Capítulo 46.
Múnich.
Una de las muchas cosas que Levin determinó que haría después de que Débora decidió perdonarlo fue que hablaría con algunas personas para aclarar varias situaciones. Lo que el sueco consideró más urgente, incluso más que dialogar con Lily, fue ponerle un alto definitivo al doctor Jean Lacoste. Stefan no quería consultar este asunto con Débora, ella no entendería el orgullo masculino que lo impulsaba a querer verse cara a cara con su declarado rival y restregarle el hecho de que, a pesar de sus trampas, Débora lo había elegido a él. ¿Era una mera cuestión de venganza o simple precaución? Levin no lo sabía pero sí estaba consciente de que estaba dejando que lo guiaran su instinto y su corazón, así que averiguó en qué día se conjuntaría el que Débora tuviera su descanso y que el doctor Lacoste estuviese de guardia para presentarse en el Hospital Universitario de Múnich; para su buena fortuna, esta coincidencia se dio en el turno nocturno, de manera que Levin no llamaría tanto la atención con su presencia. De cualquier manera, por pura precaución el joven decidió usar una sudadera con capucha y unos lentes oscuros; si a Lily y a Wakabayashi les habían funcionado, muy seguramente que a él también.
Jean sabía que algo había cambiado irremediablemente en esa cita nocturna que Débora tuvo en Säbener Straße. Él no pudo verla el día siguiente a dicho encuentro debido a que sus turnos no coincidieron, pero supo por Hope que la doctora Cortés lucía feliz y dichosa así que Jean dio por hecho que las cosas salieron muy favorables para el futbolista sueco. Lacoste intentó por todos los medios el volver a entrevistarse con Débora pero ella hábilmente escapaba de él, intercambiando lugares con sus compañeras de Ginecología o colgándose de Gwen, de Nela o de Bárbara en sus ratos libres para no estar sola y no darle la oportunidad a Jean de abordarla. Él, a pesar de todo, seguía creyendo que aún tenía un último as bajo la manga, una última chance para poder cambiar las cosas a su favor así que no se desesperó, decidió que dejaría que Débora disfrutara del resultado de su cita para después insistirle en que alguien como Levin no era de fiar.
Con tales antecedentes, Jean no esperaba encontrarse al mismísimo Stefan en la sala de espera de urgencias, sentado en una de las butacas de los que aguardaban para ser atendidos por problemas menores pero absolutamente indispensables de tratar cuanto antes. Esa noche, por una enorme casualidad del destino (o quizás no tanta), Hope estaba de guardia y en cuanto vio al futbolista sueco, lo reconoció y dio parte al médico de guardia.
– ¿Estás segura de que es él, Hope? - preguntó Jean, incómodo.- ¿No lo estarás confundiendo con alguien más? Los deportistas famosos no visitan este tipo de hospitales.
– Estoy bastante segura de que es él.- asintió la enfermera.- No soy como ese vendedor de salchichas wurst de Augsburgo que no supo reconocer al mismísimo Káiser de Alemania, lo cual ocurrió en el capítulo 21 de esta historia llena de incongruencias, por cierto; yo sé que ese muchacho es Stefan Levin aunque haya dicho llamarse Stieg Larsson.
– ¿Con que Stieg Larsson, eh?.- Jean sonrió.- ¿No es ése el autor que escribió los tres primeros libros de la saga Millenium? Qué curioso que haya usado ese pseudónimo. Bien, ya en una ocasión me tocó atender a Shunko Sho, supongo que no debería de sorprenderme que ahora sea su compañero quien quiera venir aquí, aunque él prefiera usar un nombre falso.
– Aun así es raro, ¿no cree?.- insistió Hope.- Parece mucha casualidad que se haya puesto mal precisamente una noche en la que está usted de guardia, doctor Lacoste.
– Las enfermedades no se pueden programar, Hope.- Jean se encogió de hombros.
Pero, por supuesto, él compartía con Hope las mismas dudas y sospechas acerca de que Stefan Levin, o Stieg Larsson, no estaba ahí por sentirse enfermo así que se preparó para cualquier eventualidad. ¿Qué podría pasar, de cualquier manera? Jean no creía que Stefan quisiese armarle un escándalo, el sueco no era de ese tipo de hombres y además se arriesgaría a ser expulsado del nosocomio por mal comportamiento. Cuando le tocó el turno a su sueco paciente, Jean lo recibió con naturalidad y fingió sentirse sorprendido cuando "Larsson" se dejó caer en la silla del paciente y se quitó la capucha y los lentes para revelar su verdadera identidad.
– ¡Ah!.- Jean trató de tomarse el asunto con humor.- Así que encontraste la manera de burlar a los guardias de seguridad, ¿eh?
– Es curioso que lleves tu cinismo al grado de recalcar tus despotismos.- señaló Levin, con acidez.
– Confieso que no hice bien pero, tan me arrepentí de haber abusado de mi autoridad contigo que les dije que no era necesario que te contuvieran más.- replicó el doctor, reprimiendo una mueca.- Lamento haberte hecho pasar tan mal rato, pero debes admitir que te lo merecías por lo que le hiciste a Débora.
– No niego que me comporté como un imbécil, por decir poco.- a Stefan le molestó la sutil acusación que le hizo Jean.- Pero eso era, al final de cuentas, un problema mío y de ella, cuando una tercera persona se entromete no puede salir algo bueno de eso.
– Dejó de ser problema exclusivo de ustedes en el preciso momento en el que Deb vino a mí, destrozada y hecha un mar de lágrimas por culpa tuya.- lo contradijo Jean, repantigado en su silla con actitud indolente.- Ahí fue cuando supe que el asunto era personal.
– La única persona con la que voy a discutir sobre lo que hice mal en el pasado es la misma Débora.- Levin le hizo frente.- Y quizás también con Lily Del Valle, pero ése es un tema aparte; sin contarlas a ellas, a nadie más le voy a rendir cuentas y mucho menos a alguien que ha declarado ser mi rival.
– ¿Y entonces por qué estás aquí?.- preguntó Jean, con curiosidad.
– Porque vine a decirte que te he ganado la partida.- Stefan esbozó una sonrisa genuina.- Débora y yo hemos decidido darnos otra oportunidad, lo que te deja a ti fuera de juego al final del día.
– ¿De verdad?.- la expresión de Jean fue muy extraña.- ¿Ella ha aceptado perdonarte, a pesar de todo?
– No es como si hubiese cometido un crimen imperdonable.- Levin no lograba descifrar la rara reacción de su interlocutor.- No le fui infiel, no la golpeé ni abusé sexual o psicológicamente de ella, cosa que no puedo decir de ti, por cierto, supongo que ya se te olvidó que tuve qué defenderla de tus acosos porque eres de los que no conocen el significado de la palabra "no".
– Ése fue un error que ya arreglé con Débora.- Jean frunció el ceño.- No volverá a suceder, te lo puedo asegurar.
– Por supuesto que no volverá a suceder porque, si vuelves a hostigarla así, vas a rendirme cuentas a mí.- replicó Stefan, con voz helada.- Yo no tengo inconveniente en hacértelo entender a como dé lugar. Además, como te dije ya, he ganado el juego; usaste técnicas sucias, sé que llegaste al extremo de hacerte pasar por ella para intentar alejarme pero al final he podido ser mejor que tú. Me dijiste alguna vez que Débora te gustaba y que por eso no ibas a dejarme el camino libre, pero espero que ahora que ella me ha dado una segunda oportunidad, aceptes al fin tu derrota.
– De verdad estás enamorado, ¿eh?.- Jean sonrió, aun cuando sus ojos reflejaban una leve tristeza.- Es increíble ver cómo un poco de celos cambian la actitud de un hombre terco.
– ¿Qué quieres decir?.- Stefan enarcó las cejas, sorprendido por el cambio de actitud del otro.
– Que si no fuera por mí, tú no habrías aceptado que sientes algo fuerte por Débora.- explicó Jean, tras suspirar.- Te costó mucho trabajo verlo la primera vez porque estabas demasiado aferrado a tu pasado, según me dijo ella, pero los celos te hicieron reaccionar. Eso es un poco infantil, si me lo preguntas, pero no serás ni el primer ni el último hombre al que le suceda esto.
– ¿Qué estás tratando de decirme?.- al sueco no le gustó el comentario de su rival.- Suena a que estuviste manipulándome, aprovechando lo que sucedió entre Débora y yo. ¿Con qué intención? ¿Burlarte de mí, de ella o de los dos?
– Manipularte, sí.- admitió Jean.- Burlarme de alguno de ustedes, no. Es probable que no lo entiendas pero era necesario hacerlo para que tú aceptaras la verdad. No pretendía burlarme ni hacer daño, sólo quería que Débora fuera feliz. Traté de darte celos cuantas veces pude para hacerte reaccionar, para que aceptaras que, aunque lo tenías todo para volver a ser feliz, preferiste elegir el camino oscuro de la soledad. No lo pusiste fácil, sin embargo, tuve que llegar al extremo de mentirte y confesarte que también estoy enamorado de Débora pero al final todo ha valido la pena.
Completamente desconcertado, Stefan miró a Jean con asombro e incredulidad, tratando de encontrar la trampa oculta y buscando alguna pista que arrojara luz sobre el verdadero significado de la confesión de Lacoste.
– No comprendo.- reconoció el rubio.- ¿No estás realmente interesado en Débora?
– No como mujer.- contestó el francés.- Nunca he estado enamorado de ella, sólo es una buena amiga. Me dolió mucho verla tan triste a causa de tu estupidez ese día en el que ella se desahogó conmigo, en aquel lejano partido entre Alemania y Japón, y decidí hacer algo para ayudarla. Fue en ese momento en donde le ofrecí darte celos, pero no te enojes ni te preocupes porque ella no aceptó, fui yo el que insistió en seguir con el juego.
– Tú de verdad que tienes un grave problema para entender el significado de la palabra "no".- bufó Stefan.- ¿Por qué seguiste con este juego estúpido si Débora no estuvo de acuerdo?
– Ya me dijiste eso antes.- Jean sonrió con cierta vergüenza.- No lo sé, a veces es bueno insistir en ayudar aunque la gente se niegue, ¿o me vas a decir que el que yo apareciera en escena no te hizo valorar lo mucho que la necesitas?
Levin no sabía si golpear al médico, tacharlo de loco o mandarlo de paseo por arrogante e imbécil. Aunque era cierto que sus actitudes lo hicieron recapacitar, aceptar que fue útil su ayuda sólo contribuiría a reforzar una actitud que podría considerarse como tóxica. No entendía el por qué Lacoste se ufanaba de haberlos ayudado cuando en muchas ocasiones sí actuó como hombre enamorado que buscaba librarse de un rival, así que se dijo que claramente el francés estaba deformando la verdad en ciertos puntos, quizás para proteger su propio corazón, quizás porque era del tipo de hombres que no saben perder.
– ¿No contestas?.- continuó Lacoste, al ver que el otro enmudecía.- En fin, de verdad que me da gusto que vengas a decirme que Deb decidió perdonarte. Eso significa que ya dejaste el pasado atrás y que ya no tienen obstáculos para intentar ser felices.
– No te creo.- soltó Stefan, con cautela.- No me creo ni una palabra de tu confesión. ¿En dónde está la trampa? Siento que eres del tipo de hombre que no sabe aceptar la derrota y por eso has inventado este cuento.
– No estoy inventándolo, todo lo que te he dicho es verdad.- Jean se puso serio.- Puedes preguntárselo a Débora, te corroborará que le ofrecí darte celos cuando fuimos juntos a ese partido ya mencionado. Por el momento, sólo puedo estar de acuerdo contigo en algo: sí, has ganado, Stefan Levin, porque Débora te ama y por eso te ha escogido, aunque espero que estés consciente de que el amor no es un juego en el que haya que ganar o perder, ni tampoco significa que puedes venir a presumir a la mujer que amas como si fuera de tu propiedad.
– Irónico que seas tú el que me diga eso.- Stefan habló con sarcasmo.- No tengo más que decir al respecto, sólo te repetiré que si vuelves a acosar a la doctora Cortés, te vas a topar con algo más que una simple bofetada por parte de ella.
– Me queda muy claro.- Jean sonrió con sinceridad.- ¿Hay otra cosa en la que pueda ayudarlo, señor Stieg Larsson? Por cierto, curioso pseudónimo, considerando que el verdadero Larsson ya está muerto.
– Por eso se me hizo más fácil usar su nombre.- replicó Levin.- ¿Y qué más daba, realmente? Al verme a la cara te ibas a dar cuenta de que no vine por una consulta médica. Hubiera podido buscarte al terminar el turno, pero no quería que echaras mano de tu poder hospitalario para mandar a los guardias a detenerme.
– No volveré a hacerlo, ya te lo dije, puedes estar tranquilo.- replicó Jean.- De hecho, voy a volver a Francia dentro de poco, así que no tendrás que preocuparte más por mí.
– ¿De verdad?.- Stefan se sorprendió.
– Sí, es en serio.- suspiró Lacoste.- Sólo vine a Múnich por cuestiones de trabajo temporales, ahora que todos mis pendientes se han resuelto ya no tengo otra cosa qué hacer aquí y realmente extraño París, ninguna ciudad del mundo se compara a ésa, es la capital más bella de todas.
– Para variar, no estamos de acuerdo.- Levin sonrió a medias.- Buena suerte en París, en todo caso.
– Gracias.- Jean le devolvió el gesto.- Vaya que eres gentil, me deseas suerte a pesar de todo. Por algo eres un "Caballero de la Noche Blanca", ¿no es así?
Stefan no respondió ante la mención de su apodo, hizo un gesto de despedida con la cabeza y se marchó, no sin antes ajustarse las gafas oscuras y la capucha. Jean se quedó mirando la puerta durante un largo rato, sin animarse a hacer entrar a su próximo paciente. En ese momento, se abrió la cortina que separaba la camilla de exploración del escritorio del médico para mostrar a Hope, quien miró a Lacoste con una expresión de reproche.
– ¿Por qué carajos no se lo dijo, doctor?.- cuestionó ella, enojada.
– ¿Decirle qué cosa?.- preguntó Jean, con parsimonia.
– ¿Por qué no confesó sus verdaderos sentimientos por la doctora Deb?.- insistió la enfermera.
– Porque ya no importan, Hope.- Jean la miró con tristeza.- Que pase el próximo paciente, por favor.
La enfermera continuó mirando con regaño al médico pero, al fin, consciente de que no le correspondía a ella el decir algo a favor o en contra de la vida privada de sus doctores, lanzó un suspiro que era producto de su frustración y su compasión, y se dirigió a la puerta para ir en busca del siguiente enfermo.
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Primero, Múnich; al final, Hamburgo.
Genzo se aseguró de llevar en el equipaje todo lo necesario para su traslado hasta Hamburgo. Había descansado lo suficiente y se había repuesto ya del largo viaje que realizó desde el otro lado del mundo y de los partidos que había disputado con la Selección de Japón, así que se encontraba en condiciones de ir a pelear por su futuro profesional. Acarició con los dedos el llavero de guantes de portero, el cual aún sostenía la llave que era el secreto que lo unía a Lily (a pesar de no haberle revelado aún para qué servía), y se preguntó si tendría la oportunidad de usarla. Por supuesto, todo dependería de la respuesta que le diera la directiva del Hamburgo, él no podría hacer más planes mientras no le dieran una resolución a su problema de inactividad.
"Si las cosas salen como las he planeado, estaré jugando en otro club para el torneo de verano de la Bundesliga", pensó. "Es evidente que el Campeón de Invierno será el Bayern Múnich pero ya veremos qué es lo que sucederá para el próximo año…".
– ¿Estás listo, Gen?.- Lily apareció, fresca como la mañana, interrumpiendo sus pensamientos; ella, al verlo tan concentrado, se disculpó.- Lo siento, ¿te interrumpí?
– No estaba pensando en algo importante.- Genzo sonrió, admirado, al verla.
– Ya veo.- Lily notó la expresión de fascinación que puso su novio al contemplarla y enrojeció.- Si quieres podemos esperar un poco más, todavía nos queda tiempo.
– Si queda tiempo entonces hay algo que quiero hacer.- Wakabayashi abrió los brazos para que ella fuera hacia ellos.
Lily, ni tarda ni perezosa, fue hacia Genzo y dejó que la envolviera con su cuerpo. Ambos se besaron con calidez y mucho amor, aprovechando los escasos minutos que aún les quedaban libres. Ninguno podía quejarse, habían pasado los últimos días paseando, comiendo juntos y durmiendo aún más juntos, en un pequeño oasis de tranquilidad antes de la tormenta que se le avecinaba a Genzo.
– Voy a extrañarte.- suspiró Lily, recargándose contra su pecho.- Espero que esta vez no te desaparezcas tanto y me llames de vez en cuando.
– Tengo un nuevo teléfono y esta vez no lo voy a perder, aunque tenga que amarrármelo a la muñeca.- bromeó Genzo.
– Voy a comprarte una de ésas fundas para portar el celular mientras haces ejercicio.- ella le siguió el juego.- Así no tendrás pretexto.
– No sé qué haría sin ti, doctora.- Wakabayashi sonrió.- Por cierto, ¿le respondiste a Aizawa?
– Oh, bueno, sí.- Lily se encogió de hombros.- Tenía que hacerlo o pensaría que no le creo, y no quería que llegara al extremo de averiguar mi número de teléfono para llamarme personalmente, me da la impresión de que ése es el tipo de cosas que ella podría llegar a hacer.
– Es probable que sí.- Genzo suspiró.- Aizawa puede ser muy extremista con algunas cuestiones, no descansa hasta conseguir el resultado que desea.
– En eso se parece a ti.- Lily sonrió.- Aunque me da la impresión de que Hana es más prudente y menos kamikaze que tú.
– ¿Cómo estás tan segura de eso?.- cuestionó él.
– Porque no acaba en el hospital cada vez que juega Japón.- se burló la doctora.
– Eso es porque ella no es futbolista.- Genzo le jaló un mechón de cabello.
– Bueno, por alguna razón extraña, tengo que admitir que esa chica empieza a caerme bien.- reconoció la doctora.- A pesar de que llegué a detestarla mucho en días anteriores.
Lily miró su fino reloj y se dio cuenta de que ya era hora de marcharse así que se lo hizo saber al portero. En el camino, la plática tomó tintes pesimistas pues se enfocó en las probables respuestas que podría darle la directiva del Hamburgo a Wakabayashi. En el mejor de los casos, el club lo dejaría marchar sin problemas durante la pausa de invierno de la Bundesliga y permitiría que el guardameta escogiera un nuevo equipo. En el peor de los escenarios, el Hamburgo se mostraría renuente a deshacerse de su antigua estrella y lo condenaría a la inactividad durante un tiempo más.
– Lo peor que la directiva podría hacer sería retener mi contrato.- comentó Genzo, mientras contemplaba el camino desde su puesto en el asiento del copiloto.- Lo cual no les serviría más que para complicarme la vida porque bloquearían la posibilidad de que me marchara a otro club durante la pausa de invierno y tendría que esperar hasta el mercado de fichajes del verano para hacerlo.
– ¿Qué harás en el caso de que el Hamburgo decida tomar precisamente ese camino?.- preguntó Lily, sin despegar la mirada de la avenida.- Porque supongo que ya has contemplado esa posibilidad.
– Regresar a Japón.- Wakabayashi no deseaba darle esta información a su novia cuando apenas había regresado de allá, pero tampoco quería mentirle.- Podría incorporarme a la Selección para jugar las eliminatorias asiáticas preolímpicas que están próximas a jugarse.
– Entiendo.- Lily apretó la mano con la que agarraba la palanca del cambio de velocidades, en un gesto que revelaba su poco agrado por esa opción.- Mentiría si te dijera que me gustaría que te marcharas otra vez, pero sabes que te apoyaré en cualquier decisión que tomes.
– Lo sé.- Genzo colocó su mano sobre la de ella.- Y yo no quisiera separarme tan pronto de ti, Yuri, pero volveré cuando…
– Volverás cuando tengas que volver, Gen.- ella lo interrumpió y le lanzó una mirada breve pero segura.- Y cuando lo hagas, te estaré esperando. Es todo lo que necesitas saber.
Él le apretó la mano una vez más antes de soltársela, sabiendo que no necesitaba agregar algo más. Habían llegado al punto en el que ambos sabían que su relación estaría plagada de constantes separaciones a causa de los muchos viajes que Wakabayashi haría pero que aun así estaban dispuestos a seguir juntos porque era lo que deseaban. Genzo no era partidario de hacer promesas falsas que probablemente no podría cumplir y Lily no gustaba de exigirle a su novio algo que sabía que no podría darle así que habían llegado al acuerdo de apoyarse mutuamente en sus proyectos, confiar en el otro y esperar a que en el futuro las cosas se normalizaran lo suficiente como para que ellos pudiesen pasar más tiempo juntos.
– Cuídate de Ëkdal.- le advirtió Lily, cambiando el tema.- Espero que no quiera hacerte una mala jugada.
– Es curioso que me des esa recomendación, considerando que no es a mí a quien él ha estado acosando en los últimos meses, doctora.- Genzo esbozó una media sonrisa irónica.
– Oh, estoy segura de que va a dejarme en paz.- ella se encogió de hombros.- No le agradó que le dijera que le voy a poner una demanda por hostigamiento. Y, en dado caso de que haya creído que es una broma, estoy segura de que Elieth podrá acompañarme a interponerla.
– Deberías de hacerlo aunque no vuelva a molestarte.- Wakabayashi frunció el ceño.- Es lo mínimo que se merece.
Cuando llegaron al aeropuerto, Lily estacionó bien su automóvil porque, a diferencia de la vez anterior, en ésta ella decidió acompañar a Genzo hasta el área de abordaje, quizás porque se sentía menos triste y estaba más dispuesta a mirarlo partir, o quizás era que quería mostrarse más optimista.
– Te mantendré al tanto de la decisión de la directiva, Yuri.- dijo Genzo, cuando llegó el turno de embarcar en el avión que lo llevaría a Hamburgo.- En base a eso determinaré cuál será mi siguiente paso, aunque puedo confirmarte que estaré de regreso para el partido eliminatorio de la DFB-Pokal entre el Hamburgo y el Bayern Múnich, independientemente de si vengo como jugador o como espectador.
– Muy bien.- Lily sonrió.- Estaré esperando tus llamadas, Gen. ¿Quizás podríamos comunicarnos por Skype también?
– Por supuesto.- aceptó Wakabayashi.- Todas las noches, de ser posible.
Genzo besó a Lily en los labios antes de formarse en la fila de los que esperaban a que se les revisara el pase de abordar. Él se giró una última vez para mirarla y ella le lanzó un beso con la punta de los dedos, tan coqueta como solía ser cuando estaba con él. Conforme iba alejándose de Múnich, la sensación de positividad que tuvo Wakabayashi al inicio del día fue esfumándose como las nubes que eran cortadas por las alas del avión. Era evidente que el Hamburgo había podido seguir adelante sin él, con Schwaizer en la portería, y que había dejado de ser indispensable, pero también quedaba claro que el equipo no estaba interesado en venderlo o traspasarlo porque no habían hecho ningún anuncio al respecto. Era como si el club estuviera esperando a que fuese el mismo Wakabayashi quien pusiera las condiciones para al final decidir si estaba de acuerdo o no con ellas. Esto no era una buena señal para el arquero, quien se preguntaba el por qué la relación con el equipo se deterioró hasta ese extremo.
Una vez en Hamburgo, lo primero que hizo Genzo fue presentarse en las instalaciones del club para hablar con la directiva. Sólo le bastó ver la cara de Jäns Meier, el presidente del equipo, para darse cuenta de que de la charla que tuviera con él no iba a sacar algo bueno. Meier citó a Wakabayashi para el día siguiente, alegando que en ese momento estaba muy ocupado y que, además, "no había tomado todavía una decisión con respecto a su contrato". Genzo, a pesar de no ser supersticioso, tomó este comentario como lo que era, un claro signo de mal augurio, y se preparó para lo peor.
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Múnich, otra vez.
A pesar del mal humor en el que se encontraba, Schneider consiguió mantener un buen ritmo en el entrenamiento previo al siguiente partido de la Bundesliga, el cual sería contra el TSG 1899 Hoffenheim. El escándalo que se hizo por culpa de Gunther Schäfer, el reportero de Blind, la rápida pérdida de credibilidad que sufrió el tabloide amarillista y el correspondiente apoyo por parte de los fans (sobre todo el soporte de los aficionados era un gran aliciente, el Bayern presumía de tener una de las hinchadas más leales de toda Europa), consiguieron que Karl se sintiera confortado, al menos en parte, del hecho de tener a su padre y a su hermana menor heridos, de haberse peleado con su novia y de saber que una de las nuevas estrellas del fútbol alemán estaba coqueteándole a aquélla. Lo que más le frustraba de ese asunto a Schneider, ciertamente, era el hecho de que Lily se había puesto de parte de Elieth al darle la razón con respecto a que hizo bien al ser prudente y no revelarle a Teigerbran su relación con el Káiser. Éste, por alguna razón, dio por hecho que su amiga lo apoyaría, por lo que le sorprendió que Lily estuviera del lado de la francesa; sin embargo, al pensarlo a detalle, Karl aceptó que no podía esperar otra cosa por parte de la mexicana, tras sufrir un doble ataque por parte de Blind, era obvio que Lily iba a estar a favor de ser prudente con respecto a la vida personal y no andársela revelando a cualquier inútil que se atravesara en el camino.
"Supongo que no podía esperar otra cosa y realmente no puedo culparla", pensó Karl, mientras se limpiaba el sudor con una toalla. "Sin embargo, me pregunto qué pensaría Wakabayashi con respecto a esto, me gustaría saber si a él le hubiese caído en gracia el que Lily no le hubiera dicho a Ëkdal que ya estaba saliendo con otra persona cuando éste comenzó a acosarla".
No tuvo mucho tiempo para seguir con estas cavilaciones y no tenía sentido el seguirlo haciendo, de cualquier manera. Schneider se había prometido que no volvería a dejar a Lily como árbitro de las discusiones entre Elieth y él así que, cuando la doctora tomó partido, el joven decidió ya no tocar el tema con ella para no hacerla sentir incómoda. Tras lanzar un suspiro, Schneider dejó esos pensamientos de lado y volvió a ponerse en modo fútbol.
– Vamos bien, Schneider.- le dijo Sho, palmeándole la espalda.- Seguro que mañana volveremos a ganar.
– Honestamente, ese partido no me preocupa, el Hoffenheim es un rival menor.- añadió Levin, dándoles alcance.- Prefiero enfocarme en el encuentro de la DFB-Pokal, que es eliminatorio.
– No soy partidario de menospreciar al oponente pero considero que, sin Wakabayashi, el Hamburgo no será un problema real.- replicó Schneider.- Schwaizer no es un portero al que haya que temer, aunque Kaltz nos podría dar muchos problemas.
– Pero Kaltz, sin Wakabayashi, tendrá dificultades para tomarnos con la guardia baja.- señaló Sho.- No tiene con Schwaizer el mismo nivel de compenetración que tenía con aquél.
– Kaltz es otro que debería de pensar en dejar el Hamburgo, si sabe lo que le conviene.- señaló Levin.- El equipo va en decadencia, al grado de que corre riesgo de descender a la liga Zweite si no mejora su estilo de juego. Wakabayashi le inyectó vida durante los últimos años pero sus directivos son tan imbéciles que van a dejar ir al único jugador que los pudo haber ayudado a aspirar no sólo a permanecer en la Bundesliga sino también a participar en la Champions League del próximo año.
– El Hamburgo nunca ha descendido de liga, es el único equipo de Alemania que tiene ese honor.- dijo Sho.
– Siempre hay una primera vez.- Stefan se encogió de hombros, sin saber que sus palabras serían proféticas.- Considerando lo mal que juegan, es lo que se ve venir.
– Espero que Wakabayashi deje su terquedad de lado y acepte jugar para este equipo.- añadió Schneider.- Es lo mejor que puede hacer y lo sabe.
(N/A: Sólo como breve recordatorio, en la línea temporal de esta historia todavía no ha descendido el Hamburgo, como sí ocurrió en la vida real durante la temporada 2017-2018 de la Bundesliga).
El entrenador Rudy Frank ya se había reincorporado a los entrenamientos, los cuales podía dirigir sin dificultad, aunque su rostro lucía una enorme mancha morada que Marie había intentado ocultar con maquillaje. La mayoría de las personas que se topaban con Rudy Frank procuraban ignorar la marca debido al respeto que le tenían, pero más de uno se moría de las ganas de saber, de primera mano, cómo estuvo el pleito que originó esa lesión. Al verlo, Karl se despidió de sus compañeros y se dirigió hacia él pues seguía preocupado por su salud.
– ¿Cómo estás, entrenador?.- le preguntó.- ¿Te ha vuelto a doler la cabeza?
– No, pero sigo sin poder comer algo más duro que un pan remojado.- el técnico lo miró con resignación.- Lo bueno, o lo malo, es que Marie está obligándome a seguir una dieta estricta.
– Se sigue vengando por lo de Leonardo Del Valle, ¿no?.- Karl esbozó una sonrisa irónica.
– Que no te quede duda.- Rudy Frank se lo tomó con humor.- Aunque podría ser peor.
– Además, será bueno para tu salud.- Karl señaló la pequeña barriga que comenzaba a marcársele a su padre.- Creo que mamá se ha sobrepasado últimamente con tu alimentación, ¿no lo crees?
– Más respeto para tu entrenador, por favor.- protestó el señor Schneider, al tiempo que su hijo se echaba a reír.- Es bueno verte de buen humor, Karl.
– Estoy enfocándome en un problema a la vez.- respondió el Káiser.- Así evito enloquecer por pensar en todos los líos que tengo encima en este momento.
– Bien, porque se acercan partidos importantes y te necesitamos en plena forma.- Rudy Frank sonrió a medias.
– No se preocupe, entrenador.- replicó Karl.- Sabe que puede contar conmigo.
Rudy Frank dejó que su hijo se marchara sin decirle la noticia que llevaba rato queriendo darle; bien podría esperar hasta que terminara el próximo partido para comunicarle a Karl que ya había una fecha establecida para su cita con Hedy Lims.
– Mientras más pronto salgamos de ésta, mejor.- musitó el hombre, lanzando un suspiro.
Schneider hijo, mientras tanto, se dirigió al grupo de fans que acudieron ese día a Säbener Straße para ver el entrenamiento. La sonrisa casi se le borró del rostro cuando vio que, entre ellos, se encontraba Leo Shanks, con expresión de encontrarse fuera de su elemento a pesar de estar usando una camiseta del Bayern Múnich para no desentonar.
"Lo que me faltaba", pensó Karl, exasperado. "¿Y ahora qué?".
El alemán tenía la esperanza de que Leo no estuviera ahí por él, quizás en verdad había ido a ver la práctica y Karl estaba creando teorías conspiratorias en su mente, pero en cuanto Leo lo vio, de inmediato le hizo señas para darle entender que sí lo estaba buscando a él. Schneider supuso que de nada le serviría huir así que le puso buena cara al mal tiempo y se acercó a su cuñado.
– Supongo que no vienes por un autógrafo.- dijo Karl, a manera de saludo.
– No.- Leo reprimió una sonrisa.- Sabes bien que vengo por mi hermana.
– No sé para qué te has tomado la molestia.- Schneider se frotó la frente.- Si es por el asunto de Schweil Teigerbran, tanto ella como Lily me han hecho entender que el que está mal soy yo, y si es por el asunto de Hedy Lims, puedo asegurarte que la culpa tampoco ha sido mía.
– ¿Qué asunto con Hedy Lims?.- gracias a su novia y a las amigas de su hermana, Leo sabía lo suficiente sobre esta mujer como para que fuese este detalle el que captara de inmediato su atención.- ¿Y qué tiene que ver Schweil Teigerbran en esto?.- añadió.
– ¡Ah, maldita sea!.- Karl soltó un bufido de frustración al darse cuenta de que se le había ido la lengua.- Finjamos que no dije nada, ¿de acuerdo? No le he hecho algo a tu hermana, sólo tenemos un par de malentendidos pendientes de resolver.
– Con la modelo con la que grabaron el anuncio de la Paulaner y un jugador del Borussia Dortmund.- Leo arqueó las cejas, en una expresión de interés.
– Para ser un hombre que se la vive en el hospital, estás bien informado de lo que sucede en el mundo del fútbol.- Karl frunció el ceño.
– Vivo rodeado de mujeres chismosas.- Leo se encogió de hombros.- ¿Qué problema traes con Hedy Lims? Conozco lo suficiente de esa mujer como para saber que, si Elieth estuviese enterada de lo que sea que te une a ella, ya habría armado una guerra nuclear así que me queda claro que no lo sabe aún.
– Ni lo sabrá.- Schneider lo miró de forma amenazante.- No es un problema que yo haya buscado, que te quede claro eso, prácticamente me están presionando a hacer algo que no deseo por culpa de mi contrato con el Bayern y el patrocinio que la Paulaner le da al equipo. No le va a gustar a Elieth pero tampoco lo puedo evadir y como sé que no va a escuchar explicaciones, no le he contado nada al respecto.
– ¿Qué tan grave es?.- quiso saber Leo.
– Me van a obligar a tener una cita con Hedy Lims.- contestó el alemán.
– Uy, mi hermana te los va a cortar por eso.- exclamó el francés; al notar la cara de espanto del otro, aclaró.- Los pies, claro. ¿Dices que están presionándote a aceptar por contrato?
– Sí.- Schneider frunció el ceño.- Intenté resolverlo por la vía legal pero los abogados del club consideran que no hay mucho por hacer.
– Por supuesto que te van a decir eso, es probable que ellos también estén presionados a decirte eso.- replicó Leo, pensativo.- Lo que necesitas es un abogado externo que te ayude…
– Sí, también consideré esta opción, pero no conozco a alguien que sea lo suficientemente bueno.- Karl suspiró.
– Tienes suerte.- Leo sonrió.- Yo sí.
El alemán enarcó las cejas con sorpresa cuando Leo Shanks le explicó que su suegro era un magnífico abogado, el que seguramente estaría gustoso de aceptar su caso porque le encantaba resolver situaciones que se antojaban como imposibles. Leo no dudó en darle a su cuñado el número de teléfono del padre de Gwen, instándolo a comunicarse con él cuanto antes.
– Eso sí, cobra una millonada a los ricos, aunque es seguro que tú no vas a tener problemas con eso.- se burló el francés.- Si fueras pobre no te cobraría mucho pero dado que no lo eres…
– Sí, el dinero no es inconveniente.- replicó el alemán.
Karl no entendía el por qué Leo cambió de parecer y decidió ayudarlo en vez de "ponerlo en su lugar", pero se lo agradecía infinitamente. Por fin, después de darle mil vueltas al asunto, Schneider había hallado una posible solución a ese enorme problema que estaba por caerle encima, a pesar de que el hecho de haber encontrado a otro abogado no significaba que éste pudiera resolver sin dificultad el lío.
Mucho más aliviado, Schneider se presentó al encuentro contra el Hoffenheim con el ánimo en su punto más alto (o casi, porque seguía molesto por culpa de Teigerbran). Era un partido que en sí no se antojaba interesante, pero cada encuentro ganado los acercaba más a conquistar la liga y no era momento para titubear. Otros equipos alemanes, como el Stuttgart, en donde jugaba Dïeter Müller (guardameta que sustituyó a Oliver Han en el amistoso entre Alemania y Japón), el Werder Bremen, club en donde militaban Manfred Margus, Franz Schester y Ramón Victorino (quienes ya se habían enfrentado a Wakabayashi sin poder vencerlo), así como el Borussia Dortmund, en donde se encontraba Schweil Teigerbran, ansiaban detener la racha ganadora del Bayern Múnich pues también perseguían los tan anhelados trofeos de la Bundesliga y la DFB-Pokal. Quizás, después del Hamburgo, estos equipos eran los rivales a vencer aunque Rudy Frank Schneider confiaba en poder derrotarlos sin mucho problema. En comparación a los clubes anteriormente mencionados, el Hoffenheim era un rival inferior pero no por eso debía ser menospreciado.
– No se presionen demasiado.- dijo Rudy Frank, antes del partido.- Guarden sus energías para el Hamburgo, pero tampoco aflojen al extremo de sacar un empate o, peor aún, una derrota. Ningún oponente es débil pero sí hay unos que son más difíciles que otros y será a los fuertes a quienes les guardaremos la totalidad de nuestro poderío.
– ¡Sí, entrenador!.- respondieron los jugadores, a coro.
– Estamos jugando en casa, así que los tres puntos se deben quedar en casa.- añadió Karl.- Mia san mia!
– Mia san meister!.- gritaron sus compañeros.
Lily y el doctor Stein ocuparon sus lugares en el área médica, esperando que sus servicios no fuesen necesarios esa noche. A esas horas, ella ya se había enterado de que Wakabayashi tendría una reunión al día siguiente con la directiva del Hamburgo y este hecho la ponía más nerviosa que el partido que estaba por comenzar; Lily había detectado en la voz de Genzo un ligero dejo de estrés que a ella la puso en alerta y, al igual que él, se preparó para el peor escenario posible.
En el palco especial reservado para los familiares de los jugadores, Nela y el abuelo Huan-Yue esperaban a que diera inicio el encuentro; era la primera vez que ella se encontraba en ese lugar de honor y se sentía nerviosa, creía que no debía estar ahí y menos porque ninguna de sus amigas había pisado alguna vez ese lugar, ni siquiera las que tenían novio entre los jugadores. El abuelo Huan-Yue, por el contrario, se veía encantado, miraba a su alrededor con los ojos muy abiertos y una expresión de arrobo en el rostro que denotaba su felicidad. El hombre lucía orgulloso una camiseta del Bayern Múnich con el número y el nombre de Sho en el dorsal, que Nela le obsequió; curiosamente, Shunko se mostró renuente a comprarle él mismo la camiseta por un curioso caso de vergüenza extrema.
– Éste sí es un equipo de nivel.- comentó Huan-Yue.- Muy diferente a lo que tenemos en China, es verdad que la Superliga ha estado invirtiendo mucho dinero en sus equipos pero todavía está lejos de alcanzar este nivel. Si algún día Junguang tuviese el deseo de volver, le diría que no cometa ese error y que mejor se quede aquí.
– La única razón por la que él volvería sería usted.- señaló Nela.- Me parece que a Shunko no le agrada que esté solo allá, señor.
– He criado a Junguang para que sepa salir adelante a pesar de las adversidades y no aferrarse demasiado a alguien.- señaló el abuelo Huan-Yue; a Nela le pareció que, al decirlo, la miraba a ella con demasiada insistencia.- Y eso me incluye a mí, por supuesto. Yo estoy bien en China, vivo cómodamente gracias al dinero que me envía mi nieto, tengo un par de buenos amigos y continúo practicando mi profesión, no necesito algo más, prefiero que mi nieto se convierta en un hombre de éxito a que se dedique a perderse en un país sobrepoblado.
Nela respingó al escuchar esta respuesta, porque nunca se le pasó por la mente que Sho podría estarle enviando dinero a su abuelo, aunque era lógico de pensar considerando que él era un hombre que respetaba y amaba mucho a la persona que lo crio.
– Entiendo.- asintió Nela.- Pero a pesar de lo que sea que usted le haya dicho, es imposible que Shunko no se preocupe por su bienestar.
– Es lo mínimo que esperaría de él.- el abuelo sonrió de manera enigmática.- ¿Puedo hacerte una pregunta, Nela?
– Por supuesto.- Nela tembló para sus adentros.
– ¿Por qué decidiste venir a Alemania a estudiar?.- cuestionó el hombre.- ¿No hay buenas universidades en Inglaterra?
– Por supuesto que las hay.- Nela se sintió ofendida con el comentario aunque se dijo que él no lo hizo con mala intención.- Pero estaba interesada en las corrientes psicológicas que se manejan en Alemania, que suelen ser diferentes a las inglesas, por eso es que he venido para acá. Sin embargo, tengo entre mis planes el hacer una maestría en Oxford o en Cambridge, que son dos de las universidades más importantes de mi país.
– ¿Y te irías a pesar de saber que Junguang se quedaría aquí?.- el hombre enarcó ambas cejas.- Me resulta extraño que él esté de acuerdo con eso.
– Es que no lo sabe.- confesó Nela, ofuscada.- Hice los trámites de admisión antes de conocerlo y no he hablado del tema con él porque, como no he recibido respuesta, no es algo que tenga en mente por el momento.
– Eso significa entonces que sí te irás si eres aceptada.- insistió el abuelo Huan-Yue.
– Significa que tengo proyectos propios, tal y como Shunko tiene los suyos.- Nela sintió una leve desazón.
– Ya veo.- el hombre la miró fijamente durante algunos segundos antes de desviar la mirada y posarla en el campo.- Probablemente Junguang esperaría que la mujer que eligió como su compañera sepa ordenar sus prioridades.
"¡Auxilio! ¿Qué rayos quiso decir con eso? Estoy segura de que este hombre me odia", pensó la joven, decaída. "Pero tampoco puedo mentir y decirle que dejaré todo por su nieto. ¡Ni siquiera sabemos a dónde nos va a llevar esta relación! ¿Será que me quiso dar a entender que Sho terminará conmigo si decido volver a Inglaterra para continuar con mis estudios? ¡Eso sería muy egoísta de su parte! Pero supongo que no puedo esperar menos de alguien que ha sido educado para tener esta mentalidad tan retrógrada con respecto a las mujeres… Creo que debería de hablar con Shunko antes de empezar a pensar en cosas que ni siquiera sé si son ciertas…".
Nela se deprimió al darse cuenta de que existía la posibilidad de que Sho la pusiera elegir entre su carrera y él, pero le deprimió más aceptar que, llegado el caso, no escogería a Shunko por encima de su profesión, simplemente porque no podría estar con un hombre que quisiera presionarla a hacer sólo lo que él deseara.
En el área de periodistas, Elieth preparaba su cámara para tomar las fotografías de rigor. No muy lejos de ella, Schneider hacía ejercicios de calentamiento, aparentemente concentrado en el juego que tenía por delante, y aunque Elieth se esforzaba por ignorarlo, la mirada se le iba detrás de ese apuesto rubio con traje rojo. Ella no había pasado a visitarlo a los vestidores antes de irse al área de reporteros, como había estado haciendo últimamente, y él no la llamó para preguntarle si iría a verlo, así que la francesa dio por hecho que continuaban enojados.
"Ojalá no fueras tan imbécil", pensó Elieth, mientras veía a Karl correr a toda velocidad. "Schweil Teigerbran no te llega ni a los talones pero eres tan tarado que crees que sí".
Karl, por su parte, sentía, más que ver, la presencia de Elieth en el estadio, ella era como un punto luminoso y dorado que llamaba la atención en la mente del alemán, pero en vez de que fuera un motivo de distracción, era un poderoso aliciente. "Vamos a darle unas buenas tomas", pensó Schneider, plenamente convencido de que Elieth estaba siguiendo cada uno de sus pasos. "Que quede claro que soy el mejor futbolista de Alemania".
El partido, como auguraban los expertos, fue bastante desequilibrado. El Hoffenheim, que no pudo contra un Hamburgo sin Wakabayashi, no fue un rival ni medianamente difícil para el Bayern, quien lo arrolló a media máquina. Sho fue el primero en abrir el marcador, dedicando el gol a su querido abuelo, para ser secundado por Levin menos de cinco minutos después. Él, por supuesto, le ofreció su anotación a Débora, quien estaba viendo el partido desde el hospital a través de la diminuta pantalla de un televisor portátil a blanco y negro. Con los dos primeros goles en contra, el Hoffenheim hizo lo que pudo para mantenerse pero el Bayern continuó ganándole espacios y buscando abrir oportunidades, lo cual volvió a conseguir al minuto veintitrés, en donde Schneider metió un hermoso gol con un potente disparo de media distancia, encendiendo así el ánimo en el Allianz Arena.
– ¡Ése es el Káiser de Alemania, mi Káiser!.- exclamó Elieth, tan emocionada que olvidó por un momento que estaba enojada con él.
Casi como si la hubiera escuchado, tras la celebración de rigor Schneider pasó corriendo delante del área de prensa, tocándose el corazón con el dedo índice derecho para después señalar a Elieth con él, al tiempo que le guiñaba un ojo, en un evidente gesto de complacencia. Ella se sorprendió tanto que casi dejó caer su cámara, fue gracias a sus reflejos de gata que el aparato no acabó estrellándose contra el piso.
– Idiota atrevido.- musitó ella, tan colorada como un tomate, mientras algunos de los reporteros que la rodeaban soltaban risitas divertidas.
Con la tercera anotación a su favor, el Bayern dominó por completo el resto del encuentro; Sho hizo el doblete gracias a un preciso pase hecho por Schneider, haciendo que su Cañón con Retroceso dejara ver un dragón majestuoso en el campo, lo cual casi llenó de lágrimas al abuelo Huan-Yue. Levin, bajando su ritmo de manera considerable, se conformó con realizar los dos pases que le permitieron a Schneider hacer un hat-trick y sellar la victoria con un contundente seis a cero en el marcador.
– ¡Bien jugado, Schneider!.- le dijo Corman a su capitán.- Si juegas así contra el Hamburgo, seguro que pasaremos a la siguiente ronda de la DFB-Pokal.
– Ése es el objetivo.- respondió Karl, satisfecho.
Bien, que el Hamburgo no era el Hoffenheim pero ya Schneider lo había dicho con anterioridad: Kaltz era el único jugador de riesgo en ese equipo y él lo conocía muy bien, al grado de que podría predecir sus movimientos y evitar que fuese peligroso para ellos.
Mientras se dirigía al túnel que conducía a los vestidores, Karl volvió a pasar por delante del área de prensa, en donde Elieth todavía continuaba recogiendo su equipo. Ella clavó sus ojos grises en el joven, con una expresión que era una mezcla de anhelo y enojo contenido. Karl le sostuvo la mirada, con una determinación muy propia de él, buscando la manera de romper el lío que se había formado entre los dos, sin encontrar un punto frágil que pudiera ayudarle. ¿Quién sería el primero en desviar la mirada? ¿Quién sería el primero en dejar de lado el orgullo para acercarse al otro y hablarle? Era difícil decirlo, ambos sentían que tenían la razón y no habían encontrado la forma de escucharse el uno al otro sin crear una pelea en el proceso. Al final, quien rompió la conexión fue el reportero de otro tabloide, pues deseaba saber en dónde había conseguido Elieth su moderna cámara. Ésta se apresuró a darle detalles a su colega, con la esperanza de que Schneider continuara ahí, a la espera, pero cuando ella volvió a buscarlo con la mirada, el alemán había desaparecido ya por el túnel de los jugadores.
Resignada, Elieth decidió retirarse, estaba cansada y se dijo que ya había tenido suficiente de orgullos mal llevados por una noche. Quién sabe, quizás sólo era cuestión de darle tiempo al tiempo y dejar que pasaran unos cuantos días para que a los dos se les enfriara la cabeza y fueran capaces de razonar mejor las cosas, quizás entonces ambos serían capaces de resolver sus problemas como los adultos que, en teoría, eran.
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Hamburgo.
Por fin, tras darle muchas vueltas al asunto, la directiva del club Hamburgo dio a conocer su veredicto oficial: Genzo Wakabayashi, su antiguo portero estrella, había solicitado ser transferido a mitad de la Bundesliga, justo en la pausa de invierno, debido a su imposibilidad para jugar por los pleitos que tuvo con el entrenador Zeeman, que llevó a éste a dejarlo fuera usando la carta del límite de extranjeros para una alineación. Sabiendo que su tiempo en el Hamburgo había llegado a su fin, quizás no de la mejor manera, Wakabayashi deseaba buscar otros equipos en los cuales pudiera jugar, lo cual expresó de manera verbal al director del club, Jäns Meier. Éste aceptó que la relación entre el equipo y el japonés había terminado ya, pero a pesar de eso el club no estaba dispuesto a dejarlo marchar en la pausa de invierno, por alguna razón de hijo-de-puta que sólo el presidente conocía, y anunció que liberaría su contrato hasta el final de la temporada actual de la Bundesliga, lo cual ocurriría en el verano del siguiente año. A cambio, el Hamburgo permitiría que Wakabayashi se reincorporase a las filas de la Selección Preolímpica de Japón para que jugara las eliminatorias asiáticas.
Ante esta decisión por parte del club, Genzo tuvo que aceptar que estaba atado de manos con respecto a su futuro profesional y que lo mejor que podía hacer era volver a Japón para ayudar a su Selección a clasificarse a los Olímpicos de Madrid. No le guardaba rencor al club, a pesar de todo, porque el Hamburgo siempre sería el equipo que le dio la oportunidad de convertirse en profesional y eso era algo que ninguna pelea con Zeeman iba a poder borrar. No fue fácil para él, sin embargo, el tener que decir adiós a diez años de camaradería y prefirió irse sin despedirse, no por la puerta trasera, como Ëkdal creía, sino por la puerta grande, con un gran pasado a sus espaldas y un brillante futuro por delante.
"Schneider tenía razón en algo, y era que me había estancado en el Hamburgo", pensó Genzo, mientras recogía sus escasas pertenencias y las empacaba en una maleta pequeña. "Si quiero convertirme en el mejor, debo pensar en grande y evolucionar".
Al meter la mano en uno de los muchos bolsillos de su (horrible) pantalón, Genzo sintió el frío del llavero de Lily y se sintió reconfortado. No había razones para sentir tristeza o desazón, él tenía la llave de su destino y no habría barrera que no pudiera superar.
A pesar de su determinación de no querer despedirse de sus compañeros, Wakabayashi no pudo evitar el darse una vuelta por los campos de entrenamiento, en donde sus otrora camaradas comenzaban las prácticas del día. Ahí vio a Kaltz encabezar la carrera rutinaria alrededor del campo y sonrió. Hermann Kaltz siempre había sido el punto clave de cualquier equipo en el que estuviese, el capitán en las sombras, el que decidía los partidos, pero prefería mantenerse en la periferia para no llamar la atención a pesar de que sabía guiar a su equipo cuando por algún motivo fallaba el capitán. Genzo estaba seguro de que a Kaltz le iría bien en donde quiera que estuviese y sabía que era cuestión de tiempo para que él también se mudara de club.
"Gracias, Kaltz", pensó Genzo, mientras esbozaba una media sonrisa. "Ha sido divertido compartir el campo contigo".
Kaltz notó la presencia de Wakabayashi cuando pasó corriendo frente a él, por lo que aminoró su paso hasta detenerse. La noche anterior, ellos se habían despedido en un bar de Hamburgo, en donde compartieron cervezas alemanas, aperitivos aún más alemanes y diez años de recuerdos en común. En esa noche, ninguno de los dos habló de sus planes a futuro en cuanto a carrera profesional se refiere, simplemente charlaron de temas varios que rara vez habían tratado, como si fuesen un par de amigos que se hubieran ido de juerga. Hermann aprovechó para agradecerle a Genzo por la pequeña charla "motivacional", como él la llamó, que le dio a Bárbara y que fue una de las claves para que ella decidiera aceptar sus sentimientos por el alemán, a lo que Wakabayashi respondió con un encogimiento de hombros y la frase "alguien tenía que hacerla entrar en razón", como si quisiera restarle importancia al asunto. Wakabayashi llegó a preguntarse si Kaltz querría saber a qué equipo se marcharía, pero el alemán no tocó el tema y Genzo tampoco quiso hacerlo. Quedaría como incógnita para casi todos cuál era la decisión que el portero había tomado con respecto a su futuro profesional, el mundo se enteraría de eso cuando llegara el momento indicado. Fue en esa noche de alcohol y amistad masculina en donde Genzo se dio cuenta de que sus verdaderos amigos siempre fueron europeos y no japoneses, como muchos creían. No hizo falta que ni Wakabayashi ni Kaltz prometieran que se mantendrían en contacto, ambos sabían que el fútbol los continuaría uniendo y que, así como los dos podían tener novias a distancia, así también podrían continuar siendo amigos a distancia.
"Primero se fue Schneider y ahora es tu turno de dejar este equipo, Gen", pensó Kaltz, contemplando a Wakabayashi a través de la malla que rodeaba el campo de entrenamiento. "Es triste, pero es la ley de los grandes. Ahora, te irás a Japón para poder volver a jugar así que, ¡debes ganar tu boleto a los Olímpicos! Schneider y yo ya hemos hecho nuestra parte al ganar la Euro Sub-21, así podremos vernos las caras en Madrid el próximo año. Hasta pronto, viejo amigo".
Wakabayashi estaba a punto de marcharse cuando vio que Kaltz se había detenido y lo observaba fijamente. Ambos hombres intercambiaron miradas durante algunos minutos, tras los cuales Genzo hizo un gesto de despedida con la cabeza que Hermann correspondió. Éste se apresuró entonces a alcanzar a sus compañeros, mientras Wakabayashi daba la media vuelta para salir de la ciudad deportiva y ponerle fin a ese ciclo de su vida.
Notas:
– La Zweite Bundesliga es la segunda división de fútbol de Alemania.
– La manera en cómo Genzo dejó el Hamburgo fue tal y como ocurrió en el manga, incluyendo su visita al campo de entrenamiento, lo único que yo cambié fue la despedida entre Wakabayashi y Kaltz ya que ellos realmente no se despiden, ni siquiera intercambian miradas ni mucho menos se van a un bar la noche previa, eso fue parte de mi cosecha para profundizar en la relación de amistad de diez años que tienen estos dos personajes y que Takahashi decidió minimizar sin razón lógica.
