Capítulo 7: Conoce tu oscuridad

La Primera Orden aún no se desplegaba del todo en Corellia. Sin nada más que el rumor de Quinn sobre un punto de encuentro del Colectivo en Ciudad Coronet, Myca se dispuso a observar la avenida bordeando la costa. Tras recorrerla dos veces fingiendo ejercitar, notó una única holocámara desviada. No podía ser coincidencia en una ciudad bien mantenida como aquella. Menos aún si dejaba un punto ciego en una banca. Se sentó adolorido en ésta, la capucha aún arriba, y esperó agitando un pie.

Sus nudillos aún palpitaban. De vuelta en Ajan Kloss tendría que explicarse por golpear a Sunrider, pero había resuelto al huír que era mejor pedir perdón que permiso para lograr su objetivo. No podía perder el tiempo. Tenía un plan y quería ejecutarlo pronto. Tras unas horas alguien se sentó a su lado.

- Las nubes están preciosas este día –le dijo un humano de rasgos discretos, maquillados.

Su pulso se disparó. El cielo estaba cubierto de neblina. Si era un código, él no sabía la respuesta.

- ¿Eres del Colectivo? –notó la tensión del hombre. Lo era-. Iré al grano. Conozco secretos de la Primera Orden. Estoy dispuesto a negociarlos por información…

El tipo ni lo miró de nuevo. Al oír la oferta de Myca, se levantó dándole la espalda y se alejó veloz.

- Creo que se ha confundido. Tenga un buen día.

- Espera, ¡no! –el hombre echó a correr y su corazón dio un vuelco- ¡No...!

Myca se dispuso a seguirlo, pero al cabo de un par de calles, dos stormtroopers le cerraron el paso. Sintiendo su estómago encogerse, los empujó y huyó de regreso cruzando la avenida. Un speeder casi lo impacta, pero no se quedó a oír insultos del chofer. Sí escuchó los disparos tras él. Perdió a los soldados colgándose a un vehículo de aseo en movimiento. Resolvió que quedarse era exponerse.

Frustrado, golpeó la carrocería. Estaba harto de esperar, quería avances, ahora. Divisaba su nave aparcada junto a un muelle destartalado cuando un nuevo disparo lo alertó. Un escuadrón lo alcanzaba en un transporte. Se refugió del lado opuesto del vehículo y saltó a la acera al llegar al caza rebelde.

Ignoró con dificultad el dolor de la sacudida al aterrizar. Disparaban a sus pies, y sombrío asumió que lo querían vivo para interrogar. Corrió refugiándose precariamente tras los árboles y basureros que encontraba a su paso, y al guarecerse dentro de la nave, notó que estaba rodeado. Se estremeció.

Myca sabía lo que harían si lo atrapaban vivo. Recuerdos del reacondicionamiento acudieron a él.

Salvo que ahora no era un soldado inconforme. Era un traidor. Encendió el caza y se elevó sintiendo que el miedo agudizaba sus sentidos. Disparó a todos los troopers que pudo mientras ganaba altitud, pero una alerta y la repentina sacudida de la nave le indicaron que estaba bajo ataque aéreo. Palideció mirando afuera. Sin astromecánico no podría huír de los seis TIE que iban por él. Soltó una maldición.

No volvería a la Resistencia, estaba claro. Pero tampoco dejaría que lo capturase la Primera Orden.

Preferíría morir. Pensando fugazmente en Quinn, borró el historial de vuelo y se lanzó a disparar a los TIE. Una sacudida más fuerte lo azotó en todas direcciones dentro de la cabina, y chispas saltaron del tablero. Sus alertas se dispararon mientras giraba sin control, demasiadas como para atenderlas todas. El metal de la nave vibró y crugió. Perdiendo altura, vio el gris océano acercarse a su encuentro.


Skywalker la encontró al amanecer en el mismo claro, practicando con el remoto que Chewie le entregó. Durante la noche, insomne de anticipación, resolvió como usarlo. Ahora tras varios intentos, atinaba a los rayos con una rama a falta de sable de luz. Agradeció que no llegase antes a verla tratar de pararlos como vio hacer a Kylo Ren. Su mano aún estaba adormecida tras ese impulso de idiotez. El Jedi atrajo la esfera con la Fuerza, apagándola antes de dirigirse a ella.

- Oí que usaste el sable de luz de mi padre contra Kylo Ren. Sigues viva –le reconoció-. ¿A qué te dedicabas antes de unirte a la Resistencia?

La general no la había juzgado por su pasado y se sorprendió a sí misma deseando que él tampoco.

- Crecí en la Flota Libre, aprendí espadas dobles con Emmie. Luego trabajé en un club del bajo Coruscant, como bailarina y seguridad. Yo… golpeaba a agresores y esclavistas, pero ya no...

- Ya veo... –fue su única, impasible respuesta.

La gente en la base empezaba a moverse alrededor. Intuyendo que el Jedi aún prefería mantenerse anónimo, tomó el remoto y el bolso que éste llevaba. Frente a su mudo desconcierto, tuvo que explicar:

- Le aturdí por la espalda –trató de sonar arrepentida-. Estuvo mal. Aún debe estar adolorido así que yo llevaré sus cosas. Alejémonos, antes de que lo vean y se arme un alboroto.

Skywalker no protestó. Él y Rue se adentraron en la jungla durante casi una hora, hasta que el Jedi eligió un lugar cerca de un arroyo. El húmedo clima de Ajan Kloss permitía una abundante vegetación. Ésta a su vez refugiaba criaturas que no podían ver pero sí oír. No era Takodana, pero era agradable.

- ¿Qué sabes de la Fuerza? –preguntó el Jedi, reclamando su atención de los sonidos alrededor.

- Es una energía que rodea y fluye a través de todo ser vivo –recitó de memoria-. Maz dice que es un misterio fuera de nuestra comprensión, que a veces nos guía hacia nuestro destino…

Su estómago se cerró pensando ese destino. Asintiendo, Skywalker se sentó en el suelo de piernas cruzadas, señalando un lugar frente a él. Rue lo imitó, presintiendo lo que venía. No podía meditar

- Tus pensamientos pueden volverse tu destino, si no les pones atención –replicó a su idea, y Rue recordó que él podía leer sus intenciones-. El arte marcial que practicas es una forma de enfocarte; como meditación en movimiento, si te concentras lo suficiente. Esto es similar…

Entornando los ojos, entendió la insistencia de Maz al enseñarle Zama-Shiwo. Vieja astuta.

- …cierra los ojos –indicó el Jedi, haciendo lo mismo- respira y enfócate en expandir tus sentidos.

Ella lo hizo, incómoda con quedarse quieta. Nada pasó al principio. Cuando creyó que comenzaba a sentir algo, acudió a su mente el duro rostro de Nazzer. Monstruo. Estremeciéndose, se forzó a mantener los ojos cerrados, pero el recuerdo desbloqueado de los espías aplastados la hizo sentir…

- Suficiente, Rue… -sintió una mano en su muñeca y se zafó sobresaltada. Al abrir los ojos se encontró con la suave mirada del Jedi-. Nadie va a herirte aquí. Mira, haremos algo distinto...

Aún con el pulso acelerado, vio como le acercaba las manos al rostro. Ella por reflejo se echó atrás.

- ¿Revolverá en mi mente, como Kylo Ren…? –espetó, erizándose.

- Guiaré tu meditación –replicó él, con calma-. Sé que ha de ser difícil, pero necesito que confíes.

Las manos de Rue temblaban ligeramente, pero mirando al Jedi, se dijo a sí misma que ahora que conocía toda la historia, ya no debía temerle. Era un buen hombre. Se tranquilizó, y volvió a acercarse. Skywalker posó apenas las manos en sus sienes. Pese a la tensión del contacto, ella cerró los ojos.

- Respira. Lo que revives son solo recuerdos. Te ayudaré a navegarlos. Describe lo que sientes.

Ella respiró y esperó. El ruido de la nave averiada la hizo saltar. Mara y Nazzer peleaban por ella.

- Siento... –frío en su interior, esperando alzarse- No. No quiero. El lado oscuro, los Jedi no...

Abrió los ojos y se apartó, angustiada. Pero el Jedi, sosegado, no la miraba como a un monstruo.

- Se siente frío -masculló-. Pierdo el control cuando se siente frío. Es el lado oscuro. No puedo.

- Quiero que inspires –fue su única y confusa indicación-. Anda. Toma aire y no te detengas.

Ella lo hizo. Lo hizo hasta que ya no pudo más y sintió que su pecho estallaría. Tuvo que soltarlo.

- ¿Por qué te detuviste? –la miraba atentamente, sin juicio en sus ojos.

- Porque no podía respi… -se calló y lo miró con recelo- ¿Qué intentas enseñarme aquí?

- Tú dime –el Jedi guardó silencio, esperando su respuesta. Ella frunció el ceño.

Rue no podía solo inspirar. También debía exhalar. Dos procesos opuestos, partes del todo como…

- El lado luminoso y el oscuro son opuestos –vaciló-. Pero parte del todo, que es la Fuerza.

- El todo es la naturaleza misma de la Fuerza. Luz y Oscuridad son opuestas y complementarias. Ni un Maestro Jedi puede huír de su sombra. ¿Cómo podrías hacerlo tú?

- Entonces… –parpadeó sin comprender- ¿Acepto el lado oscuro? ¿Así nada más?

- No tan rápido. Primero, acepta tus emociones. Míralas por lo que son, pasajeras. Repitámoslo.

Cerró los ojos, decidida a no acobardarse. Con sus manos de nuevo en las sienes, respiró y esperó. La nave caía en llamas. Sus padres estaban muertos. Sintió un nudo en la garganta. Era su culpa por averiar la nave, por no controlarse. El frío en su interior se revolvió como algo vivo. Dolía. Demasiado.

- No te culpes por sentir este dolor –la voz del Jedi irradiaba paz-. Deja que fluya a través de ti.

- ¿Cómo? –demandó con voz estrangulada- Es demasiado intenso, no puedo controlarlo

- Escúchalo, acéptalo y déjalo ir. Puedes hacerlo, Rue, lo que sufriste no te hace un monstruo…

Fue algo más fuerte que Rue, que la inundó y barrió con ella. Su pecho se agitó y rompió a llorar.

Perdió la noción del tiempo sumergida en su dolor. En algún momento notó que no estaba sola ahí. Era el Jedi, pero a diferencia de Kylo Ren, su presencia estaba a su disposición. Ella le dejó ayudar, y sintió como oleadas de calma la guiaban a encontrar sosiego en su interior. No era Maz, Nix, Finn o Skywalker. Aquel pozo de paz era suyo. Su propia luz, a través de los ojos de otro. Cuando la encontró, la presencia del Jedi en su mente se desvaneció, y solo quedó Rue, serena y relajada. Cálida, al fin.

- Ahora… –dijo él tras darle unos minutos- Extiende tus sentidos a la Fuerza, y dime qué ves.

Ella lo hizo. Percibió la presencia luminosa del Jedi y los insectos alrededor, los árboles y las aves en sus copas, el arroyo alimentando a peces, reptiles y roedores. Bajo ellos las raíces se extendendían a profundidades que Rue nunca imaginó. Cada célula de su cuerpo resonó con el canto de la Fuerza inundando su ser. Ella era parte de eso también. Lo más maravilloso era que todo estaba conectado, fluyendo en armonía. Cuando al fin pudo hablar, su voz era reflejo del alivio y del asombro que sentía.

- Veo el bosque. Oleadas de vida, muerte… y vida de nuevo. Se suceden. Siento luz y oscuridad. Están danzando –sonrió, conmovida por la idea-. En todas las cosas, en todas partes. En mí

Abrió los ojos, abrumada, y con las pestañas aún húmedas de lágrimas creyó ver guijarros caer alrededor. ¿Por ella…? De vuelta a sus sentidos normales, miró al Jedi presa de una profunda certeza.

- El tipo del mosaico en el templo era ambas, luz y oscuridad. Yo soy ambas... yo soy ambas…

Lo repitió para sí misma en un susurro, y se sintió como romper una maldición. Pero ahora el Jedi la evaluaba pensativo, con una mezcla de compasión e inquietud. Su silencio se le hizo eterno a Rue.

- ¿Es algo malo? –lo apremió.

- No es bueno ni malo –el Jedi vaciló-. No puedes destruir tu oscuridad, Rue. Es parte de ti como es parte de todo. Debes aprender a aceptarla, pero nunca dejar que ésta te consuma.

- ¿Es posible hacer eso? –sintió un escalofrío-. Creí que los Jedi rechazaban toda oscuridad…

Sonaba demasiado como Kylo Ren. El Jedi, buscando palabras adecuadas, calló por un largo rato.

- Es necesario, para lograr balance –la traspasó con su seria mirada-. Los Jedi entrenaban para mantenerse en la luz y encontrar paz interior. Quiero que aprendas eso. Pero también que conozcas tu oscuridad, para que dado el momento de sentirla, ésta no tenga poder sobre ti.


La Primera Orden tenía más gente de la que creía, si les habían encontrado casualmente. Emmie avisó que saldrían del hiperespacio, y Ephemera se materializó frente a sus ojos. Era un planeta de gas con fama de albergar lujosos hoteles. Y para gente como ella, fuentes de información. Poe bufó.

- ¿Este es tu escondite, Maz? –soltó el rebelde, incrédulo, a través del radiocanal- ¿Un spa?

- Complace a una anciana afligida, Poe. Homenajear a mis piratas es lo menos que puedo hacer.

Tres de sus cinco piratas. Las naves aparcaron en la ciudad flotante de Wish, sobre una plataforma hecha de nube solidificada. Dejó a Emmie a cargo de la nave, y ella y Casterfo se fueron a reunir con los demás. En el bar del hotel Solarine, un amplio salón rodeado de cortinas ondulantes, bebieron en nombre de los caídos con ánimo sombrío. Bato tiró el resto de su trago cuando Maz mencionó a Spike.

- Debí ser yo quien le disparase, no Lancel. Un traidor que nos vendió, eso es lo que es.

Ella también lo sospechaba, pero no quitaba que su muerte fuese lamentable. Los cinco guardaron silencio. Dejando su copa a medio beber de lado, Poe dio un hondo suspiro y se inclinó sobre la mesa.

- Cosas como esta ocurrirán cada vez más. Siento su pérdida. Debemos trabajar juntos para...

- …eres mejor piloto de lo que pensé –espetó Bato, zanjando el asunto-. Listo, ya lo dije. El trato sigue, por Tenzing y Lancel. Ahora bebamos.

- Lo que él dijo –suspiró Tía-. De todas formas, ya nos habrán fichado. ¿Qué haremos ahora?

- BB8 está haciendo arreglos menores al X-Wing. ¿Sus naves sufrieron daños serios? –ante la negativa de los demás, Poe casi saltó de su silla-. Bien. Intentaré comunicarme con la base.

Lo vio irse con un suspiro. Los humanos ya eran impacientes de por sí. Pero si Leia insistía respecto a sus habilidades, y Maz entendía su punto, Poe se encargaría de liderar a la Resistencia algún día.

- Debería ir con él –dijo Ransolm, tras un rato-. Si Bato me reconoció, otros también podrían…

- Lo harán con la actitud sospechosa que llevas –gruñó ella. Notando la culpa en sus ojos, Maz agregó con dulzura-. No eres culpable de nada, deberías acostumbrarte a ser visto de nuevo.

- Lo entiendo –asintió él, paciente-. Pero he reconocido al menos a dos políticos en el recibidor.

- ¿Del brazo de unas chicas twi'lek sin identificación? –bufó-. No dirán nada. Escogí este hotel porque su gerenta es una amiga de confianza que conoce a proveedores de la Primera Orden. El trago que pedí es una señal para llamarla, iba a decírselo a todos cuando Poe se fue a... oh.

Los tres piratas y el ex senador vieron como el piloto volvía con mal disimulada impaciencia.

- Mi deber es escoltarles a la base –parecía autoconvencido-. Así que cuando gusten partiremos.

Estrechando los ojos, Maz notó que estaba que reventaba por algo. Malas noticias de Ajan Kloss.

- Suéltalo, Poe. ¿De qué te has enterado?

Tras removerse inquieto mirando alrededor, se sentó a regañadientes en el borde del asiento.

- El Escuadrón Negro está combatiendo en Pastoria. No es que dude de las habilidades de mi equipo, es que… -sondeó a Bato antes de seguir-. Es duro perder gente, lo sé, pero estamos desperdiciando tiempo aquí. La Resistencia necesita apoyo urgente en otros lugares ahora…

Antes de que Bato pudiese replicar, Maz alzó una mano para callarlos, mirando fijamente a Poe. Si Leia quería que le bajase los humos al precipitado piloto, eso era exactamente lo que haría. Como presintiendo lo que se venía, Tía se alejó discretamente de él, llevándose a Ransolm con ella.

- Yo no lo creo. Mira a tu alrededor, Poe Dameron, ¿qué ves?

Poe, tras entender que iba en serio, suspiró pasándose una mano por el cabello.

- Gente adinerada a la que no le importa que la Primera Orden esté expandiéndose en la galaxia.

Maz le arrojó un puñado de botanas fritas. El piloto se sobresaltó y la miró profundamente ofendido.

- Mira más detenidamente. ¿Por qué crees que estamos aquí, y no en otra parte?

- Porque tú nos trajiste a… -ella le metió una botana en la boca.

- Exacto. Porque yo los traje. ¿Crees que fue una decisión al azar?

Iba a replicar, pero viendo las botanas con renovado respeto cambió la respuesta a último segundo.

- Sss… –frunció el ceño-. ¿No?

- Llevas metido en tu cabina de piloto tanto tiempo que no ves el valor de estar en donde estás.

- Soy un piloto, Maz –replicó él, obstinado-. Voy a donde me necesitan. Aquí no me necesitan

- La falsa modestia no te favorece, Dameron, no habríamos salido de esa emboscada sin ti. Leia confía en tu criterio porque eres un buen piloto, y además, un buen líder. Ahora ponte cómodo y observa como tal. ¿Qué es lo que ves...?

Maz se interrumpió. La que venía no era su amiga. Una camarera mirialana se les acercó con paso elegante. Les llevaba la cuenta en un datapad, pero había miedo en sus ojos. Les sonrió, pese a éste.

- ¿Fue todo de su agrado? –luego susurró-. Mi jefa acaba de enterarse, la Primera Orden viene.

Discretamente deslizó una tarjeta de datos sobre la mesa, una que Maz desapareció con habilidad bajo su ropa. Los ojos de Poe relampaguearon con entendimiento, pero conservó su expresión neutra. La anciana puso atención al entorno, ayudándose con la Fuerza para captar más detalles. Nada aún.

- ¿Cuánto tiempo tenemos? –murmuró, pagando la cuenta con un cero de más por las molestias.

- Yo diría que unos diez minutos –ella inclinó la cabeza, fingiendo una sonrisa cordial-. Figuras clave de la Rebelión están desapareciendo. Eviten las rutas en la tarjeta. Y tengan cuidado.

Vio que su mano temblaba. De corazón, ella deseó que dar el aviso no les perjudicara demasiado.


Ahora que no tenía a su Reina, reparar naves que no podría volar parecía un triste consuelo. Kaya le tendió una llave con brusquedad. No quería estar ahí, y Nix tampoco. Pero la idea de acogerla había sido suya, y no podía huír de la gente igual que como huía de sus sentimientos. No hay emoción, hay paz, recitó para sí misma. Pero esta vez no funcionó. Inspiró y se giró a mirar a la chiquilla twi'lek.

- Travis es un patán, y no iba a dejar que te hiciera lo que a mí –espetó-. Estás mejor sin él.

Ésta se encogió de hombros en actitud indiferente. Sus lekkus púrpura se sacudieron con pereza.

- Cómo tú digas… hermana mayor

Nix se sintió tentada a arrojarle la llave a la pequeña ingrata. Pero su compasión fue mayor.

- Quiero que seamos amigas, Kaya –viendo su expresión sardónica, suspiró-. Tenemos más en común de lo que piensas. Yo también creí que no tenía a nadie más que a él. No vi lo miserable que era hasta que me fui. Ahora puedo respirar. Literalmente. ¿Has sentido un aire más puro?

Tras un breve silencio, Kaya miró alrededor de la cueva que hacía de hangar con gesto evaluador.

- Supongo que la humedad hará maravillas con mi piel… y la gente no intentará secuestrarme.

- Lo sé, ¿verdad? –le dedicó una leve sonrisa-. Ahora trae la linterna y alúmbrame bajo el caza.

Todos en la Resistencia tenían algo de lo que ocuparse, y Kaya no sería la excepción. Nix la había hecho su ayudante. Ésta rodó los ojos, pero se agachó junto a ella bajo el X-Wing e iluminó el punto indicado. A metros de ellas, un dormido Finn dio un ronquido que resonó en la cueva. Tras pasar la noche haciendo guardia, el joven fue a refugiarse ahí para descansar, reclinado contra la pared.

- Oí que Finn estaba por aquí… -Poe entró en la cueva hablando demasiado alto.

Nix hizo un gesto para que callara, pero fue demasiado tarde. Finn despertó sobresaltado, sacando el blaster de su funda. Al ver que sólo era Poe, suspiró y volvió a guardarlo. Se incorporó a saludar y el piloto le dio un efusivo abrazo. Su amigo le correspondió con una sonrisa perezosa y él se encogió.

- Siento despertarte. ¿Cómo va todo aquí...? –miró de reojo el caza- Huh. Veo que vas bien, Nix.

Ella notaba lo quisquilloso que era con su propio X-Wing, por lo que valoró el cumplido. BB8 se le acercó rodando y Nix lo saludó con unas palmaditas. Fijando su fotorreceptor en la zona iluminada por Kaya, piteó que debía alinear un amortiguador. Ellas lo anotaron en la lista de pendientes del datapad.

- Además del chasco de Myca y la vigilancia extra, no hemos tenido más problemas. No aquí.

Fuera de Ajan Kloss, sin embargo, la Primera Orden se expandía sin descanso. Y ni Sunrider tenía idea de en qué otro sitio podrían guardar planos del Supremacy, además de dentro de la misma nave.

- Oí lo que pasó. Leia no cree que pase a mayores, pero es bueno estar preparados –Poe frunció el ceño-. Escuché que estaban diseñando un nuevo plan de evacuación con Holdo y los otros.

- De todas formas me gustaría haber ido tras él –replicó Finn, inquieto-. La general dijo que era nuestro invitado y no nuestro prisionero, pero me preocupa que la Primera Orden lo encuentre.

Finn tenía una buena intuición, reconoció ella con un escalofrío. Pero para las radiantes miradas de Poe, estaba totalmente ciego. Ella intercambió una mirada con Kaya cuando el piloto preguntó si ya había comido. Es un idiota, susurró la chiquilla en Ryl. Había sido una de las primeras cosas que le había enseñado a decir a Nix. BB8 las vio avanzar con la nave, piteando ánimos de vez en cuando.

Mientras Poe contaba de su misión en el sector Bakura, Rue llegó a agazaparse silenciosamente sobre un contenedor junto a ella. Nix se giró a verla, ardiendo en deseos de saber cómo le había ido en su misión. Pero su amiga fue más veloz, tomando una de sus manos para examinarla de cerca.

- Tus nudillos están hinchados –miró a Nix, incrédula-. Golpeaste a alguien en Coruscant.

- No me enorgullece –suspiró-. Me topé con Travis. Se unió a Escuadra Civil. Perdí los estribos.

- Él quedó peor –precisó Kaya, y Nix la reprendió con la mirada-. No me quejo, está bien por mí.

- Bastardo -bufó Rue-. No puedo culparte por querer molerlo. La general Organa me dijo que tuvieron un regreso agitado. Luego me enteré de los caballeros de Ren. Cuéntamelo todo.

Se veía menos tensa de lo usual, lo que incrementó la curiosidad de Nix. La puso al día mientras evaluaba la alineación del amortiguador con ayuda de BB8. Kaya, tras ser objeto de su intensa mirada, se excusó para ir al baño. Rue debió aprobarla, pues no dijo nada en su contra y se giró a los jóvenes que aún charlaban sin notarla. Intercambió una mirada cómplice con su amiga antes de interrumpirles.

- Oye, Dameron –ambos se sorprendieron al verla-. ¿Dónde está Maz?

- Hola Rue, es bueno verte. Maz subió al Raddus con Bato y Tía. Consiguieron información de las rutas de suministro de la Primera Orden y coordinarán con Ackbar para trazar las nuestras.

- ¿Hace cuánto que volviste? –inquirió Finn, desconcertado- ¿Cómo fue que no te vimos llegar?

- Ayer –Rue se encogió de hombros-. Mientras dormían. No quise despertarles.

- ¿Cómo te fue? –terció Nix, ilusionada- ¿Encontraste a Skywalker?

- No estoy autorizada para hablar de ello –hizo un mohín-. No aún. Son órdenes de la general.

- Ah, por favor –ella le puso ojos de cachorro-. ¿No puedes decirnos nada…?

Rue gruñó por lo bajo al verla hacer pucheros. Tanto Finn como Poe se acercaron expectantes.

- Encontramos el primer templo –murmuró a regañadientes-. Preciosa isla. También tenía libros orgánicos. ¿No te habrán enseñado Jedi Antiguo en la Iglesia de la Fuerza?

Nix hizo un esfuerzo por recordar las viejas inscripciones que la Madre Aylyn le había mostrado de niña. Pero nada concreto acudía a su mente. Negó con la cabeza sintiendo una terrible puntada de culpa. La misión de su familia había sido preservar esos conocimientos. Ahora estaban perdidos.

- No pasa nada –Rue posó una mano sobre la suya-. Ya encontraremos a alguien.

Y en cuanto Finn y Poe dejaron de mirar, le guiñó un ojo sonriendo cómplice. La twi'lek la interrogó con la mirada, y Rue asintió con la cabeza. El corazón de Nix dio un vuelco y tuvo que esforzarse para no gritar de emoción. Habían encontrado a Skywalker.