Momias y Zombies

Capítulo 9 (segunda parte)

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Muchas gracias por sus reviews, les mando un enorme abrazo.

¡Bienvenidos y disfruten la lectura!

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Los nombres de los personajes no me pertenecen, están basados en la serie animada Ranma 1/2 de Rumiko Takahashi.

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—¿Quieres que apague la luz? —preguntó la mujer mientras dejaba el tazón de palomitas en la mesita.

—Por mi no hay problema, pero... ¿no tendrás miedo si lo haces? —inquirió el de la trenza usando un tono burlón.

Akane levantó una ceja y lo miró con disgusto.

—¿Y por qué le tendría miedo a algo que sé que es ficticio?

—Te equivocas Akane, esta película está basada en hechos reales.

La peliazul rodó los ojos.

—Si, claro, sobre todo porque hay zombies caminando por cada esquina —exclamó la mujer acercándose al interruptor—. ¡Vamos Ranma!, no tienes que inventar cosas para intentar asustarme.

Ranma sonrió de lado, mirándola con malicia.

—Yo no estoy inventando nada, Akane.

La mujer apagó la luz, dejando la habitación ligeramente iluminada por la luz que provenía de la cocina y observó el rostro burlón de su compañero.

—¡Cállate ya y dale play a la película! —pidió la peliazul sentándose en la plaza junto a la de Ranma (en medio del sofá para tres personas).

Ranma se inclinó hacia la mesita para agarrar un puñado de palomitas y miró alrededor con el ceño fruncido.

—¿Akane? —murmuró hacia ella, mientras la música del intro sonaba con suavidad.

—¿Qué? —le contestó con el mismo tono de voz pero sin apartar la vista de la pantalla.

—No tenemos para beber.

Akane miró hacia el rostro esperanzado de Ranma y se cruzó de brazos.

—¿Y?

—¿Traerías un par de vasos de agua?

—Ah, no... ya no soy tu esclava. Ve a la cocina y de paso me traes un vaso a mi también.

Ranma torció los labios, pero un segundo después dijo con alegría:

—Bueno.

Ranma subió sus piernas al sofá y moviéndose con torpeza (ya que usaba únicamente las rodillas y su mano sana), se dirigió hacia la plaza donde se encontraba sentada la peliazul observando la pantalla.

— ¡Oye, estás pesadito! —gruñó Akane cuando Ranma "accidentalmente" la aplastó para llegar al otro extremo.

—¡Ups! —exclamó el de la trenza mientras se sentaba en la plaza vacía del sofá y jalaba la silla en su dirección.

—Eres un inmaduro —masculló la peliazul con desagrado.

—Si hubieras ido tú por los vasos, no te habría pasado eso —murmuró el pelinegro de vuelta.

Akane pausó la película.

—¿Estás diciendo que yo solita me lo busqué? —inquirió incrédula.

Ranma sonrió de oreja a oreja y le guiñó el ojo antes de sentarse en la silla.

Akane apretó sus labios y sintiéndose repentinamente cohibida por la mirada burlona de Ranma, giró la silla donde se encontraba sentado y dándole un empujón al respaldo con su pie, logró que el de la trenza llegara hasta la mesa de la cocina.

—¡Trae un vaso de agua para mí también! —le gritó la mujer desde el sofá.

Ranma soltó una carcajada desde el interior de la cocina y al poco rato regresó con los dos vasos servidos.

Había pasado una hora, Akane se cubría medio rostro con uno de los cojines del sillón y Ranma tenía una expresión entre horror y asco en el rostro.

La película que el de la trenza había puesto en la televisión era una mezcla de suspenso y un poco, (es decir, un exceso) de gore. Sin embargo, ninguno de los dos se había atrevido a quitarla ya que cada vez que alguno se proponía a hacerlo, el otro lo miraba con superioridad, como si dijera "¿Qué pasa?¿Ya te asustaste?" y continuaban con el sufrimiento.

Así transcurrieron las dos horas y media más largas de su día, entre mirar una película que les revolvía el estómago y jactarse por las pequeñas muestras de debilidad del otro.

Cuando los créditos comenzaron a aparecer, tanto Ranma como Akane se quedaron mirando hacia la nada.

Akane, levantó el control remoto de la mesita, apagó el televisor y giró su cuerpo para enfrentar a su compañero de departamento.

—¡¿Qué diablos me hiciste ver, Ranma?! —le preguntó Akane con voz ahogada.

—¡Esta también fue la primera vez que ví la película! —respondió el de la trenza a la defensiva.

—¡Dios, qué trauma! Mis pobres ojos... —murmuró Akane, escondiendo el rostro en el cojín que tenía en sus manos.

—Oye, nadie te obligó a verla "completa" —señaló divertido.

Akane miró con disgusto hacia el hombre y repitió lo que él había dicho:

—Nadi ti obliguí a virla... Eso ya lo sé.

Ranma comenzó a reírse por la voz y cara graciosa que Akane había hecho, ganándose una mirada fulminante por parte de la mujer.

—Escucha, yo también terminé traumado con esa película... sobre todo por las escena de los zombies siendo devorados por las vendas de las momias —murmuró el hombre estremeciéndose.

—¡Quieres parar! Lo que menos quiero hacer es recordar esas escenas —exclamó la peliazul asqueada.

Un minuto de silencio total pasó hasta que Ranma se animó a hablar de nuevo.

—Tampoco pensé que una pelicula de este tipo tuviera escenas de sexo...

—Ranma... —murmuró la peliazul en señal de advertencia.

—Solo piénsalo, Akane... ¿por qué una película de este tipo tendría esas escenas?

—Mmm... tal vez porque, ¿si no tuviera "esas escenas" las personas nunca las rentarían?

—Puede ser —murmuró el de la trenza pensativo.

—¿Tu la rentaste por eso? —inquirió la mujer con curiosidad.

Ranma sonrió de lado y la miró extrañado.

—¿Y quién te dijo que la había rentado?

—¿Es tuya? —señaló sorprendida la peliazul.

—Un amigo me la regaló el año pasado.

—Entonces, ¡si la habías visto! ¡Eres un mentiroso y un pervertido! —afirmó con tono acusador.

—¡Ya te dije que no la había visto! —exclamó ofendido—. Además, si quisiera ver escenas de sexo, vería los videos que tengo guardados en mi computadora, no esta clase de pelí...

Ranma apretó los labios al darse cuenta de lo que había dicho y evitó la mirada sorprendida de su compañera.

—No necesitaba saber eso, Ranma —susurró Akane acomodándose en el cojín del sillón con ligera incomodidad.

—Y yo no debí decírtelo, pero así pasó — respondió el de la trenza rascándose la cabeza avergonzado.

—Bueno... — Akane carraspeó, decidida a cambiar de tema—.

Ya que éste fue un mal primer intento de "día de películas", finjamos que esto nunca pasó, ¿te parece bien?

Ranma suspiró y se cruzó de brazos.

—¿De verdad planeas continuar con esto? —preguntó el de la trenza con desdén.

—Si no te interesa eres libre de hacer lo que quieras —murmuró la peliazul con tono molesto—. Total, solo fue una estúpida excusa para ayudarte con tus padres.

Akane se levantó del sillón y se dirigió a la cocina, llevando consigo los vasos y el traste vacío de palomitas.

—Tomaré una ducha antes de acostarme —murmuró la mujer antes de dirigirse a su habitación.

Ranma sonrió de lado y esperó sentado hasta que Akane se encerrara en el baño, para finalmente moverse del sillón.

Estaba claro que su pregunta había molestado a su compañera, ya que ella se había llevado la silla a su habitación, dejando al de la trenza sin la posibilidad de trasladarse de manera cómoda.

"Ni hablar, ¡A arrastrarse en el suelo!"

~...

Akane acomodaba sus cosas para empezar a asearse cuando escuchó el constante gateo de su compañero sobre el pasillo pero no le tomó importancia.

El ruido que ella provocaba mientras se duchaba, cubrió el sonido de la cinta adhesiva que el de la trenza usaba para pegar algo en la puerta de su compañera.

Ranma se encerró en el interior de su habitación y mantuvo su oreja pegada a la puerta en cuanto escuchó que la peliazul salía del baño y abría la puerta de su habitación.

Completamente en silencio, el pelinegro esperó hasta escuchar alguna reacción por parte de Akane.

—¡Ahhh! ¡Ranma, eres un bobo! —le regañó la mujer desde el pasillo.

El sonido de la cinta adhesiva siendo desprendida y el par de pisadas que se acercaban a su puerta, pusieron ligeramente nervioso al de la trenza, pero al recordar que tenía el seguro puesto, se tranquilizó.

—¡No vuelvas a pegar cosas a mi puerta, si quieres vivir! —le advirtió la peliazul mientras le mostraba su enorme sonrisa de diversión a la puerta cerrada de su compañero.

—¡Okay! —respondió Ranma antes de que las pisadas de su compañera se dirigieran hacia el otro lado del pasillo y ella cerrara finalmente la puerta de su habitación.

Ranma sonrió jubiloso antes de apagar la luz y gatear hasta su cama listo para dormirse.

Le hubiera gustado ver la cara asustada de su compañera por la trampa de vendas que había puesto en su puerta, pero tendría que conformarse con lo que escuchó.

~...

Akane le quitó las cintas adhesivas a las vendas y las dejó sobre su escritorio antes de dirigirse a su cama y meterse entre sus cobijas.

Desde el principio supo que había hecho mal en llevarse la silla, pero ahora que sabía que a Ranma le gustaba "jugar" ya no sentía remordimiento alguno, sobre todo porque "cuando de bromas se habla, Akane es una experta".