Capítulo Trece

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Les habían ordenado volver a la orden inmediatamente.

Tal parecía, que todos los exorcistas habían pasado por lo mismo durante las misiones que estuvieron activas durante esos dos días. Lo más lamentable, para la mayoría, era que durante ese evento había muerto una gran cantidad de buscadores.

Pero eso en realidad a Kanda le daba igual. A pesar de que Komui los felicitó por haber sido los únicos que volvieron junto a los buscadores. Aunque él estaba seguro, que por la única que se preocupaba era por la enana de pelo castaño. Los motivos eran simples, según Komui, eso podía afectar el rendimiento del brote de habas en la Orden. Además, estaba seguro que quería evitar que le diera jaqueca.

Dejando eso de lado, circulaban rumores de que un general había muerto. Kevin Yeager. Según tenía entendido, era el más viejo de los generales; y sospechaba que lo habían nombrado general por su edad y para que hubiera cinco y se les facilitara recordar el número. Pues no estaba seguro de que hubiera pasado el punto crítico. No lo sentía.

Los otros generales tenían un aura y energía particulares, que hacía que fuera más fácil para Kanda distinguirlos. Destacaban de entre el montón, y cuando estaba cerca de uno se sentía abrumado.

La sensación era única y no era algo que sintiera muy a menudo, porque por lo regular no estaban en la Orden. A pesar de que...

Detuvo sus pensamientos con un sobresalto y se incorporó en su cama abruptamente. Dándose cuenta que hasta hace poco, solamente había sentido esa clase de energía en un general. Pero había alguien con quien la sensación era muy similar a la de estar cerca de uno. Pero... pero no, eso no tenía sentido.

No puede ser.

Tenía que haber un error. No podía ser completamente igual. Aunque era mejor comprobarlo por sí mismo. Por lo que, saliendo de su habitación, se dispuso a aclarar sus dudas.

Por suerte a esa hora de la noche no había absolutamente nadie por los pasillos, y era menos abrumador caminar por el lugar. Al estar todo el mundo durmiendo, facilitaba que pudiera concentrarse en lo que estaba buscando, y no en los demás a su alrededor.

Así que solamente tenía que concentrarse en encontrar la habitación correcta. Pero cuando llegó a su destino, se sorprendió un poco. No había nadie. Y estaba seguro de que no había nadie, porque no sentía esa presión por la que había ido allí originalmente.

A pesar de que no estaba completamente seguro de lo que iba hacer si hubiera alguien al llegar.

Entonces la segunda opción... era ir a la otra habitación. De tan solo pensarlo se le revolvió el estómago y se sintió extrañamente furioso. No, definitivamente no iría allí. La frustración se acumuló en su interior, y si se quedaba con esa sensación era seguro que no pegaría el ojo en toda la noche, y al día siguiente Marie lo podía regañar otra vez por su mal comportamiento.

Y eso tampoco lo iba a soportar.

Ni modo, iba a tener que expulsar ese malestar repentino blandiendo a Mugen un rato. Pensando en eso, encaminó sus pasos a la sala de entrenamiento. Otra de las ventajas de deambular por la noche, era que de igual forma el lugar iba a estar desierto. Y si lo pensaba bien, era mejor que volver a intentar dormir.

Ya durante el día se encargaría de comprobar la perturbación de su paz. Era preferible a exponerse a algo desagradable yendo a esa otra habitación.

Durante su camino, de repente se sintió un poco tonto por el hecho de que le abrumaran suposiciones de un momento a otro durante la noche. Sus pensamientos lo llevaron en cuestión de segundos, a darse cuenta de algo que debería haber analizado desde hace mucho tiempo.

Eso hacía más grandes sus sospechas, y lo convencía más de aquello que defendía, a pesar de que todos ya le habían dicho que estaba loco.

Kanda estaba seguro de que algo andaba mal -además de lo obvio- con el brote de habas y la enana buscadora. Y no descansaría hasta tener pruebas, y concretar qué era exactamente. Sus instintos no podían estar equivocados.

Mientras pensaba en todo eso, de pronto hubo algo que hizo que dejara de lado sus pensamientos y se pusiera en alerta. Todavía faltaba un poco para llegar a la sala de entrenamiento; cuando se empezó a escuchar el sonido inequívoco de metal chocando entre sí.

¿Quién demonios podría estar entrenando a esas horas además de él?

Procuró reducir su respiración y hacer sus pasos más ligeros. Por el sonido se podía notar que eran dos personas. Dos personas diestras y altamente habilidosas. Y Kanda no conocía a nadie que pudiera producir tales sonidos al pelear.

La práctica de la espada y demás armas, siempre tenía una marca distintiva. Y al igual que con el arco y las flechas, un experto podía distinguir si la persona que disparaba era buena o no; a través del sonido, la postura, fuerza con la que era disparada y la precisión de la flecha al acertar. Incluso había algo artístico en el simple análisis. Y era el único arte que Kanda reconocía.

En ese preciso momento, solo tenía uno de esos factores y algo le decía que estaba por ver algo sorprendente.

Asomándose al lugar contuvo la respiración para que su presencia no fuera notada. Porque estaba seguro, que alguien que produjera tal choque de armas tenía que ser capaz de sentirlo al acercarse. De tal manera que tenía que ser sumamente cauteloso.

Así que lenta, muy lentamente asomó su cabeza lo mejor que pudo a través de la columna para poder ver de quien se trataba. Y lo que vio, hizo que dejara de lado la cautela, para dar paso al shock y hacer que sus ojos dolieran a causa de la intensidad de lo que veían.

Había esperado que esas dos mujeres estuvieran en la habitación del brote de habas. No precisamente charlando, claro está. Pero jamás imaginó, que las encontraría en semejante situación.

De las habilidades de la británica si tenía cierta noción, y durante sus constantes peleas había intentado, aunque sin mucho éxito, hacerse una idea de su alcance. Y por supuesto, tenía entendido que la francesa sabía algo de defensa personal. Pero lo que sus ojos veían en ese momento, estaba más allá de la defensa personal o de cualquier estándar que les hubiera marcado.

De derecha a izquierda y viceversa, por segundos en saltos perfectamente calculados, y con ataques certeros y mortales; dos alfanjes se enfrentaban a dos falcatas(1), dando giros, esquivando y arremetiendo con una técnica que nunca antes había visto. Aquello que presenciaba no lo podía hacer alguien normal.

Si no se supiera la naturaleza de la relación que había entre ellas, cualquiera diría que estaban peleando a matar. Incluso un idiota podía notar eso de inmediato. Pero Kanda tenía la ventaja de ver algo extra en esa batalla. Aunque solamente en un lado, eso no quitaba el hecho de que era abrumador.

Los colores de la buscadora siempre se habían destacado. A pesar de que extrañamente su aura no cambiaba, en esta ocasión estaba seguro, de que aquello que sospechó en un principio y lo sacó de su habitación de madrugada era verdad. En especial en esos instantes.

El aura y la energía de Emilia Galmar eran muy parecidas a la de un general. Era casi idéntica.

Aunque, a diferencia de los generales, siempre se mantenía estable y equilibrada. No lo había notado, porque nunca antes la había tenido cerca en una situación remotamente similar a la de esos instantes. Y sus colores siempre le habían molestado de tal manera que prefería ignorarla cuando no la estaba insultando. Causando que omitiera ese detalle.

Estaba tan concentrado en esa pelea y más el impacto de esa confirmación, que no se dio cuenta que un arma hecha de inocencia iba directamente hacia él.

Salió de su estupor a tiempo para evitar el impacto. Su instinto de supervivencia se activó cuando tuvo enfrente a la británica y le devolvió el ataque. Dándose cuenta al instante de un detalle en específico.

Se contuvo al atacarlo. Cosa que no estaba haciendo hace unos instantes al enfrentarse a la buscadora.

Se enfureció.

—¿No te enseñaron que espiar es de mala educación, Bakanda? —le reprochó la chica, mientras lo golpeaba de nuevo con el alfanje hecho de su inocencia. — ¡Oh! Es cierto, esa clase de cosas, entre otras tantas no entran en tu diccionario de vida.

—Me tomaré la molestia de tener modales contigo, cuando te tomes en serio nuestros enfrentamientos.

—¡Ja! ¿Pelear en serio contigo? —se rió como desquiciada mientras lo seguía atacando. —No me hagas reír. Incluso con tu extraña forma de sanar, morirías más lentamente si te avientas de un puente.

—No me subestimes. —apretó los dientes mientras continuaba con la pelea.

—Ni siquiera estás al alcance de eso. Pero ya que estamos, aprovecharé la oportunidad para ajustar cuentas contigo.

—¡Espera, Allen! —gritó la enana, con una postura que indicaba que pensaba intervenir.

—Lía, por favor. Me convenciste de no buscarlo por lo que te hizo durante la misión. Pero te advertí, que si él mismo venía a buscar pelea era otro asunto.

—¡Allen!

Emilia sabía que era perfectamente capaz de detenerla. Pero no lo hizo precisamente por eso.

Inmediatamente se dio cuenta, que Kanda a pesar de estar dando todo de sí, no estaba tan centrado en los ataques de Allen y la miraba de vez en cuando. Estaba esperando que hiciera algo. Y si intervenía pondría al descubierto que había una amplia diferencia de habilidades; y eso podría causar que empeorara su actitud.

Exponerse a sí misma era exponer a Allen. Y no podía permitir eso. El detalle era que Allen se encontraba tan enfurecida con Kanda; que estaba olvidando la cautela, dejándose llevar por su enojo debido a la actitud que tenía contra ella.

Le había costado mucho trabajo, y una que otra "persuasión" convencerla de no hacer nada al respecto. Y aún con eso no logró aplacarla del todo. Por lo que habían terminado en la sala de entrenamiento para que Allen se calmara un poco más. Y ahora estaban en esa situación. Definitivamente parecía un mal chiste. Sin embargo...

Kanda era hábil, pero no tanto como Emilia y mucho menos como Allen. Por lo que, aunque no le gustara iba a tener que esperar. Después de todo estar presente garantizaba que Allen no lo iba a matar. Y al parecer, era precisamente la diferencia que había entre ellos lo que estaba calmándola. No era correcto, pero era preferible a que se lo tomara en serio.

Y se dio cuenta que Allen estaba por terminar la pelea.

Lo sentía mucho por el japonés, pero no le iba a dar el gusto de confirmar sus sospechas. A pesar de que estaba segura, que el no haber hecho nada en esos momentos, no garantizaba que se iba a quedar quieto más adelante.

Como esperaba, Allen aventó por última vez al pelinegro contra las columnas del lugar. Y Emilia entendió que por fin se había calmado del todo. Se acercó a ella y tomó su mano, evitando que continuara por mera satisfacción personal.

—Ahí lo tienes, Bakanda. Supongo que te habrás dado cuenta de lo obvio. Así que no esperes que te tome enserio y deja en paz a Lía.

—No creas que porqué ganaste hoy desistiré de saber qué es lo que ocultan ustedes dos.

—Pierdes tu tiempo, imbécil. Ocúpate de tus asuntos. Esta es la última...

—Por favor, Joven Kanda. No pierda su tiempo creando conflictos internos dentro de la Orden. — le interrumpió Emilia. Tenía que evitar que Allen se alterara de nuevo e hiciera advertencias. — Las cosas se están poniendo complicadas, y es mejor si no damos pie para que el enemigo tome ventaja.

—Lía, este tipo no se merece tu educación.

—Allen, déjalo por hoy, ¿sí? ¿por favor? —suplicó mientras se la llevaba de la sala de entrenamiento. Tenía que aprovechar que estaba más tranquila. — Que pase buena noche, Joven Kanda.

Allen seguía protestando, pero dejó que la buscadora enana se la llevara. Kanda observó como la jalaba por el pasillo, con una sensación en su interior que prefirió ignorar.

A pesar de que se sentía inconforme con el resultado del enfrentamiento, al menos había obtenido la información necesaria, para tener la certeza de que sus instintos no se equivocaban. Kanda no sabía si era una pista, pero era un dato importante, que le daba la satisfacción de saber que estaba en lo correcto.

Definitivamente, el brote de habas y la buscadora no eran normales. Sus habilidades estaban comprobadas. Lo malo era que a pesar de haber obtenido algo de información, esta palidecía al encontrar otros detalles que aumentaban sus dudas.

¿De dónde habían sacado las armas que tenía la enana?

Por lo regular, una falcata no se fabricaba con una hoja "gemela". Y eran muy difíciles de conseguir. Incluso si se lograba, era aún más difícil encontrar a alguien que las hiciera bien. Además, las que ella tenía se veían antiguas, y los patrones del laminado y el grabado (2) en las hojas eran excelentes. Daba la sensación de que tenían un mensaje que transmitir.

Tenía que investigar más al respecto. No sabía exactamente cómo, pero lo iba hacer.

Se estaba concentrando a propósito en esos detalles, para no lastimar su orgullo al recordar la paliza que acababa de recibir. Y dándose cuenta que eso de todos modos lo iba a torturar si volvía a su habitación, decidió que lo mejor era quedarse entrenando hasta que le diera sueño. Si es que le daba.

Al menos, había conseguido aclarar aquello que lo sacó en primer lugar de su habitación.

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XXX

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Las cosas estaban mal, muy mal.

Varios buscadores habían muerto. Y lo peor de todo, un general había sido brutalmente asesinado. Ni siquiera se le dio la dignidad de mantener su cordura intacta durante el ataque. Tal fue el daño causado, que tuvieron que terminar con su sufrimiento con morfina. Era lo menos que podían hacer dadas las condiciones en las que estaba.

Tomando en cuenta que la identidad del asesino no era un misterio, era lo más preocupante del asunto. Eso había sido definitivamente obra de un miembro de la familia Noé. Bookman lo había confirmado, y no era necesaria ninguna otra confirmación.

Mas esos mensajes enviados por el Conde. A pesar de que habían sido enviados de diferentes formas, estaba claro que tenían el mismo propósito.

Anunciar el desastre que se avecinaba.

Primero estaba la aterradora "melodía" que pronunciaba el general Yeager cuando lo encontraron. Después, el mensaje que repetían los akumas mientras atacaban a los exorcistas, que habían sido llevados a una trampa en diferentes lugares del mundo. Todo el incidente estaba planificado para ponerlos en alerta.

Los altos mandos estaban inquietos, y durante las reuniones interminables que estaban teniendo, no hacían más que repetir lo obvio. Esperando que fuera suficiente para tener ventaja. Tenían que apresurar la búsqueda del Corazón. Y proteger a los generales hasta nuevo aviso.

Por fortuna, no había sido planteada la posibilidad de un nuevo proyecto experimental para aumentar el número de exorcistas. A menos que lo estuvieran planteando sin decírselo. Komui esperaba que no fuera el caso, y rezaba para que no lo estuvieran haciendo ya.

Quién sabe qué clase de cosas podrían salir de eso si fuera el caso.

Estaba por amanecer, y Komui todavía no terminaba con todo el trabajo que implicaba que los generales estuvieran en peligro. Pero el Vaticano había sido muy específico con algo en especial.

Eso era otro asunto que lo tenía con la mente y el corazón inquietos. Sin poder asimilar todavía, lo que implicaba el que Cross Marian hubiera enviado a Timcampy con Krory de la forma en la que lo hizo. Y tomando en cuenta todos los problemas que había en esos momentos, era eso en específico lo que le tenía más atormentado.

El mensaje que había enviado Cross, era más tormentoso que los del Conde Milenario.

—Komui, ya es hora. Todos están esperando. —anunció Reever desde la puerta.

—¿En serio? ¿no te había pedido que los citaras a todos hasta después del desayuno? — preguntó desconcertado. Todavía era demasiado temprano para... ¡oh!

Con un sobresalto, se dio cuenta que el sol había salido y brillaba esplendoroso por la ventana. ¿Hace cuánto había salido?

—Hace diez minutos todos terminaron de desayunar.

—Pero me refería a después de MI desayuno. —reprochó con un puchero.

—No digas tonterías, al paso que vas desayunarás al medio día. — le regañó mientras lo jalaba fuera de la oficina. —¿Qué demonios es lo que te tiene así? Estás viendo cómo está la situación, y aun así te pones a perder el tiempo.

En ese momento, Komui recordó que no le había dicho a nadie sobre el mensaje de Cross. Por indicaciones de él. Y sentía que la carga que estaba llevando, era demasiada para hacerlo solo. Por lo que estaba terriblemente tentado, a decirle a Reever el porqué de su desvelo y preocupación. Pero sacó fuerzas de flaqueza y se contuvo a tiempo antes de soltar la verdad.

—Ya sabes, hay tanto pendiente. — se rió con nerviosismo. —Pero tienes razón, en estos momentos es mejor salir de lo más urgente.

—¿Qué diablos te pasa?

—Nada, nada. Démonos prisa. Mientras más pronto salgamos de esto, más rápido terminaremos con el trabajo atrasado.

Reever lo miró con extrañeza, pero no dijo nada y lo siguió en silencio.

Cuando llegaron a la sala de entrenamiento, ya todos los exorcistas estaban esperando desde hace rato la llegada de los científicos.

La expectativa de lo que les iban a decir era palpable en el ambiente. Komui evitó mirar en dirección de la joven exorcista que destacaba más de entre todos. Sin evitar notar que a excepción de Lenalee, Miranda y Alma casi nadie estaba cerca de ella. Pero no por eso sin ponerle atención.

Cuando todos se dieron cuenta de su presencia, sintió como el cansancio de haber pasado la noche en vela se hacía más pesado en su interior. Suspiró para alejar el malestar y se aclaró la garganta.

—Buenos días a todos. Gracias por haber venido. —empezó, tomando aire y poniendo en orden sus ideas. —Tengo un par de noticias no muy agradables que darles esta mañana, junto a las instrucciones enviadas por los comandantes que tenemos que cumplir hasta nueva orden.

—¿Es cierto que el General Yeager ha muerto, hermano? —preguntó Lenalee con preocupación.

—Así es, lamentablemente el general Yeager fue atacado hace dos días. Justo al mismo tiempo, en el que la mayoría de ustedes también estaba siendo atacado durante sus misiones.

—¡No puede ser! —Lenalee empezó a llorar con la noticia.

Miranda se acercó hasta ella para consolarla mientras también soltaba un par de lágrimas. Mientras el resto empezaba a murmurar debido a la impresión. El único que se mantuvo sin expresión en su rostro era Kanda.

—¿Quién atacó al General, Komui? —preguntó Marie.

—A eso iba, Marie. —ajustó sus lentes, mientras contenía las ganas de consolar a su hermana también. —Escuchen, los altos mandos estaban renuentes a que les dijera lo que estoy por decirles. Pero es imprescindible que estén al tanto de a qué nos estamos enfrentando. Y sean conscientes que el enemigo está planeando algo grande. Por lo que es importante que estén alerta para no ser tomados por sorpresa.

Todos pusieron atención a sus palabras. Notando que el director del cuartel general de la Orden Oscura, estaba más serio de lo normal. Las ojeras bajo sus ojos se veían profundas, y su aspecto cansado era más notorio. Nunca antes lo habían visto así.

—El general Yeager fue asesinado por uno o varios miembros de los Noé.

Sus palabras causaron que todos se alborotaran. A excepción de Bookman y Lavi, quienes se mantenían en la parte de atrás con expresiones serias. El revuelo general estaba dividido, entre los que sí tenían cierta noción sobre quiénes eran los Noé y los que no. Así que Komui decidió que era mejor que todo quedara claro.

—Para los que se han unido recientemente a la Orden, esto no debe de tener mayor significado. Y quienes tienen más tiempo aquí, tendrán una vaga idea de lo que estoy hablando. No quiero que partan hacia sus misiones en ignorancia. Así que les daré un resumen de la información que tenemos de los Noé.

» Según nuestras investigaciones; Los Noé aparecen de vez en cuando en la historia siguiendo las órdenes del Conde Milenario. No queda muy claro cuál es su relación, pero definitivamente trabajan para él. En realidad, la información que tenemos sobre ellos, es demasiado escasa como para tener un panorama general de quienes son y sus habilidades. Lo único concreto es que no son ordinarios.

Ante lo que estaba diciendo el ambiente se hizo más tenso. Los murmullos continuaban en voz baja, con el miedo y la expectativa presentes en las voces de todos.

—El panorama en general indica, que el Conde ha empezado a moverse en serio. Y ha empezado con la búsqueda de una pieza de inocencia especial, que nosotros también hemos estado buscando desde hace tiempo. Se le conoce como el corazón.

Esta vez las exclamaciones fueron más fuertes.

—El corazón de la inocencia. Es tal como su nombre lo indica. Una pieza de inocencia con el poder de terminar con esta guerra de una vez por todas. Actualmente... no tenemos idea de donde pueda estar. —esas palabras fueron muy difíciles de pronunciar para Komui. Pero tenía que decirlas. —Suponemos que, si el conde la está buscando, entonces él tampoco sabe dónde se encuentra. Pero por lo que sabemos, puede estar en manos de alguien con las habilidades de un general. Por lo tanto, la misión que tenemos para todos los exorcistas; es acompañar a los generales en sus misiones actuales.

» Como todos sabrán, actualmente quedan cuatro generales. Cross Marian, Nine Klaud, Winters Sokalo y Froi Tiedoll. Para algunos sonará absurdo que un general necesite protección. Pero por el momento es lo mejor que podemos hacer, para garantizar que el Conde no tome ventaja de la situación. Por lo tanto, se dividirán en equipos y partirán lo más pronto posible, a donde tenemos entendido que se encuentra cada uno de ellos.

—Entonces, en el caso de que sean atacados, ¿pretendes que seamos el cebo para que ellos puedan escapar? —preguntó Daisya con sarcasmo.

—Daisya... — Marie estaba por reprenderlo por su imprudencia, cuando Komui volvió a hablar.

—Por supuesto que no. Esta solo es una medida temporal y preventiva. Mientras no tengamos claro lo que planea el Conde, es lo único que podemos hacer. —Komui tampoco tenía muy claro lo que pretendían los altos mandos con eso. Pero en casos como ese, lo único que podía hacer era obedecer.

—¿Entonces los equipos se dividirán dependiendo del maestro de cada quién? —preguntó Marie.

—La mayoría sí, Marie.

—¿A qué te refieres con "la mayoría", hermano? —esta vez la pregunta vino de Lenalee.

—Eso lo discutiremos conforme vayan partiendo. Por el momento, aquellos que pertenecen a la unidad de Sokalo y Klaud, prepárense para salir lo más pronto posible. El resto, espere a que los llame a mi oficina por favor. Eso es todo. Pueden retirarse.

Después de sus últimas palabras, Komui empezó a caminar hacia su oficina de nuevo. Con Reever persiguiéndolo extrañado. Dejando que aquellos que tenían que partir, empezaran con los preparativos para hacerlo.

—¿Qué no se supone que los equipos estaban decididos? ¿Qué está pasando, Komui? —le preguntó. Pues, según él, no había que hacer mayor cosa que enviar a los exorcistas con sus generales.

—El Vaticano ha ordenado, que ciertas personas queden en un mismo equipo para una misión especial.

—¿A qué te refieres con eso? ¿Qué personas?

—Muy pronto te enterarás de eso. Por el momento solo...

—Komui ¿puedo hablar contigo? —ante el sonido de la voz que le hizo la pregunta, Komui se puso tenso. Mientras el recuerdo de un papel en sus manos inundaba su mente.

"Mantén esto en secreto. No dejes que nadie se entere, envía gente de tu completa confianza a vigilar. Aunque es preferible si vas en persona al menos una vez. Y lo más importante..."

—A-Allen, justo estaba por mandar a buscarte. —trató que el nerviosismo no se le notara. Pero aun así empezó a sudar frío cuando le dio la cara a la exorcista.

—¿Es así? Entonces supongo que está bien si te acompaño. —la sonrisa de Allen era la de siempre. Pero Komui ya no sabía exactamente cómo tratarla.

—S-sí. ¡Si! Tengo que hablar contigo sobre algo muy importante. —podía sentir los ojos de Reever sobre sí mismo. El científico tenía su propia versión de los dones de Kanda cuando se trataba de él. Por lo que era inevitable que se diera cuenta de su actitud. Así que era mejor no devolverle la mirada. —Mientras tanto, Reever ¿Podrías decirle a Marie, Daisya y Kanda que también vayan a mi oficina en un rato?

—Está bien. — a pesar de que se alejó, lo seguía mirando de vez en cuando. —Nos vemos luego, Allen.

—Nos vemos, Reever. —se despidió Allen, aún con la misma sonrisa y la voz tranquila.

Komui siguió caminando, mientras seguía pensando en la carta de Cross y las órdenes de los comandantes. Eran demasiadas cosas como para no hacer algo al respecto.

"... No confíes en nadie del vaticano. Esos sujetos están esperando a que aparezca el corazón para usarlo en su beneficio. Y lo que está en esa casa no puede ser encontrado por ellos. Sobre todo..."

—¿Estás bien, Komui? —Allen se paró frente a él con una expresión preocupada. Solo hasta entonces se dio cuenta de que ya habían llegado a su oficina. —Te noto distraído, ¿pasa algo?

—No te preocupes. Adelante.

Abrió la puerta para ella y esperó a que se sentara para mirarla de frente por fin. Dándose cuenta que era mejor si tomaba la delantera en la conversación.

—Allen, discúlpame si hablo primero. Pero es necesario que aclaremos un asunto importante antes de que me digas lo que me quieres decir. Supongo que sabes qué es: ¿podrías explicarme como hiciste las armas que tiene consigo Emilia?

La vio ponerse un poco tensa antes de hablar.

—Esa era una de las cosas que quería hablar contigo. No quiero que haya malentendidos por eso. Pero quiero que entiendas que pase lo que pase, no voy a destruir esos Sais.

—¿A qué te refieres con que no los vas a destruir?

—Primero lo primero. Supongo que, si sabes de su existencia, es porque Marie o Kanda te contaron sobre ellos. Y sabes que tienen parte de mi inocencia, y solo son útiles en caso de que el Akuma esté moribundo.

—Ese fue el reporte que me dieron.

—Eso se debe a que tienen una conexión directa conmigo. Komui, esas armas están "despiertas", por decirlo así. La inocencia que hay en ellas está activada todo el tiempo.

Komui abrió los ojos con asombro ante sus palabras.

—Allen. Eso es demasiado peligroso. Puedes morir en cualquier momento debido a eso. —le regañó. —Entiendo que te preocupes por Emilia, pero lo que estás haciendo es excesivo. Ningún exorcista, incluso un general, puede mantener activada su inocencia todo el tiempo.

—No te preocupes por mí. Aunque esté activada, no significa que dependa de mi energía. Se han vuelto una extensión de mi inocencia. Significa que a pesar de estar activada es independiente. Es como partir un diamante en tres partes. Aunque este dividido es lo mismo; mientras no me pase nada a mí, no le pasara nada a los cuchillos, y por lo tanto tampoco a Lía. Y si algo les pasa a los cuchillos, lo sabré, pero tampoco me afectará, y la inocencia regresará a mis argollas. Aunque espero que no vaya a pasar algo así. Y es a eso a lo que me refiero con que no los voy a destruir.

—Aún no me explico cómo lograste hacer eso.

—Parte de mi voluntad por proteger a la persona más importante de mi vida. — lo dijo de tal manera, que parecía la cosa más normal del mundo. —No fue fácil. A decir verdad. Pero no tienes que preocuparte. Ambas estaremos bien.

Komui sospechaba que había más en eso que Allen no le estaba diciendo. Pero tampoco hizo el intento de averiguarlo. Algo le decía que de todos modos no sacaría nada de ello. Con ese pensamiento, la carta de Cross volvió a su mente.

"Ni siquiera yo puedo imaginar el alcance de sus secretos. Sabe más de lo que parece."

—Allen, hay algo que tienes que saber. —salió de sus pensamientos, cuando se dio cuenta que Allen estaba esperando su reacción a sus palabras. —Es algo que no había querido decirte, porque es muy incómodo y me preocupo por ti. Pero dadas las circunstancias, considero que es importante que lo sepas.

—¿Qué cosa?

—El Vaticano tiene ciertas dudas hacia ti. Por el hecho de que Kanda no puede ver ni sentir nada a tu alrededor. Y debido a que no recuerdas nada del día en el que sincronizaste. —Komui tenía que comprobar sus sospechas. Así que soltó esa información para ver su reacción.

El rostro de Allen se tornó serio. Pero, de nuevo, no sabía cómo interpretar esa seriedad.

—Ya lo sabía. —se sorprendió porque no intentara ocultarlo. —Lo escuché por accidente de Lenalee mientras lo discutía con Alma.

¡Oh! No sonaba a mentira, pero tampoco era muy convincente.

—¿Qué opinas al respecto?

—Que están locos. Lo que me preocupa realmente, es que debido a esas armas intenten hacer algo contra Lía. —era sorprendente, que incluso con eso pensara antes en ella.

—No te preocupes, mantendré esta información en secreto. Tampoco creo conveniente que se enteren de esto. — Si se llegaban a enterar, era probable que intentaran experimentar con Emilia, o incluso con Allen.

—Confiaré en tu criterio en eso entonces. —con esa afirmación, se dio cuenta que Allen estaba menos tensa. Pero había que tratar algo que podría volver a ponerla tensa.

—Entonces supongo que sabes a qué equipo has sido asignada debido a ello, ¿no es así? —y como supuso, Allen apretó los labios y torció un poco el gesto.

—Deduzco que debido a las absurdas sospechas de esas personas; quieren mantenerme cerca de Bakanda para saber si en algún momento logra ver algo en mí. ¿O me equivoco?

—Es correcto. Para ellos la habilidad de Kanda es una especie de tesoro. Aunque no les ha traído los beneficios que esperan, piensan que eso puede cambiar en cualquier momento.

—Entiendo, pero siendo así, no esperes que no haya problemas en el camino.

—Confío en que sabrán comportarse.

—Ahora bien, aclarado ese asunto; quiero saber que será de los buscadores durante este periodo de crisis. Es por eso que vine a hablar contigo en primer lugar.

—No te preocupes, si no es necesario, Emilia no saldrá de la Orden. A menos que algún capitán de equipo la necesite. Pero dudo que se presente algún caso como ese.

—No te lo preguntaba por eso. Su familia la ha estado buscando. Parece que las cosas por ese lado se han calmado un poco, así que es probable que ella tenga que salir para ir a verlos en algún momento. Espero que no haya problema con eso.

—No le veo inconveniente. Sabes que la mayoría de las funciones de los buscadores, se organizan entre ellos mismos.

—Bien. Entonces iré a mi habitación. No quiero estar presente cuando Kanda haga una rabieta por la organización del equipo. —se puso de pie con un poco de prisa. Komui no sabía si era su imaginación, pero le pareció ver un poco de palidez repentina en su rostro, y un ligero temblor en la mano que tenía sobre el pomo de la puerta. —Diles que los estaré esperando en la salida.

Y sin esperar su respuesta se marchó. Antes se hubiera preocupado por su actitud repentina al salir, pero ahora...

Komui esperó un poco antes de dejar salir de nuevo a Timcampy de su escondite, para que no estuviera tan sofocado. Y volvió a tomar la carta que le había enviado Cross.

Primero, lo que decía sobre no confiar en el Vaticano ni en los altos mandos, no le extrañaba para nada. Desde hace algún tiempo, el general le había hecho partícipe de sus investigaciones secretas y los "recados" que hacía por cuenta propia. Se podría decir, que había cierta complicidad al respecto desde hace mucho.

Segundo, esa dirección. Todavía no podía creer que el general afirmara que en ese lugar estaba el corazón. Pero viniendo de Marian, era muy probable que no estuviera bromeando. Y dada la situación, era claro quienes irían hacia allá para protegerlo.

Era la última parte de la carta lo que no lograba entender del todo. Y era lo que más le preocupaba.

Por más que la leía, no lograba creer por completo en sus palabras. A pesar de que, después de haberla leído detenidamente, y poner en orden todos los acontecimientos que envolvían el asunto no había más opción que admitir que todo tenía sentido. Y por su forma de expresarse, sabía que era mejor no tomar a la ligera lo que estaba escrito ahí. Sobre todo, ese párrafo y esa última frase. Incluso en el trazado de las letras, se podía ver que había cierta gravedad en el asunto.

Con la mente turbulenta lo leyó nuevamente en voz alta.

"Por nada del mundo, dejes que Allen Walker se entere de la ubicación del corazón."

Había comprobado parte de lo escrito en la carta. Confiaba en Cross y aunque le pesara, tenía más tiempo de conocerlo. A Allen no. Así que iba a hacer lo que le pidió de la mejor manera posible.

Sin saber que por más que quisiera, aquello iba a ser completamente inútil.

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(1) Falcatas: La falcata es una espada de filo curvado originaria de la Iberia prerromana. Su uso está históricamente asociado con las poblaciones del sureste de la península ibérica durante la conquista de España, donde constituye una de las armas blancas nativas más emblemáticas de la Antigüedad. La falcata posee una hoja curva y asimétrica, típicamente de un solo filo, cuyo contorno gira hacia delante de manera cóncava antes de retroceder de nuevo hacia el eje de simetría en la punta. Esta forma sitúa el centro de gravedad de la espada hasta aproximadamente la mitad de la hoja y eleva el punto de corte más cerca de la punta, lo que maximiza la potencia de cada tajo sin llegar a desequilibrarlo. Presenta a veces acanaladuras en el borde no cortante que permiten aligerar el peso del arma, así como decoraciones en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata.

(1.1) Alfanje: El Alfanje es una espada de hoja ancha y curva, con filo en un solo lado (o contrafilo en su último tercio). Etimológicamente la palabra Alfanje es un tipo de sable corto de ascendencia musulmano-oriental que se adoptó y modificó tanto en la península como en otras zonas cristianas del mediterráneo. En España el Alfanje deriva en otros términos similares como alfanjón, alfanjonazo y alfanjete, terciado o chafarote. También se le conoce como cimitarra, eslabón, sable. Etc.

(2) Laminado y Grabado de las hojas: Estas son dos cosas distintas en un arma cortopunzante como las espadas. El laminado es parte de la forja de una hoja. En pocas palabras esto es lo que le da soporte y equilibrio a una espada dependiendo de cuantas capas de metal lleve, y es parte del proceso final de la hechura de un arma. Mientras que el grabado, a veces son patrones que se usan al terminar la forja, es más un ornamento estético en las armas. Estas pueden variar y en ocasiones desde grabar el nombre de quien la hizo hasta una leyenda sobre la historia de origen del arma. En otras ocasiones solo son curvas o formas de nubes, etcétera (Si me equivoco, alguien corríjame xD).

Buenas, buenas, La neta es que nunca se los he dicho, pero mi hora preferida para publicar es de madrugada. Así que es muy probable que las siguientes actualizaciones también lo sean. XD No lo puedo evitar. Lo bueno es que el día es largo jajajajaja

Ahora, empezando con las notas quiero aclarar que: sé que dije que iba a actualizar hasta fin de mes, pero me pareció muy maluco, y la verdad creí que me iba a llevar más tiempo hacer las correcciones del caso. Aprovechando que por el momento tengo medio libre el tiempo entonces lo voy hacer xD. Eso no significa que siempre vaya a ser semanal la actualización de ahora en adelante. No es que quiera dejar de escribir como siempre esta historia, pero en serio necesito encontrar trabajo jeee. Pero eso son otros asuntos. Respecto a la historia...

Veamos... como lo prometí, sé que vieron varias notificaciones de los capítulos 0 al 10... y yo que pensaba que iba a ser hasta el 8... pero preferí buscar toda falla y dedazo que me fuera posible y... ¿qué creen?... soy una vergüenza. Jajajaja. La verdad me dio mucha vergüenza ver esos dedazos. Pero de ahora en adelante yo creo que no habrá tantos. Rueguen que no sea el caso. Fuera de eso no modifiqué nada más, que algunas cosas ortográficas y algunas de puntuación. Fue una ardua labor, pero lo hice para que la lectura de esta historia sea mejor. Los amo jajaja

Olvidemos mi amor por un momento y entremos a la sección...

Origines de esta historia, sin cumplir el orden el que se dieron: Verán, cuando estaba pensando en cómo modificar la inocencia de Allen, vino a mi mente la idea de dejarla tal y como estaba. Pero entonces me di cuenta que hay un acontecimiento de más adelante que no puede ser llevado acabó por dicha inocencia... aunque estando aquí en Wattpad era muy fácil modificarlo y hacerlo posible. Recordemos que aquí y es decir en el mundo de los Fanfics, todo es posible.

Pero no quise que sonara muy fantasioso y la verdad hasta me da vergüenza el cómo lo modifique por unos instantes en mi mente. No pregunten que estoy tratando de olvidarlo. Jejeje. Entonces vino a mí la idea de la escena del principal del capítulo uno. Y me dije a mi misma: mi misma, eso es una señal. Debo hacer su inocencia de tipo crista. Porqueeeeee. Y ahí viene otra cuestión. Esto va a estar entre las revelaciones de los capítulos siguientes jajaja pero si tiene un motivo.

Ahora, al pensar en darle forma definitiva a la inocencia de Allen, no se me ocurría nada. Pero viendo televisión se me ocurrió algo, y esto tiene que ver con el punto número dos de más arriba. Déjenme contarles que me encanta ver el History Chanel. La mayoría de los programas de ese canal me gustan demasiado. Y viendo uno de mis favoritos fue que nació la idea de hacer que su inocencia no tuviera forma definitiva. Ese programa es Desafío sobre fuego. XDDDD. Jajaja porque, verán, me encanta ver como hacen esas armas en ese taller. Y fue que decidí tomar el concepto para esta historia. Jejeje ¿Qué les parece?

Respecto al capítulo, creo que más de alguien (si no es que la mayoría... todo el mundo) se habrá dado cuenta que Kanda pierde cierto protagonismo... o no sé cómo lo vean ustedes, pero si lo pensaron gente, es porque la verdad eso estaba planeado desde el principio. Vuelvo y repito, esto ya lo había mencionado en la introducción de la historia.

Estoy hasta la puta madre de que, en los fics, Kanda siempre es más fuerte, muuuucho más alto que Allen. Cuando según la información que da Hoshino en el manga solo son seis putos centimetros. SEIS, Alv. En una regla de cualquier lugar alrededor de todo el mundo... eso no es una cabeza de diferencia de estaturas. Eso sin tomar en cuenta que al Allen del manga le falta crecer. Jajajajaja En fin. Y otro aspecto es que siempre es muuuuucho mas fuerte, muuuuucho más hábil. Etcétera, etcétera.

Bueno, damas y caballeros. En esta historia es al revés. Y en mi caso, como ya he dicho, más adelante explicare el porqué de eso. Pero si, Allen en esta historia es como mi amor platónico que ya he mencionado en anteriores notas. Aelin Galanthynius. Dios, esa mujer no tiene igual. Ni siquiera sus novios a lo largo de la saga son como ella y por eso la amo. Jajajajaja.

Volviendo a Kanda. Se va a redimir, un poco más tarde que temprano, pero lo hará. No coman ansias que con lo que tengo pensado creo que amaremos más a ese amargado de la serie. (salta tirando confeti).

Y bueno, por el momento es-eso e-es eso es t-to-todo amigos. (No ignorar referencia a los Looney Toons) XD.

Sin más que decir, gracias por leer. By KNM.