Capítulo 47.
Múnich.
La sala de urgencias estaba a reventar; era temprano por la mañana y el trabajo comenzó pronto con un par de accidentados que viajaban en moto, los cuales se rompieron las piernas cuando chocaron contra un poste, para seguir después con los intoxicados de un restaurante de mariscos y un grupo de niños de educación media que se lesionaron durante una excursión escolar cuando una tarima en la que estaban parados se venció por el peso conjunto. Así pues, había llantos de niños, gritos de dolor de adultos y ruidos de vómito, mezclados con los sonidos de los monitores y las voces enérgicas de las enfermeras, quienes no se daban abasto con tanto paciente.
– ¿Ya llevaron al paciente de la cama ocho a Rayos X?.- preguntó la doctora Gwen Heffner a una practicante.
– No, que yo sepa.- negó la mujer.- Le avisé a Leonardo hace diez minutos pero no ha venido. Voy a llamarlo otra vez, doctora, seguro que está perdiendo el tiempo en el patio de las ambulancias.
– No, déjalo, yo lo haré.- negó Gwen, recordando que Leonardo dividía su tiempo entre el trabajo de hospital y sus estudios.- No debe de andar muy lejos.
Y efectivamente así fue, Gwen lo encontró en el patio de ambulancias, pero no perdiendo el tiempo como la enfermera decía sino repasando un libro. Leonardo, al ver a Gwen, soltó una maldición en español y se acercó a ella con la cara roja de vergüenza.
– ¡El paciente de la cama ocho!.- exclamó él.- ¡Lo siento, se me pasó el tiempo!
– No te preocupes, no es una urgencia y no ha pasado mucho tiempo desde que alguien te pidió que te hicieras cargo de él, pero habrá enfermeras que no dudarán en reportarte así que ten más cuidado.- replicó Gwen.- ¿Ya acabaste de estudiar?
– Se supone que sí pero me quedé repasando.- contestó Leonardo, guardando el libro en el bolsillo de su filipina.- Pronto tendré mi primer examen y estoy muy nervioso.
– Te va a ir muy bien, sólo no permitas que esos nervios te consuman y deja que tu cerebro sea el que responda.- le sonrió Gwen.- Has practicado mucho con Leo y conmigo, y los dos creemos que estás listo.
– Les agradezco en verdad la ayuda que me han dado.- Leonardo le regresó el gesto.- Si no hubiera sido por ustedes, ni siquiera me habrían considerado para ingresar al curso de Técnico en Urgencias Médicas.
– No tienes nada qué agradecer.- Gwen le restó importancia al asunto.- Haremos lo que sea por el joven que pretende conquistar a la hermana menor del Káiser de Alemania.
– No lo digas en voz alta.- Leonardo rio.- Que alguien te lo va a creer.
– ¿Qué quieres decir con eso?.- Gwen se sorprendió.- Suena a que vas a darte por vencido.
– No sería como tal "darme por vencido".- Leonardo hizo una mueca.- Es sólo que creo que no estoy haciendo bien al interponerme entre Marie y su padre. No me agrada verlos distanciados por culpa mía y tal pareciera que él nunca va a aceptarme así que quizás lo mejor sea retirarme.
En ese momento Gwen tuvo que callarse pues habían llegado al fin con el paciente de la cama ocho, al cual Leonardo llevó sin más tardanza al departamento de Rayos X. Gwen lo siguió, decidida como estaba a hablar con él, y esperó pacientemente a que el enfermo entrara al cubículo de radiografías para seguir increpando a su amigo.
– No estarás hablando en serio.- exclamó ella cuando se quedaron a solas.- ¡Prácticamente te despidieron del Bayern a causa de Marie Schneider y estás estudiando una carrera técnica por ella! ¿Cómo es que de repente quieres claudicar en tu deseo de ganarte al par de tercos especímenes masculinos que tiene por familia?
– Oye, que lo de estudiar la carrera técnica es algo que estoy haciendo por mí, en primer lugar.- replicó Leonardo, haciéndole señas para que hablara más bajo.- Es cierto que ella es un poderoso aliciente pero aún así estoy estudiando por mí. Y no estoy diciendo que vaya a claudicar, es sólo que no quiero que Marie se distancie de su padre por mi culpa. Créeme que estoy en una encrucijada, por un lado la amo tanto que quiero ir corriendo a su universidad para pedirle que se case conmigo, pero por otro lado es ese mismo amor el que no acepta que ella se pelee con el entrenador Schneider. Y mi instinto y mi deseo de protegerla están siendo más fuertes que el de estar a su lado, por eso es que constantemente me pregunto si no será mejor el dejarla ir.
– Eso fue tan dulce de tu parte que me habría gustado grabarte para que Marie pueda escuchar lo que dijiste.- Gwen sonrió con ternura.- Mira, entiendo que, como hombre, macho y troglodita que eres, según palabras de la misma Lily, tengas la idea de que debes proteger a tu chica, pero ella demostró ser muy capaz de hacerse cargo de las cosas por sí sola y, lo más importante, es que los asuntos de pareja se resuelven entre dos, así que antes de decidir egoístamente por ti mismo, primero extérnale tu inquietud y pregúntale qué opina.
– ¿Desde cuándo te volviste tan experta en las relaciones amorosas?.- preguntó Leonardo, divertido.- Cuando te conocí, eras un ratoncito tímido que se escondía de cualquier cosa que usara pantalón, así se tratase de una escoba.
– Desde que Leo me armó una buena bronca por ocultarle que mi madre está viva y que vino a verme a Múnich.- Gwen hizo un puchero.
– ¿Tu madre está viva y vino a verte a Múnich?.- Leonardo se sorprendió.
– Sí, bueno, ¡eso no importa ahora!.- protestó Gwen, incómoda.- Por dios, haré callar a base de vasectomías sin anestesia a aquél que diga que los hombres no saben hacer drama. ¡Ustedes son los peores!
– Eso es porque pocas veces se nos permite ser dramáticos, así que cuando lo somos, lo somos muy en serio.- Leonardo se echó a reír.- Gracias por el consejo, Gwen, lo voy a poner en práctica, aunque creo que lo primero que debería de hacer sería hablar con el entrenador Schneider.
– No. Primero con ella y luego con él.- lo corrigió Gwen.- Dale a Marie el lugar que le corresponde como tu novia y no como la hija de un señor al que hay que pedirle permiso para todo. Esa mentalidad es del siglo pasado, actualízate.
– Hablas igual que mi hermana.- Leonardo se encogió de hombros.- Bien, seguiré tu consejo. Tu novio ya me dijo que no es bueno llevarte la contraria.
En ese momento apareció el radiólogo para avisarles que había terminado su labor, así que Leonardo entró por el paciente para devolverlo a urgencias. Después de eso, Gwen y él ya no tuvieron oportunidad de hablar porque el trabajo fue incrementando en vez de disminuir y cuando Leonardo se dio cuenta ya casi era hora de que comenzara el turno vespertino. Feliz de haber concluido una jornada más, el mexicano se apresuró a llevar la última silla de ruedas desocupada al área en donde las guardaban; si tenía suerte, alcanzaría a comer algo antes de tener que irse a sus clases de la tarde. Sin embargo, cuando regresó al servicio de urgencias vio una escena que casi lo hace irse de espaldas: Rudy Frank Schneider estaba recargado contra una de las paredes de la sala de espera, mirando hacia todos lados con expresión ausente.
De primera intención, Leonardo se preocupó. ¿Le habría pasado algo a Marie y por eso su padre estaba ahí? Pero luego su sentido común le hizo ver que, de ser así, el hombre no estaría tan tranquilo, así que supuso que quizás era el mismo Rudy Frank el que necesitaba una consulta de urgencias, lo cual sería una muy mala broma del destino.
– Pero los entrenadores de los equipos grandes de fútbol no vienen a hospitales públicos.- sin saberlo, Leonardo recitó una variante de una frase que ya había dicho Jean Lacoste.- Deben de tener seguros de gastos médicos o algo similar.
El mexicano tomó la sabia decisión de tratar de escabullirse para no ser visto por el señor Schneider, pues no quería que hubiese una confrontación en público y mucho menos tratándose de su lugar de trabajo. Sin embargo, pronto quedó en evidencia que el hombre había ido ahí por el joven porque barrió el sitio con la mirada y, al ver a Leonardo, se dirigió hacia él con paso rápido.
– Ya valí madres.- musitó Leonardo en español, sabiendo que nadie lo entendería.- Me va a querer romper la cara en pedacitos y yo no voy a poder meter las manos.
– Del Valle, espera, por favor.- lo llamó Rudy Frank; algunos de los pacientes lo habían reconocido ya y empezaron a sacarle fotos.- Debemos hablar.
– Mire, de verdad que no quiero sonar como novia resentida pero no creo que haya algo de lo que podamos hablar.- replicó Leonardo, en voz baja.- Mi situación laboral con el Bayern Múnich terminó y no dejé asuntos pendientes allá.
– Sabes bien que no es de eso de lo que quiero hablar.- suspiró Rudy Frank.- Y entiendo que no quieras verme pero estoy aquí por Marie.
– ¿Ella le pidió que viniera?.- a Leonardo no le sorprendió.- Si es así, dígale que sí hablamos y ya, yo lo confirmaré aunque no sea verdad.
– No, Marie no sabe que estoy aquí.- negó Rudy Frank, ignorando los murmullos que había a su alrededor.- Cuando dije que estoy aquí por ella quise decir que deseo hacer las cosas bien por ella.
Leonardo no quería hablar con él, ni ahí ni en ningún otro sitio, pero sabiendo que no iba a poder negarse, se llevó a Rudy Frank al patio de las ambulancias; ahí, varios camilleros y chóferes platicaban y reían pero al ver al entrenador Schneider se apresuraron a pedirle que se tomara unas selfies con ellos. El hombre, un tanto avergonzado, accedió a cumplirles la petición mientras Leonardo se balanceaba sobre la punta de sus pies, con las manos metidas en los bolsillos.
– Oigan, muchachos, no quiero interrumpir sus sueños de colegialas enamoradas pero tengo asuntos pendientes de resolver por aquí.- dijo Leonardo, tras lo que consideró como un tiempo razonable.- ¿Me permiten hablar con el entrenador a solas?
– Sí, claro, disculpa, Leo.- los hombres se apresuraron a guardar sus teléfonos y se dispersaron.- Te veremos después.
– Si queda algo vivo de mí, seguro que sí.- suspiró el joven.
Rudy Frank permaneció callado mientras se retiraban los chóferes y camilleros, ocultando un nerviosismo que sí sentía; en cuanto los hombres se encontraron lo suficientemente lejos como para no escucharlos, Leonardo se dispuso a hablar para acabar con el asunto lo antes posible.
– Ya estamos solos.- suspiró.- ¿Quiere que lleguemos directamente a la parte en donde me golpea o prefiere perder el tiempo con plática innecesaria?
– ¿Qué?.- Rudy Frank frunció el ceño.- ¿Quién ha dicho que estoy aquí para pegarte?
– A eso se refería cuando dijo que quería "hablar", ¿no?.- respondió el otro.- Los hombres no hablamos, directamente pasamos a los golpes.
– Eh, si bien tengo que estar de acuerdo, al menos parcialmente, con tu aseveración, ya no estoy en la edad en la que "hablar" sea sinónimo de "golpear".- Rudy Frank sonrió y se señaló el moretón en la cara.- A mis años reservo los golpes para quien en verdad se los merezca, como el reportero de Blind.
– Si usted dice.- Leonardo pensó que más bien era al revés, que fue el reportero el que golpeó a Rudy Frank pero se abstuvo de decírselo.- ¿Cuál es el asunto, entonces?
– Hemos estado llamándote constantemente para ofrecerte una disculpa por el despido injustificado del que te hice parte.- continuó el entrenador Schneider.- Fue arbitrario y lo reconozco, por eso es que estamos tratando de limar asperezas contigo, no queremos que tu relación con el club acabe en malos términos.
– Si ése es el problema no debe preocuparse, ya le dije a Marie que no pienso tomar acciones legales.- replicó Leonardo.- Gracias a que fui despedido del Bayern es que tengo tiempo para estudiar una carrera técnica para convertirme en rescatista, algo que no habría podido hacer estando ahí, así que tarde o temprano habría dejado mi empleo en el club de cualquier manera. Pero todo eso usted ya lo sabe, Marie me lo confirmó. ¿Por qué no nos dejamos de juegos y me dice lo que verdaderamente vino a decirme?
– Porque para un hombre siempre será difícil disculparse.- confesó el entrenador, incómodo.- Sobre todo cuando ha cometido un error grave a causa de su intransigencia.
– Usted tiene todo el derecho del mundo a proteger a su hija de un pretendiente que no le parece adecuado.- negó Leonardo.- Aunque se pueda pensar que fue excesivo el dejarme sin empleo, es lógico que no quiera tener cerca al hombre que está molestando a su pequeña y menos si sospecha que él se aprovecha de su puesto para hacerlo. Mi padre era exactamente igual con los pretendientes de mis hermanas, en alguna ocasión se valió de sus influencias para que cambiaran de hospital a un camillero que molestaba a mi hermana Lara así que no es la primera vez que me toca ver algo así.
– Sigo sosteniendo que mi comportamiento no fue el adecuado pero podemos dejar eso de lado, por el momento.- Rudy Frank se cruzó de brazos.- Realmente te juzgué mal, Del Valle, y es lo que lamento. No voy a darle vueltas al asunto: antes creía que eras un vividor y vago que no sabía qué hacer con su vida, una persona que buscaba pasársela bien y obtener las cosas sin esfuerzo gracias a su hermana. No es ése el tipo de hombre que quisiera que Marie tuviese como pretendiente.
– Bueno, muy equivocado no estaba.- se mofó Leonardo.- Ése era mi plan pero Lily no cayó, no es tan tonta como creía.
– ¿Me permites continuar?.- el señor Schneider sonrió a medias.- También pensé que veías a Marie como una muñequita con la cual jugar y que te marcharías en cuanto se te pusieran difíciles las cosas, así que me ha sorprendido mucho la manera en la que saliste a defender no sólo a mi Marie sino también a tu hermana. No dudaste ni un segundo en hacerle frente a la amenaza con tal de protegerlas y eso me hizo darme cuenta de lo muy equivocado que estaba con respecto a ti.
– Es bueno saber que consigo superar las expectativas que tiene la gente sobre mí.- dijo el mexicano, tras lo cual se mordió la lengua. Tenía la mala costumbre de hablar de más cuando estaba nervioso y eso le había ocasionado problemas con anterioridad.
– Lo que quiero decirte es que lamento la manera en la que te traté y siento mucho el haberte juzgado mal.- curiosamente, Rudy Frank entendió que el otro estaba incómodo, quizás porque él se sentía igual.- Y también quiero agradecerte por haber defendido a Marie y por haber evitado que tanto ella como yo acabáramos en el hospital con más lesiones.
– No tiene por qué darme las gracias, no hice algo que no hubiera hecho usted mismo, de haber podido.- Leonardo se sintió avergonzado por alguna razón que no sabía.- No haga mucho escándalo por ese motivo, por favor.
– También me asombró mucho el enterarme de que Marie hizo las paces conmigo por sugerencia tuya.- continuó Rudy Frank.- ¿Es eso verdad?
– No es bueno que un padre se pelee con alguna de sus hijas.- Leonardo se encogió de hombros.- Ningún hombre lo vale, ni aunque se tratase de un príncipe. Además, ella estaba enojada por un motivo inútil, no tenía caso que desarrollara rencores a causa de eso.
– Gracias.- el entrenador sonrió con sinceridad.
– ¿Por qué?.- se sorprendió el muchacho.
– Porque otro en tu lugar habría aprovechado ese enojo para fragmentar la relación que hay entre Marie y yo.- explicó Rudy Frank.- Pero debí de haber supuesto que si mi hija te eligió fue por algo, y es que ella ha sabido ver que eres mucho más de lo que aparentas, Del Valle. Mi Marie siempre ha sido una niña muy inteligente, como su hermana y su madre.
– Por primera vez estamos de acuerdo en algo.- aceptó Leonardo, sin titubear.
– De verdad que lamento todo.- insistió el hombre.- Pocas veces he tenido que admitir que me he equivocado al extremo con alguien.
– No tiene importancia.- Leonardo esbozó una sonrisa, muy parecida a la de su hermana menor.- ¿Qué le parece si dejamos eso de lado y seguimos adelante con nuestras vidas?
– Es una propuesta que me agrada.- Rudy Frank le tendió la mano.- La aceptaré con mucho gusto.
Leonardo, suspirando de alivio, se la estrechó, reconociendo que su suegro también era un hombre de otro nivel. No sabía cuál era la causa de semejante milagro pero se lo achacó a su buena estrella y le dio las gracias, aunque mucho del mérito fuese su propia actuación. Bien, que ya podía respirar tranquilo porque nadie salió con la mandíbula rota de esa charla, lo cual en sí ya podía considerarse como una gran victoria.
– Me da gusto saber que estás estudiando con la finalidad de superarte.- continuó el entrenador.- Y ahora que sé que las razones por las cuales no regresas al Bayern Múnich son muy válidas, no me queda más que preguntarte si puedo hacer algo por ti.
Antes de que Leonardo pudiera responder, su estómago rugió y los hombres soltaron una carcajada, Schneider de burla y Del Valle de vergüenza. ¡Vaya manera de terminar la primera plática formal con el suegro!
– Hay un lugar cerca de aquí en donde se come bien.- dijo Leonardo, tomando la oportunidad al vuelo.- ¿Cree que el Bayern Múnich pueda pagarme mi almuerzo? Tengo poco tiempo antes de ir a clase.
– Por supuesto, aunque no será el Bayern quien la pague, sino yo.- aceptó Rudy Frank, de buen humor.- Vamos.
El entrenador no lo dijo explícitamente y Leonardo no era tan idiota como para preguntarlo, pero tras esa plática quedaba en claro que, a partir de ese momento, aquél ya no pondría objeciones para que su pequeña Marie tuviera una relación con el aspirante a rescatista.
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Karl Heinz Schneider contactó a Otto Heffner en cuanto tuvo oportunidad, decidido como estaba a no perder más tiempo. El hombre, que respondió al segundo timbrazo, le preguntó directamente si estaba siendo víctima de una broma, pues no podía creer que el Káiser de Alemania estuviese requiriendo de sus servicios.
– No, no es una broma.- aclaró el muchacho, ofuscado.- En verdad soy Karl Heinz Schneider y en verdad necesito su ayuda.
– De acuerdo, hijo.- contestó Otto, con cautela.- ¿Y cuál es el gran lío en el que está metido el joven Káiser de Alemania? ¿Suplantación de identidad?
– ¡De verdad soy yo!.- protestó Schneider.- Esto no es una broma, ¿qué tengo qué hacer para que me crea?
– Decirme la manera en cómo te llamaban cuando eras un adolescente, y no me estoy refiriendo a tu mote de "joven Káiser de Alemania".- pidió el señor Heffner, aburrido.- O en qué trabajaba tu padre antes de ser entrenador del Bayern Múnich.
– "El hijo del entrenador chapucero", ése era mi apodo.- Karl hizo una mueca porque de verdad que detestaba ese mote.- Y mi padre trabajaba en el puerto de Hamburgo como cargador.
– ¡Oh, es cierto, sí eres Karl Heinz Schneider!.- soltó Otto, abruptamente; Schneider casi podría jurar que su interlocutor estuvo a punto de dejar caer el teléfono.- Lo siento, si supieras cuántos "famosos" me han llamado en estos últimos meses comprenderías mi turbación. En lo que va del año, he recibido llamadas de catorce Franz Schesters, doce Dieter Müllers, veintitrés Oliver Hans (N/A: ya sé que es Khan, pero en el manga así se llama), y treinta y cuatro Karl Heinz Schneiders. Tú serías el número treinta y cinco, por cierto.
– Excepto porque yo sí soy el verdadero, así que sería el número uno.- protestó el alemán.
– ¡Oh! Y también me han buscado dos Jan Carl Schneider, un Karl Jan Schneider, un Carl Hans Schneider, tres Karl Charles Schneider y… .- continuó el señor Heffner.
– De verdad necesito con urgencia de un buen abogado y alguien me ha dicho que usted es el mejor del país.- Karl lo cortó con un bufido. ¿En serio había tanta gente que quería hacerse pasar por él?.- ¿Puede usted ayudarme o no?
– Todo depende: ¿Quién te recomendó?.- quiso saber Otto.
– Leo Shanks.- contestó Schneider.- Me dijo que usted es el padre de su novia.
– ¡Oh, así que te ha mandado el bueno de mi yerno!.- la voz de Otto cambió a un tono más alegre.- ¡Por ahí hubieras empezado, vienes bien recomendado! ¿En qué te puedo ayudar?
"¿Y cómo carajos iba yo a saber eso?", pensó Schneider, ofuscado. "Por lo que conozco hasta ahora, son escasos los hombres que no quieren ser asesinados por sus suegros así que había riesgo de que si le decía a Heffner que vengo recomendado por su yerno, aquél me colgara de una parte de mi anatomía que no quiero que sea tocada por un hombre y mucho menos utilizada para ser colgado".
– Bien, eh, mi problema es algo delicado y preferiría no decírselo por teléfono.- expresó Karl.- ¿Tiene algún inconveniente en que lo visite en un lugar neutral? No me gustaría que la prensa me descubriera saliendo del despacho de un abogado.
– Sobre todo después de lo ocurrido con Blind, ¿no es así?.- comentó Otto, haciendo alusión al reciente escándalo en el que estaba envuelto el tabloide.- Vaya que ése sí es un buen lío legal, es el mejor chisme que ha tenido Alemania en mucho tiempo, pero que el Káiser de Alemania necesite un abogado sería una historia mucho más suculenta así que te comprendo. No te preocupes, puedes venir a mi hogar sin problema, si tienes urgencia, o podríamos reunirnos en la casa de un amigo aunque para eso tendríamos que esperar hasta el fin de semana.
– En otras circunstancias no lo molestaría yendo a su domicilio privado pero la situación apremia.- confesó Schneider.- Así que escogeré la primera opción, mi asunto tiene un carácter terriblemente urgente.
– ¿Qué hiciste, chocaste tu Ferrari y ahora el Bayern te tiene vigilado a causa de eso?.- cuestionó Heffner.- ¿O estás envuelto en algún escándalo de acoso sexual?
– No sé con qué clase de futbolistas ha tratado pero lo mío no es ninguna de las dos cosas.- replicó Karl, ofendido.- Es algo tan estúpido que me daría vergüenza confesarlo si no fuera porque necesito de sus servicios.
– Lo lamento, no quise ofenderte, dejaré de tratar de adivinar y esperaré a que me cuentes tu caso.- Otto pareció avergonzarse.- ¿Cuándo quieres que nos reunamos?
– Hoy mismo, si es posible.- respondió Karl.- ¿En dónde está su domicilio?
El abogado le dio su dirección al futbolista para que pudiera reunirse con él en un lapso de dos horas, lo que le daba a Schneider el tiempo necesario para bañarse y comer algo. Mientras se alistaba, el alemán repasaba mentalmente lo que los abogados del Bayern Múnich habían dicho con respecto a la imposibilidad de buscar una salida legal a su problema con Lims, esperando que hubiese algún detalle que él hubiera pasado por alto pero que pudiera serle de utilidad a Otto Heffner. Fue en ese momento en el que Karl cayó en la cuenta de que Leo Shanks nunca puso en duda su versión de que lo estaban obligando a salir con la modelo; a pesar de que Schneider cometió el error de revelarle su secreto, Leo nunca lo acusó de estarle mintiendo para tratar de salir con dos mujeres a la vez y en vez de eso le ofreció su ayuda desinteresada, lo cual asombró mucho al alemán. Éste se dijo que tendría que hablar con su cuñado alguna vez para preguntarle directamente la razón, no fuera siendo que en realidad él le había tendido una emboscada para después contarle todo a Elieth y que Karl no tuviera la posibilidad de negarlo.
– Leo Shanks no parece ser de ese tipo de personas pero uno nunca sabe.- murmuró Karl, mientras marcaba en su teléfono el número de una compañía de taxis pues había decidido que llevar su Porsche sería llamar demasiado la atención. Siguiendo un impulso de paranoia inexplicable, el joven decidió dejar también su celular, sólo por si alguien encontraba una manera de rastrearlo a través del GPS.
Media hora después lo recibió Otto Heffner en su hogar, con la expresión de alguien que ha perdido una apuesta. Karl no entendió el por qué él tenía esa actitud hasta que el abogado soltó un comentario en voz baja.
– Le debo diez euros a mi esposa.- murmuró, antes de saludar a Karl.- Bienvenido a mi humilde morada, señor Schneider. De verdad no puedo creer que vaya a tratar con el joven Káiser de Alemania.
– ¿A pesar de lo que le dije, siguió dudando de que se tratara de mí?.- el joven enarcó las cejas.- Y puede llamarme Karl, el señor Schneider es mi padre.
– No me culpes.- se justificó el abogado.- En mi profesión se aprende a dudar de todo, hasta de las pruebas más tangibles. No podía asegurar que se tratase de ti hasta no verte la cara.
– Entiendo.- esa repuesta le agradó mucho al joven futbolista, pues le inspiró confianza en el hombre.- No quiero en verdad parecer majadero, pero mi problema es grave y urgente.
– Veamos pues qué te traes entre manos.- Otto se puso serio.
El señor Heffner, que se había imaginado las cosas más locas y disparatadas, desde que Schneider había golpeado a un reportero hasta que había sido arrestado por bailar la Macarena vestido como mujer en una iglesia católica, casi se echó a reír cuando un ofuscado Karl le contó su problema. La risa era porque el joven se comportaba como un niño ingenuo e inocente que estaba siendo acosado sexualmente y lo más sorprendente de todo es que así era. Tras las múltiples aseveraciones que decían que Karl Heinz Schneider era un hombre de mundo, mujeriego empedernido como buen deportista profesional, rompecorazones como cualquier joven atractivo, para Otto fue una enorme sorpresa el descubrir que el Káiser de Alemania estaba más cerca de ser un muchacho inexperto recién echado a la madurez y que no era consciente de lo muy atractivo que resultaba ser para las mujeres. ¿Quién lo diría?
– ¿Dices entonces que la Paulaner está usando la cláusula de tu contrato para obligarte a salir con Hedy Lims?.- quiso saber Otto.- ¿Van a grabar algún comercial durante esa cena?
– No, que yo sepa.- negó Karl, confundido.- ¿Eso importa?
– Sí, porque la única forma en la que la cervecería pueda presionarte por contrato a llevar a cenar a alguien que no es tu pareja es si fuesen a obtener un beneficio de eso, como un promocional.- explicó Otto.- Estás obligado a hacer lo que ellos quieren, sí, pero únicamente si sacan provecho de ello y, por lo que me has dicho, la única beneficiada aquí va a ser Hedy Lims, de manera que se puede romper ese compromiso sin problemas, muchacho.
– ¿De verdad?.- a Karl se le iluminaron los ojos.- ¿Así de fácil sería?
– Tendría que revisar tu contrato y el de la Paulaner pero sí, así de fácil sería.- asintió el hombre.- A menos que seas tan tonto como para aceptar que la Paulaner te imponga una novia, esto será pan comido e incluso podrías contrademandar a la persona que te está presionando a hacer algo que no quieres. Le perteneces futbolísticamente al Bayern Múnich pero no es dueño de tu vida privada.
– Puedo darle una copia de mi contrato y le conseguiré también los términos del patrocinio de la Paulaner con el equipo.- aseguró Schneider.- No creo que vayan a negármelos ya que son de dominio público.
– Muy bien. En cuanto a mis honorarios, no quiero sonar avaricioso pero no cobro barato a la gente que pueda pagarlo y dado que tú eres futbolista profesional, no recibirás un descuento.- continuó el señor Heffner.- Mi filosofía es que, así como tú recibes una alta paga por tus aptitudes futbolísticas, así yo merezco que se reconozca mi trabajo. Por supuesto, hay excepciones, otra cosa sería si no tuvieses empleo o provinieras de una familia de escasos recursos, en esos casos no cobro ni un centavo.
– Estoy dispuesto a darle hasta el triple de lo que pide.- replicó Karl, quien estaba de acuerdo con el trato.- Sólo sáqueme de este problema, por favor.
– Me pondré a trabajar en ello cuanto antes.- aseguró el abogado.- Tienes suerte porque yo, a mi edad, sólo acepto casos que me interesan o me conmueven y el tuyo consiguió hacer ambas cosas. Sólo tengo una duda y es más bien una impertinencia: ¿Por qué estás tan interesado en no ir a esa cita? Entiendo que Hedy Lims no te despierta interés pero no creo que llegues a desperdiciar más de dos horas de tu tiempo con ella. Con el montón de estupideces que el Bayern Múnich obliga a hacer a sus jugadores, seguro que has de haber realizado, en más de una ocasión, alguna actividad que te resultó igual de desagradable.
– Bien, eh.- Karl sintió que comenzaba a enrojecer.- Esto me resulta vergonzoso en verdad pero… no quiero que alguien crea que la estoy engañando por culpa de esa estúpida cena…
– ¡Oh!.- Otto no pudo contenerse más y se echó a reír.- ¡No me digas! ¿Tienes una novia celosa que no va a soportar verte en una cita con otra mujer? ¡Ése sí que es un buen chisme!
Karl se ofuscaba cada vez más conforme Otto le daba rienda suelta a su risa estruendosa y alegre. Durante algunos segundos le dieron ganas al pobre muchacho de ser un avestruz para poder esconder la cabeza en la tierra, pero se aguantó la vergüenza y resistió la burla como los grandes.
– Lo siento, lo siento.- se disculpó Heffner cuando consiguió controlarse.- Es que en verdad que me causa mucha gracia el comprobar que no eres ni remotamente como te ha pintado la prensa, quizás por eso es que nadie se imagina que lo que te motiva a pedir ayuda a un abogado es que no quieres lastimar a tu novia. ¿Quién lo diría?
– Por favor, no vaya a revelarle eso a alguien.- pidió Schneider, preocupado.- Ni ella ni yo hemos hecho pública nuestra relación y no quiero que se haga un escándalo por eso.
– No te preocupes, soy una tumba, nunca revelo datos personales de mis clientes.- Otto lo miró con seriedad.- Y de todas maneras nadie creería que tienes una relación estable, la mayoría de la gente cree que eres un mujeriego que cambia constantemente de pareja.
– Sigo preguntándome por qué.- suspiró Karl.- Nunca he dado pie a que se malinterprete a ese grado mi forma de ser.
Tras arreglar otros detalles menores, Schneider se despidió de Heffner y regresó a su departamento, sintiéndose muy aliviado a pesar de las burlas del abogado. Quizás por lo mismo de que Otto le ofreció una solución muy plausible, Karl se relajó al punto de que cayó rendido en cuanto se recostó sobre su cama, de manera que no se enteró de que su padre le había estado marcando con insistencia, dejándole múltiples mensajes en donde le pedía que se comunicara con él cuanto antes. Y de haber sabido el motivo de esa urgencia, Karl no se habría dormido tan despreocupadamente.
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"Es una lástima que Genzo Wakabayashi haya dejado el Hamburgo", decía el delantero griego Kages, jugador del Bayer Leverkusen, en una entrevista que le hizo Elieth Shanks para Sport Heute. "Tengo ganas de cobrar revancha porque él es el causante directo de que me esté costando trabajo liderar la tabla de goleo de la Bundesliga. Karl Heinz Schneider sigue estando por encima de mí gracias a los dos goles que le anotó a Wakabayashi cuando se enfrentó a él, mientras que yo no pude penetrar su portería cuando hice lo propio y por eso mismo ansiaba el partido de regreso entre el Hamburgo y el Leverkusen, para vencer a Wakabayashi y a Schneider por partida doble. Sin embargo, ahora que el arquero ha dejado el Hamburgo, me será mucho más difícil el quitarle el liderato de goleo a Schneider…".
– Sobre todo porque, cuando el Leverkusen se enfrentó al Bayern, nosotros ganamos por seis a cero.- musitó Lily, quien leía la nota del tabloide para perder el tiempo.- Si fueses tan bueno como dices que eres, habrías anotado aunque sea un gol en esa ocasión y no estarías batallando para alcanzar a Karl en la tabla de goleo, no seas tan hablador.
Kages también dio sus opiniones sobre el partido en el que se enfrentó a Wakabayashi, que Lily no recordaba mucho por haber ocurrido en la época en la que estaba enfrascada en la creación del Rugido del Dragón, para después comentar que él, al igual que muchos de los jugadores de la Bundesliga, se preguntaba cuál sería el equipo que elegiría Wakabayashi como sustituto del Hamburgo. El griego sólo esperaba que él no se marchase de Alemania porque entonces no tendría la oportunidad de vengarse, sin saber que se le concedería su deseo de confrontar a Genzo una vez más aunque no de la manera en la que ambos esperaban.
– Elieth, como siempre, hizo un buen trabajo a pesar de que su entrevistado es bien hablador.- Lily dejó el ejemplar de Sport Heute en el revistero ubicado frente a ella.- Kages ya tuvo su oportunidad con Genzo y no la aprovechó, no debería de lloriquear tanto.
Alguien había subido el volumen de la televisión del vestíbulo del hotel, la cual mostraba un programa deportivo que hablaba del próximo enfrentamiento entre el Bayern Múnich y el Hamburgo en las eliminatorias de la DFB-Pokal. Los comentaristas, como siempre, se entretenían charlando de las estrellas de ambos equipos y de sus habilidades, haciendo apuestas sobre cuál club tenía más probabilidades de ganar el encuentro y pasar a la siguiente fase.
– Karl Heinz Schneider es, hasta la fecha, quien ostenta el título del futbolista más joven que ha debutado en la Bundesliga ya que tenía quince años de edad cuando lo hizo, ganándole así al turco Nuri Sahin, el cual debutó con dieciséis.- dijo uno de los conductores.- Y desde entonces, Schneider ha roto todos los récords habidos y por haber en la Bundesliga, superando a Gerd Müller y a Robert Lewandowski, y va encarrilado para hacer lo mismo en la Champions League. Queda claro que le causará muchos problemas al Hamburgo, sobre todo porque éste ya no cuenta con su antiguo portero estrella, Genzo Wakabayashi. Admitámoslo, Schwaizer no está en posibilidades de detener los Tiros de Fuego del Káiser.
– Ciertamente que no, y por eso es que considero que el Hamburgo ha hecho una mala jugada al dejar ir a Wakabayashi.- contestó otro comentarista.- Estando tan cerca los partidos eliminatorios de la Pokal así como encuentros claves de la Bundesliga, no fue una movida inteligente. Además de que, por supuesto, seguimos con la duda de a qué equipo se marchará Wakabayashi para el próximo año. Varios medios le han hecho la pregunta pero él se ha negado a responder, por lo que es altamente probable que nos enteremos de eso hasta después de los Juegos Olímpicos, si es que Japón consigue clasificar a ellos.
"Es el tema que está en boca de todos", meditó Lily, mirando distraídamente el televisor. "La mitad de Alemania se muere por saber a dónde se irá el Super Great Goal Keeper de Japón, mientras que la otra mitad finge saberlo ya".
– Disculpe, señorita.- en ese momento la abordó uno de los encargados de la recepción.- El señor Hernández me ha confirmado que tiene usted acceso libre al piso quince y el señor Nakamura ya está esperándola en el restaurante.
– Gracias.- Lily sonrió y se puso en pie para dirigirse a los ascensores, feliz de haber tenido que esperar menos tiempo del que creyó que lo haría.
Una de las ventajas con las que cuentan casi todos los hoteles De Angelis es que, además de los restaurantes comunes que usan casi todos los huéspedes, tienen un restaurante exclusivo en la terraza del quinceavo piso, al cual sólo acceden invitados especiales con una autorización otorgada por el dueño del hotel. Para fortuna de Genzo y de Lily, el dueño del hotel era Gino Hernández y ambos lo conocían (aunque cada uno a través de diferente vía), así que reunirse en dicho lugar era una buena manera de escapar de los periodistas durante un par de horas. A Lily le habría gustado ver a Wakabayashi en su habitación pero tenía asuntos pendientes de resolver pues, como no esperaba que su novio estuviera de regreso tan pronto, se había adjudicado varios trabajos y no podía demorarse mucho tiempo en el hotel.
"Entiendo que Genzo no quiera bajar al vestíbulo para que no lo acose la prensa pero no comprendo por qué volvió a cambiar de seudónimo", pensó Lily, mientras el elevador subía lentamente. "¿Y de dónde carajos sacó el nombre de Ryusuke Nakamura?".
Genzo iba vestido en esa ocasión con un estilo urbano bastante informal que, si bien no era habitual en él, no desentonaba con su personalidad: llevaba un pantalón negro con bolsillos grandes a los costados, una camiseta del mismo color de manga larga, sobre la cual llevaba una de manga corta a rayas negras, rojas, amarillas y blancas, y la gorra negra que llevaba en la cabeza lucía una notoria "R" bordada en blanco. Lily sonrió al ver sus tenis tricolor ya que, a juzgar por la marca, debían costar una fortuna; ésa era una costumbre que Wakabayashi tenía, que su calzado costaba más que todo su conjunto. El portero, al verla, se puso en pie para abrazarla y besarla, sorprendiendo a Lily pues esperaba encontrar a su novio muy decaído. Sin embargo, Wakabayashi estaba de buen humor, como si acabara de quitarse de encima un problema serio y tal vez así había sido.
– Tardaste más en irte que en volver, señor Don Tenis Caros, apenas nos despedimos el capítulo anterior.- comentó ella, después de darle al mesero su orden.- Y por cierto, me gusta tu nuevo look, te va muy bien.
– Gracias, necesitaba cambiar mi apariencia para esquivar a los reporteros pero no quería salirme demasiado de mi estilo habitual.- Genzo se avergonzó por el cumplido.
– Entiendo.- asintió Lily.- Lamento que se haya dado el peor escenario posible en Hamburgo; a juzgar por lo rápido que te dieron la sentencia, es obvio que la directiva la tenía preparada desde hace tiempo, señor Nakamura.
– De eso no me queda duda, doctora.- Genzo sonrió al escuchar su segundo apellido falso.- Pero realmente no me importa, estoy agradecido de que hayan dejado de tenerme en vilo, ahora soy libre de volver a Japón para luchar por la clasificación a los Olímpicos.
– Es bueno saberlo.- Lily sonrió a pesar de sentir una leve punzada en el corazón.- Ya estaba preparada para consolarte, señor Nakamura, pero veo que no lo vas a necesitar.
– ¿Quién dijo que no?.- Genzo la miró con picardía.- Puedo fingir que estoy muy alterado si con eso obtengo beneficios de ti, Yuri.
– Ya hablaremos después de eso que por hoy no podrá ser, tengo mucho trabajo pendiente.- rio Lily.- Por cierto, ¿por qué dejaste de ser Benji Price y te convertirte en Ryusuke Nakamura? ¿De dónde salió ese nombre?
– Porque la prensa averiguó, no sé cómo, que he estado usando el nombre falso de Benji Price así que me vi obligado a cambiarlo.- respondió Wakabayashi.- Ryusuke Nakamura era mi suplente en el Shutetsu, la escuela en donde estudié la primaria; él no siguió jugando fútbol cuando nos graduamos, creo que ahora es actor. Esta vez decidí usar un nombre japonés, por cierto, porque nadie creerá que yo, que tengo rasgos asiáticos, voy a tener un nombre occidental como Benjamín Price.
– Chico listo.- Lily se burló.- Mira que sí te diste cuenta de eso, yo pensé que jamás lo harías.
Ambos se echaron a reír, tras lo cual hicieron una pausa mientras el mesero les entregaba sus platillos, junto con un mensaje de Gino Hernández quien esperaba que su estancia fuese agradable.
– Por cierto, ¿qué problemas trae Schneider ahora? Hablé con Leo y me dijo que está involucrado en un asunto serio.- preguntó el portero.
– ¿Quién, Karl?.- Lily se asombró.- ¿Está metido en líos?
– ¿No sabes nada al respecto?.- Genzo enarcó las cejas.- Esperaba que tú pudieras darme más información porque Leo se negó a hablar y, a juzgar por lo que dijo, no es un lío ligero el que tiene Schneider.
– Eso sí me sorprende bastante.- confesó la joven.- Karl no me ha dicho nada ni se ha comportado de manera extraña últimamente… aunque si me pongo a analizarlo, sí ha tenido una actitud malhumorada en los entrenamientos pero me supuse que se debía a sus problemas con Elieth a causa de Schweil Teigerbran.
– ¿Schweil Teigerbran, el del Borussia Dortmund?.- ahora fue Genzo el sorprendido.- ¿Qué tiene que ver él con Schneider y la Peque?
– Es una larga historia.- Lily soltó un suspiro.
Ella supuso que ninguno de sus dos amigos se molestaría si revelaba esa información a Wakabayashi así que le contó a éste lo que sabía sobre el asunto. Curiosamente, aunque esto no le sorprendió a la doctora, el portero se puso del lado de Schneider, pues confesó que a él tampoco le gustaría que su novia no le dijese a otro hombre que la pretendiera que ya tenía pareja.
– Sin embargo, acepto que Peque tiene razón, no es bueno ir por ahí revelando datos tan personales a cualquiera que la busque por un medio tan inseguro.- concordó Genzo.- Schneider debería de verse en nuestro reflejo para entenderlo.
– Lo hará en algún momento, aunque seguro que le agradará saber que estás de su lado.- Lily sonrió.- Sin embargo, no creo que sea ése el problema al que Leo se refiere porque no es para considerar que se trata de algo grave; ahora que me has puesto sobre aviso, interrogaré a Schneider para que me diga qué sucede. Si es un asunto serio, no es bueno que quiera superarlo solo.
– Sobre todo después de lo ocurrido con Blind, es en estos momentos en donde debemos apoyarnos entre todos.- señaló Wakabayashi.- Te agradecería que me mantuvieras informado sobre cualquier cosa que te enteres. Yo mismo se lo preguntaría a Schneider pero seguramente lo único que hará será insistirme para que fiche para el Bayern.
– Que de eso no te quede duda.- ella rio alegremente.
A pesar de que era un tema del que no quería enterarse, Lily le preguntó a Genzo cuándo se iba para Japón, a lo que él respondió que no se preocupara porque todavía faltaban varios días para eso, pues tendría que esperar a que el entrenador Kira volviera a convocarlo así que, mientras tanto, permanecería en Múnich con ella, aunque bajo el falso nombre de Ryusuke Nakamura.
– Por lo menos estaré hasta el partido de la DFB-Pokal.- confirmó Wakabayashi.- Me interesa mucho saber cuál será el resultado ahora que el equipo ya no cuenta conmigo.
– Es seguro que no se utilizará el Rugido del Dragón contra tu reemplazo, nadie cree que sea capaz de detener un tiro de Schneider, mucho menos uno combinado.- replicó Lily.
– Lo único que me preocupa es que Kaltz sigue resentido de su lesión.- comentó Genzo.- Sin él, el Hamburgo no tendrá oportunidad contra el Bayern y, siéndote honesto, yo tampoco creo que Schwaizer pueda con los tiros de Schneider, Levin y Sho.
Algo de lo que ninguno habló pero que era un asunto conocido por ambos, era que ese partido sería la prueba de fuego del técnico Zeeman. Si bien su decisión de no seguir contando con Wakabayashi fue respaldada por la directiva del Hamburgo, no era un secreto que la afición del club no estaba particularmente conforme porque, sí, Schwaizer era bueno pero, ¿daría la talla a la hora de enfrentar a equipos fuertes, como el Bayern Múnich o el Borussia Dortmund? ¿Había sido una buena idea el dejar ir a Wakabayashi en vísperas de partidos tan importantes? Zeeman estaba enterado de estas inconformidades y por tanto sabía que en ese encuentro de la DFB-Pokal estaba jugándose la reputación y, por qué no, hasta el puesto.
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Débora se apresuró a terminar la última de sus notas para poder salir a tiempo. Dos semanas antes, ella se esforzaba por quedarse en el hospital el mayor tiempo posible pero ahora sólo soñaba con acabar rápidamente su trabajo para ir al encuentro de Levin, pues esa tarde habían quedado en ir a comer juntos, siguiendo con la idea de llevarse las cosas con calma, aunque ambos sabían que era cuestión de tiempo para que volviera a hacerse presente el deseo sexual. Débora no se preocupaba demasiado por eso, sin embargo, porque sabía que de cualquier manera no ganaba nada con estresarse por algo que en algún momento tendría que ocurrir.
"Aunque odio que Bárbara y Nela me hayan obligado a echar condones en mi mochila", pensó Deb, ofuscada, mientras se cambiaba de ropa en los vestidores. "Si Stefan los ve, creerá que estoy buscando sexo a propósito".
Al abrir su mochila para meter su ropa de quirófano, la joven vio los dichosos condones y decidió envolverlos en el uniforme, así no habría riesgo de que el bolso se le abriera por accidente y los dejara al descubierto.
– ¡Doctora Cortés!.- Hope la detuvo cuando ya se dirigía a la salida, tras haber checado su tarjeta de trabajador.- ¿Ya sabe que la siguiente semana vamos a hacerle una fiesta de despedida al doctor Lacoste por…?
– Ahora no, Hope.- Débora la cortó bruscamente.- Mañana me dices y con todo gusto te hago caso.
Sin esperar respuesta, la médica se dio la media vuelta y se marchó a paso veloz, no sólo porque iba ligeramente retrasada sino porque ya estaba harta de que Hope siguiera insistiendo en querer hablar de la partida de Jean, cuando éste ni siquiera había tocado el tema. De buenas a primeras, el francés había dicho que quería regresar a su patria y habló con la directora del hospital para conseguir tal fin; Débora no le preguntó la razón y Jean no quiso explicársela, así que ella se sintió aliviada cuando él se alejó, pretextando que tenía muchas cosas por hacer antes de irse. Sin embargo, Hope soltaba comentarios de vez en cuando que Débora se esforzaba por ignorar porque, para variar, la enfermera estaba metiéndose en donde no la llamaban.
Stefan la estaba esperando recargado contra un árbol, con la cabeza oculta por la capucha y los mismos lentes oscuros que usó cuando visitó a Jean. A Débora no le costó reconocerlo porque, como buena mujer enamorada, lo habría identificado en cualquier parte del mundo sin importar la ropa que llevara.
– Hola, lamento la tardanza.- ella llegó agitada y levemente sudorosa.- Salí lo más rápido que pude.
– No te disculpes, entiendo que tu trabajo no es del tipo que puedas dejar de lado tan fácilmente.- él se quitó los lentes y le sonrió.- Disculpa que haya venido disfrazado pero uno nunca sabe con qué se va a topar. ¿Estás lista?
– Creo que sí.- contestó Débora, aunque estaba muriéndose de los nervios.- Y no te preocupes, sé cómo es la vida para los futbolistas, alguna vez vino Schneider al hospital y esto fue un caos. ¿A dónde iremos?
– Espero que no te moleste que no vayamos al Vendôme ni a otro restaurante elegante, porque quiero llevarte a un sitio que resulta especial para mí, aunque no sea lujoso.- explicó Stefan, con cierta vergüenza.- Déjame ayudarte con tu maleta.
– Gracias. Y oye, que soy una chica sencilla, siempre me siento fuera de lugar en sitios así de aparatosos.- replicó Débora, ruborizándose por el hecho de que él quisiera ayudarla con sus cosas.- Eso se lo dejo a Elieth, la hijita consentida del embajador francés.
– Es bueno saberlo.- Levin sonrió, echándose la mochila al hombro.- Porque ya sabes que yo también soy de gustos sencillos.
A pesar de esto, a Débora le sorprendió mucho cuando Stefan se detuvo en la cafetería cercana al hospital a la que solían ir los trabajadores para comer, la misma en donde Jean Lacoste rebasó los límites con ella y el sueco apareció para defenderla. Antes de que Débora pudiera preguntar cualquier cosa, Levin la miró a los ojos con cierto aire de desamparada inquietud que le hizo ver a ella que él también estaba muy nervioso.
– Sé que comes en este lugar todo el tiempo y que no va a resultarte emocionante el venir una vez más pero quiero confesarte que he estado aquí muchas veces, buscando una oportunidad para hablar contigo.- dijo Stefan.- Tú no me viste pero yo sí y nunca tuve el valor de hablar contigo, por lo menos hasta esa ocasión en la que Lacoste te besó a la fuerza.
– Lo recuerdo bien.- Débora sintió que sus mejillas ardían.- Me sorprende que me digas que has venido varias veces, yo no noté tu presencia ni en una sola ocasión.
– Porque me cuidé bien de esconderme.- él sonrió.- Pero eso no importa, lo que trato de decirte es que, en esas muchas ocasiones en las que vine aquí y no me atreví a dirigirte la palabra, soñé despierto con que me animaba a dar ese paso, tú me perdonabas y entonces los dos nos sentábamos a comer juntos, mientras me hablabas de tus casos médicos. Y después mi deseo se expandió y pensé en cuánto me gustaría el ir por ti al hospital en mis días libres para acompañarte a comer y hablar sobre lo buen futbolista que soy. Es muy cursi (y egocéntrico), lo sé, pero realmente deseo que podamos hacer eso por lo menos una vez.
– Ya veo.- ella sonrió con ternura.- No puedo creer que hayas llegado a imaginarte todo eso con respecto a nosotros.
– He pensado muchas cosas pero el que las conozcas dependerá de ti.- Levin se encogió de hombros.- Además, esta cafetería también es importante porque decidiste perdonarme gracias a lo ocurrido aquí. ¿Qué dices? ¿Sí quieres comer aquí o te llevo a un lugar mejor?
– Es broma, ¿no?.- replicó Débora.- ¿Qué chica querría ser llevada a otro sitio tras lo que acabas de decir? Vamos, que tengo muchos deseos de que me cuentes qué otra cosa has pensado con respecto a nosotros.
Stefan sonrió y le tendió la mano, la cual Débora aceptó con una sonrisa coqueta. Ella no pudo evitar pensar en cuánto había cambiado su situación amorosa desde la última vez que estuvo en ese lugar y ahora estaba convencida de que esa pequeña cafetería sería, a partir de ese momento, su restaurante preferido en todo el mundo.
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Cuando Gunther Schäfer, el ya conocido y odiado reportero de Blind, admitió al fin que no iba a poder salir del país, intentó una medida desesperada: publicó una carta online en la que se disculpaba con los afectados por sus artículos, diciendo que se había visto orillado a actuar de esa manera por culpa del tabloide, el cual le exigía artículos que fuesen del agrado de la población general y que fuesen capaces de atraer su morbo. Que él no era más que otra víctima de las manipulaciones de la revista y que también era un humilde trabajador buscando sobrevivir al "día a día". Que los famosos a los que difamó no podían entenderlo porque ellos eran ricos y nunca habían tenido que caer a extremos tan vergonzosos para llevar el pan a la mesa, pero que a pesar de eso él esperaba que esos difamados tuvieran el suficiente corazón para entenderlo y perdonarlo.
La carta no cayó bien a nadie aunque muchos alcanzaron a sentir compasión por Schäfer, por lo menos hasta que Hermann Kaltz se la respondió por la misma vía y le dejó bien claras las cosas: quizás era verdad que Genzo Wakabayashi había tenido una vida cómoda y fácil gracias a que provenía de una familia millonaria, pero tanto él mismo como Bárbara Schmidt y Lily Del Valle habían tenido que trabajar arduamente para llegar hasta donde estaban y ninguno de los tres había recurrido al extremo de herir y difamar a otra persona para salir adelante, y concluyó diciendo que era una vergüenza mayúscula y un cinismo muy marcado por parte de Schäfer el querer evitar una demanda a través de una burla disfrazada de perdón. No hizo falta mucho más para que la reputación del reportero quedara hecha trizas de manera definitiva y, al ver que estaba peor que al principio, Schäfer jugó una última carta, la más desesperada: le pidió perdón a Bárbara, que era la dueña original del vídeo que lo inculpaba, pues sin éste la demanda que los Schneider habían interpuesto contra él quedaría invalidada por falta de pruebas. Bárbara, que estaba hablando por Skype con Kaltz cuando le llegó el mensaje, no pudo ocultarle a éste su indignación.
– ¡Pero qué maldito cínico!.- farfulló Bárbara.- ¡Qué poca vergüenza tiene este infeliz! ¡Mira que pretender que está arrepentido para pedirme que borre el vídeo en donde declara sus verdaderas intenciones!
– Está desesperado.- comentó Kaltz.- Sabe que está acorralado y está llegando a los extremos para tratar de salvarse.
– En eso debió pensar antes de llamarme oportunista.- replicó Bárbara, enojada.- Y también antes de asegurar que Lily es una traidora. ¿Quería fama y dinero fácil, no? Pues que sufra las consecuencias de ello.
– Estamos de acuerdo pero no dejes que te afecte demasiado.- señaló Hermann.- Yo ya le canté sus verdades pero no vale la pena que tú te preocupes por ese infeliz, no pierdas el tiempo contestándole.
– No pensaba hacerlo.- replicó la pelirroja.- Es más, voy a bloquearlo y más le vale dejarme en paz o lo demando por acoso.
– Ésa es mi chica.- Kaltz sonrió.- Sabe cuidarse por sí sola.
– Por supuesto que sí.- ella le sonrió.- Aunque me encanta cuando tú me cuidas. Y hablando de cuidarse, ¿cómo vas con tu lesión?
– No muy bien.- confesó Kaltz, frunciendo el ceño.- Volví a presentar molestias en el último entrenamiento y el médico está poniendo en duda mi participación en el próximo partido de la Bundes y en el de la Pokal. El primero no me preocupa, jugaremos contra el Hannover 96 y éste no es un equipo fuerte, pero ya sabes que el segundo es eliminatorio y será el Bayern nuestro oponente. Gen y yo teníamos la idea de cobrar revancha contra el viejo Schneider en este encuentro pero ya no será posible para él y probablemente tampoco lo será para mí si el doctor decide dejarme fuera, lo cual en definitiva no me gustaría.
– ¿Qué piensas hacer entonces?.- preguntó Bárbara.- No debes jugar si estás lesionado.
– No se puede hacer un omelette sin estrellar un par de huevos, ¿no es así?.- replicó Kaltz, sonriente.- Podré jugar si no me esfuerzo demasiado, ahora que no está Gen es mi deber darle estabilidad al equipo.
– Si se te ocurre jugar lesionado, los huevos estrellados serán los tuyos.- amenazó Bárbara, enojada.- Más te vale que no se te ocurra cometer una estupidez como ésa o te lo haré pagar.
– Está bien, tranquila, era una broma.- Kaltz alzó las manos en un gesto de sumisión, al tiempo que reía a carcajadas.- Me voy a cuidar lo mejor que pueda, ¿te parece bien? Aunque también haré lo posible para que el entrenador Zeeman me incluya en la lista de convocados, que quiero ir a Múnich para poder verte.
– Sí, pero no a cambio de tu salud.- replicó Bárbara, sonriendo levemente.- Ya habrá otras ocasiones en las que podamos vernos.
Aun así, Kaltz confiaba en que se recuperaría para el encuentro de la DFB-Pokal pues de verdad ansiaba el volver a enfrentarse a Schneider, sería algo muy bueno el poder decirle a Wakabayashi que contribuyó a que el Bayern Múnich quedara fuera del segundo torneo de fútbol más importante de Alemania.
Notas:
– Kages es un futbolista griego creado por Yoichi Takahashi ©. Él no aparece en el manga en este punto de la historia pero yo lo introduje aquí como preparación para lo que viene después.
– Lo de Otto hablando de un futbolista que chocó su Ferrari hace alusión a cuando el chileno Arturo Vidal hizo exactamente eso en la época en la que estaba jugando para el Bayern Múnich. Lo de Karl Jan Schneider, Jan Karl Schneider y similares es una burla al doblaje latino del anime Captain Tsubasa Road to 2002, que rebautizó varias veces al pobre de Schneider.
– Ryusuke Nakamura es el actor que interpretó a Genzo Wakabayashi en la obra musical de Captain Tsubasa que fue puesto en escena en el 2017 en Japón (sí, en serio existió un musical sobre Captain Tsubasa, la información la encuentran en mi página de Wakabayashi and Friends). Obviamente, yo me inventé que fue suplente de Genzo en el Shutetsu.
