Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía.

Lo pude mirar en tus ojos ayer. Estabas tan lejos, no había que decirlo,tu prisa era un ave queriendo volver y dejar cielo atrás los ratos vividos. Con una mirada me diste a entender, y aunque ya me avisabas que te había perdido,tu boca mintiéndome, un beso, los ojos, me hubiera cerrado, de no haber notado tu prisa. Esa tu ansiosa prisa, ¿A dónde te incita a volver? ¿Dónde te tiene sujeta que no te permite dejar de volver? ¿Qué viento abrió tus alas? De gaviota demorada,tras del ruego que no basta para detenerte más ... – Tu prisa, Fernando Delgadillo.

Bulma sentía que se quitaba un pesado lastre de encima mientras seguía caminando, dejando atrás todos los momentos vividos con su ahora exnovio. Siempre llevaría en el corazón al lobo del desierto. Lo amó, esa era la verdad. Lo amó como a nadie más lo hizo, y cuando las cosas empezaron a torcerse, ella se aferró a ese amor y lo hizo revivir tantas veces, de la agonía a la que fue sometido por los múltiples deslices e infidelidades de él. No podían culparla de ya no poder seguir amándolo. El tiempo solamente era un pretexto, para que él pudiera asimilarlo. Y aunque no estaba segura de lo que estaba pasando entre ella y su huésped, tenía muy claro que independientemente de eso, su decisión para con Yamsha estaba tomada y no había marcha atrás.

Todo parecía una pesadilla, honestamente no sé cómo regresé a mi departamento, iba en modo automático, en shock. Cuando Puar me vio, tan solo ver el ánimo que me cargaba, supo que había sido todo un desastre. Intentó por todos los medios consolarme, pero ya todo daba igual. El cielo azul me había expulsado de su paraíso y era todo lo que en realidad importaba. No sé cuántos días estuve en ese estado: lloré, me enojé, la culpé, pero sobre todo lo culpé a él. A ese maldito simio, sabía que en el fondo él era el único culpable y no iba a descansar hasta lograr que ella abriera los ojos y finalmente, se diera cuenta de la clase de escoria que era el principito de tercera. Y cuando eso pasase, yo estaría ahí para envolverla en mis brazos y darle mi consuelo. ¡Sí! Eso es lo que pasaría.

El timbre de la casa sonó. Cuando abrí, unas hermosas esmeraldas me veían, era Youmi que, preocupada por mi ausencia en las últimas prácticas de beisbol, a las cuáles sin falta iba a verme, decidió buscarme. Ella conocía mi historia y mi relación con Bulma, y aun así estaba ahí para darme ánimos y amarme. Maldición, ¿Por qué Bulma no podía ser como ella? ¿Por qué siempre lo complicaba todo? Volteé a ver a Youmi, y me lancé a esos sensuales labios que me ofrecían el bálsamo que adormeciera un poco el dolor que estaba sintiendo.

Como parte de esa nueva etapa de mi vida, incierta aún, pero nueva, decidí que quería marcarla con un nuevo cambio de estilo. Mis actuales rizos, aunque me encantaban y sentía me daban un aire muy sensual, debían irse. Fui a la estética y mientras veía como mi rizada cabellera se iba para dar paso a una nueva, lisa y estilizada silueta.

Fui a hacer varias compras, aprovechando mi cambio, quería renovar mi guardarropa, adicional recordé que Vegeta no contaba con mucha ropa. Cierto que, cuando llegó le compré algo de ropa, pero no era demasiada. Así que, con mi muy buen estilo y gusto por la moda, con el cual había logrado años atrás mejorar el aspecto visual del lobo del desierto, hasta convertirlo en el guapo beisbolista que era. Haría lo mismo con Vegeta, aunque para ser justos ese hombre no necesitaba nada. Era jodidamente sexi, así solo se pusiera un saco de papas como ropa. Todo le quedaba muy bien.

Al llegar a casa, fui directo a mi cuarto, a dejar mi ropa y pasé al cuarto de Vegeta a dejar la suya y acomodarla. Sabía que él se encontraba en la cámara de gravedad, así que no había riesgo de encontrarlo. No nos habíamos vuelto a ver desde el episodio del picnic, aún sentía que me faltaba también valor para verlo a los ojos sin sonrojarme.

Después de varias semanas de encontrar consuelo en los brazos de esa hermosa ojiverde, me encontraba mejor y con la cabeza más fría. Sabía que la única forma de hacer volver a Bulma, era no alejándome de ella, así tuviera ahora que solo estar a su lado como su amigo. No la iba pasar nada bien, pero por ella todo esfuerzo valía, además cuando el dolor se hiciera insoportable, sabía que podía ir a los dulces y amorosos brazos de Youmi, ella siempre me daría consuelo.

Han pasado semanas sin que me haya topado ni por error a Vegeta, me había dedicado de lleno a mis investigaciones y en mejorar los robots que él usaba. Aunque sabía que el me evadía y que iba a pedir ayuda a mi padre, me empeñé en mejorar los robots, para cuándo por fin nos viéramos tuviera algo interesante que ofrecer, o al menos usarlos de excusa tan pronto tuviera oportunidad.

Tenía semanas sin verla, y la verdad que cada vez se me hacía más difícil contenerme en buscar un pretexto para buscarla. Iba pensando en eso, cuando llegué a la cocina, era mi hora habitual de cenar, tarde por la noche. Lo que no me percaté antes, por ir perdido en mis pensamientos es que una sensual ojiazul estaba ahí. Al parecer tenía poco de haber llegado y cuando la vi, su imagen y su aroma me dieron de lleno. Sentí mis pupilas dilatarse y mi pulso acelerarse, pero logré mantener mi cara de indiferencia. Se había cambiado el peinado y se veía más atractiva, si es que eso era posible. Ella me saludó y me preguntó si gustaba que me sirviera de cenar, solo asentí y me senté a su lado.

La cena pasó en silencio, pero no uno incómodo, por el contrario, uno muy a gusto. En realidad, parecía que nada había cambiado, no me lo planteé hasta ese momento, pero había estado extrañando nuestros encuentros nocturnos para cenar. Cuando acabé y estaba por marcharme solo me dijo – He hecho robots prototipos mejorados para tu entrenamiento, cuando tengas tiempo pasa al laboratorio para que te los dé a probar y me digas si hay algo más que mejorarle. Asentí y me fui, definitivamente ella sería de mucha utilidad y valdría la pena el esfuerzo que estaba tomando en convencerla.

Las cosas entre Vegeta y Bulma empezaron a mejorar, no volvieron a tocar el tema del picnic, o de la de la tensión sexual que entre ellos había, simplemente disfrutaban gratamente sus cenas nocturnas.

Últimamente he sentido el ki del debilucho ese rondar por las cercanías de la CC, sé por medio de ella que ha terminado su relación con la sabandija, sin embargo, también sabía que, como todo insecto rastrero que era, no iba a tomar el no de ella y resignarse a perderla. Habría que ser un imbécil para perder a semejante espécimen y no dar una última batalla, así que tendría que comenzar a inclinar las cosas más a mi favor.

Una noche después de cenar, le dije en un comentario que aparentaba ser inocente, que por qué no se quedaba a ver un poco de tv conmigo, en lo que hacía digestión el veneno que nos había preparado de cenar. Cuando ella se sentó en otro sillón me reí y arrogante le dije - ¿acaso tienes miedo de mí, caperucita? - tenía poco que había estado leyendo algunos libros por conocer más de este mísero planeta y esa fábula me había gustado. Ella sonrió desafiante y me dijo -para nada principito- y se sentó a mi lado.

Por más que quise poner atención a lo que veíamos no pude, y no es porque realmente me interesara lo que decían, de hecho, siempre que veía la TV era para burlarme de los ridículos humanos patéticos y sus repugnantes sentimientos; pero tenerla tan cerca nublaba mis sentidos, ese maldito olor que de ella emanaba, me hacía querer tomarla ahí mismo. Estaba usando todo mi autocontrol para no írmele encima, hasta que en un movimiento de su parte para estar más cómoda, recargó su cabeza sobre mi hombro, volteé a verla y me perdí en esos océanos azules, insondables, que hablaban de tantas promesas no dichas y sin poderme detener, la besé.

A pesar de presentir lo que pasaría, no pude ni quise detenerlo, quería sentir esos fieros labios demandantes sobre mi otra vez, y perderme en la obscuridad de esa mirada, de un salvaje obscuro deseo que me llevaba al cielo y al infierno, que no me prometía nada, que me advertía que corriera, pero simplemente no podía, cual presa deseosa de ser llevada al sacrificio, me consumía en la hoguera de esos besos candentes.

Tuvieron que separarse un momento para poder respirar, pero ni ese poco de aire hizo que Vegeta recobrara la razón, no quería, simplemente era una sensación que no había vivido antes, esa mujer lo engatusaba con besos que prometían un cielo.

Cuando por fin recobró un poco del sentido común, la tenía encima de él, y sus manos y cola estaban más que instalados en esa estrecha y deliciosa cintura. Pero sabía que aún no era el momento para ir más adelante. Como el flautista de Hamelin, la llevaría a través de un camino de besos, acercándola a su prisión y una vez que la tuviera segura cerraría esa jaula atrapándola para siempre.

Pasaron varios días desde ese nuevo beso, y una Bulma muy sonrojada estaba en su habitación pensando, -Ok Kami, es un sueño – suspiraba. Desde aquel beso en la sala de TV, algo había cambiado para bien entre ellos, aunque no lo hablaron ambos cada que podían y estaban a solas se besaban.

Claro que en público era distinto, él la ignoraba por completo, aun así, algo muy sutil cambió y ella pudo notarlo, el ya no la insultaba en forma despectiva. Sí, seguía mofándose de ella, molestándola y haciéndola rabiar, era su juego favorito, casi erótico. Era la forma en que muy disimuladamente se coqueteaban, sin que nadie más que ellos lo notaran. ¿Acaso las cosas no podían ser más perfectas? suspiraba una Bulma que, sin saberlo poco a poco iba cayendo enamorada en un punto de no retorno.

Mientras ella tenía la cabeza llena del príncipe, un Yamsha decidido hacía planes para empezar a recuperar lo que por derecho creía que era suyo.

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Que estará tramando Yamsha?

Me emociona ese coqueteo entre esos dos... a ustedes no?

Aprovecho para agradecerles el seguir esta locura de historia mil gracias de verdad