Capítulo 5: El desertor de Jakku
Nix se desplomó en la silla del piloto. El desertor la creyó desmayada hasta escucharla reír. Aliviado de que no morirían atrapados en el hiperespacio, se unió a sus risas. Habían escapado de los cazas y abandonado el maldito Jakku. Finalmente, adiós Primera Orden. La idea de ser libre le dio vértigo. Ahora, su nombre era Finn.
Nix se cubrió el rostro y su risa se hizo llanto. Él entró en pánico. En todos sus años de preparación militar, jamás había visto a alguien llorar como ella. Inseguro de cómo proceder, se sentó a su lado en incómodo silencio. Recorrió la cabina con la mirada, desesperado, como buscando una solución ahí entre botones luminosos y monitores.
- No sé qué hacer –dijo finalmente-. Lo siento, no soy bueno en esto. Dime qué hacer.
BB8 emitió unos pitidos que él no entendió. No sabía binario. Pero Nix, como saliendo de un trance, dejó de llorar y dio un hondo suspiro para recomponerse.
- BB8 tiene razón –murmuró-. Nosotros estamos con vida, y tenemos que completar la misión. Llegaremos a Takodana en poco tiempo, si no sobrecalentamos el hiperpropulsor...
Hablaba más para sí que para ellos. Luego, sorbiéndose la nariz, revisó los monitores en silencio. Finn notó que su mentón temblaba mientras lo hacía, pero no se atrevió a preguntar la razón de su llanto. Parecía determinada a no hablar de ello, así que optó por distraerla.
- Oye... eres una gran piloto. Lo que hiciste allí con las piruetas fue asombroso. ¿Has usado uno de estos antes? ¿Hace cuánto que vuelas?
Quizás exageró un poco su entusiasmo, pero valió la pena. Nix esbozó una pequeña sonrisa.
- No mucho. Tú también te luciste, ese último caza fue un dolor en el... –se sonrojó- un desafío.
Finn sonrió halagado. Entendía ahora el atractivo. Nunca antes había visto a una twi'lek en persona, y los ojos pardos de Nix lo miraban con una atención que él jamás gozó en la Primera Orden. Se sentía cálido, igual que cuando Poe Dameron lo apodó Finn al huir del Finalizador.
Ahora el piloto estaba muerto. Sacudió la idea de su mente. Lamentaba mucho su pérdida, pero nada podía hacerse. Solo seguir con su plan de alejarse lo más posible de la Primera Orden. Ya en el planeta prometido, inventaría una excusa y se separaría de Nix y BB8. Le urgía dejar su pasado atrás.
- ¿Eres de Takodana? –preguntó, por hablar de algo en el trayecto.
Se esforzaba en mirarla a los ojos en lugar de a sus lekkus. No sabía si sería descortés.
- Coruscant –respondió ésta secamente-. Pero me criaron en Jakku.
- Oh. Encantador.
- Es un basural. Pero mi familia vivió ahí toda su vida, así que...
Se encogió de hombros sin acabar la frase. Incómodo con el silencio, Finn deseó saber más.
- ¿Ya no viven ahí? –preguntó.
Por la forma en la cual Nix guardó silencio, el joven supo que lo que venía era malo. La voz de la chica sonó forzadamente tranquila al responder:
- Murieron en un asedio anoche, en Tuanul.
Finn sintió que la sangre huía de su rostro al escucharlo. Tuanul. Su primera y última misión como stormtrooper. Tragó saliva, de pronto sintiéndose enfermo. Vaya manera de dejar el pasado atrás.
- Lo siento tanto... no lo sabía...
Realmente lo sentía. Hasta la noche anterior sólo fue un soldado más. Entrenado con hologramas, tuvo que estar en su primera batalla para dimensionar lo que era disparar de verdad. No pudo. No a civiles desarmados. Pero ahora frente a Nix se sentía tan culpable como de hacerlo. La miró con pesar.
- La Primera Orden es terrible –dijo con la boca seca-. Aquella matanza nunca debió ocurrir.
Para colmo dijo ser un Rebelde a fin de impresionarla. Mil veces idiota. Cuando ésta lo vio como a un héroe, él ya no pudo retractarse. Sería un largo viaje a Takodana. Nix dejó escapar un suspiro.
- Regresé en cuanto me enteré, pero fue demasiado tarde. Sólo BB8 sobrevivió.
Finn no supo que eran los malos hasta estar en el caos del asedio. No se sentía bien. De vuelta en la base, lo citaron a reacondicionamiento por vacilar ante ordenes directas, y él supo que ya no podía quedarse ahí. Sólo entonces, se alió con Poe Dameron para robar una nave y escapar.
- ...y para que no vuelva a ocurrir -continuaba Nix-, llevaremos a BB8 a su base. Si la Resistencia logra dar con Luke Skywalker, su sacrificio no habrá sido en vano. Lo que me recuerda... no me han dicho en dónde está su base.
Si bien su primer instinto era sincerarse, no deseaba contarle que era un stormtrooper y que había visto la matanza sin hacer nada. No quería que descubriese que no era un héroe sino un cobarde que la engañó para salir del planeta. Que casi no se había atrevido a salvarla en el puesto de Niima...
Una alarma se disparó oportunamente, salvándolo de responder. Nix ahogó una exclamación.
- Es el hiperpropulsor, se está sobrecalentando.
Afortunadamente, quizás moriría antes de exponerse.
Nix se limpiaba el sudor de la frente mientras se debatía con el cableado del hiperpropulsor. Con la nave detenida literalmente en medio de la nada, se recordaba que debía abandonar la emoción, pero le estaba costando. Quienes le enseñaron eso estaban muertos. Descansó la cabeza en el frio panel a su lado. No podía llorar. Con el mapa a Skywalker bajo su poder, el resto tenía que esperar.
BB8 le indicó que debía desconectar el tercer cable rojo para reiniciar el circuito de refrigeración. Luego de esto el droide fue a donde Finn, quien lo llamaba desde la bodega principal.
Volviendo a la caja, resopló. Adentro, desgastados, todos los cables eran del mismo color. Tal vez BB8 podía distinguirlos con su fotoreceptor, pero ella no. Se asomó a la bodega llamándolo, y cuando vio a Finn agachado junto a él, le pareció que discutían. Le preocupó la expresión ansiosa del joven.
- ¿Está todo bien? –preguntó, inquieta. Quizás estaban decidiendo no confiar en ella.
- Si. Yo solo estaba... recordándole a BB8 en dónde está la base actualmente. Cambiamos mucho de base. Ya sabes, por los peligros de ser un rebelde... y esas cosas...
Entendiendo que Finn y Poe fueron camaradas, ella confiaba en el rebelde. No parecía un patán como Travis. Y la había salvado. Pero Nix estaba segura de que estaba nervioso por algo, se sonrojaba al verla a los ojos. O tal vez ella lo ponía así... Se sonrió, halagada por la idea.
- Ya veo... –asintió, amable- ¿y en dónde está la base ahora...?
- BB8, por favor dile en dónde... -le hizo un gesto con la cabeza.
Tras fijar su fotorreceptor en él unos segundos, trinó que estaba en el sistema Ileenium. Nix no sabía dónde estaba, pero imaginaba nieve y suaves colinas. Quería saber más…
- ¿Necesitabas ayuda con el hiperpropulsor? –Finn la apremió cuando estaba por preguntar.
Recordando lo urgente de su tarea, Nix le pidió ayuda al droide para desconectar el cable correcto. Una vez arreglado el desperfecto, retomaron la ruta de hipervuelo.
En minutos llegaron a Takodana. Una señal de comunicación se encendió en el tablero. La chica rezongó frente a la ansiosa mirada de Finn. No otra vez. Silenció la alarma.
- Puede que sea el dueño del carguero –explicó a Finn-. No estoy de ánimos para oírlo maldecir.
Evaluó la posibilidad de que Unkar Plutt instalase otro rastreador en la nave, uno que pasó por alto antes de salir. Por suerte, el lago Nymeve se veía al horizonte. El castillo estaba cerca y los sensores de proximidad estaban limpios.
- Pero... puede que no lo sea, ¿verdad? –preguntó Finn, inquieto- ¿y si es la Primera Orden?
Nix palideció. Quizás era la Primera Orden. Encendió el comunicador para oír, pero solo escuchó estática. Su interlocutor aún estaría en el hiperespacio. Este pequeño consuelo se desmoronó cuando una voz malhumorada resonó en toda la cabina, sobresaltándolos.
- ¡No sé quien demonios son, ladrones de tercera, pero voy a buscarlos, voy a encontrarlos, y dárselos de comer a mis rathtars!
Un gruñido descomunal los hizo mirarse con pavor. No era ni Unkar Plutt ni la Primera Orden. Nix no tuvo tiempo de comentarlo, el sensor de proximidad sonó, el carguero se estremeció y los monitores se apagaron. También los motores. En el tenso silencio que siguió, Nix dedujo que habían usado un cañón de iones contra ellos. La nave estaba muerta y su estómago indicaba que perdían altura.
- Vamos a morir, ¿no es así? –suspiró Finn, resignado.
Encomendándose a la Fuerza, Nix se aferró al yugo de control, estabilizando la nave para tocar la tierra, acercándose. Miró al horizonte divisando el castillo, y entendió la intención de quienfuera que los había deshabilitado. Alzó las cejas. Al menos había considerado el lugar de aterrizaje...
Rue le pidió a Maz que se llevara el sable y la dejara. La habían visto llorar demasiado los últimos días y su orgullo lo resentía. Era más dura que eso, fue criada entre piratas, maldición. Pero sus emociones, ya de por si intensas, estaban a flor de piel desde Escuadra Civil. Necesitaba tiempo sola.
Insectos flotaban ociosamente sobre la superficie del lago mientras ella sumergía los pies en la orilla. Escuchó con nostalgia el sonido de las aves, el chapoteo del agua, el croar de los anfibios. El salvaje Takodana era un paraíso en comparación a las terribles visiones que acababa de tener, y sin embargo algo en su interior le decía que ya no podía quedarse ahí. ¿Cómo podría, tras lo que vio?
Sumergió las manos en el agua y luego la dejó caer entre sus dedos. Su reflejo se distorsionaba por las ondas que generaba. Parecía apropiado. Ella jamás sería una Jedi y no deseaba pasar por una, pero ya no podía conformarse con engañar embusteros. No cuando el lado oscuro se fortalecía y la Primera Orden asediaba aldeas con impunidad. No cuando podía usar la Fuerza contra ellos.
Vio sus espadas reposando en un tronco cercano. Intrigada, se preguntó si podría hacerlo, usarla a voluntad. Jamás se había atrevido a intentarlo. Respiró profundo para concentrarse. Con la mirada fija en su objetivo, extendió la mano y llamó a la empuñadura, como la Fuerza solía hacer con ella cuando la pillaba desprevenida. Pasaron unos instantes en los que nada ocurrió.
Comenzaba a sentirse ridícula cuando la espada empezó a vibrar. Monstruo. Repentinamente, el temible rostro de su padre apareció en su memoria, junto al fantasma de una bofetada propinada años atrás. La impresión la hizo retroceder, tocándose ahí donde recordaba que el golpe le dolió por días. Tuvo que decirse a sí misma varias veces que estaba muerto para calmarse.
- ¿Qué quieres de mi? –susurró- ¿Qué esperas que haga?
Preguntó al aire, a la Fuerza, o a quienfuera que le diera una respuesta a lo que por años se había preguntado una y otra vez: ¿Por qué ella?
Sintió una presencia cálida cerca. No era Maz, pero alguien familiar. ¿Nix? Se sobresaltó al oír un prolongado estruendo a través del lago. Desde la otra orilla, aves alzaban el vuelo. Instantes después una nave emergió del bosque de ése lado, derribando todo árbol a su paso. El carguero patinó en el agua directo hacia ella, pero Rue se apartó a tiempo de la letal trayectoria. La nave derrapó, salpicando en todas direcciones antes de estrellarse contra un grupo de árboles.
Aún recuperando el aliento, la chica reconoció la nave que había destrozado su claro. Furiosa y empapada, se preparaba para insultar contrabandista cuando vio que quien bajaba tambaleándose por la rampa era Nix. Su ira se desvaneció, reemplazada por un profundo alivio. Estaba a salvo.
Aún aturdida por el golpe en la cabeza, Nix vio a Rue abalanzársele, acribillándola con preguntas.
- ¡Nix! ¿Estás herida? No te ves herida. ¿Te sientes bien?
Las manos de Rue revoloteaban sobre ella, sin atreverse a tocarla. Luego de asegurarse de que Nix estaba ilesa, su mirada se posó en el carguero detrás de ella. Frunció el ceño.
- ¿Qué haces en el Halcón Milenario?
La idea de haberse robado la legendaria nave le hizo gracia. Pese a todo lo ocurrido en las últimas horas, Nix sofocó una risita. Rue repitió la pregunta, y la joven supo que había oído bien. Se volteó al destartalado carguero. No era lo que había imaginado al escuchar las historias.
- ¿Éste es el Halcón Milenario? -soltó una risotada.
Estilando, con el cabello pegado al rostro, Rue la miró inquieta ante el matiz desquiciado de su risa.
- Este es el Halcón Milenario –insistió-. Lo he visto antes.
Nix volvió a ver la nave, el aturdimiento se desvanecía. Era un coreliano YT modificado, pero ciertas adaptaciones rayaban en lo ilegal. Ella misma sintió su velocidad de ensueño… Se llevó las manos a la boca, ahogando un grito. Encorvándose, apenas las separó para hablar en incrédulos susurros.
- Robé el Halcón Milenario...
- Robaste el Halcón Milen... –su rostro fue un poema apuntando la fortaleza- ¡Castillo! ¡Ahora!
- Estaba abandonado en Jakku –se excusó- pero puede que lo rastrearan, nos contactaron por radio y nos dieron con un cañón de iones en la atmósfera. ¿Crees que sean... ya sabes, ellos?
Rue maldijo mirando alrededor.
- Nadie podrá tocarte adentro -masculló entre dientes, recogiendo sus cosas esparcidas por la hierba-. Pero entraremos por detrás por si nos esperan en el jardín... ¡Espabila, Nix, vamos!
La chica la miraba con fiereza. Con un escalofrío, la twi'lek se apuró a llamar a Finn y a BB8.
- ¿Finn...? –la voz de Rue se elevó unas octavas - ¿Quién demonios es Finn?
- Son de la Resistencia... -le confió en susurros- Nos conocimos en Jakku, estaban en una misión que se complicó y prometí ayudarlos a regresar a su base...
Si bien había prometido a Finn no decirle a nadie, creyó que eso la aplacaría. Su amiga era de fiar. Justo entonces, los aludidos bajaron por la rampa. Rue les frunció el ceño en una larga mirada evaluadora. Cuando Finn, nervioso, la saludó a la distancia, Nix la escuchó proferir un suave gruñido.
- No me gusta él –soltó, llevándola de un brazo-. Que se quede ahí. El droide puede venir.
BB8 emitió una serie de pitidos alegres, rodando tras ellas. Nix se volteó a dedicarle una mirada apenada a Finn para que las siguiera al castillo de todas formas.
- Pero Finn me salvó la vida –insistió-. Confío en él.
- Pues yo no –replicó ésta bruscamente-. Espera...
Su amiga se detuvo en seco y la miró a los ojos. Su rostro y su voz se suavizaron.
- ¿Cómo que te salvó la vida, qué pasó en Jakku? ¿Tu familia...?
Nix supo que no sacaba nada con mentir o aplazar la noticia. Negó con la cabeza.
- Muertos. Los rumores eran ciertos.
Pero no deseaba hablar. En una mirada, Rue lo entendió. Tras vacilar, la rodeó torpemente con sus brazos. Tenía que ponerse de puntitas para hacerlo, pero Nix agradeció el gesto. Lo necesitaba.
- Lo siento mucho...
Nix se contuvo de llorar, incómoda ante la mirada de Finn sobre ellas. Se estaba esforzando en posponer sus emociones hasta terminar su tarea, pero ese abrazo hizo su pérdida más real. El sonido de una nave aterrizando cerca la hizo reaccionar. Recordó que los seguían.
- Nos siguen a los tres, no puedo dejar a Finn.
Separándose de Nix, Rue fulminó con la mirada al joven que las alcanzaba. Dio un pesado suspiro.
- Bien. Pero entraremos por el frente.
Estaban llegando a la entrada decorada con banderas cuando Finn les preguntó con timidez:
- ¿No habrán... enemigos de la Resistencia en la taberna, de por casualidad? ¿Simpatizantes de la Primera Orden, por ejemplo?
Antes de que Nix pudiese contestarle, Rue se volteó a responder con cara de pocos amigos.
- Lamentablemente, todos son bienvenidos aquí.
Maz tuvo que agarrarse del mesón cuando su hija entró estilando por la puerta. Su presencia en la Fuerza era como una ráfaga irrumpiendo en la habitación. Nix iba junto a ella, seguida de cerca por un joven apuesto y una unidad BB naranja. La que buscaba la Resistencia. Finalmente, pensó aliviada.
Estaba por echarse a reír cuando leyó la expresión en el rostro de Nix.
- Lo lamento tanto, mi niña... –le dijo, acercándose.
No alcanzó a decir más. La puerta de metal volvió a abrirse, dejando entrar a un viejo conocido.
- ¿Quién de los presentes tuvo la audacia de robarse mi nave?
El bar enmudeció mientras, sin perder aplomo, Han Solo fulminaba con la mirada a todos los presentes. Por la forma en la cual su menuda hija intentó esconder a Nix tras ella, Maz ya sabía la respuesta. Esa twi'lek tendría un pedazo de anécdota para contar, cuando estuviera en condiciones.
- Trastienda. Ahora –susurró a Rue. Luego exclamó-. ¡Haaaaaaaaan Solooooo! ¡Realmente has de estar desesperado para regresar aquí luego de la última vez! Dime ya, qué te pasó ahora.
Captando al vuelo, su hija usó el alboroto para escabullirse con Nix y BB8. El joven apuesto no pareció entender el concepto. Se quedó plantado junto a ella, incrédulo.
- ¿Han Solo? ¿Cómo el héroe de la Rebelión, Han Solo?
Han se dirigió hacia ellos, un tanto más humilde tras la escandalosa introducción de la anciana.
- Hola Maz –saludó con un gesto.
- El único e irreemplazable –replicó la mujer entre dientes.
- Un descerebrado abandonó al Halcón junto al lago –murmuró, irritado-. Sabes que Chewie y yo lo hemos buscado por años. ¿Podrías amablemente indicarme quién fue el último en llegar? El wookie está de un pésimo humor y necesita desquitarse con alguien que no sea yo.
Maz sintió como el joven a su lado tragaba saliva. La anciana se compadeció de él.
- Ya conoces las reglas, Han. Y mi novio también.
Señaló el letrero de la pared del fondo. El mismo mensaje se repetía en todos los dialectos de la galaxia: Todos son bienvenidos. (No pelear). Han resopló, malhumorado. El chico suspiró de alivio.
- Maz, no quiero causar problemas, pero el payaso puso un compresor al hiperpropulsor. Todo lo que quiero hacer es encontrarlo, mirarlo directamente a los ojos y preguntarle: ¿por qué? Una vez que logre hacerlo andar, nos iremos en paz. Lo prometo. ¿Cuándo te he defraudado?
Maz tenía tantas respuestas a eso que tardó en decidir una. En eso, Han notó al joven a su lado.
- ¿Y tú eres...? -preguntó bruscamente.
Lo mismo se preguntaba ella. El chico se paralizó ante la atención.
- Finn -dijo con voz estrangulada-. Gran fan. Ah, creo que mi amiga está adentro... ¿Está bien si voy... tras ella...?
Maz intuía que la Fuerza los reunía a todos ahí por algo, y estaba determinada a averiguarlo.
- Tengamos esta conversación en un lugar más ameno, muchachos ¿les parece?
Dicho esto, escoltó de la mano a los dos varones a su trastienda, oculta bajo una amplia cortina de telas multicolores. Justo como en los viejos tiempos. Las dos muchachas y el droide ya estaban ahí.
Luego de que Nix les contase a grandes rasgos lo ocurrido en Jakku con BB8, Finn, el Halcón y la Primera Orden, la habitación quedó en silencio. Un mapa a Skywalker. Al proyectarlo en la habitación, Maz comprendió sus visiones, la sincronía de los eventos, los cambios en la Fuerza, y en Rue...
Sus ojos se posaron en los de su hija, que desvió la mirada frunciendo el ceño. La anciana entendía que era una decisión difícil, una que sólo le correspondía hacer a ella. Pero les quedaba poco tiempo. Por precaución, avisó a Emmie, HURID-327 y al servicio de las cocinas. Podrían tener visitas pronto.
- Pues, buena suerte con todo eso –dispuesto a marcharse, Han se despidió-. Házme un favor, chica, dile a Unkar Plutt que el Halcón volvió a su legítimo dueño. Y mantente lejos de mi nave.
Dijo esto mirando directamente a Nix, señalándola con el dedo. Este gesto, si bien hizo a la joven encogerse, arrancó una sonrisa a la anciana. Ella sabía que bajo su brusquedad, Han Solo tenía un corazón blando cuando se trataba de jóvenes pilotos en problemas. Partiendo por Luke Skywalker.
- No tan rápido –lo atajó- ¿Acaso no ves que llegaste aquí por una razón? Vamos, se trata de Luke. De la Resistencia. Es tu momento de volver.
El contrabandista se estremeció ante estas palabras, haciendo una mueca de disgusto... y sin embargo, se quedó ahí. Luego de unos instantes como digiriendo la idea, suspiró resignado.
- Ella no me quiere ahí.
- Tonterías, Han. Es hora de que te involucres en la lucha. Regresa con tu gente.
- Yo quiero unirme a la lucha –terció Nix-. ¿Qué debo hacer?
- ¿¡Qué!? –saltó Rue.
- No tienes idea de lo que estás pidiendo –agregó Finn, inquieto-. Ya viste lo que le hicieron a tu familia, la Primera Orden no puede ser vencida.
Interesante elección de palabras para un rebelde. Rue pareció notar lo mismo. Fingió un estornudo.
- Nix, acompáñame a secarme, no quiero ir sola. Tardaremos poco.
Antes de irse acompañadas de BB8, su hija le hizo un sutil gesto con la mirada. Aquel Finn no era quien decía ser. No se veía peligroso, pero Maz de todas formas se ajustó los lentes para ver mejor al joven. Tal y como esperaba, era un fugitivo. Pero había algo más en él... Trepó a una caja por altura.
- ¿Qué está haciendo señora? –preguntó Finn, apartándose a medida que ella se le acercaba.
Han bufó, cruzándose de brazos. Intrigada, Maz creyó que era justo al menos decirle lo que hacía.
- Si vives lo suficiente como yo, podrás ver los mismos ojos en distintas personas. Y tú tienes la mirada de alguien que quiere escapar.
Finn se tensó al oír las últimas palabras. La anciana percibió que no se sentía cómodo ante la idea.
- No me conoce –replicó, sombrío-. No sabe por lo que he pasado... o lo que he visto.
El joven estaba asustado, y con justa razón tras lo narrado por Nix. Pero no era sólo eso...
- Si nos cuentas, quizás podríamos ayudarte.
El joven, descolocado por el ofrecimiento, vaciló por unos instantes. Había conflicto, y algo más...
- Necesito irme de aquí. Y ustedes también. Es cuestión de tiempo para que la Primera Orden nos encuentre y nos mate a todos, como hicieron en Tuanul.
Maz consideró seriamente sus palabras. El joven parecía saber de lo que hablaba. Puso atención al ambiente a su alrededor. Desde la trastienda se oían las conversaciones alegres del salón. La música en vivo amenizaba el ambiente como en cualquier otro día. Pero no por mucho tiempo...
- ¿Y qué hay de la Resistencia? –se extrañó Han- ¿Y el droide?
Finn suspiró, al fin dejando su acto. Maz entornó los ojos, mirándolo atentamente mientras hablaba.
- No soy de la Resistencia. Lo siento. Pero están todos perdidos si intentan enfrentarse a ellos.
No parecía un embustero, tampoco un sinvergüenza, tan solo estaba asustado. Pero no estaba en su poder forzarlo a cambiar de opinión o a ser valiente. Maz tenía que dejarlo seguir su propio camino.
- En la tercera mesa junto a la puerta, encontrarás a un contrabandista que puede llevarte al Borde Exterior. Intercambiará trabajo por pasaje. Ahí podrás desaparecer, si es lo que quieres.
Finn, tras debatirse unos momentos, asintió y apartó las cortinas para salir de la trastienda. Vaciló.
- ¿Y qué hay de las chicas? –Han sonaba molesto para ocultar su preocupación. Finn no se dio la vuelta, pero agachó la cabeza- ¿No te despedirás de tu amiga?
- Díganle que lo lamento mucho -murmuró antes de irse soltando la cortina-. Que al menos yo no disparé, ella lo entenderá…
Maz lo vio irse con sentimientos encontrados. Jamás se lo habría imaginado como un stormtrooper.
- ¿No deberías ir tras él? –preguntó Han, a regañadientes- No se ve como un mal chico.
- Si desea irse, no hay nada que podamos hacer. Solo dejarlo ir, y confiar en que hallará el camino de vuelta. A veces los jóvenes necesitan perderse para encontrarse.
- Lo sé... –el viejo contrabandista suspiró, y pareció envejecer de golpe por la tristeza.
Se quedaron en silencio, y Maz le dio unas palmaditas en el brazo para reconfortarlo. Entonces la cortina se abrió y Rue se asomó a registrar la habitación con el ceño fruncido.
- ¿Dónde está Finn? –exigió saber.
- Se fue –explicó Maz-. Dijo que lo sentía.
La muchacha alzó la barbilla en actitud bravucona.
- No se irá a ninguna parte... –siseó, precipitándose a la salida en un revuelo de telas.
Maz se esforzó en ser consecuente con lo que acababa de decirle a Han. Dejarla ir y confiar. La había criado bien. Han entrecerró los ojos, señalando el lugar por donde Rue había desaparecido. Tras unos instantes, sus ojos se abrieron en reconocimiento.
- ¿No es esa la mocosa que arrojaba piedras al Halcón desde la terraza? ¡Cómo ha crecido!
Maz soltó una risotada al recordarlo. Su pequeña justiciera casi resbaló del techo aquella vez, espantada por los repentinos bramidos del wookie que salió a regañarla.
- Me debías muchos créditos entonces. Aún lo haces.
- ...y te pagaré. Cuando entregue unos rathars que llevo para el Rey Prana...
Haciendo caso omiso de sus palabrerías, a Maz se le ocurrió una idea brillante. Ése era el empujón que todos necesitaban, si no la razón misma por la cual el Halcón Milenario había llegado a Takodana.
- De hecho, estoy dispuesta a perdonarte esa deuda... si llegado el momento haces algo por mí.
