Capítulo 8: Maestro y aprendiz
Hasta que Skywalker la llamó, Rue no tomó consciencia de cuanto tiempo había pasado. Abrió los ojos y miró desorientada hacia las copas de los árboles. Empezó a meditar al amanecer, era mediodía. Se secó las lágrimas, aún cohibida de que el Jedi la viese llorar. A unos metros, con las manos tras la espalda en actitud reflexiva, él se alejó del arroyo y caminó entre plantas hasta quedar frente a ella.
- Tus resistencias al meditar están disminuyendo –observó, pasando una mano sobre las hojas de un helecho-. ¿Puedes sentir la diferencia a las veces que has usado la Fuerza por tu cuenta?
- Es más… suave –se estiró de a poco-. Pero también me siento despejada… relajada, incluso.
Era una conexión libre de violencia. La sensación de acurrucarse de niña junto a Maz mientras ésta meditaba, pero ahora, esa paz provenía de Rue. No era fácil llegar a ese estado por su cuenta, pero ahora que sabía con certeza cómo se sentía, podía encontrar ese pozo de luz sin ayuda de Skywalker. Él asintió, pensativo. Como durante los últimos días, seleccionaba sus palabras con sumo cuidado.
- Así es el lado luminoso. Lo que voy a enseñarte hoy es algo distinto a lo que por mucho tiempo creí que era la única forma de entender la Fuerza. Milenios han transcurrido desde los primeros Jedi, años en los que su conocimiento se ha perdido, recuperado y alterado. El templo de Ahch-To da prueba de ello… Además del mosaico de la fuente, ¿notaste algo peculiar en éste?
Intuyendo a lo que iba, Rue se cuestionó si la Orden Jedi de las historias era como la describían…
- Estaba construído tanto hacia arriba como abajo. Luz y oscuridad. ¿Solían usarse ambas?
- Eso no puedo asegurarlo –meneó la cabeza-. Pero sí puedo asegurar esto: luz y oscuridad son igual de poderosas, pero sus naturalezas difieren. El lado oscuro es destructivo y caótico, fácil de acceder mediante emociones intensas. Mientras más lo usas, éste más te consume. El lado luminoso es armónico y claro, y acceder a éste requiere serenidad, mesura. Encarnar esos ideales tiene un riesgo a su vez: te hace evitar dichas emociones y te vuelve vulnerable a éstas.
- Creí que el balance era consecuencia de la luz –aún sentada, hizo un mohín-, pero insinúa que ambos aspectos de la Fuerza por sí solos crean desbalance. ¿Cómo se lleva esto a la práctica?
El Jedi percibió su inquietud. Tras pensarlo unos instantes, tomó una rama del suelo y trazó en la tierra rojiza un diagrama similar al mosaico del templo. Círculos dentro de círculos, partidos por una línea. Representaban ambos aspectos, pero resignada, Rue no tuvo más que aceptar que la relación entre luz y oscuridad era más compleja de lo que creía. Skywalker se tomó su tiempo para responder.
- La Fuerza es el todo, el campo de energía que creamos los seres vivos. Pero la vida es posible por la interacción de luz y oscuridad, en el flujo que describiste como una danza. Orden y caos. Creación y destrucción. Vida, que decae y muere. Muerte, que da espacio a nueva vida. Un Jedi entiende la naturaleza doble y dinámica de la Fuerza, dentro y fuera de sí, pero elige la luz como guía, en contraparte a quien elige la oscuridad. Así es como somos parte del balance.
Rue asintió, ceñuda. Ella estaba lejos de sentirse cómoda con ver su oscuridad, pero tenía sentido.
- Y me ha tenido todos estos días reconociendo ambos aspectos en mí. Para poder verlo afuera.
- Y para que actúes solo tras reconocer y conectar con la luz en tu interior. Está ahí, pero te cuesta verla por ti misma. Con práctica constante, sentirás que te guía para… –se interrumpió, girando hacia la base- para tomar decisiones sabias. Leia nos busca. No, no está en peligro…
Ella ya se había incorporado, toda la relajación al traste. El Maestro Jedi solo la miró con paciencia.
- Recuerda las técnicas de respiración... –Rue ya estaba en ello-. Bien. Creo que es seguro que comiences a meditar sin mi supervisión. Al menos dos veces al día, de la misma forma que hoy. Si vuelves a oír voces, o a ver a Kylo Ren, quiero que les ignores y me cuentes. ¿Podrás?
Asintió, exhalando algo más tranquila. Gracias al entrenamiento de los últimos días, apenas tenía tiempo a solas... o energía. Lo bueno de esto era que no daba espacio a Kylo de aparecer. Lo malo, casi no veía a Nix o Finn, y no coincidía en la base con Maz desde antes de Ahch-To. Les extrañaba.
Tomaron un intrincado desvío para llegar a la sala de operaciones sin ver a nadie. Ésta se había trasladado a una cueva recientemente explorada, para dar la sensación de resguardo y privacidad. La general les esperaba fuera, e hizo un ademán para que la acompañaran al interior. Rue sintió la tensión del ambiente como una bofetada en la Fuerza, y se esforzó en acceder a la paz en su interior.
Habían bajado más equipos del Raddus, pero seguían teniendo lo esencial allí. Solo unos pocos sabían de la presencia de Skywalker en la base. Poe Dameron, Kaydel Ko Connix, C-3PO y un hombre vagamente familiar estaban sentados adentro, viendo inquietos una holoproyección puesta sobre una mesa plegable. Rue enrojeció al reconocer a Ransolm Casterfo, e intentó no mirarlo demasiado.
- ¿Qué ha ocurrido…? –preguntó el Maestro Jedi.
La general señaló la holoproyección, un comunicado de la Primera Orden, con una mirada sombría.
- La Primera Orden ha bombardeado Cuyacan. Tras el alzamiento que ellos mismos provocaron con su asedio. Pasará en cualquier planeta asociado con la Resistencia –suspiró-. La mención de los rebeldes será castigada, salvo para revelar nuestro paradero. Es un momento crítico, y necesitamos la habilidad de un Jedi para acudir en su ayuda, o pronto quedaremos sin aliados.
Por supuesto que la Primera Orden atacaría un planeta exigiendo su derecho a que les dejaran en paz. Se esforzó en no maldecir. Una Jedi no maldecía… Mirando de reojo a Skywalker, vio como sus ojos se perdían en el vacío. Él había accedido a entrenarla, pero intervenir en Cuyacan era algo nuevo.
- Ya veo… -replicó él con lentitud- ¿Cuál es el estado del planeta, actualmente?
- No lo sabemos –la teniente Connix chequeó el radio tras ella-. Hemos intentado comunicarnos, pero nuestros contactos no atienden. Inteligencia avisó hace horas que la HoloNet está muda.
- Entonces, necesitamos investigar –resolvió él con expresión grave.
Rue se contuvo de bufar. Necesitaban darles una paliza, y bajarle los humos a esos bastardos…
- Explora tus emociones, Rue –murmuró Skywalker solo para ella, mientras C-3PO les entretenía describiendo la cultura de Cuyacan-. Puedo percibir tu enfado. Ya sabes qué hacer con él...
Se giró a verlo con un escalofrío, pero con su mirada amable entendió que no era un regaño. Asintió discretamente y consultó su enfado. Se sentía impaciente. Quería acabar esa guerra pronto, pero no dependía solo de ella. Suspiró, aceptando que ésta estaba fuera de su control. La Fuerza la llevaba a su propio ritmo a hacer su parte para ayudar, y ella debía dejar ir el resto. Ya repartiría palizas luego...
- No podemos salvar a todos –reconoció el Jedi, volviendo a mirar al resto-. Pero podemos ir en una misión de reconocimiento. Anónimamente. Entendiendo sus necesidades, brindaremos una mejor ayuda a la comunidad, sin comprometerla ni agotar los recursos de la Resistencia.
- Pero si se enteran de que Luke Skywalker ha vuelto, podríamos ganar nuevos aliados –Poe buscó la mirada de todos-. La gente de otros planetas podría alzarse contra la Primera Orden.
- Si se enteran de que estuve ahí, podríamos exponer a Cuyacan a otro bombardeo, o peor. Entiendo la urgencia de cambiar las probabilidades de esta guerra. Pero para reestablecer una paz duradera, debemos elegir nuestras batallas responsablemente.
Rue estaba de acuerdo con Poe, pero intuyó que ya era suficientemente difícil para el Jedi volver a colaborar en una guerra después de tanto tiempo recluído. La general parecía pensar lo mismo.
- Cualquier guía que ofrezcas, Luke, será apreciada. Pero tarde o temprano, se sabrá que has vuelto. Nos encargaremos de los preparativos y enviaré a C3-PO al Halcón cuando estén listos.
Ellos deberían hacerlo, pensó Rue, obstinada. Pero tal y como Skywalker demostraba ser paciente con ella, la joven aceptaba a regañadientes el ritmo lento del Jedi. Si bien ya no era el mismo viejo derrotado de Ahch-To, persistía su pesar. Podía disimularlo en su rol de Maestro Jedi y cálida firma en la Fuerza, pero no en sus ojos. Le hacía arrepentise de lo dura que fue con él los primeros días…
Él se detuvo a pasos de la salida, y Rue detectó que vacilaba. Aún no se mostraba en público, y a esa hora del día debían atravesar por varias zonas concurridas para llegar al Halcón.
- ¿Quiere que demos un rodeo…? O si me da unos minutos, puedo hacer que la gente se vaya.
- No –dio uno de sus largos suspiros-. Gracias. Creo que es hora de que deje de ocultarme aquí.
Rue se estremeció, entendiendo las consecuencias que aquello tendría, para él y para todos. Quiso decirle que no era necesario. Pero lo era, y ambos lo sabían. Buscó su mirada y la sostuvo con fijeza.
- No irá solo –prometió-. Estaré a su lado en todo el camino.
Tras un momento, él inclinó la cabeza en señal de reconocimiento, respiró hondo, y siguió adelante.
Al poco andar, la base entera pareció detenerse ante la visión de Luke Skywalker caminando entre ellos. El corazón de Rue empezó a latir con violencia al ver varios rostros iluminarse. No necesitaba la Fuerza para entender lo que veían: esperanza. Disimuladamente practicó la respiración que el Jedi le enseñó para calmarse, y notó que ambos lo hacían. Pero los rebeldes no tenian forma de saberlo…
El silencio casi encantado que flotaba en la base se rompió cuando Chewie salió a encontrarlos. Dio un solo rugido a los rebeldes, y éstos retomaron sus quehaceres murmurando de entusiasmo. Rue distinguió a Nix y Finn cerca del área de descanso. Se encogió de hombros como excusándose de no haberles dicho. La twi'lek ya enterada la encandiló con una sonrisa, y el humano incrédulo se pasó la mano por el rostro. Estuvo tentada de ir a darle unas palmaditas en la espalda. Parecía necesitarlas.
- ¿Quién es ése joven? –preguntó Skywalker, mirando en aquella dirección.
- Es Finn. Era un stormtrooper. Desertó, salvó a Nix, luego peleamos juntos, y ahora es mi amigo.
No pudo disimular el orgullo en su voz al decir lo último, y el Jedi esbozó una débil sonrisa.
- Dile que vaya con nosotros.
- ¿Por qué? –Rue alzó una ceja- ¿Le han entrado ganas de socializar de repente?
- Tengo un presentimiento sobre él -replicó Skywalker, lacónico.
El Jedi le tendió su sable de luz azul con una mirada significativa. Se lo había prestado otras veces antes, entrenando, siempre con la misma advertencia: solo encenderlo con la mente despejada. Ella asintió, esforzándose en no rodar los ojos. Ya lo sabía. Ocultándolo bajo su ropa, fue a buscar a Finn.
Su sable de luz pasó escupiendo fuego por sobre las cabezas de los locales, y éstos se agacharon entre exclamaciones. Kylo Ren dejó que el caos de sus voces aumentara el temor en la multitud. Su estadía en el planeta era inútil, como esa pista falsa. No estaban ahí. La irritación crecía dentro de sí.
- No lo volveré a preguntar –apagó y guardó su sable en el cinturón-. Quién vandalizó el edificio.
Nadie habló, pero la respuesta flotaba en el aire. El blanco palacio de gobierno de Cuyacan parecía un animal herido con el rojo símbolo de la Resistencia pintado encima, pero gran parte de éste había caído en el bombardeo. Hux creía que el miedo podría acabar con un alzamiento, pero solo se requería una chispa de esperanza para reavivar la llama de los insurgentes. Él estaba determinado a extinguirla.
- Entonces todos han cometido traición –determinó, girando al líder de escuadrón-. Mátenlos…
- ¡NO! –gritó una voz aguda entre la multitud, finalmente- ¡Deténganse! ¡Yo pinté la muralla!
Alzó la mano para frenar su propia orden, y los soldados esperaron. Un humano de unos doce años salió a encontrarlos, sosteniendo la mirada de su máscara con descaro. Enseñó las manos, aún sucias de pintura. Temblaban, pero él no necesitaba verlas para sentir su temor en la Fuerza. Evaluando al resto, percibió que el miedo colectivo se volvía hostil expectación, disparando una alarma en su mente.
- Mátame –espetó el chico, un cachorro enseñando los dientes-. Pero deja a los otros en paz.
Era una oferta tentadora para los problemas que podría causar. Pero un alborotador hecho mártir era la excusa perfecta para una nueva revuelta, un error que a Hux le encantaría que él cometiera.
- Eres valiente –concedió con gravedad-. Pero eso no te servirá a donde irás ahora. Llévenselo.
Bajo su máscara, apretó los labios cuando el chico empezó a forcejear con dos soldados. ¿Sentiste todo lo que yo sentí…? Cerró los puños, abrumado por la emoción. Se recordó que éste era su destino.
Alguien cargó contra su costado y su cuerpo reaccionó antes de tomar el sable de luz. Agarró su muñeca y encajó un pie entre los suyos, le desestabilizó y le hizo caer. Agitado, se reprendió su propio descuido y lo mantuvo abajo con una especie de llave. Kylo notó con desconcierto que no reconocía esa forma de defensa. El hombre humano se debatió bajo él, mientras los stormtroopers lo apuntaban.
- ¡Por favor! –jadeó con dolor-. Dejen al chico, es demasiado joven. Llévenme a mí en su lugar.
Disimulando su impresión, ordenó que lo apresaran. De pie junto al niño, el parecido era innegable. La idea revolvió su estómago. ¿Cómo se atrevían? Decidió que ambos compartirían el mismo destino.
- Un rasgo de familia, asumo –gruñó al mudo chico, y ordenó para que todos lo oyeran-. Llévense a ambos y quemen cuanto edificio en pie. Maten a quien se resista, y dejen al resto de testigo. La Primera Orden no tolerará disidentes, sin excepciones. Quiero esa muralla derribada.
Por medio de la Fuerza, comprobó que ningún otro civil tuviese intención de rebelarse. La hostilidad volvía a ser solo miedo, pero aquello no era suficiente. Vio las construcciones del poblado encenderse una por una, como si al hacerlo purgaría su debilidad de una vez. Sintió arder la cicatriz en su pecho.
El repiqueteo de su comunicador lo interrumpió. Oyó la voz susurrante de Kuruk Ren del otro lado.
- Interferimos una señal para el rojo. Recuperaron un caza rebelde estrellado en Ciudad Coronet, el piloto cayó al mar y desapareció. Al parecer, era un desertor que buscaba al Colectivo.
Dio la espalda al anochecer iluminado por edificios en llamas, para ignorar el llanto de los locales.
- ¿FN-2187? –su mano aumentó la presión sobre el comunicador. Se oyó un estruendo tras él.
Los stormtroopers tiraron la muralla abajo, y la esperanza de la revuelta cayó con ella. Por ahora.
- No especificaron –replicó Kuruk-. Pero desde la altura que cayó, está muerto de todas formas.
Dejó vagar la mirada, buscando alguna conexión. Primero los niveles bajos, luego el Colectivo. Los rebeldes buscaban información privilegiada y estaban dispuestos a negociar con ladrones del bajo mundo para ello. Debían estar desesperados. La Resistencia era importante, aunque no su prioridad. Pero si quería sacar a la ladrona y a Skywalker de su escondite, debía conseguir el señuelo adecuado.
- Quiero la ubicación de la nave. Y que vigilen en las coordenadas que enviaré. Cuanto antes.
- ¿Algo más, jefe? –detectó la ironía en su voz y sintió una nueva oleada de irritación.
- Sí. Recuerda a los otros que quiero prisioneros, no cadáveres. Deben conocer la diferencia.
- Haré lo que pueda, ya sabes como se pone Ushar… -Kylo cortó la comunicación.
Una idea comenzaba a formarse en su mente. Debía llegar al caza antes de que Hux lo mandase a analizar, pero intuía que tras el bombardeo, misiones de ayuda llegarían a Cuyacan. Leia Organa no dejaría que el planeta languideciera en su miseria, no si podía usarla para conseguir nuevos aliados para la Resistencia. Tarde o temprano, vendrían. Dejó a las divisiones en tierra y volvió al Finalizador.
Mientras alistaban su nave, sentado en su camarote, recordó la forma en la que redujo al hombre. Su cuerpo obedeció a una memoria que no era suya, sino de ella. El vínculo mental que creó con la ladrona en el interrogatorio aún tenía repercusiones. En lugar de debilitarse, se fortalecía con el paso de los días, razón por la cual Skywalker parecía haber intervenido.
No la veía desde confesar su inocencia en la matanza del templo. Desde que ella tuvo la audacia de cuestionar las visiones que le prometían el poder del lado oscuro. Bien podía ser una mentira del Jedi, para mantenerla lejos de su oscuridad como hizo con él. O bien, Snoke había mentido por años.
Cuando obtenga lo que quiere, te destruirá. La voz de Han Solo lo remeció al igual que en la base Starkiller. Pero él había sido el destruído. Con un acceso de ira sintió la urgente necesidad de moverse.
La inusual reacción lo distrajo de su ira. Quitándose la máscara, y tras asegurarse de estar solo, se puso de pie y dejó que su cuerpo lo guiase. Por instinto, cerró los ojos e intentó vaciar su mente. Golpes precisos, pasos ligeros y patadas circulares acudieron a él. En breve sintió un tirón en la Fuerza, y cuando volvió a abrirlos, se vio a sí mismo practicando un arte marcial que nunca aprendió.
Y a la ladrona frente a él, mirándolo con fijeza. Con la respiración agitada por el esfuerzo, tuvo la certeza de que la Fuerza los conectaba por una razón. Pero ella, cruzada de brazos, le dio la espalda.
- ¿Terminaste de desquitarte conmigo? –preguntó él con frialdad- ¿O Skywalker te lo prohibió?
La ladrona giró, tomando aliento para replicar alguna idiotez desafiante. Era demasiado impetuosa, lo suficiente como para aturdir a un Jedi y llamarlo justicia. Ren ladeó la cabeza. Pero su poder crecía con los días, al igual que el suyo. ¿Tendría alguna relación? Ella cambió de parecer al último instante.
- No quiero hablar contigo –gruñó, y él percibió que no era del todo cierto-. Déjame en paz.
- ¿Cómo va el entrenamiento, demasiado fácil? –dio un paso a ella- ¿No quieres saber por qué?
Ella se erizó y se alejó, fulminándolo con la mirada. Sintió su miedo, pero la ladrona no le temía a él, no realmente. Era a aquel vínculo mental, y lo que significaba para ella. Una invasión. Mientras más la forzase, más lo resistiría. Y así él nunca entendería el propósito de esa conexión. Apretó los labios.
- Como quieras -espetó, retrocediendo-. Ignora que esto ocurre. Tendré que hacer lo mismo...
La ladrona frunció el ceño, observándolo en confusión. Tras sostener su mirada por unos segundos, él giró a recoger su casco, consciente de que sus ojos oscuros seguían cada uno de sus movimientos. La conexión se desvaneció a los pocos segundos, dejando a Kylo de nuevo solo con sus sospechas.
Ya en la lanzadera de camino al caza rebelde, Ren contempló las estelas azules del hiperespacio, revisando con cautela sus pensamientos. Cualfuese la naturaleza de sus visiones, y de aquel vínculo en la Fuerza, el heredero de Vader lo averiguaría por su cuenta. Hasta entonces, sería leal a Snoke.
Los altos muros de piedra de la capital de Cuyacan, hechos para dejar depredadores afuera, ahora servían para mantener a civiles adentro. Estaban sitiados. El canto de las aves nocturnas disimulaba sus pasos en la jungla, pero mirando tras su hombro, Finn temía que hicieran lo mismo por las bestias.
Skywalker persuadió a los guardias de las puertas con la Fuerza, y los tres frenaron en seco al ver el interior. Como en Tuanul, el poblado ardió hasta los cimientos. Finn apretó los dientes, sintiendo la rabia crecer dentro de sí. Él había sido parte de la Primera Orden no mucho tiempo atrás, pero tomó la decisión de dejarlos. Myca y Sunrider también lo hicieron. ¿Cómo no se daban cuenta los demás?
Recordó la mirada atormentada de Myca al mencionar de pasada el reacondicionamiento mental, y su propio terror y el de Sunrider al desertar. No era una decisión fácil. Pero tampoco lo era sentarse a ver que niños eran arrancados de sus hogares y adoctrinados para eso. La Primera Orden debía ser detenida, el Supremacy debía ser desarticulado, y los troopers debían ser libres de elegir su destino.
- Casi me alivia que Nix esté en Ajan Kloss –susurró Rue, frunciendo el ceño-. Y no con nosotros.
Siguiendo su mirada, vio la silueta del Jedi recortada contra un edificio aún en llamas. Esperaban su señal. Vistiendo como civil en lugar de la túnica con la que llegó a la base, no parecía la gran cosa. Pero gracias a él pudieron entrar sin alboroto. Finn se preguntó si podría ser uno también, si decidía contarles su secreto. Aprender se veía demasiado demandante. Las ojeras de Rue habían oscurecido.
- Si Myca no ha revelado nuestro paradero hasta ahora, no creo que lo haga –reconoció Finn-. Estaba realmente convencido de su causa, se sentía justa. Era su actitud la que no me gustaba.
- ¿Y estás tú, convencido de esa causa? –inquirió, sin quitar la vista del Jedi-. ¿Lo crees posible?
- ¿Liberar stormtroopers de su adoctrinamiento? Suena demasiado bueno para ser cierto… –se estremeció, sintiendo una repentina oleada de inspiración- Y sin embargo, aquí estoy, ¿no…?
Ella giró a sonreírle. Luego el Jedi les hizo un gesto, y ambos se le acercaron entre los escombros. Las patrullas reunían a la gente en zonas designadas cerca de lo que él supuso era el centro del poblado. Aprovechando la escasa iluminación, se mezclaron con un grupo que giraba en una esquina.
- Ya nos ha revisado, está todo en orden –se adelantó el Jedi al soldado que cerraba la marcha.
- Ya los he revisado, está todo en orden –asintió éste.
Los obligaron a sentarse alrededor de una hoguera con un grupo de alrededor de veinte personas. Las familias se mantenían cerca entre sí, mas nadie decía nada. Sus miradas estaban perdidas en un lugar muy lejano. Los stormtroopers vigilaban a la distancia. Habían permitido usar las hogueras como fogones para cocinar las escasas provisiones que habían rescatado, pero el panorama era deprimente.
Miró de reojo a Rue. Ella a su vez, miraba al Jedi, que si bien mantenía una expresión seria, parecía profundamente afectado. Alcanzó a oír parte de un diálogo entre una humana y un rodiano de su lado.
- …creí que era una exageración, hasta oír que lo llamaban Kylo Ren. Luego, todo tuvo sentido…
- ¿Kylo Ren estuvo aquí? –repitió él, desconcertado.
Skywalker tosió a modo de advertencia, mientras el rodiano y la humana los evaluaban con recelo.
- Mi padre tiene una condición cardíaca –explicó Rue, de pronto una hija devota chequeando el pulso del Jedi-. Nos ocultamos en lo peor del alboroto para evitarle el malestar. Recién salimos.
- Pero no son de por aquí… -el rodiano fijó sus penetrantes ojos en Finn, luego en Rue y el Jedi.
- No… –Finn optó por decir la verdad en lo posible-. Solo veníamos de paso y nos topamos con esto. Quedamos varados. ¿Qué pasó tras el bombardeo, por qué la Primera Orden sigue aquí?
- Nuestros príncipes se negaron a reconocer su derrota y fueron asesinados en el bombardeo. Luego un chico pintó una pared –susurró la mujer-. Con el símbolo de... ya saben. Y la Primera Orden no dejó piedra sin levantar hasta averiguar quién fue. Incluso Kylo Ren salió de aquel Destructor Estelar a preguntar cosas sobre… ellos… y sobre los…
Gesticuló la palabra Jedi con una mezcla de temor y sorpresa. El rodiano bufó y agregó por lo bajo.
- Se llevan a un chico y lo queman todo por una idiotez. Luego preguntan por monjes espaciales con poderes mágicos. ¿Pueden creerlo? ¡Un mito! Y todo porque el pueblo de Cuyacan decidió ser un rival digno para la Primera Orden. ¿Cómo esperan que vivamos en estas condiciones?
- Yo creo que esos monjes espaciales sí existieron, pero fueron idealizados con el tiempo...
La voz del Jedi destilaba nostalgia. Tras dedicarles una sonrisa triste, se volvió a mirar la hoguera.
- Pues nunca lo sabremos –resolvió la mujer, ansiosa, viendo como los stormtroopers se movían.
Finn y Rue cruzaron sendas miradas mientras los soldados cambiaban de ronda. Cuando volvieron a quedar libres de ser oídos, el joven se acercó al maestro y la aprendiz. Había algo que no le calzaba.
- ¿Kylo Ren dejando sobrevivientes…? Eso es nuevo.
- Tal vez sea una trampa –Rue se removió inquieta.
- Hemos oído suficiente –terció el Jedi-. En cuanto nos muevan de este sitio, nos escabulliremos y volveremos con Chewie al Halcón. Finn, ¿alguna idea de cuánto más nos mantendrán aquí?
- ¿Qué hay de toda esta gente? Están más seguros en la jungla que aquí.
- Están más seguros ahora que si nos exponemos, Rue. Piensa en las consecuencias. ¿Finn…?
- Probablemente hasta entrada la madrugada –replicó él, amargado-. Esperarán a que se hayan quedado dormidos para usar la conmoción a su favor, pero no nos llevarán lejos hasta el día...
Finn se estremeció sintiendo el mismo frío que lo asaltó en los niveles bajos. El Jedi y Rue giraron al mismo tiempo al muro oeste, aún visible desde ahí, y el joven sospechó que algo andaba mal. Su amiga maldijo, confirmando contundentemente sus sospechas. Su pulso se disparó. Sonaba serio.
- Lenguaje –le recordó Skywalker, mirando tranquilo alrededor-. Necesitaremos una distracción.
- ¿Cuál es el peligro? –Finn repasó mentalmente las herramientas de su cinturón-. ¿Kylo Ren?
- Yo diría que sus caballeros –precisó el Jedi-. ¿Alguna idea, chicos?
- Tengo montones –Rue hizo un mohín-. Pero usted no aprobaría ninguna. ¿Finn...?
- ¿Qué hay de hacer un "Kylo Ren" a ese speeder? –el joven dirigió una mirada cómplice a Rue.
- Exactamente mi idea, pero estallarlo con el sable de luz sería como gritar que estamos aquí...
- ¿Un "Kylo Ren"? –Skywalker los miró exasperado.
- Lo siento, maestro. Parecía gracioso en el momento.
- Si pudiésemos atraer a alguna fiera, no podrían culpar a los locales después –Finn miró al Jedi, dudoso-. ¿Puede la Fuerza hacer eso?
- Es… menos que ideal. Pero tenemos prisa, no nos queda de otra.
El Maestro Jedi cerró los ojos y respiró profundamente. A su lado, Rue palpó el cuchillo en su bota y el sable de luz bajo su ropa. Finn chequeó el blaster en el forro de su chaqueta, y miró alrededor. Dos niños twi'lek dormían sobre una manta a unos metros de ahí, bajo la incansable mirada de quienes supuso eran sus padres. Deseó con todo su corazón que a la mañana siguiente éstos siguiesen juntos.
Un chillido descomunal perforó el aire nocturno, sobresaltándoles. Desde el muro, una gran bestia con tentáculos peludos y grandes ojos luminiscentes de pronto tuvo fuerza suficiente como para saltar. Stormtroopers y civiles se pusieron de pie al ver las corridas de colmillos en su gran boca. Chilló de nuevo. Cuando los soldados dispararon y notaron de que los rayos no le afectaban, se desató el caos.
Finn se aseguró de que los niños twi'lek hubiesen huído con sus padres antes de correr de vuelta. La puerta estaba desprotegida, los guardias habían ido en socorro de los demás. Una vez fuera de los muros, el Jedi se detuvo y volvió al estado en el cual llamó a la fiera. Ésta salió a los minutos por las puertas, no sin antes lanzarlos al suelo con un latigazo de sus tentáculos. El golpe les cortó el aliento.
- Merecía eso… -resolló el Jedi-. Pueden aprender de esto. Toda vida es valiosa, y a ninguna le gusta ser controlada. Como la violencia, tocar mentes siempre es el último recurso de un Jedi.
Incorporándose a oscuras, los tres guardaron silencio pegados a la muralla. Todo parecía tranquilo dentro del poblado. Emprendieron el regreso con cautela. Finn seguía con la escalofríante sensación de peligro inminente, y ansioso, se preguntó si el Maestro Skywalker y Rue también lo percibían aún.
No tuvo que preguntar. Por sobre sus cabezas, una sombra cubrió las estrellas que veía a través de los árboles. Duró unos instantes. Una nave… Un escalofrío recorrió la columna de Finn. Rue estaba en peligro. Escuchó una suave explosión a lo lejos. Instintivamente tiró de su amiga, atrayéndola a él. Ella maldijo en la penumbra. Una sombra giratoria cruzó frente a ellos, a enroscarse en un tronco.
- Nos encontraron –susurró el Jedi sin perder la compostura-. ¿Rue, está tu mente despejada?
- Lo suficiente. Finn, no te separes.
Finn sintió la sangre huír de su rostro al ver seis sombras más densas apareciendo entre las de los árboles. Rodeándoles. El joven notó en el silencio de la jungla que las aves nocturnas se habían ido bastante tiempo atrás. Resolvió que pese al miedo que lo invadía, él pelearía. Discretamente sacó su blaster del forro de la chaqueta de Poe, y vio de reojo que Rue hacía lo mismo con el sable de luz.
- Mucho tiempo sin verte, Skywalker –saludó una voz distorsionada-. Kylo Ren estará contento.
