Capítulo Dos
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Dentro de la Orden Oscura, el revuelo se sentía a kilómetros. La novedad de una joven compatible con una inocencia no registrada antes; era lo que se escuchaba por los pasillos y no había nadie que no supiera del tema. Con la general Kloud cargando a la chica con su inocencia, la llegada de Allen al área de enfermería había sido de lo más alocada.
De alguna manera se las habían arreglado para que, durante el camino, no hubiera curiosos que presenciaran el increíble acontecimiento de un mono gigante cargando a una chica sucia y cubierta de sangre. Eso se consideraba por demás una hazaña de lo más increíble.
El viaje a la Orden les llevó alrededor de día y medio. Normalmente no tardarían más de siete horas en llegar, pero con el fin de evadir multitudes, se adentraron a los bosques que rodeaban los pocos poblados que había alrededor de la Orden. Kloud cayó de rodillas, una vez la chica había sido puesta en una camilla que ya estaba preparada para ambas en las puertas de la lúgubre edificación que era la Orden.
Lenalee los había alcanzado a mitad de camino y había decidido que lo mejor era viajar todos juntos. Después de todo, su misión había terminado y estaba ansiosa por ver a su hermano; tanto así que estaba por adelantar al grupo que llevaba consigo a la nueva exorcista de la inocencia extraña. Pero pudo más su curiosidad, por lo que, aprovechando la ausencia de Cross, se unió a la caravana que iba con la general.
Miró con curiosidad como el pequeño mono se acurrucaba cansado sobre el pecho de la rubia. Eso era inusual, los generales podían tener su inocencia activada por días y seguir peleando sin mostrar signos de cansancio. Pero después de cargar a la chica el animal y su usuario se veían pálidos y el sudor cubría su frente.
—De alguna forma tuve que repeler el fuego que intentaba alejar a Lao Shimin de ella. No lo puedo explicar con certeza, pero fue como un sistema de autoprotección de Lao Shimin. Tal vez el contraste de poder y experiencia, hicieron posible que la pudiera cargar todo el camino.
Fue la explicación vaga que dio la mujer luego de descansar un poco.
Lenalee colocó una taza de café en el escritorio de su hermano y se paró cerca de él, viendo con curiosidad como Nine Kloud parecía algo mareada todavía. Jamás la había visto tan afectada. Incluso con enfrentarse a cientos de akumas de nivel dos, ella podía acabar con dos de nivel tres durante el mismo periodo de tiempo y sin inmutarse.
¿Qué era lo que hizo Allen Walker para causar semejante resultado en la segunda general más fuerte de la Orden? Daba un poco de miedo si se pensaba con detenimiento.
—Lamento mucho las molestias, general Kloud. Pero aún no sabemos mucho sobre ella y menos aún de su inocencia. —se excusó el director de la Orden mientras hojeaba lo poco de información que habían obtenido sobre Allen. —Debido a la situación, no nos quedó de otra más que recurrir a métodos inusuales. Pero no se preocupe, general, puede descansar hasta que se encuentre en plena forma nuevamente.
—Bien, siendo el caso, me retiro. —con pasos elegantes pero cansados le vieron salir de la oficina, para de seguro ir a descansar a su habitación.
—No puedo imaginarme como de cansada ha de estar. ¿Hermano, de qué tipo es la inocencia de Allen?
—Aún no hemos podido examinarla, mi querida Lenalee. La teoría de que se defendía únicamente del toque de los hombres, no pudo ser comprobada totalmente. El general usó directamente su inocencia para lidiar con ella. No tuvo contacto directo, por lo que no sabemos tampoco si repele también a las mujeres.
—¿Qué crees...? — Lenalee no pudo terminar su pregunta.
De repente la puerta se abrió de golpe, revelando la figura de la jefa de las enfermeras. Quien parecía asustada, con su brazo izquierdo vendado y sostenido inconscientemente por su mano derecha en un claro gesto de dolor.
—No podemos tocarla. —fueron sus primeras palabras, luego de un suspiro tembloroso y de sentarse de manera cansada en el sillón en el que antes se encontraba Kloud. —Pudimos pasarla de la camilla a la cama en la enfermería, pero cuando nos acercamos para poder limpiarla y cortar (1) su ropa para asearla, revisar que no estuviera herida, apareció el fuego del que hablaron y mandó a volar a tres de nosotras.
La mujer suspiró nuevamente, acariciando de manera distraída su brazo otra vez. Tratando de aliviar el dolor, probablemente.
—Según lo que nos dijeron, esas llamas solo alejaban uno o dos metros a las personas de ella. Pero las llamas parecían querer consumirnos, y se mantuvieron alrededor de ella por lo menos treinta segundos, antes de desaparecer por completo.
—¿Alguien más salió herido?
—Quienes me estaban asistiendo. Sus vestidos comenzaron a arder. No duró mucho, no tienen quemaduras muy graves, pero ahora es más que seguro que nadie la puede tocar.
Ante esto Komui se quedó pensativo. Preguntándose qué era exactamente lo que parecía estar protegiendo a la chica. ¿Sería la inocencia o ella?,¿cómo había sincronizado exactamente?
—¿Dice que sí pudieron moverla de la camilla a la cama?,¿cómo lo hicieron? — Lenalee hizo la pregunta que él estaba por hacer.
—Solamente tocamos las sábanas y la levantamos. No la tocamos directamente.
—Ya veo. —fue la única respuesta enigmática de Komui. Aquello resultaba de lo más extraño. —¿Presenta signos de que vaya a despertar?
—No podría decírtelo. No estamos seguras de poder tomar siquiera sus signos vitales (2).
—Esto se complica más aún. — Lenalee veía preocupada a la jefa de las enfermeras. Las vendas en su brazo se veían gruesas, y según sabía aquello no era bueno. (3)
—Kanda y Alma llegarán mañana, así que de momento no podemos pedirle a Kanda que vaya a echar un vistazo a la chica. — el supervisor parecía estar pensando en voz alta en lugar de estar hablando con alguien en específico. Lenalee se dedicó a observarlo en silencio. A veces le molestaba que usarán a Kanda de esa manera. —Por el momento la llevaremos con Hevlaska. Veremos si ella puede por lo menos ver si no está herida.
—La sangre en su ropa está seca, pero no podemos saber si es de ella o no. — aportó la jefa de las enfermeras.
—¿Crees que sea seguro para Hevlaska, hermano? —aunque lo dudaba podía ser posible que se viera afectada de alguna manera.
—Eso lo sabremos hasta estar ahí.
Sin mucho ánimo y con más preocupación que otra cosa, los hermanos acompañaron a la mujer mayor a la enfermería. Al entrar pudieron ver a las demás enfermeras viendo asustadas hacia la cama en donde se encontraba Allen. Al posar sus ojos en ella, Komui no pudo evitar sorprenderse. Aunque la sangre manchaba su rostro, la mayor parte de su cuerpo, y mucho polvo sobre toda ella, eso no quitaba el hecho de que su apariencia era llamativa.
En especial ese cabello blanco recogido en un moño algo desordenado. Tal parecía que ni siquiera eso habían podido hacer. Se veía incómodo tener el cabello de esa forma.
Observaron con precaución como las enfermeras temblorosas, aquellas que no habían sido quemadas, tomaban con cautela la sábana y la trasladaban a la camilla.
Parecía la caravana de un muerto. Al menos quien lo viera no tendría otra impresión del asunto. Usando el ascensor, llegaron hasta donde estaba el ente encargado de resguardar los fragmentos de inocencia que iban encontrando. Hevlaska se acercó con curiosidad al ascensor. Era un poco perturbadora la visión de la chica ensangrentada en la camilla.
—Komui, parece que han encontrado a un usuario fuera de lo normal.
—Este es un caso que nos ha llevado a tomar posturas extrañas, Hev. Pero queremos ver si eres capaz de revisarla. Nos preocupa un poco que no despierte.
—¿Cuánto tiempo lleva así? — preguntó sin acercarse. Había algo que le decía que era peligroso.
—Según sabemos desde las 1300 (4) de ayer.
—Siento algo poderoso alrededor de ella, pero no puedo determinar qué. Tampoco puedo distinguir por completo su aura.
—¿A qué te refieres?
—Komui, sabes que todo el mundo tiene un aura única a su alrededor. Lo que yo percibo no es lo mismo que puede ver el propietario de Mugen. Pero puedo decir con certeza que es inestable y no creo poder acercarme.
—¿Al menos puedes intentarlo? La sangre sobre ella nos impide saber si está herida o no.
—No está herida. Eso puedo sentirlo. La sangre que hay sobre ella puede ser debido a la sincronización. Puedo sentir la inocencia en las argollas.
Mientras decía eso Hevlaska movía sus extremidades alrededor de Allen sin tocarla. Tratando de percibir la inocencia sin tocar a la chica. Sin embargo, el contacto directo era necesario, ya que sus lecturas no eran muy claras con ese método. Por lo que, de manera tentativa se acercó más.
Y el fuego rodeó a Allen como una burbuja y con una explosión repentina, que la mandó lejos de ella. Era la primera vez que los hermanos Lee veían el estallido, del que les habían hablado los buscadores y el general Cross.
Tanto fue el calor que se formó alrededor de ella que los hizo dar varios pasos hacia atrás, hasta llegar al barandal del ascensor. Hevlaska se alejó con un siseo de dolor. Aquello había sido muy repentino y poderoso. Había dolido, pero al menos ahora sabía algo.
—Es la inocencia quien impide que le toquen. — había asombro en su voz.
Aquello sí que le había dejado una sensación extraña en la punta de sus extremidades, y examinándolas mejor, parecían algo más oscuras debido a las quemaduras. Pronto no quedó nada más que la vaga sensación de dolor en ella.
—No puedo decir cómo o por qué. Además, que hay una voluntad poderosa en el fuego que la protege. Komui, hasta que despierte no puedo examinarla.
—¿Tienes alguna idea de porque no despierta o cuando lo hará?
—Eso tampoco puedo saberlo. Puede que su conciencia esté afectada por la pérdida de sangre. Aunque se ve sana. Pero por lo que parece, la inocencia fue demasiado brusca al fusionarse con ella. ¿Qué más pasó durante la sincronización?
—El general Cross reportó un temblor a causa de una energía extraña, luego algo parecido a un aro de fuego que acabó con varios akumas en el lugar. Siguió el lugar de origen y la encontró inconsciente.
—Entiendo, puede que la particularidad de la inocencia no esté definida aún. El fuego parece ser su arma principal. Y el estallido repentino luego de una sincronización brusca, pudo haberle afectado demasiado. Será cuestión de esperar. Por el momento no podemos hacer nada.
Dejaron la sala de Hevlaska con incertidumbre y preocupación. No sabían cuándo Allen iba a despertar y si lo hacía, no sabían cómo tomaría la situación. Pero aún les quedaba algo que les pudiera dar un poco de luz, respecto a la situación que atravesaba el nuevo miembro de la orden.
Todos esperaban ansiosos la llegada del par de los segundos exorcistas. Especialmente la del espadachín de los dos. Pero no precisamente porque le quisieran tener cerca. Si bien era cierto que Komui siempre se preocupaba por la seguridad de todos, en esta ocasión no era precisamente por eso.
Y podía apostar que Kanda no estaría especialmente feliz con su pedido. Había veces en las que ni siquiera Alma lograba aplacarlo. Sin embargo, la situación lo requería y aunque a regañadientes, sabía que le haría caso. No obstante, la llegada de este se retrasó un día más. Problemas de campo, fue la explicación de Alma.
—¿A dónde fue exactamente, Alma? —no era la primera vez que el pelinegro se iba por su cuenta a quién sabe dónde luego de una misión. Normalmente no le tomaría importancia. Con el tiempo había aprendido que era mejor no preguntar. Pero en esta ocasión era urgente su presencia.
—Sabes cómo es, Komui. A pesar de que me considero su amigo, hay veces en las que tampoco puedo lidiar con su carácter. —Alma era, por decirlo así, casi un hermano para Kanda. Pero incluso él se las veía negras cuando el japonés reencarnado se ponía de mal humor por motivos desconocidos al mundo. — No encontramos inocencia y él parecía estar más enojado de lo normal. No puedo decir que pasa por su cabeza, pero se veía más inquieto que de costumbre. Sabes cómo se pone cuando quiere estar solo y no lo dejan.
—Sé que es difícil para él. Y sabes que normalmente no lo cuestionaría, pero justo ahora necesitamos de su ayuda con urgencia.
—¿Es sobre la chica de la inocencia extraña?
—¿Cómo es que ya lo sabes? Llegaste apenas hace dos horas.
—Todo el mundo habla de ello. ¿De verdad nadie la puede tocar?
—Es tal como dicen. Con hoy, ya son tres días los que lleva inconsciente. Por eso necesitamos a Kanda.
—Entiendo. Pero en serio no creo que Kanda vaya a regresar hoy. Esta vez ni siquiera pude preguntar a dónde iba. — no como que le fuera a decir de todos modos. Nunca le decía.
—¿Al menos se llevó a su golem con él?
Una sonrisa apenada fue su respuesta.
Alma sentía curiosidad por ver a la chica. Según los rumores, a pesar de estar cubierta de sangre y polvo era linda. Según lo poco que se podía distinguir de ella.
Con los rumores por todos lados y con el hambre haciendo estragos en su cuerpo, Alma se encaminó a la cafetería. Encontró a Lenalee en el camino y decidieron ir juntos a comer; luego de saludarse y entablar una plática respecto a las misiones de cada uno.
Al llegar pidieron sus alimentos y se encaminaron a una mesa vacía. Luego de un rato de comer en silencio, un torbellino pelirrojo los llegó a abrazar con entusiasmo, y con miles de preguntas sobre la nueva exorcista que se encontraba inconsciente en la enfermería.
No era de extrañar que Lavi se enterara incluso antes de llegar a la Orden. Más que un Bookman, Lavi parecía la gorda del pueblo. Aquella que llevaba las novedades más frescas de sus vecinos a otros vecinos.
—Dicen que su cabello es blanco. Me da la impresión de que puede ser una anciana. Las enfermeras no me dejaron entrar.
—No puedo creer que hayas intentado ir a ver. Eres un irrespetuoso, Lavi. — le reprendió la chica mientras lo golpeaba en la cabeza. Ese tipo no tenía vergüenza.
—Pero Lenalee, no me digas que no tienes curiosidad. ¿O acaso tú ya la viste? — la falta de respuesta le dijo todo. —No puedo creer que me reprendas a mí y tu...
Otro golpe, esta vez más fuerte, le fue dado. Lavi se quejó.
—Para que lo sepas, estuve con la general Kloud cuando la trajo. Por supuesto que la vi. Así que no te hagas ideas extrañas.
—Además, Lenalee no es como tú, Lavi. —le reprochó Alma, terminando de poner otro plato a la gran pila que ya tenía delante. Alma era más discreto con respecto a su curiosidad, pero no por eso podía dejar de preguntar. —Oí que la llevaron a donde Hevlaska y ella tampoco pudo acercársele. ¿Estuviste ahí, Lenalee?
Los hombres, por Dios.
—Si, fue extraño. El fuego la rodeó como una burbuja. Lo extraño es que ni la camilla ni ella se vieron afectadas.
—¿Podría ser que su inocencia sea igual a la mía? — preguntó Lavi risueño. — Si es así puede que seamos almas gemelas. Si es bonita de seguro no me...
Esta vez el golpe vino de sus dos amigos a la vez. A este punto creía que le causarían daño cerebral permanente.
La conversación cambió a otros temas, más que nada porque Lavi no paraba de decir tonterías, que exasperaban más que divertir. Aunque, a decir verdad, el pelirrojo era bueno disimulando su sentir. Desde que escuchó de Allen, el Panda había querido regresar lo más pronto posible a la sede de la Orden, y se veía perturbadoramente... emocionado. Lavi no tenía buena espina de eso. El viejo no solía emocionarse con nada y honestamente también se sentía un poco celoso.
Kanda regresó de mala gana casi al anochecer del día siguiente, exactamente veinticuatro horas después que Alma. Komui no estaba feliz, pero a él la verdad le importaba poco.
—¿Para qué me quieres con tanta urgencia? Alma entregó el reporte. No tengo nada que agregar además de que la misión fue un completo fracaso y una pérdida de tiempo.
—Kanda, normalmente no te diría nada respecto a tus momentos de soledad. Entiendo porque lo haces, es solo que en esta ocasión voy a necesitar de tu ayuda. O mejor dicho... ayuda de tu vista.
—No jodas. Si es uno de esos interrogatorios extraños, no quiero tener nada que ver. ¿No les quedó claro que no sirve de nada que esté ahí?
—No es eso. Acabas de llegar y no eres de los que escuchen lo que se rumorea por ahí. Así que no me sorprende que no lo sepas.
—¿Qué cosa? — aunque no fuera lo que pensó, de todos modos, tenía un mal presentimiento.
—El general Cross encontró hace cuatro días a un nuevo usuario compatible.
—Felicidades.
—Déjame terminar. — el científico loco estaba inquieto y emocionado a la vez. Y eso causaba más escalofríos en él. — Es un tipo extraño de inocencia. No sabemos cómo o por qué, pero no podemos tocarla. Y no despierta. Hev no ha podido ver nada tampoco. Así que solo quedas tú. Espero que puedas arrojar algo de luz al asunto.
—¿De qué carajos hablas?
—Lo entenderás cuando lo veas.
Sintió un mal presentimiento. Kanda era de los que solía confiar en su instinto, y esta vez le estaba diciendo que sea lo que sea, no le iba a gustar. Pero no tenía de otra, por lo que de mala gana siguió a Komui a lo que supo era la enfermería.
Había varias enfermeras que parecían estar vigilando el área. Estaban inquietas, nerviosas, y por lo que vio, también estaban al pendiente de que nadie más que el supervisor, y ahora él, entraran a la sala. Aquello podía ser culpa del conejo estúpido. Apostaba a que de hecho era así.
Estar en la Orden y en cualquier lugar con mucha gente alrededor no le gustaba. Y en ese momento las emociones de las enfermeras eran fuertes. Había incluso un poco de miedo en ellas. ¿Qué demonios era lo que le iba a enseñar Komui?
Sin perder mucho tiempo en ver a las enfermeras a su alrededor, siguió al hombre y entraron a la enfermería. Al menos al ingresar, cerraron las puertas y quedaron junto a ellos únicamente dos enfermeras. La jefa y quien supuso era una aprendiz.
—Por favor, Kanda, solo mírala y dime como están sus emociones. Es solo para saber si se encuentra bien. Pero no la toques.
—¿No tocar a quién? — Kanda no sentía a nadie más a parte de las enfermeras y el director. Y que este se estuviera emocionando más no le ayudaba. Con desconcierto vio cómo retiraba la cortina que estaba a la mitad del pasillo, y lo que vio lo dejó sin habla y lo hizo abrir los ojos en desmedida.
—¿Qué demonios?
—¿Qué ves, Kanda?
Kanda no dijo nada, ya sea de impresión o algo más, pero no podía decir nada. Aquello que estaba frente a él no podía ser posible.
No era por la sangre que la cubría, ni por la ropa sucia o su cabello extraño. Había miles de motivos visibles por los que él podría haberse quedado en shock y parecía no poder reaccionar. No era lo visible lo que le inquietaba. Era lo que solo era visible para él.
Solo había visto esa condición en una situación y era cuando una persona ya estaba muerta. Incluso cuando la gente estaba dormida le rodeaban emociones leves, debido a los sueños que la persona pudiera estar teniendo. La chica tendida en la cama de la enfermería claramente estaba respirando, inconsciente también, pero no había nada de nada. Y eso era por demás perturbador. ¿Quién diablos era ella?
—¿Kanda? —Komui le había estado llamando y hasta que tocó su hombro reaccionó. Empezaba a preocuparse un poco. — Kanda ¿Qué ves? ¿Qué sucede?
Ese era el problema.
—No veo nada.
—¿Qué? — tanto el científico como las enfermeras le miraban con asombro, pero él no podía despegar sus ojos de la chica dormida. — ¿Cómo que no ves nada?
—Es lo que te digo, no veo nada.
Ni un aura, ni una esencia, ni un solo color alrededor de esa chica en la cama. Eso jamás lo había visto.
—¿Estás seguro?
Kanda lo miró con enojo. Más desconcertado que otra cosa, pero que dudara de lo que le decía no le gustaba.
—Aquí la pregunta debería ser si esta chica está viva, pero puedo ver su respiración, así que definitivamente lo está. Lo que no entiendo es lo que te digo. No puedo ver nada. —ahora hasta Komui estaba asustado.
Kanda volteo a ver a las enfermeras y luego al hombre junto a él. Si, ahí estaba su molesta habilidad. Por último, miró de nuevo al cuerpo sobre la cama. Nada. Absolutamente nada. ¿Cómo era posible aquello?
—Esto se pone cada vez más complicado.
—¿Quién es ella?
—Su nombre es Allen Walker. Hasta hace poco vivía una vida normal. Pero desde que la inocencia se fusionó con su sangre no ha despertado... y no podemos toca... Kanda, no.
Demasiado tarde.
Kanda había desenvainado a Mugen y ya sea por curiosidad o idiotez, alzó su espada contra Allen.
El resultado fue algo que ya se esperaba. Con una pequeña variante más letal en contra del japonés.
Una espiral violenta de fuego lanzó a Kanda hasta el otro extremo de la habitación. Las enfermeras, luego del susto y alejarse considerablemente debido al calor, se apresuraron a ayudar deteniéndose en seco al ver a Mugen aun ardiendo y derritiendo el metal que cubría la espada hecha de inocencia.
Como consecuencia quedó derretida en algunas partes y Kanda se veía afectado. El sello en su pecho se activó, y cerró las quemaduras que sobrepasaron su traje de exorcista. Y ese traje era resistente de una manera impresionante. Aquello sí que asustó a todos dentro de la habitación. Sin embargo, al pensarlo detenidamente; era inocencia lo que creaba esas llamas. Era natural que ni siquiera un traje de la división científica resistiera, pero Mugen...
—¿Por qué hiciste eso, Kanda? Si dices que no ves nada, te creo ahora. Pero eso no era necesario.
—No lo entiendes. Si esa chica no está muerta no entiendo cómo es que no veo nada. Solo había visto esto en gente muerta.
—Eso no era motivo para ponerte violento. ¿Qué buscabas con eso?
Eso ni él mismo lo sabía. Había sido un impulso y honestamente no lo pensó mucho antes de hacerlo.
Y ante el silencio del joven, Komui entendió que había sido más por instinto que por otra cosa. Soltó un suspiro.
—Kanda, esto de verdad me está preocupando. Por favor intenta volver a ver. No sé, con...
Con un golpe en las costillas no pudo decir nada más.
—Es inútil, idiota. Si no puedo ver nada a la primera, no sirve que lo haga por más tiempo. ¿pretendes que me le quede viendo como imbécil toda la noche?
Después de recuperarse del golpe, no le quedó más remedio que darle la razón.
—Bien. Si ese es el caso, nuevamente estamos en las mismas. Debemos esperar a que despierte.
—Si es que despierta. Para mí que ya está muerta cerebralmente.
—No digas eso. Ya sea extraña o no, ahora es un exorcista y la necesitamos.
—Como sea.
—Creo que no podrás salir a misiones mientras ese momento llegue. Lo siento, Kanda, pero...
Kanda le golpeó otra vez. Porque la verdad no podía hacer nada más. Si Komui decía que no tendría misiones, no podía hacer mucho. Y por lo que entendía, no podía dejar la Orden hasta que esa chica despertara. Era un fastidio. Pero al menos sabía que nadie le iba a molestar hasta entonces.
Un Kanda Yuu sin misiones, es un Kanda encerrado y eso era mal presagio para todo el mundo dentro de la Orden. Era mejor quitarse de su camino si querían seguir con vida.
Mientras tanto, regresó a su habitación con inquietud y con el hambre perdida quién sabe dónde.
No pudo dejar de pensar en lo que acababa de pasar. Está bien, a lo largo de su vida, se había encontrado con personas que de una u otra forma lograban ocultar su esencia. Generalmente no era gente buena. Pero nadie podía esconder su aura por mucho tiempo, y mucho menos eso otro que le molestaba. Sus emociones.
Aquello que lo tenía como un conejillo de indias de la Orden de vez en cuando. Que lo había hecho presenciar interrogatorios que prefería olvidar en el Vaticano. Eso que rodeaba a todo el mundo y que no podía ocultarse, aunque a veces él no pudiera leerlo con exactitud.
Jamás había visto a nadie que no tuviera esencia, aura, ni emociones. Pululando como tentáculos alrededor de todo el mundo, y que le causaba dolor de cabeza.
Porque esa era la habilidad extraña, y a su parecer, molesta de Kanda Yuu.
Él podía ver las emociones de las personas, su aura y su esencia.
No sabía por qué y la verdad, siempre deseó no tenerla.
Pero con la aparición de Allen se sentía inquieto. Porque no podía creer que siguiera viva si de verdad no tenía nada de eso a su alrededor. Sinceramente, Kanda creía que Allen estaba ya sea en coma permanente, o muerta cerebralmente. Y no esperaba que fuera a despertar.
Que equivocado estaba. Y luego de un tiempo, de verdad deseo que no hubiera despertado o haberla conocido jamás.
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(1) Cortar su ropa: En el área de emergencias de los hospitales, e incluso en las ambulancias, a los pacientes que van con lesiones graves, inconscientes o no, se les corta literalmente la ropa para poder tratarlos. En especial si es una fractura de hueso o una quemadura. Resulta mil veces más práctico que desvestirlos de manera convencional. Aunque a veces sin necesidad de eso lo hacen Jaja. No me pregunten por qué, solo se que es verdad.
(2) Tomar signos vitales: Los signos vitales incluyen la respiración, el pulso, presión arterial, y temperatura. La medición y registro de los signos vitales es de gran valor para los técnicos de emergencias médicas y los médicos en las salas de emergencia. Puede servir de base para comenzar con el tratamiento específico, tal como terapia con oxígeno, ventilación, manejo de shock, entre otros. Este es un procedimiento estándar que siempre se realiza en un área médica competente. Otros hospitales suelen incluir el peso si el paciente no está en una situación crítica.
(3) Vendas en la quemadura: Sólo se utilizan vendas en las quemaduras cuando son extremadamente profundas y es necesario que la piel no se contamine con el ambiente. En el caso de las quemaduras leves no, es más recomendable que permanezcan descubiertas para facilitar la regeneración de la piel. Esto según varias enfermeras con las que tuve una estrecha amistad. Jeje.
(4) Las 1300 de ayer: Aquí, Komui dice la hora militar. La hora militar es una forma de leer la hora en un reloj basado en un sistema de 24 horas en vez de los dos sistemas estándares de 12 horas en un día. El propósito de la hora militar es evitar la confusión entre lo que es a.m. y p.m. La hora militar es un número de cuatro cifras. Los primeros dos números constituyen la hora, mientras que los dos últimos son los minutos. No se colocan dos puntos entre los números como se hace con el sistema de 12 horas.
Un primer encuentro entre Kanda y Allen sin que Kanda atente contra Allen con Mugen... pues sencillamente no es un primer encuentro entre esos dos xD. Esta es mi versión en la que es Kanda el lastimado. jajaja. Siento que se lo merece por haber hecho que Allen sufriera a manos de Komui.
Las actualizaciones pasan a viernes de cada dos semanas. Por eso hay capítulo hoy, el próximo si será dentro de dos semanas. Gracias a quienes se toman el tiempo de leer esta loca idea mía.
Gracias por leer. By KNM.
