Comienzo de un Camino de Cadáveres

Diecisiete Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Desde primera hora en la mañana, los cadáveres de aquellos que fallecieron durante el asedio del Culto de la Bruja había comenzado a ser cremados. Y esto incluía los cadáveres de aquellos que en vida pertenecieron al Colmillo de Hierro. En otras áreas de la ciudad, cremaciones masivas habían tenido lugar con tal apresurar el proceso y de ésta manera prevenir que las plagas se apoderaran de la ciudad; cosa que bien podía resultar en el golpe de gracia para la convaleciente Capital de Lugunica.

Debido a que la cantidad de cadáveres que se apilaban en el jardín de la Mansión Ryuushika, antiguamente la Mansión Hoshin, no excedía los cincuenta, los mercenarios habían optado por dedicar un pequeño ritual de duelo a cada uno, antes de cremar individualmente cada cadáver. Cada uno de los fallecidos había sido un amigo o familiar de alguien en la mansión, así que no podía ser de otra forma.

Por ello, desde que los primeros rayos de luz del amanecer se hicieron presentes, los funerales dieron inicio. Y ahora que Subaru regresaba de haber adquirido el carruaje de dragón que necesitaría para su inminente viaje, era el momento en que el cuerpo de Mimi estaba siendo preparado para su cremación. Uno de los hechiceros del Colmillo de Hierro que sabía de magia de fuego estaba llevando a cabo el ritual.

Como podía esperarse, Ricardo se encontraba al lado del hechicero, su mirada fija en el cadáver de Mimi, que permanecía envuelto por una manta blanca. Sin embargo, el capitán de los mercenarios no era el único presente. Tivey y Hetaro habían abandonado la habitación en la que habían estado recuperándose y se encontraban al lado del capitán mercenario.

Considerando que menos de veinticuatro horas atrás ambos habían estado al borde de la muerte, resultaba sorprendente para Subaru que ambos estuvieran ahí. No cabía duda de que la determinación de ambos superaba la suya por mucho; simplemente no podía dejar de admirarlos. Además de los hermanos, otros miembros del Colmillo de Hierro se encontraban allí, entre ellos Kitzu y Maju.

Subaru se bajó del carruaje y pidió a uno de los empleados de la mansión que llevara a Patrasche a los establos. El carruaje estaría listo para su partida a primera hora del amanecer al día siguiente. Entonces se acercó al lugar donde el funeral de Mimi estaba siendo llevado a cabo. Cuando estuvo a pocos metros del cúmulo de personas que estaba dando su último adiós a la pequeña demi-humana, Subaru pudo verlos; Anastasia y Halibel.

Cuando se encontraba en el asiento del conductor de su recién adquirido carruaje no había podido verlos. Y la explicación de esto era que ambos, el guerrero Shinobi y la comerciante olvidada por ese mundo, estaban ubicados lejos de las demás personas presentes en el funeral, aislados de la multitud de personas que habían conocido y entablado amistad con Mimi.

Subaru se acercó en silencio a donde yacía Mimi. El hechicero ya había acercado su mano al cadáver y parecía que estaba por prenderle fuego. Fue entonces que Subaru se hizo espacio entre las personas y se acuclilló al lado de quien estaba por cremar a aquella niña, que tan importante se había vuelto para él durante el tiempo que había trabajado como empleado de la Compañía Hoshin. Sin prestar atención a las decenas de miradas que ahora tenía encima, Subaru estiró su mano y la colocó sobre la cabeza cubierta de la pequeña niña.

"Ya una vez te lo dije, en alguno de los tantos bucles que deseché al intentar salvarte, pero te lo diré de nuevo. Me aseguraré de hacer que el culpable de tu muerte sufra diez, no, mil, mil millones de veces lo que tu sufriste; haré que el hijo de puta experimente un infierno antes de enviarlo al infierno mismo. Así que viviré, Mimi, viviré y alcanzaré todos mis objetivos. Y tú también lo harás, vivirás en mi corazón… Nunca te olvidaré, Enana. Gracias por todo…" Habiendo susurrado su último adiós a Mimi, Subaru se puso en pie, ocultó la mano en la que se encontraba Echidna en uno de los bolsillos de su pantalón y, así como se acercó al lugar, se alejó de allí en dirección a donde se encontraban Halibel y Anastasia.

Mientras caminaba hacia quienes serían sus compañeros de viaje, escuchó como las llamas envolvían a Mimi, y sofocaban los sollozos de aquellos que no habían sido capaces de contener el llanto. Anastasia, con sus ojos enrojecidos por las saladas lágrimas, estiró una de sus manos hacia Subaru y él la tomó. Todavía no le hablaría del espíritu que se había encontrado en el camino, se limitaría a compartir el calor de su mano con Anastasia y disfrutar de la calidez de la de ella en silencio. En ese momento, eso es lo que ambos más necesitaban.


Una vez que la ceremonia de la cremación de Mimi hubo concluido, sus cenizas fueron colocaron en una pequeña urna que Hetaro recibió con sus ojos humedecidos. Ambos hermanos regresaron a la habitación donde pasarían su convalecencia, y tras ello todos los presentes regresaron a sus labores diarias; solo un par de mercenarios permanecieron, el hechicero a cargo de la cremación y Ricardo. Puede que el funeral de Mimi hubiera terminado, pero no todos los cadáveres apilados en una esquina alejada del jardín habían pasado por el ardiente ritual.

Arrugando su rosto, Subaru procedió a cubrir su nariz con su mano descubierta. No lo había notado antes, pero el hedor a carne quemada había inundado la atmosfera del jardín de la mansión. Si había evitado ir al distrito comercial en búsqueda de posibles vendedores desesperados, se debía principalmente a que deseaba alejarse del hedor a muerte que impregnaba el aire de la zona.

Ese olor a muerte que se adherida a su ropa y calaba en su nariz, impidiendo que no pudiera percibir otro olor que no fuera ese, presagiaba un destino que le hacía sentir un intenso disgusto por sus propias decisiones. En verdad haría lo que fuera necesario para alcanzar sus objetivos, y ello le hacía estremecerse en autodesprecio. Deseando alejarse de ese hedor lo antes posible, Subaru tomó con fuerza la mano de la chica pelimorada y le indicó que regresaran a su habitación.

Ese lugar, su cuarto personal en la mansión de Anastasia, se había convertido en el punto de reunión para ellos tres. Subaru, se sentó en su cama, como resultaba habitual; poco tiempo pasó para que Anastasia hiciera lo mismo. Por su parte, Halibel tomó asiento en la silla de madera ubicada exactamente frente al escritorio de trabajo de Subaru.

"¿Y bien? ¿Vas a decirnos por qué tenías tanta prisa en regresar a aquí?" Subaru no pudo evitar tragar audiblemente al escuchar la pregunta de Anastasia.

Su viaje en busca de los recuerdos de Anastasia y la tan ansiada venganza daría inicio el día siguiente, y por lo tanto Subaru se sentía en la obligación de transmitir confianza a sus dos acompañantes. De su boca no escucharían que temía al futuro que se avecinaba; no admitiría que presentía que sus manos, no, las manos de los tres se mancharían de carmesí, un carmesí tan intenso que resultaría imposible determinar si se trataba de sangre inocente o enemiga.

"Necesito que mires esto." Dijo Subaru, desvelando la mano que había mantenido guardada en uno de los bolsillos de su pantalón. Aunque era evidente que Subaru se había dirigido a Anastasia, Halibel fijó su mirada en la extremidad superior, con curiosidad brillando en sus ojos.

Subaru lo había hecho casi por instinto, no había planeado con anterioridad mostrar a Echidna en ese momento especifico, no obstante la aparición del espíritu que decía ser artificial había resultado útil para ocultar su recelo respecto al futuro próximo. Lo cierto es que Subaru no podía pensar en su temor al futuro como más que otro fruto de sus despreciables y eternas debilidades; seguir mostrándose débil resultaba inaceptable para Subaru.

Además, Anastasia merecía saber sobre la presencia de Echidna. Si sus sospechas resultaban ser ciertas, ese podía ser un agradable reencuentro para Anastasia; o bien todo lo contrario. Esa no sería más que otra de sus apuestas precipitadas. Esta vez esperaba tener mejor suerte que con las apuestas anteriores, o de lo contrario Anastasia podría resultar muy afectada emocionalmente.

"Hmm… ¡Se ve genial en ti, Su-san! Ahora solo falta que consigas un guante negro y estarás representando tu faceta de inventor y tu faceta de Arzobispo del Pecado." Comentó Halibel casualmente, mostrando su caninos.

"…" Subaru ignoró por completo el comentario casual de Halibel y mantuvo su mirada fija en el rostro de Anastasia. Era evidente que la presencia de ese guante blanco en su mano izquierda había sorprendido a Anastasia. Con sus ojos abiertos como platos y sus labios entreabiertos, la chica comerciante observó paralizada el guante con detalles zorrunos.

"Echidna…" Murmuró Anastasia, saliendo de su estupefacción. Eso es todo lo que Subaru necesitaba escuchar.

"Así que tenía razón, este espíritu era tu bufanda de piel de zorro blanco." Concluyó Subaru, mientras tomaba el guante de un extremo y lo retiraba de su mano. "Echidna, deja de hacer lo que estés haciendo para ocultar tu presencia, es evidente que con ella no funciona."

"Interesante, muy interesante… Nunca había conocido a una persona que fuera capaz de detectar mi presencia al ocultarme." Dijo el espíritu artificial, para después transformarse en su forma de zorra blanca.

"¡Oh! Nunca había visto algo parecido." Exclamó Halibel, mostrándose asombrado por la súbita aparición de Echidna.

"¡Equidna!" Para sorpresa de Subaru y Halibel, la siempre serena Anastasia se lanzó sobre Echidna con sus brazos abiertos. Y como si temiera que el espíritu artificial pudiera desvanecerse en el aire, cerró sus brazos como si se trataran de una trampa de osos y la abrazó con fuerza, aferrándose a ella. "¡Me tenías tan preocupada, Echidna! ¡Después de lo que ocurrió en la mansión, realmente llegué a pensar que nunca te volvería a ver! ¡El solo pensar que alguno de los cultistas te pudiera haber raptado, o peor…! ¡Realmente me alegra volver a verte, amiga mía!"

Como si se trataran de un poderoso torrente de agua fluyendo fuera de una represa fragmentada, las emociones reprimidas de Anastasia fluyeron fuera de ella. Lágrimas pronto empaparon el rostro de la chica, que parecía negarse a soltar al espíritu, que en ningún momento se mostró disgustada por el fuerte abrazo de Anastasia. Por lo tanto, Subaru y Halibel esperaron en silencio, sin atreverse a interrumpir la escena. Pacientemente esperaron a que la chica comerciante transmitiera sus emociones a Echidna…

"Me la encontré cuando venía de vuelta a la mansión, después de comprar el carruaje; o bueno, ella me encontró a mí. Estaba buscando a alguien, pero no recordaba a quién. Probablemente mi buena afinidad con las espíritus fue lo que la atrajo… Yo estoy seguro de que a quién buscaba era a ti." Informó Subaru, una vez Anastasia se hubo calmado y soltado a Echidna, que permaneció echada en la cama, entre Subaru y Anastasia.

"G-Gracias, Natsuki-kun, una vez más me has salvado…" Murmuró Anastasia, conteniendo el llanto.

"Simplemente te estoy devolviendo parte de lo mucho que me diste." Dijo Subaru, con una genuina sonrisa en sus labios. Los ojos humedecidos de Anastasia se posaron en los de Subaru, y de esa manera ambos se miraron el uno el otro por varios segundos, atrapados en la mirada del otro, hasta que la voz de Echidna los sacó de ese trance.

"No mentiste al decir que estaba buscando a alguien que era incapaz de recordar, Subaru. Sin embargo, debo decir que te equivocas en una cosa." Tal afirmación provocó que tanto Anastasia como Subaru miraran al espíritu artificial.

"¿A qué te refieres, Echidna?" Le cuestionó Subaru, frunciendo el ceño. ¿Acaso había vuelto a fallar en su apuesta? Tan cerca que estaba todo por desenvolverse de la mejor manera. ¿Por qué no podía ese espíritu mantenerse en silencio y aceptar que Anastasia era esa persona a la que buscaba?

"Es cierto que exudas una aura agradable, no mientes al decir que eres compatible con los espíritus. No obstante, esa no es la razón por la que decidí mostrarme ante ti."

"¿Entonces, cuál fue?" Preguntó Subaru, su voz ligeramente tosca. ¿Por qué tenía que arruinar ese hermoso rencuentro? ¿Acaso era Echidna incapaz de leer el ambiente?

"Tu codicia."

"¿Eh?" La afirmación de Echidna provocó dos tipos de reacciones distintas. En el caso de Subaru, fue confusión; en el de Anastasia y Halibel, comprensión.

No obstante, la comerciante y el guerrero llegaron a tal sentimiento por razones distintas. Anastasia, quien había conocido a Echidna años atrás, recordaba cuan interesada siempre se había mostrado por su codicia, su sed insaciable de triunfar en el mundo de los negocios; además, Subaru representaba el epítome de esto, Anastasia lo sabía. Halibel, que era consciente de la capacidad de Subaru de cambiar el mundo, había comprendido que ese extraño espíritu había percibido lo mismo que él; la codicia de Subaru por perseguir objetivos inalcanzables.

"Yo te recuerdo, Natsuki Subaru, así como también recuerdo haber llegado a ver al guerrero demi-humano. Lo mismo no puedo decir de la chica, Anastasia." Dijo Echidna, mientras miraba a Anastasia de soslayo. Una expresión dolida tomó forma en el rostro de Anastasia, pero ésta supo ocultarla rápidamente; aunque no lo suficiente para que Subaru no la notara.

"Y aun así, Anastasia sí te recuerda, y además es capaz de verte incluso cuando ocultas tu presencia. ¿No es eso prueba suficiente de que es a ella a quien buscabas?" Argumentó Subaru, buscando así convencer a Echidna de que Anastasia era aquella persona y no él.

"No puedo negar o afirmar que esta chica es a quien había estado buscando." Dijo Echidna, negándose testarudamente en aceptar por completo las palabas de Subaru. "Pero sea ese el caso o no, lo cierto es que encontré a alguien más que adecuado."

"…" Aunque sus labios no se movieron, los rostros de Halibel, Subaru y, especialmente, Anastasia, indicaban que entendían a qué quería llegar Echidna con lo que estaba diciendo.

"Mi mayor deseo es ser testigo de las hazañas extraordinarias de aquellos movidos íntegramente por la codicia. Y aunque es cierto que el alma de esta chica reboza de una codicia sorprendente, la tuya la opaca por completo. La tuya es una codicia atrevida, agresiva, peligrosa… Puedo sentirlo en tu alma, verlo en tu Puerta, en tu núcleo… En verdad quiero que formemos un pacto y me permitas ver que tan lejos te llevará tu ambición, tu codicia insaciable."

"No." Fue la respuesta contundentemente de Subaru, que inmediatamente después le lanzó una mirada de reproche a Halibel, en cuyo hocico se había dibujado una sonrisa de satisfacción. "Primero que todo, ya tengo un contrato con un espíritu. Y es probable que tú tengas uno con Anastasia. Así que es imposible que tú y yo formemos un contrato. Además, estoy cansado de escuchar que quieren seguirme para ser testigos de mis hazañas. En verdad no soy nadie, así que dejen de repetir esa estupidez."

"Y una vez más vuelves a subestimarte, Su-san, a pesar de lo lejos que has llegado." Comentó Halibel, mientras tomaba una calada de su kiseru. A pesar de que no comentó nada al respecto, debido a que estaba enfocada en prestar atención a la situación que se desenvolvía entre Subaru y Echidna, era evidente que Anastasia estaba de acuerdo con Halibel.

"…" Echidna, sin embargo, se abstuvo de responder a Subaru; en lugar de esto le observó con intensidad, sus ojos negros mirando hacia lo profundo de su alma.

"Subaru… Mi Puerta está dañada… Y el Odo de mi cuerpo es inestable, por ello Echidna y yo nunca formamos un pacto." Informó Anastasia; era evidente que no le había resultado fácil revelar tal información. Información que le alejaba de su compañera de toda la vida.

"No soy un espíritu particularmente poderoso, así que no tomaré demasiado de tu maná. Que un usuario de las Artes Espirituales realice un contrato con más de un espíritu no es inusual. Además, piensa en las ventajas que obtendríamos de hacer un contrato." Añadió Echidna.

" ¿Ventajas?" Preguntó Subaru, ligeramente intrigado.

"Estaríamos uniendo tu Yin y mi Yang; abarcaríamos juntos ambos extremos del espectro mágico. Desde un punto de vista mágico, estaríamos complementándonos. Nuestra falta de compatibilidad mágica no será un impedimento para que utilices mi magia, tú afinidad y compatibilidad espiritual compensan por mucho ese detalle." Aseguró orgullosa Echidna, como si se dé un vendedor ambulante tratando de cerrar un trato se tratara. Aunque no como si Subaru dudara de las palabras de Echidna; después de todo, gracias a su enorme afinidad hacia los espíritus, Julius podía emplear los seis tipos de magia.

"Anastasia…" Llamó Subaru con tono dubitativo, mirando a la chica en cuestión. Esta le devolvió la mirada. Era evidente que con esto, Subaru estaba pidiendo por la opinión de la mujer de negocios. Y tras un pequeño instante de silencio, Anastasia habló.

"Deberías hacer el contrato con Echidna. No te niegues a aceptarlo solo por mí. Estoy segura de que ella podrá ayudarte de más de una forma."

"¿Estás segura de esto?" Insistió Subaru; no quería tomar una decisión apresurada de la que luego se arrepentirían.

"Sería injusto que Echidna se vea privada de satisfacer su propia codicia solo por mí; hasta una chica codiciosa como yo debe dejar ir algo de vez en cuando." Subaru nunca consideró aceptar la propuesta de Echidna, sin embargo, quien le hizo cambiar de opinión no fue nadie más que Anastasia. En el rostro de la chica a la que había llegado a amar, una sonrisa melancólica había tomado forma; una sonrisa melancólica, pero genuina.


Un Día y Trece Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

Subaru se aseguraría de romper el pacto con Echidna una vez que hubiera recuperado el nombre de Anastasia. Ella estaba convencida de que Echidna podría ayudarle en momentos de difíciles, y por lo tanto Subaru utilizaría al espíritu artificial como un aliado para apresurar el alcanzar su primer objetivo. Echidna ayudaría a regresarle a Anastasia lo que le pertenecía legítimamente, no podía ser de otra forma; con base en esto se sustentaría su pacto, aunque era algo de lo que solo él estaría enterado, al menos hasta el día de romperlo.

El ritual mediante el cual se formó el pacto no fue en lo más mínimo distinto a aquel con el que formó un pacto con Kuro. Esto incluso a pesar de la gran diferencia que existía entre ambos espíritus, y que Echidna era un espíritu afín a la magia Yang, contrario a Subaru, que era afín al Yin. Una vez ambos se aceptaron como compañeros, una conexión de maná se formó entre ellos. A partir de ahora, Kuro y Echidna serían sus aliados espirituales.

"¿Vas a seguir fingiendo ser un guante?" Preguntó Subaru mentalmente, mientras observaba su mano izquierda, donde ahora se encontraba Echidna, camuflándose como una prenda de vestir.

"¿Deseas que me oculte de otra manera? Ayer parecías estar a gusto con esta forma." Respondió el espíritu, su voz resonando dentro de su cabeza.

Ahora que sus almas se encontraban conectadas, eran capaces de comunicarse de esa manera. Otra particularidad de los espíritus artificiales; aunque Echidna aseguraba nunca haber conocido otro espíritu artificial, así que esta conclusión no era más que algo que Subaru había asumido. No obstante, Subaru no podía evitar relacionar a Echidna con Puck. Tal vez debía preguntar al respecto a Emilia una vez se hubiera recuperado.

"El espíritu menor con el que formé un contrato, Kuro, puede desaparecer cuando no lo necesito." Dijo Subaru.

"Pues yo no puedo hacer eso, así que seguiré ocultándome de ésta forma."

"Además, ¿por qué tienes que ocultarte? No es como si…"

"Me sentiré más cómoda si no demasiada gente sabe de mi existencia. Como dije antes, no soy particularmente poderosa y mi sola presencia podría provocar revuelo indeseado. Aun así, si tú me lo ordenas, supongo que no tendría más opción que permanecer en mi verdadera forma." Subaru pudo percibir la renuencia pura del espíritu de hacer tal cosa.

Suspirando mentalmente, Subaru respondió. "No importa, sigue ocultándote como un guante. Tal vez haga caso a la sugerencia de Halibel y consiga un guante negro."

"Gracias, Subaru…"

"¿Pasa algo, Natsuki-kun? De pronto te quedaste mirando a Echidna." Le cuestionó Anastasia, empujándolo fuera de sus pensamientos.

"No es nada de importancia." Dijo Subaru, alejando su mano izquierda de su rostro. Al hacer esto, Subaru pudo ver una figura de negro acercándose desde el fondo del corredor, acompañado por dos personas que venían cargando una tercera. "Halibel, al fin regresas. ¿Qué te tomó tanto tiempo?"

"No encontraba a estos dos por ningún lado, así que tardé un poco buscándolos." Dijo el hombre bestia de manera despreocupada, mientras señalaba con un dedo a los empleados de la mansión que caminaban detrás de él.

Un día había pasado desde su reunión con Petelgeuse, y en ese momento estaban por comenzar su viaje sin retorno previsto. El carruaje ya se encontraba listo, cargado con su equipaje y las raciones necesarias para sobrevivir por varios días. El Sol de la mañana brillaba con fuerza sobre el cielo azul, indicando su camino hacia lo que sería su nueva vida. Sin embargo, lo único que impedía su partida era el caballero de cabellara morada.

" ¿Ustedes serán los encargados de atender a Julius mientras no estoy en la mansión?" Inquirió Subaru, dirigiéndose a los dos empleados de la mansión, que consistían de un mayordomo y un mercenario del Colmillo de Hierro.

"Sí señor."

"Correcto, Subaru-sama"

Ante la respuesta de ambos, Subaru asintió y señaló el interior de su habitación; Anastasia y él había estado esperando a Halibel al lado de la puerta que daba paso a ésta. "Pueden colocarlo en mi cama."

Dado que su habitación estaría desocupada durante la duración de su viaje de rescate y venganza, allí sería colocado el cuerpo congelado en el tiempo del caballero. De esa forma, Julius no ocuparía una habitación que podría ser utilizada de otra manera. De lo contrario, su presencia en la mansión durante el tiempo que no fuera recordado bien podría resultar una molestia para sus habitantes.

"Así que tú eres mi caballero…" Escuchó Subaru murmurar a Anastasia, quien se encontraba mirando a Julius detenidamente. Ella no había tenido demasiadas oportunidad para ver a su caballero desde que el eterno atardecer sangriento hubo concluido. "Aun así me gustaría hablar con Felix cuando regrese…"

Julius fue colocado suavemente sobre la cama de Subaru, y tras un corto intercambio de palabras entre Subaru y los empleados de la mansión que estarían a cargo de Julius, éstos se retiraron para continuar con su deberes. Dada la naturaleza del anómalo estado del caballero, realmente no era necesario que alguien estuviera cuidándolo cada minuto del día.

"… Espero que mi habitación te resulte cómoda, Julius. Anastasia la ordenó hace poco, así que tal vez se encuentre a la altura de tus finos estándares." Dijo Subaru, mientras observaba fijamente al comatoso Julius, que ahora yacía en la que por meses fue su cama. "Me aseguraré de vengar a Mimi. Haré que despiertes. Recuperaré el nombre de Anastasia. Ya verás Julius, tus palabras de aliento y el tiempo que dedicaste a entrenarme no van a resultar en un completo desperdicio."

"¿Su-san?" Le llamó Halibel. Anastasia y él le estaban esperando en la puerta. Nadie recordaba a Julius, así como nadie recordaba a Anastasia. A su vez, la última no tenía el más mínimo recuerdo del primero. Mostrándose ligeramente incómoda, Anastasia se acercó a Subaru y lanzó una mirada insegura al hombre dormido.

"¿Nos vamos, Natsuki-kun?" Subaru lo sabía, Anastasia estaba impaciente por alejarse de su mansión y de sus empleados. Ese lugar que era suyo, pero a la vez no lo era; esas personas que constantemente le recordaban lo mucho que había perdido, como una espina que no podía ser removida de la piel.

"Sí…" Respondió Subaru, con voz jadeante. Entonces Anastasia estiró su mano hacia él, señal de que deseaba que la tomara. Y Subaru estuvo por hacer esto mismo, pero antes de que sus dedos pudieran rozar los de ella, notó algo en el suelo que llamó su atención. "¿Eh?"

Ante la mirada confundida de Anastasia, Subaru se agachó mirando directamente al suelo. Allí, frente a sus ojos, se encontraba una roca esmeralda que emitía una energía siniestra. Con solo ver tal objeto maldito, Subaru se estremeció violentamente. Acercó su mano temblorosa al objeto lentamente, como si dudara entre tomarlo o no. De manera similar a como hace segundos había intentado tomar la mano de Anastasia, Subaru intentó tomar la roca.

Subaru comenzó a respirar con mayor rapidez y gotas de sudor se acumularon en su frente. De su mente había eliminado los recuerdos de la existencia de esa roca, sin embargo, allí se encontraba, a solo centímetros de sus dedos. Tras intensos segundos de tensión, su dedo índice entró en contacto con la roca. Entonces sintió como si ésta le hubiera electrocutado, su brazo derecho se entumeció.

Por un instante, Subaru consideró retirar su mano, pero al final se abstuvo de hacerlo. No cabía duda, esa roca esmeralda era la misma roca que Elsa había utilizado para torturarle. Todo ese tiempo, Julius la había mantenido la roca consigo, esperando el momento en que Subaru se la pidiera de vuelta. Lo más probable es que se había salido de uno de sus bolsillos cuando fue colocado sobre la cama.

Subaru le había asegurado a Julius que le pediría de vuelta la roca cuando se sintiera preparado para tenerla en sus manos. Sin embargo, Julius antes había perdido su misma existencia a manos del Arzobispo de la Gula. Subaru no podía seguir evitando ese momento, esa sin duda era una prueba del destino. Con esa roca en su poder, nunca moriría…

Una ola de frustración y autodesprecio bañó a Subaru. Si tan solo se la hubiera dado a Mimi; pensó Subaru. No… No podía pensar en ello, era demasiado tarde, no podía seguir castigándose por cosas sobre las que ya no tenía control. Sí, tomaría esa roca y la usaría para lo que había sido creada. Con ella torturaría a Gula antes de asesinarle, con ella impediría que Capella muriera antes de revelar la identidad del "Cliente".

Finalmente dejando de dudar, Subaru tomó la roca, y con fuerza cerró su mano formando un puño, con la roca como su núcleo. Dolor, ira y odio ebulleron en su corazón, pero Subaru reprimió esas emociones; después tendría tiempo para desahogarlas. Subaru levantó la mirada, para entonces notar que Anastasia había regresado al lado de Halibel, y ahora le estaba viendo con ligero resentimiento. ¿Se había molestado porque no le había tomado la mano?

Con una sonrisa burlona en su rostro, Subaru tomó algo de uno de los cajones de su escritorio y entonces caminó hacia sus compañeros de viaje. Y sin decir palabra alguna, tomó la mano de Anastasia. Esta, indignada, intentó hacer que le soltara, pero fue inútil. "Mira…" Dijo Subaru, mientras le mostraba la roca y una cuerda delgada que acababa de tomar. Ante la mirada de la ahora desconcertada Anastasia, Subaru enrolló la cuerda alrededor de la roca, creando así un collar improvisado, el cual colocó alrededor del cuello de la chica.

" ¿Q-Qué es esto?" Para sorpresa, pero también satisfacción de Subaru, su accionar hizo que la chica se ruborizara levemente.

"Un regalo, te protegerá." Dijo Subaru casualmente, para después añadir con tono más serio. "Eventualmente te lo pediré de vuelta temporalmente, será entonces cuando finalmente te regrese lo que te robaron."

"¿Eh? ¿A qué te refieres?"

"Después lo entenderás…"

"Hey, ¿podrían dejar de coquetear? Tenemos un largo viaje que comenzar." Dijo Halibel, interrumpiéndolos. Subaru agradeció esto, puesto que era evidente que su respuesta no había satisfecho por completo a Anastasia.

"Halibel tiene razón, es momento de despedirnos de la Mansión Hoshin y Lugunica, al menos por un tiempo."


Un Día y Catorce Horas desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)

"… ¿Estás seguro de que no necesitan que los acompañe, chico? Entiendo que no quieras decirme que harás durante este "viaje" tuyo, pero no soy tan cabeza hueca como para no hacerme una idea de que será. Y si es lo que creo, pienso que entre más camaradas tengas a tu lado, más posibilidades tendrás de conseguir tu objetivo y regresar con vida."

"Se me ocurren varios escenarios en los que más aliados definitivamente serían muy útiles…"

"Entonces…"

"Pero ya hablamos de esto, Ricardo. Tú tienes tus responsabilidades aquí en la capital, en la mansión, responsabilidades que no puedes eludir. Tienes que velar por la seguridad de la mansión mientras aguardas por el regreso de Ryuushika-sama. Además debes respetar el contrato que formó Ryuushika-sama con el Mago de la Corte; tienes que brindar protección a Emilia-sama y su mucama. Finalmente, necesito que cumplas con lo que te encomendé y te asegures de que el caballero, Julius, sea tratado y cuidado como un invitado de gran importancia… No puedes abandonar la mansión, Ricardo."

Sus últimos momentos en la Mansión Hoshin, por lo que sería un largo e indefinido lapso de tiempo, estaban por terminar. Los preparativos para el viaje habían sido completados y el carruaje se encontraba listo para partir. Pero antes de poder hacerlo, Subaru se estaba despidiendo de aquellas personas con las que compartió techo durante varios meses.

"Tienes razón, chico, ya no insistiré más." Dijo Ricardo, ligeramente cabizbajo. El capitán mercenario no se había rendido, y había intentado una vez más convencer a Subaru de que le permitiera unirse a su grupo de viaje; aunque una vez más resultó completamente en vano. "Excluyéndome, ¿estás seguro de que no quieres que nadie más vaya con ustedes? Podría decirle a Maju o Kitzu."

"En otras circunstancias tal vez habría aceptado, Ricardo. Pero estoy seguro de que tú eres quien tiene más presente lo ocurrido hace dos días. Después de que el Colmillo de Hierro perdiera a tantos de sus miembros de elite, simplemente no podría aceptar que debilites la seguridad de la mansión aún más, cediendo a uno de sus guerreros más importantes."

"En ese caso, tal vez dos de los guerreros-"

"No te rindes. ¿Eh?" Subaru se vio en la necesidad de cortar las palabras de Ricardo, que parecía dispuesto a seguir insistiendo en prestarle a alguno de sus mercenarios. "No te preocupes, nosotros tres nos las arreglaremos. Tenemos al guerrero más poderoso de Kararagi, ¿lo olvidas? Además, lo cierto es que compré el carruaje pensando en que seríamos un grupo pequeño, así que demasiados aliados también serían un problema."

¿Demasiados aliados serían un problema? No había mentido al afirmar que había comprado su carruaje de dragón pensando en que viajaría acompañado por pocas personas, sin embargo, eso no significaba que Subaru creyera en sus propias palabras. Sí, Pandora, la Bruja de la Vanidad, le había otorgado poder, pero eso no significaba que ahora fuera poderoso.

Seguía siendo débil; le molestaba admitirlo, pero su eterna debilidad había sido expuesta una vez más durante su pelea contra Petelgeuse. De no ser porque había conseguido convencer al Arzobispo de la Pereza de la veracidad de su título de Envidia, es probable que Halibel o Patrasche habrían terminado tomando parte en el combate. Su Autoridad podía ser muy efectiva o muy poco efectiva dependiendo de diversos factores que no podía controlar, y eso le convertía en un aliado muy poco confiable.

No obstante, la naturaleza del trato que había aceptado el día de su última muerte, hasta ese momento, hacía que aceptar más aliados no resultara una tarea fácil. Ahora él era uno de los monstruos aborrecidos por la gente de ese mundo. ¿Qué ocurriría si alguno de los miembros del Colmillo de Hierro se enteraba de su nueva identidad? Subaru estaba convencido de que la gran mayoría le rechazaría, e incluso le atacaría; sobre todo considerando todo lo ocurrido durante el asedio del Culto de la Bruja. No sería raro que llegaran a considerarle un cómplice de la masacre.

Por lo tanto, Subaru no podía aceptar a cualquiera como su aliado, debía seleccionarlos con cuidado. Halibel, el excéntrico guerrero de Kararagi que le seguía por su propia diversión. Anastasia, la chica sin nombre que había perdido su lugar en ese mundo. Y ellos no eran sus únicos aliados. Subaru movió inconsciente su mano hacia el bolsillo del abrigo negro que estaba vistiendo, el mismo que utilizó al reunirse con Petelgeuse; allí yacía su evangelio. Si él lo deseaba, un grupo de cultistas de la bruja aparecerían y obedecerían sus órdenes.

"Entiendo. Respetaré tu decisión, Subaru. Esperaré con ansiar tu regreso, y gustoso escucharé las anécdotas de tu viaje."

"Me aseguraré de que esas anécdotas dibujen una sonrisa en tu rostro, Ricardo." Declaró Subaru, extendiendo su mano hacia el mercenario.

"No sé cómo lo conseguirás, pero sé que lo harás." Respondió Ricardo, tomando la mano de Subaru, con una sonrisa que externaba confianza en su rosto.

Viendo que la despedida entre Subaru y Ricardo había concluido, uno de los hermanos demi-humanos se acercó a Subaru con un ominoso pedido. "Onii-san, sé que no tengo derecho a pedir esto, pero, te lo ruego, has sufrir por nosotros al bastardo que se llevó a nuestra hermana."

"¿Se lo dijiste?" Preguntó Subaru, mirando a Ricardo, quien inmediatamente se encogió de hombros.

"Yo no le dije nada, él, bueno, ellos lo dedujeron por sí solos." Con una mirada afilada y un monóculo sobre uno de sus ojos, Tivey se paró ante Subaru, detrás de él, a paso más lento debido a su renqueo, también se acercó Hetaro.

"Subaru Onii-san, por favor… Transmite toda nuestra ira a aquel responsable de arrebatarnos a Mimi." Hetaro, que usualmente poseía un semblante tranquilo que trasmitía timidez, observó a Subaru con ojos suplicantes, pero que asimismo brillaban con ira.

Ambos hermanos se notaban cansados, abatidos, sin embargo, ninguno de los dos parecía dispuesto a aceptar la derrota, a rendirse. Ambos miraban a Subaru con semblantes de súplica y respeto, pero ira desbordaba de sus miradas. Subaru podía sentirla, la misma emoción que ardía con tanta fuerza en su corazón. Subaru regresó las miradas suplicantes pero ardientes con una mirada determinada.

"Enanos, no los voy a defraudar. Voy a pagarles de vuelta por todo lo que hicieron por mí." Era evidente que las intenciones de su viaje ya no eran un secreto, pero no por ello Subaru aceptaría abiertamente que buscaría al Arzobispo de la Gula. Habiendo escuchado la respuesta de Subaru, las miradas de los hermanos se suavizaron, y rápidamente se movieron hacia Anastasia, que se encontraba parada al lado de Subaru.

"Onee-san, gracias por acompañarnos durante el tiempo que estuvimos postrados en cama. No podemos decir con seguridad que sabemos quién es, pero ambos concluimos que antes del ataque del Culto de la Bruja, era una persona importante para nosotros…" Las palabras de Tivey sorprendieron no solo a Anastasia, sino que también a Subaru.

"¿T-También sabían eso?" Preguntó Anastasia, anonadada.

"Resultó evidente por su comportamiento, señorita." Respondió Ricardo, que aparentemente también se había percatado. "Nadie debería conocer tan bien la mansión sin antes haberla visitado. Y considerando todo lo que ocurrió en el castillo… Pues, se volvió bastante obvio que usted también fue una víctima de Gula."

"Además, no es como que Onii-san saliera demasiado de la mansión para conocer personas, y por la forma en que la trata, hasta el punto de compartir cuarto con usted, es evidente que no la conoció hace solo dos días." Agregó Tivey, mientras miraba con detenimiento a Subaru y Anastasia.

"Uh…" Fue todo lo que alcanzó a pronunciar la chica comerciante, cuyo rostro había adquirido un leve tono rojizo.

"En verdad lamento que no hayamos sido capaces de recordarle antes de su partida y de darle una despedida digna. Pero nos aseguraremos de compensarla cuando regrese, para entonces estoy seguro de que Subaru ya habrá conseguido hacer que le recordemos." Dijo Ricardo, mientras mostraba a Anastasia una amplia sonrisa.

"G-Gracias…" Respondió la chica, conteniendo las lágrimas. Las palabras de sus más queridos sirvientes y amigos le habían conmovido profundamente.

"Protégelos en nuestro lugar, Halibel." Pidió Ricardo al guerrero.

"Por supuesto que lo haré…" Y de esta manera, el resto de las despedidas pendientes tuvo lugar.

Diez minutos después, Halibel, Subaru y Anastasia se encontraba en el carruaje de dragón. Halibel se haría cargo de conducirlo, y por lo tanto, Anastasia y Subaru se encontraban en los asientos de los pasajeros. Desde una de las ventanas de ésta, ambos observaron al grupo de empleados de la mansión que había salido a darles la despedida. Entre ellos se encontraban Ricardo, Tivey, Hetaro, Maju y Kitzu.

"Me habría gustado hablar con Utada, pero parece que nadie le ha visto desde ayer." Dijo Subaru a Anastasia.

"¿Crees que algo le haya ocurrido?" Preguntó ella.

"No lo sé…" Respondió Subaru pensativo, su mirada fija en el pórtico de la entrada de la mansión.

"¿Qué tienes en mente? Parece que algo te preocupa…"

"No es nada… Es solo que… La líder del Culto de la Bruja mencionó algo sobre que Utada me sería útil, o algo así… ¿A qué demonios se refería?"

"Hmm… Tal vez lo descubramos a lo largo del camino."

"Sí, puede que tengas razón…"

Habiendo terminado ese corto intercambio de palabras, ambos miraron fijamente a la comitiva de despedida. Inevitablemente, ambos comenzaron a sacudir sus manos, despidiéndose así de aquel lugar y de aquellas personas, a quienes no volverían a ver hasta haber cumplido con el propósito de su viaje. El carruaje cruzó el umbral del portón de acero y de esa forma, su viaje sin retorno previsto dio inicio.


Ok, lo primero que quiero decir es que, debido a, pues, la vida que tengo fuera de internet, y a que la forma en que estoy trabajando actualmente en los capítulos literalmente me toma 7 días (3 de escritura y 4 de revisiones/traducciones), voy a continuar con el horario bisemanal.

No sé si se habrán percatado, pero hasta ahora el promedio de tamaño de los capítulos era de 4500 palabras mínimo, y ahora es de mínimo 6000; evidentemente eso implica que ahora dedico más tiempo al fic. Yo uso las madrugadas para trabajar en el fic, y pues, utilizar literalmente todas las noches sin descanso me va a llevar otra vez a sufrir del desgaste que experimenté tras el arco 3. Así que para evitar eso el nuevo horario fijo de publicación será, como ya dije, de cada semana de por medio.

Dicho eso… Bien, por fin terminamos la primera parte del arco 4, correspondiente a los preparativos. Espero que no haya demasiados errores, como ya había dicho antes, todo esto lo escribí cuando aún pasaba por el bloqueo de escritor. Los siguientes capítulos han sido bastante entretenidos de escribir porque he podido entrar a fondo en la nueva autoridad de Subaru y los efectos de ésta en su psique. Esperen momentos bastantes perturbadores en los próximos capítulos.

Y sí, ahora Echidna formó un contrato con Subaru; esta fue una de las primeras ideas que se me vino a la mente cuando decidí hacer que Gula devorara el nombre de Anastasia. Esperen cambios similares, con respecto al canon, en las relaciones entre personajes más adelante. Finalmente, nada más quiero decir que el próximo capítulo sucederá algo muy importante. Listo, eso es todo. Como siempre, agradezco por su apoyo y hasta… Hmm… Ya no voy a poder decir lo mismo de siempre. Nos vemos en dos semanas, espero que estén bien en estos momentos convulsos.lsos.