Capítulo 39.

Múnich, con enlaces a Tokio.

El teléfono de Lily vibró y ella se sorprendió mucho al ver que había recibido un mensaje de Genzo. Le asombró porque ella supuso que él aprovecharía las horas posteriores al partido para descansar así que se apresuró en abrirlo; el mensaje escueto se limitaba a un par de frases: "¿Estarás desocupada más tarde? Me gustaría que habláramos un poco, si no tienes inconveniente", lo que hizo que Lily se preguntara si andaría algo mal con Wakabayashi.

"Mañana al medio día tenemos un partido por lo que debo irme temprano a descansar", contestó la doctora. "¿Qué sucede, Gen? ¿Hay algún problema?".

"No, es sólo que tengo ganas de verte", escribió él, tras mucho titubear. "No, es mentira eso, perdóname, no quería alarmarte. Es decir, sí tengo ganas de verte, eso no es mentira, pero la razón por la que quiero hablar contigo es porque hay un problema que debemos tratar. No pienso terminar contigo si es lo que estás pensando, te aclaro".

"Ay, que ya se me había ido el estómago a los pies", Lily se preocupó y no era para menos. "¿Qué pasa, te has vuelto a lastimar?".

"No, yo estoy bien. De lo que quiero hablarte es de un tema del que me he negado a tratar contigo antes: mi familia", fue lo que Genzo contestó.

- Válgame dios… .- musitó Lily, muy nerviosa.- ¿Por qué carajos quieres hablarme de tu familia ahora, Gen?

Ella decidió que eso era algo que no podía esperar así que acordó con el portero el mantener una pequeña conferencia a la hora de su descanso; se encerraría en uno de los consultorios que permanecían cerrados por remodelación para establecer una vídeo llamada en su Tablet y así no tener que esperar a llegar a su departamento puesto que la ansiedad no le permitiría estar en paz hasta no saber cuál era el problema que había con la familia de su novio.

- Quiere hablar sobre su familia.- murmuraba Lily mientras continuaba con sus labores.- ¿Se habrá reunido con ellos o qué carajos pasó? Y si los vio, ¿por qué es tan urgente que quiera hablar conmigo sobre eso?

- ¿Qué tanto cuchicheas, Lily?.- quiso saber Sho, quien la escuchó cuando pasó a su lado.- ¿Qué hay problemas con tu familia o qué cosa?

- ¿Qué? Ah, lo siento.- se disculpó ella.- Es que Genzo me ha dicho que quiere hablar conmigo acerca de su familia y yo trato de averiguar qué rayos está pasando.

- ¡Oh! ¿Así que ya van en ese punto de la relación?.- cuestionó el chino, con una sonrisa ligera.- ¡Vaya que ustedes dos van rápido!

- No te entiendo.- Lily sintió que se ruborizaba.

- ¿Qué no es obvio? Va a pedirte matrimonio.- respondió Sho, haciendo que ella pegara un brinco.- Cuando un hombre habla con su familia sobre su novia es porque ha decidido que ella es la indicada y que planea pedirle matrimonio pronto. No sé si felicitarte o darte el pésame.

- ¿QUÉ? ¿TE HAS VUELTO LOCO?.- gritó Lily, muy estresada.- ¡Estás equivocado, Gen no va a pedirme que nos casemos! ¡No hemos llegado a ese extremo aún!

- Vaya, eres la primera mujer a la que veo que el asunto del matrimonio no le entusiasma.- Shunko enarcó las cejas.- No sé por qué te pones así, pensé que lo de ustedes dos sí iba en serio.

- Eso no significa que ya estemos listos para casarnos.- replicó Lily, muy roja aún.- Ni Wakabayashi ni yo tenemos el matrimonio entre nuestros planes a futuro, él tiene que arreglar su vida profesional primero y yo apenas estoy forjando mi camino, no es el mejor momento para casarnos. ¡Deja de decir babosadas, Sho, por favor!

- Ya, cálmate.- el chino trató de tranquilizarla.- No te comenté esto por bromearte ni mucho menos, lo que dije fue en serio. La mayoría de los hombres, cuando queremos hablar de nuestras novias con nuestras familias, es porque ya hemos decidido casarnos. No sé si Wakabayashi sea de este tipo de hombres o no pero no me sorprendería que lo fuera; considerando lo reservado que es, si va a hablarte de un tema tan delicado es porque eres importante para él.

- ¡Ah!.- exclamó Lily, sorprendida.- ¿Es por esta razón por la cual vas a presentar a tu abuelo con Nela?

- ¿Qué?.- esta vez fue Sho quien se ruborizó.- ¡Yo no dije eso!

- Pero sí va por ahí el asunto, ¿no?.- Lily sonrió con picardía.- ¿Es verdad entonces?

Por respuesta, Sho se echó a reír a carcajadas. Lily se dio cuenta de que no estaba tan errada en sus teorías aunque él aún no estaba a punto de dar ese paso tan importante, sólo lo tenía en consideración.

- Bien, como sea.- dijo Sho cuando se controló.- No estamos hablando de mí sino de ti. Si no crees que Wakabayashi vaya a pedirte que te cases con él, ¿de qué crees que quiera hablar?

- No lo sé y eso es lo que me preocupa.- Lily se mordió el labio inferior.- No parecían ser buenas noticias.

- No te estreses antes de tiempo.- le aconsejó Sho, apretándole un brazo para darle valor.- Quizás no sea algo grave, quizás sea que ellos tienen algún problema y lo quiere comentar contigo.

- Tal vez.- a Lily no le convenció esta teoría.

A la hora acordada, Lily se encerró en el mismo consultorio en donde alguna vez hizo las paces con Karl; el lugar seguía atascado de polvo y expedientes viejos pero a la doctora poco le importaba, lo que deseaba era saber de qué rayos quería hablar Genzo con ella, además de que el lugar le venía bien porque era raro que alguien se parara por ahí. Cuando al fin se conectó la vídeo llamada con Genzo, Lily pudo notar que él lucía extremadamente sombrío y ella no sabía si se debía al desempeño del partido recién terminado o a algo más. A pesar de esto, la doctora se sintió aliviada pues la expresión del portero no era la de un hombre que estuviese a punto de pedir matrimonio. No, de verdad que lo último que Lily deseaba es que Genzo le pidiera que se casaran porque entonces ella tendría que decirle que no, lo que inevitablemente rompería la relación.

- Hola, Gen.- saludó ella, con una gran sonrisa.- Diste un gran partido, como siempre luchaste hasta el último momento.

- Hola, Yuri.- dijo él, sonriendo también a pesar de su serio semblante; aún llevaba puesto el traje deportivo de la Selección de Japón.- Yo debería de disculparme, no pude ganar el partido como prometí que lo haría.

- Pero no te conformaste con la derrota y ayudaste a sacar el empate.- replicó Lily.- Si no hubiese sido por ti, Misaki no habría tenido la oportunidad de anotar ese gol. Fuiste el creador de la jugada y eso te da mucho mérito, Gen.

- Aun así creo que nos hace falta mucho para mejorar.- la expresión del portero era agridulce.- Estoy considerando el jugar el partido amistoso contra Paraguay, siento que aún tengo un deber qué cumplir con Japón.

- Es tu decisión, Gen.- a ella no le sorprendió el comentario de su novio.- Seguro que al equipo le vendrá bien el tenerte en un partido más y te sentirás mejor contigo mismo porque tendrás otra oportunidad para dar lo mejor de ti, como siempre sueles hacerlo.

- ¿Sabes, doctora? A últimas fechas no he tenido el mejor desempeño en ninguno de mis equipos pero a pesar de eso sigues teniendo fe en mí.- Genzo se veía cansado, tanto física como moralmente.- Eso me hace sentir mejor de lo que crees porque justo en este momento nada me está saliendo como quisiera.

- Debes sentirte verdaderamente desmoralizado para aceptar eso ante mí.- comentó Lily, con suavidad.- O ante cualquier persona en general. Son rachas que suceden, Gen, los altibajos son normales pero en algún momento pasarán, sólo no dejes de esforzarte.

- Gracias, Yuri.- él la miró con gratitud.- Quisiera de verdad no tener que hablarte de lo que voy a hablarte, quisiera que simplemente pudiésemos platicar sobre el partido y de lo que tú has hecho durante mi ausencia pero esto es algo que no puedo dejar pasar.

- ¿Qué es?.- Lily se puso muy seria.- Me dijiste que se trata de tu familia, ¿qué sucede con ellos?

- Más que mi familia, el problema es mi padre.- comenzó a decir Genzo, con cierta resignación.- No sé cómo explicártelo porque ahora que lo pienso es algo muy imbécil pero es tan común en mi país que siento vergüenza de sólo recordar que alguna vez yo tuve ese tipo de pensamiento. Yuri, la cuestión es que mi padre es un hombre con tendencias xenófobas y racistas; al igual que la gran mayoría de los japoneses, no ve con buenos ojos a los extranjeros a menos que el trato con los mismos vaya a traerle algún beneficio, aunque más bien debería de decir que no tiene rechazo por todos los extranjeros sino sólo por aquéllos a los que considera que no están a su nivel.

- Empiezo a sospechar por dónde va el asunto.- musitó Lily, que comenzó a sentir un nudo en el estómago.- ¿Ya sabe que tienes una novia extranjera? ¿Es ése el problema?

- Por lo que sé hasta el momento, sí.- aceptó Genzo, sin darle vueltas al asunto.- Mikami, el que fue mi entrenador cuando yo era niño, me ha dicho que mi padre no está contento con las cosas que he estado haciendo en Alemania en los últimos meses y, aunque me dé rabia admitirlo, sé que se está refiriendo a ti.

- Ya veo.- Lily hizo una mueca.- De todas las situaciones que esperaba, el que tu padre sea xenófobo no era una de ellas. ¿De verdad tú pensabas como él hace algunos años?

- En cierto modo casi todos los japoneses somos racistas, Yuri.- Wakabayashi se veía apenado.- La tendencia general es favorecer a las personas de piel, cabello y ojos claros o a aquéllos que vienen de naciones desarrolladas. Me da vergüenza, ya te lo dije, pero cuando estaba en la primaria tomaba estas ideas como ciertas; por fortuna, me fui a Europa y ahí se encargaron de ponerme en mi lugar, ahora sé que el asunto del color de la piel y de los ojos es una completa estupidez.

- Menos mal que cambiaste de parecer.- Lily no sabía si reír o llorar.- Me estás diciendo entonces que si yo fuera europea, ¿tu padre no tendría problema en aceptarme?

- Te estoy diciendo que mi padre esperaba yo escogiera a una japonesa como pareja.- respondió Genzo, cautelosamente.- Y que es probable que el que haya elegido de novia a una extranjera no le haya agradado mucho, independientemente de si es europea, latina o africana, creo que eso es lo de menos.

- Mentiroso.- reclamó Lily aunque sonrió a medias.- Sé que mientes para no herirme pero no tiene caso que sigas ocultándome las cosas si ya estás aclarándome qué es lo que piensa tu padre con respecto a las relaciones interraciales. Dirás lo que quieras pero estoy segura de que si yo fuese alemana, él no pondría objeciones a nuestra relación.

- No sé qué hacer, Yuri, es la verdad.- Genzo se sinceró ante la cámara.- Lo último que quiero hacer es herirte y mucho menos con algo de lo que tú no tienes la culpa. Es decir, a mí no me importa de dónde vengas, lo que me interesa de ti es quién eres y a dónde vas, tu nacionalidad me tiene sin cuidado por eso es que me enfurece que mi padre crea que estas cuestiones son un problema importante. ¡Cómo si él tuviese derecho a decidir sobre mí o sobre mis elecciones de cualquier manera! Pero aunque quiera no debo ignorarlo porque después será peor, podría llegar a amenazarte de alguna manera.

- Ay, barájala más despacio.- musitó ella en español, tras lo cual añadió en alemán.- ¿De verdad crees que tu padre pueda llegar a amenazarme en algún momento?

- Es una posibilidad, sí.- asintió el portero.- Por eso voy a hablar con él. Me ha pedido que vaya a verlo y doy por hecho que la razón por la que quiere que lo haga eres tú. No sé bien qué es lo que va a decirme pero espero lo peor; no estaría molestándote con el tema sino considerara que puede llegar a ser un problema serio, Yuri, de verdad lo siento.

- No te disculpes, que al fin y al cabo no es tu culpa.- la doctora agachó la cabeza.- Supongo que era algo que tenía que pasar, ¿no? Las relaciones interraciales no son tan aceptadas todavía en la sociedad.

- Me disculpo porque él es mi padre.- replicó Genzo, muy serio.- Pero también quiero pedirte, una vez más, que confíes en mí, porque bajo ninguna circunstancia voy a perder lo que tengo contigo. Encontraré la manera de arreglar este asunto, eso es un hecho.

- Yo confío plenamente en ti, Gen.- Lily levantó la mirada para sonreírle, aunque a medias.

- Si confías en mí, ¿por qué te has puesto triste?.- él deseó que ellos no estuviesen separados por miles de kilómetros de distancia.

- No esperarás que me ponga a saltar de la alegría después de saber que alguien importante de tu familia me desprecia por ser extranjera.- contestó Lily, decaída.- Esto es peor de lo que tú mismo prevés, puedo verlo en tus ojos.

- No es mi padre quien está contigo, soy yo.- rebatió Genzo.- Y yo creo que no hay ninguna otra mujer en el mundo que pueda maravillarme como lo haces tú, doctora, eso es lo único que importa. Si tenías que nacer en un país diferente al mío para ser como eres, me da gusto que haya sido así, no desearía que fuese de otra forma.

- Sigues teniendo esa costumbre de llamarme "doctora" cuando te pones cursi.- Lily se ruborizó y se echó a reír.- Pero supongo que es tu manera de cortar la melosidad. ¡Qué le vamos a hacer!

Wakabayashi se tranquilizó al ver que Lily volvía a reír; sabía que la había herido mucho a pesar de las precauciones que tomó para no hacerlo pero en cierto modo era inevitable. Él supo que hizo bien al ocultarle lo que Mikami le dijo acerca de que su padre planeaba concertarle matrimonio con una japonesa, eso sin duda que le habría afectado mucho a Lily y además Genzo no estaba seguro de que Akira llegara hasta ese extremo. El portero decidió cambiar de tema y se dedicó a hablar de otros temas con su novia; Genzo pudo ver que Lily se calmó lo suficiente como para mostrarse más esperanzada y eso lo relajó, a pesar de que compartía con ella el sentimiento de que las cosas estaban peor de lo que él mismo pensaba.

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Múnich.

Débora miró a Jean con cara de pocos amigos. ¿Por qué tenía que venir a arruinarle su felicidad precisamente en ese momento?

- Tenemos que hablar.- le dijo Jean, tomándola del brazo.

- Si es sobre Levin, te lo agradezco pero creo que has hecho más que suficiente.- respondió Débora.- No estuve de acuerdo con el asunto de darle celos, me parecía estúpido y poco práctico pero al parecer ha funcionado, o al menos eso ha conseguido que Stefan se abra un poquito más conmigo así que gracias.

- Sigues enojada conmigo por lo de la cafetería.- reclamó Jean, frunciendo el ceño.- Continúas tratándome como si fuese culpable.

- No termino de creer que sólo actuaste para darle celos a Stefan.- suspiró Deb.- A últimas fechas te has comportado de lo más extraño, tienes que admitirlo, quizás eso es lo que me impide creer totalmente en tu inocencia.

- Sí, he estado actuando raro, lo reconozco.- Jean desvió la mirada.- Pero tengo una buena razón para eso…

- ¿Ah, sí?.- Débora se mostró sorprendida.- ¿Cuál es?

- Eh… .- el hombre se detuvo al ver aparecer a Hope.- De verdad me preocupa que Levin nunca cambie y que te dañe otra vez.

- ¿Eso es todo?.- Débora parecía decepcionada.- Mira, te voy a ser bien sincera: soy una idiota porque voy que vuelo para tropezarme otra vez con la misma piedra y, aunque lo sé, no pienso hacer algo para detenerme. Empiezo a creer que mi problema con Stefan es que él es demasiado reservado y yo soy excesivamente extrovertida, además de que cometimos el error de acostarnos primero y tratar de conocernos después. Gracias por tu interés, Jean, pero no hay motivo por el cual tengas que preocuparte.

- De verdad, Deb, Levin no te conviene.- insistió Jean, débilmente.

Hope los observaba desde una distancia prudente, muy atenta al intercambio de palabras entre los dos médicos. Jean pareció cohibirse con esto y prefirió desaparecer, pretextando que tenía trabajo pendiente. Cuando el joven se marchó, la enfermera se acercó a Débora.

- Perdone que me meta en lo que no me importa, doctora.- comenzó a decir la joven.- Pero, ¿ya le dijo el doctor Jean que quien la vino a buscar el otro día no era un vendedor de seguros médicos sino ese futbolista sueco famoso que juega en el Bayern?

- ¿Qué?.- Débora saltó.- ¿Estás segura de eso, Hope?

- Sí, doctora.- asintió Hope, muy seria.- Busqué al doctor para preguntarle específicamente sobre eso porque me pareció muy raro que un hombre tan guapo y formal fuese un vendedor de seguros médicos, considerando que su ropa y calzado costaban más de lo que un vendedor de seguros gana en medio año. El doctor tuvo que confesarme que mintió y que ese muchacho es en realidad un jugador de fútbol muy famoso, Levi, creo.

- Levin.- la corrigió Débora, quien sintió que se ruborizaba.- Stefan Levin. ¿Fue él quien vino a buscarme, entonces?

- Eso es lo que me dijo el doctor Lacoste.- contestó Hope.- Le pregunté también por qué mintió al respecto y me dijo que… bueno, entre otras cosas, me confesó que lo echó del hospital y le prohibió acercarse a usted porque cree que él es una mala influencia.

- Es una broma, ¿no?.- Débora no sabía que pensar.- ¿Por qué carajos Jean hizo algo así?

- Porque se preocupa por usted.- replicó la enfermera.- Él me aseguró que ese muchacho no es bueno porque ya una vez la hizo sufrir; si esto es verdad, doctora, lo mejor que puede hacer es mantenerse alejada de ese futbolista, ningún hombre que la haya hecho llorar se merece otra oportunidad. El doctor me explicó que no quiere que usted vuelva a pasar por el dolor de ser rechazada, él sólo quiere protegerla.

- ¿Mintiéndome y ocultándome cosas? Es una forma rara de querer proteger a alguien.- Débora frunció el ceño.

- Los hombres pueden llegar a ser muy estúpidos pero eso no quita que tengan buenas intenciones.- Hope sonrió con disculpa, como si hubiese sido ella quien cometió el error.- El doctor Jean es muy atolondrado y a veces no hace las cosas de la forma correcta pero no se le puede negar que sí busca su bienestar, doctora.

- Yo no estoy segura de eso.- replicó Deb.- Me parece que Jean sabe bien lo que hace y por qué lo hace, no es de los que dan paso sin huarache.

- ¿Paso sin qué?.- Hope no comprendió la expresión.

- O sea, que no da pasos en falso, pues.- explicó la doctora.- Jean no deja las cosas al azar, casi siempre suele tener una intención oculta.

- Quizás su intención oculta es que está enamorado de usted.- sugirió Hope, como quien no quiere la cosa.

- ¿Jean? ¿De mí?.- Débora se echó a reír.- No, Hope, no soy del tipo de mujer que le gusta al doctor Lacoste, simplemente fingió que le gusto para ayudarme a darle celos a ese jugador rubio del Bayern que vino a verme. Lo cual, si me pongo a pensar con calma, fue algo bastante estúpido.

- Quizás eso le dijo para que usted no pensara mal.- insistió Hope.- Hágame caso, doctora, ese futbolista no tiene buena pinta, si ya la lastimó una vez bien puede hacerlo una segunda. No se arriesgue y mejor búsquese un buen partido, ahí tiene al doctor Lacoste que tanto se preocupa por usted, debería de darle una oportunidad.

- ¿Sabes algo, Hope? No creo que esté dentro de tus labores de enfermera el meterte tanto en mi vida amorosa.- Débora decidió que ya había tolerado lo suficiente.- Regresemos al área de tococirugía que de seguro que hacemos mucha falta allá.

- Sí, doctora.- Hope tuvo la decencia de avergonzarse.- Discúlpeme, sólo pretendía ayudar.

- No te preocupes.- Débora echó a andar por el pasillo.

Ella supo que la incomodidad que comenzaba a sentir era por el hecho de que Jean y Hope habían logrado que ella dudara de Stefan otra vez. Era cierto, si Levin la había herido una vez era altamente probable que lo hiciera una segunda, ¿por qué insistir en querer tener algo con él? Si hasta ella misma aceptaba que regresar con Stefan era tropezar con la misma piedra, ¿por qué encapricharse con él?

"Porque siento que hay algo más", se respondió Débora. "Porque creo que esta vez Stefan está siendo sincero. Porque prefiero arrepentirme de haber vuelto a caer que de haber dejado escapar la oportunidad de ser feliz con él. Y porque sigo enamorada de Stefan Levin, para qué negarlo".

Habría que ver qué sucedería en la cita que ella tendría con Stefan en un par de días, ahí se vería si lo suyo con el sueco era una posibilidad plausible o si se quedaría en un estrepitoso fracaso anunciado.

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Durante el entrenamiento previo al próximo encuentro contra el Eintratch Frankfurt, Karl continuó presentando molestias en el hombro, las cuales incrementaban cuando él disparaba a gol. Él sabía que si se lo decía al entrenador o a alguien del equipo médico lo sacarían del once titular para el partido así que se quedó callado, limitándose a ponerse una bolsa con agua caliente cuando nadie lo estaba observando. Le hubiera gustado pedirle al doctor Stein que continuara recetándole las terapias de relajación pero eso habría generado cierta suspicacia en el galeno. Decírselo a Lily quedaba fuera de cualquier consideración, Karl conocía bien cuál era su pensamiento acerca de que un futbolista jugara lesionado así que si le daba a entender a la joven que el hombro seguía doliéndole, ella habría ido a decirle al entrenador Rudy Frank que algo no andaba bien con su hijo y lo habría convencido de hacerle un examen médico exhaustivo.

Ciertamente, el pasar la noche con Elieth tampoco ayudaba mucho al problema; ella era una gatita insaciable, una mujer excesivamente ardiente que solía prendarse de sus hombros durante el éxtasis de la pasión y si bien Karl en ese momento no lo resentía, cuando su cuerpo se relajaba el hombro herido le punzaba sin tregua. Él no pensaba comentárselo a Elieth pues temía que se lo dijera a Lily así que aprovechó cuando la rubia se quedó dormida tras la sesión de sexo para tomarse un analgésico que le calmara las molestias. Karl no contaba, sin embargo, con que Elieth tenía el sueño ligero y que se despertaría en cuanto él dejara la cama.

- ¿Qué te sucede?.- preguntó ella, adormilada.- ¿Te sientes mal?

- No es nada.- Karl se sentó en la cama y le acarició el cabello con ternura.- Vuelve a dormir, meine Kleine.

- ¿Te está doliendo el hombro otra vez?.- Elieth no cayó con la trampa de las caricias.

- ¿Qué?.- ella dio tan directo en el blanco que él no pudo ocultar el asombro.- ¿Cómo sabes que me ha estado doliendo el hombro?

- Lapinette me lo dijo.- respondió Elieth, incorporándose en la cama y cubriéndose con las sábanas.- Yo pensé que esa herida se había curado bien pero ella me dio a entender que algún golpe reciente pudo haber reactivado el dolor. Ahora me siento culpable de haberte golpeado con mi carpeta aquélla vez que fue la estúpida de la Lims a Säbener Straße.

- ¿Ya reconoces que eso fue injusto?.- Karl rio con suavidad.

- No. Te lo merecías.- Eli le mostró la lengua.- Pero sí lamento haberlo hecho, si hubiese sabido que te ocasionaría tantas molestias te habría aventado otra cosa menos puntiaguda. Una roca, por ejemplo.

- Es bueno saber eso.- él rió con más ganas.- No se lo vayas a decir a Lily, por favor, que se lo contará a mi padre o al doctor Stein y no podré jugar mañana.

- No deberías de hacerlo si estás lesionado.- recriminó ella.- Ni tampoco deberías de tener sexo la noche previa a un partido pero bueno, de eso no me quejo.

- No es grave, en verdad.- insistió Schneider, con una mirada de súplica.- Te prometo que descansaré después de esto, sólo te pido que me cubras por esta vez.

- Que no se te haga una costumbre.- Elieth se levantó y se puso una camiseta.- Te daré un masaje, Lily me enseñó a hacerlos.

- ¿De verdad?.- Karl se mostró agradecido.- No sabía que también tuvieras ese tipo de aptitudes, meine Kleine.

- Oh, Schneider, hay tantas aptitudes mías que no conoces aún.- Elieth lo miró con lujuria.- Pero pronto las conocerás, mein Káiser.

La reportera talló concienzudamente el hombro adolorido de Schneider como Lily le enseñó; Karl experimentó alivio cuando los dedos de su novia comenzaron a relajar el músculo adolorido.

- Si mañana veo que estás mal, me importará muy poco lo que te haya prometido e iré a decírselo a Lily.- sentenció Elieth, al terminar.- Yo tampoco estoy de acuerdo en que juegues lastimado, ¿por qué insistes en jugar este partido si no es tan importante?

- Sólo será por esta ocasión, lo prometo.- aseguró el alemán.- Deseo jugar porque el de mañana será el doceavo partido consecutivo que tengamos en el Allianz Arena y, si anoto, me convertiré en el primer jugador en la historia de la Bundesliga en meter un gol en doce partidos consecutivos como locales y el primero en lograrlo en siete partidos consecutivos en general. Como comprenderás, éstos son logros que no puedo dejar pasar.

- ¡Oh, es verdad!.- a Elieth se le iluminó el rostro.- Si mañana metes aunque sea un gol, romperás los récords de Robert Lewandowski, Jupp Heynckes y Gerd Müller. Ahora entiendo por qué tienes tantos deseos de jugar.

- ¿Ya comprendes?.- Schneider aún tenía la expresión que ponía Káiser cuando deseaba que su ama le diera una lata de atún entera.- Por eso es que no quiero decir que sigo teniendo molestias, realmente deseo jugar mañana.

- Está bien.- ella cedió con un suspiro.- No hablaré pero más te vale que cumplas o te lo haré pagar. Ahora, por muchas ganas que tenga de hacerlo otra vez contigo, lo mejor será que nos vayamos a acostar, que mañana tienes un partido por jugar.

- Lo que ordenes, mi amor.- Karl se recostó con mucho cuidado y abrazó a Elieth con el brazo sano.- Ich liebe dich.

- Y yo a ti, mein Káiser.- murmuró ella, antes de cerrar los ojos.

Al día siguiente, las cosas marcharon bien durante las primeras horas, incluso Karl llegó a creer que las molestias habían desaparecido de manera definitiva. En el calentamiento previo al partido pudo ejecutar bien sus disparos sin que el hombro reclamara así que se dijo que las manos mágicas de Elieth Shanks habían hecho bien su trabajo (en más de un sentido, cof, cof). Tan bien se sentía Karl que pudo notar que Lily andaba decaída de ánimo, su semblante no lucía radiante como siempre y tenía los ojos hinchados, lo que denotaba que había estado llorando. Sin embargo, cuando Schneider le preguntó qué le sucedía, Lily respondió con evasivas y se marchó con un pretexto idiota, lo que hizo que Karl decidiera interrogarla con más calma después del partido.

Rudy Frank anunció que no incluiría a Shunko Sho en la alineación inicial pues éste había estado presentando molestias en el cuádriceps izquierdo y el entrenador no deseaba arriesgar a uno de sus mejores jugadores, considerando que los partidos eliminatorios de la Champions League estaban a la vuelta de la esquina. Así pues, el chino se sentó de muy buen humor en el banquillo junto a Lily, dispuesto a criticar cada una de las jugadas de sus compañeros. Sho no se acordaba de la plática que Lily y él tuvieron sobre Wakabayashi pero la recordó de golpe al ver el semblante triste de la doctora.

- ¿Tan mal salió?.- soltó Sho, sin rodeos.- ¿O es que le dijiste que no?

- No me propuso matrimonio.- a pesar de su estado de ánimo, Lily sonrió.- Fue algo bastante peor…

- ¿Bastante peor?.- Sho enarcó las cejas.- O sea que de verdad no querías que te pidiera que te casaras con él.

- Por supuesto que no, fui sincera cuando dije que no es éste el mejor momento.- contestó Lily.- Y mucho menos ahora, que ya sé cuál es el verdadero problema que tiene Genzo con su familia…

- ¿Qué es?.- quiso saber el muchacho.- Por tu expresión, sé que no es bueno.

- Qué te puedo decir… .- ella se encogió de hombros.- Digamos que su padre no está contento con la idea de tener una nuera extranjera. Al parecer, el hombre es tremendamente racista y xenófobo, lo cual me sorprende viniendo de un japonés.

- ¡Oh!.- Sho se puso serio al instante.- Lamento ser yo quien te lo diga pero no es para asombrarse. Entre los asiáticos también hay naciones que son racistas y Japón es la mayor de ellas. O tal vez lo sea Corea del Sur, no estoy seguro de quién de las dos lo es más, pero lo que sí puedo decirte es que los japoneses son racistas y xenófobos incluso con otros asiáticos así que a mí no me sorprende que tu suegro lo sea. Y es peor si el extranjero no es asiático, para los japoneses es como si viniese de otro planeta a juzgar por el desprecio que suelen mostrar. Siento en verdad que tengas que pasar por esto, Lily, pero ésa es la cruda verdad y no considero que sea conveniente ocultártelo. Te lo digo yo, que soy chino y que he sufrido discriminación tanto de japoneses como de coreanos.

- No sé cómo sentirme al respecto.- confesó Lily.- Es decir, sí agradezco que seas sincero y directo aunque la verdad duela, lo prefiero a engañarme y darme un golpe contra la realidad después. Sin embargo, saber que sí es posible que el padre de Gen me rechace por no ser japonesa no me pone muy feliz.

- Oye, que el padre de Wakabayashi sea racista no significa que tú valgas menos.- la corrigió Sho.- Sólo significa que él es tan idiota que no le alcanza el cerebro para comprender que la maravilla del ser humano radica en la variedad. Tú eres única, señorita, y no porque seas mexicana, europea o china, lo eres porque eres tú y punto. No dejes que nadie, ni siquiera el mismo Genzo Wakabayashi, te haga pensar lo contrario.

- Eso fue tan lindo de tu parte que estoy a punto de revisar si no tienes fiebre.- Lily sonrió.- Nela es afortunada de tener a alguien como tú, Sho, aunque eso suene muy cliché.

- Lo sé.- asintió Sho, con autosuficiencia.- Y estoy seguro de que ella también sabe lo afortunada que es por tenerme.

- Ése sí eres tú.- la doctora soltó una carcajada.- ¿Puedo pedirte un favor? No le hables de esto a nadie, por favor, que aún no sé si es verdad.

- No hay problema.- Sho se llevó la mano al corazón.- Pero te aconsejaría que no te guardes algo así, no eres tú la que está actuando mal.

Por respuesta, Lily suspiró. En el área de prensa, Elieth se apresuró a ocupar su puesto como corresponsal del Bayern, siendo acompañada por Thomas Braun. Ella estaba ansiosa de que el partido comenzara, deseaba poder tomar fotografías de los goles de Karl pues estaba segura de que él conseguiría romper récords en ese encuentro y había que inmortalizar el momento.

- ¡Y da comienzo otro emocionante encuentro de la Bundesliga en nuestra hermosa casa, el Allianz Arena!.- bramó Stephan Lehmann por los altavoces.- ¡Vamos por una victoria más que nos permita asegurar el Campeonato de Invierno!

En las gradas, el público gritaba entusiasmado; en el hospital, Débora se dispuso a echarle un vistazo al partido que se estaba transmitiendo en la pantalla del cuarto de descanso de los médicos. La chica no pudo evitar sonreír cuando vio a Levin aparecer en el campo, tan serio y reservado como siempre. Jean, quien la miraba de reojo, torció la boca en un gesto al ver su reacción.

El partido contra el Frankfurt no comenzó tan bien como el Bayern esperaba; el rival se fue arriba en los primeros minutos de juego con un tiro largo que agarró desprevenido al portero del equipo muniqués a pesar de no tratarse de una jugada de mucho riesgo.

- Con Wakabayashi no pasaría esto.- musitó Sho, en voz tan baja que sólo Lily lo escuchó.

Con el gol en contra, el Bayern se vino abajo, quizás víctima del cansancio o del estrés de haber recibido un gol tan pronto. Karl y Levin eran dos de los jugadores que se resistían a darse por vencidos e incrementaron el ritmo de sus movimientos para tratar de romper la sólida defensa del Frankfurt, quien no estaba dispuesto a ceder la ventaja que ya habían conseguido. Schneider presionaba cada vez más a los contrarios, aumentando sin querer la presión que recibía su hombro derecho con cada golpe y roce recibido de otro jugador. Desgraciadamente, sus esfuerzos fueron vanos pues el primer tiempo terminó con e en contra, marchándose los jugadores a los vestidores con el ánimo por los suelos.

- Vamos, Karl, yo sé que tú puedes revertir este marcador.- murmuró Elieth.- Sé que lo conseguirás, ¡no te des por vencido!

Mientras se refrescaba y escuchaba las tácticas del entrenador para la segunda mitad, Karl comenzó a sentir dolor en el hombro derecho y maldijo en su interior. Por fortuna, era experto en mantener una expresión inescrutable y consiguió que nadie sospechara que estaba teniendo molestias. Lo único que lamentó fue que Elieth no estuviese cerca para pedirle que lo masajeara otra vez, aunque en parte eso era una bendición porque así ella no se vería obligada a decirle al entrenador que él estaba presentando dolor otra vez.

- Vamos, carajo, anoten un gol o me veré forzado a jugar.- les dijo Sho a Levin y a Schneider cuando éstos estaban por entrar al campo.- Se ve que no pueden hacer las cosas sin mí.

- Ya verás que sí podemos hacerlo.- replicó Levin, con una sonrisa malévola.

- No te creas tan importante.- se burló Schneider, a su vez.

Al iniciar la segunda mitad, Schneider pidió el balón a Levin y se lanzó al ataque a toda velocidad. Se burló fácilmente a tres defensas y le regresó el esférico a Stefan, quien hizo un túnel perfecto con otro jugador rival; ya estando frente a la portería, el sueco le lanzó un pase a Karl, quien lo tomó con mucha elegancia para lanzar un potente disparo, el cual voló por encima del poste de la portería por escasos centímetros.

"¡Maldición!", pensó Schneider, apretando los labios. "¡El dolor me hizo fallar el tiro!".

El tiempo pasaba y el Bayern continuaba atacando la meta del Frankfurt, ocasionando gritos y porras entre sus entusiastas fans. Elieth soltaba una imprecación cada vez que el Bayern fallaba un tiro a gol y suspiraba del alivio cuando los bávaros conseguían evitar la segunda anotación en contra. El partido fue avanzando y el gol para los muniqueses no caía, Karl comenzaba a desesperarse por no poder conseguir lo que se había propuesto.

"¡No me van a vencer!", Schneider seguía persiguiendo el esférico en todo momento. "¡Voy a convertirme en el mejor goleador de la historia de la Bundesliga!".

Por fin, al minuto 73 de juego, Corman robó el balón que ya llevaba hacia la portería del Bayern un jugador del Frankfurt y avanzó velozmente por el césped hasta la meta contraria. Schneider y Levin lo siguieron muy de cerca, armando la punta de la flecha del ataque del Bayern. Los defensas del Frankfurt se apresuraron a cortarles el paso pero Corman consiguió enviar un pase a Shiken, quien remató a toda potencia. Desgraciadamente, el portero del Frankfurt se estiró cuando largo era y alcanzó a desviar el balón con la punta de los dedos, otorgando un tiro de esquina a los muniqueses. Con excepción del guardameta, todo el Bayern Múnich entró al área rival para tratar de rematar. En el saque, que cobró Levin, Schneider fue quien saltó más alto que los demás para conectar el balón con la cabeza y meterlo de lleno en la meta del Frankfurt. El estadio se vino abajo ante el grito que resonó al unísono en todas las gargantas.

- ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!.- aulló Lehmann a todo pulmón.- ¡Nuestro Káiser alemán ha anotado el empate con un espléndido remate de cabeza! ¡Karl Heinz Schneider se convierte en el primer jugador de la Bundesliga en anotar en doce partidos jugando como local y en siete partidos consecutivos en general! ¡Grande, Schneider!

- ¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!.- Elieth gritó y saltó cual gata emocionada, después de tomar la fotografía del gol de Schneider.- ¡Bien hecho, mi Emperador, sabía que lo lograrías!

- ¡Bien hecho, Karl!.- Rudy Frank vociferó también.- ¡Así se hace!

Pero el festejo de la afición, de la banca y de los diez jugadores del Bayern Múnich se vio opacado por el hecho de que Karl, después de rematar, quedó tumbado en el suelo, retorciéndose del sufrimiento. Al parecer, un jugador rival le cayó encima y le aplastó el hombro, ocasionando que el dolor estallara en ramalazos que le nublaron la vista durante unos minutos.

- ¡Servicio médico!.- gritó Rudy Frank, angustiado.- ¡Vayan a ver qué sucede!

- ¡Müller, Fisher, vayan de inmediato!.- ordenó el doctor Stein mientras Lily y Sho se ponían en pie de un salto.

- ¡Árbitro, servicio médico!.- exclamó Levin, a su vez.- ¡Schneider está lesionado!

El árbitro se acercó y al ver que Schneider no se levantaba, permitió que entraran los integrantes del cuerpo médico para atender al joven. Sin embargo, Karl se recuperó antes y consiguió ponerse en pie, aunque el dolor del hombro era tan intenso que comenzó a caminar hacia el borde del campo.

- ¡Maldita sea, no debí dejarlo jugar!.- gritó Elieth, echando a andar hacia la banca del Bayern.- ¡Thomas, quédate al pendiente, por favor! Voy a ver cómo está Schneider.

- Como digas, jefa.- se mofó Braun, de buen humor.

Schneider llegó al fin a los límites del campo, seguido por Müller y Fisher; ellos, el doctor Stein y Lily se dispusieron a atender al muchacho, quien sabía que le iba a caer una buena cuando el entrenador lo encontrara a solas.

- ¿Cómo sientes el hombro?.- preguntó el doctor Stein mientras lo revisaba.- ¿Duele si hago esto?

- Sí.- asintió Karl, apretando los dientes; había llegado la hora de dejar de fingir.- Me molesta más de lo que quiero admitir.

- Hmmmm.- el doctor Stein consideró las opciones y se hizo a un lado para que Lily revisara a Karl también y tuviera la oportunidad de aplicar lo aprendido.- No creo que sea prudente que continúes jugando.

- Haga lo que considere más conveniente, doctor.- dijo el entrenador Schneider.

- Lily, ¿podrías dar el aviso, por favor?.- pidió el doctor Stein.

- Sí, doctor.- contestó la muchacha.

La doctora se acercó al límite del campo y cruzó los brazos por encima de su cabeza, en la señal que indicaba que el jugador lesionado no era apto para volver al juego. El árbitro entonces autorizó el cambio y Rudy Frank le indicó a Minba que tomara el lugar de Schneider.

- Lo hiciste muy bien, felicidades.- le dijo Rudy Frank a Karl.- Ya eres el mejor goleador de la Bundesliga, estoy muy orgulloso. Ya después hablaremos sobre tu lesión.

- Gracias.- Karl por fin pudo esbozar una sonrisa.

El doctor Stein consideró que la lesión podría ser tratada por Lily y dejó que Müller y ella acompañaran a Schneider a la enfermería mientras él permanecía en la banca al lado del entrenador. Sho, por pura ociosidad, preguntó si podía seguirlos también y el entrenador no tuvo inconveniente. En la enfermería, Karl se dejó caer en la camilla mientras Lily consideraba cuál sería el mejor tratamiento a aplicar.

- En mi país, cuando teníamos un problema así, aplicábamos acupuntura.- comentó Sho, como quien no quiere la cosa.- Pero los médicos occidentales son muy reacios a aceptar la medicina oriental.

- ¿Acupuntura?.- Karl enarcó las cejas.- ¿Eso realmente funciona?

- Oye, es una disciplina ampliamente aceptada y documentada en China.- contestó Sho, fingiendo sentirse ofendido.- A mí me ha funcionado en muchas ocasiones, me ha calmado el dolor y me ha permitido continuar jugando a pesar de las lesiones. Deberías de probarla alguna vez, si el doctor Stein y Doña Perfecta no me queman en leña verde por aplicar algo que ellos consideran que es brujería.

- Oye, que yo nunca he dicho que la acupuntura sea brujería.- reclamó Lily, enojada.

- Y yo nunca dije que tú fueras Doña Perfecta.- Sho sonrió con burla.

Lily, por respuesta, le aventó una bata médica, que el joven no pudo esquivar por estarse riendo. Karl, quien también se carcajeó, tuvo curiosidad de saber más sobre la acupuntura.

- Sí recuerdo que ésa fue una de las cosas que escuché de ti durante el Mundial Sub-19, Sho, que practicas acupuntura.- comentó Karl, mientras Sho se quitaba la bata de la cara.- A pesar de que China no clasificó, se decían muchas cosas de ti.

- Eso no me sorprende, siempre soy el centro de atención.- presumió el chino.- Aunque no sabía que estabas enterado de mis habilidades en ese tema.

- Claro que estoy enterado. ¿De verdad con ese sistema podías regresar a jugar a pesar de estar lastimado?.- quiso saber el alemán.

- No estoy pintada, ¿eh?.- protestó Lily.- Ni creas que vamos a autorizar que regreses a jugar.

- No pensaba volver, en serio.- replicó Schneider.- Pero me da curiosidad saber qué tan efectiva es la acupuntura.

- Pues éste es un buen momento para probarlo ya que tu lesión no es grave, te ayudaría a controlar el dolor.- sugirió Sho.- Por supuesto, necesitaría la aprobación de la doctora, no quiero que después el entrenador o el doctor Stein me castiguen de por vida.

- ¿Qué dices, Lily?.- le preguntó Karl.- ¿Estás de acuerdo?

- Hmmmm.- la doctora frunció el ceño.- No lo sé. No es que considere que la acupuntura sea una especie de práctica vudú pero no estoy convencida de sus propiedades.

- No le hará daño, eso te lo puedo asegurar.- dijo Sho.- En todo caso, a lo más perderemos el tiempo y si a Schneider no le funciona, le aplicas tu tratamiento y ya.

- ¿Tú qué opinas, Müller?.- cuestionó Lily al enfermero, quien había permanecido callado pero atento a todo lo que se decía, prácticamente sólo le faltaban las palomitas de maíz.

- A mí me interesaría saber cómo funciona.- respondió Müller.- En este momento usted es la de más alto rango, doctora, así que usted decide. Yo no pienso contárselo ni al entrenador ni al doctor Stein, en caso de que acepte.

- Bueno, está bien.- cedió Lily, más por curiosidad que por otra cosa.- Enséñanos tu técnica milenaria aunque no creo que tengamos kits de acupuntura por aquí.

- No te preocupes, yo siempre llevo el mío a donde quiera que voy.- Sho levantó su pulgar derecho.- Esperen aquí, no tardo.

Cuando Sho abrió la puerta de la enfermería se encontró con Elieth, quien estuvo a punto de tocar. Al parecer, la chica había usado su pase de acceso total que le confirió el Bayern por ser su corresponsal para llegar a la enfermería sin que alguien la detuviera. Elieth casi empujó a Sho para entrar y buscar a Schneider, quien sonrió ampliamente al verla.

- ¡Ah, el amor!.- se burló Shunko.- Hace que todos nos convirtamos en objetos que estorban.

- Ni te burles que tú estás igual o peor con Nela, no creas que no nos hemos dado cuenta.- replicó Elieth.

Sho soltó una carcajada alegre antes de salir, cerrando la puerta tras de sí. Elieth se acercó entonces a Karl para darle un beso rápido, con mucho cuidado para no lastimarlo.

- ¿Estás bien, Karl?.- preguntó ella.- ¿Te has hecho daño?

- Más de lo que me gustaría.- reconoció Schneider, tras suspirar.- Pero no es algo serio, ¿verdad, doctora?

- En teoría, no.- Lily frunció el ceño.- Pero me sorprende que de la nada te hayas vuelto a lesionar, pensé que ya estabas recuperado.

Karl y Elieth intercambiaron miradas culpables, que Lily alcanzó a percibir a pesar de lo mucho que trataron de evitar que Müller y ella lo notaran. La doctora suspiró resignadamente al entender qué había sucedido en realidad.

- Has estado teniendo molestias y no nos dijiste, ¿cierto?.- bufó Lily.

- No me culpes, tú sabes que estaba buscando romper los récords de anotaciones consecutivas y si no jugaba este partido iba a perder la oportunidad.- Karl puso cara de disculpa.- No creí que sería tan grave.

- Yo lo sabía, Lapinette, lo siento.- se excusó Elieth.- No te lo conté porque quería que Karl rompiera esos récords.

- No te lo dijo porque yo se lo pedí.- la cortó Schneider.- No te molestes con ella, el de la culpa soy yo.

- Los dos tuvieron su dosis de culpa.- replicó Lily.- Debería de decírselo al entrenador Schneider para que los castigue, otra vez, pero no sé qué ganaría con eso. De todos modos lo hecho, hecho está, y tú ya eres el máximo goleador histórico de la Bundesliga, Karl.

En ese momento regresó Sho con su kit de acupuntura y se dispuso a aplicar el tratamiento a Schneider; mientras el chino preparaba las agujas, Lily le explicó a Elieth qué era lo que iban a hacer. Müller estaba interesadísimo y se puso a hacerle preguntas al chino, quien no tuvo reparos en explicar su arte. Después de un rato, Karl tenía el hombro cubierto por finas agujas que Sho fue colocando con la precisión de un cirujano.

- ¿Y de verdad eso funciona?.- preguntó Elieth, asombrada.- No vaya a ser que en realidad le estás haciendo vudú.

- Si a esas vamos, el vudú es más falso aún.- replicó Lily, aunque se corrigió.- Sin ofender, Sho.

- Ya estoy acostumbrado a que los médicos occidentales menosprecien la medicina tradicional china, ya te lo dije.- Shunko se encogió de hombros.- Sólo te pido que abras un poco tu mente.

- ¿En dónde aprendiste a hacer esto?.- quiso saber Schneider quien, quizás por sugestión, quizás por otra cosa, comenzó a sentir cierto alivio.

- Mi abuelo se ha dedicado a esto toda su vida.- respondió Sho, con orgullo.- Él me enseñó a curar mis lesiones de esta manera en cuanto supo que mi idea de ser futbolista profesional iba en serio.

- Tu abuelo es un estuche de monerías, ¿eh?.- sonrió Lily.- A ver cuándo se nos hace conocerlo.

- Pronto sucederá.- aseguró Sho, continuando con su labor.

Después de un rato, el dolor que Karl sentía disminuyó en gran medida; Sho estaba muy complacido con el resultado, sobre todo porque Lily y Müller estaban bastante sorprendidos y le preguntaban a Schneider, una y otra vez, si no estaba fingiendo para hacer sentir bien a Sho.

- No sé si tenga algún componente psicológico pero de que sirve, sirve.- dijo Schneider.- El dolor bajó a un punto en el que casi no lo noto.

- Por supuesto, esto es temporal.- señaló Sho.- Deberás seguir el tratamiento estándar de los médicos del equipo, Schneider, porque la acupuntura calma el dolor pero no quitará la lesión principal.

- Eso me queda bastante claro.- replicó el alemán.- Ni el doctor Stein, ni el entrenador ni Lily me lo van a dejar pasar.

- ¿Será que ya habrá acabado el partido?.- Elieth consultó su reloj.- Quizás debería ir a ver, ya no tengo algo qué hacer aquí.

- Te acompañaríamos pero lo mejor será que esperemos aquí hasta que finalice el encuentro.- dijo Lily.- El doctor Stein querrá revisar a Karl más tarde.

- No te preocupes, no quiero interrumpir tu trabajo, Lapinette.- Eli sonrió.- Sólo cuida bien de Karl, por favor.

- ¿Te veré esta noche?.- preguntó Karl, a su vez.

- Por supuesto.- la francesa le guiñó el ojo.

Lily desvió la mirada, entristeciéndose repentinamente; Sho lo notó y lamentó el no poder decir algo que la confortara aunque al pasar junto a ella le apretó el hombro para darle ánimos, un gesto que Lily agradeció en silencio.

Cuando Elieth salió del túnel para ver cómo iba el encuentro, se sorprendió al descubrir que el Bayern había conseguido darle la vuelta al marcador y que estaba por ganarle al Eintratch Frankfurt por 2 goles a 1. Al reanudarse el partido tras la salida de Schneider, Stefan Levin se puso a la cabeza del ataque y guio sus compañeros de manera muy certera hacia la portería rival, dispuesto a sacar provecho del empate que tanto trabajo le costó a Karl obtener. Al minuto 87 de juego, en el cobro de un tiro libre, Levin vio sus esfuerzos recompensados al anotar un gol con un disparo espléndido que puso al Allianz Arena de rodillas. No quedaba duda de que el sueco sería un buen sustituto para Schneider cuando éste tuviera que ausentarse pues, a pesar de no contar ni con el alemán ni con Sho como apoyo, supo capitanear al equipo para llevarse otra victoria.

- Es una lástima que me lo haya perdido, seguro que esa remontada estuvo muy buena.- suspiró Elieth.- Levin ha jugado a lo grande, por lo que se ve. Espero que Thomas haya sacado buenas fotos.

En el hospital, Débora vio con mucha emoción cómo Stefan conseguía la victoria para su equipo y se sintió muy orgullosa de él. Algo había cambiado radicalmente en el joven, de haber tenido problemas para encontrar el gol, a últimas fechas Levin había vuelto a ser la letal máquina goleadora sueca que solía ser.

- Ese Stefan Levin es un jugadorazo.- comentó un anestesiólogo ya entrado en años.- El suyo fue un gol bien encajado, el portero nunca tuvo oportunidad.

- Es bueno saber que ha encontrado su rumbo otra vez.- replicó un cirujano.- Por un momento llegué a creer que el Bayern iba a prescindir de él por lo mal que estuvo jugando. Quién sabe qué fue lo que lo ayudó a recuperar su nivel.

Débora, por supuesto, estaba lejos de pensar que el motivo por el cual Levin había reencontrado el rumbo era ella, pero estaba a un par de noches de descubrirlo.

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Nankatsu.

Genzo tuvo una sensación agridulce al regresar a la ciudad que lo vio nacer. Le sorprendió y agradó a partes iguales el descubrir que, en realidad, la ciudad no había cambiado, que seguía siendo la de siempre con uno que otro toque de modernidad que no hacía una gran diferencia. Desde que se marchó a Alemania, Wakabayashi había regresado a Nankatsu en contadas ocasiones y la mayoría de las veces fue por relativamente poco tiempo, así que en cierto modo le parecía extraño darse cuenta de cuánto se había acostumbrado a la vida en Alemania, tan diferente a la que se llevaba en su país natal.

- Estás más callado que de costumbre, Genzo.- señaló Mikami.- Aunque no debería de sorprenderme, debes de sentirte presionado por esta situación.

- Estoy intranquilo, ciertamente.- admitió el portero.- Pero no por mí, sino por ella… No creí que alguna vez tendría que justificar ante alguien el por qué he decidido estar con ella y mucho menos pensé que ese alguien sería mi padre.

- Ésta es una situación que nadie se esperaba.- admitió Mikami.

Al llegar a la mansión Wakabayashi, Genzo fue recibido en la entrada principal por la servidumbre, como solía suceder cada vez que él regresaba a Japón. En las veces anteriores se lo tomó como algo normal pero en esa ocasión no pudo evitar pensar que Lily se reiría muchísimo por eso, sin duda que se burlaría de él por su situación de niño rico privilegiado.

- Joven Genzo, es un gusto tenerlo de vuelta.- le dijo Majime, la ama de llaves que había estado al servicio de los Wakabayashi desde hacía muchos años, mientras hacía una reverencia.- El señor me ha pedido que le diga que está esperándolo en la biblioteca.

- Gracias, Majime.- respondió Genzo, con seriedad.

El joven decidió no perder más tiempo y se dirigió a la biblioteca, cuya puerta estaba entornada. Genzo tocó por cortesía y le respondió un sonoro "¡Adelante!", dicho por la gruesa voz de su padre. Al entrar, el portero vio, sentado en una poltrona, a un hombre que se parecía tanto a él que no quedaba duda de que eran padre e hijo. Akira Wakabayashi, contrario a lo que Genzo esperaba, se puso en pie para abrazar con fuerza a su hijo.

- Bienvenido a casa, Genzo.- dijo Akira.- No sabes el gusto que me da verte otra vez, hijo, a pesar de que tus últimas acciones me han molestado mucho.

"Bien, llegó el momento", pensó Genzo, resignado. "Que comience el espectáculo".

Notas:

- Aunque sí es verdad que Sho practica la acupuntura, no se sabe quién le enseñó así que su abuelo me parece una buena opción.

- Oficialmente, Robert Lewandowski y Gerd Müller son los únicos que han anotado por lo menos un gol en seis partidos consecutivos en general en la Bundesliga, siendo éste el máximo récord logrado hasta la fecha. Así también, Robert Lewandowski y Jupp Heynckes son los únicos futbolistas que han conseguido meter un gol en once partidos consecutivos jugando como locales. De aquí que Schneider haya roto ambos récords al anotar en siete partidos consecutivos en general y en doce partidos consecutivos como local. Esto, al igual que el encuentro entre el Bayern y el Frankfurt, me lo he inventado para poder continuar desarrollando la historia de los personajes no japoneses de este fic.