Capítulo 2: La Reina de Naboo

Agarradas del brazo, una humana y una twi'lek vagaban por una avenida artificialmente iluminada. En el bajo Coruscant, el día y la noche no existían como entes separados, sino mas bien se fusionaban en una eterna penumbra. Las jóvenes, ocultas con capuchas, caminaban en silencio. A su alrededor la música escapaba de bares y discotecas, distorsionada, caótica. Justo como su escape.

Tras aturdir al Escuadra Civil, Nix había tomado la mano de Sun para hacerla reaccionar. Ésta, alterada, casi la golpea. No quería ser tocada. La twi'lek solo podía intuir el motivo. Con paciencia, la convenció de ir juntas por una nave. Le había dado la razón a la humana: ambas debían irse de allí, al menos hasta que las cosas se calmaran.

Así fue como consiguió túnicas para cubrirse mientras una ausente Sun ocultaba las espadas entre la ropa y su espalda. Se llevaron el blaster, salieron por atrás y se perdieron en la multitud de curiosos que intentaba averiguar lo ocurrido. Nix notó que entre ellos las pantoranas las buscaban, y dio un rodeo para evitarlas. Sin participar en el altercado, Quinn y Freya estarían mejor sin ellas.

En algún momento la arisca de Sun se aferró a su brazo. Ambas temblaban. No todas las noches el trabajo se volvía tan peligroso. Los niveles bajos eran un polvorín entre tanta pandilla suelta, y ahora ellas estaban en medio. Lo mejor era desaparecer por un tiempo, aunque se preguntaba si valdría la pena volver. Ya no tenía a quién volver.

Caminaron hasta el letrero oxidado que usaba de referencia: Club Kasakar. Ahora abandonado, era un refugio para consumidores de especia. Entró por el callejón del lado y más adelante torció a la derecha por un estrecho pasillo. La puerta del fondo estaba cerrada, pero conocía la combinación.

Las jóvenes ingresaron a un hangar que daba a un portal a la superficie, gran parte del mismo ocupado por un destartalado esquife estelar. Opaco y magullado había visto mejores días, pero incluso así Nix se maravillaba ante la poesía mecánica frente a sus ojos. Una belleza confinada al olvido. Suspiró. Ahí abajo, era la única forma en la cual algo así de puro podría sobrevivir.

- Es preciosa -susurró Sun, algo más compuesta.

Apreciando su buen gusto, Nix asintió con agridulce embeleso hacia la visión de las curvas de la nave. Dedicó tanto tiempo, esfuerzo y créditos para dejarla pilotable, confiando en que sería su pasaje a la libertad. Había sido tan ingenua. Otra vez. Su voz sonó algo forzada al hablar.

- Travis la compró en el mercado negro hace unos años y jamás le puso un rastreador -le dirigió una mirada cómplice-. Yo digo el que se duerme, pierde.

Le parecía justo. Más de la mitad de los arreglos habían corrido por su cuenta, en nombre del amor. Sin ella, el despojo de nave jamás habría despegado. Ahora ella era el despojo. Quizás había sido su intención usarla todo ese tiempo. Debió ver las señales en el momento, pero lo cierto era que no había querido. Era un hombre encantador cuando lo conoció.

- ¿Le robarás la nave a tu novio?

Nix alzó las cejas, incrédula. No esperaba mucho de Sun, pero por el mero hecho de existir en el mismo nido de víboras mal llamado camarín, había asumido que al menos estaría al tanto.

- Ex-novio -puntualizó-. Me dejó. Por una bailarina del Outlander.

No contento con poner en duda sus habilidades de mecánica y piloto cada vez que podía, su golpe final fue reemplazarla por la competencia. Para lo primero desarrolló una coraza, confiaba en su talento con las naves. Pero la traición era lo que más dolía. Se quedó en aquel agujero, tomó un trabajo que odiaba y se resignó a permitir que la exhibieran, todo por él. Un carismático manipulador.

- Oh -por su expresión, Sun parecía finalmente resolver un acertijo-. Vaya... ¿Es algo tan malo?

- No te creía interesada en chismes... –señaló Nix, resintiendo su falta de tacto.

- No lo estoy. Ahora entiendo por qué me invitó a salir hace unas semanas. Casi le parto la cara.

A Nix la noticia le cayó como un balde de agua fría. Se giró a Sun poniendo las manos en la cintura.

- Rompió conmigo hace dos días...

La chica la miró con expresión confundida, y en un arranque de indignación, concluyeron lo mismo.

- Bastardo -exclamaron al unísono.

- Robémosle la nave al infeliz –agregó Sun.

- Esperemos que la haya mantenido mejor que nuestra relación...

Notó como a su lado Sun reprimía una sonrisa y se sintió satisfecha. Había llorado tanto las últimas semanas soportando la indiferencia de Travis, que ahora solo le quedaba reír. Y se reiría al último, robando la nave en la que tanto habían trabajado para, juntos, salir de ahí. Le parecía bastante justo.

Entraron fácilmente con el sistema de seguridad desactivado. Programarlo iba a ser su siguiente aventura. Nix tomó el asiento del piloto y empezó a activar los interruptores con naturalidad, sintiendo su pulso acelerarse. La idea de salir a la superficie la entusiasmaba cada vez más. Se volteó a ver a Sun de copiloto, que vacilaba observando el tablero.

- Sabes como pilotar una nave, ¿verdad?

No se le había pasado por la cabeza la alta probabilidad de que Sun no supiera. Era una bailarina, después de todo. La nave requería dos pilotos, y no tenían astromecánico. Para su alivio, ella asintió.

- ¿Qué esperamos entonces? -sonrió.

La nave se sacudió violentamente al despegar, y Sun se estremeció. Los circuitos de la Reina de Naboo, como la había bautizado a escondidas de su ex, eran temperamentales y antiguos, pero la armonía y eficiencia del diseño lo compensaba todo. Simplemente ya no las hacían como antes. Con delicadeza la condujo fuera del hangar, hacia la salida circular en donde naves se deslizaban dentro y fuera de los túneles de cada nivel. Una vez ahí, inició el ascenso.

Había perdido la noción de qué tan abajo vivió los últimos seis años de su vida. Con el corazón desbocado, vio como los túneles pasaban frente a sus ojos, las estructuras cada vez menos oxidadas. El trayecto a la superficie le pareció eterno, pero sentía que con cada nivel que subían podía respirar un poco más. Finalmente, alcanzaron la superficie. Era de noche afuera.


Las luces de Coruscant se hacían más pequeñas a medida que se alejaban del suelo. Rue sintió como a su lado Nix suspiraba de alivio. Hasta entonces no había notado que ella misma contenía la respiración. Exhaló. Odiaba volar, pero ahora que estaban por salir del planeta, no iba a acobardarse.

Sabía que no podía quedarse en Coruscant, no después de lo ocurrido en la trastienda. Lo estaba volviendo a sentir. Pudo controlarse, pero lo cierto era que llevaba meses acumulando razones para explotar. La fuerte sensación de desamparo que percibió en Nix había sido el detonante, pero intuía que podría haber sido cualquier otra cosa.

La oscuridad que normalmente se arremolinaba en los niveles bajos se volvía más fuerte, y la chica en un descuido había resbalado a ella. Ni siquiera se había dado cuenta de cuánto la había afectado hasta que se sintió dispuesta y capaz de matar al agresor de Nix. Lo más aterrador de todo era que aún podía escuchar los gritos y disparos en su mente. Y entre ellos, la voz de sus propios agresores...

- ¡Sun!

Sobresaltada, Rue miró a su compañera.

- Te pregunté si tienes alguna idea de a dónde ir...

A casa. Desechó la idea tan rápido como llegó. Ya no sería bienvenida ahí.

- No de momento. ¿Qué hay de ti?

- Cualquier lugar menos Jakku.

Nix escupió el nombre del planeta como una maldición. No tuvo que preguntarle.

- Mi familia adoptiva es de ahí. Buenas personas, pero no tenemos nada en común. Escapé cuando era una adolescente. No pienso volver.

- Descartado.

A su respuesta siguió un silencio que Rue percibió como incómodo. Extraño en Nix. Si había algo que siempre apreció de ella en la taberna, era su cómoda disposición a no hablar. Por esto, intuyó lo que seguía. Se preparó para el golpe.

- ¿Y qué hay de tu familia?

Pese a esperarlo, se le hizo un nudo en la garganta. ¿La considerarían parte de ella todavía? Miró fijamente hacia afuera, a las hileras de naves desplazándose por el cielo nocturno. Frustrada, notó que las luces se difuminaban. Estaba por ponerse a llorar.

- No quiero hablar de ella.

La twi'lek siendo gentil y Rue se lo hacía difícil. Se mordió la lengua, debatiéndose entre mantener la distancia o tratarla como se merecía. A diferencia de muchas personas que frecuentaban la Taberna del Jizz, Nix tenía un buen corazón. Y ahí estaba ella, siendo antipática.

- ¿Quieres hablar de lo que pasó en la taberna...? ¿O sobre lo que sea...?

- No realmente

- Te ves demasiado joven como para estar tan sola.

Rue percibió que no era tanto un juicio como una observación. La presencia de Nix era cálida. Le recordaba a la de su madre, razón por la cual desde un principio no había querido acercarse mucho a ella. Su bondad, en medio de la hostil ciudad subterránea ya era tentadora en un día regular, y se volvía irresistible en su estado vulnerable tras el tiroteo. Ahora Rue no podía escapar.

- No soy tan joven -respondió a regañadientes.

A su lado, Nix sonrió invitándola a seguir.

- Progreso. Cuéntame más.

Hablar de sí misma era casi una tortura para Rue, pero hizo un esfuerzo. Por Nix. Hizo un mohín.

- No me gustan las multitudes. Ni los hombres.

- Y por eso trabajas en un club nocturno en el planeta más poblado de la galaxia. Porque te gusta sufrir –hizo otra pausa incómoda-. Estás huyendo de algo. ¿La Primera Orden...? No me habrías pedido copiar tu maquillaje de otra forma, no querías que Escuadra Civil viera tu rostro.

- No sé si me buscan –suspiró-. No quiero arriesgarme.

Nix asintió conforme, por ahora. Le estaba dando espacio y Rue lo apreció. Estaba cansada, desde antes que el caos se desatara. Ahora, lejos del peligro, sentía los músculos agarrotados. Le dolía la espalda y las costillas ahí donde fue azotada contra la pared. Y aún le dolían los golpes de la noche anterior. Y los de la anterior. Y los de la anterior a esa...

- Tenemos que encontrar un lugar discreto, lejos de la Primera Orden -dijo Nix, sin despegar la mirada del cielo-. Mientras pensamos en ideas, quiero mostrarte algo.

Rue no sabía que seguían un curso hasta entonces. La twi'lek apenas necesitaba ayuda para moverse en su nostálgico cacharro. Chequeó el mapa en el monitor y vio que se desplazaban hacia el oriente a alta velocidad. Nix, confiada en su dominio de la nave se elevó a un carril más despejado y aceleró aún más. Instintivamente, Rue se aferró a lo primero que encontró.

- Unos minutos más... –le dijo.

Mientras pilotaba, Nix veía algo en el horizonte. Inquieta, Rue buscó anomalías en los sensores. No había nada extraño. Miró intrigada a su compañera, quien a su vez, observaba el cielo con el ceño fruncido. Volvió a revisar los sensores. ¿Se le escapaba algo...? Con el paso de los minutos, notó que afuera aclaraba. Entonces lo entendió.

- ¿Estás gastando combustible solo para ver el amanecer...? -después de decirlo, se percató de lo mucho que lo necesitaba-. Acelera.

Tres años en la ciudad subterránea le habían hecho olvidar el sol. Con el estómago apretado, sintió la urgente necesidad de admirarlo una vez más. El cielo pasó de negro a azul, y de pronto una franja dividió el horizonte en tonos de celeste, amarillo y naranja.

Cuando el sol salió desde el horizonte de rascacielos, Rue no recordaba que fuese tan brillante. Como un sediento encontrando agua, dejó que sus rayos la llenasen, cerrando los ojos cuando éstos empezaron a doler. La sensación de calidez que la invadió trajo consigo el recuerdo de la voz de la única persona que siempre había estado ahí para ella, sin importar qué.

"Siéntela. La Luz. Siempre ha estado ahí. Te guiará..."

- ¿Sun...?

Unas lágrimas silenciosas la traicionaron mientras recordaba. Se las enjugó antes de voltearse a la twi'lek. Ésta, eufórica, ni se esforzó en ocultar las suyas. Tan solo le dedicó una amplia sonrisa. Rue en vano intentó devolvérsela. Se sentía miserable por la decisión que estaba por tomar. Tenía que volver. Fuese cual fuese el resultado, necesitaba volver a casa.

- Gracias, Nix -susurró con total honestidad-. Se me ha ocurrido un lugar.


Ciertamente no era Jakku, pero Nix no daba crédito a sus oídos. Chequeó el nivel de combustible. Debido a su ocurrencia de ver el amanecer, apenas tendrían suficiente como para llegar. Tampoco era que tuviesen otras opciones. Takodana serviría.

- ¿Es seguro?

- Es seguro que te recibirán. Es un buen refugio.

- ¿Y a ti, te recibirán? -replicó, suspicaz.

- Eso espero.

Sun evitaba mirarla, pero su expresión afligida hablaba por ella. Antes de indagar más, la computadora notificó una señal de comunicación. La joven encendió el transmisor ante los alarmados ojos de Nix. En lo espontáneo de robar la nave había olvidado advertirle...

- ...notifica que su nave no cuenta con licencia para sobrevolar el planeta. Bajo sospecha de ocupación ilegal de propiedad diplomática, se solicita su identificación antes de proceder a...

La twi'lek apagó el transmisor. Ahora, la policía existía. Pero cuando los disparos volaban por sobre sus cabezas en los niveles bajos...

- Deberíamos irnos –dijo entre dientes.

Una sacudida en la nave las tomó por sorpresa. Sun maldijo, erizándose.

- Eso es normal –agregó, revisando los controles-. Circuitos sensibles, nada más.

Instantes después, los sensores de proximidad indicaron que las seguía una patrulla. Su corazón dio un vuelco. Si se iban con ellos, le confiscarían la Reina de Naboo, la obra de su vida, por falta de licencias. Pero si se daban a la fuga y las atrapaban, además las llevarían detenidas. Sun gruñó.

- Nix, viene otra patrulla.¿De quién era esta nave antes?

Buena pregunta, no tenía idea. No era su prioridad saberlo, ni entonces ni ahora. La nave dio otra sacudida. Si se fugaban las detendrían, cierto, pero sólo si las atrapaban...

- Nix... –volvió a gruñir Sun, frunciéndole el ceño.

- Sujétate...

Nix, en un momento de debilidad, se encomendó a la Fuerza. Aceleró a fondo y sintió como su cuerpo se pegaba al asiento. Las patrullas quedaron atrás, momento que aprovechó para salir de la atmósfera. El estómago pareció quedársele abajo con el ascenso. Cómo extrañaba esa sensación...

- Sun, la ruta de vuelo –indicó en cuanto dejó de sentir la gravedad del planeta en la nave-. La ruta de vuelo, la ruta de vuelo.

No tenían mucho tiempo antes de que las patrullas las alcanzaran. Sun dio un respingo y atinó a ingresar las coordenadas para la navegación. La espera del cálculo fue eterna. Finalmente, la computadora trazó la ruta. Sin más preámbulos, Nix accionó el hiperpropulsor.

Las estrellas ante ella comenzaron a deformarse, reemplazadas por una intensa luz azul, y el violento estremecimiento le indicó que habían logrado el salto al hiperespacio. Se dejó caer en el respaldo de la silla, aliviada. Sólo se escuchaban los zumbidos de la nave. Con el túnel de luz frente a ellas, las chicas se quedaron mirando.

Sun esbozó una débil sonrisa. Nix dejó escapar una carcajada. Se sentía ligera. Enfocada. Viva. ¿Cómo se había dejado estar en ese agujero por tanto tiempo? ¿Cómo había permitido que la tratasen como un objeto para encajar ahí? ¿Cómo había caído tan bajo, y por un tipo, además? Por Travis, el que la había rescatado de Jakku, ella había olvidado que su razón de ser estaba en el cielo.

Ahora nadie la haría perder eso de nuevo.

Golpeteó alegremente los reposabrazos de la silla, dejó a Sun a cargo y se levantó a revisar las provisiones. Dudaba que el tacaño de su ex hubiese dejado cualquier cosa de valor ahí, pero no perdía nada con intentar. Ante la mirada ansiosa de la humana, activó el piloto automático.

- ¿No que sabías manejar una nave? –le preguntó alzando una ceja.

- Soy mejor manejando personas.

Nix rió creyéndolo un chiste. No lo era. Confundida, se fue a la bodega.

Tras repuestos obsoletos descubrió una prometedora botella, pero al olisquear el contenido, notó lo que realmente era. Haciendo arcadas, la cerró y tiró a la basura. Siguió buscando hasta dar con un frasco de caf. Apenas quedaba, pero era algo. Ya desmaquillada volvió a la cabina ofreciéndole a Sun la única taza que encontró. Ésta evaluó el líquido con desconfianza y la miró como si estuviera loca.

- ¿Caf de la Antigua República? No pensarás beber eso...

- No es tan viejo. Recuerdo cuando lo compré.

Sopesando esto, Sun tomó un par de sorbos sin quitarle la vista de encima. Nix sintió como si sus grandes ojos marrones la traspasaran. No era la primera vez que lo hacía. Se removió incómoda.

- Estás mejor sin él y lo sabes. Ahora que no piensas volver, ¿qué quieres hacer?

Sun le tendió la taza. Nix la tomó, volviendo a su silla. Aún no se había detenido a pensarlo. Tres días atrás, había tenido la certeza de que su vida transcurriría más o menos igual, hasta que ella y su novio juntasen suficientes créditos para salir de los niveles bajos. Ahora, no tenía ni novio ni créditos.

Sabía que no quería volver a trabajar en una taberna, pero difícilmente aceptarían a una twi'lek sin experiencia en un puesto de mecánica, ni hablar de como piloto. Con suerte había conseguido que Travis le confiara sus herramientas. No tenía contactos fuera de Coruscant, ni forma de comunicarse con los que tenía ahí. Se encogió de hombros, desmotivada por el panorama frente a sus ojos.

- No tengo idea.

- Tonterías –Sun ni pestañeó al replicar-. Sabes lo que quieres.

- Quiero volar –suspiró Nix.

- Y lo harás. Takodana es un buen lugar para buscar trabajo. Sólo hay que saber a quién preguntar. Conozco a alguien que podría ayudarte.

Nix sonrió. Le gustaba la idea, y había algo en la chica que le inspiraba la confianza que necesitaba para creerlo posible. Pero nuevamente, ella no se incluía en su plan en aquel planeta.

- ¿Y qué hay de ti? ¿Qué te espera a ti en Takodana?

Sun desvió la mirada, revisando el monitor. Guardó silencio unos momentos, mordiéndose el labio.

- Un ajuste de cuentas, o una reconciliación. De cualquier forma, sé que tú serás bien recibida. No te expondría a más de lo que ya he hecho –hizo una pausa-. Lamento haberte puesto en peligro en la taberna. No estaba pensando claramente.

Nix la miró incrédula.

- Confrontaste a seis tipos de Escuadra Civil por mi cuando nadie más se atrevió a hacerlo.

- ...y provoqué un tiroteo...

- Alguien más lo hizo. Y tú me defendiste. Gracias por eso.

Lo dijo de corazón. Con todo lo que había pasado durante las últimas horas, no había tenido tiempo de agradecerle. Sun se encogió de hombros, incómoda ante el reconocimiento.

- Eres amable. Ellos no.

Nix no quiso presionarla. Revisó el tablero. Tenían unas horas antes de llegar a destino. Le ofreció a Sun la posibilidad de tomar una siesta mientras ella vigilaba todo, pero ésta se negó. Hasta tuvo la audacia de sugerir que fuera ella quien tomase una siesta.

- No podré dormir de todas formas –confesó-. Y no hay mucho que hacer hasta llegar.

Se veía nerviosa. Nix aceptó, diciéndose a sí misma que solo descansaría los ojos unos minutos. No era que desconfiara de la chica que agitaba espadas sobre ella todas las noches, pero algo le decía que Sun necesitaba una amiga. Le pidió que la despertara cuando quisiera, y se reclinó en el asiento. Segundos después, alguien la removía con suavidad.

- Estamos por llegar.

Desorientada, vio a Sun sin maquillaje, sus ojeras se veían mucho más pronunciadas ahora. Nix se desperezó, preparándose para salir del hiperespacio.

El intenso verde del planeta la dejó sin aliento, ella que sólo conocía arena y metal. Siguió las indicaciones del mapa y en minutos llegaron a una gran cueva en medio del bosque, espaciosa como para usar de hangar. Esto alivió a la twi'lek, quien temía dejar la nave sola, sin sistema de seguridad.

Pronto amanecería. Una vez en tierra firme vio como Sun exhalaba antes de voltearse a ella.

- Por cierto, mi nombre es Rue.

Lo dijo casualmente, pero su voz estaba tensa. Nix alzó las cejas, y es que las piezas comenzaban a encajar. Con razón en la taberna solía ignorarlas cuando la llamaban. Y ellas pensando que era una creída que fingía no escuchar. Ahora que sabía que tenía líos con la Primera Orden, y al menos con otra persona ahí, entendía su manía de aislarse. Decidió no darle mucha importancia a su nombre.

- Entonces... ¿en qué dirección, Rue?

Agradecida, ésta guió el camino. Anduvieron por el bosque unos minutos hasta llegar a una antigua fortaleza de piedra junto a un lago. En la entrada había un jardín colmado de banderas colgantes, bajo una estatua que Nix no pudo reconocer. Se acercaba a mirar mejor cuando Rue la agarró del brazo.

- No queremos causar un escándalo –advirtió, llevándola por el borde de la edificación semi sumergida en el lago-. Ella es muy buena haciendo escándalos.

Vio como Rue pasaba una mano por la pared, bloque por bloque. Uno de ellos cedió accionando una puerta secreta. Ésta se abrió lentamente, dejando ver luz desde el interior.

Y proyectada dentro de la luz, una sombra. Una mujer pequeñísima y arrugada las aguardaba desde el otro lado, con los brazos cruzados y expresión seria. Automáticamente al verla, Rue pareció encogerse un par de centímetros.

- Hola, Maz –murmuró, sin apenas despegar la vista del suelo.