Capítulo 14: La tormenta
Kylo Ren estaba cerca. Rue sentía su oscura presencia en la Fuerza erizándole la piel. Pero pensar en él la distraía del presente, y aún tenía gente a la que proteger. Se centró en apoyar la evacuación.
La cuarta ronda de lanzaderas se elevaba salpicando lluvia y barro a los rebeldes, cuando la noticia llegó a ése extremo de la base: tres naves de guerra de la Primera Orden se desplegaban en órbita. La tensión se disparó en el ambiente mientras quienes aún quedaban abajo comenzaban a agitarse.
- ¡Desconecten toda fuente de poder que quede en tierra! –voceaba Connix por sobre el ruido de los motores y la incipiente tormenta- ¡No dispararán a lo que no captan sus sensores!
De momento, tenían las nubes a su favor. Ellos necesitaban estar más cerca para detectarlos. Rue calculó que en doce naves, aún debían hacer dos rondas más. O una, lo suficientemente apretados. Mirando al cielo, presa de un repentino instinto, supo que esperar a los transportes ahí acabaría mal. Era tercera vez que volvían al mismo punto. Solo bastaba una sonda enemiga para delatar su posición.
Su comunicador repiqueteó en aquel preciso momento, haciéndola dar un respingo. Respiró hondo.
- Siento que estarás en peligro –la voz de su maestro sonaba contenida-. Por favor ten cuidado.
- También lo siento –recurrió a la calma de la luz-. Estoy en ello. Me llevo a los rebeldes de aquí.
Cortó la señal mirando alrededor. Con el Jedi aún en el centro de comando, ella debía actuar sola.
- ¡Oigan! –gritó, y solo unos pocos se giraron. Rodando los ojos, activó el sable de luz, agitándolo sobre su cabeza para llamar la atención del grupo- ¡Escuchen! ¡Esperaremos la siguiente ronda de transportes apartados de la base! ¡Estaremos más seguros en la jungla! ¡Vengan conmigo!
- ¿Sentiste algo? –preguntó Connix, acercándose con expresión inquieta- ¿En la Fuerza?
- Sí, peligro. Las naves no pueden volver a este punto. Debemos movernos de aquí, ahora.
Kaydel tardó dos segundos en sopesar esta información. Señaló con el brazo en dirección sureste.
- A kilómetro y medio de aquí hay una ladera abierta donde los transportes pueden aterrizar. Iré a dar aviso a las naves por una señal segura –se arrebujó en su impermeable mientras volteaba a los rebeldes-. ¡Todo el que no sea absolutamente necesario en esta zona, debe ir con Rue!
Ésta no perdió tiempo hablando. Los rebeldes siguieron el brillo del sable de luz, tal era el poder y la responsabilidad de un Jedi. En los preciosos minutos que siguieron, les escoltó a través de la jungla que se sacudía por los vientos, siguiendo las indicaciones de la teniente a un terreno libre de escaneos.
El Jedi y la general discutían algo serio cuando Jon pasó junto a ellos al salir del centro de comando.
- ¿Es posible? Estaba muerto… -alcanzó a oír a Organa, antes de empezar a correr por refugio.
Algo andaba mal, muy mal. No solo por la inminente invasión de la Pimera Orden, Jon sentía algo desagradablemente similar al impulso que lo hizo dejar la base Starkiller. Algo se agitaba en su interior, sin dar tregua, y el exoficial, en un ataque de ansiedad, fue a esconderse a una bodega de provisiones.
No pasó mucho para que la joven Kaya fuera tras él. Desde que habían salido del bajo Coruscant, la twi'lek lo seguía a todas partes, haciendo millones de preguntas acerca de su trabajo de ingeniero.
- ¿Está aquí Sunrider? –preguntó a unos técnicos que desconectaban las máquinas restantes.
Oculto entre dos contenedores al fondo de la cueva, no se atrevió a hablar. Tenía la boca seca, y fuertes palpitaciones le impedían pensar con claridad. Estaban acabados, todos ellos morirían pronto.
- ¡Kaya! –gritó Quinn, agitada como si hubiese corrido para alcanzarla- ¡Perderemos los últimos transportes! ¡Ven con nosotras! Sunrider puede cuidarse solo…
- Apenas puede ubicarse en la base –resopló la twi'lek-. Dénle un respiro. Les ha ayudado, ¿no?
Sunrider no podía cuidarse solo, obviamente. Él era solo un ingeniero desertor sin causa ni rumbo. Sólo se había quedado en Ajan Kloss con la promesa de protección. Ahora, ni eso tenía asegurado.
- ¡Voy a matar al tipo! –exclamó Freya, y Jon se encogió aún más-. ¿¡Dónde se metió ahora!?
- Lo vi entrar aquí… -Kaya se acercaba por el contenedor de su derecha-. Y no hay más salidas.
Váyanse todas, suplicó para sus adentros. Y es que lo único más terrible que quedarse ahí a recibir a la Primera Orden, era la idea de volar y encontrárselos allá arriba. O eso creyó, hasta oír un silbido.
Uno que sólo había oído una vez antes, en una terrible demostración de prototipos de armamento.
- ¡Cúbranse! –gritó, saliendo torpemente de su escondite. Se oyeron gritos afuera.
Simplemente no pudo evitarlo, ahora todas las jóvenes eran Mina para sus ojos. Sabiendo que era inútil, se abalanzó sobre Kaya y cubrió su cabeza con sus brazos, justo cuando un resplandor desde el exterior iluminó toda la cueva. Cerró los ojos, preguntándose si al abrirlos se encontraría con su hija.
Llegaban al inicio de la pendiente descrita por Kaydel cuando, atenta a los rezagados, Rue volteó justo a ver destellos a lo lejos. Su estómago se contrajo al oír aproximarse el ruido de las explosiones.
- ¡Todos al suelo! –gritó, agachándose.
Quienes alcanzaron a oír atinaron a imitarla. El ruido creció hasta volverse ensordecedor. La onda expansiva remeció todo alrededor, e hizo caer a algunos rebeldes al barro. Luego reinó el silencio.
Levantándose, la aprendiz se abrió a la Fuerza y confirmó que todos ahí estaban a salvo, pero palideció sintiendo las muertes en la base. Antes de que las oleadas de pánico se desataran en el grupo, y en ella, canalizó toda la calma que pudo del lado luminoso, proyectándola en su voz.
- ¡Tranquilos! Quiero que se numeren de nuevo y formen doce grupos, ustedes... –señaló a los afortunados- estarán a cargo mientras llegan las naves. Iré a confirmar el traslado. Mantengan sus comunicadores apagados salvo que este sitio esté comprometido. Ataquen solo entonces.
Esperó solo lo suficiente para asegurarse de que la hubieran entendido y corrió de vuelta a la base.
Ésta se extendía por kilómetros entre la jungla, pero ahora, la zona de aterrizaje era una explanada de humo negro y escombros, con la lluvia ya extinguiendo las llamas. La Fuerza era un eco de aquella desolación, y sudando frío, la joven tuvo que afirmarse de los restos de un tronco para recomponerse.
Eso era lo que traía la Primera Orden a la galaxia: muerte y destrucción. Hasta que alguien los detuviera. Ella estaba dispuesta a hacerlo, pero con impotencia se recordó que aún no era tan fuerte.
Gente del otro lado de la base ya se desplegaba en búsqueda de sobrevivientes. Rue se enderezó al sentir sus miradas sobre ella. El Maestro Jedi fue a su encuentro, un oasis de calma en aquel caos.
- Tardarán unos minutos en recargar sus cañones orbitales –sus ojos azules la escanearon de pies a cabeza bajo su capucha-. Me alivia verte ilesa. ¿Lograste sacar a los rebeldes a tiempo?
- Si, esperan en una zona segura a kilómetro y medio de aquí. Pero Connix iba a dar la señal…
- …lo hice –replicó ella, acercándose cojeando del brazo de una joven técnico-. Iba por la general cuando el dreadnought lanzó el ataque. Ackbar ya envió bombarderos a inhabilitar los cañones, pero escuadrones TIE vienen a este punto. Si interceptan las lanzaderas mientras regresan...
- Un equipo de escoltas va en camino, enfoquémonos en quienes podemos salvar aquí –la instó el Jedi-. Están heridas. Vayan a atenderse al Halcón, está fuera del centro de comando. Rue, detecto sobrevivientes bajo aquellos escombros. Quiero que los levantes, como practicamos.
Su maestro señaló el área de carga, restos de contenedores habían bloqueado la cueva que hacía de bodega. No quedaba nada más en pie. Concéntrate en los vivos, se forzó a pensar, abriéndose a la Fuerza. Sintió la agitación de la gente adentro a medida que se aproximaba a la chatarra humeante.
Respirando profundo, Rue buscó aquel pozo de paz en su interior y comandó a los escombros a moverse, ayudándose de un ademán de Zama-Shiwo. Éstos se elevaron vacilantes y descubrieron la entrada. Skywalker le dedicó una débil sonrisa de aprobación, y se fue despejar el siguiente punto con su túnica ondeando tras él. Ella activó de nuevo el sable de luz, y entró buscando a los sobrevivientes.
Luego de subir a todos los rebeldes en shock que encontró al Espíritu, Jacen tamborileó junto a la compuerta mirando la nave aún aparcada frente a ellos. Nadie había ido por ese X-Wing, y le estaba doliendo dejarlo ahí. Tras el bombardeo del otro lado de la base, era probable que nadie lo reclamara...
Otra sirena lo hizo saltar. Exhaló entre dientes, convenciéndose de que ya no podía aguardar más.
- ¡Todos arriba, nos vamos! –gritó a dos rebeldes que corrían a ellos, luego se dirigió a la cabina.
Esperaba a que su madre y Chopper pusieran en marcha el carguero, dedicando una última mirada al X-Wing. El sabía como usarlo, y no estaría de más llevar un escolta. ¿Y si aún estaba a tiempo?
- Mamá… -comenzó, sintiendo un cosquilleo en el estómago.
- Ve –Hera lo miró con expresión sombría-. Nos harán falta las naves cuando salgamos de aquí.
- No estaré lejos.
Chopper bufó que no lo necesitaban de todas formas. Jacen besó a su madre, dio unas palmaditas al droide y atravesó el Espíritu repleto de rebeldes para bajar de un salto mientras éste despegaba.
- ¡Tomaré prestada esta nave! –gritó, mirando alrededor mientras subía al X-Wing. Aquella área estaba desierta-. ¿No hay problema si me la llevo? ¿Sin astromecánico...? No hay problema.
Entró veloz a la cabina, apartándose el cabello mojado de la cara mientras encendía los controles. El radio del caza se activó automáticamente en el momento en que el motor cobró vida. Karavast.
- ¿Poe, eres tú...? –encogiéndose, hizo una mueca y cortó la señal antes de causar un alboroto.
Los escuadrones ya habían salido a derribar los cañones orbitales del dreadnought. Su misión era otra, se recordó mientras ascendía entre los árboles tras el Espíritu. Lo fácil era escoltar al carguero lleno de rebeldes fuera de la atmósfera, y luego saltar al hiperespacio con ellos para buscar refugio...
Se sacó de debajo de la camisa el último rastreador que le quedaba al Supremacy. A Nix y Finn. Lo correcto era ir en ayuda de los dos jóvenes que había abandonado en Kafrene. ¿Cómo...? Ni idea.
Una alerta de proximidad lo distrajo de su dilema. Apretó los dientes mirando la pantalla, luego por el transpariacero a lo lejos. Un enjambre de cazas TIE se acercaba a la zona bombardeada. Detrás de estos, las densas nubes se deformaron y se abrieron para dar paso a los dos destructores estelares.
Debió de perder la consciencia durante el bombardeo. Al despertar, Kaya temblaba como una hoja junto a él. A salvo. Encogidos en la oscuridad tras las explosiones que los encerraron, Jon apenas contuvo un grito cuando los escombros se movieron en la entrada. Un resplandor azul iluminó la cueva.
- ¿Cuántos hay aquí adentro? –la joven Rue se asomó por una abertura- ¿Hay heridos graves?
- Seis, ilesos –chequeó Quinn, encandilada por la luz-. Los otros no alcanzaron a llegar.
- Síganme –suspiró la aprendiz-. En una fila, y no toquen nada, toda esta estructura está frágil.
Su cabeza dolía, pero estaba vivo. Jon contuvo el aliento al salir. Afuera todo era humo y escombros calientes, desde la zona de aterrizaje hasta allí nada quedaba en pie. Aturdido, razonó que pudieron morir. Él, Kaya, las pantoranas, y los dos técnicos. La evacuación había llegado al punto del desastre, pero los rebeldes seguían buscando gente en lugar de dejarles a su suerte y salvarse. No los entendía.
Alejándose velozmente de la zona expuesta por el fuego, escuchó un ruido sordo tras él. La joven twi'lek había tropezado. Con un acceso de pánico, Sunrider se devolvió a cargarla sobre su espalda. Aún era un rehén atrapado en el fuego cruzado, pero dejar a una niña atrás estaba fuera de discusión.
- No se ven bien... –la mirada de su guía relampagueó tras él- ¿Chewie, por qué sigues aquí?
Con gruñidos molestos, el wookie que solía acompañar a la general Organa se les acercó ballesta en mano. Jon no comprendía lo que decía, y eso pasó a segundo plano cuando escuchó el rugido de los TIE a lo lejos. Palideció, farfullando esto en vano a los demás. Freya fue la primera que lo entendió.
- Chicos… -con expresión aterrada, se aferró al brazo de Quinn-. Tenemos compañía...
- Vayan al Halcón, no llegarán a tiempo a las naves –ordenó Rue-. Está en el centro de comando.
El wookiee les rugió algo ininteligible, y las piernas de Sunrider vacilaron cuando echó a correr tras él al corazón de la base. La bestia le quitó a Kaya de la espalda al oírlo resollar, e hizo señas para que se apurasen. Colgando de uno de sus hombros, la joven twi'lek miraba aprehensiva a las copas de los árboles. Él no tenía el valor para hacerlo, mientras oía los disparos de los cañones láser aproximarse.
Los destructores estelares cubrieron la base en minutos. Las lanzaderas y sus escoltas hacían lo que podían para evitar los enjambres de cazas TIE de regreso a Ajan Kloss, pero requerían apoyo, mucho más del que tenían. Lo necesitaban de vuelta ahí, y la idea lo distrajo, haciéndolo errar su tiro.
- Karavast –Jacen maldijo, dando un giro cerrado para recuperar el blanco. Derribó el caza rival, pero dos más lo reemplazaron, obligándolo a hacer un espiral para esquivar el fuego-. ¡Kriff!
- ¡Lenguaje! –protestó Hera a través de su radiocanal- Le dimos a uno, tienes a otro en la cola…
- …ya no –replicó él, maniobrando para quedar de frente y derribarlo-. Pero ahora tú tienes dos.
Manteniendo su emoción a raya, Jacen describía piruetas y lanzaba disparos cubriendo al Espíritu. Atravesar la tormenta sin ser derribados requirió de toda su pericia y tal vez la Fuerza. Destellos verdes iluminaban las densas nubes de fuera de la cabina mientras él ignoraba los radares para evadirlos. El contrabandista había aprendido que cuando aquel instinto acudía al fin, él simplemente debía seguirlo.
Y su instinto le decía que aún no debía dejar el planeta. Por mucho que quisiera ir por Nix y Finn.
Ya sobre las nubes, vio como a lo lejos el Raddus y el dreadnought se mantenían suspendidos uno frente al otro, el único indicio del enfrentamiento eran los destellos en el espacio negroazul entre ellos. La alerta de proximidad lo devolvió de golpe al presente, los TIE aún no se cansaban de seguirles. Resopló retomando maniobras defensivas. Acercándose lo suficiente al crucero, los dejarían en paz.
Lograron refugiarse tras la escasa protección del Raddus, que cubría al resto de la flota con su escudo deflector mientras se preparaban para los hipersaltos. Jacen se permitió unos segundos de paz antes de volver al planeta, rompiéndose la cabeza por encontrar la forma de decírselo a Hera...
- Anda –se le adelantó ella, interpretando su silencio-. Es lo correcto. Nosotros estaremos bien.
- Te veré pronto, mamá –prometió él, con un nudo en la garganta-. Chopper, no estrelles la nave.
El droide le deseó que no se matara, un gesto amable de su parte. El Espíritu saltó al hiperespacio junto al Vigilia y el Anodino, y Jacen se precipitó de vuelta a la curvada atmósfera de Ajan Kloss, cambiando la frecuencia del radio para encontrar a la escolta de la resistencia. No fue lo que esperaba.
- ¿Poe, qué haces aquí? –exclamó la voz de un chico- Creí que estabas en el Supremacy.
- ¡Kaz, detrás de ti! –advirtió una chica- ¡Te tengo cubierto!
- Le dieron a un transporte –otra chica ahogó un grito-. ¡Los cañones del dreadnought están activos otra vez! Ya no apunta a la base, va a por nosotros, ¿qué hacemos…?
- Dijeron que iban a inutilizarlos -replicó el primero, sombrío-. Tal vez no pasaron sus defensas…
Eran niños. Jacen aceleró para llegar pronto a cruzar las nubes. Niños escoltando naves rebeldes. Lo que significaba que todos los demás cazas estaban en el dreadnought. Y al parecer iban perdiendo.
- No soy Poe, pero voy de camino a ayudar, mi nombre es Jacen... –un destello lo encegueció repentinamente, y una oleada de angustia ajena lo inundó- ¿Qué demonios fue eso?
- Jacen, ¿qué sucede? –inquirió una de las chicas- ¿Nos escuchas?
- Algo explotó acá arriba –revisó el tablero-. No fui yo. ¿Cuántos escoltas hay abajo?
- Quedamos siete, de tres escuadrones. Estoy recibiendo una señal del comando, la transmitiré.
- ...a todo transporte en tierra –anunció la tensa voz de la teniente Connix-, preparen la retirada al hiperespacio. El Raddus ha caído. Repito, nos retiramos ahora. Sigan el plan de evacuación.
Jacen atravesó las nubes con el alma en un hilo. Al salir bajo la tormenta luchó con el viento, sorteó la línea de alcance de los destructores estelares suspendidos sobre la base, y divisó a los transportes volando a ras de los árboles. Contó nueve, asediados por demasiados cazas rivales. En lo que tardaba en llegar a su encuentro, cayeron dos. La joven escolta de la Resistencia se esforzaba por dar abasto.
El joven dio un hondo suspiro para despejar su mente, mientras dejaba a su instinto tomar el control.
Precipitándose a la atmósfera con las manos crispadas en el control de su TIE, Kylo era vagamente consciente del caos desatado en el Fulminatrix. Skywalker estaba en algún lugar de Ajan Kloss, podía sentirlo cerca, y su abrumador deseo de venganza desdibujaba todo el resto ocurriendo a su alrededor.
Él iba a encontrarlo, e iba a destruírlo. Su antiguo maestro finalmente pagaría por su traición.
- Síganme –ordenó por radio al Buitre Nocturno, antes de descender a la imponente tormenta.
Apenas sintió las sacudidas de la nave, su mente estaba enfocada en una sola idea: retribución. Salió del otro lado de las nubes a una copiosa lluvia, buscando las lanzaderas que volaban a ras de la jungla. Sintiendo una oleada de torva satisfacción, vio al Halcón Milenario, alcanzándolas. Aceleró.
Pasó de largo los destructores estelares suspendidos sobre la base rival. Los vientos de tormenta estremecían el caza, pero no había fuerza en la naturaleza capaz de aplacar su voluntad. La cicatriz en su pecho ardió con furia al intuír que el wookiee y la general Organa también estarían ahí. Habían elegido mentirle, herirle, y ahora él pondría un fin a toda conexión con su pasado de una vez por todas.
El Halcón se elevó con una sacudida, y Jon apenas alcanzó a sujetarse de un asidero en la bodega principal. La droide Emmie cruzó la estancia con bacta y un montón de vendas, y al ver que atendía una profunda herida en el muslo de la teniente Connix, sintió que se desmayaría. Demasiada sangre.
- ¡Ve a ser útil a otra parte! –le ordenó Quinn, sosteniendo a Kaydel mientras ésta, pálida, seguía transmitiendo órdenes desde una central de comunicación- ¡No quiero que vomites aquí!
Trastabillando, fue a revisar los puestos de artillero. Freya y otra rebelde ya disparaban instaladas ahí. La nave osciló peligrosamente mientras Jon corría a la cabina, los técnicos que subieron con él en la base aún buscaban un sitio en donde resguardarse de aquellos violentos cambios de trayectoria.
Casi tropieza con un anticuado astromecánico cuando finalmente llegó a la cabina. El wookiee, la general y el droide C-3PO estaban firmemente atados a sus asientos con correas. Había un puesto libre, uno que Jon se apuró a tomar. Notó que estaban alcanzando a los transportes que habían podido despegar, asediados por el fuego de los cazas TIE. Era su peor pesadilla hecha realidad.
Pero al ver a Organa copilotando la nave, su terror misteriosamente fue pasando a segundo plano.
- Debemos engañar a esos destructores estelares, o no pasaremos de la órbita. Ya no contamos con el Raddus, y necesitamos cobertura para el hipersalto –mascullaba, en absoluto control de sí misma-. Son siete transportes más el de Luke, demasiados rebeldes. ¿Alguna idea, Chewie?
El wookiee gruñó la respuesta, girando el yugo de control. Afuera, los árboles se quedaron de lado mientras evadían los rayos. Alguien derribó a sus atacantes, y el Halcón volvió a su posición horizontal.
- Sunrider ¿tiene sugerencias? –su corazón dio un vuelco, sintiéndose directamente apelado.
Su mente ya más despejada repasó las posibilidades, la situación era imposible. Sacrificaron el crucero para derribar al Fulminatrix y sus cañones orbitales, en vano. Mientras los transportes volaban bajo para quedar fuera del alcance de los destructores estelares, éstos esperarían su salida al espacio para atraparlos con sus rayos tractores y dispararles ahí. Eso si los cazas TIE no los destruían primero.
Reconociendo la valentía de las personas que tenía alrededor, lamentó no ver un mejor panorama.
- Si no pueden inhabilitar los destructores aquí, menos podrán en órbita. En la atmósfera cuesta más maniobrarlos, consumen mucha energía, pero caeremos antes de que agoten su reserva.
- ¡Estamos atrapados! –el droide de protocolo a su lado gimió con angustia- ¡Este es nuestro fin!
- No estés tan seguro, 3-PO –replicó Organa, tensa pero resuelta-. No podemos rendirnos ahora. Luke está aún abajo, y hay demasiado en juego. Tomaremos cada oportunidad que tengamos.
Lentamente Jon iba entendiendo la lealtad de los rebeldes a la líder que se había quedado hasta el fin de la evacuación. Pero lo cierto era que la general no era la misma desde que el Jedi le había dicho algo en secreto para hacerla dejar Ajan Kloss. Parecía cargar la galaxia en sus hombros ahora.
Chewbacca gruñó algo urgente mientras se acercaban a las siete lanzaderas y ocho cazas escolta.
- Eso no quita que tendremos que enfrentarlos en… -la general no terminó de responderle.
En diagonal a ella, Sunrider vio como su menudo rostro de pronto se había quedado en blanco.
- ¿General…? –preguntó el droide, aprehensivo- Oh, cielos. ¡Creo que la hemos perdido!
- Luke los distraerá... –sonaba serena, como si estuviese soñando-. Transmite a los transportes, 3-PO. Diles que estén atentos a la señal...
Su expresión cambió de la paz a la impresión en instantes mientras se aferraba al tablero, rígida.
- ¿Ben...? –susurró con voz rota.
Sintió una presencia familiar en la Fuerza, cálida y serena en el agitado ánimo de las naves rivales.
El oscuro frenesí que lo consumía vaciló al percibir la preocupación y el cansancio de Leia Organa, no por su preciada Resistencia a punto de morir, sino por el hijo al que aún amaba. No. Contuvo el aliento al sentirla extendiéndose. Buscándolo. Su madre lo extrañaba, lo quería de vuelta con ella…
…Kylo tuvo que recordarse que la general se engañaba a sí misma. Su hijo estaba muerto. La ira quemó sus entrañas. Era demasiado tarde. Debía terminar con ella, matarla como hizo con Han Solo. Él era esa clase de monstruo, pero sus manos estaban paralizadas sobre el control. No podía hacerlo.
Un rayo partió el lóbrego cielo frente a él, impactando su TIE antes de que pudiese esquivarlo. Del tablero saltaron chispas y alarmas, y la nave cayó rápidamente en espiral con un ruido ensordecedor.
Acosado por múltiples fallas en su TIE, luchó por estabilizarse transfiriendo poder de un sistema a otro. Cuando al fin recuperó el control de la nave, la jungla estaba a metros. Retomó altura llamando a la Fuerza para no estrellarse entre los árboles, y siseó de frustración viendo los transportes a lo lejos.
Idiota. Estaba dejando que sus sentimientos interfirieran en sus planes. De nuevo. Éstos nublaban sus sentidos a la Fuerza, y con la respiración entrecortada, se forzó a recuperar el control de sí mismo.
Solo entonces notó que la presencia de su real objetivo no estaba allá arriba. El faro de luz que era Luke Skywalker, y el destello salvaje de su aprendiz estaban aún en tierra. Giró la nave bruscamente.
- Describan un perímetro por la base –ordenó al Buitre Nocturno, que lo alcanzaba-. Están ahí.
Supo que había acertado en avisar a la ladrona, teniendo lo único que ella no podía abandonar en su poder. Él entendía como funcionaba la esperanza, y a través de su misterioso vínculo en la Fuerza, podía sentir el conflicto agitándola. Su pulso se aceleró al percibir aquella veta de oscuridad, creciendo.
Su futuro dependía de ello, y a partir de entonces Kylo estaría en absoluto control de su destino.
Los stormtroopers se desplegaban en tierra entre gritos y explosiones. Una nave rebelde atrasada por averías aún quedaba por despegar, con los TIE sobrevolando la jungla como buitres. Mientras el Jedi subía la ladera para crear una distracción, Rue se escabullía con una decena de rezagados bajo los árboles para llegar al transporte. A unos cien metros de su objetivo, se sentía cada vez más tensa.
La Fuerza estaba tan agitada a esas alturas que ella apenas tuvo tiempo a presentir la emboscada a medio camino. Una ráfaga de disparos los tomó por sorpresa. Bloqueando los rayos con el sable de luz siseando bajo la lluvia, divisó las tropas acercarse y maldijo. Echó a correr detrás de los rebeldes, escudándolos del ataque mientras que del transporte los cubrían devolviendo el fuego a los soldados.
No era suficiente. Sus rebeldes iban armados, pero no podían presentir los disparos como ella. Al llegar a terreno abierto en la ladera empezaron a caer. Palideció al ver otros dos escuadrones viniendo por los lados. Rue ahora apenas evadía los rayos, menos podía proteger a su gente. En su frustración, su defensa se volvió más agresiva a medida que los stormtroopers se interponían entre ellos y la nave.
No les dejaría ganar. La Primera Orden no le arrebataría más cosas. Esta idea le influyó renovadas fuerzas para seguir peleando, pero los soldados les cerraron el paso, rodeándolos. Les dispararon sin misericordia, y desesperada, Rue se abrió paso a través de ellos con una técnica de sable que no reconoció, cortando armas y extremidades por igual. Perdieron su consideración al matar a los suyos.
Un stormtrooper le disparó al técnico que estaba tras ella, y en un arrebato, Rue le cortó la cabeza.
La hoja de plasma simplemente no encontró resistencia, y en fracciones de segundo la joven pasó del shock al horror, y del horror a la certeza de que ahora los troopers ya no se sentían tan valientes.
- ¡Quién sigue! –rugió más alto que la tormenta, de pronto hambrienta del miedo de sus rivales.
Ella destruiría a la Primera Orden, soldado por soldado, si debía. Uno tuvo la audacia de dispararle, y en un reflejo, Rue extendió su mano hacia el rayo. La Fuerza fluyó a través de sus dedos mientras lo comandaba a detenerse, y oh, las cosas que podría hacerles con ese poder helándole las venas...
Tuvo que recordarse que el frío no era buena señal. Estaba demasiado alterada. Respiró hondo enfocándose en la luz. Razonó que esos troopers no habían elegido su destino. Podían ser como Finn.
Soltó el rayo y lo esquivó, volviendo a cubrir rebeldes de camino a la nave. Los soldados empezaron a retirarse, y le tomó instantes entender que no era por ella, sino por su maestro en lo alto de la ladera.
La Fuerza fluía intensamente a través de Skywalker, mientras desviaba la trayectoria de los TIE en un estado de profunda concentración. Pero no eran solo los cazas. Corriendo de vuelta a la nave, Rue notó que en el cielo a lo lejos, los destructores estelares comenzaban a oscilar. Solo entonces entendió que el Jedi no estaba moviendo las naves. Estaba moviendo la tormenta que las envolvía.
Un destructor batalló contra el impredecible viento, y maniobrando, sus propulsores se acercaron demasiado al segundo. Éste a su vez, se sobrecalentó y estalló. El primer destructor salió expulsado con la energía de la explosión, luchando por recuperar su estabilidad. El corazón de Rue dio un vuelco.
En la ladera todo era calma, era la oportunidad de los rebeldes de huír. Pero el Jedi cayó agotado.
- ¡Váyanse! –ordenó ella a los pilotos, con un tono que no admitía a réplicas-. Los alcanzaremos.
Con el alma en un hilo, la joven corrió cuesta arriba a socorrer a su maestro, mientras la lanzadera ascendía fuera de la atmósfera con las otras, aprovechando el caos del destructor estelar cayendo y los TIE reagrupándose. Rue robaría una nave, y ambos huirían de ahí. Pero el Jedi, sentado bajo la ahora suave lluvia, la traspasó con sus ojos azules en una seria y profunda mirada.
- Debes irte –estaba sereno, pero excesivamente pálido-. Hiciste tu parte. Los rebeldes huyeron.
A lo lejos, los restos del destructor estelar cayeron a la tierra con estruendo. La joven se estremeció.
- No sin usted –replicó, poniéndose bajo uno de sus brazos para levantarlo-. Nos vamos juntos.
Kylo venía demasiado cerca, poseído por una fría resolución. No dejaría a su maestro a su merced.
- Alguien debe continuar con la Orden. Puede que no sea yo… –llevándolo casi a rastras, Rue negó con la cabeza. El frío alrededor se intensificaba a medida que más presencias siniestras los rodeaban. El tono del Jedi era suave pero firme-. Lo sabes. Lamento que esta sea la forma en la que debas aprenderlo, pero debes dejar ir tus apegos, si quieres sobreponerte a tu propia oscuridad. Ciérrate de la Fuerza y espera a que se vayan. Cuando todo pase, ve a Ahch-To…
- …eso no será posible –la voz modificada de Kylo Ren resonó en toda la ladera.
Jacen había perdido la cuenta de cuántos TIE había derribado esperando la señal de Skywalker. Seguían apareciendo más de los condenados destructores, y lo que quedaba de la escolta rebelde no tenía respiro enfrentándolos. Quedaban cinco transportes, seis cazas y el Halcón cuando finalmente pasó. Un cambio en el ambiente. El contrabandista no podía verlo, pero sí intuír algo ocurriendo afuera.
- ¿Vieron ese destello? –preguntó una de las chicas- ¡Creo que un destructor estalló!
Dando una pirueta para echar abajo un nuevo caza, divisó a lo lejos que un destructor estelar caía.
- Es nuestra señal –su corazón dio un vuelco-. Fue Skywalker.
- ¡Se acerca la última lanzadera! –exclamó el chico-. ¡Vámonos de aquí!
- Transportes, inicien el ascenso, no hay tiempo que perder.
Se elevó atento a disparar a los cazas que aún los asediaban, la mayoría de éstos comenzaron a reagruparse defensivamente alrededor del destructor restante. Cruzaron las nubes en tenso silencio, naves enemigas siguiéndolos a una peligrosa distancia. Un transporte fue abatido en el trayecto fuera de la atmósfera, y calcularon los hipersaltos a segundos del desastre.
Las naves rebeldes saltaron al hiperespacio, y solo cuando el túnel de luz frente a él se estabilizó, Jacen se permitió dar un hondo suspiro, reclinándose en el asiento. Se masajeó el puente de la nariz, consciente de la posibilidad de ser rastreados en cuanto salieran. Aún lo necesitaban ahí, pero...
Volvió a sacarse el rastreador, y un escalofrío lo recorrió al identificar las coordenadas en las que Nix y Finn se encontraban ahora. La supuesta ubicación del Supremacy se había detenido de nuevo.
- ¿Ajan Kloss? –soltó una sombría carcajada-. Tienes que estar bromeando.
