Capítulo 72.

Múnich.

Nela decidió no perder el tiempo para llevar a cabo la resolución que tomó tras haber hablado con Bárbara; considerando que tendría que recibir las respuestas de las universidades en un plazo menor a dos semanas, mientras más pronto arreglara esa cuestión con su novio, sería mucho mejor. Nela había acordado cenar con Sho en el departamento de éste y resolvió que aprovecharía para hablar con él; siguiendo un impulso, la joven le envió un mensaje a Shunko y le pidió que no preparara la cena porque ella llevaría comida.

"Oh, ¿y eso?", quiso saber Shunko. "Me encanta la idea de que cocines para mí, pero tengo curiosidad de saber por qué repentinamente decidiste hacerlo".

"Voy a cocinar para los dos, no te emociones", fue la contundente respuesta de Nela. "Y lo voy a hacer para demostrar que los ingleses no apestamos cocinando".

"Nunca lo he pensado", contestó Sho, aunque ella sospechó que le mentía. "¿Y qué delicia vas a prepararme?".

"Pastel de riñones", fue la respuesta de Nela.

Sho no tenía manera de saber que ella no estaba hablando en serio, pues Nela, como buena inglesa, rara vez hacía este tipo de bromas; además, acostumbrado como estaba a comer casi cualquier cosa (incluso caldo de murciélago aderezado con coronavirus), para él no era repugnante el pastel de riñones, como sí lo sería para alguien más occidentalizado. De esta manera, Sho se asombró cuando Nela apareció en su departamento con un plato llamado Shepherd's Pie, el cual consistía en un sofrito de carne de cordero con verduras, cubierto con puré de papa; si bien la comida ya estaba preparada en su gran mayoría, ella le pidió permiso de usar su horno para gratinar el platillo y, cuando Shunko lo probó, pudo constatar que estaba muy delicioso.

– No sé quien te dijo que los ingleses no saben cocinar, pero miente –aseguró Sho–. Esto te ha quedado de maravilla.

– Gracias. –Ella lucía muy satisfecha consigo misma–. Es cierto que la gastronomía inglesa no es muy apreciada en otros países de Europa, pero tenemos platillos muy buenos.

– Sin embargo, es muy curioso que su pastel de riñones no tenga riñones –comentó Shunko, al acabar el último bocado.

– Esto no es pastel de riñones, tonto –se rio Nela–. Es pastel de pastor*, en todo caso.

Sho podía darse cuenta de que su novia estaba actuando extraña, no sólo por ese asunto de la comida sino también porque había llevado a Food con ella. Si bien era cierto que Nela hacía que Duke la acompañara a sus citas con Shunko para que éste pudiera ver a su gato, no solía hacerlo cuando iba a cenar con él por la molestia de transportar al minino por un periodo de tiempo tan corto; sin embargo, en esa ocasión Food andaba por ahí, husmeando en la casa y rascando el primer mueble que se le atravesara en el camino. Duke estaba tan acostumbrado a Sho como lo estaba a Nela y parecía estar muy a gusto de compartir dueños (y de tener dos nombres), sin duda creía que ellos eran de su propiedad y no al revés. Además, Nela había llevado también algunas cosas que no quiso decir para qué eran, lo que aumentaba la incógnita de Shunko.

– Pues alabo el Pastel de Pastor –aprobó Sho, con sinceridad–. Deberías de prepararlo más seguido.

– Tal vez lo haga –asintió Nela. Ninguno de los dos quiso mencionar que, si ella se iba a Inglaterra, no tendría la oportunidad de volver a preparar ningún platillo para él.

Después de un rato, Sho ayudó a recoger los platos y los puso en el lavavajillas, mientras Nela acababa de recoger la comida que había sobrado y le decía a Sho que podía quedarse con ella. Cuando terminaron de limpiar, Shunko le preguntó si pensaba quedarse esa noche a dormir y Nela declinó la oferta.

– Mañana tienes entrenamiento y yo todavía estoy cansada por esa condenada tesis –enfatizó ella–. Pero podría quedarme pasado mañana, si lo deseas.

– De acuerdo –asintió Sho; él titubeó antes de continuar–: Pensé que planeabas dormir conmigo esta noche, trajiste muchas cosas contigo.

– ¡Ah! Sí, eso –dijo Nela, como si se hubiese olvidado de la existencia de lo que llevó–. Bien, no son mis cosas, sino de Duke.

– ¿De Duke? –Sho se asombró tanto que no usó el nombre de burla del felino–. ¿Y por qué las has traído?

– Porque es momento de que se mude contigo –contestó Nela–. Después de todo, es tu gato.

Shunko se quedó callado un rato, tratando de encontrar en dónde se escondía la trampa en las palabras de su chica. Si bien Nela no solía jugarle jugarretas, no cabía duda de que algo raro estaba sucediendo ahí. ¿Se arriesgaba a dar un paso en falso o hablaba con toda honestidad?

– Okey, no encuentro el truco en esto. –Él decidió darse por vencido–. ¿Por qué quieres que me quede con Food? ¿Es una prueba?

– No, no lo es –aseguró ella–. Como acabo de decir, Duke es tu gato y por tanto debería de vivir contigo.

– ¿Me estás cediendo la custodia de nuestro primer hijo? –Sho trató de hacer una broma, pero sintió la boca seca y se dio cuenta de que esa información lo había sacado de su equilibrio–. No, disculpa, creo que no estoy entendiendo.

– No hay mucho por entender –suspiró Nela–. Lo he estado pensando mucho y llegué a la conclusión de que no estaría bien que me llevara a Duke a Inglaterra. Él es un regalo que te hizo tu abuelo y si bien no sé si de verdad era su intención que acabara en la parrilla, es un vínculo que te une a Huan-Yue y yo no puedo romper eso.

El chino se quedó sin saber qué decir y estuvo a punto de quedarse con la boca abierta. ¿Había escuchado bien o Nela estaba tomándole el pelo? Mientras tanto, Food se paseaba entre ellos con mucha cautela, seguramente porque sabía que estaban hablando de él y tal vez creyó que sus humanos planeaban alguna maldad, como darle un baño.

– Vamos, no pongas esa cara, no es como si te hubiera dicho que quiero casarme contigo –continuó Nela, muy colorada–, sólo estoy regresándote a tu gato.

– Sí, lo sé, pero considerando que te apropiaste de él sin preguntar (cosa de la que no me quejo, que conste), me sorprende que quieras que me lo quede –replicó Sho–. Di por hecho que te lo llevarías a Inglaterra.

– ¿De verdad? –Esta vez fue Nela la sorprendida–. ¿Y no pensabas decirme algo al respecto?

– No –sonrió él–. Me hubiera limitado a extrañarlos mucho a los dos y a visitarlos cada vez que pudiera.

– ¿Por qué? –cuestionó ella–. ¡Es tu gato!

– Y tú la mujer que amo y sé que también quieres a Duke. –En esta ocasión, Sho dijo a propósito el nombre correcto del felino–. No habría podido separarlos y sé que habría estado muy bien cuidado, no hay nadie que se preocupe más por él que tú. ¿Estás segura de que quieres dejarlo conmigo?

Nela sintió que las piernas no iban a sostenerla. Sho no dejaba de sorprenderla con ese tipo de detalles y una vez más se preguntó si no estaría cometiendo un error. "Ojalá fueras un patán redomado", pensó ella. "¡Así no me resultaría tan difícil dejarte! Pero el hecho de que seas tan endiabladamente lindo y considerado me pone las cosas muy arduas".

– Sí, estoy segura –asintió Nela–. Sé que tú lo cuidarás muy bien y que no prepararás Chow mein de gato. O que al menos no usarás a este gato. No, olvida eso, ¡no se te ocurra hacer Chow mein de gato, nunca! En fin, como te dije ya, es un regalo de tu abuelo, por mucho que yo lo haya acaparado estoy consciente de que Duke es tuyo. Ya, no hagas tanto escándalo por esto, los dos sabemos que es lo mejor que él se quede contigo, ni que estuviéramos repartiéndonos una herencia.

– Supongo que no –admitió Shunko, quien tomó al gato en brazos y lo acarició.

El joven se quedó callado durante mucho rato, con actitud pensativa. Nela se preguntó qué clase de pensamientos podrían estar pasando por su mente, pero no quiso preguntar. La verdad era que Sho dudaba entre comentarle o no cuál era la conclusión a la que había llegado gracias al pequeño gesto de entregarle a Duke: con eso, Nela no sólo estaba diciéndole que confiaba plenamente en él, sino que, además, le aseguraba que en algún momento iba a volver a su lado. Quizás Nela no lo había hecho de manera consciente, era probable que si se lo preguntara ella lo negaría o diría que no lo había hecho con esa intención, pero Sho la conocía muy bien como para saber que ésos eran sus motivos para cederle la custodia del felino.

– Gracias –murmuró él, finalmente, al decidir guardar para sí mismo sus impresiones–. Verás que voy a cuidar bien de nuestro hijo.

– Deja de decir estupideces –gruñó Nela, colorada–. Ya me estoy arrepintiendo de dejarte al pobre Duke.

Sho se echó a reír. Tal vez era una tontería, pero en esos momentos sintió que su relación con Nela, aunque se arruinara por su probable partida, tenía la esperanza de sobrevivir a lo que fuera que se avecinara.

– Bien, ahora me siento más tranquila. –Nela soltó una risita aliviada–. Lo que te voy a pedir a cambio es que me mandes muchas fotos de él. Bueno, no sólo de Duke, también tuyas.

– Todas las que quieras, amor –asintió Sho, al tiempo en que la abrazaba con el brazo que le quedaba libre.

Nela le rodeó el cuello con los brazos y lo besó en los labios, para después acariciar al felino. Éste se dejó querer, como si presintiera que ésas serían las últimas caricias que le daría su dueña en un buen tiempo.

"Y si no vuelve pronto, tú y yo iremos a buscarla, Duke", pensó Sho. "Lo que es seguro es que no la vamos a dejar escapar".

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Leonardo decidió ir a buscar a su hermana en cuanto supo que Wakabayashi había sufrido una lesión. Tras hablarlo brevemente con Marie, ambos estuvieron de acuerdo en que, sin importar lo muy enojada que Lily estuviera, ella debía comunicarse con Genzo para preguntarle cómo estaba. Por más que los medios japoneses insistieron en asegurar que la lesión del portero era leve, Leonardo sabía lo suficiente del tema como para dar por hecho que Wakabayashi pasaría varios días en el hospital.

– Probablemente va a estar solo, sin amigos o familiares que lo apoyen –le había dicho Leonardo a Marie.- Por muy fuerte que sea, Wakabayashi va a sentirse deprimido, como le pasa a cualquiera que acaba en un hospital como paciente.

– Me parece bien que le digas a Lily que le llame, ¿pero no crees que su familia lo cuidará? –cuestionó Marie–. Sería lo más lógico, ¿no?

– En teoría, sí, pero según lo que Lily me ha contado, no es que él sea muy unido a su familia –respondió Leonardo–. Y se peleó con ellos por tener de novia a mi hermana, además. En fin, de cualquier manera a Wakabayashi no le caerá mal que su chica le llame; ojalá Lily no fuese una tarada, así no tendría que andar cuidando su noviazgo.

– Lo haces porque eres un buen hermano –sonrió Marie–. Te preocupas por la felicidad de Lily, en vez de tratar de ahuyentarle al pretendiente.

– Eso es porque Wakabayashi es más alto y fuerte que yo –replicó Leonardo–. Si trato de meterme con él, seguro que me hará puré.

Marie rio y después le dio un beso a su novio, tras lo cual éste partió con rumbo al departamento de su hermana. En el camino, Leonardo iba pensando en las mejores maneras de convencer a Lily de que no siguiera enojada con Genzo o que por lo menos le pusiera pausa a su enojo. Así pues, se sorprendió muchísimo al llegar al apartamento de Elieth y de Lily y ver que la habitación de ésta estaba tapizada de ropa y objetos de varias clases, que ocupaban todo el espacio disponible. Sobre la cama de la chica descansaba una maleta de viaje, la cual se encontraba ya cerrada y Leonardo no comprendió qué estaba sucediendo.

– ¿Qué carajos estás haciendo? –preguntó Leonardo–. ¿Vas a cambiar de guardarropa o qué?

– Claro que no –negó Lily, sin dejar de hacer chequeos en una pequeña libreta que llevaba en la mano–. ¿Qué no ves lo que hago? Es muy obvio a mi parecer. Bien, he repasado esta lista al menos unas diez veces y aun así siento que se me va a olvidar algo, no sé cómo va a estar el clima en Japón y no quiero que me tome desprevenida.

– ¿Vas a ir a Japón? –soltó Leonardo, incrédulo–. ¿Ahora mismo?

– En cuanto Elieth me avise que el avión de mi padrino está listo para partir –respondió Lily, quien cambió su atención a una pequeña bolsa de viaje que tenía sobre su mesita de noche–. Ya tengo listo el pasaporte y el comprobante de ingresos que me permite demostrar que puedo costear la estadía; Elieth se hizo cargo de las reservaciones, llevo el dinero que acabas de pagarme y algunos cheques de viaje… Creo que es todo.

En ese momento, Leonardo cayó en la cuenta de que la ropa de Lily ocupaba todo el espacio disponible en la habitación porque ella la había sacado toda en el proceso de hacer su maleta. Era una costumbre muy suya, pero también era un indicativo de lo muy alterada que ella estaba.

– Vas a ir a ver a Wakabayashi –afirmó Leonardo–. ¿No es así?

– Pues claro, ¿si no a qué otra cosa iría a Japón? –contestó la joven–. No puedo quedarme aquí a la espera de que me llegue la información a cuentagotas, necesito saber cómo está.

– Supongo que no –reconoció Leonardo–. Si ya es difícil conseguir información cuando te encuentras en la misma ciudad en donde pasó determinado evento, peor es cuando ni siquiera se está en el mismo país.

– Exacto –confirmó ella.

– En ese caso, voy contigo –ofreció Leonardo; él conocía demasiado bien a su hermana como para saber que intentar convencerla de que no fuera sería perder el tiempo–. No es prudente que te vayas sola.

– Gracias, pero no voy a irme sola: Elieth y Karl me acompañarán –replicó Lily, mirándolo–. Él ha hablado con su padre y nos ha conseguido permiso a los tres para ausentarnos, y si bien ellos se irán sólo durante un fin de semana, he quedado de acuerdo con alguien en Japón que me dará apoyo cuando ellos se regresen, no tienes de qué preocuparte. Además, estás a medio curso y no debes descuidar tus estudios, que tanto trabajo te ha costado ser el número uno de tu clase.

– ¿Por qué no me sorprende que el Káiser haya movido sus influencias para que puedan abandonar sus puestos de trabajo sin que los corran a patadas del club? –Leonardo se echó a reír–. El Bayern se mueve a base de nepotismos, ya nos quedó claro.

– Sólo un poco, pero luego hablaremos de eso, que por el momento ese nepotismo me va a resultar muy útil. –Lily se rio también y cambió el tema–. Es una fortuna que ninguno de los tres necesite visa para entrar en Japón, así que no perderemos el tiempo intentando conseguirlas.

– ¡Bah! De haberlas necesitado, el tío Rémy habría podido tramitarlas en tiempo récord –afirmó Leonardo–. Todos sabemos que él puede conseguirnos hasta pasaportes rusos a todos en menos de una hora, tramitar visas es cosa de niños para él.

– De eso no tenemos duda –Lily esbozó una sonrisa–. Gracias, de verdad, por ofrecerte a acompañarme.

– Eres mi hermana, al fin y al cabo, y mamá me matará si no te cuido. –Leonardo se encogió de hombros–. Y yo que venía a tratar de convencerte de que perdonaras a Wakabayashi y le hablaras para saber cómo está, debí de imaginar que tú ya ibas un paso por delante, aunque más bien debería de decir que no pensé que tu amor por él fuese tan grande.

– ¿Crees que estoy exagerando? –Lily se detuvo a media actividad para volver a verlo a la cara–. ¿Crees que basta con que le llame y ya?

– Le estás preguntando a la persona equivocada, hermanita, yo he hecho muchas estupideces por amor –respondió Leonardo, sin titubear–. Mucha gente te dirá que estás loca, pero yo no. ¿Quieres recorrer medio mundo para ver a tu novio? Adelante, cuentas con mi apoyo, aunque si él no sabe apreciar este gesto, poco me importará que me supere en peso y estatura, le partiré la cara sin pensarlo.

– Gracias –expresó Lily, tras lo cual fue hacia él y lo abrazó–. Sé que no te lo digo muy seguido, pero te quiero.

– Yo no –aseguró Leonardo–. Te crees mucho por ser más inteligente que yo.

– Eso no es culpa mía –replicó Lily y se echó a reír–. Soy afortunada de contar con amigos y hermanos que me comprenden y apoyan mis decisiones en vez de decirme que he perdido la cabeza.

– Todos en este universo estamos locos, en mayor o menor medida –afirmó él.

Viendo que no tenía más por hacer, el muchacho decidió retirarse, una vez que su hermana le aseguró que no necesitaba acompañarla hasta que fuera momento de partir, pues no sabía a qué hora lo harían. Mientras tomaba el U-bahn que lo llevaría al departamento de Leo y Gwen, Leonardo se comunicó con Marie con la finalidad de darle las nuevas y se encontró con ella ya sabía lo sucedido: también en su casa había mucho ajetreo, aunque se debía a que Rudy Frank estaba refunfuñando por el descaro de Karl.

"Figúrate que Karl le ha pedido permiso para faltar el fin de semana a los entrenamientos, estando las eliminatorias de la Champions tan cerca", escribió Marie. "Su pretexto fue que 'iría a Japón a asegurarse de que todavía tendrían portero para la siguiente temporada'. Papá no le pudo decir que no y eso nos ha estado haciendo reír a mamá y a mí, que él se está quejando mucho pero de cualquier manera lo dejó ir".

Leonardo sonrió mientras le respondía a su novia; sólo hasta ese momento él se dio cuenta de que Schneider debía apreciar mucho a Wakabayashi para hacer esos sacrificios por él. Tras pensarlo un poco, Leonardo decidió modificar su ruta para ir a la casa de Marie, también tenía ganas de reírse un poco del enfurruñamiento de su suegro.

A pesar de que todos se esforzaron por realizar los preparativos lo más rápido posible, éstos no estuvieron terminados antes de las nueve de la noche; tras una consulta rápida, Lily, Elieth y Karl decidieron retrasar el vuelo hasta el día siguiente pues el avión debía hacer escala en Berlín y las leyes de su aeropuerto prohibían los despegues de cualquier vuelo civil después de la medianoche. Si bien Elieth podía usar sus influencias diplomáticas para que les dieran el permiso, los jóvenes acordaron partir a primera hora del día siguiente y, para ahorrar tiempo, rentaron dos habitaciones en un hotel cercano al aeropuerto.

– Los pilotos me confirmaron que estarán ahí a las seis de la mañana –anunció Elieth, durante la cena que compartió con Karl y con Lily–. Me han dicho también que el combustible no nos alcanzará para llegar hasta Japón, obviamente, después de todo vamos a cruzar el planeta, de manera que tendremos que hacer varias escalas para repostar. Aun así, ellos me aseguraron que llegaremos más pronto que si tomáramos un vuelo comercial, pues el tiempo que perdamos en los repostajes lo compensaremos con el que nos ahorraremos al no tener que hacer las escalas de dos horas en otros aeropuertos.

– Muy bien –asintió Karl, tras lo cual se dirigió a Lily, quien estaba muy callada–: ¿Has tenido noticias de Wakabayashi?

– Hana me ha contado que permanecerá hospitalizado unos días, mínimo tres –contestó la chica–. No podrá jugar ninguno de los partidos clasificatorios que quedan, o sea que su equipo tendrá que arreglárselas sin él.

– Eso será un golpe fuerte para Japón –comentó Schneider–. De por sí quedaron en franca desventaja con esa derrota contra Australia, no contar con él en la portería les empeorará las cosas.

– Genzo ha de estar que se trepa por las paredes por no poder jugar –señaló Elieth, con suavidad–. No le ha ido muy bien este año y esto sin duda será la gota que colme el vaso.

– Por eso mismo quiero ir a verlo –murmuró Lily, con expresión ausente–. No quiero que piense que todo va a salirle mal.

Ella no aclaró a qué se estaba refiriendo, pero no hacía falta: Elieth y Karl entendieron que estaba hablando de su propia relación. La francesa estiró la mano para apretar la de su amiga y darle su apoyo.

– Lo que sí, todos los jugadores de Japón deberían de tener seguros de gastos médicos que cubran lesiones por golpes contra postes de portería –comentó Eli, para cortar la tensión–. O al menos Misaki y Genzo deberían de contratarlo, es evidente que tienen imán para este tipo de accidentes.

– Quizás pueda convencer a Gen de que lo haga. –Lily agradeció su intento por hacerla sonreír–. No creo que ésta vaya a ser la última vez que se golpee contra el poste.

– Nadie lo pone en duda –sonrió Karl, tras lo cual añadió–: Deberíamos irnos a dormir, vamos a levantarnos de madrugada y además será un día muy pesado, por no mencionar que después tendremos que batallar con el jet-lag.

– Ésa es una idea muy buena –asintió Elieth–, pues nos espera un largo camino.

Lily, sin embargo, no pudo conciliar el sueño, daba vueltas en la cama sin poder tranquilizarse. Le habría gustado tener la capacidad de teletransportarse para estar de inmediato en Tokio y que Genzo no estuviera solo tanto tiempo. Ella no tenía manera de confirmarlo, pues Hana se negó a hablar, pero estaba segura de que el portero estaba abandonado en el hospital, Lily dudaba mucho de que alguien de la familia Wakabayashi se tomara la molestia de ir a cuidarlo y los otros integrantes de la Selección de Japón estaban demasiado ocupados con su desastre grupal como para angustiarse por la suerte de uno de sus compañeros.

"Espera por mí, Gen", pensó Lily. "Ya voy para allá".

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Tokio.

Los periódicos deportivos japoneses no estaban tan interesados en publicar noticias sobre fútbol sóccer como muchos podían creer, sobre todo cuando se trataba de una Selección menor, como la Sub-23, ya que después de todo este deporte no es tan popular en el país, pero los que se atrevieron a hablar sobre la ronda clasificatoria para los Olímpicos aniquilaron al entrenador Kira Kozo sin piedad. Quedaba claro para los analistas que la terquedad del hombre de no convocar a los jugadores del extranjero le había pasado la factura al fin y se veía venir el desastre, es decir, el fracaso de Japón al tratar de clasificar a los Juegos. Quedaba todavía la segunda parte de la última ronda, era cierto, pero casi nadie creía que Japón fuese capaz de levantar la cabeza, menos cuando el portero titular Wakabayashi había quedado fuera del evento.

"¡DERROTA COMPLETA POR UN GOL A TRES CONTRA LA SELECCIÓN PREOLÍMPICA DE AUSTRALIA! ¿DESPEDIRÁN AL ENTRENADOR KIRA?

Durante el partido de ayer, el último de la primera vuelta de la última ronda clasificatoria, Japón se vio claramente superado por Australia, que en los últimos minutos consiguió remontar el marcador con dos goles de ventaja. El equipo nacional, que necesitaba ganar por fuerza debido al resultado obtenido contra Arabia Saudita, no fue capaz de asegurar la clasificación con sus propios medios, dejando en claro que el entrenador Kira cometió una equivocación al no convocar a Tsubasa Ozhora, Kojiro Hyuga, Shingo Aoi y Tomeya Akai. Por si fuera poco, Kira no contará además con una de sus fichas más fuertes, el guardameta titular Genzo Wakabayashi, ya que estará ausente durante un largo tiempo debido a la fractura que sufrió en un hueso de la órbita del ojo izquierdo. Cabe señalar que fue esta lesión la que desencadenó el fatídico resultado contra Australia, pues Wakabayashi tuvo que salir del campo debido a este grave accidente y dejó desprotegida la meta de Japón, que el suplente Yuzo Morisaki no supo cuidar. La clasificación a los Juegos Olímpicos parece haber quedado sin rumbo, es probable que se venga un gran terremoto como consecuencia de este resultado. Como mínimo, se esperaría que Kira fuese removido de su cargo y se contratara en su lugar a alguien que tenga una idea más definida de cómo se debe de dirigir a un equipo, ahora que todavía se está a tiempo de corregir los errores que él cometió…".

Los otros periódicos que Kozo Kira tenía frente a él, sobre la mesa, contenían artículos que habían sido escritos en el mismo tenor. Hana había intentado ocultarlos, pero Kira sabía que no ganaba algo con negarse a ver la realidad, así que había ordenado que le llevaran todas las notas (o al menos todas las que se pudiesen encontrar) que se habían escrito sobre lo sucedido en el partido para saber en qué concepto tenían los medios a la Selección de Japón.

Aun cuando los ataques no hubieran sido tan duros y afilados, Kira se habría sentido mal con su propio fracaso. No dejaba de preguntarse qué habría sucedido si hubiese convocado a los que militaban en el extranjero y estuvo consciente de que había sido víctima de su propio ego e insensatez. Sí, era cierto, siempre había actuado como un entrenador fuera de lo normal, imponiendo sus propias reglas y presionando a sus discípulos para que fuesen en contra de lo establecido, para que no se apegaran a lo convencional, pero esas técnicas fueron efectivas en el pasado, en equipos de primaria, de secundaria o incluso de preparatoria, pero era más que obvio que no resultarían a un nivel tan alto, no con una Selección que competía contra otras que tenían el mismo sueño y que sí se tomaban las cosas en serio.

"Me equivoqué", admitió Kira. "Qué difícil es reconocerlo, pero el no hacerlo sería un error todavía peor".

Y Kira no estaba dispuesto a seguir haciendo más errores, porque estaba decidido a permanecer en el mismo que ya había cometido antes: no iba a convocar a Tsubasa, a Hyuga y a los otros para que lo ayudaran a salir del atolladero en el que se había metido. Eso sería bajar la cabeza y humillarse a un nivel imperdonable para alguien tan terco como él, así que no le quedaba más remedio que llevar esa terquedad hasta el final, hasta sus últimas consecuencias.

– Ya encontraré la manera de salir de esto –exclamó, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta–. Todavía nos quedan cuatro partidos y nada está escrito en piedra.

– ¿Disculpe, entrenador? –preguntó Hana, confundida–. ¿Ha dicho algo?

– He dicho que es momento de comenzar a limpiar este desastre –replicó Kira–. Debo replantear mi estrategia para dejar a Wakashimazu como guardameta, al menos para el próximo encuentro. ¿Es un hecho ya que Wakabayashi no podrá seguir jugando?

– Sí, al menos para lo que queda de la ronda –asintió Hana, apesadumbrada; ella había estado acudiendo al hospital para hablar con los médicos y enterarse de la evolución del portero–. Podrá estar listo para los Olímpicos, de acuerdo a lo que me han dicho los doctores, pero definitivamente no podrá jugar los partidos restantes de la clasificación, lo cual es una lástima porque ya no podremos contar con su férrea defensa.

– Sí es una lástima, pero tampoco es el fin –dijo el entrenador–. De cualquier manera, mi idea original era no convocarlo y si hubiera seguido como titular del Hamburgo, él jamás se habría unido al equipo, así que hagamos de cuenta que continúa jugando en el extranjero y que utilizaremos lo que tenemos disponible en Japón.

– Tiene usted razón –admitió Hana–. Quiero suponer que ya tiene una solución a nuestros problemas.

– Por supuesto –asintió Kira–. Seguiremos adelante mientras Katagiri no venga a removerme del puesto. Tenemos mucho trabajo por hacer, hay que realizar modificaciones al plan original, no nos vamos a detener. De primera instancia, es indispensable mejorar las habilidades en la portería de Ken y de Morisaki. Aunque Wakashimazu será suplente de Wakabayashi en el próximo encuentro, quiero que Morisaki esté listo también.

Mientras Hana hacía algunas anotaciones, Kira vio de reojo la mesa con los periódicos y su atención se fijó en una de las notas que no estaban dirigidas a él, sino a Igawa. Él fue expulsado en el minuto cinco de la segunda mitad del encuentro contra Australia por conducta violenta, lo que obligó a Japón a continuar con diez jugadores y eso sin duda influyó en la victoria de Australia; además, el joven estaría suspendido por dos partidos, lo que también afectaba la alineación del entrenador. El reportaje del periódico en cuestión era tan duro con Igawa como otros lo fueron con Kira, acusaban al muchacho de no tener experiencia a nivel internacional y que eso le había pasado factura al caer en las provocaciones del rival. Sin embargo, sería una terquedad decir que Igawa era el único responsable de la derrota, había muchos puntos débiles en el equipo que Kira no supo diagnosticar a tiempo y era su obligación corregirlos.

– ¿De verdad cree que van a removerlo del puesto, entrenador? –preguntó Hana, sin dejar de escribir.

– De querer hacerlo, lo habrían hecho ya –respondió Kira–. Sin embargo, que haya tanto silencio por parte de los directivos sólo puede indicar que están planeando algo, así que habrá que esperar.

– Lo positivo es que tiene el apoyo del señor Katagiri –señaló Hana–. Él sin duda intervendrá a su favor.

Kira asintió con la cabeza, aunque no estaba tan seguro de esta aseveración, y continuó impartiendo instrucciones. Iba a costarles mucho trabajo, pero le arrebatarían a Australia el pase a los Olímpicos en los últimos tres partidos.

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Las noticias que el cirujano maxilofacial le dio a Wakabayashi no fueron esperanzadoras. Por mucho que lo quisiera, Genzo no podría volver a pisar la cancha en un buen tiempo, al menos hasta que su hueso sanara por completo. No iba a poder saltarse las reglas esta vez y jugar antes de lo previsto, pues el hacerlo podría tener consecuencias graves, como perder el ojo en el caso más extremo. Así pues, Wakabayashi intentaba mantenerse positivo, como era su costumbre, y confiar en que el equipo pudiera resolver sus problemas sin él. Sin embargo, aunque el accidente no fue culpa suya, Genzo sentía como si les hubiera fallado a sus compañeros.

Gracias a sus influencias y a su dinero, el guardameta había sido instalado en una habitación privada. Mikami fue a verlo una hora antes y se encargó de que a Genzo no le hiciera falta algo; además, le aseguró que los gastos hospitalarios estaban ya cubiertos. Wakabayashi no lo quiso preguntar y Mikami no estuvo ni cerca de confirmarlo, pero aquél estaba seguro de que ese trato preferencial era gracias a su padre. Al menos, era casi un hecho que Shuzou Wakabayashi estaba pagándolo todo.

Genzo no había vuelto a tener contacto con alguien de su familia desde aquella vez que habló con Shuichi y éste consiguió meterle dudas con respecto a su relación con Lily, al afirmar que lo suyo no tenía futuro porque ambos perseguían metas distintas. Demasiado tarde, Genzo comprendió que su hermano mayor siempre tuvo la doble intención de probar sus sentimientos por ella y de intentar encontrar un punto a través del cual pudiera romper esa relación. Lo entendió cuando tuvo esa discusión con Lily de la cual aún no se recuperaban y Wakabayashi no dejaba de preguntarse cómo fue que pudo ser tan estúpido para dejarse manipular por Shuichi. Lo único que no le quedaba claro a Genzo era si su hermano había actuado por cuenta propia o si había sido aconsejado por su padre. Daba lo mismo, al final Genzo había permitido que Shuichi se saliera con la suya, lo que lo hizo darse cuenta de que, al final, le había fallado a Lily. Sin embargo, también era cierto que Shuichi había dicho la verdad al asegurar que en algún momento el noviazgo de Genzo y Lily llegaría al punto de quiebre si no se ponían de acuerdo en qué era más importante, si su relación o sus metas, quizás por eso su estrategia fue tan efectiva. Gracias a eso, la doctora Del Valle se encontraba del otro lado del mundo, seguramente pensando en que lo mejor que podía hacer era continuar con sus metas y dejar que Wakabayashi siguiera las suyas.

"Aunque todo esto se habría evitado si hubieras sido sincero con ella, ¿no te parece?", le reconvino a Genzo la voz de su conciencia. "Sabes que siempre existe otra salida, la que tú mismo te forjas, pero quisiste verte comprensivo y la jugada te salió mal".

A través de la ventana, Genzo alcanzaba a ver los árboles que rodeaban el hospital. Era un día agradable con un clima agradable, pero aun así él no podía evitar tener un momento de pesimismo. Era inevitable, aunque por su personalidad siempre buscaba la forma de mantener la esperanza en alto, habían sucedido tantas cosas adversas en ese año que Wakabayashi no pudo evitar tener un bajón emocional. Al final de cuentas, aunque no lo pareciera, era humano.

"Maldita sea, este año todo me ha estado saliendo mal", pensó, apesadumbrado. "No he tenido ni un solo golpe de buena suerte".

El primer problema que dio origen a los demás ocurrió en ese bendito partido entre el Hamburgo y el Bayern Múnich, en donde Genzo tuvo la magnífica idea de dejar desprotegida su portería y contrarió las órdenes de Zeeman. Esto no sólo ocasionó que el Hamburgo perdiera el juego sino que también fue el punto de quiebre entre el entrenador y el guardameta, algo que se venía gestando desde tiempo atrás y que sólo necesitó un empujón final para hacerlo estallar. Genzo se puso la soga al cuello y quedó confinado a la banca, viendo cómo sus probabilidades de volver a jugar bajo el mandato de Zeeman se reducían a cero. Por si esto no fuera poco, cuando Wakabayashi intentó salir del Hamburgo para buscar otro equipo, la directiva le cerró las puertas y lo obligó a permanecer congelado, dándole a cambio el premio de consolación de permitirle jugar con su Selección. Wakabayashi sabía que esto era un auténtico acto de mala fe de un equipo al que le entregó su lealtad durante años, pero que tendría que soportar porque no le quedaba más opción, él mismo se había limitado sus posibilidades. Y cuando Genzo al fin había recobrado la esperanza y el buen humor al jugar con Japón y sentir que estaba participando activamente en el proceso de clasificación a los Olímpicos, llegaba esa lesión que cortaba sus ilusiones de tajo. Ahora no podría contribuir a la victoria japonesa y tendría que contentarse con ver a sus compañeros desde la banca, mientras rogaba para que ellos fueran capaces de salir adelante sin él. Y si le faltase algo para completar el cuadro deprimente, su relación con Lily iba de mal en peor y no parecía haber posibilidades de rescatarla. No era que Genzo estuviera dándose por vencido, pero empezaba a ver el panorama muy negro.

"Nunca he creído ni en la mala suerte ni en el mal karma", se dijo. "Creo que uno se forja su propia suerte, pero si realmente existen este tipo de cosas y estoy pagando por algo que hice mal, justo ahora está cobrándomelas todas. ¡Maldita sea!".

My eyes are open, my love is strong (Mis ojos están abiertos, mi amor es fuerte).

I am here to stay and it will always be that way (Estoy aquí para quedarme y siempre será de esa manera).

Wakabayashi se incorporó a medias en su cama al reconocer la canción que se estaba escuchando a través de la puerta cerrada: se trataba de "We´re in this together", de Simple Red, que era el emblema de su relación con Lily. De momento Genzo creyó que se había imaginado la música, que su cerebro le estaba jugando una mala pasada por el hecho de que se sentía vulnerable, pero la segunda estrofa se escuchó con más fuerza que la primera y entonces supo que era real. Él no entendió de dónde provenía, pues estando en un hospital los ruidos fuertes estaban prohibidos, pero esa melodía sonaba a nivel moderadamente bajo en un punto cercano a su habitación, como si estuviese siendo reproducida sólo para él. No, que eso era absurdo, no podía ser que alguien pusiera música para consolarlo, aunque, ¿cuántas probabilidades había de que una persona al azar decidiera escuchar precisamente esa bendita canción en ese preciso momento?

"Quizás mi teléfono está sonando, no he quitado esa canción como tono de llamada", pensó Genzo, antes de recordar que su Smartphone no tenía batería.

Whe're in this together, forever, together (Estamos juntos en esto, por siempre, juntos).

Ahí estaba de nuevo la música. ¿De dónde provenía? ¿Quién la estaba reproduciendo? Ya casi no le cabía duda de que era para él, pero, ¿quién lo hacía y con qué motivo?

"Sólo hay otra persona en el mundo para quien esta canción tiene el mismo significado que para mí", razonó Wakabayashi. "¡Pero esa persona se encuentra en estos instantes al otro lado del planeta!".

My eyes are open, just like the ocean (Mis ojos están abiertos, justo como el océano).

Genzo estuvo a punto de levantarse de la cama para tratar de buscar el origen de la melodía, pero justo cuando ya se había sentado con la finalidad de bajar las piernas, la música se detuvo abruptamente. Él no pudo evitar experimentar cierta decepción al entender que había imaginado cosas que no eran y volvió a recostarse en la cama. Seguramente algún paciente encendió un radio y las enfermeras lo mandaron a apagarlo, no era posible creer que la canción había sido tocada especialmente para Wakabayashi.

"Pero, aunque esa canción no haya sido para mí, me ayudó a sentirme mejor", admitió Genzo. "Me ha hecho recordar que no todo está perdido y que no voy a hundirme por culpa de este tropiezo. Exista o no el mal karma, yo soy capaz de revertirlo a mi favor".

Sintiéndose más relajado, Wakabayashi volvió a recostarse y suspiró. Fue inevitable que él se preguntara si Lily se habría enterado ya de su accidente. Se imaginaba los reclamos que ella podría hacerle, si es que se atrevía a comunicarse con Genzo.

"Lo que me recuerda que debo pedirle un cargador a Mikami", pensó el portero.

Él estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta antes de que llevaba rato escuchándose el ruido de pasos que se acercaban a su habitación, los pasos de dos personas que se hicieron evidentes para Genzo cuando ellas ya prácticamente se encontraban al otro lado de la puerta. Wakabayashi creyó que se trataba de un par de enfermeras y que no tardarían en entrar, pero las dos personas se tardaron más de lo esperado y entonces Genzo supuso que no iban a verlo a él. Cuando ya se había distraído, la puerta se abrió y por ella ingresó Lily, vestida con una elegante combinación de falda gris perla y blusa azul marino, sobre las cuales llevaba una bata blanca. Su pulcro aspecto era el de una doctora que formara parte de la plantilla del hospital y que estuviese haciendo sus rondas, el único detalle era que ella no trabajaba ahí. Genzo se sobresaltó al verla y creyó que las drogas ya le estaban haciendo efecto. ¡Lily debía estar a miles de kilómetros, no era posible que estuviera frente a él, a escasos metros! Así que, o esa mujer era su doble perfecto, o Lily había encontrado la manera de teletransportarse.

– ¡Buenas tardes! Soy la doctora Yuri Salazar y vengo a revisarlo –exclamó Lily, con una sonrisa amable–. ¿Cómo se siente? ¿Ha tenido dolor o alguna otra molestia?

Wakabayashi fue incapaz de responder, era tan imposible que ella estuviera ahí que no pudo articular palabra. Seguramente su imaginación le estaba jugando una mala pasada, ¡pero Lily se veía tan real! Además, su nombre era una clave obvia para cualquiera que la conociera.

"Con que Yuri Salazar, ¿eh?", pensó Genzo. "Curioso nombre para tu doble, doctora. Me considero un hombre inteligente, pero mi cerebro no sería capaz de crear una asociación tan obvia". Él rememoró que Lily, por ser mexicana, usaba dos apellidos y el segundo era Salazar, un dato al que poca gente que no fuese mexicana le prestaba atención, pero que Wakabayashi recordaba por estar relacionado a ella. Y aunque era evidente el por qué la doctora había escogido el nombre Yuri, a Genzo le sorprendió que ella no hubiese utilizado un nombre más occidental.

– Bien, veamos qué indicaciones ha dejado el cirujano maxilofacial –continuó Lily, sin importarle que él no le hubiese contestado; ella tomó la carpeta metálica que colgaba de la cama y la hojeó durante unos segundos antes de dejarla a un lado–. Sí, tal y como lo supuse, esto está escrito en japonés y no entiendo un carajo.

La joven se movió al baño, sin dejar de actuar como si de verdad fuese su médica y estuviera haciéndole una visita de rutina. Genzo la miraba sin hablar y se convenció de que era muy real. Lily abrió la puerta del baño, verificó que no hubiera nadie y la volvió a cerrar antes de regresar con Wakabayashi, al tiempo en que comentaba que no era prudente que estuviera tanto tiempo solo.

– Siempre es recomendable que haya un familiar con el paciente, por cualquier eventualidad –señaló Lily–. Por lo que sé, usted tiene una fractura de un hueso de la cara, lo cual no le limita la movilidad pero aún así no debería de estar tan abandonado.

– ¿Qué estás haciendo aquí, doctora? –soltó Genzo, al fin–. ¡Tú deberías de estar en Alemania!

– Pasaba por aquí y decidí entrar, siempre tuve ganas de conocer un hospital japonés –replicó Lily y se encogió de hombros–. ¿Qué te parece que estoy haciendo aquí, sino es venir a verte? ¿Para qué otro motivo viajaría tantos kilómetros?

Al tiempo en que decía estas palabras, ella se acercó a la cabecera de Genzo; cuando él la tuvo lo suficientemente cerca, la tomó por un brazo para atraerla hacia su cuerpo y la abrazó con fuerza. Lily no pudo evitar sorprenderse ante ese abrazo, pues rara vez Wakabayashi había demostrado esa ansiedad, parecía como si hubiesen pasado años separados y él se negara a soltarla por temor a que desapareciera. O quizás su llegada había sido tan sorpresiva que Genzo la sujetaba para asegurarse de que ella era real. Tal vez era un poco de ambas cosas. En cualquier caso, Lily apoyó su cabeza en el hombro de Wakabayashi, cerró los ojos y se dejó llevar. En los siguientes minutos que transcurrieron ninguno dijo una palabra, simplemente se mantuvieron abrazados y dejaron que sus corazones se sincronizaran para latir al unísono.

– ¿Por qué has venido? –preguntó Genzo, sin soltarla–. ¿De verdad ha sido por mí?

– No, vine porque a Elieth se le antojó comer mochis –bufó Lily–. ¿Por qué te cuesta tanto creer que lo hice por ti? Sé que estás acostumbrado a pelear tus batallas solo, pero hasta la persona más fuerte y solitaria necesita que cuiden de ella de vez en cuando. Sé que no lo crees, pero voy a estar contigo en las buenas y en las malas, de manera incondicional, pero sobre todo en las malas porque es cuando más vulnerable estás y cuando más necesitas de mí, sin importar si me quieres a tu lado o no.

Genzo se movió para besarla en los labios con tanta intensidad como se lo permitió su rostro lastimado; la agradable sensación que experimentó al besar a la joven compensaba y superaba con mucho el dolor que le causaba hacer ese movimiento. Lily le correspondió el beso aunque se separó lo más pronto que pudo, consciente de su lesión.

– ¡Estás lastimado, no podemos hacer esto! –exclamó ella, acariciando la parte vendada de su rostro.

– En estos momentos, eso me importa un demonio –replicó él y volvió a besarla.

Sin embargo, a pesar de sus intenciones, Wakabayashi tuvo que terminar su sesión de besos mucho antes de lo esperado, pues había subestimado el dolor. Lily entonces le sonrió con ternura y lo besó en la mejilla lesionada con mucha suavidad.

– Perdóname por haber sido un imbécil, Yuri –dijo Genzo, sin titubear–. Llevo semanas queriendo decírtelo, pero mi maldito orgullo me lo ha impedido. He sido un idiota y un necio, además de que me dejé influenciar por lo que otras personas señalaron, a pesar de que juré que no lo haría. Cuando me preguntaste qué creía que sería lo mejor para nuestra relación, no respondí lo que realmente quería sino lo que pensé que sería lo mejor para ti. No deseaba que creyeras que intento dominarte, por eso dije que te dejaría hacer tu vida sin que yo te estorbase, pero lo que en verdad quería responderte era que, sin importar si no ficho por el Bayern o si tú no renuncias a tu trabajo, de cualquier manera lucharía por nuestra relación. Puede parecer que nuestras metas son incompatibles y que tratar de seguir juntos sería una necedad, pero ser necio es uno de mis defectos y no me importa lo que suceda, buscaré la manera de seguir contigo.

– ¿Me estás hablando en serio? – A pesar de que no era una mujer que llorara con facilidad, Lily sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

– ¡Por supuesto que te hablo en serio! –exclamó Genzo, sin dejar de mirarla–. ¿De verdad crees que podría dejarte ir? ¡Nunca! La única forma en la que lo haría sería que tú ya no me quisieras a tu lado y todavía así me resistiría a aceptarlo.

– Yo también quiero pedirte que me perdones por haber sido tan terca, tan orgullosa y tan tonta. –Lily bajó la cara para que él no notara que quería llorar–. Me dejé llevar tanto por mi enojo que olvidé lo verdaderamente importante. No es justificación, pero me daba rabia pensar que al final tú me pudieras olvidar fácilmente cuando yo no podría hacerlo aunque quisiera. No me detuve ni un momento a darte el beneficio de la duda, no creí en ti a pesar de las muchas veces que me demostraste que te importo. Lo siento, mis inseguridades no son problema tuyo.

– Sí lo son –la contradijo Genzo, al tiempo en que le acariciaba el cabello–. No sólo porque forman parte de ti, sino porque yo mismo las causé. Sí, soy un hombre que no mira atrás, porque para mí lo importante está al frente, así que es cierto que no dudaría en irme de un sitio cuando ya no haya ahí algo que me sirva. Pero, lo que no te detuviste a considerar y que yo tampoco supe decirte, fue que tú eres parte del futuro, de lo que está enfrente de mí, así que te podría dejar.

– Tanto dolor que nos hubiéramos ahorrado si te hubiese dejado explicarme. –Lily alzó el rostro, que no tenía ya rastros de lágrimas–. Aunque no todo ha sido malo: si no hubiéramos estado separados, no sé si mi deseo de venir a verte ahora que te has lastimado hubiese sido auténtico. Que estuviera tan alejada de ti, física y sentimentalmente, me hizo darme cuenta de cuánto te amo.

– Creo que puedo decir lo mismo –asintió Genzo–. Tuve muchos pensamientos idiotas sobre nosotros en estos días y ahora mismo reconozco que no eran más que eso, pensamientos idiotas. Que hayas venido hasta acá por mí, me ha hecho notar que lo que hay entre nosotros no es algo débil ni pasajero, pues hiciste lo mismo que habría hecho yo estando en tu lugar. Si eso no es señal de un sentimiento auténtico, ninguna otra cosa lo será.

Lily se acercó y volvió a besarlo en los labios, aunque lo hizo con apenas un roce leve para no lastimarlo. Ella dudaba en comentar algo, pero se dijo que, ya que estaban en un momento de sinceridad, debía aprovechar.

– Hace rato mencionaste que permitiste que algunas personas te influenciaran –comentó la doctora–. ¿A quiénes te estabas refiriendo?

– A Shuichi –aclaró Genzo, tras titubear–. Te conté que me habló para decirme que lo nuestro no tenía futuro, que fue lo que ocasionó que nos distanciáramos. Al principio pensé que lo hizo por malicia sin sentido, pero muy tarde comprendí que su intención siempre fue orillarme a poner nuestra relación en jaque. Debí verlo venir, pero no lo hice.

– Normal, al fin y al cabo es tu hermano –suspiró Lily–. Tu familia conoce tus puntos débiles mejor de lo que crees. Pero hablaste en plural, ¿quién más fue capaz de influenciar al gran Genzo Wakabayashi, el indomable?

– Extrañaba tu sarcasmo –rio él–. Tal vez te sorprenda, pero fue Eriko, mi prima, ya te he hablado de ella. Lo que comentó no importa, me parece estúpido repetirlo, pero digamos que sus palabras también me hicieron dudar.

– Voy a patearle el trasero a esa perra –farfulló Lily, en español

– No he entendido ni una palabra, pero por tu expresión sé que no fue algo bueno –Wakabayashi sonrió con malicia–. No preguntaré.

"¡Ja! Quiero ver qué piensas de esto, Eriko", pensó él. "¿Dices que merezco que alguien cruce el planeta por mí? ¡Pues Yuri lo acaba de hacer!".

En ese momento, Genzo se dio cuenta de que Lily traía colgada una identificación que la acreditaba como parte del cuerpo médico japonés, lo que lo desconcertó porque además estaba a nombre de la doctora Salazar Yuri.

"Debe ser falsa", se dijo Wakabayashi. "¿En dónde la consiguió?".

– Entonces, ya que hemos aclarado lo importante, pasemos a lo segundo –pidió Lily, adoptando un tono más serio. Con ojo clínico, la doctora analizó el rostro del portero–. ¿Qué te dijo el médico sobre tu lesión? Intenté leer tu expediente, pero no entiendo un carajo de japonés.

– Según sus palabras, tuve suerte –respondió Wakabayashi–. La fractura es pequeña y el hueso no se movió, así que ha decidido esperar y dejarme en observación para ver cómo evoluciono. Si llego a presentar alguna complicación, me pasaría a cirugía de inmediato.

– Con lo cual te pondrían material de fijación en el hueso –completó Lily, con actitud analítica–. Eso retrasaría mucho el proceso de recuperación, además de que sería incómodo para ti.

– Eso no me importa tanto como el saber que no podré jugar –bufó Genzo–, pero el médico me lo ha dejado claro: hasta el golpe más leve movería la fractura, con lo que pasaría a quirófano de urgencia y el periodo que estaría fuera de las canchas se extendería a, como mínimo, seis meses, sino es que más, y eso me haría perder los Olímpicos. Así pues, lo quiera o no, tendré que conformarme con ver los partidos desde la banca; si no sacrifico la clasificación, no podré ir a Madrid después.

Lily pensó fugazmente que sacrificar la ronda clasificatoria podría tener como consecuencia que Japón ni siquiera llegara a los Juegos, pero evidentemente no iba a comentárselo a Genzo.

– Vaya, así que hasta el gran Genzo Wakabayashi, el señor Me Importan un Carajo los Doctores, llega a un límite en donde no puede ir en contra de las indicaciones médicas –se burló Lily–. Pero que no sea yo quien te diga las cosas porque ahí sí las ignoras.

– No te ignoro todo el tiempo –se defendió Genzo–. Mis radiografías están al pie de cama, por si quieres verlas, supongo que para eso no necesitas entender el japonés.

La doctora asintió y buscó las placas para colocarlas en el negatoscopio del cuarto y revisarlas a conciencia, mientras murmuraba algo en voz baja; una vez que quedó satisfecha, quitó las radiografías del aparato y volvió a ponerlas en su lugar.

– Bien, no tengo voz ni voto aquí, pero creo que el tratamiento es el correcto –señaló ella y dio unos pasos por la habitación–. Efectivamente, la fractura es pequeña, apenas se ve y no está desplazada, así que la cirugía no es urgente de momento y probablemente no la requieras, siempre y cuando te portes bien. Supongo que te pondrán una mascarilla facial para permitir que el hueso suelde por su cuenta, te darán dieta blanda por algún tiempo y, por supuesto, no podrás hacer actividades riesgosas, como besar.

– Acepto todo, menos lo último –replicó el portero–. Puedo hasta tolerar que me prohíban jugar, pero no me agrada lo de no besarte.

– Aguantaste varios meses sin hacerlo, podrás aguantar unas semanas más –se burló Lily–. A mí también me costará, pero es por un bien mayor.

– Si no hay más remedio. –Genzo esbozó una sonrisa torcida–. Hay algo que quiero preguntarte: ¿Fuiste tú quien puso "We're in this together" hace rato?

– Sí y no –respondió ella, risueña–. Es decir, no fui directamente yo quien te puso esa canción, pero sí fui yo quien pidió que la reprodujeran para ti, no podía arriesgarme a que alguien me pusiera demasiada atención y se diera cuenta de que yo no debería de estar aquí. Tenía la esperanza de que entendieras el mensaje, fue mi manera de darte ánimo y decirte que estoy contigo; mi primera idea fue traer una grabadora y poner la canción a todo volumen afuera del hospital mientras levantaba el cartel que hice para ti, el que dice "We're in this together", pero la deseché de inmediato porque habría molestado a los demás pacientes, así que opté por el plan B. Temí, sin embargo, que con esa segunda opción no alcanzaras a escucharla porque no podía reproducirse a un nivel alto.

– Dudé que fuera para mí, tomando en cuenta que yo creía que estabas en Alemania, pero era difícil creer que estuviese dirigida a otra persona o que se tratara de una casualidad –comentó Genzo–. En cualquier caso, me confortó mucho, de verdad.

– Me da gusto. –Ella le sonrió con ternura–. Siempre que escuches esa canción, acuérdate de mí, así como yo te recuerdo al oírla.

– Eso ya lo hago. –Wakabayashi también sonrió–. Confieso que, antes de escuchar la música, estaba pensando en que las cosas me han ido muy mal este año y que pareciera que estoy bajo el influjo de un mal karma.

– ¿De verdad? –Lily alzó una ceja–. Eso es poco digno de ti, ¿no te parece, Wakabayashi? No eres un hombre que se deje llevar por supersticiones.

– Lo sé bien, pero supongo que hasta yo puedo deprimirme por tantas caídas –replicó Genzo, con una expresión avergonzada.

– Normal, eres humano –sonrió Lily –. Pero aquí estoy para recordarte cuán grande es tu fortaleza y que, sin importar cuántas veces caigas, volverás a levantarte, Gen.

– Y estoy muy feliz por eso. –Él la miró con ternura–. Ahora quiero saber quién te ayudó, a quién sobornaste para que pusiera esa música.

– No soborné a nadie, te lo aseguro –afirmó Lily, con expresión inocente–. Hana me ayudó por voluntad propia.

– ¿Hana? –Genzo se asombró–. ¿Ella sabe que estás aquí?

– Por supuesto –asintió la médica, mientras se apoyaba contra el marco de la ventana–. Fue ella quien me ha estado dando información de primera mano y la que me facilitó el ingreso al hospital, cosa que no habría podido conseguir por el hecho de que no soy japonesa.

– ¿Y ha sido ella quien te dio esa identificación falsa? –Genzo señaló la credencial que colgaba de la bata de Lily.

– ¡Ah! Sí. –Lily la miró como si se le hubiese olvidado que la tenía–. Hana me imprimió esta tarjeta que me acredita como miembro del cuerpo médico de Japón para que pudiera entrar a verte con el pretexto de que vengo de parte de la JFA. No me parece que sea buena idea, temo que ella pueda meterse en problemas por falsificar documentos, pero me aseguró que mientras no la usara más que para ingresar aquí y la rompiera en cuanto consiguiese mi objetivo, no pasaría nada.

– Es más temeraria de lo que pensé –admitió Wakabayashi, complacido–. Luego le agradeceré el gesto.

– Por alguna razón que no entiendo, ella estaba muy feliz porque vine a verte –continuó Lily, pensativa–. En cuanto le conté que vendría, me ofreció su departamento para que me hospedara y me aseguró que se encargaría de mí.

"Es una larga historia, doctora", se dijo Genzo, reprimiendo una sonrisa. "Pero creo que será mejor no contártela ahora".

– ¿Estás hospedándote con ella entonces? –preguntó él.

– Por el momento no, pero lo haré después, cuando Karl y Elieth se regresen a Alemania –respondió Lily.

– ¿Qué dices? –se asombró el portero–. ¿Schneider y la Peque están aquí?

– Claro, también vinieron a verte –asintió Lily–. Aunque ellos sólo estarán en Japón durante un fin de semana, yo podré quedarme más tiempo.

– ¿Y por qué han venido? –quiso saber Wakabayashi, con auténtica duda.

– ¿Eres tonto o te haces? ¿Qué no es obvio? –Lily puso los ojos en blanco–. Ambos están preocupados por ti, son tus amigos y quieren darte su apoyo.

– Lo de la Peque lo entiendo –murmuró Genzo–, pero lo de Schneider sí que me sorprende…

– Definitivamente eres tonto –gruñó Lily, con una mirada enfurruñada–. Pero seguramente Karl actuaría igual si los papeles se invirtieran. Ustedes dos tienen una relación de lo más rara, aunque es obvio que se aprecian mutuamente. En fin, ellos deberán esperar a la hora de la visita para entrar, yo acepté romper la ley para ingresar antes, no podía aguardar tanto.

– Estás exagerando, doctora, no has roto la ley –se rio Genzo.

– Suplantar a alguien de la JFA sí debe de ser un delito, más porque soy extranjera –lo contradijo Lily–. O eso es lo que me aseguró Elieth, que se ha mantenido en contacto con la embajada de México por si acaso tiene que pedirle al embajador que me ayude a salir de la cárcel.

– Si eso llegara a suceder, moveré mis influencias para liberarte –aseguró Genzo–. En Alemania no podré hacer gran cosa, pero en Japón el apellido de mi familia tiene mucho peso.

– No lo dudo, Gen, pero creo que si tu padre se enterara de que me encarcelaron, abogará para que me den cadena perpetua –replicó Lily.

Ambos se echaron a reír y entonces notaron cuánto extrañaban esas bromas tontas y esos sencillos momentos de intimidad. Genzo estiró la mano y le hizo el gesto a Lily para que se acercara a él, petición que ella obedeció con una sonrisa. La doctora lo abrazó y apoyó su cabeza en el hombro del portero, quien a su vez acarició su cabello.

– Te extrañé, Gen –susurró Lily.

– Y yo a ti, Yuri –contestó Genzo–. Más de lo que puedes imaginar.

Era cierto que todavía quedaban varias cosas en el aire, situaciones que seguían sin resolverse y que probablemente no tendrían una solución adecuada, pero ahora ambos estaban seguros de que, sin importar lo que sucediera en el futuro, deseaban afrontarlo juntos.


Notas:

*Shepherd significa "pastor" en inglés, por lo que la traducción literal de Shepherd's Pie es "pastel de pastor".

– México, Francia y Alemania son de los países cuyos ciudadanos no necesitan visa para poder visitar Japón como turistas.