Capítulo 3: Lo que llevas contigo
El distrito Uscru resplandecía iluminado por holoproyecciones anunciando los diversos eventos de la temporada. La noche había caído, pero el exterior bullía de actividad. Nada mal, pensó Finn cuando pasaron junto a la Casa de la Ópera de Coruscant. Luego Nix le avisó que debían cambiar de tren.
El vagón al que subieron estaba roto, o esa fue su impresión al ver lo oscuro que estaba adentro. Con expresión seria, Nix lo llevó a sentarse de espaldas a una ventana. Finn sintió como incrementaba la gravedad bajo sus pies, y cuando el tren cerró sus puertas, éste inició el descenso de forma vertical.
Nix lo había puesto al tanto de los pormenores de la misión en la nave: Jon Sunrider, un conflictuado desertor como él, había huído de la Starkiller tras toparse con Rue en un turboascensor. Ella lo había mandado con Madam Shi, dueña de la taberna en la que ellas habían trabajado hasta unos días atrás. Pese a haberse ido del planeta tras un altercado con una pandilla local, Nix creía que el desprecio de Shi por la Primera Orden era lo suficientemente fuerte como para mantener al exoficial a salvo.
Pero tras oír la historia del tiroteo y de su vida en la taberna, Finn luchaba por comprender…
- ¿Cómo fue que terminaste viviendo en el bajo Coruscant, de todos los lugares?
Nix además de ser una gran piloto, se veía demasiado dulce como para encajar en un lugar así.
- Malas decisiones –respondió ella secamente-. Era joven e ingenua... o bueno, más que ahora.
Notó que su ánimo empeoraba mientras bajaban. Él podía entenderlo. Afuera, el aire se enrarecía, la luz se atenuaba, y los túneles se oxidaban. Ni siquiera estaban en los niveles criminales, pero ya tenía un mal presentimiento sobre aquel lugar. Y no era solo porque estuviera viéndolo todo de lado…
- ¿Realmente la gente vive así? –preguntó mirando los interminables túneles en penumbras.
- Solo quienes no tienen opción de irse –ante su expresión desconcertada, agregó-. Es la misma lógica en cualquier planeta: hay muchos que tienen muy poco, y pocos que tienen demasiado.
La sencilla forma en que lo dijo perturbó a Finn. En su entrenamiento les habían contado toda clase de cosas sobre la corrupción, la miseria y el crimen en el corazón de la Nueva República. Pero hasta entonces, él nunca lo había visto. Tampoco era que creyese que generosamente ellos lo harían mejor. La Primera Orden estaba entre esos pocos, y vaya que tenían demasiado. Y querían cada vez más...
El denso aire irritaba sus ojos. No le gustaba ese lugar para nada, y con creciente inquietud notaba que iban cada vez más solos en el tren. Un zabrak, un rodiano y un humano al otro lado del vagón no dejaban de mirarlos. Aparentaban ir por separado, salvo que no lo estaban. Notó que portaban armas.
- Tipos malos –susurró Finn a Nix sin apenas mover los labios-. Al fondo.
Fingieron no verlos. Pudo sentir como a su lado ella se tensaba. Era como estar de nuevo en Jakku.
- Aún nos quedan doscientos niveles –replicó Nix con disimulo-. Prepara tu blaster, por si acaso.
No habían bajado treinta niveles cuando el humano caminó a ellos, deteniéndose frente a Nix en actitud amenazante. A su alrededor, varias personas cambiaron de vagón. El pulso de Finn se aceleró mientras mantenía su mano en el blaster oculto bajo la chaqueta de Poe. La twi'lek puso una mano suavemente sobre su rodilla. El mensaje era claro: espera. Los otros dos tipos los veían atentos.
- Hola preciosa –sonrió arrogante el humano-. ¿Estás perdida? Por un precio, te puedo guiar…
Contra todo pronóstico, Nix sonrió de vuelta. Pero la presión de la mano sobre su rodilla aumentó.
- ¡Ah! ¿Cómo supiste? ¿Me podrías decir en dónde está el…?
El puño derecho de Nix voló a impactar su estómago, y cuando el humano se encogió por el golpe, su puño izquierdo fue a encontrar su nariz. Los otros dos tipos corrieron a ellos sacando sus armas, pero Finn ya estaba preparado. Se puso de pie sacando el blaster de su chaqueta.
Le disparó al zabrak en el hombro y éste cayó hacia atrás, gruñendo. Aún sentada Nix empujó al humano con las piernas, él aterrizó en los asientos del frente, y ella lo aturdió con el blaster que sacó del cinturón. El rodiano vaciló, y en lo que apuntaba a la twi'lek, Finn le disparó en un costado.
El resto del tren permaneció mudo mientras Nix tomaba las armas, aturdía a los otros y se sentaba con actitud bravucona. En la siguiente parada dos twi'leks sortearon a los tipos en el suelo como si eso fuese habitual. Aún energizado por la breve riña, Finn volvió a sentarse sin dejar de mover el pie.
- Buen puñetazo –observó, tras asegurarse de que nadie más estaba pendiente de ellos.
Quizás Nix encajaba ahí más de lo que aparentaba, reconoció al ver el desastre que habían dejado. Pero la fachada bravucona de la twi'lek se fue al traste cuando le sonrió por el cumplido.
- ¿Verdad que si…? Rue me enseñó antes de irse. El truco está en que no lo vean venir…
Él le sonrió de vuelta, pero su mal presentimiento persistía. A medida que bajaban iba sintiendo más y más frío, pese al aire tibio y encerrado. Con un estremecimiento, pensó en si acaso sería la Fuerza que le decía que debían irse de ahí. Pero para eso, Finn tendría que ser sensible a la Fuerza…
El túnel que tomaron los llevó a una cueva parcialmente sumergida en el mar, un hueco en la parte superior era su única fuente de luz. Rue notó que en el extremo del fondo, la roca era tan lisa que podía ver su reflejo. Pero no el de Skywalker. Se detuvo en seco, con el corazón martillando su pecho y el frío del lado oscuro envolviéndole la piel.
- Este es un lugar oscuro –susurró-. ¿Por qué me trae aquí?
- Quiero que te mires frente a este espejo... -el Jedi apenas la miró a la cara al responder.
- ¿Qué hay en el espejo? –insistió sin moverse.
- Solo lo que llevas contigo.
Las palabras revolotearon en su mente. Las había oído antes, en la visión que tuvo al tocar el sable de luz en Takodana. Era una prueba. Tomó una bocanada de aire y caminó hacia el fondo de la cueva. Se miró en la pulida superficie mientras el calor de su aliento se volvía vapor, y esperó a que algo pasara. Vio sombras arremolinándose alrededor de su reflejo, y la sangre se le heló en las venas.
Finn y Nix yacían muertos a sus pies y Maz la miraba con horror. Se alejaba de ella sin perderla de vista, apuntándola con un blaster. Rue se obligó a ver pese a la conmoción. ¿Qué les había hecho…? En un parpadeo, su madre estaba tirada con ellos. Se llevó una mano a la boca para no gritar.
- ¿Es el futuro…? –susurró angustiada, luego sacudió la cabeza-. No. No dejaré que esto ocurra.
Tocó la lisa superficie con los dedos. De pronto estaba dentro del espejo, rodeada de sus reflejos.
- Eres un monstruo –rugió una voz familiar a sus espaldas-. ¡Una abominación!
Sobresaltada, vio que su padre se precipitaba a ella a punto de abofetearla. Se llevó los brazos a la cara, pero se recordó que él estaba muerto, y lo miró a través de ellos. El furioso hombre pasó a través de ella, dejando una estela de humo frío y negro alrededor. No tuvo tiempo para recuperarse.
- Rue. Un dulce y pequeño nombre, para una dulce y pequeña chica…
Con un acceso de náuseas, se obligó a verlos. Los espías se le acercaban en actitud depredadora. Se recordó que también estaban muertos, pero cuando la rodearon sintió que vomitaría. Son solo una prueba. Cerró los puños y se quedó quieta mientras pasaban a través de ella, volviéndose humo negro.
Respiró profundo, esperando lo siguiente. Nada de eso era real, pero no le quitaba lo aterrador. Se preparaba para ver a Kylo Ren en cualquier momento, pero fue una figura negra mucho más menuda la que apareció a continuación. Era ella. O una versión más temible de ella, de rasgos afilados y mirada hambrienta. Ésta le dirigió una encantadora sonrisa, y la verdadera Rue palideció ante la visión oscura.
- Finalmente nos conocemos… –ronrroneó, y saltó hacia ella blandiendo un sable de luz rojo.
Reaccionó a bloquear el ataque con el sable de luz que aún ocultaba bajo su ropa. La otra gruñó de placer cuando las dos hojas de plasma chocaron y crujieron, y se liberó en un grácil giro para volver a cargar contra ella. El dolor en sus brazos fue demasiado real para su gusto. El sable de luz azul voló por el aire cuando fue desarmada, e instintivamente Rue se adelantó a desviar la estocada final con un golpe al antebrazo y una llave de Zama-Shiwo.
Con el sable de luz rojo a centímetros de la garganta de la otra, Rue vio su propio rostro crispado de rabia reflejado en los espejos. Ahora ella era su versión oscura. Arrojó lejos el sable de luz rojo y soltó a su oponente, quien se volteó a mirarla con la misma expresión espantada en el rostro. Con el pulso por las nubes y la respiración agitada, vio como la otra imitaba cada uno de sus movimientos.
Ambas extendieron una temblorosa mano para tocarse, y Rue volvió a encontrarse frente al espejo.
Con la frente perlada de un sudor frío, se giró a mirar a Skywalker. Tenía mil preguntas que hacerle, pero la expresión del Jedi era indescifrable. ¿Había pasado la prueba, o la había fallado…?
- Si te enseño a cerrarte de la Fuerza, ¿te irás? –preguntó con brusquedad.
Asumió que había fallado, pero eso pasó a segundo plano al entender que esa era la razón por la que le costaba tanto leerlo. Se había cerrado de la Fuerza. Cruzó los brazos, evaluando sus opciones.
- ¿Vendrá conmigo a la Resistencia? –preguntó de vuelta.
- No.
Intentó reflexionarlo pese a la creciente irritación que sentía. El Jedi había visto cosas que Rue no compartía con nadie, y luego se negaba a entrenarla. Pero frunciendo el ceño, concluyó que no podía anteponer su deseo de controlar su poder en la Fuerza a las necesidades de toda la Resistencia.
- Entonces no. La general Organa me confió ir a por un Jedi, y volveré a la Resistencia con uno.
Ya vería luego como lo hacía cambiar de parecer. Sostuvo fijamente la mirada de Skywalker al hablarle. Quería que él entendiese el mensaje. No se iría de ahí sin él. El Jedi resopló exasperado.
- ¿Quién te crees que eres…?
- Rue Kanata –ante el escepticismo del Jedi, ella suspiró y agregó entre dientes-. Rüya Nazzer.
- …como Khan Nazzer, el mercenario –concluyó él tras un tenso silencio-. Eres su hija.
- Yo no tengo padre –precisó, él era el monstruo-. Pero… sí.
- ¿Y tu madre…? –preguntó Skywalker, esta vez con suavidad- No te ves como Maz Kanata.
Rue se mordió el labio. Su madre biológica había sido lo suficientemente fuerte como para pelear con el monstruo todos los días. No lo suficiente como para dejarlo. Aún no sabía qué sentir respecto a ella, por lo que simplemente intentaba no recordarla en absoluto. Se le hizo un nudo en la garganta.
- Mara –susurró, mirando la punta de sus botas-. No conozco su apellido. No usaba el de él.
La conmoción del Jedi le llegó como un breve temblor en la Fuerza, rápidamente controlado. Rue alzó la vista. Skywalker examinaba su rostro como buscando el parecido, pero ella no tenía ni su cabello pelirrojo, ni sus bellos ojos verdes. Desgraciadamente, ella se parecía a Nazzer.
- Usted la conocía... –su sorpresa se volvió inquietud- ¿Cómo?
- Trató de matarme un par de veces –dijo él, ensimismado-. Nos respetábamos. ¿Qué le pasó?
Ella tomó aire antes de hablar, cada palabra era un esfuerzo terrible. Pero si el Jedi la conocía…
- Su nave se estrelló en Jedha –por su culpa-. Escapábamos de algo, creo... todo el tiempo. Yo era demasiado pequeña. Maz me encontró junto a los restos y me crió como su hija.
Omitió que la habían abandonado ahí antes de que la nave estallase en llamas, le daba la impresión de que Skywalker sentía simpatía por Mara. Tal vez podría usarlo a su favor más adelante. Además, ya había revelado demasiadas cosas dolorosas de sí misma por un día, todo para nada.
- Meditaré sobre esto –musitó el Jedi, sorprendiéndola-. Mañana tendré una respuesta. Pero ése sable de luz que escondes no te pertenece. Debes regresarlo.
Extendió la mano, esperando. A regañadientes, la joven lo sacó de entre su ropa y se lo devolvió. Skywalker suspiró pesadamente al recibirlo, y comenzó a caminar por el túnel. Rue lo siguió de cerca.
- Me llamó a través de la Fuerza –evaluaba su reacción al hablar, determinada a convencerlo-. Tuve visiones cuando lo toqué por primera vez, malas visiones. No quería nada con los Jedi, pero cuando vi todo eso me hicieron pensar que alguien tiene que parar a...
- …mañana –gruñó él, deteniéndose-. Se hace tarde. Puedes dormir en una de las cabañas.
Rue lo vio irse al asentamiento bajo la luz de la luna. Con un repentino escalofrío, optó por bajar la larga escalera de vuelta a la seguridad del Halcón. Mientras lo hacía, no podía sacudirse de encima la sensación de que Skywalker no era de fiar. Pero él era el último Jedi, y muy a su pesar, ella lo necesitaba para aprender. Una duda la invadió. ¿Qué haría si él no la aceptaba como su estudiante…?
Le quedaban pocos escalones para llegar a la playa cuando sintió su presencia de nuevo. Maldijo al verlo de espaldas, quitándose su horrenda máscara. Como si no hubiera tenido suficiente ese día…
- Déjame en paz –siseó a la condenada bestia que le bloqueaba el paso.
Kylo Ren se volteó a mirarla, desconcertado. Frunció el ceño con sus oscuros ojos fijos en ella.
- ¿Por qué la Fuerza nos conecta…?
- Si crees que voy a aceptar que "la Fuerza" está haciendo esto... –gruñó irritada.
- Sería sabio de tu parte considerarlo –replicó él, altivo-. Porque no soy yo quien lo ocasiona.
- Por supuesto que no… –lo fulminó con la mirada, asqueada-. Revolviste en mi cabeza sin mi permiso, dos veces, antes. ¿Por qué no ibas a hacerlo una tercera?
No era como si tuviera principios. Justo como sus malditos espías, él solo tomaba lo que quería. Mataba a quien quería. Rue sintió como el desdén que ella no se molestaba en ocultar encendía la ira de Ren. Él bufó y adoptó una expresión soberbia, mas no alzó la voz al replicar.
- Te di una alternativa, entonces. Y te recuerdo que luego tú me hiciste lo mismo a mí –ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos-. ¿Fue lo que esperabas…?
Sintió un nudo en la garganta. No lo había sido. No esperaba encontrarse con los recuerdos de un chico sufriendo en soledad. Había sentido en carne propia su tormento a merced de las voces del lado oscuro. Pero ahora era él quien hacía sufrir, y cualfuese aquel retorcido juego, no funcionaría con ella.
- ¿Sabe Skywalker lo que le hacías a los criminales del bajo Coruscant...? –su nueva pregunta la tomó desprevenida, y los ojos de Kylo relampaguearon- ¿Sabe que lo disfrutabas…?
Quiso abofetearlo. Ésa parte de su vida estaba en el pasado y él no tenía derecho a hablar. Pero debía controlar sus arrebatos. Respiró hondo para calmarse. Además, no podía golpear una visión.
- Él no tardará en descubrir tu verdadera naturaleza –murmuró, bajo y persuasivo-. Y cuando lo haga, te hará lo que a mí…
Una oleada de inquietud la invadió. ¿A qué se refería…? Pero no. Eso era exactamente lo que él quería, hacerla dudar. Bastardo manipulador. Tomó una roca del suelo y se la arrojó para que se fuera.
- ¡Largo! –gritó, y la roca pasó a través de él. No lo hizo marcharse, pero al menos se sintió bien.
Instantes después Chewie salía del Halcón, blaster en mano, buscando la fuente del alboroto. Rue se preparó para su reacción al ver a Ren, pero él se había ido. El wookiee preguntó qué había ocurrido.
- Vi una serpiente –se excusó, disimulando el temblor en sus manos-. Debí matarla cuando pude.
Las ruinas de la fortaleza de Maz Kanata quedaron en silencio cuando aquella inusual conexión se desvaneció. La Fuerza le estaba dando una señal. La ladrona era obstinada, pero también poderosa, y si jugaba bien sus cartas, Kylo Ren podía utilizarlo a su favor. Su supuesto igual en la luz se inclinaba al lado oscuro, más de lo que dejaba ver. Y si la persuadía de que Skywalker no era quien decía ser…
Recordó a su maestro, siempre vigilante. Era una posibilidad intrigante, pero aún le quedaba mucho por aprender de él. Aún debía destruir a Skywalker y probarse como el digno heredero de Darth Vader.
Pero para ello debía encontrarlo. O a la ladrona. O a la Resistencia. Apretó los puños. Su instinto lo había traído a Takodana, pero no a tiempo para capturar a la anciana. Ahora debía decidir si volver al Supremacy con las manos vacías, o continuar buscando en otra parte. Como en el bajo Coruscant.
Cerró los ojos para concentrarse en lo que vio en la mente de la ladrona durante su interrogatorio. Ignoró las náuseas. Además de sentir su sed de venganza cazando criminales, veía luces de colores chillones, niebla artificial y bailarinas. Concluyó con disgusto que debía reducir su búsqueda al distrito de entretenimiento. Kylo Ren no iba a rebajarse a ir a un lugar como aquel, pero sabía a quién enviar.
A través de la Fuerza, sintió personas cerca. ¿Una emboscada? Se puso su máscara y caminó al caza TIE con los sentidos alerta y su sable de luz a punto. Un sullustano merodeaba junto a la nave, con evidentes intenciones de robarla. La furia acudió a él como una marea incontrolable. Se paró silenciosamente a sus espaldas mientras ubicaba a otros cuatro ladrones entre la vegetación.
- No deberías tomar lo que no es tuyo –su voz distorsionada lo hizo chillar de sorpresa.
Voltearse sería lo último que haría en su vida. Kylo activó su sable de luz rojo y atravesó al sullustano con él. Por un breve instante, el rostro conmocionado de Han Solo acudió a su memoria. En lo que tardó en recuperarse de la impresión, alguien le disparó. Detuvo el rayo de plasma usando la Fuerza, y lo devolvió dando muerte a su emisario. Los otros tres ladrones huyeron en la confusión.
Un dolor agudo en el pecho lo hizo encogerse. Con la respiración agitada notó que la ropa, húmeda, se le pegaba a la zona. Se llevó una mano enguantada allí y vio que sangraba. Impaciente, subió a su nave y regresó al Supremacy. No se había dado cuenta que su herida se había abierto.
Al bajar al 1326, tuvo un escalofrío. Algo se sentía más deprimente de lo usual. La eterna penumbra de los niveles bajos parecía aún más densa, indicios de pólvora viciaban el aire ya de por sí sucio de los túneles. Alarmada, Nix creyó oír una explosión a lo lejos. Finn a su lado la miró con preocupación.
- ¿Aquí es donde vives? Nunca creí que diría esto, pero Jakku es un paraíso en comparación.
- Estamos de acuerdo –reconoció ella a regañadientes-. Pero algo está distinto aquí…
La escasa gente que veía iba con prisa, varios los miraban con recelo. Llevaban distintivos, todos pertenecían a alguna pandilla... Mientras caminaban hacia la taberna, Finn señaló las paredes con disimulo. Solo entonces notó que estaban ennegrecidas por residuos de blaster y hollín. Una explosión sonó más cerca, y el suelo bajo sus pies se estremeció. El joven a su lado se removió inquieto.
- Este sitio es una zona de guerra. Las pandillas no sonaban tan serias cuando las mencionaste.
¿Cómo había cambiado todo tan repentinamente…? El lugar estaba prácticamente desierto. La música de bares y clubes nocturnos ya no sonaba. Muchos de éstos estaban cerrados.
- No lo eran hace unos días. Pero eso fue antes de Hosnian Prime. Y del bloqueo a Coruscant.
Estaban llegando al bloque de edificios de la Taberna del Jizz cuando unos matones les cerraron el paso. Ambos llevaban un distintivo en el brazo de color púrpura con bordes anaranjados. Traficantes de especia. Un duro de aspecto intimidante les gruñó sacando pecho. Finn se puso entre éste y Nix. Aunque probablemente simbólico teniendo en cuenta que el duro lo haría papilla, ella apreció el gesto.
- ¿De dónde son? –los increpó con suspicacia el nikto a su lado- ¿Dónde están sus bandas?
Nix se aferró del brazo de Finn, y optó por decir la verdad. El rostro del nikto le era familiar...
- No tenemos bandas –se excusó-. Trabajo en la Taberna del Jizz, acabo de volver de… afuera.
Tragó saliva mientras el duro y el nikto se miraban entre ellos. Finn hizo un ademán de llevarse la mano al bolsillo, y ella aumentó la presión de su agarre. Con una mirada le dijo no, y giró los ojos al callejón junto a ellos. Podían haber otros aguardando en las sombras. Tras una eterna pausa, el nikto la señaló con un dedo. Finn se tensó más aún si era posible, y ella casi le parte el brazo para calmarlo.
- ¿No eres acaso la ex de Travis? ¿La del embrollo con Escuadra Civil…?
Depende… Se limitó a encogerse de hombros y sonreír, esperando a que él le diese la respuesta adecuada. El nikto dejó escapar una carcajada, dándole una brusca aunque amistosa palmada en la espalda. Un veloz intercambio de miradas con Finn comunicó que estaban fuera de peligro, y éste a su vez también esbozó una incómoda sonrisa, enderezándose y llevándose la mano libre a la cintura.
- La ex de Travis, por supuesto… -replicó Finn, asintiendo como si fuera algo terriblemente obvio.
- ¡Nix Ventura, ése es el nombre! –exclamó el nikto, dándole un codazo al duro- ¡Ronan, esta chica y su amiga Sun amenazaron a seis Escuadra Civil en medio de un show! ¡Hay que tener agallas…! ¡Bienvenida de vuelta, primor! Cuando te aburras del que llevas del brazo, búscame.
Finn iba a replicar algo, pero ella le pellizcó el brazo. Si se enteraban que no era su novio, las cosas podrían escalar rápidamente. Se reprendió por no haberle avisado antes. Ronan no parecía compartir el entusiasmo de su compañero, pero se apartó y les hizo un gesto con la cabeza para que siguieran su camino. Nix hizo lo posible por corresponder las sonrisas y elogios del nikto mientras los pasaban.
- Te explico en la taberna… –murmuró al ver la expresión dolida de Finn.
No habían dado tres pasos cuando una explosión en el túnel tras ellos los hizo pegar un salto. Cuando Nix se dio vuelta a la fuente del alboroto, vio que de una gran nube de humo negro salía una ráfaga de disparos hacia ellos. Finn tiró de ella fuera de la zona de peligro, y mientras corrían ella vio como el nikto y el duro caían acribillados. Como sospechaba, desde el callejón salió un grupo de pandilleros con distintivo púrpura y anaranjado dispuestos a vengar la muerte de sus compañeros.
- ¿¡Por dónde hay que ir!? –la voz tensa de Finn la hizo reaccionar- ¿¡Nix!?
Ella miró hacia el frente y torció a la izquierda en el siguiente callejón, llevando al joven de la mano. Alcanzaron a esconderse a tiempo tras un contenedor de basura de la horda de pandilleros usando distintivos amarillos con puntas verdes. El ruido de disparos a la vuelta de la esquina era ensordecedor. Una segunda explosión hizo temblar todo. Cuando la horda pasó, la twi'lek reconoció una voz familiar sobre sus cabezas. Una pantorana se asomaba desde una ventana cubierta por planchas de duracero.
- ¿¡Nix!? –el tono de voz de Freya era ofensivamente incrédulo- ¿Qué demonios haces aquí?
Instantes después les arrojaba una escalera de cuerdas para que la treparan. En la agitación del momento, la twi'lek no había reconocido la destrozada fachada de la Taberna del Jizz.
