieron a sus palabras ejecutando una pronunciada reverencia, para entonces comenzar a alejarse ágilmente de Subaru. Comprendiendo esto como señal de que les siguiera, Subaru estiró su mano para tomar de nuevo las riendas de su montura, pero al hacerlo se percató que su mano estaba temblando. Si seguía a esos lunáticos encapuchados, se estaría metiendo en la boca del lobo por voluntad propia.

Después de un par de segundos contemplando fijamente su mano, Subaru lentamente comenzó a subir su mirada hacia sus brazos. Éstos no era visibles, pero el ardor causando por las quemaduras seguía presente. Ese ardor, ese dolor, representaba sus pecados mortales. Ya había llegado demasiado lejos, no tenía más opción que seguir adelante. Desechando esas dudas fuera de lugar, Subaru ordenó a Patrasche que siguiera a los sombríos cultistas.

Con su mirada siempre fija en el grupo de encapuchados que se movía a varios metros adelante suyo, y sus manos aferradas a las riendas de Patrasche, Subaru cabalgó por el solitario camino de tierra por el que estaba siendo guiado. Conforme más avanzaban, más se alejaban de los amplios campos de cultivo. Subaru no sabía si sentirse aliviado por esto o no.

Como había escuchado por parte de Halibel y Ricardo, los nobles de la capital habían optado por escapar de la ciudad. Lo cierto es que más de medio día había trascurrido desde que Subaru vio partir aquella caravana compuesta por nobles y políticos, sin embargo, no podía descartar que con el inicio de un nuevo día, las labores de evacuación pudieran ser reanudadas bien entrada la mañana.

Y la razón por la que no sabía cómo sentirse al respecto, era porque temía tanto el ser avistado por algún ciudadano madrugador que pudiera haber decidido abandonar la ciudad ante los primeros rayos del Sol, como el que estuviera siendo llevado hacia una emboscada. Tenía buenas razones para temer esto último. Subaru podría ser ahora uno de ellos, pero no había pasado más de un día de haber asesinado a uno de los Arzobispos del Pecado y haber atacado a otro de ellos.

Los Arzobispos del Pecado tenía razones más que suficientes para estar insatisfechos con su integración al Culto de la Bruja, lo mejor que podía hacer es prepararse para el conflicto. Si al llegar al lugar de reunión era atacado o se encontraba con alguno de sus objetivos, no le quedaría de otra que luchar. Todavía no había dado el suficiente uso a su Autoridad, y con dificultad se sentía preparado para desenvolverse bien en combate…

Sin embargo, puedo utilizar Regreso por Muerte para aprender a utilizar mi Autoridad de la Ira sobre marcha, en caso de resultar necesario; consideró Subaru, mientras cerraba parcialmente los ojos. Podía sentirla allí, habitando en un rincón oculto de su pecho, pulsante y amenazadora, como un volcán dormido, preparado para explotar en cualquier momento. Si no era cuidadoso, podría volverse en su contra. No sabía cómo lo sabía, simplemente… lo sabía.

Subaru no había terminado su monólogo interno, cuando finalmente se percató que los cultistas que avanzaban frente a él se habían detenido. Subaru dio por terminadas sus cavilaciones y prestó suma atención a sus alrededores. El escenario había cambiado. Ahora se encontraba rodeado de bosque, árboles con hojas de un intenso verde le rodeaban por completo. Estaba en medio de un angosto sendero que surcaba un denso bosque, y al final de ese sendero, se encontraba una casa de madera en muy mal estado; con solo verla resultaba evidente que llevaba años abandonada.

Él podría no ser Halibel, pero Subaru confiaba en su capacidad de percibir la muerte. Había muerto alrededor de cincuenta veces, tal vez más, tal vez menos, había perdido la cuenta, y debido a esto su capacidad de discernir cuando una situación devendría en un evento de muerte había aumentado enormemente; su sentido del peligro había sido afinado a la perfección.

Subaru se mantuvo inmóvil, mirando a ningún lugar en específico; podrían atacarlo desde cualquier flanco, y tenía que estar preparado para reaccionar a tiempo. Subaru esperó, prestándole nula atención a los cultistas que le miraban desde la distancia. Entonces, Subaru escuchó una rama romperse a un costado suyo y abruptamente se giró sobre Patrasche para mirar hacia allí.

Ira fluyó por su cuerpo y sus ojos adquirieron un ligero tono rojizo, no obstante, Subaru se vio forzado a detener el flujo de la Autoridad fuera de su cuerpo de manera tan abrupta a como ésta fue activada. Frente a él ahora tenía a tres cultistas que, al igual que sus compañeros, resultaba imposible determinar su identidad.

Éstos cultistas, al igual que había hecho el primer grupo que le había guiado hasta allí, hicieron una pronunciada reverencia. ¿Le habían estado siguiendo sin que se percatara de ello? ¿Acaso Halibel había sido descubierto? La mente de Subaru fue inundada de dudas. El recién llegado grupo de cultistas no parecía ser hostil, pero eso podía cambiar en cualquier momento, debía mantenerse alerta.

"Mi Evangelio me ha guiado hasta aquí para de que esta forma pueda darte el recibimiento al Culto de la Bruja. Pero… Bueno, bueno, bueno... bueno, bueno, bueno. ¿Así que tú eres el nuevo representante del pecado de la Ira? Parece que finalmente conseguiste comprender la grandeza de la bruja."

Un intenso escalofrío recorrió la espina dorsal de Subaru, paralizándole momentáneamente. No creía recordar esa voz, ésta no le resultaba en lo más mínimo familiar. Estaba seguro que aunque se detuviera a escudriñar en sus memorias por horas e incluso días, jamás encontraría rastro alguno de esa voz. Y aun así, incluso sin haberse volteado para encarar al dueño de esa voz, Subaru podía percibir tanta familiaridad en aquella presencia.

"¿Quién…?" Murmuró Subaru, incapaz de terminar su pregunta; sentía como si tuviera la garganta atascada.

Lentamente, Subaru se giró de nuevo sobre su dragón de tierra, que al igual que él había quedado completamente paralizada debido al terror que implantaba en su corazón la presencia de tal persona. Un animal con un fuerte instinto definitivamente sería capaz de percibir que se encontraba ante un ser al que jamás podría superar; un emisario de la muerte. De la casa abandonada había surgido un monstruo.

"Aun así, es una pena que el pecado que se te ha concedido tan amablemente no sea el del Orgullo, definitivamente calzaba de manera perfecta con tu podrida, engreída personalidad. Se me ha ordenado recibirte tras tu bautismo en el culto, y aunque he de admitir que no me siento a gusto con ello, jamás he de ir en contra de lo escrito en el evangelio. No obstante, no pienso tolerar, aceptar, condonar, perdonar otra ofensa hacia la bruja, su infinito amor o el sagrado Evangelio."

"¡Hnk!" No cabía duda, ante él tenía a aquel Arzobispo del Pecado al que había insultado, atacado y arrebatado su dedo principal. Una vez más, Pandora no le había mentido, Petelgeuse Romanée-Conti se encontraba vivo.

Sin embargo, solo había podido reconocerlo por su manera de hablar, dado que su físico era otro completamente distinto. En efecto, Petelgeuse había cambiado de recipiente; un hombre joven, de unos veinticinco años, con cabello azul, ojos verdes y contextura delgada, había sido la lamentable víctima del monstruo que ahora habitaba dentro de él.

"No te quedes ahí parado, mirándome. Acércate, ¿no crees que es la mínima muestra de cordialidad que puedes mostrarme? Si permaneces allí, estático, estarías cayendo en la pereza, ¿no estás de acuerdo? Estarías cayendo en la pereza, y tal cosa es inaceptable. ¡Inaceptable, inaceptable, inaceptable!" Exclamó Petelgeuse frenéticamente, tras haberle hecho señas para que se acercara.

Subaru tragó audiblemente. Uno de los dos posibles escenarios de muerte había sido descartado, ante él no se encontraba ninguno de los Arzobispos del Pecado a los que daría caza. Lo cierto es que creer que tal desenlace de sucesos tendría lugar había sido ingenuo de su parte; ¿cuándo las cosas habían resultado tan convenientes para él?

"¿Soy un idiota? No, soy un idiota." Murmuró Subaru en autorreproche.

Pandora sin lugar a dudas influía en las escrituras de los Evangelios, ella era quien emitía las órdenes a los Arzobispos del Pecado desde las sombras. Pandora, que manejaba a esos monstruos como si fueran títeres, jamás habría facilitado tanto las cosas a Subaru. La Bruja de la Vanidad sabía cuál era su objetivo, su principal razón para unirse al Culto de la Bruja; resultaba evidente que ella no le entregaría lo que deseaba en una bandeja de plata.

Subaru bajó levemente la cabeza y miró hacia el bolsillo en su abrigo donde se encontraba almacenado su Evangelio. Tendría que obedecer las escrituras al pie de la letra si deseaba tener la oportunidad de reencontrarse con Capella y encontrarse con Gula. Maldiciendo por lo bajo, Subaru saltó de Patrasche. Dando cortas zancadas, Subaru acortó la distancia que existía entre él y Pereza, mientras con su mano indicaba a su dragón que no le siguiera.

"Mi cerebro tiembla… Parece que al fin estás dispuesto a prestar atención a mis palabras y a actuar con correcta diligencia, orgullosa anomalía. Estarías siendo malagradecido con aquella persona que te ha perdonado la vida y te ha concedido tu Evangelio si llegases a hacer lo contrario."

"…" Como era usual, Petelgeuse no deja de escupir tonterías sin cesar. Se sentía tentado a silenciarlo, pero Subaru ya había decidido no antagonizar a Pereza ni a Codicia; ambos fácilmente se convertirían en enemigos demasiado poderosos si no era cuidadoso al tratar con ellos.

"Bien… Hablando del sagrado Evangelio, me gustaría que me lo mostraras; con ello no cabrá duda de que el amor ha alcanzado tu corrompido ser." Ante la petición de Petelgeuse, Subaru no hizo más que devolverle una mirada de fastidio al Arzobispo de la Pereza. "Hmm… Parece que me has malentiendo, tu juicio ha resultado errado y por ello me has lanzado una mirada que considero resulta escandalosamente injusta, sobre todo cuando te he estado tratando con tanta amabilidad. ¿No crees que merezco un trato similar?"

"No se equivoca, Arzobispo Romanée-Conti, sin embargo, respóndame esto. ¿Realmente le he malentendido? A mí me parece que desconfía de mí."

"No, no, no, no, no, no…" Negó fervientemente el arzobispo, moviendo su cabeza de un lado al otro. "Te equivocas, te encuentras errado; es evidente que tu corrompido espíritu no es capaz de ver las cosas de otra manera que no sea una corrupta. Verás, mi diligente espíritu simplemente me impide dar por sentado las cosas que tengo ante mí. Aceptar sin observar prueba alguna que se te ha concedido el perdón por tus pecados sería incurrir en la pereza. ¿No lo crees?"

"¿A qué se refiere? Pan-" Subaru se detuvo a sí mismo abruptamente. Petelgeuse nunca había mencionado a Pandora, de hecho, ningún cultista de la bruja lo había hecho. ¿Era alguna clase de tabú? Subaru no podía estar seguro, no obstante, así que para evitar conflicto innecesario decidió corregirse a sí mismo. "En su Evangelio debería decir que se encontraría conmigo, ¿no es así? ¿Así qué por qué duda de mí? ¿Acaso duda de su Evangelio?"

"¡No escupas estupideces, tonterías, idioteces, sandeces, boberías! Jamás osaría dudar de lo escrito en mi Evangelio, es por ello mismo que he de presenciar una prueba de que eres quien dices ser. Tú nombre sigue sin figurar entre las hojas del Evangelio, y por lo tanto, no tengo más prueba que tu misma presencia que eres aquel mencionado allí."

Así que ni siquiera cuando lo escrito implicaba su presencia, el Evangelio era capaz de dar registro alguno de su existencia. En dado caso, las dudas de Petelgeuse eran justificadas. Lo único que tendría que hacer para aplacarlas, era tomar su Evangelio y mostrárselo… Si sonaba tan sencillo, ¿por qué le estaba resultando tan difícil llevarlo a cabo? Tal vez porque en el fondo de su alma, sabía que mostrarle su Evangelio a Petelgeuse, implicaría que estaría aceptándolo como un camarada, y por lo tanto estaría condonando sus aborrecibles hazañas.

"Si mi presencia se encuentra ausente de las hojas de tu Evangelio, ¿entonces cómo sabías que soy el nuevo Arzobispo de la Ira?"

"¿Acaso resulta tan difícil de deducir? ¿No estarás permitiendo que tú mente se sumerja en la pereza?"

"…"

"¡Me entristece profundamente ser ignorado! No obstante, actuaré acorde a lo que dicta la diligencia que mueve mi propio ser y responderé tu pregunta… En mi prueba del amor se me ha indicado que ante mí se presentaría mi más nuevo camarada y tal suceso coincidiría con el descenso del antiguo representante de la Ira. ¡Habría que poseer una mente muy perezosa como para ser incapaz de comprender las implicaciones de tal suceso! ¡Comprender lo escrito en nuestros Evangelios es solo una prueba más de nuestra fiel diligencia!" Respondió Petelgeuse, mostrándose orgulloso por su capacidad de comprender los mensajes del "amor".

"… ¿Y no estás molesto?" Preguntó Subaru súbitamente, causando que el extasiado arzobispo frunciera el entrecejo bruscamente.

"¿Por qué habría de encontrarme molesto? Aunque de personalidad despreciable, ante mí ha aparecido un nuevo camarada afín al amor de la bruja, un seguidor de su sagrada figura. ¡Siempre he de desbordar de regocijo al encontrarme con nuevos camaradas seguidores de la bruja!"

"Pero… Ahora represento el pecado de la Ira… Y ya sabes… Tu esposa…"

Subaru era consciente de que se estaba adentrando en un campo de minas al abordar ese tema, pero necesitaba asegurarse. Si Petelgeuse no le guardaba rencor por lo ocurrido con Sirius, entonces podría comenzar a pensar en cómo convertirlo en su aliado y darle uso más adelante, cuando su ayuda pudiera resultar necesaria.

Odiaba pensar en ello, en que eventualmente tendría que luchar lado a lado con otros Arzobispos del Pecado, pero para él, que era débil, tal cosa podría ser la diferencia entre la victoria y la derrota, la vida y la muerte. No todos los Arzobispos del Pecado poseían una buena relación con sus camaradas, y aprovecharse de ello podría darle la ventaja durante una batalla que pudiera parecer perdida. Por ello, desde ese momento era necesario determinar si podría utilizar a Pereza y Codicia como aliados circunstanciales, o si lo mejor sería mantenerse alejado de ellos.

"¿Esposa?" Pero contrario a lo que Subaru había esperado, Petelgeuse parecía genuinamente desconcertado por sus palabras, como si fuera incapaz de entender a lo que quería llegar.

"¿Sirius…?" Preguntó Subaru, inseguro de si era buena idea hacerlo. Si incurría en la ira de Pereza y moría, simplemente lo intentaría de nuevo y esta vez evitaría mencionara a la antigua Ira.

"¡¿Eh?! ¿Esposa? ¿Mi esposa? ¡¿Esa desagradable mujer?! Solo en su corrompida mente nosotros tendríamos una relación antinatural como tal. Una y otra y otra vez me fastidió con su presencia, mientras escupía palabras que hacían arder mi sangre. Mi lealtad y diligencia se vieron puestas a prueba cuando coincidí con tan despreciable persona. Se autoproclamó mi esposa incluso cuando era consciente de que en mi corazón solo existe espacio para Satella. ¡Satella! ¡La Bruja! ¡La Bruja de los Celos! ¡La Bruja de la Envidia! ¡Mi cuerpo, mi carne, mi sangre, mi alma! ¡Solo le pertenezco a ella!"

"…" Con locura, ante un enmudecido Subaru, Petelgeuse sacudió sus vestiduras mientras contorsionaba su cabeza de maneras totalmente antinaturales.

Calmándose finalmente, Petelgeuse miró a Subaru a los ojos, su cabeza envuelta por sus brazos. "Saber que el flujo de su constante acoso y sus palabras en contra de la bruja ha sido cortado, en definitiva me llena de regocijo."

"Así que así eran las cosas…" Murmuró Subaru, comprendiendo mejor cual era la relación entre Petelgeuse y Sirius.

"Es cierto que tú y tus aliados lucharon contra mí y mis dedos, cercenando dos de ellos en el proceso. Pero estoy dispuesto a hacer la vista gorda, debido a que le arrebataste el pecado de la Ira a esa mujer blasfema e inadecuada. Además… mis seguidores lucharon diligentemente pero al final fracasaron, fueron incapaces de evitar que sus vidas les fueran completamente arrebatas, y por ello han terminado incurriendo en la pereza. Una purga implica deshacerse de aquello que no sirve, y por lo tanto no puedo estar más satisfecho con los resultados de la Prueba llevada a cabo el día de ayer."

Primero su Autoridad de la Ira y ahora la mejora en la percepción que tenía Petelgeuse de él. Al parecer Subaru no se había equivocado al pensar que el destino finalmente lo estaba favoreciendo. Asesinar a Sirius había causado que Petelgeuse no sintiera rencor por el asesinato de dos de sus dedos, y ello habría las puertas a una posible alianza. Y Subaru creía tener en mente algo que facilitaría la formación de ésta.

"Me alegra saber que he sido de ayuda. No obstante, se equivoca en una cosa, no soy el Arzobispo de la Ira, al menos no solo represento ese pecado."

"¿Eh? ¡Mi… Mi cerebro tiembla! ¡¿Qué clase de blasfema afirmación es esa?!" Exclamó Petelgeuse, desconcertado.

"Es simple, Arzobispo Romanée-Conti, soy el Arzobispo del Pecado de la Ira… y de la Envidia." Petelgeuse era un fiel devoto de la Bruja de la Envidia, escuchar que tenía ante él al representante de ese pecado haría que sin duda se arrodillara ante él. O al menos eso es lo que había creído Subaru antes de revelar su título completo. No obstante, Subaru no tardó de arrepentirse de tal cosa.

"Tú… ¡Tú, tú, tú, tú, tú! ¡¿Qué clase de herejías surgen de tú boca?! ¡¿Acaso has estado fingiendo haber aceptado el sagrado, infinito amor de la bruja todo este tiempo, solo para aprovecharte de su buena voluntad?!" Ultimadamente, Subaru había fallado en evitar uno de los dos eventos de muerte.


Tres semanas, lo sé. Pero, en mi defensa, yo sí que dije que en tres semanas máximo volvería, y aquí estoy. Aun así, en verdad quiero disculparme por el enorme hiatus y los pocos capítulos que he subido. Terminé el arco 3 en octubre, y estamos a finales de enero y apenas he subido 3 capítulos del arco 4. Sé que no está tan mal comparado con otros escritores de la plataforma, pero no por ello me siento cómodo reduciendo tanto la cantidad de capítulos. Y no, no se debe a que no tenga tiempo, simplemente estaba pasando por un terrible bloqueo de escritor, uno del que simplemente no podía salir.

Pero basta de excusas, por fin puedo afirmar con confianza que recuperé la inspiración. Desde hace un par de semanas hasta acá mi cabeza ha estado rebosando con ideas, y básicamente ya tengo planeado todos los sucesos importantes de aquí hasta el arco 7, el que será el último arco.

Un secuestro, la aparición de la best girl de Re:Zero (a la que originalmente había pensado no darle un papel en la historia, pero cambié de opinión al darme cuenta de que podría darle un buen uso argumental), una guerra entre dos países importantes, venganza y una inevitable pelea con el gran jefe final, aquel con el que empezó todo. Esas son solo algunas de las cosas que van a suceder, no diré más para evitar entrar en spoilers.

Así que por fin logré volver a la antigua rutina y los capítulos ya están saliendo como pan caliente; en mi opinión, algunos de mis mejores trabajos, ya quiero que los lean, lástima que faltan algunas semanas para eso. Así que en conclusión, sí, las actualizaciones semanales están de regreso.

Pero bueno, dejando todo eso de lado, volvamos al capítulo. Pues sí, el reencuentro entre Subaru y Petelgeuse sucedió antes de lo esperado. Subaru pensaba convertirlo en su aliado, pero parece que tal cosa no será posible. ¿O sí? Bueno, no los dejaré con la duda mucho tiempo.

Ahora, alguien por ahí mencionó a Cecilus y solo debo decir… todavía no ;). También vi que alguien preguntó por la relevancia de Emilia. Y pues, no va a ser demasiado relevante, por supuesto aparecerá de vez en cuando, pero no como para ser un personaje principal. Bien podríamos decir que los sentimientos de Subaru por Emilia murieron junto a parte de él al convertirse en el Arzobispo de la Envidia y la Ira. ¿Esto va a ser algo positivo para él? Bueno, digamos que en parte sí, y en parte no…

En fin, como siempre, gracias por su apoyo y hasta la próxima semana.