Capítulo 4: Perdida y encontrada

Corroída por el remordimiento, el viaje fue eterno. No debió irse con Travis, no debió confiar en él. Nunca debió desestimar las enseñanzas de la Iglesia. La Fuerza era real y los Jedi volverían, ahora ella lo sabía cierto. Recordaba el rostro amable de la Madre Aylyn y sus hermanos adoptivos. Los imaginaba huyendo de las explosiones en Tuanul. Debió quedarse con ellos, y así… no.

Nix sacudió la cabeza desechando la idea. Nada habría cambiado. Debía ser objetiva, desapegarse de la emoción que enturbiaba su juicio, como le habían enseñado. Ella no habría evitado el asedio, apenas sabía cuidar de sí misma. Pero aquello difícilmente era un consuelo.

Mecánicamente salió de hipervuelo e ingresó a la atmósfera de Jakku. Divisar Tuanul desde el aire fue fácil, columnas de humo se recortaban contra el rosado amanecer. Fuego. Su estómago se revolvió pilotando en esa dirección. Los sensores descartaron presencia de la Primera Orden en el lugar, pero también de formas de vida. Dio unos golpecitos al monitor. Un error de sistema. La nave era basura.

Ella misma se sentía como basura. No había pensado siquiera en qué diría al verlos. ¿La recibirían con los brazos abiertos o le esperaría una fría bienvenida? No tuvo tiempo para ensayar una disculpa. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para ver la aldea, ahogó un grito. No quedaba nada.

Con manos temblorosas, aterrizó lejos de los escombros que llevaban horas ardiendo. Nadie salió a su encuentro al apagar el ruidoso motor. Con el corazón en un puño, abrió la compuerta y bajó al desierto lugar. El viento hacía remolinos de arena a sus pies, trayendo consigo un aroma inconfundible.

Se precipitó a la aldea llamando a gritos a su familia. Nadie respondió. Volvió a gritarles, revisando cada pila de rocas ahí. El silencio era enloquecedor. Sólo al ver el pozo notó que, lo que desde el cielo parecía otro montón de escombros, era en realidad una pila de cadáveres carbonizados. Sintió el ácido acumularse en su estómago. Cerró los ojos y se volteó para evitar la horrorosa visión impresa en su retina. Aceptó que nadie vendría, todo Tuanul estaba ahí. Cayó de rodillas, abrumada por esta certeza.

Se habían reunido con la Fuerza, eso en lo que habían creído toda su vida. No pudo decirles que tenían razón. No tuvo tiempo para disculparse, agradecer o decir adiós. El olor del aire era insoportable pero no tenía fuerzas para levantarse e irse. Desolada, Nix se abrazó a sí misma y rompió a llorar.


Rue se esfumó del castillo tras la partida de Nix, y si bien Maz la sentía cerca, el mensaje era claro para ella: estaba molesta y no deseaba que la vieran llorar. Los viejos hábitos eran difíciles de soltar.

En el sótano, frente al cofre que atesoraba su última adquisición, la anciana suspiró. Querría tener más tiempo, pero los eventos se alineaban demasiado rápido. Lo vio pasar tantas veces. El corazón de Rue sería puesto a prueba, y para eso necesitaría el arma apropiada.

Subió a la terraza, avisando a Emmie que saldría. Como sospechaba, divisó a Rue en la orilla del lago. Descalza, se deslizaba por la pradera como si el Zama-Shiwo que practicaba fuese una danza. Siendo indulgente con sus métodos, le aliviaba notar que la chica no había dejado de entrenar.

Si bien pacífico bajo sus reglas, el castillo no era lugar para niños. No la apodaban Reina Pirata por nada. Los contactos que frecuentaba no eran modelos a seguir, ni hablar de los que buscaban refugio ahí. Ella y Emmie habían preparado a Rue para esa vida, esperando a que ésta aspirase a más, algún día. El ataque de los espías lo había cambiado todo nuevamente, desviándola del destino luminoso al que Maz apostaba.

Porque controlar el futuro era imposible incluso para un Jedi, y ninguna de las dos lo era. El destino de Rue siempre llevaba un toque de caos a sus visiones, pero Maz confiaba en la bondad de su hija. Sabía que su estadía en Coruscant, triste como fuera, preludiaba algo más. Y lo que vendría ahora, sólo dependería de la voluntad de la Fuerza, y de la disposición de su hija a seguir la senda de la luz.


Absorbida por el duelo, no fue hasta oír un pitido junto a ella que notó que tenía compañía. Se giró sobresaltada. Una unidad BB se balanceaba a su lado, su fotorreceptor fijo en ella. Nix buscó con la mirada a su dueño, en vano. Estaban solos. El droide trinó urgentemente en binario, y ella, limpiándose las lágrimas con la blusa, lo observó con dureza.

- Entiendo que necesites encontrar a tu piloto, pero estoy en medio de algo aquí.

El astromecánico alternó su fotorreceptor entre ella y los restos de su familia antes de silbar más lento y suave, arrimándose a Nix para mostrar empatía. Lamentaba su pérdida. Era un droide peculiar.

- Eran mi familia... –le confió con voz quebrada-. Me dijeron que fue un ataque de la Primera Orden, pero no entiendo por qué... eran buenas personas...

Nuevamente lágrimas rodaron por sus mejillas. ¿Qué peligro podría sugerir una pobre aldea en medio de la nada? Ellos no ganaban nada masacrándola. Entonces recordó a Quinn y sus teorías. La Primera Orden tramaba algo. Nix entonces había sido lo suficientemente indolente como para dudar, ahora no podía ser coincidencia. El droide silbó con reserva. Nix alzó las cejas. ¿Qué su familia qué…?

- ¿Dispararon contra la Primera Orden protegiendo a tu piloto? ¿Quién era, Leia Organa?

Pese al sarcasmo, la idea revoloteó en su mente. No imaginaba a su pacífica familia levantándose en armas. Debieron defender algo más que un piloto, algo más valioso que todos ellos juntos. El droide rodó hacia atrás, trinando algo sobre información confidencial. Temiendo que se fuera, Nix agregó:

- Si mi familia peleó y murió por ayudarte, ahora también es mi pelea. Te ayudaré a encontrarlo.

Era una locura desafiar a quienes mataron a su familia, pero quería hacer algo que tuviera sentido. Se había ido de Tuanul buscando volar,pero en su obstinación de renegar de la fe, había olvidado lo que era seguir un propósito. De alguna forma, pese al dolor, volver al planeta justo para encontrar al droide que su familia había protegido, parecía tener sentido. Parecía ser voluntad de la Fuerza.

El droide llamado BB8 se balanceó mencionando llevar un mensaje de máxima prioridad. Se había separado de su piloto en el ataque, con órdenes de alejarse y esperarlo, pero con un lastimero pitido indicó una alta probabilidad de que éste estuviese con ellos. Nix no quería voltearse a verlos.

- Lo siento mucho –le dijo-. Te ayudaré a entregar el mensaje, entonces. Dime a quién.

BB8 trinó que repasaría su protocolo. Nix vio en los escombros de Tuanul el costo de alzarse contra la Primera Orden, pero su decisión ya estaba hecha. Protegería lo mismo que su familia, y luego...

Luego tal vez la Fuerza se lo indicaría, si iba lo suficientemente atenta.

Sus piernas aún temblaban. No supo de dónde sacó fuerzas, pero se levantó limpiándose polvo y cenizas de la ropa. Quería respirar profundo, pero el aire ahí la ponía enferma. Caminó a la nave un paso a la vez. No miró atrás, no deseaba recordarlos así. BB8 silbó su veredicto rodando junto a ella.

- ¿Cómo puedo ayudarte si todo es confidencial? –frunció el ceño- Necesitas una nave para salir, y solo veo la mía.

Indicó su nave creyendo que vería a la Reina. Un destartalado A-Wing la tomó desprevenida. Recordó que debía volver por ella primero. Y por Rue, antes de que ésta viniese a buscarla. BB8 fijó su fotorreceptor en ella, casi como juzgándola.

- Cierto, mi nave está en Takodana –explicó-. Esta es prestada. Pero su dueña es de confianza.

Se preguntó si Rue estaría dispuesta a ir con ella, si sería correcto pedírselo tras oír su experiencia con la Primera Orden. Pero ahora más que nunca, sentía que necesitaba una amiga. El droide resolvió ir al pueblo más cercano. Consultando su banco de memoria, había una probabilidad no menor de que su piloto, de escapar, estuviese ahí. Nix alzó las cejas.

- No creo que Niima sea seguro para un droide.

O para una twi'lek. En la aldea le negaron ir sola por años, tuvo que desobedecer para entenderlo: dos veces intentaron raptarla. En una de esas conoció a Travis. Sospechaba que la habría tratado distinto de no haberse enamorado de ella. Así funcionaban las cosas, en el Borde Exterior y en el bajo Coruscant. Al menor descuido la intercambiarían a ella o a BB8 por créditos o porciones de comida. Éste silbó señalando su blaster con la antena torcida.

- Eres muy amable –dijo, hincándose a enderezarla-. Pero no tengo mucha práctica disparando.

Pronto Nix aprendió que BB8 siempre se salía con la suya. Tras unos minutos, volaban hacia Niima.


El Zama-Shiwo era para Rue lo más cercano a meditar. Un antiguo arte marcial que no le daba la calma que veía en Maz, pero al menos, la enfocaba lo suficiente como para no hacer tonterías. Su cuerpo fluía con esa energía que lo abarcaba todo, y muy de vez en cuando, se olvidaba de sí misma...

Pero no aquel día. Soltó la postura dejándose caer. Debió ir con Nix. Quería estar con ella. Maz no debió intervenir. Apenas sabía sostener un blaster, y se había ido a un planeta de gente que hacía lo que fuera para sobrevivir. Debió ir con ella, y ahora solo le quedaba esperar. O ir a Jakku, traerla de vuelta, y luego… ¿qué? Se preguntó si la Flota Libre buscaría tripulación. Pero Nix era tan inocente...

Suspiró irritada. Tenía que volver a sí misma. Tomando impulso para levantarse de un salto, volvió a la postura y respiró profundamente. Dejó que su cuerpo llevase el movimiento, concentrándose en las sensaciones: la caricia del viento en su cabello, la frescura de la hierba bajo sus pies descalzos, la tibieza del sol en la piel. La vida gestándose en armonía a su alrededor...

...y un intenso llamado de la Fuerza, justo detrás de ella. Erizada, Rue se volteó esperando algo grande y terrible. Sólo era su madre. Ésta caminaba pensativa, con las manos tras la espalda.

- Tengo algo para ti –dijo sin rodeos-. Siento que es momento.

Le tendió un objeto metálico, inadecuadamente grande para su mano. Rue tardó en entender qué era, pero cuando lo hizo se echó hacia atrás como si le hubiera dado la corriente. Y es que el llamado que sintió, la noche anterior y entonces, venía de ahí. No era cualquier objeto.

- No –fue su única, rotunda respuesta.

Le dio la espalda a su madre, como si así el sable de luz fuese a desaparecer. La reliquia la llamaba tan alto que apenas escuchaba sus propios pensamientos. Cerró los ojos con fuerza, intentando deshacerse de la abrumadora sensación.

- Aleja esa cosa de mí –siseó, estremeciéndose.

- Te llama, ¿no es así? –Maz interpretó su hosco silencio como una afirmación- Encontré esta reliquia mientras estabas en Coruscant. Perteneció a Luke Skywalker, y a su padre antes que él. Llegó a mí en las circunstancias más extrañas. Justo como tú...

Rue bajó ligeramente la guardia al escuchar esto, girándose sin dejar de fruncir el ceño. Atando los cabos sueltos en su mente, le dedicó una exasperada mirada. Por supuesto que no se rendiría...

- ¿Es por esto que me regalaste las espadas? –espetó- ¿Por si cambiaba de opinión algún día?

No era una pregunta. Sus espadas llegaron poco después de rechazar la academia Jedi. Creyó ser clara entonces, no seguiría ese camino. Le sorprendió que Maz no insistiera entonces. Luego se enteraron del aprendiz caído, la matanza del templo y la desaparición de Skywalker. De no ser por su obstinada negativa a separarse de su madre, Rue habría muerto allí también.

- Prepararse nunca está de más. No quiero imponerte un camino, Rue, pero si escucharas a la Fuerza, podrías hacer una diferencia en esta guerra contra el lado oscuro...

- Todos podemos hacer una diferencia –replicó, defensiva. Ella conocía íntimamente esa guerra.

- Sí, pero a través de este sable, la Fuerza te escogió a ti...

Rue echó la cabeza hacia atrás y soltó un gruñido al cielo. El peso de esas palabras la desquiciaba.

- Pero yo no escogí la Fuerza… sentir así de intenso… hacer tanto daño...

Su indignación se volvió tristeza, y es que cada vez que se abría a la Fuerza, terminaba mal. Maz tiró de su mano para que bajase a su altura. Rue se agachó, dejando que su madre tomara su rostro.

- Ambas sabemos el origen de tu miedo a perder el control. Esa no eres tú, no realmente.

- Pero tampoco soy lo que esperas –replicó, sombría-. ¿Recuerdas como dejé tu sótano al irme?

Maz ni se inmutó. Rue no entendía cómo después de tantas veces poniéndola a prueba, seguía a su lado. Queriéndola, incluso entonces. Como leyendo su mente, la anciana buscó su mirada.

- Eres más que lo que ellos te hicieron hacer. Los espías. O tus padres.

- Ellos no fueron mis padres –soltó, poniéndose de pie-. Tú sí.

Ellos jamás la reconfortaron como Maz hacía. Jamás actuaron como padres. Solo le enseñaron a temer y a huir, hasta que los roles se invirtieron y ella pagó por eso. No tenía miedo, estaba aterrada de lo que hacía con la Fuerza. No dejaría que su madre fuera el siguiente colateral. Comenzó a pasearse.

- que puedo ser buena, lo sé. Pero la Fuerza está fuera de mi control y me niego a exponerte a… –acalorada, apenas terminaba sus ideas- No puedo ni meditar, y cuando me enfado... ¿cómo puedes creer que tener un sable de luz a mi alcance sea buena idea? Sabes lo que representa. No puedo vivir como un Jedi

Y aunque pudiese, tampoco quería. Deseaba hacer el bien, pero menos públicamente. Disfrutaba del anonimato, el sigilo, y dar lecciones a ricachones corruptos, matones y esclavistas. Esto la llevó a seguir los pasos de Maz en la Flota Libre. Pero esa vida, ante el llamado del sable, se veía cada vez más lejos. La Fuerza le mostraba otro camino, y con paciencia su madre la veía despotricar al respecto.

- ¿Terminaste...? –la chica bufó como respuesta- Tu miedo es entendible, Rue. Has pasado por mucho, y no se pondrá más fácil. Se acercan tiempos oscuros que te pondrán a prueba. Pero puedes controlarte. Cree en eso. La luz en tu interior te guiará, si la escuchas.

Rue cerró los ojos, dejándose tranquilizar por Maz. A regañadientes confiaba en la sabiduría de la anciana. De alguna forma, debía creer que la luz sería suficiente guía frente a sus arrebatos. Suspiró.

Además, su madre no descansaría hasta verla tomar el maldito sable. Resignada, vio la reliquia que ésta le tendía, y lo demás se atenuó a sus sentidos. Un instinto le hizo extender la mano. En cuando sus dedos se cerraron en torno a la fría empuñadura, el mundo a su alrededor se disolvió...


Niima fue una mala idea. Apuntar ya era difícil detenida, corriendo se volvía imposible. Falló al aturdir al humano que se alejaba con BB8 a sus espaldas. Éste chillaba en el saco mientras Nix los perseguía. El ladrón desapareció dentro de una tienda y ella entró tras él. De pronto, todo se oscureció.

Con una bolsa de lona en su cabeza y fuertes brazos apresándola por detrás, pataleó en el aire gritando a todo pulmón. Su blaster cayó. Alcanzó a dar un cabezazo a su captor antes de que un golpe seco lo neutralizara. Ambos cayeron, y todo quedó en silencio.

Se liberó de la lona con manos temblorosas. El rodiano que la redujo estaba inconsciente, más allá el humano se retorcía de dolor junto al saco de BB8. Nix tomó el bláster y lo aturdió. Otro joven humano de piel más oscura la miraba curioso. Armado con una pierna de droide, la ayudó a levantarse.

- ¿Estás bien? –preguntó con suavidad.

Nuevamente, era rescatada. Avergonzada, asintió. Liberó a BB8 bajo la insistente mirada del joven. Éste estaba por hablar cuando el droide chilló reconociendo la chaqueta de su piloto. Alertada, Nix lo apuntó con el blaster. No la volverían a engañar. El humano reaccionó levantando las manos.

- Oye, oye, oye... ¡te acabo de salvar! –protestó.

- ¿¡Dónde conseguiste esa chaqueta!?

- ¿Qué hay con la chaqueta?

- BB8 dice que era de su piloto. ¿Dónde está él?

La expresión del joven cambió súbitamente de alarma a tristeza. Viendo esto, Nix bajó el blaster.

- Eres el droide de Poe Dameron -dijo a BB8-. La Primera Orden lo capturó. Lo ayudé a escapar, pero nos estrellamos en el desierto. Poe no sobrevivió, solo encontré su chaqueta. Lo siento.

Apenada por la noticia, Nix guardó silencio.

- Lo intentamos –consoló al astromecánico-. Tendremos que irnos sin él.

El droide, cabizbajo y en silencio, rodó hacia la salida. Ambos caminaron tras él.

- ¿Se van de Jakku? ¿Puedo ir con ustedes?

Nix lo miró de pies a cabeza. No le parecía una mala persona, y la había salvado de los ladrones. Pero si bien le debía una, no tenía espacio en el A-Wing. Se encogió de hombros a modo de disculpa.

- La nave es para una persona... –luego lo reconsideró-. Pero si te apiñas lo suficiente, podría llevarte, al menos hasta Takodana.

Algo le dijo que era lo correcto. Su rostro inspiraba confianza. El joven sonrió. Además, era guapo.

- Cualquier lugar me acomoda. Soy Finn, por cierto.

- Nix. Mucho gusto. Y gracias por... -señaló atrás.

- Es para lo que me entrenaron –se encogió de hombros-. Proteger al inocente.

Sonaba como un héroe, pero frunció el ceño al decirlo. Nix esperó a que siguiera, pero la charla se cortó. Razonó que debía ser un rebelde y no aguantó la curiosidad. BB8 podía negarse a responder, pero quizás él sería más comunicativo…

- ¿Entonces, eres de la Resistencia? –aventuró, y el joven frenó en seco.

Finn la miró boquiabierto, con pánico, y la chica supo que había adivinado. Dio saltitos de emoción.

- No le diré a nadie... –se apresuró a decir, retomando la compostura y mirando alrededor.

Luego de unos segundos, el joven cerró la boca. Con una intensa mirada, se le acercó y susurró:

- Estoy con la resistencia, si –alzó una ceja-. ¿Te habló BB8 de la misión secreta?

- Dijo que era confidencial -ilusionada, se esforzó en hablar bajo.

Él le dirigió una mirada cómplice.

- Es porque tiene un mapa con la ubicación de Luke Skywalker.

Contuvo el aliento. Eso era lo que la Primera Orden quería, lo que su familia defendió. La esperanza de traerlo de vuelta, a él y a los Jedi. Lo miró boquiabierta. Éste asintió, satisfecho del efecto causado.

- Tenemos que llevarnos a BB8 de aquí... -susurró, sintiendo el peso de su tarea- Tan pronto como... ¿¡Dónde está la nave!?

El alma se le cayó a los pies. El A-Wing de Maz ya no estaba.


Fue como sumergirse en un sueño. Todo oscureció. Oyó una respiración mecánica, violenta, y se estremeció. Sintió frío y muerte, voces de miles de personas gritaron de horror, para callar por siempre.

Una luz apareció ante ella. Vio a un joven frente a un gran árbol en medio de un pantano. El tronco tenía un hueco que profería un inquietante rugido. "¿Qué hay allí?", preguntó él. "Sólo lo que llevas contigo", dijo otra voz resonando en el aire...

Una explosión a sus espaldas la sobresaltó. Se giró alarmada, para ver cómo la nave de sus padres caía del cielo envuelta en llamas. Su rostro se crispó de horror. Era su culpa. Pese a quererlo con todo su ser, no podía gritar. Le faltaba el aire. El pánico incrementó.

La escena cambió. Escuchaba su nombre, aún sin respirar. Flotaba en un cielo sin estrellas. "¡Tú eras el elegido!" gritó alguien mientras ella intentaba llevar aire a sus pulmones. Luego, la risa macabra de un anciano le heló la sangre. Vio rayos de color azul intenso, y se sintió caer, rodeada de cenizas.

Se desplomó sobre hierba, al fin respirando. Pero no estaba en Takodana. Era de noche y un templo ardía a la distancia. A su lado, un hombre encapuchado extendía una mano mecánica, aferrándose a una unidad R2. Tenía que irse antes de que la vieran...

Sus pies descalzos pisaron nieve. Atravesó un bosque helado, oía gritos, disparos y explosiones. Gente moría cerca. Una gran figura le cerró el paso. Enmascarado, vestía completamente de negro. Rue pudo sentir su fría mirada fija en ella, justo antes de...

Rue gritó y soltó el sable como si éste la hubiese quemado, la visión aún fresca en la mente. Maz la miraba esperando que hablase, pero la cabeza le daba vueltas. Se sentó en el suelo, abrazándose. Sentía frío. Pero no era su frío, no esta vez.

- Tanta muerte en ese sable... -susurró- Tanto sufrimiento... no quiero tocarlo otra vez.

Quería ayudar. Realmente quería hacer algo bueno con su vida. Rue era fuerte, pero no tanto como para sostener ese sable de luz. Personas más preparadas que ella cayeron al lado oscuro usándolo, y ella estaba siempre al borde del abismo. Tal vez era lo que la Fuerza quería decirle. No era suficiente.


BB8 rodaba en círculos enojados sobre el espacio en el que dos horas antes estuvo el A-Wing, chillando acerca de huellas de crías humanas.

- ¡Pero si era CHATARRA! –Nix alzó los brazos, indignada.

Pero estaban en Jakku. La chatarra de uno era el sustento de otro, especialmente en territorio de Unkar Plutt. Ella sabía que el viejo matón obligaba a niños hambrientos a robar naves y repuestos. Se masajeó las sienes, esperando que al menos los mocosos tuviesen un festín de porciones. Así su desgracia sería menos amarga.

- Tenemos que irnos -dijo Finn mirando alrededor.

- ¿Alguna idea de cómo? ¡Ugh! ¡Ni siquiera era mi nave!

- ¿La robaste? –preguntó él, esperanzado.

- Me la prestaron –se ofendió-. No voy por ahí robando naves...

Se sonrojó al recordar que le robó la Reina a su ex, un ladrón de naves. Pero Travis sí lo merecía. Finn la tomó del brazo y la condujo a un depósito de chatarra a la distancia. Nix ni alcanzó a reaccionar.

- No mires atrás... –su corazón dio un vuelco al oírlo tan tenso-. No actúes sospechoso.

- ¿Qué ocurre?

- Stormtroopers, dos atrás de nosotros. Buscan a BB8, nos notarán si corremos.

El droide se ocultó delante de ellos, entre sus piernas. Agudizando el oído, el viento traía pedazos de conversaciones de los soldados. No parecían enterados de su presencia. Nix se acercó más a Finn.

- ¿Qué haremos...? –murmuraba él, nervioso.

Respirando hondo para despejarse, Nix miró a su alrededor. Debían cruzar un descampado para llegar al depósito. Podrían ocultarse en una de las naves para desmantelar, pero caminando en línea recta los verían antes. A su derecha, a medio camino, había un establo que les daría más cobertura.

- Vamos hacia allá.

Cubrieron discretamente las huellas del droide, y se ocultaron en el establo. La twi'lek aprovechó la pausa para pensar el siguiente paso.

- Ahora caminamos al depósito y nos escondemos en una nave hasta que se vayan.

- Nos encontrarán con sus escáneres, es parte de su protocolo. Debemos robar una nave. ¿Qué tal ésa? No se ve que la extrañarán...

Nix vio a donde apuntaba. Un carguero destartalado, cubierto de lona. Si bien le conflictuaba robar, aquel puerto de aterrizaje pertenecía a Unkar Plutt. Técnicamente, recuperaría la nave que le habían robado sus pequeños esclavos. ¿Volaría…? Como si la Fuerza respondiese, la brisa hizo caer parte de la tela. Decidió confiar. Se aseguró de que nadie miraba, e indicó que la siguieran.

Entre ella y BB8 lograron abrir el carguero sin disparar alarmas, y a tientas llegaron a la cabina. Ahora venía la parte difícil: hacerla volar. Los controles eran similares a la Reina. Pese al apuro de Finn, Nix se tomó su tiempo para reconocer el tablero. No podría buscar nada luego de encenderlo.

- No tenemos tiempo… -la presionó él.

- Ve a buscar el puesto de artillero si quieres ser útil –le dirigió una mirada de advertencia-. No saldremos de aquí hasta que sepa cómo hacerlo. BB8, necesito un copiloto.

Finn desapareció inquieto. El droide informó que su programación no era cien por ciento compatible con ése modelo obsoleto, y que varios controles serían exclusivamente manuales. Nix comenzaba a dudar de sus posibilidades cuando vio unos dados de la suerte colgando sobre su cabeza. Otra señal. Con ánimo renovado se dirigió a BB8.

- Lo que alcances a hacer, servirá.

BB8 aseguró hacer lo posible para no estallar. Una vez que Nix memorizó los controles principales, dio un hondo suspiro para despejarse. Finn apareció trastabillando en la cabina, haciéndola saltar.

- Tenemos que irnos –jadeó-. Ahora.

- Si repites eso otra vez...

- No. Esta vez es en serio. ¡Mira!

Afuera, dos stormtroopers caminaban frente a la nave. Uno se volteó, y al verlos dio un codazo a su compañero. Los señaló. Sin decir palabra Nix se encomendó a la Fuerza, y encendió el carguero. Las sacudidas y el estruendo le hicieron temer que no volaría. Finn, petrificado, se quedó tras ella.

- ¿Qué pasó? ¿Nix, qué pasó? ¿Corremos? ¿Nos quedamos...?

Nix lo chitó. Con el pulso disparado, activó interruptores, giró manijas y oprimió botones con BB8 diagnosticando la nave. Pilotable, apenas. Tenía suficiente combustible para llegar a Takodana, pero el compresor instalado al hiperpropulsor podría sobrecalentarse en el hiperespacio.

- Buenas y malas noticias... -dijo Nix. Afuera, un soldado activó su comunicador- Olvídalo.

No había tiempo de cambiar de nave. Despegaron y el carguero se ladeó, lanzando a Finn a una de las sillas. Circuitos sensibles, como la Reina. La estabilizó en un santiamén. Ganando altura, vieron destellos rojos fuera de la nave y sonó una alarma en el tablero. Les disparaban. BB8 activó el escudo deflector, informando que estaba al 86% de su capacidad. Era mejor prevenir.

- Finn, a la torreta de artillero ¡Ahora!

El joven se precipitó fuera de la cabina, gritando desde el corredor.

- ¡Sólo sácanos de aquí antes de que envíen refuerzos aéreos!

Nix aceleró, y mientras sentía su cuerpo pegarse al asiento, escuchó un ruido sordo desde el pasillo. BB8 le informó que había sido Finn. No esperaba que el vejestorio fuese tan veloz.

- ¡Lo siento! –le gritó- ¡Sujétate!

Ascendió, determinada a aprovechar cada segundo para alejarse de la Primera Orden. Bajo ella, Jakku se hacía pequeño. Fuera de la atmósfera, pidió a BB8 que ingresara las coordenadas para el hipervuelo, pero éste dijo que debía hacerse manualmente. Nix no gastó tiempo en desesperarse y las ingresó ella misma.

- ¿¡Qué estás esperando!? –Finn gritaba a lo lejos.

- ¡Hago lo que puedo! –gritó de vuelta, luego recordó que tenían tecnología- ¡Enciende el radio!

Otra alarma se disparó esperando el cálculo de hipervuelo. Los sensores de proximidad detectaban tres cazas tras ellos. El corazón le dio un vuelco viendo destellos verdes pasar junto a ella. Los escudos no serían suficientes. Maniobró para quitarse de en medio, encendiendo el radiocanal con la torreta.

- ¡Finn! Tenemos compañía. Espero que seas bueno disparando.

Escuchó como el joven forcejeaba con el control del cañón. Las naves se acercaban en formación. Finn comenzó a disparar, pero no alcanzaba a la de arriba desde ahí, y ésta aprovechó la ventaja. La nave se estremeció cuando el caza cargó contra el escudo. BB8 informó que ahora funcionaba al 60%.

Nix se puso a describir piruetas sobre la curva atmósfera del planeta, mientras BB8 luchaba por mantenerse conectado al tablero. Le alegró no haber desayunado. Los cazas la seguían con dificultad, pero tenía que evitar el punto ciego de la torreta. Finn logró atinarle a uno, y ella lo escuchó celebrar.

- Menos festejo, más disparos –lo apremió-. Aún quedan dos.

Entre las alertas del tablero y las del droide distrayéndola, Nix necesitó toda su creatividad para no repetir trucos. Jamás había tenido tanto espacio para maniobrar. En algún momento debió volverse predecible, porque los cazas comenzaron a acertarle. 46%. 30%. 22%. Oh no.

- ¡Se están acercando! –gritó Finn.

Nix notó que estaba hiperventilando. Respiró profundo, intentando recordar alguna cosa útil de sus simulaciones de vuelo, incluso del desgraciado de Travis, pero solo acudió a su mente la Madre Aylyn enseñándole a meditar a la sombra del pozo en Tuanul. Dejar ir el pensamiento...

Una calma apacible la invadió. Con la mente despejada, se le ocurrió una idea. Delante de los dos cazas, aceleró todo lo que daba la nave, apenas desviándose para evadir disparos. Mientras éstos se adaptaban al cambio de táctica, Finn le dio a otro que cayó presa de la gravedad del planeta. El caza restante fue a ellos disparando desde arriba.

- ¿Nix, qué haces? ¿Por qué dejaste de evadirlo?

- Prepárate –le dijo-. Debajo de ti.

Nix se dejó alcanzar por el caza, esquivando todo lo que podía. Un disparo dejó el escudo al 15%. Con los ojos fijos en el sensor de proximidad, cuando éste estuvo lo suficientemente cerca, invirtió la nave, dejando Jakku sobre sus cabezas, y el caza al alcance de la torreta.

- ¡Ahora!

Avanzó hacia el enemigo y Finn cargó contra éste. Abatida, la nave se precipitó en espiral hacia el planeta. Nix estabilizó el carguero alejándose de Jakku a toda velocidad. Pese a los vítores del joven, ella no estaría tranquila hasta salir de ahí.

Reingresaba las coordenadas cuando Finn se asomó a la cabina sonriendo. Hizo una mueca al ver por el cristal. Siguiendo su mirada, Nix se sintió desfallecer. Una división entera de cazas salía del hiperespacio como un enjambre de insectos enojados. La nave finalizó los cálculos. No se quedarían a recibirlos. Ella accionó el hiperpropulsor, y nada pasó. Ambos jóvenes se miraron aterrados.

BB8 señaló que debían accionar el compresor. Ésta lo hizo y en instantes, saltaron al hiperespacio.