Capítulo Once

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Desde la llegada de Emilia a la Orden se podía notar, que había una clara diferencia entre la Allen sin Emilia y Allen con Emilia.

De eso habían pasado dos meses y era notable el cambio en ella. Pues cuando recién despertó, se notaba que, a pesar de sonreír, ser educada y amable, había que reconocer que se notaba de cierta forma apagada y decaída.

Y ahora sencillamente parecía brillar.

La chica también tenía su forma de hacerse querer, ya que a la semana de haber llegado a Allen se le asignó una misión y por fin se despegó de ella. La misión debería haberle tomado cinco días, pero la terminó en tres, y fue más que suficiente para que todo el mundo se diera cuenta de porqué le tenía tanta devoción.

Durante esos días, Marie había regresado y se quedó lo suficiente para darse cuenta de que Emilia, era sencillamente una persona que por más que alguien quisiera odiar, no se podía. A pesar de lo que representaba su llegada para todos los pretendientes que tenía Allen en la Orden; era imposible que alguien quisiera hacer algo en su contra por eso. O delatarlas para hacerles daño.

No sonreía tanto como Allen, pero sus ojos celestes siempre parecían hacerlo en su lugar. Marie se tomó el tiempo de conversar ligeramente con ella, al ver que Lenalee por alguna extraña razón la evitaba. Y Miranda se sonrojaba al verla y salía corriendo en la dirección contraria.

Entendible, tomando en cuenta que no estaba en la Orden cuando Emilia llegó, y al ir a buscar a Allen a su habitación casi de madrugada, no había resultado como ella esperaba.

Dejando de lado ese factor incómodo, se dio cuenta que era sencilla, con corazón bondadoso y desinteresado, que lo único que quería era estar con la persona que amaba.

—En realidad el que esté aquí no tiene muy tranquila a Allen, joven Marie, así que debo ser precavida. Debo tener cuidado la primera vez que salga, y siempre regresar sana y salva a su lado. También quiero ayudar a los demás y ser de utilidad aquí.

—Descuida, sé que lo harás bien.

Después de eso salió sola por primera vez y la británica casi se vuelve loca. Solo era una misión de reconocimiento que le tomaría una semana, en la que iba otra mujer buscadora. Pero eso no parecía tranquilizarla para nada.

Durante esos días, Kanda le buscó pelea a Allen por motivos absurdos. Y fue un espectáculo digno de ver. Se había enterado por boca de Daisya, de la sesión de entrenamiento que tuvieron luego de su primera misión juntos; y al abordar a Kanda, se dio cuenta que este sentía una desconfianza inexplicable hacia ella debido a esa pelea.

Marie no sabía mucho sobre Allen y pocas veces la había visto antes de eso, pero no creyó que lo primero que sentiría hacia ella sería miedo. Enojada era completamente diferente a como se le conocía normalmente. En esas circunstancias había dudado en intervenir, pero era mejor hacerlo antes de que todo se volviera un desastre.

Pero Kanda se lo buscó. Así que no se le podía culpar del todo a Allen.

Y cuando la chica regresó, fue como ver a un oso salvaje convertirse en un oso de felpa. Todo un contraste que demostró, que la única con ese poder sobre Allen era Emilia.

La segunda vez que salió de la Orden, había sido precisamente al lado de Lenalee y Miranda; al regresar todo el mundo se dio cuenta que la china se arrepentía terriblemente de su rechazo inicial hacia ella. Y Miranda, había olvidado lo que sea que la mantenía huyendo de su presencia.

Desde entonces procuraban hacerle compañía cuando Allen no estaba, y hasta la invitaron a formar parte de su entrenamiento, cuando se enteraron que la chica había sido quien le enseñó lo más básico de la defensa personal. Algo con lo que Miranda aprendió varias cosas, y que fortaleció su confianza hacia la buscadora más joven y bonita de la Orden.

La belleza de Emilia, no estaba tanto en su apariencia como con Allen. Era más baja que ella y más tímida. Pero había algo, que hacía que no pudieras evitar querer acercártele y tratarla bien.

Las únicas dos personas que de verdad todavía no la toleraban del todo eran Lavi y Kanda. El primero era obvio el porqué. El segundo de por si no soportaba a nadie, pero con ella era especialmente desagradable. Cosa que le causaba más problemas con Allen de los que antes pudieron tener.

Poco después de darse cuenta de que su desprecio era mayor hacia ella que el que sentía por nadie más, le preguntó al respecto y su respuesta lo desconcertó bastante.

—Esas dos mujeres son extrañas. El brote de habas oculta algo y esa enana claramente sabe que es. Pero no solo es eso; sus colores me molestan más que los del resto, brillan demasiado y su aura nunca cambia. Eso es sospechoso.

Ciertamente, Marie nunca había podido comprender del todo por lo que pasaba Kanda debido a su habilidad. Sabía que no era tan malo como todos pensaban. Pero su actitud hacia la francesa, ponía en duda todas sus convicciones de que Kanda no era una persona despiadada por naturaleza.

Y ahora, en esos instantes, estaba experimentando por primera vez el enojo hacia el pelinegro.

Hacía mucho tiempo que no tenía una misión junto a Kanda, y a pesar de que su humor no era precisamente el mejor, en esta ocasión estaba mucho peor que nunca.

Antes de salir, Allen le había pedido que cuidara de Emilia, que había salido el día anterior. Ella tenía otra misión cerca de Australia junto a Krory y también iba de salida. Marie le prometió, que haría todo lo posible para que no le pasara nada. Estaba por salir, cuando lo detuvo y le dijo algo que en ese momento no había podido comprender del todo.

—Marie, una persona normal tiene derecho a enojarse ante una injusticia, y a actuar en consecuencia a eso. Por lo que no te sientas mal, cuando te des cuenta de que para todo hay un límite y quieras hacer algo al respecto.

Justo ahora lo entendía.

Les habían enviado a Dragor al oeste de Dinamarca, por una imagen de la virgen que había empezado a brillar recientemente. Al tener una conexión directa con la iglesia se les informó de inmediato.

Emilia les esperaba en el lugar, y al llegar Kanda ni siquiera la miró ni respondió a su saludo. Su tono de voz cuando le pidió los detalles al llegar a la capilla, molestó hasta a las monjas que les habían recibido en el lugar.

Cuando preguntó si necesitaban ayuda con algo más, le habló despectivamente. Ni siquiera le dio tiempo de terminar la pregunta, y cuando salieron a los alrededores, la reprendió por seguirlos; recalcando su posición como una simple buscadora, que había entrado a la orden por cuestiones dudosas.

En todo momento Marie trató la manera de mantenerse a raya, aplacando la molestia de las monjas hacia el japonés, y viendo de reojo a Emilia, para cerciorarse que tanto le habían afectado las acciones injustificadas de desprecio hacia su persona.

Ella al notar su preocupación le sonrió.

—Descuide, joven Marie. Después de todo mi trabajo solo consiste en guiarlos y darles la información.

—Emilia, no te menosprecies por su actitud. Ser un buscador también tiene su mérito.

—Eso no es lo que parece opinar el joven Kanda.

—No le hagas caso.

—No lo hago.

Emilia volvió a sonreír tranquilamente. Pero no se volvió a ofrecer para hacer algo más. Y se quedó en la capilla anunciando que los esperaría allí, mientras ellos inspeccionaban los alrededores, buscando otros factores que pudieran contribuir al extraño acontecimiento de la imagen.

Allen le había dicho que ese sujeto era capaz de ver las emociones de la gente. Recalcando el hecho de que, a pesar de su habilidad, era todo lo contrario que podría esperarse de alguien con esa capacidad. Alguien a quien las emociones de los demás por lo menos le crearan cierto grado de consciencia y empatía.

Ya con anterioridad había sido antipático con su persona, pero en cada una de esas ocasiones, siempre hubo alguien que se la llevó en la dirección contraría, para evitar que Allen se enterara y le cortara el cuello al oriental por su comportamiento. Una postura más encarrilada a la evasión que tanto detestaba.

Aunque completamente inútil, Allen siempre se enteraba y no precisamente porque alguien se lo dijera. Mucho menos ella.

Marie por otro lado, parecía no ser capaz de detenerlo de lanzar la piedra y pedía disculpas en su lugar. Un método un poco más errado desde su punto de vista.

Por eso mismo prefirió quedarse junto a las monjas hasta que ellos regresaran. Era mejor mantenerse lejos de su vista. De lo contrario, Allen podría ponerse violenta y eso le podría traer problemas. Aunque, si lo pensaba un poco, podía pedirle que hiciera algo al respecto que no involucrara la violencia. Sabía que si se lo pedía lo haría. No muy feliz, pero lo haría.

Sonrió ante su idea. Con eso tal vez hasta podría ser, que ese tipo dejara de meterse con el resto. Con esa convicción en su corazón los esperó, mientras una de las monjas le ofrecía algo de té.

Mientras tanto, Marie y Kanda revisaban las demás imágenes exteriores de la iglesia y los vitrales. Pendientes por si aparecía algún enemigo que les dificultara la tarea.

Al final, resultó que había sido una mala broma de un pobre hombre afectado mentalmente, que regularmente asustaba a las personas cerca del bosque.

Cuando acabaron con el asunto Kanda estaba furioso, ¿cómo se atrevía esa inútil a traerlos a perder el tiempo? Debería haberlo sabido desde el principio, la falta de akumas debió ser prueba suficiente, de que eso no tenía nada relacionado con la inocencia. A estas alturas esa mujer debería saberlo. Era su trabajo.

Con furia, caminó en dirección a la iglesia de nuevo, dispuesto a ponerla en su lugar para que entendiera cómo hacer su trabajo.

Pero no contó con que Marie. Oh, el amable Noise Marie, se le pusiera enfrente desprendiendo un muy poco común enojo alrededor de él. Eso fue suficiente sorpresa para hacerlo olvidar lo que estaba por hacer.

—Detente. Emilia no tiene la culpa de que se nos haya enviado, y al final resultara no ser lo que creíamos. —por primera vez en su vida, Kanda lo vio con una expresión que no era su habitual calma, y unos colores que desprendían indignación y cólera. — Si quieres rematar contra alguien, haz una queja formal ante Komui. Pero no la humilles más. Ella solo sigue órdenes al igual que nosotros.

—¿Por qué la defiendes?

—Kanda, tu actitud hacia ella es más agresiva que hacia el resto. Dices que es por sus colores y porque crees que Allen oculta algo. La verdad es que no entiendo por qué, y creo que estás viendo cosas donde no las hay, así que deja de comportarte como un cretino.

Kanda estaba dispuesto a seguir discutiendo; cuando un grito proveniente de la capilla se dejó escuchar, y una explosión cercana sacudió el suelo.

Dentro de la capilla, las monjas y el sacerdote se ocultaban dentro del talismán que Emilia había activado junto a otro buscador. Quien había estado recopilando información, antes de que se aclarara el asunto de la imagen.

Mientras discutían lo acontecido, y ella les daba indicaciones de cómo proceder si el hombre volvía a molestar, entraron tres personas de porte sospechoso, que se deformaron ante los ojos asustados de todos.

Ya en una oportunidad, Emilia había visto akumas de nivel dos. Aquellos que ya tenían raciocinio y eran más peligrosos que los que estaban frente a ellos en ese momento. Justo cuando empezaron a transformarse, gritó para que se posicionaran a sus espaldas y activó la barrera, poco faltó, para que alguno fuera impactado por las balas que empezaron a disparar esas criaturas.

De repente dejaron de prestarles atención, y se concentraron en la persona que venía entrando y los miró con indiferencia.

Simple escoria de nivel uno. Kanda acabó con los tres que estaban asediando a los lugareños que la enana protegía. Se concentró y de inmediato se dio cuenta, que no eran los únicos que rondaban el lugar.

Justo en el momento preciso, se dio cuenta del lugar que pensaba atacar el Akuma de nivel dos que aún aguardaba afuera. Prefirió no moverse de momento, Marie aún estaba afuera y tenía más facilidad y visibilidad para acabar con el más rápido. Él mientras tanto se encargaría de los otros dos que se acercaban por el costado izquierdo del lugar.

El trabajo en equipo resultó efectivo. Pero extrañamente aparecieron más de nivel uno de entre los edificios, causando que su atención se dividiera entre los de nivel dos y los de nivel uno. Joder, de repente resultó que eran más y los estaban rodeando más rápido de lo que imaginó.

Eso no era normal.

Había demasiados como para que fuera un ataque improvisado. Y durante la batalla, se dio cuenta que extrañamente el causante de todo el alboroto que los llevó originalmente a la capilla, se transformaba en un akuma de nivel tres. ¿Qué carajos?

Por un instante, Marie y Kanda se quedaron en shock ante tal acontecimiento. Durante los años que tenían de deambular por el mundo derrotando akumas, era la primera vez que veían algo semejante. Y Marie no podía creer, que algo como eso se les hubiera escapado a los sentidos de Kanda.

Su don especial era la principal fuente de todo su mal comportamiento, pero también sabía que era su mayor ventaja en batalla. Ningún akuma lo podía tomar por sorpresa, y por lo regular era el primero en notarlo.

Nada de lo que les estaba pasando tenía precedentes. En especial la transformación de ese akuma de nivel tres. Según registros y experiencia, un akuma que ha evolucionado hasta ese punto no volvía a ocupar la forma humana que había robado. Y siempre que atacaban, lo hacían de frente y sin trucos escondidos. Vanagloriándose de su evolución y la destrucción que estaban por causar.

—Funcionó a la perfección. El Conde tenía razón. Tus habilidades tienen un límite, Kanda Yuu.

—¿Cómo es que sabe de ti, Kanda? —En este punto de la batalla, Marie se estaba empezando a inquietar. Y la declaración del demonio le causó escalofríos.

Sumando el hecho de que de la capilla no quedaba nada, y lo único en pie, era la barrera que era sostenida por los buscadores.

—No me interesa. —Kanda sabía que los detalles de su don no eran precisamente un gran secreto, pero no creyó que alguien que no fuera de la Orden lo supiera. — No te distraigas por eso. Hay que destruirlo cuanto antes.

—Y por lo que veo, también era cierto eso de que eres un completo mal educado. —se burló la criatura.

—No pienso desgastar modales en escoria como tú.

—Créeme que querrás hacerlo, si quieres que esa gente tras la barrera siga con vida.

—Eso no me...

—Basta, Kanda. —Marie impidió que dijera lo que estaba por decir. Algo le decía, que eso le traería problemas con su unilateralmente autoproclamada enemiga dentro de la Orden. —Tú lo has dicho, no hay que distraerse, pero es mejor si nadie sale herido.

Kanda resopló, Marie no lo había dicho en voz alta; pero era mejor no alterar al akuma, de que había alguien entre esa gente por quien era mejor preocuparse en serio si querían tener paz dentro de la Orden.

Entre todo el intercambio, se las habían arreglado para acabar con todos los demás akumas de nivel uno y dos, que estaban bajo las órdenes de ese particularmente más problemático de nivel tres.

Por lo que, poniéndose frente a él, se prepararon para acabar con el asunto de una vez por todas. Pero una de las desventajas de pelear contra un Nivel Tres, era que eran mucho más problemáticos que los anteriores. Todavía no se había movido y no parecía tener intenciones de mostrar sus habilidades tan pronto.

Marie temía que en cualquier momento atacara a las personas tras la barrera. Emilia se mantenía firme junto al otro buscador, pero era mejor no correr riesgos. Tenían todo en su contra. El pueblo también estaba extrañamente desierto, y entre tanto alboroto no se habían puesto a pensar que había más gente en peligro.

Cuando el Akuma por fin se movió fue directamente a atacar la barrera, e ignoró por completo los hilos de la inocencia de Marie. Kanda se movió con velocidad para interceptarlo, y logró que desviara su curso considerablemente, pero eso por alguna razón se sintió incorrecto.

El Akuma se burló.

—Caíste, pequeño exorcista. El contacto con tu inocencia era lo que estaba buscando.

—¡Kanda! —gritó Marie.

La piel de Kanda se empezó a agrietar y a volverse de un enfermizo tono gris.

—Morirás tan pronto el veneno llegue a tu corazón. Al ritmo que va, te queda cuanto mucho media hora.

No porque lo haya alcanzado la habilidad de esa criatura, Kanda se iba a detener. Marie temía por eso precisamente, se hacía una idea de porque no lo haría. El que ese Akuma le hubiera engañado y después atacado, lo habría de estar mortificando grandemente.

Marie no perdió el tiempo, y se apresuró a envolver al Akuma con sus hilos para hacerle daño. Mientras Kanda, a pesar de su condición no cesaba en sus ataques.

—Mugen, Segunda ilusión.

—Pierdes tu tiempo, Exorcista. Mi misión aquí está por terminar.

—¿De qué demonios hablas? —ninguno de los dos exorcistas detenía sus ataques. Pero el demonio no se inmutaba para nada incluso entre los hilos de Marie; completamente expuesto a la melodía de Noel Órganon.

—Este mensaje es para todos los exorcistas. En especial para ti, Exorcista de los ojos abiertos. "Ninguno de ustedes verá un futuro, no importa cuánto se esfuercen, ha llegado su fin".

¿Exorcista de los ojos abiertos? Eso los confundió a ambos. No podía ser algo literal. Y justo al mismo tiempo, se dieron cuenta de lo que podría significar y a quién iba dirigido.

Sin molestarse siquiera en la confusión que produjeron sus palabras, el Akuma siguió hablando.

" Ha llegado la hora. El preludio de siete mil años ha llegado a su fin. Ahora comienza la nueva melodía, no se pierdan el momento en el que se abra el telón. Ustedes son los actores principales, Exorcistas."

Luego de decir esas palabras se libró de las ataduras de Noel Órganon. Y de sus manos empezó a salir un humo extraño. Era veneno. Esa esencia desprendía muerte y devastación. Marie empezó hacer de todo, para que ese humo no llegara hasta la barrera.

El sello en el cuerpo de Kanda estaba luchando contra el veneno. Estaba llevando más tiempo de lo que creyó. Pero no se daría por vencido, no moriría de una manera tan patética. Si el akuma se dirigió a él en especial tenía que significar algo. Pensaría en ello más adelante, por el momento, se tenía que centrar en el enemigo.

Por lo que siguió atacando sin descanso. Pasando a la siguiente etapa de la segunda ilusión de Mugen, causó mucho más daño en su adversario. El Akuma se enfureció y empezó a pelear a puño limpio contra su espada.

Marie había logrado que el humo se dispersara y no alcanzara la barrera, por lo que se unió a Kanda en el asedio. Juntos estaban logrando acabar con el enemigo.

De repente, una luz empezó a salir de su frente y un pentáculo se hizo presente. Causando que la criatura se quedara quieta, como prestando atención a algo que estaba frente a él, y que solo él podía escuchar.

—Entiendo. Mi Señor. Volver a mi Señor de inmediato.

—Eso sí que no, no te iras, escoria inmunda. —Kanda no se detuvo en ningún momento, si no destruía al Akuma de verdad iba a morir por su culpa. Marie entendió lo mismo y volvieron a atacar con renovada energía.

El Akuma quería irse, pero ellos se lo impidieron. En su prisa por cumplir con la orden del Conde, el demonio se olvidó de atacarlos, por lo que le estaban sacando ventaja. Debido a su deseo por obedecer de inmediato, se había debilitado y cuando lo tenían acorralado por fin reaccionó. Pero ya estaba muy lastimado. Por lo que, con enojo, volvió a atacarlos de manera despiadada. Aun en su agonía, se las arregló para mandar a volar a Marie.

Y Kanda estaba por ser atravesado por sus garras inyectadas en veneno. Estaba listo para evitarlo y defenderse, pero no lo iba a lograr a tiempo y el daño sería peor. Pero un destello pasó a un costado de su mejilla a una velocidad impresionante, evitando el ataque.

Para su asombro un cuchillo se había incrustado justo en el pecho del demonio. Lo había atravesado limpiamente, y hecho que retrocediera considerablemente debido al impacto. Por la reacción del Akuma, este tampoco sabía a ciencia cierta de dónde había venido. Pero todo quedó claro, cuando Marie gritó con desespero desde su posición en el suelo.

—¡Detente! ¡Emilia, no!

Por supuesto la chica no lo escuchó. Kanda no supo cómo reaccionar, mientras veía como pasaba todo a la velocidad de la luz. Pero al mismo tiempo en cámara lenta.

Emilia llegó hasta el Akuma y sacó el Sai(1) de su pecho, y con uno exactamente igual en su otra mano apuñalaba su garganta; un destello salió de las armas en sus manos cuando estuvieron clavados en el mismo lugar, para luego cruzarlos y arrancarle la cabeza. La cual se desprendió con facilidad y rodó lejos del resto de su cuerpo. Con una patada mandó lo que quedaba del demonio lejos de ella. Causando que la explosión no le afectara en lo más mínimo.

Todo el mundo se quedó en shock. Viendo como la chica no se veía afectada por el esfuerzo, y sin entender como había hecho eso. Con un movimiento fluido se paró a pocos metros de Kanda.

—¿Joven Kanda, se encuentra bien? —preguntó, pero no se le acercó. Con eso Kanda por fin salió de su estupor.

—¿Cómo demonios hiciste eso? —la pregunta habría sonado menos agresiva si hubiera venido de Marie. Pero Kanda era quien estaba más cerca de ella, y eso definitivamente no iba a ser amable.

Por suerte, Marie se había recuperado y se apresuró a detener la mano de Kanda, que estaba por alcanzar a la chica para zarandearla en busca de respuestas.

—Kanda, tranquilízate. Deja que nos explique las cosas con calma.

—Tranquilizarme y una mierda. ¿Marie, ahora entiendes que esta es igual de extraña que la otra tipa esa?

—Por favor no se exprese así de Allen, joven Kanda. —Emilia no toleraba que se refirieran a ella de manera tan despectiva, y menos con el tono que había usado Kanda. —Fue ella quien me dio estos Sais, tienen parte del cristal de sus argollas.

Demostrando su punto levantó el arma, dejando a la vista la "joya" que descansaba al borde del mango, justo donde empezaban los guardamanos. Brillaba de manera intermitente y débil con un tono entre verde y rojo. No se distinguía bien donde empezaba cada uno. Se veían perfectamente fusionados. La hechura y acabado de esos Sais era sin duda exquisita. Cualquier coleccionista o experto, quedaría impresionado por esas armas.

Pero Kanda solo se sentía furioso.

Marie por otro lado fue más objetivo, y se preguntó cómo había hecho Allen semejante cosa. Emilia al ver las reacciones de los dos, explicó con paciencia: —Le tomó mucho tiempo a Allen hacerlos. Y solamente funcionan en casos como estos, cuando el Akuma ya está moribundo. Fue por eso por lo que solo los pude usar en estas circunstancias.

—Definitivamente, Allen se preocupa mucho por ti, Emilia. —para Marie esa era suficiente explicación.

—Y yo por ella, joven Marie. —la luz en sus ojos hizo que Kanda por fin dejara de mirarla con odio. Los colores de esa enana al decir eso se volvieron más brillantes. De por si esa mujer siempre brillaba más, pero cuando estaba con el brote de habas o hablaba de ella, era cegador.

Prefirió dejar el tema en paz y se dio la vuelta para irse lo más lejos posible de ella. Ya más adelante se preocuparía de averiguar si lo que decía era verdad. Mientras Marie lo perseguía para intentar calmarlo.

Fue por eso, por lo que nadie notó cuando Emilia escondía un extraño objeto dentro de su gabardina. Aprovechando que parecía que solo estaba volviendo a guardar los cuchillos que había usado anteriormente, y que había civiles que tranquilizar y poner a salvo. De los cuales, por supuesto no se haría cargo el par de exorcistas.

Allen tenía que saber todo lo que había visto y oído. Y la existencia de esa piedra que sacó del pecho del Akuma, definitivamente no iba a estar dentro del reporte que entregaría a la Orden.

Viendo el panorama después de esa misión, los planes de Allen iban a tener que acelerarse. Y eso preocupaba mucho a Emilia. Todo tenía que salir bien, si querían que al terminar los secretos de Allen quedaran intactos.

—Parece que llegó la hora, Allen. —susurró.

Pero sin importar qué, Emilia iba a estar a su lado para ayudarla.

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(1)Sai: es un arma de origen asiático pero preservada en su manejo en okinawense. Se cree que fue una herramienta agrícola que se convirtió en arma, pero también se afirma que evolucionó desde un principio como un arma. Su forma básica es la de una daga sin filo, pero con una aguda punta, con dos largas protecciones laterales ('guardamanos' o tsuba en japonés) también puntiagudas, unidas a la empuñadura. Los sai se construyen de variadas formas, en algunos, la punta central es redonda y lisa, mientras que otros son octagonales. El tsuba es tradicionalmente simétrico, con ambas puntas apuntando hacia el frente, sin embargo, existen algunas variaciones del Sai.

Wuuuu (baila en la pista de su imaginación) Aquí regresamos en parte a la acción y los misterios de la historia. Y quiero aprovechar para crear otra sección especial de las notas de autor y es...

Las escenas que más quería escribir y estaban pensadas desde hace mucho: De nuevo esta es una sección que no va en el orden en el que nacieron jeje. Porque si de orden estamos hablando... la escena del capítulo nueve en donde Allen se encuentra con Emilia es la... segunda. xD Siiiiii gente, esa es la segunda escena que más quería escribir desde que empecé a crear esta historia. Y no se imaginan lo mucho que disfrute haciéndolo. Y la tercera es la pelea de Kanda y Allen que aparece como Flash Back. Yo creo que eso fue lo que más les gusto del capítulo Jaja. Ahora, la que más quería escribir de este capítulo es... pos si, la escena final. Cuando Emilia interviene en la pelea, cuando Kanda dice que brilla demasiado y cuando saca los cuchillos y defiende a Allen.

Esas eran, por decirlo de alguna forma, unas de las escenas base de la historia. Y fue cuando eso empezó a tomar forma en mi imaginación que escribir esta historia se volvió un reto. Por eso es que digo que esta historia es algo así como que el hijo que planifique con cuidado. Y no es producto de una noche de arrebato pasional. jajajaja comparaciones v*gas. En fin.

Como curiosidades generales de la historia: Como habrán notado aquí esta chica es de cabello castaño y en apariencia física un poco diferente a la animación del Man-Hallow. Y déjenme contarles que yo la mayoría de las cosas que no se sobre el manga voy y las consulto al manga directamente o a la WikiFandom. Y en el WikiFandom dice que es de cabello castaño claro, lo de los ojos celestes me lo invente ya que son de color chocolate los de ella en el manga, decidí dejarlo así para que no se parezca mucho al cabello de Allen. Jeje. En si, este personaje es el que más OOC tiene en esta loca idea mía. ¿Qué les parece?

Aparte tengo que decir que a partir de ahora vamos a ponernos un poco más serios, y vamos a entrar en etapa de misterio, en esta segunda parte entramos en mi versión del arco del viaje a Edo. Y omitimos otros hechos del canon que no mucho me sirven para este fanfic. Jeje. Pero eso no significa que no los vaya a tener en cuenta, sino que más bien voy hacer mi versión de los mismos, y espero que les guste. xD

Entonces... ¿dudas? ¿Algo no se entendió? ¿creen que hay misterio? ¿algo que creen que no tenga coherencia? con esta última pregunta déjenme decirles que si hay algo que es así. Jeje, es temporal esa incoherencia. O al menos eso espero. Aunque... ¿Saben? tengo un poco de miedo que debido a lo que representa todo el anterior capitulo y estas notas, ya no quieran seguir leyendo... Pero espero que no sea el caso.

Bueno, estas notas fueron menos, pero creo que es mejor así. Y sin más que decir, gracias por leer. By KNM