El portador de la maldición abrió sus parpados encontrándose con la luz del sol apuntando directo hacia su rostro, tal parece las habitaciones en el castillo estan echas para que a cierta hora el sol de justo en el rostro de la persona dormida obligándole de tal forma a despertarse, Juncell no sabía eso claro e incluso si lo hubiese sabido no le daría importancia alguna.
El miro a su alrededor en busca de la princesa rubia pero no la veía en ningún lugar el único rastro de que ella estuvo la noche anterior son las sabanas sucias que dejaron de su encuentro carnal, el hecho de no despertarse junto a ella solo le hacía dudar más sobre como seria la relación de ellos desde ahora en adelante pocas cosas lo intimidan para no decir nada, pero el enojo de alguien que el aprecia es algo que se siente peor que varias de sus múltiples muertes.
Luego de varios minutos el cubrió su cuerpo con la armadura con la cual habia llegado al reino dejando atrás el casco, salió de la habitación justo cuando algunas sirvientas llegaban a limpiar y ocuparse del lugar para dejarlo limpio cuando el volviera en la noche, eso le hizo pensar en los lujos que poseen los nobles en Oestia, es bastante raro desde su punto de vista, pero ya hace un tiempo que se rindió con el tema de los nobles.
La mañana la paso dando vueltas por el castillo explorándolo, memorizando cada lugar, cada guardia, cada persona, conocer el terreno donde luchas es algo vital y eso lo aprendió cuando lucho en el castillo de Drangleick, más de una vez sintió su espalda chocar con una pared por no haber no conocer bien el terreno y aquello se soldaba siempre por su muerte debido a no tener ruta de escape.
No pudo acceder a algunas áreas del castillo al ser reservadas a cierta elite, aunque como caballero real si se le permitió acceder a otros lugares en los cuales no suelen entrar los simples plebeyos, uno de esos lugares es la biblioteca real, una parte del castillo enorme dedicada a almacenar todos los libros y documentos de historia, al entrar al lugar Juncell no pudo impedirse pensar en que toda su existencia nunca habia visto tantos libros y estanterías reunidos en un solo lugar.
Todo parecía estar administrado de forma perfecta gracias a diversos elfos que trabajan en el lugar ordenando los libros, limpiando las estanterías y recordando a algunas personas que en la biblioteca deben mantener el silencio, sin duda la biblioteca real de la Diosa reencarnada es un lugar digno de admirar, aunque tal vez no tan interesante para el moreno que nunca le atrajo mucho la lectura siendo las únicas veces que leyó algo fue para aprender hechizos y usarlos en combate.
Comenzó a moverse entre las estanterías observando con atención cada libro, algunos parecían ser viejos otros más recientes pero uno en específico atrajo su atención puesto que logro leer en su cobertura algo, tomo el libro con cierto temor observando bien la cobertura un suspiro de sorpresa se escapó de sus labios notando que el libro en sus manos pose un nombre relacionado con su paso por Drangleick "El Rey De Marfil" abre el libro creyendo encontrar en el alguna información que relacionara Drangleick y Oestia…pero la decepción llego rápido cuando noto que aquello no tenía nada que ver con el caído rey que enfrento en un pasado.
Sus hombros se dejaron caer y con decepción dejo el libro donde lo habia tomado, delante de esa estantería el noto como hasta ahora no habia sido más que un pasajero en una historia que él no sabe a dónde va, llego a Oestia de forma misteriosa y hasta ahora no tiene ni una sola pista del porque ya un menos del cómo, trabaja junto a Alicia y los caballeros del iris, pero tampoco tiene claro lo que desea no tiene claro su objetivo.
Todas esas cosas le provocaron cierta tristeza, una que no se habia dado cuenta hasta ahora y eso es normal es una de las pocas veces en las cuales él se puede parar y pensar en el futuro y el pasado y no en el presente algo de lo cual no está muy acostumbrado la verdad.
—Si un gran guerrero como usted se encuentra presa de la confusión que será de nosotros problemas mortales— Una voz masculina que venía de al lado de Juncell interrumpió sus pensamientos.
Escuchando aquello el miro a su lado un poco hacia abajo para ver a un hombre un tanto mayor con un bigote negro y prominente y con una especie de boina rara, el hombre luce delgado y bastante desgastado, pero aun así irradia cierto halo de sabiduría y amabilidad…eso es raro la última vez que Juncell sintió eso fue con Vengarl y bueno…él era una cabeza decapitada.
—Ho perdone, lo veía tan confundido que pensé que algún tipo de broma calmaría la tensión, mi nombre es Klaus Curtis, un placer conocerlo, mi esposa no mentía usted es grande y el resto son tonterías— Klaus se expresó con amabilidad manteniendo una sonrisa serena en su rostro algo raro sabiendo que hasta ahora todos suelen mirar a Juncell con desconfianza.
—El marido de Claudia, creo recordar haber escuchado hablar de usted, un placer conocerlo Lord Curtis— El hombre mantuvo su sonrisa y solo le hizo seña de parar puesto que Juncell estaba a punto de hacer una reverencia ante él.
—No es necesario, tampoco lo de Lord, solo llámeme, Klaus me siento más conforme de esta forma, espero mi esposa no le provocara ningún problema Claudia puede ser bastante intensa con la protección de la Diosa reencarnada— Intentando aligerar la situación Klaus dejo escapar una pequeña risa incomoda al decir eso.
Mientras Juncell negó dejándole en claro que hasta ahora Claudia no habia mostrado una actitud negativa hacia él, de tal forma los dos comenzaron una ligera conversación, Klaus resulta ser un hombre tranquilo, amable y sobre todo culto, informado sobre diversos temas hablar con él para Juncell fue como abrir una enciclopedia y una muy buena puesto que Klaus excede en la profesión de profesor la cual practica educando a los jóvenes nobles.
—Le agradezco toda esta información Klaus, sin duda ha sido de ayuda para un recién llegado a Oestia como yo— No podia negar que hablar con Klaus fue tan relajante y placentero como fue hablar con Vengarl en su tiempo.
—Ho tranquilo, las personas nos debemos ayudar mutuamente, además si esa información le puede servir a cumplir mejor su tarea entonces abre puesto mi pequeña porción de arena en este costal—
Juncell en toda la conversación logro descubrir algunas cosas sobre Klaus entre ella la enfermedad que padece esa misma que destruyo su fertilidad y que condeno al heredero de una familia de caballeros a volverse un profesor en vez de un caballero, lo cual a su vez llevo a que su padre lo reniegue y le quite su apellido obligando al profesor a llevar el apellido de su madre, una historia injusta ya que Klaus no habia decidido llevar tal enfermedad.
—De hecho, quisiera darle algo como agradecimiento— De su caja sin fondo el no muerto saco una vial dorado con un líquido del mismo color dentro —Esto es una medicina única de mis tierras de orígenes, no sé qué tan efectiva sea sobre su enfermedad, pero yo no le tengo uso alguno así que me gustaría dársela como muestra de agradecimiento—
Como era de esperarse Klaus intento negarse, pero Juncell no cedió y no pararía de ofrecerla hasta que el profesor tomara dicha medicina, cierto que mintió en lo que le decía Juncell a Klaus, la Bendición Divina es una curación excelente que cura todo y cierto es rara, pero por todos sus viajes el no muerto pose vientos de esas haciendo que para él no sea algo tan valioso.
Al fin de cuenta Klaus tomo la bendición divina y en el mismo momento se la tomo por consejo de Juncell, el efecto fue inmediato como siempre lo habia sido.
—Esto…esto es increíble, mi cuerpo…se siente tan…tan bien— El profesor se encontraba al borde de las lágrimas, obvio que sufrir durante tanto tiempo una enfermedad como la que padece no tuvo que ser fácil si bien esa enfermedad no le impedía tener una vida social y amorosa cada día su estado se degradaba más tanto que ahora con una apariencia de un hombre viejo Klaus es en realidad más joven que Claudia.
—Contento de ver que funciono, esa medicina me fue dada para ayudarme en mis viajes, pero nunca le di uso, estoy contento de ver que alguien si lo hizo— en eso Juncell no mentira, nunca las uso o por lo menos muy poco, eso por una única razón, la de "qué tal si me es más útil después" eso hizo que nunca las usara diciéndose constantemente que podria ser más útil después.
—Pero…como agradecerle Juncell, usted viene de curar mi enfermedad no es cualquier cosa— El moreno solo levanto los hombros y le otorgo una sonrisa al profesor.
—Solo no deje de ser como es Klaus, pocas veces me encontré con personas tan agradables y siempre me ha gustado ayudar a dichas personas, nos vemos más tarde— Antes de que Klaus pudiera responder el moreno salió de la biblioteca.
La razón de su apresurada partida es porque habia visto a dos mujeres llamarle desde la entrada aquellas mujeres le dijeron que la reina de Feoh le espera en sus aposentos, eso tuvo el efecto de disipar toda felicidad ganada por el acto de ayudar a Klaus.
Dudoso el moreno fue hacia el lugar y entro a la habitación, la reina parecía preocupada y Alicia también se encontraba presente, de hecho, la joven también parecía preocupada la punto de que cuando lo miro solo le dio un saludo con un gesto de la cabeza.
—Juncell, al fin está aquí, no iré por cuatro caminos, en la reunión que tuvimos hoy Celestine nos informó de que tuvo una visión en relación con nuestra enemiga mortal, tal parece ella perderá sus poderes durante toda una noche, la reina oscura sustrae su poder de la luna y durante ese día habrá un eclipse lunar en el cual ella no podrá hacer llamado al poder de la luna, ese día…la reina quiere que ataquemos con todas nuestras fuerzas y terminemos la guerra— Bueno Juncell no se esperaba eso, así que de forma inconsciente suspiro aunque eso fue notado por la reina la cual solo puso una cara de incredulidad.
—Ella sabe lo que hicimos…solo que ahora tenemos temas más importantes— y Alicia le hizo a Juncell abandonar su alivio lastima.
—Mas tarde planeamos su boda, pero por ahora necesitamos prepararnos, los perros negros atacaran la fortaleza negra con todas sus tropas, tendrán un margen de pocas horas para capturar a la reina oscura, el resto debemos preparar nuestras defensas y ejércitos en caso de que pase lo peor, porque si ellos no lo logran Oestia habría perdido su fuerza ofensiva—
Eso era preocupante, un plan extremo y desesperado, pero Juncell entendía el porqué, la guerra lleva siglos todos deben estar cansados y solo esperaron la pequeña muestra de debilidad de Olga para darle un golpe de gracia, el entendía puesto que ya habia vivido eso, intentar un ataque en un punto débil que solo podia terminar de dos formas o en victoria o en derrota, arriesgado, pero llega un momento en que eso es lo único que se puede hacer.
—¿Qué tal si voy con los perros negros? — Nada más decir eso el ambiente se volvió tenso…muy tenso, la reina miro a Juncell con unos ojos tan amenazantes que lograron intimidar un poco al moreno.
—Juncell, Juncell, Juncell le quitaste su castidad a mi hija y es probable que la embarazaras, no pienses que te dejare escapar por tu honor como caballero y por tu propia vida estas en la obligación de casarte con ella y hacerte responsable— extraño incluso con la poca cantidad de S en esa oración se sintió como el siseo de una víbora aquellas palabras.
—No me mal entienda, no quiero escapar, puede que no quiera casarme…pero no pienso tampoco escapar de mis responsabilidades, tan solo quiero ayudar a acabar esta guerra, es una estrategia de doble filo, si los perros negros pierden entonces Oestia estará al borde del precipicio, si le damos más fuerza a los perros negros entonces tienen más chance de poder ganar y por ende minimizar la posible caída de Oestia, no quiero sonar arrogante pero de lo que se yo soy más fuerte que casi todos los integrantes de los perros negros— Eliza no podia negar eso último, aparte del trio general el nivel de los perros negros es bajo pero aun así no le hacia ninguna gracia dejar ir al futuro rey de Feoh ella lo habia elegido y le costó mucho hacer que su plan se cumpla.
—Madre, por favor déjeme sola con Juncell esto es un tema que me concierne sobre todo a mi— al escuchar aquellas palabras de Alicia la reina miro durante unos segundos a su hija antes de dejar escapar un suspiro y salir de la habitación dejando a la princesa y al no muerto solos.
La atmosfera entonces cambio, ningún de los dos parecía querer hablar y el momento se alargo durante una cantidad de segundos que se sintieron como minutos para cada uno de ellos, tal silencio fue cortado cuando la princesa dejo escapar un gran suspiro intentando deshacerse de los nervios que ahora dominan su cuerpo, su mirada se dirigió de forma dudosa hacia el moreno intentando obtener un contacto visual, pero al hacer aquello no podia impedirse recordar la mirada del moreno durante aquella noche lo cual provocaba un rubor anormal en su rostro.
—Yo…yo no tengo nada que ver, con la decisión de casarnos…es la ley de Oestia, si alguien roba la virginidad de una princesa debe o ser ejecutado o casarse con ella eso es elegido por la reina y mi madre prefirió la boda…ósea no es que yo quisiera que fueras ejecutado, pero es solo que…todo esto es tan repentino— la voz de Alicia de un natural cargada de confianza ahora se notaba repleta de duda y vergüenza, la situación se le habia escapado de las manos y ella es consciente de eso.
—Esta bien, es mi responsabilidad, podia haberte detenido, pero no quise hacerlo entiendo que aquí la mas molesta puedes ser tu por perder tu castidad conmigo y de igual forma tu libertad marital— Eso ultimo no tenia mucho sentido sabiendo que la realeza de Oestia tenía permitido la poligamia.
Alicia negó dejando notar una sonrisa incomoda en su rostro —Esta bien…yo, no me arrepiento de perder mi castidad contigo, fuiste amable— mientras decía tales palabras el rostro de la princesa habia cambiado de color en su totalidad a un rojo carmesí.
Juncell no se esperaba a esas palabras obvio, Alicia antes era más…enojada pensaba que ella seguiría con esa actitud, pero delante suyo solo podia observar una chica diferente con un actuar diferente logro preguntarse a si mismo si cuando las mujeres sienten amor pueden cambiar tanto…amor, Juncell dejo escapar un suspiro dándose cuenta de aquello.
—Alicia…yo no siento amor por ti, he de admitir que me agradas, eres una excelente compañera y disfrute de nuestra noche, pero…nada de eso fue amor y si bien no se mucho de mi antiguo yo, estoy seguro de que sea lo que sea que siento por ti, no es amor, lo siento— habia intentando tener tacto algo no muy bien logrado por lo directo de su respuesta.
En cuanto a la princesa el rubor en su rostro fue desapareciendo al mismo tiempo que tomaba una expresión diferente entre la decepción y un ligero enojo, pero por sorpresa ella no estallo en ira parecía estar mas consciente de si misma y con mas control sobre ella y sus emociones.
—Si, eso no lo olvide, esta bien no es como si fuera la primera vez que personas que no se aman se casan, además el amor y esas cosas no son aptas para nosotros tenemos una guerra que llevar a cuesta…hablando de eso, vuelve en un pedazo, no quiero ser viuda antes de casarme…aunque creo que contigo eso es imposible— Dicho aquello ella salió de la habitación sin dejar responder al moreno.
Horas mas tarde Juncell tuvo la confirmación de que se le dejaría participar al asalto hacia la fortaleza negra, tenia que prepararse puesto que la partida seria en un mes, durante ese tiempo el no muerto podia aprender algunas cosas sobre su enemigo y el terreno en el cual lucharía de igual forma tomaría tiempo para convivir con Alicia ya que después de todo su destino como marido y mujer estaba sellado, por suerte la reina accedió a mantenerlo en secreto hasta que se haga, todo con el objetivo de no crear escándalos en estos tiempos tan oscuros.
Una semana antes del asedio Juncell se encontraba en la biblioteca leyendo algunas cosas sobre el reino de Carnam, lo hizo hasta que escucho una voz familiar, pero a la vez desconocida.
—Un placer volver a verlo Juncell— El moreno torno su vista hacia el hombre y se le dificulto en gran medida reconocerlo y como no hacerlo, un pelo negro largo, un rostro joven una piel bronceada de forma ligera y un bigote rasurado que antes hacia fácil reconocerlo, además de un físico un poco mas imponente y lejos del enfermizo que antes poseía.
—¿Klaus? — Pregunto dudoso el moreno.
—El mismo— Expreso con una sonrisa el profesor sentándose delante del no muerto —He estado respondiendo a tal pregunta durante días jeje, luego de beber aquella medicina que me dio me fui a dormir y cuando me desperté Claudia casi me ataca no reconociéndome he de decir que esa medicina sin duda tuvo un gran efecto, curo todo de mi y cuando digo todo es todo—
El hombre se notaba feliz y ligeramente ruborizado, ahora que Juncell lo pensaba últimamente no habia visto a Claudia junto a las otras princesas guerreras y eso que se supone que no se aparta de Celestine…no sabía por qué pasaba eso, pero supuso que solo estaba pasando tiempo con su esposo curado.
—Sin duda tuvo un gran efecto, ¿qué tanto curo? — *Aquello ultimo lo pregunto por curiosidad, las veces que la uso le curo cosas que se curaban con el tiempo así que no sabia sus efectos con una enfermedad a largo plazo.
—Ho bueno, tenia una enfermedad degenerativa, tenía dolores musculares crónicos, sangrado de nariz…incluso infertilidad me provoco y todo eso…desapareció yo…yo voy a ser padre Juncell, pude embarazar a mi esposa, no tiene ni idea de lo feliz que eso me hace— por lo menso Juncell tuvo su respuesta de porque Claudia no aparecía en cuanto a todo lo que lograba curar esa bendición divina…era un problema, si la gente se entera que tiene no dejarían de molestarle.
—Estoy contento de que le ayudara, pero por favor, Klaus, mantenga en secreto el echo de que yo le di tal cosa, lo ultimo que quiero es gente acosándome por obtener algo que ya no tengo— Eso ultimo es obvio mentira.
—Tranquilo, mis labios estan sellados, entiendo por completo tus preocupaciones, además te debo un servicio que no creo poder pagarte nunca…en verdad mi vida, la solucionaste en su
totalidad— Juncell asintió no creyendo haber solucionado algo tan grande. —Por cierto…escuche decir que acompañara a los perros negros en Carnam—
Juncell asintió —Quiero ayudar en acabar esta guerra, veo que Claudia te informo del plan— normalmente el plan es un secreto de estado, aunque supuso que no habia problema alguno en contarle esas cosas a Klaus…aunque bueno Eliza le conto a él.
—Tenga cuidado, los perros negros…nunca tuve buena impresión de ellos ni de sus métodos, mantenga un ojo en cada uno de ellos Juncell y considérelos tanto enemigos como a los mismos monstruos— aquello tomo por desprevenido a Juncell el cual levanto una ceja no entendiendo de donde viene tal desconfianza.
—Ya veo, lo hare gracias por el aviso— aun así, no tomaría tal aviso a la ligera y menos de Klaus.
Como la primera vez ellos dos siguiendo, discutiendo un rato antes de separarse, los días pasaron y con ello llego el día de partida, todos estaban listos y la reina al fin dio el anuncio de lo que harían los perros negros, hubo quejas, pero todos se mantuvieron firme sobre su decisión, en la entrada de la ciudad las escudos de oestia se encontraban despidiendo a los perros negros, mientras que Eliza se preguntaba donde esta Juncell.
