Capítulo Nueve

.

Desde su llegada y de aquel desastroso incidente en el que la integridad de Allen se vio amenazada, habían pasado tres meses.

Tres meses desde que las dudas del Vaticano habían disminuido, pero que aún permanecían sobre Allen, como una nube oscura sobre su cabeza sin que ella lo supiera.

Lavi se enteró del incidente del robot por Alma, quien tuvo la desgracia de resultar una mera víctima del asunto. Aquello había sido una de las experiencias más traumáticas para el exorcista. Komui seguía sentido contra la sección científica por la destrucción de Komurin, y se las arreglaba para fugarse de las tareas que le entregaba Reever. Para de seguro seguir armando sus inútiles robots.

De las dudas del Vaticano hacia Allen, en realidad ella era la única que no tenía noción de ello. Lenalee no había podido soportar más su molestia hacia el asunto, por lo que terminó contando un poco de ello por un descuido, cierto día que Allen no se encontraba en la Orden.

Desde su primera misión junto a Kanda, le habían asignado unas cuantas misiones en solitario, una junto a Lenalee, dos junto a Alma, y una en la que el panda solicitó que les dejaran ir junto a ella.

Se podría decir que después de demostrar que realmente no necesitaba instrucciones respecto al manejo de armas, Komui había visto que en realidad no estaba particularmente indefensa. Sino que más bien, el problema radicaba en que su sincronización era baja. Pero eso no implicaba que ella no fuera habilidosa. Por lo que hasta el momento, le había ido bien.

Lastimosamente, Kanda también parecía más aprensivo hacia la británica. Todo desde que regresó de su escape después de terminar su misión junto a ella.

Luego de un par de días de haber regresado, fue que se dio ese evento que también le dejó un poco inquieto. A pesar de que Daisya, parecía especialmente entretenido de haber visto al japonés más furioso de lo normal.

Se habían colado a lo que sería la primera instrucción de Allen en artes marciales. Aquello, sí que fue un espectáculo digno de admirar. En especial por ver a Yuu besando el suelo por primera vez.

Flash Back

Lavi y Daisya, se habían ubicado en un área de la sala de entrenamiento lo más oculta posible. Viendo desde una distancia prudente lo que sería la primera clase de Allen. Era la primera vez que Daisya conocía a Allen y al igual que todos, había quedado fascinado por ella. Por lo que arrastró a Lavi a la sala de entrenamiento. Aún sin atreverse a dirigirle la palabra directamente.

Lo que ellos no sabían, era que había un tercero viendo aquella clase sin tanto disimulo como ellos. Con la variante, de que se encontraba un par de columnas lejos de su vista.

—Tienes que estar bromeando, esa chica tan frágil no durará mucho en la Orden. —Daisya le observaba, como se mira a un cachorro enfermo abandonado bajo la lluvia. Lavi tenía que reconocer que en un principio creyó lo mismo de ella.

—Lo cierto es que, a pesar de su apariencia, tiene un carácter de temer cuando se enoja. Yo que tu no la subestimaría.

—Aún no se sabe mucho de su inocencia. Pero el hecho de que su sincronización sea baja puede ser peligroso. — Daisya siguió hablando sin escucharle, viendo a Allen con ojos soñadores. Lavi suspiró.

—Cállate. Está por empezar.

El instructor parecía estarle dando unas últimas instrucciones a Allen antes de comenzar.

—¿Alguna vez has practicado alguna clase de pelea, Allen? — preguntó. Entregándole una vara larga de entrenamiento.

—Sé un poco de defensa personal, y algo de artes marciales. Yo... mi padre sabe un poco. — respondió sin mucho ánimo. Se le veía especialmente aburrida, aunque parecía estarse esforzando por ocultarlo.

—Entiendo, entonces supongo que sabes lo básico. Siendo así, nos enfocaremos en mejorar tus habilidades. Te atacaré un poco y veremos cómo respondes, lo demás vendrá después.

—Mmm.

El instructor atacó y Allen se defendió. Pero más de uno se dio cuenta que evitaba atacar, y se dedicaba más a la autodefensa y en cansar al instructor.

—Vaya, eres buena defendiéndote. Supongo que con frecuencia intentan atacarte. — el hombre estaba sudando y agitado, y trató de hacer un chiste que no le había causado gracia a la chica.

Allen, por otro lado, casi no se veía afectada con el reciente ejercicio.

—Más o menos. —respondió, sin disimular para nada su molestia.

—Tienes que enfocarte más en atacar también. En la batalla no puedes dedicarte solo a defenderte, así que vamos, inténtalo. Te dejaré atacar primero esta vez.

—Bien.

Y así comenzó la segunda ronda. Allen atacaba al instructor con la vara y este esquivaba muy bien sus movimientos, dando un par de vueltas y giros que le daban cierta elegancia. Pero este, parecía más estar haciendo una especie de baile de cortejo alrededor de Allen buscando impresionarla.

Con esto la británica se vio extremadamente incómoda y molesta. Los espectadores anónimos se dieron cuenta, que trataba la manera de no tomar represalias contra el hombre por su ridículo comportamiento. Hasta que pareció haberse hartado de la situación. Por lo que; con dos movimientos de la vara, le mandó al suelo con un golpe particularmente doloroso en la nuca.

El instructor recibió el impacto y terminó tendido a varios metros de ella, mientras intentaba no desmayarse.

—Veo que también se te da el ataque. Eso fue impresionante.

—Gracias. — respondió la chica con los dientes apretados.

—Podríamos enfocarnos en mejorar tu manejo de las armas largas. Esa parece ser la especialidad de tu inocencia.

Con eso dicho se enfrascaron en un nuevo combate, en donde el hombre intentaba realizar movimientos que se vieran elegantes y mortales. Pero todos se dieron cuenta que, con esto, Allen había decidido dejarse de juegos, y lo mandó a volar en más de una ocasión.

—Ah, realmente eres hábil. No me imagino que tanto acoso debes haber recibido para tener ese gran control con las armas.

—Mmm.

—Déjate de juegos instructor. Dedícate a instruirla como se debe. —Kanda salió de la columna en donde estaba recostado y se veía enojado. Seguramente porque también era consciente de la actitud del hombre, y él tenía la ventaja de ver como se estaba sintiendo.

Lavi se hacía una idea de lo que habría de estar viendo y el porqué de su molestia. Pero no tenía idea de que, en realidad, no era tanto por eso.

—Si sabes tanto al respecto, ¿por qué no me enseñas tu?

—No pienso instruir a un muerto viviente, brote de habas.

—Te lo dije una vez, ¿por qué no vas a sacudirte la nariz? A ver si con eso se desbloquean tus sentidos.

Ante la broma de Allen, Lavi y Daisya se rieron. Y esa pareció ser suficiente provocación, para que Kanda tomara uno de los palos de entrenamiento y se dirigiera a la chica.

—Kanda, por favor contrólate, estamos descubriendo sus habilidades. Puedes hacerle daño y es una señorita. — el instructor se interpuso entre ellos e intentó detener al japonés. Este le miró con molestia y con los dientes apretados.

—Eres lo suficientemente idiota, como para no darte cuenta que se está conteniendo. Eso significa que no necesita de tus instrucciones.

Los pocos presentes se mostraron confundidos. Menos Allen, quien sostenía el palo detrás de su cuello con los brazos extendidos, y una sonrisa que se tambaleó ligeramente con sus palabras.

—No sé de qué hablas, Bakanda. — fue su respuesta divertida. Todavía con la misma pose y en apariencia sin inmutarse.

—En este momento veremos por qué te estás conteniendo.

Y sin más se lanzó contra Allen.

Al principio Allen tenía la misma postura que con el instructor, solo defenderse. Pero luego de que Kanda casi le atestara un golpe en un costado, que causó que tropezara y cayera de sentón, se paró con una mirada seria y fría en sus ojos.

—No piensas tener nada de tacto con una dama, ¿eh? Que desconsiderado de tu parte.

—Conmigo no tienes porqué esconder tus habilidades.

—¿Por qué habría de hacerlo? Lo que quiero es mejorar, para que no vuelvan a trapear el piso conmigo como la otra vez.

—Entonces ataca como debe ser. —y volvió a lanzarse contra ella.

De un momento a otro, Allen saltó sobre Kanda, con un par de giros y lo golpeó en las costillas y las rodillas. Un movimiento tan rápido, que casi no se notó que fueron dos golpes.

Kanda cayó de rodillas y un pequeño hilo de sangre bajó por su mejilla. ¿Qué no habían sido solo dos golpes?

—¿Qué demonios? — a pesar del impacto se incorporó rápidamente. No por eso menos confundido.

—Eso fue por no saber tratar a las mujeres. Así nunca te vas a casar.

Él le miró con los ojos entrecerrados. No hacía falta tener su habilidad para darse cuenta que estaba enojado.

—Y esto es, por no usar mi nombre para hablarme.

Y volvió a dar un par de giros alrededor de él; esta vez lo hizo girar con el palo, dándole dos golpes en el aire y, por último, mandándolo de nuevo al piso. Al final colocó la vara en su frente con un movimiento firme.

—¿Quién carajos eres? — le preguntó con evidente dolor por el golpe de su cabeza contra el suelo.

—Un exorcista.

—Mientes.

—No tengo por qué.

—No te creo.

—No me importa.

Y con eso volvieron a enfrascarse en una pelea. Kanda se puso de pie de un salto y volvió a atacarle con furia. Pero de nuevo Allen solamente se dedicó a defenderse. Entre toda la conmoción que causó ver esa pelea, nadie se tomó el tiempo para detenerlos. Y todos podían darse cuenta, que Kanda no se estaba conteniendo para nada.

De repente, Allen se detuvo por completo, con una ceja alzada y viendo a Kanda como un bicho raro.

—¿Cómo es que sanas tan rápido? Me lo he estado preguntando desde nuestra misión. Eso no parece ser simplemente buena genética.

—No es asunto tuyo.

Ninguno de los espectadores entendía por qué decía eso. Pues, desde su punto de vista, Allen solo se estaba defendiendo. No había indicios, de que Kanda hubiese resultado herido en ningún momento después del golpe en la mejilla. Del cual ya no quedaba rastro, pero no era motivo suficiente para deducir que Kanda sanaba de manera poco normal.

—¿Tiene algo que ver con que puedas ver las emociones de la gente? ¿Eres alguna especie de experimento? — sus palabras eran ligeras, pero se notaba que lo estaba haciendo con el fin de sacarlo de quicio.

—No. Te. Importa. — Kanda más que molesto se veía fúrico mientras le seguía atacando.

—¿Acaso tu cuerpo es artificial o algo así?

—Cállate.

—Si es así, ¿no? Con razón eres tan extraño.

—Deja de decir estupideces.

—Vaya, ¿Te hice enojar?

Dijo mientras daba un par de saltos hacia atrás. Se veía especialmente divertida.

—Déjate de juegos, sé que te sigues conteniendo. — arremetió con particular enojo, Allen volvió a esquivar. —Sé que ocultas algo y voy a averiguar que es.

—Quiero verte intentarlo.

Aunque eso último no lo había escuchado nadie más. ¿Y cómo hacerlo? Si esa pelea se veía por demás desigual. Nadie tenía idea que no era así.

Pero Kanda había recibido más golpes de lo que parecían ser simples movimientos defensivos; lo extraño era que los sentía después de haberlos recibido, y eso lo sacaba de balance. Era consciente de que Daisya y Lavi estaban de mirones. Pero ahí el único experto en combate cuerpo a cuerpo y esgrima era él. Ni siquiera el instructor idiota era tan habilidoso como él.

Por eso mismo, no le extrañaba que el imbécil no se hubiera dado cuenta que, al principio, el brote de habas solo estaba jugando con él, mientras este intentaba impresionarla.

Al no haber colores que le rodearan, era un poco más sencillo darse cuenta que se detenía ligeramente antes de atestar los golpes. Hasta el momento, fue la única vez que pudo entender con certeza algo de ella. Era hábil en las artes marciales, pero seguía escondiendo algo. Y ahora estaba seguro de ello. En especial al no haber podido atestarle un verdadero golpe durante toda la pelea.

Aparentemente de la nada, logró impactar contra sus rodillas con fuerza, cosa con la que ella cayó al suelo mientras se reía y lo miraba con diversión. Plenamente consciente de que lo había hecho a propósito.

Se había dejado ganar.

—Me impresionas, Bakanda. No te contuviste para nada.

Kanda apretó los dientes y le miró con rabia. Se dio cuenta que, al parecer, había dejado de divertirse dándole la victoria a él. Una victoria que sabía a derrota, al darse cuenta que todo estaba perfectamente manipulado por ella.

—Tarde o temprano sabré lo que ocultas. — fue su advertencia antes de dejar la sala y pasar al lado de Daisya y Lavi, quienes le veían confundidos y se aproximaron a la chica para ver si se encontraba bien.

Daisya tenía un notable sonrojo en su rostro al extender su mano para ayudar a Allen a levantarse. Lavi se había fijado que esos dos habían intercambiado palabras amenazantes, antes de que Kanda dejara la sala. Pero para su frustración, no pudo hacerse una idea de que podría haber sido. La pelea claramente la había ganado el japonés, por lo que no comprendía del todo su enojo. Pero si había notado, que Allen le había enfurecido al no tomarse la pelea tan en serio.

Tal vez eso era lo que le tenía enojado.

Flash back end

Lo cierto es que, desde aquello, había notado que Kanda era quien más desconfiaba de la británica. No entendía del todo por qué. Pero intuía, que no era enojo lo que impulsaba al otro exorcista a pelear constantemente con ella cada que tenía oportunidad.

Debido a que Allen era una señorita, no se iban a los golpes. Pero apostaba que al japonés no le faltaban las ganas.

Era tan divertido ver a Yuu comportarse de esa manera. Era evidente para Lavi que, aunque lo negara, no era del todo inmune a los encantos naturales de Allen.

En especial al ver que los nuevos exorcistas que se habían incorporado a la Orden desde la llegada de Allen, tenían un apego particular hacia ella.

Miranda había sido encontrada por Allen y Lenalee en un poblado de Alemania, que sufrió durante un mes debido a la inocencia, que se salió de control al sincronizar con ella.

Según se enteró, a la alemana le fue especialmente difícil revertir el efecto, luego de que el lugar fuera rodeado con barreras para evitar la aparición de los akumas. Se podría decir, que fue gracias a que Komui era especialmente creativo a la hora de hacer sus robots, que por fin se logró detener el efecto rebobínante al que se había sometido a la ciudad. La ventaja fue, que al lograrlo nadie dentro de esta recordaba nada de lo sucedido.

Al percatarse de que Miranda era particularmente torpe, y con tendencia a atraer desgracias y accidentes de lo más insólitos, Allen y Lenalee le acompañaron en todo su camino a la Orden. No evitando que Lenalee les perdiera en un par de ocasiones.

Parecían tener ese factor en común que les dificultaba la existencia. Cosa que les unió de una manera extraña. Por lo que Miranda solía estar con Allen la mayoría de las veces que esta no tenía una misión con alguien más.

Sus misiones con Alma no habían tenido mayores percances, y lastimosamente en ninguna de las dos habían encontrado inocencia. Pero desde ese entonces, Alma no podía mirar a Allen, sin correr en la dirección opuesta y ocultarse durante horas en la sala de entrenamiento hasta casi desfallecer.

Cuando Lavi le preguntó entre burlas el porqué de su extraño comportamiento, su respuesta le dejó un tanto confundido, y le quitó las ganas de molestarle con el tema.

—No encontramos inocencia, eso es cierto, pero si akumas. Y nunca había visto a alguien que supiera tanto de espadas, y las manejara como si fueran parte de su cuerpo. Lavi, me he dado cuenta que la fuerza que nosotros damos por sentado, otros deben valerse de su ingenio para conseguirla.

Esto se lo dijo con una seriedad de lo más extraña. Como si hubiera encontrado su razón de vivir y ser exorcista.

Se había dado cuenta, de que Alma no tenía intenciones de "ese" tipo con Allen. Solo Lenalee sabía quién le gustaba a Alma y no había querido decírselo. Pero parecía querer hacerse más fuerte, no precisamente para acabar con la guerra. Si no para impresionar a alguien. Que por supuesto no era la británica.

Y solo cuando se sentía satisfecho con su entrenamiento, era que por fin decidía compartir la cena junto a ellos.

Cuando encontraron a Krory, la cosa también había sido un tanto alocada. El pueblo a las orillas del castillo, había reportado a la iglesia de una ciudad cercana, el despertar de un vampiro, que había secuestrado a varios pobladores de los cuales no tenían noticias. Por supuesto la Orden fue notificada de inmediato, y se les envió a investigar el lugar.

Cuando llegaron, los lugareños les indicaron cómo llegar al castillo y hasta los habían acompañado parte del camino. El panda se había quedado en el pueblo, para interrogar a las familias de los desaparecidos, mientras ellos se dirigían al lugar a buscar al supuesto vampiro.

No se sorprendieron tanto, cuando al entrar por las puertas principales de los terrenos, les atacaron varios akumas de nivel uno. Pero si, cuando el mismo dueño del lugar a quien culpaban de las desapariciones, les chupó la sangre hasta volverlos cenizas.

Fue inevitable que se desatara una contienda, que los llevó a adentrarse más al castillo, para intentar convencer al hombre de que no había hecho realmente nada malo. Pero no contaban, con que un akuma estuviera manipulando al pobre con falsas creencias en cuentos fantasiosos, que lo llevaron a creer que de verdad era malo.

Durante el proceso se había ocasionado un encuentro un tanto bizarro, que desató una pelea inevitable con motivos absurdos. Toda una locura. Sobre todo, cuando esa akuma llamada Eliade, había querido arañarle el rostro a Allen. Lavi nunca se había visto envuelto en una situación, en la que tuviera que intervenir entre dos mujeres que se habían declarado la guerra por saber quién era más bella.

Una declaración unilateral, cabe aclarar.

La batalla los llevó a destruir gran parte de la infraestructura del castillo de Krory, pero cuando la pelea los condujo a un salón en común, el rumano por poco sufre un infarto al ver la apariencia real de su amada. Había sentido algo de pena, cuando los vio enfrascarse en una pelea, que estuvo a punto de perder el hombre al conocer la verdadera naturaleza de la mujer que le había engañado con eso de ser un verdadero vampiro.

Todo mientras ellos se las ingeniaban, para escapar de las flores carnívoras que habitaban ese castillo junto a la pareja.

Un final que podría catalogarse digno de una tragicomedia premiada.

Al menos habían salido vivos y no muy gravemente heridos. Y con un nuevo compañero que se llevó un sermón de lo más conmovedor por parte de Allen, que lo convenció de unirse a la Orden.

Por lo tanto, después de Alma y Komui, Krory se podía considerar la tercera persona de género masculino dentro de la Orden, que no tenía interés en conquistar a Allen. Aunque lo dudaba, seguramente habría más además de sus compañeras exorcistas. Pero Lavi tenía sus dudas a veces hasta de Lenalee.

Lo que le llevaba a la situación actual. Buscando por los pasillos de la Orden, a quien de verdad se podía considerar un rival para ganarse el corazón de la británica. Kanda Yuu.

Tenía que admitirlo de mala gana. A pesar de ser un amargado debido a su constante molestia por su habilidad, frío, desalmado, mal hablado y mal educado. Kanda era más guapo que cualquiera dentro de la Orden. Si se quería poner poético, incluso podía decir que era hermoso. Por lo que era imperativo descubrir sus intenciones hacia ella.

Se hacía una idea de donde podría estar. Por extraño que parezca, Kanda solía usar la capilla de la Orden para meditar. No precisamente porque fuera muy creyente, apostaba que ni siquiera creía en Dios. Pero la capilla era el lugar menos concurrido de la sede. Y solía ser el único lugar sin gente, en por lo menos diez yardas a la redonda. Perfecto para conseguir algo de paz para alguien en su condición.

Por lo que, con decisión, se encaminó allí con la intención de sacarle algo de información a Kanda. Aunque creía que, debido a sus constantes peleas, este buscaba atraer la atención de Allen a través del viejo y confiable truco de "jalar las coletas de la niña". Sin embargo, aunque su habilidad como futuro Bookman le hacía analizar los detalles, había ciertas cosas contradictorias en su actuar que lo dejaban con dudas.

Dudas que tenía que aclarar.

Tal y como imaginó. Se encontraba sentado entre las bancas del centro, con la típica pose que se utilizaba para meditar. Intuyó que ya lo había sentido, pero parecía estar fingiendo que no lo había notado aún. Así que, sin consideración ni respeto, le saludó de manera efusiva.

—Yuu, que bueno que te encuentro. Llevaba horas buscándote, necesito preguntarte algo sobre un asunto muy importante.

Kanda chasqueó la lengua. No le gustaba para nada ver al estúpido de Lavi tan alegre mientras se sentaba a su lado. Traía a su alrededor una gama de colores que no le daban buena espina.

—¿Qué demonios quieres? Ya te he dicho que no me llames de esa forma.

—Vamos, no seas así. Solamente necesito tu ayuda con algo que me tiene inquieto desde hace rato.

Se dio cuenta que no pensaba largarse hasta obtener lo que sea que haya ido a buscar. Por lo que, con un chasquido le miró de reojo. Dándole a entender que tenía su atención, con una mirada que dejaba claro que debía darse prisa.

—¿Qué piensas de Allen?

Ante la pregunta, le miró por completo con los ojos entrecerrados. Haciéndose una idea de lo que el muy estúpido había ido a buscar. Ese idiota creía que tenía alguna especie de flechazo por el brote de habas, al igual que todo el mundo. Tenía que dejarle en claro que no era el caso.

—Esa mujer oculta algo. No solo es el hecho de que no pueda ver nada en ella. Su manera de actuar y hacer las cosas la delatan.

—Eso significa, que le has estado poniendo atención.

—No te hagas ideas absurdas. —la paciencia de Kanda era inexistente. Y ese conejo idiota venía a joderle su momento de paz. Así que era mejor decirle las cosas como eran. —Se que lo que quieres saber, es si tengo algún interés en ella. Déjame decirte que no es el caso. Y no me interesa si tienes planes de intentar algo con ella. Solo déjame advertirte, que esa tipa no es quien aparenta ser.

—No entiendo por qué desconfías de ella. No es una mala persona, y es muy amable a pesar de que se nota, que se siente incómoda con la atención que recibe.

—Eres un completo estúpido, conejo suicida. Estás tan cegado que no te das cuenta, de que todo en ella es sospechoso y extraño.

—¿Cómo por ejemplo? —Lavi no entendía porque tanta hostilidad hacia Allen. A pesar de que no había convivido mucho con ella, no creía que tuviera intenciones ocultas.

—¿No se supone, que un Bookman debe prestar atención a los detalles? Si tanto te interesa presta más atención, imbécil.

—Entiendo que estés molesto porque te haya golpeado aquella vez. Pero eso no es motivo para odiarla o desconfiar de ella. Además, tú ganaste.

Con la mención de ese día, Kanda desenfundó su espada y se lanzó sobre Lavi. Quien corrió fuera de la capilla para salvaguardar su integridad. El recuerdo de esa pelea era la principal fuente de sus sospechas. Principalmente, porque alguien que supuestamente llevaba una vida normal antes de unirse a la Orden, no tendría la resistencia que ella tenía. Y nunca había visto ninguna clase de pelea como la que ella practicó durante ese enfrentamiento.

Y no, él no había ganado. Ella se dejó ganar.

Eso entre tantas cosas más.

Habiéndose deshecho de la molesta presencia de Lavi, volvió a concentrarse para meditar en paz.

Pero hubo algo que le hizo sentirse inquieto. Sintió su estómago contraerse cuando se dio cuenta de que, el haber aclarado que no tenía interés en ella, causaría que Lavi no tuviera reparos para hacer lo que sea que tenía pensado hacer. Sus colores y su energía lo delataban. Estaba más que dispuesto a intentar algo con Allen.

No le importaba, no podía importarle. Él desconfiaba del brote de habas, porque sencillamente, era más que obvio que ocultaba algo y hasta le había retado a que lo descubriera. Eso significaba que podría ser un peligro para la guerra, aunque todo el mundo opinara lo contrario. Si era el caso, tenía que hacer algo al respecto, porque de eso dependía que cumpliera con su promesa.

Y aunque lo sacara de quicio, Lavi no tendría por qué verse involucrado de una manera que le perjudicara más adelante. Pero eso tampoco era su problema, maldición. Si no quería hacer caso a sus advertencias, era su culpa si resultaba lastimado. Por lo que, con esa resolución firmemente arraigada, volvió a centrarse en lo que hacía antes de verse interrumpido.

Sin embargo, por más que lo intentó, esa inquietud no lo dejó por un buen rato. Gruñó, dándose cuenta que era inútil seguir intentando concentrarse.

Por lo que se dispuso a buscar a Lavi a una distancia prudente. ¿Será que era tan estúpido para llevar a cabo sus planes tan rápido? Tenía sentido. Si lo pensaba bien, no era el único que tenía esos colores a su alrededor al estar cerca del brote de habas. Seguramente, pensaba que alguien más se le podía adelantar. Si era así, era más que obvio porqué le había ido a preguntar esas estupideces.

Cuando lo alcanzó, se dio cuenta que preguntaba por la británica con cualquiera que se cruzaba por su camino. No le extrañó, que más de uno le mirara con molestia por ello. Tal parecía, que todos se habían dado cuenta de sus intenciones. Y apostaba a que algunos incluso le mintieron cuando preguntó por ella.

Siendo tan estúpido como era, no se dio cuenta que lo estaba siguiendo. Cuando se detuvo abruptamente. ¿Por qué carajos le estaba siguiendo? Ya se había aclarado así mismo, que aquello no era su asunto y no le interesaba. Dispuesto estaba a dejar esa tontería, cuando se dio cuenta que Lavi por fin había encontrado a Allen.

—Allen. Qué bueno que te encuentro. ¿Qué tal estuvo tu misión?

—Lavi, ¿Qué tal? —por alguna extraña razón se veía inquieta. Y a pesar de que había saludado a Lavi, seguía caminando y viendo todo a su alrededor, como si fuera la primera vez que estaba dentro de la Orden. Además de no haber respondido a la pregunta. Aquello extrañó a Kanda. Y por motivos desconocidos a sí mismo, eso le daba un mal presentimiento.

—Hey, Allen ¿Estás bien? ¿Qué sucede? Te noto inquieta, ¿Pasó algo? — Lavi se sintió preocupado al ver la actitud de la exorcista. Se veía preocupada y parecía estar buscando algo.

—¿Qué? ¡Ah! Lo siento, ¿me decías algo? No estaba poniendo atención.

—Nada en particular. Solo quería saber cómo te había ido en la misión.

—¡Oh! No te preocupes, me fue bien.

Seguía caminando y no prestaba atención a lo que le decía. Aquello solo le preocupó más.

—¿Segura qué estas bien?

—Si, no te preocupes. Es solo que... mmm. —volvió a ignorar al pelirrojo, dio un par de vueltas con la mirada perdida. Hasta que pareció haber encontrado su camino, y siguió caminando por el pasillo que llevaba a la sala de estar. Habiendo olvidado que Lavi le había preguntado algo, y le seguía hablando con preocupación.

—Oye Allen, me estás asustando un poco.

—No te preocupes, estoy bien.

—Ya veo. Sabes, hay algo que quería hablar contigo. Si no estás ocupada, me gustaría saber si me podrías acompañar más tarde a la ciudad.

Pero Allen no le estaba prestando atención. Y guiada por su instinto y con el corazón acelerado, siguió caminando sin molestarse en contestar a la pregunta que le hacía Lavi. Este seguía hablando y ella no sabía con certeza lo que le estaba pidiendo. Estaba por contestar por inercia, cuando llegó a la sala de estar. Deteniéndose en seco y abriendo los ojos en desmedida. Observando en silencio al grupo de buscadores aglomerados alrededor de alguien. Pero lo que menos le importaba, eran los buscadores.

No, no, no, no, no, no.

Escuchó a la lejanía la voz del parchado preguntarle que pasaba, pero todo a su alrededor dejó de importarle. Sus sentidos se nublaron, y su corazón dio un vuelco en su pecho. El miedo se apoderó de ella, y sin darse cuenta, se había puesto a temblar.

Lavi al ver su reacción, y la manera en la que miraba a los buscadores, se asustó un poco. Por lo que dirigió su vista al punto que estaba viendo Allen, con lo que solo pudo suponer que era miedo. Aquello lo desconcertó, pues ella no despegaba su vista del grupo de buscadores que parecían estar rodeando a alguien. Y su sorpresa fue grande, cuando vio a una chica de cabello castaño claro, siendo abordada por varios de ellos.

Volteó a verle de nuevo, dándose cuenta que no era precisamente a los buscadores a quien estaba viendo. Era a la chica en medio de ellos.

—No hay muchas mujeres que quieran llevar a cabo este trabajo. ¿Por qué te uniste a la Orden? — preguntó uno de los buscadores a la joven.

—Yo... la verdad es que... — esta se veía un poco cohibida, y sin saber cómo responder exactamente a la pregunta.

—Si todos ustedes quieren conservar la cabeza sobre los hombros. —la voz de Allen se escuchaba sombría, mientras llamaba la atención de todos los presentes. Su mirada era amenazante, y hasta se podía ver que estaba a punto de activar su inocencia. —Les aconsejo que se alejen de ella. Ahora.

Los buscadores le voltearon a ver con asombro. Siendo la primera vez que veían a Allen actuar, como un león enfurecido a punto de pelear por su presa.

—Dije. Largo.

Dándose cuenta que la amenaza iba en serio, todos los buscadores desaparecieron de inmediato. Aunque sin entender completamente que habían hecho mal para recibir tal hostilidad. Pero el escuchar esa voz tan fría y desprovista de emociones, les heló la sangre por completo. Por lo que sin pensarlo demasiado corrieron por sus vidas.

Desde que la voz de Allen se dejó escuchar, la chica se quedó tiesa; al darse cuenta que no había nadie más a su alrededor, abrió los ojos con asombro y la miró como quien observa a un fantasma.

—L-lo sabía. —susurró. Un par de lágrimas bajaron por sus mejillas, mientras que con pasos temblorosos se acercaba más a ella. — Eres tú. De verdad eres tú.

Y sin más se lanzó a sus brazos abiertos. Llorando sin pudor alguno y aferrándose a Allen como si fuera un salvavidas.

—Allen. Allen. De verdad eres tú, sabía que estabas viva.

Allen no decía nada, mientras un par de lágrimas también resbalaban por sus mejillas, sin soltar a la chica y hundiendo su rostro en su cabello. Pero no decía nada. En sus ojos se reflejaba la angustia. Cayó al suelo aun con ella en brazos.

Tanto Lavi como Kanda, miraban todo sin entender nada.

Pero Kanda parecía asombrado mientras observaba aquello. Veía en esa chica unos colores que le dejaron perplejo. Nunca antes había visto unos colores como esos.

—Jamás creí en lo que dijeron. Allen. Allen.

La chica seguía llorando y repitiendo el nombre de Allen como un mantra. Hasta que esta habló por fin. Con un suspiro y la voz temblorosa.

—Lía.

Fue un mero susurro, con el cual por fin salió de su estupor. Se levantó del suelo y cargó a la chica mientras echaba a correr por los pasillos de la Orden. Desapareciendo de la vista de un muy confundido Lavi y un muy consternado Kanda.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Lavi a Kanda cuando se paró a la par suya, con el ceño fruncido y sin apartar la mirada de donde habían desaparecido las dos mujeres. —¿Quién era ella? Parecía conocer a Allen. Y no me quiero hacer ideas extrañas, pero ese comportamiento fue un tanto sospechoso.

—No son ideas extrañas.

—¿Qué?

Kanda no contestó. Todavía inquieto por los colores que rodeaban a esa chica castaña, que se aferró a Allen como si su vida dependiera de ello. Por lo que las sospechas de Lavi no estaban tan equivocadas.

Si bien era cierto, que el brote de habas causaba esas reacciones en todo el mundo a su alrededor; los colores de esa chica no tenían ni una pizca, de aquello que rodeaba a todo el personal masculino de la Orden. Pero no eran muy diferentes. Con la diferencia, de que no había duda, que eran más sinceros y profundos que los de cualquiera en ese lugar. Y por lo que había visto, estaba más que claro que eran correspondidos.

Y aquello le molestó de una manera en la que no quería admitir.

.

.

.

Bueno, por el momento no hay mucho que aclarar más que el hecho de que en este capítulo lo que buscaba era introducir la etapa del GL... Wiiiiiiiii (se desliza por las nubes de su imaginación). ¿Alguien adivina quién es la nueva integrante del elenco? Jaja. Y haciendo esta pregunta es que quiero entrar en el apartado especial...

Orígenes de esta historia, sin cumplir el orden en el que se dieron: Creo que mencione en alguna de las notas de autor de los capítulos anteriores dos cosas. La primera, es que originalmente pensaba redactar toda la historia con Allen siendo hombre. Pero hay un motivo de fuerza mayor que me impidió hacerlo que todavía no puedo revelar. Eso más otras ideas y planes que tengo pensados para más adelante. jiji.

La segunda, que hay que fijarse en esos detalles que parecen insignificantes o pequeñas palabras sueltas que dan a entender ciertos hechos que quiero que tomen en cuenta. Los cuales tendrán sentido más adelante o explicare para que se entienda el contexto o por que se narraron de cierta manera en este capítulo y en los anteriores. Esto lo voy a explicar ya sea a través de unos extras que tengo pensados o en medio de otras revelaciones posteriores, futuras, venideras o como lo quieran llamar (se ríe bien feo).

Aclarados estos dos puntos, el origen del Yuri en esta historia se debe a... dos cosas (otra vez, ¿Qué onda conmigo y el número dos?) Uno, si no puedo escribir yaoi... a pooos... no hay problema, escribimos Yuri y así saciamos mi sed de homosexualidades. jajajajajajajajaja. Y dos, pero no menos importante, es decir que es aliento de vida en este mundo de fanficion que amo y necesito... EN ESTE PERFIL CREEMEOS EN LA REDENCION DEL PERSONAJE. xD

¿A qué me refiero con eso? Pues verán, y aquí entra una pista a la respuesta de la primera pregunta. Hablo de la redención del personaje que en el Canon es malo. De la redención del personaje que ha sido utilizado por el fandom en sus fics para hacer cosas malas. Del personaje al que le hacen bullying o aquel que idiotizan o le hacen el OOC nefasto que termina haciendo que todos lo odiemos sin que realmente haya hecho algo malo en el canon. etcétera, etcétera.

OJO, y esto también es importante. Que eso no aplica a todos y hay veces en las que por más que quisiera, no lo puedo hacer o simplemente no me nace hacerlo, pero si aplica a algunos que creo que se lo merecen. Jeje. Ejemplo: Wen Zhuliu de Mo Dao Zu Shi. En resumen, este personaje, en teoría solo seguía órdenes. Hizo cosas malas, pero incluso en el canon no queda claro si era completamente malo o no.

Así que en base a eso... ¿Se hacen una idea de quien es esa persona que definitivamente tiene sentimientos más sólidos hacia Allen que cualquiera dentro de la orden? O sea, la ama, se aman. Y es importante en la trama. Jajajaja. Aunque creo que no es del todo un misterio xD.

Averígüenlo en la siguiente entrega. Pues la narrativa iniciara desde su punto de vista.

Ufff. Demasiado para notas de autor, pero no lo pude evitar. Por último, espero que esta historia les esté gustando y quieran continuar conmigo este viaje hacia lo desconocido que incluye cosas fuera de lo normal para el Fandom.

Sin nada más que decir, Gracias por leer. By KNM.