Sin poder mirar, mirandote (Editado)

Angielizz

Valiente


Bella

¿Te gustaría salir conmigo más tarde?

Sí. Sí. Sí.

La respuesta era sí. Aunque en lugar de responder me quedé callada, petrificada de miedo y asombro. ¿Era eso posible? Aparentemente sí.

Edward estaba fuera de mis ligas como había indicado Jessica unos días antes, venga, era el chico que tenía a toda la comunidad femenina suspirando a su alrededor, incluyéndome, pero estaba segura que si no fuera por su visión él habría pasado de mí desde el día uno.

No era sólo un chico guapo, era dulce y divertido, además de tener una habilidad increíble para poder leer a la gente, a mí. El problema no era Edward. Era yo. Era yo y esta escuela que le congelaba las hormonas a los hombres. No podía pensar en ninguna buena razón para que quisiera salir conmigo, estaba segura, de hecho, que si pasaramos más tiempo juntos pronto descubriría por su cuenta lo aburrida y común que podía ser. Quizás compartíamos mesa en tres clases pero nuestro tiempo juntos se limitaba a las brevísimas conversaciones antes de la llegada de los maestros. Si él pasara una tarde conmigo… sería no solo nuestra ultima tarde juntos, sino tal vez la última vez que me buscaría como compañera de clase.

Lo miré, Edward tenía el cuaderno cerrado al igual que su mano, en puño, al lado del cuaderno sobre la mesa.

¿Te gustaría salir conmigo más tarde?

Miré mi mano a unos centímetros de distancia de la suya. Era una ventaja que no pudiera ver la batalla que estaba lidiando por dentro en ese momento. Podía salir con él solo un rato, ¿no? Menos de una hora. Un momento para conversar y conocer sus pasatiempos, mantener la conversación en él… no necesitaba descubrir por completo a la persona que yo era, pero yo podía pasar más tiempo a su lado.

¿Y si eso no funcionaba? Bueno, nunca había funcionado con nadie más, estaba acostumbrada a esto.

Excepto que no estaba acostumbrada a que eso me importara tanto. Suspiré resignada. Lo mejor era que descubriera pronto que no había nada interesante en mí por descubrir, así cuando alejarnos fuera irremediable no habría tenido tanto tiempo para encariñarme.

—Nos vemos en la siguiente clase —el profesor salió del aula sin mayores explicaciones, miré el reloj, aun faltaba media hora para la próxima clase. Algunos a nuestro alrededor celebraban el tiempo libre con gritos infantiles.

El aula comenzó a lentamente quedarse vacía, Edward no había guardado su libro, de hecho mantenía la misma postura rigida desde que inicio la clase. Y yo también seguía congelada en mi lugar.

Las ultimas personas en salir miraron hacia nosotros cuchicheando, no pude evitar preguntarme qué tanto decían o si Edward sí podía oír eso. Aunque por el modo en que el gesto de él se endureció supuse que podía escucharles claro y fuerte.

—¿Qué dicen?

Negó con su cabeza, aumentando mi interés en la respuesta.

—No —pero por el modo en que lo dijo supe que no estaba respondiendo mi pregunta, lo decía como si iniciara una nueva conversación.

—¿Cómo dices?

—Cuando alguien te invita a salir, no tienes que inventar excusas, Bella, solo tienes que decir que no.

Tomó el libro, lo guardó y se levantó de la silla guiándose con su bastón.

Me levanté y tuve que correr para alcanzarlo poniéndome frente a él en el pasillo entre los escritorios, su bastón toco mi pierna.

—No dije no.

—Tampoco has dicho sí —contradijo levantando una ceja.

Solté el aire de mis pulmones con exasperación.

—Pero no dije no.

Ladeó su cabeza con confusión.

—No puedo entenderte, Bella. El lenguaje no verbal y yo no nos llevamos bien.

Mordí mis mejillas interiores, mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas. Levantó una ceja mostrándose impaciente, así que me armé de valor y fui sincera.

—Salir contigo, sería pasar más tiempo juntos. Y más tiempo juntos, solo hará que pases de mí antes.

Asintió de manera lenta.

—¿Dices que si salimos entonces voy a conocerte y voy a aburrirme o algo así?

Dicho en voz alta sonaba incluso peor, asentí. Mierda. Con Edward todo tenía que ser dicho en voz alta y esa era la parte más complicada. No había manera de solo guardar silencio y dejar que mi cuerpo lo dijera todo por mí. Tenía que ser yo misma quien lo hiciera y para eso se requería valor.

—Algo así.

—No pasará —sonaba convincente, aunque había pasado una vida siendo yo misma para tener experiencia en esto. Debía existir una buena razón para que ningún chico antes hubiera prestado atención en mí. Lo que había estado bien, ya lo dije, ellos tampoco eran de mi agrado.

Y Edward, por otro lado, en muy poco tiempo me había hecho sentirme ilusionada al respecto.

—No me conoces.

—¿Algún defecto en especial que pudiera conocer? —quiso saber y pensé que lo mejor era ser honesta desde el principio.

—Bailo horrible —sonrío.

—Pues a mí también se me da fatal —intenté no sonreír, lo juro.

—Y no sé conversar con extraños —añadí recordando que eso siempre me hacía una compañera poco conversadora lo que a su vez me volvía muy tímida y apartada.

—Eso puede cambiar cuando me conozcas un poco más.

—Y mis temas de conversación son sumamente anticuados —eso era cierto, y no lo decía sólo yo, lo había escuchado de otras personas también.

—Define anticuados —movió los labios de un lado a otro intentando ocultar su sonrisa.

—Temas escolares, ya sabes, historia, literatura, ese tipo de temas.

—Eres una pequeña sabelotodo, ¿eso intentas decir? —me ruboricé.

—Y soy muy controladora —añadí como si se me escapara lo más importante.

—¿De qué tipo? —eso pareció hacerlo desistir y un agujero negro se formó en mi estomago, pero debía ser honesta. Si yo iba a gustarle o no era bueno que estuviera advertido desde el principio.

—Me gusta decidir todo sobre mi día, los planes y eso.

—Está bien, no he conseguido mi permiso de conducir así que no hago planes —una risa tonta salió de mis labios y él sonrío.

—Y

—¿Y? —dio un paso hacia mí, pasé saliva.

—Y… me fijo en los detalles pequeñísimos y les doy vuelta por horas —asintió, aunque seguía sin perder la sonrisa— lo digo en serio.

—Te creo. Aun así acepto el riesgo.

El riesgo no era que él se diera cuenta que estaba saliendo con una aburrida chica en una cita, el riesgo era que él decidiera pasar de mí y no volver a pensar en la aburrida chica a la que llevó en su primera semana de clases a una cita.

—Dejame contarte un poco sobre mi sexto sentido.

—¿Tienes otro además de escuchar a la gente chismear? —se río y negó con su cabeza.

—Nunca me equivoco sobre las personas.

—¿Nunca?

Negó con su cabeza con seguridad.

—Y te diré algo más, lo peor que puede pasar si pasamos una tarde juntos es que me tengas el resto de días persiguiéndote.

Intenté aplastar la sonrisa con mis labios, pero era imposible, Edward me sonreía con calidez.

—Que consté que te lo advertí —se encogió de hombros.

—¿Llego tarde? —Alice decidió aparecer en ese justo momento.

—Más bien antes —corrigió Edward y Alice pareció ver un poco el panorama inoportuno en el que se había decidido meter, así que me hizo un gesto para indicarme que esperaría afuera.

—Responderé una llamada —le avisó a Edward.

—¿Entonces? —retomó el tema Edward sin darse por vencido.

—¿Cuál es tu plan?

—No, no —negó con su cabeza—. Acabas de avisarme que tu eres una controladora. Yo solo tomo la iniciativa de invitarte a salir.

—¿Quieres que yo decida a donde ir? —asintió—. ¿Dónde sea?

—De preferencia algo tranquilo, donde no tengas que demostrar tus pasos de baile y podamos tener más tiempo para escucharte hablar sobre aburridos temas de conversación —bien, que nadie diga que no había intentado advertirle.

—¿Cuál es tu ultima clase?

—Algebra.

—Iré por ti —dije intentando sonar valiente y él asintió capturando mi mejilla con su mano.

—No llegues tarde.

Edward

Seamos honestos, Bella tiene un defecto más grande que todos los que mencionó en la escuela. Es horrible conduciendo. Y lo digo de verdad, Emmet conduce a una velocidad desquiciante, Alice es demasiado lenta al volante, Jasper se toma su tiempo para los topes, los altos y semáforos, y Rosalie es una conductora agresiva, maldiciendo y gritando a quien sea que no sepa conducir con decencia. Pero Bella es horrible conduciendo.

Lo que me hace pensar que quizás yo podría obtener mi permiso de conducir siendo ciego, pero no se lo diré porque es nuestra primera cita y no voy a echarlo a perder con algo así.

—¿Qué música es? —pregunto intentando romper con el repentino silencio.

—Linkin Park.

Sabía quienes eran, estaba en el top 10 de los favoritos de Rose. Alguna vez había escuchado decir a Jasper que Rosalie llevaba el alma de un marinero enojado por dentro, lo que no tenía idea de lo que significaba pero pensé que su estilo músical debía ser el de un marinero enojado.

—A Rose le gusta ese grupo.

—A Phil, el esposo de mamá, también.

—¿Fue un regalo?

—Sí, algo así, quería que me pusiera al día con los gustos musicales y eso. Aunque creo que me dio la música que él escuchaba en el 2000 —me reí.

—¿Alguna canción en especial?

—Supongo que With you. Aquí debe estar —cambio de canción hasta dar con la que había mencionado. Me concentré en la letra.

—¿Y la cantas?

—No, soy fatal cantando. No música, ni bailes, ni pintura, ni cosas artísticas.

—¿Segura? —por su voz pensaría que canta bien. Es músical y suave.

—Totalmente —esperaba tener oportunidad de comprobar eso por mi cuenta.

—¿Y si no fuera por ese grupo, qué estarías escuchando?

—Musica instrumental —ladeó mi rostro, ¿de verdad? De rock a instrumental, ¿eh?

—¿Alguien en particular?

—Debussy, posiblemente algo de Richard Clayderman, tal vez un poco de Vitamin String Quartet

—¿Quién?

—Es un pequeño cuarteto contemporáneo. Hacen covers de canciones actuales y las transforman con violines y Cello.

—Suena interesante.

—¿Tú qué música escuchas?

—Vivo con otras seis personas, asi que un poco de todo. Desde country a rock and roll, música de los noventa por mi madre, pop por Alice, rap por Emmet y música indie por Jasper. Soy un admirador de la buena música ¿Qué escucha tu padre?

—¿Charlie? televisión, específicamente partidos de béisbol —sonreí ante eso. Anoté béisbol en las cosas que debería considerar aprender durante estos días, por si alguna vez tenía oportunidad de conocer a su padre.

—¿Ya decidiste a donde iremos?

—Es una sorpresa.

Con lo que me gustaban las sorpresas.

—Tu camioneta tiene un problema en el motor —señalo cuando se detiene y vuelvo a escuchar el sonido de algo rompiéndose.

—Ya tiene sus años, estoy considerando entrar a trabajar para repararla.

Yo la enviaría a un deshuesadero o al yonke, pero nuevamente me guardo eso para mí.

—¿Tienes una película favorita?

—No podría elegir sólo una.

—¿Peliculas favoritas?

Orgullo y prejuicio, la que dura seis horas, definitivamente. Lost in traslation, Titanic, Casablanca, y quizás también The kid.

—Esa es muda ¿no?

—Sí.

Una pena.

—¿Tú?

No respondo en seguida intentando recordar la ultima película que vi, aunque han pasado varios años desde entonces y no creo que Tortugas ninjas y Transformers sean una opción que se le acerque al cine de arte que ella ha visto.

—Lo siento —se disculpa, y asumo que lo dice por mi ceguera.

—Son como audiolibros para mí. Pero las películas cuentan mucha historia con el lenguaje no verbal, así que es un poco complicado saber lo que ocurre, te debo eso.

—¿Y libro favorito?

Eso era fácil.

—Dracula, Mobydick y supongo que todo lo que sea de Whitman.

—Whitman es de mis favoritos también.

—¿Algun otro?

—Pablo Neruda, Agatha Christie, Anne Rice, Jane Austen, y la lista sigue.

—Todos son muy buenos —acepto, y le ofrecería intercambiar libros si ella supiera leer en braille.

—Llegamos.

—¿A dónde exactamente?

—La Push.

La Push.

Playa. Arena, mar, pescado y sal es lo que percibo al abrir la puerta, el viento sopla con delicadeza asi que el día no es tan frío como sería hace un mes.

—¿Playa está bien para ti? —parece nerviosa por mi aprobación, le sonrío.

—Seguro.

Hace años que no vengo a la playa, y hace varios meses que no salgo de casa excepto para ir a terapia, así que esto es un gran paso para mí.

Bella me quita el bastón de la mano.

—No estoy segura que esto sea útil para ti con la arena.

—No lo sería, ¿lo guardas en la camioneta?

Me pregunto cómo es ella. ¿Será más alta que Rosalie?, ¿mas baja que Alice? ¿ojos grandes? ¿alargados y pequeños?, ¿cómo sería su sonrisa?, ¿sería como esas sonrisas de los libros que son deslumbrantes? ¿O el tipo de sonrisa que puede derretir icebergs? ¿O la sonrisa que captura un amanecer dichoso? ¿Alguien podía culparme que mis únicas referencias sean las descripciones de los libros?

—¿Listo? —estiro mi brazo al frente y ella lo toma, aunque me gustaría que tomara mi mano y no mi brazo como un lisiado. Pero esto está bien por ahora.

—¿Quieres quitarte los zapatos?

¿Me he puesto calcetines pares? Mierda. Eso espero. Bella me suelta y yo me hinco para soltar mis agujetas y sacarme los tenis y luego las calcetas de manera rápida. Las meto dentro de los tenis hasta el fondo con rapidez, por si acaso no son pares. La arena está fría.

—Los podemos dejar aquí, si quieres.

Vuelve a tomarme del brazo para ponerme de píe. Espero que cuando regresemos sigan donde los hemos dejado, espero.

Caminamos sobre la arena un rato, cada vez la frialdad de la arena se vuelve un poco más humeda asi que supongo que estamos más cerca del mar, también el sonido del romper de las olas se siente más cercano.

—¿Si pudieras ir a cualquier lugar en el mundo a donde irías? —pregunto y ella se lo piensa unos segundos antes de responder.

—Me gustaría ver Nueva York. Aunque mamá dice que las fechas festivas se vuelve particularmente costoso —interesante elección.

—¿Ella ha estado ahí?

—Sí, ella ha estado en todas partes.

—¿Y tú?

—Supongo que era una niña cuando ella iba a conocer el mundo mientras yo pasaba los veranos con papá. Es un alma libre. Asi que estuvo una vez en Nueva York y no le gustó, y cuando yo crecí jamás volvimos. Pero me gustaría ir. ¿Tú?

—Quisiera conocer las cataratas del Niagara, siento una verdadera curiosidad por ellas.

—¿Por qué?

Escucho las olas chocar de manera constante una y otra vez.

—El sonido. El sonido de toda esa agua debe ser algo impresionante… aunque seguramente eso sea algo de ciegos.

Seguimos caminando.

—Es uno de los lugares más visitados de Canadá. Yo creo que es una cosa de todo el mundo. Pero me quedo con Nueva York —sonrío.

—¿Cuál es el lugar más alejado que has visitado de casa?

—Éste.

Claro, su hogar es Arizona.

—¿Vas a regresar a vivir con tu mamá?

—No lo sé, no lo creo. Ella quiere que lo haga pero ahora está con Phil y papá está aquí solo, creo que intercambiaremos roles y ahora pasaré mis veranos con ella.

Que suerte que el verano estuviera tan lejos.

—¿Cuál ha sido el lugar más alejado que has visitado?

—Uhmm… eso depende.

—¿De qué?

—No nací en Forks, así que diría que Forks lo es. Pero Forks ha sido mi hogar por muchos años, entonces diría Nueva York.

—¿Eres de Nueva York? —suena celosa y sorprendida.

—Nací ahí. Viví mis primeros seis años de vida en la gran manzana.

—¿Y hace cuanto estás aquí?

—Llegamos hace unos cinco años. Pero antes habíamos vivido en varias ciudades intermedias, Carlisle no tenía una plaza fija hasta que nos mudamos aquí.

—¿Y recuerdas algo de Nueva York? —parece emocionada por ello.

—¿De la ciudad?

—Sí.

—No. Sólo algunos recuerdos de mi infancia, pero no de Nueva York en general.

Este tema se convertirá en algo deprimente si continuamos por ese camino.

—¿Y cuantos corazones rompiste antes de mudarte a Forks?

—El de mamá, por supuesto.

Por supuesto.

—¿Nos sentamos aquí?

Bella me acomoda mirando hacia el mar, lo sé porque de allá viene el sonido de las olas.

—Intenta sentarte de aquí a tus piernas estiradas hacia atrás.

¿Qué clase de indicación era esa? Como fuera, intenté hacer lo que entendía de esa indicación. Sentandome tan atrás como podía pero considerando dejar mis pies en su sitio a partir de mis piernas estiradas sobre la arena.

—Ahora intenta arrastrarte hasta el frente hasta que puedas sentir el agua.

—Empiezo a creer que quieres conseguirme un resfriado para alejarme de ti —bromeo siguiendo su indicación.

El agua está fría, pero es tolerable para el contacto con la piel de mis pies. Si subiera a los tobillos no podría decir lo mismo, entierro mis pies en la arena mientras mis manos hacen lo mismo.

—¿Ya te aburrí con todas esas preguntas y respuestas? —pregunta luego de unos segundos.

—Al contrario.

—¿Qué es lo que más extrañas?

—¿De la vista?

—Ajá.

Lo pienso un rato.

—No es acerca de lo que extraño, sino de lo que no puedo extrañar.

—No lo entiendo —admite, no me sorprende.

—Es sobre las cosas que no conozco.

—¿Cómo los lugares?

—Y las personas que conozco.

Sobre todo tú, pero no se lo digo.

—Pero tienes supersentidos.

—Son más como un doble fastidio que un don —recuerdo lo que esas chicas murmuraban en la clase del profesor de biología y arrugo la frente.

—¿No puedes ignorarlos?

—Es complicado. Si me concentro en ignorarlos es como meter la cabeza debajo del agua, los murmullos siguen ahí aunque no puedas comprender lo que dicen. Y si me concentro en ellos termino escuchando cosas que no siempre quiero escuchar.

—Como las chicas de la clase de biología —miro hacia ella.

—Te diste cuenta —digo con sorpresa, no esperaba que ella fuera capaz de notarlo.

—¿Qué decían?

—Nada.

—Edward, venga cuéntame.

—No va a gustarte —le advierto.

—¿Era sobre mí?

—Sí —aprieto los labios recordando.

—Aun así preferiría saberlo.

Ella quiere saberlo, aunque no sé de qué serviría eso.

—Hablaban sobre cómo te estabas aprovechando de mí.

Ella no responde.

—¿De ti?

—Al parecer ser ciego me convierte en un incompetente para elegir con quien relacionarme.

—No creo que ellas lo dijeran por eso.

—¿No?

—No. Tú escuchas todo, así que debes saber que todas las chicas van por ti —sonrío negando con mi cabeza, aunque lo sé—. Y eres soltero, así que —dos mas dos es cuatro, así es como suena eso, como si tuviera que tener sentido para mí.

—Así que… —pero no tiene ningún sentido.

—Es que siempre estoy cerca de ti. Y cuando no estoy yo son tus hermanos, y ellos pueden resultar un poco intimidantes en conjunto.

—Pero no estás aprovechándote de mí.

—Pues no, pero…

—¿Pero?

—Que si pudieras verte elegirías a alguien más como tu para venir a la playa —dice deprisa.

—No entiendo qué quieres decir, Bella. ¿Más como yo?

—Te buscarías a la chica más guapa entre todas las chicas que están listas para hacer fila por ti. Eso digo. Y además tendría algun talento especial.

—Dejame adivinar, ¿cómo bailar, cantar y dar piruetas?

No responde en seguida.

—Sí.

—Pues es una tontería. Porque yo no bailo, ni canto ni doy piruetas. Y yo no veo, por si lo quieres añadir a mi larga lista de imperfecciones. Lo que hago es escuchar y sentir —busco su mano entre la arena hasta dar con ella, entrelazo nuestros dedos—. Y soy lo suficientemente capaz de saber con quien hacerlo.

—Pero no es para siempre.

Aprieto los dientes.

—¿Qué no es para siempre?

—Jessica dijo que no era para siempre tu ceguera.

—Jessica no sabe nada, y honestamente yo tampoco, ni tú, ni ninguna de esas personas que hablan sobre nosotros.


Gracias por leer, comentar y compartir.

Estaba super bloqueada con lo siguiente, porque aunque tengo la anterior versión guardada en mi computadora, hay muchos capitulos que no voy a volver a usar y he decidido hacer importantes cambios en como se va desarrollando la relación de los personajes. Asi que este capitulo basicamente fue escrito de cero. Ojala te haya gustado.

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