Sin poder mirar, mirandote (Editado)

Angielizz

Expectativa

Gracias por comentar en esta nueva versión: Lu40, Wenday14, Maryluna


EDWARD

Esa tarde había decidido alejarme de la casa para pensar, así que solo llegar y saludar a Esme, decidí que necesitaba tiempo para mí y mis revueltos pensamientos.

O sería adecuado decir, sobre el único pensamiento más poderoso que cualquier otro: Bella.

Mientras dejaba que la sensación de los pétalos de las flores y la humedad de la tierra embruteciera mis sentidos, no podía dejar de repetir en mi cabeza su voz. Estaba convencido que esta era una manera de perder la cabeza, el encierro y la ceguera estaban haciendo que mi sentido común colapsara.

Sabía que una vez pusiera el pie dentro sería abordado por mis hermanos, escucharía la satisfacción y alegría que mi propia ilusión despertaría en Esme, y estaba seguro que no había nada en esas conversaciones que me hicieran pensar que tenía alguna oportunidad con Bella.

Pensándolo de manera racional, lo lógico sería incluso hacerme a un lado. Ella era demasiado joven para verse arrastrada a una relación con una persona como yo.

"Parece un demente, ¿no?" decía Emmet desde el ventanal de la sala, parecía debatirse entre venir a mi encuentro o dejarme solo.

"Dejalo estar" intervinó Alice, cerrando las puertas de las ventanas, lo agradecía. "Rosalie, no" el grito de Alice fue acompañado del sonido de la puerta deslizandose y luego unos pasos caminando hacia mí. No dije nada, pretendiendo ignorar que estaban espiandome tras la ventana. Ella se sentó a mi lado, dejando su mano encima de mi rodilla.

-¿Estás enojado? -parecía preocupada, negué con mi cabeza- Alice no debió mover los horarios. Se supone que ella debía cuidar de ti, en lugar de jugar a cupido contigo y esa chica.

-No estoy enojado.

Seguí escarbando al lado de los rosales.

-Sólo necesito pensar.

-¿Pensar en la escuela? O ¿pensar en Bella? -sonreí negando con mi cabeza, no se daría por vencida tan fácil.

-Estoy ciego, Rose -dejé que las palabras salieran lentas de mis labios-, esto ya es complicado para ustedes.

-No es así, tu no eres ningún problema, Edward -apretó mi rodilla.

-Son mi familia, no se supone que lo sea para ustedes.

-¿Cuál es el problema entonces?

-No quiero ser un problema para esa chica, apenas está adaptandose y no debería tener que lidiar conmigo. Alice le ha pasado ese peso innecesario sobre sus hombros -lo último que deseaba era convertirme en un peso innecesario sobre ella, no parecía justo obligarla a mí.

Rosalie suspiró a mi lado.

-Alice dice que ella se ofreció.

-Si no lo hubiera hecho, estoy seguro que Alice igual habría intervenido para que Bella fuera la persona a cargo de mí.

-Se supone que eso debería tenerte feliz -parecía no comprender el dilema real de esto. No era acerca de mí, sino lo que mis emociones podían conseguir si permitía que esto continuara.

-Esta mañana le gritaste a alguien -le recuerdo.

-Era solo el estúpido de Newton.

-No tendrías porque defenderme, Rosalie, yo debería ser capaz de hacerlo por mi cuenta. En su lugar tengo a mis dos hermanas al acecho de cualquier problema, a Emmet listo para moler a golpes a quien me moleste y a Jasper preparado para tranquilizar la situación. Y esto es solo en el instituto. Nunca seré capaz de hacerlo por mi cuenta en el mundo real.

-¿Estás preocupado por no ser capaz de protegerla?

No respondí así que ella continuó.

-Sólo estás ciego, es un pequeño detalle. ¿Y sabes? Tienes a todas las chicas babeando por ti, si no es Bella Swan, será otra, tienes una larga lista de admiradoras –su información no me animó- apenas la conoces, pronto desaparecerá la emoción por ella.

¿Era cierto eso? ¿Sería posible que mis emociones fueran algo fugaz por la emoción del momento? Me sentí de pronto aún más cabizbajo ante la posibilidad de algo tan pasajero como eso.

No pude replicar al comentario de Rosalie cuando escuché los inconfundibles pasos de Carlisle acercándose a nosotros.

—¿Rose, nos das un minuto? -ella se alejó, así que me puse de pie sacudiendo mis manos contra mi pantalón- acabo de hablar con el Doctor de los Ángeles, parece animado, haremos unos estudios más, después una revisión en persona y dependiendo los resultados podremos tomar una decisión.

Mi pecho se llenó de esperanza ante lo que escuchaba, ¿sería aun una posibilidad dejar de ser ciego?

—Eso suena bien, ¿cuándo comienzo con los análisis y las pruebas?

— Aún no lo define, pero será pronto.

Pronto era mucho mejor que nunca.

—Gracias, papá -sentí sus brazos alrededor de mí, mientras mi frente se recargaba en su pecho pude sentir sus latidos acelerados, estaba asustado-, todo saldrá bien.

—Estoy seguro que así será, ahora, tu madre me envío por ti, la comida está lista.

BELLA

Sabía exactamente a qué se debían los nervios de esta mañana, la expectativa era la culpable. No sabía que esperar de hoy y al mismo tiempo tenía muchas fantasías haciendo lo suyo en mi cabeza. Estaba siendo infantil y un poco ridícula si debía decirlo, pero eso no significaba que dejara de serlo. A veces ser consciente de nuestros problemas solo lo hace vergonzoso.

Así que mientras dejaba de lado esas fantasías que mi mente seguía barajeando intentaba entrar en razón conmigo misma. Primer punto para no estar tan ilusionada: sólo llevaba dos días conociéndolo, y días era un amplia expresión, lo correcto sería decir dos clases.

No había nada en esas conversaciones que me hicieran pensar de verdad que tenía alguna oportunidad con él, ni señales ni dobles mensajes.

Él era amable, posiblemente yo le agradaba como compañera de mesa, pero eso era todo.

Unos golpecitos en la ventana de la camioneta me sacaron de mi lucha mental. Miré a mi lado, Mike Newton estaba afuera saludando con su mano y sonriendo hacia mí. Forcé a mis labios a sonreír y abrí la puerta para salir con él.

—Hola, Bella.

—Mike.

—¿Hace cuanto llegaste? —me encogí de hombros, ¿veinte minutos? Había despertado antes de la alarma y apenas tuve tiempo para desayunar, no tenía apetito de todos modos, así que llegue antes a la escuela.

—Hace unos segundos.

—Ya veo —se rascó la cabeza mirando hacia los lados y de vuelta a mí—, me preguntaba si te gustaría ir conmigo a dar una vuelta este fin de semana, para que conozcas el pueblo.

—Oh.

Oh.

Ugh. Debería decir.

—Tengo planes, lo siento.

—¿El siguiente fin de semana? —mordí mi labio intentando pensar en una manera amable de rechazarlo.

—Estaré ocupada con papá las próximas semanas, y tal vez vaya a Arizona a visitar a mamá el siguiente fin de semana —mentí.

Él asintió sin perder su sonrisa.

—¿Entonces qué dices de esta tarde?

Negué lentamente con mi cabeza.

—Cuando esté libre te aviso, ¿qué dices? –ofrecí esperando que eso fuera suficiente para él.

—Sé que vas a divertirte, ya lo verás —tomó un mechón de mi cabello rebelde y lo acomodó detrás de mi oreja, me quedé petrificada esperando que se alejara de mí.

—Ah… tengo que ir a clases, ¿sabes?

—Te veré más tarde, Bella —me guiñó un ojo antes de echar a correr hacia el edificio.

—Ugh —gruñí cuando estuvo lo suficiente lejos de mí. Mi día no empezaba como había esperado, pero eso no me desanimó. Mi primera clase seguía siendo Historia.

Cuando llegué al aula, decidí después de mirar hacia dentro, que podía esperar aquí a la llegada de Edward. Por suerte, para mis nervios, no tuve que esperar mucho tiempo porque no pasó ni medio minuto cuando lo vi caminar al lado de Jasper, un chico rubio que le sacaba algunos centímetros de altura.

Me recordé que sólo Edward era ciego, así que debía intentar ser discreta con mi lenguaje no verbal.

—Hola, Bella —saludó Edward al llegar frente a mí, nuevamente me sorprendió que fuera capaz de reconocerme. ¿Sorprendida? Me había esmerado en hacer que mi shampoo se pegara a cada centímetro de mi cabello esta mañana, era imposible que no oliera a eso. Jasper levantó una ceja al notar la habilidad de Edward para reconocerme. Me moví nerviosa en mi sitio.

—¿Listo? –fue todo lo que fui capaz de decir. Él asintió.

—Hasta pronto, Bella —se despidió Jasper, no sin antes dejar su mano sobre el hombro de Edward durante un segundo y dar media vuelta. Me acomodé al lado de Edward y como la primera vez él levanto su brazo frente a su cuerpo para que yo lo tomara. Agarré con temerosidad su antebrazo y lo guie dentro del salón. El profesor ya estaba ahí.

—Les recuerdo a todos que tienen que ser amables con Edward, poner en práctica su empatía y respeto hacia su compañero y ser serviciales en caso de que él lo necesite. Las personas ciegas merecen nuestro apoyo y esta escuela se siente orgullosa de poder demostrar lo incluyente que es en su educación.

Para cuando llegamos a nuestra mesa asignada noté que Edward se veía tenso e incomodo. Puse su mano sobre el respaldo de la silla y caminé a mi lugar a su lado.

Contrario a todo lo que había esperado, esa primera hora fue silenciosa. Edward no intentó conversar conmigo, ni mirar hacia mí incluso cuando intenté ser un poco más ruidosa que lo convencional con mis apuntes. Ni un solo gesto. Sentí un vuelco en el estomago al notar que era como si yo no estuviera ahí.

Mientras me obligaba a mirar al frente y prestar atención, pensé que quizás esta era su manera de ser sutil conmigo, así como yo había rechazado a Mike Newton, él estaba poniendo su límite conmigo. Me quise dar en la frente al entender que me había precipitado al apuntarme como su compañera. Tal vez Alice tenía en mente a otra persona, quizás Jessica.

Edward mantuvo toda la clase la misma posición, sus brazos cruzados frente a su pecho mirando al frente con el ceño fruncido. Podía notarlo incluso con sus lentes oscuros puestos.

La segunda clase también la compartía con él. No ocurrió ningún cambio. El profesor habló durante toda la clase sobre la literatura grecorromana y eso hizo que los alumnos participaran sobre su opinión de los mitos griegos y los dioses de entonces. Edward no participó y yo tampoco lo hice, sintiendo un escozor en mi interior. Estaba decidida para ese punto que debía hablar pronto con Alice y liberar a Edward de esta situación.

Cuando finalizó esa clase, Alice estaba afuera esperando a su hermano, pareció notar lo que sucedía entre nosotros porque nos miró con el ceño fruncido como si algo entre nosotros no cuadrara entre sus planes, me sentí incomoda y apenas fui capaz de pronunciar una rápida despedida antes de desaparecer entre el resto de alumnos que se acumulaban en el pasillo.

Me salté el almuerzo por segunda vez y en su lugar pasé esa media hora encerrada en mi camioneta analizando la posibilidad de ir a casa. Pero me sentía obligada a cumplir con mi responsabilidad. Edward necesitaba un apoyo, me convencí, aunque estaba segura que cualquier chica podría sustituirme si yo no aparecía. Incluso era probable que Edward se sintiera cómodo y amistoso con alguien más. Debía hablar con él. Y con esa idea en mente me animé a ir a biología.

Cuando llegué a la clase Edward ya estaba sentado en nuestra mesa, había una chica conversando con él sobre alguna tontería de la materia que compartían juntos. Caray. Tal vez él quería compartir sus clases con ella. Era bonita y parecía simpática.

Cuando llegué, ella caminó de regreso a su lugar ignorándome de manera olímpica. Me senté en la silla sin pronunciar palabra. El profesor aun no llegaba, así que esta era mi oportunidad de hablar con él.

—¿Sucede algo? —pregunté mirándolo y bajando la voz para que nadie excepto él pudiera verme.

—No —respondió secamente.

—¿Quieres que hablé con Alice?

—¿Hablar con Alice? —¿de verdad me haría decirlo? Bien aquí voy.

—Tal vez te sentirías más cómodo si alguien más estuviera en tu mesa.

—¿Eso es lo que quieres? —parecía relajado lo que me hacía sentir incomoda y molesta, ¿acaso yo estaba exagerando todo? Pero no, él ni siquiera me había dirigido palabra en las anteriores clases y no sólo eso, parecía molesto conmigo.

—Creo que es lo que quieres tú.

—No creo que sepas lo que yo quiero —entrecerré los ojos, aunque poco valían mis miradas asesinas si él no era capaz de verla.

No pude replicar porque entonces apareció el profesor con una desagradable nueva idea. Analizar nuestros tipos de sangre. Oh mierda. Me empecé a sentir mareada ante la mera posibilidad de tener que ver la sangre mía o de alguien más. Estaba segura que estaba hiperventilando, aunque nadie podía verme. Todos se veían emocionados ante el nuevo experimento, el profesor en especial.

Mis piernas estaban temblando, mis manos también lo estaban, intenté respirar hondo para tranquilizarme. Cerré los ojos intentando que eso sirviera de algo. La ultima prueba sanguínea había terminado desmayada en el consultorio. No quería que todo Forks se enterara de mi aversión por la sangre por otro episodio como ese.

Edward levantó su mano y el salón quedó en silencio. El profesor se acercó a nosotros.

—No me siento bien, ¿podría Bella acompañarme a enfermería?

El profesor miró a Edward y parecía que iba a poner su mano sobre la frente de él aunque desistió en el ultimo minuto. Asintió.

—Acompáñalo, Bella. Es una pena que se pierdan esta actividad.

Forcé una sonrisa que dijera: es una verdadera tragedia perderme tan maravillosa idea, antes de levantarme de mi lugar y apresurarme a guardar mis objetos en la mochila, sujetar el brazo de Edward y salir casi corriendo de la clase.

Una vez en el pasillo, la mano de Edward buscó la mía y puso sus dedos en mi muñeca, no entendí lo que hacía al principio hasta que comprendí que él estaba contando mi pulso cardiaco.

Llevé mi otra mano a mi cuello, tenía el pulso dando brincos agitados.

—Sólo necesito aire fresco —entendí que él estaba en perfectas condiciones, había fingido necesitar ir a enfermería para sacarme de ahí, pero yo seguía sin sentirme bien.

Caminé con él hasta llegar al estacionamiento y me senté en la primera banca que encontré. Edward se sentó a mi lado mientras yo seguía intentando tranquilizar mi pulso.

—Distráeme —pedí.

—¿Le tienes miedo a la sangre? —era el peor distrayendo a la gente.

—¿En serio? —repliqué con un poco de histeria.

—Lo siento… ¿irás a Arizona?

—Aun lo estoy pensando, mamá compró unos boletos sin fecha para mí. Aunque ahora están en —espera. ¿Cómo sabía eso? Lo miré con el ceño fruncido. Quizas Mike había estado hablando sobre mi viaje en sus clases, claro, ahora toda la escuela tenía ese nuevo rumor sobre mí. ¿Iría por ahí diciendo que no iba a salir con él porque me iba a ir de viaje?

—¿En dónde? —Edward quería que siguiera hablando, pero yo sentía un repentino enojo con Mike.

—¿Dónde escuchaste eso?

Una timida sonrisa apareció en su rostro luciendo culpable.

—En el estacionamiento.

Él nos había escuchado. De nuevo, una mecha de esperanza se encendió al final del túnel aunque intenté apagarla.

—¿Estabas cerca?

—Tengo un buen oído —apunto a su oreja. Claro, sus super agudos sentidos. Olfato, oído, me preguntaba qué más podía hacer. Pensé entonces en sus otros dos sentidos. Gusto y tacto. ¿Acaso su piel era más sensible?, ¿Tenía un exquisito sentido del gusto para saborear lo que llegara a su boca? ¿Un beso era diferente para él? Detuve esas ideas.

—Estabas espiando —confirmé. Sonrío atrapado.

—Lo siento —no parecía que lo sintiera. Me armé de valor entonces para hacer la siguiente pregunta, rompía mis ilusiones hoy o no lo hacía, pero debía saberlo.

—¿Es por eso que has sido tan detestable todo el día?

—¿Detestable? —parecía sorprendido con la palabra.

—Definitivamente no has sido amistoso, ¿sabes?

—Tal vez no quiero ser amistoso contigo, Bella —mi corazón se aceleró. ¿Estaba diciendo lo que creía? ¿O estaba diciendo que no tenía ningún tipo de interés en mí?

—No lo entiendo.

—¿Iras a Arizona? —volvió a preguntar y con el corazón en la garganta respondí.

—No —una apenas media sonrisa surcó su rostro, y me quedé colgada de esa sonrisa por unos segundos.

—Pobre Mike –fue todo lo que dijo, aunque por su tono no parecía sentir ninguna pena por el pobre de Mike.

—Sí, pobre —yo tampoco lo sentía.

Volvió a tomar mi mano dejando su índice y corazón sobre mi muñeca.

—¿Te encuentras mejor?

—Sí, gracias.

—Lo cierto es que pensé que iba a darte un infarto ahí dentro —posiblemente solo un ataque de pánico.

—No me llevo bien con la sangre, la última vez me desmayé por un par de horas.

—¿La última vez? —sonó preocupado, así que aclaré.

—Un estudio para revisar mi tipo de sangre —expliqué y eso pareció ayudar a que relajara sus hombros. ¿Se había preocupado por mí?

—Lamento haber sido detestable contigo —se disculpó, su mano aun estaba en mi muñeca. Me gustaba su toque, pareció pensar lo mismo porque comenzó a hacer pequeños círculos en mi muñeca con su índice. Su cabeza estaba mirando hacia nuestras manos. Era increíblemente apuesto a esta distancia.

—¿No lamentas tu espionaje? —indagué, sonrío negando con su cabeza sin culpa. Mi corazón volvió a latir con prisa, mientras un agujero de nervios se abría espacio en mi estomago.

—Eso no.

Su dedo seguía haciendo círculos en mi piel, despertando el deseo de tomarle la mano, sólo necesitaría moverme un poco y entonces

Como si me hubiese leído la mente, la palma de Edward se apoyó sobre la mía, las yemas de mis dedos tocando las suyas, contuve la respiración hasta que decidí armarme de valor para mover mis dedos entre los suyos y poder tomar su mano, dio un pequeño apretón a nuestras manos unidas.

—¿Tienes algún plan para este fin de semana? —lo miré a la cara, sintiendo mis mejillas enrojecer.

—Estoy libre, ¿tú?

Sonrío dando un apretón a mi mano, decidí que podía quedarme aquí una eternidad sin ningún problema.

—Libre.


Agradezco que haya lectoras para esta historia, honestamente pensé que sería fácil editar algo que escribí hace tanto. Pero estoy más bien reescribiendo así que me está tomando un poco más de tiempo, pero estoy mucho más conforme con el resultado. Espero que este capitulo haya sido de su agrado.