Capítulo 6: El Bastardo y la Ladrona

- Estamos cerca –susurró Rue al oír agua cayendo a lo lejos-. Emmie, mejor espera aquí. Podré manejarlo mejor sin público.

Caminando junto a ella por la orilla del río, la silenciosa droide tardó unos segundos en responder.

- Ben Solo ha probado ser una persona volátil e inestable. Quizá te ataque. Ya lo hizo una vez.

Ella sintió la irritación acumulándose en sus entrañas. Estaba harta de tener que interceder por él.

- Bien –bufó-. Escóndete y vigila desde arriba. Pero no lo aturdas a menos que te de la señal.

- Mis tácticas eran mucho mejores –Emmie replicó, trepándose a un árbol hasta desaparecer.

Viéndola subir, Rue deseó no necesitarlas. Suspiró, tanteó sus sables, y siguió el sendero río arriba.

Aquella mañana estaba tan fresca que la tierra húmeda exhalaba una débil neblina. El único sonido alrededor era el del canto de las aves, y el rugido del agua cada vez más atronador. Subiendo por la suave pendiente del bosque, a medida que avanzaba fue apareciendo una alta y cristalina cascada.

Divisó a Ben Solo sentado en medio de esta. Meditaba, pese al agua fría cayendo sobre su espalda. Rue ladeó la cabeza sintiendo su pulso dispararse. Se veía tan sereno ahí en la naturaleza... como si la galaxia entera no estuviera cayéndose a pedazos en parte debido a él. Tomó una bocanada de aire.

Ella realmente quería seguir el consejo de Leia, y elegir sus batallas... pero no en aquella ocasión.

- ¡Oye tú, grandulón! –gritó a todo pulmón, precipitándose a su encuentro.

A la distancia él reaccionó parándose lentamente fuera del agua. Su porte aún era intimidante, pero su postura se veía distinta. Sin vacilar, molesta por el año perdido, Rue subió el sendero a zancadas.

- Si tengo que perseguir a otro Skywalker por la galaxia, juro que voy a...

Estaba por decir que volvería a clavarse un puñal en el estómago cuando notó que había una gran cicatriz del lado izquierdo de su rostro. De la herida que sintió en Canto Bight. Disminuyó el paso hasta detenerse a unos metros. Su torso estaba descubierto, mostrando también la herida del costado. Y la que Chewie le dejó en el pecho en la Starkiller. Y otras recientes, que ella no sabía de dónde venían...

- Mis ojos están aquí arriba –le oyó decir con voz grave. Rue levantó la vista al instante.

- Estaba viendo las cicatrices –gruñó.

Él simplemente entornó los ojos. Su silencio escéptico la hizo enrojecer. Rue alzó la barbilla.

- Así que aún eres un bastardo arrogante.

- Así que aún eres una ladrona –ahora él alzó la barbilla, y gotas cayeron de su rostro-. ¿Es ese el nuevo legado de los Jedi? ¿Seducir y robar al enemigo?

Ella encajó la réplica mordiéndose la lengua. Las noticias esparcidas por la Primera Orden volaban rápido para difamarla, pero Rue no le debía explicaciones a nadie, especialmente a él.

- ¿Quién te atacó ese día? –preguntó en su lugar.

- Kylo Ren –él contestó alzando una ceja.

- ¿Sabes quién es?

- Estaba usando una máscara.

Rue exhaló entre dientes, mirando la fría cascada para serenarse. Determinada como estuvo por meses en hablarle, había olvidado lo irritante que era... hablarle. Las aves cantando rellenaron el largo vacío de conversación, y una helada corriente de aire la estremeció.

- ¿Por qué congelarte aquí si no puedes conectar con la Fuerza? –inquirió en lo que se calmaba.

- Es una práctica de enfoque Jedi. Se usaba para controlar reflejos a través de la respiración, y despejar la mente incluso en estados físicos de shock. Comparte principios con el Zama-Shiwo... –él hizo un sutil cambio de entonación-. Pero eso tú ya lo sabías.

Ella no lo sabía, pero no le daría la satisfacción de admitirlo. Segundos pasaron de tenso silencio.

- ¿Vienes a arrestarme? –preguntó él finalmente, y Rue volvió a mirar su rostro herido.

- Solo si te resistes –viendo que fruncía los labios, agregó de malas-. La UAL necesita tu ayuda.

- La UAL... –arrastró las palabras, cruzado de brazos. Tras la nueva pausa de aves trinando, agregó-. ¿Cómo puede un criminal de guerra, traidor y patricida, ayudar a las Alianzas Libres?

- Primero que nada, estando ahí –viendo que su expresión seria no cambiaba, suspiró y suavizó el tono-. Necesitamos encontrar al Emperador. Y crear una nueva Orden Jedi, una que sirva...

- Yo destruí la última –señaló frunciendo el ceño.

- Ambos sabemos que no fue tan así –Rue lo miró fijo. Sus ojos también se veían distintos.

- He matado aprendices Jedi –él sostuvo su mirada con la misma fijeza-. Y a muchos inocentes...

- Y me salvaste a mí, ¿por qué? -él desvió la mirada, y ella intuyó que no le gustaría la respuesta.

Ben se volteó a ir por su ropa, tendida sobre una roca. Rue hizo ademán de tomar su sable de luz, pero su mano se detuvo a medio camino. Incluso si ocultase un arma allí, no la quería muerta, ése era el misterio. Dándole la espalda, él se vistió sin decir palabra. Tras eternos segundos, ella lo apremió.

- Ben. Quiero saber por qué.

Éste terminó de cerrar su camisa y dio un hondo suspiro. Giró a enfrentarla con una extraña mirada.

- Nuestra conexión en la Fuerza... –pausó para evaluar la expresión de Rue-. Lo que Snoke dijo hacer con nuestras mentes, es algo que ya estaba latente cuando nos conocimos. Tu madre mencionó visiones de ambos al interrogarla en el Supremacy. Dijo que las tuvo durante años...

- ¿La interrogaste...? –la voz de la aprendiz sonó peligrosamente suave.

- No le hice daño –se apuró a decir, mostrando sus palmas-. Ella quiso decírmelo. Seguramente creyó que te protegía de mi influencia al no contarte. Era muy sabia, y trató de aconsejarme...

Por supuesto que Maz sabía algo, pensó con una puntada al corazón. Siempre lograba intuír todo.

- ¿Qué te dijo? –preguntó con un hilo de voz- ¿Qué vio?

- Posibilidades. Me tomó tiempo entender... -vaciló, y el estómago de Rue se cerró anticipando algo grave-. Una díada, es un poderoso vínculo en dos seres que se vuelven uno en la Fuerza...

- Yo no soy la mitad de nada –le interrumpió, erizándose.

Porque Rue lo había sentido. Y a Ben le constaba. Él calló con expresión dolida. Ahora, su rostro mostraba emoción. Ahora, él la tomaba en serio. Con el corazón desbocado ella comenzó a pasearse.

- No es lo que piensas... –Ben cerró los ojos y soltó un airado suspiro-. Sabía que esto pasaría.

Respirando agitada, Rue lo acusó con la mirada. Ahora, él también se movía como fiera enjaulada.

- Lo haces sonar tan importante, y aún así me dejaste sola en Takodana...

Su voz sonó especialmente áspera recordando el horror que sintió en el lugar de los portales. En el profundo silencio que siguió, y que ni siquiera la cascada pudo alivianar, él frenó en seco y exhaló.

- ¿Acaso crees que yo quería que...?

- ¡Cállate! –siseó al sentir que algo faltaba. Miró los silenciosos árboles-. Las aves ya no cantan...

Una bestia oscura casi del tamaño de Rue saltó de los arbustos a su lado, pero un certero disparo desde las alturas la abatió antes de que le cayese encima. La voz de Emmie se oyó sobre los árboles.

- ¡Hay más de donde vino ése, estén alerta! ¡Mis sensores fallan por algún motivo!

Viendo los arbustos, Rue notó con un escalofrío que al menos una docena de bestias los acechaba. Ben se interpuso apartándola de un empujón con el brazo, sacando un blaster del forro de la chaqueta. Las criaturas, caninos con demasiados dientes, empezaron a gruñir.

- ¿No te cerraste de la Fuerza al entrar al bosque? –gruñó él a su vez.

- ¿Cómo cerrarme de la Fuerza si no puedo sentirla? ¡Creí que los ysalamires la inhibían...!

- ¡No es lo mismo! –le ladró, como si fuese obvio-. Los vornskr cazan percibiendo la Fuerza. No quiero matarlos, estamos invadiendo su territorio...

Un chirrido metálico y un estruendo en los árboles hicieron que la sangre huyera del rostro de Rue.

- ¡Emmie...! –gritó, y dos bestias saltaron a ellos. Ben les disparó en el aire, abatiéndolas.

- Por esto me cierro de la Fuerza... –siseó él mirando los cuerpos inertes.

Rue extraía su sable de luz cuando algo húmedo y caliente se cerró dolorosamente en su pantorrilla derecha. Gritó mientras era tirada brutalmente al suelo. Arrastrada por un vornskr, su hoja de plasma zumbó en un arco violeta para decapitarlo. El cuerpo se desplomó, y ella pospuso su horror para abrir las fauces de la cabeza aún mordiéndola.

- ¡Detrás de ti! –apenas alcanzó a gritar cuando vio que otra bestia saltaba a Ben.

El vornskr lo derribó de un empujón, y con el rabillo del ojo Rue vio a Emmie acercarse a abatir al animal. Ben se lo quitó de encima y rodó a recuperar el blaster que había tirado. En lo que la droide disparaba con un solo brazo bueno a la jauría que los rodeaba, él fue a encontrarla con la respiración agitada. Desde los arbustos, más criaturas acechaban.

- No dejarán de venir, tu presencia es fuerte y los despertó hambrientos –sus ojos relucieron irritados al posarse en la sangrante herida de su pierna-. ¿Puedes correr?

Rue se paró sosteniendo el sable de luz. Emmie y Solo apuntaban a los vornskr que se acercaban ahora con cautela, agitando colas como látigos y enterrando sus garras en la tierra. Al primer paso, su pierna colapsó bajo su peso. Siseó en lo que recuperaba el equilibrio y Ben se volteó a dedicarle una resuelta mirada. Descifrándola, ella abrió los ojos como platos.

- Ni te atrev... ¡agh!

El bastardo se abalanzó a su cintura y la cargó sobre un hombro, echando a correr río abajo con Emmie pisándole los talones. Colgando de su espalda, Rue dejó de resistirse en instantes: los vornskr los perseguían como sombras terroríficas, entregándole algo de perspectiva. Guardó el sable de luz.

- ¡Dame eso! –espetó al ver que Ben seguía apuntando detrás de sí mientras huía- ¡Tú corre!

Éste le entregó el bláster sin disminuir el paso, pero sacudida por el movimiento de sus zancadas, Rue apenas lograba apuntar a las bestias más cercanas. Un vornskr se encaramó a un tronco derribado para saltar a cerrarles el paso, y Emmie le lanzó una llamarada desde la muñeca.

Rue sintió el calor abrasarle espalda y Ben frenó bruscamente. El vornskr cayó chamuscado y rodó aullando fuera del camino, pero los otros continuaron la cacería con sus fieros ojos fijos en sus presas.

- ¡Eso fue innecesario! –espetó Solo a Emmie.

- ¡Sigue corriendo, fugitivo! –replicó la droide, apuntando a la decena que aún los perseguía.

Ben reemprendió el escape y los vornskr comenzaron a alcanzarlos. Rue disparó a todos los que saltaban a su encuentro, notando como la distancia entre la jauría y ellos se cerraba cada vez más...

Un silbido agudo y penetrante rasgó el aire del frondoso bosque. Los vornskr comenzaron a llorar y encogerse, pegando sus puntiagudas orejas al cráneo. Resoplando, Ben redujo el paso. En cuestión de instantes, todas las bestias dieron media vuelta y se fueron corriendo con la cola entre las piernas.

Mirando sobre su hombro, Rue distinguió a Lando en la linde del bosque, soplando una especie de silbato. Estaban a unos metros del refugio, pero Ben pasó de largo a Calrissian dando fuertes pisadas.

- Puedes bajarme ahora –indicó ella, empezando a sentir el dolor de la mordida con el balanceo.

Lo único que escuchó de vuelta fue su respirar agitado. Quedándose atrás, Lando le dirigió a Rue una mirada alarmada. Viendo como Emmie los seguía de cerca sin bajar su brazo armado, se removió incómoda. Con el paso de los segundos, su incomodidad se volvió inquietud. Ben atravesó la entrada.

- Que me bajes, dije –le gruñó guardándose el bláster y mirando amenazante a su nuca-. ¡Ahora!

- Dos horas –resolló él, consultando el crono en lo alto del recibidor. La puso en el suelo con un fluido movimiento-. Llevas aquí dos horas, y ya encontraste el modo de causar proble... ¡agh!

Él agitó una mano demasiado cerca de su rostro y por reflejo Rue la torció en una llave. Reparó en su error al instante, el tipo era capaz de alzarla sin esfuerzo y podría partirle el cuello con esos brazos...

...en cambio, éste se dejó reducir por la llave al suelo, quedándose muy quieto y muy callado.

Ayudaba que Emmie lo apuntase con su blaster. Temblando, Rue lo soltó y se apartó, su pantorrilla palpitando de dolor con cada paso. Lando ingresó al último, observando con aprehensión el rastro de gotas de sangre que regaban desde la entrada hasta la pierna de la aprendiz. La droide bajó el arma.

- ¿Qué pasó? –preguntó él, mirando la expresión hosca de Rue, y a Ben arrodillado en el suelo.

- Nos emboscó una jauría de vornskr. No sabía que debía cerrarme de la Fuerza. Lo sé ahora.

- No debí alterarme... –Ben murmuró, incorporándose lentamente-. Pero tienes que curarte eso.

- No, tenemos que hablar –le bufó ella viendo de reojo a Lando-. En privado. Aún no terminamos.

- No hasta que te cures –su tono no admitía réplicas-. Hay un medpack en mi cuarto. Iré por el.

- Yo iré por el... –se ofreció Calrissian, abrumado por el repentino caos de su recibidor.

- No, yo iré –Rue replicó al reparar en el sutil temblor de sus manos-. Emmie, vigílalo por mí.

- No huiré a ninguna parte –los ojos de Ben relampaguearon, ofendidos.

- Dispárale si lo intenta –indicó a la droide, cojeando a la puerta señalada por Lando. Éste frunció el ceño al oírla, por lo que exhaló y añadió más calmada-. Cargas paralizantes. Lo quieren vivo.

Sin voltearse a ver a Ben, entró a la habitación y cerró la puerta, recargándose en la opaca pared. Respiró profundo en lo que buscaba el medpack con la vista, conteniendo a duras penas las lágrimas.

Una díada en la Fuerza. Sonaba permanente.


Ben no estaba preparado para hablar con Rue. Con el pulso aún agitado la vio cerrar la compuerta con la certeza de que eso ya no importaba. Había pasado, y ella no pudo tomárselo peor. Frunciendo los labios, miró a la droide de protocolo seriamente armada que lo focalizaba con sus fotorreceptores.

- Emmie, ¿no es así?

- Así es. Y estoy programada para volarle la cabeza a quiensea que lastime a esa muchacha.

- Un placer conocerte también –asintió, desviando la mirada.

Alguien les dijo que estaba en esa cascada. Respirando hondo para dejar ir su irritación, buscó a Lando. Éste había entrado al salón frente a su cuarto, a ordenar a un pequeño droide que limpiara la sangre del suelo. Se recargó en el marco de la compuerta a mirar a su tío con expresión resignada.

- Las llamaste aquí, ¿verdad?

El pequeño droide rodó junto a sus pies hacia el pasillo, y Calrissian se volteó a mirarlo con pesar.

- ¿Puedes culparme por querer tranquilizar a Leia? –Ben negó en silencio-. No los llamé a ellos. Le pedí repuestos a tu madre creyendo que quizá enviaría un holo, pero puede ser para mejor...

- Entiendo –replicó, esforzándose en no tomárselo personal. Frunció el ceño-. Espera, ¿ellos...?

Tampoco estaba preparado para oír los gruñidos de Chewbacca a su espalda. La sangre se le heló en las venas al recordar su último encuentro. Se enderezó y giró a ver el pasillo conteniendo el aliento. El enorme wookiee estaba plantado en el extremo opuesto, su postura tan rígida como la de Ben.

Sintiendo un terrible peso en el pecho, abrió la boca para decir algo. Pero las palabras no acudieron. Chewbacca se le acercó con pasos lentos y cautelosos. Sus ojos esta vez no relucían de furia asesina, en cambio, tenían la misma expresión preocupada que los de su padre al ir a buscarlo a la Starkiller.

Ahora Ben sabía que cuando Han le dijo que no era demasiado tarde para volver a la luz con su familia, tenía razón. Lo que daría por haberle creído entonces... Las comisuras de sus labios temblaron en un intento de sobreponerse a su desolación. El daño ya estaba hecho, y tendría que vivir con ello.

- Lo siento, Chewie –susurró con voz estrangulada mientras lo veía acercarse-. Lo siento tanto...

El wookiee salvó la distancia restante en zancadas y lo apresó en un fuerte abrazo. Paralizado, él ya ni recordaba la última vez que recibió uno. Enterrar el rostro en su pelo lo hizo sentir como cuando era un niño, y como tal, se aferró a él llorando por lo bajo. Chewie ronroneó palabras reconfortantes que Ben no merecía, pero necesitaba. El peso en su pecho se sintió algo más soportable al separarse.

Oportuno como casi siempre, Lando rellenó el silencio que siguió tendiéndole una muda de ropa.

- Antes de cualquier otra charla, tienes que cambiarte esa ropa mojada. Me da frío de solo verte.

Él aceptó la ropa murmurando un débil gracias y entró al salón detrás de Chewie y Lando. Con la droide siguiéndolo a todas partes, se resignó a cambiarse ahí mismo, en lo que sus tíos se sentaban en cómodas butacas a celebrar su reunión con un vaso de licor. Viéndolos comentar la mejor hiperruta para evadir a la Primera Orden, su mirada no dejaba de desviarse al lugar dolorosamente vacío entre ambos. Suspiró esforzándose en dejar ir su pesar, y fue a sentarse entre los dos amigos de su padre.

Pasados unos minutos y resuelto el dilema de cómo volver a su base, en la frontera chiss no menos, la mirada de Chewie volvió a centrarse en él. Con suaves gruñidos, le preguntó en dónde había estado. Tras remover su spotchka en el vaso durante todo ese tiempo, él resolvió que no se le antojaba beber.

- Estuve en Ahch-To, aprendiendo balance para enmendar mis errores. El fantasma de mi real abuelo me guió los primeros meses. Luego me envió tras un objeto que me llevaría a enfrentar mi destino. Asumí que se trataba del Emperador, pero solo encontré un orientador Sith roto...

- ¿Te refieres a esto? –Rue se recargó en la entrada, sosteniendo el orientador en una mano.

Una oleada de irritación lo invadió. Esa pequeña ladrona llevaba rato escuchándoles a escondidas.

- No te di permiso para revolver en mis cosas –bufó, dejando el spotchka en la mesita de centro.

- Ahora sabes qué se siente –ella replicó, disimulando su cojera al ir a sentarse frente a él.

Él decidió morderse la lengua y callar. Luego del daño que le había causado cuando era Kylo, Rue tenía todo el derecho a resentirlo. Reñirla por el incidente de los vornskr no había suavizado las cosas.

- ¿Spotchka...? –Lando ofreció en tono conciliador, y Rue asintió en enfurruñado silencio.

En su mente tal vez él había idealizado aquel reencuentro, pero viéndola vaciar de un trago el vaso, tuvo que recordarse que la Fuerza los había destinado. Como su opuesto en la luz, creyó inicialmente. Uno desquiciante, que se apropiaba de su spotchka olvidado en la mesa y se lo bebía también...

- No te molesta, ¿o sí...? –Rue se limpió la boca con el dorso de la mano, mirándolo fijo.

- Yo no bebo –negó, determinado a reaccionar mejor que en la cascada-. Y tú tampoco deberías.

- Es una ocasión especial –ella arguyó amargamente, y le mostró el orientador-. ¿Qué es esto?

- Un mapa estelar, si estuviese intacto... –Ben mantuvo su expresión impasible mientras la veía manosear el inútil fruto de su esfuerzo de meses-. Alguien llegó antes que yo y lo destruyó.

- ¿Qué es Exegol? –preguntó ella, torciendo el gesto al leer la inscripción de la base.

- No lo sé aún –él confesó a regañadientes-. Probablemente, el sitio al que llevaba el orientador.

- Dice que fue destruído –sus grandes ojos se fijaron en él, interrogantes-. ¿Por quién?

- Si no fue Skywalker, no lo sé. Un sensible a la Fuerza quizá. Alguien portando un sable de luz.

Él no tenía nada concreto que ofrecer a la UAL, nada que probase que haría lo correcto esta vez. Ben necesitaba más tiempo, pero se forzó a razonar que tal vez la Fuerza tenía otros planes para él.

- ¿Pudo ser Mara...? –la joven volteó a mirar a Lando con expresión inquieta.

Mientras acudía a Ben la imagen de la mujer que vio en la mente de Rue, su tío meneó la cabeza.

- De hacer algo así Luke lo habría sabido. O ella habría reportado el hecho a la Nueva República.

Chewie gruñó de mala gana que tal vez estaba por hacerlo cuando ocurrió el accidente en Jedha.

- No fue un accidente –masculló Rue sombría-. Fue ella. Pero me consta que sabía demasiado.

Ben se inclinó hacia adelante, intrigado. Sus tres tíos conocían a la madre de Rue. Una idea fugaz cruzó su mente recordando a Han insinuar un romance entre Skywalker y una pelirroja... Pero no. Era imposible. La sangre del bruto mercenario se notaba en su larga trenza negra y su piel color caramelo.

- Si tu madre era la otra Mano del Emperador, pudo seguir trabajando para él tras Endor...

- Ella lo dejó –Rue le gruñó sin vacilar-. Colaboraba con la Nueva República, y con Skywalker.

- Y ambos sabemos que él cometió errores –replicó con frialdad-. Pudo ser una doble espía...

- Eso es lo que la UAL piensa de ti ahora, tras el numerito del otro Kylo Ren –soltó ella mordaz.

- ...pese a estar bajo el condicionamiento del Emperador –terció Lando, dirigiéndoles una mirada de advertencia-, Mara ayudó a Luke a destruir su instalación de clonación en el Monte Tantiss.

Ben presionó los labios. La Primera Orden aún contaba con registros de esa tecnología, pero seguir argumentando para tener la razón solo servía a su ego, y Rue ya parecía dispuesta a pelear de nuevo.

- De todas formas, el Emperador tenía otros seguidores... –resolvió a fin de calmar los ánimos-. Lo que entiendo de aquel mensaje, es que alguien no quería que éstos usaran el orientador.

- Entonces Exegol es nuestra pista –Rue propuso-. Tal vez en el Supremacy hayan datos de...

- ...no es una invitación –tensándose, él le quitó el orientador-. No estás lista para el Emperador.

- ¿Disculpa...?

Los ojos de Rue brillaron con desafío, pero la decisión de Ben no era negociable. Tras echar una fugaz mirada a sus tíos y a Emmie, bajó la voz para dirigirse exclusivamente a la testaruda aprendiz.

- Él se mete en tu cabeza explotando tus peores pensamientos hasta que terminas creyéndole y haciendo... -¿cómo podría él siquiera describírselo?- cosas atroces. ¿Podrías manejar eso?

- Podría saberlo –ella alzó la barbilla-, si te dignaras a hablarme en lugar de evitarme por meses.

- Podría hablar contigo –él entorno los ojos-, si escucharas, en lugar de cerrarte y obstinarte a...

- ¿Obstinarme, yo? –exclamó, enderezándose- ¡Vuelve con tu madre, mientras aún tienes una!

Restos de su antigua ira borbotearon en su interior. ¿Quién se creía ella para hablarle así? Pero antes de hacer algo estúpido como gritarle de vuelta, Ben apretó la mandíbula y observó su emoción.

No solo le dolía extrañar un hogar que él mismo había destruído. La temeridad de Rue casi la mata en el bosque, de nuevo, y ella no parecía interesada en cambiar de actitud. La chica lo irritaba, , pero la Fuerza los unió para algo. Exhaló su enojo, y notó que ella también lo hacía al agregar en voz queda:

- Leia te extraña, y no puedo arreglarlo. No puedo arreglar un montón de cosas. La mitad de la galaxia ve a la UAL y a los Jedi como la respuesta a esta guerra, y la otra intenta matarnos. Soy la más fuerte allá y no puedo protegerlos a todos. Y ellos ni siquiera saben del Emperador...

Rue calló desviando la vista. Ben conocía bien esa mirada de exhausta, silenciosa desesperación. Intuyendo que la chica era una bomba de tiempo, resolvió que debía estar cerca para cuando estallase.

- Bien –suspiró resignado-. Iré voluntariamente, si llegado el día puedo enfrentar al Emperador.

Sus grandes ojos volvieron a fijarse en él, y tras un silencio desconcertado, se puso de pie y asintió.

- Bien. Prepararé la nave –giró a la droide-. Emmie, necesitas que te arregle el brazo. Vámonos.

Salía cojeando disimuladamente cuando se detuvo en el umbral de la puerta y se volteó a Lando.

- Ah... gracias por su hospitalidad, señor. Esperaremos su llegada a la Unión de Alianzas Libres.

- Envíenle a Leia mis cariños –sonrió éste con indulgencia ante su apresurada despedida.

Cuando Rue y Emmie salieron, Ben suspiró y se echó en su butaca cubriéndose los ojos. Intentaba mantenerla alejada de la carga de su presencia, pero al hacerlo la había expuesto a la misma presión bajo la que él se quebró y cedió al lado oscuro. Cuando volvió a ver el salón, Lando lo estaba mirando.

- ¿Qué ocurre...? –murmuró Ben con voz agotada.

- Nada –él desestimó la pregunta con un gesto, pero intercambió una fugaz mirada con Chewie.

- ¿Qué? –insistió, alternando la vista entre ambos. Chewie apuró su spotchka antes de pararse.

- No hemos dicho nada –Lando encogió los hombros. Luego se levantó con un suave gruñido-. De todos modos, iré a supervisar las reparaciones del X-Wing. Te lo llevaré cuando esté listo.

Cierto. Tendría que viajar con ellos. En calidad de convicto. Supuso que ya no le quedaba de otra.

- Fantástico... –masculló, y caminó junto a Lando y Chewie hacia la plataforma de aterrizaje.

- Estás haciendo lo correcto ahora, Ben –éste sintió la cálida mano de Calrissian en su hombro al salir del refugio. Al girarse, éste lo miraba con afecto-. Me alivia verlo con mis propios ojos...

Observando el amable rostro de su tío, asintió dando otro débil gracias. Con unas palmaditas en la espalda, Lando lo despidió y se volteó a decirle adiós a Chewie. Ben miró el Halcón en la plataforma y sintió como si le apuñalaran el estómago. En cualquier momento, su padre bajaría sonriente de allí.

Hola chico, ¿me extrañaste?

Respiró hondo para dejarlo ir, pero su garganta se cerró en un nudo al responder para sus adentros:

Más de lo que puedas imaginar.


En la cabina del Halcón, Rue siseó una maldición al retirar la mano de los circuitos rotos de Emmie. Le había dado la corriente. De nuevo. El palpitante dolor en su pierna no disminuía con el parche de bacta y analgésicos, y el spotchka la había mareado más de lo que deseaba reconocer. Exhaló irritada. Todo eso sin contar con la revelación del bastardo, que a decir verdad ella estaba lejos de aceptar...

- Prefiero que Nix se encargue de esto –la droide se apartó, y resignada, ella respetó su decisión.

No era un buen día para Rue. Pero respirando hondo para serenarse, se forzó a recordar que ella era más dura que eso. Un tipo no alteraría así su vida. Sacudiendo la mano afectada, revisó el tablero. A su lado R2 gorjeó que había terminado los diagnósticos. Leyendo el monitor, todo se veía en orden.

- Gracias, R2. Al menos alguien tiene sus cosas bajo control... –el droide bipeó satisfecho.

Pasos se oyeron desde el corredor, y tras instantes entraron a la cabina Chewie y un taciturno Ben.

- Estamos listos para partir –avisó al wookiee, sentándose en el copiloto con Emmie tras ella.

En lo que Chewie se acomodó e hizo despegar la nave, Rue podía sentir la mirada de Solo clavada en su espalda desde el asiento diagonal al suyo. No se volteó. Intentaba dejar ir su frustración, pero a medida que pasaban los minutos, más quería recriminarlo por... ni siquiera sabía por dónde empezar.

- Iré a meditar –masculló en cuanto el silencio se hizo insoportable, cojeando fuera de la cabina.

Pasos humanos la siguieron por el pasillo, revolviéndole el estómago. Erizada, se volteó a mirarlo.

- ¿Ahora qué? –cualfuese la idea del tipo, se lo pensó dos veces al percibir su tono.

- Querías hablar en privado. Pero veo que sigues molesta –replicó, tenso-. ¿Qué puedo hacer?

Rue quería gritarle tantas cosas que las palabras se atoraban en su garganta. Pero a la vez estaba harta de sentirse así. Irse a meditar le pareció la mejor opción, mas ante la pregunta tuvo que contestar.

- ¿Qué pensabas hacer, enfrentar al Emperador tú solo? –entornó los ojos, conteniéndose.

- Es mi destino. Soy el heredero de... –vaciló y frunció el ceño- Anakin Skywalker. No es tu pelea.

- Tú no decides eso. Acabas de decirme que estamos unidos por capricho de la Fuerza...

- Intentaba ahorrártelo –Ben siseó, desviando la mirada con expresión contrariada.

Rue lo observó de hito en hito, desconcertada. Lentamente, su confusión dio paso a la indignación.

- ¿Esperas que yo crea que me evitabas por mi bien...?

Se sintió como una poderosa marea que arrasó con todo lo que ocurría en ése momento. La Fuerza volvió a servir fuera de la atmósfera de Myrkr, abriendo de súbito la conexión que existía entre ambos.

Su corazón dio un vuelco al percibir la intensa presencia de Ben frente a ella, luminosa, mas no del todo. Era la misma persona que la atormentó hasta el hartazgo un año atrás, y a la vez, ya no lo era. Estudió su rostro, un reflejo del estupor que ella misma sentía, recordándose que no debía confiar...

...pero ya lo había hecho una vez, en su momento más desesperado. Entendió que fue su presencia la que la guió de vuelta del sitio de los portales. Él, de algún modo, se las había arreglado para salvarla.

- Estaba muriendo –susurró, recorrida por un escalofrío-. ¿Cómo me sanaste en el Supremacy?

- ¿Puedo mostrarte...? –éste preguntó, todo rastro de tensión en él parecía haberse evaporado.

Ella asintió y vio recelosa como se aproximaba lentamente, mas ni en la Fuerza ni en su particular conexión percibió hostilidad. Ben se agachó y posó ambas manos sobre su pantorrilla ardiente y adolorida; cerca, pero sin tocar. Tras una fugaz mirada, él suspiró, y cerró los ojos.

Oleadas de calidez la inundaron desde sus manos. Como con un suave murmullo, la energía de Ben se extendió a través de ella, calmando el dolor de su herida y la tensión en sus músculos, haciendo que sus propios ojos se cerraran de alivio. Suspiró, envuelta por una bienvenida sensación de refugio.

Se sentía bien. Reparando en esto, Rue frunció el ceño. Se sentía demasiado bien...

Ben se detuvo, y la joven lo vio ponerse lento de pie, sintiendo sus mejillas encendidas de vitalidad.

- ¿Por qué te fuiste realmente? –preguntó, esta vez con voz queda.

Apoyándose con disimulo en la pared del pasillo, el aludido había palidecido. Tras mover su pierna y sentirla entera, se le ocurrió a Rue que habría necesitado una gran cantidad de energía para sanarla en el Supremacy. Fijando la vista en un punto vacío tras ella, Ben se tomó su tiempo para responder. La joven, sin embargo, ya podía intuir la respuesta gracias a las sensaciones flotando en el aire.

Compasión. Remordimiento. Soledad. ¿Anhelo? Ben fijó sus ojos en ella, y Rue sostuvo su mirada.

- Ya tuviste demasiados monstruos en tu vida. No creí justo que debieras lidiar conmigo tratando de dejar de ser uno. Transgredí tus límites, te herí. Perdiste tu hogar, a tu maestro y a tus seres queridos por mi culpa. Sé que las palabras no bastarán para enmendarlo. Así que decidí actuar.

Rue parpadeó aturdida. Su escepticismo no tardó en susurrarle que era demasiado bueno para ser verdad, que incluso Nazzer tuvo sus días buenos. Pero sintiendo lo que sentía ahora en la Fuerza, y teniendo a una versión tan distinta del tipo de sus recuerdos frente a ella, no podía negar los hechos.

- Mis amigos no murieron en el Supremacy. Maz los metió a una nave a tiempo.

- Eso es un alivio... –Ben suspiró, añadiendo casi de inmediato-. Pero no gracias a mí.

- No. Pero veo que el agua fría te ha funcionado –murmuró, cruzando los brazos-. Te ves distinto.

- Me siento distinto. La mayoría del tiempo –vaciló-. Estoy aprendiendo a controlar mi oscuridad.

Ella tocó distraídamente el brazo que le quemó con el sable de luz. Rue no olvidaba el daño infligido a ella y sus seres queridos, jamás lo haría. Pero las cicatrices que le dejó se esfumaron en Takodana. Le gustaría aprender a sanar a otros de esa forma. Sería útil para ella, Finn y Jacen. Si bien Leia aún los orientaba en sus caminos Jedi, les había enseñado todo lo que sabía acerca de su costumbres, filosofía, y sobre la Fuerza. No era suficiente. No con el Emperador suelto. Rue aún debía fortalecerse.

Juntando aplomo, resolvió que tal vez la Fuerza los había unido por una razón después de todo.

- Entonces enséñame. Necesito un maestro para reestructurar la Orden. Tú viste los aciertos y errores de Skywalker. Y eres... –ella se tragó su orgullo- estudioso. ¿Está tu oferta aún en pie?

Sintió la tristeza de Ben en la Fuerza, antes de que él respondiera con ojos lánguidos, pero cálidos.

- No soy Jedi. No puedo ser tu maestro, esa oferta nació de mi arrogancia –frunciendo el ceño, examinó su rostro-. Pero te enseñaré todo lo que sé. Como un igual. Realmente siento el daño que te causé, Rue. Espero que puedas perdonarme algún día. Pero si no es así, lo entenderé.

Rue no supo qué responder. Aún se sentía molesta e irritada... y herida, tuvo que reconocer. Pero también le constaba que, traumado como estaba Ben por su pasado y lo que había hecho, intentaba hacer lo mejor que podía con lo que tenía. Justo como ella. Por lo que suspiró, y encogió los hombros.

- No creo que seas una buena persona... –él desvió la mirada-. Pero que tampoco eres malo. Me salvaste. Iré a meditar, pero al llegar a la base estaré cerca. Tendremos tiempo para hablar.

No era la respuesta que él esperaba. Pudo verlo en su rostro, y sentirlo en sus revueltas emociones en la Fuerza. Pero tras unos segundos de reflexión, éstas se asentaron, y Ben asintió con suavidad.

- Como quieras –replicó, para luego agregar-. Yo también debería hacer lo mismo. Meditar, digo.

- Puedes usar el camarote de Chewie. Yo tengo el de la tripulación.

Ben tardó unos segundos en asimilar que se refería al del capitán, y Rue sintió su intenso pesar en la Fuerza. Sin comentar nada al respecto, éste volvió a asentir, y se fue lentamente por donde vino.


Sé lo que tengo que hacer, pero no sé si tengo la fuerza para hacerlo.

Frente a su padre, era como si su cuerpo hablase por él. Volvían a estar en el puente del oscilador.

¿Me ayudarías...?

Estaba atrapado en las acciones de Kylo, viendo el amor y determinación en los ojos de Han Solo.

Sí, cualquier cosa.

No... Ben sabía lo que seguía. Pero como en todas sus pesadillas, él no tenía control sobre cuándo despertar. La luz roja de su sable lo encegueció y la gélida voz de Kylo inundó y ensordeció su mente.

Deja el pasado morir...

Ben despertó enredado en frazadas en el camarote de su padre, en el Halcón. Sudando frío y con la respiración agitada, se extendió a la Fuerza buscando conectar con la luz para serenarse. Gracias a esto, sintió un destello salvaje del otro lado de la compuerta. Ya más tranquilo, se vistió y fue a abrir.

Rue prácticamente saltó a pegarse a la pared opuesta cuando la compuerta se deslizó. Ben arqueó una ceja observándola disimular. Reparando en esto, la chica resopló y se explicó a regañadientes.

- No sabía si entrar, sentí...

- Estoy bien –la atajó él, tan incómodo como ella-. Tengo pesadillas, me pasa todo el tiempo.

- ¿Aún...? –ella frunció el ceño-. ¿Y las voces, aún las oyes?

Enmudeció al notar que no lo estaba cuestionando. A través de la Fuerza, percibió genuino interés.

- No desde que maté a Snoke –replicó, aún procesando que siquiera le importase-. Pero puedo sentirlo a veces. Al Emperador, acechando...

- Sí, yo también... –ella desvió la mirada, y una fina arruga se formó en su entrecejo.

- ¿Desde cuándo? –preguntó él, una alarma disparándose en el fondo de su cabeza.

¿Acaso el Emperador iría tras Rue ahora? ¿Sabría que formaron una díada? ¿La usaría contra él?

- No es tan frecuente... –Rue se abrazó a sí misma-. Tres veces, desde que maté a los espías... intentó llegar a mí hace unos días. Pero me cerré de la Fuerza antes de llegar a escucharlo.

Un escalofrío recorrió la espina de Ben. Si Snoke había visto su potencial en el salón del trono del Supremacy, de seguro el Emperador también. La situación era más seria de lo que creía, pero no era todo. Entornó los ojos, percibiendo a través de aquel vínculo que Rue se debatía por decir algo más.

- Asumo que no volverás a dormir... –ella lo estudió con la mirada-. Quiero consultarte algo.

Tras su desconcierto inicial, Ben se recargó en el marco de la compuerta, dispuesto a escuchar.

- Cuando casi morí... –hizo una mueca y él asintió para animarla-. Estuve en un lugar. La Fuerza era intensa allí, así que estoy segura de que yo no me lo inventé. Tenía portales y... caminos flotantes. También se oían voces... como recuerdos... pero no míos. Algunas me llamaban...

Él se había inclinado adelante del puro asombro. Encontrar por accidente un reino de la Fuerza...

- Eso es fascinante –exclamó, enderezándose.

- No es la palabra que yo elegiría... –Rue refunfuñó.

No parecía ser un tema que le agradase. A través de su vínculo, percibió que la idea la inquietaba profundamente. Por lo que disimuló su entusiasmo, y decidió proceder con cautela. Ladeó la cabeza.

- ¿Qué palabra elegirías...?

Rue le dirigió una mirada exasperada, y Ben encogió los hombros. Era la charla más interesante que habían tenido, y si bien aquel era un triste pensamiento dada su historia, su curiosidad pudo más.

- Aterrador –bufó ella, estremeciéndose-. ¿Y bien? ¿Has oído de algo así?

Era difícil de creer que la misma chica que lo confrontó en Takodana, aturdió a Skywalker y le arrojó un cuchillo a Snoke, sintiera tanto miedo de mirar más allá de lo conocido a través de la Fuerza. Pero Ben tuvo que reconocer que él le llevaba años de experiencia en ése sentido. Y no había casi muerto.

- Suena a leyendas antiguas, algunos Jedi creían en dimensiones enteras creadas por la Fuerza.

- ¿Con qué fin...? –ella parpadeó, visiblemente confundida. Y él estaba aliviado de ser útil.

- Ése es el misterio de la Fuerza. Uno de tantos. Pero ya que la Antigua Orden Jedi priorizaba otros asuntos para antes de su caída, poco y nada se sabe de ello. Ni siquiera en los archivos de la Primera Orden había información al respecto. Créeme, yo los habría encontrado...

- Tenemos textos antiguos Jedi –los ojos de la chica destellaron-. Pero son tan viejos que ni 3PO puede traducirlos. Tuvimos un historiador que sabía Jedi Antiguo... pero murió en Ajan Kloss...

Rue calló abruptamente, y Ben percibió su renovada irritación. Cierto, recordó estrellándose contra la cruda realidad. Él había revelado la ubicación de la base rebelde a Snoke, y luego había liderado la invasión de la Primera Orden en Ajan Kloss. El incómodo silencio se extendió por eternos segundos...

- Lo siento –murmuró cuando éste se volvió insoportable.

- Lo sé... –masculló ella con impaciencia.

¿Cuántas veces se había disculpado Ben en los últimos días? Más de lo que había hecho en años. Y estaba lejos de encontrar la forma de compensar a todas las personas que había lastimado. Antes de dejarse llevar por la desesperación, respiró profundo y recordó las palabras del fantasma de Anakin, el apoyo de Lando, y la aceptación de Chewbacca. Él aún podía hacer algo bueno con su vida.

Partiendo por terminar con el Emperador, y ayudar con lo que pudiese a Rue en su camino Jedi.

- Yo sé Jedi Antiguo... –comentó, cohibido.

Alzando las cejas Rue lo miró fijo. Notó que incluso ella ahora lo miraba distinto. Ésta rodó los ojos.

- Por supuesto que lo haces... –con la barbilla señaló al pasillo-. Las copias están en la bodega...

Estaba caminando en esa dirección cuando se detuvo de súbito, volteándose a mirarlo.

- Debo pedirte algo... –vaciló, y Ben pudo sentir como cambiaba de parecer a último momento-. Tendré que esposarte al bajar. Sé que es inútil, pero algunos tipos de la UAL son quisquillosos.

- Lo entiendo... –asintió él, sintiendo como un puñetazo en el estómago la perspectiva de estar pronto rodeado de gente que lo vería como a un monstruo, y con justa razón-. Pero no es solo eso. Soy responsable de la muerte de la familia de Nix...

- Mantente lejos de ella –Rue lo cortó con dureza. Suavizó el gesto tras una pausa-. Por favor.

Ben apretó los dientes. ¿Podía culparla por querer proteger a quienes amaba de él luego de todo lo que había pasado? Dejó ir su impaciencia. Tendría que ganarse su confianza, pese a su vínculo en la Fuerza. Pero no todo estaba perdido, pensó al sentir las emociones de Rue fluir a través de éste.

Con una diminuta chispa de esperanza, Ben notó que ella ya no lo miraba como a un monstruo.

- Como desees –asintió, señalando con un gesto la entrada de la bodega-. Después de ti.