Capítulo 12: Los Caminos de la Fuerza

Una tibia lluvia caía sobre Ajan Kloss cuando bajaron del Halcón. Siguiendo de cerca a su maestro por la ajetreada base, Rue notó que las aves e insectos ya no cantaban en los árboles. Se acercaba una tormenta, y su ansiedad persistía. Respiró profundo para serenarse. Discutir eso, ahí frente a todos, podría alarmar innecesariamente a los rebeldes que ahora los veían como una especie de guía.

- Creo que es tiempo de llevar tu entrenamiento a terreno a partir de ahora –comentó Skywalker, una fina arruga dibujándose en su entrecejo. Tal vez él también lo sentía-. Me gustaría que invites a Finn de nuevo y averigues si le interesaría aprender los caminos de la Fuerza. Con delicadeza, por favor. No quiero que lo traigas en contra de su voluntad.

- Nada de secuestros… -asintió distraídamente, sintiendo la presencia de Maz cerca.

Su corazón dio un vuelco al ver su holgado impermeable tras una antena de radio, a metros de ahí. Miraba a todas partes, y Rue supo de inmediato que la buscaba a ella. Contuvo el impulso de gritarle y correr a su encuentro. Desapego, se dijo con una tristeza que se esforzó en dejar ir, para ir a reunirse con Leia en el centro de comando. Ése era el camino del Jedi. Su maestro miró en esa dirección.

- …y tal vez podríamos coordinarnos con la Flota Libre, ¿no te parece? Juntos podríamos ayudar a organizar a los refugiados de los asedios de la Primera Orden. Más públicamente, esta vez.

Su tono era cómplice, pero ella se esforzó en mantener su ilusión a raya. Extrañarla no era bueno.

- No creo estar lista para eso –él la miró intrigado-. Los Jedi prohibían el apego ¿no es así?

- Oh, creo que es posible amar sin apego –replicó el Jedi con dulzura-. Solo requiere algo más de esfuerzo, pero podemos hablar de ello luego. Ve con ella. Yo iré a ponerme al día con Leia.

La joven sonrió agradecida, y estaba girando hacia Maz cuando casi se estrella de frente con ella.

- ¡Baja aquí, niña! –demandó la anciana con una sonrisa de oreja a oreja.

Rue se agachó a abrazarla, hundiendo el rostro en su húmedo impermeable. El aroma de su madre era familiar y reconfortante. Las manos de Maz sujetaron su rostro por ambos lados cuando se apartó para mirarla bajo sus lentes salpicados de lluvia.

- Estás distinta… –entornó los ojos- ¡Skywalker! ¡Quieto ahí! ¿Qué le estás enseñando a mi hija?

Detrás de ella, el Jedi retomaba el camino al centro de comando. Se detuvo ante el autoritario tono de la reina pirata, y por un momento, Rue temió que Maz no estuviera contenta con su aprendizaje.

- No seas boba –la regañó cariñosamente, leyendo la inquietud en sus ojos-. Soy tu madre y te amo sin importar qué. Pero espero que sepas lo que estás haciendo

Dijo esto último girándose a Skywalker, sus suaves manos aún estrujando las mejillas de Rue.

- Está siguiendo los pasos de los primeros Jedi –intervino su maestro, inclinando la cabeza hacia Maz en señal de respeto mientras se acercaba-. Aprendiendo balance. Y lo está haciendo bien.

- Mira -liberándose, Rue le mostró sus kyber-. Me ha enseñado a limpiarlos de energía oscura.

Maz observó los cristales violeta con una mezcla de orgullo y certeza. Skywalker se excusó para ir con Leia, y cuando éste se alejó lo suficiente, la anciana tomó las manos de su hija entre las suyas.

- Es un color bastante especial para un Jedi, ¿sabes? Siempre supe que lograrías grandes cosas -mirándola fijo, vaciló y agregó con dulzura-. Pero no tienes que ser lo que yo espero que seas, encontrar tu senda es parte de madurar. Solo revisa tu corazón, constantemente...

- Por supuesto, mamá -Rue apretó suavemente sus manos.

- Y hablando de corazón… -su madre le dedicó una sonrisa traviesa-. ¿Has visto ya a Ransolm?

- ¡Maz! –bisbiseó mirando alrededor para comprobar que nadie más la hubiese oído.

La anciana soltó una carcajada mientras Rue se guardaba los kyber, ruborizada. Tenía trece años, jamás había visto a un hombre tan educado escapando de una prisión. Maz aún la fastidiaba con aquel estúpido enamoramiento. Había pasado tanto desde entonces que parecía la vida de otra muchacha.

Ahora no podía dormir sin un cuchillo bajo su almohada, gracias a la Primera Orden.

Su madre pareció seguir la misma línea de pensamiento, pero antes de que ninguna pudiese decir algo, Emmie se les acercó, cubierta por un impermeable que poco protegía su pulido revestimiento.

- Tía se saltó el protocolo de seguridad trayendo otra nave. Un contrabandista viene con noticias de Kafrene. Han capturado a Nix y Finn...

Sin darle tiempo a terminar, Rue echó a correr al centro de comando con el corazón en un puño.


Nix aún llevaba esposas cuando despertó sobresaltada en una celda gris y aséptica. Le tomó unos segundos recordar cómo llegó ahí, y al hacerlo, el miedo disipó cualquier efecto secundario del rayo que la aturdió. Con su cuerpo protestando a cada movimiento, se levantó de la banqueta en donde la dejaron y fue a arrodillarse junto a la compuerta para examinarla. Obviamente, no había forma de salir.

- ¿¡Finn!? –se aventuró a gritar por un resquicio. Tras una pausa, agregó-. ¿¡Hay alguien…!?

Escuchó un suave golpe a través del metal, como viniendo de otra compuerta ubicada enfrente.

- ¡Nix! –su voz se oía distante, pero clara-. Estoy aquí. ¿Cómo estás? ¿Te han herido?

- Estoy esposada, pero ilesa. ¿Qué hay de ti?

- Igual… –su sombrío tono la preparó para lo peor-. Pero creo que estamos en el Supremacy.

La sangre huyó su rostro al caer en cuenta de lo que esto implicaba. Nadie los encontraría ahí. Se maldijo por memorizar las coordenadas exactas de la base de Ajan Kloss. Tenía una pésima tolerancia al dolor. ¿Cuánto podría resistir antes de exponer a la Resistencia bajo tortura?

- Encontraremos una forma de salir -replicó con la boca seca-. Tenemos que hacerlo...

Se oyeron pasos apurados desde el corredor. Aguzando el oído, Nix contó tres soldados. Escuchó el sonido de la compuerta de Finn al abrirse y el pánico la hizo pegarse aún más a la suya para oír.

- Phasma… –la voz del joven estaba tensa bajo su tono desafiante-. ¿Acaso Ren está ocupado?

Ella contuvo el aliento al reconocer el nombre. La capitana era perversa, casi tanto como Kylo Ren.

- Me encargué de las holocámaras –su dura voz estaba modulada por un casco-. Él no vendrá hasta un par de horas más. Lo suficiente como para ponernos al día, al fin.

Fue como si el aire se hubiese enfriado de pronto, Nix supo que se trataba de algo personal. Quiso gritar al entender lo que estaba por pasar, pero su cuerpo entero se había paralizado del terror.

- No te tengo miedo –respondió su amigo, tras un cargado silencio.

Escuchó como Phasma entraba a la celda de Finn, dejando a los otros dos stormtroopers atrás.

- Lo tendrás… -le gruñó, antes de cerrar la compuerta tras ella.


El primer shock es el más doloroso, o al menos de eso intentó convencerse mientras lo recorrían los crudos espasmos. Cuando éstos acabaron, Finn cayó resollando al suelo, sus músculos aún tiesos.

- Haré que esto sea lento, traidor –prometió Phasma.

Finn apretó los dientes, mirando en desafío a su cromada máscara. Él no revelaría nada.

- Escoria rebelde, ¿tienes idea de cuántos activos perdí en la base Starkiller? –era retórico.

Otra descarga de su bastón eléctrico, y cada fibra de su ser estaba en llamas. El joven hizo lo mejor que pudo para no gritar. No le daría la satisfacción. Luego de eternos segundos, ella apartó el bastón.

- Te preguntaré de nuevo, ¿dónde está su base?

Recuperando el aliento, aún atado de manos, Finn guardó obstinado silencio. Ella le dio otro shock.

- ¿Quién les filtró las rutas de suministro de la Primera Orden?

Más silencio. Más corriente. Cuando paró, el joven comenzaba a oír un débil silbido en sus oídos.

- ¿Cómo resististe el condicionamiento?

Aquella pregunta disparó una alarma en su mente, pero el dolor lacerante en su espalda lo regresó al aquí y al ahora. Finn dejó escapar un gruñido, obligándose a pensar en algo más importante que él.

Debía mantener a la Resistencia a salvo. Sí, él era un rebelde ahora. La imagen de Poe atado a la plancha de tortura del Finalizador acudió a su mente. Su amigo se había resistido y él también lo haría. Protegería a la familia que había elegido, como sabía que ellos harían en su lugar. La corriente paró.

- No te diré… nada… -jadeó, ganándose otro correntazo.

Era irónico que estuviese usando entrenamiento de la Primera Orden para resistir el interrogatorio. Sus extremidades temblaban fuera de control, y todo lo que podía hacer era esperar. Sintió el oscuro deseo de tomar el bastón y romperlo en su cara, pero estaba determinado a ser una mejor persona que los monstruos que lo educaron. Finalmente, la corriente se detuvo. No así el rencor de Phasma.

- ¿Dónde están tus preciosos rebeldes ahora? ¿Debería preguntar a la sucia twi'lek en tu lugar?

Apretó la mandíbula sintiendo el sabor a sangre en la boca. Phasma le enterró el bastón entre las costillas, y él dejó escapar un grito, consciente de que Nix lo oía todo en la celda de enfrente. Se obligó a callar, y pensar en todo lo que había visto junto a ella en su breve tiempo fuera de la Primera Orden. La injusticia a las que personas inocentes eran sometidas. Él aún quería hacer algo bueno por ellas.

El bastón fue retirado de su cuerpo, pero sus temblores y el ardor no cesaban. Finn sentía cada uno de sus músculos agarrotado y dolorido, pero su mente conservaba una sorprendente lucidez. Ya fuera para liberar a los esclavos del bajo Coruscant, ayudar a los refugiados de Cuyacán o darle una opción a los stormtroopers robados de su infancia, él estaba ahí por una razón.

- Eres un error –gruñó Phasma-. Un fracaso de soldado. Una vergüenza para la Primera Orden.

Con la respiración agitada, se le ocurrió que tal vez la Fuerza lo trajo a ver a Phasma para entender que esa razón iba más allá de ser un soldado, rebelde o no. Algo lo motivaba a hacer más, a dar más de lo que ya hacía, y sintiendo una oleada de calidez, se dio cuenta de que quería seguir ese llamado.

Y que hacerlo valdría cada descarga de aquel estúpido bastón.

- Yo no siento vergüenza -soltó con voz ronca, intentando levantarse-. Y tú no podrás romperme.

Oyó la cruel risa de Phasma desde lo alto, y un pie fue a impactar su abdomen, derribándolo otra vez. Encogido en el suelo, boqueando por aire, aceptó que el dolor sería temporal. Ella en cambio, no tenía nada más con lo que atormentarlo. Lejos de sentirse indefenso, ahora sintió una bienvenida paz.

La voz metálica de Phasma casi fue un ronrroneo cuando acercó el bastón a palmos de su rostro.

- ¿Es eso un desafío?

- No lo entenderás, pero la Fuerza está conmigo –y ahora lo veía con claridad, mientras sacaba energías para volver a levantarse-. Es por eso que vi a través de las mentiras de la Primera Orden en Tuanul. Y con el tiempo, cada vez más personas lo harán. Incluso los stormtroopers...

Finn sintió como una bofetada en la Fuerza el cambio de humor debajo de la máscara de Phasma.

- …o ya lo están haciendo –aventuró con un hilo de voz-. Y estás desesperada por encubrirlo.

Phasma se estremeció como si se hubiese dado con su bastón. Finn la vio tomar impulso con éste, demasiado débil como para esquivarlo. Un fuerte golpe en la nuca lo hizo desplomarse contra el frío suelo, y antes de perder la consciencia por segunda vez ese día, creyó oír la suave voz de un hombre.

Estos son tus primeros pasos, Finn...


Acurrucada junto a la compuerta, sin ideas para escapar, sin poder intervenir, sin la Fuerza que le indicase el camino, Nix siguió temblando incluso luego de que los gritos finalmente acabaran y Phasma saliera de la celda de Finn. Contuvo el aliento esperando su turno… pero pasaron de largo su puerta.

Alivio y vergüenza la inundaron a la vez. Nada pudo hacer para evitar que lastimaran a Finn, salvo horrorizarse ante la crueldad de la Primera Orden. Debió verlo venir. Su familia no se calcinó sola.

Ahogó un sollozo, harta de llorar. Realmente creyó que unirse a la Resistencia le ayudaría a superar la pérdida de su familia, a darle sentido a sus días. No esperaba más dolor en su lugar. Nunca esperó encontrarse fría, impotente y aterrada tras sus victorias en Coruscant y en la Starkiller. Había sido tan inocente, creyendo que la Fuerza los protegería siempre, cuando ni siquiera había protegido Tuanul.

Se limpió las lágrimas con la manga del mono de vuelo, resignada a tolerar interrogatorios y torturas, aguantar todo lo que su cuerpo pudiese para mantener a la Resistencia a salvo en Ajan Kloss.

Y sintió una extraña protuberancia en la tela del puño, demasiado irregular para ser un botón.

Su corazón comenzó a martillar dentro de su pecho. Mirando con detalle, había una costura abierta. Introdujo los dedos en ella para encontrar un rastreador. Nix sostuvo el diminuto aparato frente a sus incrédulos ojos, y recordó las palabras de Jacen antes de huír. Conseguiré ayuda. Molesta como estaba con él en ése momento, apenas lo había procesado.

Tal vez, y solo tal vez, la Fuerza aún los protegía después de todo.

Quizá había un propósito tras lo que Nix había sufrido las últimas semanas, uno que ella aún no entendía. La madre Aylyn le había enseñado que incluso en las derrotas había aprendizaje, pero ella no entendería la lección que debía aprender si cedía y desesperaba ante el dolor de sus pérdidas.

Se escondió el rastreador de vuelta y miró alrededor, casi como por instinto. Había una holocámara, pero si lo que oyó de Phasma era cierto y no servían, aquella era su oportunidad de actuar. Revisando los múltiples bolsillos del traje no encontró mucho. Una pelota de alambre, un paño y otro rastreador.

Alzando una ceja, se le ocurrió empezar a tantear el resto de su ropa. Grande fue su sorpresa al contar ocho rastreadores pequeños, de distintos modelos y frecuencias, alineados sobre su regazo.

- Jacen Syndulla… -masculló entre dientes, con una mezcla de alivio e irritación.

Era bastante seguro asumir que alguien lo suficientemente interesado en rastrearla ya conocía su ubicación. Alguien que tenía contacto en la Flota Libre, que a su vez tenía contacto con la Resistencia. Aquella idea le dio la suficiente esperanza como para recuperar algo de entereza.

No hay emoción, hay paz… Respirando hondo para enfocarse, Nix volvió a mirar alrededor. Si iban a salir de ahí, lo primero era lo primero. Debía quitarse esas esposas, y gracias al contrabandista, ya sabía que existía al menos una forma de hacerlo.


Le tomó toda su voluntad y conexión con la luz, el no abalanzarse contra Jacen Syndulla por dejar a sus amigos con los Caballeros de Ren. Tenían la posible ubicación del Supremacy gracias a él, solo por esto Rue guardó silencio mientras se convocaba a una reunión de emergencia. Las coordenadas de los rastreadores ocultos en la ropa de Nix y Finn se mantenían fijas en el Espacio Salvaje, pero nadie sabía cuánto tardaría la Primera Orden en descubrir el ardid.

En el fondo de la cueva del centro de comando, ensayaba su respiración jugueteando con los kyber en su bolsillo, como recordatorio de lo aprendido en Jedha. Transformar oscuridad en luz. Era posible. Convertir un enemigo en aliado, también. Finn. Sunrider. Mara. Vader. Pero ahora dudaba en tener la fuerza o el estómago como para ofrecerle ayuda a… él. No luego de aquello. Rue no era tan generosa.

¿Fue su plan todo ese tiempo? ¿Mostrarse como un animal herido para quitarle a sus amigos en cuanto bajase la guardia? Ella había perdido su inocencia años atrás, pero ser engañada por Kylo Ren era un nuevo tipo de desgracia. Una que, con todo lo que había vivido hasta entonces, debió prever. Aquella era la trampa de la esperanza. Te hacía perder la cautela. Y te hacía olvidar el presente.

Maestro y aprendiz oían apartados del foco de la reunión. Su objetivo era aconsejar, no intervenir.

- …debemos idear un plan, no solo es nuestra oportunidad de robar los planos del Supremacy, hay dos de nosotros allá, posiblemente resistiendo un interrogatorio mientras hablamos –decía Poe, con las manos en la cadera en el centro de un improvisado círculo-. Cada segundo cuenta, y necesitamos una forma de entrar.

- Una forma discreta de entrar –Leia a su lado le dedicó una mirada significativa-. Y de salir. No podemos darnos el lujo de volver a caer en una trampa… pese a que Jacen sea de fiar.

Dijo esto último mirando al contrabandista, cruzado de brazos junto a su madre Hera, la general de la Rebelión. A través de la Fuerza no percibía engaños viniendo de ellos, pero Jacen no había dejado de mirarles, a ella y a Skywalker desde que llegaron. Rue inspiró paz, y exhaló su frustración.

- Podemos usar al Espíritu –ofreció Jacen, reluctante pero honesto-. Soy en parte responsable de esto. La Primera Orden me abordó a mí primero…

- Sería inútil –Sunrider negó, pesimista como siempre que le pedían consejo-. Los protocolos de seguridad del Supremacy son de excelencia. Los detectarán antes de llegar a cualquier hangar. Y sí, estoy al tanto de las proezas de la ex general Syndulla

- ¿Entonces qué propones? –Poe se pasó una mano por el cabello, como cuando empezaba a perder la paciencia- No podemos dejarlos ahí, ellos conocen la ubicación de la base…

Razón por la que se había disparado una alarma preventiva en el campamento, pero lo cierto era que Poe rabiaba por subir a una nave y rescatar a Finn.

- Yo puedo escabullirnos… –terció Maz, como si fuese la tarea más fácil del mundo.

Rue vio como su pequeña madre se abría paso entre grupo hasta llegar junto a Poe. Antes de ir a ladrarle que ni muerta la dejaría meterse al Supremacy, su maestro se inclinó discretamente a su lado.

- El esfuerzo de amar sin apego radica en aceptar y honrar las decisiones que tus seres queridos toman por su cuenta. Ellos no te pertenecen, son dueños de su destino, como tú lo eres del tuyo. Intervenir sin invitación es quitarles su libertad. Esta, es otra prueba.

Ella estaba cansada de las pruebas. Debió ir con sus amigos, para mantenerlos a salvo en Kafrene.

- ¿Incluso cuando son pésimas decisiones? –gruñó por lo bajo-. No me gusta esta prueba.

- Mira lo lejos que has llegado –sus ojos azules la traspasaron con compasión-. Sé que tu cariño por Maz y tus amigos es fuerte. No dejes que un sentimiento tan bello se transforme en miedo a perderles. Es lo que Snoke y Kylo Ren esperan que hagas. Que te precipites a su encuentro.

Sintio una puntada de remordimiento. Él tenía razón. Pero el precio de no ir era demasiado alto...

- ¿De cuántas naves podemos disponer? –maestro y aprendiz vieron que Poe se giraba a Leia.

- Una misión así requiere precisión, no números –Holdo interrumpió desde detrás de la general-. Y nuestra prioridad ha de ser mantener esta base evacuable. Ahora, más que nunca.

Los asistentes se removieron inquietos ante la perspectiva de una nueva invasión. Para la cantidad de personas que eran, incluso con los que estaban repartidos en misiones en otros sistemas, ninguna precaución era suficiente. La Primera Orden iría por ellos con todo su arsenal. D'Qar era la prueba.

- Solo tenemos una lanzadera enemiga… -terció Tía desde un rincón-. Una sola oportunidad.

- Es todo lo que necesitamos –concluyó Maz, sin alterarse-. Oh. Y tal vez algo de pintura negra.

Viendo como se ponían de acuerdo con los detalles, Rue sintió un acceso de su vieja impaciencia.

- Incluso para Maz y Poe, es demasiado complicado. Yo puedo conseguir los planos…

- Entiendo que es difícil, créeme, he estado en tu lugar. Por eso quiero que aprendas de mi error.

El Jedi se quitó el guante derecho, enseñando su mano prostética con ojos apenados. Ella conocía la historia. Sin terminar su entrenamiento, se precipitó al encuentro de Vader para salvar a sus amigos, y casi lo perdió todo. Su propio padre le cortó la mano en un duelo. Rue sabía que él no iba a retenerla si decidía ir de todas formas, pero no olvidaba la promesa que le había hecho al sacarlo de Ahch-To.

Aprendería de los errores de los Jedi, de los de Kylo Ren, y de los de Skywalker. Suspiró resignada.

- Sí, maestro –y sus palabras dolieron al ser pronunciadas.

- Con la Fuerza de nuestro lado, saldremos del Supremacy con una copia de sus planos -resolvía Poe, con envidiable confianza-. Y con nuestros amigos a salvo. Estén atentos a las alarmas...

Rue se forzó a respirar profundo y dejar ir su preocupación. Pero algo aún la mantenía intranquila.

- Tengo un mal presentimiento sobre todo esto… –soltó, incapaz de contenerlo más.

- Lo sé... –la fina línea en su entrecejo apareció nuevamente-. Yo también. La Fuerza está inquieta. Vamos a meditar. Ayudará a despejar nuestras mentes.


Snoke estaba demasiado ocupado para recibirlo en su salón del trono mientras sus prisioneros recuperaban la consciencia. A menos que tuviera a Skywalker. ¿Un gesto de desdén, o una precaución sospechosa? Se dirigió a su recámara dando impacientes zancadas, abrumado por las posibilidades.

- Háblame… -su voz distorsionada por el casco resonó en la sombría habitación.

Pese a que el frío del lado oscuro acariciaba su ser por simplemente estar frente a ésta, la derretida máscara de Darth Vader permanecía en silencio, juzgándolo desde su lugar de honor por las dudas y sentimientos que Kylo aún era incapaz de dominar. Su tiempo se agotaba y necesitaba una resolución.

Debía continuar su plan. Debía dejar el pasado morir. Debía ser lo suficientemente fuerte esta vez.

Snoke le había enseñado por años, sin embargo ahora sus encuentros se hacían cada vez más tensos y menos frecuentes. Siempre supo que la generosidad de su maestro tendría un límite, era la naturaleza del lado oscuro. El aprendiz derrota al maestro, solo para ser derrotado por su propio aprendiz. Su pulso se aceleró ante la incertidumbre. ¿Estaría listo si llegaba su oportunidad?

¿O desde el inicio, su entrenamiento se había basado en la conveniencia de su linaje, más que en su talento? ¿Y si Snoke era quien orquestaba las voces, las visiones y pesadillas, tal y como la ladrona sugirió? Necesitaba comprobarlo. Tenía que comprobarlo. Su momento de tomar acción se acercaba.

- Háblame… –insistió entre dientes-. ¿O acaso tú también eres una mentira…?

Tocó la máscara, cerrando los ojos para evocar sus emociones más intensas. Sus padres nunca lo amaron, su antiguo maestro nunca creyó en él. Abandonado y traicionado por todos en su vida

…y aún así, Han Solo fue a por él en la base Starkiller…

Demasiado tarde. Se forzó a ver su rostro iluminado por el rojo de su sable de luz, acariciando su mejilla antes de caer al vacío. Muerto. La herida en su pecho ardió. No había retorno para él. Dejó que la ira lo inundara, le diera el poder que necesitaba. En su arrebato, tomó la máscara con ambas manos.

Nada ocurrió. Ni visiones, ni voces, nada salvo frío y aterrador silencio embotando su mente.

Respirando agitado, dejó con brusquedad la máscara de su abuelo en su pedestal, y se encaminó a las celdas con una única resolución. Ella tenía razón en algo, las cosas serían distintas. Conseguiría no solo su lealtad. Y toda la galaxia vería que él era más que un segundo Vader.


Tía se desprendió sin rechistar de la nave que robó a la Primera Orden en el atraco de suministros. Realmente la odiaba. Con el sencillo truco de instalarle un nuevo número de serie y cambiar el historial de navegación, Maz, Poe y BB8 estaban listos para partir. Se pasaron la mayor parte del viaje pintando al droide de negro para imitar el diseño de sus rivales, no sin protestas. Del astromecánico, y del piloto.

- Lo lamento tanto, amigo… -susurraba Dameron, acariciando al droide en la bodega manchada de huellas de pintura-. Encontraré una forma de compensarte por esto…

BB8 demandó el mismo tipo de aceite que Emmie había conseguido. Y una nueva mano de pintura.

- Lo último no será necesario –Maz les mostró la lata-. ¿Ven? Es lavable. Solo procura quedarte lejos del agua. ¿Qué hay de tu disfraz, Poe?

- Creo que me hace ver bajo -se movía con cierta turbación en una armadura de stormtrooper.

- Oh, pues yo creo que eres bastante alto... –replicó ella con una mirada cómplice.

Poe sonrió irónico antes de ponerse el casco. Maz podía ver inquietud y determinación en sus ojos.

- Gracias, estoy totalmente de acuerdo. Esperemos que la Primera Orden piense lo mismo…

Siguiendo las coordenadas de los rastreadores, salieron del hipervuelo en medio de la nada según la ruta de navegación. En cuanto el túnel de luz dio paso a las estrellas, Maz alzó una ceja y Poe dejó escapar un silbido distorsionado en el modulador de voz.

Sunrider les había descrito vagamente lo que encontrarían, con el lenguaje de alguien que no suele levantar la vista de sus asuntos para mirar lo que pasa alrededor. Pero una cosa era imaginarlo, y otra cosa era verlo: la nave más grande que Maz había contemplado en sus mil años de vida.

Y ella atravesaría sus defensas, justo como cualquier otro día.

Ya en el hangar señalado por la torre de control, la reina pirata y el piloto contuvieron la respiración mientras enviaban de mala gana a un escuadrón a revisar el manifesto de la nave. Una lanzadera de suministro averiada llegando sin aviso era, después de todo, poco frecuente en la Primera Orden. Al ver que era solo uno de los stormtroopers el que subía, Maz supo que la Fuerza estaba de su lado.

Tras dejar al soldado inconsciente en un compartimento de la bodega con cascos interacambiados, Poe bajó de la nave a disuadir al escuadrón mientras Maz esperaba su oportunidad junto a la rampa.

- Todo en orden –declaró Poe, imitando la voz del soldado-. Los mecánicos vienen en camino.

A veces menos es más, pensó la anciana con un encogimiento de hombros, mientras los troopers regresaban por donde vinieron. Llamó a BB8 para que saliera a reconocer el hangar. El astromecánico se aventuró fuera de la nave completamente desapercibido, y regresó al rato trayendo a Poe consigo.

- Buenas y malas noticias –llevaba un contenedor deslizable junto a él-. La mala es que el hangar está repleto de personas que podrán verte si sales. La buena, es que encontramos la solución.

Maz suspiró, viendo como Poe abría la tapa del contenedor. Resignada, se metió adentro y dejó que la llevaran. A través de una fina rendija en la parte superior, observó como Dameron los conducía por eternos pasillos como si realmente supiera lo que hacía.

Solo se detuvieron cuando BB8 encontró una estación de acceso en medio de un corredor desierto. Maz consultó el rastreador mientras el droide se conectaba al puerto para probar suerte con un mapa.

- Según esto, deben estar en los niveles inferiores. Varios metros por debajo de donde estamos. No me agrada la idea de ir dando tumbos. Llegaremos más rápido con los planos.

El astromecánico trinó con nerviosismo que había encontrado el mapa, pero era demasiado grande como para almacenarlo en su memoria. A oscuras, Maz se sacó una tarjeta de memoria auxiliar de entre su ropa, la limpió en la tela de su pantalón y la sacó por la ranura del contenedor.

- ¿Servirá esto?

- ¿Cómo la conseguiste? –la voz de Poe se agudizó de asombro al tomar la tarjeta ofrecida-. Es un dispositivo bastante moderno...

- Por supuesto que es moderno. Se lo robé a la Primera Orden –replicó, levemente ofendida por su incredulidad-. ¿Tienes idea de con quién estás hablando? ¡Esto es parte de mi trabajo!

- Me estoy haciendo a la idea -se rió el piloto-. Eres la mejor en lo que haces.

BB8 piteó que tardaría unos minutos en copiar el mapa en la tarjeta. Entonces fue cuando Maz lo sintió. Agitando la Fuerza como una tormenta, una presencia oscura, pero no del todo. La anciana se tensó dentro del contenedor. Si se acercaba lo suficiente el aprendiz oscuro no tardaría en reconocerla.

- Debemos movernos –les advirtió.

- ¿Qué ocurre?

- Kylo Ren está cerca.

- ¿Qué tan cerca? ¿Cómo lo sabes?

- Puedo sentirlo en la Fuerza, pero no es como un radar…

- Espera, ¿eres sensible a la Fuer…? No es el momento –se interrumpió-. BB8, ¿cuánto te falta?

El droide informó que segundos y la anciana lo escuchó bipear para sí mismo en orden de calmarse.

- ¿Tenemos segundos, Maz?

Solo sus mil años de vida le daban la sabiduría para esperar y escuchar. Su hija le ponía mala cara al oírla decir esto, pero la anciana se enorgullecía de tomar riesgos calculados con ayuda de la Fuerza.

- Eso espero.

Frunció el ceño dentro de su escondite. Había algo familiar en él… con un escalofrío se preguntó si acaso encontrárselo sería la voluntad de la Fuerza. Pero Maz tenía su propia opinión al respecto...

- Hora de irnos, chicos –insistió-. Nix y Finn están abajo. Lo mejor será priorizar su rescate.

BB8 trinó que los planos estaban guardados en la memoria, y la anciana sintió la brusca sacudida cuando Poe echó a andar con el contenedor, murmurando instrucciones al droide con voz tensa.

- BB8, vuelve a la lanzadera con la tarjeta y asegura el escape. Mantén el comunicador activado. Si no volvemos en una hora, vete y asegúrate de que la Resistencia reciba los planos.

Sintió frío, pero no alcanzó a avisarles. El astromecánico aún protestaba cuando otra sacudida más brusca detuvo al piloto. Con un vuelco al corazón, Maz escuchó a Poe haciendo un sonido ahogado.

- ¿Qué llevas ahí, droide? –tras una pausa, BB8 emitió un chillido-. ¿Una tarjeta de datos…?

Ella nunca había escuchado su voz, pero supo de quién se trataba incluso antes de que la tapa del contenedor saliese disparada al techo por medio de la Fuerza. Incluso parcialmente encandilada por la luz, reconoció la silueta oscura y enmascarada frente a ellos. Kylo Ren.

La parálisis que ejercía sobre el cuerpo de Poe se detuvo al bajar la mano que extendía hacia él. Éste cayó de bruces al suelo, esforzándose por recuperar el aliento, y BB8 se le acercó gimoteando.

- Tú eres la madre… -reparó el aprendiz oscuro, enderezándose mientras se guardaba la tarjeta en un bolsillo interior de su traje-. Qué oportuno. Tengo algunas preguntas que hacerte.