Capítulo 40.
Múnich.
Cuando el partido concluyó, lo primero que hizo Rudy Frank fue acudir al consultorio del Allianz Arena para verificar las condiciones de salud de su hijo. El doctor Stein, por su parte, ya había corroborado que al joven se le hubiese atendido correctamente y Karl esperaba sentado en la camilla, con su traje deportivo puesto por encima del uniforme y una expresión de infantil preocupación en la cara. Al verlo, Rudy Frank recordó las épocas en las que Karl era un niño y estaba aprendiendo a jugar fútbol, cuando cualquier herida podía curarse con un abrazo de papá y un beso de mamá. Ahora, Karl Heinz ya era futbolista profesional y sus lesiones siempre serían cosa seria, lesiones que además de todo no se curarían únicamente con besos y caricias (no con las de sus padres, al menos).
- ¿Cómo te sientes, Schneider?.- Rudy Frank se comportó de acuerdo a la situación y trató de manera más formal a su hijo.
- Mejor, entrenador.- respondió el joven, muy serio.- Lamento haberle causado este inconveniente.
- No debes preocuparte por eso, el Bayern cuenta con jugadores de primer nivel que pueden seguir el paso sin su líder.- respondió el hombre.- Por eso es que somos un equipo fuerte.
- Lo sé bien.- Karl esbozó una pequeña sonrisa.- Ya me ha avisado el doctor Stein que ganamos por 2 goles a 1 gracias a Levin.
- Después hablaremos del resultado del partido.- asintió Rudy Frank.- ¿Qué opina usted, doctor Stein? ¿Considera que es necesario hacerle más pruebas a Schneider?
- Podría encargarle una tomografía pero no de manera urgente.- contestó el galeno.- Sería para verificar que no haya lesiones en las estructuras de la articulación del hombro aunque no creo que sea así. Se la programaré para la siguiente semana, no es indispensable que se le realice ahora mismo.
- Como usted ordene, doctor.- aceptó el entrenador; de reojo, vio que Sho y la doctora Del Valle parecían discutir en susurros sobre algún tema.- ¿Qué tratamiento se debe seguir ahora, doctor?
- Schneider continuará con medicamentos para el dolor y reiniciaremos las terapias de rehabilitación.- explicó el doctor Stein.- Y será mejor que permanezca en la banca durante uno o dos partidos, dependiendo de su evolución.
- ¿Es broma? ¡Dos partidos es demasiado!.- protestó Karl.- Entiendo que sea uno pero no dos, doctor, los encuentros clasificatorios de la Champions están a la vuelta de la esquina y...
- Considerando que Schneider no es capaz de avisar cuando está lastimado ni sabe ponerse límites, dejarlo en la banca es la mejor opción.- Rudy Frank interrumpió a su hijo, mirándolo de una manera tan severa que éste se calló al instante.- Por fortuna, sigo siendo yo quien toma esas decisiones.
Karl no se atrevió a decir algo más y agachó la cabeza, mientras que el doctor Stein se limitó a reprimir una sonrisa. Lily y Sho habían dejado de discutir y miraban al acusado con cierta burla, como si ambos estuviesen esperando a que el entrenador interviniera en una cuestión tan delicada.
- Bien, si ya no hay otra cosa por hacer con respecto a tratamiento, les voy a pedir de favor que me dejen a solas con mi hijo.- continuó el señor Schneider.
- Por supuesto, jefe.- dijo Sho, de buen humor.- No lo vaya a golpear demasiado.
- Al contrario, dele duro para que deje de comportarse como tarado.- replicó Lily.- Con todo respeto, entrenador.
- Si no se van ahora mismo también los castigaré a ustedes.- replicó Rudy Frank fingiendo severidad, lo que ocasionó que los otros estallaran en carcajadas.- Doctor Stein, le encargo que dé parte correspondiente a la prensa a través de un comunicado oficial.
- Así se hará.- respondió el galeno.
El doctor Stein y Müller fueron los últimos en irse y se aseguraron de cerrar la puerta del consultorio al salir. Desde fuera llegaban los murmullos de los reporteros, jugadores y demás personal del lugar, muchos de los cuales seguramente esperaban saber cómo estaba el Káiser tras sus logros obtenidos. La primicia, por supuesto, la tendría la corresponsal oficial del Bayern Múnich, quien en esos momentos se encontraba entrevistando a Stefan Levin. Una vez que se quedaron a solas, Rudy Frank dio un par de vueltas frente a la camilla, sin mirar a su hijo, mientras que Karl continuaba con la cabeza agachada, esperando a que su padre/entrenador soltara su reprimenda.
- Felicidades por tus triunfos, Karl Heinz, estoy orgulloso de ti.- para sorpresa de Karl, Rudy Frank inició con un halago.- Eres el mejor jugador de la Bundesliga y vas en camino a convertirte en el mejor de Alemania; sé bien que tienes la capacidad de llegar muy lejos y me lo has demostrado hoy, lo has hecho muy bien.
- Gracias, entrenador, en gran medida se lo debo a usted.- Karl alzó la cabeza y sonrió.- Gracias a ti, papá.
- El crédito es todo tuyo, hijo, pero sabes también que has cometido un grave error.- continuó el hombre.- No debiste jugar lesionado, aun cuando este partido fuese importante para tus récords. Ninguna marca, ningún trofeo, ningún campeonato es más importante que tu salud, pensé que eso ya te había quedado en claro. En vez de eso, cometiste la imprudencia de salir al campo con dolor, ¿qué habría pasado si te hubieses dislocado el hombro? Tendría que darte de baja durante meses y eso habría ocasionado que perdieras el resto de la Bundesliga, la DFB-Pokal y la Champions League. Después de todo lo que te has esforzado por llegar tan lejos, ¿crees que está bien el arriesgar tanto por dos simples récords?
- Lo siento, entrenador.- Karl volvió a ponerse serio.- Estoy consciente de que hice algo que no debía; mi única justificación es que temí que usted me sacara de la titularidad para este partido si le decía la verdad y perder así mi posibilidad de anotar y romper esas marcas.
- No te habría puesto en el once inicial, es verdad, pero pude haberte hecho entrar de recambio en el segundo tiempo.- el entrenador Schneider suspiró.- Yo también estaba al pendiente de tus récords, como entrenador que soy habría encontrado la manera de proteger tu salud y ayudarte a conseguir tus metas. Somos un equipo, no se te ocurra volver a olvidarlo otra vez.
- Lo siento, papá.- se disculpó el joven una vez más.- De verdad que creí que no era algo serio.
- Eso pensamos todos siempre, hasta que el más mínimo golpe nos manda al hospital con alguna extremidad enyesada por culpa de una lesión que "no creímos que era seria".- lo amonestó el hombre.- Tienes que estar consciente de que tu carrera deportiva está supeditada a tu estado de salud y que si no cuidas tu cuerpo vas a terminar como Genzo Wakabayashi, perdiendo una temporada completa y arriesgándose a un retiro prematuro por culpa de una mala tendencia a jugar lesionado.
- Lo sé bien.- Karl sonrió a medias.- No tienes que llegar a esos extremos para que te entienda, papá.
- Bien, no vale la pena seguir discutiendo sobre eso.- Rudy Frank se sentó en un banco metálico frente a su hijo.- No sólo vine para hablar sobre tus marcas y tu lesión, Karl Heinz, hay otro tema urgente y espinoso por tratar.
- ¿Qué pasa?.- Schneider hijo se sorprendió.- ¿Ha pasado algo con nuestra familia? ¿Mamá, Marie, Eva?
- No, ellas están bien.- negó Rudy Frank.- Es sobre Hedy Lims y la Paulaner.
- ¡Ah!.- Karl hizo una mueca.- ¿Qué es esta vez? ¿Esa mujer está planeando ir a otro entrenamiento o la cervecera quiere grabar más comerciales con nosotros?
- Ninguna de las dos cosas.- Rudy Frank lucía incómodo.- De alguna manera ella convenció a algún alto ejecutivo de la Paulaner de que nos presione a nosotros para que le consigamos una cena exclusiva con uno de nuestros jugadores.
- ¿Cómo es eso posible?.- Karl enarcó ambas cejas, asombrado.- Eso no forma parte del contrato de patrocinio, ¿o sí?
- No directamente pero sí puede presionar si logra hacerlo pasar como "promoción".- bufó Rudy Frank.- Es una cláusula legal que se puede tomar a libre interpretación y en cierto modo nos ata de manos.
- ¿Con quién está acostándose esa mujer para tener ese poder?.- cuestionó Karl, estirándose en la camilla.- Ese dominio no lo tiene ni Ángela Merkel.
- No tengo idea de cómo es que Lims ha podido llegar tan lejos en sus influencias.- Rudy Frank escogió con cuidado sus palabras.- Pero la razón por la que estoy diciéndote esto no es porque me interese averiguar qué hilos ha movido esa "señorita" para conseguir sus objetivos sino el hecho de que el jugador con el que ella quiere tener esa cena eres tú.
- ¿QUÉ COSA?.- de la impresión, Karl se cayó de la camilla aunque alcanzó a aterrizar sin problemas.- ¿Es una broma? ¡Dime que es una broma!
- No. ¡Ojalá lo fuera!.- replicó el entrenador, exasperado.- Hedy Lims ha convencido a la Paulaner para que nos presione a obligarte a tener una cena contigo en el Vendôme, Karl Heinz. Créeme que hice todo lo que estuvo en mi mano para negarme pero la indicación ha venido directamente desde Rummenigge.
- ¡Y en el Vendôme!.- bufó Karl.- ¿Qué otra cosa quiere la señorita, que la lleve en limosina? No, entrenador, perdóname pero me niego rotundamente a salir a cenar al mejor restaurante de toda Alemania con una modelo desquiciada y necesitada de atención. Puedes decirle a mi tocayo Rummenigge que puede venderme al Friburgo si lo desea pero que no acepto su imposición. ¡Uno debería de poder decidir con quién salir a cenar!
- Lo siento de verdad, Karl Heinz.- el entrenador se veía entre deprimido y resignado.- Pero no tienes opción. No se trata de que el presidente del club te traspase por mal comportamiento, es que te puedes enfrentar a una demanda legal si no aceptas y tú sabes muy bien qué es lo que les sucede a los futbolistas que tienen problemas legales.
- Sí, lo sé.- Karl se llevó las manos a la cabeza; un futbolista con líos legales se arriesgaba a rebotar de aquí para allá, como una ficha indeseable, entre clubs de baja categoría dado que los grandes equipos se negarían a contratarlo.- ¡Esto no puede estarme sucediendo! A duras penas he conseguido que Elieth Shanks confíe en mí, ¿cómo crees que va a tomarse este asunto? ¡Va a pensar que sólo estuve jugando con ella! No quiero salir con Hedy Lims, no voy a arriesgar los avances que he tenido con la mujer que amo por culpa de una tipa sin dignidad.
- Yo tampoco estoy de acuerdo con esto.- Rudy Frank sonrió para sus adentros al confirmar que su hijo sí estaba saliendo con la reportera de Sport Heute.- Pero tendré que buscar a un abogado para que analice si hay posibilidad de que te niegues sin meterte en problemas.
- ¿Y crees encontrarlo antes de que llegue la fecha de la dichosa cena?.- cuestionó Karl.- ¿Cuándo se supone que debo pasar por esa tortura?
- No hay aún una fecha específica.- contestó Rudy Frank, quien se levantó del banco para volver a pasear de un lado a otro.- Dame el beneficio de la duda, voy a ver qué puedo hacer para evitarlo. Ahora que me has confirmado que estás saliendo con la señorita Shanks, lo mínimo que puedo hacer es tratar de ayudar a mi hijo a conservar su noviazgo.
- No quería que te enteraras así.- Karl se ruborizó; no se había dado cuenta de que la frustración lo hizo hablar de más.- En teoría está prohibido que esté con ella, ¿no es así?
- No debería.- negó el entrenador, jugueteando con un frasco lleno de abatelenguas.- Pero como lo ha dicho Leonardo Del Valle, sería nepotista de mi parte el aceptar abiertamente esa relación así que procuren ser discretos. E invita a la señorita Shanks a comer a la casa, que tu madre me lo ha estado exigiendo desde hace meses.
- Si consigo que no me mande al Infierno por lo de Hedy Lims, seguro que lo haré.- Karl se sentía derrotado; la emoción de haberse convertido en el mejor jugador de la Bundesliga se había esfumado en parte.- Me serviría mucho si Karl Heinz Rummenigge me enviase un comunicado oficial en donde dé la orden que acabas de decirme.
- Sabes que eso no es posible porque esta cena es algo "extraoficial".- Rudy Frank volvió a sonreír.- Pero de que consigo a un abogado, lo consigo. Si te sirve de algo, puedo mantenerlo en secreto para que la señorita Shanks no se entere.
- Me servirá de mucho, gracias.- el joven alemán se frotó con fuerza los ojos.
Y ahora, ¿cómo iba Karl a explicarle a Elieth el asunto de la cena con Hedy Lims sin crear la Tercera Guerra Mundial? En teoría, la francesa debería de aceptar que el problema no era culpa de Karl pero éste sospechaba, pues conocía bien a su chica, que ella no se lo tomaría tan a la ligera y que incluso existía la posibilidad de Elieth volviera a creer que el Káiser sólo quiso jugar con ella.
"Para el siguiente comercial de la Paulaner, me aseguraré de mantenerme bien alejado de la modelo, se trate de quien se trate", pensó Karl. Tan enojado estaba que ni siquiera notó que había vuelto a punzarle el hombro.
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Hamburgo.
Kaltz se sentía inmensamente feliz y no era para menos. Aunque Bárbara ya había regresado a Múnich, a él seguía quedándole el recuerdo de la noche que pasó con ella, noche en donde Bárbara pudo comprobar que los rumores que se corrían sobre Kaltz eran ciertos.
La fotografía y el mensaje que Bárbara subió a sus redes sociales superaban el millón de favoritos; amigos de ambos, entre los que se incluían Schneider y Wakabayashi, habían dejado comentarios de apoyo y felicitación, en una cadena que se iba extendiendo cada vez más. Bárbara, en vez de sentirse feliz, estaba un tanto molesta por la hipocresía del ser humano.
- No lo digo por nuestros amigos sino por aquéllos que hace apenas unas semanas me tiraban mierda y ahora me desean lo mejor.- protestó la pelirroja.- De verdad que la gente puede llegar a ser muy hipócrita.
- No les prestes atención a esas personas, Babs.- le aconsejó Hermann, con suavidad.- Es precisamente el haberles dado tanta importancia a sus palabras lo que nos llevó al primer problema.
- Sí, tienes razón.- ella le sonrió con ternura, de esa manera que estaba destinada sólo a él.
El día en el que Bárbara fue a buscar a Kaltz para confesarle que lo amaba, ella se quedó a mirar el resto del entrenamiento, ocultándose entre la multitud de fans que acudieron para animar a los jugadores. Al finalizar, Kaltz la llevó a recorrer Hamburgo, en un día que los hizo felices a ambos gracias a su recién reconocido amor. Tanto Bárbara como Hermann inundaron sus cuentas de Instagram y de Facebook con las muchas fotos que se tomaron en cada parada, incluyendo ésa en donde aceptaron su relación. Cuando comenzó la puesta de sol, Kaltz se preguntó qué debía hacer, Bárbara no habló de marcharse a su hotel para verlo al día siguiente así que no sabía a dónde llevarla; no fue sino hasta que él se animó a preguntárselo directamente que la pelirroja confesó su dilema.
- No hice reservación en ningún hotel.- aclaró Bárbara, ofuscada.- Como no sabía si ibas a aceptar verme pues no quise gastar inútilmente así que supongo que dormiré en la Estación de Trenes.
- Sabes que eso no será necesario.- Kaltz se rascó la cabeza.- Puedo llevarte a mi departamento.
- No quería forzarte a ello.- Bárbara enrojeció al recordar las palabras de esa chica que quería comprobar si Kaltz estaba bien dotado.- Digo, no quiero que pienses que…
- No pienso nada.- la interrumpió él, tan atontado como ella.- Yo dormiré en la sala.
No durmió en la sala, por supuesto. Ni tampoco durmió, para fines prácticos. Ambos eran jóvenes y libres y estaban enamorados, el mundo entero podía irse al carajo con todo y sus malditos prejuicios. Bárbara quedó tan sorprendida y satisfecha que se preguntó por qué carajos perdió tanto tiempo con imbéciles que no sabían tratarla cuando siempre tuvo destinado a un hombre dulce y amable que sí sabía comportarse en la intimidad. Al día siguiente repitieron la fórmula, antes de que Bárbara tomara por la noche el tren de regreso a Múnich. Al despedirse, Kaltz le regaló un dinosaurio Hermann de peluche, al cual le estampó su firma en la pequeña etiqueta que anunciaba de qué material estaba hecho, y Bárbara le dejó un anillo metálico que siempre solía llevar en su dedo anular. Fue un intercambio cursi y sincero de regalos que sólo tenían significado para alguien que verdaderamente estuviera enamorado. Al día siguiente de la partida de Bárbara, feliz porque los acosadores parecieron esfumarse de la noche a la mañana, Kaltz se presentó al campo de entrenamiento del Hamburgo luciendo el anillo metálico en el meñique izquierdo, que era el único dedo en donde le cabía.
Parecía que ese día sería como cualquier otro, un entrenamiento en donde se resentiría la ausencia de Wakabayashi (su suplente, Schwaizer, era bueno pero jamás estaría a su nivel), hasta que Kaltz vio a un corro formado por algunos de sus compañeros, en el centro del cual se encontraba Ëkdal; el noruego llevaba su Smartphone en la mano para enseñarles algo a los demás, quienes no se veían precisamente muy felices.
- ¿Qué ocurre?.- preguntó Kaltz, más por curiosidad que por otra cosa.- ¿Qué traes ahí que tienes interesado a todo mundo, Ëkdal? Es de mal gusto traer pornografía en el teléfono, ¿nadie te lo ha dicho?
- No es pornografía.- la sonrisa de Ëkdal era de franca burla.- Sólo estoy mostrando cuánto le duró el amor a Wakabayashi por su novia.
- ¿Qué?.- el alemán no entendió.- ¿De qué hablas?
- De esto.- Ëkdal le mostró la pantalla del Smartphone.
En ella se veía la fotografía que Genzo Wakabayashi se había tomado con Gino Hernández después del partido entre Japón y Nigeria; Kaltz ya la había visto y por tanto sabía que no había algo ahí que pudiera apoyar las palabras de Ëkdal, así que le lanzó una mirada de desdén a su compañero.
- Ya no hallas qué inventar, ¿verdad?.- cuestionó Kaltz.- Ésa es sólo una fotografía de dos de los mejores porteros del mundo.
- Mira bien lo que dice el pie de página.- insistió Ëkdal.- "Los dos mejores guardametas del planeta, reunidos tras el encuentro amistoso entre Japón y Nigeria, acompañados por sus respectivas parejas".
Kaltz se sobresaltó al leer el mensaje. Efectivamente, ése era el pie de foto que aparecía pero estaba traducido de manera automática del japonés, idioma en el que estaba escrita la nota y que era el motivo por el cual Hermann no le prestó atención la primera vez que vio la imagen. Sin embargo, que la fotografía dijera que Wakabayashi y Hernández estaban reunidos con sus parejas no significaba que fuese verdad. Ciertamente había dos chicas detrás de ellos aunque parecían estar más de manera incidental que posando para la cámara; una de ellas era Erika Shanks, hermana mayor de Elieth Shanks y de quien se rumoraba que, efectivamente, era amante de Gino Hernández. La otra muchacha, sin embargo, no le resultaba conocida a Kaltz, se trataba de una joven asiática (seguramente japonesa), bonita, menuda y de pelo muy corto, quien portaba un uniforme de la JFA. Decir que esa chica era pareja de Wakabayashi sólo porque aparecía detrás de él en la foto era especular demasiado, sobre todo porque el pie de página podía estar erróneamente traducido o ser una confusión del reportero.
- ¿Y ésta es tu razón para decir que Wakabayashi tiene otra novia o que está engañando a la actual?.- Kaltz se echó a reír.- Qué desesperado estás, Ëkdal, hasta patético te ves.
- En eso tengo que coincidir con Kaltz.- dijo Boisler, de improviso.- No había querido meterme en este tema porque no es mi problema pero creo que se te está yendo de las manos, Ëkdal.
- ¿Qué quieres decir?.- el aludido se sintió ofuscado por la intervención del capitán del equipo.
- Que es incómodo que insistas en querer meterte con la novia de Wakabayashi.- respondió Boisler, muy serio.- Al principio pensé que lo tuyo eran simples ganas de buscarle camorra a Wakabayashi pero ahora que él ya no está, no entiendo por qué sigues queriendo buscar un motivo para fastidiar a su novia. Estás violando una regla que, si bien no está escrita, suele respetarse al pie de la letra entre los futbolistas, Ëkdal, y nada bueno vas a sacar de eso.
Todos sabían de qué regla estaba hablando Boisler: las novias y esposas de los compañeros de equipo no se miran ni se tocan, bajo ninguna circunstancia. Tus compañeros eran algo más que eso, eran amigos, camaradas, personas en quienes confiabas, en quienes te apoyabas, aliados con los que construías la meta de obtener un bien común, así que solía establecerse entre futbolistas un lazo diferente y único que era difícil de romper. Y cuando establecías una camaradería así, meterte con la mujer de tu compañero era algo impensable e imperdonable. Por supuesto, hubo contados casos en donde algún futbolista no respetó la regla y cortejó a la mujer de un compañero, lo cual acabó mal para el mujeriego. Si bien el adulterio no era motivo para deshacerse de un futbolista que rindiera bien en los juegos, los equipos rara vez conservaban durante mucho tiempo a alguien que había roto esa regla dorada. Sin embargo, por alguna rara injusticia de la vida, en el caso de Wakabayashi y Ëkdal fue el primero quien salió castigado por defender a su novia, un hecho que no tenía muy contentos a los demás jugadores del Hamburgo.
- Yo tampoco había querido meterme en eso pero harías bien en dejar en paz a Wakabayashi y a su novia.- terció Amaruso, incómodo.- No es agradable para nadie, Ëkdal, aunque Wakabayashi no esté para hacerte la bronca, no es bueno verte intentando crearle problemas por una estupidez. Ya déjalo ser y supéralo, que ella no es la única mujer en el planeta a la que puedes intentar conquistar.
- Ya madura, Ëkdal.- añadió Kaltz, con una sonrisa burlona.- Y mejor practica en tus pases que no queremos que corran a otro portero a causa de tu mala actuación.
De haber estado a solas con Kaltz, Ëkdal le habría buscado pleito pero no se atrevía a contrariar a Boisler, quien solía ser un capitán rudo si era necesario. Así pues, el joven decidió guardar su Smartphone y retirarse sin hacer mucho escándalo, consciente de que debía dejar de meterse con Wakabayashi delante de sus otros compañeros si no quería causarse líos.
"No sé qué carajos estás haciendo en Japón pero ojalá que tengas una buena explicación para ese pie de foto, Gen", pensó Kaltz. "Porque si tu doctora llega a saber la traducción, se te va a armar una buena".
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Nankatsu.
En el silencio que se hizo tras las palabras de su padre, lo primero que Genzo notó fue que el cabello de Akira encaneció aún más desde la última vez que lo vio. ¿Cuándo había sido eso? ¿Durante el Mundial Sub-19 o fue después? Genzo no lo recordaba bien pero tampoco era como si tuviera importancia. Sin embargo, ese nuevo mechón de canas blancas le dejaba muy en claro que el tiempo pasaba para todos, incluso para el gran empresario Akira Wakabayashi.
- Es bueno verte de nuevo, hijo.- dijo Akira, con cordialidad.- Te ves fuerte y sano, como siempre.
- Gracias.- Genzo no supo qué postura tomar. Su padre ya había hecho alusión al tema que quería tocar pero no sería él quien lo continuara.- Lamento no venir más seguido de visita pero mis ocupaciones no me lo han permitido, vivir del otro lado del mundo es bastante complicado.
- Dices lo mismo cada vez que vienes.- más que reclamo, el comentario de Akira parecía un dato dicho al azar por un aburrido locutor de noticias.- No es algo que realmente tenga relevancia, yo viajaba mucho por negocios y rara vez estaba en casa, pero eso para ti no es una novedad, desde niño lo sabes.
"En otras palabras, nunca me ha preocupado realmente si vas o vienes", pensó Genzo, reprimiendo una sonrisa irónica. "A menos que hagas algo que no me gusta, por supuesto".
- De cualquier manera no está de más el darte mis disculpas de cortesía, padre.- respondió Genzo.- Sobre todo porque me has hecho acudir hasta acá, pensé que ésa era tu forma de reclamarme por lo poco que he venido a verlos a mamá y a ti.
- Dejémonos de tonterías, Genzo, ya no le demos más vueltas al asunto.- replicó Akira, con cierto enojo.- Sabes que te hecho llamar por causa de esa noviecita tuya con la que no has tenido reparos en hacer escándalos en Europa. Tu nombre ha aparecido en periódicos de dudosa reputación a causa de ella, lo cual me parece totalmente imperdonable. Honestamente esperaba que todos mis hijos supieran cómo comportarse en un país extranjero, Shuichi y Keiji lo han hecho bien pero tú pareces no saber lo que es eso. ¡Besar a una chica en público! ¿A quién podría ocurrírsele? Seguramente eso fue idea de ella, ¿cuándo se ha visto que un japonés haga ese tipo de escenas frente a medio mundo? Es de franco mal gusto.
Akira decidió ocultarle a Genzo que si se enteró de ese suceso fue gracias a Keiji, quien era el que seguía las noticias sobre su hermano menor en los periódicos. Si no fuese por el segundo de los Wakabayashi, probablemente Akira no sabría siquiera que Genzo se consiguió una novia.
- Como siempre, estás bien enterado de las cosas pero de una forma errónea.- Genzo maldijo una vez más al reportero de Blind.- Ese beso no fue idea de ella sino mía y ninguno de los dos tiene la culpa de que existan reporteros que gustan de distorsionar la verdad para conseguir una primicia. Además, ése ha sido el único "escándalo" que la doctora y yo hemos protagonizado, no sé por qué tienes qué distorsionar las cosas hasta ese punto.
- ¿Y ésa pelea que tuviste en un entrenamiento con uno de tus compañeros?.- Akira lo miró desafiante, dándole a entender que a él no se le podían ocultar las cosas. Al parecer, Keiji se había entretenido contándole con lujo de detalles todos los problemas que Genzo tenía en Alemania.- ¿Me vas a decir que eso también fue una "distorsión de la verdad"?
- No.- el portero se puso serio.- Pero no es justo culpar a la doctora Del Valle por una decisión estúpida que tomé yo, basándome en mis impulsos masculinos más primitivos.
El joven estuvo a punto de preguntarle a su padre si nunca se había peleado a causa de su madre pero se contuvo, no sólo porque la idea resultaba ridícula e improbable sino también porque se acordó de que Mikami le aclaró que el matrimonio de los señores Wakabayashi fue arreglado. Si alguno de los dos sintió celos, seguramente no fue Akira.
- No entiendo.- Akira tomó, de un cenicero ubicado muy cerca de él, un puro encendido que despedía un aroma peculiar; ese olor llevó a Genzo de regreso a su infancia, a esas épocas donde su padre se encerraba en la biblioteca a fumar como desquiciado, en las pocas ocasiones en las que él estaba en casa.- No sé por qué habrías de pelearte por causa de una mujer sin que ella tenga la culpa.
"No, por supuesto que no lo entiendes", pensó Genzo, mientras se daba cuenta de que el aroma a puro, tan familiar en otros tiempos, ahora le provocaba náuseas a su cuerpo de deportista. "Si nunca te has enamorado no tendrás ni idea de lo que se siente tener celos…".
- No voy a discutir contigo mis acciones en el Hamburgo.- replicó el guardameta, ácidamente.- Mis peleas son mi problema, no es la primera vez que me agarro a golpes con alguien y probablemente no sea la última. ¿Por qué te molesta tanto ésta en particular? ¿Es porque fue a causa de ella?
- Es esa mujer lo que me molesta.- soltó Akira, sin más contemplaciones.- ¿Qué clase de persona hace que su "pareja" luche con otro hombre por su causa? No te respeta a ti ni se respeta a sí misma si gusta de crear líos entre dos hombres.
- No conoces a la doctora Del Valle, te sugiero que no hables tan a la ligera de ella.- Genzo se enojó pero trató de controlarse.- Créeme que lo que a ella más le sobra es la dignidad. Te lo diré una vez más, padre: ella no tuvo la culpa de esa pelea así que deja de insistir con ese punto. ¿Qué es lo que verdaderamente te molesta? ¿Qué tú creas que la doctora es la causa de mis "escándalos en Europa" o que ella no sea japonesa? Porque si se tratara de la hija de alguno de tus socios comerciales japoneses, seguro estoy de que buscarías un pretexto para justificar cada una de sus acciones, aun cuando supieras que la encontraron bailando en un burdel.
Por la expresión de Akira, Genzo supo que había dado en el blanco. Ya que estaban tocando ese desagradable tema, era hora de tomar al toro por los cuernos, por mucho que le fastidiara.
- Ninguna de las hijas de mis socios bailaría en un burdel.- Akira frunció el ceño.- No hago tratos con esa clase de gente.
- Ni la doctora Del Valle tampoco pero me has entendido el punto.- Genzo sonrió mordazmente.- ¿Por qué directamente no me dices que el problema es que mi novia no es japonesa? Dejémonos de rodeos inútiles y hablemos de frente, ya que no es posible evitar esta plática.
- Si ya lo sabes, ¿por qué te sorprende que así sea?.- Akira devolvió el gesto tras darle otra calada al puro.- Vivir en Alemania te hizo olvidar que nosotros no nos mezclamos con gente de otras razas.
- Ésa es la estupidez más grande que he escuchado en mi vida, padre.- replicó Genzo, haciendo un gesto de desagrado por el humo.- Y mira que he escuchado muchas. ¿Alguna vez te conté que fui discriminado en Alemania por ser japonés? Incluso hasta la fecha sigo teniendo ese problema. Si no te lo he dicho, creo que éste es un buen momento para hacerlo, así te darás cuenta de que pretender que yo sea racista es una pérdida de tiempo.
El celular de Genzo vibró; él miró fugazmente la pantalla y vio que tenía un mensaje que decía algo similar a "Wakabayashi, no sé qué estás haciendo en Japón pero mejor será que lo arregles", aunque no leyó quién era el remitente. El joven, temiendo que su padre se molestara por la interrupción, dejó el aparato en una mesita cercana para checarlo en cuanto la conversación bajara de intensidad.
- No sé qué relación tenga una cosa con la otra.- protestó Akira, mirando ceñudo el Smartphone de su hijo.- Los japoneses se casan con japoneses, los alemanes con alemanes, los mexicanos con mexicanos y punto, así es como funcionan las cosas en esta familia y lo sabes. No es cuestión de racismo, es cuestión de preservar la pureza de nuestra raza. La modernidad le ha hecho creer a la gente que el mestizaje está bien y no es así.
- ¿Sabías también que en Alemania existió, hace muchos años, una persona que pensaba igual que tú?.- cuestionó el portero, con sarcasmo.- Llevó al planeta a una guerra en la que murieron millones de personas gracias a sus ideologías sobre la pureza de las razas.
- No me faltes al respeto, Genzo, no voy a tolerar que sigas con tus tonterías insolentes.- Akira lo miró con severidad.- Estás distorsionando demasiado las cosas por culpa de una mujer que no lo vale, no apruebo tu relación con ella y por tanto te ordeno que rompas cuanto antes cualquier contacto que tengas con esa mujer. No quiero enterarme de que estás metiéndote en problemas de nuevo por culpa de una extranjera, ¿te ha quedado claro?
- No.- contestó Genzo, desafiante.- No voy a terminar mi relación con la doctora Del Valle sólo porque tienes la estúpida idea de que los japoneses sólo podemos casarnos con japoneses. Sé que ésa es la mentalidad que predomina en el país y que es la razón por la cual se usan términos tan despectivos como nisei y haifu, pero yo no estoy de acuerdo con ese pensamiento. Si tu única justificación para que yo termine con la doctora es que crees que es la causante de mis problemas sólo por ser extranjera, te diré que primero te tomes la molestia de averiguar cómo es realmente la situación para que te des cuenta de que eso es una idiotez. ¿Y puedes apagar esa porquería? Si a ti no te preocupa el cáncer de pulmón, a mí sí.
- No estoy preguntándote si quieres hacerlo o no, te lo estoy ordenando.- Akira arrojó el puro con violencia al cenicero, en donde rebotó y cayó al suelo, causando una pequeña quemadura en la costosa alfombra.- No quiero que sigas viendo a esa mujer porque, sí, estás en lo correcto, es extranjera y no voy a aceptar que ninguna extranjera interesada, oportunista y muerta de hambre ponga sus manos sobre tu fideicomiso.
- ¿Pero es que estás hablándome en serio?.- las declaraciones de su padre eran tan absurdas que Genzo se echó a reír.- ¿Quién habla así en estas épocas? ¿No te has enterado de que ya estamos en el siglo XXI, padre? En verdad que no debes preocuparte por ella, puedo asegurarte que no piensa poner sus garras de mujer fatal sobre tu precioso dinero; si la conocieras, sabrías que se ofendería mucho ante la sola idea, es una mujer de armas tomar y muy independiente, seguramente que te aventaría a la cara el efectivo que trajese en la cartera para decir que no necesita de tu fortuna. Pensé que la charla que tendríamos sería más preocupante pero ante semejantes tonterías no puedo seguir tomándote en serio. Espero que con eso te quede claro que no pienso dejar mi relación con la doctora Del Valle, no voy a renunciar a ella por ningún motivo. ¡Ah! Y Mikami me ha dicho que piensas usar ese truco de querer buscarme una esposa, mejor ni pierdas el tiempo con eso porque no me obligarás a casarme con quien no deseo, seré yo quien decida esa cuestión.
Genzo se preguntó si también a Shuichi y Keiji los habrían obligado a casarse. Hotaru y Megumi, sus respectivas esposas, eran japonesas, hijas o sobrinas de dos socios importantes de su padre así que había una alta probabilidad de que esos matrimonios fuesen arreglados. Genzo sintió cierta lástima por sus hermanos hasta que recordó que ellos también pudieron haber protestado en su momento y no lo hicieron. En cualquier caso, Shuichi y Hotaru ya iban por su segundo hijo, así como Keiji y Megumi buscaban al primero así que algo debía de estar funcionando adecuadamente en ambos matrimonios o por lo menos ya los cuatro habían aceptado sus destinos.
- Mikami no tiene idea de lo que habla, nunca la ha tenido.- Akira estaba furioso pero Genzo no sabía si con él, con Mikaki o con la doctora Del Valle; quizás estaba enojado por culpa de los tres.- Siempre ha querido tratarte como si fueras su hijo, nunca supo definir sus límites a la hora de ser tu tutor.
- Es curioso que hables así del señor Mikami cuando él ha hecho más por mí que tú.- el portero no tuvo reparos en soltar una queja que tuvo guardada durante años.- Al menos él sí veló por mí y acudió a mis partidos, cosas que no pueden decirse de ti.
- ¡Ya es suficiente!.- Akira no iba a demostrar que el comentario de su hijo menor lo hirió más de lo que esperaba.- Será mejor que dejes de lado tu rebeldía si no quieres sufrir las consecuencias, Genzo. ¿Crees que no puedo conseguirte una esposa? Estás muy equivocado, no es imposible ni tan difícil como Mikami te ha hecho creer. No me provoques ni me faltes al respeto, en esta casa mando yo y mejor será que no lo olvides.
- Menos mal que ya no vivo aquí.- Genzo esbozó una sonrisa de triunfo.- Y que no dependo de tu fideicomiso para vivir. Y como tampoco has sido una figura paterna recurrente, no es como si extrañe mucho tu presencia, padre. Puedes escogerme la esposa que quieras, de cualquier manera me negaré a aceptarla, yo he elegido ya a aquélla con la que deseo unirme.
- ¿Estás diciéndome que vas a casarte con esa extranjera?.- cuestionó Akira; la vena del cuello le saltaba notoriamente.
- Quizás.- admitió Genzo, divertido.- Eso es algo que vas a tener que descubrir a través de los periódicos.
- Entonces me niego a seguir hablando contigo mientras mantengas esa actitud.- Akira estaba furioso y pisoteó el puro caído, manchando y quemando aún más la alfombra.- Regresa cuando estés en mejor disposición de acatar mis órdenes.
- No te preocupes, de cualquier manera ya me iba.- Genzo suspiró al levantarse del sillón.- Supongo que mi próxima visita será dentro de mucho tiempo ya que no planeo cambiar de parecer.
El portero sabía que su padre no era de los que soltarían un "¡Vete de mi casa, ya no eres mi hijo!", pero sí que hablaba en serio cuando le decía que no deseaba volver a verlo hasta que no tuviese una actitud más dócil. Genzo se sorprendió al darse cuenta de cuán diferentes eran en ese momento sus pensamientos e ideales con respecto a los de su padre. ¿Sería la doctora Del Valle un tema del cual Akira nunca cambiaría de parecer? Genzo lo conocía lo suficiente como para saber que la respuesta era un rotundo "sí".
Al salir de la biblioteca, más desanimado de lo que quería aparentar, el joven se topó con una mujer menuda de cabello corto y claro, quien a pesar de su edad seguía manteniéndose bella. Genzo sonrió al ver a su madre; ella se apresuró en atravesar la poca distancia que los separaba y lo abrazó.
- Es bueno verte otra vez, hijo.- dijo Kana Wakabayashi, sin separarse de él.- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuviste aquí.
- Y pasará mucho más antes de que regrese.- contestó él, sin soltarla.- Lo siento.
- No te disculpes.- ella lo miró con tristeza.- Me hubiera gustado que arreglaras las cosas con tu padre pero siempre has tenido ideas muy firmes, Genzo, y nunca te ha importado defenderlas hasta el final. No me molesta que seas así pero dime una cosa: ¿Tanto te importa ese "problema" que no quieres dar tu brazo a torcer?
- Más de lo que crees.- respondió él.- Al nivel de que me gustaría que tú dejaras de considerarla como un "problema".
- Me pareció que sería mejor que llamarla "esa mujer" o "esa oportunista", como la ha bautizado tu padre.- Kana esbozó una sonrisa de disculpa.- Yo creo que, si tú consideras que ella es buena para ti, lo es; has crecido bien, hijo mío, desarrollaste un buen criterio y has solido acertar en tus decisiones así que no considero que esa chica sea una mala influencia. Confieso que me habría gustado que fuese japonesa pero no es un detalle que me impida aceptarla. Además, es doctora, ¿no? No es una mala elección para alguien que tiene la tendencia a lesionarse de manera frecuente.
Genzo no respondió de inmediato; tras analizarlo, determinó que su madre no estaba como tal en contra de su relación con Lily pero su posición de esposa sumisa de un gran empresario no le permitía ir en contra de los deseos de su marido y señor ni, mucho menos, expresar sus verdaderos pensamientos en voz alta delante de él. No podía culparla, en todo caso, así funcionaban las cosas en su mundo.
- Gracias, mamá.- fue lo que Genzo respondió.- Me gustaría que mi padre compartiera tu sentir.
- De verdad lo lamento.- se disculpó la mujer.- No es algo que dependa ni de ti ni de mí, desgraciadamente. De alguien heredaste esa tendencia a tener ideas fijas.
Hubiera sido agradable que Kana respondiera algo como "dale tiempo, ya se le pasará y la aceptará", pero no lo hizo porque madre e hijo sabían bien que eso nunca sucedería.
- En ese caso, no me queda más remedio que retirarme.- suspiró Genzo.- Realmente esperaba poder hacer un mejor control de daños pero creo que fracasé. Gracias por venir a despedirme, mamá.
- Cuídate mucho, por favor.- pidió Kana, acariciando el rostro de su hijo menor.- Me duele saber que no volverás pronto pero al mismo tiempo me siento aliviada porque sigues en contacto con Tatsuo-san; él siempre ha sabido orientarte y cuidarte bien, sé que velará por ti en mi lugar.
Curiosamente, Kana era la única de los Wakabayashi que se refería a Mikami como "Tatsuo-san", en un gesto de intimidad que resultaba extraño para Genzo aunque nunca hizo el intento de averiguar el motivo.
- Tú también cuídate, mamá, prometo que te llamaré frecuentemente.- Genzo besó a su madre en la mejilla.- Saluda a mis hermanos de mi parte.
- Gracias, esperaba que me prometieras eso.- ella sonrió.- Y tú mándale mis respetos a Tatsuo-san, por favor.
No fue necesario, sin embargo, que Genzo le diera los saludos de su madre a Mikami; cuando el portero salió de la residencia, vio a su antiguo entrenador esperándolo afuera, con cierto aire intranquilo. Cuando Kana y Mikami se vieron, ella esbozó una sonrisa sincera que él correspondió con una reverencia respetuosa. Genzo se dio cuenta de que nunca le había puesto atención a la manera tan peculiar en la que se trataban su madre y su antiguo entrenador pero en ese momento notó que su relación parecía ser más cercana de lo que él siempre creyó.
- Las cosas no salieron como esperabas, ¿cierto?.- le preguntó Mikami.
- ¿Se me nota en el rostro, Mikami?.- dijo Genzo, resignado.- ¿O es que me conoces demasiado bien?
- Un poco de ambas cosas.- contestó Mikami, mientras ambos echaban a andar hacia el sitio en donde el entrenador había estacionado el automóvil que rentó.- ¿Cuáles son tus planes ahora, Genzo?
- No lo he analizado con detalle pero creo que me quedaré para el partido contra Paraguay.- aclaró el portero.- El entrenador Kira me ha dejado abierta la convocatoria y aún queda tiempo antes de que tenga que volver a Alemania para arreglar mi estatus con el Hamburgo así que me parece que por el momento es una buena opción.
- Muy bien.- aceptó Mikami.- Regresemos entonces a Tokio, quizás alcancemos al seleccionado antes de que se marche a Saitama.
El portero descubriría, muchas horas después, que dejó su teléfono en una mesa de la biblioteca de la mansión en la que vivió durante su niñez. Sería Akira quien lo encontraría, ordenándole después a Majime que lo arrojara a la basura. La ama de llaves no fue capaz de seguir la orden y se limitó a apagar el aparato y guardarlo en un cajón de la cocina, a la espera de que su dueño llegara a reclamarlo, sin saber que el teléfono habría de permanecer ahí durante mucho tiempo.
Sin embargo, en ese momento Wakabayashi no era consciente de esa pérdida; su mente cavilaba, intentando determinar el alcance de la charla que acababa de tener con su padre. Akira no lo desterraría de la familia, eso quedaba claro, pero no sabía si llegaría al extremo de bloquearle el fideicomiso. A Genzo no le preocupaba, como no solía despilfarrar el dinero en banalidades (excepción hecha del regalo recientemente hecho a Lily, pero eso no se podía considerar una banalidad), aún tenía dinero en sus cuentas y seguía contando con el salario que le daba el Hamburgo, aunque también ése estaba en peligro de desaparecer gracias a su situación con el equipo.
"No sería mala idea invertir un poco y ser más prudente con mis gastos", pensó el portero. "No estoy ni remotamente cerca de quedarme en la ruina pero no hay que tentar demasiado a la suerte, que no ha sido particularmente favorable en estos últimos meses".
- ¿Qué piensas hacer entonces, Genzo?.- le preguntó Mikami, mientras abandonaban las viejas y conocidas calles de Nankatsu.
- Ya te lo dije, volver con la Selección.- respondió Genzo, distraídamente.
- Me refería a la doctora Del Valle.- replicó Mikami, mirándolo de soslayo.
- Seguir como hasta ahora.- fue la contestación lacónica del portero.- No voy a renunciar a ella, no me importa si alguien cree que estoy haciendo mal.
- Creo que el único que lo piensa es Akira.- señaló Mikami, frunciendo el ceño.- Quizás mi opinión no sea tan importante pero considero que haces bien al decidir seguir con ella, si eso es lo que realmente deseas. Alguna vez cometí el error de hacer exactamente lo contrario y todavía hoy me arrepiento de eso.
- ¿Estuviste enamorado alguna vez?.- Genzo arqueó mucho las cejas, sorprendido.- ¿En verdad?
- Que no te parezca tan extraño, por favor.- Mikami se echó a reír.- Fue hace tanto tiempo que ya no tiene importancia. Es una de las pocas cosas de las que siempre me lamentaré, el no haber peleado por ella pero en ese entonces creí que sería lo mejor. Como ya he pasado por eso, puedo asegurarte que en algún momento te arrepentirás si decides alejarte de aquélla a quien amas.
- Lo sé.- Genzo contempló las últimas casas de su ciudad natal.- Gracias por el consejo. Y no digas que tu opinión no cuenta, Mikami, para mí vale más que la de mi propio padre.
Mikami sonrió. Ésa era una de las mejores cosas que su antiguo pupilo podría llegar a decirle.
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Múnich.
Ninguno de los mensajes que Lily le envió por Whatsapp a Genzo llegó a su destino. Tras lo que consideró que era un tiempo razonable para que él entrara a una zona con señal o pusiera a cargar su celular, Lily intentó marcarle pero la llamada se desvió al buzón de voz de manera directa. Ella sabía que él iba a reunirse con su padre así que por eso se sentía tan inquieta con respecto a su silencio. ¿Habría sucedido algo realmente grave? Si fuese un poco más histérica, ella pensaría que el señor Wakabayashi encerró a Genzo y le quitó su celular, pero la idea era ridícula así que Lily la desechó de inmediato. Sin embargo, ese silencio por parte de él le inquietaba. Bien, quizás Nankatsu era un poblado perdido de la mano del dios del Internet, a donde no llegaba la señal del wi-fi ni con los rezos más elaborados y ella estaba haciendo un drama digno de heroína de telenovela mexicana.
"Bueno, pues soy mexicana, ¿no?", pensó Lily. "Lo he de llevar en la sangre".
Elieth estaba esperándola a las afueras del Allianz Arena. En cuanto la vio, Lily supo que ella sabía algo o lo sospechaba, se lo vio en la expresión. Elieth se acercó a ella y la tomó del brazo para caminar juntas hasta la zona del estacionamiento en donde Lily había dejado su coche.
- ¿Me llevas?.- preguntó la francesa.- No traje mi auto hoy.
- Pensé que te quedarías con Karl.- señaló Lily, asombrada.
- Hoy no.- negó Elieth.- Hoy me necesitas tú.
- ¿Por qué lo dices?.- Lily se incomodó un poco.
- Sé que algo tienes que no me has querido decir, se te ve en la cara.- replicó Elieth.- Me enojaría porque no has tenido la suficiente confianza para decírmelo pero yo no he estado disponible últimamente así que quizás es culpa mía. ¿Qué sucede contigo, Lapinette?
- Hablemos en casa.- suspiró la mexicana, resignada.
Rato después, ambas se encontraban en pijama, sentadas sobre la alfombra de la sala del departamento que ambas compartían. Lily intentó marcarle una vez más a Genzo y, al no conseguir comunicarse con él, le pidió a Elieth que hiciera lo mismo; la reportera no tuvo más suerte, cosa que inquietó aún más a su amiga. Sin perder más tiempo, Lily le contó a Elieth la razón de su preocupación sin omitir ni un detalle; la doctora pudo ver que la francesa apretaba los labios, molesta, cuando le habló del posible rechazo de Akira Wakabayashi hacia la novia extranjera de uno de sus hijos.
- Por tu expresión, veo que sí es posible que el padre de Gen me desprecie por mi nacionalidad, ¿verdad?.- preguntó Lily, desanimada.
- Qué más quisiera decirte que no, Lapinette, pero conozco al padre de Genzo y puedo asegurarte que es un… .- Elieth se contuvo para pensarlo mejor.- Mira, es amigo de mi padre, ellos se han llevado muy bien desde que estudiaron juntos en Harvard pero aunque mi papá lo aprecie, yo no lo hago tanto. Es un bruto, cerrado de mente, racista y discriminativo, por no hablar de misógino, sus hijos tienen suerte de haber sido hombres porque de lo contrario les habría ido muy mal. Le he escuchado soltar cada comentario racista que de verdad detesto estar cerca de él, es bueno que casi no aparezca en la vida de Genzo porque así no tengo que aguantarlo. Lo siento, quizás debí hablarte de esto antes pero él es como el cometa Halley, aparece una vez cada 75 años y no se le vuelve a ver así que no lo consideré una amenaza potencial para ti… ¿Genzo entonces te especificó que ese troglodita lo mandó llamar para reclamarle sobre ti?
- Fue lo que dio a entender, sí.- aceptó Lily, más deprimida aún.- Entonces no hay esperanza de que todo sea una malinterpretación, ¿verdad?
- Siendo sincera, conejita hermosa, no.- Elieth jamás le mentiría a su mejor amiga, por mucho dolor que le causara.- ¿Qué te ha dicho Genzo? Ya debió haber hablado con él, ¿no?
- No me ha contestado los mensajes que le he estado enviando y, como acabas de comprobar, su teléfono está apagado.- contestó Lily, tras lo cual se mordió un labio.- ¿Debería de preocuparme, Gatita?
- No.- dijo Elieth, aunque titubeó.- Puede haber muchas razones por las cuales Genzo no está respondiendo, no te traumes por eso. Y mientras no hables con él, no podrás dar por hecho al cien por ciento que el imbécil de su padre no te acepta, aunque de cualquier manera las probabilidades de que no te rechace son pocas.
- ¿Sería diferente si yo fuese europea?.- Lily sólo se atrevería a hablar de eso con su mejor amiga.- Tú sabes, si fuese francesa, como tú, quizás no tendría ese problema.
- No.- volvió a negar la rubia.- El problema es que no eres japonesa, no que seas mexicana.
- ¿Por qué estás tan segura?.- quiso saber Lily.- Ni el mismo Genzo me lo pudo negar.
- Porque yo sé algo que quizás él no sepa.- respondió Elieth, pensativa.- Hace tiempo, en alguna cena de Fin de Año, a papá se le pasaron las copas y comenzó a contarme una historia relacionada al abuelo de Genzo, Daisuke Wakabayashi. Me confió que él se casó con la única hija de una familia japonesa de renombre, después de armar un escándalo porque en realidad quería unirse a una mujer extranjera. Daisuke Wakabayashi se había enamorado de una inglesa muy bella y quería hacerla su mujer pero su familia se lo impidió por la única razón de que ella no era japonesa, algo impensable para los estándares de los Wakabayashi. Según mi padre, esa mujer era sofisticada y tenía ancestros de la nobleza británica pero ni así la aceptaron, de manera que no, Lapinette, ni siendo europea te aprobaría el padre de Genzo, el problema de ese idiota es que es un maldito racista de cabo a rabo.
- ¿Cómo es que Monsieur Shanks sabe esa historia?.- Lily estaba asombrada.- ¿No te la estás inventando para hacerme sentir mejor?
- Juro que mi padre me la contó tal cual te la acabo de narrar.- dijo Elieth, muy seria.- Sabes que no me inventaría algo así. No puedo asegurarte que no sea un producto de la imaginación ebria de papá pero no tendría motivos para mentir, aunque tampoco puedo decirte de dónde la escuchó porque no se lo pregunté. Puedo hacerlo, si quieres.
- No, está bien.- suspiró Lily, al tiempo que se acariciaba un mechón de cabello.- No tiene mucha importancia, aunque el padre de Gen aceptara a europeas como nueras, yo no lo soy y eso es algo que no se puede cambiar porque no bastaría con adquirir otra nacionalidad.
- Eso es verdad.- Elieth la abrazó.- Pero no te deprimas antes de tiempo, espera a que Genzo te diga directamente qué fue lo que el estúpido que lo procreó le dijo sobre ti.
- Supongo que tienes razón.- Lily intentaba tranquilizarse pero mientras más tiempo pasaba sin tener noticias de Genzo, más inquieta se sentía.- Qué asqueroso es darse cuenta de que, en pleno siglo XXI, sigue habiendo tanto pensamiento retrógrada en el mundo.
- La gente más vieja es la más reacia a cambiar.- sentenció Elieth, sabiamente.
Más tarde, Lily entró a verificar su cuenta de Facebook con la esperanza de que Genzo le hubiese enviado un mensaje por ahí. Vio las fotografías de Bárbara y Kaltz y les dio "me encanta" a todas, dejando comentarios en la mayoría de ellas. Lily se sentía feliz por ambos, aunque conformaban una pareja muy dispareja y la mayoría de la gente no apostaría nunca a que ellos podrían terminar juntos, se notaba que se gustaban en verdad y que el sentimiento entre ellos era puro y auténtico, algo que rara vez se veía en la vida cotidiana. La chica se topó también con una selfie de Schneider, quien llevaba el brazo derecho vendado; el pie de foto decía simplemente "ahora sí, a cuidar esta lesión como se debe", lo que orilló a Lily a dejar un comentario sobre lo mentiroso y pésimo paciente que era.
Sin embargo, no había señales de vida de Genzo, ni en su perfil ni en el chat. Lo único que encontró fue que alguien, seguramente un reportero, lo etiquetó en una fotografía en donde aparecía junto a Gino Hernández, algo que no sorprendió a la chica porque Genzo ya le había comentado que se había reunido con Gino y con Erika en Japón; no le prestó atención a la cuarta persona que aparecía en dicha imagen ya que no la conocía. Un tanto desesperada, Lily revisó los perfiles de los compañeros de Wakabayashi, en los cuales sólo halló comentarios sobre el próximo encuentro contra Paraguay, sin hacer alusión alguna a Genzo. Ni siquiera la página de la JFA hablaba sobre él, aunque de cualquier manera la mayoría de sus notas estaban en japonés y Lily no las entendió.
"¿En dónde estás, Gen?", pensó Lily, preocupada. "¿Por qué no te has comunicado conmigo?".
Si él hubiera desaparecido en otra ocasión, ella no estaría tan angustiada pero que lo hubiese hecho justo después de decirle que iba a hablar con su padre era lo que tenía a Lily tan inquieta. La imagen de Genzo encerrado en la mansión Wakabayashi regresó a su mente pero ella volvió a mandarla a la basura, consciente de que la vida no es una telenovela.
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Leonardo se sentía inquieto por lo que estaba a punto de hacer. Marie le había insistido en que no tenía por qué preocuparse pero él no estaba tan seguro; después de todo, iba a conocer a su suegra y ansiaba desesperadamente caerle bien y convencerla de que era un buen partido para su hija.
"No es la primera 'suegra' que conoces pero sí la que te ha puesto más nervioso", se dijo Leonardo. "Y eso es porque Marie te tiene vuelto loco y quieres causarle una buena impresión a su madre".
El joven había llegado al extremo de ir a comprar una camisa decente ya que todas las que tenía eran de trabajo o muy informarles y no deseaba que su futura suegra pensara que era un muerto de hambre. Sin embargo, decidió usar sus habituales pantalones de mezclilla y calzado informal porque tampoco quería darle una falsa imagen de sí mismo. Marie, al verlo, sonrió como mujer enamorada, alabando la camisa negra que aún olía a nueva.
- Guau, sí que te luciste.- le dijo ella, tras besarlo.- Mamá pensará que estoy saliendo con un artista de cine.
- Gracias, mi bella, pero esta vez exageraste.- respondió él, con cierta timidez.- Sólo traté de no verme como un vagabundo cualquiera.
- ¿En serio Leonardo Del Valle, el conquistador, está hablando como un adolescente tímido?.- Marie se echó a reír; su risa cristalina y fresca era una de las muchas cosas que Leonardo amaba de ella.- ¡Esto sí que es nuevo!
- Son los nervios.- suspiró Leonardo.- No todos los días conoces a tu futura suegra.
Lorelei Schneider se sorprendió mucho al ver al novio de su hija menor porque, gracias a los constantes comentarios de Karl, se lo imaginó mucho mayor a como realmente era. Ciertamente que Leonardo era más grande que Marie pero aún tenía cierto aire de niño perdido que hacía que el corazón de cualquier mujer susceptible se conmoviera. El joven era apuesto pero no demasiado, sin duda que lo que más llamaba la atención de él era su sex appeal latino.
- Mamá, él es Leonardo.- le dijo una sonriente Marie.- Leo, ella es mi mamá.
- Mucho gusto en conocerla, señora.- Leonardo le tendió una mano con cierta torpeza.- Es un placer conocerla al fin.
- Lo mismo digo.- respondió Lorelei, aceptando la mano del muchacho.
Él estuvo tentado a hacer un comentario acerca de que sin duda Marie sacó su belleza de ella, pero se le hizo demasiado cliché, como esta historia, y lo descartó. La señora lo invitó a tomar asiento para ofrecerle después una taza de café con galletas especiales preparadas por ella. Leonardo comenzó a relajarse al darse cuenta de que la mujer estaba en la mejor disposición de aceptarlo y supo que no iba a tener ningún tipo de problemas con su suegra.
Y fue en ese momento cuando Rudy Frank Schneider entró por la puerta.
- Querida, estoy en casa.- dijo el hombre, distraídamente.- Regresé más temprano porque…
El señor Schneider se interrumpió a media frase al ver a su esposa y a su hija menor conversando con el hermano mayor de Lily Del Valle, quien en ese momento se puso a pensar a toda velocidad en una excusa que justificara su presencia en esa casa.
Notas:
- Me gusta imaginar la relación entre Mikami y Genzo como la que podría tener un padrino con su ahijado o un padre con su hijo. Como el auténtico padre de Wakabayashi sólo ha aparecido una vez en el manga y no ha tenido presencia en el anime, para mí Mikami es lo más cercano a una figura paterna que Genzo llegó a tener, incluso su relación en el manga es más de este tipo a como se vio en el anime.
