Capitulo Ocho
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Globos, listones y una enorme manta que conmemoraba la llegada de la nueva exorcista, adornaban el lugar.
Lenalee lo observaba todo con ojo crítico, mientras ayudaba a uno de los científicos a grabar las iniciales de su amiga en la taza personalizada que pensaban regalarle. Aunque sospechaba, que entre la multitud había quienes planeaban regalar algo adicional a la británica. Sonrió con ternura.
Era inevitable que se presentara la situación, que alguien quisiera hacer algún regalo, con intenciones más allá de darle la bienvenida. Los dejaría ser. Después de todo, no estaba de más y de paso, podía servir para que se adaptara más rápido al lugar.
Durante los días que llevaba despierta había descubierto, que tenía un carácter fuerte, pero que también era amable y considerada. Por lo que estaba segura que no despreciaría los presentes. Aunque sea por educación.
No tardaría mucho en llegar, la misión había terminado y se había reportado que ella venía de regreso sola. No le extrañó, su hermano le había dicho que el japonés le había mentido a la chica, con que tenía órdenes de ir a su siguiente misión desde ahí. Pues Allen le había dicho, antes de subir al tren que le traería de regreso, que Kanda ya se había ido y preguntó si no era necesario que lo ayudara.
No fue necesario decir nada más para entender el asunto.
Eso tampoco le parecía raro a ella. Kanda solía hacer eso a menudo, y realmente no lo culpaba.
—¿Lenalee, sabes a qué hora llegará Allen? Según Jerry, necesita más tiempo para terminar el pastel. —le preguntó Johnny.
—No debe tardar, pero si es necesario la entretendré en la ciudad hasta que todo esté listo.
—Creo que será lo más conveniente. Entonces te lo encargo. —murmuró mientras se alejaba.
Con eso en mente Lenalee se dedicó a esperar a su compañera, caminando hacia la entrada de manera preocupada. Pues, aunque mostrara una sonrisa, se sentía inquieta desde que Allen y Kanda se habían ido a Italia.
Había tenido que sacarle la verdad a su hermano, de por qué la había enviado tan pronto a una misión, corriendo riesgo de no poder controlar su inocencia y salir lastimada. Y este al ver que no pensaba ceder, le dijo la verdad. La horrible verdad. Y con impotencia, solo pudo esperar que nada malo le pasase a Allen durante la misión.
Y con tal de calmarle un poco, su hermano le había dicho, que tal parecía que Allen había controlado mejor su inocencia a pesar de que al principio tuvo problemas. Eso la dejó más tranquila, al menos estaba a salvo y venía de regreso con la inocencia.
Por ello había decidido, que era imperativo hacerle la fiesta de bienvenida una vez llegara a la Orden. Es decir, se podían celebrar ambas cosas; su bienvenida y el éxito de su primera misión.
Al acercarse a la entrada, vio el pequeño bote trayendo a Allen y al buscador. Hizo bien en ir a esperarle, de ese modo se aseguraría que la sorpresa no se arruinara.
—Allen, bienvenida de vuelta. Me alegro de que hayas regresado por fin.
—Lenalee, estoy de vuelta. — no se le veía muy animada. Y la sonrisa en su rostro era cansada.
—Tal parece que Kanda no tiene intenciones de regresar pronto.
—¿Qué no tenía una misión?
—Bueno, eso... no suele ser muy sincero cuando quiere estar solo.
—Entiendo. — no se veía impresionada o preocupada por eso. Suspiró. Sabía que Kanda no sería muy amable, pero no esperaba que Allen se viera tan indiferente hacia él.
—Te acompañaré a ver a Hevlaska para entregar la inocencia. Luego si gustas podemos ir a dar una vuelta a la ciudad.
—Te agradezco, pero no me siento con ánimos por ahora.
—Anímate, será divertido. Te mostraré unos lugares donde hacen unos postres excelentes.
—Lenalee...
—No acepto un no por respuesta. Sé que debió ser difícil, pero no debes desanimarte.
Allen suspiró, dándose cuenta que no se iba a librar de ello.
—Está bien.
Durante todo el camino a la sala de Hevlaska, Allen permaneció metida en sus pensamientos. Mil y un cosas podrían estar pasando por su cabeza. Sabía que era la primera vez que se enfrentaba a los akumas, y no debió ser una experiencia agradable. Prefirió no decir nada, no encontraba las palabras correctas para consolarla.
Cuando estuvieron frente a Hevlaska, Allen observó la inocencia atentamente, como considerando algo.
—¿Hevlaska, a cuántas personas debe matar un akuma para evolucionar?
Eso fue un golpe en la consciencia de Lenalee, recordando que nadie en particular le había dado los detalles, o tan siquiera una noción, de lo que podría encontrarse en una misión. Hizo una nota mental de reprender a su hermano y a los científicos por ello. No mucho, por lo menos, pues ella también había olvidado eso.
Hevlaska también parecía haberse dado cuenta, que no fue muy prudente enviarla sin saber nada respecto a lo que era estar en el verdadero campo de batalla. Y de ese modo respondió a las preguntas que le hacía Allen, las cuales estaban más relacionadas a los akumas, la inocencia y el Conde Milenario.
Así que, de manera prudente, Hevlaska le estaba dando los detalles completos que su hermano, el tonto, no le había dado.
Se notaba que haberse enfrentado a los akumas por primera vez, había sido peor de lo que esperaba. Al terminar las explicaciones, Allen abrazó su estómago y tembló.
—¿Allen, estás bien? — preguntó preocupada.
—S-si, e-es solo que... —no dijo nada más, pero era obvio que no estaba bien.
—Allen...
—Estoy bien, Lenalee, solo necesito procesar todo.
—Entiendo que debió ser difícil esta primera batalla, Allen Walker. —Hevlaska parecía preocupada. — No fue correcto enviarte en ignorancia. Pero ahora que te has enfrentado a los akumas, debes hacerte fuerte. Es la única manera de acabar con esta guerra.
—Tienes razón, Hevlaska. Gracias por aclarar mis dudas. — se inclinó en un gesto respetuoso. —De ahora en adelante, me volveré fuerte y no volveré a dudar.
La mirada en sus ojos era decidida, y eso tranquilizó a ambas exorcistas. Tal parecía, que la voluntad de Allen era más firme ahora que sabía a qué se enfrentaba.
Luego de despedirse de Hevlaska, retomaron su camino a la salida. De manera deliberada, Lenalee evitó los corredores cercanos a la cafetería. Y le dijo que, si tenía hambre, comerían hasta reventar en la ciudad, pues la cafetería estaba cerrada debido al mantenimiento. No se le ocurrió algo mejor, pero parecía haber funcionado.
—¿Hacen mantenimiento muy seguido?
—Lo que sucede, es que Jerry tuvo un pequeño accidente.
—¿Se encuentra bien?
—Si, no tienes que preocuparte por eso. Aunque es un excelente cocinero, de vez en cuando suele hacer experimentos desastrosos.
—Ya veo.
Sin embargo, sus planes se vieron frustrados al escuchar una explosión, viniendo del lugar que la china buscaba evitar. Ambas detuvieron sus pasos, y sin que Lenalee pudiera evitarlo, vio a Allen echar a correr hacia el lugar del estruendo. Tuvo que correr detrás de ella; aquello solo podía ser obra de su hermano.
Al llegar, se pudo ver lo que claramente era un gran agujero en la pared. De ella se asomaba la estructura de un robot gigante, que parecía estar destruyendo todo a su paso.
—¿Qué es eso? —Allen se había detenido poco antes de llegar a la cafetería, sin poder creer lo que sus ojos veían.
—¿Hermano, qué está pasando aquí?
—Lenalee, tienes que hacer algo, tu hermano idiota lo volvió hacer. — gritó Reever desde una esquina.
—Esto no debería estar pasando. — Komui detenía a Johnny de las piernas. Este tenía un taladro en sus manos, apuntando hacia el robot.
—Supervisor deténgase. ¿Qué no ve que se ha salido de control, y está destruyendo el lugar?
—Komurin no es malo, toda la culpa la tiene el vino. Si vas a odiar algo, odia al vino.
Eso había sido el detonante de todo. Pues de la nada, Komui había aparecido en el comedor con un nuevo robot, que según él ayudaría a terminar todo más rápido para la sorpresa de Allen. Y de paso, sería puesto a prueba para ayudar en el departamento científico.
El problema había empezado cuando sin querer, uno de los buscadores puso una botella de vino sobre una mesa, y el robot se la bebió sin que nadie se diera cuenta. Ahora parecía extrañamente embriagado y alegre, de volver a todos los presentes en exorcistas y hacerlos fuertes.
—Soy Komurin, mi deber es crear más exorcistas y hacerlos más fuertes.
—¿Qué demonios? —tanto Lenalee como Allen veían al robot con asombro, sin poder creer del todo, que un objeto como aquel se viera tan ebrio como un padrino de bodas.
—Hermano, detenlo antes de que arruine la sorpresa.
—¿Qué sorpresa? —preguntó Allen, aun sin despegar su mirada de la creación del hermano de Lenalee.
¡Demonios!
—E-eso...
De la nada el robot les volteo a ver, y como si hubiera descubierto su propósito en la vida se les acercó, estrechando la luz en lo que parecía ser su ojo. Y como si de una sentencia se tratase, declaró algo que escandalizó a todos los presentes.
—Voy a convertir a esas mujeres en machos, así se volverán más fuertes.
—¿QUÉ?
No, de ninguna manera, aquello sería la peor desgracia de todas, la belleza de ambas exorcistas se perdería. Eso era algo que nadie ahí quería que sucediera. Excepto...
—¡Oh! Interesante. —dijo Tup, uno de los científicos.
—Eso no tiene nada de atractivo. —le reprendió Reever.
—La primera será la de cabello blanco, su apariencia es un obstáculo para su fuerza. — Sentenció Komurin. Tambaleándose aún es su estado de ebriedad para alcanzar a Allen.
—¿Cómo? —Allen retrocedió.
—Allen, Lenalee. Huyan. — gritó Russell. Temiendo que el robot llevara a cabo sus planes y arruinara la existencia de tan bellas señoritas.
Ninguna necesitó que se lo dijeran dos veces cuando Komurin extendió sus... manos, e hizo ademán de atrapar a Allen. Echaron a correr lo más rápido que pudieron, el robot tenía ventaja con sus extremidades tan grandes.
El caos se desató por los corredores de la Orden.
—Director, haz algo antes de que esa criatura arruine la belleza de Allen.
—No puedo destruir a Komurin. Sangre, sudor y lágrimas justifican su existencia.
—¿Y no te importa si tu hermana cambia de género?
—Pero... Pero... Komurin. —gritó haciendo berrinche.
Era inútil, tal parecía que Komui no tenía intenciones de destruir o detener a su creación, argumentando que no era malo, y echándole la culpa al alcohol, que no debería estar presente en la bienvenida de una menor de edad.
No había de otra, entre todos debían evitar que Allen y Lenalee se convirtieran en machos. Aquello, sería la pérdida más lamentable que la Orden hubiese presenciado. Por lo que de inmediato, se pusieron manos a la obra para detener a Komurin.
Tenían que salvaguardar la belleza de Allen así tuvieran que enfrentarse a mil robots. Por lo que Reever, tuvo que hacerse cargo de los planes para evitar esa desgracia.
—Número sesenta y cinco, búscalas y guíalas para que komurin no las atrape. Rápido.
—A la orden.
—El resto, tenemos que usar "eso".
—Jefe Reever, "eso" aún no está listo, podemos lastimar a cualquiera de las dos.
—No tenemos de otra, si no hacemos algo Allen será convertida en macho.
—Tiene razón, va a funcionar, estoy seguro.
Allen y Lenalee corrían por los largos corredores, esquivando las balas que Komurin les lanzaba, mientras gritaba que era por su bien que debían cambiar de género. ¿Cómo carajos lo iba hacer exactamente? No era una cuestión para la que quisieran una respuesta.
Además, su borrachera no parecía ser un obstáculo para darles la persecución más grande de sus vidas.
—Lenalee, si no hacemos algo va a destruir todo el lugar. —gritó Allen mientras esquivaba otra bala. — O peor, de verdad nos va a matar antes de atraparnos.
—Tienes razón, pero... —esquivó una roca y volvió hablar. — Mi hermano suele hacer sus robots muy resistentes, y es difícil saber su punto débil.
¿Qué ese hombre no tenía nada bueno que hacer?
—Lenalee, Allen. Por aquí.
El único robot que de verdad no era un estorbo para nadie, les guió hasta lo que parecía ser un almacén. Cuando entraron cerraron la puerta tras de sí, y el estruendo de Komurin chocando contra ella las hizo tambalearse. Al menos se veía resistente.
Pero su alivio se esfumó cuando una explosión mandó a volar la puerta. Komurin entró con el ánimo renovado y se lanzó sobre Allen.
—Inocencia, Actívate.
Lenalee activó sus botas y tomó a Allen del brazo, mientras pasaba sobre él y volvían a salir por la puerta. El robot se tambaleo hasta caer de espaldas, mientras Lenalee saltaba por los pasillos nuevamente.
—¿Lenalee que está pasando? — Gritó Alma. Asustado por el estruendo de las explosiones.
—Alma, dispárale al robot. Quiere convertirnos en machos.
—¿Qué rob...? — Alma no pudo terminar su pregunta, mientras veía al antes mencionado robot salir del corredor por el que venían ambas exorcistas. Y lo entendió todo, seguramente era nuevamente Komui el causante de todo el alboroto.
—Inocencia, Activ...
Pero se vio interrumpido nuevamente cuando sintió un piquete en la nuca. Komui le había lanzado un dardo con una cerbatana, que quién sabe dónde tenía.
—No destruirás a Komurin. No lo permitiré.
Y Alma quedó fuera de combate. Cayendo inconsciente ante el estupor del resto de los científicos, que habían llegado en el ascensor flotante de la Orden.
—Director idiota, a este paso va a destruir todo a su alrededor.
—Motín, esto es un motín.
—Si no dejas de interferir, no nos dejarás otra opción. Chicos, sobre él.
Todos se lanzaron a quitarle la cerbatana a Komui, quien gritó, pataleo e hizo de todo para detener los planes del departamento científico. ¿Que no entendían que era culpa del alcohol? Solo había que esperar a que se le pasara la borrachera.
—Hermano, detente.
Ese lugar estaba lleno de locos. Fue lo único que le quedó claro a Allen, mientras veía todo aun saltando con Lenalee de un nivel a otro; esquivando a Komurin mientras este les perseguía, como una araña sobre los barandales de la Orden.
Lenalee no podía usar sus botas para hacerle daño al robot, mientras llevaba a Allen consigo. Extrañamente no era muy pesada, pero seguía siendo un peso extra que limitaba sus movimientos.
—Lenalee, creo que puedo cortar sus... piernas para ganar algo de tiempo. Suéltame y lo atacaré antes de que me atrape.
—Espera, puede ser peligroso.
—Solo hazlo.
Aunque vacilante, la soltó.
Allen dio un par de giros antes de activar la argolla de su mano derecha, y volverla una alabarda para atravesar las piernas del robot. Pero este fue más rápido, y la atrapó antes de que pudiera terminar de darle forma. Maldición, demasiado lento.
—¡Allen! —el grito colectivo no se hizo esperar. La peor desgracia, la belleza de Allen le sería arrebatada.
Pero antes de que Komurin pudiera encerrarla para iniciar la operación, Lenalee le golpeó en la cabeza, causando que perdiera el equilibrio y empezara su descenso. Pero se sostuvo antes de aplastar el ascensor, y con un movimiento rápido, golpeó el tacón de las botas de Lenalee. Lanzándola contra las paredes con violencia.
—¡Lenalee! —Gritó Komui mientras veía a su adorada hermana chocar contra la pared.
—Preparando al paciente para la intervención. Administrando anestesia. — Colocando una mascarilla, le durmió en cuestión de segundos.
De ninguna manera. Los científicos se apresuraron a cargar el arma para detener cuanto antes a Komurin, mientras Komui seguía luchando para detenerlos.
—Jefe Reever, la carga está lista.
—Ahora no podemos disparar, Allen saldrá herida.
El miedo se apoderó de todos, pero Lenalee no se había dado por vencida todavía. Con dos golpes poderosos, volvió a sacar de equilibrio a Komurin. Causando que soltara a Allen. Todos temieron lo peor mientras la británica descendía ante su mirada horrorizada.
—¡ALLEN!
—Activar talismán.
Entonces una barrera le rodeó, impidiendo su caída mortal. Los buscadores se habían unido a la causa. Todos suspiraron de alivio al ver que estaba a salvo. El problema seguía siendo detener a Komurin.
Lenalee volvió a recibir un golpe que le mandó a volar de nuevo.
—¡LENALEE!
Se había golpeado en la cabeza con ese ataque, ahora era ella quien caía hacia el abismo. Esta vez sin nadie que la atrapara como habían hecho con Allen. Los buscadores en su prisa por rescatar a la chica, solo atinaron a tomar un talismán.
Pero la sorpresa de todos fue grande, cuando una cuerda hecha de inocencia atravesó la barrera, y se elevó hasta enrollarse en uno de los barandales, mucho más arriba de donde estaba el robot.
Allen atrapó a Lenalee, mientras la cuerda se encogía a una gran velocidad. Sobrepasando a Komurin y elevándose más allá de él, impidiendo la caída mortal de la otra exorcista.
Lenalee recuperó de a poco la conciencia, dándose cuenta que Allen rodeaba su cintura con una mano, y con la otra la cuerda hecha con su inocencia. Cuando volteó su vista hacia arriba, sus ojos se abrieron a su máxima capacidad.
La trenza de Allen se había soltado y su cabello se ondeaba con el viento, producto de la velocidad con la que ascendían. Con la luz detrás de ella, iluminando sus hebras blanquecinas, sus brillantes ojos grises con toques amatista le miraban con preocupación, mientras sus labios se movían con velocidad. Preguntando si se encontraba bien. Pero no pudo responder nada. Su corazón dio un vuelco en su pecho.
Y sin darse cuenta se sonrojó.
Aterrizando lo más lejos posible del robot, Allen sacudió un poco de los hombros a su compañera. Empezaba a preocuparle su falta de reacción. Su cara estaba roja y su mirada perdida. Se asustó aún más.
—Lenalee, reacciona, ¿estás bien?
—S-si.
—Que alivio. —Allen le miraba con atención. Revisando que no estuviera herida gravemente.
—Lenalee, Allen, manténganse a esa distancia. Destruiremos ese estúpido robot de una vez por todas.
Reever instruyó desde muchos niveles por debajo de ellas. Preparando el disparo que acabaría con Komurin. A pesar de que poco pudieron entender, se mantuvieron en donde estaban.
—Está bien. — Gritaron ambas desde una distancia prudente.
Komui aún seguía retenido por los demás científicos, cerciorándose de que no interfiriera más. Y cargando a máxima velocidad la máquina, por fin dispararon.
Komurin fue destruido por el departamento científico de la Orden. Mientras un berrinchudo director lloraba la "muerte" de su adorada creación.
Solo entonces todos celebraron, la belleza de las exorcistas estaba a salvo por fin.
Desde muchos pisos arriba de donde se había producido la explosión, tanto Lenalee como Allen miraban caer los restos de su perseguidor. Aliviadas de haber salido ilesas de todo ese alboroto.
—Pff.
Allen se dobló sobre sí misma. Eso había sido lo más loco que le había pasado en la vida. Sus carcajadas se escucharon muchos niveles abajo, contagiando a todos con su risa.
Lenalee le observaba aun con el corazón acelerado. ¿Qué fue eso?
No pensó mucho en ello mientras la risa le invadía también. Definitivamente la sorpresa estaba arruinada. Pero eso era lo de menos, al ver que ambas habían salido sanas y salvas.
Cuando llegaron con el resto de regreso al comedor, fue inevitable que Allen se diera cuenta de los adornos que aún quedaban después de la persecución.
—Lo siento mucho, Allen, se suponía que era una sorpresa.
Una mirada llena de ternura y una sonrisa suave y relajada se dejó ver en su rostro. Y nuevamente, más de uno se quedó sin aliento.
—Está bien, Lenalee. Lo que importa es la intención.
—Pero...
—Además, después de todo lo que ha pasado, me vendría bien celebrar que sigo siendo una chica.
Nadie pudo rebatir lo dicho por la británica. Hubiese sido horrible si Komurin hubiera logrado su objetivo.
Jerry se encargó de servir la comida que había salido intacta del ataque de la creación de Komui, mientras este seguía llorando en una esquina por Komurin. Siendo ignorado por todos. Por su culpa se había arruinado la sorpresa. Pero eso era lo de menos, tomando en cuenta que Allen se veía muy alegre mientras comía todo lo que le servía el cocinero.
Alma había despertado poco después de que una de las enfermeras lo encontrara y lo llevara a la enfermería. Y cuando llegó todos se alegraron que no hubiese resultado herido. Otra de las cosas que se le reprochaban al director de la Orden. Pero luego de un rato de comer y conversar tranquilamente, el asunto fue olvidado por completo. Lo importante es que nadie había resultado gravemente herido.
Estando todos juntos, Lenalee le entregó el regalo que tenían preparado para ella. El cual recibió con una sonrisa sincera y con el ánimo renovado. A pesar de ser un lugar lleno de gente estrafalaria, tenía que reconocer que nadie tenía malas intenciones, y que no era un lugar tan desagradable después de todo.
Tanto la llegada de Allen como su fiesta de bienvenida, habían sido eventos que no dejarían la mente de nadie dentro de la Orden por un buen rato.
Aunque había algo en la mente de Komui de los hechos que habían pasado que le tenía inquieto. Pero estando tan centrado en la pérdida de su creación, no lograba identificar qué era exactamente. Fue después de un tiempo, que se dio cuenta que debería haber prestado más atención. Pero cuando lo hizo, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto.
Y no le quedó más opción, que aceptar que había cometido un terrible error.
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Buenas madrugadas. Jaja. Ya me esta gustando esto de publicar a media noche en días de mucho estrés para mi xD. Nada de que preocuparse.
Ahora entrando en materia, quiero aclarar un par de cosas: 1) Tup es ese científico que termino convertido en calaca y murió... lo escribí así porque así lo escriben en la WikiFandom a pesar de que en los subtítulos del anime lo escriben diferente. No es muy importante, pero quería que lo supieran. 2) este capítulo tenía la intención de ser un capítulo gracioso y cumplir con la misión de marcar un... intermedio entre los capítulos más relajados y los que tienen más preguntas que respuestas y en los que entramos en aquellos temas un tanto delicados que mencione al principio del fic. Tómenlo como la sección inicial de la trama de la historia. En otras palabras, la primera parte.
Por lo que...
Advierto de nuevo que en esta historia hay Yuri (ó GL como lo quieran llamar), y lo que vieron aquí con la reacción de Lenalee a la belleza de Allen no es exactamente de lo que estoy hablando. jeje. Pero puede que lo desarrolle un poco más adelante. Todavía no lo decido porque la verdad no me gusta el allena XD. ¿a ustedes sí? porque si les gusta... existe el destello de una idea con la que se puede dar... pero sin una conclusión favorable para la shipp, advierto.
Por otro lado... quiero hacer un apartado especial para empezar a contarles cómo fue que empezó a nacer este fic. Aclaro que no lo voy hacer en el orden especifico en el que se empezó a dar en mi mente y en mi corazón. Y vamos a empezar con Kanda.
¿Saben? Hay partes en el manga y en el anime en el que me intrigó bastante la historia y el pasado de Kanda. Sobre todo en los capítulos 33 y 34 del anime. La mención de la flor esa que solo el miraba fue lo que se me hizo algo tonto de todo eso jajaajaja por lo que, cuando empezó a tomar forma esta historia me dije a mi mima: mi misma... ¿y si hacemos que en lugar de estar viendo flores por doquier, vea algo mas "productivo" que haga que de inmediato se de cuenta que hay algo extraño en Allen además de su belleza y cabello de anciano y para que no se deje llevar por su apariencia deslumbrante y le de una perspectiva mas perspicaz a la situación?
Entonces recordé un par de historias en especifico que leí hace algunos años. En las que ese don siempre le dio conflictos a la protagonista he hizo que se fijara en el amor de su vida de una manera particular y este en ella. Aunque eso no va a pasar precisamente de esa forma en este fic, debo reconocer que la situación de Kanda y Allen involucra un poco de las tramas de esos libros. Uno de ellos es Swett Evil, de Wendy Higgins. Como mencione en la introducción y el otro es la saga de Inmortales, de Alison Noel.
Y si les soy honesta... No recomiendo ninguna de las dos historias. jajajajajaja. ¿por que? pues porque las protagonistas al final de cuentas me terminaron cayendo pésimo y los protas no valían por completo la pena. Uno era mero puto y el otro se dejo manipular muy fácil y su carácter dejaba mucho que desear... por lo menos desde mi punto de vista. Pero si gustan leerlas están en todo su derecho y si quieren se las puedo proporcionar por correo.
Pero dejando eso de lado, solo tome lo que me servía de esas historias y he aquí el resultado. Mas adelante habrá cosas respecto al don de Kanda y su pasado que espero les guste XD. No pienso dar muchos datos respecto a eso porque seria spoiler y le quitaría la emoción al asunto. jeje.
Bueno, me excedí en estas notas por lo que de momento me despido, y espero que este capítulo les haya arrancado alguna risa o sonrisa y si lo logre me daré por satisfecha. Pero sobre todo espero que esta historia les este gustando y pueda contar con sus opiniones y apoyo.
Eso es todo por hoy, así que gracias por leer. By. KNM
