Nuevos Horizontes
Una Semana desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)
"¡¿Cinco monedas de oro?! ¡¿Perdiste la cabeza?! Amigo, yo que tú le diría a tu mujer que abandone el comercio ambulante, es evidente que no sabe lo que hace."
"Yo creo que el que no sabe nada de-"
"Déjame esto a mí, Natsuki-kun. Yo me haré cargo."
"¿Hmm? Parece ser que es tu mujer la que lleva los pantalones en la relación, ¿no crees amigo?"
"Oye, "amigo", Anastasia no es la mujer de n-"
"Déjalo que asuma lo que quiera, Natsuki-kun. Y tú, ¿podrías olvidarte de él? Es conmigo con quien estás negociando."
"Tch, mujer engreída. ¿Por qué debería prestarte atención? Ningún vendedor ambulante que se respete intentaría estafar a un compañero de oficio de manera tan descarada. Cinco monedas de oro por un simple pedazo de tela… ¡Increíble!"
"Pues lo mismo podría decir yo de ti. Un vendedor ambulante que se respete jamás sería tan ignorante respecto a las fluctuaciones en el mercado."
"¿A qué te refieres? ¿Estás intentando decir que desconozco las tendencias actuales del mercado?"
"Eso mismo estoy diciendo."
"¡Absolutamente indígnate! ¡No dejaré que una mujer estúpida me insulte de esa manera!"
"Mira, tú, pedazo de-"
"Natsuki-kun…"
"…"
"Como decía. Es evidente que no estás al tanto de las tendencias de mercado, o de lo contrario sabrías que eso que llamas un simple pedazo de tela, es algodón de Lugunica. El cual es producido únicamente en la capital y vendido a solo personas de la alta sociedad. Si lo supieras, jamás lo habrías llamado pedazo de tela. ¿O acaso también desconoces lo que ha ocurrido en la capital?"
"No voy a negarlo, lo que hiciste allá atrás fue increíble. Lograste vender ese montón de tela que compramos hace tres días por el triple de su precio. No puedo decir que me agradara como te habló el vendedor ambulante, pero al final supiste manejarlo de maravilla."
Cinco días habían transcurrido desde que abandonaron la Capital Real, la ciudad caída en desgracia. Y aunque al principio la atmosfera dentro del carruaje en el que viajaban había resultado densa y pesada, ésta rápidamente se había aligerado. Es cierto que las razones por las que habían comenzado el viaje no eran precisamente las más encantadoras, así como no lo eran las circunstancias que le rodeaban, sin embargo, esto no era razón para no hacer el viaje lo más llevadero posible.
Las posiciones dentro del carruaje no eran fijas, y por lo tanto, la norma era que un cambio de puestos tendría lugar cada cierto tiempo. Al comienzo, quien ejercía de cochero fue Halibel, que en silencio había tomado las riendas de Patrasche. Pero conforme más se alejaban de la ciudad, más se acercaban a la hora del almuerzo, y esto implicaba que tendrían que hacer la primera parada del viaje…
Tras dar un rápido vistazo al cielo, Halibel había determinado que esa era el momento adecuado para detener el carruaje, y con cuidado jaló de las riendas que le conectaban al dragón de tierra. Subaru y Anastasia bajaron de la cabina de pasajeros y en silencio comenzaron los preparativos de la comida. Subaru decidió recolectar leña, mientras que Anastasia añadía ingredientes a una olla de acero que habían incluido en el equipaje. Halibel, por su parte, alimentó a Patrasche y, una vez Subaru regresó con la leña, encendió la fogata.
Los tres se sentaron ante la fogata, Halibel en el suelo, con sus piernas cruzadas, mientras que Anastasia y Subaru compartieron un tronco caído el cual utilizaron como silla. Sin que palabra alguna fuera pronunciada, aquel primer almuerzo trascurrió sin incidentes. Y una vez cada uno de ellos hubo terminado su comida, los utensilios fueron lavados y almacenados nuevamente. Sin que aquel incómodo silencio fuera perturbado, Anastasia y Halibel ingresaron a la cabina de pasajeros, dado que Subaru había relevado a Halibel como cochero…
"Muchos, al carecer de habilidades para el regateo, no tienen más opción que desestabilizar a aquel con quien negocian con tal de arrinconarlos y forzarlos a cambiar su oferta. A esa clase de comerciantes no vale la pena darle valor a lo que dicen, después de todo solo ladran y no muerden. Y ya te lo dije una vez, ¿no? La información es el recurso más importante de todo comerciante. Si posees más información que la persona con la que estás negociando, tus probabilidades de conseguir hacer un negocio provechoso aumentan considerablemente."
Admirado, Subaru asintió vigorosamente. "Cierto, recuerdo haber escuchado en mi mundo que era importante conocer el mercado en que pretendes invertir, o algo así."
"En tu mundo…" Murmuró Anastasia, contemplativa.
"¿Sigues sin creerme?" Preguntó Subaru, frunciendo sus cejas levemente.
"No, no es eso… Es solo que… ¿Podrías hablarme más de tu… mundo, de lo que hay más allá de la Gran Cascada? Provienes del mismo lugar que Hoshin del Desierto y, pues, me da curiosidad."
"Oh…"
Perplejo, Subaru permaneció en silencio ante la sorpresiva pregunta de Anastasia. Hasta ese momento, la chica nunca había mostrado la menor disposición de creer en su palabra; al menos en lo que respectaba a su lugar de origen. Aparentemente, Anastasia hasta hace poco todavía se aferraba a la idea de que gente proviniendo de un lugar que se encontrara más allá de la cascada, no era más que una leyenda para ensanchar la gloria del Gran Hoshin o simple charlatanería de vagabundos sin nada mejor que hace que mentir sobre sus orígenes. Subaru realmente no podía culparla, en su mundo, la mayoría de gente tendría problemas en aceptar que una persona pudiera provenir de otro mundo.
Tras varios segundos en silencio, Subaru aclaró su garganta y comenzó a hablar de todo lo que pudo recordar de su antiguo mundo. Ambos se encontraban en la cabina de pasajeros del carruaje; así como al momento de comenzar su viaje, Halibel se encontraba en el asiento del cochero. La siguiente parada tendría lugar a la hora de la cena, contaban con el tiempo suficiente como para enfrascarse en una larga y nostálgica conversación. Inevitablemente, en la mente de Subaru emergió el recuerdo de lo sucedido el segundo día de su viaje…
En ese entonces, una vez más era el turno de Subaru de tomar las riendas del carruaje. Con cuidado, Subaru había levantado la cabeza de Anastasia de su regazo y, con delicadeza, la había colocado sobre el acolchonado asiento de cuero. Tras asegurarse de no haberla desperado, levantó la mirada, y entonces ésta se cruzó con la de Halibel. Era temprano en la mañana, pero no por ello derrocharían el tiempo en vano. Subaru tenía muy en clara la importancia de no perder de vista su objetivo; aquel no era un viaje de ocio.
Halibel le cuestionó si se encontraba en condiciones de manejar el carruaje, a lo que Subaru había respondido con un simple asentimiento. Apenas había dormido, eso era cierto, pero no por ello se sentía incapaz de guiar a Patrasche. Después de todo, su extraña conexión con el dragón de tierra le aseguraba que, si cometía un error, este no sería notado por los pasajeros; es decir, Halibel y Anastasia.
Con cuidado, buscando así no despertar a Anastasia y hacer inútil toda su anterior delicadeza al mover su cabeza, Subaru abandonó el cuerpo de madera del carruaje, pensado para albergar a los pasajeros, y se sentó en el asiento del conductor. Liberando un suspiro de cansancio, Subaru agitó suavemente las riendas de cuero, lo que ocasionó que el carruaje comenzara a moverse hacia adelante.
Las horas pasaron, y sintiendo como su vista comenzaba a emborronarse por el cansancio y la jaqueca que le estaba atormentando, Subaru masajeó sus sienes. La noche anterior, Anastasia había tomado una de las botellas de vino y había comenzado a beber directamente de ésta. Más risueña de lo habitual, la chica había ofrecido de la bebida a Halibel y Subaru. Halibel se había negado a regañadientes, aludiendo que afectaría su labor como guardaespaldas, y Subaru habría querido hacer lo mismo, pero finalmente fue contagiado por la energía de la chica y había aceptado.
Mala idea. Subaru no estaba acostumbrado a tomar, realmente no podía pensar en otro momento en el que hubiera tomado antes en su vida, y ello le había cobrado factura. A pesar de que apenas había tomado un par de copas, podía sentir como la jaqueca, resultado de la resaca, taladraba su cráneo. Subaru lo sabía, Anastasia realmente disfrutaba de la bebida, pero nunca había tenido la oportunidad de presenciar esto en persona.
Como si tan solo estuviera bebiendo agua, Anastasia dejó que el líquido carmesí se deslizara por su boca y su garganta. La chica bebió tres cuartos de la botella ella sola, y pronto esto comenzó a reflejarse en su comportamiento. Con carcajadas tontas, la chica aligeró el que hasta hace unos minutos había sido un pesado ambiente. Por primera vez en más de veinticuatro horas, el silencio fue roto.
Poco después, Anastasia había logrado convencer a Halibel de beber junto a ella una segunda botella de vino; sin duda ambos se parecían en su gusto por la bebida. Esa noche, el trío permaneció ante la fogata, cuyo fuego no se extinguió gracias a las constantes ramas con las que el demihumano regularmente le alimentaba para mantenerle con vida. Las palabras fluyeron, más sin embargo, no hablaron de nada en específico. Las horas pasaron, la juventud de la noche se esfumó, y fue entonces que el cansancio finalmente acabó alcanzando a Anastasia y ésta cayó en un profundo sueño.
Subaru, no obstante, fue incapaz de consumar el sueño. Con su mirada fija en las moribundas brasas de la fogata, Subaru no pudo parar de darle vueltas en su mente a lo que había ocurrido aquel maldito día que el culto atacó la ciudad. ¿Qué le esperaba más adelante? Había aceptado unirse a ellos, y ello implicaba que debía obedecer todo lo que dictara su evangelio. Si no lo hacía, su poder le sería arrebatado.
Y era justamente esto lo que le atormentaba, lo que le impedía cerrar los ojos. Subaru se había determinado a hacer cualquier cosa que el evangelio le indicara. Sin embargo, aún desconocía que cosa sería ésta. ¿Qué deseaba Pandora de él? ¿Cuál sería su primera misión? ¿Cuáles serían las misiones que vendrían después?
Se mancharía las manos de sangre, no cabía duda de ello… Sin embargo, no podía dejar de pensar que su manos no serían lo único que terminaría empapado de sangre. Había decidido obedecer al Evangelio sin dudar, no obstante, llevar esto a cabo resultaba más fácil de decir que de hacer. ¿Realmente sería capaz de masacrar inocentes en el nombre de la bruja que le había arrastrado a la fuerza a ese mundo maldito?
Subaru había sido plagado por esa pregunta toda la noche, y aún ahora, cuando su mente se encontraba entre la conciencia y la inconciencia, lo seguía persiguiendo. Fue entonces que Subaru pudo captar un sonido lejano. Al principio no le prestó atención, sin embargo, dada la persistencia de éste, su mente inevitablemente fue atraída por éste, por la necesidad de comprender el qué era. Eran risas; Anastasia y Halibel estaban riendo amenamente.
Una vez más, aquel pesado silencio había sido obliterado. Sin embargo, esta ocasión resultaría ser la definitiva; Anastasia finalmente había conseguido romper por completo el hielo. Subaru se mantendría ajeno a la conversación, absteniéndose hasta la conclusión de ésta de inmiscuirse y arruinar el momento; como si de un delicado cuadro pintado con tiempo y espacio se tratara.
El que hablaron Anastasia y Halibel carecía por completo de importancia; más aún, considerando que lo que impulsó la conversación fue la embriagues residual de Anastasia. Lo realmente relevante, fue que a partir de entonces, las conversaciones comenzaron a fluir con más naturalidad. La incomodidad se desvaneció por completo, y gracias a ello, los tres pudieron relacionarse con normalidad…
Como subproducto de esto, Subaru no había tenido la oportunidad de volver a prestarle atención a las preocupaciones y temores que yacían en el núcleo de su ser. Los días adquirieron un brillo vivaz y las noches se volvieron más joviales. La oscuridad que había estado envolviendo su corazón fue temporalmente disipada. No obstante, aquello no era más que un efecto temporal de la conversación que había surgido aquel día entre Halibel y Anastasia.
Ahora que sus palabras no se encontraban constreñidas por la pesada atmosfera, Anastasia había retomado aquellas ideas que había propuesto durante las preparaciones del viaje. Lo primero que hizo fue pedirle a Subaru que se desviaran hacia el pueblo más cercano; allí adquirieron toda una plétora de artilugios y utensilios.
Sin embargo, para sorpresa de Subaru, la mayoría de los comerciantes con los que Anastasia negoció, no era de aquel pueblo, sino mercantes que habían huido de la capital. Cuando Subaru cuestionó a Anastasia al respecto, ella le respondió con total certeza que los artículos que aquellos mercantes vendían con tanta desesperación en ese momento, rápidamente aumentarían de precio.
Muchos de esos mercantes lo habían perdido todo debido al ataque del culto, o sus negocios se habían visto totalmente frustrados. Por ello, ante el temor de incurrir en una pérdida total, muchos de ellos estaban vendiendo sus productos a precios ridículos. ¿No era aquello un acto cruel? Anastasia se estaba aprovechando de las brutales circunstancias de la capital para generar beneficios. Sin embargo, ¿no era esto lo mismo que hacían muchas empresas de su mundo? La tragedia de unos, siempre será la bendición de otros.
Ante una necesidad, aquel que sepa satisfacerla más rápidamente, será quien obtenga más ganancias. Y ella había estado en lo correcto. Subaru no tenía la menor duda, así como Anastasia había conseguido revender aquellas telas a varias veces su precio original, haría lo mismo con los demás artículos que había adquirido. En ese sentido, Subaru no podía evitar pensar que ella era como aquellas personas que compraban cientos de boletos para un evento importante, para después revenderlos a un precio desorbitado.
La codicia de Anastasia Hoshin no tenía límite, incluso cuando ese nombre le había sido arrebatado. Saber predecir un alza en el mercado y aprovecharse de ésta, es parte de las habilidades básicas de un buen comerciante. Subaru no pudo evitar pensar que, en parte, los mercantes como Anastasia tenían una ética y moral cuanto menos ligeramente manchadas. Aunque rápidamente desechó ese pensamiento.
¿Quién realmente se encontraba en la potestad de afirmar que poseía una ética y moral pulcras? Ni el más malo es completamente malo, ni el más bueno es completamente bueno. Cada quien tiene sus razones para hacer lo que hace, así como él, que había aceptado hacer un trato con el diablo con el objetivo de salvar a Julius y Anastasia, vengar a Mimi y llevar a cabo su vendetta. ¿Y realmente alguien está en el derecho de declarar esas razones como inválidas…?
"¡Hoh! ¡Ese metro del que hablas suena como una manera increíble de desplazarse! Haría tan sencillo el transporte de productos… ¿Hmm? ¿Qué sucede?"
"¿Ah? No… No es nada." Subaru sacudió su cabeza de lado a lado, buscando así reordenar sus pensamientos. Antes de que pudiera percatarse de ello, había comenzado a soñar despierto.
"…" Sin embargo, las palabras de Subaru no lograron convencer a Anastasia, todo lo contrario. La chica observó a Subaru con sospecha.
Es cierto que desde que el incómodo silencio se hubo esfumado, Subaru había podido alejar su mente de aquello que tanto le atormentaba, pero ello no implicaba que sus temores hubiesen sido desterrados junto con el silencio. Lentamente, habían estado carcomiéndole desde su interior, dando paso a un profundo desasosiego en lo profundo de su mente.
Subaru creía haber dejado de darle vueltas al asunto, pero tal cosa realmente nunca sucedió; sin que se percatara de ello, sus temores solo se habían incrementado. Siempre buscando una respuesta, siempre excavando en búsqueda de una solución al dilema. ¿Realmente estaba dispuesto a todo con tal de mantener su recién adquirida autoridad? ¿Estaba preparado para empaparse de la sangre de los inocentes, de aquellos que no le habían hecho el menor daño?
Sin que Subaru fuera consciente de ello, su corazón se encontraba en una eterna búsqueda de una respuesta que pudiera aplacar satisfactoriamente sus dudas y preocupaciones. Y justo ahora había surgido esa respuesta que tanto había anhelado inconscientemente. Sus razones… Nadie podía poner en duda la validez de sus razones.
Así como Anastasia se aprovechaba de la necesidades de los demás en medio de esa crisis, Subaru tomaría la mano del demonio sin sentirse culpable por ello. Así como nadie se sacrificaría por la felicidad de ellos, ellos no dudarían en sacrificar lo que hiciera falta por su propia felicidad.
Sin poder, Subaru no haría más que morir, y eventualmente perdería todo lo que consideraba valioso. La única forma de preservar ese poder, era pisotear los sueños de los inocentes. Así que no era momento para dejar que los remordimientos le carcomieran la consciencia. Simplemente no podía olvidado, no podía dejar que su propia ingenuidad le cegara de nuevo; los débiles no tienen la opción de elegir.
Los débiles no tienen cabida en ese cruel mundo. Subaru lo sabía, lo había experimentado en sus carnes en completa plenitud. Ya era demasiado tarde como para arrepentirse. Realmente no importaba quien fuera el ganador, mientras él y Anastasia alcanzaran sus objetivos, ¿verdad? El reino, la bruja, Pandora, o alguno de los países restantes… Cualquiera de ellos podía tomar la victoria para sí mismo, mientras que no se interpusieran en el camino de Subaru.
Cada uno de los bandos tendrían sus razones, al igual que él… Aunque ultimadamente todo se reduciría a proteger los propios intereses, aquello que los débiles son incapaces de hacer. Así que una vez más, había alcanzado una respuesta autoindulgente y egoísta, pero conque bastara para sosegar su espíritu en lo que el evangelio volvía a actualizarse, Subaru estaba dispuesto a sumergirse en la falsa tranquilidad que ésta le otorgaba.
Falsa tranquilad, porque, por más que Subaru se esforzara en ignorarlo, una cosa era asesinar a un enemigo que había atentado contra su vida, y otra era masacrar a niños, mujeres y hombres inocentes, que tan siquiera se habían molestado en voltear a verlo. La respuesta que Subaru había alcanzado, implicaba que la frustración, el odio, la envidia y la ira que ardían en su corazón, fueran los suficientemente intensos como para reducir su humanidad a cenizas.
Y aunque deseara ignorarla, Subaru todavía podía sentirla palpitando, la debilidad que era su conciencia, su humanidad. Sin embargo, para bien o para mal, lo que Subaru ni consciente o inconscientemente había tenido en cuenta, era cuan densa era realmente la amalgama de sentimientos negativos que palpitaba en la otra mitad de su ser. Independientemente de esto, Subaru se había aferrado a aquella idea, a que podría prescindir de su propia humanidad, ejecutar cientos, miles de inocentes, y seguir siendo él mismo.
Como un castillo de naipes, Subaru había apilado respuestas, soluciones y conclusiones autoindulgentes y mal fundamentadas, con el fin de calmar la tormenta de dudas que azotaba su mente. Era la única forma en que Subaru había conseguido seguir adelante en un momento tan convulso de su vida como lo era aquel. Y es que, nuevamente, Subaru, por más que quisiera hacer la vista gorda de ello, lo sabía, sabía sin importar si Pandora le había permitido controlar su Autoridad de la Ira, en el fondo seguía siendo débil; su corazón y su mente eran débiles. Pero él simplemente ya no podía permitir que ello, que su debilidad, le impidiera actuar.
Así que Subaru archivó esta respuesta en su mente, y creyéndose listo para lidiar con lo que el destino, y Pandora, le tuvieran preparado, humedeció su labios. Tal vez había encontrado la solución a sus problemas, aunque fuera una temporal, no diferente a cuando uno coloca un pedazo de papel doblado debajo de un mueble para que deje de tambalearse, pero ese no era el momento para regodearse en la victoria. Así que sabiéndose descubierto, Subaru descartó el seguir intentado convencer a Anastasia de que no ocurría nada, y en lugar de ello optó por cambiar de tema.
"Tienes razón, pero el metro realmente sería la solución para el transporte público, no el transporte de mercancía. Para eso sería mejor utilizar un tren de carga." Afirmó Subaru, asintiendo.
"¿Eso es todo lo que tienes que decir?" Como era de esperarse, Anastasia no estaba satisfecha con su respuesta.
"Hum… Si mal no recuerdo, me debes una cita. ¿No es así?"
Ocho días desde la Última Muerte (Cincuenta Muertes)
"En verdad lamento no haber podido llevarte a algún lugar más… fino."
"¿No debería de ser yo el que diga eso?" Se quejó Subaru, mientras extendía una larga manta de tela y la colocaba sobre el césped.
Anastasia le lanzó una mirada de soslayo a Subaru mientras revolvía el contenido hirviente de la olla de acero que habían estado utilizando para preparar sus comidas, su cabello morado moviéndose al son de la brisa veraniega. "Yo fue la que te invitó a ti en primer lugar, así que no." Tras decir esto, acercó una cucharada del contenido de la olla a su boca, y tras soplarlo levemente para bajar su temperatura, le dio una probada.
"Aun así… ¡Maldición, quédate en un solo lugar!" Subaru había intentado replicar, sin embargo, el viento voló la manta del picnic y por lo tanto se vio en la necesidad de regresar su atención a ésta. Refunfuñando, Subaru tomó cuatro rocas del tamaño de su puño y las colocó en cada esquina de la manta. Viendo esto, Anastasia no pudo evitar soltar una risita.
"Se nota que hace mucho no haces actividades al aire libre, Natsuki-kun."
"…" Subaru se detuvo un segundo al escuchar el comentario de Anastasia, pero inmediatamente procedió con el arreglo de la manta y los utensilios sin mediar palabra.
"En verdad quería llevarte a ese hermoso restaurante que se encontraba cerca de la mansión." Continuó la chica, su mirada fija en el contenido de la olla, mientras lo removía de manera constante y suave. "Se especializan… o especializaban, creo que el dueño fue de los primeros en abandonar la capital… se especializaban en platillos exóticos; nada que al menos yo hubiera probado en Lugunica o Kararagi. Tal vez habrías reconocido uno de ellos como algo proveniente… de tu mundo."
"O tal vez simplemente eran platillos de Gusteko o Vollachia." Propuso Subaru, mirando satisfecho la manta del picnic bien extendida. "Me alegra que por fin me creas que vengo de otro mundo, pero no hace falta que te preocupes por eso." Añadió, finalmente comenzando a ordenar los utensilios sobre la manta. "Mi vida allá no era precisamente alegre, y no puedo decir que extrañe mucho de allí. Además, la comida de mi país es básicamente la misma que se puede encontrar en Kararagi."
"¿Y qué me dices de la mayonesa? Tú fuiste el primero en traerla a aquí."
"Es evidente que, aunque Hoshin provino del mismo país que yo, él vivió muchas eras antes de que yo naciera, así que en ese entonces la mayonesa no existía. Aunque cabe señalar que no es originaria de mi país, era una salsa extranjera que mis padres amaban, y pues, yo heredé el gusto por ella."
"Hmm… ¿Y no hay otros platillos extranjeros de tu mundo que quisieras volver a probar?"
"Como te había dicho, lo cierto es que yo no salía mucho de mi casa. Al no hacerlo, no frecuentaba los restaurantes de comida rápida extranjera que mis compañeros de escuela pudieran haber frecuentado… Aunque sí hay varias botanas que me gustaría intentar recrear."
"¿Botanas?" Preguntó la chica, volteando la cabeza para mirar a Subaru.
Subaru terminó de colocar los utensilios y entonces se levantó, evitando tropezar con alguna de las cosas que se encontraba sobre la manta de tela. Cuando Subaru había sugerido que tuvieran la cita que habían acordado tener antes de que la ciudad fuera atacada, lo cierto es que lo había hecho simplemente para cambiar el tema de conversación, y no había pensado demasiado a futuro.
Anastasia, sin embargo, no aceptó que se echara atrás una vez el tema salió a colación. Dado que se encontraban en una zona rural y lejos de cualquier restaurante a la altura del codicioso paladar de Anastasia Hoshin, Subaru había propuesto que esperaran a alcanzar alguna de las ciudades importantes de Lugunica. No obstante, Anastasia insistió que tal cosa no era necesaria, y propuso que fueran de picnic.
Habiendo rechazado la invitación, invitación que obviamente le fue extendida como una mera cortesía, alegando que era un momento privado para Anastasia y Subaru, Halibel aprovechó para tomar una siesta en el carruaje, mientras que los dos jóvenes iban en búsqueda de un buen lugar para colocar realizar el picnic. Después de una caminata de diez minutos, encontraron un claro alfombrado por pasto de poca altura, perfecto para colocar el pedazo de tela lugunicana que Subaru había habituado, utilizando su conocimiento de costura, para utilizar como manta.
Decorado con cuadros azules y blancos, la manta era el resultado de la tela residual que Anastasia había optado por no vender. Anastasia no era una cocinera experta, no obstante, al igual que Subaru, sabía lo suficiente como para preparar comida decente. Y como no podía ser de otra forma, había decidido preparar un platillo tradicional de Kararagi; Sopa Miso.
"Alimentos preparados en porciones pequeñas, usualmente fritos. A mí me gustan particularmente los de patata y maíz." Dijo Subaru, mientras se agachaba al lado de la chica.
"¡Oh! Si alguna vez los reinventas, me gustaría probarlos."
"Dalo por hecho." Aseguró Subaru, mientras daba una probada a la sopa que Anastasia había estado preparando. "¡Está lista!"
Inmediatamente después de esta declaración, ambos jóvenes pusieron la conversación en pausa en lo que servían la sopa en un par de tazones. Juntos se movieron hacia la manta que Subaru había extendido sobre el césped, y con cuidado se sentaron con sus piernas cruzadas uno frente al otro. Encima de la manta y servidos sobre pequeños platos de cerámica, se encontraban distribuidos los demás ingredientes que podrían añadir a gusto a la sopa miso.
Con delicadeza, Anastasia extendió su mano y, utilizando palillos de madera, tomó y sirvió una pizca de un ingrediente que no resultaba muy diferente a una cebolleta, cuyas hojas Subaru había picado finamente. Un pedazo de carne de ciervo y una porción pequeña de arroz terminaron de dar forma a la mezcla. Los ingredientes no eran exactamente los mismo utilizados tradicionalmente en su tierra natal, pero era evidente que en Kararagi realmente se habían esforzado por emular la sopa miso; si tan solo tuvieran tofu allí…
"Sabes," Comenzó a decir Anastasia repentinamente. "el arroz como tal no existía en este mundo antes de la llegada del Gran Hoshin. Fue él quien, tras años de esfuerzo y de experimentar con todo tipo de planta, encontró aquella que más similar resultaba a lo que él conocía como arroz…"
"Humu. Puedo entender su deseo por traer a la vida en este mundo lo que para nosotros fue parte importante de nuestra dieta allá en el nuestro." Respondió Subaru, una vez tragó la porción de comida que había introducido en su boca.
"…" Al no recibir ningún tipo de respuesta por parte de Anastasia, Subaru levantó la vista de su plato y miró hacia donde se encontraba ésta, ahora sumida en sus propios pensamientos.
"…" Percatándose de que ahora Subaru la estaba mirando fijamente en silencio, el rostro de Anastasia se ruborizó ligeramente, cosa que bastó para que la chica desviara la mirada, intentando ocultarlo.
"¡Ejem!" Viendo que una sonrisa burlona estaba comenzando a tomar forma en los labios de Subaru, Anastasia tosió suavemente y añadió. "Es solo que estaba pensado… Yo nunca dudé que el Gran Hoshin fuera una persona extremadamente particular. Leyendas e historias van y vienen sobre personas que aseguran provenir de más allá de la Gran Cascada, que se rumoree al respecto de vez en cuando no es particularmente inusual. Aun así, la mayoría de ellos carecían de pruebas que pudieran respaldar tal afirmación, y estoy convencida de que muchos sí que mentían… Aunque si había alguien quien pudiera hacerme creer que tal cosa era posible, ese era el Gran Hoshin, en el fondo siempre lo consideré solo eso, leyendas y falsos rumores. Pensar que todo este tiempo, sin casi percatarnos de ello, nuestra sociedad se vio influenciada por personas de otro mundo, ajeno completamente al nuestro…"
"Siendo honesto, para mí resulta un poco abrumador." Declaró Subaru, enfocándose nuevamente en el contenido del tazón que sostenía con su mano izquierda. "Un solo error, y podríamos haber acabado por completo con el delicado equilibrio de este mundo. ¿Quién dice que en pocos años mis acciones no provocarán una guerra que acabará con alguno de los cuatro países principales?"
"¿Quién dice que tus invenciones no traerán prosperidad y paz a las víctimas de la guerra y los ataques del Culto de la Bruja? No puedes ver todo desde una perspectiva tan negativa, Natsuki-kun, o de lo contrario podrías terminar perdiéndote gran parte de la belleza de mi mundo."
Perplejo, Subaru miró de nuevo a la chica de pelo violeta, mientras abría y cerraba su boca como un pez fuera del agua, buscando en cada rincón de su mente algo con lo que responderle. Finalmente, falló en su misión y se vio en la necesidad de reconocer que Anastasia tenía razón. Ello no implicaba que fuera a cambiar su postura sobre los visitantes de su mundo, sin embargo, realmente debía admitir que su propia experiencia le había llevado a ver este mundo y todo lo que le rodeaba a través de un denso filtro de pesimismo.
"Espera un momento… ¿Tu mundo?" Comentó Subaru, una vez se hubo recuperado.
"Sip, mi mundo. Tú también te refieras a tu mundo como tu mundo, no veo el problema en que yo haga lo mismo. Además, bien sabes que solo es cuestión de tiempo para que este mundo me pertenezca." Tal escandalosa afirmación fue pronunciada con completa seguridad en sí misma, una gran sonrisa mostrando todos y cada uno de sus dientes plasmada en su rostro.
"¿Estás segura de que no te equivocaste al quedarte conmigo?" Murmuró Subaru, mirando hacia la mano en la que se encontraba Echidna, su segundo espíritu, aunque solo fuera de manera temporal.
Tras esto, ambos volvieron a enfocarse en comer, y después de varios minutos, ambos colocaron los tazones completamente vacíos en la manta, en éstos solo quedaban los palillos de madera. Sin decir nada, Anastasia se movió hacia la canasta que habían utilizado para transportar la comida y los utensilios, y después de un par de segundos buscando en su interior, sacó de ésta una botella.
"Ésta se supone que es la celebración del primer aniversario de la unión entre tu empresa, o mejor dicho, tú y tus ideas, y mi empresa. Así que creo que lo correcto es que brindemos por ello." Declaró la chica, mientras le acercaba la botella; ésta era de vidrio, de un color verdoso, y aun así era imposible no notar que el líquido en su interior era de un rojo oscuro.
"Sabes que no acostumbro a tomar, ¿verdad? Ya hace un par de días me convenciste de hacerlo, no pienso ceder de nuevo." Dijo Subaru, mirándola con nerviosismo.
"¡No seas tan rígido y aburrido! ¿¡Qué importa que en tu mundo no tengas la edad para hacerlo!? ¡Ya no estás en tu mundo! Además, el otro día pareciste pasarla bien."
"Mi madre me advirtió que este momento llegaría… Las malas influencias finalmente me han alcanzado. Y sí, pero las dos copas que tomé bastaron para que al día siguiente tuviera un jaqueca infernal." Se quejó Subaru de forma jocosa, mientras intentaba arrastrase lejos de Anastasia. Esto causó que la peli-violeta hiciera un adorable puchero.
"Vamos, no seas así." Se quejó entonces la chica, negándose ante todo a suplicarle; tal vez nadie la recordaba, pero no por ello había dejado de ser Anastasia Hoshin.
"Sí, es cierto que en parte no me gusta tomar porque no tengo edad para ello, pero esa no es la única razón, ¿sabes? Ni su sabor ni su olor me agradan demasiado. El vino que me diste la última vez era demasiado amargo para mi gusto."
"¡Este ni siquiera lo has probado! No todos los licores, ni todos los vinos, saben igual. Este lo estuve guardando para una ocasión especial; es más dulce, así que te prometo que te gustará. ¡Dale una oportunidad!" Subaru estaba seguro de que eso no era propuesta, sonaba más como una orden. Anastasia realmente era apasionada cuando se trataba de la bebida; tal vez solo quería compartir ese sentimiento con Subaru.
Suspirando derrotado, Subaru tomó su vaso, en el cuál hasta hace un momento solo había habido agua, y se lo acercó a Anastasia. Ella indicó que eso no era necesario con una sonrisa de victoria en su rostro y en su lugar le entregó una copa, la cual no tardó en llenar. Con duda dibujada en su rostro, Subaru acercó la copa a su boca y bebió el líquido rojizo. Contrario a lo que había creído, el sabor no le desagradó en absoluto; Anastasia tenía razón, ese vino era más dulce y sabroso que el que había probado antes. No obstante, lo mismo no podía decir de la sensación de la bebida bajando por su garganta.
"¡Koff! ¡Koff! ¡¿Q-Qué demonios!? ¡¿Cuánto alcohol tiene este esto?! ¡Casi me quema la garganta!" Se quejó Subaru entre tosidos.
"No seas exagerado, no tiene tan alto grado de alcohol, solo un poco más que el que te di la última vez. Es un vino tinto de excelente calidad producido en uno de los mejor viñedos de Vollachia, así que ni se te ocurra desperdiciar una gota." Amenazó Anastasia, mientras entrecerraba los ojos y saboreaba con gusto el sabor de su bebida.
Ahora con mayor renuencia que antes, Subaru volvió a tomar un trago de la bebida. Una vez más, pudo sentir como su garganta ardía al contacto con el líquido. No obstante, el ardor disminuyó con cada trago que tomaba, y pronto Subaru comenzó a disfrutar del vino casi tanto como su jefa. Antes de que se percatara de ello, Anastasia había producido una segunda botella de la canasta.
La tensión y la frustración que habían estado constriñendo su corazón finalmente comenzaron a retroceder, liberándole poco a poco, hasta que los pensamientos que le atormentaron se difuminaron hasta desaparecer en la parte más lejana de su mente. Subaru estaría mintiendo si dijera que no disfrutaba de aquella sensación de embriagues. Meses y meses de agonía emocional desaparecieron en unos minutos.
"Sa-Sabes… c-creo que debí de… debí de aceptar tu oferta de b-beber contigo meses atrás." Balbuceó Subaru, mientras revolvía el contenido de su copa meciéndola de un lado a otro.
"Te lo dije, Natsuki-kun. No vale la pena aferrarse a un sentido de la moral tan estricto si solo te va a causar problemas. ¡Además, no es como que le estés haciendo daño a nadie!" Declaró Anastasia, mientras vaciaba lo que quedaba de la tercera botella de vino en su copa.
A diferencia de Subaru, el comportamiento de la chica apenas se había visto alterado; o al menos eso es lo que aparentaba. "Tanto estrés… tanto sufrimiento… Si hubiera sabido que podía ahogarlos de esta manera antes…" Murmuró Subaru, mientras observaba con intensidad el líquido rojo que yacía al fondo de su copa.
"¡Sí, Natsuki-kun!" Exclamó Anastasia alegremente, mientras se ponía en pie y caminaba hasta sentarse a su lado. "La vida es demasiado estresante, momentos como este son necesarios para poder seguir adelante sin derrumbarnos ante las adversidades que ésta nos presenta." Anastasia hizo una pequeña pausa, en la cual se acercó a Subaru hasta que sus hombros entraron en contacto. "Manejar una empresa no es fácil, involucra demasiado trabajo, desde asegurarme que cada departamento esté satisfecho, hasta asegurarme constantemente que mantengamos relaciones cordiales con los gremios comerciales de cada país. Claro, hay gente que me ayuda con eso, sin embargo, no es mi estilo relegar todas las responsabilidades y limitarme a recibir el dinero… Lo que quiero decir es… Rayos, creo que lo olvidé." Y habiendo dicho esto, la chica comenzó a reír.
"¿Huh?" Por un instante, Subaru miró a Anastasia perplejo, incapaz de comprender lo que acababa de suceder. No obstante, tras salir de su estupefacción, también comenzó a reír.
"Pero ahora," Continuó la peli-violeta, una vez paró de reír. "ahora no tengo que preocuparme por eso. Supongo que debería ver mi situación con un color más rosa y considerar este viaje como unas merecidas vacaciones." A pesar de sus palabras optimistas, Subaru se percató de que el humor de la chica decayó ligeramente.
"Anastasia…" Dijo Subaru, buscando las mejores palabras de consuelo.
No obstante, Anastasia, cabizbaja, continuó hablando antes de que él pudiera decir algo más. "No debería quejarme, lo sé. Después de todo, te tengo a ti." Anastasia levantó la cabeza, momento en que las miradas de ambos se cruzaron. "¿Con qué derecho me quejo yo de mi situación, cuando tú has sufrido mucho más que yo?"
"Anastasia, eso no es-"
"¿Cierto? Sí, lo es. Te has encontrado mal desde lo ocurrido en Priestella, y aun así aquí estás, esforzándote por devolverle a esta chica codiciosa lo que le han quitado."
"Ana-" Una vez más, Subaru intentó negar las palabras de Anastasia, pero nuevamente fue interrumpido.
"Has pasado por tantas cosas desde que nos conocimos… A veces pienso que si lo mejor no sería rescindir nuestro contrato y liberarte. S-Siento que has sufrido tanto debido a… debido a mí." Reveló Anastasia con voz entrecortada.
"¡Eso no es cierto! Lo… Lo que me persigue lo ha hecho desde antes de que supiera que existías." Después de todo lo ocurrido, Subaru no aceptaría que Anastasia cargara con la culpa, no cuando ella nada tenía que ver con ello. "Tú no eres culpable de que apeste a la bruja, y tú no eres culpable de que el Culto se interesara por mí. Si acaso, yo soy el culpable de que Gula fuera tras de ti."
"…" Ante tales palabras de Subaru, Anastasia permaneció en silencio. Silencio que rompió hasta pasados un par de minutos. "Así que ambos estamos siendo carcomidos por la culpa…" Expresó la chica con un murmullo lamentoso. "Tú, porque crees ser el culpable de que Gula me atacara, aun cuando también fue detrás de las otras candidatas. Y yo, porque te monopolicé y te robé la posibilidad de hacer el mundo tuyo, volviéndote miserable en el proceso."
"¿Eh? ¿De qué hablas?" Para ese punto, nada de lo que estaba diciendo Anastasia tenía sentido para Subaru. En lugar de responder la pregunta de Subaru, Anastasia miró hacia su copa y tomó un trago de ésta. Tras un rato saboreando el vino que había entrado en su boca, Anastasia finalmente se atrevió a hablar.
"A pesar de lo que te dije, que en el fondo nunca pude aceptar que los viajeros de más allá de la Gran Cascada fueran reales, lo cierto es que, así como el Gran Hoshin me hizo considerar seriamente la posibilidad de que lo fueran, lo mismo sucedió contigo. Resultaba evidente, desde tu completa falta de antecedentes, hasta tus ideas revolucionarias… Creo que en lugar de dudar en el fondo de la veracidad de tus palabras, siempre creí en ellas. Simplemente… Simplemente me negaba a aceptarlo; tal vez porque me sentía culpable, tal vez porque comprendía que mi codicia finalmente había llegado demasiado lejos. No quería aceptar que provenías de más allá de la Gran Cascada, porque tendría que reconocer que te robé tu brillante futuro."
"¿Tu codicia llegó demasiado lejos? ¿Robar mi futuro? ¿A qué te refieres?" A pesar de la insistencia de Subaru por recibir una respuesta clara, Anastasia continuó dando rodeos.
"No tienes idea de cuánto te deseaba, Natsuki Subaru." Tal afirmación por parte de Anastasia provocó caos en las emociones de Subaru, cuyo rostro ya ruborizado debido a la embriaguez, se tornó del color del vino que estaba bebiendo. "El día que firmaste el acuerdo comercial, es el día que hice el mejor negocio de mi vida; ni siquiera el día que fui nombrada la presidenta de la Empresa Hoshin se le acerca."
"No creo que eso pueda ser cierto." Afirmó Subaru, negándose a aceptar las palabras de Anastasia. ¿Cómo podía tener él tanto valor?
"Realmente no tienes idea…" Anastasia hizo una pequeña pausa, y entonces continuó. "Si la realeza de Lugunica no estuviera extinta, si el país no se encontrara en el caos político en el que se encuentra, estoy seguro de que la realeza misma te habría otorgado un título de la nobleza y te hubiera pedido, no, te hubiera rogado que trabajaras directamente para ellos. Te habrían casado con una de las princesas y te hubieran ligado de por vida al reino. Después de todo, como alguien que comparte origen con él, es innegable que eres el verdadero heredero de Hoshin del Desierto."
"Yo no creo que lo sea." Negó Subaru testarudamente, meneando su cabeza.
"Por tus problemas de autoestima, pero sí, lo eres." Afirmó la chica sin el menor atisbo de duda. "Halibel tiene razón, cambiarás el mundo. Pero no porque asesines a uno o dos Arzobispos del Pecado, sino porque con tu cabeza cambiarás el rumbo de la historia de nuestro mundo. Se escribirán decenas, incluso centenas de libros sobre ti. La influencia que tendrás en este mundo será así de enorme. Y… Y junto a tu nombre, estará el mío. Seré la legendaria comerciante que descubrió tu potencial antes que nadie más lo hiciera… ¿No crees que eso es injusto? Tú no deberías tener que compartir la gloria con nadie. A eso me refiero con que te robé tu brillante futuro. De no ser porque te monopolicé, tal vez no habrías pasado por tanto sufrimiento y no dudo que para este momento este mundo ya sería tuyo; ese era tu destino como un prodigio proveniente de más allá de la Gran Cascada."
"… No." Fue todo lo que alcanzó a responder Subaru, desconcertando a Anastasia.
"¿Huh? ¿No estás de acuerdo conmigo? ¿Sigues en estado de negación por tu falta de autoestima? Porque, Natsuki-kun, creo que es hora de que lidies con eso…" Para Subaru resultaba evidente que lo que Anastasia esperaba escuchar por parte de él era que sí lo estaba, que su codicia había llegado demasiado lejos. ¿Cuánto tiempo había cargado con esa culpa?
"Anastasia, cuando te conocí, mi vida carecía por completo de sentido. Había comenzado a reinventar cosas porque era lo único que un pedazo de basura inútil como yo podía hacer. Vivía atemorizado, sintiendo que en cualquier momento moriría o simplemente perdería la voluntad de vivir. ¿Me robaste mi futuro? Anastasia, antes de conocerte no tenía un futuro. ¿Qué podía llegar a hacer este mundo mío? Te equivocas, en ese entonces no tenía una pizca de ambición en mí, así que tal cosa nunca habría ocurrido. Todo lo contrario, no dudo que me habría rendido a medio camino, esa es mi despreciable naturaleza…"
"¿Rendirte? Pero Natsuki-kun…" Antes de que Anastasia pudiera continuar, Subaru la interrumpió.
"¿En verdad crees que soy incapaz de rendirme? Si es así, me alegra; eso solo prueba que te equivocas al creer que me arruinaste la vida o que robaste mi futuro."
"…" Ante esta afirmación, Anastasia cerró su boca con fuerza y frunció ligeramente sus cejas en desazón. Subaru hizo una pequeña pausa y, notando que Anastasia seguía más que atenta a lo que tenía que decir, continuó.
"Yo… Cuando te conocí, no pude evitar admirarte, admirar tu determinación, y tu codicia. A diferencia de mí, que me conformaba con cualquier cosa y me rendía al sentirme derrotado, tú te esforzabas por alcanzar todo lo que deseabas sin importar el cómo. Fueron tu codicia y tu determinación las que impidieron que volviera rendirme, incluso cuando en más de un momento realmente deseé hacerlo. Y es cierto que desde lo ocurrido en Priestella no he estado… ehmm, precisamente bien; lo sé, no estado del todo bien de la cabeza. Pero nada tiene que ver eso contigo o el trabajo que hago para ti, te lo juro. Yo te admiro, Anastasia; no se me ocurre una persona mejor con la que compartir esa gloria de la que hablas."
"Nat… Subaru-kun," El cuerpo de Subaru se estremeció fuertemente al escuchar a Anastasia llamarlo por su nombre. "realmente no tienes idea de cuánto te deseo." Y habiendo expresado lo que yacía en su corazón, Anastasia tomó a Subaru por los hombros y se sentó a horquillas sobre él, quedando ambos cara a cara.
"Ana- ¡¿Q-Qué haces!?" Subaru, tomado por sorpresa por el accionar abrupto de la chica pelimorada, intentó alejar su rostro del de ella para así tener una mejor perspectiva de lo que le rodeaba, como si temiera ser devorado, pero Anastasia no se lo permitió. Aprovechando que Subaru se echó para atrás, Anastasia le empujó, colocando su poco peso sobre el abdomen de Subaru. Subaru quedó acostado, con Anastasia acostada sobre él.
"No sabes cuan nerviosa estaba el día que llegaste a mi mansión. Me esforcé tanto por no mostrar lo que realmente sentía. Para ser honesta, Subaru-kun, si no hubieras aceptado tan rápidamente, habría estado dispuesta a cualquier cosa con tal de ligarte con mi empresa. Te habría dado la mitad de ser necesario; y lo haré eventualmente. Pero dime, ¿por qué aceptaste con tanta facilidad? Es imposible que simplemente se tratara de tu falta de experiencia en los negocios o por tu impulsividad, así que dime, Subaru-kun. ¿Qué te impulsó a hacerlo?"
"A-Anastasia, no sé si…" Subaru, que cada segundo que pasaba se sentía más acorralado, intentó hacer que la chica desistiera de seguir con su interrogatorio librándose de su agarre, pero esta se lo impidió colocando sus manos sobre sus hombros y presionando con la poca fuerza física que tenía, pegándolo al suelo.
"Dime Subaru-kun, necesito saberlo." Insistió la chica, pasión ardiendo en su mirada.
"Yo… Yo… Yo simplemente pensé, "realmente deseo seguir a alguien como esta chica codiciosa". Deseaba seguirte, deseaba trabajar para ti, deseaba conocerte, deseaba descubrir cuál era la fuente de tanta codicia y determinación, deseaba aprender de ti… Conforme conseguí esto, no pude evitar pensar que deseaba ayudarte a saciar esa codicia. Y ahora deseo estar a tu lado, deseo que juntos alcancemos lo que ambos deseamos. Así que yo… yo también te deseo, Ana."
Una hermosa sonrisa se formó en los labios de Anastasia, pasión y deseo exudando de su mirada. "Ya ambos expresamos nuestros deseos, Subaru-kun. Creo que lo correcto sería que ambos actuemos acorde a ellos, ¿no estás de acuerdo?"
Sin esperar a que Subaru le respondiera, Anastasia comenzó a acercar su rostro al de Subaru. Dada la cercanía de sus cuerpos, la chica de delicadas facciones no tardó en acortar la distancia entre sus labios. Sus narices se rozaron, y Subaru pudo sentir la respiración de Anastasia acariciar la piel de su rostro. ¿Realmente estaba sucediendo eso, o todo era producto de una alucinación provocada por el exceso de licor?
A pesar de que aquella pregunta había aflorado en su mente, Subaru no dudo en actuar acorde a sus deseos, justo como Anastasia tan elocuentemente había dicho. Lo deseaba, en verdad lo deseaba. El día en que la perdió por fin lo comprendió, amaba a Anastasia, la amaba con locura, y el prospecto de compartir su vida, su gloria, con ella, le hacía anhelar por el futuro. Si realmente ambos se deseaban de tal manera, entonces definitivamente solo quedaba una cosa por hacer.
Sus labios se acercaron, al punto de rosarse. ¿Ocaso algo los interrumpiría, como en los mangas que solía leer? Este pensamiento no desapareció de la cabeza de Subaru hasta que sus labios se unieron con los de Anastasia. Lo primero que percibió fue un fuerte sabor a vino, era evidente que la chica había bebido considerablemente más que él. Después, con su mente corriendo a mil pensamientos por segundo, Subaru se dio el tiempo de sentir la textura de sus labios; eran suaves, como la ceda.
El beso empezó como uno torpe e inocente, prueba de la falta de experiencia de ambos, pero rápidamente Anastasia siguió sus instintos. Ella le abrazó con fuerza, envolviendo su cuello con sus delicados brazos, como si temiera que pudiera desaparecer, así como lo había todo lo demás en su vida. Anastasia abrió levemente sus labios, permitiéndole el paso a su lengua, la cual con un suave toque pidió a los labios de Subaru que le permitieran entrar en su boca. Éste, excitado, no dudó en obedecer. La textura húmeda de la lengua de Anastasia invadió su boca.
Habiendo superado la sorpresa inicial, Subaru permitió que sus manos comenzaran a moverse sobre el cuerpo de Anastasia. Subaru, aun en su estado de embriagues, o tal vez debido a este estado, comprendió que ese beso no se quedaría en simplemente eso. No, tal vez ese sería el día que dejaría de ser un virgen otaku. O lo habría sido, de no ser porque abruptamente su cuerpo fue invadido por una incómoda sensación de alarma. Se trataba del evangelio.
"Ana…" Subaru intentó decir entre besos, pero la chica colocó sus manos en cada costado de su rostro y presionó sus labios con más fuerza, buscando silenciarlo. Quién pensaría que una chica tan hermosa como ella podría estar tan desesperada. Aunque Subaru podía comprender ese sentimiento, realmente lo hacía, la sensación que estaba forzando el evangelio en su ser le impedía sumergirse plenamente en el momento; necesitaba fijarse en su contenido. "Anastasia… Espera un momento." Finalmente pudo decir, empujando a Anastasia lejos de su rostro.
La mirada ofendida que le lanzó Anastasia no presagiaba cosas buenas, sin embargo, Subaru decidió que lidiaría con ello en otro momento. Sin quitar a Anastasia de encima suyo, Subaru estiró su mano y la introdujo en la canasta. Tras un momento, sacó de ésta el tomo negro, el cual abrió en la última página que se había actualizado. Debajo del párrafo que hablaba de su reunión con Petelgeuse, había aparecido uno nuevo.
Allí por donde camines, los cadáveres han de recubrir la superficie. La sangre de los inocentes lloverá de los cielos, empapando todo aquello en lo que poses tu mirada. En el monstruo al que más temes, has de convertirte. Desdichados sean aquellos habitantes del último pueblo que recubriste con tu aura intoxicante, pues sus almas han de ser segadas por tus ojos desbordantes de ira. Llameante envidia hacia aquellos que tranquilamente se revuelcan en su propia ignorancia; que los celos que te sofocan sean el castigo de su autoindulgente ignorancia. La ira nacida de la envidia arrancará de tus inocentes, ingenuas víctimas los gritos que darán voz al himno de la desesperanza.
"¿Hmm? ¿Subaru-kun, te encuentras bien?" Toda la resolución que había conseguido reunir a través de ideas y razonamientos autoindulgentes se desvaneció en un segundo; como no podía ser de otra forma.
Aquel remedio temporal, aquel pensamiento tranquilizador con el que había aplacado sus temores y dudas, había demostrado ser insuficiente. Sentir los labios y la tersa piel de Anastasia no había hecho más que incrementar su temor de perderla a ella y la autoridad que le permitía protegerla. Ante su primera misión como Arzobispo del Pecado, Subaru sintió la desesperanza invadir cada rincón de su alma.
Todos abordo, el ship ya zarpó. Espero que estén satisfechos con el inicio de la relación entre Subaru y Ana. Puede que para algunos me haya tomado mucho tiempo para empezar a desarrollar la relación romántica entre ambos, pero sin antes hacer que Anastasia estuviera en una situación donde se viera forzada a percatarse de sus sentimientos por Subaru, no podía hacerlo.
Sin embargo, ese mismo contexto es el que impedirá que puedan llevar su relación de forma normal... Bueno, Subaru no ha estado precisamente bien desde hace rato, así que no puede ser de otra forma. Entenderán mejor lo que digo en el siguiente capítulo. Después de todo, éste capítulo y el siguiente son el punto culmen de gran parte de lo que he estado construyendo desde casi el principio del fic.
A partir de aquí no habrá vuelta atrás. Si antes se preguntaron por qué a pesar de que dije que mi historia estaba fuertemente inspirada en Oboreru y Ayamatsu, Subaru seguía comportándose dentro de lo "normal", al menos tratándose Subaru, entonces la respuesta la hallarán en el próximo cap. Espero que estén preparados para conocer al verdadero Arzobispo de la Ira.
No lo voy a negar, el próximo capítulo es uno de mis favoritos, por no decir mi favorito; espero que piensen igual. En fin, como siempre, gracias por su apoyo y hasta la próxima.
