Capítulo 7: Extraños en Goji, parte I

Las altas puertas de un nuevo salón lleno de reliquias se cerraron tras ellos. A lo largo del trayecto desde el anexo hasta allí, Jacen notó una ansiedad sin nombre cosquilleando en su mente. Problemas, pero ¿en dónde? Echó una fugaz mirada a los guardias cuidando la entrada, luego a Nix, y a los chiss junto a el. Si bien su situación era tensa, no percibía malas intenciones en ninguno de sus anfitriones.

Belik se detuvo ante un ancho y bajo pedestal ubicado cerca de la entrada. Frente ellos había un juego de mesa: una especie de tablero de dejarik, pero tallado en madera y con muchas más piezas.

- Este es un ejercicio teórico –empezó, con algo similar al entusiasmo-. Si son lo suficientemente perspicaces como para resolverlo, estoy dispuesto a ir con ustedes a fin de asesorar a la UAL.

Examinando los rostros de Brona y Argonis, inmutables, Jacen tuvo que asumir que no bromeaba. Vio como Nix ladeaba la cabeza observando el tablero. Con expresión confundida se dirigió al profesor.

- ¿Qué debemos hacer? ¿Ganarle en un juego? –preguntó educadamente, y Belik casi sonríe.

- Paciencia. Tienen que entender la paciencia –a Jacen no le gustó nada como él recorría a Nix con la vista, pero se forzó a actuar como Jedi-. Imaginen que su conflictiva República se reduce a este tablero de Shah-tezh. Por décadas, el Emperador hacía sus jugadas anteponiéndose a las de sus rivales. Jugaba a largo plazo y veía todos los escenarios posibles, incluso la derrota. Era hábil hasta el punto de jugar contra sí mismo. ¿Saben lo que hacía al ver que iba a perder?

- No... –reconoció el aprendiz, tolerando que les hablase como a niños.

La mirada de Belik pasó de Jacen, a tardar unos instantes en Nix, para finalmente fijarse en Brona.

- Entiendo que Boadil'bron'nasen es una prodigio del Shah-tezh... –le dedicó a la chica una leve inclinación de cabeza-. Es lo que le concedió el honor de una plaza reservada en la Academia de Defensa, y el de convertirse en la última adquisición de la familia Boadil. ¿Les explicarías?

Apartada junto a los guardias, ésta se acercó resuelta al tablero. Su corta melena ocultó en parte su rostro al inclinarse a estudiarlo. Tras una pausa, barrió las piezas con un perezoso gesto del brazo.

- El Emperador lo eliminaba todo –explicó con voz cansina-. Y empezaba otra vez.

Algo hizo click en la mente de Jacen. Su ansiedad fue reemplazada por una tenebrosa corazonada.

- Insinúan que hará esto con la Primera Orden, si ésta pierde la guerra.

En el cargado silencio que siguió, los tres chiss cruzaron serias miradas. Argonis fue quien habló:

- Creemos que la Primera Orden es un modo de medir a la Nueva República antes de ir en serio.

- ¿Ir en serio? –palideció ante la idea- ¿Les parece poco destruir el gobierno en Hosnian Prime?

- Pero quienes creen en él aún viven. Y lo extraído de las colonias podría fabricar una flota mayor a la de la Primera Orden. ¿Por qué no la usan? Los números simplemente no cuadran. Alguien debió desviar recursos mientras los chiss y el remanente combatían... alguien con paciencia.

No solo Jacen empezaba a inquietarse. Oleadas de caos comenzaban a agitar la Fuerza alrededor.

- Tenemos que decírselo a Leia... –jadeó Nix, yendo hacia la puerta.

- No tan rápido –a señal de Argonis los guardias bloquearon la salida. Nix frenó, y Jacen se abrió a la Fuerza sin percibir hostilidad-. Comprendan que lo que Trawn presuntamente destruyó en la frontera nos trajo una matanza. No serviremos al Imperio, y tampoco a la UAL. Queremos autonomía, pero sabemos que necesitaremos aliados para ello. Entiendo que con su senado reducido a polvo estelar, varios sistemas tienen una posición más independiente. ¿Me explico?

Incapaz de sacudirse la sensación de que algo estaba por pasar Jacen llamó a la luz para calmarse. Percibía inquietud en sus anfitriones bajo sus parcos rostros. Girándose a Nix, ella lo interrogaba con la mirada. El aprendiz se concentró en distinguir las emociones flotando en el aire. Detectó un complot.

- Quieren crear un gobierno –miró a Argonis con nuevos ojos-. De cero. ¿Quién los guiará? ¿Tú?

- Simplemente quiero proteger a mi pueblo. Siempre ha sido así. Estoy dispuesto a trabajar en equipo esta vez, pero solo con quienes busquen lo mismo. Las Repúblicas e Imperios han fallado lo suficiente. ¿Crees que Leia Organa acepte esto, con tal de preservar la Democracia?

- Esto está más allá de nuestra competencia, señor Argonis... –replicó Nix con gravedad.

Intentando tomárselo con altura de miras, Jacen consideró que tal vez estaba demasiado apegado a su historia personal como para ver opciones. Sus padres habían peleado para defender la República, ésta era todo lo que él conocía. Pero los Jedi servían a la Fuerza, al balance. No al gobierno de turno.

- El alto consejo deberá discutirlo –resolvió-. Nos reuniremos con ellos en cuanto lleguemos...

- Paciencia –lo atajó Belik, arqueando las cejas-. Aún no he decidido ir con ustedes.

- ¿Qué lo hará decidir? –preguntó Nix, removiéndose inquieta ante su intensa mirada.

- Díganme cómo ganar en estas condiciones –Belik les señaló el tablero con un gesto del brazo.

Jacen observó las piezas blancas y negras desparramadas sobre la superficie del pedestal. Por años había creído que la Fuerza funcionaba de la misma forma: luz contra oscuridad. Era sencillo así. Ahora los Jedi intentaban reconciliar ambos aspectos, contra todo lo que Ezra le enseñó en su breve entrenamiento. Lo único constante es el cambio, se recordó a sí mismo, dando un pesado suspiro.

Resolvió que no le gustaba aquel juego. Pero un Jedi debía ver más allá de sus intereses. Usó la Fuerza para tirar el tablero ante las satisfechas miradas de los chiss y la preocupada expresión de Nix.

- Burdo, pero se entiende la idea. Iré con ustedes –Belik se dirigió a Argonis-. ¿Está pasando?

Algo en el modo en que lo dijo disparó una alerta en la mente de Jacen. Nix también pareció notarlo.

- ¿A qué se refieren? –preguntó la twi'lek, acercándose disimuladamente al aprendiz.

- Está pasando mientras hablamos –Argonis asintió a Belik, antes de responderle a ella con total naturalidad-. Un golpe de Estado. Brona y Belik estarán más seguros en Goji en el intertanto.

- ¿¡Qué!? –exclamó Nix. El corazón de Jacen dio un vuelco mientras la rodeaba con un brazo.

- Y ahora la UAL estará involucrada... –bufó, demasiado tarde entendiendo la agitación en la Fuerza, y lo metidos que estaban en ese embrollo-. Así no es como se hacen aliados, Argonis.

¿Cómo demonios se lo explicarían a Leia? A lo lejos, Jacen juró oír ecos de sirenas de emergencia.

- Vimos la oportunidad al oír sus planes de inhabilitar el Supremacy, elegimos no delatarlos –si bien no parecía una disculpa, Argonis le tendió su sable de luz-. Ahora toma esto, y salgan de aquí. Cerraremos las hiperrutas en minutos, su nave les aguarda en la plataforma exterior.

Los guardias abrieron las puertas nuevamente, y con un asentimiento, el anciano se despidió de Brona y Belik. Éstos asintieron de vuelta y salieron sin siquiera comprobar que Nix y Jacen los seguían.

- ¿Y si el golpe falla? –preguntó Nix, sus lekkus temblando levemente.

- No lo hará –Argonis fue categórico-. Las Familias Regentes ya no tienen influencia en el ejército para detenernos. Estudiamos esta posibildad por años, su victoria solo ha sido el detonante.

- ¿Toda su cautela para traernos y planeaban esto? –Jacen aún no entendía cómo había pasado por alto algo tan crucial- ¿Cómo podremos confiar en ustedes si matarán a sus propios líderes?

- No los mataremos, no somos bárbaros –parecía asqueado por la idea-. Pueden confiar en esto: Brona es nuestro futuro, y la dejamos a su cuidado. Ahora váyanse, ella sabrá cuándo volver.

Jacen entornó los ojos, percibiendo las tibias emociones de Argonis a través de la Fuerza. Parecía preocuparse por Brona, pese a todo. Confiando en su instinto y en el lado luminoso, el aprendiz decidió seguirle el juego. Tras intercambiar una última mirada con Nix, asintió en dirección al estóico anciano.

- Estarán a salvo con nosotros –prometió, precipitándose a la salida llevando a su novia con él.

- La UAL les otorgará asilo... –ésta agregó con una mano en el corazón-. ¡Me encargaré de ello!

Los guardias los escoltaron casi al trote de regreso a la plataforma de aterrizaje, pronunciando en cheunh lo que eran inconfundibles apremios. Jacen apretó los dientes, sosteniendo el sable de luz en una mano, y la mano de Nix en la otra. Podía sentir como el caos se arremolinaba sobre sus cabezas.

Sería un viaje agitado.


Le tomó casi dos días a la Flota Libre el sacar de contrabando a todos los niños del Supremacy sin activar las sondas de la Primera Orden. Algunos de sus miembros tenían experiencia en el tráfico, y Finn decidió no hacer preguntas. El transporte comercial suspendido cerca del sistema Tasar acababa de ser abordado por los últimos grupos cuando reparó en que en la cabina no había quien lo navegara.

Solo estaba Hux, amordazado y atado de manos y pies a una silla trasera. Tras revisar sus amarras, decidió ahorrarse sus miradas fulminantes y volver a una amplia zona de pasajeros donde Bato y Tía terminaban de hacer el conteo final de niños. Éstos en su mayoría aguardaban en silencio expectante, asistidos por las droides nodriza reprogramadas y un equipo conformado por desertores y rebeldes.

- Bien, están todos –gruñó Bato tachando por tercera vez la lista en un datapad y tendiéndoselo a Finn-. Ahora nos vamos. Diría que fue un placer hacer negocios nuevamente, pero mentiría...

- Esperen... –tomó la lista, alarmado por su irritación-. Si ustedes se van, ¿quién pilotará la nave?

- Nos pagaron para sacar a los niños en grupos pequeños y traerlos a éste punto –el enorme tipo sacó pecho al oír sus reparos-. No para acarrearlos a través de la galaxia en plena guerra.

- Al general Ematt no le pareció apropiado que supiéramos a dónde iban –terció Tía, disimulando su molestia-. Por si nos interrogaba la Primera Orden. Ha llamado a su propio piloto a última hora. Solo se lo dejamos pasar esta vez por tratarse de... bueno, de niños. Demasiados niños.

- La Flota Libre no altera sus tratos a última hora –Bato lo señaló intimidante, y Finn juntó aplomo.

- Siento que pasaran un mal rato –asintió respetuosamente-. Me consta que el general no desea que carguen con la responsabilidad de revelar por accidente el paradero de niños inocentes...

Percibió en la Fuerza una presencia familiar aparecer de súbito, y tuvo que reprimir una sonrisa.

- Estoy muy seguro que la UAL no buscaba ofenderles, pero creo que nuestro piloto ha llegado.

Los niños empezaron a cuchichear, y ante la creciente exaltación, Finn les envió oleadas de calma y optimismo. Excusándose con Bato y Tía volvió a la cabina a atender la radioseñal de un caza rebelde.

- ¿Alguien ordenó al mejor piloto de la UAL? –Finn casi podía ver la sonrisa de Poe en su voz.

- Creí que debías estar en la base... –intentó controlar su entusiasmo, con Hux atento a cada palabra que decía. Bajó la voz para agregar entre dientes-. Ya sabes, monitoreando a Jacen...

- Si, sobre eso... –Finn no había notado lo fuerte que sonreía hasta intuir las malas nuevas en su tono. Se puso serio-. Será mejor que hablemos a bordo. Estoy acoplándome al transporte.

Tras cerciorarse de que Poe pasaría sin problemas de una nave a la otra, echó a andar a la escotilla señalada. Bato y Tía se despidieron fríamente de él mientras iban a sus naves, dejándolo intranquilo. Finn se detuvo en el pasillo, y giró a mirar a los piratas. Entendía las razones del general Ematt, pero...

- Bato, Tía... –éstos se voltearon-. Aprecio lo que hicieron por estos niños. La vida que hubiesen tenido en la Primera Orden... créanme, no es vida. Ellos no lo olvidarán. Y yo tampoco. Gracias.

Percibió en la Fuerza que su molestia cedía. Tía ladeó la cabeza y dio un suave codazo a su colega.

- ¿Oíste eso? ¿No te sonó a que un Jedi nos ofrecía un favor a cambio de nuestras molestias...?

- Oí lo mismo –Bato asintió-. Dile a Ematt que no vuelva a alterar nuestros acuerdos, Jedi Gris.

- Mientras sea por una buena causa, me honraría devolverles el favor algún día –convino Finn.

- Te tomaremos la palabra –la rodiana le guiñó uno de sus grandes ojos negros-. Hasta pronto.

Él asintió despidiéndose y fue a recibir a Poe. Lo primero que vio asomarse por la escotilla del piso fueron sus rizos castaños. El aprendiz le ofreció una mano, y sujetándose de ésta para impulsarse, el piloto salió deslumbrándolo con una sonrisa. Contagiado por su enérgica presencia, Finn lo abrazó.

- ¿Me extrañaste? –preguntó el piloto, arqueando una ceja en cuanto se separaron.

- Un Jedi no debe tener apegos –él replicó con una mirada cómplice-. Pero me alegra verte.

- Puedo trabajar con eso –aún sujetándolo de los hombros, los ojos de Poe destellaron antes de cambiar de tema-. Pero primero es lo primero: ¿has sentido a Jacen en la Fuerza últimamente?

- ¿Por qué? ¿Crees que están en problemas? –inquirió como un acto reflejo. Nix estaba con él.

- No lo sé... –Poe reconoció con suavidad, como respuesta a la alarma de Finn-. La radioseñal es... mala, pero no se han reportado desde que entraron al territorio chiss. Hace casi dos días.

El joven frunció el ceño, su inquietud renovada. Pero practicando la respiración Jedi, dejó que su emoción fluyera a través de él. Mirando un punto en el vacío, se abrió a la Fuerza buscando a Jacen. No lo encontró, mas razonó que no estaba tan enfocado como para sentirlo a la distancia que estaba.

- No puedo sentirlo ahora mismo –entornó los ojos-. Debo buscarlo meditando. Pero si estuviese en peligro, creo que ya me habría enterado. Las malas noticias tienden a llegar más rápido.

- Esperemos que así sea -Poe se llevó las manos a las caderas-. Debemos resguardar a estos niños y dejar a Hux en Goji, pero si no hay noticias para cuando lleguemos, tendremos que ir por ellos. No solo porque Jacen es un aprendiz Jedi... odiaría que algo malo le ocurriese a Nix.

Ahora fue turno del piloto de afligirse. Finn sonrió con cariño al notar que Poe también la estimaba.

- Entonces pongámonos en marcha. Mientras más pronto empecemos, más pronto acabaremos.

Bipeos apremiantes les hicieron notar que BB8 seguía bajo la escotilla. Apenado, Poe se apuró a sacar al droide de ahí. Finn lo detuvo con un gesto. Luego de concentrarse mucho, lo hizo levitar fuera.

- Creo que nunca me acostumbraré a que hagas ese tipo de cosas... –soltó el piloto, maravillado. El aprendiz se sonrió mientras BB8 regañaba a Poe con pitidos-. Lo siento amigo, me distraje...

El droide rodó fuera de su alcance y Finn los condujo a través del extenso transporte. Tuvieron que pasar por varias zonas de pasajeros. Notando el revuelo que se formaba con tantos niños a bordo, el piloto tuvo la ocurrencia de detenerse a entablar conversación con un pequeño y ruidoso grupo.

- ¡Hola chicos! Seré su piloto el día de hoy. ¿Conocen alguna canción para el camino...?

Mirándose confundidos, el grupo se puso a cantar el himno de la Primera Orden. Otros los imitaron. Tras un alarmado intercambio de miradas, uno de los rebeldes intervino ofreciendo enseñarles nuevas canciones. Riendo ante la expresión de profundo arrepentimiento de Poe, Finn se lo llevó a la cabina.

- No volveremos a hablar de esto –masculló el piloto, mientras BB8 trazaba la hiperruta-. Nunca.

- ¿Hablar sobre qué...? –sonrió Finn, viendo el túnel de luz del hiperespacio abrirse ante ellos.

Determinado a incordiarlos todo el viaje, Hux gruñó y se sacudió en la silla por horas. No podían arriesgarse a dejarlo en otro sitio y que los niños lo vieran. Cuando Finn le quitó la mordaza para darle de beber, despotricó contra de la UAL hasta que un irritado Poe lo volvió a amordazar. El aprendiz sentía la intensa ira y resentimiento del Líder Supremo en la Fuerza, mas a medida que el viaje llegaba a su fin, éste se retraía más y más. Notó que empezaba a temer por su vida.

- No vamos a matarte –aclaró, sintiendo lástima por el desagradable tipo-. Te llevaremos a juicio.

Los ojos azules de Hux se posaron en él primero desesperados, luego furiosos, luego desafiantes. Pero antes de que Finn cediese a quitarle la mordaza en un arranque de compasión, Poe carraspeó.

- Estamos por llegar. Será mejor que lo mantengas ahí en lo que nos quedemos en tierra.

Naboo no tenía una armada lo suficientemente poderosa como para amenazar a la Primera Orden, razón por la cual la ocupación era simbólica. Al salir del hiperespacio y pasar el punto de control, solo les bastó decir que los refugiados iban a Theed, y que tenían una peste muy contagiosa. No entraron a revisar. Al ingresar a la atmósfera, Poe cambió el código de la nave y se desvió al País de los Lagos.

Aterrizaron a las afueras de un ornamentado palacio a las orillas de un lago. Sus muros de piedra estaban cubiertos de enredaderas. Finn miró el bello lugar desde la nave y soltó un silbido. Poe se rió.

- Tuve la misma reacción la primera vez que vine –echando un fugaz vistazo a Hux por sobre su hombro, añadió en voz baja-. Dudo que se vaya a algún sitio, ¿te parece si ambos exploramos?

- Claro... –Finn se puso de pie, entusiasmado por salir-. Nuestro contacto esperará en la entrada.

Tras dejar a BB8 a cargo de la cabina, y de Hux, fueron a buscar a una de las doncellas de la reina de Naboo, que avisó estaría en una arboleda. Las ramas se curvaban para formar un largo túnel, ideal para entrar discretamente. Cruzando el fresco sendero de grava, Finn se permitió disfrutar la quietud del sitio, tan distinta a la de la base en Goji. Sentía la corriente de la Fuerza fluyendo en armonía ahí...

...y la intensa atención de Poe a su lado. Volteó a mirarlo y el piloto giró la cabeza a indicar el túnel.

- Creo que la he visto... espera... –Poe frunció el ceño observando la esbelta figura a la distancia, y Finn sintió como se tensaba-. ¿Acaso no es...? Oh, rayos. Será mejor que nos apresuremos.

El aprendiz instintivamente se había llevado la mano al sable de luz, mas viéndolo adelantarse a ir por la doncella de la reina, arqueó una ceja. Parecía conocerla. Apurando el paso, Finn fue tras él a encontrarse con una estóica joven humana de tez clara, usando una sencilla túnica lila con capucha.

- Reina Amara, no debería estar aquí... –cuchicheó Poe en cuanto se acercaron lo suficiente.

- La UAL ha sido valiente. Debía recibirlos yo misma para estar a la altura –replicó ella, impasible.

Los ojos de Finn se alternaron entre el piloto y la reina, vestida como doncella. Se cruzó de brazos. Jamás la había visto sin maquillaje, o en persona. Naboo apoyaba a la UAL, pero con un bajo perfil. No se le escapó que ella se sonrojaba, y miró a Poe pidiendo una muda explicación. Éste carraspeó.

- Alteza, él es Finn, aprendiz Jedi y un muy querido amigo. Finn, ella es la reina Amara de Naboo.

La reina lo recorrió disimuladamente con la mirada, antes dirigir una elegante inclinación de cabeza.

- Es un honor conocer a un aprendiz Jedi. Más si es un querido amigo del comandante Dameron.

- El honor es mío, Alteza –inclinó la cabeza a su vez, sintiendo que no entendía un chiste privado.

- Seguridad dijo que tienen un prisionero a bordo –ella acusó a Poe-. No fui informada de esto.

- Solo estará de paso... –el piloto replicó inquieto-. Pero enviamos a un mensajero hace horas...

La mirada azul de la reina se mantuvo digna y sosegada, mas en la Fuerza, Finn sintió su alarma.

- Un caza rebelde se estrelló en la luna Onoam hace unas horas tras huír de una patrulla. Asumo que se trataba de su mensajero. Enviamos uno a Batuu a confirmar nuestra operación de hoy...

El piloto y el aprendiz intercambiaron una mirada inquieta, y Finn buscó sosiego en el lado luminoso para percibir su entorno con mayor claridad. Expandiendo sus sentidos a la Fuerza, no notó amenazas.

- Los Caballeros de Ren asediaron la base de Batuu hace unas horas –explicó Poe con pesar. Finn recién enterándose se volteó a mirarlo-. Nuevamente, solo se quedaron unos minutos a arrasar con todo. Por suerte las tropas huyeron sin dejar información. No podrán rastrearnos.

- Pero mi piloto pudo estar entre sus víctimas –replicó, tensa-. ¿Cuál es el fin de estos ataques?

- Generar caos. Al parecer tienen un nuevo Kylo, una de nuestras Jedi expuso la idea al consejo.

- Claro... –la reina frunció el ceño-. Pryde querrá forzar a Leia a dimitir. Y sin un liderazgo fuerte pero flexible, la UAL se desmoronará. No lo subestimen. Con el corte de comunicaciones, los mensajes tardan en llegar. Hoy nos costó dos pilotos, pero mañana podría ser todo un sistema.

- La confusión es el último recurso de la Primera Orden –asintió Poe, sombrío-. Priorizaremos el reestablecer comunicaciones seguras. Por ahora, ¿están preparados para recibir a los niños?

- Estarán seguros aquí –la reina se permitió una suave sonrisa-. Es bueno verte de nuevo, Poe.

Finn ladeó la cabeza al notar que se tuteaban. Pero no era el mejor momento para hacer preguntas.

- Iré a dar el aviso a la nave... –anunció el aprendiz, creyendo que quizá querrían ponerse al día.

De vuelta en el transporte avisó a la tripulación que era seguro bajar, y se ocupó de vigilar eternos grupos de niños cruzando la arboleda hacia la entrada del palacio. Éstos guardaban un sobrecogido silencio al mirar alrededor, siendo recibidos en el interior por un séquito de voluntarios de la casa Real.

- Estarán en buenas manos –aseguró la reina Amara, caminando elegante hacia él-. Este lugar fue el refugio de la reina Amidala durante un tiempo. Mejoramos la seguridad desde entonces, y los voluntarios son todos leales a Leia Organa. Madre e hija son recordadas con cariño aquí.

Viendo a los niños recibir cohibidos las atenciones de los voluntarios del abarrotado recibidor deseó de corazón estar haciendo lo correcto al dejarlos ahí. Apenas podían dejar tropas para acompañarlos.

- Están siendo valientes al ofrecerles asilo bajo las narices de la Primera Orden. Lo agradezco.

- Se trata de niños inocentes –suspiró-. Alejarlos de la guerra era lo mínimo que podíamos hacer.

Ella y Finn siguieron al último grupo a un alto salón en donde los voluntarios comenzaban a distribuir frutas y mudas de ropa. Naboo tenía una larga trayectoria recibiendo refugiados en tiempos de guerra, y se notaba en su rápida organización y en el modo en que acogían a los niños. Incluso pensaron en los desertores que se quedarían, reparó al ver a algunos cargando con sorpresa prendas más acordes al planeta. Fue suficiente para convencerlo. De momento, aquel era el mejor sitio para todos ellos.

Pensando en Nix y Jacen en territorio chiss, y en que Hux aún debía ir a Goji, Finn giró a la reina.

- Veo que lo tienen todo bajo control. No vamos a arriesgarnos a exponerles quedándonos más de la cuenta. Con su permiso Alteza, nos iremos. Muchas gracias y que la Fuerza la acompañe.

- A ustedes también, Jedi Gris –la reina replicó-. Que tú y el comandante tengan un buen viaje.

En la Fuerza, el repleto salón se sentía ligero. Con una sonrisa Finn lo recorrió despidiéndose de niños y tropas, y una vez que se encontró a Poe en la multitud, caminaron juntos de vuelta a la nave.

Mientras pasaban bajo la arboleda se hizo un silencio agradable, cargado de alivio por dejar a los niños a salvo. Sin embargo tras un rato caminando intencionadamente lento, Poe comenzó a debatirse por algo, y Finn no tardó en sentirlo en la Fuerza. Entornó los ojos, intuyendo que trataba de la reina...

- Así que... ¿tú y la reina Amara...? –comentó el aprendiz casualmente.

- ¿Qué...? –Poe volteó a mirarlo como asimilando sus palabras. Abrió los ojos como platos-. ¡No!

Fue fascinante ver lo rápido que el piloto enrojecía, apurando el paso y mirando a cualquier otro sitio. Entretenido por su reacción, Finn cedió a la tentación de fastidiarlo un poquito. Sonrió cómplice.

- Pues a ella parecías gustarle...

- Nuestras familias eran amigas... –soltó atropelladamente-. Ha pasado tiempo. Mucho tiempo...

- Oh... –alzó las cejas, notando que se ponía defensivo-. Está bien. Siento haberte molestado...

No hizo más comentarios, pues parecía ser un tema mortificante para Poe. Salieron de la arboleda sin dejar de mirar el transporte en un ahora confuso silencio, y Poe negó dejando escapar un resoplido.

- Creo que Hux no debe quedar solo en la cabina. Me adelantaré.

Finn parpadeó descolocado mientras veía a Poe marcharse, la tensión aún flotando en el ambiente.


Con un pequeño sobresalto, Jannah abrió los ojos.

Reconociendo la penumbra de su área designada, en vano trató de volver al lugar de sus sueños. Una ciudad en las nubes. Siempre quería regresar cuando la veía. Resoplando, se pasó la mano por el rostro. En los hangares del Supremacy, las tropas se turnaban para vigilar y dormir. Incorporándose en su saco de dormir, todo parecía tranquilo. Pero como nunca antes, su corazón no lo estaba.

Algo no andaba bien. Jannah batalló un par de minutos con la irracional sensación antes de salir de su rincón y asomarse al borde del hangar. El cielo estrellado de Jakku tenía un brillo verdoso debido al escudo. Por el silencio, debía ser de madrugada. Una de los rebeldes que estaba de turno la llamó.

- ¿Todo bien? –le preguntó en voz baja, sentada sobre un contenedor no muy lejos de allí.

- Si... –susurró mientras asentía.

No, dijo una voz en su interior. No era nueva, pero si era más intensa. Con excusa de ir al baño, se adentró a los desiertos pasillos de la nave. De todas formas ya no volvería a la ciudad en las nubes.

Pequeños droides de limpieza fueron sus únicos acompañantes durante un largo trecho, y le llamó la atención que luego de todo el caos de los últimos días siguieran funcionando. Yendo a ningún sitio en particular, reparó en que todos iban en el mismo sentido, dejando grandes zonas sucias. Se detuvo.

Nunca fue su estilo el dejarse sugestionar por coincidencias. Pero ahora conocía a un Jedi, y había visto la Fuerza en acción. Atendiendo al hormigueo de su cuerpo, tomó el comunicador de su cinturón.

- Aquí la capitana Jannah. ¿Está todo en orden en el puente?

La espera se le hizo eterna, rechinando los dientes al ver pasar un nuevo droide de limpieza. Optó por seguirlo. Pasados unos segundos, alguien respondió del otro lado de la línea, y ella frenó para oír.

- Afirmativo, capitana –replicó una voz marcial. El desertor vaciló al añadir-. ¿Por qué pregunta?

¿Cómo podría Jannah explicar esa sensación que le erizaba la piel?

- Necesitaba un reporte –se mordió el labio- ¿Hace cuánto que los troopers no intentan salir?

- Hace dos días... –replicó la voz del comunicador, tal vez KT-2321... Kit, tuvo que recordarse.

- Ha estado demasiado tranquilo... –susurró Jannah, sin notar que el enlace seguía abierto.

- Es cierto. Haré una doble revisión de los sistemas de vigilancia –prometió Kit-. Por si acaso.

- Gracias –la joven cortó la comunicación y retomó su camino tras el droide.

Algunos pasillos seguían a oscuras, por lo que se sacó una pequeña linterna del bolsillo y la dirigió al piso junto a su blaster. Pasados unos niveles, se topó de frente con una patrulla que casi le dispara.

- ¡Soy solo yo...! –exclamó, y los desertores bajaron sus armas, excusándose. Al reconocerlos de la revuelta, agregó algo más tranquila-. ¿Tienen idea de cómo funcionan esas cosas...?

Con el pulso volviendo a lo normal, señaló al droide que doblaba la esquina del pasillo tenuemente iluminado en el que estaban. Mirándolo con desconfianza, el más bajo de los tres desertores se asomó a ojear el siguiente corredor con su arma en alto. Luego volvió con expresión confundida.

- No parece estar limpiando –miró a sus compañeros-. Si mal no recuerdo, en una inducción nos dijeron que son operados por radio desde mantenimiento. Pero han pasado años de aquello...

El corazón de Jannah dio un vuelco al recordar que mantenimiento estaba en el mismo nivel que las salas de confiscados. Y de las primeras celdas. Volvió a tomar el comunicador y contactó a Peet.

- ¿Peet? ¿Cómo está todo en las celdas? Es urgente que contestes.

Los desertores se removieron inquietos al oír lo tenso de su voz. Tras insoportables segudos, habló.

- Estoy viendo los monitores y todo está tranquilo. ¿Quieres que llame a una patrulla a vigilar?

- Sí, y quiero que envíes otra unidad al área de mantenimiento. Y a las salas de confiscados.

- ¿Por qué?

Un presentimiento. Había armas en las salas de confiscados, demasiado cerca de las prisiones.

- Por favor, solo hazlo...

- Estoy en eso...

El chico cortó la comunicación, y mirando a los desertores, ella trató de poner sus ideas en orden.

- Está bien... quiero que ustedes tres vengan conmigo, y llamen a otra unidad... –el comunicador volvió a sonar, y Jannah se interrumpió para contestar con voz tirante- ¿Peet, qué encontraste?

- Capitana, hay tres destructores estelares en órbita –la serena voz del general Ematt solo incrementó su intranquilidad-. El Esperanza, el Alba y el Aurora se preparan para un potencial ataque al Supremacy. Preparen los cañones de la cubierta y aseguren las estructuras vitales.

Sintiéndose palidecer, Jannah miró a los tres desertores frente a ella. No podía ser coincidencia...

- El generador del escudo está a la vuelta del pasillo –jadeó súbitamente uno de los desertores.

Sin ponerse de acuerdo, los cuatro echaron a correr en esa dirección. Jannah se dirigió a Ematt.

- General, presiento un ataque coordinado. De alguna forma quieren bajar el escudo. Vamos de camino a prevenirlo, pero necesitamos refuerzos... –volvió a sintonizar al muchacho-. Peet...

Por el comunicador, el vago sonido de disparos y cosas cayendo le helaron la sangre en las venas. La voz de Peet sonaba particularmente aguda al responder en medio de aquel caos.

- ¡Encontramos a cuatro fugitivos en el área de mantenimiento, pero los tenemos controlados!

En lo que doblaban al trote un oscuro corredor, Jannah vio que al fondo se veía la luz de la galería que alojaba los generadores de energía para el escudo. Un pequeño droide iba a toda velocidad hacia allá. Mientras tanto, ruidos del comunicador indicaban que Peet todavía forcejeaba.

Jannah y compañía llegaron a la iluminada galería con sus armas a punto, listos para disparar a los troopers que habían de alguna forma huido. No los encontraron. La compuerta de los generadores estaba abierta, mostrando al menos una decena de droides de limpieza amontonados bajo la máquina.

- ¡Oye, qué tienes ahí...! -oyó gritar a Peet por el comunicador-. ¿Explosivos...?

No. La joven golpeó los controles para cerrar la compuerta y empujó a sus compañeros a un lado. Un ensordecedor estallido en cadena sacudió la galería entera, arrojándolos a un oscuro rincón.


N.A: Un pequeño preámbulo a lo que espera en Goji, porque nuevamente hice un capítulo demasiado largo, meper d0nan?
Tengan una buena semana ;)