Capítulo Veintidós

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Estaba cansada. Tanto, como no lo había estado en bastante tiempo.

Pero no se quejaba. Ya que estar al lado de Allen, ayudarla y darle apoyo valía completamente la pena. Era lo que le daba fuerza suficiente para velar su sueño. El cansancio pasaba a segundo plano cuando tenía que desvelarse con tal de que nada perturbara su descanso.

Pero no era suficiente.

En la situación en la que se encontraba debido a la Inocencia, no era nada bueno que cumpliera con las amenazas de no detenerse en sus "actividades nocturnas". Las cuales en los últimos días eran algo frecuentes.

Le había dado un poco de miedo la que le hizo al haber dejado al joven Kanda la noche anterior.

Era de madrugada cuando sus ojos se cerraron después de acabar un par de veces. Emilia todavía se quedó un rato viéndola dormir, para cerciorarse de que por fin había sucumbido al cansancio después de tanto estrés. Se despertó mucho antes que ella, y ahora la mañana ya estaba empezando a avanzar un poco. Tenía que asegurarse de que nada la molestara mientras descansaba.

Esa guardiana y el resto se habían calmado. Pero no estaba de más ser prevenida.

La castaña estaba preocupada. Cada vez era más evidente que Allen no era del todo normal; que era más fuerte de lo que creían, «y vaya que no se hacían idea cuánto», que no pensaba compartir sus secretos y por supuesto, que era mejor no preguntar.

Emilia trató la manera de desviar la atención del asunto con lo que pasó en esa sala de entrenamiento durante la pelea. Esperaba haber logrado algo significativo. En especial con los superiores, la guardiana y Kanda Yuu. Los dos últimos eran los más complicados debido a la ventaja que tenían por sus sentidos elevados.

Puesto que, antes, cuando la mayoría del tiempo solo tenían que lidiar con estudiantes de su edad, la condición de Allen no había presentado ningún problema. Era problemático que en esta ocasión, hubiese gente con mejores habilidades de percepción. Afortunadamente, tenía todo organizado para no tardarse de más en acabar con esta guerra.

Si todo salía bien, era probable que Allen saliera bien parada de todo esto.

El problema era… ella misma.

Suspiró.

Estaba cien por ciento segura y lista para lo que tenía que hacer. Y no se arrepentiría de nada. Jamás. Tal y como se lo prometió a Allen y a esa otra persona hace mucho tiempo.

Solo había una última cosa que hacer.

Con el suspiro que soltó, hizo que Allen se inquietara, por lo que empezó a despertar; removiéndose entre las sábanas hasta que sus rostros estuvieran a la par. La vio abrir los ojos, estaban un poco rojos a causa del sueño. Aún con eso, eran los ojos más hermosos que Emilia conocía.

Le sonrió y acarició su rostro con dulzura.

—¿Cómo te sientes?

Allen gruñó. Las mañanas siempre se le complicaban un poco.

—Como la mierda.

Emilia se rió. Comprendía que no estuviera de ánimos ni para controlar su verdadero carácter.

—Todavía no hay que levantarse. Puedes volver a dormir.

Sintió que tal vez no fue lo mejor por decir. Allen siempre sabía cuándo algo no la tenía tranquila.

—¿Qué es?

Lo mejor era abordar el tema con calma. Así que decidió hablar.

—Me preocupa que no hayan quedado tan tranquilos después de todo.

—No te preocupes por ellos.

—Pero no puedo evitar estar preocupada. En algún momento van a querer respuestas.

Allen no dejó que siguiera con esa corriente de pensamientos inquietantes. La atrajo hacia sus brazos y le dio un beso en la frente, después uno en la mejilla y por último uno largo y suave en sus labios. No había intención de quitar el aliento o incitar, solo de calmar.

—Nada de lo que ellos quieran, puede ser relevante para nosotras. —le dijo con firmeza después de alejarse. —Cuando llegue el momento, de ser necesario les diremos lo suficiente para que vivan en paz. —meditó un poco en sus siguientes palabras. —Resulta complicado ocultar algunas cosas en esta ocasión. Pero no debes preocuparte por eso. Todo se arreglará más adelante.

Había algo que Emilia estuvo buscando la oportunidad de mencionar, y abordó el tema precisamente para hacerlo, pues tenía cierta relación con esa inquietud. Ya que las cosas habían avanzado hasta ese punto, consideró que era un momento… oportuno. Porque en realidad nunca habría un buen momento para mencionarlo.

Inhaló profundamente antes de hablar. Preparándose para la reacción de Allen a su petición.

—Allen… Sé que esto te puede resultar molesto, y entiendo que sea así. Pero creo que esta sería una buena oportunidad para… ayudarlo.

Allen torció el gesto de inmediato. No era necesario que planteara por completo la petición. Tal era el grado de entendimiento entre ellas, que la británica no necesitó que dijera más para comprender todo el kit de la cuestión.

De cierto modo, Emilia sabía que Allen intuía que tarde o temprano le iba a pedir algo así. Por eso comprendía su ceño fruncido, y que se alejara hasta sentarse en la cama y recargar sus codos en sus rodillas flexionadas. Claro indicio de que estaba meditando en algo profundamente. Se dedicó a observar su perfil desde donde estaba. Era mejor aparentar calma, dejando que debatiera el tema consigo misma el tiempo que fuera necesario.

Luego de unos minutos, la vio soltar un suspiro, voltear el rostro en su dirección nuevamente sin volverse a acostar a su lado y, por fin hablar debidamente del asunto.

—Sé que la razón por la que quieres ayudarlo es porque… —Allen gruñó, sin querer terminar debidamente con los motivos.

—Me recuerda a Elizabeth.

Allen dio un salto, y pudo ver la tensión en sus hombros con la mención del nombre.

Emilia se arrepintió un poco de decirlo en voz alta, pero sintió que era necesario. No obstante, al ver su semblante obscurecido, más la sorpresa y el enojo en sus ojos, terminó de arrepentirse por completo.

Temiendo lo peor se apresuró a aclarar:

—N-No es… no es que… se parezcan, ni nada por el estilo…

—Emilia. —se detuvo con el tono de advertencia, que indicaba: era mejor no seguir. Al igual que las pocas veces que le había dirigido un tono como ese, decidió obedecer.

Hablar de ella, era un tema delicado en cualquier ámbito, sentido o tiempo en el que se hiciera.

—No vuelvas a mencionarla. — dijo Allen con los dientes apretados. —Bakanda podrá ser un idiota de primera y de los mejores. Pero incluso él no tiene nada en común con… ella. —se revolvió el cabello un poco antes de seguir. —No creí que fuera por eso por lo que querías ayudarlo. Pensé que me lo ibas a pedir porque no quieres que el resto se siga sintiendo incómodo por las peleas que hay entre nosotros, y para que deje de lanzar acusaciones cada que puede hacia mí. No porque te la recordara.

La castaña detectó el tono dolido en su voz.

—Por favor no pienses que… esa es la razón principal. —esta vez sí se sentó a la par de ella. —Por supuesto que no quiero que siga sembrando la duda en los demás. Es solo que… —titubeó un poco antes de seguir.

—Es solo que… ¿Qué? —Emilia se dio cuenta que el daño había sido grave al escuchar la pregunta.

—Escucha. Escucha. No te molestes. No volveré a mencionarla. Lo prometo. Pero por favor escucha. —se apresuró a tomarla de los hombros para que la viera. —Sé que el joven Kanda no tiene malas intenciones. Es entendible que se sienta confundido por no poder detectar nada de ti. Es solo que a veces… su don lo hace estar tan solo que… no puedo evitar pensar en… ella; pero solo un poco. Por supuesto la razón principal es para que no te siga acusando. ¿Entiendes? No es nada más que eso. Por favor no te…

Allen detuvo su balbuceo con un beso. Esta vez un poco más rudo y profundo. Cuando se sintió satisfecha, le devolvió una mirada seria.

—Está bien. Entendí, no sigas. —luego hubo una pequeña advertencia en sus ojos. —Y solo… no vuelvas a hablar de eso.

Dolía un poco que Allen se refiriera a ella como un algo y no como un alguien. Aunque no podía reprochárselo después de todo lo que había pasado. Incluso ella misma no podía pensar en ese nombre sin sentir una molestia nada buena en su interior.

Era mejor no pensar más en eso.

—Entonces, ¿cómo piensas ayudarle? —se atrevió a preguntar.

—Sabía que me lo ibas a pedir, solo me pareció un poco raro que no lo hicieras antes. Ya que cuando quieres algo como esto; en lo que no estoy muy de acuerdo o no quiero hacer, eres muy persuasiva. Así que…

—No lo hagas ver como si te manipulara. —murmuró en voz baja.

Allen fingió no escucharla. Soltó un suspiro y cerró los ojos. Pensando.

—Tengo una solución. —la miró con intensidad otra vez. —Pero que quede claro que es porque tú lo quieres. De todos modos, tu misma encontraste la solución. Y me ayudarás a dar los toques finales.

—¡Oh! Entonces es…

—Sí.

Emilia se puso bastante feliz. Después de todo, el fin era ayudar a Allen. Siempre era por Allen. Y al fin había un indicio de que, cuando todo terminara, ella estaría bien.

Estaba segura de que Allen estaría bien.

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XXX

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Era incómodo cuando alguien tan tranquilo, sereno y sonriente como el general Froi Tiedoll se enojaba. O daba indicios de.

Como en ese momento.

Todos llevaban alrededor de una hora escuchando sus quejas, regaños y los motivos por los que el compañerismo, la confianza y la fe en los escogidos por la Inocencia, y por lo tanto de Dios, eran imprescindibles en esos momentos. En especial en esos momentos.

Llevaban dos días ayudando con las reparaciones y en lo que pudieran en la sede. Debido a eso, pudieron evitar que el general los reuniera para abordar el tema. Pero no pudieron evitarlo más cuando anunció que partían al día siguiente.

Incluso Fou no se salvó del todo.

Komui estaba ligeramente agradecido que lo alejaran un rato de sus obligaciones. Pero el que tuviera que escuchar todo el sermón del general no era más agradable.

—Así que, por último, Yuu, no quiero que vuelvas a pelear con Allen, y tienes que pedirle una disculpa como es debido… A ambas. —luego se dirigió a todos los demás. —No puedo exigirles lo mismo a ustedes. Pues de hacerlo, harían bastante evidente que no tenían muy claros sus motivos con todo lo que hicieron. Pero espero que entren en razón, y entiendan que incluso la persona más amable del mundo puede sucumbir al enojo cuando la provocación es demasiada. Tan solo vean cómo reaccionó Emilia. Honestamente no la culpo por alterarse.

—G-General… entendimos su punto. Y-Y puede estar seguro de que no volveremos a sacar conclusiones apresuradas. —dijo Bak, con el sudor corriendo por su frente intensamente. Con la mirada que le dio el mayor, sintió que era mejor agregar algo más. —Y también tomaremos en cuenta de que, tal como lo ha dicho, todos somos servidores de Dios.

—Me alegra escucharlo. Siendo así, me retiro para poder comer y descansar. Yuu, mañana partimos temprano. No te desveles demasiado.

Dicho lo último, se retiró. Bastante conforme por haber intercedido a favor de las acusadas en base a las sospechas de -entre todas las personas-, el general más excéntrico y cuestionable de todos.

Cross Marian también tendría unas palabras de su parte.

Cuando salió, el resto soltó un suspiro agotado. Reinó el silencio por unos momentos antes de que Komui tomara la palabra.

—Muy bien, creo que con esto, nos quedó bastante claro que de ahora en adelante, solo nos queda esperar lo mejor del asunto.

Bak le dio la razón. Fou prefirió guardarse su opinión y nadie se quería imaginar en lo que estaba pensando Kanda.

—Estás en lo cierto, Komui. Ahora bien, en cuanto a lo concerniente al general Cross, creo que sería recomendable que de cualquier manera, no se le informe a nadie más.

—Bien, entonces sigamos con lo nuestro. Más adelante tendremos oportunidad de aclarar las cosas. Nos mantendremos en contacto. Hasta entonces, que estén bien.

Lo único que pudo hacer el japonés fue soltar un chasquido y salir con pasos pesados de la oficina de Bak.

Fou se encaminó hacia la enfermería sin decir nada. Tenía como -autoimpuesta- tarea principal, cuidar de la niña que había sido absorbida por el caído. Ahora era una niña sin hogar ni padres. Lamentablemente, su familia era una de las pocas que había cerca de la zona, y ahora la Orden debía hacerse cargo de ella.

Esa chica Emilia se había ofrecido a ayudar. Pero lo descartó diciendo que su tiempo en el lugar no sería permanente, y era mejor que la niña se acostumbrara a la gente que le rodearía de ahora en adelante.

Ella lo entendió y se dedicó a ayudar en lo que pudiera dentro de las instalaciones. Tiempo en el que se había ganado cierto grado de simpatía de todo el personal. Walker casi siempre estaba pegada a ella y cuando no, estaba ayudando en donde la necesitaran.

La guardiana pudo comprobar que ninguna de las dos era particularmente desagradable. Todo se resumía en que no eran por completo ordinarias. Pero fuera de eso no eran malas personas.

No podía decir lo contrario cuando la exorcista se dedicó a burlarse un poco de Bak cuando, de casualidad, dio con el cuarto "secreto" del supervisor.

En cuanto descubrió el contenido del lugar, curiosamente, la castaña se le unió para fastidiar al rubio. Aunque parecía que por momentos lo miraban con un poco de lástima en los ojos. En especial cuando Bak hablaba de la fuente del contenido como alguien puro e inmaculado. Fou prefería no pensar en el porqué.

Gracias a eso, ahora había una especie de camaradería entre ellos. Lo cual causó que Bak no dijera mayor cosa con la reciente charla de Tiedoll.

Emilia Galmar se había hecho de una muy buena fama dentro del lugar. Y, aunque era un poco molesto para Fou, podía decir que eso contribuyó al remordimiento que sintió por juzgarla sin conocerla.

Era algo que, desafortunadamente, tuvo sus consecuencias. Puesto que Walker no la veía con muy buenos ojos que digamos. No la trataba mal, pero tampoco era tan amable como con el resto.

Lo que impedía que tomara venganza era precisamente su novia. Cosa que empeoraba el peso en su consciencia.

Todavía le resultaba un poco extraño que esas dos fueran pareja. Pero al ver su manera de interactuar, tampoco era tan antinatural aceptarlo. Aunque era un poco curioso que nadie más lo sospechara. Y tal vez era mejor de ese modo.

Los incidentes en los que estuvieron involucradas, afortunadamente no se habían hecho de conocimiento público. Debido a que casi todos se preocuparon por las secuelas, y no por la causa. De lo contrario, el chisme estaría por todo el lugar en cuestión de segundos.

Fou no se quería ni imaginar las consecuencias de eso.

Cuando se dio cuenta, estaba en las puertas de la enfermería, comprobando que la niña estuviera dormida. Esperaba que no fuera a despertar a causa de una pesadilla. Las que eran un tanto frecuentes debido al trauma de verse envuelta en la caída de un exorcista.

Pero había tomado la tarea y la haría bien. La exorcista la sacó justo a tiempo, pues la Inocencia estaba contaminando su cuerpo al no ser un usuario compatible. Pero ahora al menos estaba a salvo. Probablemente se convertiría en una ayudante de enfermería o, en el mejor de los casos, en parte del departamento científico.

De repente sintió que no estaba tan sola después de todo. Y no necesitaba voltear para reconocer esos pasos tan pesados debido a ese andar tan petulante.

—Entonces, supongo que llevamos las cosas demasiado lejos. —Era evidente que no estaba feliz con el asunto. —Resulta que esa enana sacó a relucir algunas cosas que no habíamos considerado.

—Entiendo si te molesta. Yo tampoco estoy muy feliz, pero…

—Es mejor esperar a que todo se aclare por sí solo. —terminó por ella.

—No nos queda otra opción. Y si te soy sincera, creo que es lo mejor.

Kanda solo la miró.

Prefirió no comentar nada más y dejar a la guardiana con sus asuntos. Al pelinegro en realidad no le importaba mucho lo que estaba haciendo. Ahora tenía otras cosas en mente.

Había llegado la hora de dejar en paz el tema de sus sospechas.

No le quedaba de otra más que esperar. Tal y como se lo había dicho a Fou.

La decisión estaba tomada. Aunque no estaba conforme, tenía que admitir, que sería patético insistir después de que la enana haya planteado cuestiones que le afectaban incluso a él.

"Si lo hiciera, ¿puedes garantizarme que nadie la mirará mal?"

Eso era algo que Kanda hizo desde el principio. Sintió que eso iba dirigido especialmente hacia su persona. Después de todo, era quien más la había fastidiado desde que la vio por primera vez.

Kanda no era de los que meditaban mucho en las cosas, él era más de seguir sus instintos, y actuar en consecuencia. Pero, en esta ocasión, no estaba muy seguro de por qué sus sentidos se alteraron en desmedida cuando conoció a esa mujer.

Necesitaba respirar aire fresco. Tanto era el cúmulo de pensamientos, que sentía que se asfixiaba.

El edificio había quedado bastante dañado. Aún había algunas grietas en el techo que permitían el paso de la luz de la luna. Aprovechó que pasaba precisamente por una de esas tantas grietas y se dirigió al exterior. Caminó un poco hasta que encontró un lugar adecuado para ver el paisaje tranquilamente.

Se sentó y elevó su vista hacia el cielo. Había muchas estrellas esa noche. Respirar el aire exterior ayudó a que su cabeza se despejara un poco.

Tenía que considerar detenidamente las cosas. Pues ahora era necesario que calmara sus instintos y, por primera vez en su vida, pensara un poco antes de actuar. En especial si lo que les esperaba era un largo camino hacia japón. En donde su maestro se encontraría con Cross, para ayudarlo con lo que sea que el hombre estuviera haciendo.

Si tenía la oportunidad, hablaría con él´, para saber más sobre el contenido de esa carta que le había enviado al científico loco que decía ser el encargado de la Orden.

Así que debía considerar una posible tregua. El problema radicaba en cómo plantear o tan siquiera abordar el tema con esa mujer.

—No sabía que eras de los que contemplan el firmamento.

Se sobresaltó un poco con la voz que escuchó a sus espaldas. Afortunadamente no lo demostró. Aun así, no pudo evitar sentirse irritado. A la persona que menos quería ver en esos momentos era a ella.

"¿Puedes asegurar, que nadie se querrá aprovechar de ella?"

¿Existía esa posibilidad?

Era muy probable que sí. Después de todo, lo poco que sabía con certeza es que era bastante fuerte. Dejando de lado el no poder ver sus emociones, quién sabía qué otras habilidades tenía esa mujer, para que la enana dijera algo como:

"¿Puedes afirmar que, al terminar la guerra, la dejarán tranquila?"

—Deja de mirarme como si te debiera dinero. —dijo con hastío.

Salió de su transe con la burla que detectó en su rostro, más la irritación que sintió por la pequeña sonrisa que le estaba dando.

—¿Qué quieres?

—Tan amable como siempre.

Soltó un chasquido.

—Espero que el anciano no te haya enviado a… —le daba un poco de malestar tan siquiera pensarlo.

—A… ¿recibir las disculpas que me debes? O, ¿las gracias que no me has dado por salvarte la vida?

Sintió sus cejas temblar ante el recuerdo.

—No esperes ninguna de las dos.

—Por suerte para ti, no las necesito en lo absoluto. —la chica desestimó el asunto con un movimiento de la mano. —Me es suficiente saber que alguien te hizo sentir miserable por ser un patán alarmista.

—¿Alarmista? —repitió la palabra lentamente. Le dio la mirada más oscura que podía. —No sabía que ser precavido era ser alarmista.

—No intentes usar argumentos ajenos para justificar tu paranoia.

—Tampoco pienso disculparme por eso.

Se encogió de hombros antes de responderle.

—Si puedes vivir con eso, la verdad tampoco es asunto mío.

Kanda la quería golpear. Pero decidió que le iba hacer caso a Tiedoll y no volvería a tomar la delantera en las peleas. Aunque quisiera.

—¿Solo a eso viniste? ¿A cuestionar mis pasatiempos y echarme en cara mi actitud?

La vio soltar un suspiro y poner los ojos en blanco. Un surco extraño se formó entre sus cejas después de eso. Como si se estuviera arrepintiendo de tal gesto. Pero tan pronto como apareció, se desvaneció; se aclaró la garganta y extendió un brazo hacia él.

¿Eso es…?

—¿Qué diablos?

—Es de parte de Lía.

—¿Cómo dices? —Esas palabras no lo volvían más fácil de aceptar. Pues claramente, eso, era para él.

—Ella lo... consiguió, e insistió en que te lo diera. —se movió incómodamente. —Me dijo que te dijera… ejem… feliz cumpleaños atrasado.

—¿Qué mierda? ¿Acaso haces todo lo que te pide? —pensar en algo así le molestó.

—Ni te lo imaginas. —murmuró entre dientes. —No creas que esto me hace muy feliz que digamos. —refunfuñó. Luego adquirió un tono más serio. —Pero no lo haría si no tuviera un motivo también. Esto…

Volvió a quedarse en silencio. La arruga en su frente regresó, esta vez también cerró los ojos, y de ser posible, su rostro se vio más irritado, pero tenía la sospecha de que no era con él.

—Solo dilo de una vez.

—Que molestia. — por alguna extraña razón, Kanda sintió que eso tampoco iba dirigido hacía él. En especial al ver como frotaba dos dedos contra su sien. —En realidad esto… es un voto de confianza.

—¿Voto de confianza?

—Maldición. Solo tómalo.

Sacudió un poco el brazo, girando el rostro y sin intenciones de mirarlo mientras extendía el objeto para que lo tomara.

No lo quería hacer, pero se dio cuenta que no saldría de esa hasta que lo hiciera.

Con algo de aversión todavía, tomó el collar con una mano; sin acercarse demasiado a la chica mientras lo evaluaba luego de tenerlo en la palma. Medía alrededor de dos centímetros, resplandecía por lo pulido que estaba y era de un color azul profundo. Ese color…

—Combina con tus ojos.

Su voz hizo que alzara la vista. No sabía qué expresión tenía exactamente, como para que esa mujer se mostrara engreída al devolverle la mirada. Y en esta ocasión no podía hacer nada para llevarle la contraria. Pues solo había una palabra que podía usar para definir lo que tenía en la palma de su mano.

Hermoso.

Esa piedra envuelta en plata, sostenida por un cordón sencillo era simplemente hermosa. Y sí, tenía el color exacto de sus ojos.

—¿Por qué me das esto?

—Ya te lo dije, es un voto de confianza.

—Pero…

—Eres el principal incitador de las especulaciones hacia mí. —no se veía molesta o afectada por ello. Eso lo hizo sentir incómodo. —Solo es una muestra de que no tengo malas intenciones. Y como mencioné… Feliz cumpleaños atrasado.

—¿Y esto exactamente cómo lo demuestra? —ignoró deliberadamente lo último.

—¿Por qué no vas al comedor y lo compruebas?

Le dio la espalda y empezó a alejarse. Seguía sin saber exactamente cómo reaccionar cuando escuchó su voz de nuevo.

—¡Ah! Casi lo olvido. —Cuando la miró, se dio cuenta que solo lo miraba sobre su hombro. — Úsalo debajo de la ropa. Y al ser un voto de confianza… — soltó otro suspiro. —En fin, tu sabrás si se lo enseñas a alguien.

Dicho eso se alejó y la perdió de vista.

Se quedó un tanto pasmado viendo esa piedra extraña en la palma de su mano. Tenía forma de rombo y una espiral de plata lo envolvía. Al observarla detenidamente, parecía que tenía una cruz en medio. El cordón era negro, y no tenía nada de extraordinario. Una combinación extraña, pero no por eso menos… adecuada.

Tenía que admitir que ese colgante era algo que sí estaría dispuesto a usar.

Lo pasó por su cabeza hasta que descansó en su pecho sobre el uniforme. Notó de inmediato que resaltaba demasiado. Pues no era una piedra particularmente discreta. ¿Qué clase de piedra era?

De inmediato decidió que mejor se quedaba con la curiosidad. Por nada del mundo le preguntaría al brote de habas o a la enana. Así que lo escondió dentro de su camisa para que no estuviera a la vista.

El contacto con su piel le produjo un escalofrío.

Luego de pensarlo un poco, decidió que la curiosidad que sí saciaría, sería la que le produjo lo que dijo sobre comprobarlo en el comedor.

Sin que se notara su prisa, volvió a entrar a la sede y dirigió sus pasos hacia ese lugar que por lo regular evitaba. El recorrido estuvo tranquilo. No vio a nadie caminando por los pasillos a pesar de que se acercaba la hora de la cena.

Cuando llegó, detuvo sus pasos de inmediato. Casi tropieza. Es más, por poco le da un paro cardiaco.

—Oye, ¿vas a avanzar o no? —volteó con un sobresalto y se encontró con el ceño arrugado de Daisya. Marie y Alma estaban detrás de él.

No sintió para nada a los otros exorcistas acercarse. Y aunque de cierta forma aquello le produjo un poco de inquietud, también se sintió… aliviado.

—¿Sucede algo, Yuu? —le preguntó Tiedoll, viéndolo con extrañeza mientras se acercaba por el lado contrario.

—Yo…—apenas susurró.

No sabía exactamente qué decir o hacer. Mucho menos cómo explicar lo que le estaba pasando.

Por puro reflejo, dio un vistazo a todo el lugar, para comprobar que no era su imaginación.

—Oye, estás un poco pálido. ¿Te sientes bien? —le dijo Marie, haciendo evidente que se estaba comportando un poco extraño debido a lo que implicaba su descubrimiento.

Lo miró fijamente, pero no vio nada y retuvo el impulso de sacar el colgante para inspeccionarlo.

Resultaba un tanto curioso ver a los demás… sin absolutamente nada a su alrededor.

No había colores. Ni ese extraño cosquilleo con el que detectaba la energía de la gente. Tampoco ese halo que delineaba el contorno de las personas y se mantenía ahí... todo el maldito tiempo.

—¿Kanda? —preguntó de nuevo Marie después de que lo estuviera observando por largo rato. Solo hasta ese momento reaccionó y volvió a ver a su maestro.

Tampoco había nada.

El brote de habas dijo que era un voto de confianza. Kanda sintió que eso, mejor dicho, era una prueba de fe. Incluso un favor incalculable. Aquello, solo podía ser obra de esa piedra azul que le había dado. No había otra explicación pese a que todo lo que implicaba no la tuviera exactamente.

Y se sentía tan agradecido que ni siquiera se la iba a buscar.

Estaba por responder cuando recordó algo.

"Tú sabrás si se lo enseñas a alguien"

—Kanda, ¿por qué te quedas callado? ¿pasa algo? —detectó el leve pánico en la voz de Alma. Pero lo hizo, solo porque lo conocía muy bien. No por haberlo visto a su alrededor. Y esa sensación era… agradable.

Sintió que por fin podía respirar con normalidad desde que fue consciente de que esa era su segunda vida. Entonces no tuvo dudas en cuanto a si revelar aquello o no.

Reponiéndose del impacto, tragó con dificultad antes de hablar.

—No pasa nada. —hizo una pausa, soltando un suspiro con el que recobró la compostura. —Todo está bien.

Todo estaba más que bien. De hecho, incluso se sentía un poco feliz por no percibir nada más que el murmullo de las conversaciones a su alrededor. Se dio la vuelta y se adentró en el comedor para pedir su comida. Comer en la cafetería jamás lo había entusiasmado. Y la comida nunca le supo tan bien.

Se sentía tan tranquilo, que ni siquiera se dio cuenta que había hecho algo más que suspirar. Por lo que no notó que el resto lo miraba con extrañeza y la boca abierta.

—A-Ac-caso… —dijo Daisya con dificultad, sin saber exactamente si había visto bien. —¿Sonrió?

—Kanda sonrió. —Alma necesitó parpadear un par de veces, se restregó los ojos con fuerza, casi lastimándoselos en el proceso. —No viste mal. Acaba de sonreír.

Se sentían tan asombrados que sospechaban que se acercaba el fin del mundo.

—M-Maestro, ¿usted vio lo mismo que nosotros? —le preguntó Marie a Tiedoll.

El hombre no sabía exactamente qué había pasado, pero sintió sus ojos llenarse de lágrimas al comprobar que no fue el único en notarlo.

—Sí. Se acaba de reír y se veía tranquilo. —no pudo evitar enjuagarse los ojos por las pequeñas gotas saladas que se le escaparon.

Al ver aquello salieron del asombro y soltaron un suspiro. El maestro nunca cambiaba.

Por primera vez desde que recordaban, compartieron una comida tranquila con el espadachín malhumorado. Era un hecho que quedaría grabado en las mentes de todos para siempre.

Durante el transcurso de la cena, nadie se atrevió a preguntarle a Kanda qué le pasaba. Tenían miedo de romper con la calma de ese momento, pues no sabían si iba a durar y tampoco lo querían arruinar.

Debido a eso, no notaron la forma en la que miraba a Allen y a Emilia a unas mesas de distancia. Quienes estaban conversando y haciendo bromas con un trío de científicos que les habían tomado confianza. Eran los tres que se desmayaron junto a Bak el día que llegaron. Kanda apenas se dio cuenta de eso. Le llevó un rato reconocerlos.

La castaña sintió su mirada y se la devolvió con calma. Sus ojos se conectaron por unos segundos, en los que esperaba transmitir su gratitud por ese regalo, pues recordó -con un poco de incomodidad-, que la británica había dicho que era de su parte. Ella le dio una sonrisa tranquila junto a una inclinación de cabeza, y volvió su atención a la conversación con los científicos.

Con eso decidió que no las iba a volver a molestar.

Aunque tal vez, eso es lo que debió hacer desde el principio.

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Que emoción. Que emoción. Que emoción gente bella. La verdad este capítulo me llena de emoción.

Como les había mencionado, aquí cerramos un tema que ya era demasiado constante en los capítulos anteriores. La neta que no soy de las que les da muchas vueltas a las cosas. Y al revisar detenidamente los hechos, ese era un asunto que ya me estaba aburriendo mencionar. o(≧≦)o

Entonces me dije a mi misma: mi misma, ya es tiempo de que algo fomente una tregua entre esos dos para dejar ese tema en paz. Y qué mejor manera de hacerlo que con Emilia intercediendo. Les digo la verdad, esta era una de las cosas que había planeado de la historia pero que se mantenía en el fondo de mi mente. Jeje como algo que tienen guardado en el ropero que saben que les sirve, pero no recuerdan por qué. §(**)§

Además, de ahora en adelante, necesito que Kanda se enfoque en otras cosas para que tenga sentido todo lo que va a pasar en los siguientes caps. Y eso es parte de la emoción que me embarga por traerles lo que pasó en este capítulo.

Ahora, en cuanto a lo que le dio Allen a Kanda, más adelante se sabrá qué tipo de joya es. Por el momento, quédense con la imagen mental que describí. Aunque trataré de buscar alguna ilustración que se asemeje a o que tengo en mente. O si no, buscaré alguna hada madrina que me quiera conceder el deseo de ilustrar mi imagen mental.

En el siguiente cap también veremos más de lo que hace ese regalo que le dieron. Y se puede decir que es similar al capítulo 17, un tanto tranquilo en el que no pasa mayor cosa emocionante, es más bien de monologo, conversación y algunas relevaciones.

Así que preparaos, pueblo lector ^0^

Por otro lado... si les soy honesta, nunca han sido de mi agrado los fics de talpersonajexlectora. Eso, en lo personal... lo detesto. ( ˘˘ ) jeje y también esos que son talpersonajexOC. Que yo más bien pienso que es lo mismo que lo primero. O una versión de talpersonajexautora jajajaja (≧≦) por lo tanto, no soy de las autoras a las que les guste crear OC's. Pero, si se dieron cuenta, en el canon de DGM no hay nadie que tenga cierto nombre que hace que Allen se enoje...

Y he aquí la cuestión ¿Quién será? ¿Qué es lo que hace que Allen la trate como menos que gente, y que Emilia le duela mencionar?

Déjenme decirles que sí, es alguien que le hizo daño a las dos. Y de momento es lo único que les puedo decir.

Por último, pero no menos importante... FELIZ AÑO NUEVOOOOOO.

Honestamente, tengo más fics que actualizar, y neta, tienen más concurrencia que este jajajaja ¯\_( ͡° ͜ʖ ͡°)_/¯ pero creo haber dicho en algún momento, que mis fics los considero los hijos. Y esos son los que tuve en una noche de desenfreno en la que no pensaba en lo que hacía realmente. XD y este proyecto es el hijo planeado que llegó porque lo deseaba. (y▽,)╭ Entonces por eso es que me tienen acá, en este fandom, este día de fiesta jejejeje.

Y no puedo hacer más que agradecer a esas personas amables que votan y comentan a este hijo demente que amo demasiado []~()~* también espero que les esté gustando y le lleguen a tener cariño.

Espero poder seguir contando con su apoyo, y que me tengan paciencia porque el siguiente arco es uno de los más complicados y lo tengo que planear con cuidado, por lo que no tengo fecha para traérselos. Pero rueguen a los cielos que sea pronto y por sobre todas las cosas que me dé tiempo de hacerlo. (^^)

Así que paz y amor para este nuevo año, mil gracias por leer y no coman mucho, y si lo hacen empiecen la dieta el 5, porque el 2 el 3 y el 4 son de recalentado jajajajajaja

Se les quiere.

BY. KNM.