Sin poder mirar, mirandote (Editado)
Angielizz
Compañeros
Edward
Estaba acostumbrado a caer, no era algo que intentara con frecuencia ni en mis ratos libres, pero era el resultado constante de mi necedad mezclado a la ceguera y mis pocas intenciones de usar bastón. Lo que nunca había ocurrido antes es que mi torpeza se mezclara con las piernas de alguien más.
Lo único que agradecía era que mi habilidad para caer se había perfeccionado al punto de reaccionar durante la caída y así evitar terminar con mi cabeza contra el suelo. Mis brazos se movieron a tiempo para caer contra mis codos y antebrazos, aunque el cuerpo de la otra persona sobre mí consiguió que toda mi espalda terminara en el frío azulejo.
Intenté concentrarme en no escuchar las murmuraciones a mi alrededor, me concentré en su lugar en las cosas que sí sabía: estaba en el suelo, con una joven sobre mí –lo intuía por el olor a fresas y vainilla de su shampoo, además de su poco peso-, estábamos además en frente de quizá treinta alumnos y un profesor incapaz de llevarme a mi asiento.
Toda la culpa era de él, por supuesto. Y mía, por no recordarle mi evidente ceguera.
¿Se había desmayado?
Llevábamos catorce segundos y contando y ella no parecía hacer intento de levantarse, tampoco parecía que nadie pudiera ayudar. Así que decidí inspeccionar si había matado a alguien en mi primer día de clases.
—¿Te encuentras bien?
Eso funcionó, porque un segundo después su peso ya no estaba sobre mí.
—Lo siento mucho, debí fijarme antes —se disculpó con un tono de voz ¿asustado? Y quizá también ¿culpable? Había algo de esto en su voz. Me puse de pie.
—Lo lamento, fue mi culpa.
"Que desconsiderada"
"Pobre Edward"
"Es ciego, ¿no se da cuenta?"
–Yo estaba frente a ti, fue mi culpa —no íbamos a tener esta conversación de mi culpa tu culpa ahora mismo, y no mientras hubiera tantos oídos cerca.
—Señor Cullen, ¿dónde tengo mi cabeza en estos días? —interrumpió el profesor a tiempo, lo cierto es que yo también quería una respuesta para esa pregunta, porque no había excusa para dejarme por mi cuenta en un salón desconocido. En su lugar dije:
—No se preocupe.
—Esto es tuyo —la joven puso entre mis manos el bastón metálico.
—Gracias, soy Edward —aunque eso ya lo sabía ella. ¿Qué otro ciego había en el instituto? Era la comidilla de la escuela desde que bajé del carro de Emmet.
—Yo… -fue interrumpida.
—Isabella, acompaña a Edward a su mesa, será tu compañero en esta clase.
Detecté en la voz del maestro un tono impaciente y forzadamente autoritario, como si fuera su manera de cerrar el capitulo anterior y desprenderse de culpa.
Escuché los pasos de Isabella a mi lado, parecía estarse moviendo de un lado a otro. Haré que Alice cambie su horario, decido en ese momento.
Levanto mi mano frente a mí y ella lo comprende sin mayores explicaciones, toma mi brazo y me guía dentro del aula.
Al llegar a la mesa, Isabella movió la silla hacia atrás y puso mi mano en el borde de ella. Lo tenía, forcé una sonrisa amable antes de tomar asiento.
Me quité la mochila del hombro, que por suerte no había perdido en la caída y comencé a buscar el libro de biología. El profesor comenzó una presentación aburrida sobre sí mismo y la matería de este semestre, podía escuchar mi nombre aún entre las voces de mis compañeros.
Lo mejor sería que yo hiciera un intento de dar una buena segunda impresión de mí. Si esta iba a hacer, o quizá no, la única clase en la que estaría por mi cuenta entonces esperaba hacerlo de manera decente.
—Esta mañana estaba helada —comenté usando un tono casual.
Claro, el clima, nada mejor para romper el hielo que hablar de las heladas temperaturas del pueblo.
—Esto es Forks —su comentario obvio tenía un tono de reproche.
—¿No te gusta Forks?
—¿A ti? –me encogí de hombros, no había gran diferencia cuando pasaba todas mis horas encerrado en casa por elección.
—No sabría decirlo, Isabella.
—Sólo Bella —pidió con timidez, ¿sería posible que de todas las personas hubiese elegido a la otra nueva integrante e inadaptada del pueblo?
—Tú eres la nueva.
—Tú eres el nuevo, ahora —corrigió, sonreí ante esto.
—Lamento haberte tirado, supongo que pude haber pedido ayuda, pero… yo.
Yo solo quería pretender que podía caminar a mi silla sin ayuda de nadie más.
—Yo pude prestar más atención en lugar de estorbar en el pasillo.
Su tono seguía siendo de culpa y timidez. Y aunque era preferible eso a lástima y consideración, tampoco quería que ese fuera el tono de voz que nadie empleara a mi lado, mucho menos por culpa de esa caída.
—Está bien, será un empate… ¿Cuándo llegaste a Forks? –abrí el libro frente a mí guiándome por el tacto sobre las hojas.
—Este fin de semana.
— Y… ¿Te ha gustado Forks? – supuse que aunque aquí lloviera e hiciera mucho frio era un lugar hermoso por los bosques verdes que tendrían, ¿a quién no le podía gustar este lugar? Si tuviera vista, e incluso cuando sí tenía vista este era mi lugar favorito.
— Es…muy bonito, supongo, aunque no –me sorprendió su respuesta, aunque eso no explicaba qué estaba haciendo en Forks
—¿Tus padres se mudaron por trabajo?
—No, yo decidí venir aquí.
—Tal vez pudiste escoger un lugar que te gustara un poco más —añadí.
—Tal vez —añadió con un tono de diversión, sin lástima, culpa, timidez o algo negativo, iba mejorando—, es sólo que no me gusta el frio, lo húmedo – hizo una pausa – no, odio eso y…
— También odias la lluvia –adiviné, sintiéndome intrigado por comprender su historia.
— Exacto –asentí, el profesor seguía hablando de sus años universitarios, ¿de verdad? "Deberíamos cambiar de lugar con Swan" giré mi rostro hacia donde venía esa voz, levantando una ceja, sólo para que se diera por enterada que aunque no tenía ojos seguía teniendo un par de oídos. Miré de nuevo hacia Bella.
— ¿Por qué viniste entonces a Forks?
—Bueno yo —pero justo en ese momento el profesor empezó a explicar que quería que leyéramos el primer capítulo del libro.
Cuando llegué a la página que el profesor había indicado, comencé a leer con mis manos, me había tomado algunos meses conseguir leer con éxito en braillé, pero finalmente había aprendido a hacer de mis yemas mis ojos.
Detuve la lectura sobre la hoja, al sentir la mirada de alguien clavada en mí, pero aun así no despegue mis dedos de las hojas porque me perdería en mi lectura, de repente la mirada que sentía me libero e hizo que volver mi concentración en la lectura fuese sencillo. Suspiré. Sólo tenía que sobrevivir a este día.
Mi nostalgia por la vista nunca había sido tan fuerte como este día, era como si me sintiera vulnerable y expuesto a mi suerte. Sin importar que tan avanzados estuvieran el resto de mis sentidos, la vista era un privilegio que tenía vetado y que habría facilitado mi día a un nivel difícil de imaginar.
Giré mi rostro hacia donde estaba Bella, escuchaba su pluma moverse sobre el papel. ¿Apuntes? Supuse que se trataba de eso. Volví a mirar al frente para ocultar mi sonrisa. El timbre sonó justo en ese momento, y el profesor se apresuró a recordarnos que debíamos dar un repaso en clase para el cuestionario del día siguiente. Guardé el libro dentro de la mochila, Bella aún estaba a mi lado, lo sabía porque no había movido su silla.
"Afortunada", estaba seguro que Bella pudo escuchar eso también. Le di una pequeña sonrisa para que viera que compartíamos demonios.
—¿Quieres que te acompañe a la puerta? —pregunto dulce y timida, asentí. Ni siquiera recordaba haber contado los pasos hasta la mesa, sería un reto volver a la puerta aunque no algo imposible. Aun así, no quería seguir tentando a la suerte y a mi capacidad de tirar humanos conmigo.
—Lo agradecería —ella tomó mi brazo derecho, apenas estaba recargada contra mí, su mano se sentía insegura sobre mi piel—, no muerdo —añadí y conseguí sacarle una breve risa.
—¿Es difícil leer para ti?
Al fin una pregunta interesante entre todas las dudas de los estudiantes que había escuchado este día.
—Tardé algunos meses, clases diarias hasta que empecé a hacerlo sin ayuda —moví mis dedos exponiendo hacia arriba las yemas de mis dedos—, tu cuerpo es más inteligente que lo que crees saber.
Es la unica manera en que podría explicarlo.
Comenzamos a caminar hacia la salida, su mano en mi antebrazo enviaba chispas a mi piel, quizás hoy estaba más sensible de lo usual o eso se debía a la falta de contacto humano, ajeno a mi familia. Podía saber exactamente en que parte estaba cada uno de los dedos de Bella sobre el brazo, sabía incluso la distancia que existía de su mano a la mía. Me pregunté si todo esto era parte de mi sentido del tacto agudizado.
Sentí cuando la mano de Bella se alejó de mi piel.
—Llegamos –anunció, asentí.
— Gracias –respondí con una sonrisa amable. La escuché alejarse de prisa y un segundo después al gigante de Emmet hablar.
—¿Qué tal tu clase?
—Bien –respondí esquivo.
—Ya lo creo, solo fue una hora y ya sales de la mano con la chica nueva… — comenzó a reír ruidosamente. Infantil. Seguro que Bella aun estaba cerca.
—Estaba siendo amable conmigo.
—Pues, hermano, yo tengo ojos, y tú tienes un talento para impresionar chicas.
—Si por impresionar te refieres a lanzarlas al suelo. Lo tengo.
—No lo hiciste —levanté una ceja y él se rio entre dientes—, lo hiciste.
—Lo hice —comenzamos a caminar.
—Pero no ha estado tan mal para ser tu primer día, ¿no?
Iba a decir que sí, que había sido tan malo como había esperado, pero pensé en la conversación con Bella, y esos breves segundos sintiéndome como un tipo normal.
—No ha estado tan mal.
