Capítulo 2: Rebelión en Jakku (parte1)

Finn sintió un escalofrío al ver que el escuadrón en el que se escabulló marchaba al hangar 32. No podía ser coincidencia que los asignaran ahí. Mirando arriba al ventanal en el que casi un año atrás Hux ordenó matar a fugitivos y soldados por igual, respiró hondo bajo su máscara. Hoy, estaba vacío.

No había razón para que sospecharan que Jakku era una trampa, y que planeaban un alzamiento. Ya no había sensibles a la Fuerza a bordo que lo percibieran, Hux era demasiado arrogante para verlo.

El Supremacy dio una leve sacudida al salir del hipervuelo, y por las membranas que separaban el frío hangar del vacío del espacio, vio una pequeña franja de la curvada atmósfera de Jakku. Los restos de un destructor estelar flotaban sobre ésta, salpicado de naves y destellos de una batalla aún vigente.

Una compañía entera había sido reunida para ir a reforzar la seguridad de Ciudad Cráter. Formados en bloque frente a un transporte a la espera de instrucciones, el silencio solo fue interrumpido por otra nave de tropas entrando a repostar a la zona de aterrizaje junto a la suya. Su pulso se elevó al sentir presencias familiares en la Fuerza, mas exhortados por el capitán, tuvo que atender lo que éste decía.

- Reportes sugieren que el saqueo a Ciudad Cráter fue liderado por un Jedi al servicio de los rebeldes. El Líder Supremo no tolerará más desórdenes, por lo que nuestra misión es sencilla: entramos, exterminamos a los ladrones y nos llevamos al cabecilla para averiguar los planes de la Resistencia en Jakku. Luego, bombardearemos la ciudad para limpiarla de su influencia.

Finn sintió la indignación hervirle en las venas, pero recordándose que ésta llevaba un mensaje, le puso atención. La Primera Orden tomaba cuántas vidas quería para seguir en el poder. Él estaba ahí para hacer una diferencia en ese recuento, mas apegándose a su ira solo conseguiría más muertes. La soltó, dejando que la luz fluyese por él. Relajando sus manos hasta entonces empuñadas, habló.

- Esa gente no es nuestra enemiga. La Primera Orden robó sus recursos. Los quieren de vuelta.

- ¿Quién dijo eso? –exclamó el capitán, buscando su voz entre filas de idénticos stormtroopers.

Notó un cambio en la Fuerza a medida que se adentraba en aquel río cristalino. Siguiendo su cauce con el corazón ligero, rompió filas y fue a interponerse entre la compañía y su transporte vacío. Frente al desconcertado grupo, fue como si la luz le diese las palabras, modificadas por el modulador de voz.

- Es lo que la Primera Orden hace en la galaxia, tomar cosas ajenas, y matar a quien se oponga. De la misma forma nos robaron de nuestras familias. Nos hicieron creer que nos salvaban, pero nos quitaron nombres y hogares para que sirviéramos sin cuestionar en sus masacres sin sentido –señaló el ventanal sobre ellos-. En este mismo hangar murieron decenas de soldados al capricho de un tirano. Nuestras vidas, y las de miles de inocentes, no valen nada para ellos.

Sintió vacilar a algunos troopers, sabían de lo que Hux era capaz, pero su tensa escucha no duraría mucho. Se adentró más en la corriente luminosa, imaginando como se proyectaba al resto del hangar.

- Hoy podemos retomar el control de nuestras vidas y decidir qué hacer con ellas. Podemos ser personas distintas, que no matarán a civiles indefensos y que harán algo bueno por la galaxia... pero no desde aquí. Dejen la Orden. Quítense los cascos. Y descubran quiénes son bajo ellos.

Sintió como si aquella luz volviese a él similar a un eco. Supo que era momento. Respirando hondo, se llevó las manos a la máscara de stormtrooper. Y se la quitó, dejándola caer suavemente a un lado.

- Este es su momento de elegir otro destino –finalizó mirando a las filas de inexpresivos troopers.

El silencio que siguió duró eternos instantes. Hasta que el capitán lo reconoció del aviso de captura.

- ¡FN-2187! –rugió disparando con su rifle blaster.

Un año de práctica había afinado sus reflejos lo suficiente como para anticiparlo. Un arco de plasma azul devolvió el rayo al blaster, haciéndolo volar de la mano del capitán; el sable de Skywalker al fin fuera del incómodo sitio bajo su armadura. Sereno en la luz, Finn sostuvo el arma en postura defensiva.

- Mi nombre es Finn –replicó, girándose con cautela del desarmado capitán a los soldados que ahora lo apuntaban. Notó que varios no lo hacían, esperando a oír más-. Esta galaxia necesita líderes justos, Hux no lo es. La decisión es vuestra, pueden ser más que lo que les hicieron creer. Quítense los cascos y tendrán más aliados de los que piensan. Se los prometo.

Oleadas de agitación perturbaron el ya de por sí tenso hangar, hasta que en la tercera fila, un golpe seco en el suelo hizo que los soldados se giraran. Jannah había tirado su casco, caminando hacia él.

- ¡Esto no es orden, es silencio cómplice! ¡Suficiente de esta cruel tiranía! –gritó girando su rostro descubierto a los troopers- ¡Suficiente de la Primera Orden! ¡Ya no mataremos en su nombre!

- ¡Nos entrenan para salvar a la galaxia, pero somos quienes la están destruyendo! –exclamó Peet quitándose el casco- ¡Ya no más! ¿Qué hay de la gente inocente en Ciudad Cráter...?

Él también fue adelante. Los doce soldados de la compañía que estaban en el plan se unieron a la acción, y otros doce nuevos les siguieron. Diez más se sumaron en medio de un incrédulo silencio, el capitán miraba, lívido. Empezaron a oírse murmullos confundidos, que crecieron hasta volverse gritos.

- ¡Insubordinados!

- ¡Esto está mal!

- ¡La Primera Orden está mal!

- ¡No dispararemos a civiles!

- ¡No toleramos desertores!

- ¡Dejen que el Jedi hable!

Los soldados rompían filas desorientados, como buscando órdenes del paralizado capitán frente a la nave. Éste volvió en sí con una sacudida, quitándole el rifle al trooper más cercano, y apuntándolos.

- ¡Maten a los disidentes...!

Finn dejó la Fuerza previese el ataque y guiase sus defensas. Entonces, comenzaron los disparos.


- Es hora –anunció Rue, volteando a las tropas ocultas en el transporte. Al notar que esperaban palabras de aliento, suspiró-. Todos nos morimos. No lo hagamos hoy. Que la Fuerza nos guíe.

Miró a Poe para que él hablara, pero se oyeron disparos afuera y por instinto tomó la mano de Nix. Despejando la mente al lado luminoso, la dejó ir. Ésta le sonrió dándole ánimos, preparando su blaster.

- ¡Por las Alianzas Libres! –gritó Poe, accionando el botón de la compuerta con un puño.

La rampa se abrió hasta tocar el suelo y las tropas de la UAL salieron al frío hangar, una revuelta desatándose a su alrededor: troopers mostrando el rostro enfrentándose a troopers usando máscaras, rayos yendo y viniendo en el alboroto. Rue activó su sable de luz violeta, lista a desviar fuego enemigo.

- Quítense los cascos, –repetía una transmisión en el altavoz de su nave- y no serán atacados.

La instrucción era no disparar a desertores, y éstos tardaron instantes en asimilar que los invadían aliados. Una vez que lo hicieron, los troopers empezaron a ceder terreno ante la ofensiva combinada. Devolviendo una ráfaga de rayos con el sable de luz, Rue distinguió un destello azul a su izquierda.

Finn y unos cuarenta desertores se refugiaban entre dos transportes, algunos más dispuestos que otros a devolver el fuego. Su amigo rechazaba rayos hábilmente con el sable azul de Skywalker, pero aún eran demasiados para él. Intercambiando señas con Poe, su equipo se desplazó en esa dirección.

Una alarma se activó anunciando motín. Los aliens de las forjas la oirían y comenzarían el propio, debían apresurarse. Poe fue el primero en llegar a Finn, pegándose a su espalda para cubirlo mientras disparaba con su blaster al escuadrón que se asomaba al otro lado del refugio. Rue lo siguió de cerca.

- ¿Feliz de vernos? –exclamó Poe, más alto que el silbido de los disparos y explosiones.

- Estaré radiante cuando dejemos el hangar –replicó él, viendo la nueva horda de troopers que salía a encontrarlos-. Debemos cubrirnos. Los contenedores en la pared, ¿qué te parece, Rue?

Ella gruñó una afirmación desviando disparos, y Poe organizó al equipo agazapado a sus espaldas. Finn y Rue escudaron al grupo en su carrera al muro más cercano. Debían usar la entrada del fondo para adentrarse en el corazón del Supremacy, pero para ello tenían que atravesar al menos cincuenta metros de fuego cruzado. Los contenedores de duracero junto a la pared les darían mayor cobertura.

El rayo de un cañón reventó el sitio del cual Finn y Rue saltaron instantes antes, gracias a la Fuerza. Stormtroopers comenzaban a instalarlos en altura, sobre las plataformas por las que se abordaban los TIE. Los aprendices se miraron pensando lo mismo: aquello se volvería una masacre si no intervenían.

- ¿Repetimos lo de Dathomir? –preguntó Finn, esquivando otra explosión y desviando disparos.

- ¿Antes o después de los rancors? –ella replicó entre dientes por el esfuerzo, usando la Fuerza para arrastrar una hilera de contenedores a cubrir a los rebeldes.

- Más bien durante... –bloqueó los rayos que iban por Rue mientras ella se enfocaba en su tarea.

- Alguien está inspirado hoy... –ella resopló cuando finalmente soltó los contenedores.

Viéndolo de reojo, tenía un cierto brillo en la mirada. Corrieron a refugiarse con el resto del equipo, y acercándose lo suficiente bajo una plataforma, Finn saltó impulsándose con la Fuerza. La distancia que le faltó para llegar al siguiente nivel, Rue lo compensó levitándolo desde abajo. El joven aterrizó sobre una torreta y cortó el cañón a la mitad con un destello azul. Luego fue al siguiente, y al siguiente...

- ¡Quítense los cascos! –gritaba desde arriba, derribando los cañones y sorteando el ataque de los soldados sobre las plataformas, intentando no matarlos- ¡No somos sus esclavos...!

Alguien hizo volar una columna de cazas TIE aparcados en una pared, pero incluso en el estruendo la voz de Finn era imposible de ignorar. Viendo a un nuevo contingente de troopers quitarse los cascos, Rue intuyó que los instaba a hacerlo con algo más que su carisma...

Pero cubriendo la retaguardia de los rebeldes, recordó que su objetivo iba más allá de revolucionar stormtroopers. Ya había suficientes de su lado y el audio de la nave seguía repitiéndose en el altavoz.

Estaban avisados. Su equipo cruzó los metros que quedaban cubriéndose con lo que encontraban: planchas de duracero, restos de contenedor o puertas de naves, mientras distintos enfrentamientos se desataban en el hangar. Llegando por un costado a la entrada del fondo aún vomitando hordas de stormtroopers, Poe se volteó al resto del grupo sujetando un trozo de ala de TIE a modo de escudo.

- Es tiempo de usar las esferas. Rose, ¿nos harías los honores?

Una joven dentro del equipo asintió juntando aplomo. La supervisora del proyecto de Sunrider se aproximó a la cabeza del grupo junto a Poe con dos grandes sacos colgando de su espalda. Los depositó con suavidad en el suelo y cuando los rebeldes se acercaron, ésta los frenó con un gesto.

- ¡Son delicados, se activarán si los agitan mucho! –exclamó, golpeando la mano de un soldado que ya se estiraba a sacar una de las esferas metálicas-. Tomen solo uno, y úsenlo bien...

Tomando una esfera del saco, la activó usando un botón y la hizo rodar a la entrada bloqueada por stormtroopers. El dispositivo detonó llegando a los pies del escuadrón. Todos los soldados en un radio de cinco metros cayeron inconscientes por una señal inhibidora saturando sus cascos. Avisados por el estruendo, en otras seis partes del hangar se repitió el mismo patrón. Se hizo un breve alto al fuego.

- ¡Ellos tendrán otra oportunidad al despertar! –gritaba Finn desde la plataforma ahora libre de cañones- ¿¡Puede la Primera Orden asegurarles tanto!? ¡Sígannos! ¡No estamos todos...!

El joven saltó ágil a alcanzarlos al pasillo, en donde Poe, Nix, Rose y otros cincuenta rebeldes se abrían paso con inhibidores y disparos. Los desertores los siguieron con clamores de liberación. En la Fuerza, Rue percibía oleadas de propósito manando de él, y entendió que los guiaba a través de ésta.

Finn estaba, de hecho, inspirado. Por el lado luminoso. Y aquella cálida confianza era contagiosa.

Llegando a la primera intersección, se separaron con un asentimiento. El aprendiz, Rose, la mitad de sus rebeldes y algunos desertores irían a los niveles inferiores a encontrarse con los aliens de las forjas, a desactivar los generadores de energía de los escudos para que la UAL pudiese hacer ingreso.

Poe, Nix, Rue y la otra mitad de los rebeldes, mientras tanto, debían asegurar el puente de mando.


A bordo del crucero estelar Esperanza, Sunrider comparaba nervioso las pantallas tácticas con la escena que veía por el transpariacero del puente de mando. El Supremacy se extendía imponente bajo los cruceros estelares, bombarderos, fragatas y cazas de la Unión de Alianzas Libres, su escudo deflector activado mientras enjambres de cazas TIE intentaban penetrar sus propias defensas.

Aquello era una locura, se repetía una y otra vez, y sin embargo la canciller Organa estaba tan segura de la invasión que la lideraba desde la nave insignia junto al almirante Ackbar... hijo. Jon frunció el ceño viendo como las naves piratas saltaban al hiperespacio. Tal vez ellos deberían haber lo mismo.

- Me siento en la obligación de repetir... –la cantarina voz de C3-PO volvió a interrumpir el denso silencio del puente de mando- que estamos en una situación de lo más arriesgada, canciller...

- Conozco perfectamente los riesgos, 3-PO –replicó ella, sin quitar la vista de las pantallas tácticas y para admiración de Jon, sin perder la paciencia-. Ya que los has repetido lo suficiente.

Ackbar suspiró irritado junto a él. Sunrider volvió a contar los puntos titilantes en la pantalla mientras oía a Chewbacca gruñirle a C3-PO. Sus diez cruceros flotaban sobre el Supremacy, escudando a las naves menores de lo peor de sus cañones, y de los TIE. Si todo salía mal, el wookiee se encargaría de evacuarlo a él y a la canciller, por la fuerza, si debía, de vuelta a Goji. Jon había memorizado todas las salidas de emergencia, pero su ansiedad no disminuía y temía que fuese uno de aquellos días...

- Jon, debes calmarte –ella le dirigió una de sus firmes pero gentiles miradas-. Y confiar un poco.

Sunrider respiró hondo e intentó pensar positivo. Le tomó tiempo encontrar algo. La Flota Libre se había quedado a ayudar, pensó mirando la pantalla, pero lo cierto era que su único consuelo hasta ahora era que Kaya se había quedado en Goji con el secretario Casterfo, fabricando más inhibidores.

- ¿Cómo fue que terminé aquí...? –se dio cuenta demasiado tarde que lo había dicho en voz alta. Enrojeció hasta las orejas-. Oh... Lo lamento tanto, canciller, almirante...

Para su sorpresa, fue Ackbar quien respondió primero, haciendo un sonido que Jon interpretó como una risa mon calamari. No sabía que éstos podían reír, menos en una situación tan grave como esa.

- ¿Es este su primer combate real, asesor Sunrider? –le preguntó educadamente para disimular.

Jon enrojeció más, si es que era posible. Pero antes de que pudiese replicar, Organa le interrumpió.

- Que la Flota Libre se refugie en el Templanza, aún no es tiempo de atacar.

El jefe de comunicaciones dio el aviso. Mirando la pantalla táctica que ésta veía, notó que habían iniciado una escaramuza. Mirando más de cerca, entendió por qué: habían salido a cubrir la nave del joven Syndulla, uno de los suyos que volvía de Jakku. Su lealtad les costaría la vida, pensó inquieto.

- Asesor Sunrider... –la canciller le hizo un gesto para que se acercase y él obedeció-. Respira.

Jon intentó calmarse, pero palideció cuando tres destructores estelares salieron del hiperespacio.


En los pasillos de los niveles inferiores del Supremacy, desertores y rebeldes se abrían paso como una marea imparable hacia los generadores de energía de los escudos. El rugido de un enfrentamiento más adelante les indicó que se encontrarían pronto con los alienígenas provenientes de las forjas.

- ...esta es su chance de dejar la Primera Orden y su gobierno del terror –se oía a Kaydel en los altoparlantes-. Quítense los cascos y la Unión de Alianzas Libres les tratará como a iguales...

Acorde al plan ese grupo se apoderó de una estación de comunicaciones para transmitir el mensaje al resto de la nave. A esas alturas, Finn esperaba que todos los equipos estuviesen fuera del hangar.

- ...a todos los grupos oprimidos a bordo del Supremacy, esclavos, prisioneros, cadetes forzados a formación militar, escuchen nuestro llamado: no se encuentran solos. Hoy pueden ser libres...

A metros de la encrucijada que conectaba con las salas de generadores el ruido de gritos y disparos se hizo más fuerte. Cadáveres tanto de stormtroopers como de alienígenas de especies desconocidas, y rastros de metal fundido en las paredes los esperaban en el último tramo. Finn dejó que su inquietud fluyese a través y fuera de sí. Podía sentir en la Fuerza que iban por buen camino, solo debía confiar.

Torcieron a la derecha en la encrucijada y bajaron una corta sección de escaleras a encontrarse con el combate desatado entre ex esclavos y stormtroopers. Los primeros, armados con herramientas y algunos blasters robados, se atrincheraban en la antesala del primer cuarto de generadores, tratando de abrirlo. Los segundos, acechaban desde la mitad de la escalera disparando a todo lo que se movía.

Con la aparición de Finn y los rebeldes, ahora eran los stormtroopers quienes estaban encerrados.

- ¡Alto! –les gritó- ¡Quítense los cascos y abandonen la Orden! ¡No tenemos que ser enemigos!

Recibió una ráfaga de disparos como respuesta. Desviando los rayos con el sable de luz mientras él y su equipo corrían de vuelta arriba por refugio, se dijo a sí mismo que al menos lo había intentado. Dos rebeldes activaron esferas inhibidoras y se asomaron rápidamente a arrojarlas escaleras abajo.

Instantes después, se oyeron dos estruendos agudos, y el sonido múltiples personas en armaduras estrellándose contra el suelo. Peet se asomó a comprobar que estaban todos desmayados. Con una mueca de dolor, se volvió al equipo que vigilaba atentamente ambos extremos del pasillo superior.

- Despejado. Eso fue rápido –mientras bajaban agregó intrigado- ¿Realmente no les hace daño?

- Solo algo de sordera temporal, y una leve jaqueca al despertar –replicó Rose con sequedad-. Pero entre eso y morir, yo diría que es lo de menos. Ellos no nos darían la misma oportunidad.

- Yo fui sujeto de prueba –intervino Finn para suavizar las palabras de la joven-. Seis veces...

Aaggo salió de su escondite al distinguir el sable de luz. El joven escaneó la zona usando la Fuerza, y al no percibir amenazas cerca desactivó el arma, manteniéndola en su mano por si acaso. Echando una rápida ojeada a la antesala, contó alrededor de cuarenta alienígenas aún en pie. Éstos llegaron desde las forjas por el otro extremo de la amplia galería con decenas de compuertas de duracero, cada una de ellas destinada a un cuarto de generadores de una subunidad completa del Supremacy.

- Se ve que han luchado con valor para llegar aquí. ¿Dónde y cómo se encuentran los otros?

- Zeiz de ocho forjaz eztán en conflicto. Pero puertaz zigguen cerradaz –el aprendiz observó que intentaban roerlas con sus fuertes tenazas, mas el trabajo era arduo y lento-. Debemoz volver.

Mirando a los desertores que no paraban de llegar desde las escaleras, Finn estimó que serían al menos unos cien. Las tropas de la UAL serían mejor recibidas en las forjas, pero mientras más, mejor.

- ¿Me permiten...? –preguntó a los dos insectoides que arrancaban pedazos de duracero de las orillas de la compuerta-. Una amiga me enseñó un truco para eso...

Los aludidos se apartaron y Finn activó el sable de luz, dando tres mandobles a la caja de controles. Con chispas y chirridos, la compuerta se abrió mostrando una escalera hacia la sala de generadores. Jannah, cuatro desertores y tres rebeldes bajaron a asegurar el lugar, las transmisiones de Connix y compañía rellenando el tenso silencio mientras esperaban el aviso para bajar. Al recibirlo, volteándose al variopinto grupo, el aprendiz estimó la mejor forma de aprovechar las habilidades de cada quien.

- ¡Escuchen! La mitad de los desertores y la mitad de los rebeldes acompañarán a Aaggo de vuelta a las forjas, la mayoría de los aliens aún están peleando allá abajo. El resto se quedará aquí a evitar que vuelvan a dar energía a los escudos. Rose, ¿puedes manejar los generado...?

Miró alrededor, buscándola, y Peet señaló a la sala de generadores. Asomándose a la compuerta, vio que ésta ya estaba abajo manipulando sus controles, desertores y rebeldes cuidándole la espalda. Sonrió cuando el constante ronroneo de maquinaria se debilitó hasta extinguirse. Rose giró satisfecha.

- Hecho. Ahora hay que mantenerlos así.

- Gran trabajo –asintió él, y se volteó a las tropas-. ¿Están los equipos listos para ir con Aaggo?

Cuando vio que así era, y que habían recogido las armas de los caídos, se acercó al insectoide.

- Iré a apoyarles en cuanto las tropas de la UAL hayan abordado la nave. No tardarán mucho.

- Reziztiremoz –replicó éste con solemnidad, y gesticuló para que lo siguieran.

Peet se fue pisándole los talones a Aaggo, y Jannah se quedó a preparar la defensa en la antesala con rebeldes y desertores por igual. Mientras ella disponía a los grupos, Finn cerró los ojos para buscar a Jacen en la Fuerza. A esa distancia, no le resultó tan difícil, su familiar presencia saltaba a la vista.

Voy en camino, lo escuchó dentro de su mente, una pizca de ansiedad en su mensaje, hangar 32.

Sintiendo a la vez como un nuevo escuadrón de troopers se acercaba por el pasillo superior, una repentina idea acudió a él. A donde iba Jacen, faltaría un desertor para generar la confianza necesaria.

- Jannah, otro aprendiz Jedi abordará en el hangar 32. Irá a apaciguar a los niños mientras dure el revuelo, pero necesitarán ver a alguien de los suyos. Lleva a unos cuantos contigo, y un par de inhibidores para el camino. Jacen es humano, alto y de cabello verde, fácil de reconocer.

Si bien desconcertó a Jannah oír esto, no lo demostró. Giró a tres desertores y los señaló mientras Finn subía las escaleras y se abría a la Fuerza para prepararse a mantener a los stormtroopers a raya.

- Otro escuadrón viene hacia acá –advirtió-, deben apurarse para no toparse con ellos. Suerte.

- Suerte para ustedes también –replicó Jannah, subiendo la escalera con su grupo-. Nos vemos.

Con los ojos cerrados, Finn sintió como los cuatro desertores volvían sobre sus pasos, y a rebeldes ubicarse con inhibidores a sus costados. Por el otro lado del pasillo se oía el estampido de la marcha del escuadrón rival al acercarse. Extendiendo más aún sus sentidos a la Fuerza, percibió como a lo lejos, transportes de la UAL sorteaban el fuego enemigo para entrar a los hangares libres de seguridad.

- ...es momento de que la Primera Orden caiga por su propio peso... –se oía en los altoparlantes.

Sintiendo aquella frase hasta la médula de los huesos, Finn respiró hondo, dejando ir su emoción.


La transmisión de Kaydel se cortó de improviso cuando el grupo de Rue llegaba a los niveles más altos de la nave por un pasillo vacío. Era cuestión de tiempo, pensó, manteniendo su inquietud a raya.

- ¿Qué sucedió...? –exclamó Poe, mirándola por sobre su hombro mientras avanzaban.

Sin dejar de correr, Rue se extendió a la Fuerza buscando alguna explicación. Pero en el caos que se desataba en la capital móvil, incluso luego de un año de entrenamiento, era difícil saber qué buscar.

- No lo sé, pero estamos cerca del puente. Podemos buscarla con las holocámaras desde ahí.

Sentía a Finn y Jacen, vivos por ahí. Rue y su grupo entretanto, estaban a metros del turboelevador que los llevaría al puente, pero ya no les quedaban inhibidores. Los habían usado todos en el camino. Con el rabillo del ojo, podía ver a través de un extenso ventanal de transpariacero como transportes de la UAL ingresaban a los hangares superiores, desertores y troopers peleaban alrededor de estos.

Los altoparlantes volvieron a transmitir al cabo de instantes, pero no fue Connix quien se escuchó.

- Este es el Líder Supremo Hux, asegurando a todos los fieles servidores a bordo del Supremacy que este pobre intento de rebelión termina ahora. Llamo a todas las tropas a desplegarse en forjas y hangares, en donde se acumulan las fuerzas enemigas del caos. Muéstrenles el poder de nuestra convicción y liquídenlos a todos. Mantengan a los líderes en una pieza, para que sus cuerpos cuelguen de la torre más alta en Coruscant. ¡Larga Vida a la Primera Orden!

Estremeciéndose, la joven sintió un cambio en la Fuerza. Presintió complicaciones, instantes antes de escuchar pasos con sus sentidos refinados. Más stormtroopers. Montones de ellos. Miró a los veinte agotados soldados que corrían tras ella, Nix y Poe. Habían llegado muy lejos con las mínimas bajas.

Dando un hondo respiro, Rue rogó a la Fuerza para que ésta le permitiera mantenerlo de esa forma.

- ¡Ya casi llegamos, pero nos esperan más adelante! ¡Quédense detrás de mí! ¡Poe, cuidado...!

Giraron hacia el interior de la nave, alejándose de los hangares, a toparse de frente con ráfagas de disparos. Los reflejos de Rue actuaron antes que ella, desviando con su sable de luz violeta rayo tras rayo de alcanzar a los rebeldes. Volvieron sobre sus pasos a cubrirse tras el pasillo por el cual venían.

La joven se asomó fugazmente a medir a los troopers, al otro extremo del largo corredor metálico.

- ¡Larga Vida a la Primera Orden! –rugían, corriendo hacia ellos- ¡Larga Vida a la Primera Orden!

Un disparo la hizo esconderse de vuelta, girándose a buscar la mirada de Poe con expresión seria.

- Son al menos cuarenta. Tal vez se recrudezca antes de mejorar y no pueda cubrirlos a todos.

- La ayuda viene en camino –asintió éste, mirando a los rebeldes y luego al ventanal-. Solo unos metros nos separan del puente. Yo digo que éste es nuestro momento. Haremos que lo valga.

Un breve coro de afirmaciones secundaron sus palabras, mientras las tropas alistaban sus armas.

- Me traje uno de los prototipos de Sunrider, por si acaso –agregó Nix a su lado-. ¿Bastará...?

- Te besaría el cerebro –soltó la aprendiz con una oleada de alivio. No quería tener que matarlos.

- ¿Gracias...? –sonrió Nix, desconcertada-. Pero me tomará un tiempo hacerlo funcionar.

- Te cubriremos para que te acerques lo suficiente –le aseguró Poe-. Rue, a tu señal, saldremos.

- Entendido –asintió ella tomando aire. Activó su segundo sable de luz, y gritó ladeando el rostro al pasillo-. ¡QUÍTENSE LOS CASCOS Y NO LES HARÉ DAÑO! ¡ÚLTIMA ADVERTENCIA...!

Despejando la mente a la Fuerza dejó que ésta guiase sus movimientos al salir a encontrarlos. Los stormtroopers disminuyeron la velocidad al ver como sus espadas dobles rechazaban los rayos con borrones de luz violeta, su menuda portadora empezó a desplazarse por el corredor cortando blasters.

Solo blasters. La oscuridad que nublaba el juicio de aquellos soldados, Rue la conocía bien. Pero serena en la luz, daba fe de que era posible transformarla. La Fuerza era la danza de ese cambio y ella la interpretaba lo mejor que podía para proteger a quienes amaba. Y a quienes no, pues también.

Llamó a la Fuerza para empujar a los troopers desarmados sobre los que aún le disparaban para recuperar el aliento. Todavía quedaban demasiados en pie. Dejó que la Fuerza continuase guiándola.

- ¡Cuando quieras, Nix! –gruñó sobre su hombro sin dejar de mover los sables de luz.

- ¡Está lista! –exclamó ella, varios metros más atrás.

Sin voltearse a mirar, sintió como los rebeldes salían del pasillo con Nix, disparando a los troopers que aún tenían las máscaras puestas. Rue hizo una mueca, mas se dijo a sí misma que ya les habían avisado. La Unión de Alianzas Libres no podía darse el lujo de perder más tiempo ahí. Debían priorizar.

El prototipo de esfera inhibidora, más grande y tosco, rodó por el suelo junto a la aprendiz, hasta llegar a los distraídos stormtroopers. A los segundos, detonó con un agudo estruendo, haciéndolos caer inconscientes. Solo quedaron seis de pie al fondo del corredor. Uno de ellos se quitó el casco en señal de rendición, y los cinco restantes avanzaron repartiendo fuego, determinados a morir peleando.

Los rebeldes abrieron fuego, y cuando el pasillo quedó en silencio, se dirigieron al turboelevador.

- Bienvenido a la Unión de Alianzas Libres –saludó Nix al confundido desertor que seguramente esperaba una paliza de su parte-. Hay más como tú abajo. Puedes ir con ellos.

Mirando los sables de luz de Rue, detrás de la twi'lek, éste asintió y se fue corriendo por el pasillo. Dos mandobles a la caja de controles fueron suficientes para hacerlos entrar y subir. Las compuertas del puente de mando estaban selladas por dentro. Por supuesto que lo estaban, resopló la aprendiz. Cediéndole uno de sus sables a Nix, trazaron una abertura en el duracero y echaron abajo las puertas.

Los rebeldes se desplegaron rápidamente junto a las puertas, ingresando al puente con los blasters en alto. Seis generales, doce técnicos y el mismísimo Líder Supremo Hux los recibieron con sus armas desenfundadas. Dando un paso al Frente, el comandante Dameron fue el primero en romper el hielo.

- En nombre de la Unión de Alianzas Libres, vengo a negociar...

El Líder Supremo disparó, y Rue congeló el rayo de plasma en el aire. Y porque incluso la tolerancia de un Jedi tenía límites, se extendió con la Fuerza a levitar todas las armas en manos enemigas. Éstas flotaron fuera de su alcance, y antes de ceder a la tentación de apuntarlos con ellas, la joven aprendiz las dejó caer frente a los rebeldes para que las tomaran. Luego hizo un gesto a Poe para que siguiera.

Éste se apartó de la trayectoria del disparo, se aclaró la garganta y retomó el discurso mientras los rebeldes se acercaban a amordazar a técnicos y generales. El rayo congelado fue a dar a una pared.

- ...vengo a negociar los términos básicos de su rendición. Sus stormtroopers son a partir de hoy civiles secuestrados a ojos de la UAL, a menos que se levanten en armas contra ésta. Todos sus altos mandos serán detenidos por el atentado a la Nueva República, el ataque a gobiernos independientes y crímenes de guerra contra los seres de la galaxia. Tendrán un juicio al fin del conflicto, por lo que solicitamos su cooperación para replegar sus fuerzas. Cualquier intento de agresión será penado a la brevedad con exilio –pausó para reprimir una sonrisa burlona-. No lo recomendaría. Encontramos varios planetas desiertos luego de su invasión a Ajan Kloss.

A través de la Fuerza, Rue percibía el desconcierto de los ahora esposados generales. Hux fue, para sorpresa de nadie, el que mayor resistencia opuso a ser atado con el resto a una baranda junto al ventanal. Su rostro enrojeció de cólera mientras forcejeaba con dos fornidos soldados de la UAL.

- ¿¡Cómo se atreven...!? -uno de ellos le dio un puñetazo, y Hux se quedó muy callado.

- Eso fue por Hosnian Prime –le gruñó el soldado.

- ¡Clover! –exclamó Poe, enfadado- ¡No golpeamos a nuestros prisioneros! Por merecido que se lo tengan. ¡Ve a vigilar a la puerta!

Mascullando una disculpa, éste obedeció, siendo reemplazado por otro soldado. Rue observó en silencio, escaneando el salón con la Fuerza. No percibió ninguna amenaza. Luego del incidente, y con el personal del puente reducido, dos rebeldes quedaron haciendo guardia fuera del turboelevador, y el resto de soldados, técnicos en su mayoría, se hicieron con las estaciones de control del Supremacy.

- De acuerdo –Poe se dirigió al centro del puente de mando tronando el cuello, mientras la aún incrédula tripulación atada observaba con ojos desorbitados-. Quiero las áreas de residencia, formación, abastecimiento y desarrollo cerradas, y bajo protocolo de catástrofe. No queremos que más stormtroopers lleguen a hangares y forjas. Comunicaciones, vamos a enviar una transmisión a toda la nave. Seguridad, ¿puede alguien buscar a Connix en las holocámaras...?

- ¿Qué les hace creer que han ganado? –estalló finalmente Hux, temblando de furia- ¿Tienen idea del poderío de la Flota de la Primera Orden? ¡Han firmado su propia sentencia de muerte! Tenemos la ventaja numérica, y el Supremacy pronto será recuperado por nuestras fuerzas.

Preparándose para transmitir su mensaje, Poe apenas levantó una ceja mirando en su dirección.

- Es por eso mismo que vamos a aterrizarlo.