Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía.
Viviré para verte sonreír, con la magia en tus brazos por tenerte. Congelando tus besos junto a mí y así dormir en tus labios para siempre. En esta vida no puedes mentir, aunque lo intentes no puedes huir pues en tus ojos lo puedo sentir así tu corazón deje de latir... -Eternamente, Sentidos Opuestos.
Habían pasado ya más de 6 meses desde que el pequeño Trunks naciera. Se hallaba un estresado Saiyajin que, en el último mes se habia mantenido entrenando como maníaco, día y noche sin parar.
Solamente descansaba cuando la mujer vulgar como él solía llamarla prácticamente lo obligaba a detenerse para alimentarse algo o dormir unas pocas horas. Lo cual siempre terminaba en peleas fuertes entre ellos.
El príncipe saiyajin estaba tenso. A pesar de que había entrenado arduamente y que ahora contaba con un poder impresionante, con el cuál fácilmente podía vencer él solo a cualquiera del resto de los saiyajines, incluso a todos ellos juntos; no había logrado su tan ansiada meta, y no entendía el motivo. Aun así, eso no lo amedrentaba para nada.
Él era el príncipe de los saiyajines, él y solo él era quien tenía por derecho de nacimiento, la prerrogativa de ser el más fuerte y así se convirtiera o no en el legendario Supersaiyajin, acabaría con la escoria del clase baja de Kakaroto y reivindicaría su estatus y posición en este maldito universo.
Era su derecho y había sido entrenado desde la más tierna edad para eso. Kakaroto bien pudo ser el primero de lograr dicha transformación; pero se sabía muy superior en otros aspectos.
Al final era el mejor estratega y eso hasta Freezer lo había entendido, es por eso por lo que nunca se deshizo de él, a pesar del odio que esa maldita lagartija le tenía.
Faltaban solo una semana para la tan esperada pelea y eso lo tenía así, como maníaco. Adicional estaba harto de que la mujer fuera tan encimosa y de que quisiera cuidarlo. ¡Por favor! Como si esa débil terrícola pudiera hacer algo para cuidarlo.
El guerrero de pronto detuvo su entrenamiento cuando sintió ese débil ki de la mujer cerca de su cámara de gravedad. De verdad que últimamente estaba siendo peor que un grano en el trasero.
-Definitivamente he sido demasiado blando con la humana- pensaba el saiyan más que molesto - voy a tener que enseñarle cuál es su maldito lugar- Seguía pensando el saiyajin mientras una malvada sonrisa se pintaba en sus labios.
Una muy preocupada Bulma caminaba rumbo a la cámara de gravedad con una bandeja de comida en sus manos, sin conocer las no muy buenas intenciones que el guerrero tenía para ella tan pronto llegara ahí.
Iba perdida en sus pensamientos, pues ella sabía que el entrenamiento tan desquiciado al que su guerrero se estaba dedicando, no era por otro motivo que por la próxima batalla entre Gokú y él.
Y aunque sabía que su bonachón amigo no pensaba que la pelea fuera a muerte, para su príncipe si era así. Y a pesar de no querer que ninguno de los dos saliera lastimado, sabía que tarde o temprano tendría que buscar las esferas del dragón para revivir a alguno de ellos.
Suspiró y volteó a ver el cielo en el jardín. El día era soleado y hermoso. Cómo querría ella que él fuera más comunicativo, saber realmente que es lo que pasaba adentro de esa obtusa cabeza dura del saiyan, a veces quisiera que él fuera más abierto, más amable, que se preocupara más por ella y por Trunks. Que fuera más como los príncipes de cuentos de hadas que ella leía de pequeña.
Pero no, estaba consciente ese no sería Vegeta. Él era un príncipe sí, pero uno de una raza alienígena guerrera, no acostumbrado a externar sus sentimientos ni a considerar los ajenos a él. No podía exigirle algo que él no conocía del todo. Y sin embargo ella sabía que en el fondo le importaban. Porque... ¿Qué otro motivo habría para que él se quedara a su lado? Se aferraba a esa idea y muy dentro de su pecho ella creía firmemente que sería así.
Por fin llegó a la cámara de gravedad, iba a comenzar a tocar cuando esta fue abierta. El hombre salió, se paró de piernas abiertas y brazos cruzados y mostrándole su más terrible sonrisa, le dijo -¿Qué demonios quieres?¿Que no vez que estoy entrenando?-
A pesar de la ruda recepción recibida, la científica no se amilanó, ni respondió a tan burdo intento por molestarla para que lo dejara en paz. -No has comido nada en más de 2 días seguidos Vegeta- fue todo lo que ella dijo.
-Jujuju- rió él -No tengo tiempo para ridiculeces ni nimiedades insecta- fue todo lo que dijo él antes de dar la vuelta y proceder a meterse de nuevo a la cámara de gravedad. Pretendía importunarla para que lo dejara en paz, no quería lidiar con nadie ni siquiera con ella. A esas alturas necesitaba toda su concentración para poder estar al 100% llegado el momento.
Con lo que no contó fue que ella ya preveía esa acción del guerrero por lo que, pasando la bandeja de comida a una de sus manos, tomó con la otra el brazo del Saiyan -Espera Vegeta necesitas comer, no te pediré que descanses si no quieres, tú eres un guerrero y sabes cómo manejar tus tiempos, pero definitivamente debes de comer si quieres mantener el nivel de energía necesario para seguir entrenando y eso como el buen estratega que eres, hasta tú lo sabes- fue lo que la osada mujer le dijo al saiyajin.
Aun dándole la espalda él sonrió para sí mismo. Sí había algo de esa humana que le gustaba era su osadía. Sabía perfectamente que era la única que de verdad no mostraba temor al enfrentarlo.
Aun así, ya iba siendo hora de que ella aprendiera su lugar en ese mundo, y que le demostrara que tan fiel a él era - ¿Ah sí, humana? Entonces ¿Me ayudarás a que termine de entrenar para que mate a tu amigo? Porque llegado el momento eso es lo que haré con Kakaroto y lo sabes ¿no será más bien éste un intento estúpido de tu parte por envenenarme para detenerme antes de que lo elimine? - Fue lo que el Saiyajin le dijo.
Ella sabía que Vegeta no mentía, que llegado el momento el mataría a Gokú, tenía plena certeza de eso y a pesar de todo ella creía en él y lo seguiría hasta el fin del mundo, ¿Qué clase de mujer era ella? ¿Qué clase amiga era? Esos no fueron los principios con los que sus padres la criaron. Se sentía terrible por Gokú, ella no quería que ninguno de los dos muriera, aunque fuera inevitable.
Y a pesar de todo ella elegiría una y mil veces al príncipe de los saiyajines ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil con él? Y sin embargo sabía que esta era una prueba más, muy en el fondo sabía que, de alguna forma él quería saber que ella estaba con él.
Su mente y corazón decidieron; Goku sabía cuánto lo estimaba ella a él y que era como un hermano para ella, que siempre contaría con su amistad incondicional y no solo de ella, su amigo tenía a todo el mundo a su favor, todos sus amigos, quienes lo apoyarían siempre; en cambio Vegeta no tenía a nadie, solo a ella y a Trunks.
-Gokú puede cuidarse sólo Vegeta, no necesito hacer algo tan bajo y llegado el momento será lo que tenga que ser y eso no demerita el hecho de querer verte ganar. Te has esforzado tanto en tu entrenamiento que lo mereces- Fue la simple respuesta de Bulma.
El saiyajin volteó a mirarla mientras ella decía eso, aunque su temple no varió ni un ápice y mostraba su sonrisa petulante de siempre tan soberbia, como si nada de lo que ella dijera importara; en el fondo estaba asombrado, no porque pensara que ella fuera a envenenarlo, la sabía incapaz de hacer tal cosa, su estúpido sentimentalismo la ataba irremediablemente a él.
Pero esperó escuchar una perorata larguísima del porque no debía matar a Kakaroto. Y en vez de eso se encontró con su apoyo incondicional. Definitivamente la científica lo sorprendía a cada momento.
Cada vez que él pensaba que ya podría prever como con el resto de los humanos su conducta y lo que haría a continuación, ella le cambiaba la jugada. Y a pesar de no querer aceptarlo, sintió como un calor reconfortante se expandió por el pecho del saiyajin. Porque contaba con ella.
Durante toda su existencia, siempre fue él sólo, nunca confió ni en los idiotas de sus compañeros: Radditz y Nappa, nunca confió ni en su propia sombra y ahora ahí se hallaba esa débil humana, dándole su apoyo incondicional, y lo sabía; él tenía la certeza de que era verdad. Esos azules orbes que adornaban la bella cara de la frágil humana se lo confirmaban.
Y a pesar de todo, tenía que hacerle entender que él no era como los demás – No digas estupideces, humana insulsa llegado el momento implorarás por la vida de ese miserable, ahora lárgate de aquí ya me quitaste mucho tiempo y no estoy de humor para aguantar tus tonterías y sentimentalismos tontos- Y sin decir nada más se metió de nuevo a la cámara de gravedad azotando la puerta en las narices de la mujer, sin darle opción a réplica.
Bulma suspiró – bueno al menos lo intenté- fue lo que se dijo en voz baja, mientras acomodaba la bandeja de comida en el suelo enfrente de la cámara de gravedad -Sé que en algún momento ese mono desagradecido sentirá hambre- Fue todo lo que se dijo así misma antes de retirarse de ahí.
No tenía ganas ni de trabajar en su laboratorio.
Se dirigió a ver a su pequeño hijo que ahora que ya había aprendido a caminar, solía hacer muchas diabluras y meterlos en complicaciones, lo que hacía el triple de pesado el trabajo de ser madre.
Ella no era de complexión fuerte como Milk que por eso pudo lidiar con un bebe semisaiyajin sin complicaciones. No, ella no era definitivamente como Milk. Ella era una débil científica, con el alma aventurera sí, pero más frágil de cuerpo.
Suspiró, notó que su pequeño niño ya la esperaba despierto, esperaba con ansias a su madre para ser alimentado y mientras lo hacía, se perdió de nuevo en sus pensamientos.
No sabía hacia donde seguir con su relación con Vegeta, él no era cariñoso y ya se había hecho a la idea de que nunca lo sería, de vez en cuando se mostraba atento, pero solo a solas. Las únicas veces que sus padres lo notaron algo atento con ella fue durante el embarazo y aun así solo fue eso, atento; más nunca amable o cariñoso frente a ellos.
Por momentos le mostraba rastros de importarle pero sólo era en estricto confinamiento dentro de su habitación. Fuera de allí era un ser desapegado que solo le daba una mirada fría e indiferente, no existía mayor muestra de que le importaran, más allá de lo necesario ni tenía ni externaban frente a los demás algún detalle que le hiciera ver su interés por ellos.
Con su pequeño hijo ni que decir, lo trataba de forma exageradamente estricta, pero aparte de eso nunca lo cargaba ni abrazaba ni mostraba amor ni apego por él. Ella seguía creyendo que en el fondo ese arisco saiyan si amaba a su hijo.
Pero de verdad comenzaba a desesperarle ver cómo su bebé hacía cuanta monería podía por llamar la atención de su regio padre y este no volteaba ni a verlo. No mostraba en absoluto un poco de interés por su niño ni siquiera cuando solo estaban ellos tres.
-Y a pesar de todo mi pequeño lo adora- Pensaba la peliazul. Realmente no sabía que pasaría, un día antes recibió la llamada de Gokú, habían quedado que en 6 días más sería el tan ambicionado encuentro y se verían en costa Esmeralda, unas islas de la capital de Oeste, muy lejos de donde estaba la mayoría de la población.
Acudirían a un archipiélago de Islas en las cuales existían algunas deshabitadas en una de esas es donde sería el dichoso encuentro para evitar daños colaterales a personas ajenas a ellos.
No sabía que sucedería, pero la suerte estaba echada, y quisiera o no ese simio arrogante y cabeza hueca, ahora ellos eran su familia y lo acompañarían hasta el final.
En su corazón sentía que la decisión que tomaba en creer en él ciegamente era la correcta. Por primera vez se equivocaba al seguir a su intuición, pero eso lo entendería demasiado tarde.
El tan esperado día por fin llegó. Una noche antes el príncipe saiyajin pasó al cuarto que compartía con la humana para buscar el traje de batalla nuevo y más resistente que ella le había creado.
Cuando ella le entregó este en una cápsula, se hallaba nerviosa, casi no habían hablado desde el último encuentro que no había acabado muy bien que digamos, fuera de la cámara de gravedad días atrás – No te quiero merodeando en el lugar-
Fue todo lo que él dijo, ni un gracias por el traje, ni un cuídate o un ¿cómo has estado? nada de eso escuchó la científica; en vez de eso solo halló una enérgica orden de lo que ella debía hacer.
A esas alturas de la vida, estaba cansada de que los demás pensaran que por no poseer un ki de pelea podrían decirle que hacer y quisieran ordenarle. Y ni porque él fuera el príncipe de los saiyajines, es más ni porque algún día llegara a ser el emperador del universo iba a permitirle que le hablara así.
Lo miró con el ceño fruncido mientras que con enfado lo encaró -Óyeme bien simio estúpido, puedo aguantarte muchas cosas, pero que me des órdenes no es una de ellas- fue lo que siseó entre dientes enojada. Él sonrió despectivamente al verla molesta, hacerla rabiar era uno de sus juegos preferidos, ¡Y cómo lo ponía altamente excitado verla así!
En ese momento estaba tentado a acercarse rápidamente, arrancarle la ropa y penetrarla sin más. La deseaba; sin embargo, tenía el crío con ella y además era importante obligarla a mantenerse lejos, no la quería ahí, en el lugar de la batalla.
-Escúchame bien terrícola, no lo voy a repetir. Cuando por fin venza al imbécil de kakaroto y lo mate, todos los debiluchos que se hacen llamar guerreros Z estarán tan furiosos que me atacarán, no es que alguno pueda hacer algo contra mí, pero habrá más batallas de las cuáles el único resultado posible es que los pseudo guerreros terminen implorando por su vida, y cuando eso pase los mataré a todos. No te quiero ahí estorbándome, porque créeme aunque seas tú, no me detendré-
Fue todo lo que el príncipe de los saiyajines dijo con una voz fría tan falta de sentimientos que helaba la sangre, antes de irse de la habitación.
Esa era la impresión que quiso darle a ella, aunque realmente tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario pues todo su ser imploraba por quedarse y hacerla suya de mil maneras distintas, pero este no era el momento de perder el tiempo en debilidades. Había una batalla inminente y todos sus sentidos debían estar alertas. Esa fue la última interacción que tendrían hasta que se vieran en el lugar de la batalla.
Él lo sabía, como siempre la hembra no lo obedecería y haría su voluntad. Pero de verdad deseaba que por una vez en su maldita vida lo hiciera, no deseaba verla ahí y ver la desilusión en sus ojos una vez que matara al imbécil de Kakaroto.
Aunque nunca lo admitiera, en el fondo sabría que no podría seguir manteniéndola a su lado si ella se atrevía a verlo con ojos de desaprobación llorando por su "amigo", no lo quería aceptar pero esa sensación de desasosiego que llegaba a embargarlo cuando la sentía preocupada por un macho que no fuera él eran celos.
Adicional aunque le costara aceptarlo realmente le preocupaba que ella saliera herida en la contienda si estaba en el lugar de la pelea, no quería exponerla.
No era broma lo que había dicho, Vegeta esperaba que, una vez que matara a Kakaroto tener enfrentamientos con el resto de los pseudo guerreros y sabía que ellos buscarían su punto débil.
Nunca había demostrado frente a los demás que ella le importase, y realmente se incomodaba tan solo de pensar que eso fuera así. No quería arriesgarse a que la relacionaran con él y por ese motivo la usaran como escudo para salvarse.
Esperaba que eso no pasara pero sabía que tan pronto los debiluchos se dieran cuenta de eso tratarían de usarla para salvarse aunque eso significara la muerte de la hembra. No quería ni pensar en ese escenario y más valía evitar el mismo a toda costa.
El sabía que ella no había comunicado a nadie salvo a Kakaroto acerca de Trunks y esperaba que eso se mantuviera así, para que ellos no pudiera asociarla a él y aún si la muy obstinada decidía desobedecerlo no corriera ningún riesgo.
-Suficiente de estúpidos sentimentalismos- se dijo así mismo el saiyajin antes de volar con dirección a una montaña para pasar la noche y prepararse para lo que vendría al día siguiente.
Una muy decepcionada Ojiazul se quedó en su habitación, simplemente suspiró, no sabía que depararía el día siguiente, pero definitivamente las cosas tomarían un rumbo definitivo para bien o para mal -Tu padre es un mono desconsiderado- fue todo lo que dijo mientras alzaba a Trunks en sus brazos.
El pequeño niño la miraba con ojos suspicaces mientras fruncía su entrecejo, dándole una típica mirada heredada de su padre -¿Papá?- fue todo lo que dijo el pequeño.
-Sí, él- le contestó la peliazul mientras se acomodaba al niño en su regazo para continuar dando el biberón.
Aún por ratos lo alimentaba con leche materna, pero el apetito de su pequeño hijo había crecido en forma voraz y ya la leche materna no era suficiente para él. Menos cuando el cínico de su padre decidía seducirla.
-Estúpido Vegeta- suspiró de nuevo, defraudada. Ella realmente creyó que esa noche la pasarían juntos, pero como siempre tenía que arruinar las cosas con su tonto orgullo saiyajin.
No importaba, ella ya había tomado una decisión. Acudiría al día siguiente a la isla a presenciar la pelea. Ganara quien ganara ella estaría ahí apoyando a ese desagradecido. Quisiera él o no, ahora ellos eran su familia y ahí estarían para apoyarlo...
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No hay plazo que no se cumpla y esa tan esperada pelea esta a la vuelta de la esquina...
Que creen que pasará ese día? Cuál creen que será el resultado de esa pelea?
Me encantaría saber que creen que va a pasar , ojalá me cuente sus teorías en los comentarios ;)
Bonito miércoles.
