Capítulo Cinco
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Dentro de la Orden Oscura, Komui Lee se consideraba el único que no veía a los exorcistas, como armas humanas enviadas por Dios. Para él, la seguridad de los niños a su cuidado era prioridad. Sobre todo, la seguridad de su adorada hermana menor.
Desde su llegada y con el pasar de los años, había dedicado sangre, sudor y lágrimas para hacer que la vida de los exorcistas, fuera lo menos complicada posible. Procurando que la división científica fabricara e investigara todo lo necesario, para aumentar su bienestar durante las misiones.
Había cosas que como director podía hacer y otras que no. Aunque la mayoría afirmaba, que se la pasaba perdiendo el tiempo haciendo robots buenos para nada. Pero eso solo lo hacía en el escaso tiempo libre que tenía y a escondidas. La verdad, es que no lo hacía con mala intención. Quería que de alguna forma sus creaciones, ayudaran en la medida de lo posible a los exorcistas.
Pero había otras cosas que estaban completamente fuera de su alcance. Y en ocasiones, se tenía que limitar a agachar la cabeza, fingir cordialidad y obedecer las órdenes del Vaticano y los comandantes. Era la parte que más odiaba de su trabajo. A pesar de que, ante los ojos de todos, o de la mayoría, era un científico loco con complejo de hermana, cuando le tocaba ponerse serio en asuntos de suma importancia, dejaba de lado su personalidad infantil, y hacía gala de su verdadera edad.
Esa máscara fría, que se vio obligado a ponerse delante de sus superiores, era el rostro que no dejaba que su dulce hermana viera. Y era en esos momentos, en los que Reever recordaba, porqué era el director del cuartel general de la Orden Oscura. En el mundo de los adultos, hay que actuar como tal.
Y justo en ese momento, tenía que actuar de esa forma.
—Entiendo que la situación requirió de medidas drásticas y paciencia. Pero no podemos pasar por alto este asunto. —uno de los cardenales habló.
—Es sumamente sospechoso, que Kanda Yuu no pueda ver sus emociones. Y que haya perdido la memoria sobre lo que pasó durante su sincronización, aumenta nuestras dudas. —habló otro de los hombres.
—A pesar de que el número de apóstoles está en decrecimiento, no nos podemos confiar por completo de la señorita Walker. La información que obtuvimos de ella fue demasiado escasa, e interrogar a sus padres en la situación en la que se encuentran, no es conveniente aún.
—Supongo que cuando las cosas se calmen con ellos, podemos realizar un interrogatorio en secreto.
Con esto tuvo que intervenir por fin. Por lo que, entrando en su papel de director, se aclaró la garganta, llamando la atención de sus superiores.
—Si me permiten, comandantes. Allen Walker no ha mostrado signos de hostilidad, y como ustedes mismos han mencionado, el número de apóstoles ha decrecido. No sabemos cuándo pueda aparecer otro. —buscaba la manera de evitar lo que sea que estuvieran pensando. — El hecho de que su inocencia sea fuera de lo normal, y de que Kanda Yuu no pueda ver sus emociones, puede representar una gran ventaja. Y un poder que nos de la victoria en esta guerra. Y aunque no conocemos el significado concreto, la profecía de Hevlaska puede ser la clave de ello.
Con sus palabras, los hombres en la mesa parecieron meditar mejor en la situación.
—Puede que esté en lo cierto, director. Pero también está la posibilidad de que sea todo lo contrario. Y por el momento, no podemos determinar cuál de las dos opciones es la verdadera.
—Puede que su inocencia sea rara y de un tipo que no se ha registrado antes, pero su nivel de sincronización deja mucho que desear. Y pone en duda su compromiso como apóstol de Dios.
—La profecía bien no puede significar nada en realidad. Ya con anterioridad hemos visto que eso no es garantía de nada.
Ante eso Komui no pudo seguir hablando. Se había olvidado por completo de eso, en su afán de buscar factores que ayudaran a Allen.
Si bien era cierto que cuando Hevlaska le dio la profecía a Allen, él le aseguró que solían ser muy acertadas, lo hizo con el fin de levantar el ánimo de la chica. E inmediatamente después de haberlo dicho, se sintió culpable de ello.
Pues de lo que los cardenales hablaban, era de un caso en el que la guardiana de la inocencia, profetizó a un exorcista, que sería una pieza importante en el fin de la guerra. Dicha persona, se convirtió en un caído luego de servir doce años como apóstol de Dios.
Con ello en mente, los comandantes ya no tomaron muy en serio sus profecías. Y cada que daba una, la ponían en son de duda y se quejaban de no ser lo suficientemente específica. Hevlaska era irremplazable hasta el momento. Por ello, Komui era consciente de que el Vaticano no tomaba tantas acciones en su contra. Pero de ser posible, sabía que ya habrían hecho algo para deshacerse de ella.
—Sumado a eso, aun no controla del todo la inocencia. No podemos asegurar que no se convertirá en un caído con el tiempo.
—Por lo tanto, sería conveniente que mantengamos un ojo en ella, hasta que se demuestre que no es un potencial peligro en esta guerra.
Nada de lo que decían le daba buena espina. Y estaba más que seguro, de que, si Allen se enteraba que pensaban interrogar a su familia, podía volverse realmente peligrosa la situación. No solo para ella.
Un interrogatorio en secreto consistía en utilizar en las personas el suero de la verdad. No era un proceso agradable, y solía dejar efectos secundarios graves en los interrogados. Y, por si fuera poco, al terminar el proceso, se procedía a borrar la memoria de la gente con un suero similar. Para que no se filtrara información demasiado secreta del Vaticano.
Algo completamente despreciable, desde su punto de vista. Komui tenía que hacer lo posible por evitarlo.
—Estoy seguro de que, con el tiempo, Allen recordará lo que pasó ese día. Solo es cuestión de tenerle paciencia. Las circunstancias en las que fue llevada a la Orden, también son algo difícil para ella todavía.
Punto a favor del director. Todos los presentes tenían que reconocer que tenía razón. Y aunque estaban inquietos debido a la situación; había que darle el beneficio de la duda a Allen. Aunque no quisieran. Después de todo, se mofaban de seguir a un Dios misericordioso. Sería mal visto que dejaran ver sus verdaderas intenciones de manera tan obvia.
—¿Qué propone exactamente, director Komui?
—Sugiero que, por el momento, se le dé el tiempo necesario para adaptarse. Es una joven inteligente, ustedes pueden ver en los reportes que es una chica talentosa. Y por las reacciones de sus conocidos ante su muerte, no es una mala persona. Más allá de la envidia que pudieran tener en su contra, no hay testimonios de que haya sido una chica problema en su escuela.
Sus palabras parecían surtir cierto efecto. Esperaba que fuera suficiente para evitar que la familia de Allen, se viera perjudicada de alguna manera. O peor aún, la misma Allen.
—Lo que dice el director suena razonable. — un escalofrío lo recorrió, el Inspector Lvellie. —Tenemos que tomar en cuenta nuestra condición de los últimos años en esta guerra. Causar estrés innecesario a un exorcista, puede ser perjudicial en el campo de batalla.
Ese hombre parecía tener cierto poder involuntario sobre los cardenales, o por lo menos una gran habilidad de persuasión, pero Komui no se podía confiar del todo. Era impredecible para él, así que todavía no podía sentirse aliviado.
— Sin embargo, es fundamental que entre al campo de batalla de inmediato. Desde hace algún tiempo, el número de Akumas ha aumentado, y es necesario erradicarlos con urgencia. —lo sabía, demasiado pronto para sentir alivio. —Todavía no ha enfrentado el verdadero campo de batalla, por lo que puede que Kanda Yuu si detecte sus emociones; si se da la situación adecuada.
Con esto último parecían estar más de acuerdo sus superiores. Ese hombre.
—Puede que tenga razón, Inspector Lvellie.
—En ese caso, lo más conveniente es que se le envié de inmediato a una misión.
—En compañía de Kanda Yuu. De esta forma podremos comprobar su teoría.
Maldición. Todo se había vuelto más complicado de repente. Y sin más, la decisión había sido tomada. Y él no tenía otra alternativa más que obedecer.
Poco importó, que argumentara de nuevo que Allen aún no podía controlar del todo su inocencia. Incluso con tal de conseguir algo de tiempo para ella, evitó de nuevo mencionar su nivel de sincronización y la profecía. Pero fue completamente inútil. En especial, luego de escuchar a ese despreciable hombre hablar de nuevo.
"Un exorcista, como elegido de Dios, tiene que ser capaz de eso y más."
Como si no fueran personas, no tuvieran sentimientos y no se cansaran. Apostaba a que ese hombre los consideraba como tal. No por algo, el Vaticano había hecho algo como el proyecto de los segundos exorcistas.
Y lo peor de todo, es que los cardenales apoyaron sus palabras. Si, definitivamente, lo que más odiaba de su trabajo.
—Entonces, después de todo, no le consideran como alguien que debe ser guiado en su nuevo camino como exorcista. —extrañamente, el general Cross había regresado poco después de que Allen había despertado.
—Parece ser el caso, general. —secretamente, se sentía aliviado que no fueran a poner a Allen bajo la tutela de Cross Marian. Era sospechoso, en todos los sentidos, que ese hombre estuviera tan interesado en ser el maestro de la chica.
—Supongo que tampoco tomarán en cuenta, que fui yo quien dio con ella en el principio.
—Dado que fue asignado a la recuperación de esa inocencia de emergencia, no lo consideran un hecho relevante en el caso de Allen. —quería evitar, en la medida de lo posible, mencionar; que si se pusiese a Allen bajo su tutela -vigilancia- si fuera necesario. Solo en el caso de que su sincronización disminuyera, y fuera necesario terminar con su vida. Antes de que se convirtiera en un caído.
El general no necesitaba saber eso. Todavía.
—Entonces no tiene caso que me quede más tiempo. —la desilusión era evidente en su mirada. —Siendo así, supongo que volveré a mi misión principal.
—Mucha suerte, general. Y gracias de nuevo por su tiempo.
—Mmh...
Con aparente indiferencia el hombre dejó su oficina. Y por fin pudo soltar un suspiro cansado.
Ser el director del cuartel general, era un trabajo demasiado pesado. Nadie entendía realmente por lo que tenía que pasar.
De ser por él, Allen no saldría de la Orden, hasta que fuera capaz de controlar su inocencia sin correr riesgo. Pero no podía dejar de cumplir con las órdenes que le habían dado. Tenía miedo por ella. La pobre había despertado apenas hace tres días, y debido a que decidieron analizar más a fondo su inocencia, no habían podido ni siquiera explicarle del todo cómo utilizarla.
El hecho de que no tuviera una forma definitiva al activarse, complicaba más la situación. Y de momento, lo único que habían logrado determinar era que su inocencia, tomase la forma que fuera, se mantenía en un estado cristalizado, que resultaba lo suficientemente letal para un akuma. Era la poca luz, que había podido arrojar su investigación con la chica.
Tipo cristal. Fue el nombre que decidieron utilizar para llamarla. Una nueva categoría de inocencia.
Por lo que, hasta ahora, se tenía el registro de la existencia de tres clases de inocencia. Equipamiento, parásito y cristal. Siendo Allen la única usuaria de este tipo hasta el momento. No sabían si en el futuro, alguien más obtendría una inocencia de este tipo. Pero de ser así, tampoco era seguro que resultara por completo igual a la que poseía la chica.
Así como tampoco sabían si el resultado de la fusión de la sangre con la inocencia, sería el mismo. Si tendría los mismos factores, y si la sincronización sería igual de baja. Hasta ahora se podría decir, que era una clase muy inestable y volátil. Y enviar a Allen a una misión de improviso, podría ser perjudicial para ella.
De ser posible, enviaría a un par de científicos con ellos a la misión, para poder analizar más al respecto. Pero lograr que le autorizaran aquello se veía imposible. Y lo que querían los comandantes, era saber que tan poderosa era esa inocencia. Y determinar si Allen era peligrosa para ellos o no.
Por más que dijeran que era por el bien de la guerra y demás tonterías, a Komui Lee no lo engañaban para nada. Pero ellos, siempre se tomaban la molestia de dar a entender eso con palabras rebuscadas, y una actitud aparentemente consagrada a los ideales de la iglesia.
Absurdo.
Por el momento, no quedaba de otra más que buscar una misión que no resultara tan peligrosa para ella. Y aunque Kanda estaría feliz de salir, puede que no le agradara la idea de ir en compañía de Allen.
¡Ah! ¿Por qué todo era tan complicado?
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XXX
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Llevaba cuatro días dentro de ese sombrío lugar, y todavía no se acostumbraba al ambiente. Creía que jamás se iba acostumbrar. Y es que, a pesar de que todos eran amables y trataban la manera de hacerla sentir cómoda, podía sentir a kilómetros el montón de testosterona a su alrededor.
Era problemático, que casi el noventa por ciento de la Orden fueran hombres.
Allen era consciente que llamaba la atención en más de un sentido. Con el tiempo, se había acostumbrado a que le miraran más de la cuenta. Y a que cuando llegaba a un lugar por primera vez, parecía ser el juguete nuevo. Sabía que era debido a que su inocencia era de un tipo raro que no se había visto antes. Y, para qué negarlo, por su apariencia. Pero de verdad estaba empezando a fastidiarse.
Y nada bueno salía de una Allen fastidiada hasta el extremo.
El otro problema era Lenalee Lee.
De acuerdo, era cierto que no lo tenía fácil, por saber que no volvería a ver a sus seres queridos. Pero tampoco estaba buscando una nueva familia que reemplazara a la que había dejado atrás. Cosa que la china no parecía notar.
Admitía que cuando la vio por primera vez, el impacto visual le hizo mirarla bien dos veces. Pero Allen, odiaba en gran medida a la gente demasiado entrometida. Cosa que parecía ser un deporte para la peliverde.
Quería evitar ser grosera con ella en la medida de lo posible, pero no se lo estaba poniendo fácil, y temía perder los estribos más temprano que tarde. Por lo que había optado por evitarla la mayoría del tiempo. Debido a su particular carácter como por... bueno, otras cuestiones.
Agradecía el hecho, de que el departamento científico estuviera abarcando la mayoría de su tiempo hasta el momento. Y por difícil que fue, logró marcar de manera correcta los lugares principales de la Orden, a modo de no perderse todo el tiempo dentro de ese enorme lugar.
Otra de las cosas que hacían, que hasta el momento fuera peor su adaptación no era solo ella, era la pandilla que siempre le seguía. Alma Karma y Lavi. Los tres resultaban agradables al principio, pero inevitablemente, querían saber más de ella. Ya sea por curiosidad, o por querer hacer que se adaptara más rápido a la Orden.
Y no le agradaba particularmente ninguna de las dos razones. Allen era por lo general, una persona que gustaba de tener amistades con las que pasar el rato, y divertirse de diferentes maneras. Pero solía ser con gente, que por lo general no buscaba saber tanto de ella, ni indagar en su privacidad. Está bien, entendía que no lo hacían con malas intenciones. Su paciencia, solía tener un límite que no se agotaba tan fácil. Es solo que la situación en general, impedía que su límite se alargara demasiado.
Solo llevaba casi cuatro días despierta en la sede, y ya se sentía asfixiada.
Le habían dicho, que había más exorcistas que por el momento no se encontraban en la Orden. Y honestamente, no sabía si quería conocerlos. Hasta el momento, los que conocía no habían tenido el mejor tacto que digamos. Aunque no de manera intencional, no quitaba el hecho de que fuera molesto como la mierda.
Joder, ya hasta estaba empezando a usar más vulgarismos debido al mal humor.
A este paso, terminaría sacando lo peor de sí, con tal de mantener su paz. Mierda, esperaba no llegar a tales extremos.
Al menos, había logrado que cesaran en su constante intento de impedir que estuviera sola. Y todo debido a ese momento en particular. Uno de los pocos momentos, en los que perdió el control ligeramente de su temperamento. Recordarlo le dejaba cierta satisfacción, que no iba a dejar ver por nada del mundo.
Fue el segundo día de su estadía en la Orden. Lenalee tuvo la amabilidad, de recordarle que no tenía muchas pertenencias por el momento. Por lo que se ofreció, a llevarla a comprar algo de ropa a la ciudad más cercana a la Orden. Cosa que agradeció, por lo menos al principio. La verdad es que no sabía cómo, ni por qué, pero cuando menos se quiso dar cuenta, los acompañaban el pelirrojo de nombre Lavi y el peli azul de nombre Alma Karma.
Aunque según sabía, el primero debería haber partido con su abuelo el día anterior. Se había enterado por él mismo, que le había convencido de dejarlo, con tal de saber más del nuevo tipo de inocencia. Eso le incomodó demasiado. Y fue ahí, cuando empezó a dejar ver su desbordante fastidio interno.
En realidad, su compañía no había sido el problema. El problema empezó cuando quisieron hacer que usara vestidos, y comprara ropa demasiado... reveladora. Por decirlo de manera amable. Lenalee se unió a la causa, y fue cuando se permitió mostrar un poco de lo más oscuro de su ser.
Uno de los peores venenos de Allen Walker, era que quisieran usarla como muñeca de juegos. Para vestirle y adornarle como una jodida niña mimada. Y le obligarán a usar algo, que no se pondría ni en una de sus más locas borracheras. Por necesidad, ella tenía gustos muy específicos con la ropa. Y entre sus prendas favoritas, jamás estarían los vestidos cortos, ni las blusas ajustadas y sin mangas, o cosas con demasiados volantes o estampados. Había mil y un motivos, por los que no se pondría nada remotamente parecido, si no fuera obligatoriamente necesario.
Y solo había un motivo en su vida, por el cual usaría algo similar a eso, en el que era obligatoriamente necesario. Y estaba segura, o por lo menos esperaba, que esa situación no se daría. Al menos, no a corto plazo. Pero eso no tenía por qué saberlo nadie, que supiera.
Tenía que admitir, que la expresión en sus caras cuando les puso un alto de manera irrefutable y contundente, le había causado cierta satisfacción. Claro, no sabía qué expresión había puesto, pero sí sabía que tono de voz había usado. Y no se lamentaba por ello. Así, logró que le dejaran escoger su ropa en paz.
Lo mismo con su traje de exorcista. Dejó en claro, que no usaría una falda como la de Lenalee. Era innecesario y según tenía entendido, el traje de ella ameritaba el diseño debido a motivos prácticos. Cosa que no se aplicaba con Allen. Y prefería evitar tener que andar mostrando las piernas todo el tiempo. Ya suficiente atención llamaba vistiendo un modesto conjunto de enfermería, por lo que no quería imaginarse, como sería la situación si usara un traje similar al de la otra exorcista.
Nadie insistió en otra cosa, nadie dijo nada. Excelente.
Estaba cansada. No solo mentalmente, sino que emocional y físicamente también. Mantener la compostura, estaba resultando más difícil de lo esperado.
Ese día en especial, había logrado activar la inocencia y darle una forma sólida que le permitiera pelear.
Según lo que le habían dicho y lo que había logrado discernir por su cuenta, la inocencia era muy versátil en cuanto a su forma se refería. Gracias a que ella era particular y secretamente bélica, conocía varios tipos de armas que se podían usar con ambas manos. Logró determinar que se adaptaba a su pensamiento, y respondía a sus emociones. Era rápida y tenía un alcance considerable.
La primera forma que le dio, fue de un par de hachas de apariencia exótica. Asustando a más de uno cuando las blandió, con aparente facilidad digna de la suerte de principiante. Lo más divertido que había tenido que hacer desde que estaba ahí. Allen tenía cierta afición por las armas cortopunzantes, por lo que conocía varios tipos de cuchillos, espadas y lanzas, que normalmente asustarían a cualquiera por su forma.
Por lo que su inocencia, había resultado hasta el momento mejor compañía que sus compañeros exorcistas. Ironías de la vida. Según toda la gente ahí, sería al revés. Pero no se podía hacer nada al respecto.
Según le habían dicho, también tomaría clases de pelea. ¿De qué clase? No le dijeron, así que supuso que sería un conocimiento general. No tenía idea de qué clase de habilidades, se necesitaban exactamente para combatir un Akuma. Las explicaciones que le dieron los científicos cuando preguntó, fue que cada exorcista tenía su propia manera de pelear. Y debido a que su inocencia parecía ser más apta para el combate directo, le darían clases de pelea y esgrima.
Resopló, que absurdo. Se rió internamente cuando se lo dijeron.
Al menos ahora por fin estaba en su habitación, acomodando una que otra cosa para que estuviera más acorde a su personalidad. Esperaba poder mantener su tranquilidad un poco más antes del almuerzo. Aunque, a decir verdad, ya le estaba dando hambre.
La inocencia, parecía consumir una gran cantidad de su energía. Esperaba que cuando llegara el momento de una misión, no fuera a colapsar demasiado rápido.
De repente fue sacada de su tranquilidad. Soltó un suspiro. Solo esperaba que no fuera nadie que le causara reacciones innecesarias. Así que, armándose de paciencia, abrió la puerta, encontrando a un buscador; que le dijo que le solicitaban en la oficina del director de manera nerviosa, y se marchó sin esperar su respuesta.
No pudo evitar reírse ligeramente. No era el primero que actuaba así frente a ella, y sabía que no sería el último. Qué se iba hacer, eso parecía ser inevitable.
Sin nada de entusiasmo, se dirigió a la oficina de Komui Lee. Ese extraño científico con complejo de hermana. Esa era otra de las tantas cosas, que le hacían ver que sí, tristemente, no se adaptaría al lugar a brevedad. Toda la gente en ese lugar era estrafalaria.
Cuando entró al lugar, nuevamente le invadió un escalofrío. Demasiado desorden.
—Allen, que bueno que llegaste. Por favor toma asiento.
—Está bien, gracias. — trató la manera de ver lo menos posible a su alrededor mientras se sentaba.
—¿Cómo lo llevas hasta ahora? ¿Te estás adaptando? Hazme saber si en algún momento, hay algo que te molesta o te inquieta.
Su hermana, director. Es una de las cosas que más me inquieta. Por supuesto, sus pensamientos no salieron de su boca.
Quiso reírse en su cara, y empezar a redactar su larga lista de cosas que le molestaban hasta ahora. Comenzando con su pensamiento anterior. Pero en lugar de ello, sonrió y dijo: —Hasta el momento todos han sido muy amables. — demasiado en realidad. — Supongo, que con el tiempo todo será mejor.
Si el hombre notó o no el significado oculto de las palabras, no lo sabía. Pero con lo último le vio meditar un poco, luego toser con incomodidad. Sonrió más ampliamente.
—Me alegro de que sea así. Estoy seguro de que te adaptarás rápidamente.
—Si, seguramente.
—Según tengo entendido, has logrado activar y darle forma a tu inocencia. Seguro que tu talento es natural.
—Apenas logré entenderlo el día de hoy. — comenzaba a hacerse una idea, de por qué le había llamado.
—Pero estoy seguro de que pronto lograrás hacerlo a la perfección. Definitivamente eres excelente en...
Allen aseguraba, que estaba por decir un montón de cosas, que reducirían rápidamente su reserva de paciencia. Por lo que, agradeció que se viera interrumpido por la puerta abriéndose bruscamente.
—Espero que mi tiempo de encierro haya llegado a su fin, maldito director inútil. —la persona que entró, se detuvo de golpe al darse cuenta de su presencia. Era aquel sujeto con cara de niña que veía las emociones de la gente. Maldición, sabía que era demasiado pronto, para alegrarse por la interrupción al científico.
—No te preocupes Kanda, de hecho, es precisamente eso por lo que te llamé. — Esto no podía ser peor. —Por favor toma asiento.
—Así estoy bien. —la molestia parecía ser recíproca.
—De acuerdo, ya que ambos están aquí. Tengo el placer de informarles que tienen una misión.
—¿Con él?
—¿Con ella?
Gritaron al unísono.
—Allen, sé que a penas acabas de aprender cómo activar tu inocencia, pero debido a la escasez de personal, es imperativo que empieces a...
—¿Ganarme el sustento dentro de la Orden? —no pudo ocultar el sarcasmo.
—N-no es eso es solo que... que...
—¿Tengo que empezar a colaborar?
—A-Allen. No es así... verás... la cosa es...
—Descuida. Ya me he hecho a la idea de cuál es mi trabajo ahora.
Komui cerró los ojos y masajeó su frente. No esperaba recibir tanta hostilidad. Pero trataba de ser comprensivo. Debía de ser difícil para Allen más de lo que creyó. Pero no tenía de otra, y veía prudente, por no decir que no sabía cómo, no decirle que los altos rangos estaban dudando de ella. Sería echarle más leña al fuego, y podría ser perjudicial para Allen.
Kanda se le quedó viendo al director, dándose cuenta de que, había algo que ese hombre no quería que supiera la chica. Estaba inquieto, preocupado, molesto y asustado. Y sospechaba, que no era solo a ella a quien le ocultaba algo. Prefirió no decir nada por el momento. Al menos iba a salir de ese lugar.
Por otro lado, evitaba también ver demasiado a Allen. La extrañeza de no ver nada alrededor de ella, lejos de darle un respiro del torrente de emociones del director, le molestaba y hacía que su instinto asesino despertara.
Komui prefirió suspirar, e intentar que no se notara tanto su incomodidad. Kanda le miraba fijamente, y sabía que probablemente, ya se había dado cuenta que ocultaba algo.
—Bueno, en esta ocasión, se dirigirán al sur de Italia. Dónde se ha reportado un gran número de Akumas, y se ha confirmado la presencia de inocencia. Así que aquí están los detalles de la misión. Partirán lo más pronto posible. Los buscadores no resistirán por mucho tiempo contra los akumas.
De entre todo el desorden en su escritorio, tomó las dos carpetas y se las entregó a los exorcistas.
Nadie dijo nada más después de eso y Allen se dispuso a ir a almorzar, antes que nada. No podía salir con el estómago vacío.
Cuando terminó con su comida, uno de los científicos se le acercó para entregarle su traje de exorcista. De nuevo, prácticamente le habían aventado las prendas, para después huir como si tuviera peste. Aunque era todo lo contrario. Agradecía, que no hubiese alguien que intentara pasarse de listo. De lo contrario, no se haría responsable de las consecuencias.
Por lo que, sin más, se dispuso a ir a su habitación para ponerse el traje.
Solo esperaba, que él cara de niña no resultara tan fastidioso como los otros. Aunque, a decir verdad, era el único al que parecía en serio desagradarle su presencia. Y también, era con quien menos contacto había tenido desde que despertó. De hecho, ni siquiera lo había visto después de que se fue de la oficina ese día.
Supuso que sería por la inquietud de no ver sus emociones. Bueno, y de nuevo, otra de las cosas por las que no podía hacer nada.
Tenía el presentimiento, de que eso le iba a causar problemas durante la misión. Solo esperaba regresar entera a la Orden.
¡Agh! Esto iba a ser tan complicado. Pero esa era su vida ahora. Solo quedaba hacerle frente de la mejor manera posible. Mantener la cordura en el proceso. Y si era posible, su vida.
"Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento." (Salmos 23:4) (1)
Fue su murmullo en voz baja, antes de salir de su habitación para dirigirse a su primera misión.
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(1) Versículo real: A partir de este capítulo y en algunos de los que vendrán más adelante habrán versículos bíblicos raléales, en especial en el siguiente. Mas adelante habrá una explicación del porqué.
¿Saben? a partir de ahora es cuando creo que se empezara a notar por qué esta historia no es un Yaoi. Pues, originalmente tenía pensado hacer absolutamente todo lo que tenía planeado en la historia con Allen siendo hombre como originalmente es, pero con forme la idea iba tomando forma, las escenas se iban ensamblando en mi mente, pues, no lo puede hacer, sencillamente hay un motivo de fuerza mayor que me impido hacerlo y eso lo sabrán más adelante.
No Angts. Que todo tiene una explicación. Jeje. En fin, de momento esto es todo, así que gracias por seguir aquí y a quienes se van sumando a la audiencia xD.
¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Insultos? ¿ideas? De verdad espero que esta historia este siendo de su agrado y mil gracias por leer.
Besos. By. KNM.
