Atención este capítulo puede contener algunas escenas con violencia y contenido sexual. Leer bajo su propia responsabilidad.
Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía.
Déjame pedirte tu perdón, si te ofendí. Pero no me pidas renunciar a ser feliz. Déjame intentarlo yo haré lo que tú quieras y después si es que no me quisieras; Miente, dime que me amas, júrame que nunca piensas alejarte de mí. Miente, véndame los ojos, grábate muy dentro que si tú me dejas. No podré vivir sin ti... — Miente, Enrique Iglesias.
El peliflama estaba atónito. Las voces que escuchó en cuanto se acercó al lugar fueron claras, no había asomo de duda y por si fuera poco cuando Vegeta volteó a mirar al calvo saiyan, lejos de encontrarse con una explicación razonable que lo sacara se esa pesadilla, se encontró con una mirada de terror y preocupación. Eso confirmó todas y cada una de sus dolorosas sospechas:
Radditz, ese traidor saiyan de clase baja se había atrevido a tocar lo que era suyo. Respiró pausadamente, le enseñaría su lugar a esa escoria.
Caminó con paso felino y peligroso, el aire comenzó a sentirse enrarecido, la furia comenzaba a salir por los poros de su piel, intentó mantenerse en control, no quería aún ponerlo en sobre aviso. El era el príncipe saiyajin y quebrar a su oponente era su especialidad.
— Hasta que te encuentro insecto — Su tono aunque molesto se escuchaba peligrosamente bajo.
— Disculpa Príncipe, no sabía que habías vuelto — fue la sincera disculpa del pelilargo, quien debido a que seguía teniendo su cabeza ocupada en pensar en cierta rubia, no estaba prestando atención a las preocupantes señales que Vegeta estaba enviando.
Tarble quién apenas iba llegando no había alcanzado a ver la última interacción de Radditz con Bulma, no alcanzó a escuchar nada; pero al ver el tono frío y carente de emoción en la voz de su hermano supo que algo grave había pasado y que no auguraba nada bueno. De inmediato se puso en alerta.
Nappa miró con gran preocupación al joven príncipe y en un susurro solo dijo —Saca a Bulma de aquí...
Sin cuestionar y a pesar de querer enterarse de lo que estaba pasando hizo caso —Bulma necesito que me acompañes al laboratorio, por favor.— su voz se escuchaba relajada cuando se dirigió a la ojiazul.
La científica no medía el grado de peligro que había en el tenso ambiente, por lo cuál decidió acompañar a Tarble sin poner resistencia. No sabía cuánto había escuchado Vegeta, pero al verlo llegar serio y sin hacer mayor escándalo, de inmediato dio por hecho, que realmente no había oído nada.
La peliazul consideraba que a él poco le importaba lo que ella hiciera. Sin embargo no era tonta, por un momento al verlo entrar su corazón latió acelerado de sólo pensar que Vegeta se hubiera percatado de algo, lo conocía de sobra y si Radditz seguía vivo era porque Kamisama había estado de su lado y el saiyan no había oído nada de su plática, a esa deducción llegó al verlo tan tranquilo desde su punto de vista. Así fue que equívocamente minimizó el peligro latente en el aire.
El príncipe de los saiyajines en ese momento solo quería golpear a ese infame insecto por su atrevimiento, hacerlo sufrir tanto que implorara por su muerte. Aún así, todavía le quedaba un poco de cordura para saber que no podía llevar a cabo el castigo de inmediato, si dejaba que su furia se descontrolara la humana podría salir lastimada.
Fue por ese motivo que dejó que su hermano sacara a la científica de ahí. Ya después se encargaría de ella tan pronto pudiera terminar de matar a esa sabandija miserable.
Cuando se aseguró que la científica estaba lejos, se acercó a paso firme y amenazador a Radditz —¿Cuáles eran tus órdenes insecto? — dijo en forma peligrosa el príncipe mientras su mirada obscurecida por el odio más puro refulgía presagiando que el mundo ardería.
Una vez que Radditz lo vio entrar al lugar, y al escuchar le belicosidad de su tono de voz, entendió que éste había escuchado la conversación que tuvieron y no sabía hasta que punto había alcanzado a oír pero a juzgar por su cara el resultado sería muy malo para él, sabía que probablemente le iba a dar una paliza, y en el fondo tenía la certeza de que se lo merecía. Lo único que sabía era que debía asegurarse que el enojo fuera desquitado solo con él, al ver la mirada desquiciada de Vegeta, temió por la peliazul.
— Garantizar la seguridad de tu consorte— Fue todo lo que el saiyan contestó. La mirada iracunda y penetrante del peliflama lo atravesó —¿Y que hacía una sabandija como tu tocando lo que me pertenece? —Fue lo que en un suave siseo preguntó.
Radditz tratando de evitar que esto fuera a mayor intentó razonar con él, al escuchar la respuesta fría y aparentemente falta de emoción.
—Príncipe, ella y yo solo estábamos hablando...— Fue lo último que pudo decir antes de ser cruelmente agarrado por el cuello y comenzar a ser azotado.
Vegeta estaba furioso, ningún patético insecto iba a venir a intentar tocar lo que era suyo, su mente se nubló, mientras la ira que sentía comenzaba a devorarlo por dentro, nadie le iba a ver la cara.
A pesar de querer evitarlo, imágenes llegaron él, su traicionera mente como queriendo enfadarlo más le trajo a la memoria la vez que él y la científica fueron al picnic en la tierra:
"... –Oye Vegeta ¿A dónde fueron tus otros dos compañeros?
–Aparte de vulgar chismosa
–Oye te estoy preguntando en buen plan, además se me hace extraño que se fueron y ya no supimos de ellos. A diferencia de ti, el hermano de Gokú se veía que aparte de buen mozo, parecía más educado.
–¿Ah? ¿Acaso te gustó el hermano de Kakaroto mujer vulgar? Jajajaja, no lo dudo con los pésimos gustos que tienes. Seguramente debió de agradarte, ¿Lo quieres fornicar acaso? ..."
La inseguridad se apoderó de él, tal vez al final a la hembra si le gustara ese miserable clase baja, y con la furia creciendo en su interior, continuó golpeando sin piedad al otro saiyan, quién solo se protegía sin atreverse a contestar un solo golpe, pues sabía que de hacerlo sería su último minuto de vida.
Tarble llevaba a Bulma del brazo mientras caminaba a paso rápido, halló a Gure en el laboratorio donde la había dejado, —¡Ay, me lastimas se más cuidadoso!— Se quejó adolorida, él la miró desesperado — ¿Que fue lo qué pasó allí?— Su tono no era el habitual, suave y amigable. Por el contrario la pregunta rayaba en la exigencia. Ella lo miró enojada, — ¡Nada pasó! Solo el idiota de tu hermano que llegó de mala manera exigiendo la atención de Radditz.
Desesperado la miró —¡Necesito la verdad Bulma! La mirada de Vegeta se notaba muy alterada— ella colérica lo miró, no entendía el porqué de tanto escándalo, no estaban haciendo nada malo cuando él llegó. Y estaba bastante asegura de que no los escuchó.
Al ver su poca disposición para decir más, Tarble marcó por el comunicador a Caulifla.
— ¿Sucede algo Tarble?— era raro para la saiyan recibir una llamada del príncipe menor.
—Ven a dejar a Trunks al laboratorio, te necesito en la zona de aterrizaje AHORA, trae a Kyabe contigo—
Gure que no sabía que sucedía y cómo no estaban solos pues Suzuke estaba ahí decidió preguntar en tono formal. —¿Sucede algo majestad? ¿Puedo ser útil de alguna forma?
Quiso abrazarla, su instinto se lo pedía pero sabía que la científica Tsufur estaba mirándolos.
—Solo quédense las tres aquí y NO SALGAN de este lugar, Suzuke una vez que Caulifla venga y traiga a Trunks pongan la defensa del laboratorio.
Nappa contactó por canal privado a Tarble —Necesito que vengas AHORA o tu hermano matará a Radditz, no puedo detenerlo yo solo.
Él solo contestó —Voy de inmediato— prefirió no decirle a Bulma aún lo que pasaría con Radditz. Conociéndola intentaría enfrentarse a Vegeta y en estos momentos, que ella estuviera cerca de su hermano era una PÉSIMA idea.
En un principio Nappa se quedó congelado cuando entraron él y Vegeta. Pensó que estaba teniendo una maldita pesadilla, pero regresó a la realidad al ver la forma tan salvaje en que el príncipe masacraba al otro saiyan, corrió de inmediato a tratar de detenerlo aunque sabía que sería imposible; si no llegaba la ayuda pronto, entonces Radditz moriría.
Lo que vio cuando reaccionó de su asombro lo alarmó eso era una carnicería, por primera vez sintió demasiado temor de su príncipe. La mirada enloquecida de Vegeta mientras golpeaba salvajemente a Radditz le decía que sería casi imposible evitar la muerte del otro saiyan, aún así al ver llegar corriendo a Tarble y atrás de él a Tooma, Caulifla y Kyabe tuvo esperanzas, entre todos lo intentarían.
Todos ellos voltearon a ver a Nappa, aterrorizados. Jamás habían visto a Vegeta en ese estado, su ser primitivo había emergido. Perdiéndose, separándose de su ser pensante.
Vegeta descendió a la sima de sus pesadillas, brutalidad pura, furia extrema y sed de sangre era todo lo que su mente le permitía sentir para mitigar el dolor.
El poderoso príncipe de los saiyajines se perdió en sí mismo...
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Caos, confusión y dolor era todo lo que había en mi mente, mi cuerpo trajo a mi memoria la forma coqueta de ella al reír, la forma en cómo sus maravillosos ojos azules resplandecían cuando se entregaba a mí y luego mi mente bastarda jugaba conmigo para traerme después memorias de ella riendo con los demás Saiyajines, riendo con todos de la misma forma que lo hacía conmigo.
«¿Y si Kale tenía razón?, ¿A cuantos más se entregó?»
Comencé a sentir como una vena latía fuertemente en mi frente mientras me punzaba la cabeza, eran tantas ideas, dudas que venían a mí, que parecía que mi cerebro iba a estallar.
Para colmo un fuerte y repentino dolor atravesó mi pecho de solo imaginar a Bulma estando con alguien más. Mi mente traidora trajo un recuerdo, de antes de irnos a Zerk cuando discutí con Kale, el día que rechacé nuevamente el ofrecimiento de su cuerpo y las palabras que como dardos envenenados lanzó contra mí y que me negué a creer:
"...—¡Mírame!— Me exigió enojada.
Me mantuve de espaldas, — ¿No te das cuenta? Es una ramera, ¿Crees que solo te tiene así a ti? ¡Juega contigo Vegeta! A diferencia de mí, de ella no puedes estar seguro que te sea fiel, sabes que cuando no hay vínculos hay formas de llegar a esconder el aroma.
Me quedé aguardando en silencio, impasible. Aún así sus palabras no me amedrentaron, pensé que lo había olvidado pero ahora sentía germinar la semilla de la duda..."
¿Y si ella estuvo ganándose los favores de Radditz?
¿También se habría ganado los de Nappa? Sentí mis entrañas retorcerse de solo imaginarlo, era algo enfermo.
«¿Sería acaso la voz de Radditz la que se escuchaba en la grabación? Ella se veía a lo lejos pero su acompañante no se alcanza a ver...»
La voz estrangulada de esa maldita sabandija me regresó a la realidad, su respiración pesada me indicaba que tenía seriamente dañada las costillas, intentó hablar pero solo sangre salió de su boca, el maldito clase baje era patético.
—V- Ve-geta te ju-juro q…que nunca l- la -la to-qué de la forma en q-que piensas, intenté decírtelo pero... — comencé a reírme como maníaco.
—¿Vas a excusarte miserable insecto para que no te mate? Y dime, si en verdad tenías la intención de decírmelo, ¿Qué fue lo que te detuvo? ¡NO ERES MÁS QUE UN INSECTO!
Escuché la voz de Nappa interceder por ese farsante, —Fue mi culpa Vegeta, Radditz dice la verdad, yo vi lo qué pasó, no fue culpa de Bulma, ella estaba molestándolo, ya sabes cómo es la humana de escandalosa y el la besó por que es medio imbécil y a veces no sabe detener sus instintos, pero se dio cuenta de su error…
Estaba anonadado por lo que escuchaba, TRAICIÓN POR TODOS LADOS, el coraje me estrangulaba, sentía un nudo en el pecho un dolor atenazaba cada vez más fuerte... —¿Así que viste lo que esté infeliz hacía a MI mujer y no me dijiste nada?
— Fui a verte pero no me dejaste hablar, me pediste que me hiciera cargo de su castigo, y eso hice. Jamás ha vuelto a estar a cargo de ella, ni se quedan solos por mucho tiempo, además de que fue severamente castigado...— Tuve suficiente de ellos y sus mentiras, lo golpee rudamente, no tenía gente en quién confiar.
—¡ELLA ES MÍA!— rugí enfurecido, ninguno de esos dos imbéciles era rival para mí. Me lancé ciego de furia contra los dos.
No me di cuenta en qué momento Tarble comenzó a a hablar para hacerme entrar en razón —¡Vegeta BASTA vas a matarlos!
Una risa desquiciada fue lo que salió de mi garganta, ¿Acaso pensaban que su patético intento por por detenerme funcionaría?
«¡Traidores, todos ellos son traidores, merecen un escarmiento!»
El amargo sabor de la traición me quemaba, ¿Cuántas veces se habrán burlado de mí? Mi mente se perdió, se desconectó no soportaba las burlas que se repetían en mi cabeza...
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Nappa sabía que la única forma en que Vegeta no matara al pelinegro era dejar que él terminara de sacar su furia, pero no con la misma persona, sino entre todos.
Como pudo se acercó al enojado príncipe y se interpuso entre él y Radditz, ese maldito clase baja le iba a deber un enorme favor, porque la paliza que le darían sería descomunal.
—Príncipe Vegeta, Radditz es una basura no vale la pena matarlo, nos encargaremos de él, ¿Porque darle la piedad de la muerte rápida?
Fue lo que Nappa dijo al interponerse en el camino de Vegeta para evitar que matara al agonizante saiyan.
—¡Quítate estorbo! o ¿También quieres que te mate?— Dijo en forma peligrosa, mientras el otro guerrero se estremecía ante la mirada asesina y fría que tenía el peliflama .
Para Nappa estaba más que claro: el príncipe de los saiyajines pronto le daría tremenda paliza por interponerse en su camino.
Tarble también se puso frente a su hermano, al lado de Nappa, resignado a aceptar la golpiza que le pondría, secundó al saiyan —Necesitamos a esa escoria para los viajes a planetas lejanos Vegeta, al menos por el momento. No se que te haya hecho para enfurecerte tanto pero si así lo quieres después lo mataremos.
En la mente de Vegeta se repetía aquella charla entre Bulma y él en aquel picnic que hacía tanto tiempo habían tenido en la tierra, y luego se sucedían las escenas de hace poco, ese clase baja poniendo sus asquerosos dedos sobre los labios de SU mujer y aceptando que la besó, ¡LA BESÓ!
«Maldita sabandija morirá, no voy a dejar que vuelva a tener oportunidad de tocarla»
Su mirada enardecida y desquiciada llenó de temor a los saiyans, Nappa y Tarble le hacían frente; un resignado Tooma que no sabía que pasaba también se unió, el príncipe Saiyajin lo atemorizaba, jamás lo había visto en ese estado, pero Radditz era su amigo e intentaría ayudarlo.
Tottepo estaba en ese momento resguardando a las científicas, Tooma supuso que necesitaría de su ayuda así que lo mando a llamar.
Kyabe que escuchó a Tooma y viendo lo que iba a ocurrir decidió mandar a Caulifla a un lugar seguro.
—Ve a cuidar a las científicas y no dejes que salgan por ningún motivo del laboratorio — La saiyan tan pronto se percató del intento del saiyan por alejarla de ahí resopló molesta.
— Radditz es mi amigo también, me quedaré a ayudar— se cruzó de brazos enojada, pero no pudieron seguir discutiendo, pues de pronto todo se volvió caos.
Vegeta quién hervía en furia sólo advirtió una vez más —¡Quítense de mi camino o acabaré también con ustedes insectos!— Kyabe trato de razonar con él — Príncipe nos sirve más vivo que muerto, déjenos torturarlo otro poco y luego le daremos un castigo ejemplar.
Se rió, la mirada desquiciada que les daba les dejaba ver que no estaba escuchándolos para nada; Se lanzó rápidamente sobre los saiyans quienes intentaron defenderse infructuosamente, comenzó a golpear a Nappa y Tarble sin piedad mientras ellos solo se cubrían los golpes, en ese momento dudaban que el príncipe tuviera capacidad de raciocinio.
Golpeó brutalmente a su hermano para luego lanzarlo lejos, cayendo este inconsciente, para después continuar azotando a Nappa, hasta dejarlo muy malherido en el suelo.
Aun con la sangre escurriendo fuertemente de su cuerpo, tenía la esperanza que tal vez ahora el príncipe ya estuviera menos enojado y que podrían hacerlo entender, Nappa se jugó la suerte, –Nos sirve más vivo, le haremos pagar toda ofensa que ese imbécil haya hecho.
Tooma y Kyabe que seguían sin saber que había ocurrido exactamente, trataron de ayudar también, — Podemos degradarlo a esclavo y no volverá a ser tratado como Saiyajin pero necesitamos su fuerza para misiones lejanas— el peliflama solo se rió.
—¡Quítense de mi camino o mueran! — fue la única advertencia que recibieron antes de que él comenzara a azotarlos fuertemente, Kyabe intentó defenderse pero pronto vio su error al ser salvajemente golpeado contra el suelo.
«Sabía que Vegeta era fuerte pero no tanto »
Asustado pensaba, mientras se cubría lo mejor posible. Kyabe se jactaba de ser un Saiyajin fuerte, pronto se percató que cada vez que Vegeta entrenaba con ellos, solo jugaba. La diferencia de poder era abismal.
Tooma solo se cubría los golpes trataba de que el daño no fuera letal.
Tarble de pronto recuperó la consciencia, las heridas eran demasiado profundas, no era capaz de mantenerse en pie. Aún así como pudo se arrastró hacia donde Caulifla estaba estupefacta viendo la masacre que ocurría frente a ella.
Al verlo acercarse corrió rumbo a él y se agachó, pues el hilo de voz que apenas si salió del saiyan, a duras penas se escuchaba — P-Pr-prote-g-ge a Bu-Bul…ma — fue el único pedido que hizo en un susurro.
Caulifla quería quedarse a ayudar, vio con horror cuando Kyabe y el resto de ellos eran cruelmente lastimados. Su corazón se hizo pedazos de la angustia de ver como el saiyajin que había comenzado a habitar en sus pensamientos y en su pecho, estaba siendo acribillado de la forma más cruenta posible.
La súplica de Tarble le provocó muchos escalofríos y sentimientos encontrados. Ellos eran Saiyajines y aguantarían el dolor, no sabía que había pasado para poner en ese estado a Vegeta pero le aterraba el pensar que quisiera desquitarse también con Bulma.
La súplica de un muy malherido Tarble le hacía entender que la humana tenía que ver de alguna forma en ese pandemónium desatado.
Vegeta sabía que no valía la pena la muerte rápida de esa escoria, haría sufrir a ese insignificante insecto por intentar tocar algo que era suyo. Con la furia aun hirviendo dentro de él, pero más calmado en las emociones que reflejaba salió a buscar a la científica.
Dejando a su paso a los saiyans sumamente lastimados. Tottepo iba llegando justo en ese momento y se alarmó al ver a todos los saiyans sumamente malheridos y lastimados en el suelo.
Quiso preguntar a la Caulifla, lo que había pasado pero ella se había ido en esos momentos corriendo rumbo al ala científica.
El único ahí en pie era el príncipe Saiyajin, bañado en sangre que de inmediato dedujo era del resto de los guerreros, escuchó la orden de Vegeta, su voz carente de emoción le provocó escalofríos.
— No te atrevas a ayudarlos, todos ellos deberán recuperarse por sí mismos, ninguno merece la piedad de un tanque de recuperación.
Tottepo volteó a verlos, sin duda había sido una carnicería, todos ellos estaban profundamente lastimados aún así vivirían, de eso estaba seguro, con excepción de uno de ellos: Radditz. Quién de no ser atendido pronto posiblemente moriría.
Sentía terror de tener que contradecir al príncipe pero debía hacerle notar la gravedad del otro saiyan —Príncipe, Radditz está en situación crítica, si no lo atendemos morirá — no terminó de hablar cuando escuchó la risa despectiva de Vegeta.
— Ese idiota no recibirá mayor ayuda, si sobrevive con los cuidados básicos, deberás después llevarlo al calabozo.
El terror se notaba en la cara del saiyan, no sabía que demonio poseyó al príncipe Saiyajin, simplemente asintió y sin hacer preguntas se puso a atender a los heridos, mientras veía al Peliflama salir de ahí a paso seguro y con una sonrisa macabra en el rostro.
Bulma ajena a la masacre que Vegeta estaba llevando acabo, había comenzado a trabajar en el laboratorio, Trunks y Gure se hallaban en el pequeño cuarto que había acondicionado la científica dentro de laboratorio, en el cual usualmente su pequeño jugaba o tomaba una siesta mientras ella trabajaba. Era lo mejor en esos momentos, al menos hasta que pudieran hablar con Vegeta y explicar la presencia de la pequeña alien.
Caulifla había tenido muchos momentos en su vida en donde se había arrepentido de los planes al vapor que a veces solían ocurrírsele y a pesar de que su nuevo plan era una locura, estaba firmemente convencida que ésta vez no había tiempo para arrepentimientos.
«Si salimos de esta, tomaré la iniciativa y tendré sexo con Kyabe»
Había ido lento con el Saiyajin, pues estaba emocionada con él y no quería equivocarse, pero ver la proximidad de su muerte la terminó de convencer que intimar con el saiyan para saber a dónde iba esa atracción tan fuerte entre ellos, era lo que necesitaba.
Entró al laboratorio, tratando de fingir estar tranquila, le sonrió. —¿Vienes a ayudarme? —Dijo risueña la científica, ella solo negó con la cabeza antes de dirigirse a la tsufur:
— Suzuke necesito hablar con Bulma a solas— fue el único comentario que hizo. La otra científica salió de inmediato del lugar, no sabía lo que pasaba pero prefería mantenerse fuera del radar de los Saiyajines, con Kale y Paragus tenía suficiente. — ¿Donde esta Trunks? — Curiosa preguntaba la saiyan.
— En el cuarto de al lado descansando, ¿Pasa algo? Estás actuando muy rara...— Nerviosa por tanto misterio preguntó la ojiazul. De pronto Gure salió del cuarto contiguo, la saiyan no dio tiempo a nada, volteó a ver a la pequeña alíen que Bulma le había presentado como su nueva ayudante.
—La habitación esa, donde Trunks está ahora descansando, se encuentra insonorizada ¿Verdad? — La pregunta fue dirigida a la peliazul quién solo asintió.
La saiyan siguió —Gure quédate con Trunks en la habitación, y no salgan hasta que Bulma vaya por ustedes ¿Entendido?— la voz de mando que lanzó puso nerviosa a la pequeña alien quién de inmediato entró al cuarto sin cuestionar nada.
La científica miró estupefacta a Caulifla, sentía que actuaba muy extraño y no entendía el motivo.
—¿Sabes? No te lo había dicho antes pero cuando te vi llegar aquí, me pareciste la criatura más deliciosa y encantadora que nunca hubiera conocido, desde pequeña fui enviada con esos dos idiotas de Tottepo y Tooma fuera del planeta Vegita. Así que me emocioné cuando te ví, eres la amiga que nunca tuve.
Bulma que conocía la efusividad que a veces esa fiera y ruda guerrera podía llegar a tener, no entendía de qué iba ahora su discurso. Pero sabiendo que ella como cualquier otro saiyajin, nunca hablaría de sentimentalismos a menos de que fuera necesario, dejó que la saiyan siguiera con su discurso.
–Cuando recién llegaste y no había podido hablar contigo, no entendía las órdenes tan restrictivas que el príncipe impuso antes de irse de viaje. Prohibió a cualquiera de los saiyajines ponerte un dedo encima de cualquier forma, dejó en claro que tú estabas fuera de los límites; la única manera sería para poder protegerte en caso de ser necesario.
Bulma estaba sorprendida, ahora si creía que la saiyajin estaba queriéndole gastar una broma.
–Jajaja, no entiendo a donde quieres llegar, la protección desde el inicio solo era para la mujer de Vegeta y su hijo —Comentó Bulma riendo fuertemente mientras miraba divertida a la guerrera. — Y esos son Kale y Chard.
–No, no, no humana; es cierto lo que digo, esa prohibición está desde el principio. Por eso Nappa no dejaba que te nos acercaras, eres muy deliciosa, y tentadora.
Decía la guerrera, que comenzó a rondar en círculos a la peliazul. —Tientas a los saiyans sin quererlo, eres tan ingenua en muchos aspectos y te pareces tanto a nosotros, que es una lástima que seas tan frágil. No poner un dedo sobre ti para lastimarte es la orden que tenemos TODOS los saiyans incluida su consorte... No poner un dedo sobre ti para darte placer o conseguirlo de ti, es solo la prohibición a los saiyans machos — decía Caulifla, agarrando cariñosamente la mejilla de la peliazul.
La científica estaba perdida, no entendía lo que estaba pasando, pero ella confiaba en la guerrera saiyajin, quien la miraba con una pizca de diversión en los ojos.
— Y soy tan curiosa que antes de que me envíen a alguna nueva misión, quiero saber si vale la pena esa prohibición tan enfática por la que matarían a cualquier saiyajin... Por la que castigarán a Radditz...
Fue lo que Caulifla dijo antes de guiñarle un ojo a la peliazul, quién se sorprendió con lo último mencionado por la guerrera.
Caulifla no le dió tiempo de pensar, la tomó de la cintura para acercarse peligrosamente a su cuerpo y susurrarles al oído —Confía en mí...— acto seguido le dió tremendo beso que tomó a la científica con la guardia baja.
El beso estaba cargado de efusividad, era intenso y sensual, sin entender que pasaba y aun en shock, Bulma sentía la dulce boca de la otra fémina invadir la suya, su lengua comenzó salvaje a explorar la boca de la peliazul, mientras intentaba sin éxito alguno separarse de la saiyan. Simplemente su fuerza era nada ante la fuerza de un saiyajin, fuera hombre o mujer.
De pronto, un gruñido gutural se escuchó por la entrada del laboratorio, un sonido de clara advertencia, lanzada desde lo más profundo de las entrañas de un animal furioso…
Tan pronto Tarble le explicó que debía de proteger a la científica, Caulifla corrió al laboratorio. Sabía que, hacerle frente al príncipe en el estado de furia en el que estaba sería suicidio. La única forma de evitar la muerte de la terrícola era hacer que el enfado de él se desviara, apenas tenía poco más de un minuto de ventaja sobre el saiyajin.
Cuando Vegeta iba entrando al laboratorio escuchó toda la conversación de la saiyajin y la humana. Cuando vio el beso se quedó pasmado, no creía lo que esa descarada insecta de clase baja estaba haciendo.
Aunque tal vez para cualquier otro ver a dos mujeres besarse podría ser algo muy erótico, no lo era para el peliflama, a quien los celos lo devoraban, sin poderlo evitar un gruñido de advertencia salió del fondo de sus entrañas.
Bulma intentaba por todos los medios separarse pero era imposible, al escucharlo se sobresaltó, pero la saiyan fue más rápida. Separándose del beso, volteó alegre a ver a su príncipe —Alteza, no sabía que lo estábamos haciendo esperar, mil disculpas, por cierto, he cuidado muy bien de la humana...
Colérico Vegeta solo dijo –¿Se puede saber qué hacías? —Caulifla entendiendo que tal vez serían sus últimos minutos de vida dijo alegre, —probando los labios de la humana, quería saber que era eso tan delicioso que debíamos resguardar, el motivo por el cuál podría morir un Saiyajin de hacer eso que hice, y como la prohibición era para los hombres, no creí que estuviera rompiendo el protocolo...
Vegeta vio a esa cínica saiyajin de clase baja, pero reconocía que en efecto él no le había dado dicha prohibición a ella. Pensaba castigarla a su modo por su descarada osadía después. Ahora tenía asuntos más importantes que aclarar. —Retírate — fue todo lo que ordenó.
El saiyan estaba desconcertado con las acciones de caulifla, no esperaba esa reacción. Momentos antes, mientras iba rumbo al laboratorio mil escenarios pasaron en su mente, cada uno peor que el otro.
¿Habrá sido Bulma quién sedujo a Radditz?»
Nuevamente sintió la ira recorrerlo de imaginar esa posibilidad. Debía detener su imaginación salvaje, Bulma era muchas cosas pero en el fondo se negaba a aceptar que ella fuera capaz de regalar sus caricias por favores no era algo que ella haría.
Era tan ingenua que definitivamente no había previsto las acciones de la saiyan. Incluso antes de que la guerrera la besara, él pudo adivinar que era lo que Caulifla haría, pero la peliazul no. La maldita saiyan de clase baja tenía razón, la ojiazul era en ocasiones demasiado ingenua.
Al verla toda desconcertada por lo que había sucedido parte de su enojo mermó. Aún así sentía que se ahogaba en su propia piel, necesitaba respuestas. Solo eso lo calmaría.
Caulifla volteó a ver a Bulma, volvió a guiñarle el ojo y salió de ahí. ¡Sí! había logrado su cometido, el saiyan seguía furioso, pero no con la científica sino con ella. Esperaba que le alcanzara la vida para explicarle a la humana lo que había pasado.
Bulma de pronto sintió que el aire podría ser cortado, por lo tenso del ambiente, la mirada de Vegeta era animal, sintió un hormigueo en la boca del estómago, mientras el pánico se apoderaba de ella. Trató de no reflejarlo al verlo caminar directamente hacia ella, rodeándola, como si fuera un depredador a punto de atacar.
Antes de que él dijera algo más, su mente comenzó a unir todo. El comportamiento de Caulifla no era al azar, ella lo sabía. Estaba segura que lo hizo para que él las viera, pero ¿Por qué? Eso lo haría enfurecer con la saiyajin. ¿Por qué quería que Vegeta se enfureciera con ella?
Mientras Vegeta seguía rondándola cual animal hambriento. Se detuvo a mirarlo con detenimiento, un nudo se le hizo en el estómago al percatarse de algo demasiado obvio y que ella por estar pensando en Caulifla y su raro beso no prestó atención: él venía bañado en sangre, su respiración se agitó de tan solo pensar que venía herido.
Sin embargo, cuando estaba por correr a socorrerlo, se quedó estática al recordar las palabras de Caulifla
«Radditz...»
Por fin su cerebro comenzó a hilar el comportamiento extraño de la saiyan: La orden urgente que le dio a Gure, su intento por que Vegeta se enojara con ella y lo que le dijo al oído; volteó a ver nuevamente al saiyajin, un escalofrío la recorrió entera, sin que nadie se lo dijera se dio cuenta que la sangre que lo bañaba no pertenecía al varón. Vegeta le atemorizaba, sus pupilas se dilataron por el miedo y dio un paso atrás.
Su mirada se paseó por la armadura saiyajin. Restos de sangre seca se veían en esta, pero sobre todo en los guantes antes blancos del príncipe y ahora teñidos de carmesí. Se llevó una mano al pecho y otra a la boca. La pregunta se le atoró en la garganta.
«¿Que hiciste Vegeta?»
La furia lo corroía, y la impotencia. Solo se escuchaba la pesada respiración del saiyan y nada más.
La vio mirarle con miedo, se percató del paso hacia atrás que dio, poniendo distancia de por medio. El saiyan venía furioso, pero no con ella. Estaba enojado con los idiotas de los demás que querían quitársela y con él mismo, por no ser capaz de lograr que ella se sintiera segura a su lado.
Para él era claro, que si ella buscaba otro hombre era porque no se sentía segura, o eso era lo que su mente desesperadamente le decía. Le volvería loco el saber que ella quisiera buscar a otro que no fuera él.
–¿Desde cuándo te lías con los saiyajines? — enojado siseó. Su voz sonó más como un gruñido que otra cosa.
—No tengo idea de lo que hablas Vegeta, ¿Por qué vienes todo ensangrentado? ¿Qué hiciste?
Parte de ella prefería no saber, pero su mente comenzaba a atormentarla pensando en el hermano de Gokú, temiendo por su vida.
Lo enojó su desfachatez en mentir, —es cierto entonces lo que sugirió Kale ¿Verdad? Te estas ganando los favores de esos imbéciles con tus propios favores, ¿Cierto? — siseó furioso.
Estaba anonadada, de verdad no creía la idiotez que le estaba diciendo
—¡Maldita sea, contesta! —manoteó sobre el escritorio exaltado.
—¿Cómo te atreves a sugerir algo así? — Indignada cuestionaba— ¡No me vuelvas a faltar el respeto! —Una blanca y delicada mano se estampó sobre la mejilla del saiyajin,
—¡Y menos te atrevas a decir que la estúpida que tienes por mujer tenía razón! — Indignada lo veía con los ojos chispeantes de enojo — ¡hasta la fecha lo único que he hecho aquí es trabajar como la esclava que soy en este maldito lugar!— desafiante gritó.
—¡No mientas! — exaltado contestó antes de que su tono cambiara a uno suave y mortal.
—¿Por eso dejabas que un tercera clase te manoseara?
Ella lo vio incrédula — ¿Que me manoseara? —
Una vena saltó en la frente de la científica al entender la insultante insinuación — ¿A que te refieres con eso, mono estúpido?
— ¡¡NO ME MIENTAS!! Ese idiota dijo que te besó y ¡Lo vi poner sus asquerosas manos sobre ti y tú dejabas que él te acariciara los labios!
En un rápido movimiento la pegó a él. Ella saltó del susto al sentirse apresada entre los fuertes brazos del saiyajin. Lo sintió cargarla, dejándola encarcelada entre su musculoso pecho y sentada en el escritorio.
La mirada insondable que le daba, negra como el abismo del infierno, le aceleraba el corazón, de pronto al verlo tan salvaje, sintiendo el peligro inminente en el aire solo alcanzó a decir — ¿Que le hiciste a Radditz, Vegeta?— temiendo por la integridad del pelinegro.
Vegeta moría de celos. ¿Porque le preocupaba a ella tanto lo que le pasara a ese idiota? Sin poderse contener la cuestionó.
— Entonces era verdad lo que dijiste aquella vez del dichoso picnic ¿No? Te gusta ese tercera clase... — la confrontó enojado, sentía la furia renacer en sus entrañas. Sentía un dolor adentro que no sabía como manejar.
Quería gritarle, pero también quería suplicar. Quería despreciarla pero también quería abrazarla y besarla.
—¡CONTESTA! ¿Te gusta esa escoria?,¿Ya te revolcaste también con él? —Los ojos del saiyajin destilaban furia y fuego. Pero también dolor y desesperación.
–¿Y SI ASÍ FUERA A TI QUÉ? ¿Desde cuándo te importa?— a pesar de tenerla apresada, ella no bajaría la cabeza. Agradeció que Trunks no pudiera escuchar la discusión.
—¿Sabes Vegeta? Al menos esa sabandija de tercera clase, como lo llamas podría darme algo que tú NUNCA podrás.
Él la miró interesado, estaban tan cerca uno del otro; lo tenía a centímetros de ella, —No digas tonterías mujer...— No pudo seguir jactándose pues ella lo interrumpió — No son tonterías "Alteza", al menos de así quererlo, ese insecto como lo has llamado me daría algo que tú jamás podrás: Una unión saiyajin.
De repente se sintió avergonzado, pues sabía que eso era cierto y a pesar de lo que pensaran, estaba deseoso de poder marcarla como suya; aunque su rostro no varió ni un ápice. Y a pesar de que ella tenía razón en su reproche, él no pensaba claudicar, se hecho a reír, hecho que irritó de sobremanera a la peliazul — ¿Crees que por hablar con una guerrera de clase baja de la unión ya sabes todo acerca de esta? — Comenzó a mofarse.
— Es insecta de clase baja ¡No sabe nada acerca de la unión! ¿Quieres saber sobre esta? Perfecto te lo diré, la unión no significa NADA. ¡Yo soy el príncipe de los saiyajines! ¡Yo y solo Yo determino si eres o no mi mujer. Esa estupidez de la unión me da igual, tú eres MIA y eso no va cambiar.
Sabía que debía buscar como calmarlo, pero ella era Bulma Briefs, quien apease de nacer en cuna de oro se ha ido forjando su propio camino desde pequeña.
Si el principito creía que ella bajaría la cabeza estaba equivocado, la ira hizo arder su temperamento, retadora lo miró —¡NO LO SOY!
Y fue lo último que logró decir pues el príncipe harto de no poder expresar lo que quería, cansado de no poder demostrar su desesperación y de que ella continuara llevándole la contra a casa momento, decidió transmitir de la única forma que conocía, lo que ella importaba para él, tomó la delicada cara de la fémina terrestre, acarició con una delicadeza que ella no conocía sus carnosos labios rojos.
—Mujer yo...— No pudo decir nada más pues el dulce y enervante aroma de la fémina golpeó de lleno en sus fosas nasales, inundando completamente sus pulmones con su aroma, intoxicándolo completamente. Se lanzó cual kamikaze a besar esos labios que lo atormentaban.
Traspasar la frontera de sus besos nuevamente, cruzar el umbral de su boca, hizo implosionar su cerebro. Bulma no pudo evitar la reacción de su cuerpo, sintió cada fibra de su ser vibrar en anticipación, y se odió por lo mismo.
Él tomaba el elixir de su boca, marcaba el ritmo del beso demandante, que fue solamente interrumpido cuando la falta de aire comenzaba a hacerles arder los pulmones. —Por favor mujer...— Otro beso acalló el intento de protesta que ella apenas iba a expresar.
—Eres mía...— fue lo que dijo y de pronto esa frase la trajo a la realidad. Como una cubetada de agua fría.
Estaba sobre el escritorio del laboratorio, mientras el príncipe se hallaba sobre ella, la abrazaba evitando que tuviera oportunidad de poner escapar de alguna forma. Pegándola fuertemente a su cuerpo.
Intentó sacudirse esa niebla de deseo que la envolvió, tenerlo tan cerca hizo que a sus fosas nasales también se embriagaran del varonil olor del hombre, que aún la tenía locamente enamorada para su desgracia; y pudo haber claudicado, pudo haberse rendido a él de no ser porque su siempre atractivo olor estaba en esta ocasión, mezclado con el olor ferroso de la sangre del resto de los saiyans. Eso fue lo que la salvó de rendirse a sus deseos.
—¡Vegeta basta! ¡S- Suéltame por favor!— Trató de que su voz sonara firme, pero el ritmo acelerado de su respiración la hizo casi jadear.
Los ojos del hombre refulgían en deseo, ella era SUYA, solamente suya y le haría entender eso así tuviera que doblegarla por medio de la pasión que sabía los consumía a ambos. Volvió a atacar de nueva cuenta sus carnosos y rojos labios mientras la abrazaba y se acomodaba entre las piernas de la hembra, y quién a pesar de querer evitarlo, se abrazó con sus delicadas piernas a la cadera del hombre.
Él aprovechó para pegarla más a su cuerpo, dejando el delicado centro de esa diosa a su disposición. La encajó a su virilidad y aún con la ropa puesta se sentía deliciosamente placentera la fricción que se generaba, cuando cierta parte bastante endurecida de su anatomía le daba falsas embestidas, masajeando sin pudor de esta forma el sensible centro de la musa azul.
A pesar de que ella quería refrenarlo, dulces y suaves gemidos comenzaron a salir de sus labios, sus pupilas se dilataron al sentirse ruborizada debido a su cuerpo traidor que la delataba. Se mordió el labio.
Había olvidado lo intoxicante que ese hombre podía ser para ella. Cómo si fuera una adicta y el su marca de heroína personal.
—Yo...— No la dejó hilar ni medio pensamiento cuando se lanzó de nueva cuenta sobre esos deseables labios carmesí que comenzó a besar con adoración.
Vegeta jadeó, ella era un sublime pecado; se adentró en la boca femenina, su lengua salvaje y conquistadora de inmediato se lanzó a redescubrir aquellas zonas que anteriormente había reclamado como suyas.
Bulma se perdió en el encanto de esos besos que la mantenían en una bruma de pasión que le impedía pensar coherentemente; sintió esas manos que usualmente eran fuertes y rudas acariciarla con mucha delicadeza y sin pudor por todos lados.
De pronto, sus labios se sintieron huérfanos del hombre; quién abandonó los mismos para lanzarse sobre el delicado y blanco cuello femenino, no se dio cuenta en qué momento él le había arrancado la blusa y el pantalón de su cuerpo.
Fue consciente de esta acción hasta que la separó de su sexy y varonil abrazo y pudo darse cuenta del estado de su cuerpo técnicamente desnudo, solo en ropa interior.
Vio en los ojos del saiyan el látigo de deseo, que lo corroía y también vio algo más: el enojo y la frustración, pero esa combinación no le gustó y por mucho que quisiera rendirse a sus caricias, definitivamente no lo haría ahí, a la vista de quién quisiera entrar al laboratorio y menos cuando no sabía que había pasado y porqué el saiyan se comportaba tan inestable.
—¡Vegeta Basta!— airada decía mientras ponía sus delicadas manos entre ella y el musculoso pecho del Saiyajin.
Los ojos de él ardían en deseo, hizo caso omiso a su súplica — Te gusta jugar conmigo mujer... te enseñaré a no retarme— decía mientras una sonrisa malvada se pintaba en su rostro y comenzaba a masajear sugestivamente sus muy bien dotados senos.
Intentaba por todos los medios negarse pero esas prodigiosas manos que el peliflama tenía, la dejaban fuera de sus cabales.
—Dices que no pero tú cuerpo dice que sí...— un emocionado Vegeta confirmaba mientras una de sus manos apretaba su suave seno y la otra apretaba su delicada cintura contra él.
Ella intentaba pensar, conectar ideas para negarse —Yo no...yo ...— él solo rió — ¿Tu qué mujer? — la mano que estaba masajeando con delicadeza su suave y delicioso seno, subió a su cara y la tomó con delicadeza, casi con ternura.
—Vegeta no, espera yo...— veía esa mirada azul perdida en el deseo, el mismo que ahora lo devoraba a él. —Shhh, no hables, esto te va gustar — la sonrisa ladina llena de fuego, de pasión y posesión la tomó con la guardia baja.
—¿Te gusta provocarme verdad?— Suavemente decía a su oído mientras la cargaba sobre él.
— ¿A mi y a todos los demás? ¿A ellos también los besas así? — No quería portarse como un reverendo imbécil pero el monstruo verde de los celos habló por él, pues de pronto su mente le trajo a la memoria la imagen de Radditz tocando los suaves y apetecibles labios rojos que tanto lo hechizaban.
Esas acusaciones la trajeron de vuelta al mundo racional, trató de separarse de él —¡Idiota suéltame! — indignada exigió. Por mucho que fuera su debilidad no dejaría que insinuase semejante estupidez.
Un dolor cruzó el pecho del saiyan antes su rechazo —¡No te irás! Aprenderás a dejar de jugar conmigo, te haré gritar de placer...— sin nada de esfuerzo manipuló el cuerpo de la peliazul para dejarla boca abajo sobre el escritorio, obteniendo así una fantástica vista de los bien torneados glúteos de la hembra.
El corazón de Bulma latió acelerado, aquella mirada maliciosa y llena de deseo comenzó a jugar en su contra, tener al Saiyajin sobre ella obligándola de la forma que él deseaba, así fuera seduciéndola, para hacer lo que él quería; la hizo retroceder en el tiempo a una situación similar aunque menos placentera, donde un Paragus sumamente alcoholizado intentó abusar de ella.
La situación no era exactamente la misma, pero Bulma realmente no había tenido tiempo de llorar lo qué "casi" le pasó, de superarlo realmente, simplemente lo ocultó en el fondo de su cerebro y ahora los recuerdos volvieron con fuerza jugando contra ella, sobre todo haciéndola estremecer:
"...—¡Callate Perra! Ahora te haces la remilgada, pero te va a gustar. No eres más que una furcia, te gusta que te lo metan, si hasta eres la zorra personal de Vegeta — La risa macabra del hombre junto con las palabras cargadas de desprecio que lanzaba la herían..."
Relámpagos de recuerdos la azotaron, su mente la
llevó a aquel desafortunado momento, se miró y vio
que estaba de nueva cuenta boca abajo en el escritorio a punto de ser penetrada, de ser poseída sin poder hacer nada para poder evitarlo.
Sintió la cálida respiración de Vegeta sobre su cuello detrás de ella, notó como esa traviesa cola comenzaba a explorar ese botón hinchado entre sus piernas y a pesar de desear con el alma a Vegeta no quería ser tomada así, no quería que él la usara para descargar su semilla por el simple hecho de sentirse traicionado y porque quería reforzar su hombría.
—¡Vegeta Basta! — asustada sacó su voz mientras lo sentía besándole el cuello, no se dio cuenta en qué momento él se había bajado el expandex de su armadura y sentía su fuerte virilidad chocar contra sus suaves glúteos. —Shhh, los dos queremos esto mujer, me perteneces, eres mía — decía mientras estando tras de ella continuaba con un camino de besos sobre su cuello y le masajeaba lo senos, y sus manos habilidosas presionaban sus pezones en forma suave y delicada para llevarla al éxtasis.
Y así hubiera sido de no ser porque Bulma aterrada tenía una regresión de la situación anterior. — ¡DIJE QUE BASTA! ¡SUÉLTAME MALDITA SEA!
Fue en ese preciso momento que el saiyan entendió que algo no estaba bien con su musa azul, la sintió hiperventilar mientras todo su cuerpo comenzó a temblar. De inmediato asustado se levantó y la levantó poniéndola de frente a él —¿Mujer?
Su pregunta estaba cargada de dudas, abrió espantado los ojos al verla mirarlo con miedo, con pánico. Cómo si pensara que él fuera capaz de lastimarla.
«¿Tiene miedo de mí? ¿Cree que le haré daño?»
El príncipe se apanicó con esa idea. Ahora era él quien la miraba aterrado. Todos podrían temerle, todos menos ella. Porque a pesar de lo que pudieran decirle: que ella lo traicionaba, él jamás la lastimaría.
Alguna vez tiempo atrás por error lo hizo, cuando en un arranque de celos contra Goku la zarandeó sin medir su fuerza, olvidando lo frágil que ella podía ser; y el dolor en la cara de ella y los cardenales que sin intención generó en su frágil cuerpo, fueron suficiente escarmiento para jamás querer atreverse a lastimarla. Era un ser tan delicado como el cristal y tan hermoso como la porcelana y la seda combinadas.
No, el jamás la lastimaría, preferiría humillar a su orgullo y mendigar por su amor pero nunca atentaría contra ella. —Bulma mírame por favor...
Con ternura la cargó y la acunó entre sus brazos, se veía tan frágil y desprotegida, todo deseo carnal desapareció mientras la abrazaba protectoramente y con suma delicadeza tomaba su hermosa cara, y acariciaba tiernamente sus labios.
— Jamás te haría daño...— Intentó calmarla, transmitirle confianza, pero el haberse guardado tanto tiempo el dolor de la casi violación de Paragus, por fin rompió la férrea voluntad de la ojiazul, y dejó salir todo el odio, rabia y frustración en contra del que en ese momento su muy agotada mente encontraba como el culpable de todos sus males.
En un santiamén se separó de él para después comenzar a abofetearlo con todas sus fuerzas, lastimándose sus manos en el proceso — ¡Te odio maldito! Todo es tu culpa, te detesto ¡No vuelvas a tocarme nunca más! — las recriminaciones de la peliazul eran gritos furibundos.
Vegeta solo intentaba evitar que ella se siguiera lastimando sus manos —Bulma detente...— pero ella era incapaz de escucharlo, de entenderlo.
— ¡No me vuelvas a tocar! ¡Te odio! y jamás volveré a ser tu mujer ¡Nunca más estaremos juntos, desearía jamás haberte conocido! Me trajiste con engaños a este maldito lugar, quédate aquí con tu mujer y tu hijo, y déjanos en paz ¡MALDITO SEAS!
A pesar de saber que se merecía que ella lo aborreciera, eso no significaba que no le doliera, había perdido la cabeza al escuchar que Radditz la besó, los celos lo quemaron, el dolor se volvió insoportable.
Lo cuál lo llevó a una conclusión que lo dejó frío y con un regusto amargo a derrota. Si con lo que supo casi perdió la cabeza, no quiso ni pensar en lo que ella sintió al sentirse traicionada, si bien nunca le prometió nada a ella, cada día que pasaba era una reafirmación para él que la peliazul debía estar a su lado. Que la necesitaba y seguramente esa necesidad de pertenencia y posesión ella había sentido siempre por él. Demasiado tarde lo comprendía...
La mente del saiyajin se derrumbó.
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En todo el tiempo que he vivido jamás enemigo
alguno me generó un sentimiento de pérdida similar al que ahora estoy sintiendo, como si estuviera en carne viva, un dolor agudo y penetrante fustigaba mi pecho, sentía mi garganta cerrada como si quisiera ahogarme.
— ¿Que hiciste maldito? ¿Mataste a Radditz? — fue su airado reproche, mientras sus puños intentaban golpear sin éxito mi cuerpo. Su rechazó me dolía, su preocupación por otros me lastimaba, me enfurecía; pero lo que más me dolió fue ese miedo en su ojos azules.
— Está vivo— a regañadientes confirmé.
—¿Por cuánto tiempo? ¿Hasta que decidas qué ya no te sirve? — un golpe tras otro caía sobre mí. Yo solo estaba preocupado porque sus blancas manos a cada momento se tornaban rojas, y temía que en cualquier momento sus frágiles huesos se resintieran por el excesivo esfuerzo que ella hacía.
—¡Aléjate de mí, no me toques!— la histeria en su voz me hacía re confirmar que no estaba jugando ni mintiendo, ¡Ella de verdad me temía!
—confía en mí... — intenté acariciar su mejilla pero aventó mi mano. El miedo que alcancé a ver en sus atribulados ojos azules me quitó el aliento.
—Yo jamás te haría daño Bulma...— La risa irónica que soltó me hizo estremecerme. —¿Que no me harás daños dices?— una mueca despectiva se formó en su bello rostro. — Ya lo has hecho antes "príncipe", ¿Debo recordarte cuando me lastimaste porque creíste que Goku y yo teníamos algo?
No sabía que contestar. Esta era la fecha que yo no me perdonaba mi error con ella. Pero antes de decir cualquier cosa para justificarme ella siguió — O también puedo recordarte, cuando me explicaste que me trajiste con engaños y me juraste que me eliminarías, si huía y me llevaba a mi hijo.
Cerré los ojos avergonzado y cansado. Sé lo que dije aquella vez, yo solo buscaba que ella se quedara y que no intentara escapar. Jamás pensé en hacerle daño realmente.
—¡Lárgate, déjame en paz! — Su voz estaba llena de odio. Su miedo y su rechazo me lastimaron, pero me preocupó más que su mente inestable por fin se quebrará completamente, pues me miraba asustada y agitada, como si creyera que realmente yo la lastimaría. Mostré las palmas de mis manos en un intentó de mostrarle que no pretendía dañarla.
—Estás muy agitada, hablemos...— Vi sus ojos mirar desenfocados, ella ya no me escuchaba, estaba perdida en sus pensamientos, su cerebro simplemente se estaba quebrándo, parecía al límite.
Todo fue muy rápido, vi el terror dibujado en las delicadas facciones de su rostro y cayó desmayada, —¡MUJER!— a una velocidad aún mayor a la usual, me moví para alcanzar a tomarla entre brazos, antes de que cayera inconsciente...
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Tarde muy tarde ok ya es jueves y no miércoles pero lo hice, quería darles la sorpresa, aunque termine haciéndolo en la madrugada del jueves.
Hijole realmente nose que sentir con respecto a este cap... Fue un poco difícil tener que rehacerlo pero cubre creo todo lo que traía el anterior cap que perdí?
Rápidamente contestó comentarios;
Xxlalalulu: Ay... Radditz ,(
Yenaiv Brief: De verdad creo Vegeta se excedió D:
Invitado1: Se me vino feo a todos los saiyans :(
Invitado Caro: Primero que todo mil gracias x leer y por dejarme saber que lo haces, tu comentario me ha alegrado muchísimo el día... aunque lamento que esté cap haya sido bastante turbio ... D:
Espero me cuenten sus teorías de mi que creen ahora que va a pasar… aprovecho para decirles estaré fuera de viaje y tratar de avanzar pero nose que tanto mo haga, haré mi mayor esfuerzo para publicar en dos semanas más pero, no prometo nada tal vez me tome tres.
¡Les mando un abrazo y buena vibra!
