Sin poder mirar, mirandote (Editado)

Angielizz

Tropiezos

Muchas gracias por comentar. Doble actualización:


BELLA

La escuela había sido el infierno siempre. No quería pecar de exagerada, pero luego de menos de veinticuatro horas aquí podía decir que sería peor de lo que había imaginado. Seguía siendo un extraño espécimen entre adolescentes que no sabían quitarme sus miradas de encima.

Y como si eso no fuera suficiente, mis nervios por encajar me habían hecho aún más descuidada y torpe: casi me rompo el tobillo al salir de la clase anterior, tropecé con la mochila en el suelo de alguien más y ahora como si mi mala suerte quisiera añadir algo más a la pila de vergonzosos momentos parecía gritarme que aún no había terminado conmigo.

Aparqué mi carro en el estacionamiento de la escuela, y bajé con precaución, lo último que necesitaba era caerme en el pavimento frío, todas las mujeres que pasaban a mi lado tenían abiertos los ojos de par en par.

Demonios ¿se me habría olvidado ponerme mi pantalón, andaba en pijama, o era peor, me quité mi pijama, pero me puse la ropa al revés, quizás me puse dos zapatos impares? Seguí la mirada de ellas pero para mi suerte no se fijaban en mí, hasta el momento todo iba bien, nada del otro mundo, o algo que yo no pudiera controlar.

—Hola, Bella —di un pequeño salto de sorpresa ante el grito tras mi espalda.

A sólo dos pasos estaba Michael Newton.

—Hola Mike, lo lamento no me di cuenta que venias detrás –le dije sincera.

—Sólo quería saludar, ¿Qué materia tienes ahora?

—Historia —su rostro se volvió desanimado, supuse que había albergado alguna clase de esperanza de compartir mesa como el día anterior, aunque yo me sentía aliviada.

—Supongo que nos veremos en la cafetería, hasta entonces linda. –¿qué había sido eso? Mike se despidió con un guiño, asentí con el ceño fruncido y seguí caminando hacia mi primera clase del día. Esperaba que el ridículo previo fuera lo peor que me ocurriera en el resto del día.

Pero una vez bajo el techo de la clase, comprobé que sí podía suceder, me tropecé con el profesor y de no ser porque era un hombre alto y fornido, habría terminado en el suelo a su lado. Me separé de él pidiendo disculpas mientras mis mejillas se coloreaban, volví a disculparme tres veces más hasta que caminé al primer lugar disponible para ocultar mi vergüenza tras el cuaderno. Nada podía ser peor que esto, ¿no?

En la segunda clase, volví a comprobar que todo podía pasar, me estampé contra el marco de la puerta al cruzarla, llevándome un fuerte golpe en el hombro y la rodilla.

Había notado que los estudiantes tenían un nuevo tema de conversación, aunque sus ojos seguían puestos en mí, ya nadie se preguntaba por mi nombre y de dónde venía, quizá después de veinticuatro horas ellos ya tenían toda mi carpeta informativa en sus manos. Aunque eso no impedía que siguieran mirando hacía mí, preguntándose qué clase de bicho raro me había picado para convertirme en quien soy, me habría gustado devolverles una mirada asesina pero sólo podía poner mi cara roja de vergüenza en respuesta y ocultarme con la cortina de mi cabello. Muy valiente.

En la tercera clase no hubo incidentes, aunque las dos chicas detrás de mí no paraban de conversar animadas sobre el muy atractivo joven. Esperaba que el chico nuevo tuviera tal efecto en la sociedad estudiantil de Forks que me ayudara a pasar desapercibida. No deseaba tanto algo como dejar de ser el centro de atención.

Durante esa tercera clase descubrí que la compartía con Jessica, estaba casi convencida de que después de mis tres vergonzosos momentos nada podía ser peor, pero me di cuenta de que no todo lo malo se basa en caídas o golpes incluso en tropezones, había algo más que eso y eran las pláticas con Jessica sobre el chico nuevo. Ahora deseaba haber tropezado con el profesor para ahorrarme esa conversación.

—¿Sabes que hay un chico nuevo? —se acercó tanto a mí que me sentí invadida, aunque su cercanía tenía que ver con la maestra impartiendo clases y sus deseos de contar el chisme caliente que traía entre sus labios.

—No lo sabía –pretendí ignorar todo al respecto, aunque no sabía gran información excepto que era atractivo porque era el tema más relevante y que era el nuevo. Ni siquiera sabía su nombre, esperaba que mi falta de información la hiciera desistir en seguir con el tema, pero eso sólo hizo más que aumentar sus deseos de susurrar sobre otro ser humano.

—Oh… es guapísimo, es bueno… que quieres que te diga es un Cullen o eso es lo que dicen, es incluso mejor que sus hermanos.

—¿Un Cullen? –me hubiera gustado no haber caído tan fácil en su juego de chismes, pero por el modo en que ella había enfatizado su apellido, sentía curiosidad, culpable.

—Sí, ¿recuerdas que te dije que todos ellos eran hijos adoptivos del Doctor Cullen? Bien, hay un quinto Cullen adoptivo, pero es... —bajó el volumen de su voz hasta hacer susurros— no sé si debería decirlo así, él es ciego —a pesar de que Jessica intentaba fingir su voz, podía escuchar el deseo de su lengua de soltarme toda la información que tuviera guardada, como no dije nada ella continuó– Al parecer no muchos lo saben, pero es cierto y la verdad no me importa que sea ciego o que tuviera tres ojos, es súper guapo y sexy, deberías de conocerlo no hay ninguna chica que no haya puesto sus ojos en él, lo único que diré al respecto es que si fuera un dulce no habría lugar donde no quisiera poner mi lengua —arrugué mi nariz ante tan explícita explicación, por suerte el profesor comenzó la clase y detuvo el vómito verbal de las fantasías sexuales de Jessica.

En el almuerzo, pedí una manzana y una soda, sólo para satisfacer mis niveles de glucosa; Ángela estaba sola en una mesa así que frui tras ella. Me agradaba, era simpática aunque reservada, y necesitaba urgentemente poner distancia del resto de jóvenes acosadores del día anterior.

Mientras buscaba con la mirada a Jessica, mis ojos se detuvieron en la mesa de la familia Cullen, o los Cullen, como Jess había dicho. Estaba sentado al lado de quien era Alice, una chica delgada con cabello oscuro, rebelde y corto que apuntaba a todas las direcciones, él llevaba puesto unos lentes oscuros de sol.

Parecía serio hasta que aparecieron sus hermanos alrededor y comenzaron a hacerlo salir de su burbuja, la mayor parte del almuerzo de mantuvo mirando de un lado a otro inclinando su cabeza y frunciendo el ceño.

Lo observé totalmente absorta en él, tenía unos labios rosados y delgados, no tenía barba ni bigote lo que permitía que su mandibula cuadrada resaltara entre sus facciones, de pronto me sentía confiada en mantener la mirada sobre él, sabiendo que podía espiar sin ser fulminada con la mirada por entrometerme en su vida privada.

—¿Es guapo, no? —preguntó Ángela a mi lado, y entendí que había pasado más de diez minutos solo mirándolo como acosadora.

Jessica no le hacía justicia con sus comentarios, era incluso más atractivo que Jasper y Emmet, lo que ya era decir bastante, tenía el cabello cobrizo y no paraba de jalarlo hacia atrás en un claro signo de nervios.

—Se llama Edward Cullen –interrumpió mi escaneo la voz de Ángela y me sentí avergonzada de haber sido descubierta, era una terrible persona.

—¿Edward dices? —Mike eligio ese inoportuno momento para sentarse frente a nosotras siendo una barrera humana en mi escaneo.

—Es adoptado, tiene nuestra edad aunque es ciego, la verdad no sé porque viene a le permitieron estudiar con nosotros –la voz de Mike tenía un tono crítico lleno de amargura y desdén.

—Eso es algo que nadie elije Mike y yo estoy en un clase con él, es muy inteligente aparte por si no lo sabes, existen los libros en braille – la voz de Ángela tenía el mismo tono que yo hubiera usado.

—Bah… como sea —Mike se giró hacia mí con una pose que para este punto intentaba demostrar cierta arrogancia— Lo que dicen es que esta es su primera vez viniendo a la escuela en años, ¿cómo podría estar a la altura?

Apreté en un puño mi mano tragándome las palabras que luchaban por salir. Por suerte el timbre escolar anunció que el receso había concluido y era momento de ir a Biología, la única clase que me parecía un alivio hasta el momento, sin Jessica ni Mike para compartir mesa.

Al llegar al aula me detuve en mi lugar, Edward Cullen estaba parado frente a la puerta del aula. Hasta el momento no habíamos coincidido y realmente no había albergado alguna clase de esperanza que pudiera ocurrir, busqué con mi mirada a alguno de sus hermanos, pero estaba solo con su bastón entre las manos.

Seguramente estaba pareciendo una idiota solo parada observándolo, miré al suelo ruborizada esperando que nadie me hubiese visto. Caminé a su lado y entre al salón. Me detuve en el pasillo del salón cuando alguien dijo mi nombre y levanté la mirada para intentar corresponder con un saludo incomodo, esperaba que pronto dejara de ser el interesante juguete nuevo del Instituto. ¿Es que acaso tanta lluvia les afectaba en el cerebro?, ¿O tal era el frio les quemaba sus neuronas? No lo entendía, pero esperaba que el efecto pasara pronto. Saludé con un gesto de la mano al chico que me había llamado

Y entonces tuve el pensamiento que nada podía empeorar el día.

Antes de que pudiera ser consciente de lo que ocurría o que mis reflejos obraran a mi favor, sentí el golpe, el peso de alguien chocando contra mí, nuestras piernas enredándose y luego la caída.

Cerré los ojos, incapaz de tomar el valor que se requería para abrirlos y actuar como si nada hubiese ocurrido.

Abrí mis ojos y sentí como toda mi sangre escapaba de mi cuerpo para subir a mi cara, había caído encima de Edward Cullen, maldición, maldición.