Capítulo 42.
Múnich.
Los asistentes al entrenamiento del Bayern Múnich se dieron cuenta de que algo no andaba bien con los Schneider. El hijo andaba perdido en las nubes, constantemente fallaba pases e incluso en una ocasión recibió un pelotazo en la cara de parte de Sho, quien no esperaba que Karl no estuviera en condiciones de recibir el balón.
– ¡Ten más cuidado!.- protestó Karl, enojado.- ¡Enviaste ese balón con demasiada fuerza!
– Discúlpame.- contestó Sho.- No volverá a suceder.
Cuando Karl se giró, Sho miró a Levin con cara de "¿Qué carajos le sucede a este tipo?". Él nunca en su vida se había quejado de que le hubiesen realizado un pase con rudeza ya que habitualmente era Schneider quien lanzaba con mayor poder, por algo era el último que disparaba en la técnica del Rugido del Dragón. Sin embargo, ese día no se concentraba lo suficiente y fallaba constantemente, por fortuna él no jugaría el próximo partido o éste podría verse comprometido.
– Definitivamente Schneider no anda en su mejor momento.- comentó Stefan, como respuesta a la pregunta no formulada.- Me pregunto qué será lo que le ocurre para que pierda el control de esa manera, él normalmente es muy frío.
– Pues hoy se le descompuso el termostato.- replicó Shunko.- Mira que decirme que le mandé el balón con fuerza, al rato se va a quejar de que le rompí una uña.
– Que no te escuche el entrenador o te castiga.- Levin esbozó una sonrisa.- Es otro que anda fuera de sus cabales.
– ¿Qué nunca voy a tener tranquilidad?.- Sho suspiró de manera teatral.- Primero fallabas tú y ahora lo hace Schneider. Me parece que, una vez más, tendré que ser yo quien saque al Bayern Múnich a flote.
– Te he de recordar que fui yo quien salvó al equipo en el partido en el que tanto Schneider como tú se lesionaron.- Levin frunció el ceño.- No te creas tan indispensable, podrás haber sido de utilidad en otras ocasiones pero ahora que estoy al cien por ciento, has perdido tu oportunidad de destacar.
– Andas muy seguro de ti mismo hoy.- Sho esbozó una sonrisa.- Eso me da gusto pero, ¿a qué se debe el cambio del niño emo y depresivo que eras hace algunos días?
– Eso no te importa.- Stefan se echó a reír, a pesar de todo.
– Oye, si eso se debe a que te fue muy bien con la doctora Cortés, entonces sí me importa.- replicó Shunko, fingiendo sentirse ofendido.- ¿Se te olvida que sin mí, tu cita habría resultado un apestoso desastre de salchichas con curry?
Levin, siendo tan reservado como era, no pretendía revelarle a Sho (al menos no tan pronto), que su picnic nocturno fue todo un éxito. Definitivamente era Débora la causa de su buen talante pero no quería decirlo en un sitio en donde alguien pudiera escucharlo, considerando el humor tan inestable que estaban manejando los Schneider.
– Luego hablamos.- respondió Stefan.- Que si el entrenador nos ve charlando es capaz de ordenarnos que le demos cien vueltas al campo.
– Que de eso no te quede duda.- Sho estuvo de acuerdo con su amigo y ambos regresaron al entrenamiento.
La causa de que Karl estuviese tan distraído era la cena con Hedy Lims. Resultó ser cierto que no había manera en la que él pudiera zafarse de la cita sin crearse un lío legal enorme, por lo que estaba obligado a cumplir. Karl se dijo que probablemente a la Lims se le ocurrió planear aquello en cuanto puso un pie fuera de Säbener Straße, enojada como estaba por haber encontrado a su gallina de los huevos de oro, es decir él, besándose con otra. Si hubiera una manera de zafarse, Schneider con gusto pagaría por ella pero en esa situación ni siquiera se le ocurría comentarle el problema a Lily, pues la doctora tenía sus propios problemas y Karl dudaba de que ella tuviera alguna solución a esa cuestión.
"Al menos Elieth no se enojó conmigo por ese estúpido reportaje en el que aseguraron que Olga Schwartz vino a Múnich a verme a mí", pensó Schneider. "Aunque sigo preguntándome a qué se debió ese milagro, porque conociéndola es capaz de creer que Olga es una cougar que busca de amante a un hombre joven como yo".
Por su parte, Schneider padre andaba de un humor fatal, como pocas veces se le había visto. Habitualmente, Rudy Frank era un hombre sereno y tranquilo pero ese día andaba de "mírame y no me toques". Incluso el doctor Stein, con quien había entablado una buena amistad, notó que no sería buena idea el molestar al entrenador con bromas y permaneció serio y callado, limitándose a hacer su trabajo sin acercarse a él más de lo estrictamente necesario. Quizás Lily era la única que podía comprender qué le sucedía al entrenador, pero estaba tan avergonzada por lo que hizo su hermano que prefirió callarlo.
– ¡Corman, ese pase estuvo fatal, si sigues enviándolos con tanta torpeza, el oponente te quitará el balón!.- bramó Rudy Frank, furioso.- ¡Hazlo mejor o te enviaré a la banca!
– Sí, entrenador.- el danés no se atrevió a replicar.
– ¡Sho, deja de hacer el tonto y regresa a entrenar, a menos que quieras que te ponga a sembrar pasto en todos los campos!.- gritó Rudy Frank.- ¡Se te paga por jugar, no por hablar!
– Perdón, entrenador.- contestó Sho, apresurándose a volver junto al equipo, tras lo cual susurró.- Pero a su hijo no le dice algo, ¿no? En serio que les hace falta sexo a esos dos…
El doctor Stein estuvo a punto de preguntarle al entrenador Schneider qué era lo que lo tenía tan molesto, incluso deseaba sugerirle que se tomara diez minutos de descanso para relajarse pero no se atrevió. ¿Qué tenía al hombre tan irritable, de cualquier manera? El entrenamiento continuó entre las frecuentes fallas de Karl y los constantes gritos de Rudy Frank, hasta que éste decidió hacer una pausa para reposar en su oficina. El doctor Stein decidió seguirlo para intentar hablar con él pero tropezó con unas cajas que alguien debió de haber acomodado pero que evidentemente no hizo. El hombre soltó una exclamación de dolor, a lo que Rudy Frank respondió con un suspiro.
– No sé por qué carajos no se han llevado esas cajas todavía.- dijo el entrenador.- Voy a hablar al área de mantenimiento, es su responsabilidad recogerlas.
– Descuida, le pediré a Leonardo que se las lleve.- repuso el médico.
– Leonardo Del Valle ya no trabaja aquí.- replicó Rudy Frank, con expresión adusta.- Le diré a alguien más que las almacene.
– ¿De verdad?.- el doctor se asombró.- ¿Y eso por qué?
– Porque tiene otros planes en mente.- fue Lily la que respondió.- Va a enfocarse en su trabajo en el hospital al cien por ciento y por eso es que decidió terminar su contrato aquí.
– Oh, ya veo.- el médico sonrió.- Es una buena noticia entonces, aunque lamento ser el único que no está enterado de eso, me habría gustado despedirme de él, es un buen muchacho.
– Después podrá verlo en el hospital.- sugirió Lily, mirando de reojo al entrenador.
Rudy Frank debió de experimentar algún nivel de vergüenza porque desvió la mirada y echó a andar de nuevo, sin decir palabra. Lily no supo cómo interpretarlo y prefirió dejarlo pasar. Ella sabía que su hermano fue despedido por cuestiones que nada tenían que ver con su trabajo, el mismo Leonardo se lo había contado para que se preparara por las posibles reacciones que Rudy Frank pudiera tener con ella, pero lo poco que Leonardo quiso decirle le hizo creer a Lily que la culpa había sido suya y temió que el entrenador le reclamara. Sin embargo, ni éste había comentado algo ni Lily quería hacerlo así que el tema quedaba flotando entre ambos, cual molesta piedrita en el zapato.
Lo cierto era que, cuando se le bajó el enojo, a Rudy Frank le remordió la conciencia por haber despedido a Leonardo; era verdad también que podía alegar abuso de confianza como principal motivo pero Marie estaba tan enojada con él que no le dirigía la palabra, y el hecho de que Leonardo hubiese aceptado la decisión sin replicar no contribuyó a que Rudy Frank se sintiera mejor consigo mismo. Sin embargo, el hombre era de ideas firmes, si había decidido despedir al joven en base a una justificación plausible, se mantendría en esa idea aunque Marie se molestase con él. No podría ser peor que aquella vez en la que se ganó el odio de la afición del Hamburgo por haberse empeñado en no meter a jugar a la estrella del equipo, ¿no?
Horas más tarde, cuando el entrenamiento ya había llegado a su fin tras un estresado día con dos Schneiders funcionando a medio gas, Karl agradeció el poder irse a su departamento para pensar en cómo debía afrontar lo de Hedy Lims, pero entonces un joven de cabello castaño y ojos verdes le cortó el paso cuando se dirigía a su Porsche. Karl lo reconoció como el hermano mayor de Elieth, un médico al que había visto en algunas ocasiones pero con el que nunca habló directamente por alguna razón que no tenía importancia.
"¿Y ahora qué?", se preguntó el alemán. "¿Vendrá a buscar a su hermana? Qué extraño es que él sea mi cuñado y que nunca antes haya hablado con él".
– Guten tag.- saludó el joven.- ¿Ya vas de salida?
– Guten tag. En teoría, sí.- suspiró Karl, sabiendo que no iba a irse pronto.- ¿En qué puedo ayudarte?
– Soy Leo Shanks, hermano de la chica con la que te estás acostando.- soltó él, muy serio.- Vine a hablar contigo para advertirte que estoy enterado de lo que haces con mi hermana y que me parece una falta de respeto que no tengas ni la cortesía de presentarte con su familia.
– Pensé que eso era cuestión de ella, no mía.- replicó Schneider, enarcando una ceja.- Mi familia sabe quién es ella porque me he encargado de hacérselo saber; si Elieth desea que su familia me conozca, está en ella que eso suceda. Y no es como si Elieth y yo lleváramos mucho tiempo juntos, es más terca que una mula y hasta hace poco aún me rechazaba. Y por último, decir que sólo me estoy acostando con ella es ofensivo para mí porque no la veo como la amante de turno.
– Algo así pensaba, que era tu amante.- a Leo le agradó la respuesta del alemán.- Tengo que reconocer que eso de que es más terca que una mula es verdad y también es cierto que a últimas fechas a esa chaparra se le ha olvidado que tiene familia viviendo en Múnich. En todo caso, es bueno saber que no es sólo tu amante porque no me importa que seas famoso, la joven promesa del fútbol germano y el Káiser de Alemania, si me entero de que estuviste usándola va a irte verdaderamente mal.
– Supongo que me lo merezco.- suspiró Schneider, resignado.- No esperaría menos de ti, yo también tengo una hermana menor y algo similar le dije a su molesto pretendiente.
– No sólo tú, por lo que sé.- Leo frunció el ceño.- Lo que me recuerda, ¿tuviste algo que ver con el hecho de que despidieran a Leonardo Del Valle?
– Juro que no.- Karl frunció el ceño también.- De hecho, no estoy muy seguro de qué fue lo que pasó entre mi padre y él para que se llegara al extremo de correrlo pero temo que, si me entero, no sólo estaré conforme con esa decisión sino que además iré a matar al susodicho.
– Creo que Leonardo se lo buscó.- comentó el francés, pensativo.- Aunque, si me preguntas, el despedirlo fue una decisión injusta.
– Como dije ya, no sé muy bien qué pasó así que no puedo ni asegurarlo ni negarlo.- replicó Schneider, jugueteando con las llaves de su auto.
– Como sea.- Leo se encogió de hombros.- ¿Queda claro que te va a ir muy mal si le haces daño a mi hermana?
– Por supuesto.- aceptó Schneider.- Realmente me habría sorprendido que nunca vinieras a buscarme para decírmelo.
El ciclo se repetía inevitablemente, Karl había amenazado a un hombre por acercarse a su hermana Marie y ahora el hermano de su novia lo amenazaba a él. Era de esperarse, los hombres hacían eso con sus hermanas menores aunque, por lo que sabía, Leonardo Del Valle nunca amenazó a Genzo Wakabayashi.
No habiendo más por decir, Leo se despidió y se marchó sin hacer alboroto; Schneider se preguntó qué carajos pensaría él si se enterara de que el novio de su hermana menor estaba obligado a ir a cenar con otra mujer. Casi como si hubiese invocado a Hedy Lims, en cuanto se subió al automóvil Karl recibió un mensaje de Whatsapp de su padre, en donde le comunicaba que la cita con la Lims estaba programándose para el próximo mes. La modelo quería hacerla cuanto antes pero hasta ella tenía que atenerse al calendario del Bayern Múnich y a las indicaciones médicas, porque por mucho que Rummenigge se viese obligado a obedecer las órdenes de la Paulaner, el principal compromiso de Karl seguía siendo jugar fútbol y no el sacar a pasear modelos necesitadas de atención.
"Aún tenemos tiempo para arreglar esto por la vía legal", decía el mensaje de Rudy Frank. "Sólo necesitamos a un buen abogado".
Ése era el problema, ¿de dónde carajos iban a sacar a un buen abogado? El Bayern Múnich tenía algunos pero por obvias razones éstos no iban a poder ayudar a Karl, a menos que quisieran quedarse sin empleo. Quizás no sería mala idea el que comenzara a preguntarles a sus amigos más cercanos si no conocían a alguno.
"Algo se me tiene que ocurrir", pensó el alemán, mientras arrancaba el Porsche. "De alguna manera me voy a zafar de esto, aunque tenga que ir a rogarle a Rummenigge".
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Saitama.
Hana le colocó a Genzo una bolsa con hielo en la zona en donde Ken lo golpeó. Wakabayashi consideraba que no era necesaria tal precaución dado que Wakashimazu no había alcanzado a darle de lleno; sin embargo, la chica se sentía muy avergonzada y sentía que era su obligación evitar que Genzo quedara con alguna marca en el rostro así que insistió en ayudarlo.
– No seré tan efectiva como la doctora que te atiende en Alemania pero seguro que algo podré hacer.- balbuceó la chica, nerviosa.
Wakabayashi estaba seguro de que la doctora Del Valle no consideraría necesario el colocar hielo sobre esa pequeña herida pero prefirió guardarse el comentario para sí mismo.
Al menos la situación entre Wakabayashi y Wakashimazu se había aclarado. Tras haber preguntado tan tranquilamente que desde cuándo Ken y Hana eran amantes, Wakashimazu estuvo tentado de dejarle ir otro golpe por haber hablado con tanto desparpajo y poner en duda la reputación de Hana.
– Mide tus palabras, Wakabayashi.- Ken frunció el ceño.- No hables con tanta confianza sobre Hana.
– Me disculpo por haber hablado con tanta ligereza, no pretendo ofender a nadie y mucho menos a Aizawa.- Genzo se excusó por su falta de educación.- No sé qué es lo que has creído, Wakashimazu, pero de verdad que ella y yo sólo somos amigos, no sé qué rumores se hayan propagado ni quién lo hizo pero puedo asegurarte que son falsos. Yo tengo a alguien que me espera en Alemania, una persona que es muy importante para mí y a quien no pienso engañar con nadie, mucho menos con Aizawa quien, como supongo que debes de saber, nos conocemos desde niños debido a que ambos tenemos una pariente en común.
– La novia de Misaki, sí.- Ken había olvidado ese dato.- Ya estaba enterado de eso.
– Sí, ella.- Genzo hizo una mueca ante el comentario.- Esa relación entre Aizawa y yo hace que la vea más como una familiar y por tanto no le faltaría al respeto de esa forma.
– Pero sí lo haces diciendo en voz alta que es mi amante, ¿no es así?.- replicó Wakashimazu, mordaz.- Sin preocuparte de que alguien te pueda oír.
– Seguro que lo dijo sin querer.- se apresuró a añadir Hana.- No le des tanta importancia, a mí no me afecta.
A lo lejos se escuchó el ruido de pasos y el rumor de varias voces, lo que hizo que los tres saltaran, como si hubiesen sido encontrados robando un banco. Hana sugirió entonces que fueran a la enfermería para aplicarle hielo a Genzo y hablar con más calma. Los dos porteros aceptaron la oferta y se marcharon antes de que quien quiera que se dirigiese hacia ellos los viera y sacase conclusiones erróneas.
– Lamento haber hecho esa pregunta sin pensar en las consecuencias, Aizawa.- expresó Wakabayashi, mientras se dirigían a la enfermería.- Demasiado tarde me di cuenta de que eso puede prestarse a habladurías si llega a los oídos de la persona incorrecta.
– Menos mal que lo admites, Wakabayashi.- Ken se calmó un poco.- Espero que en lo sucesivo respetes más a mi novia.
– Lo haré.- Genzo esbozó una media sonrisa.- Espero que aceptes mis disculpas, Aizawa.
– No te preocupes, Wakabayashi.- Hana sonrió para restarle importancia al asunto.- Es culpa mía por dejar que este lío llegara tan lejos.
– Es curioso que tengas novia, Wakashimazu.- Wakabayashi los miraba alternativamente.- Realmente no lo esperaba de ti.
– ¿Crees que eres el único que puede conseguirse una pareja mientras juega fútbol?.- se mofó Ken, sin malas intenciones.- Aunque algunos sabemos ser discretos; a diferencia de ti, a muchos no nos gusta poner nuestros noviazgos bajo los reflectores.
– Sí, me supongo.- Genzo recordó los reportajes que les había dedicado Blind a Lily y a él.- En eso has sido mucho mejor que yo, lo reconozco. En cualquier caso, su relación es un secreto que han sabido mantener muy bien guardado, nadie aquí parece saberlo.
– Sólo están enterados Sorimachi y Sawada.- respondió Wakashimazu.- Y ellos jamás lo revelarán.
– Ni yo tampoco.- aseguró Wakabayashi.- Sé por experiencia propia lo mal que te puede ir tanto a nivel laboral como personal el que se hagan rumores erróneos sobre tu relación amorosa, así que tengan por seguro que no abriré la boca.
– Gracias, Wakabayashi.- Hana lo miró con agradecimiento.
– ¿Puedes creerme entonces cuando te digo que no me interesa Aizawa de la misma manera en la que te importa a ti, Wakashimazu?.- cuestionó Genzo.- Como te he dicho ya, yo tengo a alguien que me espera en Alemania.
– Sí, te creo, supongo.- Wakashimazu se encogió de hombros.- De cualquier manera quiero que te quede claro que con respecto a Hana no voy a ceder, si tengo que pelear contigo por ella, lo haré.
– No me queda la menor duda.- Genzo sonrió, a pesar de la amenaza.- Pero reitero que no voy a darte pelea en esa cuestión.
– Ya deja de decir esas cosas, por favor.- Hana se ruborizó.- Ya quedó claro, ¿verdad, Ken?
– Sí.- Wakashimazu le sonrió con cierta ternura que no pasó desapercibida para Wakabayashi.
Por fortuna, en el consultorio sólo se encontraba una aburrida enfermera que le dio a Hana la bolsa con hielos sin hacer preguntas. Ken permaneció el tiempo suficiente para asegurarse de que el asunto no pasaría a mayores, tras lo cual se despidió porque había acordado con Sawada y con Sorimachi que entrenaría con ellos algunas jugadas de ataque para reforzar su posición como delantero. Hana le aplicó la bolsa con hielo a Genzo y se sentó frente a él en un banco de metal, sin saber muy bien qué decir.
– No te sientas culpable.- le dijo Genzo, adivinando sus pensamientos.- La culpa sería mía por no haber adivinado antes lo que sucedía entre ustedes. Viéndolo en retrospectiva, era obvio pero no lo supe ver.
– ¡Ay!.- Hana enrojeció.- No sé en qué momento el asunto se deformó hasta este punto, yo quería que te sintieras bienvenido a la Selección y deseaba hablar contigo porque hace mucho que no sabía de ti pero no pensé que Ken podría malinterpretarlo. Quizás me emocioné charlando contigo pero es que no todos los días se puede hablar con uno de los Cinco Grandes de Japón que juegan en Europa.
– En teoría hace mucho que no juego en Europa pero gracias.- Wakabayashi sonrió.- Sé que estoy metiéndome en lo que no debería pero, ¿desde cuándo son pareja Wakashimazu y tú? Me da la impresión de que están juntos desde hace mucho tiempo por el nivel de intimidad y confianza que manejan.
– Desde hace varios años, por eso nos tenemos tanta confianza.- Hana agachó la cabeza, apenada.- Ya te había contado que nos conocemos desde la secundaria, fuimos compañeros de grupo y trabajamos juntos en algunas clases; yo iba a verlo jugar porque siempre me ha gustado el fútbol y tenía la curiosidad de saber qué podía hacer el que en ese momento se consideraba como el mejor portero juvenil de Japón; antes de que me diera cuenta, Ken ya me había empezado a gustar y no había marcha atrás. No sé qué fue lo que nos unió más, si la convivencia que tuvimos en clases o las veces que fui a animarlo a los partidos, pero yo no sabía que él también sentía lo mismo por mí sino hasta que estuvimos en la preparatoria. Estamos juntos como pareja desde entonces, a pesar de que yo entré a la Universidad de Tokio y él firmó para el Yokohama Flügels; ciertamente que por nuestros horarios nos veíamos menos pero que ambas ciudades estuvieran tan cerca nos ayudó mucho. Sin embargo, el que él ahora esté en el Nagoya Grampus nos complica la relación, Nagoya está lejos de Tokio y yo no puedo mudarme debido a mis compromisos con la Selección así que las cosas entre nosotros a veces se tambalean… Perdóname, estoy contándote mi vida y a ti ni te interesa.
– No, adelante.- Genzo sonrió.- Me da más curiosidad de la que crees, no te sientas cohibida.
– Gracias.- Hana se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.- Sé que es una estupidez pero antes viajaba media hora para verlo jugar y ahora tengo que hacerlo tres. Es más complicado de lo que parece, sobre todo porque el entrenador Kira me confía asuntos importantes y yo no puedo descuidarlos por ir a ver a Ken, por más que quiera. Esto ha hecho que él se sienta desplazado, el que ambos estemos aquí calma la situación porque podemos vernos aunque sea a escondidas y Ken no siente que lo estoy cambiando por mi trabajo pero… no sé qué haré cuando estos partidos terminen.
– Hablar con él.- aconsejó Wakabayashi, quitándose la bolsa del rostro.- Si algo he aprendido en estos meses de relación con la doctora Del Valle es que lo peor que puedes hacer es no hablar. Es cierto que ambos viven en ciudades diferentes pero créeme, si yo puedo hacer que mi relación con la doctora funcione a pesar de que nos separan casi ochocientos kilómetros, seguro que ustedes podrán hacer lo mismo cuando sólo los separan alrededor de trescientos cincuenta.
– Has de creer que soy una quejumbrosa.- Hana se tapó la cara con las manos.- Olvidé que tú has pasado por cosas peores y no te rindes.
– Oye, que no te estoy juzgando.- replicó Genzo.- Sólo te estoy diciendo que no hay motivo para que te rindas, seguro que encontrarás la manera de sacar adelante tu relación, después de todo Wakashimazu y tú llevan juntos muchos años, lo que me lleva a pensar que no te vi cuando ganamos el Mundial Sub-19, ¿por qué?
– Porque me operaron del apéndice en esa época.- Hana rio.- Ken fue a verme al hospital llevando su medalla, casi vuelven a intervenirme porque salté tan emocionada sobre él que mis suturas estuvieron a punto de abrirse.
Wakabayashi rio con ella durante un rato antes de que la enfermera les preguntara si necesitaban algo más. El portero le entregó la bolsa con hielo (que a esas alturas era una bolsa con agua) y le agradeció, tras lo cual salió del consultorio con Hana.
– Realmente se está haciendo mucho alboroto por la fotografía que les tomaron a Gino Hernández y a ti después del partido contra Nigeria.- comentó Hana.- Alguien cree que soy tu nueva novia y como nadie sabe que soy la de Ken, la gente se lo está creyendo. ¿Eso no te ocasionará problemas con tu novia, Wakabayashi?
– No.- negó Genzo, quien se sorprendió por lo que Hana le dijo.- ¿En verdad hay quien piensa que tú y yo somos pareja?
– Gente tonta con mucho tiempo libre.- ella se encogió de hombros.- Es un rumor que empezó algún reportero, no creo que pase a mayores.
– No me preocupa, de cualquier manera.- replicó Wakabayashi.- La doctora Del Valle sabe que quien me importa es ella, así como sabe también que no la engañaría ni la traicionaría. Que los medios digan lo que quieran, yo sé que mi novia no se dejará llevar por esos rumores.
Teniendo plena confianza en esta cuestión, al portero no se le ocurrió pedirle a Hana que le enviase un mensaje a Lily o que le consiguiera un teléfono nuevo pues estaba seguro de que su novia sabía que él se encontraba bien y que se comunicaría pronto. Además, Genzo tenía planeado llamarla desde los teléfonos públicos de las instalaciones, aunque fuese para darle las buenas noches (o los buenos días), pero antes de que pudiera buscar uno, Taro Misaki lo abordó con cierta reserva.
– Wakabayashi, me gustaría hablar contigo si no tienes inconveniente.- dijo Misaki, cortándole el paso.
– No hay problema.- Wakabayashi enarcó las cejas.- ¿Es sobre el partido de mañana?
– No.- negó el otro, incómodo.- ¿Te molesta si vamos a los campos de entrenamiento?
– Por mí está bien.- el portero se encogió de hombros.
Los antiguos amigos se dirigieron al área de entrenamiento, la cual a esas horas estaba casi vacía, sólo uno de los campos tenía las luces encendidas pues en él Wakashimazu, Sorimachi y Sawada practicaban las jugadas que harían para el partido del día siguiente. Misaki y Wakabayashi ocuparon una banca y fingieron que miraban a sus compañeros aunque en realidad sólo buscaban despistarlos.
– ¿Y bien?.- quiso saber Genzo.- ¿De qué quieres hablarme?
– Pues… .- Taro se cohibió.- Es sobre Eriko.
– Ah.- Genzo frunció el ceño.- ¿Qué es lo que tienes qué decirme con respecto a ella? ¿Qué esperabas que me enterara de su relación cuando me llegara la invitación a la boda?
– No hemos llegado al extremo de pensar en matrimonio.- Misaki se ruborizó intensamente; Wakabayashi estuvo a punto de soltar una carcajada porque nunca lo había visto tan avergonzado.- Pero acepto que tienes derecho a estar enojado, debimos decírtelo antes. Sin embargo, no es como si planeáramos ocultártelo, las cosas se fueron dando sin que lo notáramos, ni Eriko ni yo esperábamos llegar tan lejos pues pensamos que lo nuestro duraría unas semanas, a lo mucho.
– No sé si enojarme porque acabas de admitir que estabas con Eriko para pasar el rato o si reconocer que me sorprende que ustedes dos siquiera hubiesen contemplado la posibilidad de estar juntos.- confesó Genzo.- Son tan opuestos en personalidad que jamás se me habría ocurrido pensar que pudieran llegar a atraerse.
– Oye, dicen que los opuestos se atraen.- Taro estaba tan colorado que Sawada le preguntó si tenía algún problema.- Pero no es eso lo que me interesaba hablar contigo, sólo quiero que sepas que lamento habértelo dejado caer así, tuve la oportunidad de decírtelo cuando llegaste pero no me atreví, pensé que te enojarías y me pareció que ya tenías suficientes problemas como para darte uno más.
– No es un problema el que estés con Eriko.- Wakabayashi suspiró.- Pero has dado en el blanco al decir que ya tengo suficientes líos en mente como para molestarme por otro. Además, no me desagrada realmente que Eriko y tú estén juntos, sólo me molestó que no me lo hubieran dicho antes aunque también es cierto que yo no he estado en contacto últimamente con alguno de los dos.
– ¿Está tan mal tu situación en el Hamburgo como lo han dicho los medios?.- quiso saber Taro.- Probablemente es una pregunta que te ha hecho mucha gente pero los periódicos no hacen más que especular y ninguna de las partes involucradas ha dicho algo de manera oficial.
– Lo está.- Genzo suspiró mientras contemplaba el cielo.- Si no, no estaría aquí. No he hecho declaraciones públicas porque aún está pendiente la decisión de la directiva.
– Entiendo. Y las cosas con tu padre tampoco marchan bien.- no era una pregunta, era una afirmación, por lo que Misaki se sintió obligado a explicar.- Eriko me ha contado que a tu familia no le agrada tu relación con la doctora Del Valle.
– Por lo que veo, ella piensa contárselo a todo el mundo.- Wakabayashi bufó.- Eso sí me molesta, que Eriko no tenga consideración al momento de propagar rumores de otras personas pero que se indigne si le hacen lo mismo.
– No se lo ha contado a tantas personas.- Misaki se incomodó; a lo lejos, Sorimachi practicaba un tiro a gol tras recibir un pase de Wakashimazu.- Creo que el asunto le enoja tanto como a ti aunque por diferentes razones.
– ¿Tú piensas lo mismo que Eriko, que los japoneses no intiman con extranjeros?.- cuestionó el portero, fastidiado.
– Wakabayashi, yo he tenido novias extranjeras, soy el menos indicado para opinar al respecto.- Taro sonrió.- No comparto el pensamiento tan arcaico de Eriko, muchas veces hemos discutido por esa razón porque, por muy pariente tuya que sea, no tiene derecho a meterse en tu vida y, aunque lo tuviera, el desear que te separes de tu novia porque ella no es japonesa es una estupidez. No sé ni siquiera cómo es que en esta época se tienen discusiones familiares por esta razón, realmente te compadezco porque me imagino que debe de ser muy duro que sea tu misma familia la que te ponga esas trabas.
– Gracias.- Genzo sonrió con sinceridad.
– No me las des, sólo te digo lo que pienso.- Misaki le palmeó el hombro.- No te preocupes por Eriko, yo me encargaré de que no vuelva a molestarte con esa cuestión.
– ¿De verdad tienes tanto poder sobre ella?.- Genzo enarcó las cejas, asombrado.- Eso sí quisiera verlo.
– No es que tenga poder, es que ella confía mucho en mi criterio.- Taro se encogió de hombros, avergonzado.- Si le hago ver que está mal que se meta en tu vida, lo pensará dos veces antes de querer hacerlo otra vez. Espero sinceramente que las cosas con tu familia y con tu equipo mejoren, Wakabayashi.
– Te lo agradezco, pero sé bien que no va a ser así.- contestó el arquero, en voz baja.
Wakashimazu recibió el balón de parte de Sawada y anotó un gol espectacular con una chilena muy bien ejecutada. Wakabayashi se sorprendió al darse cuenta de que incluso para él le resultaría complicado el detener ese disparo.
"Porque Wakashimazu es portero y sabe cuáles son los tiros más difíciles para un portero", pensó Genzo.
– Los planes del entrenador Kira son dejar que Wakashimazu juegue de delantero en la primera mitad y de portero en la segunda.- comentó Genzo, sólo para romper el silencio.- Veo que él está tomándose el asunto muy en serio.
– Tenemos que dar lo mejor de nosotros para demostrar que podemos salir adelante sin Tsubasa y los demás.- replicó Misaki.- No dependeremos de ellos para las eliminatorias asiáticas ni tampoco vamos a contar contigo, así que Wakashimazu tendrá que prepararse para suplir dos puestos.
– Sí, entiendo.- asintió Wakabayashi.- Si pudiera, jugaba las eliminatorias asiáticas también. Por cierto, ¿ya estás recuperado de tus lesiones?
– Sólo tuve una contusión ligera aunada a un golpe de calor, no fue tan grave.- Misaki trató de restarle importancia al asunto.- Ya estoy completamente renovado para ganarle a Paraguay mañana.
– Ésa es la actitud.- Genzo volvió a sonreír.
Los dos hombres decidieron quedarse a ver las jugadas de los tres ex jugadores del Toho durante un rato más, tras lo cual se unieron a ellos en su entrenamiento. Paraguay no era tan fuerte como Nigeria pero de cualquier manera ellos no debían confiarse.
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Múnich.
"Creo que ya deberías de aceptar que él está engañándote con otra. ¿Por qué insistes en negarte a la realidad?"
"En serio, ¿qué te hizo pensar que Wakabayashi no buscaría a una chica de su nacionalidad en cuanto pudiera? Es sabido que los japoneses sólo se casan con japonesas, si andan con chicas de otras nacionalidades es para divertirse un rato… ".
"Espero que no hayas tenido planes de casarte con él porque de lo contrario tendrás muy roto el corazón aunque, viéndolo bien, no creo que sea problema, yo puedo ayudarte a sanarlo, sólo tienes que pedírmelo…".
Lily sabía que era estúpido pero no podía dejar de leer los mensajes que Ëkdal alcanzó a enviarle antes de que ella lo bloqueara. Elieth tenía muchísima razón al decir que era idiota creerle a Ëkdal y a Blind, que dejara de pensar tonterías y que intentara comunicarse con Genzo o que esperara a que éste lo hiciera, pero Lily se sentía tan impactada por su teoría de que Hana Aizawa era la chica elegida por Akira Wakabayashi para ser la novia japonesa de Genzo que no fue capaz de pensar con coherencia. Lily Del Valle solía ser muy inteligente, intuitiva y centrada para las cuestiones médicas pero cuando se trataba de su vida personal, su cerebro le jugaba malas pasadas e inventaba las situaciones más inverosímiles, estresándola por sucesos que tenían pocas probabilidades de suceder.
– Bueno, es obvio que Gen no me engañaría así.- se dijo, en voz alta.- Primero me hablaría para terminar conmigo antes de meterse con otra… ¿Y si no termina conmigo porque no quiere hacerlo por videoconferencia pero no puede aguantarse las ganas de estar con esa Hana? ¡Ay, que de verdad que cuando me da por pensar estupideces no hay quién me pare!
Había un punto, entre toda la mierda que le dijo Ëkdal, que era cierto, al menos parcialmente: los japoneses sólo se casan con japonesas. De todos los seleccionados del combinado nipón, únicamente Genzo Wakabayashi tenía una novia extranjera. ¿Y si Ëkdal tenía razón y él al final decidía cambiarla por una japonesa?
– Maldita sea, Wakabayashi, ¿por qué no me contestas?.- bufó Lily, intentando marcar por milésima vez al teléfono de su aún novio.- ¡Estoy a punto de tomar un avión con rumbo a Japón!
– ¿Qué tanto reclamas, loca?.- preguntó Leonardo, apareciendo de repente frente a ella. Lily se asustó tanto que dejó caer el teléfono, el cual rebotó suavemente en la mesa.
– ¿Qué nadie te ha enseñado a tocar?.- protestó ella, azorada.- ¿Cómo cuernos entraste?
– Duré media hora pegado al timbre y como no me abrías, el portero del edificio se hartó y me prestó la llave de reserva de la puerta.- contestó Leonardo, con parsimonia.- Ya me ha visto aquí varias veces y sabe que soy de fiar.
– Entonces no te conoce bien.- Lily frunció el ceño.- No te escuché, lo siento, he estado ocupada con algunos pensamientos idiotas…
– ¿Tú? ¡Qué novedad!.- se mofó Leonardo, al tiempo que se dejaba caer en una silla cercana.
– Cállate o te mando a sacar a patadas.- Lily lo golpeó en el brazo.- ¿Qué quieres, que te esperaste por media hora a que te abriera la puerta? Supongo que es dinero, sólo por dinero esperarías tanto tiempo.
– En realidad fueron diez minutos, no treinta, pero aunque te sorprenda, no es por dinero por lo que estoy aquí.- respondió Leonardo.- No te conté bien la razón por la que me despidieron, creo que es justo que te la diga, considerando que me dieron ese trabajo por ti…
– ¿Al fin te vas a dignar a decírmelo?.- replicó ella, con sarcasmo.- ¡Qué generoso!
– Bien, esto no te va a gustar.- él la ignoró.- Pero me corrieron porque Rudy Frank Schneider me encontró intimando con su señora y su hija en la sala de su casa.
– Cuando pienso que no puedes estar tan idiota, vienes y me demuestras que te equivocas.- Lily se palmeó la frente.- ¿En qué carajos estabas pensando? ¡Si de puro milagro no hizo que te deporten del país! ¡Ya sabía yo que algo te traías con Marie, si a mí no me engañas!
– Si ya lo sabías entonces no deberías de enojarte tanto.- replicó Leonardo, con cinismo.- Mira, nos podríamos pasar la siguiente hora discutiendo el por qué no soy un idiota pero no deseo perder el tiempo en eso, vine a verte para cosas más importantes, empezando el por qué abandoné México sin avisar.
– ¡Ah! ¿Ya te entraron las ganas de ser sincero?.- replicó ella, con acidez.- Menos mal, pensé que me iba a morir de vieja antes de saber la razón de tus caprichos.
– No es un capricho.- Leonardo se rascó la nuca, inquieto.- Aunque sí fue mucha inmadurez.
El joven por fin le dijo a su hermana que el motivo por el cual se fue de México fue que no deseaba estudiar medicina y que el padre lo estaba presionando demasiado para seguir un camino que no era el suyo. Que se fue a Europa para buscar su destino, pasando primero a Francia, en donde vivía la hija mayor de los Del Valle, Lara, pero que ella se había cansado muy rápido de la actitud inmadura del hermano, por lo que Leonardo prefirió irse a Alemania en busca de su hermana menor. Que cuando llegó al país seguía sin tener idea de lo que haría con su vida pero que trabajar en el hospital y el conocer a Marie Schneider le habían hecho descubrir qué era aquello a lo que quería dedicarse, pero necesitaba el apoyo de Lily para conseguirlo.
– El dinero que me pagan por ser camillero y conductor de ambulancias no es mucho y voy a necesitar algunos euros para el curso que voy a tomar.- finalizó Leonardo.- Le pediría dinero prestado a Lara pero creo que gana menos que tú, además de que tú tienes un novio millonario y ella no.
– No necesitas pedirle dinero a Genzo, yo te lo puedo dar.- Lily frunció el ceño.- A mí me pagan bien en el Bayern Múnich así que puedo ayudarte sin problemas, además de que no sé siquiera si Genzo y yo seguimos siendo novios.
– Gracias.- él fue sincero.- Te prometo que te lo pagaré.
– No será necesario.- replicó ella.- Puedo costearlo.
– No se trata de eso.- negó Leonardo.- Prometí que iba a actuar como una persona madura y por eso voy regresarte cada centavo, es una cuestión de honor y orgullo.
– De acuerdo.- Lily sonrió con calidez.- Qué bueno que al fin te animaste a decirme la verdad, aunque me hubiera gustado que me lo hubieses contado antes, cabrón.
– No sabía cómo ibas a reaccionar.- el muchacho se encogió de hombros.- ¿Y qué es eso de que ya no sabes si Wakabayashi sigue siendo tu novio? ¿Están peleados o qué?
– Ojalá todo se resumiera a una simple pelea.- Lily hizo un puchero.
Ella le contó todo lo que sucedía en su relación con Genzo, incluyendo los problemas que había con Akira Wakabayashi, a pesar de que le daba mucha vergüenza reconocer ante su hermano que le habían afectado las actitudes de su suegro.
– ¡Voy a partirle la madre a ese tipo!.- exclamó Leonardo, cuando Lily acabó.- ¡Se merece que le den una calentadita de hue…!
– ¡Leonardo!.- lo interrumpió Lily, enérgica.
– ¡…sos!.- concluyó él.- De huesos, malpensada. ¿Qué creíste que iba a decir? Pero ya en serio, ¿de verdad estás dejando que esto te afecte? El señor ése que procreó a tu novio puede andar de hocicón diciendo lo que le vaya en gana pero el que decide al final es el hijo. Y tú, al final de cuentas, porque Genzo Wakabayashi será muy súper portero y lo que se le antoje pero tú sigues siendo tú y no estás para andar de sumisa aceptando todo lo que él decida. No creo, sin embargo, que Wakabayashi sea tan tonto como para aceptar las condiciones que le quiere imponer su padre, dale la oportunidad a que aparezca y explique el por qué no ha podido hablarte. Quién sabe, quizás se quedó sin teléfono y tú ya estás creando una tormenta en un vaso con agua.
– Puede que tengas razón.- Lily se conmovió.- Gracias por lo que me acabas de decir, me has hecho sentir mejor, pero espero que no estés pensando en hacer lo mismo con el señor Schneider, es decir, mandarlo al carajo porque los únicos que deciden en la relación son Marie y tú.
– Lo pensé sí.- Leonardo sonrió a medias.- Pero el entrenador me cae bien, de verdad que me hubiera gustado el poder hacer las cosas de manera diferente. Y eso que todavía no hablo con su hijo, sin duda que me espera una grave.
– No quiero ni imaginarme eso.- suspiró Lily.
Pero lo cierto era que Karl estaba muy lejos de preocuparse por la relación de su hermana menor, al menos de momento, pues primero debía ocuparse de que la suya no se fuera al carajo.
- Por cierto, ¿por qué nadie le ha dado su merecido a ese reporterillo de Blind?.- cuestionó Leonardo.- Veo que los ha metido en problemas a casi todos pero nadie ha hecho algo para detenerlo.
- Porque seríamos nosotros los que perderíamos.- suspiró Lily.- El tipo puede tomarla legalmente contra nosotros o hundirnos con otro artículo así que nos tiene atados de manos.
- Porque quieren.- replicó Leonardo.- Basta con agarrarlo de noche al salir de su trabajo y agarrárselo a madrazos.
- Tú todo lo quieres resolver a golpes.- Lily puso los ojos en blanco.- Ubícate, que esto no es México y si haces algo así, te deportarán con una patada en las posaderas.
Aunque ella tenía que admitir que la idea de golpear al estúpido de Blind no era tan mala.
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Saitama.
El encuentro amistoso entre Japón y Paraguay fue mucho más relajado del que el conjunto nipón tuvo contra Nigeria; Japón consiguió el primer tanto a los cinco minutos del primer tiempo gracias a Igawa Kaguto, quien recibió una estupenda asistencia por parte de Misaki. Después de esta acción, la Selección de Japón no tuvo problemas para dominar el partido, siendo Wakashimazu quien anotó el segundo gol en el minuto treinta, también con asistencia de Taro. Wakabayashi no tuvo problemas para detener los tiros de los paraguayos, que se quedaban sorprendidos al ver lo difícil que era romper la defensa del SGGK. Habiendo tenido un dominio tan claro del encuentro, para la segunda mitad se continuó con el plan establecido por el entrenador Kira, quien cambió a Wakabayashi por Wakashimazu, dejando el peso de la ofensiva a Shun Nitta. Éste, deseoso de demostrar que merecía ser el as de la Selección Preolímpica de Japón, anotó el tercer tanto que selló la victoria, tras haber recibido asistencia de Misaki, dejando en claro también que éste seguía siendo el núcleo del equipo.
Wakabayashi, mucho más relajado al darse cuenta de que la Selección lo haría bien sin él, se dedicó a analizar el partido a detalle, aunque una luz roja en su cabeza comenzó a dar señales de alarma, como si su sexto sentido al fin se hubiera activado una vez que él dejó su "modo fútbol". No importaba, de cualquier manera estaba a punto de volver a Alemania para concluir los asuntos que había dejado pendientes al marcharse.
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Múnich.
Nela estaba sumamente nerviosa, sentía que le iba a faltar valor a la hora de la verdad. Para qué negarlo, ella tenía ganas de salir corriendo. Sho le dijo que no necesitaba acompañarlo al aeropuerto pero Nela insistió en ir, consciente de que no iba a poder soportar los momentos de angustia previos a la llegada de los dos hombres. Sabía que ir al aeropuerto con el vestido rojo iba a resultar incómodo pero de todos modos decidió llevárselo, temiendo que el abuelo se ofendiese si no la veía usando el traje. Sin embargo, sí se pondría un abrigo largo encima para no destacar demasiado, por fortuna el ambiente comenzaba a ser frío y se justificaría el uso de la prenda sin que alguien se sintiera ofendido.
– De verdad que no tienes por qué estresarte.- le dijo Sho a Nela.- Mi abuelo te va a adorar.
– Lo has repetido tantas veces que me lo voy a creer.- Nela arrugaba un pañuelo de tela.
El tráfico estaba imposible. Sho había salido con tiempo para ir al aeropuerto pero había comenzado a caer una lluvia ligera y los caminos estaban atascados. Nela sintió que en ese momento medio Múnich estaba volcado en la calle para dirigirse al aeropuerto, lo que la estresaba aún más.
– Vamos a llegar tarde.- musitaba ella, una y otra vez.
– Tranquilízate, que mi abuelo no se enojará.- respondió Sho, queriendo serenarla.- Seguro que si ve que está lloviendo, entenderá el por qué nos hemos retrasado.
– Soy inglesa y para un inglés la puntualidad es extremadamente importante.- Nela golpeteaba el piso del auto con el pie.- No me pidas que me tranquilice.
– De cualquier manera no podemos hacer más que esperar, a menos que tengas la habilidad de volar o de teletransportarte.- replicó Sho, con mofa.
– Síguele y me bajo del coche para irme a pie.- ella le propinó un codazo aunque sonrió.
Sho intentó apresurarse pero aun así no consiguió recuperar el tiempo perdido y cuando al fin llegaron al aeropuerto, el vuelo del abuelo ya llevaba casi cuarenta y cinco minutos en tierra. Por suerte, el hombre pasó media hora en inmigración por lo que no llevaba mucho tiempo esperando a la pareja. Shunko lo encontró sentado en una banca junto a una pequeña maleta de cuero, tan pequeña que Nela se sorprendió.
"Shunko me ha dicho que su abuelo es un hombre austero, no debería de sorprenderme que viaje con poco equipaje", recordó ella". "A diferencia de Elieth, quien seguramente llevaría cinco maletas grandes y tres pequeñas para un viaje de tres días".
Abuelo y nieto, al verse, hicieron un gesto de reverencia de acuerdo a las costumbres chinas, que a Nela le habría parecido muy serio de no ser porque ella ya sabía que eso era lo común en China. Sin embargo, se notaba que esos dos hombres se querían en verdad.
– Me da gusto verte, abuelo.- dijo Shunko.- ¿Cómo estuvo tu vuelo?
– Mejor de lo que esperaba.- repuso el hombre, tras analizar con ojo crítico a su nieto.- Te ves bien, Junguang, sigues siendo un hombre fuerte.
– Eso es gracias a ti, abuelo.- aclaró Sho, con una sonrisa radiante.- Tenía muchas ganas de verte.
Nela pudo observar que el abuelo era más bajo que el nieto aunque mantenían un parecido evidente; el cabello del hombre mayor ya estaba completamente blanco y comenzaba a escasear en las sienes y en la coronilla, así como podían notarse algunas arrugas alrededor de ojos y boca.
– Ni hao ma (¿Cómo está?).- saludó Nela, haciendo una reverencia como Sho le había enseñado.- Soy la psicóloga McGregor Nela, es un placer tenerlo aquí.
– Gracias, señorita.- el abuelo correspondió al gesto.- Soy el abuelo de Junguang pero puedes llamarme Huan-Yue, es bueno conocerte al fin. Y veo que el vestido rojo te ha sentado muy bien.
El hombre parecía complacido con ella y Nela se felicitó por haber insistido en presentarse como acostumbran en China, es decir, diciendo su profesión, apellido y nombre, en ese orden.
– Le agradezco mucho su regalo, es precioso.- respondió ella.- Me disculpará que tenga un abrigo encima pero el clima refrescó en los últimos días.
En ese momento algo ubicado detrás de las maletas maulló y tanto Sho como Nela dirigieron su mirada a ese punto. El abuelo Huan-Yue sonrió, se agachó y sacó a un gatito de tres a cuatro meses de edad, de pelaje gris claro con blanco.
– Junguang, esto es tuyo.- el abuelo le entregó al animalito.- Es para la comida de mañana.
– Gracias.- Sho sonrió y acarició al minino.- Estará delicioso.
Nela los contempló a ambos con espanto. No estaban hablando en serio, ¿o sí?
– ¿Es broma?.- se atrevió a decir.- Lo del gato, porque si están hablando en serio, no es necesario que cocinemos a ese pobre animal, tengo planeado preparar otra cosa.
– Hmmm, ya veo.- respondió el abuelo Huan-Yue.- Bueno, es cierto que este gato aún está muy pequeño, no saldrá mucha carne de ahí. Será un placer comer lo que esta hermosa señorita cocine, pero mejor será que pongas en engorda a ese animal para que se lo coman después, Junguang.
– ¿Qué cosa?.- Nela palideció y puso cara de espanto.
El abuelo Huan-Yue y Shunko se miraron entre ellos, tras lo cual ambos echaron a reír. Nela se ruborizó porque sentía que estaba formando parte de una broma cruel que no alcanzaba a entender.
– No estoy hablando en serio, por supuesto.- contestó el abuelo Huan-Yue.- Lo que es verdad es que mi nieto necesita un gato.
– O tal vez no sea una broma.- añadió Sho, malévolo.
– Trae acá.- Nela le quitó el minino de las manos y éste se refugió entre sus brazos.- No voy a dejarte a este pobre animalito.
Los hombres volvieron a reír, tras lo cual Sho tomó la maleta de su abuelo y los cuatro se dirigieron hacia la salida. En el camino al departamento, el abuelo Huan-Yue habló sobre su amigo ShuYi Li y su recuperación milagrosa, sobre sus tratamientos de acupuntura y sobre la vida general en China. Nela estaba fascinada de poder conocer el ambiente en donde Sho creció, aunque seguía incomodándole el asunto con el gato. Sin embargo, al llegar al departamento, el abuelo Huan-Yue acarició al minino con ternura, desconcertando por completo a Nela pues no sabía si lo de cocinar al pobre animal era verdad o no. El hombre le pidió entonces a la inglesa que lo dejara ver el vestido y ella, avergonzada, dio unos pasitos cortos para que él pudiera observarla. El abuelo sonrió complacido y alabó la belleza de Nela, felicitándose por tener tan buen ojo para los vestidos.
– Espero que te guste la comida, abuelo.- dijo Shunko.- La hice especialmente para ti.
– Es bueno saber que sigues ocupándote de ti mismo, Junguang.- respondió el abuelo Huan-Yue.- Aunque ya tienes a una mujer que va a ocuparse de ti muy pronto.
Nela no supo cómo tomarse el comentario. Estaba consciente de que la mentalidad en China con respecto a las mujeres es muy diferente a la que se tiene en Europa pero aun así esperaba que el abuelo Sho comprendiera que ella no sería la abnegada y sumisa esposa oriental.
– Abuelo, ya te había contado que la relación que tenemos Nela y yo es diferente.- Sho también se inquietó por las palabras del hombre.- Ambos cocinamos y nos ocupamos del otro, las cosas en Alemania son un poco diferentes a como lo son en China.
– ¿Y ésa es razón para que cambies de costumbres?.- cuestionó el abuelo Huan-Yue.
– Tengo una amiga extranjera que constantemente dice que "a donde fueres, haz lo que vieres".- replicó Sho.- Estoy de acuerdo en conservar mis tradiciones pero no está mal que adopte unas nuevas, sobre todo si éstas son más justas con la mujer que amo.
– Entiendo.- la expresión del hombre era inescrutable.
Quizás debido a esto fue que Sho no dejó que Nela lo dejara ayudarlo en la cocina, encargándose él de calentar la comida y servirla, diciendo en voz alta que ya le tocaría a ella hacerlo todo al día siguiente. Nela se puso más nerviosa cuando el abuelo le preguntó por su trabajo; ella habló sobre su tesis y su carrera en general, demostrando que estaba comprometida con su profesión. El abuelo Huan-Yue la escuchaba con interés y hacía preguntas de vez en cuando, lo cual secretamente alivió a Sho pues éste comenzaba a sospechar que su abuelo no era tan liberal como había asegurado ser. Sin embargo, cuando comenzaron a comer el abuelo retomó sus preguntas incómodas; mientras el gatito recién llegado bebía un platito de leche en un rincón, el hombre atacó directo y sin aviso previo.
– McGregor, ¿puedo hacerte una pregunta?.- inquirió el abuelo Huan-Yue.
– Por supuesto.- ella casi se atragantó.- Puede llamarme por mi nombre de pila si así lo desea.
– Gracias.- aceptó el hombre.- ¿Cuáles son tus planes a futuro? Quiero suponer que estás pensando en casarte y tener hijos como corresponde, es lo que esperaría de la mujer que está con Junguang.
Shunko dejó caer el tenedor al plato, tras lo cual se hizo un silencio incómodo. Nela carraspeó y tomó un trago de agua para evitar atragantarse con su inquietud y su sorpresa.
– Sí está entre mis planes casarme algún día, tener un hijo, tal vez.- admitió la inglesa.- Pero no es algo que quiera hacer a corto plazo, primero deseo enfocarme en mi carrera y progresar profesionalmente antes de pensar en ser madre y esposa.
– Hmmmm, ajá.- respondió el abuelo Huan-Yue.- ¿Y qué opinas de esto, Junguang?
– Pues.- el chino casi se atraganta también.- Yo estoy de acuerdo con lo que ha dicho Nela; es decir, ella tiene tanto derecho como yo a progresar en su carrera así que si lo que desea es enfocarse en eso, por mí está bien. Ya habrá tiempo para pensar en boda y en hijos.
– Hmmmm, ajá.- repitió el abuelo.- Es una lástima, parece ser que a este paso ya no conoceré a mis bisnietos.
– No digas eso, abuelo, estás tan fuerte como un roble.- respondió Sho, tratando de sonar despreocupado; sin embargo, intercambió una mirada rápida de estrés con Nela.
El abuelo los vio y supo que ya había hecho demasiadas preguntas incómodas, de manera que cambió el tema a uno más neutral, enfocándose en la actuación de Sho con el Bayern Múnich. El abuelo Huan-Yue aseguró que la habilidad de Shunko había causado tanta admiración en China que muchos equipos de la Superliga se lamentaban por haberlo dejado ir. Shunko aceptó agradecido el cambio de tema pero seguía preocupándole la actitud que estaba presentando su abuelo. Al final de la cena el ambiente se relajó lo suficiente pero aun así Nela estaba moralmente agotada por el estrés. Ella decidió retirarse pronto para que el abuelo Huan-Yue pudiera descansar, aunque secretamente también lo estaba haciendo por ella misma.
– Estuviste maravillosa.- le dijo Sho, cuando fue a acompañarla a tomar el servicio de taxi privado que ella contrató para que él no dejara solo a su visitante.- Mi abuelo quedó encantado contigo.
– Yo no estoy tan segura.- Nela recordaba bien las preguntas sobre sus planes a futuro.- Me da la impresión de que no le agrada que no quiera casarme pronto y tener hijos.
– Hablaré con él de ese tema en cuanto descanse.- Shunko suspiró.- No te preocupes por eso.
Lo cual, ciertamente, era más fácil decir que hacer.
– Por cierto, voy a llevarme a Duke.- Nela llevaba al gatito entre sus brazos.
– ¿Quién es Duke?.- preguntó Sho, extrañado.
– Él.- Nela levantó al animal.- Es macho.
– ¿Qué? ¿Para qué le pones nombre a algo que nos vamos a comer?.- replicó Shunko.- En todo caso, llámalo Food (comida).
– ¿Estás loco? ¡No me importa lo que haya dicho tu abuelo, no nos vamos a comer al gato!.- protestó Nela, enojada, tras lo cual Sho se echó a reír.
Si bien el asunto no estuvo tan mal como Nela temió, tampoco había salido a las maravillas. Habría que esperar a ver cómo se desarrollaban las cosas en los días siguientes para saber si había necesidad de estresarse.
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"Hola, te sorprenderá que te envíe este mensaje pero no pude contener las ganas de comunicarme contigo… Me pareciste muy linda y deseo conocerte más…".
Elieth miró con sorpresa su teléfono. ¿Quién carajos estaba enviándole ese mensaje y cómo consiguió su número?
Notas:
– Una cougar es una mujer que busca de pareja a una persona más joven que ella.
– El nombre chino oficial de Sho es Xiao Junguang, Sho Shunko es la "japonización" de su nombre; hice que su abuelo lo pronuncie como Junguang ya que él lo diría de la forma china, mientras que los demás lo hacen en la forma japonesa ya que es así como se manejaría en el manga.
– El nombre del abuelo Sho lo escogimos Elieth Schneider y yo.
– En el manga, Genzo no estuvo en el partido contra Paraguay, fue Morisaki quien en realidad jugó la primera mitad para ser sustituido por Wakashimazu en la segunda, por eso es que no me extendí mucho en esa parte.
