Capítulo 4

La Segunda Noche

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Los nombres de los personajes no me pertenecen, estan basados en la serie Ranma 1/2 de Rumiko Takahashi.

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Akane dejó su bolso en el mueble de la entrada y mientras se cambiaba el calzado gritó:

— ¡Ya estoy en casa!

Kasumi, su hermana mayor, salió de la cocina y le sonrío emocionada.

—Akane, que guapa te has puesto. ¡Déjame verte! —pidió girándole el cuerpo, la peliazul rió como chiquilla y se abrazó a su hermana.

—¿Cómo han estado? Hace mucho que no vengo.

Kasumi acarició su espalda y sujetandola de los hombros la guío hasta la mesa para beber un poco de té.

—Todo ha ido bien. El lunes, Tofú y yo fuimos al templo para recibir bendiciones para la boda, Nabiki va y viene de vez en cuando y Papá ha estado trabajando, de hecho, hoy salió corriendo para una reunión de emergencia.

Akane bufó molesta y sonrió incrédula.

—¿Reunión de emergencia?.. Papá sabía que vendría, por eso se escapó.

Kasumi cubrió su pequeña sonrisa al beber un poco de té y haciéndose la desentendida, inquirió:

—¿Qué te hizo esta vez?—

Akane suspiró y bebió un poco de su té antes de responder.

—Sabes que acabo de terminar mi relación con... ese bobo, ¿verdad?

Kasumi asintió.

—Pues nuestro maravilloso padre rentó la habitación desocupada de mí departamento, sin mí permiso, para un hombre con el que no me siento para nada cómoda.

Kasumi fingió sorprenderse y continuó interrogandola.

—¿Por qué incómoda?, ¿te hizo algo indebido?

—Sí, ¡No!... es decir, no estoy muy segura, estaba dormida cuando ocurrió.

—¡Oh!

—¡Eso no es todo Kasumi! —exclamó avergonzada la peliazul.

—Hermanita, tenme confianza, ¿qué más te ha estado pasando?

—Hace una semana, hice un viaje con Shinnosuke y cuando regresaba, por error... golpeé a una persona en el avión.

—¿Golpeaste a alguien? —exclamó (ahora sí) verdaderamente sorprendida.

—¡Fue un accidente!— se defendió la peliazul.

—Pero... ¿te disculpaste con esa persona, o no?

—Sí.

—Entonces, no le veo el problema a eso.

—Es que... la persona que lastimé en el vuelo, es mi nuevo compañero de departamento.

Kasumi levantó sus cejas sorprendida y miró con preocupación a su hermana.

—Akane, escúchame bien. Lo que sea que haya pasado con ese hombre, debes aclararlo pronto y, si al final resulta que no pueden superarlo, pídele a papá que lo transfiera a otro departamento... Nunca estés junto a un hombre con el que no te sientas cómoda y no solo me refiero a esta situación —la peliazul suspiró y Kasumi continuó—: Akane, sé que eres una mujer adulta y que sabes cuidarte muy bien tú sola pero, si las cosas se salen de control o la situación te sobrepasa, búscanos en cualquier momento y te ayudaremos, ¿de acuerdo?— murmuró sonriéndole con ternura.

Akane sujetó la mano que le había extendido Kasumi y asintió conmovida.

—Muchas gracias, Kasumi — murmuró con alegría.

El sonido de la puerta corrediza, hizo que las dos hermanas miraran hacia la entrada, donde una mujer castaña, delgada, alta y atractiva, acababa de llegar.

—¿Por qué nadie me avisó que habría una reunión de hermanas? — preguntó Nabiki fingiendo molestia, pero acercándose a la peliazul para abrazarla— ¿Cómo estás Akane?, ¿qué hay de nuevo en Tokio?

La menor sonrió y acomodándose las tres en la mesa, comenzaron a hablar sobre sus empleos y los planes de boda de la hermana mayor.

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Ranma abrió la puerta y guardó sus zapatos en el pequeño mueble.

—¡Ya llegué! —gritó.

Al no obtener respuesta sonrió contento.

"Departamento libre, ¡Sí!" pensó entusiasmado.

Caminando hacia la cocina con algunas bolsas en las manos, abrió la nevera y bufó divertido. Akane le había dejado todo un bloque para que él pusiera sus cosas.

Después de acomodar sus compras, colocó un ramen instantáneo sobre la parrilla y corrió hasta su habitación para descargar de forma rápida lo que había comprado en la tlapalería sobre su cama: Un juego de desarmadores, tornillos, cerrojos para puerta, una cuerda, cinta adhesiva y un taladro.

Volviendo a la cocina, apagó el fuego y acomodándose en un sillón de la sala, agradeció el alimento y comenzó a comer.

Cuando terminó con la comida, lavó y acomodó los trastes que había ocupado y se dirigió a su habitación para empezar los cambios para evitar problemas con su situación nocturna.

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No sabía ni qué hora era, cuando el taxista le anuncio que habían llegado a su edificio, sus hermanas la habían entretenido más tiempo del que había planeado.

Subiendo por el elevador, bajó con lentitud en su piso y metió la llave en la cerradura.

Aventando sus zapatos al pequeño mueble, caminó por el oscuro pasillo hasta llegar al baño.

Ranma salió de su habitación para beber un poco de agua y mientras estaba en la cocina escuchó un golpe seco.

—¿Quién anda ahí? —preguntó preocupado.

Caminando hacia el pasillo se detuvo al ver que la luz del baño se encontraba encendida.

—¿Akane, eres tu? —preguntó tocando la puerta.

—¡No entres! —gritó la peliazul desde el otro lado.

—¿Te encuentras bien?—preguntó confundido.

"¿Porqué entraría al baño cuando ella estaba adentro?" pensó confundido.

—Estoy bien... ¡Déjame tranquila! —exclamó con molestia.

Ranma bufó y rodó los ojos.

—Esto es lo que me gano por meterme donde no me llaman —murmuró alejándose de la puerta.

Un nuevo golpe se escuchó dentro del baño y después Akane gruñó enojada.

Ranma continuó su camino hacia su habitación, pero el grito aterrado de Akane lo hizo detenerse.

—¡Ranma! —gritó la mujer desde el interior del baño.

—¿Qué quieres? —gruñó enojado acercándose de nuevo a la puerta.

Akane salió del baño y se aventó a los brazos del hombre desesperada.

—¡Insecto! —gritó aterrada, aferrándose más al cuello del joven.

—¡Akane! — le gritó Ranma sonrojándose ya que la mujer se encontraba en paños menores.

—¡Mátala, mátala!— señaló la peliazul hacia la pequeña cucaracha que volaba dentro del baño.

—¡Sueltame, Akane!— gritó el de la trenza, desesperado por alejarse del toque de la mujer.

Ranma dió unos pasos hacia atrás debido al impulso provocado por los movimientos bruscos de Akane para sujetarse a él y como las habitaciones se encontraban oscuras, no notaron que uno de los pequeños sillones se encontraba a la espalda del de la trenza.

Las piernas de Ranma chocaron contra el respaldo del sofá y mientras los dos caían –para evitar que Akane resultara herida–, se abrazó a ella.

Dejándose caer de espalda, recibió el impacto contra la orilla del sillón y la mesa de centro.

Akane respiró agitada sobre el pecho de Ranma, levantando su rostro para mirar al pelinegro, lo vio gemir de dolor.

Levantando la cabeza, notó que la parte inferior de la cabeza del hombre descansaba sobre la mesa de centro y que sus manos, en vez de usarlas para evitar la caída, las había usado para mantenerla protegida con su propio cuerpo.

Al ser consciente de que Ranma había sido el único que resultó herido, se levantó con rapidez de su cuerpo y lo ayudó a acomodarse en el sillón.

—¡Ay, diablos Ranma! ¡Perdón, perdoname! —suplicó mientras intentaba acariciar la zona del golpe.

Ranma gruñó y alejando las manos de la peliazul de su cabeza, se cubrió el rostro con ambas manos.

—¡Ranma, lo siento! No me dí cuenta, ¡Perdón!—suplicó la peliazul asustada mientras el muchacho ocultaba sus ganas de llorar.

—¡Trae hielo!— pidió el pelinegro enojado.

—¡Voy corriendo!— gritó la peliazul, corriendo hacia la cocina.

Ranma quitó las manos de su rostro y abrió los ojos, veía doble y un poco borroso.

Akane regresó unos segundos después y levantándole la cabeza –con mucho cuidado–, colocó el paño con hielo a la altura del inicio de su trenza.

Ranma suspiró agradecido por el cambio de temperatura de su cabeza y volvió a cerrar los ojos.

Akane lo miraba nerviosa y acercando sus manos a la cara del muchacho, alejó un mechón de cabello de su boca

—Ranma, ¿te duele otra cosa? —preguntó preocupada.

El hombre entreabrió los ojos y la miró con el ceño fruncido.

—¿Por qué siempre que estas cerca termino lastimado? —gruñó enojado.

Akane rió nerviosa y se inclinó hacia él.

—Lo siento mucho y no solo por este accidente, tambien me refiero a lo ocurrido en el avión...

Ranma levantó sus comisuras y cerró los ojos debido al dolor que le provocó moverse.

—Pensé que no lo recordabas.

—Perdón —murmuró la peliazul con preocupación.

—Akane... no te asustes pero estoy muy mareado —susurró colocando sus manos en la cabeza.

La peliazul abrió los ojos asustada y corrió hasta el teléfono.

—¡Llamare una ambulancia!

—Si, hazlo —pidió el joven, deshaciendo su trenza para que el hielo tocara mejor su cabeza.

—¡Akane! —gritó alarmado, una vez que la escuchó terminar la llamada.

La muchacha corrió hasta el sillón y se inclinó sobre él preocupada.

—¿Qué pasa, te estas sintiendo peor? — preguntó asustada.

—Antes de que llegue la ambulancia, por favor... ponte algo de ropa —pidió el ojiazul, señalando el cuerpo de la mujer.

Akane se miró y cubriéndose un poco, corrió hasta su habitación para ponerse una blusa y un pantalón.

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El doctor terminó su exploración y comenzó a anotar la información en las formas.

Akane se mantenía callada y sentada en el pequeño banquito que había junto a la camilla de Ranma.

—¿Cómo está doctor?— preguntó al ver que el médico iba a retirarse.

—Su prometido se encontrará bien, tuvo suerte de que el golpe no fuera directamente en su nuca o podría haberle causado un mayor daño...

—¿Podremos irnos a casa?

—Necesitará que lo vigilen las próximas 24 horas, pero no es necesario internarlo. Le recetaré unos analgésicos para controlar el dolor que se presentará en los próximos días y después podrán irse.

—Una última pregunta, vivimos en el cuarto piso de nuestro edificio, ¿podrá usar el elevador?

—Probablemente siga un poco mareado por el golpe cuando llegue a casa, pero sí, ese medio es más recomendable que las escaleras—

—Muchas gracias, doctor.

—Les dejaré la receta en la farmacia, tengan cuidado en su regreso a casa. Señor Saotome, evite golpearse la cabeza otra vez, ¡Oh! y utilicen insecticida la próxima vez que quieran deshacerse de un insecto.

Ranma asintió y vio a Akane suspirar.

Después de un minuto, ella le sonrió y le sujetó la mano con suavidad.

—¿Ya escuchaste? Vas a estar bien —repitió la peliazul aliviada.

—Ya puedes dejar de fingir que somos pareja, el doctor ya se fue— gruñó Ranma con molestia.

—Sabes que tuve que hacerlo para que me dejaran entrar contigo— murmuró enojándose mientras retiraba sus manos del joven.

—¡Oh, es verdad. Gracias por acompañarme esta noche al hospital, qué detalle! —respondió mordaz.

—¡Ya me disculpé varias veces!— susurró la peliazul a la defensiva.

—¡Oh, no!, ¡tus disculpas me han curado mágicamente!

Akane suspiró y se levantó del banquillo.

—Iré por tu estúpida receta para poder irnos.

—¡Hasta que dices algo que valga la pena oir! —murmuró el joven.

Akane lo golpeó en el pecho provocándole un gemido de dolor y, alejándose de la camilla, caminó hasta la ventanilla para recoger el papel.

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Caminando con torpeza dentro del elevador.

Akane pinchó el botón de su piso y dejó que Ranma se recargara un poco en la pared.

Al llegar a su planta, lo agarró de un brazo para caminar hasta el departamento y lo acompañó hasta su habitación para dejarlo recostado en la cama.

—¿Qué le pasará a un sonámbulo si no puede caminar bien porque está atontado por un golpe en la cabeza? —preguntó con ironía.

Ranma frunció el ceño y le dió la espalda.

Akane sonrió divertida y miró con curiosidad por toda la habitación.

Era la primera vez que entraba y veía los objetos que su compañero había traído al departamento: Una pila de libros sobre publicidad y marketing, una computadora portátil, una tablet de dibujo, una lámpara, un escritorio de piso, ropa y una fotografía vieja.

—Ni se te ocurra tocar mis cosas —gruñó el hombre sin voltear a verla.

Akane rodó los ojos e ignorando su advertencia tomó el portaretratos.

—¿Son tus padres? —preguntó sorprendida.

Ranma giró el cuerpo y la miró molesto por su osadía.

—¡Pon eso donde estaba! —exigió avergonzado.

—Entonces si deben serlo —murmuró la peliazul acomodando la fotografia en su lugar.

—¡Ya puedes irte! No te necesito ni te quiero aquí —murmuró Ranma acomodándose boca abajo en el colchón.

—El doctor dijo que necesitas estar vigilado, yo me quedaré a cuidarte...

Ranma rió y giró su rostro hacia la mujer.

—¿Tú, cuidarme a mí?, ¡Fuiste la causante del accidente!— gruñó con desprecio.

—¡Pues no me iré de aquí! —señaló la peliazul sentándose en el cojín que había frente al escritorio.

Ranma frunció la nariz y dejó caer su cabeza sobre la almohada sin dejar de observarla.

—Eres realmente terca cuando te lo propones.

—¡Duermete ya!— murmuró la peliazul con brusquedad.

Cerrando sus ojos, Ranma comenzó a respirar despacio hasta que empezó a dormitar.

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Las horas pasaron y Akane comenzaba a dormirse, suspirando de cansancio, la peliazul salió silenciosamente de la habitación y caminó hasta la cocina para beber un poco de agua.

Cuando regresó, se recargó (hincada) en la orilla de la cama y retiró un mechón de cabello oscuro que estaba cerca de la nariz del pelinegro.

Mirándolo con detenimiento por primera vez, sintió que sus mejillas se sonrojaban.

—¿Por qué un hombre con tan feo caracter tiene que verse tan guapo con el cabello largo? —preguntó la peliazul entre susurros.

Ranma gruñó y fingiendo dormir, cambió la posición de su cuerpo girándolo hacia la pared y dejando un espacio para que ella pudiera subirse.

Akane se recostó en el pequeño espacio y suspiró cansada.

—Nunca me había desvelado por alguien, espero que lo aprecies algún día —continúo susurrando la peliazul.

Ranma fingió estirarse y se abrazó a la muchacha.

Akane se sorprendió por la acción del hombre, pero al verlo tan tranquilo permitió que se aferrara a ella.

—Si me entero de que estas despierto mientras me abrazas, te juro que cortaré tus brazos con mis propias manos...

Ranma rió y se enredó a ella con todo su cuerpo.

—Cállate y déjame dormir —murmuró junto a su oído.

—Eres un cerdo.

—Soy tu prometido, ¿o no?— preguntó divertido.

Akane gruñó mientras Ranma entrelazaba sus brazos con los de ella, evitando futuros ataques.

—Esto es jugar sucio —murmuró indignada.

—Me lo debes —susurró él con voz ronca.

Los dos, a pesar de sus respiraciones aceleradas se mantuvieron muy quietos y después de una hora de mantenerse en la misma posición, finalmente se quedaron dormidos.


¡Hola a todos!

¡Espero que se encuentren muy bien! Aquí en casa ya huele a vacaciones de semana santa y aunque no vaya a ir a ningún lado, ya se puede sentir un ambiente más relajado.

Espero que les haya gustado el capitulo, intenté que no fuera corto, (espero haberlo conseguido).

( ꈍᴗꈍ)

¡Les mando un enorme abrazo virtual a todos e infinitas gracias por sus hermosos reviews!

¡Soy Tóxo Kai Bélos, los leo pronto! ;-)