Capítulo 41.
Múnich.
"Bueno, ¿y ahora qué?", se preguntó Leonardo Del Valle mientras su suegro lo fulminaba con la mirada. "Necesito una buena justificación que explique qué rayos estoy haciendo aquí, feliz de la vida en compañía de la esposa y la hija menor de mi jefe, tomando café y comiendo las galletas especiales de Lorelei Schneider. ¡Ay, que no se me ocurre nada! ¡Maldito cerebro, en mala hora me abandonas!".
"Si tuvieras cerebro, ni siquiera estarías en esta situación, tarado", le dijo una vocecilla muy similar a la de Lily.
- ¡Hola, papá!.- Marie fue la primera en reaccionar.- ¡Regresaste temprano a casa!
- ¿Qué está sucediendo aquí?.- Rudy Frank no cayó ante la carita de muñeca de su hija.- ¿Qué haces en mi casa, Del Valle?
- Eh, yo… .- Leonardo se desesperaba por encontrar una respuesta que lo salvara de una muerte dolorosa.- Vine a dejarle un recado pero no sabía que no estaba en casa…
- Y lo invité a tomar una taza de café mientras llegabas.- añadió la señora Schneider, quien se mantuvo tranquila.- Siéntate, querido, te serviré una taza a ti también.
- Vaya, amor, cada vez te luces más con las visitas inesperadas.- el señor Schneider frunció el ceño al dirigirse a su mujer.- Eso de sacar tus tazas de porcelana no lo haces ni conmigo. ¡Y qué casualidad que justamente hayas hecho hoy tus galletas especiales!
- Es que mamá me estaba enseñando a hacerlas cuando llegó Leonardo.- replicó Marie, con cara de inocencia.- Y no queríamos que se desperdiciaran.
- ¿Ustedes creen que soy tonto?.- Rudy Frank se exasperó.- Sé que Del Valle no está aquí para darme ningún recado porque yo vengo de Säbener Straße y allá no había pendientes para mí, por eso es que he llegado temprano. Además, evidentemente este jovencito se ha arreglado específicamente para venir, yo también soy hombre y sé cómo va el asunto así que voy a preguntarlo una vez más: ¿Qué está sucediendo aquí?
Leonardo y Marie se miraron; ella se veía angustiada pero él lucía resignado. Qué más daba, el mexicano ya había decidido decir la verdad y ése era un buen momento como cualquier otro para hacerlo.
- Perdóneme si le he mentido antes, entrenador, me ganaron los nervios.- Leonardo se puso en pie y confrontó al hombre.- Es verdad, no he venido aquí a darle ningún recado, vine a conocer a su esposa y a charlar un poco con ella, aprovechando que usted no estaba en casa.
- Eso que acabas de decir te está restando minutos de vida muy rápidamente, Del Valle.- Rudy Frank frunció el ceño mientras Marie se golpeaba la frente con la mano.
- Sonaba mucho mejor en mi cabeza cuando lo pensé.- se apresuró a corregir el joven.- Déjeme intentarlo de nuevo, sé que esto se ve mal y que lo que acabo de decir lo empeoró más pero lo que trataba de explicarle es que no vine a su casa con malas intenciones, sólo quería conocer a su esposa porque ella es la madre de la mujer que amo.
Silencio total. Marie estaba tan impactada que no se le ocurrió golpearse la frente una vez más. Rudy Frank abrió mucho los ojos y la boca y miró al muchacho con mucha sorpresa; sólo Lorelei se mantuvo tranquila aunque una enorme sonrisa afloró a su bello rostro. Por fortuna, Karl no estaba presente o de lo contrario hubiese habido un homicidio en ese mismo instante.
- ¿Qué demonios, Del Valle?.- soltó el entrenador Schneider, cuando se recuperó.- ¿Acaso dijiste que amas a mi hija? ¿A mi pequeña Marie?
- Sí, señor.- Leonardo se puso muy serio.- Amo a Marie, ésa es la verdad. Sé que ésta no es la mejor manera de dárselo a conocer pero llevo tiempo enamorado de ella. Usted podría pensar que es algo pasajero pero no es así, en verdad quiero tener un futuro a su lado. Ya tenía planeado decírselo porque no deseo seguir escondiendo mi amor por Marie, quería decirle que mis intenciones son buenas y que voy a tratarla como la princesa que es, desgraciadamente me falló la logística y usted se enteró antes de que pudiera planear un momento más adecuado para decírselo.
Si no hubiese sido por la situación, Marie se hubiese puesto a saltar de la emoción; aunque ya sabía que Leonardo iba a demostrar abiertamente sus intenciones con ella, aún no habían ideado cómo decírselo a Rudy Frank y Marie no esperó que Leonardo fuese tan sincero en su confesión. Sin embargo, su padre se veía cada vez más furioso y ella supo que la declaración espontánea y dulce de Leonardo no iba a ser bien recibida por Rudy Frank.
- ¿Te has vuelto loco?.- estalló el alemán.- ¿Cuántos años tienes? ¿Cuarenta? ¡Mi pequeña Marie apenas tiene dieciocho! ¡Eso es inmoral e ilegal!
- ¿Por qué ustedes olvidan que tengo la misma edad que su hijo?.- protestó Leonardo.- ¡No soy tan viejo!
- ¡Papá, por favor!.- terció Marie.- Tú mismo lo acabas de decir, ya tengo dieciocho años, ya no es ilegal ni inmoral.
- No te metas, Marie.- le respondió su padre, muy enojado.- ¿Cómo es posible que se te haya ocurrido meterte con alguien de la edad de tu hermano?
- Querido, por favor, estás exagerando.- intervino Lorelei.- No hay mucha diferencia de edad entre ellos y ambos son personas responsables de sus actos y se quieren. ¿Por qué enojarse por eso?
- ¡Porque Marie es una niña, es MI niña y eso no va a cambiar nunca!.- Rudy Frank volvió a arremeter.- ¡Y porque lo que este hombre ha hecho es imperdonable! ¡Esto es un abuso de confianza, Del Valle, te ofrecí un trabajo, una oportunidad para salir adelante y tú me pagas enamorando a mi hija!
- Ay, dios, ya empezó.- Marie enterró el rostro entre las manos.- ¡Papá, ubícate, esto no es una novela! ¿Cuál abuso de confianza? ¡Si Leonardo y yo nos gustamos desde antes de que él empezara a trabajar para ti!
- No, él tiene razón, Marie.- Leonardo suspiró.- Fue un abuso de confianza el haber puesto mis ojos en la hija de uno de los jefes mayores…
- ¿Y qué lo que yo siento no cuenta?.- ahora Marie era la enojada.- ¡Hablan como si yo no hubiese elegido enamorarme también!
- Es un abuso de confianza porque te aprovechaste de tu puesto para pasar mucho tiempo con mi hija en Säbener Straße.- reclamó Rudy Frank; eso, al menos, sí era verdad.- Un abuso de confianza porque quién sabe en cuantas ocasiones te habrás citado con ella pretextando que ambos tenían que estar ahí. ¡Y jamás lo hubiese sospechado!
- Ya basta, papá, por favor.- Marie se exasperó.- Si te vas a enojar con él, también reclámame a mí, que yo fui quien lo citó muchas veces ahí.
- No, tú lo hiciste porque éste te engatusó.- Rudy Frank se cerró a la verdad.- Del Valle, has cruzado el límite, mañana mismo te presentas a Recursos Humanos para que te den tu liquidación.
- No, querido, por favor.- Lorelei se puso en pie y se dirigió hacia su marido.- No dejes al muchacho sin empleo, ¡no es correcto!
- ¡Papá, eso es injusto!.- protestó Marie.- ¡No tienes por qué desquitarte de esa manera con Leonardo, él necesita ese trabajo!
- No, está bien.- Leonardo sonrió a medias; para sorpresa de Marie, él no se veía afectado por la resolución de su padre.- Él tiene razón, me aproveché de mi puesto en Säbener Straße para acercarme a su hija y eso es un motivo válido para despedir a alguien, aquí y en China. Lamento en verdad el haber traicionado su confianza así, entrenador Schneider, sólo le pido que por favor no se vaya a desquitar con mi hermana.
- ¡Estás loco!.- Marie dirigió su enojo hacia él.- ¡No puedes renunciar, necesitas el dinero!
- Me mantendré con lo que gano en el hospital.- Leonardo le dirigió una mirada misteriosa, tras lo cual miró al entrenador.- Gracias por la oportunidad, señor, y lamento las molestias.
- Vete de mi casa, por favor.- replicó Rudy Frank.- No quiero volver a verte por aquí.
- ¿De verdad vas a dejar que mi papá te corra?.- bufó Marie, aniquilando a Leonardo con la mirada.
- Él fue quien me dio el trabajo, él tiene derecho a despedirme.- Leonardo se encogió de hombros.- Gracias por sus atenciones, señora Schneider.
- Querido, no puedes estar hablando en serio.- Lorelei frunció el ceño.
- Muy en serio, no quiero volver a verlo ni aquí ni en Säbener Straße.- sentenció Rudy Frank.
Leonardo hizo una graciosa reverencia a Lorelei, a manera de despedida, tras lo cual salió. Marie, sin importarle lo que su padre dijese, se fue detrás de su novio, muy molesta. Rudy Frank le ordenó que regresara pero la muchacha lo ignoró por completo. Iba el hombre a seguirla pero entonces Lorelei lo tomó por el hombro y lo obligó a quedarse ahí.
- ¡Vaya manera en la que has tratado a nuestro yerno!.- reclamó la mujer.- Hiciste un teatrito para dar vergüenza. ¡Ese pobre muchacho va a pensar que somos unos cavernícolas!
- ¿Pero de qué hablas, mujer?.- el hombre abrió mucho los ojos.- ¡Ese hombre pretendía salir con nuestra hija cuando no tiene ni en qué caerse muerto!
- Y precisamente por eso tú lo estabas ayudando, ¿no?.- replicó Lorelei.- ¡Tan orgullosa que estaba yo de ti, creyendo que estabas auxiliando a un pobre muchacho que lo necesitaba y ahora me sales con esto!
- Ah, no, no voy a permitir que distorsiones así la situación.- Rudy Frank frunció el ceño.- Ese gañán lo que hizo fue abusar de mi confianza para meterse a mi casa y no me digas que no, si no fuese porque trabajaba en Säbener Straße, no hubiera tenido manera de contactar a Marie.
- Tal vez.- aceptó Lorelei.- Pero, ¿por qué te molesta tanto que él haya tomado ventaja de esa situación? Cuando tú me cortejabas de joven, también rompías las reglas de mi padre para poder estar conmigo.
- Era diferente.- mintió Rudy Frank; por supuesto que había sido más o menos lo mismo pero no iba a reconocerlo.- Es que Karl Heinz y yo siempre hemos tenido nuestras reservas con él y ahora se ha demostrado que teníamos razón.
- ¿Oh, de verdad?.- esta vez fue Lorelei quien frunció el ceño.- ¿Y por qué tenían sus reservas? ¿Por ser mexicano o por ser extranjero? ¿O alguna vez él les dio motivos para que pensaran mal de su persona?
- Por ninguna de las cosas que acabas de decir.- el hombre comenzaba a sentirse avergonzado.- Simplemente teníamos nuestras dudas y ya.
- Sigo esperando a que me expliques el por qué.- Lorelei no iba a dar su brazo a torcer.- ¿No se supone que es hermano de Lily Del Valle? Y con ella ya cometiste el error de desconfiar, ¿por qué estás haciendo lo mismo con su hermano? ¿Es porque son extranjeros? Pensé que ese tipo de comportamiento xenofóbico ya estaba bien muerto y enterrado en el pasado de nuestro país.
- ¡Que no es por eso, mi amor!.- exclamó Rudy Frank, exasperado.- ¿Qué no entiendes que no quiero que dañen a Marie? ¡Jamás me perdonaría si la lastima alguien a quien yo dejé entrar en mi casa! No quiero que Leonardo Del Valle le haga daño porque entonces sabré que fui yo el principal responsable por haberle permitido que estuviese tan cerca de ella.
- Mi amor, eso sería tierno sino fuese machista también.- Lorelei se echó a reír, tras lo cual hizo que su marido se sentara junto a ella.- Marie no es ninguna tonta, es una chica inteligente y muy decidida, no es una nenita frágil que necesita que le protejan el corazón. Ella sabe bien lo que quiere y cómo lo quiere, no dejará que la hieran tan fácilmente; si ese joven fuese tan estúpido como para hacerlo, te aseguro que Marie sería la primera en romperle la cara. No tienes por qué estar tras ella protegiéndola a cada paso que da, ya no es una niña y tú sabes que no puedes estar a su lado las veinticuatro horas del día para cuidarla. Además, también deberías de tenerle un poco más de fe a Leonardo, si su hermana es un buen elemento, seguro que él también lo es; después de todo, fueron criados por la misma persona, hasta donde sé.
Quiso Rudy Frank decirle a su mujer que no importaba que Marie ya no fuese una niña, que para él siempre sería una de sus pequeñitas y que por tanto la iba proteger aunque tuviese cincuenta años, pero le cayó encima la vergüenza por haber sido tan déspota con Leonardo, despidiéndolo por un asunto personal cuando él había demostrado en muchas ocasiones ser muy trabajador y responsable, por lo que no pudo responder. Lorelei se dio cuenta de la tribulación de su marido y se limitó a servirle una taza de café, esperando a que él decidiera por sí mismo a decir algo más.
Mientras tanto, Marie ya le había dado alcance a Leonardo, a un par de cuadras de distancia de su casa. Leonardo sabía que no era bien visto el discutir en público así que le pidió a la chica que lo acompañara a un parque cercano, en donde al menos podrían tener un poco más de intimidad. Marie estaba muy enojada por la actitud que su ahora novio mostró delante de su padre, después de que días atrás aseguró que confesaría abiertamente su amor al mundo. La chica se negó a sentarse en la banca que Leonardo le señaló, así que ambos se quedaron de pie junto a ella.
- No me odies, hermosa, por favor.- le pidió Leonardo, tratando de calmarla.- No es lo que crees.
- ¿Ah, no?.- Marie puso los brazos en jarras.- ¿Y qué fue de eso que me dijiste que hablarías con mi papá y con Karl porque no querías seguir escondiéndote? Por lo que vi, se te olvidó en cuanto viste a mi padre.
- Por supuesto que no.- negó el mexicano.- Pero tienes que admitir que le confesé al entrenador que te amo y no lo tomó bien. ¿Qué esperabas que hiciera? Ponte en su lugar, llegar a tu casa y que te encuentres a uno de tus empleados tomando el café con tu mujer y tu hija no debe de ser grato para nadie, era obvio que se iba a molestar. No era la mejor situación para hablar de lo que siento por ti y aun así lo intenté, no lo puedes negar.
- Bueno, eso es verdad.- Marie se calmó un poco.- Pero no me pidas que me ponga en el lugar de mi papá, ¿por qué nadie se pone en el mío? Ya me cansé de que me traten como a una niña, Karl y él no hacen más que meterse en mi vida, creen que soy incapaz de cuidarme por mí misma.
- Es normal, uno como hombre hace eso de manera casi automática.- Leonardo se encogió de hombros.- Las hermanas son sagradas y deben cuidarse a toda costa, por lo menos hasta que te das cuenta de que ellas podrían patearle el trasero a cualquiera que las provoque y todavía así te preocuparás por ellas, es inevitable.
- ¿Vas a seguir defendiéndolos o qué?.- Marie le lanzó una mirada furiosa.
- No, mi amor, sólo quería que comprendieras cómo ven ellos el asunto.- Leonardo se apresuró a contenerla.- Era de esperar que tu papá actuara así al verme; estoy seguro de que si yo le hubiese confesado la verdad en un terreno más neutral, quizás él no se lo habría tomado como un ataque directo.
- Pero como no fue así, te despidió.- Marie se llevó las manos a la cara, preocupada.- Voy a hablar con él para que te devuelva el trabajo, eso ha sido muy injusto.
- No lo hagas, Marie, por favor.- Leonardo la tomó de las manos y la hizo sentarse en la banca.- Mira, no quería decirte esto hasta que fuese una realidad, es algo que ni siquiera lo he tratado con mi hermana pero…
- Para ser hermanos, hay muchas cosas que le ocultas a Lily, ¿no?.- se burló Marie, ácidamente.
- ¿Quién es la que no le dijo a su hermano que conoció al amor de su vida en la Estación de Trenes?.- replicó Leonardo al instante.
- Eres demasiado seguro de ti mismo.- Marie, ruborizada, se echó a reír.- Ya, continúa, por favor.
- Lo que iba a decirte es que no importa que el entrenador me haya despedido, de todos modos ya estaba pensando en renunciar.- continuó Leonardo, poniéndose serio.- He estado pensándolo mucho y quiero dedícame a algo más que ser un "multiusos" de un equipo de fútbol profesional. No soy futbolista y nunca lo seré, no puedo aspirar a crecer en el club así que en algún momento iba a marcharme de ahí. Por fin, desde que me fui de México, he descubierto lo que quiero hacer de mi vida y para eso necesito enfocarme al cien por ciento en el hospital.
- ¿Qué es lo que tienes planeado hacer?.- Marie no se esperaba algo así.- ¿Vas a ser médico, como tu padre quería?
- No.- él se echó a reír.- No tengo madera para ser médico, eso no va a cambiar, pero sí quiero enfocarme en algo similar: voy a estudiar para ser rescatista, es lo que verdaderamente me gusta. He hablado con varias personas en el hospital y voy a presentar los exámenes necesarios para que me admitan en su próxima promoción de paramédicos rescatistas.
- ¡Oh, Leo, eso es fantástico!.- Marie se emocionó y le echó los brazos al cuello.- ¿Pero cómo es que no me lo habías contado antes?
- Quería que fuera una sorpresa.- él la abrazó con fuerza.- Y, como te dije, deseaba hablarlo primero con mi hermana porque voy a necesitar que ella me preste dinero para pagar las cuotas pero bueno, no esperaba que el entrenador Schneider me cambiara los planes de una manera tan repentina.
- Ay, tengo que admitir que temí que hubieses decidido irte de Múnich.- los ojos azules de la chica se humedecieron.- Jamás se me ocurrió pensar que podrías tener otro plan establecido.
- Me cansé de huir ya, Marie, ahora quiero establecerme y enfocarme en mi futuro.- Leonardo le secó las lágrimas.- ¿Sabes por qué? Porque quiero que estés tú en él.
Emocionada, Marie lo besó con intensidad y Leonardo le respondió el gesto, aunque no tardaron en separarse porque recordaron que seguían estando en un sitio público. Ambos se echaron a reír cuando un par de ancianitas los miraron escandalizadas por semejantes muestras de amor. Bien, que la reunión de ese día con los señores Schneider no terminó de buena manera pero, a pesar de eso, la relación entre Leonardo y Marie estaba más fuerte que nunca.
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"El abuelo de Sho llega pasado mañana", pensó Nela, mientras sacaba el vestido rojo y lo extendía sobre su cama. "¡Por dios, qué rápido volaron estas dos semanas! Ni tiempo tuve para prepararme como quería…".
Sho le había dicho ya cómo tenía que saludar y lo que debía hacer si deseaba causarle una buena impresión a su abuelo pero al final le recomendó que simplemente fuese ella misma. Si hubiesen sido ellos los que viajaran a China para conocer al hombre, entonces Nela sí se vería obligada a actuar de acuerdo a las normas locales, pero estando en Alemania no tendría por qué ser así.
- Mi abuelo ha viajado mucho y sabe cómo se mueve el mundo occidental, no te va a exigir que te comportes como una perfecta mujer china si tú eres inglesa.- le había dicho Shunko.- Deja de preocuparte por eso, que mi abuelo no te va a comer.
Pero de cualquier manera el asunto la ponía muy nerviosa. ¿Por qué carajos estaba tan estresada? Sin duda que era porque deseaba que el abuelo de Sho la aceptara, ella no quería admitirlo pero estaba loca por él y le rompería el corazón que su único familiar conocido no la quisiese como nuera.
En ese momento alguien tocó al timbre y Nela se apresuró a abrir; se trataba de Gwen, a quien la inglesa había mandado llamar debido a que el vestido necesitaba pequeños ajustes (no era para sorprender, considerando que el abuelo Sho lo compró sin conocerla) y la alemana era muy buena para la costura, Gwen cosía lo mismo ropa que piel y órganos desgarrados. Ella ayudó a Nela a ponerse el vestido para comprobar en dónde necesitaba hacerle arreglos, tras lo cual se puso a trabajar en ello, hablando tan poco que Nela supo que había un problema con su amiga.
- Y bien, Gwen, ¿ya vas a decirme qué es lo que te pasa?.- soltó Nela.
- ¿A mí?.- Gwen pareció sorprenderse.- No me pasa nada, ¿de qué hablas?
- Bien que lo sabes.- insistió la inglesa.- A últimas fechas te he notado muy rara, sé que algo tienes pero no has querido hablar con nadie, ni siquiera Leo tiene una idea de qué es lo que sucede. Te la has pasado leyendo el último número de Voguée cuando jamás en la vida te ha interesado esa revista y saltas como conejo asustado cuando alguien te llama por teléfono; sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es la reacción que tienes cuando alguien menciona a Olga Schwartz. ¿Qué es lo que te pasa?
- ¿Qué quieres decir?.- para comprobar lo que Nela acababa de mencionar, Gwen saltó en su asiento.- ¡A mí no me afecta que alguien hable de esa mujer!
- Gwen, querida, ¿qué es lo que pasa con ella?.- la inglesa no dio su brazo a torcer.- ¿Quién es y qué te ha hecho para que te pongas así?
La alemana, sin poder contenerse más, agachó la cabeza y se soltó a llorar; Nela la abrazó con cariño, esperando a que ella soltara sus sentimientos reprimidos pues sabía bien que no había mejor terapia que llorar.
- Olga Schwartz es mi madre.- confesó Gwen, al fin.
- ¿Qué?.- Nela abrió mucho los ojos, sorprendida.- ¿Tú madre? ¿Qué no se supone que tu madre está muerta?
- Mentí, porque no quise decir que mi madre en realidad nos abandonó cuando yo tenía ocho años.- dijo la chica, decaída.- Mentí porque no soportaba la idea de pensar que no fui lo suficientemente valiosa para la mujer que me engendró.
- No digas eso.- la reconvino Nela.- No entiendo las razones por las que tu madre te abandonó pero no tiene nada que ver contigo, tú eres una persona maravillosa.
- Yo no sé si lo sea o no, pero para la famosa actriz Olga Schwartz no fuimos suficientes.- musitó Gwen, con la cabeza apoyada en el regazo de Nela.- Nos dejó a mi padre, a mi hermano y a mí porque se cansó de nuestra vida modesta, ella necesitaba el lujo y el glamour de su vida de actriz de cine. Ni siquiera consideró la opción de llevarnos con ella, simplemente decidió que le estorbábamos y se fue.
- Ya veo.- Nela acarició el cabello de Gwen con ternura.- Pero eso no es tu culpa y lo sabes, simplemente hay personas que no tienen bien ordenadas sus prioridades; yo no cambiaría a mis hijos por mi carrera pero el que alguien sí lo haga no significa que fue porque sus niños tengan algo mal. Ninguno de ustedes tuvo la culpa, simplemente que ella es, eh…
- Una desgraciada hija de puta.- completó Gwen, repitiendo las palabras en español que les había escuchado a decir a sus amigas cientos de veces.- No tengo otra manera de describirla. ¿Y sabes algo? Podría aceptarle que se hubiese marchado pero lo que no le perdono es que tenga el descaro de volver y decir: "me equivoqué, discúlpame, me acordé de que soy madre y tengo ganas de ver a mi hija otra vez porque la extraño".
- Ahora entiendo por qué ella ha venido a Múnich.- señaló Nela, pensativa.- Se había rumorado que había venido a buscar a alguien famoso, algún jugador del Bayern u otro actor, pero todos se han equivocado, en realidad sólo vino por su hija…
- Y se puede regresar por donde vino, cuanto antes mejor; no puedo perdonar que nos haya abandonado y que luego quiera volver como si nada.- Gwen se separó de su amiga y se acomodó el peinado, tras lo cual se echó a reír.- Por cierto que, con respecto a lo que dices de que se creía que Olga venía buscando a un futbolista, hubo gente que pensó que andaba tras del Káiser. Pobre Schneider, ¿es que nunca van a dejar de relacionarlo con actrices o modelos?
- Con esa tonta de Hedy Lims es suficiente, tanto para él como para Elieth.- Nela sonrió, aliviada de que su amiga se mostrara más calmada.- Ya me imagino cómo se pondría la Peque si los periódicos aseguraran que una mujer mayor como Olga Schwartz anda detrás de Karl Heinz Schneider.
- Sería una locura.- Gwen suspiró, con tristeza, tras lo cual continuó arreglando el vestido.- No creí que alguien se daría cuenta de que andaba tan afectada por lo de mi madre, me daba vergüenza que alguien lo supiera y por eso lo mantuve oculto.
- Comprendo.- aceptó Nela.- Sin embargo, para eso estamos tus amigas, para apoyarte en estas circunstancias. ¿Se lo has dicho a Leo?
- No.- negó Gwen.- Temo que intente convencerme de aceptar hablar con Olga.
- No creo que lo haga si le cuentas lo que me has dicho a mí.- rebatió Nela, con suavidad.- Al fin y al cabo él es tu novio, no lo dejes de lado en un asunto tan importante.
- Supongo que tienes razón.- Gwen asintió, resignada.- Creo que es un buen momento para hacerlo, considerando que Olga se ha ido ya de Múnich. Gracias por preocuparte, Nela, prometo que no volveré a ocultarles algo así.
- Eso espero.- replicó Nela.- No es bueno guardarse las cosas para uno mismo.
- Y hablando de parientes "indeseados", ¿cómo te sientes con respecto a la visita de tu suegro abuelo? Ya sé que él no es un pariente indeseado pero parece que eso te pone muy nerviosa.- preguntó Gwen.
- ¡Ay, que me muero de los nervios!.- confesó la inglesa, exasperada.- ¡Temo que en cuanto me vea se niegue a dirigirme la palabra y se regrese a China!
- ¿Y por qué habría de hacerlo?.- rebatió la alemana.- Tal y como tú me dijiste, eres una persona maravillosa, ten un poco más de fe en ti misma.
- ¿Cómo dice el dicho que tanto menciona Débora? ¿"En casa de herrero, cuchillo de palo"?.- Nela soltó una risita nerviosa.- Sabes que soy muy buena para ayudar a los demás a arreglar sus vidas pero soy un desastre viviendo la mía.
- Pero, como bien dijiste también, para eso estamos tus amigas.- replicó Gwen, sonriente.- Para recordarte que eres especial y que por algo Sho te ama, seguro que su abuelo sabrá valorar eso.
- Lo que temo es que las barreras culturales se interpongan.- insistió Nela.- Temo que él no me acepte por no ser china.
- Vamos, ¿quién podría ser tan estúpido como para rechazar a la novia de su nieto o hijo sólo porque es de otra nacionalidad?.- Gwen puso los ojos en blanco.
- Supongo que tienes razón.- aceptó Nela, más tranquila.
Por fortuna para ella, nadie le había contado todavía lo que sucedía con Lily y el padre de Genzo, que de lo contrario habría tenido muchos más motivos para estresarse por la próxima visita del abuelo de Sho.
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Tokio.
Genzo se dio cuenta de que había dejado su teléfono en la casa de sus padres hasta que estuvo de regreso en la concentración del equipo japonés en Tokio. Era demasiado tarde para volver por él y el portero no quería pedirle a su padre que se lo enviara; considerando el estado de ánimo en el que dejó a Akira, seguramente que éste le regresaría el aparato hecho añicos, si se lo regresaba.
- Podría dejarte el mío, si quieres.- ofreció Mikami.- O volver por el tuyo, si lo prefieres.
- No lo creo prudente.- Genzo sonrió.- Con lo que le dije a mi padre sobre ti, es capaz de lanzártelo a la cara si te llega a ver.
- Podría pedírselo a Kana.- replicó Mikami, refiriéndose a la madre de Genzo.- O te dejo el mío, no hay problema.
- No es necesario que hagas el viaje hasta allá sólo por un aparato, no lo vale.- negó Wakabayashi; por fortuna, no tenía ahí fotos comprometedoras de él y Lily que su padre pusiera usar en su contra, no era tan tonto.- Y creo que tú necesitas tu teléfono más que yo, considerando que voy a estar ocupado entrenando con la Selección; ya me compraré otro cuando regrese a Alemania, no te preocupes.
Wakabayashi no recordaba que alguien le había enviado un mensaje aconsejándole que arreglara sus actividades en Japón y se suponía que Lily sabía que muy probablemente él se quedaría al partido contra Paraguay, así que el joven no consideró urgente el conseguir un teléfono nuevo. Como no era del tipo de personas que se la pasan pegadas a un aparato tecnológico, para Genzo perder su celular no era una desgracia mayúscula como sí lo sería para alguien más obsesionado.
- De acuerdo.- asintió Mikami.- De cualquier manera, si necesitas que envíe algún mensaje a alguien, incluyendo la doctora Del Valle, sólo pídelo.
- Gracias, pero no será necesario.- Genzo esbozó una sonrisa genuina al pensar en Lily.- Ella sabe que estaré muy ocupado por acá.
Con lo agotado y enojado que estaba, Genzo ni siquiera pensó en entrar a sus redes sociales en algunas de las computadoras de escritorio de uso público que había en las instalaciones, de manera que no supo el pequeño malentendido que se estaba gestando con su nombre y con el de Hana Aizawa en algunos periódicos pero, aun cuando se hubiese enterado, él no habría encontrado motivos para preocuparse. ¿Por qué habría de tenerlos? Wakabayashi había dejado en claro que a quien amaba era a la doctora Del Valle, los periódicos podrían hablar lo que quisieran acerca de su evidente cercanía a Hana Aizawa ya que de cualquier manera no eran más que rumores mal fundamentados. Así pues, tras cenar con sus antiguos compañeros del Shutetsu, el portero se retiró a descansar para analizar a detalle la plática que tuvo con sus padres y sacar algunas conclusiones finales.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que alguien tocara a la puerta de su habitación; se trataba del entrenador Kira, quien deseaba saber qué decisión había tomado Wakabayashi con respecto al partido contra Paraguay.
- Deseo quedarme a jugar, si no tiene inconveniente.- respondió Genzo.- Aún tengo algunos días disponibles antes de que deba volver a Alemania.
- Sabes que eres bienvenido.- asintió Kira.- Haré algunos ajustes con respecto a la alineación pero hablaremos de eso cuando estemos en Saitama.
- Gracias, entrenador.- dijo el portero.- Y le ruego que disculpe que haya tenido que abandonar la concentración de una forma tan imprevista.
- Entiendo que fue por un motivo familiar, según lo que me ha dicho Mikami.- comentó el entrenador Kira.- Espero que no haya habido problemas.
- Así es, fue por causas familiares.- Genzo puso su mejor cara de póquer.- Y no los hubo. Gracias por su comprensión, mañana estaré a primera hora en el entrenamiento.
Kira no agregó algo más y se despidió, recordándole al joven que si necesitaba arreglar algún otro asunto personal, se lo comunicara a Hana para que se hiciera cargo. Al entrenador realmente no le molestaba que Wakabayashi hubiese tenido que ausentarse, de cualquier manera originalmente había pensado jugar sin él esos partidos así que si el portero no hubiese podido volver para el encuentro contra Paraguay, Kira lo habría sustituido por Morisaki sin problemas. Además, a esas alturas el hombre creía que no tenía derecho a reclamar por las súbitas ausencias de sus jugadores, considerando que en años previos presionó a Kojiro Hyuga en más de una ocasión para que abandonara las concentraciones de sus equipos y fuese a su escuela de sóccer en Okinawa para mejorar sus habilidades.
Cuando se quedó a solas, Genzo estuvo tentado de llamar a Hana para pedirle que le comprara otro teléfono portátil pero se abstuvo porque no quería molestarla con una cuestión tan trivial. El joven también se preguntó si debía usar alguno de los teléfonos de monedas que aún había en las instalaciones para llamarle a Lily y saludarla, pero cuando ya se había decidido a ir en busca de uno, se dio cuenta de que no sería una hora adecuada para hablarle, en Alemania debían ser más o menos las cuatro de la mañana y seguramente Lily estaría dormida, así que Genzo también desistió de esa idea.
"Bien, por hoy tendré que resignarme a la idea de que no hablaré contigo, Yuri", pensó Genzo, desanimado. "Lo cual quizás sea lo mejor, dado el hecho de que no tengo buenas noticias qué darte…".
Días después, el joven se recriminaría por no haberle hecho caso a su instinto, se habría ahorrado varios malos ratos de haber seguido su corazonada.
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Múnich.
"Esta noche te espero en Säbener Straße", decía el mensaje de Stefan. "El guardia te estará esperando, dile que eres mi invitada y te guiará a donde debes ir".
Débora sonrió. ¿Qué locura se le había ocurrido a Levin, por qué la había citado en Säbener Straße? Se moría de la curiosidad de saber pero se abstuvo de preguntarle ya que pensó que eso arruinaría la sorpresa. Ella se preguntó muchas veces qué habría planeado él para esa cita, supuso que simplemente irían a comer a cualquier restaurante o quizás al cine pero la apuesta cambiaba si Stefan pedía verla en Säbener Straße.
"Bien, que al menos no tendré que preocuparme mucho por cómo vestirme", pensó Débora. "A menos que pretenda llevarme a una cena de beneficencia, cosa que no creo porque Lily y Elieth ya habrían dicho algo".
Por fortuna, ese día su turno terminaba temprano y ella tendría tiempo de sobra para alistarse para su cita. A la salida del hospital, sin embargo, la estaba esperando Jean, con una expresión extraña en su rostro. El médico se le acercó en cuanto la vio y por un momento Débora tuvo deseos de dar la vuelta y salir corriendo.
- ¿Ya te vas, Deb?.- preguntó Jean.- ¿Puedo acompañarte? Quiero hablar contigo.
- ¿Te piensas tardar mucho?.- fue lo que respondió ella.- De verdad que no quiero ser grosera contigo pero tengo que alistarme para algo importante que voy a hacer esta noche.
- Vas a salir con él, ¿no es cierto?.- el rostro de Jean se ensombreció.- Con Stefan Levin.
- Sí.- contestó Débora, desafiante.- Es una cita de amigos nada más pero sí, voy a salir con él.
- Ya veo.- Jean desvió la mirada y suspiró.- En todo caso, lo que tengo que decirte no va a quitarte mucho tiempo y en cierto modo se relaciona con él. Quiero disculparme contigo porque en las últimas semanas he estado tomando tu teléfono para hacerme pasar por ti y exigirle a Levin que te deje en paz. También he estado bloqueando su número de manera constante, cada vez que tú lo desbloqueabas yo lo volvía a hacer.
- ¡Ya decía yo que no estaba loca!.- a Débora, más que sorprenderle la confesión, le decepcionó saber que sus sospechas habían sido ciertas.- ¿Por qué carajos hiciste eso, Lacoste? ¿Quién te dio el derecho de entrometerte así en mi vida? ¿Te volviste loco, eres idiota o qué? Lo tuyo ya raya en el acoso, caramba.
- Lo siento, sé que estuvo mal.- Jean agachó la cabeza.- Pero lo hice porque deseaba protegerte, porque no deseo que Levin te haga daño otra vez.
- Jean, quizás esa excusa sea cierta pero la has repetido tantas veces que ha comenzado a perder sentido, si es que alguna vez lo tuvo.- Débora suspiró.- Después hablaremos sobre esto, cuando tenga deseos de amargarme la vida, pero por el momento debo irme ya.
- Me odias, ¿cierto?.- cuestionó él, en voz baja.
- No, no te odio pero sí me queda claro que si llegaste tan lejos fue porque yo te lo permití.- replicó Débora, con cierta dureza.- Debí haberte puesto un alto bien claro después del beso de la cafetería, aunque reconozco que si no hubiera sido por eso…
"Yo no habría vuelto a hablar con Stefan Levin…".
- Si no hubiera sido por eso, ¿qué?.- quiso saber Jean.
- No tiene importancia.- contestó ella y echó a andar de nuevo.- Hablaremos después, Lacoste.
Había muchas cosas que Débora quería reclamarle a Jean pero no estaba dispuesta a permitir que él se saliera con la suya y le amargara el día, así que enterró ese nuevo motivo de enojo en una parte oscura de su cerebro para enfocarse en la cita que tenía por delante, ya tendría la ocasión de cantarle al francés todas sus quejas. Una vez en su departamento, Débora se volvió loca frente a su guardarropa por no saber qué ponerse, se suponía que ésa era una cena "entre amigos", en teoría ella no debía ir "vestida para matar" pero él seguía siendo Stefan Levin, el hombre del que estaba enamorada y no era como si le diera lo mismo irse con un vestido sexy que con pantalones de yoga. Tras lo que le pareció una eternidad, Débora al fin consiguió hacerle caso a su instinto y se puso un pantalón de mezclilla, una blusa negra de seda y una chaqueta corta, rogando que Stefan no planeara llevarla a una cena con el equipo porque entonces todo se arruinaría. Al llegar a Säbener Straße, sin embargo, ella constató que el lugar lucía muerto, no había más que unos poquísimos trabajadores haciendo labores a esas horas de la noche; el guardia de seguridad se acercó a la joven antes de que ella pudiera hablar y le preguntó si era la doctora Débora Cortés.
- Soy yo.- aceptó la chica, muy nerviosa.- Stefan Levin me ha citado aquí.
- La está esperando.- el hombre parecía muy dispuesto a servir de guía.- Sígame, por favor.
El guardia la condujo hacia una zona apartada de los campos de entrenamiento principales; conforme caminaban, Débora pudo darse cuenta de que a lo lejos había un área muy iluminada por algo que parecían ser velas o lámparas, sólo cuando estuvo más cerca pudo comprobar que se trataban de cuatro curiosas lámparas de jardín de poste, cuyas puntas acababan en esferas que lanzaban una cálida luz amarillenta. Los postes formaban un cuadrado, en el centro del cual se encontraba Stefan, quien sostenía algo entre las manos. Desde la distancia, Débora notó que él estaba nervioso y eso la tranquilizó, si ambos estaban tensos significaba que cada uno tenía ganas de impresionar al otro.
"Aunque tú lo lograste más que yo", pensó Débora, mirando el cuadrado que formaban las lámparas de jardín. "¿Qué has planeado para esta noche, Stefan Levin?".
- Siga todo derecho hasta la zona de luz.- le señaló el guardia, con una sonrisa.- Que disfrute de la cena, doctora.
- Muchas gracias.- Débora le regresó el gesto al hombre antes de continuar caminando hacia el área señalada.
A cada paso que daba sentía que las piernas le temblaban más y más, pensando también que desfallecería cuando vio a Stefan de cerca, pues él lucía impecablemente atractivo con una camisa azul marino que destacaba sus ojos aún en la penumbra de la noche (menos mal, el muchacho también llevaba pantalones de mezclilla). Levin se acercó a ella con cierta timidez y le sonrió.
- Buenas noches, Deb.- la saludó él, con calidez.- Perdona que te haya citado aquí pero pensé que sería mejor que ir a un lugar cualquiera a comer salchichas o hamburguesas, espero que no te resulte demasiado incómoda mi idea.
- Para nada.- en ese momento, Débora vio que lo que Stefan llevaba en las manos era una canasta.- ¿Esto es una especie de picnic nocturno?
- Es exactamente eso.- Levin sonrió.- Espero que te guste la comida casera china… Te habría preparado algún platillo sueco pero, en honor a la verdad, no sé cocinar.
Débora se echó a reír ante la sincera confesión y Stefan la secundó, rompiéndose el hielo al instante. Él dejó la canasta en el centro de las lámparas, en donde ya había un mantel largo extendido y que ella no había notado hasta ese momento. El sueco comenzó a sacar platos y recipientes y Débora lo ayudó, aliviada de saber que se había vestido de manera correcta porque sin duda que iban a comer en el suelo, sobre el mantel. Ella se preguntó de dónde habría sacado las lámparas, pues no creía que hubiese un sitio así de preparado en Säbener Straße, de entrada ni siquiera sabía cómo fue que Stefan consiguió el permiso para tener una cita ahí, a esas horas de la noche. Había que reconocerle, sin embargo, que era una idea original para una reunión entre dos personas que intentaban descubrir qué era lo que en verdad sentían la una por la otra.
- Hay pollo a la naranja, tallarines chinos y rollos primavera.- comentó Levin, tras destapar los recipientes grandes.- Todo fue preparado por mi chef chino personal. Y para beber, hay cervezas heladas y una jarra de té de jazmín.
- Supongo que tu chef personal chino es Sho.- señaló Deb, divertida.
- Sí, pero no se lo digas que si no dejará de alimentarme.- Stefan rio con vergüenza.- No sé, ahora que lo pienso esto es bastante bizarro, somos un sueco y una mexicana teniendo una cita en una ciudad alemana, con comida china y cervezas holandesas.
- Y vamos a hablar de una película norteamericana.- Débora volvió a reír.- Tenemos una buena mescolanza cultural, ¿qué más necesitamos para hacer de ésta una noche épica?
- Supongo que sólo pasarla bien.- respondió Levin, sonriendo.
La idea del picnic nocturno se le había ocurrido al sueco cuando recordó esa vez en la que Sho le habló de su cita con Nela en el Englischer Garten, acontecida hacía varias semanas antes; sin embargo, como bien le había dicho a Débora, Stefan no sabía cocinar y se iba a resignar a comprar algunas salchichas bratwurst con salsa de tomate, curry y papas fritas o a preparar sándwiches de salami cuando Sho se ofreció a prepararle algunos platillos, escandalizado por el simple menú de su inexperto amigo, siempre y cuando Levin se comprometiera a ayudarlo. Así había sido y ahora esperaba que a Débora le gustara el resultado, Stefan estaba tan nervioso que no se le ocurrió probar la comida primero. Por fortuna, Sho decidió no prepararla con ajo ni con cebolla, por pura precaución.
- Por si se te ocurre besarla, no vaya a ser que salga corriendo ante tu mal aliento.- dijo el chino.- O quizás seas tú el que huya ante el suyo.
Si Débora le hubiese preguntando a Stefan cómo fue que consiguió permiso para realizar un picnic por la noche en Säbener Straße, le habría sorprendido la respuesta de él: simplemente no lo había obtenido. Schneider fue muy honesto con su amigo cuando éste le preguntó por esa cuestión: nadie le impediría a Stefan el tener una cita en las instalaciones del Bayern, incluso los guardias lo ayudarían si lo pedía de buena manera, pero si alguien de la directiva o el entrenador lo descubría, le caería un buen castigo (Lily y el mismo Karl eran fieles testigos de eso). Stefan decidió correr el riesgo, no creía que alguien fuese a descubrirlo esa noche y no era algo que pensara hacer a diario.
Después de que Débora sirvió las porciones de comida, Stefan se encargó de las bebidas y ambos se dispusieron a disfrutar de la cena y de su mutua compañía. A pesar de la iluminación, se veían algunas estrellas y ellos se entretuvieron buscando constelaciones, las pocas que se sabían y recordaban, mientras una música suave se escuchaba de fondo. Levin le había pedido prestado su reproductor de música a Leonardo Del Valle, no porque él no tuviera el suyo sino porque estaba lleno de canciones de género black metal (un secreto que nadie en Alemania conocía) y Stefan no deseaba espantar a Débora con sus peculiares gustos musicales. No tan pronto, al menos.
- Y bien, ¿hiciste tu tarea?.- preguntó Débora.- ¿Viste la película?
- Por supuesto.- contestó Stefan.- ¿Y tú?
- Claro que sí.- asintió ella.- Y tengo que admitir que me gustó más la versión sueca de "Los hombres que no amaban a las mujeres" que la estadounidense, es mucho más oscura y cercana al libro, tanto en personajes como en trama. Tuviste razón, lo reconozco.
- Es bueno saberlo.- Levin sonrió.- Espero que para la próxima confíes más en mis gustos, Deb.
- Oh, pues para eso tendrías que hablarme más de ellos, ¿no te parece?.- replicó Débora.- Podemos empezar de una vez, ahora que estamos solos y tenemos mucho tiempo para hacerlo.
- Creo que eso es lo que hemos estado haciendo en los últimos días, pero con todo gusto seguiré hablándote de lo que me gusta.- aceptó Stefan.
La plática se enfocó en los libros de la saga Millenium, los posibles actores que podrían haber hecho tal o cual papel y detalles menores, para después desviarse a temas al azar que iban saliendo uno tras otro, ligados por comentarios de una manera tan natural que ninguno se sentía incómodo por estar cambiando tan constantemente de tema. Cuando se acabó la comida y el té, los jóvenes comenzaron a dar cuenta de las cervezas, las cuales disfrutaron bajo el relativamente frío clima de Múnich. El reproductor de música saltaba de una canción a otra, animando a la pareja y dándole a la noche el toque especial que faltaba. En algún momento, quizás empujado por las cervezas, Levin le preguntó a Débora el por qué había aceptado tener una cita con él, a pesar de lo increíblemente estúpido que fue con ella en el pasado.
- No lo sé.- Débora se atragantó con la cerveza.- Quizás fue porque me defendiste en la cafetería y me di cuenta de que no eres un completo imbécil.
- O sea, no soy uno completo pero sí uno incompleto.- señaló Levin, presto.
- Más o menos, sí.- respondió ella, impulsada también por el alcohol.- Lo siento, pero tienes que admitir que todo ese showcito de "sigo amando a mi novia muerta y siempre lo voy a hacer" es una tontería, Stefan Levin. Ella no va a volver, por más que lo desees y por más que duela, y alejarte de la felicidad por su causa es una mala manera de enterrarse en vida.
- Eso ahora lo sé perfectamente bien.- suspiró Stefan.- Pero confieso que me costó trabajo entenderlo…
- Peor sería que no lo hubieras hecho nunca.- sentenció Débora.
- Es verdad.- aceptó Levin, mirando el cielo estrellado.- Ahora sé que mi renuencia a acercarme a ti era porque temía enamorarme y perderte como perdí a Karen, no me sentí lo suficientemente fuerte como para pasar por eso dos veces.
- Un rayo no cae dos veces en el mismo sitio, o es lo que dicen.- replicó Débora, mirándolo a los ojos.- Y aunque lo hiciera, ¿no vale la pena correr el riesgo? ¿O es que deseas estar solo por el resto de tu vida?
- No, no quiero.- él le devolvió la mirada.- Desde hace mucho que dejé de querer estar solo… No deseo despertarme un día y darme cuenta de que perdí una oportunidad única, Débora…
Stefan le acarició con ternura un mechón de pelo oscuro; Débora se ruborizó y se preguntó qué debía hacer. Él, a pesar de sus palabras, se resistía a dar el paso final y ella estaba a punto de darlo en su lugar cuando de pronto en el reproductor de música comenzó a sonar "Love is all around" y Débora saltó al escuchar la melodía.
- ¡Amo esa canción!.- exclamó ella, emocionada.- ¡Es una de mis favoritas! I feel it in my fingers, I feel it in my toes…
- ¿De verdad te gusta?.- Levin se echó a reír.- ¡Es muy cursi!
- ¡Pues por eso me gusta!.- Débora rio con él.- ¿Qué tiene de malo? No es éste el mejor momento para confesarte que me gusta el metal, ¿o sí?
Él, sin dejar de reír, se puso en pie y la tomó de la mano para obligarla a incorporarse. Ambos se pusieron entonces a bailar la cursi melodía romántica como un par de adolescentes que recién hubiesen descubierto el amor. Débora cantaba a todo pulmón, no tan afinada como podía esperarse pero eso hizo que inesperadamente Stefan la amara más. En alguna de las tantas vueltas que dieron, ellos quedaron frente a frente y entonces Stefan la tomó por la cintura y la besó; Débora, ansiosa, le devolvió el beso, agradeciendo a su buena fortuna por ese cambio favorable en su destino.
So, if you really love me, come on and let it show…
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Lily estaba desayunando con Elieth cuando recibió una solicitud de conversación en su chat de Facebook por parte de alguien a quien no tenía entre sus contactos; cuando se enteró de quién se trataba, bufó con exasperación.
- ¿Qué sucede, Lapinette?.- quiso saber Elieth.
- Que estoy esperando a que Gen se comunique conmigo y en vez de eso me habla este imbécil de Ëkdal.- respondió la otra, enojada.- ¿Por qué carajos no me deja en paz?
- Vas a tener que interponer una orden de restricción.- Eli puso los ojos en blanco.- ¿Ahora qué quiere? ¿Qué nunca va a entender que no le vas a hacer caso?
- Yo que sé.- Lily decidió abrir el mensaje para exigirle al tipo que dejara de molestarla.- Pero ya me harté, voy a ponerlo en su lugar.
Sin embargo, no tuvo oportunidad de escribir algo porque el mensaje que Ëkdal le había enviado consistía en una noticia, cuyo titular rezaba que el SGGK Genzo Wakabayashi, el shugoshin de Japón, se había conseguido una nueva novia japonesa. Lily soltó una exclamación y por poco deja caer el teléfono, lo cual preocupó mucho a Elieth.
- ¿Qué te ocurre, Lapinette?.- quiso saber la rubia.- ¿Qué ha hecho ese imbécil, mandarte sus nudes?
- ¡Peor que eso!.- Lily abrió la noticia y se la mostró a Elieth.- ¡Mira esto, Gatita!
La nota, para variar, era de Blind y en ella se decía que Genzo Wakabayashi se había olvidado ya de su antiguo amorío en Alemania con la doctora del Bayern Múnich para iniciar uno nuevo con la asistente de la Selección de Japón, cuyo nombre era Hana Aizawa. Si Lily hubiese leído la nota del primer periódico que confundió a Hana con la pareja de Wakabayashi, se habría dado cuenta de que Blind simplemente copió la información, la deformó y la propagó como si fuese verídica, sin molestarse lo más mínimo en verificarla. Sin embargo, Lily no conocía la noticia original y se preguntó qué tanto de lo que decía el nuevo chisme era verdad.
- No te vas a creer eso, ¿verdad?.- Elieth estaba furiosa.- ¡Ese estúpido necesita que alguien le muela el trasero a patadas!
- ¿Cuál de los dos, Gatita?.- cuestionó Lily.- ¿El de Blind o Ëkdal?
- Los dos.- bufó la rubia.- A Ëkdal por venir a molestar con esto, al de Blind por cabrón mentiroso. ¡Mira que inventarse que Genzo tiene una nueva novia!
- ¿Quién es esa Hana Aizawa?.- Lily pareció no escucharla.- ¿La conoces?
- No.- negó Elieth, frunciendo el ceño.- Nunca la había visto ni había escuchado hablar de ella.
La fotografía que acompañaba el reportaje era la misma de Genzo y Gino que ya había visto Lily el día anterior; sin embargo, en ese momento a ella le pareció ver que la japonesa bonita que aparecía detrás de Wakabayashi lo miraba con amor. Ella, suponía Lily, debía ser Hana.
- La nota dice que es la asistente del entrenador Kira.- Lily comenzó a morderse una uña, con cierta angustia.- Y que se le ha visto muy pegada a Genzo desde que él llegó a la Selección.
- Si es la asistente del entrenador, es lo más lógico que pasen tiempo juntos.- replicó Elieth, poniendo los ojos en blanco.- Lapinette, si me llegas a decir que te estás creyendo lo que Blind ha puesto, a quien le voy a moler el trasero a golpes será a ti. Ni se te ocurra pensar que Genzo te podría ser infiel, él te ama y nunca te traicionaría.
Pero Lily no pensaba que Hana Aizawa fuese la nueva novia de Genzo, o al menos no que fuese una novia que él hubiese elegido. ¿Qué tal si Hana era alguien a quien Akira Wakabayashi había escogido para que se casara con su hijo?
"Por algo no me contestas las llamadas, Gen", pensó Lily, con tristeza. "¿Qué tanto estás haciendo en Japón que no tienes tiempo ni para despejar mis dudas?".
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Saitama.
La Selección de Japón llegó sin contratiempos a las instalaciones de Saitama, previo al encuentro contra la Selección de Paraguay. Lo primero que Genzo tenía planeado hacer tras ubicarse en su habitación era buscar un teléfono público para llamarle a Lily, o bien encontrar una cabina de Internet para comunicarse con ella; Wakabayashi ansiaba verla y decirle que, aunque la charla con su padre no salió bien, ya tenía planes para el futuro en los que ella estaba incluida. El portero sentía que su doctora podría llegar a preocuparse si no recibía noticias suyas pronto, además de que la extrañaba mucho así que deseaba hablar con ella cuanto antes. Sin embargo, había alguien que tenía planes opuestos a los suyos, los cuales iban a chocar con la firme intención que Genzo tenía de comunicarse con Lily.
- Wakabayashi, debemos hablar.- Ken Wakashimazu abordó a Wakabayashi en cuanto éste salió de su habitación.- Es urgente.
- ¿Qué sucede, Wakashimazu?.- Genzo estaba sorprendido.- ¿No puede esperar para después? Hay algo importante que tengo que hacer primero.
- Seguro que puede esperar.- Ken le cortó el paso, parándose frente a él con los brazos cruzados.- He leído ya lo que se dice de ti en los medios y quiero que sepas que no lo voy a permitir.
- ¿De qué hablas?.- Wakabayashi se desconcertó aún más.- ¿Te refieres a mi actuación con el Hamburgo? Pensé que eso era noticia vieja y que no le importaba a nadie más que a mí.
- ¡No te hagas el tonto!.- estalló Ken; Genzo nunca lo había visto tan enojado.- ¡Sé lo que se rumora sobre Hana y sobre ti y no lo voy a permitir! En muchas ocasiones he tenido que ceder ante ti, porque tienes más experiencia que yo en el fútbol profesional, ¡pero con respecto a Hana no voy a retroceder! ¡No voy a dejar que me ganes en esto, Hana es mía y si es necesario voy a luchar por ella!
- ¿Pero qué demonios…?.- Genzo no supo qué decir.- ¿De qué estás hablando? ¿Qué tiene que ver Aizawa en esto?
- ¡Deja de fingir que no sabes de qué hablo!.- Ken lanzó un puñetazo a la cara de Genzo; éste, desconcertado, alcanzó a moverse en el último segundo así que el golpe no le dio de lleno en el rostro.
- ¿Qué carajos te pasa, Wakashimazu?.- Wakabayashi se palpó la zona adolorida.- ¿Has perdido la razón?
- ¡No, Ken, basta!.- en ese momento, Hana apareció en el fondo del corredor que conectaba las habitaciones y se dirigió a toda velocidad hacia ellos.- ¡No es lo que crees! ¡Esto es un malentendido, déjame explicarte, Wakabayashi y yo sólo somos amigos!
Wakashimazu contempló a Hana con una mezcla de anhelo y dolor, dos emociones tan intensas que hicieron que Genzo por fin entendiera lo que estaba sucediendo ahí. Era algo muy obvio, las señales habían sido claras pero Wakabayashi era tan poco entendido en las cuestiones del amor que no pudo verlas antes.
- Ahora lo entiendo todo.- exclamó Genzo, sin pensarlo.- ¿Desde cuándo ustedes son amantes?
Ken lo miró con enojo y Hana con vergüenza. Wakabayashi se dijo entonces que quizás era momento de aprender un poco de sutileza.
Notas:
- Love is all around es una canción cursi interpretada por Wet, Wet, Wet.
- En el manga, Genzo no se queda a jugar el partido contra Paraguay, eso también lo he modificado por cuestiones de trama.
- Elieth Schneider y yo tenemos la idea de que a Levin el gusta el black metal. No nos basamos en algo canónico, es simplemente una idea nuestra.
