Preparativos de un Viaje sin Retorno Previsto

Catorce Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

En caso de que sus primeros pasos hubieran sido ligeramente distintos, el destino de Natsuki Subaru habría consistido en tomar la carga de los demás para sí mismo; él se habría convertido en el pilar que permitiría que sus aliados se desempeñaran libremente. Sin embargo, bajo la guía de una falsa virtud, su rol ahora consistiría en obligar a los demás a acarrear con su propia pesada carga; a sentir en carne propia el peso de los pecados que constreñían su cuerpo.

La venganza había permeado en la esencia de su ser, la falsa humildad había corrompido su espíritu. La esperanza y la ingenuidad le habían sido arrebatadas a la fuerza, y con ello su estabilidad mental se había desmoronado. Habiéndose visto acorralado, Subaru no tuvo más opción que desprenderse de la moral que le encadenaba; ahora, si algo tenía que hacerse, se haría, sin importar los medios o las consecuencias que esto pudiera acarrear.

La mente humana está diseñada para adaptarse. Solo aquellos dispuestos a luchar por su vida pueden sobrevivir. Solo aquellos dispuestos a desechar aquello que les limita están destinados a la grandeza en el cruel campo de batalla que era aquel mundo. Al menos así es como Subaru había llegado a ver las cosas. Si tan solo no hubiera muerto más de cuarenta veces en un solo día, tal vez su mente no se hubiera fragmentado al punto en que conceptos como la ética y la moral perdieron casi por completo su sentido, tal vez su destino no se había desviado tanto de su curso original…

Limpiando la sangre y la tierra que manchaban su rostro con un pañuelo, Subaru esperó a que Halibel se reuniera con él. Su reunión con uno de sus "camaradas" había llegado a su fin, y con ello tenía la vía libre para abandonar la Capital Real. Sin embargo, antes debía realizar ciertos preparativos. Para empezar, no tenían un medio de transporte con el cual moverse a través de los caminos de ese mundo.

El cómo solucionaría esto, no resultaba demasiado complejo. Subaru rara vez gastaba el dinero que Anastasia le pagaba por su trabajo. En su tiempo como empleado de la Compañía Comercial Hoshin, Subaru había conseguido amasar una pequeña fortuna. Con lo que tenía, le alcanzaría para adquirir un carruaje de dragón y los artículos esenciales, como comida y agua para varios días; además, estaba seguro de que con el dinero que le sobraría, podrían vivir bien durante varios meses.

No obstante, el dinero no era infinito, y por ello Anastasia había decidido que adquirirían bienes a lo largo del camino, para luego revenderlos en ciudades donde éstos resultaran difíciles de adquirir, y por lo tanto su demanda fuera mayor. Antes de partir, también quería hablar con Ram; una vez escuchara su punto de vista de lo ocurrido en el castillo, daría por concluida su búsqueda de información.

"Me tuviste preocupado allá atrás, Su-san. Pensé que morirías debido a tu obstinación." Subaru se volteó hacia la voz que acaba de interrumpir sus pensamientos, mientras guardaba el pañuelo ahora sucio.

"Estuve cerca de morir, Hal-san, no lo voy a negar. Pero al final todo terminó saliendo bien." Respondió Subaru, con indiferencia.

"Entonces… ¿Ese monstruo ahora es nuestro aliado?"

"Sí, conseguí convencerlo de mi afiliación a la bruja, y con eso bastó para que me considerará una especie de enviado de ella." Informó Subaru, para entonces añadir con desagrado. "No me gusta la idea, pero su ayuda podría llegar a venirnos muy bien, así que tendremos que aceptarlo."

"Y si en algún momento trata de traicionarte, me aseguraré de eliminarlo." Aseguró Halibel, haciendo girar un kunai alrededor de uno de sus dedos. "Aunque no estoy seguro si eso será necesario." Continuó, mirando hacia el paquete que Subaru había colocado sobre su regazo. "Su-san, esa nueva habilidad tuya, la Autoridad de la Ira, es bastante increíble."

"Puede serlo, pero aun así es demasiado inconsistente..." Respondió Subaru, con tono de fastidio. "Si mi enemigo posee una gran fortaleza mental, no me servirá de mucho. Además, tiene la desventaja de que yo siento el dolor que quiero hacer sentir… Tendré que aprender a controlarla antes de que nos encontremos con Gula o Lujuria, o podría volver a ser incapaz de ser de ayuda en combate."

"Estoy seguro de que lo conseguirás, Su-san." Le reconfortó Halibel, dándole una pequeña palmada en la espalda.

"Espero que tengas razón, Hal-san. Después de todo, nos esperan desafíos muy difíciles." Y con estas palabras, el grupo regresó a la ciudad.


El viaje de regreso se diferenció del viaje de ida en que las calles de la capital ya no se encontraban desoladas. Desde personas desesperadas por abandonar la ciudad en el primer carruaje cuyo conductor se mostrara dispuesto a llevarlas fuera de allí, hasta oportunistas que habían comenzado a saquear las casas recién abandonadas; la ciudad había recuperado parte de su vida, sin embargo, muy lejos estaba de ser el escenario habitual.

Al cruzar cerca de donde se encontraba el mercado principal del distrito comercial, Subaru había arrugado la nariz instintivamente. El hedor a muerte se había intensificado, a pesar de los esfuerzos de los guardias por recolectar los cadáveres y llevarlos a fosas comunes donde posteriormente serían cremados. Tal vez afirmar que la ciudad había recuperado parte de su vida había sido un error, si acaso ahora la ciudad no era más que un muerto viviente.

Subaru no pudo relajarse hasta que entregó a uno de los guardias de la mansión las riendas de Patrasche. Seguido por Halibel, Subaru se dispuso a entrar al salón de la mansión, cuando se topó en el umbral de la entrada con Otto y Leith. Estos al principio se mostraron sorprendidos al verlo, pero sus expresiones rápidamente se llenaron de desprecio y resentimiento.

"Hola, Subaru. ¿Ya terminaste lo que tenías que hacer en el castillo? ¿Encontraste lo que buscabas?" Preguntó Otto con sarcasmo y desdén.

"Sí, supongo que sacrificarlos valió la pena." Respondió Subaru, forzando en sus labios una sonrisa socarrona.

"¡Desgraciado!" No tomando nada bien el comentario de Subaru, Leith, que se había mantenido oculto detrás de Otto, emergió y lanzó un puñetazo dirigido al rostro de Subaru. Éste lo esquivó sin problema.

"No los vi ayer en la noche. ¿Acaso los guardias terminaron permitiéndoles que abandonaran temporalmente la mansión?" Preguntó Subaru mirando hacia Otto, de esta manera ignorando a Leith, cuyo rosto estaba rojo de la ira.

"Nos dormimos temprano en la habitación que nos prestaron. Después de que impediste que fuéramos en búsqueda de la familia de Leith, no quedaba mucho que pudiéramos hacer." Dijo Otto, que a diferencia de Leith, parecía no estar teniendo problemas manteniendo la compostura; Subaru pudo notar que su amigo ya se había resignado a el destino que Subaru les había forzado.

"Puede que todavía creas que hice mal en retenerlos de esa manera, pero te puedo asegurar que lo único que hice fue salvarlos. Así que no voy a decirte que me arrepiento de hacerlo."

"¡Mi familia estaría viva si no fuera por-!" Escupió Leith con ira, pero antes de que pudiera terminar de decir lo que deseaba decir, fue interrumpido por Subaru.

"Tu familia ya estaba muerta. Y tú habrías muerto también si no hubiera hecho lo que hice."

"¡En ese caso habría preferido morir con ellos!" Gritó el artesano, enfurecido.

"Habrías arrastrado a Otto contigo, Leith…" Afirmó Subaru, menando su cabeza. Escuchar esto, hizo que Leith quedara paralizado, sus ojos abiertos de par en par. Subaru continuó. "Hagan lo que quieran. Si quieren ir en búsqueda de los cuerpos, son libres de hacerlo. Es probable que para mañana ya no esté en la ciudad, así que les recomiendo buscar otro socio. Adiós." Y con esas palabras, Subaru entró finalmente en la mansión…

"¿No crees que fuiste demasiado duro con ellos, Su-san?" Le preguntó Halibel, cuando ya se encontraban en uno de los corredores de la mansión.

"Tal vez… Pero no había otra manera de que lo entendieran. El destino a veces es inalterable, Hal-san, y ellos se negaban a comprenderlo." Halibel le lanzó una afilada mirada de soslayo a Subaru tras escucharlo decir tal cosa.

"Eso un poco hipócrita de tu parte."

"Tal vez. Yo tampoco lo comprendía, es cierto… Pero fui forzado a hacerlo. Cuando les dije que la familia de Leith había muerto, estaba convencido de que ello era irreversible. Ellos sabían de mi Protección Divina, e incluso así se negaron a escucharme. Por eso me vi en la necesidad de tomar medidas extremas. Pero ya no importa, pueden hacer con sus vidas lo que les plazca, ya no me sentiré responsable por lo que les suceda."

"Hmm… No estoy seguro si te entiendo del todo, Su-san, pero me queda claro que ayer experimentaste una maldita tortura." Dijo Halibel, intentando mostrarse comprensivo.

"… Tal vez incluso peor que eso." Murmuró Subaru, dando fin de esa manera a la conversación.

Ahora en silencio, el par recorrió los corredores de la mansión hasta llegar a la habitación de Subaru. Esa sería una parada corta, Subaru tomaría parte de su dinero ahorrado y partiría de nuevo en búsqueda de algún comerciante desesperado por deshacerse de su mercancía. Era evidente que pasarían varias semanas, incluso meses, antes de que la ciudad pudiera recuperarse de las consecuencias del ataque del Culto de la Bruja.

Muchos de aquellos que se ganaban la vida comerciando con bienes no indispensables se verían en la necesidad de abandonar la ciudad antes de que la crisis económica les arruinara. Subaru solo podía suponer el número de víctimas alcanzado durante el ataque, pero teniendo en cuenta lo que había llegado a ver en el distrito comercial, era evidente que éste ascendería hasta las decenas de miles.

Con una parte importante de la población de la ciudad masacrada, y la evacuación de otra gran parte de ésta, no cabía duda de que tiempos duros se cernían sobre la Capital Real. Sería responsabilidad de los nobles que no abandonaron la ciudad y del Consejo de Sabios el recuperar el estado anterior de la ciudad; Subaru estaba convencido de que, de no haber perdido su nombre, Anastasia habría sido de las primeras en luchar por estabilizar la economía del área.

Las candidatas restantes tenían una oportunidad de oro para sobrepasar a Anastasia, y por ello era vital que encontrara a Gula cuanto antes. Tal vez en ese momento no era prioritaria la campaña de Anastasia, pero Subaru aún no había desechado su objetivo de hacer todo en su poder para asegurarle el trono de Lugunica a Anastasia.

"¡Natsuki-kun! ¡Regresaste!" Subaru fue extraído de sus cavilaciones por la misma persona en la que había estado pensando. "¿Cómo te fue en la reunión? ¿Ocurrió algo importante?"

Subaru miró hacia Anastasia, quien provenía del lado contrario del corredor del que venían Halibel y él. La puerta de madera de la habitación de Subaru era lo único que les separaba. Subaru señaló con su mirada la puerta. "Hablemos de ello en mi habitación."

"¡Oh! Sí, tienes razón, es mejor que hagamos eso." Respondió Anastasia, comprendiendo inmediatamente las intenciones de Subaru.

Subaru entonces tomó el pomo de acero, lo giró y abrió la puerta. Tras un pequeño vistazo al interior de su habitación, pudo comprobar que ésta no se mantenía igual que la última vez que estuvo allí. Resultaba aparente que Anastasia había tenido bastante tiempo libre, puesto que había aprovechado para ordenarla. Indicó con su cabeza a su jefa que entrara primero, y tras ella, Halibel y Subaru hicieron lo mismo.

Una vez la habitación estuvo aislada del corredor por la puerta de madera, Subaru se sentó en su cama y le lanzó una mirada de confusión a Anastasia. "¿Dónde estabas? Pensé que no querrías salir de mi habitación después de todo lo ocurrido."

"Realmente no pensaba hacerlo." Afirmó ella, mientras se sentaba al lado de Subaru. "Pero no pude soportar el no saber nada del estado de Tivey y Hetaro…" Añadió, cabizbaja.

"Y… ¿Cómo te fue?" Inquirió Subaru, mirándola con simpatía.

"¿En serio me preguntas eso cuando ni siquiera me has respondido esa misma pregunta?" Dijo Anastasia, sus palabras impregnadas de un tinte de molestia. Ante la pregunta de la chica, Subaru asintió tranquilamente, causando que ésta suspirara, derrotada. "No ocurrió nada inesperado. Los hermanos están bien, ambos estaban despiertos cuando fui a visitarlos. No parece que lo sucedido les haya dejado secuelas serias, aunque ambos parecen permanecer agotados sin importar cuanto descansen. Según Kitzu, eso puede deberse a la enorme carga que implicó sobre sus cuerpos lo ocurrido con Mimi… Ambos ya fueron informados al respecto; se encontraban muy decaídos…"

"No son los únicos que se encuentran decaídos por lo ocurrido con Mimi… Aunque no dudo que hayan sido los más afectados por ello." Comentó Subaru, casi en un murmullo; una expresión melancólica había tomado forma en su rostro.

"La querías mucho, ¿no es así, Natsuki-kun?" Preguntó Anastasia, mientras tomaba la mano de Subaru que se encontraba más cercana a ella.

"Sé que no tengo derecho a hablar de ello; de todos en este lugar, fui el que pasó menos tiempo con ella…" Afirmó Subaru, alejando su mano de la de Anastasia.

"No digas eso. Puede que no la hayas conocido tanto como Ricardo, Tivey, Hetaro o yo, pero eso no significa que no hayas formado parte importante de su vida. Ella te adoraba y te admiraba, te veía como parte importante de su enorme familia que era el Colmillo de Hierro. Y sé que ella también era alguien importante para ti, y que esa es una de las razones por las que deseas encontrar a Gula. Así que no te menosprecies a ti ni a la relación de amistad que ambos tuvieron, a ella no le habría gustado eso."

"Sí, lo entiendo, lo entiendo, no hablemos más de eso, por favor, que me hace sentirme deprimido." Exclamó Subaru, mientras se esforzaba, en vano, por limpiar las lágrimas que había comenzado a derramar, sin que Anastasia lo notara.

"¿No crees que es un poco tarde para aparentar, Su-san?" Comentó Halibel en tono de broma, provocando que Subaru le lanzara una mirada de ira.

"En fin… ¿Solo fuiste a la habitación donde se encuentran los hermanos? ¿No recorriste la mansión en búsqueda de alguien que pudiera reconocerte?" Ese no era más que un pobre intento por parte de Subaru de cambiar de tema, después de todo, él sabía que las probabilidades de que encontraran a alguien capaz de recordar a Anastasia eran nulas. Así como todos habían olvidado a Crusch Karsten, Anastasia había sido olvidada por todos.

"No, fui a allí y regresé, no me desvié demasiado en el camino. Y, por supuesto, nadie me reconoció. De hecho, en más de una ocasión alguien se acercó a preguntarme quién era, fue un poco incómodo, para ser honesta…" Dijo Anastasia, con ligero disgusto. "Aunque, por lo que pude escuchar, con mi desaparición, Finn-san volvió a convertirse en dueño de la Compañía Hoshin, ¿o tal vez debería decir Compañía Ryuushika? Como sea, parece ser que él recuperó la compañía, y además el Colmillo de Hierro ahora trabaja para él."

"Hmm… Sí, recuerdo que Ricardo me habló de ello." Comentó Subaru, asintiendo.

"Pudiste habérmelo dicho antes, ¿no crees?" Le reclamó Anastasia.

"Lo siento, después de todo lo ocurrido, se me olvidó mencionártelo." Se defendió Subaru, mientras levantaba ambas manos delante de él para protegerse de la mirada asesina de la pequeña chica.

"Sí, tienes razón…" Concedió Anastasia, suavizando la mirada; para tranquilidad de Subaru. "Aunque lo cierto es que eso no cambió mucho las cosas… La mayor parte de mi dinero está en poder de la tesorería de la compañía, no hay forma de que podamos acceder a él. Escondí una pequeña parte en mi despacho, pero no creo que sea suficiente."

"No te preocupes por eso, si juntamos lo que ambos tenemos y lo invertimos bien en el camino, debería bastar para que no suframos de problemas financieros durante lo que pueda durar nuestro viaje." Afirmó Subaru, mostrándose positivo.

"En verdad lamento no tener nada que aportar, Su-san." Dijo Halibel, apenado.

"No te disculpes, yo sé que estás acostumbrado a vivir un día a la vez. Aunque sí me gustaría que dejaras de gastar en alcohol durante el viaje."

En respuesta a lo dicho por Subaru, Anastasia se levantó de golpe. "¡Me opongo, Natsuki-kun! El alcohol es un recurso tan importante como el agua o la comida."

"Maldición, ¿qué haré con este par de alcohólicos?" Murmuró Subaru mientras llevaba una de sus manos a su rostro.


Dieciséis Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Cuando salió de su habitación, Subaru lo hizo por sí solo. Habían decidido que Halibel se infiltraría en el despacho de Anastasia y recuperaría los ahorros que ella había ocultado allí; después de todo, si Anastasia entraba en esa habitación, problemas estaban destinados a surgir. En soledad, Subaru navegó una vez más por aquellos corredores que tan bien había llegado a conocer.

Se movería por la ciudad, en búsqueda de un carruaje de tamaño medio que pudiera albergarlos a Anastasia, Halibel y a él. ¿Quién jalaría del carruaje? Patrasche. Tal vez por su tamaño podía no aparentarlo, pero su recién adquirida dragona de tierra era capaz de llevar bastante peso; si antes no había podido cargarlo a él y Utada, o a él y Halibel, se debía a que ambos demi-humanos eran particularmente grandes, mientras que Patrasche no lo era.

Sin embargo, un carruaje apto para ella solucionaría ese problema. Una vez consiguiera el carruaje, regresaría a la mansión. Respecto a quién iría a comprar la comida y demás recursos indispensables, Subaru ya se había encargado de pedirle a uno de los empleados de la mansión que lo hiciera; una vez éste regresara, Subaru le pagaría. Dado que él era alguien de importancia allí, tal pedido no resultaba inaceptable.

Al entrar en el salón, para sorpresa de Subaru, encontró a dos chicas que reconoció de inmediato. Una de ellas se volteó para verle, probablemente debido a que el sonido de la puerta al abrirse llamó su atención. Ambos se miraron por unos segundos, y entonces la chica alejó la mirada, mostrando perfecta indiferencia hacia su presencia.

"Ram-san, Emilia-sama, ¿cómo se encuentran esta mañana?" El saludo de Subaru fue completamente ignorado. Sin embargo, Subaru pudo percatarse que solo una de los dos lo hacía conscientemente. Emilia al parecer seguía sumida en un profundo estado de shock. Dado que no obtuvo respuesta, Subaru añadió. "Me alegra ver que se encuentran… bien." ¿Realmente lo hacían? Se encontraban con vida, por supuesto, pero las grandes ojeras que tenía Ram y su piel pálida, además del deteriorado estado mental de Emilia, indicaban lo contrario.

Suspirando profundamente, Subaru se acercó a las chicas. Miró a uno de los guardias de la mansión y le pidió que fuera por Patrasche. Su dragona de tierra había sido llevada a los establos para ser alimentada; lo que menos quería era cometer los mismos errores que su dueño anterior, ya lo había hecho demasiadas veces en otros bucles. Una vez hecho esto, Subaru miro de nuevo a Ram. Ella no le estaba devolviendo la mirada, sin embargo era evidente que sabía que Subaru le estaba viendo fijamente.

"Estás en lo correcto, ambas nos encontramos de maravilla, así que deja de mirarme de esa manera, es asqueroso." Escupió Ram, con desdén. No obstante, Subaru no cedió ante sus provocaciones, lo que provocó que la chica suspirara con fastidio. "No me agradas, pero lo cierto es que lo mínimo que puedo hacer es agradecerte."

"¿Eh?" Exclamó Subaru confuso. Esa no era la reacción que estaba esperando. ¿Agradecerle? ¿Por qué? Subaru no recordaba haber hecho nada merecedor de ello.

"No hagas esa cara, te vez más estúpido de lo que ya eres."

"¿Podrías no ser tan agresiva? Dijiste que me ibas a agradecer, ¿no es así?"

"¡Já! Eso no cambia lo que eres." Respondió la chica con sorna. "Pero sí, debo agradecerte, asimismo debo agradecerte en nombre de Emilia-sama. El mercenario de Kararagi me lo dijo, que lo enviaste para salvarnos a Emilia-sama y a mí, y que le pediste que esperara en el castillo hasta que despertara. No sé qué intenciones ocultas pudieras tener para hacer tal cosa, pero te puedo asegurar que no permitiré que pongas un dedo sobre Emilia-sama. Aun así… Gracias."

Ram, que se encontraba sentada en uno de los asientos del salón junto a Emilia, se puso en pie e hizo una pequeña reverencia, todas formalidades que iban muy acorde con su puesto. Aun así, Subaru no pudo evitar sentirse ligeramente avergonzado. Lo cierto es que Subaru nunca ordenó tal cosa a Halibel, sin embargo el desvanecimiento de Anastasia había provocado tal confusión, y por conveniencia no corregiría el malentendido.

"No tengo ninguna intención oculta, simplemente lo hice porque no quería que Ana-… No quería que la imagen de Ryuushika-sama se viera manchada por la muerte de sus invitadas, sobre todo considerando que Emilia-sama es una candidata a Rey."

"No suenas muy convincente… Sin embargo, te creeré. Aun así, no creas que voy a permitir que te nos acerques con la excusa de que nos salvaste." Afirmó la chica, usando su cuerpo para cubrir a Emilia.

"Esa no es mi intención, puedes estar tranquila." Insistió Subaru. Tras decir esto, Subaru permaneció en silencio. Deseaba cuestionar a Ram sobre lo ocurrido en la mansión, no obstante, no encontraba la manera de abordar el tema. Para suerte suya, la pelirosa fue la primera en hablar.

"Escuché que la dama de cabello morado vino contigo. También me gustaría agradecerle a ella en nombre de Emilia-sama."

"¿La dama de cabello morado? ¿Hablas de Anastasia?" Cuestionó Subaru, anonadado.

"Así que ese es su nombre… Sí, estoy segura de que es la misma dama que permaneció junto a Emilia-sama cuando fue atacada por el Arzobispo de la Gula. De alguna manera, desapareció poco antes de que el mercenario apareciera… Aun así me gustaría poder agradecerle personalmente. Ella, a diferencia de Felt-sama, se mantuvo al lado de Emilia-sama hasta que llegué para impedir que el maldito enano hiciera algo a Emilia-sama."

"¿Enano? ¿Hablas del Arzobispo de la Gula?" Anastasia ya le había dado descripción del despreciable arzobispo, pero lo cierto es que sus recuerdos de lo sucedido habían quedado borrosos después de que su nombre fuera devorado. Así que deseaba escuchar el punto de vista de Ram sobre lo ocurrido.

"Sí… Era un enano insolente, pero extremadamente poderoso. De no ser porque algo le perturbó poco antes de que me enfrentara por segunda vez a él, es posible que hubiera sido asesinada."

"¿Algo le perturbó? ¿No sabrás qué lo hizo?"

"No. La verdad no recuerdo demasiado de mi enfrentamiento con Gula. Y, para ser honesta, prefería no hablar más de ese asqueroso sujeto." Resultaba evidente que Ram no se sentía a gusto discutiendo sobre Gula y su pelea con él.

"Bien, si no deseas hablar de eso, no te forzaré a ello. Con respecto a Anastasia, ella está en mi habitación… Puedo ir a buscarla si así lo deseas."

"No hace falta que vayas por ella y le hagas perder su tiempo. El trato entre Roswaal-sama y el dueño de la mansión no ha caducado, así que es seguro que permanezcamos aquí hasta mañana." Dijo Ram, impidiendo así que Subaru se viera en la necesidad de regresar a su habitación.

"Si no logras verla, le agradeceré de tu parte."

"Gracias…" El tono de voz de Ram permanecía cortante y frío, pero Subaru podía percibir que la imagen que tenía ella de él había mejorado, aunque sea ligeramente. Un calmo silencio se formó entre ellos, Ram, que había dicho aquello que tenía que decir, y Subaru, que no encontraba la manera de abordar el otro tema que deseaba tratar con ella. El silencio se prolongó por varios segundos, hasta que Ram movió su boca nuevamente. "¿Desea algo de mí? Ram posee el corazón de una dama pura, así que habernos ayudado no bastará para que caiga rendida ante usted."

"N-No, no, me estás malinterpretando." Aseguró Subaru, mientras meneaba sus manos frente al rostro de la mucama, que nuevamente le miró con recelo. Suspirando, Subaru añadió. "La verdad es que hay algo que quisiera preguntarte."

"Si tiene algo que ver con Roswaal-sama, no responderé." Declaró Ram.

"¡No saltes a conclusiones tan precipitadamente!" Exclamó Subaru, mostrándose ligeramente exasperado, no solo por la actitud de la mucama, si no por su incapacidad de preguntar directamente lo que deseaba preguntar. "Halibel, el mercenario que te salvó, me contó sobre lo ocurrido antes de encontrarlas, sobre como a pesar de que eres una Oni, no posees cuernos-"

"¿No cree que una vez más se está inmiscuyendo en asuntos que no le competen?" Cuestionó Ram, interrumpiéndole. Era evidente que escuchar sobre su ausencia de cuernos le había molestado.

"Discúlpame si es así, pero necesito preguntarte. Necesito comprenderlo. Tú lo entiendes, ¿no es así?" La mucama de pelo rosado le lanzó una mirada de incomprensión, por lo que Subaru se vio en la necesidad de elaborar. "Las candidatas al trono fueron atacadas por el Arzobispo de la Gula, que supuestamente se encontraba muerto; y ahora solo hay tres candidatas. ¿No crees que es extraño? ¿No crees que es demasiada casualidad?"

"¿Eh? ¿De qué hablas? Siempre ha habido tres…" Súbitamente, Ram dejó de hablar. Esto fue señal para Subaru de que la chica finalmente entendió lo que Subaru estaba implicando.

"Si no hubieras puesto en peligro tu vida con el fin de proteger a tu ama, es probable que ambas hubieran sido eliminadas de la existencia, o peor. Lo mismo si Halibel no hubiera llegado a tiempo." Al escuchar esto, Ram agachó ligeramente su cabeza. Se odiaba por manipularla de esa manera, pero necesitaba entender… "Luchaste para proteger a Emilia-sama, pero el enemigo era demasiado poderoso y por eso resultaron acorraladas, eso lo entiendo. Pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo terminaron en ese estado? Es sabido que Emilia-sama posee un contrato con la Bestia de la Glaciación, ¿cómo es que fueron derrotadas de esa forma?"

"Ya veo…" Murmuró Ram, mirando nuevamente a Subaru. Al hacerlo, Ram pudo vislumbrar un brillo peligroso en sus ojos. "¿Perdiste a alguien? ¿Tu ama era una de las candidatas que se desvaneció?" Subaru se abstuvo de responder, su semblante estoico. "Te lo diré; pero solo porque no creo que seas capaz de usar esa información para dañarnos."

"Gracias." Ram estaba siendo sincera, o solo estaba actuando como un típica Tsundere, Subaru no estaba seguro.

"Pero después de escuchar mi respuesta, déjanos en paz." Subaru asintió ante la agresiva propuesta. "… Ha sido así desde que Emilia-sama asesinó a uno de los peligrosos subordinados del Arzobispo de la Pereza; dedos, los llamaba él. Desde entonces, Emilia-sama ha perdido su capacidad de llamar al Gran Espíritu-sama en situaciones de alta tensión para ella. Según Roswaal-sama, se trata de algo que hace inconscientemente, y su origen no puede ser otro que un profundo trauma que puede que esté arraigado a su mente desde años atrás."

"¿Un trauma arraigado desde años atrás, eh? Posiblemente algo durante su lucha contra el dedo de Petelgeuse hizo que éste resurgiera y empeorara…" Reflexionó Subaru en voz alta.

"Si vuelve a interrumpirme daré por terminada la conversación." Amenazó Ram, con el ceño fruncido. Subaru disculpó, y por lo tanto Ram continuó. "No se equivoca. Por lo mismo, es que Roswaal-sama consideró que solo el tiempo podría curar su herida emocional. No obstante, ya ha pasado casi un año desde entonces y la situación permanece igual. Debido a lo ocurrido en el Castillo Real, probablemente pasarán varios días antes de que el Gran Espíritu que acompaña a Emilia-sama pueda volver a mostrarse; lo mismo aplica a su estado mental, varios días harán falta para que la señorita se recupere. Así que por el momento, no nos queda más opción que confiar en que Ryuushika-sama se adhiera al contrato que estableció con Roswaal-sama."

"Puedes confiar en que el Colmillo de Hierro se hará cargo de protegerlas en lo que tardan en venir por ustedes. Considerando lo ocurrido, supongo que tú también te viste bastante afectada, así que descansa por ahora."

"¡Já! No pienso quedarme de brazos cruzados como haría un empleado mediocre como tú, si tengo que sacrificar mi vida para salvar a Emilia-sama, lo haré." Declaró la mucama, mirando con superioridad a Subaru; esta actitud arranco un suspiro de derrota a Subaru. Aparentemente su gratitud no había durado demasiado.

"Como sea… Gracias por hablarme de ello, al menos ahora entiendo porque las cosas ocurrieron como lo hicieron." La chica asintió como respuesta a sus palabras y regresó al lado de Emilia. Subaru entonces reanudó su camino hacia las afueras de la mansión.

Mientras cruzaba el umbral de salida, Subaru no pudo evitar pensar en las palabras de la chica y su expresión. Lo primero que había llegado a pensar es que Ram le había dado más información de la que esperaba. Una mucama de personalidad estricta como ella jamás habría revelado tanta información sobre su ama.

No obstante, esta impresión de Subaru había cambiado drásticamente. En verdad Ram se había limitado a decirle lo que él deseaba escuchar y nada más. Después de todo, era evidente que no le había dicho todo sobre lo ocurrido con Gula; solo cabía preguntarse cuanto había omitido respecto al estado de Emilia. ¿En verdad sus recuerdos eran borrosos? ¿Era una excusa, o había hablado con la verdad? Tal vez no estaba mintiendo, después de todo, su frente en efecto había sangrado en exceso durante su combate contra Gula. Aunque eso hacía que fuera necesario preguntarse, ¿cómo había sobrevivido?

Si mal no recordaba, Halibel en alguno de los tantos bucles que tuvieron lugar en el jardín del castillo, mencionó que para un Oni debería resultar imposible sobrevivir sin sus cuernos. Con éstos, dicha especie era capaz de absorber el maná del ambiente y utilizarlo como fuente de vida y de poderosa magia. No obstante, Ram se había llevado a sí misma a su límite e incluso había perdido el conocimiento. ¿En verdad se encontraba bien, como quería hacer aparentar?

Si muere o no, realmente no es asunto mío; pensó, dando finalizado su actual tren de pensamiento. Puede que todavía tuviera preguntas sobre lo sucedido durante la pelea con Gula y sobre el trauma de Emilia; pero respecto a lo primero, estaba seguro de que nada de lo que pudiera descubrir valdría el esfuerzo, y respecto a lo segundo, no era asunto suyo.

Tal vez era cruel pensar de esa manera, pero Subaru ya había dado por concluidos sus asuntos con Ram y Emilia. Ya podía considerar su deuda pagada, y era libre de viajar por el mundo en búsqueda de venganza. En verdad lo que ocurriera con aquellos que estaba dejando atrás ya no era de importancia para él.


Diecisiete Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

"Éste servirá." Dijo Subaru, satisfecho.

Luego de mucho buscar en el distrito de la nobleza, había dado con un comerciante de carruajes desesperado por deshacerse de su exceso de mercancía. Con solo verlo a la distancia, Subaru había deducido que es lo que le había ocurrido, y no se había equivocado. Se trataba de un artesano y comerciante que vendía sus creaciones de alta calidad. Gracias a su gran técnica, sus carruajes estaba decorados con exquisitos detalles.

Desde que su abuelo, un artesano, se mudó a la ciudad décadas atrás, la familia se había dedicado a vender carruajes por pedido a los nobles de la ciudad. No obstante, el comerciante de carruajes tenía varios carruajes en exhibición de los que necesitaba deshacerse para poder abandonar la ciudad. Y dado que tenía prisa en venderlos, Subaru consiguió un muy buen precio.

"¡Realmente le agradezco! Casi nadie posee un dragón de tierra tan esbelto como el suyo y está dispuesto a usarlo para jalar de un carruaje, así que había tenido muchos problemas en deshacerme, err, vender ese carruaje."

"Yo soy quien debería agradecerle, realmente estaba comenzado a temer que no iba a encontrar a nadie que estuviera vendiendo un carruaje de dragón adecuado para Patrasche." Respondió Subaru, mientras se subía en el asiento de conductor del carruaje. El comerciante había sido tan amable de colocarle las riendas a Patrasche y ajustarlas para que no surgieran problemas al momento en que su Protección Divina se desactivara.

"¿Está seguro de que no desea que le explique cómo manejarlo? Me dijo que nunca antes lo había hecho, ¿no es así?" Preguntó el hombre, mostrándose ligeramente preocupado.

"No hace falta, Patrasche es tan genial que sabe cómo hacerlo por sí sola." Dijo Subaru, con una sonrisa despreocupa. Con esto, el artesano comerciante se dio por vencido, agradeció de nuevo a Subaru y se despidió de él.

De esta forma, Subaru dio por concluida la compra del carruaje, y por lo tanto indicó a Patrasche que regresara a la mansión. Y aunque es cierto que al principio tuvo problemas para manejar las riendas, Subaru rápidamente se adaptó; por supuesto, mucho tenía que ver que Patrasche comprendiera fácilmente lo que su nuevo dueño esperaba que hiciese.

El carruaje se movió por las amplias calles del distrito de la nobleza. Subaru no podía negar que le agradaba el no necesitar moverse entre callejones y callejuelas. Tranquilamente, el carruaje avanzó sin necesidad de apresurarse para llegar a su destino. Fue en este momento de letargo, que Subaru vio por el rabillo del ojo algo moverse a un costado de la calle.

"¡Yo te conozco!" Repentinamente, algo con voz femenina le habló desde uno de sus costados, y sobresaltado, Subaru jaló con fuerza de las riendas de Patrasche, provocando que casi se estrellaran contra un de las tantas lujosas casas de la zona.

"¡¿Qué diablos?!" Exclamó Subaru, una vez recuperó el control del carruaje y miró hacia el lugar del que había provenido la voz. Allí, sobre el asiento del copiloto, se encontraba una creatura similar a un zorro ártico, de ojos oscuros que desbordaban de inteligencia.

"Vagué por las calles de esta ciudad en búsqueda de alguien, pero simplemente era incapaz de recordar a quien estaba buscando… Es como si… si se hubiera desvanecido. Por ello, no podía hacer más que vagar y vagar sin rumbo fijo. Pero a ti yo te recuerdo, sí. Eres el chico que me salvó en Priestella, ¿no es así?"

"¿Eh?" ¿De qué hablaba esa creatura? Subaru no recordaba haber salvado a algo similar.

"Además, tal parece que eres extremadamente afín a las artes espirituales." Continuó la creatura, ignorando la evidente confusión de Subaru. "Sí, tú debes de ser esa persona, puedo sentirlo. No puede ser de otra forma, tú serás mi compañero; observaré con atención tus hazañas." Entonces, la criatura saltó hacia Subaru y le envolvió el cuello.

"¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame!" Gritó Subaru, tomando el cuerpo peludo de la creatura y arrancándolo de su cuello. Para su sorpresa, la creatura cedió con relativa facilidad. De manera sumisa, la creatura se posó en sus manos, su cuerpo ahora aplanado como si de una bufanda se tratara.

"¿Me he equivocado acaso? ¿No eres tú a quien buscaba?" Le preguntó la creatura, contrariada.

"¡No decidas esas cosas por ti misma! Dame un momento para pensar." Exclamó Subaru, para entonces sumirse en pensamiento. El solo ver a esa creatura hacía que le picara el cerebro; ahora que la veía con más detenimiento, estaba convencido de que, en efecto, la había visto antes. Lo cierto es que le costó considerablemente recordarlo, y al hacerlo, fue como si hubiera tenido una epifanía. "¡Eres la bufanda de Anastasia!"

"¿Anastasia? ¿Es esa la persona que he estado buscando?"

"Probablemente." Aseguró Subaru. "Hmm… Así que tú eras la bufanda con la que siempre andaba… Con razón me pareció que últimamente le faltaba algo…" Murmuró Subaru, sin apartar la vista de la creatura.

Para ese momento, ya no tenía las manos en las riendas de Patrasche, no obstante, su dragón no necesitaba de sus indicaciones para regresar a la mansión Hoshin; después de todo, estaban recorriendo el mismo camino que utilizaron para llegar a donde el comerciante de carruajes.

"¿Estás seguro de que no eres tú la persona que busco? Puedo sentir algo especial en ti, una especie de afinidad inusual, a pesar de que nuestras magias no son del todo compatibles. Estoy segura de que si hacemos un contrato, seremos capaces de cosas increíbles."

"¡Espera un segundo! ¿Contrato? ¿Eres un espíritu?"

"Un espíritu artificial, eso es lo que soy."

Subaru no podía detectar mentira en la voz de la creatura. Sin embargo, eso solo complicaba las cosas aún más. Anastasia nunca mencionó tener un espíritu, de hecho, no recordaba un momento en que la chica hubiera utilizado magia, ni siquiera en situaciones de emergencia. ¿Acaso tenía alguna relación ese espíritu con ella? Subaru no estaba seguro, y por ello, lo mejor que podía hacer era llevarla ante Anastasia.

"Bien, por ahora quédate conmigo, encontraré la manera de resolver esto… ¿Tienes algún nombre por el que pueda llamarte?"

"No pensaba hacer otra cosa." Declaró el espíritu. "Y sí, mi nombre es Echidna." Y al decir esto, Echidna volvió a envolver el cuello de Subaru para así desaparecer.

"¿Qué haces?" Preguntó Subaru, desconcertado.

"Mi verdadera forma no puede ser vista, por lo tanto me estoy ocultando, camuflándome como una bufanda."

"¡Escóndete de otra manera, no quiero que me vean con una maldita bufanda de zorro blanco, que vergüenza! ¡Me voy a ver ridículo!" Al final, Echidna terminó aparentando ser un guante de piel blanco, decorado con el rostro de un zorro en su superficie; lo cierto es que Subaru no podía esperar por solucionar todo ello con Anastasia.


Y por sí alguno se lo preguntaba, ahí está Echidna, o como a Subaru le gusta decirle, "Scarfdona". Para aquellos que no sepan quien es, a pesar de que ya fue mencionada en el fic varias ocasiones, pues es el espíritu artificial que acompaña a Anastasia; por supuesto, ésta aparecerá hasta lo que sería una tercera temporada del anime.

¿Debería considerarlo un spoiler? Hmm… Supongo que sí, pero para nadie es un secreto que yo uso mucho de los arcos que aún no han sido animados, así como de las historias alternativas escritas por el mismo Tappei. De todas formas, además de una que otra referencia y personajes, realmente no pienso copiar como tal ninguno de los eventos de la historia de los arcos posteriores al anime, así que pueden estar tranquilos en ese aspecto.

Ahora bien, el viaje está apunto de comenzar, y con él este arco entrará en su segunda etapa (está conformado por tres). Dejaremos de lado todo el asunto de las reinvenciones, la ciudad y los bucles de muerte, para enfocarnos en Subaru como arzobispo. Aunque esto no significa que Subaru va a dejar de morir, claro que no, simplemente que no volveré a enfocar un arco en un solo bucle como fue el caso de los primeros 3 arcos, especialmente el tercero.

Listo, eso es todo lo que tenía que decir… O bueno, nada más recordarles que si tienen alguna pregunta sobre el fic, no entienden algo o simplemente quieren comentarme algo, pueden preguntarme; este espacio está pensando para responderles. Como siempre, gracias por su apoyo, hasta la próxima semana.