Sin poder mirar, mirandote (Editado)
Angielizz
Re-encuentro
Bella
¿Era necesario añadir que los nervios no me habían dejado dormir? Me levanté durante cinco veces a lo largo de la noche con una bola de nervios en mi estomago. Tenía unas nuevas ojeras bajo mi rostro, herencia de la piel ridículamente delicada de mamá.
¿Era necesario añadir debido a quien me encontraba nerviosa?
Era absurdo, los nervios del primer día habían sido por el inicio de clases en una escuela nueva, los nervios del segundo día porque estaba nerviosa sabiendo a lo que me enfrentaría en clases. Pero el tercer día poco tenía que ver con encajar o ser acorralada por caras extrañas.
Estacioné la camioneta frente al edificio principal.
Cuando bajé no pude evitar mirar alrededor en espera de encontrar a Edward en el estacionamiento, y como no tenía idea de cuál era el vehículo de los Cullen, me fue imposible saber si él estaba aquí o no.
—¡Bella! —Jessica. Tomé aire antes de mirarla de frente. Aquí vamos. Estaba comprometida en no volver a tocar el tema de Edward con Jessica, no importaba cuántas ganas tuviera de conocerlo, sabía que ella no era el medio en que debía enterarme de su vida o siquiera si tenía permitido enterarme de él.
—Jess –saludé buscando encontrar un tono animado para ella.
—¿Qué tal tu día? ¿Sabes quién comparte clase con Edward Cullen? —¿así sonaba yo? Negué con mi cabeza anticipando la respuesta—, yo, es el destino. Antes de que él lo sepa estaremos juntos.
Sonreí de manera forzada y asentí.
—¿Lo crees? –asintió alegre.
Y cualquier especie de nerviosismo que tuviera por él desapareció.
—Es obvio que sí, digo, aún no hemos hablado pero, por favor –se señaló de pies a cabeza— ¿por qué diría que no?
—Eh… no hay ningún motivo, ¿cierto?
Se me ocurrían una decena, y apenas llevaba tres días conociéndola. Estoy siendo innecesariamente mezquina, pensé arrepintiéndome de ser tan cruel con Jessica que había sido amable conmigo desde el principio.
—Eres encantadora y te encanta conversar, estoy segura que funcionará —intenté remediar mi falta de ánimos con esa frase.
Jessica asintió con seguridad, antes de cepillar su cabello.
—Es él.
Miré hacia donde Jessica miraba mordisqueando sus labios. Edward venía caminando con el bastón frente a sí y Alice Cullen a su lado, no iban de la mano sino rozando sus brazos entre sí, estaban platicando entre ellos
—Tengo que presentarme —Jessica acomodó su cabello detrás de sus hombros antes de comenzar a caminar hacia ellos. En ese justo momento Alice miró hacia mí y sonrío.
Esa era mi señal, mientras Jessica estaba solo unos pasos de ellos decidí dar media vuelta y dirigirme a mi primera clase.
Durante la primera hora pasé gran parte de mi tiempo ignorando al profesor y poniendo casi toda mi atención en el reloj sobre la pizarra, ¿siempre había sido tan lento el tiempo? Lo único que estaba deseando era que el almuerzo llegara pronto y así poder ir hacia la clase de biología. Patético.
Había un encanto en Edward, era cierto. Como un imán imposible de evadir, posiblemente esa era la razón por la cual tenía a todas las mujeres babeando por él, incluyéndome.
En la clase de cálculo me senté junto a Jessica.
—Ya me enteré que eres compañera de Edward, que suerte tienes, cuéntamelo todo, ¿Qué se siente tenerlo así de cerca? – yo solo puse mis ojos en blanco, ¿de verdad no pensaba dejar su obsesión? Y ¿cómo es que conseguía tanta información de manera tan veloz?
—Nada en especial – le mentí mientras mis mejillas me delataban
—Ya veo —dijo con un tono de picardía.
—¿Qué?
—Es mas que obvio te lo comiste con la mirada, si yo fuera tú también lo hubiera hecho y la verdad que quizás deberías aprovechar que él no te puede atrapar haciéndolo —se río de su propio chiste mientras yo me ruboricé recordando lo complicado que fue mantener mi vista en el libro el día anterior durante la clase de biología. Aunque estaba segura que la ventaja de su ceguera, era que él no podía verme a mí. Tragué saliva sintiéndome culpable por pensar de esa manera, no había ni una ventaja en ese accidente que le quitó la vista.
—¿Qué? No, solo hablamos del clima, ¿sabes? —Jessica bostezó y asintió.
—No debes ser su tipo —palmeó mi brazo—, tú sigue intentando.
Pasé saliva sintiéndome de pronto totalmente desanimada, ahora el reloj ya no parecía moverse lento. Mi conversación con Jessica se vio interrumpida cuando el profesor comenzó a dar su clase, dictando algunas teorías de cálculo y después escribiendo en el pizarrón problemas matemáticos.
Agradecía que los problemas fueran lo suficiente complicados para no tener cabeza el resto de la sesión para pensar en nada más.
Hasta que sonó el timbre, me levanté jalando mi mochila al hombro.
—Isabella Swan, ¿podrías pasar un momento conmigo?– la voz del profesor se entrometió un mi desanimo por la hora del almuerzo. Caminé hacia él.
—¿Sucede algo? – ¿había dicho los segundos que faltaban para terminar su clase en voz alta?
—No apareces en mi lista de alumnos, ¿podrías ir con la secretaria? Sólo quiero corroborar que no tienes problemas con tu tira de materias —perfecto, pensé con sarcasmo. Ahora no podría estar en la cafetería a tiempo.
—Claro, yo me encargo.
Salí del salón con los hombros caídos, por supuesto que no era su tipo, nunca había sido el tipo de nadie, y nadie nunca había sido mi tipo, excepto que ahora sólo podía pensar en él y en esa brevísima conversación que tuvimos de ¿cinco minutos?
Estaba desesperada por sentir atención de alguien, al parecer.
Cuando abrí la puerta de la oficina de estudiantes noté que Alice Cullen estaba ahí, haciendo pucheros frente a la secretaría.
—Sería un problema —decía la mujer revisando la computadora, Alice estaba recargada contra el escritorio intentando ver lo que había en la pantalla, parecía ser algo importante porque ninguna de las dos había prestado atención en mí.
—Edward quiere sentir un poco de normalidad en este cambio, así demostrarán que su escuela es tan incluyente como han repetido los profesores que lo son, ¿o no lo son? —pasé saliva al escuchar su nombre, Alice ahora usaba ese falso tono de asombro, la mujer se mordió los labios antes de asentir.
—Somos incluyentes, es sólo que sería un problema para él.
Sabía que debía hacerme notar en lugar de camuflajearme con la pared, pero sentía curiosidad y estaba en una situación oportunidad para descubrir lo que estaba pasando ahí. ¿Culpable por caer en el chisme? Culpable.
—¿Problema para él? Le diré que es un problema: tener a su hermanita en todas sus clases. Eso afecta sus posibilidades de socializar.
—Necesita un apoyo —insistió la mujer.
—¿No me ayudara a cambiar su horario a uno diferente al mío? Es lo que él quiere, sólo un par de clases al día.
—Necesitarías conseguir a un compañero dispuesto a acompañarlo entre las clases.
—Yo estaré esperando fuera de su aula, además Edward en cuestión de días podrá moverse de un lado a otro sin guía por los pasillos —sonaba segura, así que lo creí.
—La escuela tiene escaleras —le recordó la secretaría a la pequeña de los Cullen, aunque eso solo consiguió que Alice se cruzara de brazos de manera retadora.
—Y él piernas. ¿Puedo hablar con el director? O mejor, ¿puede mi padre venir a hablar con el director?
—Necesita un apoyo —repitió la mujer, y entonces pensé que esta era mi oportunidad de hacer algo desinteresado por alguien más, já.
—Yo podría serlo —mi voz apenas salió más alta que un susurro, pero lo suficiente para ser escuchada.
Ambas giraron su rostro hacia mí, y desee por un segundo que algún agujero se abriera bajo mis pies y me tragara, mierda. Alice sonrío, parecía más que solo complacida, miró a la secretaria con satisfacción.
—¿Lo ve? Bella puede ser un apoyo en esas materias.
—La señorita Swan está adaptándose apenas —la mujer me miro con una sonrisa dulce—, es una responsabilidad que… —la interrumpí.
—Sólo haría lo que cualquier estudiante de esta escuela debería hacer, ¿no? —levanté una ceja a la mujer— me parece que está entre los valores que aquí enseñan.
—Exacto —secundó Alice.
La mujer suspiro resignada y extendió su brazo hacia mí.
—¿Tu horario?
Busqué en mi mochila la hoja de horario que me habían entregado en mi primer día.
—¿Tres materias es suficiente para el señor Cullen? —preguntó la secretaria, Alice asintió.
—Que sean biología, historia y literatura —sugirió Alice, la secretaría la miró con poca amabilidad en su rostro— y quisiera sustituir historia por cualquier otra en mi tira de materias —ahora la secretaria se veía molesta— Lo que sea está bien.
Di un paso hacia el frente recordando porque estaba ahí originalmente.
—Quiero revisar que mi nombre aparezca en todas las materias en las que estoy dada de alta, el profesor de cálculo dice que no estoy en su lista.
La sonrisa dulce de antes era ahora una gruesa línea. La mujer comenzó a teclear en la computadora hasta que me devolvió la lista. Le di una mirada a la hoja, todo se veía igual exceptuando un asterisco sobre tres materias: Biología, historia y literatura.
—Gracias.
De pronto mi arranque de valentía estaba por el suelo, ¿qué pensaría Edward sobre esto? Quizas el prefería tener a su hermana acompañándolo que a una completa extraña con la que había dirigido apenas unas cuentas palabras.
Así que cuando Alice pareció querer acercarse a mí, con su sonrisa amable, di media vuelta y salí despavorida a esperar en la próxima clase. Cobarde, cobarde,
EDWARD
—Desagradable—gruñó Alice a mi lado en cuanto los pasos de Jessica se alejaron de nosotros.
—Parece simpática —añadí.
—¿Simpática dices? ¿Acaso no sentiste sus babas sobre ti? Esa es Jessica Stanley —sabía que su nombre debía serme familiar, así que me encogí de hombros al no tener una pista de lo que hablaba.
—¿La conoces?
—¿Conocerla? Se ha encargado de decirle a todos aquí que Jasper y yo compartimos lazos sanguíneos.
Ah, esa Jessica Stanley. Claro. Mientras que para Rosalie nadie era lo suficiente inteligente o gracioso para compartir mesa, Jasper y Emmet parecían no tomarle importancia a ese punto en particular, además seguramente eran alguna especie de dioses entre el resto de la población varonil por una tontería como esa, pero Alice no podía hacer amigos porque Jessica había soltado el rumor que Jasper y Alice eran primos de verdad, lo que pareció condenar cualquier posibilidad de Alice de hacerse amiga de alguien interesado en algo más que conseguir datos sobre su relación incestuosa.
—Lo siento —fue todo lo que dije comenzando a caminar, sintiendo ahora desagrado por la simpática joven de antes.
—No es tu culpa, es de ella. Ahora parece que no somos tan repulsivos como familia una vez que te ha conocido, estoy segura que viene por ti.
—Tranquila, no va a pasar nada.
—Y tu Bella es amiga de ella —añadió mordaz.
¿Mi Bella?
—Ya te lo dije, apenas conversamos.
—No me gusta Jessica para ella, seguro solo está usando la popularidad de Bella por ahora.
Me pregunté si eso era posible y de pronto yo tampoco quería que Bella pudiera estar cerca de alguien capaz de difamar a otra persona por entretenimiento.
El principio del día pasó de manera lenta, el tiempo en la ceguera es como pequeñas y grandes eternidades, imposible de medir por culpa de la oscuridad. Mi celular estaba en modalidad braille, así que solo debía presionar tres veces la tecla del sonido para que me dictara la hora exacta, pero eso sería descortés en medio de una clase. Me contuve intentando prestar atención a un tema que ya había visto antes, una larga eternidad. Larga.
—No falta tanto —susurró Alice a mi lado como si pudiera leer mi mente—, diez minutos más —añadió poniendo su mano sobre mi pierna que no paraba de repiquetear contra el suelo. Mi relación con Alice era como la que tendría una pareja de mellizos, había sido así desde que ella llegó a nuestra vida.
Mientras Emmet seguía siendo un niño bruto que no sabía medir su fuerza con Alice, yo tuve que actuar como un hermano protector de los juegos de Emmet. Pronto Alice y yo éramos uno, lo que Emmet odió por supuesto, si él estaba por hacer alguna travesura nosotros podíamos adelantárnosle y replicársela a él, aprendimos un lenguaje no verbal sólo para fastidiarlo, y aprendimos también código morse para poder conversar cuando no queríamos que nadie más nos escuchara. La ceguera cambió algunas cosas, muchas, pero sólo solidificó el vínculo que ya existía con Alice. Así que a veces, como esta, sabíamos que era lo que sentía y pensaba el otro sin decirlo.
Cuando llegamos a la cafetería, Alice tuvo que retirarse para hacer unos cambios con sus materias. Al parecer estaba decidida a seguir con su plan, yo estaba seguro que eso sólo podía salir mal para todos. Aunque era innecesario comentarlo, cuando una idea se le cruzaba por la cabeza, era imposible hacer que cambiara de parecer.
No regresó Alice a la cafetería, así que fue Rose quien me acompañó a mi siguiente clase.
—¿Y esta Bella es graciosa? —pregunto no queriendo Rosalie, mi relación con Rose era diferente a con Alice. Mientras yo era el protector con Alice, Rose lo era conmigo, quizás porque me llevaba un año de edad, quizás por la ceguera o por todos los años que llevábamos conviviendo, más que una hermana la veía como una confidente. Era menos demente que Alice, más hermética y por lo tanto sabía guardar secretos.
—Es divertida —acepté.
—Alice está muy emocionada con ella —confesó Rose, lo que sólo consiguió que yo arrugara mi nariz.
"¿El doctor Cullen experimenta con ellos?"
"Cirugia plástica, es un hecho"
Intenté concentrarme en Rosalie y en los sonidos de nuestros pasos.
—Estaba pensando en adelantar alguna materia, ¿sabes?
—No, Edward. Eres muy inteligente, pero necesitas la preparatoria. Creeme es una etapa importante.
—No te veo haciendo amigos, ¿sabes?
—No los necesito, los tengo a ustedes. Pero enloquecería si pasara todos mis días encerrada en casa. Así que nada de adelantar materias para salir de aquí antes porque —se interrumpió abruptamente.
—¿Rose?
—Es sólo Mike Newton mirándote con odio.
¿Mike Newton? No recordaba a ningún Mike Newton en mi lista.
—¿Ocurre algo contigo? —preguntó Rosalie elevando su voz hacia el tal Newton, sonaba alterada y nerviosa.
—Rose —intenté hacer que continuara caminando, pero ella estaba congelada en su sitio.
—Deja de mirarlo de ese modo, o te las veras conmigo —Sujeté con fuerza la mano de Rosalie. Escuché unos pasos alejarse y luego entendí que el pasillo se había quedado en silencio ante la escena, comenzaron a murmurar sobre lo ocurrido. Sentí mi rostro arder.
—¿Rose?
—Es un idiota.
Yo no entendía nada al respecto, así que asumí que sólo era Rose siendo exageradamente sobreprotectora. Aunque añadí a Mike Newton a mi lista de personas que debía mantener lejos de mí. Jessica Stanley, Mike Newton, dos en un mismo día, y apenas era el segundo día de clases, interesante.
Cuando llegamos a la que asumí era mi clase, ciento trece pasos desde la cafetería, Rose dejó un beso plantado en mi mejilla.
—¿Estas bien? —su mano me dio un apretón.
—¿Puedes llegar a tu silla?
Había contado los pasos el día anterior. Doce pasos a partir de la puerta hacia el frente, siete más hacia el fondo.
—Te ayudo —una voz desconocida de mujer habló por encima de los sonidos, antes de encontrarme siendo tomado del brazo y dirigido a mi lugar. Forcé una sonrisa a salir cuando ella me dejó frente a mi silla. Cuando me senté me di cuenta que Bella ya estaba aquí. Vainilla y lavanda.
—Hola, Bella.
—¿Cómo… —parecía sorprendida, giré mi rostro hacia donde ella debía estar, así que se lo dije.
—Tu shampoo.
Escuché una inspiración larga, lo que imaginé que debía ser ella oliendo su propio cabello, le di ahora la más educada sonrisa burlona. Señalé mi nariz.
—Sentidos agudos.
—Eso es envidiable —dijo sonando con falsa envidia, sonreí de nuevo, era fácil hacerlo a su lado.
El profesor comenzó a explicar la actividad del día, quería que examinaramos unas laminillas con microscopio. Interesante. Estaba explicando cómo podríamos identificar cada una de… dejé de prestarle atención, era algo que no me sería útil.
"Eso es muy desconsiderado de su parte"
"Que le explique al ciego a usar el microscopio" Fruncí el ceño y decidí que esto no iba a afectarme.
— ¿Por qué te mudaste aquí? —pregunté en voz baja intentando dejar de prestar atención a mis compañeros.
—Mi madre se volvió a casar –padres divorciados, difícil. Una madre iniciando una nueva vida debía ser aun más complicado, así que intenté adivinar su motivación para viajar a un lugar frío que era de su desagrado.
—¿Y él no te agrada?
—No es eso, Phil es agradable, pero él viajaba mucho por trabajo y mi madre lo extrañaba, así que decidí venirme a vivir con papá. Él estaba muy solo, así que fue lo adecuado.
—Parece un cambio radical.
—Si, pero no me quejo… ya no al menos.
—Ayer no parecía así —le recordé, preguntándome a qué se debía el cambio tan repentino.
—Sigo prefiriendo el calor, pero estoy dispuesta a darle una oportunidad a Forks.
—Muy buena idea.
El profesor comenzó a dejar el material entre las mesas, podía escuchar sus pies arrastrándose a lo largo del salón, cuando llegó a nuestra mesa parecía tenso, por lo menos su voz.
—Edward, esto ha sido desconsiderado de mi parte yo… —decidí interrumpirlo.
—No importa, tengo un buen olfato, sabré hacerlo —a mi lado Bella forzó una tos para no reír inapropiadamente.
—Señorita Swan, espero que pueda dar con las respuestas correctas —y con su tono de voz cortante se marchó al haber sido avergonzado.
No me arrepentí. Estaba cansado de las lamentaciones de extraños por mi ceguera, estaba cansado de mis propias lamentaciones por mi condición, ya era hora de superarlo, ¿no?
—¿Aprender braille es complicado? —preguntó luego de algunos minutos en silencio, mi rostro estaba mirando hacia donde sus manos escribían.
—Sí, pero no imposible. Es cuestión de práctica.
Recordé aquellas semanas de frustración mientras mis manos pasaban sobre las hojas sin conseguir descifrar nada de lo que estaba en ellas. La frustración ante ser incapaz de hacer algo que podía ser útil para mí.
—¿Alice habló contigo? —preguntó luego de un silencio. Levanté una ceja, temiendo que Alice hubiese hablando con ella.
—No, estuvo ocupada durante el almuerzo, así que no. ¿Ella estuvo contigo? –pregunté temiendo la respuesta, Alice no era lo que se dice discreta.
—Tus hermanos se preocupan por ti —fue lo que dijo en su lugar, ¿tambien estuvo en el arranque de Rosalie minutos antes?
—¿Lo dices por Rose?
—Eh… no —escuché como retomaba los apuntes en su cuaderno, esperé hasta que volvió a dejar la pluma en el escritorio—. ¿Compartir materia conmigo, está bien para ti? —preguntó atropelladamente y tan rápido como pudo, que no estaba seguro de haber escuchado bien. O de aceptar que lo que había entendido era lo que había dicho ella.
—¿Lo está para ti? —tenía que asegurarme antes de lanzarme a un camino peligroso. Silencio.
—Tú pareces sincero —comenzó titubeando—, así que… si tú quisieras tener otro compañero en mi lugar, ¿me lo dirías, no? —pensé por unos segundos en la respuesta adecuada antes de responder.
—Sí, te lo diría si fuera el caso. ¿Harías lo mismo?
—No creo que eso pase, es decir… nadie está obligándome a compartir mesa contigo, ni nada parecido —aclaró.
—Bueno, tampoco nadie me está obligándome a mí.
Escuché su pluma deslizándose a lo largo del cuaderno, parecía estar rayando a lo largo de los márgenes. Me era complicado entender hacia donde iba esta conversación.
—Historia, literatura y biología —dijo bajo como si estuviera leyendo para sí, ladeé mi rostro en espera de una explicación.
—¿Disculpa?
—Estas son las materias que vamos a compartir.
Alice.
Mi indiscreta y entrometida hermana. Por supuesto que ella estaba detrás de todo esto.
—Puedo buscar otro compañero para ti, si no te parece —se apresuró a añadir, posiblemente mi rostro contraído en enojo había sido malinterpretado, así que intenté recomponer mi expresión.
—No eres tú…
—soy yo –me interrumpió, sonreí forzando a mis labios a ceder. Tenía que explicarme para que no malinerpretara mis intenciones.
—Es Alice. Ella no sabe respetar los límites, es todo —miré hacia el frente, sintiéndome incomodo ante la situación, podía imaginar a Alice yendo con sus ojos de conejito a Bella para que la ayudara con esa situación, me pregunté qué clase de artimaña debió utilizar para convencer a Bella de ser mi niñera. Yo quería ser normal, y en su lugar me hacía pasar por un niño inválido.
—No fue cosa de Alice —explicó Bella luego de unos segundos en silencio, miré hacia ella—, cuando llegue con la secretaria ella quería mover tus horarios, quería darte espacio según entendí, pero la secretaria quería que alguien pudiera acompañarte entre las clases y ser un apoyo para ti dentro del aula.
—Y Alice decidió que fueras tú —adiviné.
—No, yo estaba detrás de ella, escuchando, así que me ofrecí. Tal vez debí preguntar antes de hacerlo.
Mi enojo se esfumó tan fácil como había llegado. Bella se había ofrecido de manera voluntaria a hacerlo, sin Alice y sus trucos. No iba a leer entre líneas, al menos no quería, aunque ya tenía un nudo de nervios creándose en mi estomago.
Gracias por leer y comentar, doble actualización hoy. Te invito a continuar leyendo el resto de mis historias
