Sin poder mirar, mirandote (Editado)

Angielizz

Hermanos

BELLA

Relajate.

Era tan sencillo dar ordenes. Aunque no era sencillo seguirlas incluso cuando era a mí a quien me las ordenaba. Sólo relájate. Pero seguía siendo un manojo de nervios parada al lado de la puerta de historia. Estaba siendo infantil. Lo sabía, pero eso no evitaba que me pusiera nerviosa.

No me había invitado a ir a ningun lugar, sólo había querido asegurarse que tuviera mi fin de semana libre, ¿con qué intención? Estaba temiendo que hoy lo descubriría. Era viernes. El día anterior había sido agradable, Edward y yo compartimos las tres materias, y aunque no pudimos conversar porque la dinámica de la clase lo impidió estuvimos cada hora con nuestras manos puestas sobre el escritorio, una al lado de la otra, con los meñiques apenas rozándose. Era como si enviara descargas a mi sistema nervioso.

Era una sensación agradable y placentera a pesar de eso, estábamos cerca pero no lo suficiente, aunque era evidente que ambos queríamos romper con esa barrera de espacio, ¿o eran divagaciones mías? Lo simple que sería deslizar mi mano entre la suya, aunque estábamos en clase y teníamos ojos curiosos en nuestra dirección. Lo que menos quería era comenzar algún rumor sin fundamentos.

Pero hoy era viernes, mañana era fin de semana, y para algunos el fin de semana iniciaba hoy. El agujero de mi estomago no hacía más que crecer.

Esta mañana era Emmet quien lo acompañaba. Intenté parecer tranquila aunque por la sonrisa picara de su hermano entendí que estaba fracasando de manera rotunda.

—Cuida a mi pequeño hermano —dijo el grandulón una vez llegaron a mi lado, mis mejillas se tortaron rojas casi de manera instantánea, consiguiendo una risa de Emmet y una ceja levantada por parte de Edward. Esta mañana era fría, como todas las anteriores, así que Edward llevaba puesta una chamarra de cuero negra con el cierre bajo y una camisa azul, parecía de tela suave y pronto me imaginé poniendo mi mano sobre su ropa. Detente.

Emmet se alejó de nosotros dando unas palmadas en la espalda a Edward y agradecí encontrarnos a solas. Iba acercarme a Edward cuando pude ver aparecer a Mike Newton.

—ugh —permití que mi molestía fuera evidente, Edward parecía divertido aunque había una mueca de confusión en su frente.

—¿Sucede algo?

No hubo tiempo de responder.

—Hola, Mike –el chico rubio se acomodó entre Edward y yo, haciendo que Edward tuviera que dar un paso hacia atrás por el golpe de la pierna de Newton contra su bastón.

—Bella, te ves hermosa hoy, ¿no es así Edward? —más que halagada me sentía molesta por el insulto al cobrizo. Intenté morder mi lengua para no ponerme en evidencia frente a Edward y el resto de alumnos que llegaban a la clase.

—¿Se te ofrece algo? —me crucé de brazos.

—Sólo quería saber si habías conseguido hacer un espacio en tu agenda para mí —sonrío mostrándose seguro y pretendiendo ser encantador, me pregunté si eso le había funcionado alguna vez.

—Lo siento, estaré ocupada —ya no recordaba qué escusa había utilizado para rechazarlo, lo mejor era dejarlo en el limite de lo abstracto para evitar contradicciones.

—Entonces el lunes, pasaré por ti a tu casa —abrí la boca para rechazar su invitación, pero él ya estaba alejándose a prisas de nosotros.

—Ese… -apreté los dientes manteniendo el insulto en mi boca, miré a Edward pero contrario a lo que esperaba lucía demasiado tranquilo, me dio una media sonrisa y estiró su brazo hacia mí en silencio para entrar a la clase de Historia.

El profesor de historia era impuntual, al parecer siempre se quedaba atrapado entre sus cobijas y llegaba algunos minutos tardes a la escuela, lo que nos venía bien porque era un tiempo muerto para conversar.

Cuando dejé caer mi cuerpo, sin cuidado, sobre la silla seguía pensando en alguna manera para deshacerme de Mike Newton. Tal vez debería dejar de lado lo diplomático y ser brutal en el rechazo.

De pronto, la mano de Edward toco mi brazo, lo recorrió hasta el hombro y de ahí saltó hasta llegar a mi mejilla, mientras su pulgar comenzó a dibujar el contorno de mi cara hasta detenerse en mi frente, contuve el aliento durante todo su recorrido tomándome desprevenida, frotó su dedo en donde tenía el ceño fruncido y entendí lo que intentaba hacer, ¿cómo era capaz de conocerme de este modo? Sólo llevábamos unos cuantos días hablando, no podía verme pero era como si pudiera leer mi alma.

—Te saldrán arrugas, ¿sabes? –de pronto era consciente del silencio reinante en el aula, no quería voltear pero aun asi lo hice, encontrándome las caras desconocidas de mis compañeros mirando hacia nosotros con curiosidad, envidia y también asombro. Me di cuenta que tenía la boca entreabierta así que apreté los labios, la yema del dedo de Edward repitió el recorrido por el contorno de mi mejilla hasta alejarse de mí.

Era consciente de todas esas caras mirándonos, así que intenté pretender tanquilidad mientras mi corazón golpeaba mi pecho y mariposas revoloteaban en mi interior. Estaba perdida. La mano de Edward seguía descendiendo a lo largo de mi brazo hasta encontrar mi muñeca, no quería que lo supiera, ya bastante malo era estar petrificada en la clase, así que me armé de valor y en lugar de permitir que viera mi pulso cardiaco tomé su mano entre las mías. Eso pareció complacerlo porque volvió a sonreir ladeando su cara hacia el frente. Agradecí que no pudiera ver mi cara ardiendo en llamas en ese momento.

—¿Haras algo más tarde?

Justo en ese momento apareció el profesor.

—¿Alguien puede decirme que pasó con la conquista Española?

Le di un apretón suave a la mano de Edward antes de volver mi vista al frente. Nuestras manos se mantuvieron unidas durante toda esa clase, recargadas contra mi rodilla podía ver como el pulgar de Edward hacia círculos contra el dorso de mi mano. Mi pulgar por su parte recorría el contorno de su mano, mis ojos estaban debajo de la mesa apenas prestando atención, la palidez de mi mano era un par de tonos más clara que la suya, aunque las suyas eran mas grandes que las mías. Tenía el corazón trepando en mi garganta con fuertes golpeteos, y debió saberlo porque en algún momento sentí su pulgar ir hacia mi muñeca y ejercer un poco más de presión. No.

Retiré mi mano de la suya, pero él volvío a atraparla, de alguna manera consiguió atrapar mi dedo índice y medio con su mano y darles un pequeño empujón hacia su propia muñeca, entendí lo que quería que hiciera.

Presioné contra su muñeca y luego de unos segundos pude sentir su pulso contra mi piel. Sonreí satisfecha de no ser la única al borde de un paro cardíaco. ¿Esta era la manera silenciosa y a la vez ruidosa de decir lo que pensaba?

EDWARD

Literatura era una buena clase, excepto que el profesor tenía todas las intenciones de hacer al grupo participar incluso cuando los alumnos se inventaban respuestas o divagaban para al final no decir nada en absoluto.

Lo que me habría molestado antes, de no ser porque eso permitía que el maestro estuviera demasiado ocupado en atender a los que participaban.

—Mike está en esta clase —dijo Bella en apenas un suave murmullo, se necesitaría haber tenido el oído a milímetros de su boca para escucharla o un buen oído—, parece enojado.

En mi mente podía imaginar a este tal Mike mirando a nosotros con un berrinche en su rostro, así que sonreí. Lo que fuera que lo hiciera desistir de intentar algo con Bella me parecía bien a mí.

Presté atención alrededor de nosotros esperando captar algo.

"Esa respuesta no es"

"¿Crees que haya pizza hoy en el almuerzo?"

"Dime, ¿por qué sigues enojada?"

No podía escucharlo, quizás solo nos miraba en silencio.

—Esta a tres mesas a nuestra derecha.

Yo estaba del lado derecho de nuestra mesa, si Mike era la razón por la que estaba perdiendo la oportunidad de tomar la mano de Bella, no iba a permitirlo. Tomé la mochila del suelo poniéndola sobre la mesa justo frente a mí y estiré mi brazo izquierdo al lado de la mochila. Esperando que eso fuera suficiente para tapar su visión a nosotros, dejé en silencio la palma de mi mano hacia arriba, como una silenciosa invitación.

Pasados unos segundos sentí las yemas de los dedos de Bella recorrer mi antebrazo hasta llegar a mi mano, no tomó mi mano como esperaba en su lugar siguió recorriendo con sus dedos el contorno de mi mano, deteniéndose en las líneas de mi mano y luego haciendo lo mismo con el dorso de mi mano.

Cuando detuvo su recorrido y dejó su mano al lado de la mía, tardé en entender que era mi turno. Aunque mi recorrido fue diferente. Ya sabía donde estaban las venas de su muñeca, pero no que podía encerrar su muñeca entre mi dedo pulgar e índice, si recorría con la yema de mis dedos su antebrazo conseguía que se estremeciera, la piel del brazo era tibia, podía sentir cada uno de los vellos de su piel así como el resultado de su ultimo escalofrío en la apariencia de su piel. Su mano era mas pequeña que la mía, me llegaba tres cuartos de altura de mis dedos, era también más delgada, y suave como un pétalo. Descubrí que tenía una pequeña cicatriz delgada entre el nudillo de su dedo índice y corazón de la mano derecha, llevaba las uñas cortas, aunque el dedo meñique tenía la uña más corta entre las otras. Y cuando concluí el recorrido pasé mis dedos entre los suyos antes de darle un apretón a su mano.

—¿Señor Cullen? —quería saber sobre algún tema importante de la literatura grecorromana. Eso era sencillo.

—La fatalidad, los griegos pensaban que su destino estaba escrito y que nada de lo que hicieran podía intervenir contra los deseos de los dioses.

—¿Algun ejemplo? –sonreí con ironía antes de decir el nombre del libro.

—Edipo Rey.

Escuché pocas risitas, así que asumí que la mayoría de esta clase no tenía idea de lo que hablaba. El profesor me pidió entonces que contara el resumen de la historia, a regañadientes lo hice.

Edipo Rey es la historia de un hombre que busca entender la maldición de su pueblo, aunque para conseguirlo debe encontrar al asesino del anterior rey, descubriendo a su vez que todo inició años atrás con la profesía del hijo del rey condenado a asesinar a su padre y procrear con su madre. La historia era una burla para los que intentaban escapar del destino. El padre pide asesinar a su hijo, que a su vez es abandonado por el criado al que se le encomienda la tarea, encontrado por un sirviente, puesto en los brazos de los reyes del pueblo aledaño, críado como su primogénito hasta que descubre la profecía e intentando escapar de su destino huyé, o más bien regresa a su hogar. En el camino asesina en medio de un altercado, al rey y a sus súbditos sin saber que se trata de ellos, ni el vinculo sanguíneo con el rey, más tarde conoce a su mujer que acaba de enviudar y al tomarla de esposa hereda su reino y años más tarde procrea con ella cuatro hijos, hasta que se pone a investigar lo ocurrido años antes con el último rey y descubre la historia.

—Y finalmente, se saca los ojos. Su mujer se suicida y es así como descubre que es capaz de ver aquello que ignoraba a pesar de tenerlo de frente.

Fin, una historia de amor eterno.

—¿Así perdiste la vista, Cullen? –sonrío sin tener intenciones de caer en provocaciones.

—Mike Newton —reprende el profesor.

—Es curiosidad —se defiende infantil.

—Por favor, ve a detención. Ahora. Gracias, señor Cullen.

Me encojo de hombros.

Cuando dejó de prestar atención a la clase noto la tensión en la mano de Bella contra la mía, le doy un pequeño apretón.

—¿Te sentarías conmigo en el almuerzo? —pregunto al fin, cuento los segundos antes de que la respuesta llegue.

—¿Con tus hermanos?

—Podemos buscar otra mesa —le propongo, sé que mis hermanos pueden ser un tanto intensos.

—Eso no quise decir. ¿Estás seguro? —Bella actua siempre a la defensiva y con cierta desconfianza, le doy un suave apretón a su mano intentando darle un poco de valor.

—Me gustaría que lo hicieras.

No tengo que añadir más, ella no lo confirma, pero el apretón en mi mano es más que suficiente.

Para cuando llega la hora del almuerzo, la persona más feliz en la mesa es Alice. Bueno, la persona más feliz despues de mí, por supuesto.

—Aquí viene —no puedo evitar reír ante la emoción no contenida de mi hermana, es como si fuera a estallar a mi lado.

—Estás siendo ridícula —Rosalie es sólo Rosalie.

—Vamos a ser amigas.

—Si no la asustas antes —replica Rose.

—No seas celosa —gruñe Alice por lo bajo antes de ponerse de pie.

—Ho-hola —Bella.

—Soy Alice –escuchó a Alice levantarse e ir a donde está Bella— seremos grandes amigas —Rose a mi lado tose para ocultar la risa, Alice es demasiado para todos nosotros, asi que supongo que debe ser abrumador que ese cuerpo pequeño sea capaz de contener tanta energía y emociones— aquí, venga —el olor a fresa y vainilla llega justo antes de que Bella se siente a mi lado.

—Ya conoces a Alice, ella es Rosalie —señalo a mi derecha—, Emmet y Jasper están por llegar.

—Es un gusto.

—Sí —Rose. Miro a mi derecha frunciéndole el ceño. Venga, no puede ser tan quisquillosa sobre Bella.

—Envidio tanto tu color de cabello —dice Alice sonando amable y quizás también un poco de aduladora. Me pregunto qué color de cabello puede tener. Lo único que sé de Bella es la distancia de su antebrazo a la muñeca, la circunferencia de su brazo, y la extensión de su mano. Y en realidad sólo conozco el recorrido de su brazo derecho. ¿Habrá más cicatrices en su mano izquierda que desconozco?

—Es sólo aburrido —dice Bella quitándole importancia. Bella siempre está quitándole importancia a aquello que tiene relación consigo misma.

—Aburrido es el negro —Alice tiene el cabello negro— ¿es caoba?

—Nunca lo había pensado, supongo que sí.

—Hola, Bella —Emmet. Su voz grave era inconfundible, además que era el único capaz de hacer de sus pasos golpes contra el suelo.

—Este es Emmet —presenté a mi insufrible hermano.

—Dime Emmet —¿qué? Bella soltó una risita a mi lado. Supuse que una risa de compromiso ante el mal chiste de ese grandulón.

—¿Por qué Newton está rojo mirando hacia nosotros? —preguntó Jasper pareciendo confundido. No respondí. Aunque sabía exactamente el motivo. Bella estaba sentada conmigo en lugar de en su mesa habitual, por lo que Alice ayer me había dicho, Bella se sentaba con otras dos chicas y Mike Newton. No por más tiempo.

—¿Será un bronceado mal hecho? —preguntó Emmet, ridículos aunque pronto ignoraron a Newton y se concentraron en hacerle toda clase de preguntas inoportunas a Bella: sobre su anterior escuela, si sabía nadar, si sabía surfear, si sabía esquiar, si sabía lanzarse en paracaídas, de todo tipo. Pero Bella parecía lo suficiente amable para responder cada pregunta extraña del cuestionario random de Alice y Emmet, además parecía ganar tiempo al devolverles la pregunta para que ellos tardaran en responder. Era lista y graciosa, además de tolerante. Yo no habría conseguido durar en esa conversación por más de cinco minutos.

Lo único que me mantenía tranquilo es que me encontré interesado en la respuesta a cada pregunta, sabía nadar, no sabía sorfear aunque lo había intentado una vez, no le interesaba aprender a esquiar, jamás se lanzaría de un paracaídas, ni aunque le pagaran. La respuesta de Alice y Emmet fueron igualas a la de ella, excepto que los dos parecían comprometidos con la promesa de saltar de un helicóptero alguna vez. Unos dementes.

—¿Y tú, Edward?

—No a todo lo anterior.

Había aprendido a nadar de niño, pero en mi condición parecía arriegado y estúpido volver a poner en práctica eso.

—¿Usarías botas afelpadas? —preguntó Alice y Rosalie a mi lado se río. Bella tardó en responder unos segundos hasta que finalmente dijo:

—Nunca.

—Lo sabía, seremos grandes amigas.

Alice se había jurado jamás salir con alguien capaz de usar botas afelpadas, y al parecer Bella había aprobado el filtro más importante para mi hermana.

Cuando el timbre suena, me siento aliviado. Bella pone su mano sobre mi brazo antes de que me levante incluso, o que le pida ayuda, lo que me saca una genuina sonrisa. Me levanto y comenzamos a andar a nuestra siguiente clase.

Aunque estoy decidido a aprender a moverme por mi cuenta del instituto, es imposible prestar atención a nada excepto ella. Sus pasos a mi lado, su mano sobre mi brazo, la fragancia de su cabello, la calidez de su piel, todos mis sentidos se dirigen a Bella. Así que no hay manera en que pueda prestar atención a la cantidad de pasos que debo memorizar para llegar a la clase de biología, en cambio ya sé cuántos pasos dar de la puerta principal del edificio a la clase de historia, y sé cómo llegar de literatura a la clase que comparto con Alice, y de esa a la cafetería. Y de biología a mi última clase con Alice, pero eso se debe a que los recorridos hasta esos puntos son de la mano de Alice y no de Bella.

Caminar al lado de Bella hace imposible concentrarme en nada que no sea solo Bella.

—¿Estuve bien? —parece nerviosa por haberles agradado. Supongo que debe ser importante, la he lanzado a la mesa de mis hermanos, no de unos extraños.

—Me preocupa más que ellos no te hayan asustado –confieso.

—¿Asustarme?

La imprudencia de Alice, la seriedad de Rosalie, lo sensible que es Jasper o lo ruidoso que suele ser Emmet. Hay mucho en ellos para hacerla salir huyendo de aquí.

—Son agradables —confirma, aunque no puedo evitar reír bajo.

—Estás mintiendo —señalo.

—Lo son… es sólo que no estoy acostumbrada a los hermanos, es todo, soy hija única, ¿sabes? —no lo sabía, aunque lo sospechaba.

—Envidiable —Bella se ríe dando un leve manotazo a mi brazo.

—Eres muy malo con ellos, de verdad creo que son agradables. Aunque no creo que ellos piensen lo mismo de mí.

—¿Lo dices por Rose? —no contesta—, ella es un poco más reservada, es todo.

El ruido y las voces parecen atrapadas dentro de una botella, así que entiendo que hemos llegado a biología.

"¿Había tarea?" Mierda, ¿había?

"Podrías ser honesta, se ve horrible mi tatuaje nuevo" Si ella lo pensaba, era seguro que sí.

"¿Cómo hace Edward para ser tan guapo?" Era un misterio para mí. Aunque Alice eligiendo mi ropa cada mañana se llevaba el crédito.

Me senté en la silla sacando a su vez el libro de biología.

Me había acobardado en las últimas dos clases con Bella, tampoco había tenido tiempo de proponerlo el día de ayer, pero biología era mi ultima oportunidad antes de separarnos. La próxima vez que la vería sería el lunes y Mike Newton parecía decidido a seguir en su radar, incluso había dicho que pasaría por ella el lunes a su casa, puede que Bella no tuviera oportunidad para rechazar su propuesta, pero eso no haría que Newton se mantuviera al acecho.

Así que esta era mi oportunidad. Respiré hondo.

El profesor seguía sin llegar y por las conversaciones que había a nuestro alrededor no tenía que preocuparme de ser escuchado por nadie más. No parecía que los murmullos tuvieran relación con Bella o conmigo.

Puse mi brazo encima del escritorio intentando que la palma de mi mano quedara girada hacia arriba y sólo esperé. Manteniendo la respiración ante la expectativa, para mi suerte no pasó más que algunos segundos antes de sentir la calidez y la suavidad de la mano de Bella entre mis dedos. Sonreí.

Me giré hacia ella e intenté hacer que mi voz fuera en un volumen sólo para ella, como si mi cuerpo dándole la espalda al resto de la clase pudiera otorgarnos privacidad.

—¿Te gustaría salir conmigo más tarde?

Y esperé.

¿A dónde, Edward? Estaba escaso en opciones, además mi plan se limitaba a ir de copiloto en su camioneta, Alice me había contado que Bella tenía carro propio lo que hizo que desechara el plan de ofrecer a Jasper como chofer de nuestra cita.

Y esperé.

¿Recuerdas lo que dije del tiempo y la ceguera? No tenía ninguna pista sobre el tiempo que llevaba esperando su respuesta, pero escuché como la clase se volvía silenciosa y luego la voz del profesor. Señalo la página del libro y el tema que veríamos hoy, así que esa fue la excusa que necesitábamos para separar nuestras manos, comencé a pasar la mano sobre las páginas del libro en busca del tema en el índice y de la página al borde del lado derecho.

Así que seguí esperando.

El aula estaba en silencio mientras todos pretendían leer, al menos yo pretendía hacerlo, porque mientras las puntas de mis dedos se deslizaban con lentitud sobre la hoja, mi contración estaba en Bella. En su pie repiqueteando contra el suelo, en su respiración acelerada y en el sonido cada que pasaba de página.

Estaba contando la cantidad de hojas que ella pasaba, como un obsesivo. Cerré los ojos y me concentré en la puntuación que había bajo la yema de mis dedos. Fotosintesis.

No necesitaba saber nada de fotosíntesis que no supiera antes, era un tipo adicto a la jardinería, sabía de fotosíntesis y de cada elemento en la estructura de las plantas, así que era imposible prestar atención a algo que ya conocía y que me parecía irrelevante repasar, podría tener un examen oral en este momento y lo aprobaría con excelencia.

Cuando terminé la lectura dejé mi brazo izquierdo sobre la mesa, aunque ahora tenía mi mano convertida en un puño. Mantuve el rostro hacia el frente intentando contar missisipis como si eso funcionara para medir el tiempo restante. Era imposible. Lo único que sabía es que ya llevaba trescientos cinco missisipis y el profesor no había vuelto a hablar para dar más indicaciones. Ese holgazan, seguramente su planeación de clases del día se limitaba a lectura individual.

Y seguí esperando.


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