Capítulo 5: Fragmentos del pasado
Brona resultó ser una preadolescente. Una sorprendentemente lista, pero en serios problemas. Nix había decidido no ser tan dura con ella, mas a medida que se disculpaba rígidamente ante ellos, notó que exhibía el mismo desdén de los adultos en la mesa. Parecía hablar en básico desde un pedestal.
- Oír las transmisiones encriptadas de su base en Goji fue casi un juego. Un amigo de la familia Ikroni las descifró en días, y cuando captamos una señal en la frontera, lo insté a ayudarme a alterar mi voz para replicar. Me prohibieron verlo otra vez. Siento haber malgastado su tiempo.
Había sido solo una travesura, se recordó con paciencia. Una que casi los encarcela en un planeta desconocido fuera de los mapas de la Nueva República, pero todos los niños actuaban así a esa edad.
- ¿Así que respondiste a mis señales... porque estabas aburrida?
Jacen llevaba minutos mudo de indignación. Esas fueron sus primeras palabras. Bajo la mesa, Nix posó una mano en su rodilla. Él la estrechó disimuladamente, exhalando entre dientes para calmarse.
- Aquí se nos alienta desde la niñez a exhibir iniciativa para resolver problemas –Brona alzó una ceja-. Detecté fallas de seguridad en sus comunicaciones, y ahora se las hago saber. De nada.
La audacia de esta niña. Antes de que su irritado Jedi hablase sin pensar, Nix se adelantó a replicar.
- Acordemos que este incidente ya quedó en el pasado. Agradecemos haber conocido a esta honorable familia, y de regreso a Goji aprenderemos a mejorar la seguridad de nuestra señal.
- Su benevolencia con Brona es... admirable –comentó el Aristocra, desde el otro lado de la gran mesa llena de exóticos platillos-. Pero la familia Boadil no tendrá la misma consideración.
La chica frunció los labios cabizbaja, y pese a no aprobar sus acciones, Nix se sintió mal por ella.
- No creí que hablara en básico, Aristocra –terció Jacen, ahora controlando su tono-. Me alegra que así sea. Tal vez facilite mi solicitud de información sobre Ezra Bridger. ¿Conoce el nombre?
Si bien los chiss siguieron comiendo y bebiendo como si nada, la tensión en la mesa se disparó.
- ¿Cuál es su relación con él? –preguntó el Aristocra tras unos segundos, ladeando la cabeza.
- Fue mi maestro –él replicó con reservas tras ver la expresión de Argonis-. Por un corto tiempo.
- Ya veo... –el jefe de los Boadil asintió, inexpresivo-. Lo cierto es que no conozco toda la historia. Sólo sé que fue prisionero de un Almirante Imperial chiss, un exiliado que nos ofende nombrar. Él lo dejó en nuestro territorio, pero entiendo que fue extraditado a la Primera Orden hace años.
Nix vio con el rabillo del ojo que Jacen se enderezaba. Estrechó su mano bajo la mesa. Estaba fría.
- ¿La Primera Orden...? –ella incrementó la fuerza de su agarre para advertirlo. Pálido, él calló.
- ...gobierno que fue duramente atacado por la Unión de Alianzas Libres hace solo días –terció Brona de súbito-. Aristocra Ilriken, oír el relato de esta gente podría ser instructivo para las...
- Nuestros invitados deben estar cansados –le cortó Argonis en un tono que no admitía réplicas.
Él se paró, y con una inclinación, habló largo y tendido en cheunh. Nix vio que Brona, inexpresiva, cerraba las manos en torno a sus cubiertos. A una respuesta del Aristocra, un sirviente parado junto a la puerta salió y volvió a entrar con dos guardias. Como leyendo su inquietud, el anciano giró a ellos.
- Los escoltaremos a sus cuartos. Mañana en lo que revisan sus cargos, llamaremos al profesor Tarbe'eli'kleoni. Si alguien conoce algo acerca de Ezra Bridger, debe ser él. Ahora, por favor...
Ellos salieron a su señal, seguidos de cerca por los guardias. Al menos esta vez, no los vendaron para ir de un sitio a otro. Pero los pulcros pasillos blancos y los bellos vitrales geométricos que Nix vio no podían distraerla lo suficiente de su repentina inquietud. Mirando de reojo a Jacen, rogó a la Fuerza para no incomodarlo demasiado. Después de todo, si Brona ya había intervenido sus transmisiones...
- Usaremos un solo cuarto –comentó casual a Argonis mientras caminaban-. Somos una pareja.
Jacen giró levemente la cabeza hacia ella. Su rostro estaba sereno, pero había pánico en sus ojos. Nix le dirigió una mirada significativa. No pensaba quedarse sola en el cuarto de un planeta extraño si podía evitarlo. Además, tenían que conversar. El anciano se limitó a alzar las cejas y asentir una vez.
- Ciertamente.
Se detuvo frente a un liso muro, y al pasar la mano por éste, se abrió una compuerta. El interior del cuarto estaba tenuemente iluminado, con muebles sencillos del mismo estilo que la mansión. Si bien los guardias tenían todas las de vigilar afuera por la noche, se veía mucho más cómodo que la cárcel.
- ¿Somos prisioneros de la Primera Orden, señor? –Jacen inquirió con frialdad-. ¿Están aliados?
- Somos neutrales –Argonis repuso, serio-. Por necesidad. Ellos nunca sabrán que están aquí.
El anciano dio un largo suspiro mirando a los guardias, antes de acercarse a agregar en voz baja.
- Esta información es altamente confidencial. La Primera Orden ocupó territorios chiss por años. Entiendo que la extradición fue parte del acuerdo para expulsarlos, tras la muerte del exiliado.
- Cuando hablan del exiliado... se refieren a Thrawn –el aprendiz frunció el ceño-. He oído de él.
- Él sospechaba que su Emperador había sobrevivido a Endor. Algunos creen que todavía vive.
El impasible rostro de Argonis parecía evaluar su reacción. Nix y Jacen intercambiaron una mirada, entendiendo que tal vez, la Fuerza los había traído ahí con un motivo distinto al que tenían en mente.
- Nosotros también –admitió ella, sosteniendo la mirada del chiss.
Tras el desastre que resultó ser el consejo, Rue tuvo que practicar Zama-Shiwo para desahogarse.
Desde la postura inicial, comenzó a girar dando golpes y patadas. En la cueva cerca de la superficie que usaban para entrenar, rocas y trozos de hielo flotaban a su alrededor al ritmo de sus movimientos. La meditación estaba bien la mayoría del tiempo, pero otras veces simplemente había demasiado ocurriendo dentro de sí, y debía canalizarlo en algo concreto para dejarlo ir.
Eventualmente sus movimientos se suavizaron, y respirando más tranquila, entró al pozo de luz en su interior. Consultó su enojo. No solo le irritaba tener que defender lo indefendible frente a un consejo que tampoco simpatizaba con Solo, o tener que ir tras el impostor. Le molestaba estar en esa posición.
Rue estaba en deuda con Ben por salvale la vida en el Supremacy y aún no lograba saber por qué. Por qué, teniendo el trono a su alcance, él había elegido sanar a su enemiga, dejar la Primera Orden y volver a la luz. No tenía sentido. Tampoco que, tras matar a Snoke, aún conservaran esa conexión...
...un cambio en la Fuerza interrumpió sus pensamientos. Frunciendo el ceño, sintió que debía ir a ver a Leia. Dejó las rocas caer con cuidado y volvió veloz por los túneles a la ciudad en la gran cueva.
- Leia... –entrando a la habitación junto al salón de asambleas, la encontró sentada ante un radio con una mano sobre el pecho-.¿Qué pasó? ¿Malas noticias?
La canciller levantó la mirada, aliviada como no la había visto en meses. 3-PO se acercó a saludar.
- ¡Señorita Rue, que oportuno! La canciller me había pedido localizarla. ¿Desea una taza de té?
Él le estaba sirviendo uno a Leia, señal de que intentaba reconfortarla. Rue se negó con un gesto.
- Estoy bien, gracias 3-PO –se giró a Leia, quien se veía algo aturdida-. ¿Por qué quería verme?
- Lando acaba de contactarse con la UAL –ésta señaló un asiento frente a sí, y Rue se sentó sin dejar de mirarla-. Quiere unirse. Pero hay... más... Busca repuestos para un X-Wing, del mismo modelo que el de Luke. Sólo dijo que se estrelló fuera de su refugio pero tuve una corazonada...
- Cree que Ben está con él –su corazón empezó a martillarle el pecho-. Eso sí tiene sentido...
Herido y perseguido por la Primera Orden y la UAL, habría buscado un lugar seguro para sanar. Lando estaba retirado y era como familia para él. Era posible que, pese a todo, aún aceptara ocultarlo.
- Iré a chequear enseguida –asintió la joven sin vacilar-. ¿En dónde se encuentra Calrissian?
- Tiene un refugio a unas horas de Ciudad Hyllyard, en Myrkr –ahuecando las manos alrededor de su taza, le dirigió una mirada cómplice-. Chewie ya está cargando el Halcón con repuestos...
- ¿Myrkr? –el droide giró la cabeza al oír el nombre-. El mundo está ubicado en el Borde Interior, pero personalmente creo que es uno de los sitios más alejados de la mano de la civilización...
Con el estómago revuelto, Rue apenas oyó a C3-PO. Viendo la expresion de Leia, mitad esperanza mitad preocupación, se dijo a sí misma que no le fallaría volviendo con las manos vacías. No tras notar que su rostro parecía rejuvenecer pensando en Ben. ¿Habría estado Maz así al sentirla volver a casa?
En un impulso, se paró de su asiento y abrazó torpemente a Leia, quien por fortuna había apartado su taza. Ésta le devolvió el abrazo. Se sentía cálido, y la voz de Rue tembló ligeramente al prometer:
- Lo traeré de vuelta –recuperándose, se apartó y alzó una ceja-. ¿Tengo permiso para aturdirlo?
- Confío en que encontrarás una alternativa –Leia la regañó cariñosamente con la mirada.
- ...resumiendo, creo que pese al pobre desarrollo de la ciudad, será un viaje educativo para la joven Rue –seguía 3-PO como si nada-. En especial, dadas las mutaciones de la fauna nativa...
- Por los lagartos anti-Fuerza, sí, sí –replicó Rue, recordando partes de la larga charla del droide.
- Ya que no podrás usar la Fuerza ahí –advirtió Leia-, será mejor que lleves a Emmie contigo.
Ella ya llevaba veinte años sobreviviendo sin trucos Jedi y no tenía tiempo que perder. Debía seguir esa posible pista a Solo mientras aún estuviese fresca. Dando un corto asentimiento, se despidió de ambos y salió a buscar a Emmie antes de que 3-PO la retuviese con más datos curiosos sobre Myrkr.
- ¿Quieres hablar sobre lo que pasó en la prisión? ¿O de lo que dijo Agonis, o el Aristocra...?
Nix nunca había visto a Jacen tan alterado como en la celda. Luego de que el anciano los dejara en la habitación con promesas de una reunión aclaratoria al día siguiente, y tras revisar por minutos que ésta estuviese libre de aparatos de espionaje, se atrevió a tocar el tema. En ryl, solo por si acaso.
- ¿Qué...? -quitándose las botas, él volteó a verla con expresión distraída.
Ella repitió la pregunta, sentándose junto a él a los pies de la cama. Jacen se desanudó su coleta en silencio, y su largo cabello verde se desparramó sobre el colchón cuando se dejó caer de espaldas.
- Un Jedi no debería lamentarse por el pasado -resopló, ceñudo-. Me tomó desprevenido sentir a Ezra, después de buscarlo en vano por tanto tiempo. Ahora no puedo dejar de pensar en él.
Tendiéndose junto a él, acarició su rostro para consolarlo. Jacen cerró los ojos. Ella no sabía mucho de su infancia, y lo que sabía, se lo debía a las historias de Hera. Un Remanente Imperial lo secuestró de niño. Su maestro, solo a meses de volver a casa, lo había rescatado a costa de ser nuevamente atrapado. Nix solo podía imaginar la culpa que sintió el aprendiz, pasándose años buscándolo en las Regiones Desconocidas. Saber que estuvo en aquella prisión debió ser devastador para él. Suspiró.
- Entiendo lo que es perder a quienes amas. Evitar recordarlos no soluciona nada, créeme. Pero sí podemos construir un futuro mejor en su memoria. Tal vez hablar con el profesor te ayude a dar un cierre a esa búsqueda. Por la forma en que reaccionaste, me pareció que te hacía falta.
¿Y Nix, tuvo un cierre a la muerte de su familia? La pregunta revoloteó en su mente, sin respuesta.
El aprendiz suspiró mientras ella se ponía a jugar con su cabello, y tras instantes de silencio esbozó una tenue sonrisa. Cuando volvió a abrir los ojos, la miró con ternura, estirándose a acariciar su mejilla.
- Hablas como toda una Jedi –ella sonrió al halago, y él se levantó, besando su frente de camino a sentarse en posición de loto-. Tienes razón, tal vez la Fuerza nos trajo para esto. Pero siento que tropezamos con algo más que una broma, con lo que dijo nuestro anfitrión. Meditaré sobre aquello antes de dormir. Odio ser el aguafiestas, pero... será mejor si no me esperas despierta.
Nix hizo un puchero viendo su torso a través de la camisa a medio abotonar. Había extrañado estar a solas con él. Lo superó en breve. No todo era romance y pasión con un Jedi, y ella había aprendido a aceptarlo. Su amor era fácil y ameno, y la joven se sentía libre con él. Se levantó por un último beso.
- Sobreviviré. Buenas noches, Jacen –tras despedirse, fue a meterse bajo las frazadas-. Te amo.
- Te amo, Nix –le oyó replicar, mientras bajaba las luces con la Fuerza.
Se durmió con una suave sonrisa, de alguna forma sintiendo la paz que radiaba su novio al meditar.
Entrando a la atmósfera de Myrkr, Rue sintió el momento exacto en el cual la Fuerza dejó de servir. Chewie había estado con los nervios de punta todo el camino. De un momento a otro, ya no lo percibió. Sentada de copiloto en el Halcón, lo miró de reojo mientras él pilotaba según las indicaciones de R2.
- Si Ben realmente está en lo de Lando, tal vez no sea tan terrible que la Fuerza no sirva aquí.
Tendrían la ventaja numérica, y el wookiee era incluso más grande que Solo. Chewie no respondió.
- Mis sensores indican que están agitados –sentenció Emmie desde el asiento tras Rue-. Puedo sugerir una serie de tácticas para reducir al fugitivo de la forma más eficiente...
Chewie soltó un solo rugido a modo de negativa, y tanto droide como aprendiz pegaron un brinco.
- O podríamos solo hablar –Rue terció entre dientes, volteándose-. E improvisar, si eso no sirve.
- Si insisten... –replicó Emmie con tono ofendido, y el astromecánico bipeó que estaban cerca.
Llegaron al refugio al amanecer. De no ser porque la ubicación estaba guardada en la memoria de R2, jamás lo habrían visto. Los árboles de la zona eran enormes y frondosos, y el Halcón dio un giro para aterrizar en una plataforma que de a poco se elevaba sobre éstos. Sólo al acercarse, Rue reparó en que había un rastro de ramas rotas entre las copas. Tal vez por ahí habría caído el caza misterioso.
La plataforma de aterrizaje bajó al Halcón a través de un verde dosel de hojas que se cerró sobre ellos al descender. Una vez a nivel de la tierra, Rue distinguió un gran edificio con amplios ventanales de transpariacero y terrazas que casi tocaban los árboles de alrededor. Un riachuelo corría de un lado.
Aquello no era un refugio, era una jodida mansión. Pero una de muy buen gusto, debió reconocer. Saliendo de la nave, el helado aire del bosque le erizó la piel y le llenó los pulmones de aroma a resina.
- Cuando oí que el Halcón solicitaba permiso para aterrizar, no me lo creía. ¡Chewie, viejo amigo!
Calrissian salió de una puerta transparente con los brazos abiertos y una sonrisa. Parecía relajado, pero en lo que abrazaba a Chewie, Rue hizo señas a Emmie para que monitoreara sus signos vitales.
- Está tenso, pero es bueno ocultándolo –susurró la droide mientras el wookiee gruñía de gozo por el reencuentro-. Maz siempre dijo que era un gran timador. Incluso tras volverse respetable.
- Si detectas que miente, házme una señal –la joven indicó, para luego acercarse a estrechar su mano-. Señor Calrissian. Rue Kanata. Ella es Emmie. Hemos oído muchas historias de usted.
El reconocido exgeneral le pareció tan encantador como se lo habían descrito... hasta que la saludó besándole la mano ofrecida. Rue estuvo a punto de gruñirle si acaso también besaría a Emmie, pero por el bien de la misión, lo dejó pasar. Los ojos de Calrissian relucieron con curiosidad al observarla.
- Y yo no he oído lo suficiente de ti, jovencita, pero sospecho que se debe a la pobre cobertura de la HoloNet estos días. Llámame Lando. ¿Qué trae a la hija Jedi de Maz Kanata por aquí?
Aún sin hacerse una idea de las intenciones de Lando, optó por seguir la historia oficial de la UAL.
- Oímos que necesitaba repuestos antes de ir a unirse a la UAL –Rue estudió su reacción-. Así que le trajimos los repuestos. Espero que no se haya lastimado estrellando su X-Wing.
- Oh no, no fui yo –él ni se arrugó, desestimando la idea con un gesto de la mano y una sonrisa amable-. Ya no tengo edad para volar un caza. O para entretener a mis invitados en este frío. Pasen adentro, por favor. Ya enviaré a alguien para que descargue los repuestos del Halcón.
Chewbacca gruñó a R2 que se quedara a realizar diagnósticos a la nave, y caminó detrás de Lando.
Tras una breve evaluación, Rue decidió seguirles el juego y entrar. Una Jedi debía tener paciencia para desenmarañar la verdad, y a ella le vendría bien practicar. Emmie la siguió. Lando los condujo al interior de su vivienda a través de un luminoso pasillo de transpariacero que se podía opacar para dar privacidad a las habitaciones. Ella alzó una ceja observando la colección de arte que decoraba el lugar.
- Tiene un precioso hogar, señor. Y uno muy espacioso además. ¿Cuánta gente vive aquí?
Subiendo unos finos peldaños que parecían flotar entre muros translúcidos, él encogió los hombros.
- Es variable. Tengo un reducido personal de confianza que a veces se queda a acompañarme.
- ¿Fue uno de ellos quien estrelló el caza? –preguntó Rue siguiéndole el paso escaleras arriba.
Chewie giró a advertirla con los ojos. Aún subiendo delante de ellos, Lando replicó con desenfado.
- Fue más bien un aterrizaje de emergencia, pero gracias a la Fuerza, ninguno salió lastimado.
Emmie no le avisó nada, y Rue entornó los ojos. No era lo que le había preguntado, pero presionarlo frente a Chewbacca tal vez no era la mejor política. Eran viejos amigos, y el wookiee estaba... sensible.
- Gracias a la Fuerza... –la joven repitió para zanjar el tema.
Lando los llevó a una terraza climatizada en el tercer piso. Droides terminaban de poner una mesa cuando entraron por otra puerta transparente. El desayuno que los esperaba era el paraíso comparado a las raciones que comían en Goji: frutas y panecillos, fiambres, huevos, miel, y caf que no olía añejo...
Pero Rue perdió el interés en el festín al divisar una criatura familiar colgando de un árbol inclinado a la terraza. Pasó de largo la mesa y caminó con lentitud a la baranda, piezas encajando en su mente.
- Ése es un ysalamir –dijo Lando-. Nada puede moverlos cuando se instalan, ten cuidado con...
- Monté un rancor una vez –lo cortó, mirando ceñuda al lagarto de pelo dorado. Éste disfrutaba el calor que radiaba la terraza, tal y como el suyo solía hacer bajo el tablero-. Puedo manejarlo...
Recordaba vagamente cómo se hacía. Desactivó el campo de fuerza de la terraza y se acercó a la criatura con suavidad. El ysalamir parpadeó con sus cuatro ojos fijos en ella, y sus garras enterradas en la corteza del árbol. Con el corazón acelerado, Rue extendió una mano sobre su cabeza y dejó que la oliera. Cuando él se acostumbró a ésta, acarició un punto detrás de su oreja, y luego bajo su barbilla.
El ysalamir se soltó del árbol con un chillido amistoso y trepó a su brazo buscando más caricias.
- ¡Vaya, vaya! –Lando exclamó a sus espaldas-. ¿Quién te enseñó a separarlos de sus árboles?
- Tenía una mascota así cuando niña –explicó con voz queda, sin dejar de rascar al ysalamir.
Y Nazzer le había disparado en un arrebato, ya ni recordaba la razón. Fue la primera vez que Rue averió la nave con la Fuerza. Suspiró, dejando ir su pesar. La galaxia era un lugar menos cruel sin él.
- Eres la bebé de Mara... –Rue volteó bruscamente a Lando y el ysalamir saltó de vuelta al árbol.
- También la conociste –miró de reojo a Chewbacca-. No me habían dicho que era tan popular...
El wookiee, por respeto, dejó de comer con un suave gruñido. Desde la mesa, la expresión afable de Lando se ensombreció ligeramente, mientras jalaba la silla ubicada a su lado y se la ofrecía a Rue. Ésta fue a sentarse a la mesa, no sin antes invitar con un gesto a Emmie para que hiciese lo mismo.
- ¿Y bien? –la joven preguntó, disponiéndose a escuchar con serenidad- ¿Cómo se conocieron?
Lando se sonrió con tristeza mientras le servía una taza de caf. Se reclinó en su silla al responder.
- Trabajando para la Nueva República. Encubierta con Nazzer, Mara solía venir por ysalamires para bloquear sus habilidades en la Fuerza. Su embarazo empezaba a notarse. Cuando dejó de reportarse en Inteligencia, asumimos que, o bien los había capturado el mismo Remanente Imperial que se llevó a mi hija, o bien habían elegido desaparecer de sus radares para evitarlo.
Sin notar señales de Emmie, asintió en silencio. Lando era honesto, pero Mara ya sabía cerrarse de la Fuerza. Su bebé no. Concluyó afligida que ésta la había protegido más de lo que le dio crédito, usando lagartos anti-Fuerza para evitarles la furia de Nazzer, y quedándose con aquel monstruo para salvarla de otro peor. ¿Habría sabido ella que el Emperador era responsable de la creación de Snoke?
- Siento lo de su hija –dijo Rue, en lo que aceptaba y dejaba ir las emociones que la invadían.
- Gracias –él asintió con solemnidad-. Tal vez con la caída del Supremacy, pueda saber de ella.
- Espero que la Fuerza lo guíe –suspiró, eligiendo ser sincera-. Quisiera escuchar de Mara, pero encontrar a Ben Solo es más urgente. Es la razón por la cual acompaño a Chewie. Sé que Ben está herido, y que podría refugiarse aquí. Si es el caso, por favor, ayúdeme a convencerlo de venir con nosotros. La UAL necesita su ayuda, y él también podría beneficiarse con la nuestra.
Lando la estudió por instantes con expresión neutra. Rue sostuvo su mirada mientras oía a Chewie gruñir que cómo sabía que estaba herido. Kriff. Ella no debería saber eso. Calrissian entornó los ojos.
- Chewie está en lo cierto. ¿Cómo sabes que estaba herido...?
- Lo sentí en la Fuerza, fuera de Myrkr... –replicó de inmediato, no era mentira. Pero el tono de Lando le indicó que él también estaba al tanto de su estado-. Él estrelló el X-Wing, ¿no es así?
- Me temo que prometí que no revelaría detalles de su paradero –Calrissian repuso, lacónico.
Pero había un brillo cómplice en su mirada. Ahora fue Rue quien entornó los ojos con sospecha.
- Así que casualmente le pidió a su madre los repuestos de un caza que usted no volaría, pero él si sabe conducir –una sonrisa bailó en sus labios al entender-. Por si ella captaba la indirecta.
- No puedo confirmar o negar esa teoría... –Calrissian bebió de su caf disimulando su sonrisa.
Chewbacca gruñó elocuentemente que debían hablar con él, y que no se irían sin haberlo hecho.
- Pues ya escuchó al wookiee... –asintió la aprendiz, mirándolo expectante-. Tenemos tiempo.
Reforzando la idea, Rue se recargó en su silla a mordisquear un panecillo. Lando alternó su mirada entre ambos, y se levantó de la mesa con ademán elegante. Inclinó la cabeza al anunciar al wookiee:
- Avisaré que descarguen los repuestos. Y con tu permiso, quisiera ir a presentarle mis respetos al Halcón... Tal vez nos pongamos algo sentimentales allá, por lo que sugiero que la señorita Kanata y Emmie vayan a conocer la preciosa cascada que está más o menos a una hora río arriba –se volteó a guiñarle un ojo a Rue-. Me han contado que es un buen lugar para meditar.
Nix despertó al día siguiente con Jacen abrazado a su cintura. Aún adormecida, volteó a mirarlo y se sonrió apartando el cabello de su rostro. Había olvidado en dónde estaban, hasta que éste despertó de golpe y se sentó viendo la puerta. El pulso de la joven se elevó temiendo problemas, pero tras unos segundos, él suspiró y meneó la cabeza. Momentos después, alguien llamó para entrar.
- Ah... ¿adelante? –Jacen respondió restregándose los ojos, y la compuerta se abrió.
Un droide protocolar los reverenció antes de dejarles una bandeja de objetos de aseo y ropa limpia.
- Buenos días. El consejero Argonis y Brona les esperan para desayunar. Luego asistirán a una reunión con el profesor Tarbe'eli'kleoni, en la Biblioteca Expedicionaria. Por favor, aséense y vístanse acorde a la ocasión. Lamento informar que el protocolo de transporte será el mismo.
El droide salió haciendo otra reverencia, y ellos se arreglaron para ir a desayunar vestidos con ropa extrañamente gruesa, acordando guardarse las preguntas delicadas para cuando estuviesen afuera.
Vendados fuera de la mansión Boadil, emprendieron un callado viaje en deslizador. Habían pasado varios minutos cuando Argonis dio una orden en cheunh, y los guardias sentados a cada lado de Nix y Jacen les despejaron la vista. Frotándose los ojos, lo primero que la joven vio fue el rostro del anciano sentado con Brona, frente a ellos. El transporte aún se movía por un túnel. Éste dio un suspiro agotado.
- Ahora podemos hablar libremente. Pero si esta conversación, o cualquiera de aquí en adelante, llega a oídos de los Aristocras, me temo que tendré que negar todo y ejecutarles –sus gastados ojos rojos los evaluaron-. Por espionaje y terrorismo. ¿Entienden y aceptan estas condiciones?
Jacen se removió inquieto junto a Nix, rodeándola con un brazo entre los dos silenciosos guardias.
- Entenderíamos mejor si nos explican por qué estamos realmente aquí –replicó, sus ojos azules destellando perspicaces-. Sospechamos que lo Brona fue solo una pantalla, ¿no es así?
Brona asintió observándolos con expresión calculadora, tan extraña en una muchacha de su edad.
- Debíamos ser cuidadosos. Divulgar secretos de Estado también está penado con la muerte.
- ¿Qué secreto de Estado? ¿Que la Primera Orden tuvo a mi maestro, que ocupó su territorio...?
Ella señaló la ventana del deslizador, justo cuando salían a la superficie de un planeta congelado.
- Éste secreto. Estamos sobrevolando Csaplar. Capital de Csilla, el corazón de la Ascendencia.
Hasta donde llegaba la vista, sólo había hielo azul y montañas irregulares. Nix estaba resolviendo que las horas extra del viaje a la prisión habían sido un engaño, cuando notó que una de las montañas era en realidad la torre de comunicación de un espaciopuerto. Estaban sobre unas ruinas congeladas.
- Oh, no. ¿Qué pasó aquí? –preguntó con un hilo de voz, viendo los serios rostros de los chiss.
- Esto... es lo que queda del distrito diplomático tras años de bombardeos. Las cuevas cercanas a la superficie están en similar estado: destruídas y congeladas, más allá de cualquier arreglo.
- ¿Quién hizo esto? –Jacen agregó, inclinándose al transpariacero a mirar- ¿La Primera Orden?
Por un instante, Nix creyó ver auténtico pesar en los ojos de Argonis. Se fue tan rápido como llegó.
- Fue el Remanente Imperial huyendo a las Regiones Desconocidas. No explicaré las mezquinas luchas de poder en las Familias Regentes que les permitieron traspasar la frontera chiss, solo el resultado: nuestros territorios saqueados, nuestros líderes asesinados. Y los sobrevivientes de las rebeliones que siguieron, humillados a otorgar cada vez más concesiones para asegurar algo de autonomía. Ni siquiera Thrawn y sus fuerzas disidentes lograron expulsarlos. Solo pudimos ocultar nuestros recursos más valiosos, y negociar que se fueran a devastar otro sitio.
La joven sintió un escalofrío. No solo por la historia de destrucción que volvían a protagonizar los herederos del Imperio. Con el paso de los minutos, el deslizador comenzaba a perder temperatura, y sus alientos se volvían vapor. Notando esto, Argonis habló al conductor y el transporte volvió al túnel.
- La Primera Orden emergió a costa de sangrar miles de mundos, los nuestros entre ellos. Los Aristocras quieren borrar estas derrotas de la historia de la Ascendencia, reponerse en secreto, pero un grupo de Grandes Familias, subordinadas a las Regentes, han detectado actividad sospechosa en las fronteras desde el acuerdo de retirada. Hay más ocurriendo fuera de nuestro territorio, y nada garantiza que no nos volverá a afectar. Queremos estar preparados esta vez.
Mientras volaban entre túneles y cuevas, poblados enteros lucían desiertos por el avance del hielo.
- ¿Por qué llamarnos ahora? –Nix inquirió, impactada- ¿Por qué no antes, a la Nueva República?
- ¿Y revelar nuestro fracaso? Estamos expuestos en esta parte de la galaxia. Los grysk, los ssi-ruu, los vagaari... Lucir débiles los atraería. Protegimos la Asendencia con nuestro hermetismo.
- Y condenaron a tantos otros –sus lekkus temblaron al replicar. ¿Cuántas vidas habrían salvado de advertirles del poder amasado por el Remanente Imperial?-. Aquí y en la Nueva República...
- Nos arriesgamos a buscarlos ahora –terció Brona entre dientes-. No nos gustan los extranjeros, no confiamos en ellos. Nos matarían si supieran lo que hicimos. Así que guárdate tus juicios...
- Brona –la cortó Argonis, y ésta calló desviando la mirada.
Jacen carraspeó. Cuando Nix volteó a mirarlo, vio que fruncía el ceño como ordenando sus ideas.
- Es bastante para procesar en un solo día –usó su tono Jedi, y ella recordó que era inútil pensar qué hubiera pasado-. Entiendo que nos trajeron aquí para mostrarnos cómo la Primera Orden se consolidó a costa de sus recursos, algo que tienen en común con la UAL. Pero también dijo que Thrawn creía que el Emperador vivía. Esto es serio para nosotros, ¿acaso tenía pruebas?
El anciano fijó sus ojos en él, mientras Brona guardaba un ofendido silencio más acorde a su edad.
- Él sospechaba de las reales intenciones del Emperador al planificar la subsistencia del Imperio tras su muerte: que no intentaba asegurar su legado, sino que seguir en el poder. ¿Por qué un hombre como él usaría tanta energía y recursos en conservar un poder que no podría ejercer?
- No por altruísmo, de seguro –suspiró Nix-. Pero, ¿qué esperan ahora con decirnos todo esto?
Argonis enseñó las palmas en un intento de sosegarlos. Por la forma en que Jacen movía la pierna, Nix sabía que estaba perdiendo la paciencia. Ella posó una mano en su rodilla, y éste dejó de hacerlo.
- Ya que la UAL no ha hecho públicas sus sospechas sobre el regreso del Emperador, asumimos que solo tienen conjeturas. Nosotros también, basadas en el comportamiento militar de Thrawn durante sus últimos años. Les trajimos aquí a contrastar nuestra información con la de ustedes.
- Creí que Thrawn era visto como un paria –Nix alzó las cejas-. Que la Ascendencia lo repudiaba.
- No quita que muchos admiren su pragmatismo, y sentido del deber con la Ascendencia –tras una pausa, agregó a regañadientes-. Fue una mente brillante. El profesor Belik de la Biblioteca Expedicionaria se ha dedicado a estudiar sus estrategias, aciertos y errores. Por eso confío en que reunirnos con él será mutuamente beneficioso, dada la conexión de Thrawn con el Imperio, y con el maestro de Jacen, Ezra Bridger. Lo único que pido a cambio es discreción y sinceridad.
Ser honesta era la política de Nix, y era lo que haría como representante de la UAL. Pero le habían mentido las suficientes veces a la fecha como para ser cautelosa. Consultó a Jacen con la mirada. Si Argonis intentaba engañarlos, él se lo haría saber. Al observarlo, el aprendiz asintió disimuladamente.
- La UAL no le miente a sus aliados, consejero Argonis –replicó Nix, seria-. ¿Somos aliados...?
- Mientras sea en el mejor interés de la Ascendencia. Todos en este deslizador creemos que sí.
No era la respuesta que Nix esperaba, pero la ambigüedad era ligeramente mejor que ir vendados. Luego de varios minutos dentro de un oscuro túnel, el deslizador salió a una enorme cueva, blindada completamente con duracero. Luces y movimiento en el fondo indicaron que ésta sí estaba habitada. Aterrizaron en la plataforma de un edificio ubicado en lo alto de un risco de roca. Parecía una fortaleza.
- Este lugar está demasiado protegido como para ser una biblioteca... –observó Jacen.
- El conocimiento es un recurso valioso –intervino Brona-. En epecial cuando lo creen extraviado.
El solo caminar a la entrada hizo a Nix temblar de frío. Tras bajar varios niveles en un turboelevador, llegaron a una alta habitación un tanto menos helada. Majestuosos estantes de piso a techo estaban cubiertos de libros orgánicos, reliquias como los Textos Jedi que escaneó en Ajan Kloss. El centro del amplio salón estaba ocupado por filas de mesas holográficas, algunas proyectando extraños símbolos.
Mientras se adentraban en el lugar, alrededor de una decena de jóvenes oficiales los vieron pasar con caras poco amigables. Todos vestían el mismo uniforme negro. En el último mesón del fondo, los esperaba un chiss alto y delgado, vestido de color gris claro. Argonis se dirigió a él en cheunh. Tras una escueta conversación en la que Brona intervino un par de veces, el anciano continuó en básico.
- No se inquieten por los oficiales, son leales a nosotros –algo en su tono le hizo creer que eran influyentes en aquel sitio-. Les presento al profesor Tarbe'eli'kleoni. Teórico militar de la FDEC.
- Belik, si les acomoda –asintió a modo de saludo. Era atractivo, y su voz suave como el humo tenía una pronunciación impecable-. El idioma chiss no es amigable para lenguas extranjeras.
Tampoco los chiss, pensó Nix, pero calló sin ánimos de generar más tensión en aquella biblioteca.
- Deberíamos ser concisos –Brona sugirió, mirando por sobre su hombro a los jóvenes oficiales.
Con un gesto del brazo Belik los condujo a un rincón apartado de la zona de mesones, a través de las estanterías que, vistas de cerca, parecían protegidas por campos de fuerza. Nix tuvo que posponer su curiosidad, pues entraron a una claustrofóbico anexo lateral cuya puerta desapareció al cerrarse.
- Entonces... –empezó Jacen, tras segundos en los que nadie habló-. ¿Por dónde empezamos?
El anexo estaba amoblado con una mesa de conferencias. Sentándose, Argonis les invitó a imitarlo.
- Que las visitas hablen primero. ¿Qué les hace sospechar la sobrevivencia del Emperador?
Tras consultar con Jacen mediante miradas, Nix decidió complacer. La confianza debía ser mutua, y apáticos como fuesen, los chiss frente a ella parecían tener un fuerte sentido del deber. Lo suficiente como para romper sus propias tradiciones. Debido a esto, la twi'lek lamentó tener que decepcionarlos.
- Lo cierto es que nuestra única prueba hasta la fecha es el testimonio del Jedi Luke Skywalker, y el de su última aprendiz Rue. En su enfrentamiento con el Lider Supremo Snoke, fue revelado que éste había sido un clon creado por el Emperador. Hubo un tercer involucrado, Kylo Ren. Él y Rue percibieron una presencia, ajena a la de sus maestros, mientras éstos tenían un duelo.
- Un clon... –Belik ladeó la cabeza, y en la pausa que siguió, parecía intentar no reír-. Interesante.
- Uno de varios, al parecer –añadió, confundida-. Según Skywalker, Snoke fue el que sobrevivió.
- Entonces resumiendo, solo tienen la palabra de un muerto, una ladrona y un criminal de guerra en la fuga. Nuestra Inteligencia nos ha informado de la cuestionable reputación de sus héroes.
Nix hizo un mohín. Dicho de esa forma, sonaba terrible. Pero confiaba en Rue más que en nadie.
- ¿Y ustedes? –Jacen replicó, ceñudo- ¿Qué pruebas tienen salvo el testimonio de un exiliado?
Argonis los miró con visible decepción antes de darle la palabra a Belik con un gesto. Éste tocó un punto de la mesa de conferencias, y un holomapa de un sector desconocido se proyectó frente a ellos.
- Existen registros de un cataclismo en la frontera, con fecha previa al conflicto con el Remanente Imperial. Para ése entonces, la segunda Estrella de la Muerte ya no existía, y la Base Starkiller aún no operaba –Belik señaló un área vacía del holo-. Este punto siempre fue difícil de navegar, dada su cercanía a la zona del panal rojo. Pero luego de éste evento, no solo la gravedad de alrededor comenzó a distorsionar los radares de las naves. Nuestros skywalkers empezaron a enfermar acercándose a la zona.
- ¿Skywalkers? –Nix interrogó al profesor con la mirada.
- Navegantes que se orientan con la Fuerza. Niños que van perdiendo esta sensibilidad al crecer.
La twi'lek volteó a mirar a Brona. Ésta, sentada algo aparte, cruzó los brazos. No parecía contenta.
- Tengo otros dones –no elaboró.
- ¿Se trata de otra arma de la Primera Orden? –Jacen preguntó a Belik con expresión sombría.
- Nadie ha podido acercarse lo suficiente para averiguarlo. Mi teoría es que algo de gran masa colapsó ahí. Un planeta, una estrella, o tal vez un sistema. Lo curioso es que, según registros de correspondencia entre el exiliado y la Flota Expansionaria, él estaba interesado en acceder al sector, años antes del evento, la invasión del Remanente Imperial, incluso antes de quebrar con éste. Intuía que el Emperador tenía otro almacén como el del Monte Tantiss en Wayland.
La twi'lek recordaba haber oído del sitio en reuniones de Inteligencia. Skywalker lo había destruído.
- ¿Otro sitio de clonación? –tanteó Nix, enderezándose- ¿Podría ser la guarida del Emperador?
- Si está destruída, no valdrá la pena explorar –Jacen se masajeó la barbilla-. Pero si no lo está...
- Es peligroso siquiera acercarse –replicó Argonis, tajante-. Hemos perdido muchas naves allá.
- Entonces... –el aprendiz suspiró-. Su prueba de que el Emperador vive se basa en que existía otra bodega Imperial con tecnología de clonación. Una que colapsó. Tampoco es concluyente.
- Una que hicieron colapsar –el profesor se permitió una pausa dramática, como si realmente le apasionara el tema-. No mucho después, vino la invasión. Se cree que Ezra Bridger, el humano por el cual preguntaron, no era un prisionero cualquiera en los planes de Thrawn. La primera vez que vino a Csilla, después de todo, se quedó voluntariamente.
- No, no lo hizo –Jacen ahora clavó su mirada en Belik-. Él dijo que Thrawn lo había capturado.
La voz del aprendiz vaciló en la última palabra, y repentinamente Nix se inquietó por él. Su rostro seguía sereno, pero ella casi sentía las dudas que empezaban a carcomerlo. Aquello no era un cierre.
- Fue capturado –convino Belik-. Pero era un Jedi en su plenitud, pudo huír en varias ocasiones. En cambio, alarmó a los Aristocras con visiones de destrucción. Lo encerraron por incitar al caos, pero él tuvo razón al final. La Ascendencia colapsó en redes de insidia, corrupción, y con la matanza coordinada de todas las Familias Regentes de aquel entonces. El Remanente Imperial estaba prácticamente esperando fuera de la frontera para atacar. ¿Les suena familiar?
Asimilando el relato de su maestro, Jacen no estaba pronto a replicar. Pero toda la información que los chiss tenían era valiosísima para la UAL, por lo que Nix exhaló eligiendo con cuidado sus palabras.
- Suena al Emperador. Consejero Argonis, Brona y Profesor Belik, su conocimiento sería de gran ayuda para la UAL. De saber que nos encontraríamos con ustedes para compartir información, habríamos traído a alguien de inteligencia para colaborar. ¿Existe la posibilidad de que alguno de ustedes regrese con nosotros? Estaríamos más que dispuestos a transportarlos, y tal vez para entonces, puedan acceder a lo que nuestros equipos hayan encontrado en el Supremacy.
Era después de todo lo que la UAL planeaba hacer con los archivos tras analizarlos. Notó las sutiles expresiones de interés en los tres chiss sentados a la mesa, y se felicitó por la idea. Si el conocimiento era tan valioso para ellos, ya podía esperar una buena respuesta. Ellos se miraron entre sí en silencio.
- Es un riesgo que yo podría tomar –opinó Belik, tras una pausa-. Pero solo bajo una condición.
N/A: Hilar fino me hace escribir más lento, pero aquí estoy nuevamente, dispuesta a hacer un desastre en esta galaxia muy muy lejana ;)
Tengan un buen fin de semana!
