Capítulo Diez
.
Todavía recordaba todo; como una cinta de terror que se repetía en su cabeza una y otra vez, y que no le dejó dormir durante todo el tiempo de su ausencia.
—Hey, Lía. Ya sé que me rechazaste. Pero sabes que no dejaré de insistir. Por favor, ven conmigo a un lugar que quiero que veas.
—No, Allen. Ya te dije que nos van a regañar por alejarnos del grupo. Además, ¿tan siquiera sabes cómo llegar a ese lugar que mencionas?
—Anda, no pienses eso. Cargaré con la responsabilidad. Y si te lo pido, es porque lo sé.
Pero no cedió. Para que, durante sus sueños, aquel recuerdo le torturara y le hiciera arrepentirse de no haber accedido a ir con ella.
Luego retumbó la primera explosión.
Causando que todos a su alrededor se asustaran, y corrieran por sus vidas al ver a una criatura extraña, que sobrevolaba los árboles y les empezó a disparar de repente.
Todo fue un caos después de eso. Lo único que recordaba, era estar corriendo tomada de la mano de Allen. Para que, de un momento a otro, le soltara para empujarle lejos de una roca que estaba por caerles encima.
Emilia Galmar, odiaba ese miedo que sintió, cuando vio a Allen caer varios metros lejos de ella. Corrió como pudo para encontrarla, pero otra de esas cosas volvió a disparar. Lo esquivó por poco, sin evitar caer al suelo bastante lejos de ella. El ruido de la explosión, confundió sus sentidos y le hizo desorientarse por completo.
Corrió por dónde le pareció que había caído. Sin saber que había ido en la dirección equivocada, y se había alejado más de la cuenta del grupo. Entre la confusión apenas pudo distinguir, que a la distancia todavía se escuchaban las voces de sus compañeros gritando por ayuda. No se enteró exactamente de cuándo aparecieron esos hombres de blanco, que guiaron al resto de su clase de vuelta al pie de la montaña para ponerlos a salvo.
A ella lo único que le importaba era encontrar a Allen. Tenía que asegurarse de que estuviera bien, para poder regañarla por separarse mucho de ella. Y después besarla como nunca.
Corrió y corrió. Gritando el nombre de Allen con desesperación y miedo. Hasta que una de esas cosas se cruzó en su camino. Pero esta era diferente y su apariencia espantosa.
— Vaya, pero si está sola. Que suerte. Te mataré ahora mismo.
Con pánico, se alejó lo mejor que pudo de esa cosa extraña de intenciones asesinas. Estaba a punto de alcanzarle, cuando sintió la tierra temblar.
Cayó y desde su perspectiva en el suelo, a duras penas logró distinguir una línea de fuego que destruyó a su atacante con una explosión. Al caer se había lastimado el tobillo, y ponerse de pie representó un gran esfuerzo. Caminar se le dificultó aún más. Pero tenía que encontrar a Allen a como diera lugar.
Pero uno de los extraños hombres de blanco la encontró primero, y la hizo volver a la fuerza con el resto del grupo.
—Niña, tranquilízate, encontraremos a la chica que falta. Es más seguro para ti volver con el resto.
—Por favor encuéntrenla. Se cayó y podría estar lastimada.
—Descuida, pero primero debemos ponerte a salvo.
Con resignación y el corazón en la mano, siguió al hombre hasta dónde estaban los demás. Fue la penúltima en aparecer. De inmediato empezó a buscar a Allen entre sus compañeros. Y con la angustia de no verle entre ellos, esperó a que la encontraran antes de que le pasara algo malo.
—Emilia. Gracias a Dios estás a salvo. —su maestra le revisaba atentamente para comprobar que no estuviera herida, y al darse cuenta de su cojera, le ayudó a buscar un lugar donde sentarse.
—Profesora, Allen sigue perdida.
La maestra le miró con inquietud y un poco de incomodidad. Para nadie era un secreto que ellas eran más que amigas. Pero ignoraban el asunto por mera salud mental. A pesar de ello, Allen seguía siendo una menor a su cargo, por lo que era imperativo que todos volvieran a salvo.
La única que faltaba era Allen. Y la angustia se apoderaba de Emilia con cada minuto que pasaba. Tenía un mal presentimiento, y estaba empezando a temer lo peor.
Vio a los hombres de blanco moverse con inquietud, mientras los extraños teléfonos que cargaban a sus espaldas empezaban a sonar. Había notado que mientras se iba acercando, tres habían subido la montaña luego de discutir entre ellos.
Después de eso, el que parecía estar a cargo organizó a un grupo que se encargó de vigilar los alrededores, mientras el resto empezaba a subir la montaña con caras de asombro y consternación. Los vio murmurar entre ellos en voz baja, con evidente asombro y algo de pena.
Aquello sólo aumentó su miedo.
Esperaron por lo que pareció una eternidad. Hasta que, por fin, un hombre extraño vestido de negro y de cabello rojo, apareció de entre los árboles seguido de unos cuantos de los hombres de blanco. Era obvio que estaba a cargo de ellos. Las insignias en su ropa denotaban su posición al mando. Y si eso no era suficiente, su porte imponente en ese traje negro lo hacía.
Ese hombre los miró a todos con ojo crítico, mientras se dirigía a su maestra. Algo en el interior de Emilia, le decía que sus intenciones eran que todos escucharan lo que tenía que decir.
—Siento mucho su pérdida. Pero encontramos los restos de la joven a quien perdieron. Lamentablemente, no pudimos hacer nada por ella.
Sintió como si la tierra se moviera nuevamente bajo sus pies con las palabras del hombre. Eso no podía ser cierto. No, no, definitivamente tenía que estar mintiendo.
Su maestra se desmayó en el acto y el resto comenzó a gritar y a llorar. El otro encargado del grupo, sostuvo a la mujer antes de que impactara contra el suelo, y miró al pelirrojo sin creer por completo en sus palabras.
—Eso... ¿Cómo es posible? No puede ser cierto. Allen no... Allen no... — el hombre rompió en llanto, sin poder con la impresión de esa noticia.
—Los disparos que escucharon y las bombas no eran de simple pólvora. Contenían un veneno mortal que mata en seguida y consume el cuerpo de la víctima. Ella se encontraba muy cerca de la batalla más reñida, y no pudimos hacer nada para evitar que se viera afectada por la peor de las explosiones. Es completamente nuestra responsabilidad, y aunque no sirve de nada, lamentamos mucho lo ocurrido.
Siendo completamente consciente de las miradas sobre ella, Emilia se tiró al suelo con lágrimas en los ojos, mientras un grito salía de lo más profundo de su ser.
Todo lo demás era un borrón en su memoria. Cuando llegaron a las instalaciones del colegio, los padres de familia lucían extrañados, de ver a sus hijos descender del autobús con golpes y cubiertos de polvo. Recordaba poco del asunto. Solo fue lejanamente consciente de ver a la madre de Allen gritar, para después desplomarse debido a la impresión, mientras su esposo la sostenía. No tuvo el valor de ver a ninguno de los dos.
Cuando su padre la alcanzó, no quiso dirigirle la palabra y apenas escuchó lo que le decían. Llegando a su casa se encerró en su habitación, y buscó con desesperación aquel objeto que Allen le había regalado hace tiempo.
Cuando lo tuvo entre sus manos, brillando cual farol no tuvo dudas al respecto. Y abrazándolo contra su pecho, recordó las palabras que le dijo cuando se lo dio.
"Emilia, sé que siempre cuidas lo que te doy y no es tu culpa cuando desaparece. Pero este objeto es especial. Así que guárdalo bien, pues mientras brille significa que sigo con vida. Así no puedas verme, sabrás que pase lo que pase y así me tome años, volveré a ti."
Allen solo le decía Emilia cuando el asunto era muy serio. Debido a ello, en esa ocasión no dudó en guardar aquel objeto como su posesión más preciada. Cuidando que su madre no lo encontrara ni de broma. Ya que nunca estuvo de acuerdo, ni apoyó su relación con Allen. Y aliada con su padre, siempre buscaban la manera de tirar o destruir las cosas que ella le daba sin que se enterara.
Así que por eso ocultó el jade en un lugar en el que sabía, que ni su madre ni su hermana merodearían ni en sus más locos sueños.
Ella sabía quién era Allen, también sabía que jamás le mentía ni le decía que no. Por lo que, todo lo que les había dicho aquel pelirrojo exótico era mentira. Eso era seguro así todo el mundo estuviera diciendo lo contrario.
Con todo eso en mente, se dedicó a observar la situación de cerca. Fingiendo desasosiego ante la pérdida de la persona a la que todos daban por muerta. Su padre había sido de lo más fastidioso al respecto, y su relación se fracturó todavía más. Estaba reacio a que fuera al funeral de Allen, y hasta la amenazó con echarla de la casa.
En otras circunstancias y sin la certeza de sus convicciones, tal vez hubiera hecho caso a su amenaza. Pero había algo que le inquietaba, y estaba decidida a encontrar a Allen esta vez. Era su turno de encontrarla.
Sus sospechas fueron confirmadas, cuando vio a esos extraños hombres merodeando por la casa de Allen. Fingió no verlos, y cuando se dio cuenta que uno de ellos hablaba por el teléfono en su espalda, lo siguió al ver que eso claramente era un cambio de turno.
No se sintió sorprendida cuando se dio cuenta que no solo era uno. Eran varios y estaban buscando información sobre Allen. Información que sabía que no iban a encontrar.
Lo único que encontraron fue lo poco que les dio el hospital de la ciudad y el colegio. Al averiguar, se dio cuenta que los habían sobornado, y no exactamente con dinero para que no dijeran nada de ello.
En el hospital no podía hacer mucho, pero en la escuela sí. Nadie le quiso decir nada al respecto, y todos parecían asustados con la simple mención del asunto. Era obvio que todo lo que estaban haciendo, no era precisamente legal, o estaba vinculado a una organización con bastante poder e influencia.
Pero Allen no solo le había enseñado a defenderse. Y cuando encontró lo que estaba buscando, fue cuando de verdad se sorprendió.
El Vaticano. Una institución bajo sus órdenes llamada la Orden Oscura. Aquello no pintaba bien y el simple nombre daba escalofríos.
No tenía idea de que tan peligroso podría ser, pero no se daría por vencida.
Así que, sin dudarlo, no perdió el tiempo en ir a la escuela y olvidó por completo la graduación. A la que por supuesto no asistió. Lo cual nadie cuestionó, al imaginar que era el dolor lo que la tenía completamente fuera de las últimas actividades estudiantiles. Algunos se lamentaron, y otros vieron el asunto con repudio.
Nada de eso le interesaba, cuando se dio cuenta que no sería nada fácil entrar a la Orden. Y tenía que hacer todo lo posible, por ingresar a ese lugar en donde estaba segura de que Allen se encontraba.
Debido a todo lo que implicó abandonar la escuela en la recta final, su padre la despreció aún más. Y no se tentó el alma al echarla de la casa, y gritarle que era una desgracia. No le importaba, desde hacía mucho tiempo que sabía que eso tarde o temprano iba a pasar.
Por lo que en realidad lo que había hecho fue una ventaja en lugar de perjudicarle. Pues sabía, que enterarse de la existencia de los Akuma era un peligro mortal. Y de ese modo estarían a salvo, y no se involucrarían más de la cuenta. Era preferible que la odiaran, a que estuvieran en peligro por todo lo que implicaba involucrarse de más con la Orden. Después de todo, era su familia y los amaba a pesar de las circunstancias.
Gracias a que sus ahorros eran considerables, y sabía dónde estaban los de Allen, siguió el rastro de la Orden. Que en realidad no era muy discreta con sus actividades. Sabía que Allen no se molestaría por eso, después de todo, una de sus frases favoritas solía ser "el fin justifica los medios".
Por lo que, después de hacer una última visita a los padres de Allen, viajó a una ciudad en donde los buscadores cargando esos extraños teléfonos eran vistos con más frecuencia. Estaba segura que ese lugar era un punto fronterizo con la verdadera Orden. Y aunque le llevó tiempo y paciencia, logró ubicar a unos y convencerlos de que de verdad necesitaba la paga de la Orden; debido a que su pareja había sido asesinada por akumas.
Tuvo que esperar por un tiempo, pero por fin le brindaron la información necesaria para unirse a la Orden.
Todo había valido completamente la pena.
Ya que no esperaba, que una vez llegara se encontraría con Allen. Quien no dudó en alejar al resto de buscadores de ella, y se la llevó entre sus brazos como solía hacer cuando corrían de los maestros en el colegio.
La había extrañado demasiado y no cambiaría ninguna de sus decisiones. Por Allen volvería a hacer lo mismo, las veces que fuera necesario.
Sin embargo, a pesar de estar inmensamente feliz de volver a ver a Lía; Allen tenía miedo de que todo lo que ahora le rodeaba, fuera perjudicial para ella. Debió sospechar que no se quedaría quieta, y buscaría la forma de encontrarla.
Pues entre tanto alboroto, y con el fin de conservar su cordura, mantuvo su mente alejada del asunto. Un terrible error de su parte. Un error que esperaba, no le fuera a salir caro en el futuro.
Por lo que, sin detenerse y evitando con dificultad los lugares más concurridos de la Orden, la llevó a su habitación. Cerrando la puerta con brusquedad y recargándose contra esta hasta caer al suelo, aun cargando a la persona más importante de su vida en sus brazos.
Quería pedirle que se fuera. Pero sabía que, si había logrado entrar a la Orden, no se iría por nada del mundo al saber que ella estaba ahí. Su frustración fue grande. Buscaba la mejor manera de convencerla de irse. Sabiendo de antemano, que sería completamente inútil.
Lía no dejaba de llorar y la humedad en su propio rostro, le indicaba que ninguna se detendría a brevedad. Por lo que, aun con la voz temblorosa y dolor en el corazón por fin habló.
—No deberías estar aquí.
—Tú tampoco.
—No es lo mismo, lo sabes. Este lugar es peligroso.
—Entonces, ¿pretendías que me quedara en casa, angustiada mientras tú vas de un lado a otro destruyendo Akumas?
Allen debió imaginar, que no solo se dedicaría a buscarla. Lía era demasiado inteligente, y no se limitaría a seguir un rastro, sin tener toda la información necesaria para emprender el camino. Debía recordar constantemente, que era la más precavida de las dos.
—Me aterra lo que te pueda pasar estando aquí. Sabes que tarde o temprano iba a contactarte.
—¿Cuándo exactamente? ¿Dentro de diez años, hasta que destruyeras todo lo que implica esta guerra? Lo cual estoy segura, te llevará más tiempo de lo que puedes imaginar.
—Pero no deberías... no tenías que... — era inútil buscar argumentos contra eso. —Sabes que también me estaba volviendo loca por no saber nada de ti. Pero no debiste...
—Es inútil reclamar. Sabes que lo haría una y mil veces de ser necesario.
Emilia no quería discutir tanto con ella por eso. Sabía que Allen con el fin de mantener la compostura, seguramente estaba ocupando su mente con otras cosas. Calculando el momento para actuar sin resultar muy sospechosa. Pero ella no podía esperar tanto tiempo, y estaba dispuesta a ayudarle en lo que sea, si con eso permanecía a su lado.
—Eres tan testaruda.
—Pero aun así me amas.
Allen soltó una risa.
—Pero aun así te amo.
—Y sé que lo harás, incluso después de haberme gastado tus ahorros.
Tarde o temprano se iba a enterar, así que era mejor decírselo de una vez, para que olvidara los temas más macabros que implicaban su estadía en el lugar. Y como tenía previsto, funcionó a la perfección.
Allen le alejó por fin de sus brazos, con los ojos desorbitados y un tic en la ceja.
—T-tengo q-que suponer, que utilizarás una de mis frases predilectas para justificar eso.
—Los medios eran necesarios.
—Dios santo. No te basta con preocuparme, además me dejas pobre.
—Sé que con el tiempo lo superarás. Además, traje tus cosas.
No podía enojarse con ella. Así que, con un gruñido de insatisfacción, por fin hizo aquello que había anhelado y extrañado hacer desde que despertó en la Orden. Unió sus labios a los de Lía con desesperación.
Cuánto la había extrañado. Toda ella y a sus suspiros bajos al acariciar con su lengua su labio inferior, para pedir el permiso correspondiente para avanzar. El cual no se hizo esperar, cuando Lía rodeó su cuello y Allen estrechó más su cintura entre sus manos.
Con Lía entre sus brazos, por fin encontró la paz, que le había abandonado desde que llegó a ese lugar.
.
XXX
.
La agitación que causó el arrebato de Allen por la llegada de la nueva buscadora, se corrió como la pólvora por los pasillos de la Orden.
Komui se sentía confundido, al ver a su hermana particularmente inquieta con los rumores que había debido a la situación. Pero no quiso preguntar nada al respecto. Tenía la leve sospecha, de que eso podría causarle ciertos traumas, junto a una terrible depresión y jaqueca.
Jaqueca que sabía, sólo se haría más grande al darse cuenta, de que no era la única afectada por ello. El noventa por ciento de la Orden, parecía andar con el corazón roto, y unos cuantos científicos habían pedido licencia de un par de días. Que por supuesto les negó. Pero quería creer, que era por problemas de salud por el exceso de trabajo. Y no por cierta británica de ojos grises.
La conmoción era grande. Lavi se había marchado hace poco para seguir a Bookman a hacer su trabajo. Y la presencia de Kanda en su oficina hace unos momentos, para pedir -exigir- una misión lo confundió todavía más.
Para nadie era un secreto, que despreciaba a Allen de una manera poco sana. Por lo que su actitud era la más desconcertante de todas. Pero no pudo evitar querer molestarlo, y se burló de su extraño comportamiento. Con ello pareció reaccionar, y abandonó su oficina con un portazo y mascullando maldiciones en su idioma.
Pero no era exactamente la actitud del personal hacia el asunto lo que le preocupaba.
Tenía entendido, que el nuevo grupo de buscadores había llegado apenas unas cuatro horas atrás. Hace dos que Allen había regresado de su misión, y aún no entregaba su reporte. Según los rumores, había actuado un poco extraño entre los pasillos; al llegar a la sala de estar, amenazó a los buscadores que rodeaban a la joven buscadora, se la llevó a quién sabe dónde y desde entonces nadie las había visto.
Todo el revuelo, no se debía exactamente por la llegada de la chica castaña a la Orden. De vez en cuando llegaban mujeres, lastimosamente algunas no duraban mucho en el puesto. Si no por la actitud de ambas al encontrarse, y la reacción de Allen al verla rodeada de buscadores.
No quería sacar conjeturas apresuradas. Aquello podía ser debido a una profunda amistad. Tenía que serlo. Aunque sus convicciones, se tambaleaban terriblemente al ver que era el único que intentaba autoengañarse.
Por lo que se decía, aquella actitud no era propia de una profunda amistad.
Suspiró.
Si bien era el director general de la Orden, sus funciones estaban más vinculadas al departamento científico y a los exorcistas. Poco sabía de cómo se contrataba a los buscadores. Y según tenía entendido, eran las iglesias distribuidas alrededor del mundo quienes se encargaban de reclutarlos.
Y al ser el personal más rotativo de la Orden, no se tomaba el tiempo de saber mucho de ellos. Pero estaba seguro, de que eso estaba a punto de cambiar. El ingreso de Emilia Galmar a la Orden implicaba muchos factores. Además, de perjudicar gravemente el protocolo que se llevó a cabo por la llegada de Allen.
Primero: por la edad no hacía falta ser un genio para saber de dónde conocía a Allen. Siendo el caso, era de suponer que había estado durante el incidente de la excursión. Era obvio que era cercana a ella. Por lo que suponía que no creyó o dudó de la excusa de que estaba muerta. Al punto de seguir el rastro de la Orden para poder encontrarla. Segundo: si logró que la admitieran era astuta. Tercero: ¿le habría dicho a alguien de sus planes o actuó por su cuenta?
¿Cómo exactamente había logrado encontrar la información para entrar? ¿Cómo fue capaz, de arriesgarse existiendo la posibilidad de no encontrar a Allen en la Orden? Ni siquiera sus padres cuestionaron la mentira que requirió el asunto. Y solo eso último daba mucho en que pensar.
Y esas solo eran algunas de las cuestiones que conllevaba el asunto.
Analizar todo eso le daba dolor de cabeza. Era demasiado complejo para pasarlo por alto, y estaba seguro, de que esto causaría que las sospechas sobre Allen empeoraran.
En este punto, era posible que los altos mandos se enteraran. Esos hombres desconfiaban de todo aquello, que no estaba dentro de sus estándares y buscaban la manera de eliminar los posibles riesgos en la victoria de esa guerra. Su victoria en la guerra.
La posible relación que tenían, podría ser el detonante de acciones despiadadas en su contra. Comenzando por el hecho, de que aquello era mal visto por los ideales de la iglesia. Y si resultaba ser cierto, no necesitarían de excusas para imponerles un castigo que ellos consideraran apropiado.
Salió de sus pensamientos al escuchar la voz de Allen tras la puerta. Dudó un momento antes de permitirle entrar. No se sentía con la capacidad de tratar con el asunto. Pero era mejor aclarar todo de inmediato. Por lo que también, iba a tener que adoptar una actitud seria desde el principio.
Ajustó sus lentes y se aclaró la garganta antes de hablar.
—Adelante.
Un escalofrío le recorrió, cuando vio a Allen cruzar la puerta con pasos firmes y una mirada seria.
—Buenas tardes, Komui. Vengo a entregar mi reporte. Lamento la demora.
—No te preocupes. ¿Algo urgente que reportar?
—Sobre la misión, no.
Aquello le dejó en claro que no pensaba andarse con rodeos.
—Supongo que es algo relacionado al personal que ingresó recientemente, ¿o me equivoco?
—No te equivocas, y quisiera creer que lo dedujiste por tu cuenta. Pero soy consciente de que el pasatiempo preferido del personal, no es exactamente tomar el té mientras contemplan el clima. Y tú no estás tan exento de eso.
—En mi caso es para estar al tanto por si hay problemas, y buscarles una posible solución.
—Y es por eso por lo que solo a ti no te lo reprocho. Es más, te reprocharía si fuera lo contrario.
—Allen, no le demos vueltas al asunto. Durante el poco tiempo que llevo de conocerte, puedo decir que eres una chica inteligente, y tienes muchas virtudes que admiro. Pero también sé que cuando la situación lo requiere, no dudas en expresar tu opinión con sinceridad. Así que dime, ¿Qué sucede exactamente con la nueva buscadora?
—No tengo intenciones de ocultar lo que hay entre nosotras. Así que no mentiré al respecto frente a ti ni ante nadie.
—¿Eres consciente que esto te puede traer problemas? Supongo que sabes que tu relación con Emilia, no será bien vista por las autoridades de la iglesia.
—Normalmente lo mandaría todo por un drenaje. Tienes que saber, que no sería la primera vez que nos juzgan por eso. Pero por lo que dices y tu postura, sospecho que no hablamos solamente de una posible advertencia.
—La iglesia católica castiga esta conducta de una manera severa. Así que no te equivocas con ello.
—¿A qué nos referimos exactamente con "severa"?
—Una posible ejecución.
—Si se da el caso, tengo que deducir que se enfocarían en Lía, principalmente. No pueden arriesgarse a perder un exorcista en la situación actual.
—Puede que tengas razón, pero no saldrías completamente librada del asunto. Sé que no eres una persona egoísta. Y que, si se da el caso, no te quedarías de brazos cruzados en caso de que piensen en hacerle algo a ella.
—Por supuesto que no.
—Lo imaginaba. Así que tengo que preguntar: ¿Qué serías capaz de hacer para salvarla?
El rostro de Allen se oscureció por completo, y una sonrisa sádica que jamás le había visto, ni imaginó que podía hacer, se dejó ver en su rostro.
—¿De verdad quieres saberlo o te basta la imaginación?
—A-Allen. No serías capaz de algo demasiado extremo, ¿o sí?
—Eso lo dejo a tu criterio.
Komui se recargó en su silla, masajeando el puente de su nariz. Tenía que reconocer que tres meses no eran suficientes para conocer a una persona por completo. Pero algo le decía, que Allen no bromeaba con el asunto.
Si estuviera hablando con Kanda, por lo menos podría hacerse una idea de qué esperar. Pero con Allen, la situación no era así. Aunque estaba seguro de que no era una mala persona, tampoco sabía que sería capaz de hacer en un momento de rabia.
En la sabiduría popular, se solía rezar por librarse de las aguas calmadas. (1)
Pero había otra cuestión urgente que aclarar antes de avanzar con el asunto.
—Allen, quiero que me digas la verdad de lo que estoy por preguntarte. Sabes perfectamente que fue lo que se le dijo a tu familia cuando te uniste a la Orden. ¿Cómo es que ella es la única que tomó cartas en el asunto? Ni siquiera tus parientes más cercanos dudaron de lo que les dijimos.
—Por favor, no te hagas ideas extrañas. Para que lo entiendas, debo explicarte varias cosas.
—Tenemos tiempo, y quiero ayudarte en lo que pueda. Así que, por favor, dime.
Allen sabía que esa sería una de las cuestiones principales. Pero por nada del mundo le podía decir la verdad a Komui. Decir la verdad implicaba revelar más de lo que se podía permitir. Y aquello no era una opción en ningún sentido. No podía decirle la verdad, pero si podía modificar algunos hechos.
Así que, con voz tranquila, empezó a explicar la situación.
—Su familia nunca aprobó nuestra relación. Su padre trabaja en un puesto importante de la policía. Tiene muchos conocidos en puestos importantes; contactos con hijos en edad de casarse y otros que no tanto. Y desde hace mucho tiempo, la habían querido comprometer a la fuerza. Pero resulta, que ninguno quería a una mujer que era por mucho, más inteligente que ellos. Así que eso siempre fue un fracaso en los planes de sus padres. Pero cuando se declaró mi muerte, en lugar de darle tiempo para aceptarlo, de inmediato intentaron que por fin aceptara alguno de los prospectos que querían para ella.
Hizo una pausa, midiendo la reacción del director ante sus palabras. Podía ver que este estaba analizando cada una de las cosas que le contaba. Tenía que explicar todo, de una manera en la que no pudiera cuestionar nada.
—El día del incidente, al saber que estaba muerta se dio cuenta que su mejor opción era alejarse lo más pronto posible de su familia. Pero como comprenderás, vivir por cuenta propia no es nada fácil ni nada barato para alguien de nuestra edad. A pesar de ya ser mayor, si quisiera, su padre tiene los medios para encontrarla y obligarla a hacer algo que no quiere. Un convento tampoco sería viable. Pero la iglesia seguía siendo la opción más considerable. Después de todo, eres consciente de que nuestros uniformes no son muy discretos que digamos. En especial el de un general. Y Lía no es estúpida y además es algo sentimental. Así que hazte una idea del resto.
—Dices, que se uniría a la organización, que probablemente tuvo la culpa de la muerte de su persona más importante para... ¿morir en las mismas circunstancias?
—Te dije que no es estúpida. Y eso sería una estupidez. No. Ella se uniría al lugar involucrado con mi muerte no para morir igual; si no para hacer lo posible por evitar que alguien más muera en las mismas circunstancias. Ese sería su duelo, hacer lo necesario para evitar muertes como la mía.
—¿Intentas decir que su plan era volverse un exorcista?
Allen se palmeó la cara y suspiró, reuniendo toda la paciencia en su interior. No entendía, como ese hombre era tan inteligente y tan estúpido a la vez.
—¿Cómo tendría conocimiento una persona normal sobre la inocencia? Ella vio el trabajo de los buscadores ese día, como algo lo suficientemente altruista. Con la ventaja, de poder viajar lejos de las influencias de su padre. La iglesia y por supuesto la Orden, no son una entidad manipulable por la policía. Más bien es todo lo contrario y lo sabes.
Eso tenía sentido.
—Así que buscó refugio en la Orden, por ser el único lugar que su padre no podría manipular, y por ayudar a evitar muertes como la tuya. Vaya que es una persona noble y de buen corazón.
—Ella es más que eso, Komui. Aunque tengo que admitir que fue un poco tonto de su parte. Pero no la puedo culpar por tomar medidas drásticas. Solo déjame aclararte que ella también creía que estaba muerta. Así que no pienses que dudó de lo que le dijeron a mi familia, su sorpresa fue grande cuando me vio aquí.
El alivio inundó al mayor y sintió como se despejaban varias de sus preocupaciones.
—Por lo tanto, solo queda la cuestión de evitar que los altos mandos se enteren de lo que hay entre ustedes. Ya hemos discutido las posibles consecuencias. Así que espero que sepan actuar con discreción al respecto.
—Originalmente, mi plan era hacer que me ayudaras a buscar un lugar seguro para ella. Pero la conozco, y sé que no se irá sabiendo lo que implica el trabajo de un exorcista. Es demasiado amable, y no se quedaría quieta habiendo algo que pueda hacer por ayudar en esta guerra. Por muy poco que sea. Y es inteligente, pero la ciencia no es lo suyo exactamente. El trabajo de un buscador es perfecto para ella. Es intuitiva y mucho más precavida que yo.
Allen hizo una pausa. Suspirando otra vez y cerrando los ojos con el ceño fruncido, con lo que Komui supuso era preocupación en su rostro. Estaba muy impresionado por la forma en la que hablaba de ella. Por lo que esperó para que pusiera en orden sus ideas.
—En realidad, lo que digan los altos mandos no me preocupa demasiado. Tengo la intuición de que nadie dirá nada al respecto. Procuraremos ser discretas en público. Solo espero, que nadie se le acerque demasiado cuando yo no esté viendo.
Eso último lo dijo con una voz profunda que le asustó un poco.
—Allen, creo que exageras un poco con eso. No me lo tomes a mal, pero desde que llegaste, tienes a la mayoría de la Orden... inquieta. Y sé que te has dado cuenta de ello. A pesar de la llegada de Emilia, creo que quien corre peligro sigues siendo tú.
Allen entrecerró los ojos hacia él.
—Tú lo has dicho, por supuesto que me doy cuenta. Pero si notaste la reacción colectiva hacia mí, también te habrás dado cuenta de que nadie ha intentado nada, y supongo que te haces una idea de porqué.
Komui meditó un poco en eso. Y se dio cuenta de que Allen tenía razón.
A pesar del notable interés hacia ella, nadie se le acercaba o le dirigía la palabra demasiado. Al principio, creyó que era por timidez, y debido al peligro que representó acercársele durante el coma que tuvo al llegar. Pero después de que activó su inocencia la primera vez, notó que la mayoría prefería verla desde una distancia prudente.
No había estado durante esa ocasión. Pero según las reacciones de sus subordinados al darle el reporte, dedujo que su demostración con esas hachas, había dejado en claro que cualquiera que intentara pasarse de listo o se le acercara demasiado, no saldría ileso del asunto.
En especial, después de volver de su primera misión y demostrar que era hábil en las artes marciales. Al darse cuenta de que había entendido el asunto, volvió a hablar.
—Como te dije, Lía es amable, a veces más que yo, y suele enamorar de una forma diferente. A pesar de que sabe defenderse, no es alguien a quién le guste hacer daño a las personas y evita recurrir a la violencia. Y ya que has escuchado los rumores, comprenderás porque tuve que actuar como lo hice.
Komui asintió ante sus palabras. Comprendiendo la situación y dándole la razón. Pero su instinto le decía, que Allen estaba esperando el momento para pedirle algo.
—Ya me has asegurado que serán discretas en la medida de lo posible. Sin embargo, sospecho que hay un "pero" que no me has dicho.
—Por favor, asígnale una habitación lo más cerca que se pueda de la mía.
—Haré lo que pueda.
—Y tenía pensado pedirte, que solo se le asignaran búsquedas y misiones conmigo. Pero ya me discutió por eso. Y aunque me moleste, tengo que admitir que tiene razón con que sería demasiado sospechoso, y podría perjudicar sus funciones. Es demasiado responsable y no le gustan los favoritismos. Sin embargo, no puedo dejar de pedirte, trates la manera de que no se separe mucho de mí.
En ese momento, Komui se dio cuenta de que en lo que respectaba a Emilia, era mucho peor que él con Lenalee.
—No puedo prometerte nada, ya que mi autoridad abarca más al departamento científico y a los exorcistas. Haré lo que pueda, pero no esperes demasiado al respecto.
Allen gruñó, completamente inconforme por ello, pero asintió.
Luego de aclararlo todo, le dio los detalles más relevantes de su misión y se retiró de la oficina. Conforme por cómo se habían dado las cosas. Pero al salir, se tambaleo y soltó un gemido de dolor mientras sostenía su cabeza.
Emilia le esperaba fuera de la oficina. Al verla recargarse contra la pared, pálida y sosteniendo su cabeza, se apresuró hacia ella. Y sin perder tiempo ni decir nada, la ayudó a volver a su habitación.
En lo que respectaba al sentido de la orientación, era completamente diferente a Allen, por lo que no le costó tanto encontrarla. Al llegar, se apresuró a recostarla en la cama y cerrar las cortinas, para bloquear el paso del sol de la tarde.
—Te tardaste un poco. Me estaba empezando a preocupar precisamente por esto.
—No podía dejar cabos sueltos. Tenía que evitar que sospechara de tus motivos para entrar. Lamento preocuparte.
—No te disculpes por eso. Debería ser yo quien se disculpe contigo por esto. Sé que era necesario, pero aun así...
—No pienses en eso. L-lo hice po-or...
—No intentes levantarte, va a empeorar. Cierra los ojos y relájate.
Allen se rió un poco. Pero le hizo caso y el silencio reinó hasta que la palpitación en su cabeza disminuyó, y su corazón dejó de latir con tanta rapidez.
Emilia sostenía su muñeca, y esperó pacientemente hasta que su pulso se hizo un poco más normal. Entonces rebuscó entre su saco de buscadora, hasta que encontró una bolsa marrón y la sacó con cuidado.
—Tienes que admitir que fue más beneficioso que te buscara. Solo Dios sabe que tanto tuviste que aguantar esto. — aunque intentó que sonara a regaño, no pudo ocultar la preocupación en su voz.
—No mucho, a decir verdad. Más que nada al principio. Pero sabes que la evasión es el mejor método para no decir mentiras.
—Y tú eres una experta por supuesto. —su voz era sarcástica y le miró con reproche. —Tanto que hasta evades por "accidente" las consecuencias de eso. Pero no conmigo aquí. Así que no abras los ojos. No tendré compasión contigo por esto.
—Que cruel. —tembló ligeramente.
Emilia deshizo el nudo de la bolsa, y tomó una considerablemente más pequeña bolsita roja de su interior. A pesar de haber asegurado que no tendría compasión, con delicadeza levantó el fleco que cubría el lado izquierdo del rostro de Allen. La colocó con cuidado sobre el inicio de la cicatriz, y poco a poco empezó a ejercer presión hasta que esta empezó a desintegrarse entre sus dedos.
"Señor, no me reprendas en tu enojo,
ni me castigues en tu furor.
Porque tus saetas se han clavado en mí,
y sobre mí ha descendido tu mano.
Nada hay sano en mi carne a causa de tu indignación;
en mis huesos no hay salud a causa de mi pecado.
Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza;
como pesada carga, pesan mucho para mí". (Salmos 38: 1-4)
Cuando terminó de recitar el versículo y ya no había rastros de la bolsita, retiró su mano de la cicatriz y volvió a acomodar su cabello. Solo entonces, Allen abrió por completo los ojos y se incorporó en la cama. Su rostro ya no estaba pálido y le sonrió con ternura.
—¿Mejor?
—No tienes idea de cuánto te extrañé.
—Eso es evadir el tema. Pero supongo que terminará de hacer efecto pronto.
—Es solo que no me gusta preocuparte.
—Con eso solo me preocupas más. Puedo imaginarme por qué no hace efecto de inmediato. —le regañó. Allen no le podía discutir eso.
Se sentó a su lado y tomó sus manos entre las suyas. Con la mirada baja y acariciándolas mientras las miraba con curiosidad. Sabía lo que estaba viendo. Le incomodaba un poco, pero no se alejó de su toque.
—Así que esto es Inocencia.
—Si.
—Sé qué no es conveniente hablar de esto aquí. Así que no preguntaré por el momento. — levantó su mirada y Allen se tensó un poco, haciéndose una idea de lo que estaba por decir. —Pero será mejor que me hables sobre esos tipos que te estaban siguiendo. En especial de ese pelirrojo.
Sabía que eso era inevitable. Si ella era celosa, Emilia no se quedaba atrás. Por lo que ahora era el turno de darle explicaciones a ella, para evitar que tuviera dudas. Con la diferencia, de que ahora no estaría mintiendo ni modificando la verdad.
Y con eso, sintió que por fin respiraba el aire puro, que no había respirado desde hace tres meses.
.
.
.
Bueno, bueno. Este capítulo a pesar de que tiene algo de información sobre eventos del pasado, considero que abre el telón para los misterios y las complicaciones. Wuajajaja. ¿Se esperaban que esta chica fuera la persona más importante para Allen Girl? Aunque sigo creyendo que no era del todo un misterio espero que alguien se haya sorprendido Jeje. haciendo esta pregunta, entrare de nuevo al apartado...
Orígenes de esta historia, sin cumplir el orden en el que se dieron: Cuando me obsesioné con Man, sus personajes y mi Shipp favorita, por supuesto que empecé a buscar fanfics, Doujinshis, fanarts etcétera, etcétera. Y por supuesto que encontré el material necesario para saciar mis ansias de esta serie. Peeero, me encontré con un punto en común en varios de los fanfics AU's... y es que a esta chica siempre la usaban para hacerle la vida imposible a Allen por su obsesión con Kanda. En algunas historias incluso la ponían como la prometida y le hacían un OOC de esos que hace que uno termine detestando al personaje.
Vinculando esto a mis notas del capítulo anterior, fue que me di cuenta que esta chica merecía ser favorecida con mi redención del personaje. jajajajajaja. Alv. Porque si no era a ella, usaban a Alma en su versión femenina o incluso la masculina. En esta historia mis planes para Alma son otros, así que me dije a mi misma: mi misma, el único delito de esta chica en el canon fue que se le quedó viendo a Kanda y dijo algo que todo el fandom sabe y reconoce... y eso fue: ¡Que Guapo!
Y no pues, las consecuencias de eso en los fics se hicieron monumentales jaja, pobre mujer. Por lo que cuando esta historia empezó a tomar forma en mi cabeza, me puse a pensar y me dije... "Quiero hacer algo diferente, y como Allen va a ser chica... pos no puedo escribir yaoi..." Eso me puso un poco triste y fue cuando nació la idea del Yuri. Pero entonces pensé otra vez... "Si hago que la pareja sea alguien que ya está en la orden entonces no va haber mucha emoción... y necesito justificar esto, esto, y esto otro, Ah! y necesito que pase esto... Crear un OC no me llama mucho la atención... así que... ¿Quién me queda? Oh, puedo hacer que este personaje sea redimido a través de mis locuras. xD"
Y así fue como decidí que esta chica en esta historia ni siquiera va a determinar a Kanda. (risa malvada de fondo) ¿Qué les parece? Tengo que decirles que este personaje va a ser una pieza en el tablero que va a representar muchos misterios. Ponerla como la pareja de Allen no es solo para saciar mis ansias de homosexualidades (que si son muchas, a decir verdad). Es importante para Allen más allá del ámbito sentimental. Por el momento es todo lo que puedo decir, y espero que no la odien. Es más, mi meta es hacer que la quieran un poco.
Pasando a otro punto... creo que en este capítulo se empiezan a notar ciertas cosas de Allen que por el momento pueda que no tengan sentido Jeje, pero ya mas adelante lo sabrán. Y por si no quedó claro... Sí, le mintió a Komui. ¿Ustedes qué piensan? ¿dejó cabos sueltos? ¿Es convincente su explicación? ¿Komui se dejó engañar muy fácilmente? Todavía no revelaré en que fue que mintió con exactitud. Eso lo descubrirán más adelante en los extras de la historia.
Los misterios se empiezan a cultivar en esta etapa de la historia. Por lo tanto, queda oficialmente inaugurada la etapa de los misterios. En otras palabras, la segunda parte de la historia. (Celebra bailando tango y tirando confeti). Por lo que quiero volver a recordar que la narrativa no abarcará mucho el punto de vista de Allen. Al menos en un buen rato. Jeje, y si hay algo que no se entienda, pueden preguntar que con gusto tratare de explicar sin dar spoiler.
De nuevo me excedí en las notas, pero es mi forma de interactuar con el público fantasmon y aquellos que si comentan y votan. xD
Sin nada más que decir, gracias por leer. By KNM.
