Capítulo 76.

Múnich.

Sho y Débora intercambiaron una mirada de confusión cuando Nela se echó a reír a carcajadas tras leer las cartas de Oxford y de Cambridge. Definitivamente no esperaban una reacción así por parte de ella, pues no cuadraba con su personalidad, pero quizás esto indicaba que las noticias eran buenas.

– ¿Y bien? –se animó a preguntar Débora, ansiosa–. ¿Qué ha pasado, qué te dijeron?

– ¿Qué ha pasado? –repitió Nela, haciendo una pausa para responder, tras lo cual volvió a reír antes de continuar–: Que esto es una bomba, es lo que ha pasado.

– No entiendo –confesó Shunko, confundido–. ¿Son buenas noticias, mi vida?

– ¿Buenas noticias? ¡Si vieras lo buenas que son! –se rio Nela–. ¡Las dos universidades me dieron la misma respuesta!

– ¡Oh! –El rostro de Débora se iluminó–. ¿Te aceptaron en ambas? ¡Es genial!

– No –negó Nela–. No me aceptaron en las dos.

– ¡Ah! –respingó Sho–. ¿Entonces te aceptaron sólo en una? ¿En cuál, en Cambridge? ¿O fue en Oxford?

– No. Ni en Cambridge ni en Oxford –dijo Nela, al fin–. No me aceptaron en ninguna de las dos.

Shunko y Débora la contemplaron con la boca abierta, atónitos. Definitivamente, no esperaban esas malas noticias, sobre todo porque Nela no se veía deprimida. O, quizás, esa risa era la forma que tenía ella de ocultar su frustración.

– Okey, no esperaba eso –confesó Sho, después de un rato de incómodo silencio–. Por la expresión que pusiste, creí que te habían aceptado en las dos.

– Lo mismo pensé –admitió Débora–. Esto ha sido de lo más inesperado.

– Oh, bueno, ciertamente yo tampoco lo esperaba –suspiró Nela y se dejó caer en el sillón más cercano, con ambas cartas en la mano–. Supongo que no soy lo suficientemente buena para una universidad de mi país, o quizás el Brexit me ha afectado más de lo que esperaba.

– ¿El Brexit? –cuestionó Débora–. ¿Qué ha tenido que ver la peor decisión que han tomado los británicos en el hecho de que no te aceptaron en esas universidades?

– Que con la insistencia de mis compatriotas de demarcar lo que es netamente británico de lo que no lo es, no les debe de parecer agradable la idea de traer de vuelta a alguien que hizo su carrera en Alemania en vez de hacerla en el Reino Unido, aun así ese alguien sea británico también –aclaró Nela.

– Suena descabellado, pero plausible hasta cierto punto –murmuró Shunko.

– O tal vez estoy poniendo pretextos y en realidad no soy lo suficientemente buena para ser aceptada en esas universidades de tanto prestigio –continuó la inglesa, con tranquilidad–. Tal vez sobreestimé mis capacidades.

– No digas eso –la amonestó Débora–. Eres una persona muy capaz y competente.

– Estoy de acuerdo –afirmó Sho–. Que te hayan rechazado no significa que tengas un mal nivel.

– Tal vez no, pero de cualquier manera no tengo el nivel que ellos desean –replicó Nela.

Sho no sabía qué hacer. Dentro de todas las posibilidades que pasaron por su cabeza, nunca llegó a considerar ese escenario y por lo mismo no se preparó para ello. Él estaba plenamente seguro de que Nela tenía la capacidad de alcanzar cualquier meta que se propusiera y al ver que no era así, no sabía qué pensar al respecto. Y si él se sentía así, ¿qué estaría pasando por la cabeza de ella?

– Lo siento. –El chino se sentó en el reposabrazos del sillón en donde estaba sentada Nela–. Realmente pensé que lo lograrías.

– Yo también. –Ella esbozó una sonrisa melancólica–. Pero no siempre se gana, aunque te esfuerces al máximo. Sé que la moraleja que quiere dar la historia de este manga de dudosa calidad en el cual vivimos es que, si siempre das lo mejor de ti, irremediablemente siempre ganarás, pero la realidad es que, en la mayoría de las ocasiones, te vas a esforzar al máximo y aun así perderás.

– Eso que has dicho sólo es válido si eres el protagónico –replicó Débora–, pues si no lo eres, vas a fracasar aunque te hayas preparado mejor que él. En fin, que has comentado una gran verdad, una lección de vida importante, pero no por fallar eres una perdedora, ésos son los que no lo intentan; los que sí lo hacen y caen son personas que van ganando experiencia y reforzando su valor.

– Gracias. –Nela miró a Débora con cariño–. No sabía lo mucho que necesitaba escuchar algo así.

– Estoy segura de que eso ya lo sabías –respondió Débora, con una sonrisa dulce–. Sólo te hacía falta que alguien te lo recordara.

– Yo creo firmemente que eres una profesionista que vale, una mujer inteligente y muy capaz –señaló Sho, mientras pasaba un brazo por los hombros de Nela–. Esto no ha sido más que un tropezón, pero sé que te podrás levantar y aprender de él.

– Por supuesto que lo haré –asintió Nela, refugiándose en el joven–. Pero por el momento, necesito que se me pase el sentimiento de derrota antes de comenzar a pensar en qué voy a hacer a partir de ahora.

– Lo entiendo –dijo Shunko y la abrazó.

– Me voy para darles un poco de intimidad –susurró Débora a Sho–. En estos momentos, tú podrás apoyarla mejor que yo.

– De acuerdo –asintió el chino con mucha seriedad, algo que era raro en él.

– Nos veremos más tarde, Nela –se despidió la mexicana–. Háblame si necesitas algo.

– Gracias, Deb –contestó Nela, antes de enterrar la cara en el pecho de su novio.

Cuando Débora se fue, Shunko trató de consolar a su chica lo mejor que sabía, él también había tenido algunos fracasos en el pasado y entendía perfectamente cómo se debía de estar sintiendo Nela, aunque por lo mismo estaba consciente de que, en un momento así, no habría palabras que pudiesen consolarla. Sin embargo, no estaba dispuesto a permitir que ella se deprimiera, así que comenzó a sugerirle alternativas a corto plazo para que Nela pudiera continuar persiguiendo su sueño.

– Podrías probar otra vez el próximo año –sugirió el chino–. O cuando sientas que estás lista para intentarlo de nuevo, no tiene por qué ser forzosamente el próximo año.

– Sí, tal vez –suspiró Nela–. De hecho, puedo meter una nueva solicitud en seis meses.

– Oh, pues mucho mejor –aprobó Sho–. Podrías mudarte en ese lapso a Inglaterra, sin prisas por encontrar un hogar, y prepararte para esa nueva solicitud.

– Sí, puede ser –repitió ella, distraída.

Él se dio cuenta de que la mente de Nela estaba en otro sitio y optó por quedarse callado, para permitirle reflexionar; ella no volvió a comentar algo y simplemente se recargó contra Sho. Después de un rato largo en el que permanecieron así, en silencio, Nela le dijo que deseaba descansar, por lo que Shunko decidió marcharse.

– Quizás no pueda hablarte en un día o dos –comentó Nela, al despedirse–. Hay algunas cosas urgentes que tengo que arreglar y voy a estar muy ocupada.

– Claro, no hay problema –aceptó Sho–. Pero si me necesitas, sabes que puedes llamarme cuando quieras.

– Lo sé –sonrió ella, después de lo cual le dio un beso en los labios.

Una vez que él se hubo marchado, Nela tomó las dos cartas de rechazo, las hizo pelota y las arrojó a la papelera más cercana. Por el momento, Oxford y Cambridge podían irse mucho al cuerno.

Pasaron dos días sin que Shunko tuviese noticias de su chica, aunque se aseguró de preguntarles a Elieth y a Lily por ella. Ambas jóvenes, que obviamente ya estaban enteradas de lo sucedido con esas benditas y estiradas universidades inglesas, le afirmaron al chino que Nela había estado muy absorta en sí misma, pero que no se veía deprimida ni excesivamente triste. De hecho, cuando ambas la fueron a visitar para brindarle su apoyo, Nela les contó lo sucedido con un timbre de alegría en la voz, cosa que las desconcertó tanto que después se preguntaron la una a la otra si se habían imaginado esa alegría o si fue real. Lily no sabía si Nela intentaba fingir para no preocuparlas o si de verdad su amiga no estaba tan triste como cabría esperar.

– O quizás ya se volvió loca –sugirió Elieth, a su vez–. A lo mejor tanto estrés le hizo perder la cabeza.

– Ésa es la tercera opción –apoyó Lily.

Shunko tomó la decisión entonces de llamarle a Nela al día siguiente, para darle el espacio que ella le pidió y al mismo tiempo para no dejar pasar tantos días sin mostrar interés en su situación. No estaba muy seguro de qué iba a pasar, ni tampoco sabía de qué cosas urgentes tenía que encargarse Nela, pero mucho se temía que esto no había sido más que un cuento para que no se acercara a ella en su momento de mayor debilidad. Él conocía muy bien a su novia y sabía que, cuando algo la afectaba sobremanera, solía desaparecer y alejarse para pasar su humillación a solas. Y aunque Sho estaba consciente de eso, no le agradaba que ella lo dejara fuera en cosas de tanta trascendencia.

Sin embargo, antes de que Shunko pudiera ponerse en contacto con Nela, ella le habló primero para preguntarle si podían verse, pues había algunas cosas de las que quería hablarle. Sho le contestó que podía ir esa misma tarde a visitarla, tras concluir el entrenamiento del Bayern, si estaba de acuerdo. Nela le dijo entonces que conseguiría algo de comer y que lo vería en su departamento. El chino no sabía qué esperar, pero estaba convencido de que ella todavía estaría deprimida (cualquiera lo estaría), así que se preparó para desplegar todo su encanto y hacerla pasar un buen rato. O, por lo menos, intentaría que su novia olvidara lo ocurrido durante el tiempo en el que él estuviera a su lado. Por tanto, Sho casi se va de espaldas cuando lo recibió una Nela completamente recobrada, de buen humor y con el semblante luminoso.

– Pasa, por favor –solicitó ella y se hizo a un lado para permitirle entrar–. No he tenido tiempo de cocinar así que compré comida, espero que no te moleste.

– Por supuesto que no, pero me hubieras avisado para preparar algo –señaló Sho, tras lo cual le dio un beso en la mejilla–. ¿Cómo te sientes?

– Mucho mejor –aseguró Nela–. Te pedí que vinieras porque hay algo importante que quiero compartir contigo. Pensaba esperar a que termináramos de comer, pero estoy tan inquieta que no estoy segura de que pueda aguardar tanto.

Sho tuvo que reconocer que Nela se veía muy nerviosa, algo que no era habitual en su comportamiento tan estoico. Sin embargo, por sobre el nerviosismo predominaba algo que se parecía mucho a la felicidad, o mejor dicho, a la emoción contenida, como si ella estuviera a punto de revelarle un secreto muy bueno.

– ¿Y qué es? –cuestionó Shunko–. ¿Acaso alguna de las universidades te volvió a llamar para decirte que cometieron un error y que desean que vayas?

– No, claro que no –negó Nela, muy digna–. Una vez que ellos te han dicho que no te quieren, no cambian de parecer. Y la verdad, de esos dos lugares no quiero volver a escuchar en un buen rato.

Mientras hablaba, la joven rebuscaba en una carpeta de plástico, metiendo y sacando papeles aparentemente al azar, aunque por la personalidad de Nela se podía concluir que seguramente lo tenía todo organizado y por tanto sabía lo que estaba haciendo. Al fin, sacó una hoja membretada que le tendió a Sho con una sonrisa; éste la tomó con curiosidad y se sorprendió al descubrir que era una lista de universidades alemanas que ofrecían posgrados para Psicología.

– Antes de que me llegaran esas cartas, hablé con Bárbara sobre mi elección de regresar a Inglaterra para estudiar una maestría –comenzó a explicar Nela–. Ella opinó que siempre actué como si no tuviera más opción que volver, como si aquí en Alemania no hubiese buenas universidades a las cuales pudiera asistir. Claro, Cambridge y Oxford tienen un prestigio internacional incuestionable, pero no son las únicas con prestigio en Europa.

– Ajá –comentó Shunko con cautela, sin entender a dónde quería llegar a ella.

– La cuestión es que me di cuenta de que ella tenía razón, en un momento en el que era ya demasiado tarde para cambiar de opinión, o al menos eso creía –continuó Nela y señaló la hoja–. El día en el que recibí las cartas de rechazo, recordé que hace varios meses un asesor me dio esa lista de universidades en Alemania que ofrecen el posgrado que deseo y que estarían gustosas de recibirme, según él. No sabemos si lo segundo sea cierto, pero lo primero sí y pues, si en lugar de intentar entrar a una universidad británica en seis meses, ¿qué tal si mejor solicito ingreso a una en Alemania, ahora mismo?

– ¿Qué? –Esto fue tan inesperado que Shunko no supo qué opinar al respecto–. ¿Estás hablando en serio?

– ¿Por qué no lo estaría? –inquirió Nela–. Yo nunca bromeo.

– Yo sé que no, pero… –Sho se detuvo para definir bien lo que buscaba expresar–. Hace algunos días, cuando te sugerí que podría pedir que me transfirieran a un equipo inglés para estar contigo, me dijiste que no debía sacrificar mi sueño por ti, pero parece que tú estás haciendo las cosas a la inversa, quieres renunciar a tus planes de volver a Inglaterra para quedarte en Alemania.

– No es la misma situación, a ti no te rechazó el Manchester United, ni el Liverpool ni el Chelsea, apenas ibas a ver la posibilidad de que alguno de esos equipos se interesara en ti –replicó Nela–. Yo no me estoy negando a ir a Cambridge ni a Oxford por quedarme aquí, ellos fueron los que me rechazaron, por lo que ahora estoy buscando otras alternativas. No hubiese considerado renunciar si alguna de esas universidades me hubiera aceptado, pero dado que ninguna lo hizo, ¿cuál es la necesidad de seguirlo intentando allá, cuando también puedo hacerlo aquí? No estoy renunciando a mi sueño, simplemente lo estoy adaptando.

– Aún así, ésa es una adaptación mayor, no un cambio mínimo. –Sho se lo tomó con cautela–. ¿Estás segura de esto?

– Mira, gracias a esto he aprendido que, muchas veces, la respuesta de la vida a algo que buscas es "no" –afirmó Nela–. Hice mis planes a futuro, me arriesgué por ellos y fallé, pero quizás es porque no debería de volver. Mi vida actualmente es diferente a como lo era cuando envié esas solicitudes y si ya no soy la misma persona que era en ese momento, entonces ese plan de vida ya no se adapta a mí al cien por ciento. Todavía funciona en su gran mayoría y claro que quiero llevarlo a cabo, pero debo hacerle unos ajustes y entre ellos está el sitio en donde puedo estudiar. De lo único que estoy segura ahora es de que Bárbara tiene razón, muchas veces hay varios caminos que te pueden llevar al mismo sitio y lo importante es escoger el que se adapte mejor de acuerdo a las circunstancias.

Shunko volvió a mirar la hoja y notó que Nela había subrayado con un rotulador rosa tres academias alemanas: la Ludwig-Maximilian-University de Múnich, la Universidad de Hamburgo y la Universidad Humboldt, en Berlín. Obviamente, la mejor de todas en cuestión de ubicación era la de Múnich, pero no iba a sugerirle a Nela que eligiera ésa en base a que así podría seguir viéndola todos los días. Cualquiera que fuese la universidad que Nela eligiera, la escogería debido a sus propios intereses y no a los de alguien más, aunque ese alguien más fuera su novio.

– Creo que ya entiendo. –Él no lo quería admitir en voz alta, pero estaba experimentando una emoción muy grande dentro de sí. ¡Ella se quedaría en Alemania! –. O al menos lo intento. ¿Cuál es la universidad que más te convence?

– Marqué tres en esa hoja. –Nela señaló lo que Sho ya había adivinado por sí mismo–. De ésas, la de Múnich es la que está en el mejor puesto del ranking mundial, pero la Humboldt también es bastante buena.

– ¿Berlín, eh? –comentó el chino, con actitud pensativa–. No está tan lejos de aquí.

– Al menos estaríamos en el mismo país –sonrió Nela–. Aunque también podría quedarme en Múnich, si me aceptan.

– ¿Cuándo enviarás tus solicitudes? –quiso saber Shunko–. ¿Todavía estás a tiempo de hacerlo?

– Sí, aunque parezca increíble –asintió ella–. Cambridge y Oxford cierran sus convocatorias antes, pero las universidades alemanas tienen un periodo mucho más amplio, así que las he mandado justo hoy.

– ¿Ya las enviaste? ¿De verdad? –exclamó Sho, asombrado–. ¡Vaya! ¡Sí que me has sorprendido, yo esperaba encontrarte deprimida y tú, como siempre, vas un paso por delante!

– Todavía estoy deprimida, no lo voy a negar. –Nela puso una expresión triste–. De hecho, tengo el temor de que aquí también me rechacen, pero no me voy a quedar llorando en el rincón sin hacer algo de provecho. Tengo que seguirme moviendo y buscar otras alternativas, no porque me hayan rechazado en dos lugares significa que se ha acabado el mundo.

– Estoy impresionado y muy orgulloso de ti. –Shunko tomó el rostro de la joven entre sus manos y le dio un beso en la frente–. No te das por vencida a pesar de haber sufrido un golpe grande, ésa es mi chica.

– Sí, bueno. –Nela se puso colorada hasta la raíz del cabello–. No es para tanto.

– Claro que lo es –sonrió el chino–. Pero me encanta que también seas modesta.

Ella, para ocultar su vergüenza, abrazó a su novio con fuerza. Sho dejó caer la hoja membretada para rodearla con sus brazos.

– Si me aceptan, tendré que investigar si necesitaré tramitar una visa para poder permanecer en el país una vez que se haga válido el Brexit –continuó Nela, después de un ratito–, pero confío en que eso no sea un problema para las universidades alemanas.

– No tiene por qué serlo –aseguró Sho–. Me consta que los alemanes saben apreciar el talento extranjero.

– ¿No te afectará si al final elijo irme a Berlín o a Hamburgo? –preguntó la inglesa, con timidez.

– Si no me importó que quisieras regresar a Inglaterra, mucho menos que te vayas al otro lado del país, ¡qué pregunta! –se rio Shunko–. Como bien dijiste, al menos los dos estaríamos en Alemania. A donde sea que te vayas, Food y yo iremos a verte.

– Se llama Duke, no Food –lo reprendió Nela, cariñosamente–. También puede ser que me rechacen en las tres; tengo un plan C por si eso sucede, pero espero no tener que recurrir a él.

– ¿Tu plan C consiste en Casarte Conmigo? –preguntó él, con picardía.

– ¡Hasta crees! –replicó ella, aunque enrojeció–. Si existiera ese plan, que no existe, sería el Z, prefiero vivir de terapear a Genzo Wakabayashi.

– No te culpo. –Sho puso expresión de tragedia–. Con él te volverías millonaria.

– Exacto –se rio Nela–. Pero antes de llegar a eso, hay que ver qué sucede con el plan B.

Sin importar el resultado de las convocatorias de ingreso que envió a las tres universidades alemanas, Nela estaba decidida a seguir luchando pues no estaba dispuesta a dejarse derrotar por la adversidad. Y, al final de cuentas, en eso consiste vivir, en nunca rendirse. Sho, a su vez, experimentó una profunda alegría y un alivio mucho más marcado al saber que Nela, a juzgar por su determinación, no se iría de Alemania. Un nuevo capítulo se había abierto ya en la historia de ambos y, contra todos los pronósticos, continuarían narrándolo juntos.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Tokio.

Elieth y Karl salieron de Tokio a primera hora de la tarde del domingo, con la finalidad de llegar de madrugada a Múnich y reincorporarse a sus actividades el lunes por la mañana. Esto iba a resultarles bastante agotador, pero si Tsubasa Ozhora podía ir y venir de Brasil a Japón para jugar medio tiempo de un partido amistoso cualquiera y andar tan campante, Schneider y Elieth también podrían hacer una jornada similar. Antes de marcharse, por supuesto, la pareja le hizo una última visita a Wakabayashi para desearle una pronta recuperación.

– No pienso olvidar la deuda que tengo con ustedes –aseguró Genzo, mirando alternativamente a uno y a otro–. Les juro que después les pagaré lo que han hecho por mí.

– No seas tan formal, Genzo, que no va contigo –replicó Elieth, risueña–. Para eso somos amigos, quién sabe cuántas veces te lo he dicho ya.

– Tú ya sabes en qué manera me lo puedes recompensar, Wakabayashi –terció Karl, con malicia–. Vente a jugar con el Bayern Múnich y con eso saldas la deuda.

– No abuses, Schneider –replicó Genzo, con una mueca–. Tú sí que eres persistente.

– ¡Mira quién habla! –se mofó el Káiser–. Buena suerte con la cirugía, estaremos esperando noticias tuyas.

– Aunque para eso tenga que acosar a Lapinette cada cinco minutos –añadió Elieth.

– Por cierto, Peque, hay algo importante que quiero preguntarte antes de que te vayas. –Wakabayashi se puso serio de repente–. Yuri me dijo que Eriko pidió hablar contigo a solas, ¿eso es cierto?

– Sí, lo es –aceptó Elieth, incómoda–. Ya le conté a ella lo que pasó y habíamos acordado que ella te lo platicaría en cuanto estuvieras mejor.

– ¿Para qué esperar, si todavía estás aquí y puedes contármelo de viva voz? –insistió Genzo–. Además, necesito saber qué tanto ha estado haciendo Eriko en contra de mi novia.

– No se va a estar en paz hasta que se lo digas –advirtió Karl–. Ya sabes lo terco que es.

– No te vayas a morder la lengua, mi querido Emperador –se rio Elieth, después de lo cual suspiró con resignación–. Bien, en resumidas cuentas, Eriko intentó reclutarme para una campaña anti-Lapinette, pero la mandé soberanamente al demonio. Quería que la ayudara a alejar a Lily de ti porque es una mala mujer que te va a robar hasta los calzones, ya sabes.

– Hmm. –Genzo frunció el entrecejo, enojado–. ¿Y tú qué le respondiste?

– Que desde ese mismo instante iba a ponerme en contra de mi mejor amiga y que la iba a exponer como la suripanta que es. –Elieth puso los ojos en blanco–. ¿Tú qué crees que le dije, tonto? Mira, no te compliques la existencia, es obvio que a tu prima le faltan más de la mitad de sus neuronas, pero ya sabemos cómo lidiar con su estupidez. Al menos no creo que ella sea una amenaza para Lily.

– Supongo que no –cedió Wakabayashi–. Gracias por contármelo, Peque.

– No hay de qué. –Elieth se acercó a él para darle un abrazo–. Tú deja de preocuparte por nimiedades y mejor ahorra tus energías para la cirugía.

– Sí, tienes razón. –Él sonrió al fin, a pesar de que el movimiento le ocasionó un ligero dolor–. De verdad agradezco que seas mi mejor amiga.

– Ay, bien que sabes cómo manipularme –bromeó Elieth, aunque era evidente que el comentario la conmovió.

– Si gustan los dejo solos –intervino Schneider–. Para que estén más a gusto.

– Gracias, así estamos bien –replicó Genzo sin inmutarse, lo que hizo que los otros dos se echaran a reír.

Una vez que la pareja se marchó, el guardameta recibió la visita de Mikami, quien se quedaría con él esa noche para que Lily pudiera descansar. Ella, tal y como estaba planeado, se quedaría una semana más para ayudarlo tras la cirugía, después de lo cual volvería a Múnich y Mikami deseaba saber si Genzo se iría con ella.

– Todavía no lo hemos decidido –fue la respuesta de Wakabayashi–. He hablado con el doctor Lawrence acerca de la rehabilitación y me ha aclarado que hay una clínica muy buena en Múnich con la que me podría recomendar, si es que decido marcharme, para llevar la terapia allá; la ventaja es que mi doctora estaría conmigo y ella podría apoyarme cuando no esté ocupada con sus labores en el Bayern. Y si decido quedarme, el doctor me ayudaría con la rehabilitación ya que va a permanecer varias semanas más en Tokio; Yuri dice que ésta sería la mejor elección, pues así sería atendido por el cirujano que me operó.

– Ambas opciones tienen sus ventajas, así que deberás pensarlo bien –opinó Mikami–. Te reitero que, si lo necesitas, puedes quedarte en mi departamento el tiempo que haga falta, yo también puedo hacerme cargo de ti.

– Lo sé bien y tal vez te tome la palabra. –Genzo sonrió–. Gracias de verdad, Mikami. Por cierto, ¿te has comunicado últimamente con mi padre?

– No me ha hablado desde hace un par de días –contestó el entrenador–. Me llama la atención su repentino silencio, aunque tampoco me ha interesado ser yo el que se comunique con él.

– Haces bien, no hay necesidad –suspiró el portero–. Sobre todo porque no se ha aparecido por aquí ni una sola vez. No es que me afecte, pero creí que vendría a hablarme sobre los planes de matrimonio que tiene para mí.

– Tal vez quiere esperar a que te operen –aventuró Mikami–. A estas alturas, ya debe de estar enterado de este detalle.

– Puede ser. –Wakabayashi hizo una mueca–. Aunque lo más probable es que no ha venido a verme ni tampoco te ha molestado por teléfono porque espera que vaya a pasar la convalecencia a casa, seguro que lo está esperando para darme un sermón sobre "mi actitud".

– No voy a negar que existe esa posibilidad –admitió el entrenador.

Como él no quería que su antiguo pupilo se preocupara por estas cosas, Mikami cambió el tema a los planes que tenía el entrenador Kira para la Selección Preolímpica de Japón, un tema que nunca se agotaba entre ellos; cuando llegó la noche y el encargado de la cocina pasó a dejar la comida del turno, el entrenador se preguntó si Shuzou aparecería a última hora para saber cómo estaba su hijo menor, pero cuando después la enfermera entró a la habitación para bajar la intensidad de las luces y avisar que era la hora de dormir, no tuvo más que reconocer que, para variar, el señor Wakabayashi había dejado de lado sus labores de padre, aunque de verdad que a Genzo esto parecía no importarle.

Así pues, Wakabayashi fue operado el lunes a primera hora de la mañana, sin incidentes serios por reportar durante la cirugía. Como lo había prometido, Lily se quedó a esperarlo en el área de recuperación y se mantuvo a su lado hasta que él estuvo lo suficientemente consciente para ser llevado a su habitación. El doctor Lawrence se tomó el tiempo para hablar con ella y explicarle que la operación había salido bien y que podía esperarse una buena evolución.

– Wakabayashi todavía no me ha dicho si va a quedarse en Tokio a hacer la rehabilitación o si va a irse a Múnich –comentó el médico–, por lo que te enseñaré los ejercicios que él deberá hacer en el sitio en donde vaya a reposar, por si acaso decide marcharse.

– Se lo agradezco, doctor –dijo Lily, con una sonrisa–. No sólo por su interés en que Genzo lleve a cabo su rehabilitación como es debido, sino también porque siempre estoy abierta a la posibilidad de aprender cosas nuevas y esos ejercicios que me mostrará seguramente podré aplicarlos con otros pacientes.

Para la tarde, Genzo ya estaba consciente y de buen humor, a pesar de que tuvo que conformarse con papillas y líquidos como único alimento. Ni ese día ni el martes hubo algún suceso que fuese digno de ser mencionado, incluso Shuzou Wakabayashi y la misma Eriko continuaban sin dar señales de vida y Lily se preguntó si eso significaba que ya se habían dado por vencidos.

"No, por supuesto que no se han dado por vencidos", se rectificó la mexicana. "Son familiares de Genzo, es obvio que son más tercos que una mula y que en algún momento reaparecerán para seguir fastidiando".

No se equivocó. El miércoles, a medio día, Lily tuvo deseos de ir por una golosina y salió de la habitación de Genzo para ir a las máquinas expendedoras del hospital. Justo acababa de dejar esa área para volver al lado del portero cuando vio venir a Eriko, en compañía de dos hombres elegantes que eran mucho más altos que ella (lo cual era para sorprender pues, cosa rara para una japonesa, Eriko era bastante alta). Lily no pudo evitar preguntarse si esa mujer tenía radar para saber en qué momento ella estaba en las benditas máquinas expendedoras para hacer acto de presencia.

"Y esta vez, trajo a la caballería nipona consigo", pensó Lily, con los labios apretados. No tuvo que pensarlo mucho para adivinar quiénes podrían ser los dos aristócratas que acompañaban a Eriko.

La doctora se dio cuenta de que los tres jóvenes la miraban con atención, quedaba claro que ya se habían percatado de su presencia y que se dirigían hacia ella. Cuando los tuvo más cerca, Lily pudo notar que los dos hombres guardaban cierto parecido con Genzo, sobre todo el que se veía de menor edad, por lo que no le costó trabajo corroborar su primera impresión, es decir, que esos dos debían ser Shuichi y Eiji, los hermanos mayores de Genzo.

"Hay mujeres que salen en busca de su destino, y otras que, como yo, la encuentran junto a las máquinas expendedoras", pensó, riéndose de su idiotez. "¿Qué pensará Eriko, que va a intimidarme sólo porque viene acompañada de mis cuñados? Pues sí, lo está logrando, pero no le voy a dar el gusto de demostrarlo".

Lily decidió actuar como si no los hubiera visto (de hecho, podía pretextar que no los conocía y que por tanto no estaba obligada a esperarlos), pero entonces el mayor de los hombres carraspeó y la llamó directamente por su nombre.

– Espere, por favor, doctora Del Valle –habló Shuichi en inglés–. Queremos intercambiar algunas palabras con usted.

– ¡Ah! –Lily fingió sorpresa–. Disculpen, ¿los conozco de algún lado?

– Al menos nosotros sí sabemos quién es usted. Soy Shuichi Wakabayashi, hermano mayor de Genzo –respondió el hombre, después de lo cual señaló a sus acompañantes–. Él es mi hermano Eiji y ella es Eriko, mi prima, aunque me parece que ya la conoce.

– Sí, ya tuve el placer de entablar conversación con ella –aceptó Lily con marcado sarcasmo, aunque después suavizó su tono de voz–. Es un honor conocerlos, yo soy Lily Del Valle.

La muchacha reconoció que lo mejor que podía hacer era presentarse correctamente, para no dar la impresión de que era una maleducada; sin embargo, se negó a decir que le daba gusto conocerlos porque no era así, o por lo menos no se sentía tan feliz de encontrarse con Shuichi, quien ya le había tendido una trampa a Genzo para tratar de separarlo de ella. Eiji y el propio Shuichi hicieron reverencias de cortesía, pero Eriko se limitó a taladrar a Lily con la mirada (¿Esto siquiera es posible?). Lily no supo cómo responder a esas muestras de cortesía extranjera, así que se limitó a asentir brevemente con la cabeza y a Eriko simplemente la ignoró. Ahora que ya los tenía de frente, Lily confirmó que el hermano de en medio, Eiji, era el que se parecía más a Genzo, tenía sus mismas facciones duras aunque él usaba gafas. Shuichi, por su parte, tenía una fisionomía más atractiva (al parecer de la médica, era el más guapo de los tres) y el cabello menos rebelde, por lo que el parecido con su hermano menor no era tan marcado pero todavía seguía siendo notorio. Lo que sí le sorprendió a la mexicana fue que ellos fueran mucho más grandes de edad que Genzo, pues no esperaba que hubiese tanta diferencia de años entre ellos.

– Hemos escuchado hablar mucho de usted, doctora –aseguró Shuichi, con una expresión que demostraba que no tenía una buena opinión de ella como podría tenerla–. No pensé que algún día llegaríamos a conocerla.

– Sería el colmo que no supiera quién soy, considerando que se esforzó mucho por hacer que Genzo rompiera conmigo. –A Lily le sulfuró tanto el comentario que le dio rienda suelta a su lengua.

Hablarle así a uno de sus cuñados no era precisamente la mejor manera de darse a conocer; sin embargo, para su enorme sorpresa, Shuichi se ruborizó intensamente, algo que asombró hasta a Eriko. Definitivamente, él no creyó que Lily fuese a responderle de esa manera. Eiji, a su vez, tenía toda la pinta de querer echarse a reír.

– No se lo tome como algo personal, mi único deseo es que Genzo esté consciente de los retos que se le vienen encima si decide seguir adelante su relación con usted –soltó Shuichi, quien no tardó mucho en recuperar la compostura–. No es como si de verdad alguno de nosotros creyera que lo de ustedes tiene futuro, es obvio que se trata de otro de los caprichos de mi hermano y en algún momento se va a cansar de eso.

– Sí, lo comprendo –comentó Lily, a su vez–. Supongo que, a sus veintitantos años, Genzo todavía no tiene criterio suficiente para tomar sus propias decisiones y su hermano mayor tiene que estar al pendiente de que no vaya a cometer un error de niño grande.

Esta vez fue Shuichi quien le lanzó a la mexicana una mirada asesina, que ella toleró como pudo. "Creo que me van a fallar las piernas en los próximos cinco segundos, pero no sé quién se cree este tipo que es para hablarme de esa manera; por mucho que sea el hermano de Genzo no tiene derecho a juzgar mi relación con él", pensó Lily, indignada. "Qué lástima que no pueda golpearlo en la cara, sería capaz de conseguir que me sacaran del país por revoltosa".

Eiji cortó la tensión con una tos que parecía una risa disfrazada, con lo que consiguió que su hermano desviara la atención hacia él; daba la impresión de que no le había agradado la manera en la que Shuichi le habló a Lily.

– ¿Genzo está bien? –preguntó Eiji con voz neutra, aprovechando la momentánea distracción de su hermano.

– La cirugía salió bien –informó Lily, a secas–. Él está recuperándose a un ritmo aceptable.

– Nos alegra –aseguró Eiji, sin cambiar su actitud.

Era difícil adivinar en qué estaría pensando, pues su expresión era inescrutable. Él intercambió entonces una mirada con Shuichi, en la cual éste le debió de haber dado una orden, porque acto seguido Eiji se disculpó y dijo que quería ir a ver a Genzo, tras lo cual tomó a Eriko del brazo y le pidió que lo acompañara; ella protestó, porque había estado disfrutando de lo lindo con el intercambio de palabras entre Shuichi y Lily, así que no le agradaba la idea de dejarlos a solas, aunque tampoco era como si pudiera atreverse a contradecir a sus primos. Shuichi esperó hasta que los dos se perdieron de vista para volver a centrar su atención en Lily.

– Doctora Del Valle, espero que usted sea más razonable que Genzo –comenzó–. Lo único que yo quería al cuestionarlo sobre su relación, se lo aseguro, es que estuviera consciente de que si ustedes dos no tienen las mismas metas, o por lo menos metas compatibles, será difícil que lleguen a algo estable a largo plazo y, de ser así, estarían perdiendo el tiempo. Estoy seguro de que usted es más sensata, porque no creo que quiera renunciar a su trabajo por casarse con mi hermano.

– Hay muchas cosas que no entiendo, como el por qué eso tiene que ser problema suyo, señor Shuichi. –Lily aspiró aire con fuerza y se armó de paciencia–. Podría creer que es porque se preocupa por su hermano pero, como ya le dije a Eriko, si eso fuera cierto, no habría esperado tantos días para venir al hospital a verlo. Abandonan a su suerte a Genzo durante el tiempo que se les antoja y después se sienten con derecho a juzgar a una de las personas que sí han estado a su lado desde que llegó al hospital. ¿No le parece eso muy hipócrita?

– Hipócrita es creer que tiene derecho a juzgar cómo funciona nuestra sociedad, doctora –replicó Shuichi, con acidez–. Genzo siempre ha sabido que los negocios son más importantes que cualquier otra cosa y está conforme con eso, usted debería de saberlo.

– Lo único que yo sé es que, si no se han inquietado por saber cómo está su salud, no tienen derecho a criticar a quien sí lo hace –insistió Lily–. Pero dejemos eso de lado, que ahora me interesa más saber el por qué ha dicho que por fuerza tendría que renunciar a mi empleo en el caso de que llegara a casarme con Genzo. ¿Por qué piensa que ambas cosas son incompatibles?

– Porque lo son –aseguró Shuichi–. Se espera que la esposa de Genzo, quien sea que resulte ser, abandone todas sus responsabilidades para dedicarse enteramente a él y a los hijos que vayan a tener. Y eso no es algo que exijamos sólo los Wakabayashi, es una costumbre común en nuestra sociedad. ¿Está usted dispuesta a renunciar a su trabajo como médico para convertirse en la esposa de mi hermano menor? Porque si no es así, está desperdiciando su tiempo y el de Genzo, no crea que él va a ser diferente en este aspecto sólo porque ha estado viviendo durante tantos años en Alemania.

Muy a su pesar, Lily tuvo un destello de duda y momentáneamente no supo qué responder. Como el matrimonio era un tema que resultaba ser casi un tabú para Genzo y para ella, no habían hablado mucho de él y por tanto Lily no sabía cuáles eran las ideas de su novio al respecto. Debido a su crianza netamente occidental, ella daba por hecho que continuaría trabajando después de casarse, si es que llegaba a hacerlo, e incluso Wakabayashi le había dicho que no pensaba cortar sus aspiraciones, pero una cosa era que afirmara esto siendo novios y otra muy diferente que siguiera sosteniéndolo cuando ya fuesen marido y mujer. Si es que llegaban a serlo, obvio.

"¡No caigas!", gritó una voz en su cabeza, que se parecía mucho a la de Elieth. "¡Está tratando de manipularte como lo hizo con Genzo! Como no le funcionó con él, ahora intenta hacértelo a ti. Si tienes dudas, no cometas la estupidez de darle la razón a Shuichi, primero habla directamente con Gen; lo conoces bien y sabes que no te forzaría a hacer lo que no quieres".

Shuichi la contemplaba con una sonrisita que ella reconoció al instante como la sonrisa de triunfo de Genzo; seguramente el hombre creyó que ya había conseguido su objetivo y no se molestó en disimular su satisfacción. Todo parecía indicar que ese gesto era una cosa de familia que a Lily hizo enojar mucho y le otorgó el valor que le faltaba. "Este tipo es bueno, lo reconozco", reconoció ella mientras apretaba los dientes. "Ahora comprendo cómo fue que Genzo cayó en su trampa; si no fuera porque él me puso sobre aviso, yo también lo habría hecho".

– Pues eso ya lo veré en su debido momento –habló la médica–. Si decido o no dejar mi trabajo, es asunto mío y de Genzo; si está tan interesado en saber qué pasará con nosotros en el futuro, ya le haré llegar una carta con un informe detallado de los hechos.

– No sé de dónde saca ese valor, Eriko tiene razón al decir que pelea como si tuviese la seguridad de que va a ganar –habló Shuichi, con el ceño fruncido–. Pero escúcheme bien, le aseguro que en algún momento se va a estrellar contra la realidad y eso se lo pienso recordar a Genzo en cuanto lo vea.

– No, escúcheme bien usted –lo interrumpió Lily, con rudeza, al tiempo en que lo señalaba con el dedo índice–. No tengo derecho de impedir que pase a ver a Genzo, después de todo es su hermano, pero más le vale que ni siquiera se le ocurra comentar esto delante de él, porque no puede hablar mucho ni alterarse debido a la cirugía o tendrá complicaciones, así que más le vale que mantenga su boca cerrada porque si no lo hace y Genzo tiene algún problema por su culpa, yo misma me encargaré de hacérselo pagar.

Era una amenaza vacía, por supuesto, porque no había manera en la que Lily pudiera hacerle algo a Shuichi, el primogénito y heredero de los Wakabayashi que además estaba en su país natal, pero aun así él retrocedió un paso de manera involuntaria. Definitivamente, el hombre no esperaba una reacción tan violenta por parte de ella. Como algunas personas que pasaban junto a ellos para ir a las máquinas expendedoras comenzaban a prestarles atención, Shuichi aceptó que era mejor detenerse.

– Está equivocada si cree que mi interés es dañar a Genzo –señaló Shuichi, con un tono de voz menos agresivo–. No pienso decir algo que lo incomode o que pueda empeorar su salud.

– En ese caso, mejor será que dejemos de discutir inútilmente –replicó Lily–. Ni usted me va a convencer ni yo voy a hacerlo cambiar de parecer, no tiene caso que sigamos gastando energías. Además, si tardamos en volver, Genzo empezará a cuestionarse en dónde está su novia, que sólo iba a comprar una golosina, y en dónde ha quedado su hermano mayor.

– Justamente es lo que acaba de suceder –señaló una voz a sus espaldas; Lily respingó y giró la cabeza, dándose cuenta de que quien había hablado era Eiji–. Genzo se ha preguntado en dónde estaban los dos y me ofrecí a salir por ustedes para que él no se levante de la cama a hacerlo personalmente. Y los tres sabemos que Genzo es muy capaz de hacer algo así.

Lily se preguntó cuánto tiempo llevaba Eiji ahí, pero algo en su expresión le hizo saber que había escuchado buena parte de la conversación; al menos, sí fue testigo de la amenaza que Lily lanzó sobre Shuichi, ella pudo leerlo en los ojos de Eiji y se preguntó si acaso éste pensaba aliarse con su hermano para bloquearle la entrada a la habitación de Genzo.

– Vamos entonces –cedió repentinamente Shuichi, tras lo cual comenzó a andar, con la intención de que los otros dos lo siguieran.

Eiji caminó más despacio que su hermano y Lily presintió que lo hacía para intentar hablarle; como no se sentía preparada para enfrentarse al segundo cuñado en ese momento, lo ignoró por completo, Shuichi le había quitado buena parte de su energía y no tenía deseos de gastar la que le quedaba con Eiji. Sin embargo, cuando ya estaban afuera del cuarto de Genzo, Eiji le hizo una seña a Lily para que dejara que Shuichi entrara primero.

– No pienso atacarte como han hecho Eriko y Shuichi. –Eiji la tuteó–. No todos estamos en contra tuya, a mí honestamente me da lo mismo lo que Genzo haga con su vida, ya es un adulto y sabe lo que es mejor para él, no necesita que sus hermanos estén detrás suyo para decirle qué hacer. Es más, nunca nos ha necesitado en ese sentido, no sé por qué habría de ser diferente ahora.

– ¡Ah! –Lily se esperaba cualquier cosa, menos algo así.

– Además, mi padre tiene la culpa de su comportamiento –continuó Eiji–. Siempre dejó que Genzo hiciera lo que se le viniera en gana y ahora se sorprende porque le ha salido rebelde. En eso debió de pensar cuando comenzó a malcriarlo como si no hubiera un mañana.

– ¿Esto es una trampa o me está hablando en serio? –cuestionó Lily, confundida.

– No tengo intenciones ocultas –aseguró Eiji y esbozó una sonrisa para infundirle confianza–. De verdad creo que Genzo tiene derecho a hacer de su vida lo que le venga en gana; si ya se le dio permiso de hacerlo antes, no veo la razón de querer cambiar las cosas en este momento. Además, algo debe de estar haciendo bien si ha conseguido que una mujer completamente ajena a su entorno lo defienda de esa manera y se preocupe tanto por él.

– Eso es porque Genzo es un hombre excepcional –aseguró Lily, tras lo cual reclamó, sin poder evitarlo–: A veces me da la impresión de que ustedes consideran que él no está en sus cabales sólo porque está conmigo.

– En general eso sucede con cualquiera que se salga de la norma, al menos en este país –señaló Eiji, pensativo–. Sin embargo, aunque a mí no me interesen lo que hagan Genzo y tú, no voy a expresarlo abiertamente, no estoy en posición de ir en contra de lo que piensen mi padre y mi hermano.

– Tampoco era como si lo esperara –suspiró Lily.

– Entremos entonces. –Eiji señaló la puerta, que Shuichi había dejado entreabierta–. Genzo está más preocupado por ti que por Shuichi y no se relajará hasta que regreses.

A diferencia de Shuichi, que pasó por delante de ella como si fuese superior, Eiji permitió que Lily ingresara primero al cuarto de Genzo. La joven no estaba segura de qué pensar con respecto al segundo de los Wakabayashi, pero agradeció que no tuviera que discutir también con él; no cabía duda de que todos los Wakabayashi poseían personalidades fuertes y enfrentarse a uno de ellos ya era agotador, peor era cuando se trataba de dos.

En cuanto entró, Genzo le lanzó a Lily una mirada interrogante y ella le respondió con un vago movimiento de cabeza; él sospechaba que Lily había sufrido un altercado con sus hermanos, por lo que ella se esforzó por ocultarlo y se mantuvo fuera de su campo de visión. Shuichi dominó la mayor parte de la conversación, siendo apoyado en ocasiones por comentarios atinados de Eiki a los que Genzo contestaba escuetamente; a Lily le causó gracia comprobar que Eriko, tan altanera y ególatra cuando estaba sola, era muy sumisa en presencia de sus primos y por lo mismo se mantenía muy callada.

– Papá está preparando tu habitación para que quede confortable, Genzo –comentó Shuichi, lo que hizo que Lily le lanzara una mirada de advertencia–. Quiere que le avises qué día van a darte de alta para preparar a la servidumbre.

– Dile a nuestro padre que le agradezco el interés, pero voy a rechazar su ofrecimiento –respondió Genzo, sin molestarse en ocultar su sarcasmo.

– ¿Y por qué? –se atrevió a preguntar Eriko, tan ofendida como si la hubiera rechazado a ella.

– Porque no se me viene en gana –exclamó Genzo, sin más–. Si quiere que me quede en esa casa, tendrá que venir por mí y llevarme a la fuerza.

– Sospeché que dirías algo así –suspiró Shuichi, teatralmente–. Sabes que lo más conveniente es que estés en casa, en ningún otro sitio estarías mejor cuidado.

Lily entendió que era una indirecta al hecho de que ella no podría atender mejor a Genzo, aunque quisiera; si bien Shuichi no la miró al pronunciar estas palabras, su lenguaje corporal indicaba que sí las soltó con mala intención. "Cabrón", pensó Lily, al tiempo en que esbozaba una sonrisa de lo más hipócrita.

– Lo dudo mucho –replicó el portero, con una cómica expresión de tragedia–. Ustedes tres son pésimos enfermeros y no quisiera ser cuidado por ninguno.

Lily no se contuvo y se rio a carcajadas, ante las miradas enojadas de Shuichi y Eriko. Sorpresivamente, Eiji se le unió, lo que hizo que Eriko enrojeciera como hacía cada vez que algo la encolerizaba. Lily entendió este pequeño gesto como una muestra de apoyo sutil de parte de Eiji y se lo agradeció, a pesar de que pensaba que era ciertamente triste que él no pudiera expresar en voz alta sus propias opiniones para no ir en contra de lo que su padre y el primogénito de la familia creían.

– Bien, no tiene caso seguir discutiendo sobre eso –señaló Eiji, cuando acabó de reírse–. Nuestro hermano tiene derecho a escoger en dónde quiere pasar su convalecencia.

– Además, todavía hay tiempo para que cambie de parecer –señaló Shuichi, muy digno–. La invitación queda abierta, Genzo.

La enfermera de turno apareció para anunciar que el paciente necesitaba descansar y que, además, le tocaba la aplicación de un analgésico que lo adormilaría, por lo que les pedía a los jóvenes Wakabayashi que se retiraran. Para sorpresa de Lily, Shuichi se despidió de ella con un apretón de manos, mientras que Eiji le tocó brevemente el hombro y le sonrió con amabilidad.

Ganbatte –le dijo en japonés, tras lo cual añadió en inglés–: Eso puede traducirse como "da lo mejor de ti".

Lily quedó tan sorprendida por el gesto que no atinó a responder; de reojo, vio que Shuichi los miraba con desaprobación, pero no hizo comentarios, era como si de verdad creyera que Lily cumpliría su amenaza si armaba un lío frente a Genzo. Eriko ni siquiera se molestó en verla y salió de la habitación con paso altanero y majestuoso; parecía que el hecho de que Lily no tuviera que marcharse gracias a su pase permanente la ponía de mal humor, o tal vez la fastidió el hecho de que Shuichi y Eiji no consiguieron doblegarla, al menos no de la manera en la que Eriko esperaba.

– ¿Qué te hicieron mis hermanos, doctora? –preguntó Genzo, cuando se quedaron a solas.

– ¿Eh? –exclamó Lily, pillada por sorpresa–. ¿Qué te hace pensar que me hicieron algo?

– Tardaste mucho en regresar y Shuichi no llegó con Eiji y Eriko –replicó Wakabayashi–. No soy tonto, sé que él te entretuvo para decirte algo.

– Ah, pues… –Lily lo pensó un poco y al final se arriesgó a contestar con una verdad a medias–. Shuichi y Eiji se presentaron conmigo y me aseguraron que habían escuchado hablar de mí, aunque dudo que hayan sido cosas buenas. Oh, y Shuichi también mostró preocupación por tu bienestar y me lo hizo saber.

Lo dijo en tono jocoso con la esperanza de que el portero no se tomara en serio el asunto, alterando el hecho de que la preocupación que Shuichi manifestó fue por el noviazgo "sin futuro" entre Genzo y Lily. Por fortuna, el medicamento intravenoso que la enfermera había aplicado empezaba a hacer efecto.

– Ajá. –Genzo cerró los ojos y los volvió a abrir, intentando mantenerse alerta–. ¿Se tardaron tanto hablando de eso?

– Eh, pues no –titubeó la mexicana–. Eiji me entretuvo para decirme que él no está en contra de que nosotros estemos juntos, lo cual me ha asombrado bastante.

– ¿Por eso es que te dijo "ganbatte" antes de marcharse? –quiso saber Wakabayashi, tras lo cual añadió–: Bien, no me sorprende, Eiji siempre ha sido un buen tipo, se toma las cosas con más calma que Shuichi. Son las ventajas de ser el segundo de la familia, supongo, tiene menos obligaciones que el primogénito.

– No me digas que mientras más avanzan los hijos, menos responsabilidades tienen –se burló Lily–. ¿Por eso es que eres tan rebelde, porque eres el tercero?

– Algo así. –Genzo soltó una risita muy débil–. Qué bueno que la enfermera ya me puso el analgésico, estaba comenzando a dolerme la herida.

– ¿Y cómo no, si te la pasas hablando? –lo amonestó Lily–. Vamos, debes descansar ahora, ya te esforzaste lo suficiente por hoy.

Mientras decía esto, la joven se acercó a Wakabayashi para acomodarle las almohadas y obligarlo a recostarse. Genzo, que ya se sentía adormecido, no opuso resistencia.

– Siento que no me estás contando todo, Yuri –murmuró, con los ojos cerrados.

– Hablaremos de eso cuando estés mejor, mi amor, lo prometo. –Lily lo besó en la frente–. Pero, por ahora, duérmete un rato.

– Está bien, doctora, será como tú digas –Genzo suspiró–. Pero me lo dirás en cuanto despierte, sin excusas.

Ella, en vez de responder, lo besó en los labios y vio que él sonrió con satisfacción. Rato después, Wakabayashi ya estaba dormido y Lily suspiró. El estómago estaba matándola otra vez; ahora que el peligro había pasado, sus jugos gástricos se encargaban de acumular el estrés residual en el abdomen, así que nuevamente tendría que pedirle a una enfermera amable que le consiguiera un medicamento que le calmara la gastritis o tal vez tendría que encargarle a Hana o a Mikami que se lo consiguieran en alguna farmacia. Una cosa era segura: Lily no volvería a ir a la zona de máquinas expendedoras aunque de eso le dependiera la vida.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Milán.

Erika Shanks miró a detalle el ultrasonido que le habían tomado a Gino, en búsqueda de alguna señal que indicara que su ya casi curada lesión hubiese vuelto a empeorar. Hernández estaba sentado frente a ella, en el consultorio que utilizaba la francesa para dar atención médica, a la espera de su resolución final. Ella, tras permanecer con gesto serio durante un buen rato, sonrió con satisfacción al comprobar que no había heridas nuevas y que las antiguas ya estaban prácticamente recuperadas.

– Ya estás como nuevo –le aseguró a Hernández, quien esperaba con la actitud de niño que espera un cumplido por su buen comportamiento–. Te felicito, has cumplido al pie de la letra con el tratamiento y se están viendo los resultados de tu esfuerzo. Por supuesto, todavía falta el diagnóstico resolutivo del médico del Inter de Milán, pero me apuesto el trabajo a que estará de acuerdo conmigo.

– Me alegra mucho escucharte decir eso, sabes que me esforcé mucho para cumplir al pie de la letra todas mis terapias. –Gino sonrió de oreja a oreja–. ¿Tengo permiso entonces de dar todo de mí en mis siguientes encuentros, doctora Shanks?

– Lo preguntas como si no lo hubieras estado haciendo antes. –Erika se echó a reír.

Y era cierto. El Inter de Milán continuaba imparable en su carrera hacia la cima, quitándose de encima a los rivales con una precisión feroz que no se le había visto en muchos años. Gracias a los esfuerzos de los jugadores titulares, bajo las órdenes de Gino Hernández en la defensa y de Marc-Paul Moreau en el ataque, el equipo había llegado a la final de la Supercoppa di Lega, es decir, la Supercopa de Italia, la cual jugó contra uno de sus eternos rivales, la Juventus. Las apuestas se inclinaban por este último club, el más laureado de Italia, pero los del Inter no estaban dispuestos a dejarse amedrentar.

La Juventus también venía bastante fuerte, con Salvatore Gentile como pivote en la defensa y con el francés Zedane como punta de flecha en el ataque. Así también, contaba con jugadores como el holandés Davi, que podía marcar una diferencia gracias a su rapidez. Sin embargo, el entrenador del Inter se tomó las cosas con calma y colocó a Valentino Conti y Ferdinand Rossi a marcar personalmente a Zedane y a Davi. Conti y Rossi eran jugadores jóvenes, recién llegados al Inter al igual que Marc-Paul, pero aceptaron el reto con energía; a su vez, Marc-Paul sería el encargado de anotar los goles, junto con el delantero Van Berg. Ambos sabían que la tendrían muy difícil contra la formación ofensiva de Gentile y contra el muro impenetrable que era el guardameta Vaalen Voort, pero al igual que sus compañeros, estaban ansiosos de derrotar a esos engreídos de la Juventus y por lo mismo salieron al campo con la actitud de dejarse el alma en el juego. Al parecer de muchos, era arriesgado dejar que los jóvenes se encargaran de veteranos como Zedane y Vaalen Voort, pero esta táctica le había funcionado al entrenador en otras ocasiones y no tendría por qué ser diferente esta vez. Y, por supuesto, como joya de la corona estaría la Mano de Oro de Italia, es decir, Gino Hernández, defendiendo la meta del Inter, dispuesto a recuperar el tiempo que perdió con sus lesiones.

Para sorpresa de todos (hasta de los mismos milaneses, hay que decirlo), el Inter venció a la Juventus con un marcador de dos goles a uno, lo cual lo coronó como el rey absoluto de la Supercoppa di Lega. Van Berg y Moreau fueron los encargados de anotar por parte del Inter, mientras que Davi intentó acortar las distancias con el único gol que habría de meter la Juventus. Salvatore se frustró mucho al ver que sus sueños de vencer a Hernández se hicieron polvo, mientras que Gino se sentía exultante ante el hecho de que su sueño de ganar todo lo que se pudiera con el Inter estaba en proceso de volverse realidad.

– El siguiente objetivo será ganar la Serie A –comentó Gino, con una sonrisa de disculpa–. Lo cual no conseguiremos si me contengo a la hora de jugar; digo, si siguiera estando lesionado, lo entendería, pero dado que ya no lo estoy, pues no hay necesidad de que juegue a medias.

– Tranquilo, que no te estoy regañando. –Erika sonrió también–. Y después de la Serie A sigue la Champions League, ¿no es así?

– Eso lo sabes muy bien, Riky –afirmó Hernández, con energía–. ¡Ese título será nuestro este año! Cuando los demás estén ocupados con las Olimpiadas, yo aprovecharé para enfocarme en los títulos de Europa y cuando se den cuenta de lo que ha pasado será muy tarde, pues el Inter de Milán se habrá coronado como campeón de la Champions League.

– Me parece muy bien –aprobó Erika, feliz de ver a su novio tan entusiasmado–. Sé que conseguirás cualquier cosa que te propongas.

– Y espero que, como siempre, estés tú a mi lado. –Gino suavizó el tono de su voz–. Sabes que no habría podido lograrlo sin ti, amore mío.

– No lo hice yo sola –aseguró Erika, avergonzada–. Pero siempre vas a contar conmigo, que de eso no te quede duda.

– ¿Cómo algo más que mi médica? –cuestionó Hernández, al tiempo en que se levantaba del banquillo de metal en el que estaba sentado para acercarse a la joven.

– ¿Qué quieres decir, mon amour? –preguntó la francesa, cautelosa–. Ya somos novios, ¿no es así?

– Sí, pero no va a ser suficiente para mí. –Él la tomó de las manos y la obligó a ponerse en pie–. No voy a pedirte que te cases conmigo ahora mismo porque es el sitio menos romántico del mundo, bueno, no, seguro que hay peores, pero no es digno de ti. Eh, lo que te estoy tratando de decir es que tengo dos objetivos grandes en mente, uno a mediano plazo y el otro a largo término, y quisiera que tú estuvieras a mi lado como algo más que sólo mi novia, perché sei l'amore della mia vita.

– ¡Oh! ¿Soy el amor de tu vida? –Erika rio, enrojecida y emocionada–. Gino, sabes que también te amo y que estaré feliz de apoyarte en todo lo que hagas.

Gino tomó el rostro de Erika con una de sus manos y la acercó a él para besarla con pasión durante varios minutos. Ella, por supuesto, le devolvió el beso con la misma intensidad.

– Me haces muy feliz, Riky. –Gino rio de lo feliz que se sentía–. Aunque espero que sepas que ese apoyo será recíproco: cualquier meta que te propongas, te ayudaré a cumplirla con todo lo que tengo.

– Lo sé bien, Gino. –Erika le acarició una mejilla con dulzura–. Pero ahora mismo tengo una duda enorme: afirmaste que tienes dos objetivos, uno a mediano plazo y otro más lejano. ¿A qué te estabas refiriendo?

– Bueno, la Eurocopa de este año ya se jugó y Alemania se coronó campeón, pero la próxima será en cuatro años. –Hernández sonrió con picardía–. Y pienso hacer que Italia la gane.

– ¡Ah! Un objetivo ambicioso, realmente. –Erika lo miró con emoción contenida–. En estos momentos mucha gente puede creer que esa meta parece imposible, pero yo sé que tú la conseguirás.

– Gracias, amore mío –dijo él–. ¿No te da curiosidad saber cuál es el otro objetivo?

– Vamos, si es bastante obvio –replicó Erika–. Se trata de la Copa del Mundo.

– Me conoces bien –aceptó él–. O tal vez soy demasiado predecible.

– Yo creo que es un poco de ambas cosas –aseveró la muchacha.

El portero italiano volvió a besarla, una y otra vez; él se dijo que se permitiría varios minutos de buen amor con Erika, que bien ganados los tenía, antes de volver a enfocar su atención en el fútbol; todavía tenía mucho trabajo por hacer si quería ganar la Serie A y después la Champions League. "Hoy vamos por Italia", pensó Hernández. "Y mañana, por el mundo".


Notas:

– La última Supercoppa di Lega acaba de ser ganada justamente por el Inter de Milán, que derrotó a la Juventus con un marcador de dos goles a uno.

– En el juego CaptainTsubasa: Dream Team, en la etapa del Next Dream, Kojiro Hyuga ya volvió a la Juventus, pero en mi línea cronológica todavía no llego a esa parte, por eso es que no lo he mencionado dentro de la alineación de este equipo.